-Draco, muchacho, ¿recuerdas la salita de té que está en el jardín del tramo norte de la mansión? – mencionó de pronto Abraxas, mientras escuchaba atentamente cómo Draco le terminaba de leer una escena de "Le fantôme de l'Opéra" en un francés exquisito. Definitivamente ese niño a sus 7 años era un prodigio.

- ¿En el que siempre nos vamos a esconder? – dijo curioso, feliz al ver cómo su abuelo le entregaba el regalo que le prometió darle si le recitaba una escena sin titubear en francés.

-No nos "escodemos" Draco, un caballero no hace eso, simplemente preferimos lugares más tranquilos y menos pomposos para pasar tiempo de calidad entre hombres. – dijo digno, aguantando la risa para ocultar que sí, efectivamente ese era el lugar donde él y su nieto se escondían de Narcissa y Lucius para así poder tener un momento de tranquilidad sin tanta opresión y rigidez.

Joder, que tanto su hijo como su nuera a veces solían ser demasiado estrictos. Aunque claro, Narcissa era un poco más flexible y consentidora. Lucius era otro tema.

Por eso, siempre que iba a ver a su familia, escogía esa pequeña terraza para perder el tiempo con su nieto, bastante alejada de los lugares más transitados de la gran casa, porque nadie solía ir ahí teniendo opciones más lujosas y cercas de la mansión.

-Bueno, bueno. Sí, no nos escondemos, abuelo – le siguió el niño, riendo risueño ante la mueca de hastío que puso Abraxas- ¿Qué pasa con ese lugar? – continúo, curioso de que su abuelo hubiera sacado ese tema a colación.

-Bueno, te diré, pero Draco, querido, es un secreto muy grande, ¿prometes cuidarlo con todo tu orgullo de heredero de los Malfoy? – preguntó serio, dando especial énfasis al titulo que ostentaba el menor.

-¡Claro, abuelo! Yo soy un digno heredero y protegeré este secreto, lo juro por mi honor y mi magia. – contestó, alzando su pequeña mano izquierda con la palma extendida mientras que la otra la ponía encima de su corazón, incapaz aún de asimilar la profundidad y el énfasis de ese tipo de juramentos. Él solamente repetía las palabras que muchas veces le enseñaron que los magos de alta alcurnia utilizaban para sellar tratos de gran calibre entre familias poderosas.

-Vaya, alguien te ha estado educando muy bien sobre cómo debe actuar un digno heredero – elogió orgulloso, ligeramente entretenido al ver la digna pose que puso el menor. Era muy divertido ver a un niño de 7 años actuar tan formalmente. – Pero bueno, como te decía, tengo un secreto muy importante que decirte, y que solo debe de quedar entre nosotros dos ¿De acuerdo? nadie, ni siquiera tu madre o tu padrino o ninguno de tus amigos deben de enterarse de esto – amenazó, pensando en las personas más cercanas al menor. Y sintió un deje de molestia al saber que Lucius no podía contar como una de ellas.

-Por supuesto, pero ¿Qué es abuelo? Vamos, dime – preguntó ansioso el menor, alargando de manera suplicante la "e" al finalizar su frase. Sí, por más que quisiera actuar maduramente, aún era un niño pequeño con un gran legado en sus hombros.

-Bien, está bien, mocoso impaciente, te lo diré. Hace años, cuando tú aún eras un bebé y tu padre terminó sumergido en una situación delicada con el ministerio debido a ciertas "alianzas" peligrosas para la familia, yo tomé una decisión – empezó a contar, recordando con amargura cómo, durante su ausencia, Lucius había puesto en peligro su posición asociándose a un loco extremista y salvándose por los pelos de las consecuencias alegando haber estado sometido a un "imperio". Claro fue, que se ocupó una gran cantidad de favores, amenazas, y sobornos para que el ministerio la aceptara como la versión "oficial" del caso. – Durante ese tiempo, yo vivía en Rumania, y tenía a una amiga que provenía de Turquía. Esta mujer pertenecía a una familia muy poderosa de esa parte del continente, básicamente era considerada algo así como realeza – continúo el otro, recordando como solían dirigirse a ella como "sultana" – Esta dama, me comentó que su familia tenía un lugar secreto donde escondían un dije muy valioso, no por su valor comercial, el cual aun así era mucho, sino por su historia y su magia. Bueno, pues la decisión que tomé, fue pedirle prestado por un tiempo este collar.

