La ciudad esconde secretos.

Después de recibir su mensaje pensó que era una broma, su reunión sería un sábado en una locación específica de la región de Shinjuku en la gran ciudad de Tokyo, entonces recordó con quien es que está tratando. Comentaron eso mismo mientras se subieron al tren, suena como algo de una película, Cán es quien piensa y si él se arriesga así entonces es porque realmente cree que no van a descubrirles. Llegada la hora el día termina, otro día tan monótono como siempre, como suelen volverse durante el verano y donde casi se siente la falta de la academia para que haga sus vidas interesantes. Un pie dentro del tren subterráneo y luego otro, se sienten como entrando en una atmosfera completamente distinta a la de su planeta, gente de vestidos interesantes dirigiéndose hacia la vida nocturna, personas de trajes volviendo de sus trabajos a altas horas de la noche con sus rostros que parecen caerse de la tristeza, siluetas que pasan de un lado al otro sin interactuar con la gente que tienen a menos de tres centímetros de ellos.

La ciudad esconde sus vidas, las luces crean enormes sombras por debajo de la gente mientras se suben en la estación, de a poco se van bajando y continúan con sus vidas sin darse cuenta el espacio que acaban de compartir, sin darse cuenta que entre ellos puede haber cualquier tipo de persona. La sobrecarga sensorial que uno experimenta al bajar del metro en una bulliciosa ciudad justifica todo el camino, hace olvidar a donde se dirige, está feliz de llegar y saltar a los brazos de esa enorme musa de concreto.

Se esconden en la ciudad porque así es la naturaleza de la misma.

A su lado se sienta una de las refugiadas, de gorra negra de lana para esconder su cabello con los largos lóbulos de sus orejas escondidos dentro de este, unos anteojos redondos tapan sus singulares ojos llenos de sarcasmo bajo un ligero velo color rojizo, su camiseta llega casi hasta las rodillas y por debajo de esta lleva una falda y unas calzas leggins de color oscuro, incluso a ella misma le cuesta reconocerse. La luz de su celular refleja en los anteojos, por detrás se asoma una cara de preocupación que baila al compás de sus rodillas ajetreadas, el último mensaje fue enviado hace ya una hora.

- No ha hecho preguntas… sol dijo que me divierta – Menciona Jiro en voz baja – Incluso si no sospecha Momo no está feliz de que la hayamos dejado de lado –

Guarda su celular y se recuesta en el asiento del metro, la cabeza camuflada aterriza en su brazo y Sana puede sentir el peso de su culpa. Se sienta allí frotando sus manos, tapadas por guantes color verde oscuro para ocultar su notoria prótesis, mira por debajo de la capucha de su sudadera color gris. Traga saliva al escuchar a Jiro suspirar, sabe que no ha dormido bien desde que se enteraron sobre la fecha de su reunión, ella misma no ha podido pegar un ojo por más de una hora o dos con solo recordar esa mirada llena de misterio, iluminada desde la oscuridad, susurrándole como si fuera a revelar sus más oscuros secretos al momento que se descuide.

- No me gusta mentirle –

Jiro lo dice con pesar, esconde las manos en su chaqueta de Jean para evitar el frio inexplicable que siente al acercarse, estación por estación.

Mentir.

¿Desde cuándo Sana comenzó a mentir de manera tan fácil? No le cuesta nada hacer una historia, no pone ninguna cara especial al hacerlo, siempre ha ocultado cosas, siempre ha mentido, ahora le parece algo completamente normal… pero aun así…

Odia mentir.

Odia ocultarse en la ciudad.

Odia las luces frívolas que se reflejan en los blancos dientes de risas falsas.

Mira a su lado, una figura está allí cubierta por una gabardina desgarrada, le mira de reojo con un ojo que ya no puede ver, siente que si estirara una mano podría tocarlo y aun así no deja de tenerlas entrelazadas mientras siente el peso de Jiro. Esas escamas rojas y ese cuerno se ven reales, esa sonrisa le pone la piel de gallina, una sonrisa que se siente extrañamente familiar, mira hacia arriba y mira hacia la nada.

