¡Hola a todos! Espero que estén teniendo un maravilloso día! Vine a editar esto porque olvidé poner alguna nota de autor al principio y pensé "Qué onda lo fría, salude a la gente niña" jajajaja Anyway, el 14 de marzo inició la Yohna Week de este año, cada día viene con distintos prompts asi que haré lo que pueda por actualizar y cumplir ;; No puedo comprometerme a nada porque no he tenido mucho tiempo libre jiji Desde ya, muchísimas gracias por leer y también por comentar!
¡Larga vida a la OTP!
Día 1: School AU
Escolar
Yoh se quedó quieto en la esquina, vigilando que no hubiese nadie por los pasillos. Afortunadamente, el lugar estaba vacío, por lo que miró sobre su hombro y le guiñó el ojo a Anna. Ambos caminaron a paso apresurado, tomados de la mano con Yoh a la delantera.
—Esto es una pésima idea —masculló la rubia, deteniéndose de golpe cuando alcanzaron una nueva esquina.
—Tranquila, ya casi llegamos —aseguró él, dándole otra señal para continuar.
Era natural que fuesen los únicos fuera de su salón de clases, ya que, por el horario en el que estaban, la mayoría de los estudiantes se encontraba en medio de sus lecciones. Por eso mismo, no contaban con demasiado tiempo para continuar su paseo. Tanto Yoh como Anna habían solicitado permiso temporal para salir de sus respectivas aulas, pero, si tardaban mucho, sus profesores enviarían a alguno de sus compañeros a buscarlos.
—Es esa —dijo Yoh, apuntando con la mano libre hacia una puerta.
—¿Seguro que está libre? —insistió ella, jalando de la camisa del castaño—. Yoh, si entramos ahí y está ocupado te juro que…—
—Deja de preocuparte, Anna.
Los dos miraron hacia ambos lados para chequear por última vez si había un testigo. Al verificar que eran los únicos, corretearon hacia la puerta que Yoh había señalado. Tal y como él había dicho, el aula se encontraba vacía. Había un montón de artículos escolares amontonado hacia una de las paredes, una señal clara de que no se hacían clases ahí desde hace algún tiempo.
Yoh soltó el aire acumulado en un suspiro. La ínfima posibilidad de que la sala no hubiese estado desocupada había desaparecido, y con eso, las probabilidades de que Anna lo asesinara. Dejó su espalda caer contra la puerta, mientras que contempló a su acompañante, quien continuaba revisando el aula. No podía culparla por estar paranoica; si la descubrieran en medio de esa situación, a ella, una estudiante intachable, seguro daría de qué hablar en el instituto.
Sin embargo, cuando la vio agachándose para ver debajo de las mesas, rio divertido.
—¿Quieres revisar sobre las lámparas también?
Ella se reincorporó y volteó a verlo, cruzando los brazos sobre su pecho. Arqueó una ceja, demostrando que no apreciaba las bromas de Yoh, quien se encogió de hombros.
—Te dije que no había nadie aquí.
—Más te vale.
Él volvió a reír ligeramente, no había caso con Anna.
La observó relajar su postura, convencida al fin de que nadie los interrumpiría. Giró su cuerpo hacia él y comenzó a caminar, acortando la distancia que se había creado entre ambos.
Yoh le puso el seguro a la puerta.
No sería su encuentro más romántico, ni tampoco el más duradero, aun así, harían valer cada minuto.
Él también avanzó hacia ella, y ambos se encontraron en medio de la habitación. Anna le sonrió con una mezcla de dulzura y malicia, una combinación que Yoh ya había visto un par de veces, maravillándose en cada oportunidad.
Anna lo abrazó por el cuello, observándolo como si fuese lo más preciado para ella. Yoh rodeó su pequeña cintura con ambas manos, y apoyó su frente contra la de Anna, devolviéndole la sonrisa.
Ella se alzó ligeramente, y, por fin, sus labios se juntaron, después de lo que había parecido una eternidad. Se habían convertido en una mutua adicción, y no podían resistirse el uno del otro, incluso estando en el instituto.
Yoh, como siempre, correspondió sin reclamos, separando los labios de la rubia para explorar su boca con su lengua. Sintió que la piel se le erizaba cuando la escuchó gemir, y eso que apenas estaban comenzando. No quería esperar más, no después de tantas horas pensando en ella. Las manos de Anna jalaron de su cabello, gesto que él consideró como una petición de acelerar las cosas.
Sería por el deseo acumulado que la llama de ese fuego se encendió rápidamente, y sus besos se volvieron demandantes y hambrientos. Verse durante los recesos, en medio del pasillo, sólo avivaba su necesidad. Nadie sabía con certeza qué había entre ellos, por lo que mantenían una tortuosa distancia cuando más personas cerca se encontraban cerca.
Por las circunstancias, no sabían aún cómo ni cuándo definir esa relación, aunque no importaba. No importaba cuando bastaba con esas citas fugaces y secretas.
Las manos de Yoh continuaron explorando la figura de la rubia, escabulléndose debajo de su falda sin preámbulos. Hace algún tiempo, ese atrevimiento le hubiese costado caro, pero ya no había nada que Anna ansiara más que a él.
Ella lo empujó hacia un pupitre, obligándolo a sentarse sobre su superficie. Debían volver pronto a clases, así que tendrían que saltarse el juego previo. Yoh comenzó a desabotonar la blusa de la rubia, quien sostuvo su mano para detenerlo. Antes de permitir reclamos, Anna acercó sus labios hacia la mano de Yoh, y comenzó a lamer uno de sus dedos sugerentemente, sin quitarle la vista de encima.
Él intentó desabotonar su blusa con la otra mano, pero ella negó con la cabeza.
—No tenemos mucho tiempo —le recordó Anna, besando sus labios—. Podrás desnudarme otro día.
—Quiero verte —explicó él, con las mejillas sonrojadas y la respiración pesada.
—Me estás viendo.
—Sabes a lo que me refiero.
Ella se inclinó para volver a besarlo, mordiendo con suavidad su labio. Sus ojos marrones se habían ensombrecido, una expresión tan distinta a la que portaba minutos atrás. Adoraba ser la única que pudiera sacar ese lado de Yoh, una parte de él que estaba reservada exclusivamente para ella.
Anna llevó una mano hacia el rostro del castaño, acariciando su mejilla con dulzura. Él le dedicó una media sonrisa, y la sujetó desde el mentón para probar nuevamente sus labios.
—No estés triste —pidió la rubia—. Haré algo que te va a gustar.
Él suspiró, sacudiendo la cabeza en negación.
—Anna, no necesitas hacer na…—su voz se detuvo cuando ella bajó la cremallera de su pantalón, inclinando el rostro hacia su entrepierna.
Mejor se quedaba callado.
