Amor Uchiha. Los Uchihas aman intensamente, su amor es tan inmenso que supera el amor promedio conocido. Pero como son capaces de amar tan ferozmente, cuando se les arrebata el objeto de su deseo, de su aprecio, de su devoción...pueden odiar con la misma intensidad y fidelidad, siendo capaces de destruirlo todo a su paso. La maldición del Clan Uchiha no es el odio ni la venganza...es el amor y la esperanza.
-Sé realista, este mundo esta lleno de cosas que no funcionan como deseas, cuanto más vives... más te das cuenta de que esta realidad está hecha de dolor, sufrimiento y vacío... Escucha, en este mundo... donde hay luz también hay sombras... mientras exista el concepto de ganadores, también existirán los perdedores. El propio deseo de mantener la paz creó las guerras... y el odio nació para proteger el amor. Es una relación que no se puede evitar normalmente...-
Uchiha Madara
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El cielo se veía opaco y carente vida, las nubes que paseaban por su gran inmensidad eran densamente grises mientras los pocos rayos de luz que osaban asomarse por encima de la montaña comenzaban a iluminar el tétrico escenario que había debajo de ellas. Cientos de armas olvidadas junto a más que tenues evidencias de las crueles técnicas hay utilizadas. Un brutal campo de batalla donde se libro una una carnicería más que una simple batalla.
Los dos seres más fuertes que hubo conocido el mundo se habían enfrentado y no era para menos la destrucción dejada atrás por ellos. El cielo que antes se vio temiblemente gris, que anunciaba una tormenta aterradora, ahora daba paso a las nubes blancas así como el cielo comenzaba poco a poco a recuperar su brillo.
Sonrió sarcásticamente, mientras dejaba escapar un suave suspiro mientras sus mechones azabaches eran agitados violentamente por la fuerza del viento. La situación le parecía graciosa a pesar de todo, se permitió una tenue carcajada, pero esa leve acción le provoco un fuerte y ensordecedor dolor. Su cuerpo le dolía inmensamente, podía sentir sus costillas crujir con cada movimiento desesperado por respirar, sus pulmones ardían y sentía su boca inusualmente seca.
¿Quién pensaría que el de entre todos los ninjas terminaría así? Tirado en un sucio piso mientras se desangraba lentamente. Aquel liquido rojizo se deslizaba abundantemente por sus labios dejándole un asquerosa sabor metálico, su vista estaba muy borrosa y ya comenzaba a costarle mantener los ojos abiertos, pero si aun no se había entregado a la parca, era porque no quería irse al infierno antes de verla una ultima vez, solo una vez más era todo lo que deseaba, para saber que si ocupo en algún momento un rincón de su corazón.
Mientras sus graves heridas se desangraban, recuerdos comenzaron a llegar a su mente, recuerdos que significaban mucho para él ya que en ellos estaba los seres que más apreció en toda su vida y le dieron felicidad incluso en medio de aquella horrible guerra.
Los únicos que valieron más que el poder, los únicos que fueron más importantes que su deseo de ser fuerte, los únicos que tocaron y conocieron su corazón. Seres que le brindaron su amistad, su amor, su compañía en los duros momentos, quienes compartieron su mismo sueño…En ese momento reflexiono sobre su pasado puesto que tanto su presente como su futuro eran una basura.
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Hace muchos años, mucho antes de que se fundara la Poderosa Aldea Oculta entre las Hojas, antes de que mantuviera duras y feroces batallas contra el legendario Dios Shinobi el único que fue capaz de manipular el Mokuton, comenzó mi historia, si...la de aquel eterno rival condenado a perder una y otra vez contra el. Fui conocido como el Sanguinario, cruel y sádico líder Uchiha. Yo soy Uchiha Madara y esta es mi historia.
Desde que abrí los ojos por primera vez lo único que contemple durante mi vida fueron muerte, sufrimiento y dolor. Mientras vivía esa guerra mi mente daba vueltas ¿todo ese dolor era justificado? ¿Valía la pena tantas vidas sacrificadas? ¿El odio no tendría un final? ¿Los ninjas estaríamos condenados a matarnos entre nosotros hasta nuestra propia extinción?...
Pero no importaba cuanto me lo preguntara no encontraba respuestas, a cualquiera lado que veía solo encontraba peleas, era difícil creer en la situación en que estábamos. Todo el panorama se tornaba oscuro y la luz se extinguía. El único refugió que encontrábamos para protegernos de aquella dura existencia eran en los pequeños pero felices momentos en familia donde todo parecía estar bien aunque sea por un momento.
Los dulces cuidados que nos brindaba nuestra madre Saori a mi y a mis hermanos nos alegraban la existencia, siempre portando una luminosa sonrisa mientras nos decía que no nos preocupáramos que todo estaría bien distrayéndonos con juegos infantiles. Pese a eso, apenas yo tuve la fuerza para blandir un kunai comenzó mi entrenamiento, mi padre Tajima aunque era un hombre amable también era firme y muy exigente en cuanto al entrenamiento se refería, desde el inicio mostré una inusual habilidad nata para las artes ninjas, lo que a mi edad solo causaba risas y miradas de orgullo de mis hermanos mayores.
Yo tendría cercar de cinco años e Izuna tres, cuando las guerras se llevaron dos vidas de seres muy valiosos. Mis hermanos mayores Isamu y Kaoru murieron a manos del Clan Senju, ellos eran ocho años mayores que yo. Aquello destrozo a mi madre, y aunque quizó mantenerse fuerte por sus demás hijos nunca volvió a ser la misma, la tristeza marco su rostro permanentemente después de eso.
Para quienes no lo sepan Izuna no fue mi único hermano, fuimos seis hermanos contándome a mi, yo era el penúltimo antes de Izuna que era el menor. Con el tiempo todos mis hermanos mayores murieron, sus vidas fueron reclamadas por los barbaros Senjus. Mi madre no pudo soportar la pérdida de tantos de sus amados hijos y los siguió a la muerte, yo no la culpe por haberse suicidado.
Ese día tuve que ser la fuerza de Izuna, me mantuve firme durante su funeral, no debía derrumbarme ni mostrarme débil, y así fue, a una edad muy temprana me vi obligado a montar una careta de frialdad e indiferencia para evitar que los demás vieran lo destrozado que estaba por dentro. Aun así esa noche lloré, quizé desahogar todo mi sufrimiento y mi dolor, talvez las lagrimas se llevarían el dolor, pero no fue así...quizé llorar tanto para no tener que hacerlo nunca más...y lloré...lloré tanto que mis ojos se secaron...lloré hasta que ya no pude derramar ninguna lagrima más.
Siempre me pregunte porque sobrevivimos Izuna y yo, talvez fue porque en ese entonces éramos demasiado pequeños para ir a la guerra, la verdad no losé ¿el destino quizás? Prefería no pensar en eso, porque eso colocaba un precio especial a mi vida que la elevaba sobre la de mis difuntos hermanos, mi vida no era especial ni extraordinaria, talvez jamás lograría nada pues moriría muy joven como para hacerlo.
La verdad ya no le veía valor a la vida ¿porque vivir? Si la muerte era la solución para todo, ya que al fin de cuentas era el único final seguro que todos tendríamos en algún momento. Así pase mi vida hasta que lo conocí, en ese momento solo lo vi como un niño común condenado al mismo estilo de vida que yo ¿quién hubiera pensado que ese chiquillo alegre y de fácil deprimir sería algún día el poderoso Senju Hashirama?
Ambos forjamos una fuerte amistad, que se consolidaba por nuestros fuertes ideales de paz, los dos soñábamos con un mundo donde ya no hubiera guerra, donde niños no murieran en batalla y en donde los shinobis de todos los lugares pudieran trabajar juntos como hermanos. El animo de Hashirama me infundio renovadas fuerzas, me dio una razón para la cual seguir viviendo...volverme fuerte, lo suficientemente fuerte como para proteger a mi hermano de la muerte y llevar al mundo a una era de paz, ya que solo con la fuerza se podía lograr esto.
