SESSRIN WEEK 2021

Día 4: Regalo


KIMONOS PARTICULARES

by: Atori

oneshoot


—¡Niñas! ¿Ya estáis listas?

Había preguntado Rin mientras terminada de recoger las plantas medicinales que Kaede le había pedido. Levantando la vista y secándose el sudor que resbalaba por su frente debido al intenso calor del verano, dirigió sus ojos castaños hacia el árbol, donde tras él, se encontraban sus hijas probándose los nuevos kimonos que su padre les había traído como regalo.

—¿Niñas? —volviendo a llamarlas ahora preocupada de que no les contestaran.

—¡Ya vamos, mamá! —escuchó cómo contestaba su hija Setsuna.

Rin volvió a secarse el sudor, deseosa de meter la cabeza en el riachuelo para refrescarse. Pero ahora que era adulta y madre, no podía comportarse como una niña como antaño.

—¡Ya estoy aquí, mami!

La presencia instantánea de Towa, sobresaltó a Rin. No vio cómo Setsuna, la cual había quedado rezagada, por ser menos rápida que su hermana, la llamaba preocupada.

—¡Towaneesan, espera! —corriendo hasta dónde estaban su madre y su hermana.

—¿Cómo me queda, mamá? —preguntaba Towa.

Dio una vuelta alrededor de sí misma, para que viera cómo le quedaba el nuevo kimono que su padre le había regalado.

Setsuna llegó por fin al lado de su madre, y como si fuera una niña tímida que estaba tras las faldas de su madre, se aferró a ella. Observó como su hermana mayor presumía de los amaños que le había hecho al nuevo kimono. Luego, miró a su madre de reojo, la cual miraba a Towa con estupefacción. Y no era para menos.

Towa había arrancado las mangas y la parte de abajo del kimono, quedando tapada hasta poco más arriba de las rodillas. Unas rodillas que, como sus codos, estaban raspadas y llenas de arañazos por trepar continuamente en los árboles o estar de rodillas, entre otras cosas alocadas que realizaba.

—¿Te gusta, mamá?

Rin no sabía que contestar. Su hija se sentía orgullosa y más feliz con aquel caro kimono moldeado a su gusto, que cómo había sido originalmente. No entendía porqué lo había hecho. Y esa misma pregunta es lo que salió de sus labios.

—Es que así me siento mucho más cómoda para saltar, correr, trepar a los árboles y pelear contra Moroha.

—Padre se enfadará mucho si se entera de que has hecho pedazos el kimono que te regaló —recordándole la consecuencia más importante de lo que había hecho.

—No creo que se enfade, ¿verdad, mamá?

Pero Rin seguía sin saber cómo reaccionar.

Ante su expresión, Towa se echó una mirada a lo que le había hecho al kimono, comparándolo con el de su hermana. Ambos kimonos tenían el mismo patrón de dibujo. Lo único que las diferenciaba era el color. Para ella el más claro, y para Setsuna, el más oscuro.

Mirando de nuevo su kimono, Towa se percató de los hilos sobresalientes de las partes arrancadas y volvió a compararlo con el de su hermana. Setsuna, con su cabello bien recogido y atado en una coleta baja, estaba muy hermosa con el nuevo kimono. Pero Towa no quería verse hermosa, sino que quería sentirse cómoda. Que la falda no se le dificultara a la hora de correr o que las mangas la molestaran cuando se liaba a puñetazos con Moroha. Por eso, aún con los avisos desesperados de su hermana en que le dejara a su madre los remiendos, Towa pretendía sorprender a su madre, creando un nuevo estilo de kimono hecho por ella misma.

Pero ahora, dándose cuenta de lo que había hecho, de cómo su madre seguía sin reaccionar y el imaginar cómo se pondría su padre, empezó a dudar sobre si había hecho lo correcto y…

—O puede que sí se enfade —susurró Towa toda triste al pensar en la cara de enfado que pondría su padre.

Rin al ver esa carita triste, donde le recordaba a ella misma cuando sentía que había hecho algo que hubiese enfadado a Sesshoumaru, no pudo evitar reírse de lo tan parecida que era a ella, y lo imposible de que Sesshoumaru se enfadara.

