¡Hola!

Este es el fic con el que he estado liada desde hace tiempo (superados los problemas que tuve, estoy a punto de terminarlo) y muchos me habéis oído hablar del famoso Kurotsuki-Kuroken XDD.

Así que antes de seguir, por favor leed las advertencias. Es MUY importante:

Este fic empezó siendo un Kurotsuki, pero como era desde el POV de Kenma, se convirtió en Kuroken también. Desde el primer capítulo veréis por donde van los tiros, pero advierto que esto es solo el principio, que el fic, como dice el resumen, no se trata tanto de Kurotsuki o Kuroken sino de Kenma y cómo el darse cuenta de que siente algo por Kuroo supone el inicio de un periodo de descubrimiento.

Así que puedo decir que el fic comienza así, el triángulo Tsukishima-Kuroo-Kenma sigue, pero la historia da muchas vueltas, hay más parejas y más enredos, hay relaciones anteriores que vamos descubriendo y que también afectan. No voy a especificar todas las que van a salir desde el inicio ni tampoco qué parejas serán las finales. Son adolescentes haciendo cosas de adolescentes. Espero que acompañéis a Kenma en su viaje.

También he intentado encajarlo en el canon, pero algunas fechas son confusas (o yo soy muy torpe) además de que llega un momento en que la historia sobrepasa el momento en el que está el canon. Cualquier error que pueda haber, lo siento, he intentado que lo más coherente posible.

Le he dedicado mucho esfuerzo y cariño a esta historia, de verdad, espero que le deis una oportunidad.

Advertencias: Yaoi, BoysLove (chicoxchico). Kenma POV

Palabras: 2562

Resumen: Kuroo está con Tsukishima y Kenma se da cuenta de que no lo lleva tan bien como creía.

Disclaimer: Haikyuu! Sus personajes y argumento pertenecen a Haruichi Furudate, yo solo los tomo prestados para que hagan el tonto sin ganar un céntimo.

Arte de la portada: doodoobdoo (usado con permiso de la autora)

CONFESIONES CON TARTA DE MANZANA

Capítulo 1: Noches de verano.

Kenma conoce a Kuroo como la palma de su mano y es por eso que es imposible que no se dé cuenta. Cuando le ve esa sonrisa estúpida al mirar el móvil de espaldas, como si nadie le viera, o cuando ya se está metiendo la mano en el bolsillo del pantalón para sacarlo con rapidez al girar el marco de la puerta y le escucha una risilla, seguida de varias vibraciones que indican que ha recibido varios mensajes, sabe que esta vez no es como las demás.

No ha pasado mucho tiempo, pero ha pasado el justo como para que Kenma no necesite levantar demasiado la vista de la videoconsola para advertir los pequeños cambios en el comportamiento de su amigo. Saltan a la vista. Gritan. Aunque solo sea a él. Kuroo no es el mismo de siempre y, en general, nadie parece haber notado nada, no en el Nekoma al menos. Podría jurar que en el Karasuno tampoco sospechan porque sino Hinata ya le habría comentado algo. El único que podría tener idea es Bokuto y, aunque a veces ha estado tentado a preguntarle, es consciente de que no es asunto suyo. Ante todo respeta a Kuroo y si éste prefiere no decirle nada aún (confía en que tarde o temprano lo hará), no va a ser él quien insista y rompa esa cálida burbuja de pequeños secretos a voces. Porque aunque ninguno de ellos diga nada, ambos saben que el otro lo sabe. Como queda patente cuando ese fin de semana no pueden quedar porque Kuroo pone excusas absurdas que a otros se las podría colar pero no a él.

¿Se puede ser más tonto? No tienes ninguna boda de ninguna prima en Kyoto. Porque encima puedo ver las luces encendidas de tu casa desde mi cuarto.

Como la cosa prosperara, la familia de Kuroo iba a ser la más fructífera (entre matrimonios y nacimientos) o, según se mirara, la más desgraciada (entre funerales y enfermedades) de todo Japón.

Lo más gracioso de todo es que lo dice y se queda tan pancho, con esa sonrisa descarada de sabes-que-te-estoy-mintiendo pero sé que no me vas a tirar de la lengua. Porque eso es lo que hace Kenma, quedarse callado y asentir, y anotarse internamente un punto por haber predicho que ese fin de semana Kuroo estaría ocupado. No sabía si sería en Tokio o Sendai, pero era el estreno de la nueva de Jurassic World.

