¿Me entregarás tu corazón?

Capítulo Ocho

Azotó la puerta con fuerza y corrió lo más rápido que sus piernas se lo permitieron intentando salir de aquella casa a la que esperaba no tener que volver para no verle la cara.

No podía ser verdad. Aquello no podía estar pasando. Seguro que en cualquier momento se despertaría de aquella pesadilla y el recuerdo de su noche con Touya desaparecería de su memoria.

-Deja de ser ridícula. No fue un sueño. En serio te le lanzaste.- La acusó su consciencia, y si no fuera porque hasta ella sabía que aquello era una exageración, seguro se hubiera precipitado en la calle esperando que los caballos de algún carruaje la atropellaran.

¿Por qué había hecho eso? ¿Por qué siempre que tenía una crisis existencial tenía que terminar en los brazos de Touya? Ella mejor que nadie sabía en la situación tan delicada en la que estaban y aun así no sólo había dicho algo fuera de lugar aquella noche si no que le había suplicado que siguiera hasta el final.

-¡Tomoyo espera! Tengo que hablar contigo.

Sintió un tremendo escalofrío al escuchar su voz y darse cuenta de que estaba a punto de alcanzarla, y escondiéndose tras de una carreta consiguió que siguiera de largo con la camisa a medio abrochar.

Se veía tan sexy con el cabello alborotado y la tela pegada a su cuerpo debido al sudor. Si no fuera porque estaba huyendo de él, seguro que se acercaría y le exigiría que la llevara a casa y la hiciera suya.

-¡¿Qué rayos estás pensando? ¡Tomoyo reacciona! – Se exigió a sí misma intentando olvidar el cosquilleo que sentía en todo los lugares de su cuerpo que él había besado y acariciado la noche anterior y echó a correr en la dirección contraria haciéndole señas al primer carruaje que vio pasar.

Eran las seis de la mañana y no podía ir al taller. Seguro él la estaría esperando en la puerta. Necesitaba un lugar al que huir en el que a él nunca se le ocurriría buscarla y con una persona que por supuesto estuviera ya despierta y no la tildara de demente.

-Doble en la próxima esquina. -Solicitó al chofer en cuanto hubieron recorrido unos quince minutos de trayecto y al ver la diminuta puerta pintada de rosa, tocó dos veces rogando que ella aún no hubiera partido hacía el taller. Nakuru era de sus amigas la que más posibilidades tenía de que las sábanas se le quedaran pegadas, así que era sin duda su única salvación.

-Tomoyo ¿Por qué…?

-Es una larga historia Nakuru. ¿Podría quedarme unos minutos en tu casa?

Nakuru la miraba algo confundida mientras ella trataba de ver a través de la mirilla de la puerta como si se tratara de una delincuente huyendo de la policía, pero aun así no hizo ningún esfuerzo por impedirle entrar a su casa o pedirle explicación de sus actos.

Solo había una razón para que la siempre sensata Tomoyo estuviera actuando como una desquiciada y se viera tan desaliñada.

-¿Estás escapando de tu esposo?

-Así es. Solo necesito quedarme lo suficiente para que él se canse de esperarme en el taller. Prometo que te compensaré cada segundo perdido.

-Vamos Tomoyo, no seas tonta. Haría cualquier cosa por una amiga. Por ahora ¿Qué tal si te sientas y te traigo un poco de té?

-Si claro. Eso sería fantástico.

Caminó detrás de ella hasta la pequeña sala de estar y se quedó deslumbrada por lo que veía. Aunque diminuta y humilde, la casa de Nakuru estaba cuidadosamente ordenada, lo cual fue una sorpresa. Normalmente ella era la revoltosa y alegre en el grupo así que una parte de ella esperaba encontrarse con una casa patas para arriba, con ropa tirada por doquier y muebles llenos de evidencia de noches de pasión frenética.

-Está algo caliente así que ten cuidado. También hice estas galletas si no te importa.

-Gracias. – Murmuró algo insegura mientras acercaba la diminuta galleta a su boca, maravillandose al darse cuenta de que a pesar de la hora no sintió ningún malestar.

Últimamente su estómago le rechazaba hasta el delicioso desayuno que Rika llevaba los lunes, así que no estaba segura de que algo a parte de lo que Touya le preparaba le cayera bien al estómago. Grande su sorpresa cuando no sólo su estómago las recibió bien sino que sabían deliciosas.

