Los personajes de Candy Candy no me pertenecen

Esta historia es de mi autoría con el único fin de esparcimiento.

Candice White era una hermosa joven de 15 años que estaba por terminar la educación secundaria en el prestigioso Colegio San Pablo. La joven era hija única de una de las familias más ilustres de Inglaterra; su padre Sir Patrick White era dueño de la naviera más importante de Europa, un hombre honesto y entregado a su familia.

Candy, como la llamaban sus amigos, tenía un espíritu libre, era alegre y emprendedora, pero también responsable y cariñosa; todos a su alrededor decían que era la hija perfecta incluso, las monjas en el colegio, frecuentemente la ponían como ejemplo de lo que significaba ser una verdadera dama. Cuando Candy tenía seis años, perdió a su hermanita menor Camille en un terrible accidente que dejó a la familia devastada. La pequeña niña, al ver a sus padres tan afligidos, de prometió a si misma que sería una niña ejemplar para que sus padres no tuvieran razón para estar tristes.

Candy, era realmente hermosa, a sus quince años, tenía un cuerpo menudo, pero perfectamente bien formado y sus ojos color esmeralda brillaban proyectando una alegría natural. La joven era la más popular del colegio, todos sus compañeros estaban dispuestos a hacer lo que fuera, con tal de formar parte de su grupo de amigos. Ella, era agradable con todos, pero en particular, disfrutaba el tiempo con sus mejores amigas, Annie Britter y Patricia O'Brien. Desde que se conocieron habían sido inseparables; siempre la pasaban bien así fuera estudiando para los difíciles exámenes del colegio.

Aunque no les era permitido mantener amistad cercana con los chicos, Candy había conocido a un joven apuesto de brillantes ojos azules a quien le encantaba la naturaleza, en especial las rosas. Anthony Brown era miembro de una de las familias más poderosas a nivel internacional. De ascendencia escocesa, la familia Ardlay se había establecido en los Estados Unidos, desde donde controlaba su vasto imperio comercial que colocaba a sus miembros en una posición privilegiada donde quiera que se encontraran. A pesar de su condición, Anthony y sus primos Alistair and Archivald Cornwell era sencillos y amigables, continuamente encontraban la forma de burlar las estrictas reglas del colegio para platicar y pasar un momento agradable con Candy y las chicas.

Poco a poco, los sentimientos se fueron desarrollando, dando paso a algo más que una amistad, Alistair a quien llamaban Stear era el mayor de los Cornwell y novio de Patty. Su hermano Archie, por su parte había caído prendado de la timidez de Annie; solo Anthony y Candy permanecían como amigos, pues, aunque se estimaban mucho, Anthony estaba enamorado de una joven becaria de nombre Andrea.

Durante la época, las jóvenes normalmente se comprometían después de su baile de presentación en sociedad a los dieciséis años. Los matrimonios arreglados entre jóvenes doncellas y hombres acaudalados era la usanza y un medio para establecer alianzas mutuamente benéficas. Annie y Patty quienes eran un poco mayores que Candy, habían tenido suerte y se habían comprometido con los Cornwell durante las vacaciones de fin de año. Al llegar la primavera, habían sido invitadas a la finca vacacional en Lakewood, para ser presentadas a la señora Elroy Ardlay, matriarca de la familia Ardlay. Como era costumbre que las jóvenes comprometidas tuvieran chaperonas, las chicas invitaron a Candy, de esa forma todos se divertirían.

Los jóvenes la pasaron de lo lindo bajo la mirada vigilante de la matriarca que no perdía detalle de sus actividades. Candy, resaltaba por su alegría y jovialidad además de su excelente educación y carisma. Además, de divertirse con los muchachos, la joven se tomaba tiempo para leer junto con la señora Elroy y conversar de algunos temas que le parecían interesantes. La señora Elroy se preguntaba ¿Por qué su sobrino Anthony no estaría interesado en la bellísima rubia? después de todo, sería una excelente esposa y una joya para los Ardlay.

Después de las vacaciones, todo era emoción pues se acercaba el mes de mayo y con él, la presentación en sociedad de Candy. Las chicas estaban ocupadísimas planeando la recepción y todos los detalles junto con la madre de la muchacha. Llegado el día, todo estaba de ensueño, la familia White no había escatimado en gastos para brindarle a su única hija una presentación digna de una reina. La joven se veía espectacular en un precioso vestido blanco y prácticamente todo Londres se había dado cita para celebrar el acontecimiento. La joven no paró de bailar con un sinfín de pretendientes jóvenes, viejos y muy viejos que querían congraciarse con ella. Al terminar el evento, sus padres le informaron que la señora Elroy Ardlay, había concertado una cita para el día siguiente con la intención de pedir su mano en matrimonio para su sobrino.

