-Harry, amigo ¿cómo estás? Ven, pasa, pasa – Harry no podía estar tranquilo, sabía que lo que había pasado iba más allá de un problema con un alumno, que había cosas que les estaban ocultado, y su racha de malos eventos le advertía que esto iba más allá de lo que todos pensaban. Así que, en cuanto pudo, se escabulló de Ron y Hermione, los cuales, al enterarse de que alguien había lanzado una imperdonable a Draco, parecían aún más paranoicos con su seguridad.

Y ahí se encontraba, entrando a hurtadillas a la habitación de Sirius en el colegio. El hombre bien podía ir a su casa después de la jornada laboral, pero prefería a quedarse a dormir en el castillo y echarle una mano a McGonagall con los estudiantes durante las horas fuera de clases, decía que su casa era realmente solitaria.

-Bien, Sirius – respondió con un suspiro, sintiendo un incómodo nudo en el estómago al ver las ojeras que se enmarcaban con fuerza en la siempre atractiva cara de su padrino, ahora que lo pensaba bien, tanto él como Draco tenían ese cierto aire aristocrático a su alrededor en todo momento, debía ser algo de familia, seguramente – quería saber cómo estabas tú, eso es todo.

- ¿Porqué preguntas algo como eso, chiquillo? Yo estoy de maravilla, mírame, igual de guapo que siempre – dijo entre bromas, sin embargo, ni siquiera él tenía fuerzas como para aparentar toda la vitalidad que siempre lo rodeaba.

-Tranquilo, Sirius, ya sé lo que pasó anoche, no tienes que actuar conmigo – confesó Harry, viendo como de pronto, Sirius abría de manera sorprendida los ojos - ¿Recuerdas el mapa del merodeador? Bueno, pues ayer alcancé a ver cómo tú y el profesor Snape se llevaron a Draco a la enfermería… Y pues, bueno, los seguí, y me enteré de lo de la cruciatus – terminó de decir, incapaz de detenerse en su explicación ante el temor de que su padrino le echara la bronca por haberse inmiscuido de esa manera en un asunto tan complicado.

Mientras tanto, el mayor no sabía ni cómo reaccionar, él, pensando en una y mil maneras de cómo manejaría la situación y cómo se lo contaría a su ahijado para que este no se preocupara demasiado, y resulta que el pequeño bribón ya sabía santo y seña de todo. Joder, cada día entendía más porque la pobre Minerva McGonagall siempre parecía al borde de un colapso mental.

-¿Que sabes qué cosa, Harry? – no sabía ni dónde meterse, joder, Albus, Minerva y Snape lo matarían si se enteraban que él tenía conocimiento de dicho mapa y no se lo confiscó antes – Por Merlín, cachorro, ven, siéntate conmigo – indicó, volteando algo nervioso para ver que la puerta estuviera bien cerrada. Ya verificando que no hubiera nadie alrededor, procedió a dirigirse a su cama, sentándose en una orilla e indicándole con la mano a Harry hacer lo mismo. – Mira, como seguro ya sabes, el director hizo lo posible porque nadie se enterara de esto, tú mismo viste cómo nos encerró a todos en los dormitorios hasta ver qué se haría con este asunto – dijo de manera molesta, ya que Sirius se encontraba bastante indignado ante el hecho de que el director hubiera decidido mantener a los aurores fuera de esta situación, pero claro, no hubiera sido algún alumno de Gryffindor (Merlín no quisiera que Harry) porque estaba seguro que ahí sí hubiera movido cielo, mar y tierra hasta dar con el responsable. Le dolía admitirlo, pero ahora entendía un poco de la segregación y preferencia que varios alumnos de otras casas decían que tenía el director respecto a Gryffindor y a Slytherin. ¿Y así Dumbledore no entendía porqué los de Slytherin se oponían tanto a sus políticas y a unirse a él? Por Dios, que el anciano se ganaba a pulso que los de la casa verde lo detestaran con ganas.

-Sí, dime ¿Pasó algo con los aurores? ¿Ya hubo algún detenido?

-No, Harry, Draco no quiso hablar sobre quién fue el que le lanzó esa maldición – dijo entre gruñidos, dudando bastante de la palabra del menor – Pomfrey dijo que era muy extraño que no se hubiera percatado de eso si el ataque, por los sitios dañados, fue lanzado desde enfrente, pero ya sabes, no podemos dudar de la palabra de una víctima por especulaciones nuestras, seguramente la oscuridad no permitió que Draco viera bien, como sabes, las mazmorras son aterradoras, si de día dan escalofríos, de noche son peor. Y el director, bueno, él pensó que era mejor mantener esto en privado, no quería alterar a la gente y que pensaran que se habían metido mortífagos o atacantes al castillo sin estar seguro de nada. – Terminó de decir, incapaz de creer que su sobrino la estuviera pasando tan mal.

