Nota obligatoria: Los personajes de Saint Seiya son obra de Masami Kurumada y Teshigori, yo nada más me dedico a escribir sobre ellos sin obtener nada a cambio, más que mucha satisfacción personal y entretenimiento saludable
Nota de la autora:
Sé que les debo dos finales, pero antes, el producto de una pésima noche de insomnio y una visita inesperada de la musa y se me ocurrió esta historia de terror, en la que el pobre cubito de hielo es la víctima elegida. Ojalá les guste y feliz halloween atrasadíiiiisimo.
Advertencias: Lenguaje inapropiado
Sexo y violencia
Llámame Maddie I Parte
Atenas, Grecia
-¿Por qué me traes a un lugar como este?... digo… ¿no sería más práctico ir a una joyería como todo el mundo?
-Me gusta -contestó Camus mirando a todas partes en busca de algo que mereciera su atención- además te garantizo que aquí podrás encontrar un regalo bonito y único
-Es un mercado de pulgas…
-Hay muchas cosas interesantes y sobre todo originales
-Insisto… es un mercado de pulgas
-Vamos, estoy seguro de que a ella le va a encantar el detalle y te va a agradecer adecuadamente el que te hayas tomado el tiempo para conseguirlo -continuó el francés con risita maliciosa.
-Más te vale que sea así
Los guardianes de Acuario y Escorpión, tenía un rato de caminar entre los pintorescos puestos de un mercado de pulgas apostado en los suburbios atenienses y el cual Camus visitaba cuando sus deberes lo permitían. El francés arrastró a Milo hasta ahí para ayudarle a encontrar una joya con la que sellaría su relación con la amazona que había fungido como su "amiga con derecho" desde la adolescencia.
Cabe recalcar, que la búsqueda se extendió demasiado gracias a los continuos berrinches del joven Escorpión, a quien nada le parecía lo suficientemente bueno para su chica. Mientras tanto, Camus aprovechaba para adquirir algunos objetos que enriquecerían su colección personal de antigüedades y rarezas varias.
-No entiendo cómo puedes gastar tanto dinero en esos vejestorios -Milo se acercó a una pequeña urna en la cual se exhibían anillos con pedrería excesiva y entonces los examinó con desgano- todo es tan… estrambótico
-Entiende que hace unos años el concepto de belleza era distinto y la suntuosidad era una cualidad positiva, porque evidenciaba la maestría del artesano y el estrato social de la portadora -Camus sonrió- ten paciencia… ya encontrarás algo más sobrio
-¿Hilda se pondría algo así? -preguntó con curiosidad el griego mostrando un collar muy llamativo.
-No lo creo, la estética nórdica es menos… ostentosa -Camus desvió su atención hacia una caja de madera que contenía un dije muy hermoso- pero quizá… esto sí
-Una amapola -Milo dejó ver una gran sonrisa- una amapola azul… eres un genio Cami, esto le encantará a Anaya… me la llevo
-No es que no disfrute oírte quejarte por todo, pero no sabes cuánto me alegra escuchar eso Milo
Es así, que después de cerrar el trato con el vendedor, el par se dispuso a caminar hacia la estación de tren que los llevaría de vuelta a Rodorio.
-Le va a gustar -susurró Camus con una risilla, al ver a Milo examinar por enésima vez el dije- no te preocupes
-No es el regalo -dijo Milo y cerró la cajita- me preocupa más qué -Milo suspiró y se pasó la mano por el pecho.
-¿Que no te acepte? -afirmó Camus.
-Es que ya sabes… yo siempre he evadido todo esto.
-¿Quieres hacerlo realmente?
Milo se encogió de hombros -es obvio que siento por Anaya algo más que sexo casual Camus… además, creo que los últimos acontecimientos me han llevado a pensar seriamente en compartir mi vida con ella, en las buenas y en las malas…
-Vaya amigo, que bueno que sientas cabeza -Camus sonrió y acomodó la caja en la que llevaba todo lo que había comprado- estoy seguro de que ella siente lo mismo por ti
-¿Cómo estás tan seguro?
