Vuestra merced hace bien en recordar la obviedad de que ni la franquicia de Pokémon ni otras mencionadas en las siguientes líneas pertenecen a este humilde servidor. Mejor, pues la serie habría terminado definitivamente en Sol y Luna, con un beso entre Lillie y Satoshi.

Sin embargo, gracias a Arceus, el Misericordioso, existen los fanfiques, como la presente ficción costumbrista que leerá en los próximos minutos. Prepare su bebida favorita, colóquese los auriculares y póngase cómodo, por favor.


Créditos de la imagen de portada: Montaje compuesto por un servidor con ilustraciones tomadas de la web Zerochan: #1852706 (Serena), #2054474 (Lillie), #1109538 (Satoshi) y #1171200 (Bianca).


—¡Estoy muy orgulloso de ti, Clem!

En ese momento, Lemon Meyer levantó a su hija de catorce años para hacerla girar como si fuera una nena de cinco. El hermano mayor todavía no se explicaba de dónde su padre sacaba tanta fuerza; la amiga de la familia observaba la escena con ternura.

—Fue un resultado muy parejo, Clem, ¡sí que tienes talento para esto! —dijo ella, alegremente.

—Gracias, Serena, pero dale el crédito a Clem-Dedenne.

—¡Nenené! —exclamó el aludido, a la vez que saltaba del bolso de su entrenadora y hacía una ve de victoria con su mano derecha.

Nos encontramos en la vivienda-taller de los Meyer, ubicada en la segunda cuadra de la Avenue Floréal, a menos de quinientos metros del inmenso Champ de Mars, que es el emplazamiento de la Tour Prismatique. En las calles, a pesar de la garúa leve, las cafeterías y bazares ya recibían a los primeros visitantes del día, el día después de la noche de la Saint-Valentine en la romántica Lumiose, la capital internacional del Amour.

Lem avisó que la mesa del desayuno ya estaba preparada y que comenzaría a servir la comida para los Pokémon. Serena, por su parte, se dispuso a sacar sus chausson aux pommes del horno, y Lemon dejó de cargar a la púber para ayudar a llevar las tartines con mantequilla y el chocolate caliente que acompañarían aquella fría mañana. Todos estaban de buen ánimo. Había que continuar con el festejo de la noche anterior, y también comenzar a prepararse para lo que vendría.

—Tienes dos meses a partir de ahora, Clem. ¿Ya tienes ideas para presentarte en tu primera Épreuve des Élues? —preguntó Serena.

—¿No es algo apresurado pensar en eso? —respondió el padre— Tienen varias semanas para prepararse en el Gimnasio.

—Es verdad. Pero recuerda que, a partir de ahora, las exhibiciones van a ser mucho más demandantes. Cada tres meses deberás asistir a las Épreuves de la Clase Maestra, de lo contrario, perderás la categoría y deberás volver a reunir las tres Clés de la Princesse.

Clem las había reunido en doce meses y quince intentos, no sin los típicos chascos: Pofiteroles quemados, malas rachas de respuestas incorrectas, ataques que no terminaban de sincronizarse, etc. Tuvo suerte de no torcerse la pierna izquierda en su penúltima presentación, la misma en la que una miembro del jurado le acusó de plagiar una de las presentaciones que Sannah había realizado en una Épreuve de hace un par de años. Aunque la morena misma le había sugerido utilizar aquella rutina, esa denuncia sembró la duda en el público de Coumarine, que terminó decantándose por las otras participantes.

—Serena, ¿de dónde sacas las ideas para tus presentaciones? —preguntó la menor de la casa.

—Hace varios años trabajo con Madeleine, una coreógrafa profesional. Puedo pedirle que te recomiende a alguien, si quieres.

—¡¿Eh?! ¡Yo creí que tú misma las hacías!

—¿No te lo había dicho hace tiempo? Siempre publico mensajes para agradecerle en mi Instagram.

—Sí, pero... ¿se puede hacer eso para una Épreuve des Élues?

—Claro, yo misma lo hice en la del Palais Chaydeuvre.

Allí fue donde ella, por fin, había destronado a Aria Elle.

—¿Pero eso no va contra las reglas?

