Esas noches sin luna.

Cada destello de las estrellas le traía recuerdos melancólicos de viejos amigos, recuerdos dolorosos por los enemigos del pasado, tristes por las lágrimas derramadas y recuerdos alegres por los momentos al lado de sus amigos y familia. Noches como esa las pasaba en solitario, perdida entre pensamientos y recuerdos y reflexiones acerca de los cambios que sufrió en su vida en tan sólo dos años, y en la forma en que ésta cambiaría incluso mucho más en el futuro.

Hora tras hora hasta que el frío viento nocturno la alcanzaba y hacía saber que era ya hora de regresar, abandonar los agri-dulces recuerdos del pasado y volver a su hogar para darle fin al día es iniciar uno nuevo; era curioso como durante ese tiempo, entre cada batalla, a veces estando frente a un enemigo había pedido por una paz duradera como la que ahora llevaban ella y las chicas, y ahora que al fin la poseía se sentía rara con ella, si esa paz fuese algo que pudiese tocar seguramente la dejaría caer, se sentiría en sus manos como una brasa coloreada con el más vivo de los rojos arriendo contra su piel, quemando su mano hasta dejar una horrible marca sobre ella. En más de una ocasión pensó en compartir aquellos pensamientos que llegaban a ella esporádicamente con Darien y las demás, pero siempre abandonada esa idea de inmediato, enterrandola en ella y deseando que el tiempo la ayudara olvidarse de esa sensación.

Hasta que eso pasara, esa sensación de extrañeza, de no saber de qué manera sentirse ni de qué hacer con esa paz que tanto añoró ahora que la tenía, sintiendo que una parte de su vida, que una constante en ésta sin la cual no sabía estar había desaparecido para siempre.