-¡No puedes estar hablando en serio, solo lo dejó así, sin más! – Harry no cabía en su sorpresa, joder ¡Que le habían lanzado una puta imperdonable que casi mata a Draco! Eso era el colmo, sabía que Dumbledore estaba medio chiflado, pero eso ya era pasarse - ¿Y tú, Sirius? ¿Permitiste algo así?

-¿Qué podía hacer, Harry? ¿Decirle a Dumbledore que era un idiota? Créeme, de ser por mí, ya estaríamos rastreando a ese miserable por todo el mundo, pero el anciano tiene razón en algo, si hacemos público esto, solo lograremos alarmar más a la gente, y en estos tiempos, poder preservar la poca calma que nos queda es de vital importancia.

En cuanto Sirius acabó de decir eso se instaló un profundo silencio entre ambos, es cual ninguno tuvo la necesidad de romper debido a que cada quien se enfrascó en sus propios pensamientos.

Y no fue hasta que un patronus de gato irrumpió en el cuarto del mayor, que ambos salieron de sus estados de enojo y confusión.

-Sirius, necesito que vengas a mi oficina para planificar los horarios de esta semana – se escuchó la voz de McGonagall a través de la silueta brillante del minino, y sin esperar respuesta alguna, el patronus desapareció en un instante.

-Bueno Harry, ya oíste, tu jefa de casa me solicita inmediatamente – dijo de manera cansada el otro, se notaba con creces que no había descansado ni un segundo desde lo ocurrido – realmente espero que ella sepa manejar esta situación mejor que Dumbledore, además, realmente me interesa reforzar la seguridad de la torre de Gryffindor para no temer por ustedes en la noche. – Y dicho esto, tomó su túnica de la cama y se la colocó de manera desordenada, viendo como el menor se aguantaba las ganas de retenerlo ahí con él – solo quiero pedirte un pequeño favor, ¿sí?

-Dime Sirius, ¿en qué puedo ayudarte? – dijo solicito, pensando de pronto que si él, que no era amigo de Draco ni nada por el estilo la estaba pasando mal, no podía ni imaginarse cómo podía estarse sintiendo su padrino.

-Por favor, entiendo perfectamente que no te llevas bien con Draco, pero intenta acercarte un poco a él ¿Sí? está solo, y a mí no me deja acercármele, también puedo entender que a un joven de 16 años no le interesa pasar sus días escolares con un maestro que tiene 22 años más que él, pero estoy seguro que dejando de lado sus diferencias podrá salir algo muy bueno entre ustedes dos ¿Me entiendes? – dijo pensativo, imaginando que él, en su juventud, jamás hubiera podido llevarse bien con alguien como Severus o Lucius – y si la idea de la amistad no te atrae demasiado, piensa que estamos a punto de estallar en una guerra, y siempre es bueno tener aliados, si no pueden ser amigos, al menos sean aliados, compañeros. créeme, se necesitarán.

Y dicho esto, se encaminó a la puerta, diciéndole a Harry que, si necesitaba esconderse un momento del mundo de afuera, podía quedarse en su habitación el tiempo que quisiera, dejando al menor con varias ideas rondando por su cabeza.

¿Enserio Podrían Draco y él llegar a ser amigos? ¿Crear algo asombroso entre los dos?

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Esa misma noche, después de pasar el resto de la tarde resguardado en la habitación de su padrino, Harry decidió que, ignorando la situación y renegando por todos lados como un vil crío no iba a solucionar nada, así que, mintiéndoles a Ron y Hermione diciéndoles que pasaría la noche con Sirius porque el otro temía por su seguridad, tomó la decisión de encaminarse a hurtadillas a la enfermería. Que se jodiera Draco, tendría que soportar la presencia de Harry quisiera o no, pues dos eran mejor defensa que uno, y así, si alguien volvía a intentar atacarlo, se las vería también con él.

Y realmente quería pensar que hacía todo eso por Sirius, no porque le interesaba tanto la seguridad del rubio.