-No sabía que cocinabas tan bien Nakuru. Esto está exquisito.

-Me alegra que te guste. Quería hacerte algo ahora que estás tan delicada del estómago pero con tantas cosas que hacer en el burdel me es difícil levantarme temprano y cocinar.

-¿Burdel?

-Les dije una vez que durante las noches trabajaba en uno ¿no?

-Mencionaste algo pero pensé que tu…

-¿Bromeaba? No me sorprende. No soy el tipo de personas que los demás toman en serio.

-No es lo que quise decir. Es solo… siempre estás tan alegre y trabajas con tanto entusiasmo que no creí que…

-Descuida, entiendo a la perfección.- Ella suspiró profundo y miró a su alrededor con una sonrisa llena de melancolía. - La verdad es que cuando estoy con ustedes es como si me olvidara de todos mis problemas. Allí estoy haciendo lo que me gusta, con las personas que me agradan, así que en cuanto logre ahorrar lo suficiente dejaré esa vida y me dedicaré a la costura. Entonces no tendré nada de que avergonzarme y podré sonreír genuinamente.

Volvió su mirada a la amatista y se dio cuenta de que estaba llorando. Se acercó y la abrazó con cariño. No necesitaba que le dijera nada para entenderla.

Si de algo se quejaba Tomoyo todos los días era de lo injusta que había sido la vida con ella al darle una madre tan exigente y no permitir que el amor tocara su puerta.

Ahora se daba cuenta de que lo suyo no era nada comparado con lo que pasaban los demás. Con lo que sus seres queridos cercanos tenían que afrontar día a día.

¿De donde sacaba ella las fuerzas para sonreír a diario? ¿Cómo podía tener una actitud tan positiva si la vida la había tratado con tanta crudeza?

-Mamá… ¿Por qué aun no te has ido al trabajo? La señora Daudoji te despedirá en cualquier momento.

Al levantar la vista y ver a la pequeña figura de cabello negro y ojos azules asomándose a través de la puerta mientras frotaba sus ojos y bostezaba, no pudo evitar contener la respiración mientras miraba a Nakuru con expresión de incredulidad.

No quiso preguntar nada al respecto el resto del camino.

Sabía muchas cosas sobre Nakuru como que nació en Italia, que escapó de casa cuando era una niña, que trabajó como criada por muchos años en casa de una poderosa familia londinense, que tuvo un amorío fugaz con uno de los hijos de sus señores y que al final había viajado a Francia para iniciar una nueva vida. De todo aquello se había enterado porque ella acostumbraba a contar insólitas experiencias que supuestamente había tenido y que parecían más bien sacadas de una novela romántica dónde la heroína pasa un montón de vicisitudes antes de encontrar el amor verdadero.

Siempre las consideró solo eso, patrañas de una chica soñadora que le encantaba inventar historias para entretener a los demás pero ahora… comenzaba a pensar que tal vez sus historias si eran verdaderas. Por eso, también entendía que si no había dado explicaciones acerca de su hijo o de porque lo criaba sola, era porque los detalles eran demasiado dolorosos para compartirlos.

Solo le bastaba con saber que era una mujer luchadora que había salido adelante a pesar de eso y que seguía esforzándose por lograr sus sueños sin perder ni un segundo la fe.

-¿Y que vas a ser con el tipo buenazo? No creo que puedas huir de él para siempre-. Apretó los puños contra su falda mientras mantenía la mirada fija a través de la ventana del carruaje e intentaba no pensar en ello. Sabía que solo era cuestión de tiempo para que se encontrara con Touya, pero si bien descubrir el secreto de Nakuru la había hecho pensar en lo difícil que sería encargarse sola de su bebé, la verdad era que aún no estaba segura de si tomar el camino fácil era la mejor decisión. -Sabes, no quiero presionarte con esto, pero necesito saber al menos si debo preocuparme o es algo que puedes resolver tu sola.

-No debes preocuparte. Solo… no se como manejar todo lo nuevo que está pasando. Creo que tengo miedo de no… no saber contenerme.

-A ver. Estás viviendo bajo el mismo techo que el tipo que te gusta y que accedió voluntariamente a hacerse cargo de ti y de tu hijo ¿y te preocupa contenerte?

-¡Touya no me gusta!

