Ésta idea me surgió desde hace unos días y no sabía si plasmarla en un nuevo fic, después de pensármelo decidí que sí así que, here we go again(:
Historia AU, los personajes no me pertenecen.
CAPÍTULO 1: Cambio por una vaca
-Vamos, no seas perezosa niña, aquí no hacemos caridad-Abrió los ojos y miró enfurecida al sucio hombre que la había despertado.
Eran las cinco de la mañana, lo supo por el cacaraqueo de las gallinas, hacía tiempo que los lobos habían acabado con la mayor parte de su ganado, ya sólo les quedaban una vaca (muy flaca y que apenas y daba leche) y dos gallinas.
Su trabajo era alimentar a los animales, limpiar, hacer de comer, cuidar a sus hermanos, dos gemelos que apenas y tenían tres meses de edad, mientras su padrastro se limitaba a gastar lo poco que tenían en licor y mujeres, su madre, era todo un caso, muy apenas y le ponía atención a ella o a sus hermanos, pareciera como si solo tuviera ojos para el sucio de su "novio", antes de él al menos sólo eran ellas dos, sólo dos bocas que alimentar, desde que su padre las dejo cuando ella apenas y tenía tres años su madre la culpaba de todo, enserio de todo.
Ya era difícil pero con la llegada del malvado padrastro no solo se duplicaron los malos tratos, sino que ahora habían tres bocas que mantener y un bueno para nada que solo sabía beber y mirarle el trasero de vez en cuando.
Su madre, en sus tiempos supuso que debió haber sido muy bonita, pero los años de amargura y bebida combinados con el resentimiento hacían que luciera mucho más mayor de lo que era.
No es que no quisiera a sus hermanos, ellos eran la única razón por la que no se iba de ese sucio lugar, es sólo que no entendía por qué permitieron que eso pasara, en tiempos de escasez y sobre todo falta de conciencia y amor, ella ya sabía lo que era eso, por eso le dolía tanto saber lo que iban a sufrir los pequeños, al menos la tendrían a ella, se decía para sus adentros.
De hecho ni su madre ni su padrastro se dignaron a darles un nombre, ella los había nombrado, Damon y Stefan, eran sus hermanitos, y los quería mucho, eran las únicas personas a las que amaba realmente, los alimentaba, dormía y cambiaba, todo mientras su madre y su padrastro tomaban y dormían, hasta había reunido algo de dinero de las veces que había ido a vender queso a la aldea más cercana para un día fugarse con ellos de una vez por todas.
Era poco más del medio día y ya estaba lista para irse a la aldea a vender quesos y leche a las personas del mercado, era muy buena vendedora y muchas veces conseguía trueques a cambio de alguna cosa necesaria en casa o en los mejores momentos se permitía de algún que otro lujo como tela para hacerse un nuevo vestido a ella o a sus hermanos.
Ese día en específico estaba sumamente feliz porque había cambiado una cantidad de huevos por unos cochecitos bastante lindos para sus hermanos, ella nunca tuvo juguetes, ni siquiera una muñeca de trapo hecha por su madre como las tenían la mayoría de las pequeñas que aunque n tuviesen el dinero para una nueva, sus madres les tejían con mucho amor, no, ella nunca recibió nada de parte de su madre, al menos no nada así, que le dijera que la amaba al menos una vez.
Pero las cosas serían diferentes para sus hermanos, ella les daría todo lo que estuviese en sus manos, tomó el dinero que había ganado y lo metió en una de sus bolsas del vestido que estratégicamente había cocido al interior, y dejó los cochecitos, uno rojo y otro azul dentro de la pequeña caja de madera en la que solía cargar sus productos, no pudo evitar sonreír, aunque imaginaba que faltaba tiempo para que ellos diferenciaran los juguetes ella aun así estaba tan emocionada por mostrárselos a sus hermanos.