Así que, aprovechándose de que Madame Pomfrey acababa de dejar la enfermería para dirigirse al gran comedor a cenar junto con los demás maestros que preferían comer ya que todos los estudiantes se hubieran ido a la cama para así poder tener al menos un momento de paz sin estar rodeados de niños, entró haciendo el menor sonido posible, y dispuesto a instalarse cómodamente en la silla que se encontraba en la esquina de la habitación donde se encontraba Draco, avanzó con paso sigiloso, pero claro, el no podía ser Harry Potter si todo le saliera bien, y en un movimiento mal calculado, golpeó sin querer una mesa con comida que se encontraba justo al lado de la cama del rubio, haciendo que este dejara a un lado el libro que tenía en las manos y empezara a voltear de manera alarmada a todas partes, a punto de empuñar su varita de manera frenética, sin embargo, logró captar algo moviéndose en el piso, y si su vista no le fallaba, lo que había visto por un segundo era un maldito zapato muggle.

Así que, atando cabos rápidamente, Draco se dio cuenta de que esa persona no podía ser nadie más que Potter, jugando con su estúpida capa de invisibilidad.

-¿Se pude saber qué demonios pretendes escondiéndote de esa patética manera, Potter? – gruñó el rubio, viendo irritado cómo un avergonzado moreno aparecía a través de la capa - ¿Acaso viniste a acabar con la poca cordura que me queda? Porque déjame decirte que ayer ya llegué al tope de toda la mierda que puedo aguantar, así que si tu intención solo es moler los cojones, más te vale que regreses por donde entraste.

Sí, Harry realmente empezaba a dudar que algo bueno saliera de su convivencia con Draco Malfoy.

-Sí, Malfoy, buenas noches a ti también – dijo de manera sarcástica, dejando su capa en la silla – sabes, un poco de amabilidad no te mataría, imbécil.

-¿Y porqué rayos tendría yo que ser amable contigo? – Draco aún no entendía qué es lo que Potter estaba buscando ahí, sin embargo, no por eso se iba a amedrentar y actuar de manera asustadiza, primero muerto.

-Por simple educación ¿Acaso no se la pasan presumiendo su exquisita educación sangre pura y todas esas boberías?

-Pues en ese caso, con todo respeto, come mierda, Potter – Harry no pudo evitar un resoplido de risa ante eso, si había una cosa que siempre había caracterizado a Draco, era su ingenio a la hora de insultar.

-Al parecer eso lo estás comiendo tú, ¿qué se supone que es esta cosa? ¿Excremento de Thestrall? – exclamó el moreno, señalando con un dedo el puré poco apetitoso que se encontraba en el plato de comida de Draco. Joder, ¿sería mala idea llamar a Dobby para que le trajera algo de comer?

-Es puré de calabaza, idiota, Pomfrey me está sometiendo a una tortura a base de purés malos y pan desabrido.

-¿Y porqué no solo le pides a algún elfo que te traiga alguna otra cosa?

-Porque los elfos no cambian las comidas de los pacientes de Pomfrey, está prohibido – claro que Draco, en medio de su negativa a seguir comiendo esa cosa horrenda, intentó que algún otro elfo le llevara algo más apetitoso de comer, pero claro, cada uno, entre lagrimas de disculpas, se negó a romper las ordenes de la medimaga.

-Qué triste caso el tuyo, al menos, yo sí me pediré un buen plato de comida con tarta – Y dicho esto, Harry procedió a llamar a un elfo y pedirle que le trajera algo de cenar. - ¡Taffy! ¿podrías traerme un plato con comida y un poco de tarta para cenar, por favor? – pidió amablemente, por un segundo estuvo a punto de llamar a Dobbie, pero no sabía cómo reaccionaría el otro al verlo ahí, así que mejor optó por pedírselo a la elfina.

-¿Qué no se supone que los de tu especie eran unos mártires que acompañaban a las victimas en sus desgracias y sufrimiento?

-Mmm, no, estoy seguro que esa descripción es más acorde a alguien de Hufflepuff – dijo entre risas, regodeándose ante la cara de envidia que recibió de Draco cuando la elfina apareció con la cena de Harry – te daría un poco, pero estoy seguro de que, si Pomfrey se entera, no dudará en hacérmelo pagar, y no gracias, ya no quiero más días en la enfermería.

-Si no quieres más días en la enfermería entonces no entiendo qué es lo que estás haciendo aquí, Potter.

-Y dale con lo mismo, simplemente no quiero estar afuera, y decidí que un lugar donde nunca me buscarían sería aquí contigo, así que es un ganar- ganar, por donde lo veas – dijo de manera cómica, negándose a decirle que una de las principales razones por las que se encontraba ahí era porque tanto él como Sirius temían que fuera atacado otra vez.

-¿Enserio? y según tu lógica ¿Dónde se encuentra el ganar-ganar ahí? porque yo no veo que tu molesta presencia me beneficie en algo.

-Slytherin tenías que ser. Yo gano logrando esconderme satisfactoriamente aquí, y tú ganas gozando de mi maravillosa presencia, así de fácil.