El menor, atento a lo que decía su abuelo, solo asentía de manera emocionada ante su relato. Draco siempre se fascinaba con las anécdotas de su abuelo a través de sus viajes por el mundo.

-Así que quiero que prestes especial atención a esto: en ese jardín para el té, debajo del gran árbol de las hadas, hay un pequeño agujero tapado con un rosal blanco, ahí dentro, hay una pequeña caja con esta joya y una carta, así que quiero que me prometas algo. Si en un futuro, yo llego a faltar y te das cuenta de que la familia se ve sumergida en problemas, quiero que vayas ahí y desentierres eso. Hay muchos hechizos protectores, los cuales solo cederán ante ti; pero recuerda, únicamente debes de buscar esto cuando la familia se encuentre en total peligro. – Instruyó cuidadosamente, procurando que el menor captara todo lo que decía – tú eres el futuro de nuestra estirpe, nuestro apellido se encuentra en tus manos, Draco.

Y Draco, aún demasiado joven e inocente para comprender todos los sentimientos instalados en el rostro de Abraxas, solo supo asentir de manera tímida a la mirada penetrante de su abuelo.

Sin saber que, 9 años después, ese obsequio cambiaría el rumbo de la familia Malfoy para siempre.

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Draco se sentía como la mierda, el cuerpo le dolía, la cabeza le palpitaba y sentía que el estómago estaba a punto de quemársele dentro del cuerpo.

¿Dónde mierda estoy?

Pensó, intentando acostumbrar sus ojos a la luz que se filtraba a través de una ventana al final del pasillo.

Y como si de un golpe se tratara, llegaron de repente a su mente los últimos recuerdos que tenía antes de caer en la inconciencia. Estaba de camino a las mazmorras cuando el maldito de Theodore Nott lo acorraló y empezaron a discutir, y después de eso…

"Él me torturó con una cruciatus"

Recordó amargamente, sintiendo en lo profundo de su piel el recuerdo de las sensaciones que eso le provocó, el recuerdo de cómo sentía que los músculos se le desgarraban mientras su sangre le quemaba por dentro. Cómo cada nervio, cada articulación y cada rincón de su ser clamaban por un poco de clemencia. Venía a su mente el terror y el dolor insufrible que le carcomió todo el cuerpo haciéndole desear incluso poder morir durante esos interminables minutos que duró su tortura.

Ahora entendía mejor porqué se consideraba una imperdonable esa maldición, pues torturar así a alguien era algo totalmente inhumano.

Y con ese pensamiento en mente, intentó recuperar un poco la conciencia que se aún se negaba a regresar del todo.

"Estoy en la enfermería"

Concluyó, repasando con la mirada las camillas dispuestas de manera ordenada alrededor y el olor a antiséptico que rondaba el lugar. Definitivamente Pomfrey no sabía cómo convertir ese lugar en un sitio menos desagradable.

Y mientras intentaba moverse de la incómoda posición en la que se encontraba sin sentir que cada fibra de su cuerpo se partía en dos por el dolor, logró escuchar un pitido que no tenía ni idea de dónde provenía, sin embargo, antes de averiguar el origen de tan molesto sonido para poder detenerlo de una buena vez por todas, madame Pomfrey entró a toda velocidad a través de una pequeña puerta de lo que él supuso que sería su oficina o un cuarto de suministros.

-¡Draco, muchacho, al fin despiertas! – exclamó aliviada, acercándose al menor y sacando su varita mientras lo apuntaba – Ohh, no, señor Malfoy, no intente moverse, su cuerpo aún está muy traumatizado por lo ocurrido – lo regaño, tomándolo por el hombro y haciendo que volviera a acostarse en la forma en la que se encontraba antes – tardamos horas en poder estabilizarlo debido a que su cuerpo sufrió mucho daño, pero ahora todo estará bien – intentó calmarlo, mientras seguía inspeccionado sus signos vitales – debo de avisar de inmediato al Director sobre esto.