—Mmm... —intervino el hermano—, tengo entendido que las estrellas Pokémon suelen contratar a coreógrafas, estilistas, videógrafas y muchas otras personas, y con mayor razón si se trata de competiciones como la Clase Maestra o si viven de realizar exhibiciones y giras por toda la región, ¿no es así, Serena?

—Eso es verdad. Aunque puedes hacer muchas cosas sola, jamás debes subestimar la importancia de tener un equipo que te ayude a identificar y realzar el potencial de tus Pokémon y el tuyo propio. A veces necesitas la opinión experta de alguien más, Clem.

—Vaya... ¿y si solo quiero ganar en la Clase Maestra?

Serena interrumpió su labor de colocar los platos en la mesa y se acercó a su cuasi-colega.

—Dime... ¿es ser una Artiste lo que quieres? —le preguntó con tranquilidad.

Clem se quedó callada. Habría podido responder... pero algo la detenía. A los veinte segundos, la mayor continuó.

—Yo no he olvidado tu promesa —ella mantenía su sonrisa, realmente entendía a la semiadolescente—. Pero ahora que has logrado lo que querías, quizá deberías comenzar a plantearte bien lo que quieres.

—Serena... pero, ¿ser estrella Pokémon no tenía que ver con obtener las tres Clés de la Princesse y ganar la Épreuve des Élues?

—Yo también pensaba eso cuando viajábamos juntas. Sabes que mi sueño en aquel entonces era enfrentarme a Aria... pero, luego de eso, estuve indecisa por un tiempo, ¿recuerdas? No dejaba de pensar en que todo se había terminado.

Cerró los ojos por un momento. Recordar aquel tiempo no era muy grato. Rápidamente Clem la devolvió a la realidad.

—¿Pero qué hay de los salones Pokémon? ¿Qué hay de ser Reine de Kalos?

—Clem, el verdadero propósito de esas competencias es darte a conocer ante tus mayores y ante las partes interesadas en formar o contratar a estrellas prometedoras. Cualquier mujer es libre de participar, es como cualquier otro reality de canto o baile, pero ser Artiste no va de eso. Una Artiste profesional combina el carisma y el talento de sus Pokémon con el suyo propio para llevar alegría a todas las personas, y eso va más allá de los escenarios —se acercó a la joven—, pues tiene que ver con lo que está aquí —tocó el pecho de Clem un par de veces—. Si quieres ser una Artiste de verdad, tienes que hacerte una con tus Pokémon, pero también con las emociones de las personas que asisten a tus presentaciones. Tu objetivo debe ser que el público se vaya feliz de tu salón, que la gente vea que tus Pokémon y tú son felices.

—Uau... Serena... parece que sabes mucho de esto.

—No creas... todavía me falta aprender mucho.

—¡Pero si ya tienes un buen trabajo y ya eres conocida en las noticias! Ya eres famosa, Serena. ¡Hasta mis primos tienen tus fotos! Oí decir que las guardaban para...

—¡No le digas eso, Clem! —el hermano se sobresaltó.

—Ya me imagino —sí, Serena ya se lo imaginaba—, pero esto es solo el comienzo del camino, Clem. Las Artistes expertas pasan años estudiando y puliendo sus técnicas con los Pokémon. Siempre se puede hacer un espectáculo mejor que el anterior, siempre hay formas más creativas de realzar la belleza de nuestros Pokémon. Siempre se puede adquirir una habilidad nueva, siempre se puede aprender más sobre los Pokémon y sobre las emociones humanas.

Clem no lo creía.

Para ella, Serena ya era perfecta, o le parecía perfecta, ¿y le decía que le faltaba aprender mucho? ¿que debía practicar durante años?

—No te preocupes, Clem —la mayor puso sus manos sobre los hombros de la menor y le dedicó una sonrisa—, confío en que lo entenderás algún día. ¿Nos sentamos para comer?

Mientras los humanos se disponían a disfrutar del desayuno tradicional kalosiano, Sylveon y Bunnelby se contaban lo que les había pasado en las últimas semanas, a la vez que compartían algunos Pofiteroles multisabor cortesía de la performer mayor.

