Hola, sé que tardé demasiado en actualizar esta historia, y lo lamento; sin embargo, aquí les traigo este poderoso (¿?) capítulo nuevo.
Bueno, este en sí no es una continuación, sino más bien una clase de prólogo… creo.
Muchos me han preguntado ¿cuál fue la razón por la cual Draco decidió traicionar a los mortífagos? Bueno, aquí está la respuesta.
Serán 2 capítulos donde se explicará qué fue lo que le pasó a nuestro adorado rubio para pasarse al lado de los buenos XD y para no confundirlos, esta parte está ambientada días antes de que se acabara el quinto año y ocurrieran los sucesos del departamento de misterios.
Bueno, sin más que decir, espero les guste…
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Draco creía fervientemente que la única persona que en realidad tenía algún tipo de autoridad en Hogwarts era Snape, ya que, al parecer, el hecho de poder hacer lo que le diera la gana, como, por ejemplo, dejarlo entrar y salir hacia su mansión cuando él quisiera a través de la chimenea privada de su despacho, parecía traerlo sin cuidado.
Sin embargo, lo que en otro tiempo hubiera sido una valiosa ventaja sobre sus demás compañeros, en este momento solamente le causaba pesar, ya que, para lo que estaba yendo y viniendo, no era nada más ni nada menos que tener que estar presenciando como cada día más asquerosa gente se atrevía a allanar su bella mansión.
Sin embargo, ese día en particular, presentía que las cosas irían mucho peor, ya que Snape le llamó con urgencia diciéndole que su presencia sería indispensable para la reunión de esa noche, y recalcándole que lamentaba el hecho de no poder acompañarlo esa vez debido a que su ausencia levantaría sospecha sobre los demás. Draco debió de saber en ese momento que algo realmente terrible pasaría si Snape tenía que mantener tan rigurosamente su coartada.
Así que, en cuanto se despidió de su padrino, prometiéndole que no haría nada estúpido que lo metiera en problemas, tomó los polvos flú que el mayor le ofrecía y recitó la dirección hacia su amada casa, no obstante, cuando llegó no pudo evitar horrorizarse ante la gran cantidad de mortífagos que se encontraban ahí dentro ¿Que no se suponía que la mayoría de esa gente estaba en Azkaban? Aún así, él, adoptando el porte correspondiente a su rango, intentó moverse con la mayor dignidad posible, para así no demostrarle a nadie más qué se encontraba absolutamente asustado.
Por eso, en cuánto se sintió lejos de las miradas amenazadoras de los demás mortífagos, se dirigió de manera cautelosa hacia el despacho de su padre, sabiendo que ni él ni su madre, bajo ninguna circunstancia, permitirían que fueran traspasadas todas las barreras de confidencialidad y protección que varias generaciones anteriores instalaron alrededor del lugar, todo con el fin de que no se filtrara ningún secreto extraño o peligroso ni que alguien pudiera obtener la oportunidad de espiarlos, lo mismo pasaba con las habitaciones principales de cada miembro de la familia.
Una vez dentro, se alegró internamente al encontrar a su madre ahí, pues, si de algo estaba seguro, es que ella se encargaría de mantener todo en orden, sobre todo estos días en que su padre se veía cada día más deplorable. Así que, siguiendo la mirada de su padre, la cual le indicaba sentarse enfrente de él, tomó asiento de forma cuidadosa, sabiendo lo mucho que le molestaba a su padre que hiciera ruido innecesario, y una vez instalado en su lugar, este prosiguió a contarle la cosa más irreal y absurda que Draco había escuchado en su vida.
- Escuchen, en los días siguientes me veré visto a ejecutar una misión bastante importante para el Lord, del resultado de esta dependerá el estatus de la familia Malfoy ante los demás en el futuro, sin embargo, tampoco me cegaré ante las posibilidades de fallar, porque, aunque cuente con mi cuñada, con Nott y Lestrange, la misión es de muy alto riesgo. – Empezó a platicar, levantándose de su asiento y dirigiéndose al librero que se encontraba a un costado de su habitación, sacando un libro de pasta verde gruesa y bordados de oro, el cual, en la tapa, tenía el escudo de los Malfoy tallado pulcramente con plata y gemas - Por esta razón, Draco, si algo me llegase a pasar ese día y yo dejase de ser capaz de seguir dirigiendo el legado familiar, tú responsabilidad será dirigir nuestro patrimonio y estatus con toda la fuerza y la dignidad que caracteriza a un Malfoy.
