Estimados lectores. Un saludo a todos. Estoy comenzando con un universo alterno de Saint Seiya, esperando sea de su agrado. Dependiendo el recibimiento de los capítulos estaré actualizando. Por ahora este capítulo es como un prólogo, pero no se preocupen, estoy planeando más acción y romance. Sólo deseo comentar que el romance no será yaoi, así que, por favor, recuerda que no escribo para ofenderte (no tengo nada en contra del género), pero he notado que cuando las parejas no son yaoi, hay varios lectores que prefieren dejar comentarios despectivos.
Es mi primera historia y espero que sea la primera de muchas, pues sé que, como yo, hay muchos que adoramos Saint Seiya.
Gracias a todos
Santuario. Star Hill
El patriarca se encontraba al pendiente de lo que sucedería. La diosa Athena llegaría esa noche al santuario, pronto iniciaría una nueva guerra santa. Una presencia fue percibida levemente, aunque había hecho buen trabajo ocultado su cosmos; no se había ocultado del todo.
- No deberías estar aquí. Lo sabes – habló el patriarca sin darse la vuelta, sabía que él lo estaba escuchando.
- No debiste escogerlo a él como sucesor. – respondió la voz del intruso - Sabemos que soy más fuerte… y mucho más capaz.
- La fuerza no es lo principal Saga. – habló el patriarca, girándose para enfrentarse al caballero – Eres fuerte, pero algo en ti es incontrolable. He notado una lucha interna, hay algo que te impide alcanzar tu verdadero potencial. Ser voluble no te permitirá dirigir correctamente, una posición de poder puede ser justamente lo que te incline hacia ese caos.
- Es precisamente mi fuerza lo que me ha permitido alcanzar mi verdadero potencial. – respondió el caballero de géminis. Su rostro se mostraba claramente ofendido por las palabras de su superior – Nadie, incluido tú, puede decirme lo qué puedo o no hacer. Yo sé que es lo mejor y sé cómo debe dirigirse este lugar. Tanto tú como Aioros son débiles, les falta ejercer el control sobre los demás, mantener el orden sin importar los medios ¡Yo soy la mejor opción para el santuario! – el cosmos de Saga se incrementó de pronto, mientras que el caballero dirigía un golpe mortal hacia el patriarca, quién debido a su edad y deseos de razonar; no consideró que pudiera ser atacado. No pudo evitar el ataque, por lo que el puño de Saga le atravesó el pecho. El patriarca Shion mantenía una cara de sorpresa y dolor debajo de la máscara, pudiendo observar el cambiante color de cabello en el caballero dorado de géminis. Sus ojos eran diferentes, no solo había sido una lucha interna; era algo más que no había podido prever. El patriarca murió sintiéndose desolado, no había actuado a tiempo y ahora uno de sus caballeros se había perdido… y con él se perdería todo lo demás… "Athena, mi diosa, perdóneme por fallarle", fue el último pensamiento del antiguo caballero de aries antes de entregarse a la muerte.
Grecia, lejos del santuario
El dios estaba ahí, a plena vista; pero nadie en la habitación se percataba de su presencia. Él lo quería así. Simplemente estaba esperando para poder cumplir con su labor. Athena re-nacería en cualquier momento. Desde tiempos ancestrales, en los que la diosa de la sabiduría y guerra se había visto obligada a reencarnar al haber perdido su verdadero cuerpo, ella regresaba en un envase fabricado específicamente para ella; pero llegó el momento en que en una de sus tantas vidas, había prohibido que se le fabricara un cuerpo.
- Regreso a la tierra para protegerla. – había dicho en esa ocasión – Para proteger a los humanos ¿Cómo podría protegerlos y entenderlos si no soy uno de ellos?
- Pero lo eres. – había respondido Hermes – Tu apariencia es completamente humana, y puedes sentir como ellos.
- Mi cuerpo no es natural, es creado por dioses. – dijo ella con tono melancólico – Es este cuerpo artificial el que me impide sentir todo lo que ellos sienten. Entiendo su dolor, sus tristezas, sus alegrías… pero no las comprendo. – se volvió para mirar al dios, en sus ojos las lágrimas se habían hecho presentes – Siento esta tristeza, per no puedo interpretarla. Deseo ser exactamente como ellos, deseo ser la diosa protectora que ellos se merecen. Deseo compartir cada una de mis vidas con mis caballeros, y deseo comprenderlos, amarlos… que juntos luchemos por salvar este mundo, que la razón sea que deseamos vivir para y con los humanos… No que sea simplemente un deber – se giró para quedar nuevamente a espaldas del dios Hermes.