-Solo lo sé -dijo Camus con una risita. Realmente el francés conocía los sentimientos de Anaya por Milo, debido a que en otra época ella lo rechazó por amor al griego.
-Mmmm… más te vale que sea cierto
-Lo es -contestó sonriendo- por cierto… la otra semana Hilda vendrá a Grecia para visitar a la señorita Sahori
-Si claro, a Sahori -dijo Milo riendo con gana- y supongo que tampoco dormirá en el Templo Principal… así como la última vez que dijo que hacía demasiado calor ahí y que en Acuario se sentía más "cómoda"
Camus se aclaró la garganta cortando el tema y continuó como si no fuera con él -se me ocurre que podrías llevar a Anaya a casa a cenar con nosotros… yo cocino
A Milo se le hizo agua la boca -dime que harás aquella deliciosa minestrone que acostumbras para otoño… con pan francés y crepas suzette
-Puede ser…
-Ya sé… es octubre, se me ocurre que también esa semana podremos celebrar con las chicas el Samhain a la manera occidental
-¿A lo halloween?... Olvídalo, no pienso disfrazarme...
-No tonto, eso no… comamos golosinas mientras vemos una película de terror -Milo saltó enfrente de Camus emocionado y el francés lo miró sorprendido- podría ser después del rito celta en el abedul
-Si, pero nada de películas de zombies -Milo asintió sin ganas- tampoco posesiones, masacres, exorcismos, muñecos o extraterrestres asesinos
-Pero...
-Y nada de animales modificados genéticamente -Camus se lo pensó un segundo- cocodrilos, serpientes o tiburones gigantes que comen hombres
-Hey abuelo… ¿por qué no?... no me digas que te dan miedo
-Nada de eso, Hilda odia ese tipo de películas y no voy a hacerla pasar un mal rato -Camus se aclaró la garganta- buscaré algo más... apropiado
-Otra película muda -afirmó Milo con desgano.
-Exactamente, son magníficas… además, no tienes autoridad moral para juzgarlas, porque siempre te duermes
-Son muuuuuuuuuy lentas y hace falta un poco de víceras o sangre para darles emoción…
-Representan un período maravilloso en la historia del cine, precisamente cuando la calidad no dependía de lo espectacular de efectos, o vísceras y solo valían la estética expresionista y una buena historia
-¿Es que no puedes dejar de convertir cada conversación en una cátedra universitaria?
-Bien que has aprendido bastante para...
Camus se volvió de repente hacia un puesto que no había visto antes y como si el lugar lo hubiera atraído magnéticamente, se dirigió allí y dejó a Milo hablando solo- ¡qué maravilla!
-Hey francés… entonces... ¿El Conjuro o Hellraiser?... ¿adónde vas?... estamos decidiendo algo de suma importancia… ¿qué tal algo clásico... Evil Death*?
-Milo ven -el mencionado bufó molesto, pero accedió a entrar con Camus a la tienda.
-Deberías hacerme caso alguna vez en tu vida -le dijo Milo recorriendo el lugar con desgano, pero en su recorrido, un cajón negro semi sepultado entre viejas muñecas de porcelana, le llamó particularmente la atención.
-No toques nada
-Solo son tiestos -gruñó con disgusto Milo sacando el cajón, mientras hacía un exagerado gesto de asco- mira esto nada más
-Son solo arañas Mi… legalmente primas tuyas -dijo Camus y se acomodó los lentes para revisar el artefacto con detenimiento- déjame ver qué has encontrado
-Andas muy gracioso hoy...
-Qué interesante -exclamó el francés sin poder ocultar su felicidad, cual niño que encuentra su juguete perdido- tu curiosidad te llevó a algo realmente único
-¿Qué es?
Camus abrió el diminuto cerrojo, dejando al descubierto el interior compuesto de un complejo mecanismo y varias latas de metal herrumbrado puestas al azar dentro de la caja.
-Un kinetoscopio…
-¿Un qué?
-Un kinetoscopio Milo, si no me equivoco de finales del siglo XIX… algo así como un proyector antiguo…
-¿Cómo sabes?