Dicho esto, Lucius procedió a invocar una pequeña daga con su varita, mientras ponía cuidadosamente el libro familiar encima del escritorio, una vez que encontró la pagina adecuada, justo donde el nombre de Draco destacaba al inicio de una hoja en blanco, el patriarca de la familia se pinchó el dedo con la daga, dejando caer unas cuantas gotas encima del papel, justo debajo del nombre de su hijo. Acto seguido, sin siquiera preguntarle a Draco, tomó la mano del rubio y sin ningún tipo de vacilación le causo una herida lo suficientemente grande para que una buena cantidad de sangre cayera justo encima del sitio donde la sangre de Lucius había caído, creando con esto una voluta de humo que terminó en un destello que iluminó la habitación de tal forma, que las tres personas que se encontraban en ella quedaran momentáneamente cegadas por la luz. Terminado esto, en la página donde anteriormente solo estaba el nombre de Draco, empezaron a aparecer unas cuantas palabras:
"Novus ignis domum paternam illuminat, legatum perpetuabitur et gloria magica fiet"
Con esto, Draco pudo sentir como, de pronto, un pequeño lazo invisible pero claramente palpable se enredaba alrededor de su muñeca, conectándolo de una manera que no había sentido antes a su mansión, haciéndole sentir cada espacio, cada salón, cada jardín y cada rastro de magia ancestral que habitaba alrededor de él.
Haciéndole sentir como un verdadero Malfoy.
Sin embargo, esta sensación de poder no pudo disfrutarla por demasiado tiempo, pues tan pronto como terminó el ritual, Lucius cerró despectivamente el libro y lo acomodó de nueva cuenta en su lugar.
-Bueno, Draco, como te puedes dar cuenta, el hecho de poder legar la casa no es algo sin importancia, y usualmente lo habría hecho cuando te hubieses casado y obtenido a tu primogénito, tal cual como lo hizo tu abuelo conmigo – explicó Lucius – Ya sabes, primero debías de haber adquirido la experiencia y la descendencia suficiente para poder empezar a manejar a la familia y las decisiones importantes, para poder haber llegado al punto máximo de tu capacidad al momento de que el principal patriarca muera – y como no, Draco aún recordaba cómo, en cuanto su abuelo murió, su padre hizo un ritual en el salón principal para así ser reconocido como el principal patriarca del legado; jamás olvidaría como, en medio de todos esos hechizos recitados, el anillo familiar en el dedo de su padre dejó de ser igual al de él para pasar a ser igual al que siempre usaba su abuelo. – Sin embargo, en situaciones extraordinarias como estas, nos vemos obligados a tomar medidas drásticas para garantizar que, si yo no estoy, tú puedas manejar los asuntos adecuadamente. Lo que te di no es un control total, ese aún lo tengo yo, sin embargo, ahora tu voluntad será tomada en cuenta en caso de que yo no pueda decidir; pero tenlo muy claro, Draco, esto es solo en caso de que yo no pueda seguir dirigiendo a nuestra familia, pues en este momento y Merlín permita que durante muchos años más, el líder seguiré siendo yo, y tú seguirás obedeciéndome sin rechistar.
Draco sabía que lo que su padre acababa de hacer le estaba costando demasiado, pues conociendo a Lucius Malfoy, el jamás cedería ni un poco de su poder, ni siquiera a su hijo, a menos de que se tratara de un asunto de vital importancia.
Sin embargo, lo que más destacaba, era el asunto por el cual estaba sucediendo todo eso.
-¿De qué misión hablas, padre, si se puede saber? – dijo cauteloso, evitando por todos los medios posibles que no se notara un atisbo de miedo o duda en su voz; en su espalda y sus pies muchas veces quedaron las marcas de los azotes que recibía cada vez que se mostraba de esa vergonzosa manera frente a su padre.
