Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Mr G and Me, yo sólo traduzco.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is Mr G and Me, I just translate.
Thank you Mr G and Me for trusting me with your story!
Los Caídos
Capítulo 25
La lanza me ha otorgado velocidad y fuerza ilimitada, pero sigo atado a las leyes de la física. En teoría, podría viajar a la velocidad de la luz y llegar con Bella al instante, pero con velocidad infinita, mi cuerpo se convertiría en una masa infinita. Podría causarle un daño catastrófico al planeta, poniendo en más peligro no solo a Bella, sino a cada alma viviente en existencia.
Para viajar a la velocidad de la luz, tendría que convertirme en luz, como mis hermanos de la Hueste Angelical. Siendo de carne no es posible; al menos, no sin graves consecuencias.
Empujo mi rapidez hacia una velocidad orbital, viajando a veinte veces la velocidad del sonido. Me tomaría unos diez minutos viajar de Roma a Connecticut antes de detener mi descenso para no causar un cráter gigante en la ubicación donde se encuentra la casa de mis padres.
Con cada respiración que tomo, lucho contra la urgencia de viajar más rápido, de llegar a ella más pronto. Está en problemas, entiendo esto inherentemente, y no es solo su mente lo que lo confirma.
Durante dos minutos, Bella me grita, sus voces mentales y audibles se aceleran con un miedo y un pánico absoluto hasta que de repente se queda callada.
¡YA CASI LLEGO, BELLA! AGUANTA SOLO UN POCO MÁS, le ruego repetidamente, pero soy incapaz de volver a sintonizarme con ella.
De golpe estoy tan ciego ante ella como lo he estado por cuatro mil años.
—¡¿ISABELLA?! —bramo en la latitud más alta de la estratosfera donde he estado volando para evitar aviones comerciales, pero su mente está completamente en silencio.
Con una creciente angustia, aparto mi concentración de ella y la centro en mi padre.
Los pensamientos de mi padre siempre han sido serenos y disciplinados, así que sentirlo tan ansioso y lleno de confusión solo valida más mis miedos.
A través de sus ojos veo cuando le administra primeros auxilios a una Isabella inconsciente que no reacciona, su mente me está transmitiendo los últimos minutos mientras intenta obtener una explicación razonable para su repentino deterioro. Ella estaba en la sala con él y mi madre, platicando tranquilamente durante la comida, cuando sin advertencia alguna comenzó a convulsionar mientras que una erupción de saliva comenzó a espumear de su boca.
Su corazón entró en arritmia, determinó rápidamente mi padre, lo que progresó en fibrilación atrial, y luego un ataque cardiaco.
Es entonces cuando los pensamientos de mi padre se vuelven ajenos y se inundan con alarma mientras le grita a mi madre que le traiga su desfibrilador automático externo antes de empezar con los primeros auxilios.
Llego ocho minutos después, aterrizo en la sección de carretera directamente frente a la casa de mis padres. Impacto el suelo con tanta fuerza que causo una profunda compresión en el asfalto que hace retumbar toda la calle antes de sustraer mis almas y entrar de golpe a través de la puerta principal; arrancándola de las bisagras.
Había roto deliberadamente la conexión con los pensamientos de mi padre en cuanto supe que el corazón de Bella se había detenido. El pánico que sentía por ella ya se había arraigado tan profundamente que estaba comprometiendo mi autocontrol. Simplemente no podía volar de regreso a ella bajo tanta presión; al menos, no sin destruir el planeta en el proceso.
Tal vez si hubiera mantenido esa conexión con él, si hubiera sido testigo de Bella deteriorándose, habría estado mejor preparado para lo que encontré al regresar.
Siempre ha sido un misterio la razón de por qué la mente de Bella ha estado sellada para mí. Es algo que nunca se me ha explicado incluso cuando fui exiliado del Cielo en retribución por mis acciones contra ella. Sin embargo, incluso como un ángel medio exiliado todavía podría sentir su alma: esa fuerza de vida que se sostenía soberanamente sobre su frágil cuerpo humano. Era innegable; la esencia me llamaba interminablemente a través del tiempo y el espacio, y cada barrera que nos separaba.
Es lo primero que se me inculca en el momento en que soy confrontado con la total blasfemia que es el cuerpo humano expirado de Bella; la ausencia de esa misma esencia.
Isabella, mi alma gemela; cuya mera creación despertó a la humanidad en mi propia existencia, muerta.
La realidad que hay en eso me detiene de golpe, y durante lo que parece ser una pausa eterna, me quedo suspendido en shock. Bella, pálida y gris, su torso desnudo, su pecho derecho medio cubierto por una almohadilla grande color azul del desfibrilador mientras ella se sacude repetidamente por los esfuerzos de mi padre de encontrar algún tipo de actividad arterial, ya no está.
Es casi como un sueño y completamente inconcebible.