Aunque sabíamos que estábamos viviendo en una burbuja que tarde o temprano explotaría no nos importo, seguimos siendo amigos, y yo en mi interior esperaba que esa amistad durará para siempre. Pero cuando llego ese día en que recibí aquella piedra en que Hashirama había escrito "Es una trampa, corre" yo le lance una con un mensaje similar. Todo cambio, quise irme lo más rápido posible antes de que me matarán o peor que mi padre matara a Hashirama.
Cuando aparecieron Izuna y mi padre enfrentándose a Tobirama y Butsuma me paralice en mi lugar, yo no quería que esto pasara, Hashirama parecía estar en la misma situación que yo, ninguno sabia que hacer realmente. Pero cuando ví al líder Senju empuñar su arma en contra de mi hermano no dude un segundo, lance la piedra en mi mano parando el kunai salvando la vida de Izuna y me interpuse en medio.
No permitiría que nadie los lastimara, Hashirama hizo lo mismo, poco me importo que mi padre hubiera intentado la misma sucia treta en contra de Tobirama cuando mire desafiante a mi antiguo amigo, si antiguo, porque desde ese momento seríamos rivales, enemigos...ya que cada uno estaba dispuesto a hacer todo lo posible para cuidar a su familia. Todos aun tenían deseos de enfrentarse pero con una simple frase cambie el panorama.
-Tenemos que retirarnos, el poder de Hashirama supera el mío-
-¿Qué? ¿Hay alguien más fuerte que tu hermano?-La voz de Izuna sonó sorprendida. Mi padre se mostró de acuerdo conmigo y procedimos la retirada, Hashirama trato de hablar una vez más conmigo pero yo solo lo mire con las aspas de mi sharingan girando ferozmente por primera vez, prometiendo que de hay en adelante seriamos enemigos. Así nos retiramos dejando atrás a los asquerosos Senjus.
Mi padre Tajima se mostro muy orgulloso cuando fuí capaz de despertar el Doujutsu de nuestro Clan a tan temprana edad. Hay comence a tomarme en cerio el papel de heredero, ya que algún día yo sería el Líder de los Uchihas. Me enfoque en mi entrenamiento con la meta de volverme lo más fuerte que pudiera y evolucionar mi sharingan hasta su ultima etapa. Todos esperaban grandes cosas de mi y yo no los decepcione, fui reconocido por poseer un talento prodigioso incluso para los estándares del Clan. Entrenaba a diario para pulir mis habilidades, por otro lado lado, poseía un excepcional chakra incluso para los Uchiha.
Cada día mejoraba y mi fuerza aumentaba de forma extraordinaria. Con esto a mi favor comenze a participar de manera activa en las batallas que sostenía el Clan contra los Senjus. A mis doce años realice mi primer asesinato, hasta ese entonces no sabia que mi cuerpo fuera capaz de realizar algo como eso, durante mis entrenamientos escuche que existen cosas que no se olvidan o que solo se aprenden con la práctica real, y matar era una de esas. Pero siendo sincero no recuerdo a quién asesine ¿fue un hombre o una mujer? No tengo idea, pero ¿Acaso eso importa? Lo importante fue la sensación que ese acto dejo en mi y que recuerdo perfectamente, esa adrenalina cruzando mi cuerpo, esa emoción y ansiedad. Mientras más personas mataba mucho más fácil se me hacia hacerlo una y otra vez.
Pese a mi nueva realidad donde casi todos los días libraba batallas a muerte contra mi antiguo amigo, en lo ocupado que estaba en los asuntos del clan en los que mi padre buscaba inmiscuirme cada vez más, en los entrenamientos y en las prácticas con Izuna, aun tenía tiempo para la melancolía y tristeza ocasional, cuando los viejos recuerdos inundaban mi mente y lo único que me relajaba era ir a aquel río, antiguo testigo de mi amistad con Hashirama.
Mientras miraba el agua correr sin impedimento pensaba que la frase que había dicho el jovén Senju contenía mucha verdad, casi pareciera que los dolorosos recuerdos fueran llevados por el agua. Solte un suave suspiro relajando mi cuerpo mientras trataba de calmar mi mente, hay fue cuando escuche un sollozo.
Giré mi mirada topándome con una figura de cuchillas al lado del río que lloraba con su rostro oculto entre sus brazos, a simple vista no pude reconocer ningún rasgo distintivo de aquel individuo además de que parecía tan joven como yo. Fruncí el ceño ¿Quién se creía ese tipo para perturbar la tranquilidad de ese lugar tan especial para mi con sus incontables quejidos?
-¿Quien eres tu?-Pregunte con voz hostil y grave que denotaba mi desagrado mirando como la persona se levantaba -Este es...-Las palabras murieron en mi boca al momento que la persona se giro hacia mi.
Nunca en toda mi vida había visto a una niña tan hermosa como la que tenía hay enfrente, sin importar que tuviera los ojos enrojecidos y las mejillas manchadas de tanto llorar, nada de eso disminuían sus hermosas y delicadas facciones. Tenía unos brillantes y expresivos ojos negros de los cuales se deslizaban abundantes lagrimas saladas mientras me miraba con tantas emociones juntas que sentí mi pecho oprimirse.
Yo estaba anonadado con el hermoso ángel frente a mi, la luz del sol que se asomaba entre las montañas la iluminaban resaltando su silueta, tenía una tez muy blanca y tersa, vistiendo un sencillo kimono color crema que a mi parecer no dejaba mucho a la imaginación, pero lo que más llamo mi atención así como lo que más me había fascinado había sido ese cabello rojo. Que tuviera el cabello del color del fuego, de un tan fuerte como el mismo Sharingan...simplemente me cautivo, nunca había visto a nadie con ese tono de cabello rojizo y en verdad era hermoso, ha simple vista se veía suave y sedoso. La niña se limpio rápidamente sus lagrimas al verse descubierta.
-No te preocupes...yo..ya me iva-Dijo comenzando a caminar.
-¡Espera!-Dije rápidamente deteniendo el caminar de la chica -Yo...lo siento no tienes porque irte tan pronto-Mi rostro se coloreo un tanto avergonzado. Ella me miro con sorpresa impresa en su rostro y luego me sonrío, yo sonreí igual.
No lo supe en ese momento pero en ese instante se inicio una cuenta regresiva que no solo prometía un oscuro final sino que terminaría incluyendo a todo el mundo ninja. Ese fue el día que conocí a Uzumaki Mito, aquella niña valiente y noble que se convertiría en la única mujer que he amado.
Ese día en el río no dijimos nuestros nombres pues en la época en la que nos encontrábamos era muy peligrosa, así que terminamos por llamarnos con una seudónimos ella era ''Miyu'' y yo era ''Masaru'' Siempre nos veíamos cerca del río, ambos nos abrimos con el otro contándonos nuestras penas, consolándonos hasta que sentimos como nuestras heridas eran curadas por completo, había diversión, juegos y risas, todo aquello que la guerra prometía erradicar.
En poco tiempo supe mucho de ella, aunque solo lo que quizó revelarme, supe que ella era la penúltima de cuatro hermanos y tenía una hermana pequeña, todo sus hermanos mayores fallecieron en la guerra al igual que los míos, descubrí que era una chica con mucha fuerza física, que amaba las rosas blancas, le gustaban los dulces y observar como las nubes se disolvían en su paso por el cielo.