Odia verle todavía, odia ver gente que ya no está.

Odia mentirse a sí misma.

- Llega tu estación, niña – Su voz ronca todavía le produce pinchazos en la espalda, el calor de la sangre en su rostro se manifiesta aunque no sea real, justo como él que no es real.

Al volverse hacia Jiro sabe que él ya no está allí.

Nunca lo estuvo en primer lugar.

No hay mucho más que pueda decir sobre su situación actual, disculparse por haberla metido en esto sería estúpido ya que fue Jiro la que insistió y ella no tiene otra opción, decirle que todo está bien es una vil mentira y… pensando en eso encuentra las palabras.

- Si… yo también… -

Siente que él todavía mira.

Sus ojos de reptil en la parte trasera de su cuello, escarbando, buscándole.

Buscando en donde empieza Sana Arashi y donde empieza la otra.

La que casi le mata…

- Odio mentir –

Lo dice con una pequeña risa, sabe que lo que dijo ha sido aún más estúpido.

Sabe que nunca podrá dejar de mentir "Por el bien de los otros"

Mientras tanto la ciudad las esconderá bien, regresen o no a casa.


Legacy – Volumen 4


Capítulo 01 – Salida


Las calles son un mar de gente a esa hora, al menos saliendo de la estación, una vez en la calle se puede respirar un poco mejor. Sana recuerda exactamente la calle por la que tienen que llegar a donde se supone que se reunirán y lo recuerda bien porque hace días que no puede dejar de mirar una y otra vez en la aplicación de mapa de su teléfono, memorizó el lugar para no traer dicho teléfono, para venir con menos pertenecías suyas posibles. Al caminar pensaba que lograrían librarse de algo de la tensión pero con cada paso se vuelve peor, lejos de ser miedo por ellas mismas temen por lo que suceda antes de la reunión, temen ser vistas, que todo sea echado a perder, así es como caminan; con temor.

Incluso con todas las luces y toda la gente posible se sienten aisladas, caminando en un estrecho pasillo mientras tanto ellas como las personas se esquivan mutuamente, la música de los bares y los gritos de los que entregan publicidad en las calles suenan como un distante murmullo.

No es la primera vez que visita el distrito, se ha escapado algunas veces con Hiro y algunos de sus amigos de secundaria, cuando todavía creían que eso era lo peor que podían hacer, caminar por el barrio del que los adultos hablaban con tanto desdén, una especie de jardín prohibido de luces artificiales coloridas y donde las risas impulsadas por el hedonismo abundan. Hay personas que salen a divertirse a Shinjuku y hay aquellos que se quieren esconder, nunca esperó terminar en este segundo grupo apenas un año después de terminar la secundaria.

Mira hacia atrás, escondiendo parte de su rostro bajo la capucha color gris, con un solo ojo puede divisar a lo lejos esa enorme figura de grandes colmillos. Su cabeza torcida brilla de rojo bajo la iluminación extrema y, sin embargo, sus ojos amarillos son lo más llamativo entre ese mar de personas extravagantes.

No les sigue, gente pasa a través de su cuerpo como si no estuviera allí

Su mirada fija… su sonrisa… quiere dejar de ser ignorado…

- ¡YEAH! ¡OF COURSE! –

De todos los sonidos que no quería escuchar ese estridente grito estaba en la punta de la lista, no hace falta que voltee para saber quién es el dueño de tan particular voz. Siguen caminando hacia adelante, Jiro se ha percatado de su presencia también e intenta no apresurar el paso, las conocida figura del profesor Present Mic rodeado de supuestos admiradores de su trabajo se asoma desde el otro lado de la calle, algunos de los transeúntes paran a sacarse fotografías con él mientras otros simplemente quieren estrechar su mano y reiterar que está haciendo del mundo un lugar mejor. ¿A que otros profesores habían arrastrado a esta celebración egocéntrica? Pararse a mirar las delataría y Sana apenas puede divisar a una molesta Midnight hablando por lo bajo con su colega.