Y antes de que Draco pudiera siquiera contestar a algo, la bruja creo un hermoso patronus en forma de gorrión que mandó el mensaje dirigido a Albus Dumbledore.

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Un calambre fue lo que necesitó para despertar de la incómoda posición en que se había quedado dormido.

Harry apenas podía asimilar que se quedó toda la noche oculto en la habitación donde reposaba Draco Malfoy cuando Pomfrey se decidió a echar a todos para que el rubio pudiera descansar tranquilo.

Él había pensado que solo se quedaría un momento más para esperar que todos hubieran bajado la guardia y poder salir discretamente de la enfermería, sin embargo, el temor de que quien sea que le hubiera hecho eso a Draco volviera para poder terminar lo que empezó, no le permitió mover un solo pie de ahí, sin embargo, cuando empezó a amanecer y se dio cuenta de que no podría mantenerse despierto por mucho más tiempo, decidió levantarse lo más silenciosamente posible y dirigirse de nuevo a los dormitorios de Gryffindor, rogando al cielo que Ron no estuviera despierto o le echaría la bronca de su vida al saber que Harry no volvió en toda la noche.

Total, sabía que en cualquier momento Pomfrey despertaría y cuidaría como leona que nadie se le acercara a uno de sus pacientes.

Por eso, dándole una última mirada al pálido y demacrado chico que se encontraba en aquella camilla, se ajustó de manera fuerte la capa y tomó rumbo hacia su habitación.

Ya ahí, y agradeciendo que ese día su mejor amigo no haya decidido madrugar, se quitó rápidamente los tenis y se acostó sin ningún cuidado en su cama, esperando poder dormir correctamente al menos una hora antes de volver al horrible mundo real donde simples estudiantes eran torturados en su propia escuela.

Y después de lo que él sintió como solo unos minutos de descanso, escuchó la muy molesta alarma que ponía Neville todos los días y que logró que odiara más que nunca el hecho de tener que despertar temprano para las clases.

Sin embargo, antes de que decidiera mandar a la mierda a su compañero y su estúpida alarma, el recuerdo de Malfoy le vino rápidamente a la memoria, y con esto en mente, se levantó de un salto y se apresuró a llegar a la cama de su amigo Ron, el cual había usado una almohada para cubrirse los oídos y así poder seguir sumido en su maravilloso mundo de sueños.

-Ron, shh, Ron despierta – se acercó lentamente, moviéndolo cuidadosamente para que despertara y así poder contarle lo que había sucedido la noche anterior, pero al ver que el otro lo ignoraba descaradamente y se aferraba aún más a su cobija y a la almohada en su cabeza, decidió tomar medidas más drásticas, ya que, si seguía con ese cuidadoso trato, Ron tardaría otra media hora en levantarse. Por eso, inhalando aire de manera profunda, tomó impulso con sus pies y se un solo salto brincó encima del pelirrojo, el cual solo soltó un quejido de dolor al sentir cómo el otro lo oprimía con su peso.

-¡Mierda, Harry! – exclamó, intentando quitarse al moreno de encima - ¡Bájate, cabrón! ¡Que me estás aplastando un testículo! – siguió, forcejeando mientras intentaba infructuosamente quitarse al otro de encima.

Sí, definitivamente la peor manera de despertar.

-Vamos, Ron, levántate, ocupo hablar contigo y con Mione de algo urgente – dijo en voz baja, intentando que los demás no escucharan eso por estar demasiado divertidos burlándose de la escena que estaban montando -andando, apurémonos para esperar a Hermione en la sala común – sentenció, mientras se quitaba de encima del otro y corría al baño para darse una rápida ducha que lo despertara totalmente en lo que el pelirrojo dejaba de echar pestes de él.

Media hora después, ya cambiados y listos para una nueva tarde, Harry y Ron esperaban pacientes a que Hermione bajara por fin del dormitorio de las chicas.

