Disclamer: hetalia no me pertenece, principalmente porque no soy Hidekaz Himaruya.
Sin más espero que la historia os guste ya que es mi primer fanfiction.
Se podría haber dicho que era un día caluroso y que la luz del sol iluminaba no sola la habitación sino también los ojos de la gente. Pero no, eso no solía pasar en Los Paises bajos. Ese día Holanda se despertó inusualmente pronto, tanto que todavía no se habian acercado los rayos solares en la habitación. De hecho seguía estando en penumbra aunque se iba apagando la luna. El hombre suspiro antes de levantarse por completo de la cama para posarse en el alfeizar de la ventana. Amsterdam se veía triste en invierno, no mucha gente podía contemplar la belleza de su niebla o de su grisaceo cielo. Pero es su misterio lo famoso de Amsterdam...o tal vez fuese por los molinos. Daba igual estar dibagando durante largo y tendido, al final siempre acababa con un cigarrillo bailando en sus labios y nada en lo que pensar. Tantos años viviendo para que al final se le acabaran los temas en los que dibagar.
Dentro de tres horas tenía una junta mundial en su propio país. No siempre le apetecía ir, de hecho ¿ a quién le gustaban?
Tener que ver a tanto idiota junto y al idiota supremo España. Odiaba sobre toda las cosas que le llamara con su nombre de pila o que le preguntase si quería ir a un tablau flamenco o que le abrazase.
Era irritante, pero sobre todo estaban sus recuerdos. Esos en los que España era una persona años luz de lo que el sería, alguien admirable. Y ahora era una simple nación a la que se había despojado de grandeza. Lo que más le fastidiaba a Holanda era su sonrisa tan...feliz. Aunque lo que realmente despreciaba de él era que no lo comprendía. Sin duda era eso, ¿¡ Cómo podía tener esa sonrisa de idiota cuando era un imperio roto!?
Agitó con fuerza la cabeza para así intentar quitar esos estúpidos pensamientos. No quería gastar su preciado tiempo en España.
Se vistio de manera normal: camisa normal, pantalones normales y...nada que resaltase realmente en su vestimenta. En cambio se engominaba aquellos cabellos finos y rubios dejandolos en punta. Finalmente acompaño su conjunto con su bufanda, su característica bufanda.
Al salir de la calle unos metros al lado de su casa había un graffiti. Era la noche estrellada de Vincent van Gogh. Siempre le parecio curioso que amboa tuviesen el mismo nombre humano. Le encantaban todas y cada una de sus obras, era un adelantado a su tiempo y si se hubiera visto más de su arte...
Fue ahí donde a Holanda se le ocurrió una idea para enriquecerse.
¿Moralmente estaba mal tratandose de alguien que tuvo ese final?
"Que más da la moralidad, si al final lo único que nos aguarda es el poder de nuestro pedacito de tierra"- pensó el hombre apurqndose el cigarrillo antes de llegar a la reunión.
A simple vista la idea era fantaseosa pero gracias al ingenio del holandes posible. Su amigo Noruega era mago, dato que no mucha gente creía. Pero Holanda lo había visto con sus propios ojos, aqurlla vez que con mágia había hecho callar a Dinamarca furante dos horas consecutivas. En su plan viajaría en el tiempo para conseguir cuadros perdidos del pintor, así cuando apareciesen en el siglo XXI sería todo un hito. Con la de millones que podría ganar...
Sin darse cuenta ya había llegado a la reunión, ya casi era la hora de empezar y solo faltaban algunos países y por supuesto España.
Estuvo hablando un rato con el portugués , aunque solían llamarse con sus nombres humanos. João no paraba de repetirle últimamente que no se metiese tanto con Antonio que si hacía lo que podía y que si bla bla bla. Por lo menos se apaciguaban las aguas cuando hablaban de sus próximos negocios y es que a pesar de que a Portugal no le estaba llendo muy bien económicamente en sus tiempos fue un comerciante nato, eso estaba en la sangre.
Comenzaron la reunión y a los veinte minutos apareció de un portazo España, con alguna que otra gota de sudor en su frente y con toda la ropa revuelta y mal puesta.
-Siento llegar tarde Alemania, mucho tráfico-dijo el español con una sonrisa llena de encanto.
-¿No sé supone que ibas en avión?-preguntó el alemán con un palpable enfado.
Mientras que la vena de la frente de Alemania se hinchaba cada vez más el español contesto rigurosamente:
-No me has dejado terminar, aéreo, había mucho tráfico aéreo.
Holanda pudo oír algunas voces de varios latinoamericanos susurrando "di que sí compa".
Antes de que Alemania pudiese contestar Antonio se apresuro a decir las siguientes palabras.
-Ludwing, amigo mío esta conversación es como mi deuda: interminable. Dejemoslo para el fianl de la reunión.
Dicho y hecho antes de que Alemania estallase España se sentó junto a Francia y Lovino.
La reunión fue larga, como siempre e inutil, como siempre. Todo era igual, normal y aburrido. Habían sido unas tediosas ocho horas con descansos para comer.
Lo peor de todo es que eran asuntos que no le incumbian en lo más mínimo. Crisis por allí y por alla, en los Países bajos no ocurría. Puede que sintiese simpatía con su amigo Portugal pero no con los demás. A veces había una pequeña simpatía hacia España y eso le irritaba. Era un sentimiento de añoranza pero no quería sentirlo, por ello intentaba estar lo más lejos posible de él. España siempre se acercaba, le llamaba...simplemente le insultaba y el muy estupido no dejó nunca de sonreirle.
Cuando acabaron vio com España iba hacia él, estaba a punto de empujarle a otro lado o incluso hacer como que no existiera. En cambio aceleró el paso y le dio una palmada amistosa a Rusia.