Que cuando se le enojaba podía tener un carácter muy fuerte, creía que la única manera de llenar el vacío de un corazón, era con amor, que consideraba al destino como todo cuanto limita nuestro potencial ya que la personas podrían llegar hasta donde se lo propongan, y que deseaba acabar con la guerra para que gente inocente no siguiera muriendo.
Mito era una chica completamente diferente a las demás, le gustaban muchas cosas que podría decirse que eran de hombres como las batallas por ejemplo y aquello me dejo perplejo. Especialmente porque ella misma me había pedido tener un combate amistoso.
-Eres una niña, no puedo pelear contra una chica-Dije negándome a lo que ella me dirigió una mirada confundida.
-Soy una chica ¿Y eso que?...No me subestimes, porque esta niña te pateará el trasero-Me dijo en tono provocador, yo solo fruncí el ceño.
-¡Por supuesto que no!-Contradije sus palabras.
-Bueno esta decidido-Sentencio -¡Vamos a bailar!-Exclamo colocándose en posición de combate.
-¿A bailar?-Pregunte arqueando una ceja mientras la miraba sin entender.
-Así me refiero a la pelea-Me explico con una sonrisa -¡Vamos!-Dijo lanzándose hacía mi pero la bloquee con mi brazo, sonreí con emoción. Después de un rato. Como ataque final, Mito me dio un rápido puñetazo en la cara, tirándome abruptamente al suelo.
-¿Te encuentras bien?-Pregunto con mucha preocupación reflejada en sus ojos negros.
-Si. Pero tengo que admitirlo...-Dije serio -¡Eso estuvo genial!-Exclame emocionado, ella se sonrojo apenada.
Me encantaba luchar y combatir, sentía que tenía tanta suerte de encontrar a otra persona que disfrutara tanto de ello como yo. Por lo que hicimos que luchar fuera rutina, siempre que nos encontrábamos en el río practicábamos entre nosotros. E incluso adopte el habito de llamar a la pelea como baile, por tonto que parezca.
Ivámos mejorando poco a poco, ella me enseñaba a mi y yo a ella. Encontraba fascinante su fuerza de la que tenía que cuidarme cada vez que nos enfrentábamos. Pero no siempre nos llevábamos bien, pero no por las razones que la gente pensaría.
-No puedo creer que estés durmiendo en la intemperie. ¿Y si te atacan?-Me dijo una voz suave.
Abrí uno de mis ojos y observe a Mito de reojo. Era una de esas tardes en donde nos reuníamos en el río. Había tenido que jugarle sucio a Izuna para poder escaparme de la fortaleza Uchiha, lo que me había obligado también a salir más temprano. Debía llevar para ese momento al menos unas dos horas de espera.
-Nadie viene por estos caminos, Miyu. Creía que ya lo sabías-Dije despreocupado.
-¡Aún así!-Dijo Mito en tono preocupado.
-Te preocupas demasiado. Además, no soy ningún debilucho, no tengo nada que temer-Dije con arrogancia en mi voz.
Pero Mito saltó de repentinamente hacia mi, sobresaltándome y haciendo que me cayera de la rama en la que estaba descandando de espaldas. Afortunadamente, la rama no era muy alta y no me herí de manera notable, aunque muy probablemente me saldría un moretón.
-Y caerte ¿A eso no le temes? También puedes morir por eso-Dijo en tono regañón.
-¿Es esa tu excusa para hacerme caer?-Dije sobándome la cabeza. Ambos nos miramos el uno al otro, yo tenía una expresión que denotaba reproche e irritación. Mito se encogió.
-Lamento haberte hecho caer. Puedes tirarme también, si quieres-Ofreció para mi sorpresa.
-No seas tonta-Espete negándome rotundamente a lastimarla tan deliberadamente, yo no era esa clase de persona.
-Entonces vamos, será mejor que no gastemos más tiempo en tonterías y nos pongamos a entrenar, Masaru-Dijo Mito con una sonrisa y yo la seguí sonriente hasta la orilla del río.
Ambos luchábamos en igualdad de condiciones. Después de esquivar un atroz golpe dirigido nuevamente a mi rostro, realice varios saltos hacia atrás para alejarme de la gran fuerza de Mito, no podía negar que me seguía siendo fascinante que una niña tan linda y de apariencia frágil pudiera contener tanta fuerza bruta.
Eso sumado a su apariencia exótica y su personalidad única la hacían a mis ojos alguien increíblemente hermosa. Ella me había demostrado que las mujeres eran mucho más de lo que podía apreciarse a simple vista, pero sin duda no encontraría una igual a Mito aun sí buscará por cientos de años.
Aunque Mito ya había demostrado lo capaz que era de vencerme, pensé que si la dejaba ganar ella estaría contenta así que en unos cuantos movimientos después, dejándome expuesto me deje vencer a propósito, cayendo de espaldas en las piedras del río.
-Me venciste-Comente sonriéndole desdé el suelo pero para mi sorpresa Mito frunció el ceño y se acerco a mi a paso firme.
-¿Acaso eres idiota o simplemente te gusta el papel?-Me espeto enojada.
-¿De que hablas?-Dije frunciendo el ceño.
-¿Por qué no peleaste en serio?-Me pregunto.
-Yo… lo hice-Dije inseguro al haber sido descubierto.
-A leguas se vio que me dejaste ganar-Dijo con el ceño fruncido, apretando los puños, con su vista puesta en el suelo - ¿¡Porque me dejaste ganar y no me tomas en serio como un ninja!?-Bramo furiosa.
-Yo solo…-No sabía que decir.
-¿¡Crees que soy débil por ser mujer!?-Dijo más enojada. Yo parpadee confundido.
-No…yo solo no...quería hacerte daño...-Murmuro con voz débil. Pero no entendía porque me gritaba y se enojaba conmigo, no era justo. Le dirigí una mirada igual de furiosa -¡Solo estaba siendo amable contigo! ¡Deberías agradecer que te trate así! ¿¡Prefieres que te golpeen a que te dejen ganar!?-Grite enojado encarándola.
-¿¡De que hablas imbécil!? ¡No desvíes el tema! ¡Nadie me ha golpeado!-Grito con la misma furia mirándome directamente a los ojos.
-¿¡Crees que no note el moretón en tu brazo izquierdo!?-Le grite. Mito inmediatamente se cubrió con la mano sujetándose el brazo, avergonzada de que hubiera visto eso.
-¡Al menos Otou-san no me toma a chiste y se burla de mi dejándome ganar!-Exclamo. Abrí los ojos con sorpresa y ella se coloco una mano en su boca bajando la mirada, luego de unos segundos agrego -No me tomas en serio, tu no me vez como a una igual sino como a alguien con quien juegas-Dijo como tratando de desviar el tema.
-¿Tu padre fue el que te golpeo?-Pregunte con una expresión ilegible en mi rostro. Mito desvió la mirada sujetándose con más fuerza el brazo.
-Tu no lo entenderías, Masaru-Aseguro Mito lentamente con la mirada firme. Pero al parecer reconoció la preocupación que reflejaban mis ojos porque suspiro y volvió a hablar -Al ser educada dentro de un gran y estricto Clan, esa es nuestra forma de actuar-Dijo con la mirada en el suelo.
-¿Golpear a tu propia hija?-Espete con el ceño fruncido. Sentía una gran ira en mi interior con solo imaginarme aquella escena. Apreté mis puños con furia.
-Si lo dices de esa forma suena realmente feo-Estuvo de acuerdo Mito asintiendo. Sin embargo, su rostro se mantuvo inexpresivo -No se si tu perteneces a algún Clan, por lo que probablemente fuiste criado en una familia normal. Pero yo, como otras tantas, hemos sido educadas para ser esposas perfectas así como madres estrictas. Los esposos lideran el Clan, atienden la economía de la familia y la aldea, nosotras debemos quedarnos en el hogar cuidando a los hijos y manteniendo en orden todo-Escuche atentamente todo lo que tenía que decir.