-¿Ah no? ¿Y por que te alteras tanto cuando te lo mencionan?- La amatista guardó silencio mientras hacia un mohín incapaz de dar una explicación lógica para su comportamiento. Nakuru suspiró profundo-. Tomoyo, tengo trabajando contigo más de cinco años y nunca te había visto ponerte así por ninguno de los tipos que intentaron cortejarte. No voy a decir que lo amas, pero de que te atrae como abeja a las flores te atrae, y mucho.

-Tal vez tengas razón, pero ¡eso no debe ser! Es mi amigo, mi primo también, en realidad no debería…

-Tomoyo… ya no eres una niña ¿sí? Tienes que aprender a reconocer cuando pierdes una batalla. Te guste o no, ese sujeto te atrae y mientras más lo niegues más imposible se te hará la vida. No digo que cierres los ojos y te lances siguiendo solo tus impulsos, pero al menos date la oportunidad de ser vulnerable y hacer lo que deseas al menos una vez en la vida. ¿Quién sabe? Tal vez las cosas resulten mejor de lo que tienes pensado.

-Y hablando de la razón de tus desvelos.- Al ver a Touya de pie frente al escaparate de la sastrería, casi sintió el impulso de lanzarse a través de la ventana. Era demasiado pronto para enfrentarse a él, necesitaba… necesitaba tomarse un respiro y pensar con calma todo lo que Nakuru acababa de decirle.

-Buenos días Señorita Akitsuki, ¿ha visto por casualidad a Tomoyo?

-No, no la he visto. ¿Ha pasado algo?

-Algo así. Creo… que he perdido un poco el control y la asusté. Supongo que últimamente me pasa muy a menudo.

-¿En serio? Debe gustarle mucho para que alguien como usted no sea capaz de controlarse en su presencia, joven Kinomoto.

-¡No debes decirle eso Nakuru!- Quiso gritar antes de que hiciera un comentario aun mas comprometedor pero entonces descubriría que estaba oculta tras el carruaje y entonces tendría que hablar con él y aclarar todo. Obvio que a Touya no le gustaba, si había dormido con ella esas dos veces era solo porque le tenía lastima.

-¡Por supuesto que me gusta! ¿Cómo no habría de sentirme atraído por una mujer así? Además es la persona en la que más confío en el mundo y la única con la que me permito ser como soy. Si nuestras circunstancias hubieran sido diferentes sería inevitable para mi cortejarla desde el principio.

-¡¿En serio?!- Exclamó Nakuru fingiendo incredulidad.- Deberías decírselo entonces, porque ella cree que es justo lo contrario.

-Ya lo he hecho, pero ella no me toma en serio. Es la mujer mas terca y adorable que he conocido. El camino a su corazón es todo un campo minado.- La calidez de su sonrisa mientras la describía de esa manera era tan deslumbrante que le hacía imposible dudar de sus palabras.

Siempre la había tratado como alguien especial, como un objeto frágil y valioso que tenía miedo de quebrar o arruinar. Aquello a ella le fastidiaba porque en verdad cuando estaba en sus brazos terminaba siendo apenas un delgado vaso de cristal en vez del duro diamante que pretendía aparentar. Él sacaba lo mejor y lo peor de ella, y verse así, tan vulnerable entre sus manos, era lo que más le aterraba de todo aquello.

-Bueno, ya es hora de regresar. ¿Puedes decirle por favor que la he estado buscando? No se si quiera regresar a la casa esta noche así que te encargo que la mantengas a salvo.

-Por supuesto. Aunque no creo que haga falta.

Nakuru agitó la mano mientras lo veía alejarse y una vez lo perdió de vista dirigió la mirada a la amatista quien salió de su escondite con la expresión de aquel que tiene una intensa lucha con su interior.

No la culpaba. El amor era algo sumamente complicado en lo que tanto podías perder como ganar. Un paso en falso podía cambiar por completo tu destino, pero abstenerse de actuar podía también tener consecuencias desastrosas. Al final, cada uno debía aceptar y afrontar su realidad por desconcertante y dura que pareciera y en ese momento Tomoyo también debía tomar una decisión.


-Tomoyo.- El trigueño se puso de pie mientras caminaba hacia ella y la miraba con preocupación y sorpresa. No parecía tener rasguños o estar fatigada, así que sea dónde sea que estuviera parecía ser que estaba a salvo, auqnue en ese momento pedirle detalles tal vez no era lo mejor. - Pensé que estaría un par de días sin verte. No he hecho nada de comer pero si quieres yo…

-Estoy bien. Creo que necesitamos hablar.

