Ghosts that we knew
An ItaHina Fanfiction
N/A: ¡Hola! Espero que todos hayan pasado una buena fiesta de navidad y sobre todo que se sigan cuidando. Este año me he reconectado con muchos fandoms y el de Naruto es uno muy especial para mí. En esta ocasión les traigo "Ghosts that we knew", que es la segunda parte de "Cáncer", es un ItaHina, de alguna manera. Les pido que le den una oportunidad y me cuenten que tal les va pareciendo a medida que va avanzando. El titulo viene de una cancion de Mumford and Sons, que es una de mis bandas favoritas.
Ya casi salimos de todo este fiasco del SARS-COVID19, esperemos un poco más, quedemonos en casa y leamos fanfiction.
And though we cry, we must stay alive
-Hace frio ¿no? – dijo Shisui calentando sus manos unas con otras, aun y cuando tenia un par de guantes de cuero sintetico. Itachi levanto la cabeza del periodico que estaba leyendo, un par de gafas de lectura en el puente de su nariz y asintio una sola vez, volviendo a su lectura. Shisui pensó entonces que guardaba un parecido tetrico con el tio Fugaku.
No podia creer que finalmente estaba en el aeropuerto con un boleto de avion en la mano, uno especifico, porque no era la primera vez volaba. Cuando Sasuke murió, Itachi supo que habia comenzado su cuenta regresiva para salir de Japón lo más pronto posible, no era en realidad que no quisiera estar con su madre y su padre mientras la familia entera estaba de luto, no era que no quisiera ser el soporte que Mikoto necesitaba, era simplemente que ahora con Sasuke muerto y enterrado, Japón, Konoha, el maldito mundo le parecia demasiado grande y vivia en una casa llena de recuerdos dolientes.
El chico quisiera decir que despues del funeral las cosas volvieron lentamente a la normalidad pero sabia que aquello era una gran y gorda mentira, porque las cosas nunca volverian a ser normales y todo mundo lo sabia. La casa donde crecio se sumergio en un silencio sepulcral y de un verde enfermizo por lo menos durante dos meses, en los que su padre se levantaba para ir al trabajo con pesadas bolsas debajo de los ojos, caminando como un zombie, a causa de quedarse despierto toda la noche mientras Mikoto lloraba y tenia pesadillas recurrentes.
Las flores de afuera de la casa comenzaron a morir una por una, deshidratadas y resecas y Mikoto estaba tan cansada y deprimida que ni las tiraba ni las reemplazaba, las veces que lograba salir de la cama se envolvia en una bata de un blanco percudido y se les quedaba viendo mientras la hermana de Fugaku la ayudaba a desayunar; era desolador, deprimente y a Itachi le aterraba la manera en la que su madre parecio menguarse.
Como sucedió cuando Sasuke enfermo, Fugaku dejo de tomar casos internacionales para estar al pendiente de Mikoto y aunque no estaban en banca rota, el negocio había comenzado a decaer un poco, lo había notado; a Itachi esto no le preocupaba, porque si algo reconocia de su hermetico padre era que finalmente era un genio en toda la extension de la palabra y sabria proveer para su familia, al menos para su madre.
Despues de su graduacion de la universidad, Itachi acepto un empleo en la firma de su padre, principalmente para apaciguar las aguas entre ellos y quitarse un problema, ahorrarse un dolor de cabeza, dentro de si mismo tenia miedo que eventualmente el empleo se volviera comodo y temia verse en el mismo lugar (o peor aun, dueño de la compañía) en 10 años, asi que hizo un trato con Shisui de sacarlo de aquel desastre donde el tambien había comenzado a trabajar antes de los cinco años de haber entrado, para manteners afilado y seguro, leal a si mismo; para no echar raices.
La vida nunca te prepara para perder a alguien que quieres, esa era una verdad universal. La confianza queda tan flaca despues de que alguien parte de tu vida, te encuentras destruido al ver algo que veias seguro desboronarse en el aire; no queria decir que lo había superado, porque siempre recordaria a Sasuke las mañanas de navidad, siempre sentiria un dolor en el pecho el 23 de julio, pero había hecho lo que era necesario para sobrevivir; se había cerrado al mundo exterior, había echado un candado en el corazon y eso era todo; nadie podia juzgarlo por eso, nada mas podria pasar. Sabía que necesitaba ser distante y no echar raices para poder salir de Japón como siempre había querido.