-Rayos, ¿por qué se tarda tanto? – murmuraba Harry, mientras que Ron solo se dedicaba a mirarlo con hastío.

-Cielos, Harry, no se está tardando, tú eres el que decidió hacernos bajar a esta inhumana hora de la mañana, joder, seguro ella ni siquiera se ha levantado aún.

-Vamos, es Hermione, lo más seguro es que baje en cualquier momento – dijo Harry, y antes de que Ron pudiera decir algo que contradijera esto, la leona se dejó ve a través de la escalera, lanzando una mirada de sorpresa al verlos parados ahí esperándola.

-Chicos, buenos días – saludó, extrañada de verlos listos tan temprano, usualmente era ella la que siempre los apuraba a salir - ¿Porqué están aquí tan temprano? – preguntó, ignorando la mueca de "¿ves? te lo dije" que puso Ron dirigida hacia Harry.

-Les contaré al rato, primero tenemos que ir a un lugar más tranquilo – dijo serio, haciendo que sus dos amigos automáticamente también se pusieran en guardia, cualquier cosa que Harry dijera con esa cara solo podía augurar problemas.

Sin embargo, cuando se disponían a salir, una barrera impidió que la puerta se abriera, para total desconcierto de los pocos alumnos que se encontraban en la sala común a esa hora.

Y antes de que cualquiera pudiera decir algo, un pergamino empezó a materializarse en la puerta, con el siguiente mensaje:

Estimados alumnos, por el momento, las clases matutinas se suspenden en su totalidad y los alumnos deben de permanecer dentro de sus casas hasta que se les autorice volver a sus actividades con regularidad.

Si cualquier alumno osa infringir esta medida y sale de su casa, la sanción será una suspensión inmediata y 1000 puntos menos para su casa.

-Director Albus Dumbledore-

Decía el papel, dejando a más de un perplejo ante la amenaza de suspensión y la cantidad impresionante de puntos perdidos. Básicamente todos los que se podían obtener en un año absolutamente perfecto.

-¿Pero qué demonios? – exclamó Harry, pensando inmediatamente que algo debió de ocurrir para que el director decidiera poner un encierro.

-¿Qué habrá pasado? – dijo Hermione, la cual le avisaba a Ron que, como prefectos, tenían que ir a dar el mensaje a los alumnos que aún se encontraran en sus habitaciones.

-Ni idea, pero por la simple cara que puso Harry al ver eso, debe de ser algo grave, ¿no es así, compañero? – preguntó Ron, preocupado al ver la mueca que se instaló en la cara del moreno.

-Definitivamente – contestó, sin que la idea de que algo más le haya pasado a Draco pudiera salir de su mente ¿Y si acaso empeoró? ¿O si el atacante volvió? estas y mil dudas más rondaban por su cabeza, sin embargo, si no quería crear un alboroto, tenía que ser discreto – ustedes vayan a hacer sus deberes de prefectos, yo aquí los espero, enserio, ahorita les cuento lo que sucede – prometió, haciendo que sus dos amigos solo lo miraran con preocupación.

Joder ¿Ahora qué más estaba pasando?

Y unos minutos después, ya que sus dos amigos avisaron a todos y que la multitud que se instaló en la sala común se calmó un poco, los tres se dirigieron de manera discreta a un rincón algo alejado del resto, ya que su habitación había quedado totalmente descartada cuando Seamus y Dean decidieron volver.

-¿Ya nos dirás que rayos fue lo que pasó anoche que saliste, Harry? – comenzó Ron, el cual solo miraba de manera nerviosa al moreno.

-¿Saliste solo anoche, Harry? ¿Porqué no nos dijiste nada? – dijo Hermione, de repente preocupada al pensar que debió de haber sido algo realmente grave lo que vio el otro.

-Sí, lo que pasa es que ayer en el mapa pude ver a Draco siendo llevado a la enfermería por Snape y Sirius, y cuando fui a averiguar de que se trataba, me enteré que Draco fue atacado anoche – empezó a narrar, intentando bajar lo más posible la voz.

-Pero eso es algo que viene ocurriendo desde que empezó el curso – dijo la mujer, recordando todas las veces que se enteró de cosas como estas.