Es un momento capturado una y otra vez en la cinematografía que los humanos han hecho durante el último siglo. El protagonista en la película, congelado en su sitio, mientras el tiempo se detiene y el sonido se vuelve sordo y hace eco, mientras mira con horror la escena ante él.
—¡¿BELLA?! —Escucho mi propia voz gritar su nombre, el miedo en mi tono causa una frecuencia que amenaza con destrozar las dos ventanas altas alineadas en la parte frontal de la sala. Luego, antes de estar consciente de mis propias acciones, me lanzo hacia ella.
»¡¿Bella?! —repito, rogándole mientras la tomo bruscamente en mis brazos—. No hagas esto, por favor.
Su cuerpo sigue cálido, pero está sin vida y completamente rendida sobre mí.
—¡Hijo! —habla mi padre abruptamente a mi lado mientras pone con fuerza su mano en mi hombro—. Déjame…
Sacudo la cabeza con impaciencia, ignorándolo de inmediato, mientras recuesto a Bella en la curva de mi brazo y llevo la lanza a su pecho desnudo.
El tiempo ha oxidado el metal, y las orillas de la cuchilla están dentadas, pero la punta está afilada. Necesitaré un poco de fuerza para hundirla en lo profundo del cuerpo de Bella y durante un momento vacilo, incapaz de moverme. El miedo, o tal vez la premonición, me ha estancado, deteniendo mi mano, antes de poder parpadear y ese momento se destroza. Luego, sin más vacilación, penetro su piel, obligando la lanza a entrar entre sus costillas y hacia su corazón.
Escucho la voz de mi madre gritar, horrorizada por mis acciones. Me afecta más de lo que esperaba, pero no en el mismo contexto. Siento que es una ofensa causar daño en el pequeño cuerpo de Bella, y lleno de repulsión, extraigo a prisa la lanza.
Una chispa se ha encendido debajo de su piel, la cual brilla por una respiración o dos, antes de apagarse por completo y extinguirse. El pinchazo que dejó el arma ya se sanó por completo, dejando su piel inmaculada, pero Bella permanece inmóvil, con el corazón detenido.
—¡¿Bella?! —la sacudo, y luego otra vez con creciente frustración, pero hay respuesta. Toda vida la ha abandonado, dejándola como un cadáver acostado lastimosa y apáticamente en mis brazos—. ¡¿ISABELLA?! —Mi voz se alza, se hace ronca con pura desesperación.
—Hijo… —repite mi padre—. Edward.
Me giro hacia él, pero estoy cegado por la confusión y el horror de una pesadilla susurrada.
—No —declaro simplemente, sacudiendo la cabeza con terquedad—. ¡No! Y-yo puedo resucitar a los muertos. Puedo regresarle el alma… ¡NO!
Me lanzo a mis pies, agarro el cuerpo inanimado de Bella con un brazo, y con el otro entierro otra vez la lanza en su inmóvil figura. Otra vez aparece una luz, quema la herida post mortem para cerrarla y curarla, antes de que la radiación se vea apagada; dejando a Bella sin alteraciones.
—¿Por qué… por qué no funciona? —exclamo, empiezo a sonar tan irracional como me siento antes de, una vez más, perforar el frío cuerpo de Bella. Y luego otra vez.
En vano.
Donde el corazón de Bella se encuentra inerte, el mío late en una rápida sucesión, circulando por mi cuerpo una sangre que parece estar ardiendo en mi carne. Ardiendo con el dolor y la comprensión de que la he perdido.
De que he fallado.
Durante demasiado tiempo me quedo parado aferrándome al cuerpo sin vida de Bella mientras el shock y la incredulidad lentamente destrozan mi corazón. Bajo la vista hacia ella; su cabeza está colgando hacia atrás en un alarmante ángulo, tiene la boca abierta mientras que su largo cabello negro se derrama sobre mis brazos. Parece como si estuviera profundamente dormida, esperándome para despertarla; solo que bajo su pecho su corazón y pulmones están completamente quietos. Su alma se ha perdido.
—Edward —me llama una vez más la voz de mi padre cuando me gira físicamente hacia él.
En respuesta, asiento una vez – como si ya no estuviera seguro de su significado. Me arrodillo mecánicamente y con mucho cuidado vuelvo a recostar el cuerpo de Bella en el suelo.
De inmediato mi padre sigue trabajando sobre ella; aunque sus pensamientos lo traicionan. Es cardiólogo, sabe que ningún corazón humano puede soportar el daño que acabo de infligir en el de Bella; incluso mientras debate internamente consigo mismo sobre el significado del arma que usé, y por qué la usé.
Sus deliberaciones, al igual que sus esfuerzos, son en vano. Ambos lo sabemos ahora. La he perdido. Permití que se viera arrastrada al Infierno.
—No temas, mi amor. En tres días me uniré a ti —hablo en voz alta, aturdido, mi voz está vacía de emociones cuando me dejo caer de rodillas y entierro la cara en mis manos.