Shisui estaba a su lado, por supuesto, como siempre lo había estado. Un año despues de la muerte de su hermano menor y cuando Itachi entro en la firma, Shisui escucho a su madre y tambien entro a trabajar como experto en Derecho Penal; el entrar a trabajar en un lugar que involucraba trabajar en traje había hecho poco por su madurez, porque Itachi todavia lo veia desfilar por la vida como si fuera una gran fiesta de piscina. No lo culpaba, ni lo juzgaba, era reconfortante saber que Shisui nunca cambiaria, que seria una de las cosas constantes en su vida, algo a lo que aferrarse si el barco comenzaba a hundirse.
De la muerte de Sasuke hacian ya cinco años; habian pasado cinco cumpleaños, largos y lentos como lagartos trepidando un tronco, cumpleaños en los que nadie canto, nadie comio pastel, nadie sonrio, cinco navidades sin frio, sin felicidad, cinco otoños sin atardecer y todavia no se acostumbraba a ver el cuarto sellado al final del pasillo, como una galeria de memorabilia, exactamente como lo dejó, incluso con el vidrio del vaso que quebró cuando tuvo su fatal ataque. A veces cuando su padre regresaba de trabajar, con un vaso de coñac en los dedos, Itachi se levantaba de su asiento en el estudio y lo descubria viendo la puerta del cuarto de su hijo fallecido, como esperando que Sasuke estuviera adentro jugando videojuegos con Naruto en pijama, o estudiando con Hinata Hyuuga.
-Hinata…- murmuró Itachi cuando Shisui se levanto a comprar el segundo café de la espera. Había insistido en acompañarlo al aeropuerto, en acompañarlo a las puertas de abordaje, abrazarlo una ultima vez, irse sin mirar atrás e Itachi lo agradecia. Shisui había sido una de las pocas constantes en su vida en los ultimos cinco años y sabia sin duda alguna que si faltara el, se volveria lentamente loco.
Hacia ya mucho tiempo que Itachi no pensaba en la chica que fue el unico amor de su hermano menor; algo tendria que ver con el desespero, la vergüenza. Hinata Hyuuga desapareció de Konoha un par de semanas despues de que Sasuke fue enterrado; desaparecio como un puño cuando se extiende la mano, con la rapidez de un rayo que ilumina el cielo; lo había oido por Naruto, que visitaba la casa de vez en cuando como un ritual de pagar respetos, pero que nunca se quedaba mucho tiempo porque no podia mantener una sonrisa tan apretada tanto tiempo.
Hiashi Hyuuga había puesto el grito en el cielo y había perdido la cabeza, como se bien esperaba y la policia de Konoha se había movido e involucrado, despues de todo, los secuestros no eran ajenos a su calidad de heredera; dentro del clan se sospechaba que Hinata estuviera tan desecha por la muerte de Sasuke que pudiera cometer una estupidez, atentar contra ella misma. Se hizo lo que se pudo pero muy poco se supo de la chica. Al parecer ninguna de sus amigas sabía muy bien a donde iba o cuando regresaria pero un dia solamente dejo de ir a la escuela y un par de dias despues de eso, Neji Hyuuga pasó por su papeleo y la dio de baja con una mirada intranquila y sin hablar con nadie más mientras estuvo ahi.
Aquel asunto nunca le había sabido bien a Itachi y estaba extrañado de por que Neji Hyuuga no había organizado una expedicion para voltear cada piedra en la ciudad hasta dar con ella. La familia Hyuuga lentamente había comenzado a asentarse a la idea de perder a su heredera y despues el mismo Naruto le informo que la version oficial era que Hinata se había ido a Europa, con parientes suyos en Essex para seguir estudiando lejos de todo. Nadie lo cuestiono mucho, aunque fuese extremadamente raro y las fechas no coincidieran, pero aquello tranquilizo a sus amigas y a todos los allegados, que no querian intentar entender a los Hyuuga.
La chica desaparecio de las redes sociales y cambio su numero telefonico, cuando se le preguntaba por ella, la boca de Hiashi Hyuuga se volvia una linea delgada impenetrable, Neji Hyuuga decia que no hablaria del tema, y Hanabi solamente abandonaba la habitacion. Shino y Kiba, sus mejores amigos, tampoco hablaban mucho de ella y cuando la hacian, lo hacian en pasado, como si hubiera puerto.