Tanto Towa como Setsuna la observaron extrañadas por esa reacción inesperada.

—No te preocupes, Towa. Tu padre jamás se enfadaría contigo —añadiendo con una dulce mirada llena de confianza.

Una mirada que le había subido el ánimo. Comportándose igual que un niño, Towa empezó a dar volteretas, canturreando de alegría, ante la risa divertida de Rin.

—Creo que ya es hora de regresar.

Towa dejó de ir de un lado para otro, para dirigirse corriendo hacia su madre e interceptar el que cogiera el cesto con las hierbas.

—¡Yo lo llevo! —cargándolo con sus dos manos, llevándolo encima de su cabeza.

Rin asintió agradecida y Setsuna le cogió la mano para ayudarla a levantar y caminar juntas. Aparentemente, daba la impresión de que Setsuna era una niña muy apegada a su madre. Pero, en realidad, Setsuna estaba cogida de su madre, para ayudarla a caminar, a sabiendas de lo fatigada que estaba ante ese intenso calor. Puede que Setsuna fuese una niña de cuatro, pero era una hanyou, y no una hanyou cualquiera, sino que era la hija del youkai más poderoso de la faz de la tierra. Por lo que tenía el poder más que suficiente para cargar a su madre si desfalleciera.

Towa, liderando la marcha, daba brincos de alegría, cuidándose de que no cayera ninguna hierba del cesto. No dejaba de parlotear las ganas que tenía de enseñarle tanto a su padre como a Moroha su nuevo diseño.

—Cuando lo vea, se rabiará tanto que querrá molerme a golpes —comentaba divertida por los actos locos de su prima—. Es tan predecible como el tío malas pulgas —riendo divertida.

Rin solo sonreía, alegando de que debería comportarse mejor con su prima, y que dejara de llamar así a su tío.

—Pero si es ella la que siempre empieza —excusándose, sin querer reconocer que en la mitad de las ocasiones, era ella la que empezaba la pelea—. Es una impulsiva como el tío malas pulgas. Todo lo malo lo aprende de él. Menos mal que la tía Kagome los pone a los dos en su lugar.

Riéndose entre dientes, al recordar cómo su tía se ponía hecha una fiera cuando padre e hija se comportaban mal frente a su hermana y ella. En esos momentos, su prima Moroha no tenía el valor de quejarse a su madre de que la culpa no la tenía ella. Pues el osuwari de su Kagome hacia Inuyasha, la tenía aterrorizada. En varias ocasiones, su madre la amenazaba con que si no se comportaba, le pondría un rosario como a su padre.

De repente, Towa dejó de reírse de cómo su prima a veces estaba entre la espada y la pared. Sintiendo una extraña y familiar presencia en el aire, se detuvo y con su nariz olfateó el ambiente. Escuchó como su madre le preguntaba qué ocurría. Y antes de que Setsuna olfatease el aire, Towa mostró una cara de repleta felicidad.

Corrió en dirección contraria, mientras decía.

—¡Es padre! ¡Padre aún está aquí!

Rin y Setsuna se giraron, viendo cómo cerca de un árbol, Sesshoumaru había estado cerca de ellas junto a Jaken.

La cara de Jaken al ver a Towa era todo un poema. Ver como la niña iba con el nuevo kimono hecho un guijarro, lo tenía escandalizado.

—¡Padre! ¡Mira! ¡Mira!

Towa corría feliz, entusiasmada de que su padre viera de cerca lo que le había hecho al kimono. Sin embargo, aparte de haber heredado la espontaneidad de su madre, también había heredado su torpeza. La niña, de la emoción, no había visto una pequeña piedra en el camino, provocando que cayera de bruces al suelo y desparramando las hierbas medicinales que su madre había recogido.

Escuchó como su madre y su hermana la habían llamado preocupadas, mientras que la niña se sobaba la cabeza como si no le hubiera pasado nada. Aquellas caídas no le producían ningún daño por ser hanyou, pero eso no significaba que gracias a esa caída, añadiera un nuevo raspón a la lista que tenía en su cuerpo y a ensuciarse por completo el kimono.