-Por la forma en que casi hay que entretejer la cinta desnuda en estas poleas, sin carrete como si sucede en los proyectores posteriores
-Le felicito… es usted un conocedor -interrumpió un excéntrico hombre que apareció detrás de ellos, Milo asumió que era el encargado del puesto- este modelo fue manufacturado en 1895 y quizá sea uno de los pocos que se conserva fuera de un museo…
Camus continuó curioseando el aparato y se detuvo en la cinta que tenía puesta, la cual extendió cuidadosamente para mirarla a contraluz.
-Es una rareza, una secuencia de 3 escenas -intervino el hombre y Camus le miró interrogante- da la impresión de ser un pequeño montaje de danza moderna, pero si lo mira bien… es más parecido a…
-Un ritual -susurró Camus- es una mujer… una mujer haciendo un ofrecimiento… aunque lo demás está muy oscuro para verlo sin la luz adecuada
En ese momento una tolvanera repentina puso en guardia a los dorados y parte de las lonas que formaban la improvisada tienda, estuvieron a punto de volarse.
"Llamame Maddie"
Camus levantó la mirada y nervioso, hizo un meticuloso escrutinio de su entorno, como si buscara a alguien en la nada. Había escuchado claramente una voz femenina susurrándole muy cerca, pero a su lado solo se encontraban Milo y el vendedor.
-Si, es una cinta un poco inquietante -dijo el hombre mirando a Camus, quien de pronto pareció salir de un letargo momentáneo.
-¿Me… me hablaba?
-Creo que sería una gran adquisición para un hombre que gusta de lo particular -reafirmó el sujeto con malicia, mientras miraba curioso el contenido de la caja de compras que llevaba Camus- piénselo
-Ehhh Cami -dijo Milo tomando a su amigo del brazo- creo que es hora de irnos…
-Espera Milo
-En serio Cami… mi sentido arácnido está en alerta
-Lo quiero -susurró de repente el francés, sin hacerle caso a su amigo.
-Cami… recuerda que el Cangrejo insiste en que hay que tener cuidado con las antigüedades -canturreó insistente Milo.
-Me lo llevo -insistió el galo.
-Cami… no sé, me da mala espina
-Milo, es una pieza única -Camus lo miró casi suplicante- no puedo dejarla pasar
El griego suspiró con un gesto de derrota, Camus se la hacía otra vez -haz lo que quieras, solo ten cuidado ¿de acuerdo?
Camus sonrió satisfecho y cerró el negocio con el vendedor, quien empacó cuidadosamente la enorme pieza con papel kraft. Cuando iban a irse, Milo se acercó a recibir el aparato, pero Camus se lo impidió -yo me encargo, lleva la caja con lo demás
-Como digas -susurró Milo extrañado.
Los dos muchachos se fueron y detrás de ellos la voz del hombre les hizo volverse -hey chico -Camus se volvió extrañado y el vendedor le advirtió en perfecto francés.
Solo finge que no la ves
Santuario de Atena
Durante todo el trayecto a Rodorio, la lluvia no dio tregua y una densa niebla cubría las vías del tren. Una vez en la estación, los dos caballeros dorados iniciaron su camino hasta la entrada al Complejo Sagrado de Atena y para cuando llegaron al pie de la escalinata, era más de media tarde y la neblina ocultaba por completo la colina a partir de Sagitario.
-Qué día -susurró Milo un tanto inquieto.
-Es parte del encanto de la época
-A mi este clima me pone un tanto ansioso… no sé, será por lo que dijo Shaka el otro día
-Tranquilo, ya sabes que él ve más de lo que debe
Camus estaba tan emocionado, que subió la escalinata a grandes zancadas, deseoso de poner a funcionar el kinetoscopio.
-Hey… ¿no te quedas? -le preguntó Milo al llegar al octavo templo- tengo un jamón muy bueno y ayer Death me obsequió parmesano…
-Sube al rato -le contestó el francés sin detenerse- voy a desempacar, trae el pan que compramos ahora ¿te parece?