No pudo evitar quedarse algo descolocado al escucharla decir aquello, pero aun así decidió seguirla hasta el relativamente pequeño sofá que se encontraba en la estancia. El silencio entre ellos era amedrentador. Era tal y como cuando durmieron juntos en Londres, solo que ahora no había rastros de resaca y no podían usar la excusa de tener que partir para librarse de aquella incómoda conversación.

-Touya… con respecto a lo que ocurrió anoche. Verás yo...

-Lo siento mucho.

Ella levantó la mirada profundamente desconcertada mientras lo sentia tocar delicadamente su mano.

-Cuando Sakura estuvo embarazada la primera vez, por casualidad tenía unos negocios pendientes en Londres y fui a verla. Casualmente ese día tenía una de sus visitas médicas y entonces escuché al doctor comentar en son de broma que cuando las mujeres estaban embarazadas sentían aun más la necesidad de… bueno, intimar con su esposo. Así que anoche cuando te me ofreciste pensé que estabas pasando por esa etapa. Lo que quiero decir…- Aclaró al ver que la ultima afirmación había provocado que ella se tiñera completamente de rosa. -Es que, no veo lo de anoche como la concretación de nuestro acuerdo. Más bien, creo que actuaste guiada por un impulso biológico, así que si eso te hace sentir más tranquila, solo hagamos como si eso nunca pasó.

-¿Tomoyo…?- La amatista limpió disimuladamente sus ojos, harta de que las hormonas la estuvieran haciendo llorar por cada cosa ese día.

-Lo siento. Jamás debí huir de ti. Creo… que estoy actuando como una niña.

-Descuida, se que son muchas cosas con las que lidiar. De todas formas, fue divertido perseguirte por toda la ciudad.- Susurró mientras la abrazaba y besaba su cabeza a la vez que pensaba en lo afortunado que era de verla en sus mejores y peores momentos. Era cierto que a veces le parecía tan frágil que quería encerrarla en una caja de cristal para que nada pudiera hacerle daño, pero sabía que ella no era de esas joyas que se guardaban bajo llave para que nadie las toque, sino de aquellas que se exhiben en público para que los demás comprueben su indudable y deslumbradora belleza natural. Belleza que él había tenido la dicha de contemplar en su máxima expresión y que para que negarlo, mantenía sus manos en un constante cosquilleo que lo invitaba a explorarla al menos una vez más. -Sabes… tampoco me molesta que te aproveches de mi para complacer tus instintos de vez en cuando. Así que cuando quiera podríamos…

-No abuses de tu suerte, Touya.- La escuchó murmurar con voz somnolienta y al dirigir su mirada hacía ella se dio cuenta de que estaba a punto de quedarse dormida.

Era lo lógico. Con una noche de pasión tan intensa y una carrera casi maratonica por toda la ciudad, era de esperarse que estuviera cansada. La tomó en brazos, la llevó a su cuarto y se dirigió a la cocina seguro de que cuando despertara tendría mucha hambre. ¿Quién sabe? Tal vez cuando estuviera descansada y satisfecha su propuesta no le pareciera tan descabellada.


–Son preciosas. Voto por el modelo de Alta Couture de Anne.

Tomoyo miró a Nakuru de soslayo. Sentadas a la mesa de la sala de reuniones, había entre ellas varios modelos de cortesía de las cinco sastres con las que se habían entrevistado ese día. A cada una le habían pedido que llevara una propuesta para un vestido importante. También que intentaran emular uno de los atavíos estrella de Tomoyo, por si algún cliente lo pedía mientras ella estaba de baja.

–No sé –dijo Chiharu–. Otras veces, como cuando Tomoyo se fue a Londres, hemos usado a Francesca. Creo que debería tener prioridad.

–Yo solo soy fiel a esta hermosa corona de perlas. – Nakuru estaba enamorada de la extravagancia que sin duda impregnaba Anne en sus diseños. Todo era hermoso, pero a Tomoyo no la había convencido ninguna de las chicas.

–No están mal.

–¡¿Qué no están mal?! Vamos, Tomoyo –gimió Rika mientras dejaba uno de los modelos en la mesa–. Sabes que soy tan perfeccionista como el que más, pero estás siendo muy quisquillosa. Todas las sastres son estupendas. Son profesionales, la tela es la mejor y sobretodo son creativas. Han hecho su trabajo de forma intachable. Yo no sabría distinguirlos de los hechos por ti.