Sí, también Harry podía llegar a ser bastante rápido a veces, semi Slytherin tenía que ser.

-Tu ego se está acabando el aire, Potter – resopló el otro, irritándose más con cada segundo que pasaba. La presencia del Gryffindor lo alteraba, y hasta que no se fuera, no podría bajar la guardia tranquilo.

Pero volvía a lo mismo ¿Qué demonios quería el cuatro ojos ahí?

-Qué curioso, lo mismo llevo pensando de ti desde hace seis años.

-Lárgate de una vez, no sé si viniste a burlarte de mí o a verificar que, efectivamente, no estoy muerto e irte a lamentarlo con tus amigos, pero no pienso seguir soportándote un solo segundo más.

-Oye, no sé qué clase de persona crees que soy, pero no vine para nada de eso, simplemente estoy aquí porque… bueno, Sirius está realmente preocupado por ti, y como ahora mismo no lo dejas acercarse lo suficiente a ti, decidí que yo sería sus ojos, y heme aquí, soportando la cantidad récord de insultos que me haz lanzado en solo estos minutos – no, ni loco le decía que efectivamente él también se encontraba totalmente mortificado por la salud del rubio.

-Tú y Black pueden irse mucho a la mierda, yo sé cómo cuidarme solo, no necesito ser parte de esa novela barata familiar que tu padrino se ha estado creando en su cabeza. – Draco realmente lamentaba los efectos colaterales que su traición le trajo, llámese Sirius Black, pues el profesor, ni un solo día había dejado de estar rondando alrededor del rubio, y a Draco se le estaban agotando las maneras de cómo escabullirse de él.

¿Qué problema tenían los Gryffindor con no dejarlo en santa paz?

-¿Tú puedes cuidarte solo? ¡¿Y el crucio que fue, una broma o qué?! – Usualmente Harry no solía alterarse tan rápidamente por las provocaciones de Draco, al menos no de esa manera, pero es que el otro simplemente lograba sacarlo de sus casillas con su actitud ¡Por Merlín! ¡Estaba solo y necesitaba ayuda, pero se negaba a pedirla o a aceptarla! Él más que nadie entendía lo que era estar solo y ser rechazado y violentado, por eso no comprendía cómo es que el otro se aferraba a seguir en ese círculo de mierda.

-¡Ese no es tu maldito problema, Potter!

-¡No estoy diciendo que lo sea! ¡Simplemente quiero ayudarte! ¡¿Tanto te cuesta aceptar eso o que?

-Já, claro ¿Y porqué San Potter querría ayudarme? no lo niegues, eres igual de rastrero e hipócrita que todos esos Gryffindor que se la pasan alegando sobre valentía y nobleza y esas mierdas, pero que no dudan ni un segundo en reírse en mi cara y lanzarme hechizos a mis espaldas o cuando están acompañados por otros idiotas, o qué, ¿acaso no eres cómplice de la comadrejilla pobretona de Ginevra y de tus estúpidos compañeros de habitación que se la pasan lanzándome punzantes y echándome en cara que me expulsaron de mi familia cada vez que tienen oportunidad? Ahh no, para nada, ahí simplemente voltean todos la cara porque ¿Quién podría atreverse a encarar a los valiosos amigos de Harry Potter? Al menos en Slytherin tenemos los huevos para admitir que somos una mierda, pero ustedes solo fanfarronean de dientes para afuera.

Harry no podía dar crédito de las palabras de Malfoy, sabía perfectamente que la opinión de Seamus y Dean ante Draco era que, por más bien que sus decisiones hubieran causado a la orden del fénix y a su padrino, seguían pensando que Draco se merecía todo lo que le estuviera pasando, ¿Pero Ginny? No, él no podía creer que Ginny fuera de esos cobardes que solo se atrevían a atacar cuando alguien estaba indefenso, por Merlín, ni siquiera Ron era así de rencoroso, no, seguramente era alguna de las tretas de Malfoy para hacerlo rabiar.

Sin embargo, Harry no se engañaba a sí mismo, y tenía muy en claro la mueca de coraje y vergüenza en la cara de los Weasley, cada vez que algún Malfoy se mofaba de su situación.

¿Acaso estaba santificando demasiado a los Weasley?

-Mira Malfoy, no caeré en ninguno de tus estúpidos engaños, y te advierto, que si lo que estás diciendo sobre mis amigos resulta mentira, te partiré toda la cara y no necesitaré esconderme de nadie para hacerlo.

-Por supuesto, ahí está San Potter, creyéndose en la posición de poder sermonear a los demás, ¿porqué no solo te largas de aquí, ehh? al menos quien me lanzó el crucio no se la pasó fanfarroneando sobre todas sus hipocresías, así que vete de una vez.