-Pero...
-Nos vemos a las siete Mi…
-De… de acuerdo -susurró extrañado el griego, sobre todo al notar que Camus dejó olvidada la caja con las otras compras ahí y solo se llevó el kinetoscopio- qué raro, nunca es tan descuidado… creo que pasa demasiado tiempo conmigo, jejeje
Acto seguido, Milo bostezó con ganas, se rascó la cabeza y sacó del bolsillo el dije que había comprado para revisarlo una vez más- sí que le gustará
Después de guardar la delicada joya dentro de un libro falso en la biblioteca, para evitar que él o alguien más (entiéndase Kiki) la estropeara, se dirigió a su habitación para descansar. Al entrar, se frotó los brazos debido a un escalofrío repentino- hace mucho frío aquí… maldito otoño -se quitó la ropa y buscó un pantalón y una camiseta de dormir- me acostaré un ratito… diablos, de verdad no quiero salir… hace demasiado frío en Acuario - bostezó con gana, se arrastró hasta la cama y ya bien abrigado bajo las mantas, se durmió profundamente.
Era mediados de octubre y como dijo Kanon otro día, el otoño se había ensañado contra la humanidad del Santuario. Las ventiscas azotaban sin piedad el complejo y la lluvia caía casi de forma permanente. Los templos superiores, sufrían el viento frío por estar más cerca de la cima de la colina y por lo tanto menos protegidos por ella. Eso, aunado a que su mejor amigo siempre mantenía Acuario a unos grados abajo de la temperatura ambiente, lo motivaban a mantenerse a salvo bajo las mantas en el octavo templo.
Templo Principal
Hyoga se encontraba sentado en un lugar lo suficientemente alejado de la chimenea del gran salón, como para que el calor no lo afectara. Más cerca del fuego, Ikki y Shiryu intentaban no congelarse.
-¿Qué lees pato? -preguntó Ikki con voz ronca, comenzaba a sentir los síntomas del mismo catarro otoñal que mantenía a Shun en cama desde hacía tres días.
-Si Hyoga, tienes una expresión que da envidia -dijo Shiryu sonriendo.
-Flare viene la otra semana -se limitó a decir el rubio y dobló cuidadosamente la carta que tenía en la mano.
-¿Y viene con la señorita Hilda?
Hyoga rió a medias y se volvió al abrigado Fénix -lo siento por ti Ikki, pero no creo que a mi maestro le agrade que te le acerques
-Diablos -rió el Fénix- es muy hermosa
-Eso no se oye todos los días -se carcajeó Shiryu- me encantaría grabarte
-No te burles, el frío me hace decir estupideces y además me gustan las mujeres de cabello largo
-Estás grave... seguramente ya te enfermaste -rió Hyoga- y que no te oiga mi maestro, si es que quieres mantener las pelotas a temperatura ambiente
-Maldito pato burlista, deberías resfriarte de vez en cuando
Hyoga se encogió de hombros con presunción -sabes que el frío no me afecta, lo que pasa es que ustedes son demasiado pendejos
-Pendejo quien te trajo -le reprochó Shiryu y ante semejante demostración de chabacanería del siempre sensato dragón, los tres se miraron asombrados y rompieron a reír con gana, eso hasta que un vendaval tiró la ventana de golpe -he de reconocer que está fuerte el viento- susurró Hyoga corriendo a cerrar.
-Estamos en la cima del monte, por eso recibimos tan fuerte la brisa
-¿Brisa? -dijo Ikki con voz apagada- es un viento tan fuerte que parece que habla
Templo de Escorpión, horas después
El escultural cuerpo de Milo, se revolvió entre las mantas cuando una perturbación del cosmo, comenzó a incomodarle. Perezoso, se sentó y se frotó los ojos intentando despabilarse. Afro estaba en la entrada solicitando permiso para entrar y él estaba tan atontado, que seguramente le contestó alguna incoherencia vía cosmo, ya que al pasar iba murmurando furioso;
"Knulla dig bug… jävla jävel, jag har en frusen rumpa… på grund av ditt jävla fel"
"Gracias por los buenos deseos"- le increpó el griego
"Knulla dig"
-Qué carácter -susurró el griego al inferir que el pecesito lo estaba insultando en idioma nórdico- extraño que esa piraña esté cruzando a esta hora… es decir es demasiado temprano, aún no es cambio… de guardia… un momento
Se dio media vuelta y al mirar el reloj se sorprendió tanto que cayó al piso hecho un rollo con las mantas -¡maldita sea... cómo pude dormir tanto!... ¡el cubo me va a matar!