Tomoyo miró a sus socias con cara de pocos amigos. Tal vez estuviera excesivamente sensible a causa de las hormonas, pero no podía evitarlo. ¿De forma intachable? ¿Por qué iba a alegrarle que alguien hubiera copiado tan fácilmente alguno de sus modelos?

–Lo siento, pero no me entusiasma que me sustituyan. Me resulta difícil pensar que alguien va a ocupar mi puesto y hacer mi trabajo. Ya veremos lo que os parece a vosotras cuando entrevistemos a vuestros sustitutos.

–Sabes que no podremos sustituirte –apuntó Chiharu–. Haces los mejores vestidos del mundo. Pero no tendríamos que pasar por esto si no fueras a estar de baja varias semanas. Y antes de eso, necesitarás ayuda cuando llegues al tercer trimestre y no puedas estar de pie muchas horas seguidas.

–Faltan meses para eso.

–Tenemos que empezar a resolverlo ahora, aunque puedas seguir trabajando perfectamente –Rika le puso la mano en el hombro–. Enfócalo desde el punto de vista de la empresa. Si una de nosotras fuera a ausentarse varias semanas, tendríamos que buscar ayuda lo antes posible, ¿no crees?

Tomoyo suspiró.

–Sí, tienes razón. Pero se me hace duro.

–Sinceramente –prosiguió Rika–, tenemos que tener refuerzos preparados para todas nosotras.

–Tal vez esto ayude con el tema de las vacaciones –intervino Chiharu–. Estamos quemadas, pero tenemos reservas hasta finales de año. Necesitamos descansar. Cuando Takeshi y yo nos casemos, me iré de luna de miel. Nakuru lleva años deseando ir a Italia, y estoy segura de que tú preferirías hacer algo más que estar sentada en el taller trabajando todos los días, Rika. Incluso si una de nosotras quisiera quedarse una semana tumbada en el sofá, no podría hacerlo tal como están las cosas.

–¿Qué os parece esto? –propuso Tomoyo–. ¿Por qué no contratamos a alguien para que nos ayude con los vestidos de forma permanente? No fui consciente de la ayuda que necesitaba hasta que Touya estuvo conmigo el fin de semana pasado. Si contratamos a alguien, me dedicaré los próximos meses a formarlo y así siempre habrá alguien de nuestro equipo aquí cuando una de nosotras tenga que ausentarse.

Rika reflexionó y asintió.

–No es mala idea. ¿Candidatos?

–Estaba pensando en Akiho.

–¿La esposa del duque?

Tomoyo asintió. Akiho era una cliente frecuente de la sastrería y a menudo se quedaba más de lo necesario solo para verlas trabajar, de hecho una vez había expresado lo mucho que le gustaría tomar clases de costura en el mucho tiempo libre que tenía debido a que ella y su esposo aun no tenían hijos que atender.

–Estoy segura de que aprenderá rápido y cuando tenga que irme, estará preparada para los vestidos menos complicados.

–De acuerdo. Me pondré en contacto con ella y le pediremos que venga a charlar con nosotras –Rika comenzó a escribir en su libreta para anotarlo–. Hay que resolver ese asunto lo antes posible.

–Sí –dijo Nakuru sonriendo con malicia–. Puede que una de nosotras se marche a Londres dentro de poco.

Tomoyo alzó bruscamente la cabeza para mirarla. ¿Londres? ¿Por qué había dicho Londres? Touya y ella habían hablado de la posibilidad de ir allí dos semanas antes, pero no les había contado nada a sus amigas.

–¿Alguien va a ir a Londres?

Chiharu lanzó un bufido.

–Tú, tonta.

Tomoyo la miró con los ojos como platos.

–¿Ah, sí? ¿Desde cuándo?

–Desde que Kinomoto vino el viernes pasado –la informó Rika–. Antes de ir a ayudarte en el taller, nos invitó un café y me habló de la posibilidad de llevarte en uno de sus viajes de negocios. Pensé que era muy amable al consultármelo antes de decírtelo.

Tomoyo sintió que las mejillas le ardían de ira. Debiera haber supuesto que Touya tramaba algo.