La voz de la señorita que anunciaba los vuelos se dejo oir en medio del aeropuerto, reventando las bocinas para que todos la escucharan. El vuelo 505 destino a Nueva York con escala en Washington, con un tiempo de vuelo de aproximadamente 12 horas y 47 minutos estaba a punto de abrir las puertas de abordaje.
Itachi notó como Shisui le ayudaba con una de sus maletas y como además de él, solamente una pareja de ancianos se levantaba. La soledad comenzaba ahí, pensó, con la espalda fria de su padre que lo condenaria por irse de Japón a perseguir un sueño estupido, por dejarlo a solas con su madre, por huir, por dejar a su madre con los nervios reventados.
Itachi Uchiha tomaba sus maletas y abordaba un avion para iniciar el primer dia del resto de su vida, en un departamento extremadamente costoso para ser tan pequeño en Brooklyn, hacia un trabajo como profesor de inglés que tomó en un colegio demasiado elegante, con la incertidumbre de la deriva; y aquel sentimiento lo hacia querer vomitar y regresar a las faldas de su madre, pero despues de la ultima discusion con Fugaku supo que no había vuelta atrás. No estaba seguro si seguia teniendo un lugar al cual llamar casa.
-Recuerda llamar a la tía Mikoto cuando aterrices; ella no tiene la culpa de nada. – dijo Shisui mientras lo acompañaba por los vacios pasillos del aeropuerto. El lugar tenía grandes ventanas y pasillos amplios con escaleras por todos lados.
-Por supuesto…- dijo Itachi con una mano en el bolsillo de la gabardina. – Tambien te llamaré a ti. Estaré establecido en Octubre por si quieres un pasar unas vacaciones allá…
-Tengo la sospecha de que Fugaku me cargara de trabajo solo para no verte.
Ambos sonrieron con amargura. Fugaku Uchiha de seguro haria lo que fuera necesario para que Itachi se arrepintiera de haber dejado el pais; su madre estaba compuesta por la muerte de su hermano, claramente lo mejor que una madre se puede componer despues de perder a su hijo, y aunque no estaba totalmente de acuerdo con que Itachi se fuera a los Estados Unidos, preferia verlo en la distancia cumplir sus sueños a tenerlo cerca y perderlo significativamente.
-El cree que es justicia poetica pero no puede separarnos. Somos uña y carne desde que nací. – bromeo Itachi mientras colgaba sus audifonos en el cuello y miraba a lo lejos a una sobrecargo que recibia los boletos.
Asi que esto era. El fin de una epoca, Shisui e Itachi separandose para crecer finalmente el uno separado del otro. El mayor de los Uchiha le sonrio a su primo menor, abriendo los brazos mientras lo envolvia; sus esencias de tabaco y colonia mezclandose. Itachi cerró los ojos un par de segundos y correspondio el abrazo, y cuando se alejó pudo ver el rostro de Shisui como si fuera un niño. Tenía 26 años, si pero mucho temia que nunca había podido ser realmente un adulto, al menos no se sentia asi, no con todos los lazos sanguineos que lo ataban.
-Octubre…- dijo Itachi, recordandole a Shisui que no estarian separados mucho tiempo.
-Octubre…- respondio Shisui, sonriendo y metiendo las manos en los bolsillos de su chaqueta. El altavoz nombró el vuelo de Itachi y este tomo sus maletas, rodandolas hasta la puerta de abordaje. No volteó a despedirse de Shisui y Shisui no penso que fuera a hacerlo; Itachi no era asi. Espero un par de minutos a que la figura de su primo desapareciera por las puertas y despues dio media vuelta para iniciar el viaje a la ciudad.
A veces era imposible conciliar el sueño en el departamento donde vivía; a veces los claxons de los carros, las construcciones alrededor del vecindario, la gente que se levantaba antes que ella eran demasiado y tenia que arrastrarse hasta estar de pie, bostezando y maldiciendo al sol que se metia por la ventana rota. Sabia que debia arreglar la averia de la ventana, sabía que no era seguro para alguien en su situacion, pero la vida había avanzado tanto que no tenía tiempo de pensar la mayoria de las veces y de todos modos, vivia en un sexto piso, asi que era poco probable que alguien entrara por la ventana.