En otro rincón, Braixen, Pancham, Absol y una intrigada Meowstic intentaban sonsacarle a Dedenne la marca de vitaminas life que estaba tomando para hacer aparecer a voluntad esos cuatro mechones rubios en la frente cada vez que se presentaba con Clem. Sobre ellos, una Floette de flor amarilla iba flotando de un lado a otro de la sala-comedor; su aroma muy tenue evocaba una primavera que todavía se haría esperar algunas semanas más.

Chespin, por su parte, seguía contando las rosas, tarjetas y chocolates que habían recibido las dos estrellas en la exhibición de la noche anterior.

Debió ser muy duro para el tipo planta pasar la Saint-Valentin solo, solito, solo por enésima vez en la capital internacional del Amour, en la región que festeja el Amour en sus parques y aeropuertos. Es que, fíjese, incluso Bunnelby recibió regalos, ¡incluso Bunnelby! ¡Con lo calladito que es! De parte de la Buneary de una tal Lison había llegado una canasta de bayas al domicilio de los Meyer. Allí también había una carta manuscrita y con aroma cítrico para el inventor tetraoftálmico; por suerte, este encontró el obsequio antes que la hermana o el papá, porque si no...

¡Un momento! ¿Si le cuenta eso a Sylveon? Crear intrigas es su especialidad, veamos...

¿Que ella está apoyando al conejo y le está dando consejos? ¡Pero qué carajos!

Lo único que recibió ayer el erizo fue un derechazo de Pancham por coger una de las rosas que le lanzaban a Serena y usarla para intentar ligar con la Lilligant de una de las finalistas.

¡Suerte para el próximo año, Chespin!

—Tu sincronía con Dedenne es buena, Clem —Lem estaba cogiendo su tercera tartine—, cada vez puedes mantenerla por más tiempo.

—Es verdad, Clem, no sabía que Dedenne y tú podían hacer eso —Serena estaba echándole miel a su chocolate—. ¿No sería grandioso que todos tuviéramos esa habilidad para conectarnos con los Pokémon?

—Creo que todos ellos ya poseen el potencial de cambiar de forma según los lazos que tienen con su entrenador.

—¿Según sus lazos?

—Así es. Tenemos, por ejemplo, la megaevolución, donde son los lazos entre entrenador y Pokémon los que provocan el cambio de forma. Las megapiedras actúan como catalizadores, pero ya hemos visto que no sirven de nada sin esa conexión previa. Por otro lado, se sabe que muchas especies evolucionan según los lazos de amistad con su entrenador, independientemente del nivel que hayan alcanzado. El que ahora Dedenne pueda cambiar temporalmente su forma y sus características gracias a sus lazos con Clem, y ello sin recurrir a objetos externos, demuestra que hay muchos otros factores por investigar... por ejemplo, ¿qué interacciones electromagnéticas intervienen aquí y cómo se diferencian de las que ocurren en la megaevolución? ¿Cuáles son los signos vitales que deben sincronizarse para mantener el cambio de forma y cuáles son sus intervalos óptimos? ¿Qué genes deberían activarse en el entrenador y en el Pokémon para que la sinergia afectiva sea posible?

—Por eso llamaste a esa estudiante rubia de ojos verdes, ¿cierto, Lem? —dijo su padre, con cierta picardía.

—Ella estaba de vacaciones en Lumiose —aclaró la hermana—. Estábamos en la cafetería del Gimnasio, hablando de lo rarísimo que es encontrar entrenadores que pudieran conectarse así con sus Pokémon, y ella se nos acercó. Yo, como siempre, le pedí que cuidara de mi hermano y, como siempre, él se molestó y se pasó media hora disculpándose con...

—Oye, Clem, ¡no te pases! Ella está trabajando con una de las doctoras más prestigiosas de Unova, así que no se ve que tenga tiempo para...

—¿Y tú qué, hermanote? ¿No eres, acaso, el prodigio que a mi edad ya había diseñado el sistema informático de la Central de Kalos? ¡Tú también eres genial, Lem, tienes que pensar en grande!

Pensar en grande... «vaya niña para más lanzada» solía pensar Serena cada vez que Clem hacía ese numerito frente a las mujeres más famosas, reconocidas y agraciadas de la región. Ni siquiera la mismísima Dianthéa, la soltera más codiciada de Kalos, estaba fuera del radar de la marieuse d'Illumis.