Se incorporó e hizo un acomodo bastante caótico de su cama, antes de tomar el valor necesario para comunicarse con Camus, quien seguramente le iba a congelar las bolas por haber olvidado la cena. Inhaló profundamente, exhaló y volvió a inhalar antes de proceder a inventar alguna disculpa estúpida.
"Cami… tú tienes la culpa... ¿Por qué no viniste a despertarme?... sabes que el frío me pone perezoso"
Ni una palabra. De verdad Camus estaba tan enojado, que seguramente le negaría el habla por el resto de su vida.
"Cami"
...
"Cami… te estoy hablando"
…
"¿Cami?"
"Milo… son las tres de la mañana"
"Pero tengo hambre"
"Ven a desayunar cuando amanezca"
"Pero..."
"Mi, estoy ocupado"
"¿Qué haces?"
"Trabajo"
"Pero Camus"
"Ahora no Milo"
"Bi... bien"
Cierto que Milo se sintió algo dolido, ya que siempre que el horario de las guardias (o de los deberes) lo permitía, Camus bajaba a su templo y comían una cena ligera, jugaban cartas, oían música o veían una película. La velada siempre terminaba con vino o cerveza en alguno de los corredores y cualquiera de los trece que quisiera unirse a la charla. La actitud del francés desde que volvieron del mercado lo tenía francamente desconcertado. De pronto, una brisa fría se coló por la ventana de su habitación y el escalofrío provocado, le recordó que lo mejor que podía hacer por ahora era descansar, así que se envolvió en las mantas y después de un rato de pensar en los acontecimientos del día, se quedó profundamente dormido.
Mientras tanto en Acuario
Desde que estaban en período de paz, dedicar sus ratos libres al estudio de documentos antiguos, reliquias o piezas arqueológicas que encontrara en la sexta bodega, suponían un deleite incomparable para él. Es por lo anterior, que en medio de los estantes donde guardaba decenas de libros, había dispuesto una gran mesa de madera, equipada con una lámpara de luz día, una enorme lupa y un mat de felpa que le servía para colocar objetos delicados. Su caja de herramientas, era una oda al orden y cada cosa tenía su lugar específico, de acuerdo al tamaño o función.
Esa noche, era la lámpara de trabajo la única luz que permanecía encendida en el área privada del templo y decenas de piecitas y engranajes de cobre, yacían extendidos sobre la felpa (y perfectamente ordenados según categorías bien definidas). Al lado y usando la lupa, Camus trabajaba afanosamente en la limpieza y ajuste del armazón de madera que debía contener el mecanismo del kinetoscopio.
"Cami… te estoy hablando"
Unas cuantas horas le tomó armar todas las poleas necesarias para poner a correr la cinta. Emocionado, terminó de ajustar el lente y para cuando el reloj marcó las tres de la madrugada, el kinetoscopio ya estaba listo para su primera proyección.
"Mi, estoy ocupado"
-Si no me equivoco -susurró Camus- es aquí donde debería ir esta última polea para montar la cinta
"Cami"
"Ahora no Milo"
Sonrió por el drama que estaría armando Milo, mirando el techo mientras pensaba que él no volvería a hablarle. Tomó la cinta y con la destreza de un maestro relojero, la dispuso cuidadosamente en cada una de las poleas, encendió la lámpara del kinetoscopio y… ¡voilá!
-Maravilloso -susurró el joven dorado en el momento en que las poleas comenzaron a girar. Una ventisca repentina cruzó por la nave central de su templo y cerró con un fuerte golpe la puerta del estudio.