- No tenemos la mejor suerte que digamos –

Su compañera dice irritada por lo bajo mientras se acerca a ella para apoyar su peso, habían quedado de acuerdo que esa sería la mejor manera de pasar desapercibidas en público, sería más fácil no ser reconocidas si aparentan ser una pareja de jóvenes caminando por la calle. Sana rodea los hombros de Jiro con su brazo izquierdo mientras la escena se desvanece por detrás, los gritos se calman y el flujo de transeúntes vuelve a la normalidad con cada paso, ninguna de ellas sintió el más mínimo terror al ser descubiertas.

Tal vez, en el fondo, querían ser encontradas y mandadas a los dormitorios con un pequeño sermón de por medio.

En el fondo gritaban más alto que el mismo Present Mic durante esos pocos segundos, eso les devolvería algo de realidad, les recordaría que son adolescentes asistiendo a una academia. Durante esos pocos segundos tuvieron la tentación de olvidar el ser heroínas, de gritar y que alguien les salve a ellas.

Pero aun así, siguen adelante, y como un recordatorio de que cada paso las aleja de la agradable sombra que deja ese egocéntrico héroe…

Ven el cascarón y el ambiente entero cambia.

A vista de cualquier persona no es más que alguien tirado a un lado de la acera ya sea pidiendo monedas o simplemente noqueado por el exceso del vicioso barrio. Su cuerpo entero está cubierto por ropa andrajosa, telas de colores apagados que conforman una muy frágil combinación de camiseta y pantalones tapados en su gran mayoría por un largo sobretodo sucio hasta ya poder camuflarse con el mismo suelo mugroso. Desde debajo de esta tela es que las mira, sus ojos inhumanos son dos agujeros que brillan de un color verdoso comparable a cualquier luz artificial cercana, las vendas que cubren sus manos y pies se repiten en partes de su rostro tapando la ausencia de otras facciones salvo estos dos orificios.

Ellas recuerdan esa mirada vacía, con solo caminar junto al cuerpo vacío les recorre un escalofrío.

- ¿Lo viste? – Jiro mantiene su mirada fija al frente.

- Un vigía probablemente, Cán ya está aquí –

Las calles siguen apareciendo frente a Sana y cualquier remordimiento por no gritarle a su profesor por ayuda desaparece por detrás, su expresión cambia a reflejar la tremenda concentración que le lleva simplemente caminar sin fijarse quien le sigue ahora.

- Ya no falta tanto para llegar –

Cuando Sana lo dice, una mano aprieta con fuerza la tela de su sudadera, luchando contra el impulso de volver.


El callejón indiciado en su mensaje se estira hasta dar con la siguiente calle, no hay nada extraño sobre este una vez que entran y avanzan por él, eso es hasta llegar a la mitad donde una luz blanca sobre la puerta trasera de lo que parece ser un antiguo local les regala con el susto de ver una alta y esquelética sombra adornada por vendas y telas que ondean al más mínimo movimiento. Se detienen frente a esta luz y observan al insecto humano emerger detrás de la puerta, ladea su cabeza como si las inspeccionara detenidamente, esperarían alguna palabra pero ni siquiera saben si puede entenderles.

Por unos tensos minutos no pasa nada, el único sonido que las acompaña es el de la gente paseando por las calles de Shinjuku y el exasperante zumbido de la bombilla blanca que parece brillar tanto como el mismo sol.

Cuando finalmente el títere se mueve lo hace de una manera tan meticulosa que es aún más exasperante, retira una de sus manos de su espalda y la alcanza hacia Sana causando un sonido a madera chirriando como si estuviera a punto de romperse. En sus manos huesudas cubiertas por vendas descansa un teléfono celular antiguo, de pantalla verde, teclas con números y un armazón de plástico azul oscuro.