Hinata se había cortado el cabello hace tiempo; unos meses despues de que llegó a Queens; cuando se vio en el espejo de la estetica, con el vientre hinchado de 5 meses de embarazo y el cabello a las orejas, recordó a su madre embarazada de Hanabi. Era el vivo retrato, y el chico que le cortó el cabello tuvo que acercarle una servilleta para secar las lágrimas que no se dejaron esperar y que bajaban con rapidez por sus mejillas. No volvio a ir a ninguna estetica, y comenzo a cortarse el cabello en casa.
Eran las 5:00 AM cuando sus dias comenzaban, cuando las plantas de sus pies tocaban el frio piso de madera de su departamento y se acercaba a la ventana para bajar la manta naranja con la que se escudaba del sol. Hinata solia dormir con una camiseta gigante color negro, al menos tres tallas mas grandes que la que ella usaba y aquello la hacia ver infinitamente más pequeña pero cumplia con su proposito y era comoda. Miraba hacia su vecindario, relativamente tranquilo, con chicos en bicicleta y en patineta, autos que se estancaban en el tráfico, food trucks y cables que nublaban su vision de un cielo ligeramente contaminado por la industria, el sol palido de las primeras horas de la mañana asomandose en el horizonte.
Se quitó el cabello de la cara y se enfundo en un cardigan rosa que siempre mantenia cerca de la ventana para que se ventilara, y cuando volteo a su cama, inexplicablemente grande pudo ver un pequeño bulto tembloroso que hacia todo esto posible, todo esto ser.
-Tora…- murmuro Hinata caminando entre las relativas sombras de la habitacion para prender la lampara de su mesa de noche y acercarse al niño de casi cinco años, que si bien tenía su propia habitacion, no se cansaba de dormir junto a su madre. Al acercarse a él, el observar su piel palida, casi blanca y su cabello largo y del color de una noche sin estrellas la hacian sentir de una cierta manera que nunca podria replicar con cualquier otro estimulo. Su hijo dormitaba, presa del frio y del ruido de afuera y lo unico que lo calmaba era saber que su madre estaba a un brazo de distancia.
No pudo hacerlo. Deshacerse de él, hace tantos años, no pudo hacerlo y cuando lo veia acurrucado cerca de su vientre, cuando sus ojos color luna chocaban con los suyos, no concebia la manera en la que esa idea estuvo en su mente en alguna ocasión, si quiera por un segundo.
Flash Back
-¿Estás lista?
Dudó, pero no lo mostró.
-Sí.- dijo simplemente.
Kiba no había estado de acuerdo con el procedimiento asi que aviso que no estaria acompañandolos. En el cerebro del chico, Hinata podia seguir su embarazo en Japón, podia decir la verdad; Kiba incluso ofrecio su casa, su apellido. Hinata le dijo que el niño tenía un padre y un apellido, y le beso la frente.
Shino había pasado por ella una semana despues del funeral de Sasuke cuando se entero que Hinata estaba embarazada. Hiashi no vio nada raro en que el chico Aburame la procurara porque finalmente eran amigos desde que tenia memoria; lo que si le extraño fue no ver al Inuzuka y a su mascota con ellos.
Estaba lloviendo aquella tarde. Shino paso por ella en el mismo automovil verde musgo en el que fue a comprar la prueba embarazo y ninguno dijo mucho cuando estuvieron arriba del auto, ni siquiera prendieron el estereo ni bajaron las ventanillas. El chico se había ocupado de todo, por supuesto, y Hinata no le solto la mano ni un minuto en todo el tiempo en el que estuvieron en la clinica.
Cuando el doctor la llamo por su nombre, Shino apreto su mano y se levanto, mientras Hinataba gimoteaba las lagrimas. Cuando Shino le pregunto si estaba lista, Hinata había dicho que si y juntos dieron un paso en la direccion de la habitacion donde se llevaria acabo la interrupcion.
Pero antes de que Shino abriera la puerta, Hinata se quedo parada en medio de la clinica, con personas caminando a su alrededor. Shino se quito los lentes de sol y la miro extrañado, pero a sabiendas de que esto podia pasar.
