Epílogo

Cuatro meses después…

Había llegado.

El día que Tomoyo llevaba esperando desde los cinco años. Y antes de lo que creía.

El traje era una preciosidad, un deslumbrante modelo de marfil y cristal. El velo era largo, le llegaba hasta el suelo y se extendía por la alfombra. El cura leía un pasaje sobre el amor y los vínculos matrimoniales mientras Tomoyo miraba a los ojos del hombre al que amaba.

Al volverse brevemente hacia la multitud que llenaba la capilla, distinguió con facilidad los rostros de los familiares y amigos que estaban allí. Era tal y como ella lo había imaginado: las personas que eran importantes en su vida eran testigos de aquel trascendente momento.

Tomoyo había planeado durante años una boda sin novio. Pero al mirar a Touya a los ojos, supo que él era lo más importante del día, más que un vestido bonito o una rica tarta.

Habían organizado la boda de esa manera porque él quería que ella tuviera ese recuerdo, pero no hubiera sido necesario. Los ingredientes fundamentales, él y ella, ya estaban presentes en la primera boda. La única diferencia era que estaban realizando el ritual, repitiendo las palabras con amor y que las lágrimas hacían que les temblara la voz. Las palabras significaban mucho más esa segunda vez.

–Yo os declaro marido y mujer. Puede besar a la novia.

Touya la tomó en sus brazos sonriendo. Tomoyo sintió que el corazón le dejaba de latir durante unos segundos al ver cómo la miraba. Deseó y esperó que la siguiera mirando así toda la vida.

–Te amo –susurró él.

–Yo también te amo. –añadió con una sonrisa.

Los labios de él presionaron los suyos, y ella sintió que se derretía. Los cientos de personas que los rodeaban se esfumaron.

Los aplausos se convirtieron en un débil zumbido de fondo y un escalofrío le recorrió la columna vertebral. Hasta que el cura no carraspeó no se separaron.

–Más tarde –les aseguró el hombre.

La multitud rio.

Tomoyo se sonrojó mientras Nadeshiko, su suegra, le devolvía el ramo. Agarró a Touya del brazo y se volvieron hacía los presentes y hacía su nuevo y emocionante futuro.

–Damas y caballeros, les presento a los señores Kinomoto.

Del brazo, recorrieron la nave, llena de pétalos de rosa, para iniciar su vida en común. Mientras salían de la capilla como esposos, Tomoyo se dio cuenta de que ese era el momento con el que había soñado: no la boda, sino el comienzo de una vida juntos.

Al final, eran felices y comerían perdices.

-Por cierto… ¿Has visto a Yuki? Hace un rato que no le veo.- Preguntó el recién casado a su esposa y esta no pudo evitar mirar a su alrededor extrañada por su ausencia. En realidad, también era raro que Nakuru no estuviera cerca, molestándola con algún comentario indiscreto o subido de tono. Si no fuese porque no se conocían… casi pensaría que se habían escapado juntos.


-¿Nakuru?

Vio como la mujer se detenía mientras todo su cuerpo temblaba y el niño que traía de la mano la miraba sin entender nada de lo que ocurría.

Su madre, la mujer mas alegre y relajada del mundo había decidido abandonar la boda de su amiga antes de que se dieran el tan esperado sí, y como si eso fuera poco, aquel hombre, el mismo que había estado al lado del novio durante toda la celebración, había salido tras ellos mientras su madre ignorando a los carruajes que pasaban por la carretera y que más de una vez estuvieron a punto de atropellarlos continuó corriendo aun bajo la repentina lluvia que se había desatado.

Se veía aturdida, confusa. Más que eso, juraba que jamás la había visto mostrar tanto temor.

-Nakuru escucha yo…

-¿A qué has venido Yuki?¿Acaso el mentiroso de tu hermano ya recordó que tiene una mujer y un hijo por el cual responder? Por que de ser así, puedes volver con él y decirle que ha llegado diez años tarde.

-No estoy aquí por eso… de hecho… ni siquiera, ni siquiera tenía idea de que estabas aquí, de que ustedes… -miró al niño y perdió el habla por unos segundos. – vivían aquí.

-Bueno ya lo sabes. Así que puedes desaparecer tal y como él lo hizo.

-Él no desapareció Nakuru. Él murió hace nueve años.

La perturbada mujer detuvo sus pasos mientras se giraba y miraba al hombre frente a ella, que ahora ocultaba la mirada bajo su sombrero. Lo observó incrédula por unos segundos y al notar en el pesar de su mirada que no mentía, soltó un grito lleno de dolor y se dejó caer en el suelo mientras sus manos temblaban.

Tanto tiempo esperando, dudando, maldiciendo… y al final, Yue no los había abandonado.

Lloró con dolor mientras seguía de rodillas en el suelo y al sentir aquellos cálidos brazos rodeándola, se abrazó a él y lloró con aun más fuerza. El niño seguía mirándolo sin poder entender nada y entonces, sintió los ojos avellanas de aquel señor de lentes sobre él mirándolo con profundo pesar. Aunque aquella no era la pena de recordar la perdida de un amado ser querido, sino el pesar que manifiestan aquellos con un profundo arrepentimiento. El arrepentimiento de alguien que cargaba con una gran verdad oculta.

Fin


Y ahí está.Como ven, el final deja la puerta abierta para una nueva historia que girará entorno a Yukito y Nakuru.Por ahora solo es una idea en mi cabeza que no termino de concretar, pero si se da a conocer, espero obtener su apoyo a pesar de basarse en un ship no tan popular.Les aseguro que la historia los atrapará. Muchas gracias por su apoyo y sus reseñas. Espero que nos sigamos leyendo en otras historias.Les envío un mega abrazo y nos leemos pronto.