Towa vio como la sombra de su padre junto a Jaken se habían acercado a ella. Levantó la vista y forzó una sonrisa despreocupada. Sin embargo, Jaken no podía quedarse callado.

—¡Maldita, mocosa! ¡¿Cómo puedes ser tan torpe?!

Towa frunció el cejo, y levantándose para estar a su altura, se encaró con Jaken.

—¡Deja de faltarme al respeto, chibiyoukai!

Chibiyoukai era el apodo que Towa le había puesto a Jaken. Pues ella con sus cuatro años era un poco más alta que el vasallo de su padre, y que no paraba de reprenderla una y otra vez. La niña pensaba que si Jaken era vasallo de su padre, por ende, le debía respeto a ella también.

—¡Y tú, deja de llamarme de esa manera! —acercándose más a ella— ¡¿Y SE PUEDE SABER QUÉ ES LO QUE LE HAS HECHO AL NUEVO KIMONO QUE ÉL TE REGALÓ?! —preguntando al borde de los nervios. Entre que lo veía sucio por culpa de la caída y hecho un harapo, era algo intolerable para una de las hijas de su Señor.

—¡Eso no es asunto tuyo, chibiyoukai!

Rin y Setsuna llegaron hasta ellos, donde había una risa divertida en la cara de la mayor, como si estuviera acostumbrada a ver pelear a su hija mayor con Jaken. Peleas como esas, eran las que tenía Towa con Moroha. Pero Moroha al ser más impulsiva, habían ocasiones en que las peleas llegaban a las manos.

Setsuna, por su parte, se encargó de recoger las hierbas que estaban esparcidas por el suelo.

—¡¿Pero cómo te atreves a hablarme así, niña?! ¡Soy mucho más mayor que tú y me debes resp…!

—Jaken —la simple voz carente de sentimientos de Sesshoumaru, hizo que Jaken se girara para verlo con un interrogante, preguntándose qué es lo que quería—. Cállate.

Jaken quedó boquiabierto. Ya no le importaba que corrigiera a su hija por haberle apodado de esa manera, sino la tolerancia de permitir que su hija hubiera hecho pedazos el kimono que le había traído hace unas horas. De reojo, observó cómo la niña reía maliciosamente.

—Towa —dirigiéndose a su hija mayor. La niña dejó de reírse y se puso tensa.

Setsuna se detuvo para observar preocupada, la espalda rígida de su hermana. El tono que su padre había empleado con ella, era el mismo cuando solía regañar a Jaken.

—¿Sí, padre? —contestó Towa con mucha formalidad.

—¿Qué le has hecho al kimono?

La pregunta fue directa y al grano, como siempre. Su padre nunca se andaba con rodeos a la hora de hablar. Algo que tanto ella como su hermana Setsuna lo habían aprendido muy bien a su corta edad.

Su padre imponía en todos los sentidos de la palabra. Con él era imposible hacerle bromas como hacían con su tío o con Moroha. O incluso ninguna de las dos, tendía a irse por las ramas, ya que en consecuencia, su padre mostraba una expresión de descontento, donde al final, su madre tenía que intervenir para aclarar las cosas. Pues, quizás era la experiencia que tenía su madre al haber estado tanto tiempo junto él, o el hecho de que su padre no podía negarle nada a su madre, que todo lo que salía de ella, Sesshoumaru lo aceptaba y ahí acababa el tema.

Y una vez más, Rin había intervenido para hablar en nombre de su hija, y explicarle porqué lo había hecho.

—Towa ha pensado que de esta manera —colocando sus manos sobre los hombros de su hija mayor, mostrando su apoyo—, estaría más cómoda para saltar, correr y pelearse —luego añadió con una pequeña sonrisa—. Pensaba arreglarlo en cuánto llegáramos a la aldea. No esperaba que todavía estuviera por aquí.

Sesshoumaru bajó sus ojos para observar de nuevo a su hija mayor.

—¿Para pelearse? —repitiendo esa última palabra, para que ella misma le diera una explicación.