- ¿Qué es exactamente lo que deseas Athena? – le preguntó el dios, no estando seguro de cuál era el objetivo.
- En mi próxima reencarnación – comenzó a responder la diosa – no deseo un cuerpo fabricado. Mi alma llegará a un cuerpo natural, a un verdadero cuerpo humano… pero, no deseo arrebatarle el alma o la consciencia a ningún ser humano – enfocó la mirada en él - ¿Puedes ayudarme a encontrar a la persona adecuada para mi alma? No quiero lastimar a nadie, pero… si esa persona está destinada a una vida de sufrimiento ¿No sería mejor que yo tome su lugar? Así su alma simplemente regresaría a los dominios de Hades, esperando reencarnar nuevamente… Tal vez, podría ayudar a esas almas a encontrar una vida más placentera al tomar yo el cuerpo con tan cruel destino.
- Athena ¿Deseas reencarnar en el cuerpo de alguien desafortunado? – Hermes comenzaba a entender el objetivo de la diosa, ella deseaba ser más empática con lo humanos, pero no a costa del alma de uno.
Athena asintió, confirmando sus deseos. Hermes cerró los ojos y suspiró, sabía que no habría manera de convencerla de lo contrario. Al final, el alma llegaba a los humanos en el momento de su nacimiento cuando estos no eran deseados por sus progenitores (solo aquellos bebés deseados y planeados obtenían un alma desde el vientre materno), así que, técnicamente, el alma de la diosa tendría que llegar en el nacimiento antes de que un alma humana tomara posesión del cuerpo.
- Si realmente es lo que desea, la ayudaré. – Hermes dio una leve inclinación de cabeza – Realmente creo que su amor por la humanidad es demasiado.
Athena simplemente sonrió, estaba segura de que deseaba compartir todos los sentimientos humanos.
- Gracias Hermes – le dijo, para después enfocar su mirada en el cielo estrellado.
Ahora el dios se encontraba en la habitación donde la madre escogida se encontraba en labor de parto. Cuando la fecha de la reencarnación de Athena estaba próxima, Hermes cumplía su promesa y buscaba a alguna familia desafortunada, donde un bebé no sería bienvenido. Esta vez, la pobre mujer que estaba retorciéndose en cama había sido violada, y odiaba haber quedado embarazada por ello. El padre lógicamente desapareció después de la fechoría, y la mujer fue rechazada por su familia en cuanto se supo de su estado. La tristeza y desesperación se percibían en ella, por lo que una vez que Hestia le había confirmado que la mujer daría a luz a una niña, Hermes decidió que era el cuerpo perfecto para Athena.
Dos horas después, la niña nació. El alma de la diosa de la guerra fue enviada directamente a la pequeña bebé, quién comenzó a llorar una vez que su cuerpo dejó de estar vacío y se llenó del alma de Athena. La madre no quiso mirarla, por lo que la partera se limitó a colocar a la niña en una cuna improvisada lejos de ella. Al parecer, a nadie le había importado mucho que esa bebé hubiera llegado al mundo. La diosa había tenido razón, a esa niña le esperaba una vida de sufrimiento… pero ahora esa niña era la reencarnación de Athena, y al menos, el sufrimiento que le esperaba sería de naturaleza diferente a lo que le hubiera pasado si un alma humana hubiera quedado en ella.
Hermes se movió y tomó a la bebé en brazos, quién dejó de llorar en cuanto sintió el cálido cosmos del dios. Nadie le puso atención, por lo que no hubo problema alguno cuando se retiró del lugar llevándose a la diosa. Ahora debía dirigirse al santuario y entregar la niña al patriarca. Todo volvía a comenzar.
Cámara del patriarca
Saga se encontraba tomando el lugar del patriarca, primero recibiría a Athena y después lidiaría con Aioros, su oponente. Debía despistar al dios encargado de llevar a la reencarnación de la diosa, hacerle creer que Athena sería custodiada y protegida como lo había sido siempre; pero en cuanto él se retirara, esa niña tendría que morir también. Él no iba a ser el sirviente de una mocosa, él sería el líder, él sería el dios.
Hermes llegó y Saga se puso sobre una rodilla, inclinando su cabeza, tal como el patriarca debía comportarse.
- Mi señor Hermes – dijo Saga, empleando el tono más humilde que pudo articular.
- La diosa Athena ha reencarnado. – habló el dios – Es su deber protegerla y guiarla para que pueda luchar por este mundo.
- Así se hará, mi señor.