-Pero hay veces en la que las cosas no salen como esta estipulado, por la muerte prematura del Heredero del Clan por lo que la mujer se ve obligada a asumir un papel que inicialmente no le correspondía y que nunca en situaciones normales hubiera sido forzada a asumir, pero la línea sucesoria así lo exige...-Relataba sin hacer contacto visual conmigo -Entonces la mujer carga con responsabilidades ajenas a su naturaleza, siendo ahora tratada más como hombre, blandiendo frente a todos su posición como líder, renunciando a todo lo que la hacia mujer...-
-Porque en este mundo dominado por un legado patriarcal una mujer solo podría sobrevivir convirtiéndose en un hombre, ya que son de ellos, los hijos varones de los que se espera que alcen en alto el nombre del Clan, no de una pequeña niña con sueños de grandeza-Dijo con amargura -Pero si eso es lo que todo el mundo espera, esa niña tendrá que aprender a resignarse, aceptar los golpes como vienen y este estilo de vida como lo haría cualquier hombre, ya que a veces, incluso aunque nos duela, debemos recurrir a métodos drásticos para preparar a los hijos. Aun bajo el peso de los extremadamente agotadores entrenamientos y las altas expectativas, la mujer debe aceptar su destino, aunque no sea lo que ella deseaba en primer lugar-Dijo mirando el suelo
-La niña que jugaba con muñecas, imaginándose algún día caminaría hacia el altar para casarse con un hombre que amara y que la amara, y vivir la simple vida de una amada esposa y madre ahora debe desechar esos sueños y endurecerse para ser algún día una líder competente que traiga gloria a su Clan-Termino dejando sus brazos caer -Quizás no lo entiendas...-
Me había mantenido callado, dejándola ser. Estaba allí para escuchar, así que espere pacientemente a que terminara de descargar todo el peso que llevaba en su interior. Ella había hablado de una forma global pero yo había entendido perfectamente que se refería a ella misma, Mito era la heredera de su Clan ahora, debido a la muerte de su hermano mayor.
No había persona mejor que yo para entenderla, sabía lo que se sentía asumir las responsabilidades que acarreaba ser el heredero, mis hermanos mayores murieron dejándome la tarea de liderar al Clan a mi, era agotador y agobiante, no la culpaba por sentirse atrapada y sola. Pero la entendía y ella me entendía a mi, eramos el mejor consuelo para el otro.
-Miyu...-Dije dulcemente, acercándome a ella y envolviéndola entre mis brazos, dejándola perpleja -Estoy aquí, descarga todo tu dolor. No te puedo prometer aliviarlo, pero haré todo lo posible para ayudarte-Le prometí. Y Mito no respondió solo enterró su rostro en mi hombro.
En ese momento rompió a llorar, llorando de rabia y dolor. Cerré los ojos y la estreche contra mi, consolándola, acariciando su espalda suavemente. No supe cuanto tiempo duraron sus sollozos, pero estuve allí con ella, hasta que Mito dejó de llorar.
Deseaba poder borrar sus penas para que jamás volviera a estar triste. Pero en este mundo en el que vivimos eso era imposible, aun nos faltaba mucho por sufrir pese a mi corta edad lo sabía muy bien, lo único que podía hacer era estar con ella para que las penas fueran menos dolorosas. Y parecía no ser el único que pensaba de esa manera porque Mito también procuraba estar hay para mi cuando la necesitaba.
Esa dulce muchachita se había convertido en una de las pocas personas que me habían querido y animado. Los meses junto a ella fueron los más gratos de mi vida en un muy muy largo tiempo, esos meses felices, las risas, los juegos, los entrenamientos, las bromas, los cuidados, las caricias, la preocupación…más felicidad.
-¡MIYU!-Grite cuando la vi sentada en la rama de un árbol, pero lamentablemente la asuste tanto que resbalo, irónico ya que ella misma me había advertido que no se subiera porque podría ser peligroso.
Sin saber cómo reaccionar, los dos actuamos de distintas maneras. Yo al verla cayendo salte hacia ella para atraparla antes de la caída, envolviéndola entre mis brazos para que Mito no saliera lastimada.
Pero ella sin esperar por un príncipe azul que la rescatara, se impulso contra el tronco del árbol para así ganar impulso y caer suavemente sobre sus pies en el suelo, debido a esto sin querer termino estrellándose contra mi, y yo de igual manera me estrellé contra el tronco del árbol de donde caía Mito. Al final caímos, siendo yo el colchón amortiguador de la caída de ambos.
-¡¿Estás bien?!-Pregunto Mito preocupada mirándome debajo de ella.
-Sí, sí, sí muy bien, pero… ¿Podrías quitarte de encima estas muy gorda?-Dije aunque en realidad había querido decir ''pesada'' pero dije gorda y en ese momento de mi vida aprendí que eso JAMÁS se le decía a una mujer.
-¡¿QUÉ?!-Grito histérica. Una vena gigante resalto en su cabeza al escuchar tal acusación. Desde mi posición en el suelo temblé al ver el aura tétrica que envolvía a Mito. Ella se paro abruptamente de mi y comenzó a caminar con pasos fuertes hacia el bosque con intención de irse.
-Espera...-Dije corriendo tras ella y sujetándola del brazo, solo para después salir volando y terminar estampado otra vez contra el tronco del árbol. Me sobe la cabeza por el golpe para después alzar la mirada hacia Mito que me veía con los ojos blancos de furia.
-¡¿Como te atreves a llamarme gorda?!¡Energúmeno insensible!-Espeto furiosa señalándome acusadoramente con el dedo. Una gota apareció en mi cabeza completamente confundido, sin saber que hacer -¡Cubo de hielo, grosero que no respeta a las mujeres!-Me grito mientras se le agrandaba la cabeza y yo me encogía, sinceramente asustado de la expresión terrorífica de la Uzumaki.
-Lo siento-Dije lo único que se le ocurrió -Nunca volveré a decir algo parecido-Añadí y para mi alegría y sorpresa Mito relajo su expresión.
-Bien. Así esta mejor-Dijo sonriendo contenta. Yo caí de espaldas cómicamente ante el repentino cambio de actitud. Las mujeres eran muy bipolares.
Cada vez que me mostraba desanimado o triste ella era gentil, bondadosa y muy afectuosa conmigo, me consolaba y yo le brindaba fuerza y apoyo cuando las estándares inalcanzables de su Clan la aturdían.
Yo pensaba en ella como una buena amiga al principio que talvez podría tener con ella lo que pude tener con Hashirama, pero poco a poco pensaba más y más en Mito, y cada vez de manera más personal hasta que la tenía en la cabeza todo el tiempo. Incluso mis sueños se vieron envueltos con ella, me costaba pensar con claridad.
Pero siempre algo tenía que romper la burbuja en la que me encontraba. Las incesantes batallas contra los Senjus constaban cientos de vidas inocentes y por triste que fuera tuve que ver morir a muchos familiares, conocidos y amigos, lo que me llenaba de un gran dolor. Parecía como si no pudiera tener un ser querido sin que este se me fuera arrebatado.
Volví a romper a llorar, ocultando mi rostro entre mis brazos, llorando y gritando maldiciones a los cuatro vientos, enojado con ese dolor que no desaparecía. Solo quería descargar todo el dolor que llevaba en mi interior. Mis mejores amigos habían muertos el día anterior en un enfrentamiento contra los malditos Senjus.
El solo recordar el aspecto de sus cuerpos moribundos me oprimía el alma, completamente llenos de kunais y sangre, mucha sangre. Ellos habían sido tan jóvenes, habían tenido toda una vida por delante y aun así habían muerto. Apreté mis puños, llorando amargamente. Clavándome las uñas en mis palmas, hasta que estas sangraron.