Y Harry estuvo a punto de mandar todo al diablo y tomarle la palabra a Draco, de no ser por que algo en esa última frase logró detener sus impulsos de golpear al rubio que tenía enfrente y de ir a reclamarle a Ginny si lo que el otro decía era verdad.

-¿Acaso estás diciendo que lograste hablar con quien te atacó, Malfoy? – dijo lentamente, sabiendo que dio en el clavo a ver cómo la cara del rubio se ponía aún más pálida de lo que ya estaba.

Al parecer Sirius tenía razón y Draco estaba ocultando varias cosas.

-Yo no he dicho eso, y para variar, no te debo ningún tipo de explicación a ti – dijo de manera esquiva, logrando que Harry sospechase aún más de él.

-Ohh no, a mí no me vas a venir con tu teatrito de no querer decir nada, así que habla, Draco ¿Sabes quién fue el hijo de perra que te atacó? – Draco no sabía qué era lo que lo inquietaba más, si los repentinos cambios de humor que parecía experimentar el otro o la manera en la que lo mandaba al diablo cuando lo corría de su habitación y la manera en que además osaba llamarlo por su nombre de pila.

¿En clase de mundo bizarro había ido a parar?

-Mira, no sé cuántas veces tendré que repetirte que te metas en tus propios asuntos y me dejes en paz, pero una cosa sí te diré, no quiero, ni necesito tu intervención, de mis asuntos me puedo encargar yo.

-¿Así que ahora temes y ocultas a tu agresor? Vaya, me esperaba más del príncipe de Slytherin, pero ya veo que tú solo eras pura pose, con razón Nott pudo quitarte tan fácilmente tu puesto. – Harry sabía que, si había algo que podría hacer estallar a Malfoy y así lograr abrir una brecha en esa conversación, era atacar directamente su orgullo Slytherin, y vaya que dio en el clavo al ver cómo el rojo empezó a apoderarse de la cara del otro.

-¡De eso me voy a encargar yo mismo, Potter! ¡Créeme, ese hijo de puta lamentará el día en que nació! – Maldición, estaba harto de que los demás lo trataran como si él no fuera capaz de hacerse cargo de sus propios asuntos, y sin embargo, aquí estaba, habiendo cometido el error de caer ante las provocaciones baratas del otro, pero ya le daba lo mismo, si Potter quería andar de metiche en asuntos ajenos, al menos se desahogaría un poco con él – Vaya que, después de esa maldición, no dudaré en atacar con todas mis fuerzas, eso tenlo por seguro. Digamos que quedamos a mano en lo que nos debíamos, ya no habrá remordimientos. Y ni insistas en saber más, porque no te diré ni una sola palabra.

Y Harry no ocupó saber más, comprendía perfectamente que Draco Malfoy no era una persona de remordimientos, de eso estaba seguro, pero si había una persona con la cual él sabía que Draco se sentiría en deuda, era con el amigo al que arruinó totalmente al delatar el plan del departamento de misterios.

Si sus deducciones no le fallaban, la persona a la que Draco estaba ocultado era a Theodore Nott.

Y Harry juraba que, en cuanto lo viera, le haría lamentar estar vivo.

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Luna Lovegood no era alguien que soliera preocuparse demasiado por las cosas, ella pensaba fervientemente que las cosas se solucionarían tarde o temprano, y que la mayoría seguramente eran provocadas por algún insecto mágico que las demás personas ignoraban, sin embargo, había momentos en los que sabía que estas criaturas podían lograr que las personas hicieran cosas terribles, eso era algo que, por más que intentara, no podía evitar.

Y era en esos momentos, en que más odiaba que los demás la creyeran loca o algo por el estilo, pues ella sabía que algo andaba mal al ver la presencia de tantos torposoplos en el colegio.

Ella se encontraba leyendo tranquilamente una guía para su clase de astrología cuando las ordenes del director de permanecer hasta nuevo aviso en sus dormitorios alteró al resto de sus compañeros en Ravenclaw, y cuando salió, pudo sentir que el aire se sentía demasiado denso, demasiado corrompido, y solo bastaron unas cuantas horas para entender el porqué no había visto a Draco en todo el día cuando habían adoptado la costumbre de comer detrás de los viveros de herbología para así evitar las cenas en el gran comedor.

Así que, asustada por pensar que los rumores que corrían por el pasillo de que Draco había sido atacado eran ciertos, fue lo más rápido que pudo a la enfermería, y deduciendo que se encontraría en el ala privada que la medimaga reservaba para casos graves o contagiosos -y que solo pocos de Ravenclaw conocían para así poder estudiar más de cerca algunas enfermedades en caso de que les interesara la medimagia- se escabulló de la manera más sigilosa que pudo, sin embargo, no se esperó encontrar al mismísimo Harry Potter de pie a un lado de la camilla donde Draco estaba postrado.