Saga se levantó y se acercó al dios, quien le tendió a la bebé, para después desaparecer del lugar a gran velocidad. La niña estaba dormida, una parte de Saga la observó y no pudo evitar sentir ternura y la necesidad de protegerla; pero pronto su lado egoísta tomó control, indicándole que, si quería alcanzar sus objetivos, esa niña debía desaparecer.
Rápidamente la llevó hasta la habitación destinada a la diosa, y la colocó en la cuna. Se retiró momentáneamente para buscar aquella daga dorada que sabía sería efectiva para terminar con ella. Al regresar, caminó lentamente hacia la infanta, seguro de lo que haría; sin notar el cosmos de otro caballero acercándose al lugar. Levantó la daga para tomar impulso, y rápidamente la dirigió hacia el pequeño cuerpo. La sangre brotó de inmediato, pero se sorprendió al notar que el rojo líquido no emanaba de la niña, sino de una mano que había tomado el arma justamente por el filo. Aioros estaba a su lado, con la bebé en brazos, deteniendo la daga.
- ¡Su excelencia! ¡¿Pero qué es lo que está pasando?! – exclamó el caballero de sagitario - ¡Es la diosa Athena! ¿Cómo ha podido? – el asombró bañaba la voz del caballero dorado. Simplemente no podía creer lo que estaba pasando.
Saga se deshizo de Aioros al intentar atacarlo, pero él saltó ágilmente evitando el ataque, no sin restar preocupación por la pequeña que llevaba en brazos. El geminiano se lanzó nuevamente hacia él, pero una vez más el ataque logró ser evitado cuando el de sagitario se lanzó a un lado y con uno de sus puños libres, atacó el rostro del patriarca, logrando con esto que la máscara se desprendiera.
- Saga… - dijo Aioros - ¿Qué has hecho? ¿Dónde está el patriarca?
- ¡Guardias! – gritó Saga, haciendo caso omiso de la pregunta de Aioros - ¡El caballero de Sagitario ha intentado atentar contra la vida de Athena! ¡Es un traidor!
El caos estalló, Aioros no podía creer lo que estaba pasando. Saga se volvió a lanzar contra él y pronto los guardias les dieron alcance, si no salía de ahí pronto, él perdería, y la niña correría peligro. Saltó con la bebé en brazos, debía huir de ahí hasta que pudiera pensar qué debía hacer, por el momento la seguridad de Athena era prioridad. Corrió lo más rápido que pudo, intentando escapar, aunque no sabía exactamente hacia donde dirigirse.
Saga no pudo hacer nada para evitar la huida, pero debía evitar que Aioros escapara con esa niña. La máscara de patriarca estaba nuevamente en su rostro, por lo que se dio la vuelta y mandó llamar a uno de los caballeros dorados, alguien de quien estaba seguro, podría cumplir con la misión.
- Me mandó llamar Patriarca – el caballero llegó y se inclinó sobre una rodilla.
- Shura de capricornio – Saga comenzó a hablar – Hay una misión para ti. Aioros acaba de tratar de matarme a mí y la reencarnación de la diosa Athena. – El caballero alzó la cabeza en señal de sorpresa, no podía creer que su mejor amigo se hubiera atrevido a semejante falta – Está intentando huir del santuario, es tu deber detenerlo para poder juzgarlo como traidor, en el nombre de Athena debe ser asesinado.
Shura había perdido su compostura, su rostro denotaba la imposibilidad de creer lo que acaba de escuchar, pero era su deber obedecer al patriarca; y más que eso, era su deber proteger a su diosa con su vida. Si su amigo acababa de tratar de matarla, él se encargaría de acabarlo, Athena era lo más importante para él.
- Así se hará, excelencia – dicho esto, el rostro del caballero de capricornio regresó a su serio semblante y se retiró a toda velocidad para dar alcance al caballero de sagitario.
A las afueras del santuario
Aioros llevaba su armadura en la espalda, y a Athena en brazos. Debía salir del santuario para replantear qué era lo que debía hacer. De repente, sus sentidos se agudizaron, un ataque estaba siendo dirigido a él. El caballero saltó evitando el corte que había sido lanzado en su dirección, y que seguramente lo hubiera matado de haberse tardado una milésima de segundo. Era el corte de Excalibur, Shura estaba ahí.
- ¿Cómo has podido? – Shura habló, estaba indignado – Has osado atentar contra la vida de nuestra diosa, a quién debemos servir y resguardar con nuestras propias vidas ¡Pagarás por lo que has hecho!