Y ni hablar de Narcissa, sabía de sobra que ella no movería ni un solo dedo para detener a su padre en caso de que decidiera aplicar tales torturas como castigo, pues si había alguien que hubiera sido criada con la misma severidad que Lucius disfrutaba en inculcar, había sido ella, así que, para la mujer, eran normales esos tipos de castigos disciplinarios hacia Draco.
-Eso no es de tu incumbencia, solo enfócate en hacer lo que se te ordena de una buena vez. – le respondió Lucius, con una mueca que le indicaba a Draco que era mejor no insistir en el tema, era extremadamente obvio que se encontraba demasiado sensible por el hecho de compartir su autoridad con su propio hijo- ahora, vete a tus aposentos, no quiero verte deambular por ahí ni perdiendo el tiempo entre toda esta gentuza, ya me encargaré de hacerte llamar con un elfo cuando tu presencia sea requerida.
Y así, sin más, Draco obedeció rápidamente a su padre, pues sabía que intentar averiguar algo más no serviría de nada y solo lo haría enojar.
Además, el olor a whiskey que destilaba por todo el despacho de su padre estaba comenzando a provocarle nauseas. Sí, mejor irse a su alcoba y encerrarse hasta ser llamado, ya temprano en la mañana se encargaría de volver al colegio sin levantar sospechas de nadie.
Sin embargo, Draco no tenía ni idea de que lo que vería esa noche no podría borrarlo de su mente jamás.
Cuando transcurrieron alrededor de tres horas desde que su padre le había hecho retirarse de su presencia, un elfo se apareció indicándole que se le solicitaba en el salón de banquetes, he hizo mucho énfasis en que era muy importante que se presentara formal y digno, de acuerdo a su estatus. Por eso, sin siquiera dejar que la criatura dejara de hablar, se encaminó lo más rápido posible a su armario y sacó una de las túnicas de gala que guardaba para los eventos más importantes.
Una vez listo, salió de su habitación, no sin antes dejar una buena cantidad de hechizos de protección que evitarían que cualquier persona desconocida entrara en sus aposentos, cabe decir, que la nueva autoridad que había recibido con el ritual de legado, hizo que estas se volvieran aún más fuertes, ya después se encargaría de averiguar que otras cosas podía hacer con esa nueva habilidad. Cuando terminó de hacer eso, se dedicó a fortalecer sus barreras de oclumancia y a adoptar la característica máscara que alguien de su posición debía de tener en todo momento, así que, orgulloso, serio, regio e inalcanzable, tomó rumbo hacia el ala oeste de la mansión, justo hacia el salón de banquetes.
Una vez llegado ahí, pudo divisar a varias personas que ya habían llegado antes que él y a su madre ordenándole con la mirada que tomara asiento de inmediato, mientras su padre intercambiaba algunas palabras con Rodolphus Lestrange, el cual, se encontraba rígidamente sentado a un lado de su inestable esposa, y justo unos asientos al lado, se encontraban también los padres de Crabbe y Goyle, junto con los padres de Nott a un lado. Tal parecía que él era el único estudiante presente.
Así que, moviéndose lo más rápido que su posición se lo permitía sin llegar a parecer apurado, tomó asiento justo al lado izquierdo de su madre, pues tal como el protocolo lo indicaba, nadie podía sentarse a la derecha de alguien con mayor jerarquía en la familia, sin embargo, antes de preguntar a su madre por qué razón se encontraban tan lejos de la cabecera de la gran mesa, donde se suponía debía de estar sentado su padre al ser el patriarca y anfitrión, este lo sorprendió de gran manera, tomando asiento justo al otro lado de Draco y dejando el asiento principal libre.
Y esto bastó para que Draco, sin necesidad de alguna otra explicación, comprendiera que, el lugar perteneciente a su padre en esa gran mesa, sería tomado por alguien que, al parecer, tenía mayor poder que él. Sin duda Lord Voldemort aparecería en cualquier momento.
Y tal parecía, que ese pensamiento lo había invocado de alguna manera, pues apenas su padre se había acomodado en su lugar, el Señor Oscuro hizo su aparición por una de las puertas laterales del salón, siendo acompañado por una horripilante serpiente oscura que se arrastraba con total confianza por el piso, y detrás de él, venía un hombre bajo y de aspecto nervioso que se asemejaba de manera repulsiva a una rata, y solo pudo escuchar por lo bajo, a su madre decirle que se trataba de Peter Petigrew, y si mal no recordaba, ese era el nombre de uno de los supuestos amigos de los padres del imbécil de Potter, el cual había sido asesinado por Sirius Black.