-Es el clima… solo el clima -dijo casual y se acomodó en la silla para disfrutar la película de casi dos minutos.
En medio de la más absoluta oscuridad, apareció un plano general, con una escenografía de teatro; fondo oscuro, una escalinata y en el extremo superior de la misma, algo muy parecido a un altar detrás del cual fingía carcajearse una estereotipada figura demoníaca. Del lado izquierdo, una muchacha con un largo y rizado cabello rubio, se acercó a la criatura danzando hasta la escalinata, la cual subió como si estuviera bajo la influencia de un trance.
"Ik ben een mooi meisje" -rezaba la pantalla negra que describía lo que estaba sucediendo.
-"Ven aquí, hermosa… doncella"... película en idioma alemán… toda una rareza
Segundos después, el demonio tomó con sus enormes garras a la chica por los brazos y una estela de fuego se levantó detrás de él, logrando arrancar en Camus una sonrisa por lo ingenuo que le pareció el manejo del drama, sin embargo, conforme pasaba el tiempo, la sonrisa desapareció y su rostro se fue ensombreciendo. Para cuando había pasado un minuto, el dorado estaba a punto del pánico y de un golpe apagó la lámpara del aparato, quedándose en la oscuridad total.
Muy asustado, se apoyó sobre la mesa para recobrar el ritmo cardiaco y buscó a tientas el interruptor de la lámpara, justo en el momento en que alguien se colocó junto a él.
Escalinata
En esos días, a Shion se le había ocurrido la grandiosa idea de poner en orden los documentos del Santuario, que seguramente no habían sido catalogados desde la era de Agamenón. Estaban a cargo Camus, Dhoko (quien básicamente se dedicaba a inspeccionar el avance y el sabor de las comidas) y él. Para dar abasto, el trabajo se realizaba en turnos de doce horas en Libra, donde Dhoko escondió los documentos cuando Saga usurpó el trono.
Ese fue el día libre de Camus y sin tener con quien conversar, no le quedó más remedio que sobrevivir la jornada en medio de las absurdas discusiones entre Misty y Shaina. Esta se las pagaría Saga, porque a sabiendas de la rivalidad que tenían esos dos, los propuso como ayudantes. ¿En qué putas estaba pensando ese cabrón cuando sugirió semejante cosa?
Bajó la escalinata para acompañar a Shaina a su cabaña y aunque siempre era buena ocasión para que ella se quedara en Piscis, ese día estaba de tan mal humor que ni siquiera hizo el ofrecimiento y un beso de despedida fue todo por esa noche.
De regreso, estaba empapado, con una migraña del demonio y de mal humor. Para terminar de arruinarle la noche, tuvo que esperar bajo el aguacero casi veinte minutos en Escorpio, hasta que a Milo le dio la gana dejarlo cruzar.
"Jódete bicho, ahora tengo el culo empapado por tu maldita culpa cabrón"
Gruñó furioso y continuó su agónica marcha hasta Acuario, el cual atravesó lo más rápido posible para no congelarse. El estudio de Camus tenía la puerta abierta y de lejos pudo verlo trabajando en un extraño aparato, una excentricidad supuso. Continuó su camino, pero algo llamó su atención cerca de la salida.
En el Santuario de Atena asesinaron y torturaron a mucha gente y era por eso que desde niños, Angello le advirtió ignorar a los que encontrara penando por ahí. Por supuesto que no siempre le hizo caso y cada vez que desobedeció, se vio hasta el cuello en medio un tremendo lío. Además de que eran las tres de la mañana, estaba demasiado cansado y de muy mal humor, como para detenerse a conversar con la chica que corría entre columna y columna, susurrando sin cesar un nombre; Maddie.
Estudio en Acuario
Sintió claramente el peso, el aroma y una sensación de frío, que a pesar de él mismo, no le era placentera.
El estudio donde se encontraba, tenía el piso enchapado con grandes tablones de madera que Dégel de Acuario había propuesto como la mejor forma de mantener a salvo los libros de cualquier humedad y a pesar de que para su propósito original el enchapado funcionaba, la antigüedad del mismo se notaba en el crujir que se escuchaba cuando alguien caminaba ahí. Es por esto que se dio cuenta de inmediato, que no estaba solo.