-Pero esta vez fue algo demasiado grave, Hermione, ayer… - siguió Harry, ligeramente molesto al sentir que la otra no le daba la suficiente importancia al hecho de que Draco fuera atacado – ayer alguien lo atacó con una cruciatus, chicos, Draco estuvo a punto de morir en la enfermería durante la madrugada – dijo entre dientes, recordando el estado en el que había visto al altanero chico rubio – yo estuve ahí toda la noche, y créanme, apenas y podía mantenerse con vida cuando llegó – terminó de narrar ante la mirada horrorizada de los otros dos.

-¿P-pero qué? – tartamudeó Ron, incapaz de pensar que algo así hubiera podido pasar dentro de los muros de Hogwarts.

-Lo que oyes, Ron, seguro es por eso que nos impusieron este encierro – dijo el moreno, sin poder dejar de pensar en el rubio.

-¿Y no saben quién es el culpable de eso? – Hermione se encontraba demasiado preocupada de que alguien así anduviera suelto.

-No, lo encontraron totalmente solo y muriéndose en las mazmorras – prosiguió, ante el asombro de los otros dos – solo sé que, tanto Dumbledore como Snape fueron a dar aviso a los aurores, pero no supe nada de ellos en toda la noche – mencionó, recordando que se suponía que darían aviso de eso al ministerio.

-¿Es eso, crees que haya aurores ahora y por eso nos encerraron? – siguió la morena, aún impactada ante lo dicho por el otro.

-O peor aún, digo, si dices que Malfoy estaba realmente mal… - agregó Ron, atrayendo la atención de sus dos amigos - ¿Qué tal si empeoró y no la libró? ¿Y si este encierro es porque Malfoy murió? – ofreció, sin entender porqué la mirada de su amigo mostró tal nivel de ira e indignación al oír es frase.

-¡No seas ridículo, Ron! – gritó, ante la mirada asombrada de los que seguían en la sala, Hermione enseguida le hizo bajar la voz, sin embargo, Harry aún no podía sacarse el coraje ante la simple idea de que Draco no sobreviviera, si el mismo lo vio estable antes de salir de la enfermería – yo estuve con él toda la noche, y créeme, Malfoy no se dejaría morir por algo así – alegó en voz más baja, pero sin dejar de mirar al otro como su hubiera dicho la peor de las blasfemias.

Si de algo estaba seguro, es que los Slytherin luchaban por su vida con uñas y dientes.

-Hey, cálmate, yo solo dije una teoría, no es para que te pongas así, Harry – respondió Ron, más que enojado, sorprendido por la reacción del otro ante sus palabras.

-Pues no, ya les dije, él estaba mejor cuando regresé hacia acá, así que debe de haber otra razón para esto – concluyó, negándose profundamente a creer que algo hubiera podido haberle pasado a Draco.

Sin embargo, lo que ninguno de los tres sospechaba era que Lavender Brown, con una oreja miniatura que le había comprado a los gemelos y que siempre mantenía colocada detrás de una pintura que se encontraba donde se paró el trío dorado para así poder enterarse de las pláticas privadas de los demás, había escuchado cada detalle de los dicho antes por sus compañeros.

Y sabiendo que eso no era algo con lo que podría quedarse callada mucho tiempo, se acercó rápidamente a Parvati y a Romilda, las cuales se encontraban sentadas en uno de los sillones mientras sacaban parte de sus apuntes de clases para darles una repasada.

-¡Chicas, a que no adivinan de lo que me acabo de enterar! – murmuró ansiosa, sin saber el caos que desataría al empezar el rumor del ataque a Draco Malfoy.

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-Señor Malfoy, me alegra ver que ya se encuentra mejor – fue lo primero que hizo Albus Dumbledore al entrar, seguidos de Severus Snape y de Sirius Black, los cuales se encontraban en la oficina del director cuando este recibió el llamado de la medibruja – debo decir, que realmente nos sacó un gran susto anoche.

Y cabe decir, que su actitud relajada logró que Draco se pusiera de un humor aún peor.