—Como sea —prosiguió Lem—, resultó que estaba estudiando la licenciatura de ciencias en la Universidad de Castelia y que había oído historias similares a la nuestra en su región. —En realidad, ella también conocía aquel caso que vuestra merced también recordará, mas Lem buscaba evitar precisarlo, por lo que—... Sin embargo, en ese momento no recordaba quién las había contado o dónde.

—¿No se lo habrán dicho en clase?

—Serena, la sinergia afectiva no es algo tan documentado como la megaevolución o las maximizaciones, que incluso cuentan con revistas indizadas en Scopus, por lo tanto, apenas suele mencionarse en las universidades.

—¿Tan rara es?

—No lo sabemos. Claro que conocemos algunos casos, sin embargo, para la comunidad científica internacional, el asunto no va más allá de una mera curiosidad en el mejor de los casos, cuando no una leyenda urbana, o incluso una estafa descarada. La mayoría de investigadores, más bien, prefieren continuar con las líneas ya establecidas porque es más barato, es más fácil encontrar apoyo y pueden darse a conocer más rápido.

—Ah...

—Por eso, me sorprendió conocer a una estudiante americana realmente entusiasmada por la idea de la sinergia afectiva, tanto que cuando le contamos sobre Clem-Dedenne, se ofreció a ayudarnos a recopilar datos a cambio de permitirle presentar un ensayo para su universidad. Nos pareció que también era una buena oportunidad para dar a conocer el tema fuera de Kalos, así que le prestamos la información que habíamos recogido y también fuimos a entrevistar al doctor Platane a propósito del artículo que publicó sobre el tema hace un par de años.

—Incluso tuve una batalla con ella —añadió Clem—, de la cual también tomó muchas notas. Sin embargo, de tanto tiempo que pasaba con nosotros, se le acabaron las vacaciones. Siento que no le dimos una oportunidad para disfrutar de Lumiose como se merecía.

—Intentamos convencerle de que aprovechara el último día para visitar la ville illumiére —dijo Lemon—, pero ella misma insistió en seguir con su tarea. Se quedó con los chicos todo el día hasta que, de la nada, se sobresaltó y dijo que tenía que irse al aeropuerto porque su vuelo salía a las 18:25. Nos dio las gracias por todo y salió corriendo a toda prisa.

—Eran las 18:10 cuando se fue, lo recuerdo bien, hermano. Aun así, al otro día recibimos una videollamada de ella, en la que nos mostró el Dialga Square de Castelia y nos dijo que no nos preocupáramos y que algún día la volveríamos a ver. Tiene muy buena carrera esa niña.

Serena escuchaba con atención.

Siempre es bueno enterarse un poco de lo que se cuece en otros ámbitos, una nunca sabe cuándo le tocarán esas periodistas urracas que viven de ridiculizar a las artistas incapaces de responder preguntas como la fecha de la detonación de la bomba atómica en Kaina o la importancia del meridiano de Greenwyn.

—Ahora que recuerdo, Serena —dijo Lemon—, tu madre llamó temprano. Dice que anoche vio tu presentación en la televisión y que esta orgullosa de ti, pero que le gustaría que le llames más seguido.

—Ah... es verdad... yo... he estado algo ocupada últimamente.

—Entiendo... pero nunca debes olvidar a tus padres. Ellos también se preocupan por ti.

—E-está bien, señor Lemon... hablaré con ella más tarde... si hoy es 15 de febrero, seguro ahora debe estar…

—... en su cita trimestral con la endocrinóloga, ¿cierto?

—O-oiga, ¿cómo sabe eso?

—¿Que cómo lo sé, jovencita? Grace y yo somos buenos amigos. Hace poco me recomendó unos suplementos con bajo contenido de azúcar para...

—Papá, ¿qué tanto hablas con la mamá de Serena? —Clem le daba algunos codazos a su progenitor— ¿acaso debería pedirle que cuide de ti?

Lemon estalló de risa; Serena sonreía nerviosamente.

—Deberíamos invitarla un día a la casa a almorzar y a llevarle de paseo por la ciudad —sugirió el adulto.

—Papá, ya la invitamos cuando Serena regresó de Hoenn, ¿recuerdas? —Lem no sabía si le hacía menos gracia el que su padre hablara tan animadamente sobre la señora Galbena... o el que lo hiciera delante de su hija.