A Kenma no le importa ser cómplice o incluso a veces la tapadera ("si alguien te pregunta, dile que me quedo en tu casa a dormir") de ese extraño romance que había empezado a surgir en verano. A Tetsurou se le veía feliz e ilusionado sin, al parecer, reparar en que esa relación no iba a ser nada fácil: la distancia, la diferencia de edad que, aunque sólo eran dos años, pronto los situaría en mundos diferentes y con distintas exigencias, como lo eran un universitario y un alumno de instituto…

A Kenma no le importa ser partícipe silencioso de todo eso, y no es sólo porque puedan disfrutar de esos inicios en donde todo es ilusión y mariposas en el estómago, sino porque cuanto más tiempo pasen juntos, antes se darán cuenta de si tienen futuro o está destinado al fracaso.

Quizás suene cruel y, sin embargo, lo único que pretende conseguir con ello es que su mejor amigo no sufra.

Porque en el mismo momento en que todo eso salga a la luz, será él mismo quien advierta al bloqueador del Karasuno que con Kuroo Tetsurou no se juega y como le rompa el corazón se las tendrá que ver con él, Kozume Kenma.

Quizás dicho así de sopetón y sin contexto no intimide demasiado, pero puede poner la mano en el fuego en que como haga sufrir lo más mínimo a su capitán, es capaz de arrancarle la cabeza a mordiscos.

No sería la primera vez que tiene que recomponer los pedazos rotos de Kuroo y no quiere volver a tener que hacerlo, sobre todo porque hay algo diferente esta vez.

Esta vez no es como las demás, no romperá a su mejor amigo en trozos. Lo desintegrará.

Desde aquella primera concentración en verano, Kenma supo que algo había picado la curiosidad del moreno. Era la forma de hablar de él y a la vez evitar hacerlo. Esos comentarios que los comparaban diciendo que ambos eran iguales de apáticos y que, del mismo modo que a Kenma le gustaban los videojuegos, debía haber algo que al otro también le gustara… Sabía que había captado su atención.

Pero no se imaginó que pudiera pasar de ahí.

Hasta que llegó el campamento.

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A Kenma casi se le había olvidado la existencia de Tsukishima, pues en esas semanas Kuroo no había hablado apenas de él y creía que se le había pasado la curiosidad. Por otra parte, daba la casualidad de que él no estaba pasando tanto tiempo con Kuroo porque tenía que entrenar sobre todo con Lev, a quien aún le costaba adaptarse así que se lo encontró de golpe, como una bofetada en la cara que no se esperaba y que por eso dolía más.

Sabía que después de los entrenamientos se quedaban en el Gimnasio 3 practicando. La primera vez que los vio a los cuatro rio para sí mismo; Kuroo, Bokuto y Akaashi parecían tres buitres rodeando al pobre e inocente cervatillo de Tsukishima. ¿Por qué habían tomado al del Karasuno como pupilo si encima era de un equipo rival?

No necesitó mucho más para recordar lo que había olvidado al ver cómo Kuroo le pasaba el brazo por los hombros, bromeando despreocupado y siguiéndole las risas a Bokuto. Ese Kuroo que no entiende de espacio personal y que estaba haciendo que Tsukishima pusiera cara de estar pasando la vergüenza de su vida. Con rubor en las mejillas.

Kenma pasó de largo por la puerta del gimnasio, de nuevo centrándose en una partida que iba cuesta abajo y sin frenos.

Los días de concentración eran agotadores, no tenía nada que ver con los entrenamientos diarios en los que, debido a las clases y los horarios, disponían como mucho de una hora y media. Entre el calor y que perfectamente podían a llegar a jugar cinco o seis partidos, al final del día Kenma llegaba para el arrastre. En otras circunstancias hubiera caído muerto al instante, más aún después de cenar y darse la segunda o tercera ducha del día antes de acostarse y, sin embargo, por mucho que lo intentaba, con lo poco que le gustaba cansarse en exceso, era incapaz de conciliar el sueño.

Se pasaba dando vueltas en el futón en la sala en la que ocupaban como dormitorio improvisado los del Nekoma, sin dejar de mirar el que estaba vacío al lado del suyo, esperando a que Kuroo por fin llegara.