Y suena tan pronto como lo tiene frente a sus ojos, más que un tono de llamada es un chirrido que intenta imitar una melodía mutilándola en el proceso, marcando en su pantalla que ahora brilla en verde con letras negras.

Llamada: desconocido.

Sin pensarlo lo toma y aprieta el botón verde, acercándolo a su oído para escuchar la voz gruesa e irreal del otro lado de la línea.

- Será mejor que entren –

Sana se vuelve hacia Jiro ya hace un gesto asintiendo, al comenzar a entrar al local esta misma le sigue, la marioneta se hace a un lado y mueve la puerta tras ellas. Se encuentran pronto en una habitación que apesta a humedad, todo está demasiado oscuro para poder distinguir una cosa de la otra y la puerta que llevaría al frente del local está sellada no dejando que pase una sola línea de luz desde la calle, la única fuente de esta es el celular de pantalla verdosa y la luz blanca cegadora que asoma por la puerta entrecerrada.

- Entonces puedes ver con esas cosas –

- Por supuesto, así es como espío, en eso yo y el maestro de esos fantasmas que tanto le interesan nos parecemos, aunque en mi caso no puedo comunicarme a través de mis creaciones y debo recaer en métodos primitivos difíciles de rastrear –

- Entonces has averiguado lo que te he pedido –

- Exactamente –

- ¿Y? ¿Tenía razón? –

Cán parece tomarse un momento para replantear toda la información que posee, el ruido indica que cambia de posición el teléfono y el eco en su voz se incrementa, probablemente esté caminando en el medio de ese almacén ahora mismo.

Sana presiona el botón el altavoz mientras Jiro se acerca para escuchar.

- Charles Gustafson es, precisamente, un hombre muy misterioso. Regenta el hospital y, más allá de algunas quejas de que es algo distante, no hay nada que indique que sea una mala persona en la superficie. Oficialmente no tiene quirk y es inofensivo pero… el sistema de túneles debajo del Hospital parece indicar que algo tiene que ver con las misteriosas desapariciones por parte de los apodados "Fantasmas Blancos". –

- ¿Has investigado estos túneles? –

- No del todo, son un laberinto que desemboca en distintos lugares ocultos en la ciudad, parece ser que el mismo Doctor es el único que los conoce y los usa para movilizar sus fantasmas y abducir gente de esa manera hasta llevarlos a lo que sea que haya debajo del Hospital, su guarida. No podrán usar estos para llegar, están resguardados por los mismos fantasmas y hay cámaras, el buen Doctor las verá llegar desde el primer momento, podría haber explosivos también para colapsar los túneles. Para llegar a él tendrá que ser por el mismo Hospital, encontrar la entrada en el primer piso. -

Jiro se acerca al teléfono, deja salir un suspiro al escuchar la última parte.

- ¿Cuántos fantasmas? –

- Alrededor de seis, se distinguen por los motivos en sus máscaras, probablemente para distinguir sus quirks a primera vista –

- No hay dudas entonces, él es el siguiente –

Es difícil saber cuánta gente ha desaparecido en Maul desde que comenzó a operar, de solo pensarlo Sana ya comienza sentir la rabia recorriendo su cuerpo, es tanta su concentración en el asunto de Gustafson que el siguiente tema la toma desprevenida.

- Hay algo más, una mujer ronda los túneles… –

El aire en la pequeña habitación se congela, ambas muchachas quedan inmóviles y por la pausa del propio Cán pueden notar que hasta él mismo duda al decir esa simple frase. Jiro dispara una mirada hacia Sana quien sostiene el teléfono, alumbrada por la tenue pantalla del mismo, sus ojos brillan cada vez menos al entrecerrarlos, sus colmillos sin embargo salen a relucir.