—Sí, pero ha pasado ya un tiempo de eso... También podríamos ir un fin de semana al pueblo Vaniville.

—Pero ya fuimos cuando...

La hija de la excorredora suspiró.

En realidad, sospechaba el motivo de la búsqueda inconsciente de esa familia... pero, por respeto, prefería evitar ese tema.

Dirigió su mirada hacia donde estaban los Pokémon. Se veían felices de encontrarse y compartir juntos una vez más; entre los suyos y los de esa familia había una buena vibra.

En ese momento, volvió a saborear la mantequilla de la tartine que estaba comiendo... esa mantequilla con sabor a hogar, con sabor a esperanza, con sabor a... Sintió migajas finas en sus labios, cerró sus ojos... Ella disfrutaba pasar tiempo con los Meyer cada vez que su trabajo la traía a Lumiose. Siempre intentó mantenerse cercana a Clem, siempre intentó mantener el contacto con los amigos que conoció durante su primer viaje por la región. Siempre intentó estar para ellos... para quienes se convirtieron en su segunda familia.

A su alrededor, padre e hijos seguían hablando animadamente... al parecer, el doctor Platane le había dicho al señor Meyer que uno de sus mejores asistentes estaba pensando en comprometerse con su mejor pasante, la que provenía de aquella lejana región y de quien también había oído hablar en otra de sus visitas a esa casa...

¿Podría ser que esta vez...?

—O-oigan —dijo tímidamente la Artiste—, ¿y no saben algo de...?

Todos enmudecieron repentinamente.

Con incomodidad, notó que los hermanos Meyer bajaban la mirada y el padre se quedaba pensativo.

Los Pokémon, por su parte, dejaron lo que estaban haciendo y pusieron cara de circunstancias, como diciéndole que ni ellos lo sabían y que también tienen muchas ganas de verlo.

Cada vez que iba a esa casa se prometía a sí misma dejar de hacer esa pregunta.

—O-olvídenlo —Serena estaba un poco nerviosa—... ¡Ya sé! Veamos algo en la televisión —se levantó para encender dicho aparato—, seguro están repitiendo las imágenes de la exhibición de ayer.

—... pero la sorpresa de la noche fue la aparición de nada menos que Serena Galbena, una de las Artistes más queridas y solicitadas del mundo del espectáculo, que llegó a la Philharmonie d'Illumis para regalarnos su belleza, su carisma y su sonrisa en la noche del Amour.

Gran parte de su larga cabellera estaba dispuesta en dos coletas, una a cada lado, recogidas con gomas rosa pastel en forma de orquídeas. También portaba un brochecito rojo en la parte delantera, hacia la izquierda. Sobre su cabeza llevaba una pamela de un rosa más pálido que las gomas, casi blanco, color que contrastaba con el amarillo de la banda. El vestido, de corte princesa, cuello camisero y sin mangas, tenía el cuerpo del mismo rosa pálido de la pamela, así como algunos botones en el centro y líneas verticales que le daban una apariencia encorsetada. Debajo de la cintura tenía tres volantes: el primero, del mismo color que el cuerpo; el intermedio, de color tulipán; y el interior, una falda carmesí que llegaba hasta las rodillas. Calzaba unas bailarinas también carmesí sobre unas medias negras que cubrían las dos terceras partes de sus piernas.

—Como ganadora del Salon Pokémon de Lumiose, fue «Yurīka» quien tuvo el honor de desafiar a la femme doridori en una exhibición especial.

Clem usó para su presentación un vestido amarillo pálido de corte ablusado, con un cuello en uve que terminaba en el borde inferior del esternón, donde había un gran lazo ámbar. Una sencilla blusa marrón protegía sus atributos incipientes. En el cuello llevaba una gargantilla verde y un collar simple de tres esmeraldas. Para el cabello recurrió a su peinado de siempre, con un broche ovalado celeste de cinco centímetros en la parte delantera, al lado izquierdo. Su calzado consistió en calcetines marrones y eslíperes de color ámbar.

En la exhibición participaron Meowstic, Floette y Dedenne en su forma sinergia (que la prensa suele denominar «Yuridede» y cuyo cambio físico más resaltante, como habrá visto vuestra merced líneas arriba, es la aparición de cuatro mechones rubios en la frente).