Pero el dolor no disminuía. Cuando repentinamente escuche un crujido similar a pasos, no estaba de humor para nada, por lo que levante violentamente la cabeza mirando de forma amenazante a quien sea que se acercaba con las dos aspas de mi Sharingan girando furiosamente en mis ojos. Pero al ver a Mito salir del bosque, lo desactive inmediatamente, secándome presuroso las lagrimas.
-¡Masaru!-Exclamo alegremente corriendo hacia mi, pero luego reparo en la expresión de dolor en mi rostro y su sonrisa desapareció -¿Te encuentras bien?-Pregunto preocupada. Yo me mantuve callado, desviando la mirada -Masaru-Dijo dulcemente, acercándose a mi.
Tomo suavemente mi cabeza e hizo que me recostara contra sus piernas. Yo no me queje, sólo enterré mi rostro contra el regazo de Mito, sollozando débilmente, sintiéndome como un niño pequeño, como cuando lloraba en las piernas de mi difunta madre. Me sentía débil y vulnerable, y como odiaba eso.
-Confía en mí. Sé que te sientes triste y solo, pero ahora eso ya no sucederá. Estoy aquí-Lentamente las palabras dulces y tranquilizadoras de Mito me calmaron un poco.
A los pocos minutos sentí como las manos delicadas y cálidas de Mito me acariciaban el cabello. Definitivamente Mito era una buena chica, la clase de chica que ofrecería su amor sin esperar nada a cambio. Me pregunte quien podría merecer ese amor grande y desinteresado. Mis sollozos disminuyeron hasta desaparecer.
Deje de llorar. Mi dolor fue opacado entonces dando paso a la vergüenza sintiéndome débil y tonto. Ninguno de los dos hablaba, pero no era necesario, el silencio no era incomodo en lo absoluto, simplemente llenaba el ambiente. Suspire profundamente antes de hablar.
-Debes pensar que soy un idiota-Dije de forma calmada, mirando las nubes. Mito tenía razón el verlas flotar me relajaba. Habían pasado tantas horas sin que nadie hablara que pude sentir como Mito se estremeció cuando rompí el silencio de forma repentina, aun así, respondió casi al instante.
-Yo no pienso eso-Sonrió de forma dulce -Al contrario creo eres alguien increíblemente fuerte Masaru, pero todos tenemos un punto limite y de vez en cuando necesitamos descargarnos-Explico con voz calmada.
-Maldita guerra..malditas sean las muertes..-Murmure aferrándome a sus piernas mientras Mito me regalaba suaves caricias en el cabello, dispuesta a escuchar todo lo que me preocupaba y eso conmovió una parte muy profunda de mi ser -Desearía traer la paz a este mundo-Le confesé. Queriendo poder encontrar la forma de proteger a mi pequeño hermano de la crueldad que existía en el mundo.
-Quisiera poder desarraigar de una vez aquel odio profundo que existe en el mundo, para que lo más preciado que tengo...-Decía Mito -Mi hermana, no muera en las manos de algún villano en vano-Me dijo sorprendiéndome, era casi como si hubiera leído mi mente.
-Este mundo es horroroso, necesitamos un mundo mejor-Dije derramando algunas lágrimas -El único modo de que nadie muera, es que los enemigos muestren todo lo que llevan en su interior, sin ocultar nada y entonces brindar juntos como hermanos...pero eso es imposible-Me lamente.
-Así es-Estuvo de acuerdo ella -El mundo siempre está en guerra-Decía acariciando distraídamente mi cabello negro -Por eso hay que estar unidos. Si personas tan diferentes como nosotros pueden convivir y compartir un mismo sueño, significa que todos los demás también pueden-Me dijo.
-Desearía ser más optimista respecto a eso-Sonreí amargamente -Miyu, no deberías hacer este tipo de cosas, no tienes porque hacerlo-Dije casi como sintiendo que estaba mal que ella me consolara de aquella manera.
-¿Porque no?...No todo lo que se hace debe tener un motivo especifico-Contradijo Mito, conmoviéndome un poco. Ella siguió acariciando mi cabello puntiagudo. Continuamos en esa posición hasta que llego la hora de irnos.
Poco después me descubrí descuidando mis entrenamientos, deseando solo que llegara la hora para ir a verla. Con el paso de los días el sentimiento era más y más fuerte. A cada momento que pasaba con Mito solo me hacia querer más. Hasta que tuve algo claro, quería a Mito para mi.
Que ella fuera el rostro que viera al despertar todos los días, que fuera ella la primera persona que me recibiera al regresar de una batalla, que fuera ella la que sanara mis heridas y que me ayudaba a olvidar el dolor de mis cicatrices, con amor, detalles y cariños...yo sería capaz de ir hasta el final del mundo por ella. Mito sería mía de eso no tenía la menor duda, sería mi esposa y la futura madre de mis hijos, solo tenía que ser paciente. La adoraba por sobre todas las cosas.
-Otou-san ¿Me llamaste?-Pregunte sentándose frente a el. Sabía muy bien lo que me diría.
-Así es Madara-Dijo Tajima con expresión seria -Haz estado muy distraído últimamente-Declaro -Estamos en un momento critico de la guerra, no puedes darte el lujo de distraerte o te terminare enterrando junto a tus hermanos-Dijo con naturalidad. Pero yo sabía lo que le dolía la perdida de mis hermanos, mi padre era un hombre fuerte que no se avergonzaba del hecho de perder a sus hijos de manera honorable.
-Lo lamento. No volverá a pasar-Prometí sintiéndome avergonzado por mi comportamiento, pero sintiéndome incapaz de controlarlo en este punto.
-Debe valer la pena para que te tenga así de embobado-Dijo con un tono más alegre. Para mi sorpresa y me sonroje.
-No se de que hablas-Dije avergonzado al ser descubierto. No sabía que hubiera sido tan obvio para que mi padre se diera cuenta.
-Tranquilo, no te estoy regañando-Aseguro y sonrió de forma dulce como pocas veces lo hacía -Claramente creo que debes saber que no todos merecen el amor y la entrega de un Uchiha. Pero…el amor es ciego y tonto. En el corazón no se manda, no elegimos a quien amar-Decreto.
-Merece la pena-Susurre pero lo suficientemente alto como para ser escuchado.
-Tú también lo mereces-Sonrió paternalmente -Solo asegurate de que te haga feliz y que llene el vacío de tu corazón-Pidió.
-Otou-san ¿Qué quieres decir?-Pregunte confundido.
-Simplemente lucha por ella, cueste lo que cueste. Y algún día tus sentimientos llegarán a ella-Aconsejo. Medite sus palabras a profundidad y asentí. Y en esos cortos segundos de pensamiento decidí que lucharía hasta el final por Miyu, sin importar por sobre que o quién tuviera que pasar.
-¿Sabes?-Comento captando mi atención -Cuando tenía tu misma edad había una chica muy hermosa que capto mi atención, enamorándome con su dulzura y atenciones-Dijo recordando gratamente su infancia.
-¿Y que paso con ella?-Me atreví a preguntar imaginando que seguramente aquella chica había muerto durante la guerra y en realidad no estaba muy equivocado.
-Se convirtió en tu madre-Sonrío contento de forma melancólica y yo sonreí de la misma manera.
Pronto llego el día que decidí confesar mis sentimientos. Corría con prisa hacia el lugar pautado, tenía una gran sonrisa de emoción, no me importaba que en un principio ella no me correspondiera, yo me ganaría su corazón y haría que ella me amara tanto como yo la amaba a ella, le brindaría lo mejor, nunca le faltaría nada, la protegería y sobre todo la haría muy feliz. Le diría todo, quien era yo, que mi nombre era Uchiha Madara y sin importar que nombre llevará ella o a que Clan perteneciera, esa hermosa chica pelirroja llevaría algún día el apellido Uchiha en su nombre.