-Lamento haberlos molestado con eso, director, le prometo no causar tanto escándalo la siguiente vez – respondió sarcástico, viendo como el otro ni siquiera se inmutaba ante su tono molesto.

-Señor Malfoy, compórtese – reprendió Snape, viendo como el otro solo intentaba ignorar su presencia. Tal parecía que Draco había aprendido a sobrevivir teniendo a alguien como él sobre sus hombros.

-Descuida Severus, es normal que se encuentre algo malhumorado después del incidente de ayer – respondió con un tono tranquilo el anciano, ignorando la mirada de hastío que le dirigieron los demás en la sala.

-¿El incidente de ayer, dice? ¡Por Merlín, director, casi lo matan! – estalló Sirius, perplejo ante la actitud despreocupada del otro.

Ahora entendía un poco mejor el porqué los de Slytherin no respetaban al director.

-Señores, de una vez les advierto que no toleraré peleas en mi enfermería, así que, si vuelven a alzar la voz, los echaré de aquí – exclamó Pomfrey, sintiendo cada vez menos simpatía por el profesor de DCAO.

Los Gryffindor en la enfermería siempre eran sinónimo de escándalo.

-Bueno, entonces, enfocándonos en lo que nos concierne a todos aquí – intervino Snape, ignorando las quejas de Sirius y la muy molesta actitud de Dumbledore – Señor Malfoy, me temo que tiene algunas cosas que contestarnos. – dijo, centrando toda su atención en el joven que se encontraba en la camilla.

Severus no sabía a ciencia cierta cómo debía actuar, solo sabía que el haber pospuesto la llamada a los aurores como sugirió el director para no atraer más atención de la necesaria de parte del lado enemigo, no fue un plan que él hubiera aceptado con gusto. Sin embargo, sabía que el otro tenía razón, el problema ocurrió en los territorios de la escuela, y si se llegaba a entrometer el ministerio, se tomaría como una grieta o una debilidad en el control y poder que se supone mantenía el director, y en esos momentos, lo que menos podían permitirse era verse débiles.

Así que ellos solos tendrían que encargarse del atacante de Draco.

-Realmente espero no equivocarme con las respuestas, profesor – dijo sarcástico, importándole un comino si con eso le faltaba el respeto a su padrino, y por la mirada molesta del otro, vaya que realmente lo logró. Sin embargo, estaba harto, así que no estaba como para mendigar atención ni cariño, y lo que más le molestaba, es que seguro a Severus ni siquiera le interesaba su condición, sino solamente resolver ese caos.

Joder, que hasta sentía que le daría puntos a Nott por eso.

-Joven Malfoy, no es momento para sus impertinencias -rechinó entre dientes, sabiendo muy bien que, si el otro quería, podía llegar a comportarse como un chiquillo malcriado en los momentos menos oportunos.

-Lo siento, no pretendía molestarlo, señor – replicó de igual manera ante la asombrada mirada de Albus y la levemente orgullosa mirada de Sirius.

-Bueno, en vista de que hay un ligero conflicto de interés entre ustedes dos, creo que seré yo quien le haga las preguntas, señor Malfoy – intervino Sirius, dejando de lado cualquier cosa y centrando toda su atención en poder atrapar a quien haya atacado a su sobrino.

Ohh, ya vería ese hijo o hija de puta las muchas maldiciones oscuras que conocían los Black.

-Bueno, para empezar, quiero que sepas que estás a salvo, Draco, y que no permitiré que algo así te vuelva a suceder – continúo Sirius, viendo como se formaba una mueca en la cara del menor, malditos Slytherins – y yendo a lo que nos concierne, quiero que seas todo lo honesto que puedas conmigo. Dime, ¿sabes quién te atacó anoche? – dijo directo al grano, impaciente por averiguar las cosas de una vez por todas.

Sin embargo, la respuesta que dijo el otro logró dejarlos perplejos a todos.

-No lo sé – respondió esquivo, ante la incredulidad de los demás.

-¿Cómo que no lo sabes? – intervino Severus, incapaz de creer en lo que decía el otro. Lo conocía de toda la vida, y sabía perfectamente cuando el otro intentaba ocultarle algo. Y si acaso se estaba portando como un mocoso engreído y orgulloso al no delatar a su atacante, Severus juraba que Voldemort sería la menor de las preocupaciones de Draco.