-¡Luna! ¿Qué haces aquí? – Dijo Harry con sorpresa, maldiciendo internamente por no haber pensado en poner alguna clase de alarma en caso de que alguien más entrara ahí.

-Vine a ve cómo está Draco, corrían rumores bastante desagradables en los pasillos, y me preocupe bastante al no encontrar rastro alguno de él – respondió con sencillez, acercándose a donde se encontraba el rubio y poniendo una de sus manos en la mejilla derecha de Draco, tal parecía que eso de que lo habían atacado con un crucio no era del todo exageración – Ohh, por Merlín, Draco, pobrecito de ti, seguro debes de estar muy adolorido, pero mira, aquí tengo una pomada que me enseñó a hacer mi padre, en cuanto escuché que estabas aquí, fui corriendo a mi habitación por ella, es muy buena para calmar los dolores y relajar la mente.

Y antes de que un ruborizado Draco y un sorprendido Harry pudieran decir algo más, la rubia sacó de su morral un frasco con un contenido verdoso brillante que a simple vista no causaba demasiada confianza, pero sí había algo que Draco descubrió en esas semanas que era incapaz de hacer, era desdeñar alguno de los regalos de Luna, por más extraños que estos fueran.

Así que, en medio de un suspiro resignado, tomó el frasco que le ofrecía la otra, diciéndose a sí mismo que después se encargaría de averiguar su contenido y así no arriesgarse a alguna clase de reacción o algo por el estilo.

Mientras tanto, Harry empezaba a creer que nomas hacía falta que Buckbeak entrara por alguna ventana y le hiciera mimos a Draco, enserio, hacía apenas un minuto estaba seguro de que terminaría liándose a golpes con Draco por la actitud de mierda que tenía, y al otro estaba ahí, aceptando los mimos y regalos extraños de Luna como si nada, cuando él estaba seguro que alguien como Draco trataría con desprecio a alguien como ella sin pensarlo.

Tal parecía que los rumores que circulaban sobre que habían visto a Draco en varias ocasiones compartiendo palabras con la chica de Ravenclaw eran más que ciertos.

-¿Qué tantos miras, Potter? ¿Acaso no sabes que es de mala educación quedarte mirando de esa manera a las personas? - un gruñido de Draco logró sacar a Harry de sus cavilaciones, avergonzándose un poco al ver la cara de confusión con la que ambos rubios se le quedaron viendo, joder, sí era incluso algo aterrador verlos juntos.

-No miro nada, es solo que no me esperaba que, bueno, que ustedes se llevaran así de bien – dijo sincero, sabiendo que no servía de nada intentar engañarlos, ambos eran realmente intuitivos.

-Realmente no llevamos tanto tiempo siendo amigos, Harry, hace apenas unas semanas que empezamos a conocernos – dijo tranquila Luna, dejando su morral en el piso y sentándose confiadamente en la cama de Draco – pero no te dejes engañar por las apariencias, Draco es alguien realmente tierno y atento, solo que le da algo de pena expresarlo con los demás – terminó de decir, ignorando la cara roja del otro y la manera en que intentaba evitar la divertida mirada de Harry – solo es cuestión de que te propongas a ver al verdadero Draco ¿No es así, cariño?

Draco no sabía ni dónde meter la cabeza, vale, una cosa es que fuera lindo y amable – a su retorcida manera- con Luna, ya que ella había sido la única amiga que había tenido todo ese tiempo, y dejando de lado lo rara que podía llegar a ser a veces, Draco realmente había desarrollado gran estima hacia ella, pero otra muy distinta es que ella dejara ver ese lado ñoño y Hufflepuff a alguien más, sobre a todo al metomentodo Potter.

-¿A sí, cariño? ¿Acaso en realidad eres un Hufflepuff reprimido? – Harry no pudo evitar los resoplidos de burla al ver la manera en la que Luna se dirigía al bastardo egocéntrico que se encontraba en esa camilla, de verdad, solo ella podía encontrarle lo lindo a alguien como Malfoy, pero claro, él no podía desaprovechar la oportunidad para molestarlo, si tendría que pasar su tiempo ahí en la enfermería, al menos se divertiría a costa del rubio.

-Mira Potter, te juro que en cuanto te descuides, te voy a meter tu maldita varita por el culo hasta que termines gritando mi nombre, imbécil.

-¡Oye, no seas tan vulgar! ¿Acaso no ves que hay una dama presente?