Los primeros días no tardó mucho más que el resto en regresar. Se había entretenido con Bokuto y Akaashi (curiosamente no mencionó a Tsukishima aunque Kenma sabía que también había estado con ellos antes), o eso había dicho, aunque el colocador del Nekoma no tenía motivos para pensar que no había estado con los del Fukurodani, eran buenos amigos y siempre aprovechaban momentos así para estar juntos.

Y poco a poco fue llegando cada vez más tarde.

El calor sofocante, un equipo entero de tíos durmiendo en una misma habitación, más de una docena de zapatillas de deporte que habían visto demasiadas horas de entrenamiento ese día… era motivo más que suficiente para dormir con las ventanas de par en par a pesar del riesgo que corrían de ser acribillados por los mosquitos.

Lev y Hinata habían estado con ellos también y el ruso debía estar ya en el quinto sueño a juzgar por los leves ronquidos que daba. De igual manera, hacía por lo menos dos horas que había escuchado la voz escandalosa de Bokuto y a Akaashi regañarle, más comedido, por levantar la voz a esas horas y argumentar que debían haberse ido hace rato porque el entrenador les había regañado por trasnochar y estar cansados por la mañana.

El reloj de Inuoka, de esos que se ven en la oscuridad con números fluorescentes, no ayudaba en absoluto a tranquilizarse y conciliar el sueño. A ese paso el entrenador Nekomata también le regañaría por parecer un zombi al día siguiente. Pero cada minuto que veía pasar en el reloj más fuerte se hacía el nudo en su pecho.

Son las 3:17 cuando oye la puerta de la sala de usos múltiples abrirse con cautela y, de la misma manera, a Kuroo dejar sus zapatillas y caminar de puntillas hasta su futón.

Kenma pierde la respiración un segundo cuando el nudo aprieta y cierra los ojos de golpe, justo antes de que su amigo se acueste a su lado y mirando hacia él. Decisión que el rubio maldice internamente, ¿por qué no se pone para el lado de Yaku?

Es entonces cuando le oye reír por lo bajo, una risa casi nerviosa y siente sus dedos en el hombro, tocándole con cuidado pero lo suficiente como para llamar su atención.

-Kenma… -susurra.

Y Kenma es consciente que debe parecer un niño de tres años cuando aprieta los ojos más de lo que ya los tiene, haciéndose el dormido.

-Sé que estás despierto, a mí no me engañas.

El nudo del pecho se hace más pequeño pero más fuerte. Es hermoso pero a la vez aterrador lo mucho que se conocen.

-Estoy dormido -contesta esbozando una sonrisa. La situación no lo amerita, es incómoda y agobiante, pero con ello pretende que su capitán no siga insistiendo. Quiere poder fingir que duerme mientras oye la respiración de Kuroo acompasándose a su lado, no en otro sitio ni con otra gente. Allí con él, mientras prefiere imaginar, por muy malo que sea, a ver la verdad-. ¿Cómo lo sabes?

-Esa no es la cara que pones cuando duermes.

El corazón casi se le para y el nudo del estómago se le sube a la garganta, siente el calor en las mejillas y entreabre los ojos para comprobar que todo está oscuro y Kuroo no puede verlo. Es ridículo estar sintiéndose así cuando han dormido tantas veces el uno al lado del otro, el uno sobre las piernas del otro, en la misma cama, en el mismo sofá que incluso Kuroo sabe distinguir cual es su cara de dormido y cual no, y por supuesto que él también es capaz de hacerlo.

Como en ese momento, en que el aleteo de sus pestañas, que sólo querían ver un poco, terminan abriéndose del todo. Tiene suerte de que la luz de la luna entre por la ventana y le coja a él de espaldas, así Tetsurou no puede ver cómo le arde la cara, pero a éste le da de lleno sacando a la luz cosas que preferiría haber mantenido en su imaginación.

Se conocen de toda la vida y haber reparado justo en ese momento en lo guapo que está, se habría sentido raro y fuera de lugar. Se han visto de muchas maneras y "guapo" nunca ha sido precisamente un adjetivo que se le hubiera venido a la cabeza para calificar a su amigo.