Era un camino bastante tranquilo aunque largo de la aldea hasta su casa, pero ella ya se había acostumbrado, desde que era niña ya su madre la enviaba a vender cosas, desde pequeña había aprendido a estar atenta y no dejar que ningún extraño se le acercara demasiado, había perdido la cuenta de todas las veces en las que alguien había tratado de hacerle daño, pero hasta la fecha había logrado salirse con la suya, eso sí, a veces con algún rasguño, y es que de tanto tiempo que iba a la aldea se volvió amiga de muchos de los vendedores quienes ahora le tenían algo de cariño, sobre todo a una mujer de color que vendía panecillos, la señora Bennett, aún recordaba cómo a la edad de 12 años esa mujer la había visto bajo la lluvia y le había ofrecido un panecillo gratis, recordaba ese gesto siempre, ya que hasta ese momento era la única atención lo más parecida a una maternal. Durante algunos años se volvió su amiga e incluso le ayudaba a vender panecillos en lo que ella se encargaba de algún berrinche de sus hijos a cambio de panecillos para ella, para que pudiera comer algo en lo que vendía, hacía ya dos años que Bonnie y su familia se habían mudado por lo tanto esos buenos días se habían acabado y aunque aún habían varios conocidos con los que se permitía confiar de vez en cuando, nunca eran tan cercanos a ella como lo era esa mujer, incluso antes de irse le había dado una gran cantidad de panes "Para que disfrutes en familia" le había dicho, y le dio un fuerte abrazo, a veces se sentaba a esperar vender algo y se imaginaba que aquella mujer regresaba y le pedía ser adoptada por su bella familia, "No seas estúpida, Caroline"-Se decía cada vez que su mente se veía invadida por tontas ilusiones.
Cuando por fin llegó abrió la puertita de madera que daba a un camino hacia su pequeño hogar, dejó las cosas que traía cargando, tomó una de las manzanas que le sobraron y se dispuso a morder una, no había comido nada en todo el día y a juzgar por el sol ya eran más de las cinco de la tarde, después de ver que todo estuviera bien con el ganado se dispuso a ver a sus hermanos, era raro que hubiese tanto silencio, se apresuró por el regalo que les había conseguido y con una sonrisa fue a por ellos, moría por ver sus regordetes rostros confundidos por aquellos cochecitos de madera, les faltaban los caballos(seguro se habían perdido) pero con algo de trabajo ella misma podría tallarles unos de madera y hacer que estuviesen completos, sí, eso haría.
Al entrar notó que sus hermanos no estaban en sus camitas, las mismas que ella había adecuado con unas cajas y algo de tela para ellos
-¿Dónde están?-Dijo duramente mientras movía el hombro de su madre con fuerza, la cual sólo la miró con desgana y volvió a dormir, seguro estaba ebria, al igual que el estúpido de su novio.
-Respondan!, en dónde están mis hermanos?!-Dijo con una voz lo suficientemente fuerte como para espantar a una de las gallinas que se había asomado por la puerta.
-Te dije que se pondría loca-Dijo el hombre mientras se levantaba de la cama desnudo y sin ningún pudor se dispuso a ponerse el pantalón frente a Caroline que lo miraba a los ojos con odio
-¿Te gusta lo que ves?-Le dijo mientras mostraba sus sucios amarillentos dientes en una horrible sonrisa que a Caroline le dio asco, estaba empezando a sentir su rostro caliente.
-DÓNDE… ESTÁN?-Dijo una vez más
-Los vendimos-Dijo su madre que apenas se había dignado a levantarse y que ni siquiera se dignó a mirar a su hija, se levantó desnuda y fue a revisar si quedaba algo de beber o comer, no lo sabía y tampoco importaba, lo único que hacía eco en la cabeza de Caroline eran esas dos últimas palabras que su madre había pronunciado, los cochecitos se le cayeron de las manos y sus piernas le temblaban, como se habían atrevido a hacer semejante cosa.
-Por favor Liz, has algo, sabes que no me gustan los lloriqueos-Dijo molesto mientras salía de la pequeña casa no sin antes mirar a Caroline divertido-O tendré que hacerme cargo yo y ya sabes mis maneras.