Pero el destino siempre parecía estar en mi contra y apenas llegue su detestable primo apareció y se interpuso entre ambos, con la misión de matarse y alejarme de ella, no me importaba por los cadáveres de quienes tendría que pasar para llegar hasta mi amada, pero no podía matarlo si él era importante para ella, aun así lo siguiente que dijo me hizo querer cortarle la lengua.
-¡Como te atreves a entablar relación alguna con Mito-hime. No tienes ningún derecho...poder convivir con ella es un privilegio que un Uchiha maldito como tu no podría poseer nunca!-Grito enojado el pelirrojo.
La forma en que me miro Mito después de eso me dolió más que cualquier arma enterrada en mi cuerpo, sus hermosos ojos negros se abrieron con horror, negación y sorpresa, no tuve que pensar mucho para deducir que seguramente los Uchiha abrían hecho algo en contra de su familia. Quizé acercarme a ella, decirle que no tenía que temerme, que yo la protegería de todo. Pero la peste de su primo Ginji se volvió a interponer, libramos una leve batalla pero cuando comenzó a intensificarse Mito intervino y le ordeno la retirada a lo que el sin más obedeció.
Ginji llego al su lado y Mito me dirigió una mirada triste, esa mirada me decía tanto...había dolor, había arrepentimiento, había cariño y sobre todo había pérdida, con esa simple mirada me decía el adiós definitivo, me sonrío tristemente antes de marcharse junto a su primo.
Intente seguirlos pero perdí su rastro. Durante días busque en la zona pero no encontré nada, al final tuve que resignarme que así no la encontraría, apreté mis puños con fuerza, ahora que por fin era feliz, que me sentía en paz y pleno, que sabia lo que en verdad deseaba me lo habían arrebatado, yo quería a Mito y la tendría...pare un momento pensando...Mito...ese era su verdadero nombre, el cual era desconocido para mi hasta ese momento. Ahora solo bastaba con encontrar su apellido y podría ir por ella.
Los años pasaron...me convertí en el líder del Clan Uchiha luego de que mi padre falleciera de inhadición después de haber sido tomado como rehén por los Senjus. Concentre todas mis energías en sacar adelante al Clan y colocar en alto el nombre de los Uchihas, aun así nunca la olvide. Fui conocido por mi brutalidad durante las batallas, siempre terminaba rodeado por pilas de cuerpos en el campo de batalla, nadie que se enfrentará a mi vivía para contarlo, claro nadie a excepción de Hashirama el cual también termino volviéndose el líder de su Clan.
Contrario a lo que a mi me hubiera gustado, no retomamos nuestra amistad sino que seguimos enfrentándonos, esas batallas se volvieron tan frecuentes como la salida del sol. Habían muchos muertos por parte de ambos bandos. En un punto Hashirama quizó crear una alianza pero mi herido hermano me pidió que no creyera en las mentiras de los Senjus y me negué. Pero todo se complico cuando perdí la vista, me encontraba desesperado así que Izuna quién estaba herido de muerte me ofreció sus ojos, yo no quise en primera instancia pero al final me convenció.
Enterrar a mi hermanito menor ha sido una de las cosas más difíciles que he hecho en la vida. E inevitablemente la muerte de Izuna empezó a llenar de odio mi corazón, cegado con una furia homicida quise asesinar a Tobirama culpándolo por todo, pero Hashirama no me permitió acercarmele, así libramos una feroz batalla. Termine vencido y exhausto solo quería la muerte, no tenía un verdadero propósito en este punto de mi vida, perdí todo lo que tenía.
Cuando Hashirama intercedió por mi, le di un ultimátum de matarse él mismo o a su hermano. Pero cuando lo observe dispuesto a quitarse la vida vi las consecuencias de mis actos, me había dejado cegar por el odio, y por nuestra amistad, pare la mano de Hashirama parando su suicidio. Hashirama se sorprendió mucho cuando le dije que ya había probado su valía.
Me ayudo a levantarme con algo de dificultad y nos convertimos en aliados. Meses después creamos Konohagakure no Sato, lo que había sido nuestro sueño desde niños. Todo había marchado bien y parecía que podría tener un hogar en la aldea junto a mi Clan, si todo fue bien hasta que la vi en la entrada de Konoha. No me tomo más de algunos segundos reconocerla, sin duda era ella.
Era Mito, la tierna y bondadosa niña que nunca había podido olvidar por completo, ahora estaba frente a mi convertido en una mujer hermosa y elegante, vestía con un kimono muy elaborado, y su precioso cabello rojo sangre se encontraba enrollado con moños a cada lado de su cabeza de los cuales colgaban unos sellos en forma de pendientes. También tenía una joya en su frente. Yo me quede sin habla al verla hay, no supe como reaccionar.
Pero grande fue mi sorpresa cuando Hashirama apareció dándole un cariñoso abrazo, fruncí el ceño disgustado antes de que él reparara en mi presencia y se acerco hacia mi junto a ella. Hashirama sonrío radiante mientras presentaba a su bella prometida Uzumaki Mito a su querido amigo Uchiha Madara. Eso torció todo. Un hecho que oscureció mi corazón más de lo que ya estaba.
-Es un placer conocerlo Uchiha-san-Su voz fue melodía para mis oídos. Tome delicadamente su mano y deposite un casto beso en su muñeca sin apartar mi intensa mirada de sus ojos ni por un momento.
-El gusto es mío Miyu...-Dije su apodo a propósito y por su expresión sorprendida supe que me reconoció de inmediato. Por su parte Hashirama estaba confundido siendo ajeno a esa escena.
-Masaru...-Murmuro ella antes de abrazarme en un efusivo abrazo, yo me aferre a ella envolviendo mis brazos a su alrededor, feliz de encontrarla nuevamente. Pude escuchar como Hashirama preguntaba si se había perdido de algo pero no me moleste en contestarle.
Mito debía ser mía, pues yo era mejor que Hashirama, nunca un Senju podría ser mejor partido que un Uchiha. Era lo que pensaba mientras el tiempo pasaba. En los siguientes años había podido disfrutar de la compañía de Mito, de la dicha de estar a su lado. Sabía perfectamente que la amaba y el tiempo separados solo había aumentado mi amor y deseo por ella.
Pero sabía que tenía que tener cuidado después de todo, el amor hizo que sufriera la pérdida de mis hermanos, compañeros y seres queridos. No la perdería a ella como me ocurrió con todos los demás , y haría lo que fuera para ello. Pese a los unidos que éramos y a los buenos e íntimos momentos juntos, la relación entre Mito y yo era la de solo unos muy buenos y cercanos amigos.
Yo calle mis sentimientos por mucho tiempo, dando sonrisas falsas ante la relación romántica entre Hashirama y Mito, incluso los felicite en su boda deseándoles lo mejor. Pese a todo guardaba la esperanza de que ella algún día volteara y se diera cuenta de lo que era capaz de ofrecerle, que mi amor por ella sería infinitamente más inmenso que el del Senju. Pero eso no sucedió.
Cuando el momento de elegir al Hokage llego, esperaba el apoyo de mi gente y del pueblo de Konoha, pero resulto que nadie a excepción de Hashirama me consideraba un candidato acto. Puede que no tuviera una buena reputación, pero había sabido guiar a mi Clan y había sido un líder capaz de proteger y dar la vida por quienes estaban a mi mando, pero eso no les importo, solo importaba el hecho de que me trataba del peligroso Madara Uchiha. Una vez el salón se vio vacío le pedí a Mito un momento para hablar a solas.
--No has dicho nada durante la reunión. ¿A quién apoya tu Clan?-No pude aguantar la pregunta.