Se sorprendió notablemante por su actitud, siempre le saludaba aunque quizás no le hubiese visto.
Era una excusa pobre y sin ningún fundamento. Se quedó mirando a la pareja y como ambos reían.
-Iván, vente con nosotros a beber porfiiiii~
España estaba abrazando a Rusia para evitar que se marchara, de cualquier manera no estaba oponiendo demasiada resistencia. Después, Antonio le miró con aquellos ojos de cachorrito desvalido.
Rusia tan solo pudo reir y contestar:
-Ambos sabemos que de los dos yo ganaría en eso de beber.
Se dejaron de abrazar para comenzar a carcajearse amistosamente como si de dos viejos amigos se tratase.
A Holanda no le simpatizo mucho. No le caía mal Rusia y obviamente no quería estar cerca de España. Tenía que buscar una explicación a que en su estómago se posase aquel sentimiento de vacío o a que derrepente tuviese aquellas ganas de hablar con España.
-El próximo viernes a las diez si que si- dijo animadamente el español a lo que el ruso asintió antes de huir de su hermana.
Cuando se separaron volvió a andar a su dirección. Holanda estubo quieto esperando a los acontecimientos y pensando que se había hecho demasiadas ilusiones. Sin embargo no iba a hablar con él sino con Francis y Gilbert los cuales agradecieron que el ruso no podía venir.
-Id llendo os alcanzaré luego- dijo Antonio.
Los países iban llendose de la habitación muchos de ellos se despedian de España y otros como Inglaterra se burlaban y he aquí la segunda acción más extraña de la tarde noche.
Holanda no pudo oír aquel venenoso comentario sovre Gibraltar, pero lo único que hizo el español fue dar un suspiro cansado para contiar diciendo:
-Me da igual Gibraltar, es tuyo.
Dió a las pocas miradas de la sala una pequeña sonrisa de añoranzo o de algún otro sentimiento identificable.
Inglaterra estaba estupefacto, no supo que contestar ni mantenerle la mirada a España, con un ligero sonrojo y el ceño fruncido el inglés salio de la habitación.
Holanda se quedó con la boca abierta, habian estado discutiendo sobre ese insignificante peñon durante siglos y ahora no era más que eso...un trozo de tierra.
Acabaron saliendo todos de la sala, quedaban ellos dos y aunque la duda estaba depositada en el propio corazón del holandés finalmente se acercó.
España estaba agachado recogiendo unos papeles mientras tarareaba una canción a la que no pudo poner título.
-España...
De sus labios se escaparon ese murmullo débil y enfermizo del que se avergonzó, tiñendo sus mejillas pero con la misma expresión seria. Por suerte lo pudo disimular haciendo que el hombre de menor estatura no se diese cuenta.
-Holanda ¿ pasa algo?- preguntó mirando los papeles que estaba recogiendo.
Le llamaba Vincent...nunca pensó que se sintiese así, como si le clabasen un puñal en el pecho. La ausencia de su nombre humano le entristecio, pero lo odiaba así que el se autoconvencio con la historia del asombro.
-Me debes dinero- quiso viajar en el tiempo para no decir esas palabras.
No lo había dicho con una mala intención, era lo primero que le había venido a la cabeza.
-Le debo dinero a todo el mundo-contestó con una sonrisa hirónica-siempre te has preocupado demasiado por estos temas, nuestros jefes pueden tener una audiencia eso si, yo no podría estoy ocupado con...un proyecto.
Por cada segundo que pasaba más se daba cuenta de que algo pasaba. Le estaba hablando en excesiba formal comparado con lo que era. Le llamó la atención eso del proyecto, normalmente lo contaría, siempre decía lo que pensaba. Era un acto molesto que ahora echaba de menos.
Sin más se quedo callado, sin palabras o cualquier sinónimo que se pueda añadir. Se quedo plantado delante de Antonio y sin más se había largado dejandole estupefacto y sin nada que poder refutar.
¿ Qué quería relamente con ello?
Deció despejarse en uno de los bares del edificio donde se hacían las reuniónes. Le pidió al camarero una cerbeza, no quería alcoholizarse pero tampoco necesitaba el dulzor de alguna bebida sin alcohol. Necesita algo amargo que le despertase las papilas gustativas dejandole ese pequeño regusto.
El noruego se colocó a su lado como si realmente hubieran acordado verse.
-Necesitó viajar a 1890, ya sabes, negocios.
Noruega no habló, no solía hacerlo en abundancia, sus palabras normalmente se reservaban a momentos importantes. Pero esta vez fué necesario, daba igual de todas formas ya era un día de locos.
-Hagamos el conjuro, piensa en donde quieres ir, en una persona, en un objeto...lo que sea. Dara igual cuanto tiempo pasé para ti porque despertaras en cinco minutos.
Noruega chasqueo los dedos con una impertinente facilidad y Holanda calló en un nuevo concepto de oscuridad.
Estaba pensando en el graffiti, en la noche estrellada pero la risa de un hombre cambio sus planes. Era un tono melodioso, como un día de verano y primavera al mismo tiempo donde la fragancia de las flores se mezclase con los tenues amores de verano.
La risa...era de España. No evitó pensar en el y así sin más calló, no en la oscuridad del Amsterdam de 1890, más bien de la España soleada de hace tiempo, de hace mucho mucho tiempi en realidad.
Bueno, creó que es un comienzo interesante. Esta pareja es una de las que más me gusta, no sé el porque. Es como una droga.Espero que quien lea esto ( si alguien lo lee) le guste. A pesar de que es un entretenimiento para no morirme del aburrimiento espero que alegre a alguien fan ( o no) de la pareja ya que hay muy pocas historias de ellos.Sin más dilación me despido.