O al menos esa era la versión oficial.
Sin embargo, decidió que ese no era para nada ni el momento ni el lugar indicado para resolver ese tipo de dudas, ya después se acercaría a su madre o a Severus para que le explicaran cómo mierda es que ese repulsivo hombrecillo seguía con vida.
-Bueno, mis apreciados súbditos, se preguntarán porqué he decidido reunirlos esta noche aquí – Dijo el Lord tan pronto como llegó al asiento principal, siendo seguido por un lamentable Petigrew que se sentó de manera vulgar y poco refinada al lado de los Nott- Sin embargo, la razón es simple: Poder, simple y llano poder. Díganme ¿Acaso no soy el mago más fuerte y con los ideales más puros del mundo mágico? – dijo secamente, sin embargo, no dio oportunidad a que nadie le contestara, pues enseguida continuó hablando – Aún así, aún hay personas allá afuera que piensan que pueden hacer lo que quieran y oponerse a mi nuevo orden, protegiendo y defendiendo a esos asquerosos sangre sucia y sus repulsivos parientes muggles, como si esas alimañas valieran algo o tuvieran algo que aportar a nuestro pobre y mancillado mundo.
Y tan pronto terminó de decir esto, se empezaron a escuchar varios cuchicheos alrededor, todos apoyando y defendiendo lo que Lord Voldemort acababa de decir.
-¡Yo pienso que todos esos impuros deberían de ser quemados y expuestos ante toda la comunidad mágica, tal cual como ellos se atrevieron a hacer con nosotros desde hace siglos! – dijo de repente su tía Bellatrix, haciendo que Draco soltara un respingo en su lugar el cual pudo disimular exitosamente - ¡Deberíamos desmembrarlos y aventar sus sucios escombros al bosque prohibido para que las bestias los devoren!
Draco no daba cabida a lo que decía su tía, sí, vale, está bien que nadie ahí, incluyéndolo, sintiera algún tipo de aprecio por los sangre sucia, sin embargo, una cosa era voltearles la cara cuando pasaban a su lado, y otra muy distinta era el siquiera pensar en matarlos.
Sin duda alguna, no era ninguna exageración lo que decían de Bellatrix, su locura y sadismo eran palpables.
-Me complace tu entusiasmo, Bellatrix, y estoy muy consciente de que la mayoría comparten tu sentir, sin embargo, me temo que gran parte de la sociedad mágica se ha dejado influenciar y manipular por las ideas repulsivas de magos como Albus Dumbledore, que solo se dedican a mancillar el buen nombre de los magos y brujas de sangre limpia. – Dijo, alzando cada vez más la voz mientras su repulsiva miraba se posaba en cada una de las personas que se encontraban ahí reunidas – sin duda alguna, es un absoluto peligro que alguien como él se encargué de moldear y manipular la frágil mente de los niños mágicos, haciéndoles tener ideas absurdas sobre la mezcla de la sangre; dan igual los esfuerzos que Severus Snape y Dolores Umbridge han hecho este año para volver a poner a los jóvenes en el camino de la rectitud, porque Dumbledore se encargó de manipulares tan profundamente, que ahora todos piensan que sus estúpidos ideales Gryffindor son ley, pero díganme, seguidores míos ¿Qué de bueno puede tener que cada día haya más squibs, más perdida de los apellidos sagrados, que cada vez que nace un niño de sangres mezcladas, estos vengan con cada vez menos potencial mágico? ¡Están permitiendo que piensen que la extinción de los magos puros es algo bueno, algo normal! – terminó gritando, haciendo que más de uno se aferrara sin pensarlo a sus lugares, el aire se sentía cada vez más tenso y más pesado conforme el temperamento del señor oscuro se alteraba – Aquí tenemos el testimonio de una de las principales víctimas – dijo de repente, volviendo a moderar el tono de su voz y clavando su aterradora mirada en Draco, el cual solo deseaba que alguna fuerza mágica o lo que fuera lo hiciera desaparecer de ahí – Draco, mi querido muchacho, actual príncipe de Slytherin y ejemplo a seguir de todo lo que un joven sangre pura debería de ser. Dime, dime, querido niño ¿Acaso no es Albus Dumbledore la razón por la cual nuestra gloriosa casa ha sido sobajada y menospreciada todos estos años? tú mismo haz visto cómo es que, con cada día que pasa, nuestros ideales, costumbre y estilos de vida se menosprecian y se critican por culpa de la maldita inclusión forzada que ese vejestorio ha osado imponer en Hogwarts.