Candy, sabia que Anthony no estaba enamorado de ella, pero pensó que sería mucho mejor que comprometerse con alguno de esos viejos que la veían libidinosos durante la fiesta. Al día siguiente, la mansión de los White estaba nuevamente esplendorosa en espera de la familia Ardlay. Cuando llegaron, tomaron un refrigerio y los adultos pasaron al despacho donde se concretó el compromiso sin problemas. Sin duda, cualquier familia estaría feliz de emparentar con los Ardlay y los White no eran la excepción, el matrimonio pactado aseguraba el futuro de Candy y sus padres estaban muy complacidos.

Candy esperaba afuera junto con Anthony y los Cornwell a que sus padres, la señora Elroy y su mano derecha, el señor George Villers, salieran para celebrar el compromiso. Anthony también estaba resignado, sabía que por ningún motivo la señora Elroy permitiría su compromiso con una chica sencilla como lo era Andrea, así que pensó que Candy era su mejor opción.

Cuando por fin todos estaban reunidos, el señor White anuncio el compromiso de su hija Candice con el señor William Albert Ardlay, patriarca de los Ardlay. Los jóvenes estaban confundidos, habían oído hablar del misterioso hombre, pero tenían la idea de que era realmente mayor. Anthony, al ver la cara de desconcierto de la rubia, trató de interceder por ella pidiéndole a su tía que la comprometiera con él en lugar de su tío abuelo, pero la señora Elroy estaba resuelta y no había nada que la hiciera cambiar de opinión.

Esa noche, Candy lloró y suplicó por que sus padres anularan ese descabellado compromiso, pero nadie le decía que no al patriarca de los Ardlay, a quien la señora Elroy había descrito como un hombre considerado y gentil.

Mientras tanto, en un pequeño apartamento cerca del zoológico Blue River, William Albert Ardlay, dormía placenteramente ajeno a su compromiso matrimonial. Estaba completamente desnudo, abrazado a la cintura de su pareja la señorita Mary Ann Wilson, a quien había conocido en uno de sus tantos viajes. Los dos tenían un espíritu aventurero y habían acordado tener una relación libre de compromisos, se veían ocasionalmente para salir a cenar o a tomar algo e indudablemente terminaban en el apartamento del joven.

Heredero de una gran fortuna, William manejaba los negocios familiares con la ayuda de George Villers, le encantaba la libertad y se reusaba terminantemente a "sentar cabeza" y formar una familia como se lo exigía su tía la señora Elroy. Desde pequeño, había quedado huérfano como único heredero de la gran fortuna familiar. Había sido educado en confinamiento y dentro de las más estrictas normas para garantizar su éxito como empresario. Debido a su juventud fue necesario crear una imagen de autoridad, por lo que idearon la falsa identidad del tío abuelo William, de quien se decía era muy mayor.

En cuanto pudo, William tomó ventaja de la situación y se liberó del yugo de su tía, dedicándose a viajar por el mundo como vagabundo y trabajando en cualquier actividad que se le ocurriera. Era sumamente inteligente y hábil en los negocios, por lo que su tía no podía quejarse de su estilo de vida, pero la matriarca no perdía la esperanza de que se casara y, por fin, se estableciera como el caballero que era. En ese momento, William se encontraba trabajando como consultor de animales en el Zoológico Blue River. Era conocido con el nombre de Albert y su aspecto dejaba mucho que desear, la ropa estaba usualmente manchada por cuidar a los animales y llevaba el cabello largo, barba y bigote que lo hacían parecer mucho mayor.

El joven, usaba la barba larga por la comodidad de no rasurarse, pero también le encantaba hacer rabiar a su tía, a quien, cada vez que lo veía, casi le daba un paro cardiaco del disgusto. Durante su ultimo encuentro, la señora Elroy le había dado un ultimátum, o buscaba una mujer a su altura para comprometerse o lo comprometería ella. William, decidió ignorar por completo la advertencia, pensando que su tía no se atrevería, hasta esa mañana en que George Villers apareció en su apartamento.

William abrió la puerta medio vestido y lo dejó pasar a la sala de estar, al poco tiempo salió Mary Ann quien se despidió de él con un apasionado beso en frente de George quien se sintió sumamente incómodo.