- ¿Es ella? –

- Mató a uno de mis espías antes de que pueda reconocerla, pero debe ser ella, reconocería esa risa en cualquier lado – Cán responde, su tono cambia, de uno lleno de caballerosidad y misterio intencional a uno de seriedad, sienten el pesar en su voz al musitar las siguientes palabras – Las tiene vigiladas a ambas –

- ¿Quién…? –

- Todavía no lo sé, pero pronto me encargaré de ello, U.A tiene mucho personal y muchos alumnos, no podrán hacer ningún movimiento hasta que esto no esté solucionado –

Pensar en que se librarían de ella y podrían darle un golpe sin que lo note ahora parece poco más que un chiste. Cuando tuvieron un pequeño rayo de esperanza todo se desmoronó, ambas apartan la mirada mientras, de solo escuchar su voz, toman la advertencia como algo que ya deberían haber sabido. Viuda está siempre dos pasos frente a ellas, y Cán uno, por eso no decidió reunirse en su almacén. Jiro desaparece en la oscuridad dando unos pasos en círculos mientras Sana se limita a escucharle maldecir por lo bajo, apenas logrando responder.

- Entonces ya hemos acabado aquí –

- No del todo

De repente un fuerte sonido se escucha fuera, ambas jóvenes heroínas se giran hacia la puerta, escuchan forcejeo desde fuera y golpes contra la pared seguidos de gritos femeninos. Los golpes contra la pared son ligeros pero claramente se están acercando hasta terminar por dar en la misma puerta, abriéndola de lo que parece ser una patada.

Emerge desde la luz blanca uno de los grandes insectos huecos llevando a alguien, tapando su boca con la manga de su chaqueta hasta que finalmente le avienta al medio de la habitación.

No pasa un solo segundo antes de que Jiro corra en su dirección.

- ¡Momo! –

Sana se queda quieta, aferrándose al teléfono mientras del otro lado Cán termina de hablar.

- La próxima vez, que no le sigan –

Y la llamada llega a su fin.


Al tenerla allí mirándoles de manera sospechosa tanto Jiro como Sana se sintieron como delincuentes, al principio Momo se mantuvo alejadas de ellas incluso prefiriendo estar cerca de la puerta por donde los lacayos de Cán dejaron la habitación. Demandó una explicación y, a este punto, ya no hubo manera de ocultarle la verdad ¿Desde cuándo sabe sobre sus reuniones? ¿Tan transparentes han sido o es simplemente porque Momo las conoce a ambas mejor que cualquiera? Pensar que tendrían que dejar de mentirle suena bueno en papel pero, dadas las circunstancias y la información que acaban de recolectar, de repente sienten que Momo estaría mejor si no les conociera.

Le contaron todo lo que saben, sobre la Viuda y que ella ha sido la causa de incontables muertes, sobre el incidente que le quitó a Sana su familia hace casi siete años, sobre el encuentro con Cán y como este se relaciona con ella, sobre la información que tienen relacionada con los secuestros en la ciudad de Maul. En ningún momento Momo las cuestionó, se mantuvo en silencio solo acotando cuando el nombre de Viuda fue mencionado, un nombre que su madre ha usado pocas veces como si fuera una especie de leyenda local entre los héroes.

Finalmente, cuando Sana hace una pequeña pausa, puede poner en orden lo que le han dicho.

- Entonces… este Doctor Gustafson está trabajando con Viuda –

- Desapareciendo gente como dicen en las noticias, usando estos fantasmas blancos –

Momo, quien descansa apoyada en la mesa abandonada en medio de la habitación, niega con la cabeza, dirigiendo su mirada a ambas, alternando entre Jiro quien se apoya a su lado y Sana que está de brazos cruzados junto a la puerta.

- No lo entiendo ¿Por qué no decirle a los profesores? –

- Ellos saben todo – Jiro aclara.