Luego de unas tomas breves donde se mostraba la transformación a Yuridede a la vez que hacían rutinas simples de gimnasia al compás de un pop romántico kalosiano acústico —Jour 1 de Louane—, apareció una en la que Clem-Dedenne, sobre la cabeza de la joven, lanzó hacia arriba unas esferas de poder oculto. Entonces, la entrenadora y el roedor comenzaron a ascender junto con una Floette que disparaba hojas mágicas y una Meowstic que, con su psíquico, se encargaba de elevar a la humana y hacer que las esferas y las hojas girasen a su alrededor para formar un tauros geométrico.

Cuando llegaron a cierta altura, Clem se rodeó de ondas eléctricas que provenían de Clem-Dedenne mientras los otros dos Pokémon continuaban dando vueltas a su alrededor. La flor comenzó a esparcir una nube de aromaterapia. Luego de unos segundos, Clem-Dedenne disparó nuevamente su poder oculto en dirección a las primeras esferas, a la vez que Clem y Meowstic lanzaron ondas trueno con el fin de dispersar las hojas en todo el auditorio, las cuales al mínimo toque se deshacían en un polvo finísimo con aroma a rosas.

—La ex Reine de Kalos, por su parte, mostró un espectáculo digno de su nivel.

Sylveon y Braixen usaban sus atuendos ya conocidos; el de Absol era su megaevolución, que le proporcionaba unas alas brillantes. Este último bailaba con la Artiste al ritmo de un alegre pop kantoniano —Vivace de Hitomi Shimatani— mientras Braixen los envolvía en un tenue giro de fuego y el doble equipo de Sylveon los rodeaba por todo el escenario, también dejándose llevar por la música.

En la siguiente toma, la llamarada de Braixen se combinó con la atracción de Sylveon para crear un corazón de fuego de tres metros que, con un par de psicocortes de Mega Absol, se deshizo en cientos de corazones brillantes con una llamita en su interior que un viento de hada se aseguró de esparcir por el auditorio y que se sentían como burbujas tibias al tacto, a la vez que volvían a aparecer clones de Sylveon para repartir corazones de atracción para las danzantes en el escenario.

Había llegado el momento de la votación. Todo el auditorio se llenó de puntos magentas y amarillos, en proporción similar, flotando en dirección al escenario. Ambas performers esperaban con los ojos cerrados. Finalmente llegó el anuncio de Monsieur Jean-Paul:

—Recuerden que al ser esta su tercera Clé de la Princesse, Yurīka ya aseguró su participación en la Épreuve des Élues de Primavera que se llevará a cabo en Laurier-Ville el sábado 4 de abril, donde tendrá la oportunidad de desafiar a Miette Millefeui, la actual Reine de Kalos. En reconocimiento a su esfuerzo, démosle primero un gran aplauso a la señorita Yurīka —hubo muchos aplausos y ovaciones—. Esperamos grandes cosas de usted en la Clase Maestra... Ahora sí, Mesdames et Messieurs, tenemos el resultado de la votación... con el 52% de la preferencia del público... la ganadora de esta exhibición especial es... ¡la Artiste... Serena Galbena!

El auditorio estalló en aplausos; Clem fue corriendo a abrazar a Serena quien, a su vez, le correspondió con un abrazo muy efusivo. Aunque la menor derramó algunas lágrimas, se le veía feliz y, sobre todo, satisfecha.

Se lo había prometido hace siete años, cuando se despidieron en aquel aeropuerto: algún día, Dedenne y ella iban a desafiar a la performer en una exhibición.

Había seguido su carrera, desde su participación en el Hoenn Grand Festival hasta su labor como Artiste profesional independiente luego de renunciar a la corona de Reine de Kalos.

Para Clem, Serena era como una hermana mayor, uno de sus ejemplos a seguir.

Por su parte, la pelimiel sabía de los pasos que estaba dando aquella niña alegre cuya canción salvó al mundo.

Al enterarse de que ella intentaba conseguir su tercera llave princesa en su ciudad natal, decidió prepararle una sorpresa: al momento de la inscripción se les dijo a las concursantes que preparen un número adicional pues, además de obtener la llave, la ganadora tendría la posibilidad de retar a «una ex Reine de Kalos» en una exhibición especial.