-¡Ohh vamos, ahora resulta que un simio como tú me va a venir a enseñar a mí sobre modales!

-¡Pues tan refinado no haz de ser si te la pasas diciéndome que me meterás una varita en el culo enfrente de Luna!

Luna solo veía con diversión el intercambio de gritos entre sus dos amigos, algo como eso le faltaba a Draco, poder convivir de forma tan divertida con alguien más ¡Y qué mejor que Harry! Pues ella sabía que lo que podía impedir una bonita relación entre ellos eran todos los prejuicios por los que vivían rodeados.

Pero a cómo estaban los tiempos, ¡qué más daba! si lo que necesitarían Harry y Draco eran amigos con los cuales poder desahogarse y confiar, y si había algo que preocupaba a Luna, era que Draco no pudiera encontrar a más personas capaces de protegerlo y quererlo, así que no, por nada iba a dejar que la posibilidad de crear una buena relación entre ellos dos se le escapara de las manos, así tuviera que amarrarlos uno al otro. Sí, sabía que faltaban varios pasos para que algo bueno saliera de ellos dos, pero realmente se preocupaba por Draco, ella no podría estar ahí siempre para él, y quería que no estuviera solo.

-Ohh Harry, no te preocupes por mí, no soy tan recatada como afirmas – interrumpió de repente, pensando que sin duda, si seguían con esos gritos, Pomfrey se daría cuenta y los echarían de ahí de inmediato – En realidad, Draco y yo tenemos bastante confianza en cuanto al lenguaje y los temas de esa índole, incluso un día nos pusimos a platicar sobre lo atractivo que se ve Michael Corner cuando sale a correr al campo de quiditch, sobre todo en la manera que se le marca el pantalón, pero lastima que su cabeza esté tan infestada de torposoplos. Aunque claro, Draco dice que eso no le interesa en lo más mínimo, que su intención con él no sería precisamente platicar. – dijo como si nada, recordando la vez que se dio cuenta de que Draco miraba de reojo mucho más a los chicos que a las chicas, y no precisamente para cuidarse de un ataque. Y después de varias horas de insistir con el tema, Draco le terminó confesando que en realidad las chicas no le interesaban para nada.

– Pero claro, aún le da un poquito de pena acercarse a coquetear con algún chico, pero yo le digo que eso es ridículo, que sin duda él es demasiado guapo e interesante.

Mientras tanto, los otros dos no cabían de sorpresa por lo dicho por Luna, Draco estaba a punto de lanzarse por una ventana o lo que sea ¡Él, intentando mantener el hecho de ser gay lo más oculto posible y Luna iba y lo decía como sí nada! Y no, no es que le avergonzara sus preferencias, hace años Snape le había enseñado que no hay nada de malo si alguien tiene gustos distintos, y que si alguien intentaba hacerle sentir lo contrario, que le lanzara un buen hechizo directo a la cara, pero una cosa era que sus allegados lo supieran y lo aceptaran -entre comillas, ya que su madre prefirió entrar en negación y esperar a que Draco contrajera un matrimonio respetable, y de Lucius ni hablar, era un secreto que Narcissa y Draco temían en revelarle por temor a la reacción de este- y otra muy distinta es que Potter lo supiera.

Maldición, si este iba y se lo decía a algún otro Gryffindor, seguramente mañana a primera hora habría una pancarta gigante en el gran comedor con la palabra "marica" y su foto como adorno principal.

En cuanto a Harry, bueno, él estaba a nada de que su cerebro hiciera alguna especie de corto. Vale, que eso sí que lo agarró por sorpresa, y no es que fuera un homofóbico ni nada por el estilo, es que simplemente no se esperaba, para nada, semejante revelación dicha así tan a la ligera. Malfoy, el príncipe de Slytherin, egocéntrico, grosero, pedante, orgulloso y por el cual la gran mayoría de chicas de Hogwarts soñarían con tener una oportunidad siquiera de acercársele y poderse llamar la futura señora Malfoy, resultaba que prefería más las compañías masculinas.

Mierda, Ron y Hermione se iría hacía atrás si se enteraban de esto.

-Harry, Harry ¿Me escuchas? – escuchó de pronto, viendo cómo Luna meneaba una mano frente a él sacándolo de sus pensamientos – te pregunté si pasaba algo malo, de repente te quedaste perdido en tus pensamientos. – Luna juraba que, si resultaba que Harry decía algún comentario malo de Draco acerca de eso, ella misma se encargaría de sumergirlo en el lago negro hasta que sus ideas se aclararan.

