Honestamente, aún no sé como a estas alturas mis lectores aún no me han linchado por empezar nuevas historias cuando ni siquiera terminé las que ya tengo en emisión. Como sea... ¡Hola a todos! ¡Bienvenidos a esta nueva historia! Esta vez le toca a una historia que algunas personas (principalmente en wattpad) me han estado preguntando si la haría... ¡Un crossover de Naruto y Kimetsu no Yaiba! (Aunque debo admitir que esta es solo una de las ideas que tenía. En el futuro, estaré publicando otro crossover de estos animes).

Espero que esta historia sea de su agrado... Y si les gusta, por favor dejenme sus lindos comentarios y compartan la historia con sus amigos para así puedo lograr que la historia se haga más conocida.

Sin nada más que decir, me despido y los dejo con el prólogo de esta historia...


Autora POV

La pelirrosa se llevó un par de dedos a la zona de la sien, masajeando suavemente mientras aplicaba un poco de su chakra en un intento de calmar el punzante dolor de cabeza que la aquejaba.

La rutina en el hospital siempre era igual. Pacientes llegando a cada hora, juntas administrativas, pilas de papeleo por delante, el penetrante aroma a desinfectante, las largas horas de pie que desencadenaban en piernas hinchadas y dolores de espalda insoportables. Irónicamente, trabajar en el área de medicina no era el más salubre de los trabajos, aunque eso no hacía que amara menos su trabajo.

No había pasado años estudiando con Tsunade por nada.

– Sakura. –Shizune la llamó, entreabriendo la puerta de su pequeña oficina. – Disculpa que te moleste, se que tienes mucho trabajo… Pero hay alguien que quiere verte.

La nombrada enderezó su postura e hizo pequeños movimientos con la cabeza, sintiendo como los huesos de su cuello tronaban cada vez que lo hacía. Dejó escapar un pequeño suspiro de cansancio, y miró a su amiga y compañera de trabajo.

– ¿Dijo que es lo que necesitaba? –inquirió.

– No realmente. –contestó Shizune recargándose contra el marco de la puerta. – Se trata de un hombre. Todo lo que dijo fue que era importante que hablara contigo.

Sakura enarcó una ceja, expectante ante esas palabras. No era tan extraño que gente llegase al hospital exigiendo hablar con ella, pero la mayoría de gente por lo menos se tomaba la molestia de dar, aunque sea de forma breve, sus motivos. Después de todo, ella era una persona bastante ocupada, y no podía perder su tiempo con cada persona que llegaba a su oficina con problemas menores que otras personas podían solucionar fácilmente.

La mirada jade la mujer se posó en la pila de papeles que aún tenía que completar. Ya se había resignado a que no lograría completarlos para el final de su turno, por lo que tal vez podría permitirse tener una pequeña conversación con aquel hombre misterioso.

– Está bien… Hazlo pasar. –le dijo a Shizune antes de volver su mirada a los documentos en los que estaba trabajando actualmente.

Escuchó a la pelinegra asentir, seguido del sonido de sus pasos dejando la habitación. Segundos después, escuchó los pasos de otra persona adentrándose a su oficina, y el ruido de la puerta cerrándose detrás de él.

Sakura terminó de firmar uno de los papeles, dejó su pluma a un costado, dejó el documento junto a la pila de papeles, y levantó la mirada para encarar al hombre.

Observó a la persona frente a ella con cierta curiosidad y sorpresa por su llamativa apariencia. Se trataba de un hombre adulto, de estatura que rondaba el metro setenta, y cuerpo tonificado el cual era oculto por un elegante traje que consistía en unos pantalones de vestir blancos, una camisa del mismo color, chaleco negro, corbata roja, una gabardina gris, zapatos de cuero negro, y un sombrero de fieltro blanco sobre su cabello castaño rizado.

El hombre era sorpresivamente pálido, como si nunca en su vida hubiese recibido los rayos del sol sobre su piel, la cual se veía tan suave y libre de imperfecciones como la mismísima porcelana. Una pequeña parte de ella tenía la tentación de preguntarle si seguía algún tratamiento de belleza, aunque no sentía que fuese lo apropiado. Aún así, estaba segura que si Ino estuviese en su posición, ya hubiese bombardeado al pobre hombre con un sinfín de preguntas sobre el tema… Después de todo, la matriarca del clan Yamanaka era una mujer con un apetito voraz por los secretos de belleza.

Volviendo al hombre frente a ella, sin duda uno de los rasgos que más llamó la atención de la pelirrosa, eran sus ojos: Eran rasgados, dándole una apariencia casi felina, y su iris era de un rojo carmesí que podía rivalizar incluso con el mismo Sharingan. Su mirada era tan penetrante y enigmática, que enviaba escalofríos por la espina dorsal de la médica.

Sakura se aclaró la garganta y se puso de pie.

– Buenos días. –saludó cordialmente. – Soy la doctora Uchiha Sakura… ¿En qué puedo ayudarlo? –preguntó de forma profesional.

Una pequeña sonrisa surcó los labios del castaño, y Sakura tuvo que resistir el impulso de morderse el labio. El hombre que estaba de pie frente a ella era abrumadoramente apuesto.

– Mi nombre es Kibutsuji Muzan. –se presentó realizando una pequeña reverencia. – Es un gusto conocerla, Uchiha Sakura-san… He oído grandes historias sobre usted. Se dice que es la mejor médica en todo el país, tal vez incluso del continente.