A oscuras se deslizó hasta la lámpara, buscando con desesperación la forma de encenderla sin éxito. Pasos ligeros se escuchaban desde todos los rincones de la habitación, hasta que de nuevo se detuvieron a su lado. Se quedó paralizado, tratando de asimilar aquello y un jadeo helado le zumbaba en los oídos, el resuello de alguien que no podía respirar bien.
"Maddie... Maddie"
Oyó una y otra vez en un susurro sibilante.
Camus pensó que lo mejor era abandonar el estudio hacia una zona de mejor iluminación y una vez ahí, cominicarse con Death o Shaka, para que le ayudaran con el "problema". Sin embargo, aquella persona no se movió de su lado y de un golpe que le causó un gran sobresalto, se reactivó la película que por alguna razón desconocida para él, no pudo dejar de mirar y su vista se fijó en la chica rubia, hasta que la voz de Milo lo volvió en sí y se dio cuenta de que estaba amaneciendo.
Casa de Acuario, a la mañana siguiente
-¡Cami!
"¿Milo?"
-¡Quién más francés!
"Pasa... pasa"
Milo entró cargando la caja con las compras de Camus en el mercado de pulgas y cuando entró al estudio, la puso en el suelo de la forma más ruidosa posible en un intento de lograr la atención del otro -¿dormiste?
-No -contestó secamente el francés, sin quitar la mirada del kinetoscopio. Se le veía muy pálido y algo nervioso.
Milo lo miró intrigado -¿pasó algo?
-No
-¿Seguro?
-Milo
-¿Si?
-De verdad me urge un café…
-De… de acuerdo -murmuró el escorpión y se dirigió a la cocina a preparar algo para desayunar. Cuando tuvo la fiambre lista, se dirigió de nuevo al estudio con la bandeja y la puso sobre el escritorio, al lado de su amigo.
Camus estaba sentado en su mesa de trabajo con herramientas desplegadas por doquier y en el centro de todo, el viejo kinetoscopio, ya con muy buen aspecto con respecto al día anterior. En el momento justo que Milo entró, el francés colocaba de nuevo la cinta para correrla.
-No sabes cuánto te agradezco -susurró Camus y le dio un sorbo a la taza que le entregó Milo, aquello le supo a gloria- haces el mejor café
-Es lo único que realmente sé preparar… eso y pan tostado -Milo le dio un mordisco a una generosa tajada de pan con jamón- me moría de hambre… y… ¿qué hay de ti?
-¿Qué?
-¿Terminaste esa cosa? ¿y la cinta… qué tal?
-Si y la película es… perturbadora -Camus tomó el pan, sin dejar de examinar cuadro por cuadro la cinta y así desayunó, respondiendo con monosílabos a las preguntas de Milo, hasta que éste se levantó para irse.
-Son casi las diez, tengo guardia y si no llego a tiempo otra vez, Kanon me matará
-Bien
Milo entornó los ojos -al menos recuerda que te toca la vespertina
-De acuerdo
-Espero que no se te olvide que además debes traducir al griego los documentos que te dio el Patriarca
-Lo sé… ¿es que se invirtieron los papeles?
-¿Perdón?
-Soy yo quien te pone al orden con tus deberes
-Eres insoportable -le reclamó Milo harto y le sacó la lengua al irse.
Camus levantó por primera vez la vista de lo que hacía y sonrió de lado -yo también te quiero Milo
-Si claro, como digas… cuando te estés asando en el infierno, recordarás todo lo que hago por ti
Camus sonrió con tristeza y después de sentir el cosmo de Milo alejarse, se volvió hacia una esquina de la estancia que se encontraba en la más absoluta penumbra y desde donde lo miraba una pálida chica rubia -ya es tarde Milo… muy tarde
Continuará
Bueno, un pequeño relato que espero no se extienda más de dos capítulos. Espero les guste.