- ¡Shura, escúchame! – Aioros tuvo que volver a esquivar el ataque, sin embargo, el tener a la niña en brazos le dificultaba moverse a la velocidad necesaria; por lo que el corte de Excalibur logró dañar su hombro - ¡Yo no he tratado de lastimar a Athena! ¡Jamás me atrevería a lastimar a nuestra diosa! – gritó, tratando de mantener un equilibrio entre su armadura, la bebé y la herida sangrante.
- ¡No tengo por qué escucharte! – Shura lanzó otro golpe, que Aioros evitó por poco - ¡El gran patriarca me ha dicho tu falta! ¡No tienes perdón! – los golpes y ataques seguían siendo lanzados; el de capricornio no comprendía cómo era que Aioros podía seguir evitándolos.
- ¡Ese no es el patriarca! ¡Trueno atómico! – Aioros logró por fin atacar a shura, desequilibrándolo - ¿Realmente crees que yo haría algo así amigo? Me conoces, sabes que jamás haría eso ¡Ha sido él quién trato de lastimar a Athena! ¡He tenido que huir con ella para salvarle la vida! – Aioros enfocó su rostro en la niña que cargaba, quién después de tanto movimiento estaba despierta, y comenzó a llorar.
Shura se estaba preparando para atacar nuevamente, cuando percibió a la bebé en brazos de Aioros. Tanto había sido su coraje, que en ningún momento notó que su amigo cargaba a una niña. Traidor o no, Shura jamás lastimaría a un bebé, y había estado a punto de hacerlo ¿Acaso él había dado a entender que ella era Athena? No comprendió qué sucedía, pero el momento de duda fue suficiente para que Aioros atacara, lanzándolo lejos.
Shura se estrelló con fuerza sobre las rocas, era increíble que aún sin armadura, Aioros hubiera tenido la capacidad de lanzarlo de esa manera. Se había distraído, un error fatal. Pero comprendió que su amigo no había querido matarlo, simplemente estaba esquivándolo ¿Qué hacía él con un bebé? Si era un traidor ¿Por qué no lo mató en el momento en que él dudó y dejó de atacar? ¿Por qué no llamó a su armadura para pelear? Algo extraño estaba sucediendo, y aunque hubiera podido seguir al caballero de sagitario, decidió no hacerlo. Algo en él, algo en esa pequeña niña, le decía que probablemente su amigo no estaba mintiendo; y si efectivamente ese bebé era Athena, él no se atrevería a dañarla. Tenía que asegurarse antes de actuar. Se levantó pesadamente y se dirigió a las orillas del acantilado por el que Aioros había huido. Detestaba haberlo dejado escapar, pero él era honorable, no podía atacarlo mientras su corazón dudara. Se quedó en el mismo lugar durante horas, intentado aclarar sus ideas.
Grecia, zona arqueológica
Gracias a la duda en Shura, Aioros había logrado escapar, pero la herida en su hombro había sido profunda; el sangrado continuaba y él estaba mareándose. No podría continuar así por mucho tiempo. El sol había salido, necesitaba poder detenerse para atender la herida, además de que la niña estaba llorando nuevamente, lo más seguro de hambre, tenía también que buscarle refugio y alimento. Se acercó a unas ruinas y buscó un rincón para esconderse, colocó a la niña en el suelo, buscando que no se lastimara; y entonces intentó enfocarse en tratar el corte en el hombro. Estaba tan abstraído, que no había notado al hombre mayor que estaba cerca de él, observando el lugar, utilizando su cámara para fotografiar las ruinas. En ese momento, el hombre mayor tampoco se dio cuenta de la roca detrás de él, a la altura de sus pies; por lo que, al tratar de alejarse para tomar un mejor ángulo para la fotografía, terminó por tropezarse y caer, pegando en una de las columnas. Lamentablemente, la trabe con la que se estrelló estaba bastante desgastada por el paso del tiempo, por lo que ese simple golpe ocasionó que comenzara a caer, dirigiéndose justamente hacia el hombre que estaba en el suelo. Él se preparó para recibir el golpe, cerrando los ojos, pero la columna no cayó sobre él. Abrió los ojos poco a poco, encontrándose con un jovencito frente a él, quién con una fuerza sobrehumana estaba deteniendo la columna, evitando que lo aplastara. Estaba asombrado, pero rápidamente regresó en sí y se movió de lugar; obviamente el chico estaba esperando que él se quitara para dejar caer la columna. Una vez a salvo, el muchacho se movió y la estructura cayó ruidosamente. El muchacho cayó de rodillas por el esfuerzo. El hombre mayor corrió hacia él, notando con la cercanía la horrible herida sangrante en el hombro del joven.
- Muchacho. Pero ¿Qué te ha pasado en el hombro? ¿Estás bien? – exclamó el hombre, preocupado tanto por el estado de salud del chico, como por el hecho de que hubiera logrado sostener una columna por sí solo.