—Sí. Con Moroha —respondiendo con claridad y explicando el porqué lo hacía—. Ya sabes que es muy chinchona como el tío malas pulgas. Y como anda buscando pelea, yo tengo que responder.

Sesshoumaru no decía ni mostraba expresión alguna. Jaken, por el contrario, asentía, mostrando ese orgullo que Sesshoumaru llevaba oculto en su interior.

—Sí, sí. Tienes razón. Así me gusta —asentía Jaken—. Las hijas de Sesshoumarusama deben hacerse respetar, sobre todo a esa shihanyou que es la copia de ese bastardo de Inuyasha.

—Pero Moroha solo se queja porque ella no tiene kimonos bonitos como nosotras. O porque cuando su padre consigue arroz para todo un año, nos lo restriega. Pero no es mala —defendía Setsuna.

—¡Por eso mismo! Esa shihanyou aprende las malas mañas de Inuyasha. Y vosotras, como hijas del Gran Sesshoumarusama, no podéis permitiros que…

—Jaken —volvió a mencionar Sesshoumaru, observando como las palabras de su vasallo entristecían a Setsuna.

Con ese simple llamado, Jaken entendió que no debía abrir más la boca. El pequeño youkai se puso rígido y con cien años de vida menos. Sesshoumaru volvió a dirigir su vista a su hija Setsuna que estaba con las hierbas en sus manos.

—Setsuna, ¿tú también quieres algo cómodo como Towa?

La más joven al convertirse en el centro de atención de su padre, se enderezó y pensó muy bien en lo que le había preguntado. Por un lado, ella también quería convertirse en alguien muy fuerte como su gemela. Pero, por otro lado, ella se sentía bien tal cómo estaba. Le gustaba estar cerca de su madre y protegerla a su manera.

—Yo estoy bien así, padre —alegando con una sonrisa forzada.

Pues aunque le hubiera dicho la verdad, una parte de su ser, le hubiera gustado usar algo cómodo para poder esforzarse y estar a la par que su hermana.

Sesshoumaru observó por largo rato la falsa sonrisa en su hija menor, luego, observó la rigidez que aún mantenía Towa y los nervios a flor de piel, como si pensase que la fuera a regañar por haber destruido un kimono tan caro. Y contraste a todo aquello, estaba Rin con su sonrisa dulce, donde no había preocupaciones ni inquietudes.

Sin decir una sola palabra, se volteó y se marchó del lugar volando.

Escuchó como Rin se despedía de él, y después la voz tímida de Setsuna haciendo lo mismo. Y con efecto retardado, pero escuchando como había suspirado de alivio, Towa también lo había hecho con una alegría que le recordaba a Rin cuando había sido niña.

En su cola, Jaken no dejaba de ver a las tres féminas que dejaban atrás, enfocándose más en Towa, donde su expresión era el vivo reflejo de Rin cuando era pequeña. Sin embargo, la suciedad por todo su cuerpo, sus incontables rasguños y lo roto que llevaba el kimono, marcaba una gran diferencia.

—Al menos Rin se mantenía limpia e inmaculada —murmurando para sí mismo—. Pero esa niña… es que es peor que esos niños humanos.

Su comentario fue escuchado por el buen oído de Sesshoumaru, y como premio, se ganó una buena paliza.

.

Varios días después…

Sentada en el borde del riachuelo, Rin observaba con suprema felicidad a sus dos hijas. Cada una estaba entrenando con las kodachi que Sesshoumaru le había regalado a cada una aquella mañana. Las dos pequeñas katanas habían estado acompañadas con un nuevo kimono para cada una. Ambos kimonos seguían manteniendo el mismo patrón de dibujo, pero de distinto color y adecuado para la forma de ser de cada una.

—¡Hala! ¿Así que aquí estabais? —interrumpía Kagome los pensamientos de su cuñada. Sentándose a su lado, observó cómo las dos niñas seguían practicando sus kodachis con el agua como si quisieran cortarla—. Así que esos son los nuevos kimonos que mi cuñado les regaló, ¿eh?