En el escenario, la ganadora estaba recibiendo la Clé de la Princesse de manos de la mismísima Serena Galbena, en medio de una lluvia de flores, bombones y caramelos, además de cartas y tarjetas con declaraciones de amor para la pelimiel, y ocasionalmente alguna dedicada a «la petite Princesse blonde qui a remporté la Clé de mon cœur».

Luego, todavía abrazadas, ambas amigas miraban al frente para las fotos finales cuando, de un momento a otro, la Artiste esbozó una sonrisa tan irresistible que derritió a la mitad del público masculino de la Philharmonie.

—A-a-anímense a participar, chicas, es muy divertido —fueron las declaraciones para la prensa de una risueña, emocionada y casi afásica Clem mimada por Dedenne y Meowstic, mientras Floette daba vueltas y exhibía la llave con orgullo.

—Por otra parte —dijo la voz en off—, aprovechamos la presencia de la femme doridori para hacerle esa pregunta que tiene intrigados a todos los hombres de Kalos.

Artiste Serena, sabemos que usted celebrará la Saint-Valentin en soltería y con sus amigos, ¿a qué se debe el que ningún caballero haya logrado cautivar su corazón?

—Bueno…

Suspiró, y con una naturalidad que se veía obligada a seguir perfeccionando debido a la cada vez mayor insistencia con ese tipo de preguntas, sonrió y prosiguió...

—Ustedes saben que ser una Artiste conlleva muchas responsabilidades y muchos desplazamientos, recuerden que la gira por el sur de Kalos continúa, estas semanas habrá presentaciones en Valence, Avignon y Marseille, además del gran festival de Nice, y espero verlos a todos allí. Así que no considero que este sea el momento más conveniente para buscar una relación. ¿Saben? En este momento de mi vida quiero seguir explorando el mundo del arte y seguir entregando muy buenas exhibiciones para todos ustedes. Lo que tenga que venir, vendrá; no tengo prisas.

—Serena, ¿tiene algún mensaje para los corazones solitarios en este mes del Amour?

—¡Por supuesto! Recuerden siempre sonreír —y le dirigió a la cámara aquella sonrisa sincera, tan dulce como la miel de su cabellera, tan pacífica como sus ojos azules...

Volvió a aparecer el estudio de noticias, con la última imagen de Serena sonriente en la parte superior izquierda de la pantalla.

—Inspirador mensaje el de la estrella de Bourg Croquis, Serena Galbena: recordemos siempre sonreír —dijo la conductora desde su buró, con su sonrisa plástica y su tono pseudoptimista—. Ahora vamos con una noticia lamentable de último minuto: acaba de confirmarse la primera muerte por coronavirus en la región Kalos. Se trata de un paciente de ochenta años que había sido hospitalizado en Lumiose hace varias semanas, y...

—Cambia eso, Serena —dijo Clem—, estoy harta de oír a esas reporteras que hablan de esa enfermedad como si fuera a matarnos a todos.

—¿Eh?

—Clem tiene razón —secundó el hermano—. Recuerdo que lo mismo decían de la gripe porcina hace diez años, incluso le habían ordenado a mi padre que cierre el Gimnasio de la Torre Prisma por unas semanas. Si hay alguna novedad, ya nos avisará el ayuntamiento.

Serena no dijo más, y procedió a hacer zapping por los diferentes noticieros y programas del corazón, sin hallar nada interesante hasta que...

—Espera, Serena —dijo Lem—, ¡¿acaso ella no es...?!


Los conjuntos que usaron Serena y Clem en su exhibición son de los tantos que se probaron en la película de Diancie.

El próximo capítulo se centrará en otro personaje y se publicará cuando me acuerde. Ni siquiera garantizo terminar esta historia (pero, si la continúo, será por aquí); como por ahora tengo otras prioridades que atender, mejor asumamos que no. Quién sabe.

En fin... si es la voluntad de los tapus, nos veremos en un nuevo capítulo. Hasta entonces, recuerden dejar su opinión experta, lavarse las manos con agua y jabón y cuidarse de esos termómetros láser porque, en realidad, sirven para borrar nuestros recuerdos de... ¿quién era la waifu de esta temporada? ¡Ah, sí, Koromi, la del harén de heracruces! Cómo cambian los tiempos, vaya.