Los personajes de Twilight no son míos sino de Stephenie Meyer, yo solo me divierto un poco con ellos.
Capítulo beteado por Yanina
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Capítulo 12
Bella
¿Dónde estaba Esme cuando la necesitaba?
Aunque una parte de mí agradecía que hubiera salido a recorrer las tiendas junto con Carlisle para buscar algunos recuerdos y obsequios para Vera —ellos la querían como a una nieta más aunque a veces se negaran a aceptarlo en voz alta— y no estuvieran aquí para presenciar la escena, no sabría cómo explicarles a mis suegros la razón de por qué no quería ver a mi madre, por qué no quería que estuvieran cerca de mi niño.
Aunque sí quería a Edward aquí, pero tampoco quería que se alterara, suficiente ya lo había hecho pasar, necesitaba demostrarle que era una chica grande que podía hacerme cargo de los problemas.
Tenía un bebé, era responsable de una personita por la que daría mi vida entera para asegurarme de que estuviera segura.
Pensé que sería un día tranquilo, Journey y yo en casa, solos, como sería hasta que consiguiera un trabajo y él fuera a la guardería.
Había comenzado bien, tuve a Journey entre mis brazos, disfrutando de su peso, de su rico olorcito dulce de bebé, de saber que esta cosita tan preciosa y perfecta era mía. ¿Cómo no amarlo?
Habían tocado la puerta y, estúpida de mí, abrí sin siquiera preguntar quién era o mirar por la mirilla, no, solo abrí.
No pude actuar lo suficientemente rápido pues Renée y Eleazar entraron al departamento, lo único que hice fue sostener a mi niño más cerca de mi cuerpo.
¿Por qué pensé que se irían sin buscarme una vez más?
Había pasado un mes desde el nacimiento de Journey, no había sabido nada de mi tía Carmen, posiblemente se marchó a Nueva Orleans con su media hermana, o algún familiar con los que hablaba regularmente por teléfono, así que pensé que Renée y Eleazar habían regresado a Washington, intentando encontrar una excusa por la partida de tía Carmen y el hecho de que no conocieran a mi bebé.
Si habían mentido todo este tiempo, no creía que se les complicara mentirles a los feligreses.
Pero no se habían marchado como había pensado y esperado, estaban aquí en mi departamento.
Las dos personas que toda mi vida se la pasaron remarcándome mis faltas y recordándome que mi papi no estaría nada de acuerdo con mi manera de ser.
Haciéndome sentir insuficiente.
Dudosa de mí misma.
Debía ser mejor, ser perfecta para ser digna.
¿No era digna para Charlie o para ellos?
—Márchense de mi casa —dije lo más firme que pude, mis instintos activados, debía mantener protegido a Journey.
Renée bufó y se cruzó de brazos.
Toda mi vida había respetado a mi madre, fui educada para saber que ella siempre tenía la razón y no podía dudar de ella ni de su palabra, aun cuando hacía mucho tiempo comencé a tener mis dudas seguía guardándomelas para mí misma, pero ahora solo veía a la mujer que me usó y manipuló a su antojo.
Era mi madre, tendría que ver por mi bienestar, no por el suyo.
Lo que era mejor para mí, no lo que a ella la beneficiase más.
La simple idea de usar a Journey, de hacerlo creer y vivir una mentira, me torturaba.
Ya me sentía lo suficientemente mal porque sentía que lo había defraudado, mi corazón estaba roto el día de su nacimiento, sentía que no lo había amado lo suficiente ese día.
¿Mi madre qué sintió al mentirme todos estos años?
—No me iré de aquí sin mi nieto, Isabella, no permitiré que destruyas al niño.
—¿Qué?
—¿Crees que vamos a permitir que lo eduques tú y ese bueno para nada que tienes por esposo? Te eduqué mejor que eso, Isabella —dijo Eleazar—. Ve y empaca tus cosas y las del niño, los dos regresan a Washington en donde podré asegurarme que todo sea como debe ser.
Iba a gritarles que estaban locos, que eran unos enfermos, pero mi niñito era lo más importante para mí y si ellos habían venido hasta aquí para llevarme a mí y a mi niño lejos de Edward, a pesar de lo que había pasado, serían capaces de arrebatármelo de los brazos y no iba a dejar que eso pasara bajo ningún concepto.