Después de pasar una muy buena noche, William estaba de buen humor hasta que George le entregó una carta de la señora Elroy que decía:

"Ya que, una vez más, has elegido ignorar mi petición de dejar esa vida de libertinaje y comprometerte con una joven de buena familia, he decidido tomar cartas en el asunto y he pedido la mano de la señorita Candice White en tu nombre. La boda se celebrará el año entrante y ni se te ocurra escaparte nuevamente porque te buscaré hasta debajo de las piedras"

William estaba furioso, no podía creer que su tía se hubiera atrevido a cumplir su amenaza comprometiéndolo con una desconocida. Por más que gritó y manoteó, George le indicó que la familia de la joven ya había depositado la dote y no había marcha atrás; desdecirse del compromiso tendría serías consecuencias para la familia y para él mismo. También le informó que se había pactado una cena formal dentro de cuatro semanas para que conociera a su futura esposa.

Candy tampoco estaba feliz con el acuerdo, por lo que, el día antes de la cena, los dos se encontraban por separado pensando como deshacerse del compromiso. Era viernes y las chicas estaban por salir del internado, mientras platicaban a la ligera de algunas opciones para la rubia; en eso se escuchó una voz chillona que dijo: "yo se como te puedes librar del compromiso"

Cuando las chicas se volvieron, vieron a Eliza Leagan, quien era familiar político de la señora Elroy y juraba que era una verdadera Ardlay. Siempre había ambicionado casarse con Anthony, pero al saber que el poderosísimo tío abuelo deseaba contraer nupcias, decidió ayudar a Candy a arruinar el compromiso para tener la oportunidad de echarle el lazo pues, sin importar que tan viejo estuviera, con todos sus millones bien valdría la pena el sacrificio.

- ¿Cómo dijiste Eliza?

- Yo se como puedes arruinar el compromiso para siempre…

- Te escucho…

- Tienes que perder tu virginidad, la familia Ardlay es sumamente orgullosa y no permitirá que el patriarca se case con una mujer que no es virgen.

- Pero yo…

- Es fácil solo tienes que encontrar a alguien que te haga el favor y cuando realmente te quieras casar, solo finges que eres virgen, muchas mujeres lo hacen.

- Los Ardlay le dirán a todo el mundo…

- Se nota que no los conoces, son tan orgullosos de su honor, que se inventaran cualquier cosa antes que decir que una muchachita de 16 años despreció al Patriarca.

- No lo sé, es muy atrevido…

- Bueno, yo ya te di la opción, allá tu si la tomas o no…

Candy se fue a su casa y al llegar a la mansión se sorprendió al ver la enorme cantidad de personas haciendo los preparativos para la cena del día siguiente. No había marcha atrás, tendría que conocer al viejo rabo verde que quería hacerla suya. Entonces comenzó nuevamente, a llorar y suplicar a sus padres que por favor cancelaran el compromiso. El matrimonio, aunque conmovido por las lagrimas de su princesa, no estaba dispuesto a desdecirse, pues no solo se arruinarían ellos, sino el futuro de Candy también se iría por la borda.

Sin poder conseguir nada, Candy se encontró en un estado de desesperación en el que no podía pensar con claridad, lo único que quería era liberarse del futuro tan horrendo al que la habían sentenciado sus padres, por momentos pensaba en el suicidio o en escaparse para siempre de su casa cuando de repente, recordó las palabras de Eliza. Sabía que si decía que no era virgen tendrían que examinarla y la sola idea le daba escalofríos, pero, por otro lado, pensaba que solo sería un momento comparado con toda una vida atada a un viejo que la había comprado. Inmadura y desesperada, se decidió a llevar a cabo la loca idea, se visitó lo mas provocativa que pudo y se maquillo pesadamente para parecer mayor, luego se escapó por la ventana de su cuarto y tomó un carruaje al distrito de bares en Londres.

Esa tarde, cuando Albert llegó a su casa, encontró bajo la puerta una carta de la señora Elroy recordándole el compromiso del siguiente día y amenazándolo con que más le valía presentarse adecuadamente y a tiempo o de lo contrario, su cabaña y todos los animales que vivían en Lakewood desaparecerían. El joven arrugó el papel y gritó lleno de rabia, no podía se que su tía fuera chantajista hasta ese punto, tenia que encontrar la manera de deshacer ese compromiso de una vez por todas… En ese momento sintió que necesitaba salir a despejarse por lo que se dio un baño y salió a tomar una cerveza.