Las cosas estaban yendo demasiado bien. Había pasado más de una semana desde la cita con el médico, y todo había ido como la seda. Habían leído libros de bebés, discutido sobre nombres posibles, reído juntos y sobretodo disfrutado de las noches juntos.

–¡Pues no habría estado mal que me hubiera dicho a mí algo al respecto! ¿Puede alguien decirme cuándo me voy a Londres?

–El domingo –contestó Rika.

Era jueves por la tarde.

–¿Este domingo? Estás de broma, ¿no?

–No, Touya me dijo la fecha –consultó la libreta–. Sí, el 8 de octubre. Es este domingo.

Tomoyo apretó los dientes. Aquello era propio de Touya: hacer lo que quisiera para salirse con la suya sin tener en cuenta los deseos de ella o lo que pensara al respecto.

–Lo voy a matar. Vamos a necesitar una sastre pronto porque me van a condenar a cadena perpetua.

–¿Estás enfadada? –preguntó Nakuru–. ¿En serio? ¿Tu esposo quiere, de forma imprevista, llevarte de viaje a Londres y te enfadas? Yo no consigo que ningún hombre me lleve, de forma imprevista, ni al bar de la esquina.

–No estoy enfadada porque quiera llevarme a Londres, sino porque lo ha organizado todo a mis espaldas y sin consultarme.

–Porque le ibas a decir que no –apuntó Chiharu.

Tomoyo se cruzó de brazos sin saber que decir. Sabía que sus argumentos sonaban completamente absurdos pero ninguna de ellas entendían por lo que estaba pasando. Estaban hablando de Touya, su primo segundo, su mejor amigo. No importaba cuanto pensara en ello no conseguía asimilar que todo aquello estuviera pasando, y esa sensación había empeorado desde que se había dedicado a seguir sus "hormonas" y dejarse seducir por él durante las últimas ocho noches.

No podía evitarlo, el maldito sabía exactamente donde tocarla y como hacerlo para dejarla completamente paralizada y cuando al fin se recuperaba de su hechizo, tenía su perfecto y trigueño cuerpo desnudo abrazándola mientras dormitaba. Si hasta la madrugada del sábado cuando llegó a la casa pasada las once de la noche lo encontró desnudo en su bañera mientras aseguraba que la de su cuarto necesitaba una reparación y él había pensado que a ella no le molestaría que usara la de su habitación. ¡¿Cómo no iba a molestarle hallarlo como Dios lo trajo al mundo cuando estaba luchando tenazmente por no sucumbir a la tentación?! Es cierto que luego de eso tuvieron la mejor sección de sexo de su vida metidos en ese diminuto espacio, pero ¡ese no era el punto!

Una parte de ella sabía que su deseo por él no era sólo efecto de sus alborotadas hormonas y aun si así fuera, él se estaba aprovechando de ellas para ganar su apuesta y enamorarla al cabo de los treinta días. Aquello era trampa, sin duda lo era, y si ahora se iban a solas a Londres y comenzaban a recordar buenos momentos… seguro estaría totalmente perdida cuando regresara.

–¿Y qué? Es una irresponsabilidad por mi parte marcharme avisando con tan poca antelación. Acabo de ir al aniversario de Sakura y, como ya hemos hablado, me marcharé otra vez a finales de primavera. No debería tomarme más días libres porque sí.

–Kinomoto me dijo que estarías de vuelta el jueves por la noche –observó Rika–. Técnicamente, no te perderías nada. La semana que viene no vamos a hacer vestido de novia. La pareja quiere casarse en la playa así que desean algo más sencillo, así que creo que deberías librar todo el fin de semana.

–¿Por qué?

–Por que cuando vuelvas, no te apetecerá trabajar –concluyó Rika.

–Además, necesitas tiempo para estar con Touya –apuntó Chiharu–. El tiempo de prueba que le has impuesto pasa deprisa. Habéis estado tan atareados alquilando una casa y ocupándoos de los asuntos relacionados con el bebé que ir a un sitio romántico os vendrá bien. Intenta divertirte, Tomoyo. Callejea por Londres y permítete enamorarte.

¿Enamorarse? Las cosas les habían ido bien, pero la idea de enamorarse le seguía resultando ridícula. Tomoyo quería a Touya, pero estaba segura de que no se iba a enamorar. Solo quedaban dos semanas. Estaban bien juntos, desde luego. Y el sexo era… notable. Pero ¿amor? Eso estaba por verse.