—Está bien —asentí al mismo tiempo que agachaba la mirada, tenía que ser lo más sumisa que pudiera para que creyeran que haría exactamente lo que ellos me ordenaban, no podía arriesgarme a que me quitaran a mi bebé de los brazos.
Me dirigí a mi habitación, sentí como ambos me siguieron, solo tenía una oportunidad, tenía que aprovecharla a como diera lugar.
—Eleazar Jr. crecerá como se debe —dijo Renée detrás de mí—, espero que por fin olvidaras el estúpido nombre que querías ponerle.
No respondí solo seguí caminando.
—¿Cómo se te ocurre poner al niño en la cuna? —dijo mi madre inspeccionando mi habitación de manera despectiva—. Las cosas cambiarán en casa, te enseñaré cómo se deben hacer las cosas.
Me mordí la lengua para no gritar, simplemente seguí adelante intentando encontrar la manera de alejarme de ellos y poner a mi niño a salvo.
Piensa, Bella, piensa.
No pensé mucho, solo actué, tomé el talco que estaba en la mesita de noche junto a la cama, el mismo con el que Edward había estado jugando con Esme esa misma mañana —porque a veces ambos eran así de infantiles—, lo apreté en su dirección y el humo blanco salió disparado hacia ellos, su momentánea conmoción me dio el tiempo para correr al baño y cerrar la puerta con seguro.
Comenzaron a golpear la puerta desesperados, me alejé lo más que pude, no es que fuera un gran baño o aquí tuviera algún escondite seguro, pero por lo menos había una puerta que nos separaba.
Además, ellos podían golpear todo lo que quisieran, pero no derribarían la puerta, Eleazar ciertamente era más de los que se atiborraban de comida y dormían siesta, no de los que hacían ejercicio.
—¡Estás en serios problemas, jovencita, abre esa puerta!
Rodé los ojos ante las ridículas palabras de Renée.
Besé la cabecita con poco pelo de mi niño que dormía pacíficamente entre mis brazos, ajeno a todo, y saqué el teléfono del bolsillo de mi pantalón.
Había una cosa que mi madre siempre odió y que yo hacía solamente por fastidiarla, siempre decía que el teléfono era un invento del demonio para entrar a nuestro hogar, esa era la excusa que me daba cada vez que pedía uno, pero desde que me casé con Edward ella estaba neurótica por mi cambio de móvil cada año o a veces cada seis meses y porque siempre lo tenía conmigo. Ella realmente enfurecía cuando las notificaciones llegaban, incluso saber que el GPS estaba encendido la hacía rabiar.
Llamé al 911 mientras arrullaba a mi bebé.
—¡Sal de ahí, Isabella, déjate de comportar como una niña!
No los escuché, los había escuchado toda mi vida y ¿a dónde había llegado? A ningún lado.
Mientras hablaba con la operadora y le decía mi situación los golpes solo aumentaron, me mantuve serena, porque, aunque tenía un nudo en el estómago, sabía que estaría segura.
Miré a mi niño que dormía profundamente y las lágrimas aparecieron sin poder evitarlo.
¿Cómo habían sido capaces?
Toda mi vida mintiéndome.
Lo único que me mantenía cuerda era mi niño y Edward, saber que ninguno de los dos dejaría de amarme me daba la fuerza para no volverme loca al saber quién era mi verdadero padre.
Intentaba que no me afectara, ser fuerte para que Edward no se preocupara por mí, pero era difícil.
Eleazar cometió errores, fui testigo de alguno de ellos, pero, aunque estuve enojada con él y creía que sus ideas eran arcaicas, era un buen hombre.
La congregación lo adoraba y no iban a dejar de hacerlo.
Muchos habían logrado pagar su educación universitaria porque Eleazar ayudaba a reunir los fondos.
Reunía a todos los feligreses para ayudar a reparar o remodelar las casas de quien lo necesitara.
El comedor de caridad para los menos afortunados era dirigido todos los domingos sin falta por Eleazar, sin importar nada él estaría ahí sirviendo un plato y quedándose hasta tarde.