-Shh, tranquila, estaremos bien, eran una carga, sé que lo sabes-Le dijo por fin mirándola a los ojos, es lo mejor.
-Lo mejor?, lo mejor para ti, ¿A cuánto los vendiste?.. ¿CUÁNTO COSTARON TUS HIJOS?-Ladró con odio enfurecida mientras las lágrimas le corrían por la mejilla
-500 monedas, cada uno-Le dijo mientras se tocaba la frente con una mano y se sentaba en la cama, desnuda se hacían más visibles los moretones y rastros de golpes que tenía a consecuencia de los "tratos" de su novio-Baja la voz, me duele la cabeza-le dijo con la voz pastosa por el alcohol
-¿1000 monedas?-Le parecía insultante-vendiste a mis hermanos por lo que cuestan dos gallinas!, ¿cómo pudiste?, pudiste habérmelos entregado, yo..-El nudo en la garganta casi no le dejaba hablar-yo los amaba-Dijo mientras cerraba los ojos y dejaba que las lágrimas la cubrieran por completo.
-Ya te lo dije, eran una carga y gracias a ello podremos tener más ganado, más dinero..
-¿Para qué? ¿Para que al final el estúpido de tu novio se lo gaste en mujeres y whiskey?-Le dijo con todo el odio que tenía dentro de sí hasta que su madre se levantó y le dio una fuerte cachetada, estaba a punto de reaccionar cuando unos brazos le agarraron el brazo que había levantado para responder a su madre, era su padrastro que la miraba con diversión desde la distancia en la que estaban podía oler su aliento lleno de alcohol.-Shh, tranquila pajarito-Le dijo mientras aprovechaba la cercanía para rozarse con la muchacha.
-Basta Pete, ve a conseguir unas botellas que ya no hay-Le dijo mientras se ponía el delgado vestido color beige que muy apenas y le cubría, el hombre rió y se dispuso a ir a la puerta mientras Caroline caía de bruces en el suelo mientras lloraba y sostenía fuertemente los cochecitos entra sus manos.
Cuando escuchó una voz de un hombre junto con la de su padrastro, no era de alguien que conociera sin duda.
Las calles estaban vacías, solamente el ruido de las tabernas era audible a esa hora y por eso Klaus había elegido esa hora para huir, para huir de su padre que había jurado matarlo y que incluso había complotado con una bruja mayor para que apagara sus poderes de vampiro y hacerlo una presa más fácil, cuando se enteró que esa misma noche su padre había decidido que harían un ritual para que la fuerza del más fuerte de sus hijos recayera sobre él, todo su poder, nadie sabía que el reino estaba construido sobre sangre, sobre sangre original de vampiros y sangre de miles y miles de inocentes.
Él era el sucesor al trono, pero eso no le gustaba a su padre, no, sabiendo que tenían maneras diferentes en cuanto a gobernar y sobre todo al poder, cuando su padre le propuso que después de unos años para mantener las apariencias aceptará el trono pero con muchas clausular de las que él no estaba de acuerdo, su padre enfureció y planeó matar a su propio hijo, sacarlo del mapa para poner a cualquiera de sus hermanos que estuviese de acuerdo con el estilo tan podrido de manejar a la gente a su antojo como lo hacía su padre hace más de una década.
Por eso huía, por eso se fue y ahora deambulaba por las calles con una capucha negra ocultando su identidad, era bastante conocido en la aldea más cercana en donde se encontraba su mansión/castillo, con suerte si iba rápido llegaría a alguna otra aldea en donde casi nadie lo identificaría con facilidad y pudiera moverse más libremente, al menos no iba solo, llevaba a su caballo más preciado con él.
Habían pasado horas y ya estaba amaneciendo cuando por fin se atrevió a comprar algo de comer, además de que Rayo, así había llamado al caballo, necesitaba descansar. No recordaba la última vez que había comido algo, se acercó a un puestecito de panes y quesos y compró un poco, la mujer que lo atendió ni siquiera lo miró y sólo extendió la mano para recibir las monedas, en lo que comía se dispuso a ver a su alrededor, habían muchas personas vendiendo comida, pescados, huevos, quesos, gente pidiendo dinero.