Draco no sabía qué decir ni qué hacer, solo sabía que, con cada palabra que Lord Voldemort decía, una nueva fibra de su cuerpo se llenaba de terror; sin embargo, antes de que lograra pensar en la manera correcta de cómo controlar las inmensas ganas de correr que ese sujeto le provocaban, logró sentir el fuerte apretón en la mano que su madre le dio por debajo de la mesa, logrando sacarlo de sus pensamientos y haciéndole ver que el Lord esperaba una respuesta de su parte, así que, controlando su tono de voz, solo dijo lo primero que se le vino a la mente y que sabía era lo que el otro quería escuchar.
-Sin duda alguna, cada palabra que usted dice está totalmente llena de verdad, mi Señor, el director, año con año, solo se encarga de desprestigiar a los sangre pura y de allanarles el camino a los sangres sucias y a los traidores a la sangre, solo basta ver cómo les da todo en bandeja de plata a Harry Potter, a la sangre sucia Granger y al traidor miserable Weasley; cada logro, cada punto y cada mérito de Slytherin, se nos arrebata para dárselos a ellos y que se piense que son superiores a nosotros. – Dijo claro, esperando que la respuesta que dio hubiera sido lo suficientemente satisfactoria para el demente que tenía delante, y por la diminuta sonrisa satisfecha que logró divisar en el rostro de su padre y de su tía, se dio cuenta de que logró su cometido.
-Mi muchacho, lamento mucho tu sentir – dijo con satisfacción Voldemort, levantándose de repente y acercándose con paso lento a Draco hasta lograr posarse detrás de él y poner una de sus frías manos encima del hombro del rubio, este tuvo que hacer esfuerzos sobrehumanos para que no se notara el terror y el asco que sintió en ese momento – sin duda alguna, es lamentable ver cómo la educación y la crianza de nuestros jóvenes y el futuro de nuestra sociedad mágica se ve mancillado por culpa de esos malditos sangres sucias y traidores. Sin embargo, si hay algo que la historia nos ha enseñado, es que una sola semilla puede inclinar la balanza hacia un lado ganador, y nuestro trabajo es seguir manteniendo esa balanza a nuestro favor. ¿Pero cómo hacer eso? Sencillo – decía, mientras le daba un último apretón a Draco y empezaba a caminar alrededor de todos – El miedo, mis mortífagos, el miedo es la clave. Se le enseñó a la sociedad a no tenernos respeto, a no temerle a las grandes familias con siglos de antigüedad, a pensar que los muggles son inofensivos, haciéndoles olvidar todo el daño que le han hecho a la sociedad mágica, bueno, es momento de recordarles quién es a quien deben temer, porque un líder que no es temido ni respetado, es un líder que más temprano que tarde será devorado por el resto de los lobos; por eso, les he preparado una pequeña sorpresa, síganme, de inmediato. – dijo contundente, dándose la vuelta y haciendo que todos se levantaran de inmediato de sus asientos.
Sin embargo, Draco pudo notar cómo, en la cara de más de uno, se empezaba a vislumbrar cierto deje de duda.
No sabía qué pasaba, él solo veía con desconfianza cómo ese aterrador hombre se paseaba por su mansión como si esta le perteneciera, guiándolos como si ellos fueran simples súbditos y no los dueños de la casa; no obstante, se obligó a mantener una postura servicial y reverencial ante el otro, pues no quería que su tía o algún otro mortífago se dieran cuenta de su vacilación.
Aún así, nada ni nadie podía haberlo preparado para lo que estaba a punto de presenciar, pues cuando el Lord por fin se detuvo, Draco se dio cuenta de que habían sido guiados hacia el salón principal, ahí donde se organizaban los grandes bailes y eventos del ministerio orquestados por su familia, sin embargo, el lugar no fue el que logró hacer que toda la sangre abandonara su rostro, sino lo que se encontraba en medio del gran salón.