-No sé, solo recuerdo que me dirigía a las mazmorras, y de pronto, alguien me atacó sin darme cuenta – dijo, intentando que su voz no vacilara ante la versión que estaba dando.

-¿Me está diciendo que lo atacaron por la espalda, señor Malfoy? – preguntó Pomfrey, dudando severamente de las palabras del chico.

-Sí, no… bueno, no estoy totalmente seguro – prosiguió con su historia, lamentando el no haber preguntado algo primero antes de dar su falsa versión de la historia. Tal parecía, que había dicho algo erróneo. – Solo sé que de pronto alguien me emboscó y me lanzó una cruciatus, pero no pude ver su rostro ni tampoco distinguir su voz – terminó de decir, intentando con todas sus fuerzas que sus expresiones no vacilaran y lo delataran.

Él sabía que encubrir al que hizo eso era un gran delito, aún cuando él hubiera sido la víctima. Pues el ministerio no se andaba con ningún rodeo en cuanto a imperdonables se trataba.

-Señor Malfoy, ¿está seguro de lo que está diciendo? – Dumbledore sabía que el chico estaba mintiendo, pero el punto ahora era saber ¿Porqué? Sin embargo, no podía leer en la mente del chico sus recuerdos, pues su cabeza parecía una cárcel con todas esas barreras de oclumancia. Snape se había encargado de enseñarle bien.

Y pedirle sus recuerdos para un pensadero sería una opción totalmente contraproducente, si lo que quería Albus era que la lealtad del chico se quedara con él y la orden. Presionarlo solo haría que él otro desconfiara de ellos y se pusiera a la defensiva.

Bastante le costó pensar una manera en que el joven Malfoy accediera a colaborar con ellos, y no pensaba arriesgar esa oportunidad. No con todo lo que se avecinaría pronto.

-Sí ¿Acaso me está inculpando de algo, señor? – eso iba mal, sabía que los otros estaban dudando seriamente de él, pero se negaba fervientemente a acusar a Nott.

Él sabía muy bien lo que había causado, sabía que no solo había condenado a los Malfoy, sino también a los Nott; puede que ellos no hubieran traicionado al Señor Oscuro, pero de igual forma habían fallado a la misión más importante que les habían dado. No quería ni imaginar lo que Theodore tendría que hacer para poder remendar el fracaso de su padre.

Ahora podría decirse que estaban a mano.

En todo ese tiempo Draco no había intentado defenderse de Nott de ninguna manera, sabía que se tenía merecido todo el odio del que alguna vez había sido su amigo. Pero ahora todo había cambiado, y después de que casi lo mata, todo el remordimiento que sentía se había esfumado.

Definitivamente ya no permitiría que el otro lo convirtiera en un paria. Él era Draco Malfoy, y nadie se encontraba por encima de él, independientemente de su situación.

-Para nada, Señor Malfoy – respondió de inmediato, intentando tranquilizar el ambiente con un tono de voz mucho más moderado. Podía ver claramente las dudas en el rostro de todos, pero sabía que de esa manera no llegarían a nada. – De cualquier manera, puedo entender que ahora mismo aún se pueda encontrar bastante mal, así que, si más adelante recuerda algo más, le pido fervientemente que nos lo comente a la brevedad, como bien sabe usted, esto fue algo sumamente malo. Y no dudaré en hacer que el culpable pise Azkabán.

Y con esto, y no permitiendo que los otros dos profesores pudieran volver a alegar, ordenó que Draco descansara el tiempo suficiente, mientras que le ordenaba a Sirius volver a su habitación y a Severus seguirlo a su oficina.

Ya más adelante, verificando que Black se hubiera alejado lo suficiente, Dumbledore volvió a hablar.

-¿Tú qué opinas de esto, Severus? – le preguntó el anciano, dando vuelta en un pasillo que los dirigía directamente a su oficina.