-No me parece justo señor Kiddlenton, pero si me diera algo más a cambio de esta exquisita tela que por cierto, perteneció a uno de los más acaudalados hombres, creo que podríamos tener un trato-El hombre pareció pensárselo muy serio, para él era obvio que esa tela no era mucho más que de un lindo color pero para nada muy fino, pero claro, no todos acostumbran criarse en un castillo-Pensó mientras comía otro bocado de queso
-Qué te parecen 25 monedas, 3 manzanas y…
-¿Qué tal esos cochecitos?
-¿Segura? Son prácticamente basura, no tienen los caballos, pero si los quieres en un trato
-Trato-Dijo con una enorme sonrisa.
Se detuvo a observar a la chica, era rubia, tenía el cabello más debajo de los hombros y llevaba puesto un vestido azul descolorido por el uso con algunas manchas de mugre, sin duda no era alguien de un alto rango o que fuera de familia, pero lucía limpia como para ser alguien de la calle y por lo visto era lo suficientemente inteligente o mentirosa como para sacar provecho de una vieja tela.
Después de ver como la chica miraba feliz los cochecitos y los metía en una caja se percató de que había hombres del castillo merodeando por ahí, sin duda lo buscaban a él.
Caminó lo más calmadamente posible hacia donde había más gente y se perdió entre la multitud, hasta que llegó a su caballo y se dispuso a seguir su camino.
Caroline no lograba reconocer la voz del hombre, se secó las lágrimas lo más pronto que pudo y se levantó, su madre se había vuelto a dormir y ella aún tenía rastros de lágrimas y del golpe que había recibido de su madre.
-Tengo una carreta no sé si le sirva-Dijo mientras le enseñaba una carreta de pasajeros que tenía ya años en su jardín, era algo vieja pero seguro conseguía algún buen trato-Pensó Klaus
-Si yo creo que podría servir
-Porque no me acompaña a dentro..
-Yo, claro-Le dijo aunque dudando un poco, el hombre no se veía para nada confiable, pero que podría hacerle pensó.
Al abrir la puerta no pudo evitar sentir el olor a alcohol y a humedad de esa pequeña casa, habían botellas de licor, una cama en donde yacía una mujer dormida o eso parecía y a su derecha, la chica que había visto hace unas horas en la aldea, pero no lucía feliz ni sonreía como cuando realizó aquel trato, no, lucía demacrada, pálida, con los ojos hinchados y un moretón en su mejilla, cuando la vio a los ojos notó confusión.
-Bien, que le parece, la carreta y la chica por 1000 monedas y una vaca que yo elija-Dijo mirando a Klaus que lo miró sorprendido, se esperaba cualquier cosa menos eso
Antes de contestar miró a la chica que ahora ya no lo miraba confundida sino con miedo
-Yo.. no tengo una vaca ni..-No lo dejó terminar cuando el hombre volvió a contestar-Puede darme lo equivalente, que tal-Se tocó la barbilla pensando-2500 monedas por la carreta y por la chica, es una chica hermosa, algo flaca pero con una buena alimentación le aseguro que no le faltará diversión-Le dijo mientras le guiñaba un ojo y arrastraba a la chica frente a él-Mírela, lindos ojos azules, buena complexión, si gusta puede verla sin el vestido-Mientras más palabras decía mayor era la sorpresa de Klaus que se limitaba a ver a la chica y luego al hombre, la chica cada vez lucía más espantada y podía ver como las lágrimas estaban a punto de correr por sus delicadas mejillas.
-Lo siento, no me interesa-Dijo Klaus-Pudo ver como la chica suspiraba aliviada, se disponía a salir de ahí cuando escuchó que el hombre decía:
-Bien, si no es para usted será para otro
-2500 por la carreta y la chica-Sabía que se iba a arrepentir
-Es un trato, sabría que no se resistiría-Dijo el hombre con una sonrisa tan amarillenta y llena de orgullo que a Klaus le dio asco.