Entró un bar y después de un par de bebidas, comenzó a sentirse relajado. Estaba por pedir la tercera cuando vio entrar a una hermosa joven vestida de rojo que se sentó en la barra cerca de él y pidió una cerveza. Se notaba a leguas que no era del tipo de mujeres que frecuentaban esos lugares pues no podía ocultar la clase y elegancia de sus movimientos. Albert casi se muere de risa cuando la joven tomo el primer trago del espumante líquido y casi se atraganta de lo horrible que sabía. Al percatarse que otros hombres se le acercaban, sintió deseos de protegerla por lo que se movió justo a su lado…

- Hola ¿Cómo te llamas?

- ¿yo?... este… me llamo…Eliza

- Mucho gusto, Eliza yo me llamo Albert. Si no es indiscreción ¿que estás haciendo aquí? Debes estar lejos de casa y tus padres deben estar preocupados.

- N…no se a lo que te refieres, vengo por aquí muy seguido.

- y ¿se puede saber que te trae por aquí taaan seguido?

- Busco a…algo de compañía.

Al percatarse de que la rubia no estaba siendo honesta, se despidió:

- Bueno Eliza, me dio mucho gusto conocerte, me gustaría seguir platicando, pero no se me dan bien las mentiras, que te diviertas… le dijo volviendo a su lugar y se quedó ahí fingiendo que no la miraba, pero observando todo a su alrededor.

Un tipo muy borracho se acercó a la joven e intentó manosearla por lo que ella perdió el temple y le pidió que se alejara tratando de salir del lugar, pero el tipo trató de sujetarla y arrastrarla hasta la parte trasera del bar, por lo que William intervino para darle su merecido. Una vez que el tipo estuvo en el suelo, Candy se le abrazó temblorosa.

- ¿ahora si me hablarás con la verdad? – le preguntó pacientemente.

- La joven asintió y se sentó a su lado. Sin darle detalles le contó que había sido comprometida con un hombre muy mayor sin su consentimiento y que, desesperada, había ido a ese lugar a buscar con quien perder su virginidad para obligar a su prometido a terminar el compromiso.

William se sintió identificado, entendía perfectamente el sentir de la chica pues el también estaba comprometido a la fuerza. Le dio asco pensar que un hombre de avanzada edad le pusiera la mano encima a una joven tan delicada. Aun así, se sorprendió cuando la joven le pidió su ayuda para lograr su objetivo. Él trató de disuadirla de que había mejores opciones, pero la rubia estaba decidida, si no era él sería cualquier otro, pero sería esa noche. Luego de intentar convencerla, de mil maneras posibles sin éxito, terminó aceptando llevarla a su apartamento, después de todo, pensó que sería peor dejarla en ese lugar.

Cuando llegaron al apartamento, Candy se sorprendió de la limpieza y buen gusto del lugar, entonces recapacitó que Albert no se veía como los demás hombres del bar, su cabello y su barba largos le daban un aspecto salvaje, pero sus modales eran definitivamente finos y su forma de hablar culta. Albert, todavía dudaba si debía acceder a los deseos de la rubia, pero al verla tan desesperada aceptó conduciéndola a su recamara. Una vez ahí, le ayudó a deshacerse del vestido y del molestó corsé y se sentaron en la cama. Candy cerró los ojos fuertemente como si esperara un golpe mortal, por lo que Albert esbozo una sonrisa divertida, definitivamente esa niña le inspiraba mucha ternura. Entonces, tomó sus manos delicadamente entre las suyas, haciendo que la rubia abriera los ojos. Al mirarla, sus ojos azules se perdieron en las hermosas esmeraldas de la rubia y lentamente sus labios se acercaron. Comenzó a besarla y acariciarla con gran delicadeza, haciéndola suspirar. Sin saber cómo, sus sentidos se fueron embriagando de ella hasta que se encontró totalmente perdido en su inocencia haciéndole el amor como nunca lo había hecho antes.

La joven había esperado que la experiencia con un desconocido fuera brutal, pero Albert era tan tierno, amoroso y apasionado que se dejó llevar y al final los dos terminaron extasiados. Al poco tiempo, Albert la tomó en sus brazos y besándola tiernamente en la frente, se quedó dormido.

A la mañana siguiente, se levantó buscándola, pero la joven se había ido dejándole una nota en perfecta caligrafía que decía: "Gracias"

El rubio se sintió totalmente desconcertado, en unas cuantas horas se había enamorado como un imbécil de una chiquilla de la que solo sabía su nombre: Eliza…

Continuara…