Kagome había apoyado la quijada sobre la palma de sus manos, observándolas con mucha atención.

Cuando había escuchado de Kaede que las dos gemelas habían recibido nuevos kimonos particulares, Kagome se había sentido tan curiosa en saber cómo eran que no había podido resistirse a querer verlo de inmediato.

Towa llevaba un hakama corto, por encima de las rodillas, y un haori que llevaba por fuera, como los judokas de su época actual. Por su parte, Setsuna, usaba un haori que llevaba por dentro de esos pantalones que parecían mallas. Encima de su prenda, usaba una armadura bastante parecida a la de su cuñado.

Ambas prendas estaban anudadas por un obi, resultándole una mezcla de traje feudal y contemporáneo.

—¿Y Morohachan? —preguntando Rin por su sobrina.

—Prefirió quedarse con Inuyasha —suspirando con fuerza—. De verdad que esa hija mía ha heredado la testarudez de su padre, en llevarse mal con la familia. Menos contigo y con Sesshoumaru. Lo que pone a Inuyasha de los nervios.

Rin sonrió divertida, alegando que no solo era culpa de Moroha o de Inuyasha que la familia se llevara de aquella manera. Pues por parte suya, tanto Towa como Setsuna (y mucho menos Sesshoumaru) cedían para convivir en armonía.

—Pero aunque Sesshoumarusama e Inuyashasama nunca vayan a llevarse bien, estoy convencida de que nuestras hijas, con los valores que les enseñemos, podrán llevarse bien.

—¡Es lo mismo que pienso yo! Menos mal que cuento contigo para que nuestras niñas no acaben por el mismo destino que Inuyasha y mi cuñado —dándole un abrazo de oso—. Por cierto —alejándose para mirarla con un toque malicioso—, se ve que mi cuñado no ha traído regalos sólo para mis sobrinitas —observando un nuevo kimono en ella y que hacía a juego tanto con el que tenían las niñas, como el que poseía Sesshoumaru—. Se ve que mi cuñado es muy detallista a la hora de comprar kimonos.

Quién lo iba a decir, se preguntaba Kagome para sí misma sorprendida.

.

¿FIN?

.

Ese mismo día, por la noche, Moroha tras haber visto las nuevas prendas de sus primas, y de cómo su padre se las había conseguido, particularmente, ella se había puesto verde de envidia.

Durante la cena, no dejaba de hacer berrinches de que ella también quería un kimono particular como sus primas.

Inuyasha, que había perdido la paciencia fácilmente, le había dicho que no y que se callara de una vez, mientras comía tranquilo el arroz de su bol.

La niña ante su gesto, formó un escándalo, añadiendo:

—¡NO ES JUSTO! ¡NO ES JUSTO! ¡TODO PORQUE SOMOS POBRES! ¡SIEMPRE CON LO MISMO! ¡ODIO SER POBRE! ¡ODIO SER LA HIJA DE UN POBRE! ¡OJALÁ MI PADRE FUERA EL TÍO SESSHOUMARU! —pues Moroha adoraba a su tío porque estaba forrado en dinero. Y qué mejor que llevarse bien con él, por si casualidades de la vida, le hacía algún regalo caro.

AHORA SÍ

FIN


Notas de la autora:

¿Qué decir? Para este tema me he inspirado en esta ternura de fic, si Rin no hubiera sido encerrada y Sesshoumaru no alejase a sus hijas de las malas manos de Zero. Pues de no ser por ella, todo habría sido feliz para nuestra pareja.

Pienso que Sesshoumaru no es alguien que se establezca en un lugar particular, y mucho menos en una aldea humana, pero que es un lugar estable para Rin. Por eso, que puse a Sesshoumaru que las visita constantemente y que está cerca de la aldea humana.

Incluí un pequeño gag cómico de Moroha al final, para darle más toque humorístico a la historia y su empeño en conseguir dinero como en la original.

Como siempre, ando haciendo los fics en el mismo día, y cada vez se van alargando, lo que me preocupa si no los tengo a tiempo.

Espero que os haya gustado y me dejéis un review.

Nos vemos

'Atori'