- Estaban esperando que Crocous les diga algo que los apunte en la dirección correcta pero Gustafson lo ha asesinado antes de que eso pase – Sana agrega, escupiendo las palabras con desdén mientras mantiene sus ojos puestos en el exterior, la luz blanca cegadora reflejada en sus ojos oscuros – Gustafson es un hombre prestigioso con la coartada perfecta, lo único que haremos si lo acusamos es poner a los profesores detrás de él y hacer que Viuda vuelva a esconderse. –

- Quiere capturar a Sana, por alguna razón, entonces usaremos eso para acercarnos –

El cuarto queda en completo silencio otra vez, la única que se mueve es la misma Yaoyorozu manteniendo su mirada en el suelo, abraza sus propios brazos, asaltada por un frio inexplicable que la hace temblar. A su lado Jiro se inclina para hablarle, susurrarle que lo siente, siente que sus palabras no logran demasiado y suspira, Sana observa hacia afuera todavía solamente volviéndose hacia ellas una vez que escucha a Momo.

- Entonces… ¿Qué sigue? –

Las dos le miran, Arashi se toma un segundo para observar el celular que se ha quedado, la hora en este marca que ha pasado la medianoche.

- Momo, no tienes que… -

- No me gusta lo que está pasando aquí pero… si dicen que no hay otra manera entonces tengo que ayudarles, no diré nada nadie y me aseguraré que todo siga un curso moralmente aceptable – Habla con seriedad, incluso si quiere reconfortarlas mantiene una expresión casi de enojo observando a Sana.

La morena se aferra a la puerta y la abre inundando la habitación de color blanco, su silueta ya no se distingue cuando mira a sus dos compañeras.

- Por ahora esperamos, nuestro objetivo son las licencias provisionales – Dice con voz ronca y tranquila, no pide perdón por haberla metido en todo esto, quiere dar la vuelta para salir del lugar pero le llama la atención el repentino movimiento de Momo quien deja su asiento improvisado y da unos pasos en su dirección.

– Esto es por lo que te convertiste en heroína ¿No? –

- ¿Y tú lo hiciste por la bondad que hay en tu corazón? –

- ¡Todos en el curso lo hicimos para salvar gente! –

Sin darse cuenta Sana ha dejado la puerta y ha caminado hacia Momo, es con su grito que se da cuenta que, prácticamente, están a punto de chocar las cabezas. Ese grito le molesta, aprieta sus dientes mientras la expresión preocupada de Jiro aparece por detrás de Yaoyorozu llamándolas a ambas, intentando calmarles antes de que la situación se salga de control.

Entonces ella es el problema, ella es la única egoísta en un grupo de paladines de la justicia.

- Tch – Sana se aparta de la mirada acusatoria que le dispara Momo, volviéndose hacia la salida, avanza por la penosa oscuridad hasta tomar la puerta con su mano falsa – Mira a tu alrededor, niña, no actúes como si fueras mejor que nosotros –

De un golpe Sana cierra la puerta del lugar, ni siquiera asegurándose que ha quedado abierta, el ruido del rechinar de la misma llena el silencio entre las dos estudiantes restantes. La reunión llega a su fin de una manera amarga, Jiro le pide perdón en nombre de Sana pero Momo no le escucha, sumida en sus propios pensamientos. Son dejadas en la oscuridad, acompañadas por el horrible olor a encierro y humedad vieja en las maderas de las sillas y las mesas que les observan desde las sombras.

En algún momento se encuentran caminando lentamente hacia la estación, Sana se ha desvanecido bajo las luces de la misma y no volvieron a verle durante el resto de la noche.

Se esconde en la ciudad.

Es lo único que sabe hacer cuando algo le lastima.


Les doy la bienvenida a los lectores regulares a esta nueva parte.

Si son nuevos aquí pues... no sé por qué comenzarían una historia por el cuarto volumen, pero cada uno con sus propias locuras.

Realmente este año no me ha tratado nada bien, creo que ese es el caso para muchos de nosotros, así que al menos espero encontrar algo de distracción en seguir esta historia y, con suerte, podré entretenerles por unos minutos.

En general esta parte será algo mas oscura e introspectiva en comparación con las otras, así que prepárense para una historia algo mas lenta al menos durante la primera mitad.

Gracias por leer.

Volveré cada lunes con un capitulo, con suerte.