-Sí, Potter ¿Acaso tienes algún problema? – No había porque negárselo a sí mismo, Draco se encontraba algo asustado, pues ni siquiera tenía muy en claro la razón por la que Potter estaba ahí con ellos, y si su situación de por sí era mala, si resultaba que el tipo frente a él resultaba ser un cabrón homofóbico se pondría mucho peor. Así que solo le quedaba guardar la compostura, y fingir que no temblaba por dentro ante las posibilidades que se abrían en su mente.

Y Harry, sabiendo la manera en que se podría interpretar su repentino comportamiento, decidió aclarar las cosas de inmediato, antes de que alguno de los dos rubios sacara alguna conclusión equivocada, sin embargo, no tenía idea de qué decir o cómo calmar la repentina tensión que se había instalado en el cuarto, así que simplemente optó por decir la primera cosa que se le vino a la mente.

-¿Michael Corner? ¿Enserio, Malfoy? Vamos, para ser tan pretensioso con tus "buenos gustos" al menos pudiste haberte fijado en alguien mejor, y no en ese remedo de galán idiota – sí, definitivamente no se le pudo ocurrir decir otra cosa mejor y no lo primero que se le vino a la mente, pero enserio, dejando de lado la "bomba gay" que se acababa de lanzar en la habitación, no entendía qué rayos personas como Malfoy y Hermione podían ver en alguien tan molesto como ese imbécil y fanfarrón Ravenclaw. Bueno, al menos Hermione ya no era tan ciega y se estaba dando cuenta de a poco lo insufrible que es Corner. -Joder, que hasta Crabbe o Goyle son mejor opción que él. Pero bueno, no es de sorprender que hasta en eso seas tan malo.

Y para no darle más vueltas al asunto y dejar que el otro contratacara con algún comentario demasiado inteligente y malicioso que Harry no podría procesar demasiado rápido, decidió que mejor dejaría que los rubios siguieran con sus cosas, él, mientras tanto, le haría caso al descanso que su cuerpo tanto le estaba suplicando, así que rodeando hábilmente la parte de la camilla donde Luna se encontraba sentada, decidió que el piso o la silla eran lugares demasiado molestos para descansar, y valiéndole muy poco si Malfoy se encontraba incómodo al tener a tanta gente en su cama, se aventó justo al lado del otro, jalando una de las almohadas en las que el desprevenido Slytherin se encontraba recargado y acomodándose de la mejor manera que pudo.

Que se jodiera, si se quedaría ahí con un par de rubios locos, al menos lo haría de la manera más cómoda posible.

-¡Y a ti qué rayos te pasa! ¡Quítate ahora mismo o te tumbo, Potter! – gritó Draco, demasiado sorprendido e indignado ante el extraño comportamiento de Potter. Él se podía esperar muchas cosas desde que el moreno ingresó tan torpemente en su habitación, maldiciones, burlas, reproches o lástima, pero jamás, que el otro empezara a actuar de manera tan descuidada y confianzuda con él.

¿Qué faltaba, que un Hufflepuff entrara con un pastel y también afirmara que quiere ser su amigo, aliado, parásito, o lo que sea?

-Si te atreves a tumbarme, te juro que te jalo conmigo, Malfoy, y es a ti a quien le dolerá más. Así que cállate de una buena vez, que enserio estoy realmente molido de cansancio y quiero dormir al menos un par de horas, no todos somos como tú y podemos pasarnos todo el día acostados y saltándonos las clases. – Y claro, el almohadazo que recibió después de decir esto sí se lo esperaba, pero no dudó en dejar entre risas sus gafas en la mesita de noche mientras Luna le aseguraba que ella vigilaría que nadie entrara por la puerta y lo despertara sin al menos haber dormido unas cuantas horas.

Sí, puede que esa fuera la situación más rara que ambos hubieran vivido hasta ahora, y vaya que tenían historia en eso, pero bueno, tiempos más raros y perversos se avecinaban, así que realmente no importaba si esa noche por fin se decidían a dejar de lado una enemistad sin sentido y empezaban a enfocarse en el verdadero enemigo.

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Mientras tanto, en otro lugar del castillo, un alterado, nervioso y cansado Theodore Nott llegaba a la sala de los menesteres, y con la carta en mano que le envío su madre, se dirigió a donde el mensaje le instruía seguir, encontrándose con un destartalado y roto armario, el cual su madre le aseguró que era la otra mitad del portal por la cual él podría completar exitosamente la misión encargada por el Lord Oscuro.

Un armario evanescente en el cual él pondría todas sus fuerzas en arreglar.

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Sí, no hay excusa para haber tardado tanto en actualizar, pero ¡Hey! Al menos ya se vio la primera interacción entre nuestros hermosos chicos.

Besos.

Ann.