Si no hubiera sabido que ya estaba muerto, habría lamentado perder la vida.
El cadáver de aquel hombre de mediana edad estaba colocado firme y a la vez delicadamente sobre la arena. No tenía mucho de haber fallecido, más bien parecida estar dormido. La arena de la playa de Seika cubría su rostro con una fina capa apenas detectable. Tomoki Asuka examinaba el cuerpo mientras tenía entre sus manos la nota que estaba tirada a pocos centímetros de la mano del cuerpo. Ya no tardarían en llegar los investigadores de la escena del crimen. De entrada la misteriosa nota, que parecía arrancada de un viejo libro, parecía indicar un suicidio de aquel sujeto. Era un hombre ligeramente rollizo, de bigote parecido al de una foca, gafas torcidas de montura metálica y nariz chata, típica de la gente de la región. Llevaba puesto un saco de color marrón, pantalones grises y una corbata guinda. Era raro que la policía de Seika encontrase cadáveres en la playa y más aún en una zona frecuentada por los turistas. Fue la llamada de una pareja joven que se ejercitaba aquella mañana frente al mar la que alertó a los detectives. Una ciudad pequeña como aquella, estaba limitada en sus detectives. Sólo los delitos de la ladrona Saint Tail parecían causar algo de movimiento y conmoción entre la parsimoniosa metrópoli. El hijo del detective Asuka estaba en la escuela, como solía ser siempre a esas horas del alba. Aoyama distrajo al detective veterano de sus pensamientos. Llevaba un vaso de café en cada mano.
-Vamos a tener un día agitado!- señaló alegremente el detective delgado y de enormes gafas.- Tomoki, ya están por llegar los cuerpos de investigación en la escena del crimen. Café cargado como te gusta.- El detective tomó el vaso que le tendía su compañero y le dio un gran trago.
-Parece suicidio pero mis tripas me dicen que podría haber algo más…- murmuró Asuka tendiéndole la nota a su compañero. Aoyama de inmediato se puso un par de guantes como el que traía Tomoki en la mano en la que sostenía la nota.
-De todos modos lo tendremos que investigar. No me gusta el ambiente de la ciudad en estos días. Ha habido un repunte de robos comunes en la calle, y en ocasiones no nos damos abasto. Espero que no aparezca la ladrona…-
-Bah, eso es una niñería. No por nada mi hijo tiene el caso.- gruñó Tomoki.- Ya llegaban los investigadores de la escena del crimen junto con el transporte de la morgue para llevarse el cuerpo. En unos minutos, estaban tomando fotografías y analizando la arena que rodeaba el cuerpo. Habían descubierto que tenía una pequeña herida sangrante en el cuello. Había un patrón de huellas que llevaba desde una ubicación incierta hasta el cuerpo, pista que Tomoki había sido muy cuidadoso de no pisar ni de acercarse.
En la secundaria católica del colegio Santa Paula, había un bullicio inusual. En el aula del segundo grado letra "b", específicamente, Manato Sawatari se estaba haciendo famoso por coleccionar recortes de periódico sobre casos violentos, tenebrosos e inusuales y narrarlos de manera histriónica para asustar a los chicos. Rodeado de un corro de muchachos, llevaba varios días trayéndoles historias sobre suicidios, asesinatos, accidentes y toda clase de desgracias, mismas que exageraba o magnificaba para aumentar el interés de sus compañeros. Meimi, Seira y Rina estaban entre el grupo de jovencitos que escuchaban con atención las inverosímiles narraciones del muchacho rubio. A Daiki le parecía demasiado tonto. El estaba acostumbrado a ese tipo de cosas siendo detective junior y nada lo impresionaba, en realidad.
-Y cuando ella se dio la vuelta en el auto, solamente escuchó el silbido metálico de la navaja rasgando su ropa!- concluyó el muchacho rubio de manera macabra simulando con su mano un cuchillo que cortaba la blusa de Kyoko, que temblaba de miedo. Algunas chicas gritaron y otros chicos soltaron carcajadas y expresiones de burla. Kyoko soltó un chillido y le dio un bofetón a Manato, que se molestó de golpe:
-Kyoko, qué demonios te pasa! Ese golpe me dolió!- se dio masaje en la zona adolorida.
-Eres un tonto Sawatari, me asustas!- gimoteó la muchacha de pelo castaño.
-No pasa nada Kyoko…-habló Meimi conciliadora, dándole un abrazo afectuoso. – Eso jamás te pasará a ti. Los chicos continuaron riéndose y hablando mientras se dispersaban. La historia de Manato había terminado por hoy. El muchacho parecía decepcionado de la manera en la que había terminado su relato. Sólo Seira se acercó a decirle que esperaba su historia para el día de mañana, mientras la profesora de matemáticas llegaba al aula.
Ya en el receso, Manato salía rodeado por un corro de chicos, que siempre lo seguía para escuchar los detalles más desagradables y mórbidos sobre los casos criminales que el joven coleccionaba. Meimi se acercó a Daiki para saludarlo y preguntarle como estaba, como era su costumbre.
-Hola, Daiki!- sonrió la pelirroja.- Espero que estés bien hoy. Puf. Qué bobo es Manato. Asustar a Kyoko de esa manera, fue de pésimo gusto sabiendo que ella es tan nerviosa…-
-No deberían hacerle tanto caso a ese bobo.- refunfuñó el chico de pelo azabache.- Exagera demasiado sus historias. Yo conozco casos mucho más tenebrosos!-
-Salvo lo que paso hoy, me gustan sus narraciones, a decir verdad…- se encogió de hombros Meimi.- No veo nada malo en ellas. Me gustó la historia que contó la semana pasada sobre el asesino de la torre del reloj…-
-Ustedes son muy impresionables.- Daiki hizo un gesto despectivo. -Pero bueno. No perderé mi tiempo hablando de eso.-
-Eres un amargado.- resopló Meimi dándose la media vuelta. –Yo sólo quería hablar un poco…-
-Yo no soy nada de eso!- protestó el muchacho. – Otra discusión entre ambos jovencitos apareció, mientras Seira se alejaba discretamente, como siempre hacía cada que su amiga peleaba con el detective amateur.
En el departamento de policía, la evidencia ya estaba siendo analizada. Además de la nota con aquella vieja poesía haiku, habían encontrado una curiosa nota en alfabeto occidental. Parecía ser una especie de código, que ni Asuka ni Aoyama pudieron descifrar de entrada. Ya habían logrado recopilar testimonios de que la noche anterior en la playa había ocurrido gran movimiento en las horas de la madrugada, que el guardacostas había presenciado una caravana de camionetas oscuras moviéndose por la región. No había ninguna otra pista por el momento. Tomoki Asuka esperaba afuera de la morgue, mientras el médico forense terminaba de ajustar los últimos detalles de los resultados de la autopsia.