-Los Uzumaki apoyan a Hashirama. Es bondadoso, justo, fuerte y ama a la aldea-
-¿Yo no soy todo eso?-Pregunte con dureza.
-El clan Uzumaki no pertenece a Konoha como tal, eso es solo una opinión. Al final nosotros no votamos. Eso lo decide el pueblo de Konoha-
-¿Y cuál es tu opinión?-Insistí ansioso por saber su respuesta.
-Creo que Hashirama sería un buen líder-Apenas escuche aquella respuesta salir de sus rosados labios un amargo sentimiento se alojo en la base de mi estomago y no pude evitar responder con hostilidad cuando ella solo había sido sincera.
Con rapidez estrelle mi boca contra la de Mito de forma un tanto violenta, le pase el brazo izquierdo por toda su espalda delineando su cuerpo hasta llegar a su nuca y sujetarla con fuerza. Mientras que con la otra le abrazaba la cintura evitando que se apartara ni un centímetro de mi. Era un beso desesperado, lleno de anhelo y pasión desbordada.
Mito intento apartarse pero yo solo me apreté más contra ella. Sujetándola del cabello de la nuca la obligue a echar la cabeza hacia atrás y a abrir la boca la cual invadí con mi lengua que exploró desesperadamente el lugar buscando memorizarlo todo y tener impreso en mi mente su sabor. No tenía que ser un genio para saber que no fue un beso agradable para Mito después de todo estaba lleno de furia y reproches, pero curiosamente, extrañamente en ese momento no me importaba.
Sabía que ella podría apartarme en cualquier momento pero no lo hizo, algo dentro de mi sabía que era para darme tiempo suficiente para recapacitar y apartarme por mi propia cuenta, pero eso era lo que menos deseaba en este punto. ¿Porque no podía devolverme el beso? ¿Porque no podía besarme como si yo tuviera el cabello marrón...como si yo fuera su esposo...como si yo me llamará Hashirama Senju?
En ese momento la odie mientras impregnaba rabia en el beso hasta que la herí, hasta que magulle los labios que habían encendido mi deseo, hasta desquitar en su boca mi rabia y resentimiento. La odie por lo que sentía por ella y por lo que no sentía por mí. La odie por hacerme amarla tanto. La odie por ser la causa de mis desvelos, de mi dolor, de mi soledad, de ese sentimiento que se había forjado en mi pecho desde el primer día que la conocí y que lo único que hacia era carcomerme por dentro por cada día que pasaba sin ella.
La odie también cuando al separarse Mito me miró sin ningún matiz de reproche o enojo en sus ojos negros, solo había preocupación y pena reflejados en ellos. La odie mientras volví a unir mis labios una vez más. Pero esta vez el beso no estuvo cargado de odio y rencor. Quería besarla de la manera que siempre soñé hacerlo.
Hubo tanto cariño, tanto amor, tanta devoción y adoración mientras la sostenía con cuidado, la besaba con suavidad y pasión. Sentí como Mito lloraba, gemí en sus labios y la bese sin importarme las lágrimas que teñían el beso. Me aferre a ella en un abrazo, besándola con tristeza y desolación, siendo ambos conscientes de que aquella era una despedida. Pues mi alma con ese ultimo acto se manchó tanto, que ahora solo era negra, fría y oscura.
Por fin la solté y di un par de pasos hacia atrás dándole su espacio para recuperarse de la impresión de lo que acababa de suceder. Mito respiraba entrecortadamente, pude ver sus labios hinchados por el brusco beso, ella llevo una mano para acariciarlos levemente con la yema de sus dedos y yo solo mire el suelo avergonzado, avergonzado pero no arrepentido, jamas arrepentido.
-Madara...yo no te reprocho nada, pero me duele ver el hoyo oscuro en el que te sumerges día a día, siempre contarás conmigo y con mi amistad. Pero lo siento, yo amo a Hashirama y él a mi, y nada ni nadie lo cambiara-Escuchar esas verdades venir directamente de Mito solo me hizo sentir un vacío en mi pecho.
-Jamás fui digno de ser amado ¿Verdad?-Pregunte en voz alta, pues así me sentía. Todo aquel que ame me había sido arrebatado de una manera u otra, mis hermanos asesinados por los Senjus, mi madre consumida por el dolor, mis amigos caídos en batalla, mi padre muerto de inhadición, Izuna asesinado por Tobirama y ahora Mito...me era arrebatada por Hashirama...no...eso había sucedido hace mucho tiempo. Quizás nunca tuve una oportunidad real como tanto me empeñe en creer.
-Eso no es cierto Madara-Me dijo con voz suave mientras acunaba mi rostro entre sus suaves y delicadas manos, cerré los ojos disfrutando del inocente contacto -Yo te amo...-
-¡¿Y porque no me elegiste?!-No pude evitar gritarlo haciéndola temblar ligeramente asustada. Respiro profundamente, nunca me gusto causar ese efecto en ella.
-Como un hermano...Siempre estaré hay para ti. Se que algún día encontrarás a una buena mujer que te ame y te haga feliz...-
-¡Pero yo te amo es a ti! ¡Desde el día en que te vi por primera vez en aquel río! ¡Eres la única!...La única..la única...-Mi voz fue perdiendo fuerza hasta que ya no se escucho. Mito sonrío tristemente.
-Lamento tanto ser la causa de tu sufrir, pero yo solo puede ofrecerte mi sincera amistad-Yo sonreí sarcástico.
-Ofrecerle amistad a alguien que desea amor, es como darle sal a alguien que muere de sed en el desierto-Concluí yo y Mito se mantuvo callada mientras alejaba sus manos de mi rostro.
También me dolía ponerla en esa posición, si solo entendiera que conmigo estaría mejor, pero Hashirama la había puesto bajo su embrujo como hizo con todos, siempre la gente tenía que amarlo, siempre. Mientras que yo quedaba excluido mendigando las migajas de lo con tanta devoción le daban al Senju. Entonces llegue a una conclusión, esta vida no era justa, sin importar cuanto batallarás por cambiarla.
Lo único en lo que fui bueno toda la vida fue en la obtención de poder y aun así el desgraciado me supero, pero yo tengo una ventaja y es la poderosa sangre Uchiha. Si en este mundo solo los fuertes conseguían lo que deseaban entonces yo me volvería el más poderoso de todos y los obligaría a doblegarse a mis deseos, y si no podía superar el poder de Hashirama entonces lo sacaría del panorama así no tendrían más opción que alabarme a mi. Por lo tanto la única forma de conseguir lo que deseas es con el poder, la única manera de conseguir el respeto es con el poder, la única forma de conseguir el amor es con el poder.
-Yo soy mejor que Hashirama-Dije mirándola directamente y mis ojos reflejaron odio, odio hacía Hashirama. Pude ver la sorpresa y horror en sus ojos pero no me importo, pronto entendería, pronto todos entenderían. Así salí de la habitación sin volver a mirarla. Decidí que no le diría a nadie lo que había pasado en esa habitación.
No paso mucho tiempo cuando ante mi apareció Blanck Zetsu y me hablo del Plan Tsukuyomi Infinito. Era fantástico pensar en crear un mundo donde todo sería perfecto. Donde podría ser el Shodai Hokage, donde mis hermanos estuvieran vivos y mi clan sería fiel a mi, un mundo donde mi preciada Mito me amaría.
-No importa cómo, pero limpiaré este detestable mundo…lo cambiaré así tenga que eliminar toda esta despreciable realidad…-fue mi pensamiento primario desde ese día.
Tenía que cambiarlo, porque este mundo solo está lleno de cosas que no funcionan como uno las desea. Viví tanto en guerra que abrió mis ojos, cuanto más vives..más te das cuenta de que la realidad está hecha de dolor, sufrimiento y vacío. El odio es un refugio para aquellas personas que nunca olvidan el dolor que en algún momento sintieron, el propio deseo de paz es el que genera la guerra, el egoísmo mueve el mundo. Enterraré todo el odio y sufrimiento bajo tierra. Cambiare todo con el plan ojo de luna.