-Shino-kun…
-Hinata-sama…- murmuro Shino de vuelta, y se acerco a ella. Hinata parecio temblar de tristeza y sorbio las lagrimas por la nariz, antes de hablar.
-Q-Quiero…quiero ir a casa…
Fin del flash back.
Prefirio mentirle a su padre y ganarse su desprecio y exilio, abandonar a su familia y a sus amigos, salir del pais solo para lograr que su hijo respirara y ahora estaba segura de que moriria antes de dejar que algo le pasara al niño.
-¿Mamá? … - preguntó el niño debajo de las sabanas blancas con una voz pequeña y tierna. Hinata sonrio en la oscuridad y acaricio su cabello opaco, asegurandole que todo estaba bien. A veces la llamaba Mamá y otras veces la llamaba Oka-san; Tora era más fluido en inglés porque se relacionaba con americanos, pero Hinata había intentando involucrarlo mas en su principal cultura desde que el niño empezo a hablar.
-Duerme otro rato, Tora-chan. Aún no es tiempo de que despiertes…- el dia de Hinata había empezado, porque tenia que trabajar. El dia de Tora iniciaba tres horas despues, a las 8:00 AM, cuando ambos caminaban hacia la escuela. El niño no tenia ningun negocio despertandose tan temprano.
Tora Uchiha era despues de todo su hijo y el hijo del fallecido Sasuke Uchiha; el heredero Uchiha, aunque nadie, más que unos cuantos elegidos supieran de su existencia; elegidos que habian ayudado a Hinata desde las sombras; elegidos que ni siquiera lo conocian. La realidad era que aunque penso en deshacerse de él, ahora no imaginaba su vida sin el niño, y todas las aflicciones que tuvo que pasar para llegar a donde estaban le aseguraban de que valia la pena.
Tora era alto para su edad, y delgado; tenía la piel palida pero era rosada en sus mejillas y cerca de su nariz; tenia el cabello opaco y este crecia con salvajeza, al punto en el que Hinata dejo de cortarlo y había decidio mejor cuidarlo con trenzas y tratamientos. Tenia un par de ojos enormes, si, pero rasgados como su padre y del color de los ojos de su madre; fuera de eso, Tora era completamente hijo de Sasuke y cuando el niño estaba aburrido o molesto, la miraba con una fiereza impertinente que hacia que Hinata tragara saliva y corriera al baño para evitar que el niño la viera llorar.
Camino hacia la cocineta que tenia, que no era demasiado grande, pero el circulo social de Hinata se reducia a Tora y a Stephanie, una compañera de trabajo con Mercy, una hija de la edad de su hijo que era actualmente su mejor amiga. Fuera de eso, Hinata no tenía relacion con nadie más, por lo que un departamento grande no era mucha prioridad para ella en estos momentos. Se había acostado tarde la noche anterior, limpiando el fregador y acomodando los sillones de la sala, porque tenia que doblar turno en el hospital y Tora dormiria con Stephanie y Mercy; Hinata descubrio que aquello no era anormal para las madres solteras americanas y con el tiempo su corazon pudo respirar y dejarse llevar en el trabajo, sabiendo que Stephanie cuidaria de Tora como si fuera su propio hijo.
Llenó su taza de peltre con el primer café americano negro del día, la lleno hasta el tope y la sirvió mientras ponia a cocinar el arroz en la arrocera que compro el primer año en Nueva York. Tenia que hacer el almuerzo de Tora y hacer su propio almuerzo, tenia que tomar un baño y arreglarse para su turno en el hospital; tenía que asegurarse de que Tora tomara un baño y se arreglara para la escuela, acomodar su mochila, tomar las cuentas que tenia que pagar. Con un suspiro pesado se dio cuenta de que si bien se había despertado antes que el sol, el dia entero no le alcanzaria para hacer lo que tenia que hacer, para sacar este hogar adelante.
Dio otro sorbo a su café y deslizó una mano por su cabello azulino, enmarañado y seco; estaba segura de que se veia mayor, más cansada, no con la vitalidad y belleza que una mujer de 23 años tendria que tener en la flor de la juventud.
Dentro, en su habitación, estaba 100% segura de que Tora había encendido su computadora portatil y había comenzado a ver dibujos animados.
Afuera, a las 5:30 AM, Nueva York despertaba y se movia sin ella.
