La lluvia no daba basto de acabar, cada gota de agua golpeaba a ritmo suave el gran ventanal de esa antigua biblioteca. Como siempre, era el único que estaba con un libro en la mano sin prestar atención siquiera a la lectura.

Su cabeza no daba tregua en sus miles de recuerdos. ¿Cómo podría olvidar esa imagen tan fuerte que marcó su vida?

El alma de este hombre rota en mil pedazos, manifestando su dolor en la punta de sus dedos, aquellos que presionaban la dura tapa del libro de literatura vieja.

Quería llorar, pero su entorno no se lo permitía, o más bien, él no se dejaba llevar por cualquier sentimiento fuerte. Debía mantener una imagen y no por mantener una popularidad, sino porque odiaba lo vieran como un ser débil. Pero, a medida que iba tomando ese camino, más complejo se hacía manifestar sus intenciones verdaderas.

Amor, amistad, cosas positivas en su vida, todas esas no golpeaban la puerta de su vida. La única mujer que logró hacer que ese grueso muro de hielo gélido se derritiera, fue la misma que escogió dormir plácidamente en un eterno sueño sin retorno.

Recordar su piel fría, sin poder mover su cuerpo, su cabello pesado por la humedad del cuarto y empapado del sabor metálico, ese mismo que pudo probar con sus labios antes de recitar sus últimas palabras.

Era simplemente traumático, una escena que cualquier escritor de ciencia ficción y asesinato, estaría dispuesto a escribir en sus libros gruesos de tapa dura, ganando así un best seller de mejor historia.

Poco a poco sus piernas comenzaron a temblar, la necesidad de perder el equilibrio sin que nadie estuviera presente para sujetar su cuerpo. Quería derrumbarse y gritar, tal vez correr por esos inmensos pasillos de la biblioteca y botar todos los libros al piso, romperlos, quemarlos, jalar su cabello blanco, odiar al ser superior por arrebatar de su vida lo más hermoso que había en su vida. Pero no, ante los ojos de un extraño ese hombre parecía estar sumergido en la lectura, acompañado de la sinfónica de la tormenta.

— ¿Cuándo será el día que dejes de venir acá?

Una voz femenina hizo aterrizar al hombre de sus pensamientos. El sonido del libro cerrándose fue el cable a tierra que necesitaba.

Sus pupilas se mantuvieron tranquilas al momento de dar media vuelta y divisar esa sonrisa tan característica.

— Rin... ¿No deberías estar en casa? — Su voz se oía serena, incluso indiferente algo muy común en él.

— Sí...— La chica se acercó a él con las manos entrelazadas en su espalda, luego de esa corta distancia comenzó a mecer su cuerpo pues levantaba el talón, siempre hacía eso, en todo momento. — Se suponía que me iría con Obito, pero él se fue con su primo Itachi y Sasuke. — Se encogió de hombros— Y cómo te vi desde la entrada principal, pensé en...

— De acuerdo, pero solo será por esta vez — Contestó pasando al lado de esta chica.

La castaña quedó con las palabras en la boca para cuando el contrario ya estaba saliendo de esa inmensa biblioteca. No era la primera vez que se iban juntos, y tampoco la última, aunque él dijera eso muchas veces.

Ambos compartían un solo paraguas, a Kakashi le sorprendía lo distraída que llegaba a ser Rin.

— Perdón, se me quedó en la entrada de la biblioteca. — Se disculpó con una sincera sonrisa.

— Da igual, tampoco me molesta compartir.

— Eres muy amable, por eso siempre he creído que tú serás el primero en casarte...ya llegará una linda chica, una mujer que te ame...y...

Al peliblanco le dolía oír esas palabras de esa chica. Ella estaba enterada de la muerte de Hanare, incluso fue testigo de cómo cerró toda clase de sentimientos de esa intensidad.

Tuvo que escuchar todas las oraciones posibles de la castaña, hasta que por fin llegaron a la casa de esta chica.

— Ya hemos llegado. Nos vemos el lunes. — Dijo con frialdad.

Rin observó como Kakashi se perdía en las siguientes cuadras, pudo correr detrás de él y pedirle perdón por sus palabras desubicadas, pero esperaría a enviar un mensaje o tal vez, hablar con él el lunes nuevamente.

Kakashi se estaba hundiendo otra vez, ese rostro sonriente aparecía frente a sus ojos para torturarlo, incluso ese aroma a dulce y cítrico, el perfume que siempre utilizaba.