Eran siete hombres, liderados por un sujeto que, por lo dicho por su tía, se trataba de un tal Fenrir Greyback, los cuales traían amarradas y sometidas a varias personas de distintas edades y sexos frente a ellos.
-Esto, damas y caballeros, son pequeños gusanos que se han encargado de ensuciar nuestro mundo – dijo Voldemort, sacando su varita y señalando despectivamente a uno de los sujetos, el cual se encontraba temblando de miedo – Déjenme mostrarles. Por ejemplo, este hombre que ven aquí se llama Atticus Moldret, y en los últimos años se ha dedicado a buscar financiación para su asqueroso proyecto en el ministerio, vamos, alimaña repulsiva, cuéntales a las personas aquí presentes lo que te has dedicado a hacer estos últimos años – ordenó de manera despectiva, mientras que el otro no podía dejar de temblar de miedo al ver cómo Nagini se acercaba más y más a él -¡Habla cuando te lo ordeno, asqueroso sangre sucia! – explotó de repente, pronunciando unas palabras que Draco jamás esperó ver siendo dirigidas hacia otras personas - ¡Crucio! – gritó de repente, apuntándolo con su varita y lanzándole sin piedad alguna ese terrible hechizo. Draco sentía que se desmayaría en cualquier momento, era insoportable escuchar los gritos de dolor de aquel hombre rogando por un poco de clemencia, y no fue hasta que Lord Voldemort detuvo su maldición, que el rubio pudo volver a respirar sin temor de que algún grito de horror saliera de su boca – Bueno, pequeña rata ¿Ya te has decidido a hablar o deseas un poco más de incentivo? – se burló, mientras que de fondo, Draco solo podía escuchar las risas siniestras de Bellatrix y unas cuantas personas más, menos mal que su madre no era una de ellas, pues ella se veía casi igual de mal de lo que seguramente se debería de ver él.
-S-Soy, ahh, soy fundador de-de una organización – dijo entre llantos aquel sujeto, mientras que Draco notaba cómo sus pantalones se iban llenando de un liquido que él supuso era su propia orina – que ayuda a na-na-nacidos de muggles a solventar sus gastos escolares. – Dijo como pudo, gritando de terror y dolor cuando vio como Nagini, sin ninguna piedad, reptaba con intenciones asesinas hacia él - ¡Piedad, por favor, no he hecho nada malo!
Y sin ningún reparo, aquel horrible reptil se abalanzó sobre el hombre, devorándolo poco a poco mientras Draco solo presenciaba como el cuerpo de aquel sujeto, cuyo único pecado fue ayudar a sangres sucias pobres, poco a poco dejaba de resistirse conforme la serpiente lo iba introduciendo en su boca para devorarlo.
-Bien, mis seguidores, como se darán cuenta, todas estas personas han cometido atrocidades parecidas a las que nuestro difunto invitado cometió – volvió a hablar Voldemort, con un tono de voz tan desprovisto de sentimientos, que Draco realmente dudaba que pudiera ser posible – Todos ellos son asquerosos sangres sucias, mestizos que se inclinaron por el lado equivocado, y lo peor de todo, ¡magos de ascendencia respetable que decidieron traicionar a su comunidad y apoyar a estos errores de la naturaleza! – alzó la voz con cólera, levantando de nueva cuenta su varita y lanzándole un certero Avada Kedavra a un mujer que Draco calculaba, no tendría más de 20 años. Él sentía que en cualquier momento saldría huyendo de ese lugar, sus piernas temblaban, sus oídos retumbaban con el sonido de su propia sangre y su corazón en cualquier momento se saldría de su pecho. Acababa de presenciar dos asesinatos ¡Dos malditos asesinatos cometidos como si nada en su propia casa! Esto era demasiado, quería salir de ahí enseguida, sin embargo, de nueva cuenta su madre logró traerlo de vuelta a la realidad, tomando a Draco de la mano y enlazándola fuertemente con la de ella; transmitiéndole con ese simple acto la fuerza necesaria para poder mantenerse en pie, como si dijera "actúa tranquilo, o tú podrías ser el siguiente".