-Realmente dudo que lo que nos dijo fuera todo lo que pasó – Severus realmente estaba furioso, ahora resultaba que no podrían hacer algo contra el atacante de su ahijado. Maldita sea, y lo que más le molestaba, era el saber que esa persona aún podría encontrarse dentro del castillo. – Pero no podemos dar nada por concluido, solo nos queda investigar por nuestra propia cuenta de dónde provino esto, si de algún alumno o maestro que sirvan al bando contrario, o de algún mortífago que se haya logrado infiltrar, lo cual dudo mucho, las protecciones son extremadamente confiables. No creo que esto se haya tratado de un simple caso de acoso escolar, esto tiene un trasfondo más grande.

-¿Qué opinas del señor Nott, Severus? – agregó de pronto, sabiendo que Severus también debió de haber pensado en él en algún momento- ¿Crees que haya tenido algo que ver?

Severus no pudo evitar contraer la boca ante esto. Él, mejor que nadie, sabía lo mal que la estaba pasando la familia Nott. Desde el fallido incidente, Voldemort decidió tomar la mansión Malfoy como cuartel general, y se dedicaba a atormentar a ambas familias. Sin embargo, no sabía nada más que eso, ya que el Lord no quiso informarle de la misión que le dio a Theodore. Severus pensaba que, al no ser este chico cercano a él, Voldemort seguramente creyó que no le brindaría su total ayuda en lo que sea que le hubiera encargado.

O quizás empezaba a dudar de su lealtad, las posibilidades eran muy grandes.

-No lo sé, director, es evidente la enemistad entre ambos chicos, pero no me atrevería a afirmar nada- fue toda la respuesta que dio, incapaz de creer que un simple chico pudiera hacer algo así, sin embargo, él no se cegaba, y se encargaría de investigar a fondo lo que sea que el otro se trajera entre manos.

Él podía ser su estudiante, pero Draco era su ahijado.

-Entiendo – asintió el mayor, llegando a la entrada de su oficina y recitando la clave correspondiente – Por lo pronto, yo pienso que es hora de quitar el encierro que pusimos al amanecer, no quiero que los estudiantes se imaginen teorías contraproducentes – afirmó, recordando el hechizo que lanzó en el pasillo evitando que los alumnos salieran. Si había un atacante suelto, no quería arriesgarse a que algún alumno se encontrara con él, y por otra parte, si el atacante era un estudiante, no quería darle oportunidad de escapar. – Por mientras, diremos que eso se debió a una invasión de Doxxys, y que nos llevó toda la mañana exterminarlos para no poner en riesgo a los estudiantes. Esa será la versión oficial, y que por favor todos los jefes de casa vengan de inmediato. Tenemos que crear un protocolo para ver cómo actuaremos de ahora en adelante hasta averiguar qué demonios está sucediendo. Y por último, quiero que vigiles y controles a Sirius, él es impulsivo, y no se quedará tranquilo con esto, no quiero que haga algo contraproducente, Severus.

-Por favor, como si alguien pudiera controlarlo, Director – refunfuñó el otro, molesto ante la idea de pensar que a parte de todos sus problemas, ahora también tendría que ser niñera del otro.

-Vamos, Severus, yo pensaría que para este punto ya se llevarían bien, digo, lograste congeniar con Remus Lupin, uno pensaría que también con Sirius – dijo entre burla, recordando la infinidad de peleas que detuvo durante su época de maestro.

-Director, si ya no tiene más órdenes, me retiro, tengo que ir a calmar a mis alumnos y a dar aviso a los demás jefes, con permiso – Severus no se iba a prestar a ser la burla del Director, así que mejor prefirió ignorar lo dicho y salir de ahí, dejando al otro con la palabra en la boca.

Tenía demasiadas cosas que hacer como para soportar los delirios de un anciano en sus últimos días.

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Holis ¿Cómo están?

Por favor, no me maten, desde el principio tenía planeado que Draco no delataría a Nott.

Ténganle piedad, básicamente está viviendo todo lo que se supone que Draco tenía que vivir xd

Pronto sabremos porqué Draco tomó la decisión que tomó, ese collar será muy importante en la historia.

Cuídense mucho.

Besos, Ann.