Era lo que pensaba mientras libraba la batalla final contra Hashirama con el Kyubi de mi lado. había dejado la aldea, convirtiéndome en un traidor rechazado por su propio Clan, pero había valido la pena, ya tenía la batalla ganada. Pero nunca espere que Mito se entrometiera. Yo hacia esto por ella, para que fuéramos felices pero ella no podía entenderlo. Yo quería ofrecerle el mundo entero y aun así ella me arrebato mi arma más poderosa.
La mire con mi Mangekyo Sharingan Eterno activado mientras terminaba los sellos, abrió de forma brusca su kimono dejando el descubierto su estómago y pechos cubiertos por vendas.
-¡Jutsu de sellado!-Gritó antes de colocar su mano en su estómago donde se dibujaron unos extraños símbolos. El chakra del Kyubi empezó a ser absorbido dentro de ella y gracias a sus cadenas este no fue capaz de huir.
Apreté fuertemente la mandíbula al ver como Mito cerraba los ojos conteniendo el dolor que le producía la absorción del Kyubi dentro de ella. Ni yo ni Hashirama nos movimos hasta que el Kyubi fuese totalmente absorbido por ella. Sus cadenas cayeron con un ruido sordo al suelo, y el Kyubi había desaparecido.
Mito callo al suelo en un sonido seco. Grite su nombre junto a Hashirama, corrí hacia ella pero el Senju me lo impidió manteniéndome entretenido con raíces que salían del suelo, mientras el iba a auxiliarla la cargo en brazos y salió de la zona de batalla. Hubiera querido objetar pero la verdad era que eso era lo más seguro para ella por lo que me calle y continué con la batalla.
- . -
Madara volvió a escupir sangre mientras yacía en el suelo. sonrío con pena, había sido rechazado por su propio clan, había perdido contra su eterno rival en todos los ámbitos existentes, era un cero a la izquierda para el resto del mundo, y ahora no solo quedaría marcado como el mayor perdedor de la historia sino que estaría solo hasta que la muerte se lo llevara. Irónico final para alguien como el y ¿quién sabe? Quizás hasta bien merecido.
Al parecer nunca pudo huir de su destino. Mito se había equivocado, puso todo de el y aun así el universo se había confabulado en su contra para que al final fracasará. Su odioso destino era siempre perder ante Hashirama. A el, a quién jamás le gusto perder ahora tenía que resignarse al amargo sabor de la derrota.
Cerro los ojos esperando que el oscuro final llegara pero para su sorpresa sintió unas suaves manos acunar su dolorida cabeza contra un suave regazo dejando que se recostara contra el tibio contacto. El pelinegro no se quejó, cerro los ojos e inhalo profundamente una pequeña y tranquila sonrisa reino en su rostro, no tuvo que ver para saber de quién se trataba.
-Mito...-Murmuro el vencido líder Uchiha -Si viniste...-La Uzumaki no pudo evitar llorar débilmente, reprimiendo sus sollozos mordiéndose los labios. Abundantes lagrimas se acumulaban en sus tristes ojos negros y se deslizaban por sus sucias mejillas.
-Tranquilo...todo estará bien...Estoy aquí-Murmuro Mito con la voz amenazando con romperse en cualquier momento. Lentamente las palabras dulces y tranquilizadoras de Mito lo calmaron un poco.
Si ella estaba junto a el, entonces no tenía porque temer a la muerte. Sintió como las delicadas y cálidas manos de Mito le acariciaban con ternura el alborotado cabello azabache, acunándolo mientras murmuraba palabras tranquilizadoras, asegurándole que todo estaría bien, el sabía que no era así pero se permitió creer aquella mentira piadosa. Justamente fue ese amor desinteresado que hizo que amara tan locamente a esa hermosa mujer. Tontamente una vez penso ser merecedor de ese amor tan grande y puro.
Las lágrimas de Mito caían una tras otra sin cuartel, cerro fuertemente los ojos intentando pararlas inútilmente, mientras mordía sus labios, la habían educado para nunca permitirse aquella atroz muestra de debilidad. Quizó hacerse la fuerte pero lo miro y al ver el pálido rostro al cual se le escapaba la vida con cada segundo que pasaba fue demasiado para ella, se derrumbo a llorar, pues era el único alivio que encontraba para el desgarrador dolor que oprimía su pecho y estrujaba cruelmente su corazón.
-Per-dón...perdón...perdón...lo lamento...fue mi culpa...todo fue mi culpa...si hubiera llegado antes...si hubiera hecho las cosas diferentes...tu...tu no...-La voz de Mito se quebró incapaz de continuar.
-Esto no fue tu culpa...-Murmuro Madara aferrándose desesperadamente a la conciencia -Mito tu fuiste...la luz de mi vida...el único alivio que conseguí en este mundo...desearía poder volver a encontrarme contigo en la otra vida...y aun si terminara igual no lo lamentaría...pasaría por esto mil veces si es que así me asegurara un pequeño rincón en tu corazón..Aunque lamento que eso no será posible...he cometido muchos pecados a lo largo de mi vida...Y el peor de todos fue herir a tan precioso ángel...Díos nunca perdonará a un demonio como yo, por haber hecho sufrir tanto a un ángel como tu-Madara sonrío debilmente entrelazando su mano suavemente con la de Mito, ella sollozó y lo abrazo con más fuerza acercándolo a su pecho, meciéndolo ligeramente como si de un pequeño niño se tratara.
Madara sonrío al escuchar los acelerados latidos del corazón de Mito. Tal vez no tuvo la vida que deseaba, ni podría cambiar su propio destino...pues este parecía que ya había sido tejido, pero su vida no solo había sido dura y trágica, tal vez muchos de los sucesos que había vivido fueron horribles y tristes, pero también muchos fueron alegres, felices y significativos, curiosamente la mayoría fue junto a Mito, y aunque pudiera no desharía los malos momentos ya que todos ellos forjaron su carácter y lo habían llevado a conocerla a ella.
Ese amor había sido tanto su salvación como su perdición. Pese que después de su rechazo el perdió prácticamente el juicio, nadie podía negar que hasta el último momento demostró su amor por ella. Ese mismo amor lo llevó hasta las últimas consecuencias, causando su trágico final, fue ese amor lo que lo llevó a su muerte. Pero también fue ese mismo amor el que le permitía irse en paz, aun sabiendo que terminaría en un lugar horrible.
Los ojos de Mito se abrieron a su máximo punto con horror y dolor cuando la mano de Madara aflojo su agarre y callo flácida al suelo con un sonido sordo. El grito de angustia de Mito rasgo el pesado ambiente, su rostro lleno de desesperación quedaría grabado a fuego en la mente de cualquiera. Lloró, lloró tanto que sintió que sus ojos se quedarían sin lágrimas. Aferro el cuerpo inerte de Madara contra su pecho fuertemente justo donde estaba su corazón, o lo que había quedado de él, lloró acunando el ahora frío cuerpo hasta que amaneció. Mito sintió que una parte de su ser había muerto con el ese día.
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No importa que me cueste, crearé mi mundo perfecto, sin guerras, sin dolor, sin muerte. Ambos seremos felices y formaremos la familia que siempre quisimos. Todo será perfecto para mi y para ella, asegurándome de que nadie se entrometa en mis planes. Destruiré este mundo y traeré el verdadero de vuelta, ya que este solo era una cruel mentira...porque en este mundo Mito jamás me amaría como yo la amo a ella.
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-¿Uzumaki?...Del Clan de Mito-
Uchiha Madara