-¡Mi señor, por favor, permítame ayudarlo y participar en este glorioso momento! – se escuchó de repente la fascinada y desquiciada voz de Bellatrix, la cual miraba divertida cómo una de las rehenes se soltaba de sus ataduras y se movía veloz hacia el cuerpo de la recién asesinada chica, tomándola fuertemente entre sus brazos mientras que entre lágrimas gritaba una y otra vez que su hija era inocente, que ella no merecía eso. Y al escuchar cómo, entre comentarios despectivos Voldemort les explicaba que su familia era una de los principales votantes de que los sangre sucia pudieran acceder a puestos más altos en el gobierno, fue que Draco se dio cuenta que nada volvería a ser como antes, pues al escuchar el apellido de esa familia dicho entre escupitajos por su tía, fue que sintió como su corazón se rompía en pedazos.
Esas dos mujeres resultaban ser la madre y la hermana mayor de una de las chicas de Hufflepuff que iban solo un curso por debajo de él y que de pura casualidad, Draco conoció porque un día vio a la hermana menor de Daphne molestarla mientras que, junto con otras chicas de Slytherin, le gritaban traidora a la sangre; y ahora él había visto cómo su hermana mayor había sido asesinada con tal frialdad y como su madre era
torturada y asesinada sin piedad por una Bellatrix que sacaba una daga de uno de los bolsillos de su vestido y se la incrustaba sin piedad alguna en el ojo a la mayor, la cual en ningún momento soltó el cadáver de su hija.
Y él, él no había hecho nada, solo quedarse mirando cómo, conforme pasaban los minutos, cada vez más personas se unían a la masacre que se efectuaba en el hermoso salón de Malfoy Manor. Y Draco no supo a ciencia cierta si fueron minutos u horas lo que tardó esa tortura, pues lo único que logró sacarlo de su propia mente, donde se reproducían sin fin los lamentos y suplicas de esas personas, fue la voz de Voldemort, el cual les ordenaba a todos detenerse y prestarle atención.
Ordenándoles ignorar el olor a sangre, los intestinos fuera de sus cuerpos, las manchas de sangre que empapaban cada rincón del lugar.
-Como dije antes, para que un líder ascienda al poder y se mantenga ahí, tiene que ser poderoso, tiene que ser inteligente y sobre todo, tiene que ser temido, y en esta noche, reafirmo mi posición ante la comunidad mágica ¡Bellatrix, Lucius, Rabastan, Colagusano! quiero que se lleven toda esta porquería de aquí y los pongan alrededor de todo el mundo mágico, los quiero cerca del ministerio, en San Mungo, en el callejón Diagon, en Grintgots, cerca de Howgarts ¡Que todo el mundo los vea y sepan qué les pasará si se niegan a inclinarse ante mí!
Y dicho esto, Voldemort tomó a Nagini y se esfumó a través de una de las ventanas de la mansión, mientras que las demás personas empezaban a despejar el lugar y su madre lo jalaba del brazo para salir de ahí lo antes posible, mientras Draco solo miraba de manera ausente cómo su padre sacaba una máscara blanca de su túnica y se la ponía antes de desaparecer en una ráfaga de humo con los cuerpos de la familia de esa chica de Hufflepuff.
Y daba igual si los elfos venían y limpiaban todo, Draco jamás podría volver a ver ese lugar sin pensar en lo que sucedió esa noche ahí.
Así que, caminando con las pocas fuerzas que le quedaban, siguió a su madre, la cual no decía absolutamente ninguna palabra, aunque no hacía falta, en su bello rostro se denotaba toda la angustia que sentía. Y sin más, una vez alejados de todo el escándalo del salón principal, esta soltó la mano de Draco, y modulando la voz de una forma tan refinada que nadie sospecharía que acababa de venir de una masacre, llamó a uno de los elfos, ordenándole que pusieran todo en orden y que verificaran que nadie se quedase en la mansión.
Una vez terminado esto, Narcissa solo siguió caminando como si nada en dirección a su habitación, sin tan siquiera dirigirle una mirada a su hijo, el cual solo deseaba, con toda su alma, que su madre le dijera que todo estaría bien, pero ese momento nunca llegó, pues Narcissa desapareció a través de los pasillos sin voltear ni una sola vez, y Draco no tuvo la fuerzas para hablar y pedirle que se comportara como su madre al menos esa noche.