Su pecho comenzó a presionar, le costó trabajo tragar saliva, todo esto causó que su nariz sintiera la misma sensación de querer estornudar, pero no, ese calor subió hasta sus lagrimales, donde pequeñas gotas de agua que no eran de la lluvia, iban a escapar por los pliegues de sus maravillosos ojos.

Cerró el paraguas para que no se notara su cobardía. Parecía que el día estaba triste solamente para acompañar su malestar.

Sin ningún cuidado, atravesó el cruce del tren, no le importó en lo absoluto que la barrera de control estuviera bajando para que ningún peatón más cruzara. El chofer del tren alcanzó a gritar una grosería al peliblanco, una que ni siquiera este alcanzó a oír, pero lo que sí escuchó, fue el llanto de algo.

No era un humano, era un pequeño perrito que seguramente estaba escondido entre los escombros del sostenedor de basura.

Guiado por su instinto protector, apresuró el paso para llegar a ese gran tacho de basura, pero antes de llegar, una persona de baja estatura le ganó. Tenía su cuerpo cubierto con una chaqueta negra pesada, una gorra que escondía su cabello y bufanda, lo único que sí alcanzó a ver bien, fueron sus manos blanquecinas cogiendo al pequeño animal. Esto bastó para saber que era una chica, aunque estuviera toda cubierta.

El pequeño cachorrito buscó el calor de la muchacha para lamer su mano, ella lo cobijó en su pecho para llevárselo. Kakashi pudo percatarse de que ella estaba sonriendo enternecida. Eso lo tranquilizó, ese cachorro tendría un lugar para pasar la noche.

— ¡Oye! — Un hombre mayor golpeó duramente la cabeza de la chica — ¡Deja ese animal ahí, no está permitido llevar animales allá! Eres...— Aquel iba a levantar la mano a la chica para golpearla en el rostro. Ella al querer cubrirse, soltó al animal sin querer y este cayó al piso de forma bastante brusca.

Kakashi sintió mucho enfado y preocupación. Corrió hasta el pequeño cachorro para tomarlo en sus brazos y protegerlo.

— ¡Hey! ¿qué cree que está haciendo?

— ¡No es de tu incumbencia, mocoso! — Dijo aquel hombre mayor. Este tenía pinta de ser un hombre de buena familia. La muchacha no alcanzó a gesticular palabra alguna pues estaba siendo empujada por ese despreciable ser.

— No tiene para qué golpearla, solo estaba cuidando al...

— ¿Crees que me vas a intimidar solo porque eres alto? ¡¿ah?! No sabes con quién te metes...

La chica consciente de que esto podría tener un desenlace horrible, jaló a su tutor para ir al auto y restar importancia al asunto.

Ambos desaparecieron cuando subieron a un auto negro lujoso, más parecía una limusina de marca.

El llanto del cachorro volvió a remover el interior del peliblanco.

— Tranquilo, yo te llevaré a casa...no tienes que preocuparte por nada. Vivo solo, así que nadie te echará. —

Decía mientras calmaba al cachorro que tiritaba del frío. Consciente de su estado, se quitó la bufanda para enrollarlo en esta, una vez lo tuvo como un rollo de canela, fue a buscar las cosas que dejó tiradas en la calle cuando corrió a recoger al cachorro y también en defensa de la muchacha.

Al llegar a casa fue recibido por la mujer que quedó a su tutela. Ella era como su abuela, con la única diferencia que esta siempre había servido a la familia de Kakashi.

— ¿Eh? ¿qué trae ahí joven Kakashi?

— Hola abuela...— Saludó quitándose los zapatos y toda ropa mojada. — Me encontré este perrito, estaba mojado y asustado. Me gustaría quedarme con él.

— Pues esta es su casa, no veo por qué no cuidarlo. — Le regaló una amable sonrisa, una que calmó a Kakashi.

Fue una tarde diferente para Kakashi, una que disfrutó con su nuevo compañero.

El perrito era un cachorro pug de color claro y bastante gracioso, este gustoso recibió un baño caliente, aceptó que lo secaran e incluso ser atendido por un veterinario que iba hasta los domicilios.

— ¿Cómo se va a llamar tu perro?

— Pakkun..se llamará Pakkun. Consideraré esto como un regalo de graduación.

— Eso me recuerda que su padre acordó realizar una fiesta de gala para usted y sus amigos.

— Ah...qué molesto. Viviendo tan lejos y queriendo organizar algo. Ni siquiera estará presente acá.

— Lo sé joven Kakashi, yo sé, pero es una forma de pedirle perdón.

— Es un imbécil, jamás lo perdonaré.