Mi madre también era un miembro activo, aunque siempre estuvo detrás de Carmen, era alguien conocido y querido en la comunidad, apoyaba en las ventas de pasteles y en la recaudación de fondos para los más necesitados.
Eran lo que se consideraba unas buenas personas, preocupadas por mejorar su comunidad.
Pero me habían mentido y engañado.
Lo peor no era eso, sino que habían seguido dando una cara y siendo otra muy distinta.
Porque estoy segura que tal vez les hubiera dado una oportunidad de explicarse si tan solo ellos dos no hubieran seguido siendo amantes.
Todas las veces que mi madre me repetía que debía comportarme y no andar de puta por ahí, era una burla.
En su mente retorcida ellos creían tener el derecho de juzgarme, de incluso pensar que mi niño y yo estaríamos mejor con ellos que con Edward.
Admitía que en algún momento pensé que Eleazar sería como un abuelo para Journey, consintiéndole y dándole consejos que solo los abuelos dan, pero ¿ahora?
Los golpes en la puerta se detuvieron cuando el grito del oficial retumbó hasta la habitación.
—¿Llamaste a la policía? —preguntó Eleazar con una nota de incredulidad en su voz para después golpear aún más fuerte la puerta, salté asustada, él realmente estaba enojado—. Iré a atender a los oficiales y tú saldrás de ahí y nos iremos a Washington enseguida.
Esperé unos cuantos segundos antes de abrir la puerta y correr hacia la entrada en donde Eleazar y Renée daban su actuación de inocentes, claro que ellos harían eso, estaba demasiado preparada para ellos.
—Claro que pueden pasar, oficial —se apartó de la puerta dejándolos entrar—, estamos aquí para recoger a mi hija y nieto y llevarlos de regreso a Washington, en donde está nuestra congregación.
Los oficiales entraron, la mujer policía se acercó a mí, pero mi madre se interpuso.
—Necesito hablar con la señorita…
—Swan.
—Señora Cullen —hablé al mismo tiempo que mi madre—. Y los únicos que se van a ir son ustedes.
—Isabella… —me reprendió mi madre dando un paso hacia mí, pero la oficial la detuvo.
—Así que allanamiento de morada y hostigamiento —dijo la oficial—. Joey, trae las esposas.
—Esto es un error —habló Eleazar sin perder ni un poco la paciencia—, mi hija está en una relación abusiva, nosotros solo estamos…
—No soy tu hija —afirmé—, y no iré a ningún lado contigo ni con ella, ni permitiré que hables mal de mi matrimonio, aquí los únicos infieles y enfermos son ustedes, siendo amantes aun cuando estabas casado.
Podía ver como la paciencia de Eleazar estaba agotándose, y estaba segura que si la oficial no estuviera interponiéndose Renée me daría una bofetada, nunca le tembló la mano para hacerlo cuando ella creía que lo merecía.
Los oficiales no los dejaron hablar más, arrestaron a Eleazar y Renée y los sacaron de mi casa, ninguno dijo nada, salieron con la cabeza en alto, lo que me demostraba que ni siquiera sentían que habían hecho algo mal.
—¿Levantará cargos? —preguntó la oficial.
Miré a mi niño profundamente dormido.
Una parte de mí, la que ellos habían manipulado para ser la sumisa que querían que fuera, no quería hacerlo, me decía que eran Renée y Eleazar, las personas que me habían educado y estuvieron conmigo en cada etapa de mi vida.
Pero la otra parte, una que estaba ganando cada vez más territorio dentro de mí, me recordaba todo lo que había trabajado para conocerme a mí misma, para tener una mejor relación con mi esposo y ser la madre que mi niño necesitaba para que tuviera la mejor vida que pudiera darle.
—Sí, lo haré.
Hola
Esto de volver a actualizar de forma regular me encanta demasiado.
Espero que les gustara el capitulo tanto como a mi me gusto escribirlo.
Yanina, muchas gracias por la ayuda con la revisión de capitulo, eres la mejor en todo el mundo.
Déjenme sus comentarios, opiniones, criticas, teorías o lo que quieran compartir conmigo en un review
Nos estaremos viendo en la siguiente actualización.
Las quiero . . . .