En cuanto Draco perdió de vista a su madre, este decidió que ya no soportaba estar ni un segundo más en ese lugar, así que, dejando de lado todo su decoro, empezó a correr en dirección a su habitación, esperando no encontrarse con ninguno de los malditos invitados de su padre, sin embargo, algo logró detenerlo de su intención de llegar a su cama y echarse a llorar de terror como un niño pequeño, pues, antes de dar la vuelta en el último pasillo que lo guiaba directamente a sus aposentos, volteó brevemente hacia el lado contrario, ahí donde, si daba una vuelta más, llegaría al ala de la mansión en la que se encontraba la habitación de su difunto abuelo.
Y así fue que, sin pensar, de manera automática Draco se desvió de su camino, tomando rumbo directamente hacia el único lugar donde se llegó a sentir seguro y totalmente amado en esa gran casa.
Una vez llegado a la puerta principal, Draco solo deseó que su abuelo aún viviera y le permitiera pasar y recostarse en su gran cama, pues en cuanto este falleció, el lugar fue cerrado mágicamente y solamente el patriarca podría abrirla y quitarle la restricción si así lo deseaba; sin embargo, justo cuando estaba por darse la vuelta, algo hizo contacto en la cabeza de Draco, recordándole que, justo esa tarde, parte de esa autoridad se le había conferido a él, por eso, esperando que funcionase y que su madre no se diera cuenta, Draco tomó de manera insegura la manija, esperando que esta cediera ante su mano, y grande fue su sorpresa cuando esto ocurrió.
Por eso, entrando rápidamente y cerrando de igual manera para evitar que alguien lo hubiera visto entrar, este se permitió observar una vez más el elegante y estilizado lugar en donde su abuelo pasó sus días en la mansión familiar, se dejó empapar de los colores de las paredes, del olor a madera y coñac que desprendía el lugar, y de la posición de los exquisitos y valiosos muebles que adornaban el lugar, sí, sin duda alguna el lugar era una representación de todo el porte y poder que caracterizaron al gran Abraxas Malfoy.
Y Draco, dejándose guiar por sus emociones y sus recuerdos, se dirigió directamente a la cama, dejándose caer en ella como si de algún tipo de salvavidas se tratase, intentando olvidar todo lo malo y concentrándose únicamente en el recuerdo de la persona que más lo había amado.
Y justo un momento antes de caer profundamente en la inconciencia, un recuerdo, un vago recuerdo lejano de un hermoso jardín y una soleada tarde, logró que el rubio se levantara de inmediato, recordando de golpe unas palabras que le fueron dichas hace años y en las que, hasta ese momento, no había vuelto a pensar.
"Escucha muy bien, Draco, en el jardín para el té del ala norte de los terrenos, debajo del gran árbol de las hadas, hay un pequeño agujero tapado con un rosal blanco, ahí dentro, hay una pequeña caja con esta joya y una carta, así que quiero que me prometas algo. Si en un futuro, yo llego a faltar y te das cuenta de que la familia se ve sumergida en problemas, quiero que vayas ahí y desentierres eso; hay muchos hechizos protectores, los cuales solo cederán ante ti; pero recuerda, únicamente debes buscar esto cuando la familia se encuentre en total peligro. Tú eres el futuro de nuestra estirpe, nuestro apellido se encuentra en tus manos, Draco."
Por esto, en cuanto Draco logró recordar tan vivamente las palabras dichas por su abuelo esa tarde, y sintiendo aún las nauseas en la garganta tras el atroz espectáculo del salón principal, tomó la decisión que cambiaría el rumbo de su vida para siempre. Así que, dejando de lado todos sus miedos e inseguridades, salió rápidamente de la habitación con un solo objetivo en mente: llegar al jardín preferido de su abuelo y buscar lo que sea que Abraxas hubiese escondido ahí.
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"Novus ignis domum paternam illuminat, legatum perpetuabitur et gloria magica fiet"
Un nuevo fuego ilumina la casa ancestral, el legado se perpetuará y la gloria en magia se convertirá.
Uff, al fin. bueno, aquí está la primera parte, en los siguientes días intentaré subir la siguiente.
Besos, Ann.