Pero tenerle ahí enfrente, mirándole con ese brillo en la mirada que no tiene nada que ver con el reflejo de la noche, y con esa sonrisa tonta de labios hinchados e irritados que probablemente hayan estado besando a otra persona hasta cinco minutos antes, es injusto y doloroso y por eso trata de borrarlo de su mente y darle la espalda.

-Kenma… -le llama, y no es solo un susurro con el que tantea si está dormido o no.

-¿Qué quieres? -le reprocha, bostezando, realmente tiene sueño pero duda ser capaz de dormir.

El moreno se le queda mirando, y si aún le quedaba alguna duda, hace eso con la lengua que le ha visto hacer otras veces, como si repasar sus propios labios le ayudaran a mantener vivo el recuerdo y volver a sentirlo todo, a pesar de que al día siguiente probablemente los tenga escocidos. Kenma cierra los ojos, apretados otra vez, esperando a que Kuroo se decida a contar algo o no, porque está claro que está dudando si hacerlo.

El rubio reza internamente en una plegaria Que no lo haga, que no lo haga, que no lo haga. Y si pudiera se taparía los oídos también, por si cerrar los ojos para no verle esa cara mientras lo cuenta no fuera suficiente.

Quizás no hayan sido muchos pero los segundos que pasan se le hacen eternos y extienden el silencio lo justo para dar a entender que ese tema no tiene cabida en esa conversación. Al menos por hoy.

-¿Por qué estabas despierto? -decide por fin, cualquier aventura que estuviera a punto de confesar, de nuevo guardada en el cajón de los secretos.

Gracias a Dios.

A lo que el rubio relaja los hombros imperceptiblemente y siente un poco la tensión en su espalda desvanecerse.

-Mosquitos. Ya sabes, es o la ventana abierta o morir de calor y de peste -no le va a dar el gusto de decirle que no podía dormir por su culpa.

-Las zapatillas de Lev…- comienzan a decir los dos a la vez, y no tienen más remedio que reírse porque están tan compenetrados que la mitad de las veces no necesitan hablar y la otra mitad se terminan las frases el uno al otro.

-No lo digas muy alto que las tuyas se las traen también -le increpa Kozume.

-Pero él tiene los pies más grandes que yo, hay más superficie de pestilencia.

Kenma pone los ojos en blanco. ¿Cómo han acabado hablando de esa chorrada? Y entonces lo vuelve a hacer, lo de la lengua y recuerda que está molesto, aunque no debería. Quizás fuera más productivo centrarse en eso, en el por qué debería darle igual en lugar de alimentar esos celos repentinos. No es como si fuera la primera vez que Kuroo besa a alguien de todas formas.

-Kuro…

-Qué.

El reloj de Inuoka se proyecta en el techo, como si ser visible para todos le diese alguna especie de autoridad para mandarlos a dormir o recordarles que deberían estar haciéndolo.

-Son las 3:32. A dormir.

Seguramente tú no puedas, ni yo tampoco, pero a partir de este momento está permitido fingir y si el otro no para de dar vueltas en el futón, podemos hacernos los dormidos como si no nos enteráramos.

Intenta cerrar los ojos pero vuelve a dejarlos entreabiertos, observando cómo el moreno hace lo mismo durante un rato, de cara hacia él, hasta que finalmente toma su famosa postura con una almohada a cada lado.

Es entonces cuando Kozume se da la vuelta porque ha tratado por todos los medios tragar y respirar despacio para deshacer el nudo de su garganta y no sabe si acabará consiguiéndolo o la presión terminará por salirle por los ojos en forma de lágrimas. Y no quiere que Kuroo lo vea, ni que siquiera lo sospeche porque ni él mismo sabe a qué viene todo eso de repente.

El maldito reloj de Inuoka le enseña cada una de las horas que quedan hasta las 7 de la mañana.


N/A: Espero que os haya gustado. Me gustaría poder subir el capítulo 3 para el cumpleaños de Kuroo (ya que en el fic es el cumpleaños de Kuroo también) ya depende del interés que vea. Mientras tanto yo sigo escribiendo a ver si lo termino, que me queda poco.

Admito que estoy súper nerviosa XDDD.

Al ser el POV de Kenma solo vemos su lado de la historia, a saber qué estará pasando que él no ve jejejeje.

¡Espero vuestros comentarios, votos, kudos o lo que sea que me haga saber que hay alguien al otro lado! ¡Please!

Besitos

Ak