– Le agradezco los halagos, Kibutsuji-san… Pero agradecería que fuese directo al grano. –dijo la pelirrosa francamente. No pretendía sonar grosera, pero tampoco tenía tiempo para desperdiciarlo en oír halagos que ya conocía.

Muzan permaneció en silencio, observándola fijamente. Por unos momentos Sakura llegó a considerar la idea de que el hombre se hubiese sentido ofendido por su franqueza, sin embargo, su rostro se mantenía tan imperturbable que era difícil saberlo.

– Por supuesto… –murmuró el castaño. Tomando una bocanada profunda de aire, procedió a explicar los motivos de su presencia. – Dado a sus notorias habilidades en el campo de la medicina, supuse que podría serme de ayuda para mi investigación.

– ¿Qué clase de investigación? –inquirió la ojijade cruzándose de brazos a la par que ladeaba su cabeza con cierta curiosidad.

– Estoy en busca de una planta conocida como "lirio araña azul", la cual es crucial para mi investigación. –explicó Muzan.

– Estoy bastante segura de que no existe tal planta. –contestó Sakura frunciendo el ceño. Estaba comenzando a sentir que aquello era una perdida de tiempo. – He investigado las plantas de todas las regiones, y jamás he visto o he escuchado hablar de un lirio araña azul. De todas formas… en el hipotético caso de que esta flor fuese real ¿Para qué la necesita?

– Es una persona realmente curiosa, Uchiha-san…

– Bueno, usted viene a mi oficina pidiendo mi ayuda. Creo que merezco un poco de información. –respondió la mujer.

Muzan dejó escapar una pequeña risa baja antes de fijar sus ojos sobre los jades de la pelirrosa.

– Por supuesto… –murmuró. – Verá, Uchiha-san… Tiempo atrás solía ser un hombre con una salud realmente delicada. Se presumía que mi muerte era inevitable. –Sakura enarcó una ceja ante aquello. El hombre frente a ella parecía gozar de una salud excepcional. – Un día llegó a mi hogar un misterioso curandero que se ofreció a sanarme. Me suministró una extraña medicina la cual prometía acabar con todos los problemas que me atormentaban. Al principio pensé que no había tenido efecto alguno, y que el hombre no era más que un charlatán que me había timado… En mi ira, digamos que accidentalmente acabé con su vida. –continuó relatando. Su rostro se mantenía tan imperturbable como el primer instante en el que había puesto pie en la habitación, como si no estuviese confesando que había cometido un asesinato. – Poco tiempo después me di cuenta que la medicina en realidad si había funcionado, pero no solo se había llevado mis enfermedades con ella… No… Esa medicina cambió por completo la biología de mi cuerpo.

Sakura frunció el ceño.

– ¿En qué sentido? –preguntó.

– Mi cuerpo ya no envejece, las enfermedades o la muerte de causas naturales ya no pueden alcanzarme. La comida normal ya no me nutre ni satisface… Mi dieta se basa en la ingesta de carne humana para recobrar fuerzas. Mi capacidad de regeneración ha aumentado exponencialmente… Incluso si pierdo un miembro de mi cuerpo, este volverá a crecer… Si me arrancan la cabeza, seguiré viviendo. –enumeró el castaño. – Pero la luz del sol es terriblemente mortal para mí. Si me expongo a ella terminaré convertido en cenizas, por lo que solo puedo desplazarme por la noche. –añadió. – La mayoría de los cambios experimentados realmente no me importan. Mientras que otros… –no terminó la oración, dejando a interpretación de Sakura lo que quiso decir. – Entre los documentos que aquel curandero llevaba consigo, conseguí encontrar unos papeles que hablaban de una mítica flor llamada "lirio araña azul". Como puede comprender Uchiha-san, por más que he buscado… no he encontrado pista alguna que indique la existencia de esta flor. Esperaba que, con sus capacidades, usted pudiese ayudarme… Estoy dispuesto a pagar un precio alto por su trabajo, señorita Uchiha, estoy realmente desesperado.

La pelirrosa lo miró a los ojos por varios minutos, antes de soltar un bufido molesto.

– Sabía que esto era una perdida de tiempo… –murmuró.

– ¿No me cree? –inquirió el castaño. Su ceño se frunció, por primera vez mostrando una expresión diferente en su rostro.

– Una historia bastante elaborada, le daré el crédito por eso, pero no espere que me la crea. –contestó Sakura.

– Es realmente una mujer necia si luego de su historial se rehúsa a creerme. –dijo Muzan.

– Puede pensar de mí lo que quiera, Kibutsuji-san, pero mi decisión final está tomada. No voy a perder mi tiempo con cuentos para niños. –habló firme la pelirrosa. – Soy una mujer ocupada. Tengo mucho trabajo por realizar, sin contar que soy una madre que debe velar por el bienestar de su hija. No cuento con tiempo para participar en supuestas investigaciones absurdas. Voy a tener que pedirle por favor que se retire, Kibutsuji-san…

El rostro del castaño lentamente se transformaba en una mueca de enfado. Con una velocidad sorprendente, el hombre ahora se encontraba frente a ella, tomándola con fuerza por el mentón. En ese instante Sakura pudo percatarse lo filosas que eran las uñas del hombre, las cuales se clavaban en la piel de su rostro, logrando perforarla.

– Usted… Se va a arrepentir de esto, Uchiha-san…