El llanto de un bebé llamó su atención, logrando que Aioros saliera de su trance e intentara ponerse de pie.
- La bebé… tiene que ayudarme… ella, está en peligro – dijo el caballero, su voz sonaba pesada, estaba realmente cansado.
- Tranquilo, los ayudaré. Tu salvaste mi vida, déjame regresarte el favor. – el hombre se dirigió al lugar del que el llanto provenía y tomó a la niña en brazos. Aioros se acercó lentamente a él, tenía problemas para caminar, pero no podía quedarse ahí. Tomó su armadura con dificultad y se acercó al hombre, quién al notar la debilidad del joven, lo ayudó a caminar – Vengan conmigo, iremos a mi hotel; ahí te darán ayuda médica. Mi nombre es Mitsumasa Kido.
- Gracias, Sr. Kido. Puede llamarme Aioros – respondió el joven, agradecido de que el hombre lo ayudará llevando a la niña.
Grecia, zona turística
El señor Kido resultó ser un hombre con bastante fortuna, pues el hotel donde se hospedaba era de los mejores. Una habitación fue pagada exclusivamente para el caballero y la bebé, lugar donde un médico acudió a atenderlos personalmente. Una niñera fue igualmente contratada, y Aioros tuvo la oportunidad de relajarse y analizar cuál sería su siguiente paso.
El caballero de Sagitario se había encargado de ocultar su cosmos, sería difícil que alguien adivinara dónde se encontraba. Agradecía la ayuda brindada por el Sr. Kido, pero sabía que eso no iba a durar, él tenía que encargarse de la bebé y ponerse en contacto con alguien de confianza. El caballero dorado de libra cruzó su mente, el problema sería viajar hasta él teniendo la responsabilidad de Athena. Su pequeño hermano también cruzó su mente. Se encontraba cavilando cuando tocaron a la puerta de su habitación.
- Joven Aioros, soy yo – dijo el Sr. Kido desde el otro lado - ¿Me permite pasar?
Aioros abrió la puerta rápidamente, permitiendo al hombre entrar.
- Sr. Kido, le agradezco infinitamente sus atenciones. – dijo el muchacho – No sé cómo podré pagarle.
- Ya me lo has pagado, salvaste mi vida. Todo lo que yo pueda darte nunca será suficiente… aunque, debo decirte que necesitaba hablar contigo sobre lo sucedido – su tono de voz se tornó serio, Aioros supo que debía ser sincero con el hombre, probablemente podría ser de más ayuda – No puedo evitar pensar una y otra vez como es que un muchacho de tu edad logró cargar una columna tan pesada… ni como es que viaja con una recién nacida ¿Es tu hija? ¿Tu hermana? – El Sr. Kido realmente deseaba respuestas.
- Ninguna de las dos – respondió amablemente – pero es mi responsabilidad. – el hombre mayor comenzó a tener dudas sobre el origen de la niña ¿Podría él haber robado a la bebé? Aioros notó el cambio en la expresión del hombre y se apresuró a corregir sus pensamientos – Sr. Kido, la niña no es familiar mío, pero es mi trabajo cuidarla. Ella es especial, y estaba en peligro. Me vi en la necesidad de traerla conmigo para asegurarme de su bienestar. Usted me preguntó como fue que pude cargar la columna de las ruinas… ¿Me creería si le digo que somos varios los que poseemos ese tipo de fuerza?
- Después de lo que vi, creo que no tengo otra opción más que creerle. – el Sr. Kido razonó lo que acababa de escuchar, había más como él – Mencionó que la niña estaba en peligro ¿Qué clase de peligro? – Dirigió su mirada a la cuna que él mismo había hecho traer al hotel. La niña dormía tranquilamente.
- Sr. Kido – comenzó a hablar el caballero, sabía que era necesario explicarle todo al hombre para asegurarse de contar con alguien que lo ayudara a ocultar a la niña – espero tenga tiempo, ya que para lo que voy a comentarle, necesitará todo el tiempo disponible.
- Lo escucho – añadió el Sr. Kido, seguro de que estaba por comprender algo más allá de su razonamiento.
Athena dormía ajena a todo aquello que había sucedido con su llegada al mundo, ignorando que gracias al caballero de sagitario y la ayuda del Sr. Kido, ella tendría la oportunidad de convertirse en la indudable diosa de la guerra, y que sería su valentía la que le aseguraría conocer por completo su lado humano, así como el lado humano de los caballeros que la acompañarían a donde fuera, siempre protegiéndola.