Ni una sola vez en cuatro milenios de vida he caído en esta cantidad de miseria. En esta cantidad de angustia. Mi corazón duele como nunca lo ha hecho antes; es tan implacable que siento como si me estuviera consumiendo por completo.
—Dios… ayúdame —musito con dolor y el tormento de la aceptación justo cuando me desmorono—. ¡Isabella! Lo siento. ¡Perdóname, por favor! —exclamo impotente mientras las lágrimas caen como ríos por mi cara, ahogándome en desolación.
No hay nada que pueda hacer ahora. Mi sacrificio ha sido en vano, y mis llantos se quedarán sin respuesta; igual que siempre ha sido. Hace mucho que fui abandonado, y ahora mi chica humana ha pagado el precio máximo por ello.
Me dejo caer en manos y rodillas, mi frente golpea el piso mientras que la lanza se libera de mi agarre. Siento que el dolor en mi pecho está literalmente haciendo pedazos mi alma, y en una entrega completa me permito finalmente sucumbir ante él.
Un devorador sollozo sin aliento tras otro sale ahogado de mí. Durante siglos he oído el sonido del sufrimiento humano. No es ajeno para mí, pero durante un solo momento casi no reconozco mi propia voz detrás de él. Que esta inexplicable angustia se está derramando de mí.
—Lo siento mucho, cariño —la voz de mi madre, suave y tierna, penetra la barrera del shock en el que me encuentro encerrado cuando siento sus brazos envolverse en mí.
Su toque me saca momentáneamente de este desamparo, y sacudo la cabeza cuando la negación empieza a descender sobre mí. Negación que rápidamente se convierte en enojo, y enojo que se transforma en una furia ciega al negarme firmemente a aceptar la realidad de que Bella ha sido arrebatada de mí.
Estiro la mano y agarro la lanza otra vez, aprieto la palma alrededor de ella mientras la rabia viajando a través de mí causa que cada molécula de mi cuerpo de carne y sangre tiemble.
En el siguiente instante, me pongo de pie de un salto y abro la boca mientras los truenos y los rayos estallan de mí.
—¡MALDITO SEAS, SOY YO! ERES TÚ QUIÉN ES EL MALO. ¡TÚ QUÉ LIBERASTE A LOS DEMONIOS EN ESTE MUNDO, Y TÚ QUE HAS OBSERVADO DURANTE SIGLOS Y NO HAS HECHO NADA! ERES TÚ QUIEN ES EL MONSTRUO. ¡TÚ, QUIEN ES LA MÁXIMA BESTIA!
Grito y maldigo a mi padre hasta que el sol se ve eclipsado y el mundo se ve hundido en la oscuridad mientras que el mismo suelo bajo mis pies se sacude violentamente; haciendo temblar la casa y sus cimientos hasta que las paredes y los techos se agrietan.
—¡Edward! —mi padre me agarra de los antebrazos y me sacude—. ¡Hijo, DETENTE!
Pero mi tirada continua mientras escupo cada sacrilegio que mi alma puede soportar hasta que las palabras se van silenciado en mis labios a causa del cansancio y la derrota.
Con los pulmones agitados, me giro y miro los ojos azul claro de mi padre, pero el ímpetu de enojo y desesperación todavía no me ha consumido. Sigo resistiéndome, aferrándome con firmeza a la negación.
En la continua bruma de la incredulidad, miro a Bella recostada en su sueño mortal, mientras el polvo y los fragmentos de yeso llueven sobre su cuerpo semidesnudo debido a las paredes agrietadas y abolladas de la casa de mis padres conforme la casa sigue temblando por debajo de nosotros.
Es incomprensible, y cerrando los ojos con fuerza debido a todo el horror, llevo la lanza a mi ceño, empujándola contra mi piel mientras intento hacer sentido de todo esto. Hacer sentido de por qué la lanza ha fallado en revivirla. Por qué yo le fallé.
—V-vi las visiones de Daniel. Bella estaba vivía. Ella-ella estaba casada y tenía hijos —divago para mí, empezando a sonar incoherente—. ¡¿DANIEL?! —rujo de repente, asustando tanto a mi madre que salta en los brazos de mi padre—. ¡¿DÓNDE ESTÁS, BESTIA?!
Aparece casi al instante, llegando en medio de los desechos en la sala de mis padres en su cuerpo de carne. Se ve exactamente igual a como se veía cuando era demonio; cabello castaño claro, ojos grises contrario al color oro que lucen en su cuerpo de luz, y erguido poco más de uno ochenta metros de altura.
Lo agarro de su túnica de rango antes de que pueda abrir la boca para dirigirse a mí.
—Me prometiste que ella viviría —lo acuso en un susurro enojado antes de poner la punta de la espada de Miguel en su yugular. Aunque puedo matarlo con facilidad, él teme volverse un caído otra vez; algo que indudablemente causará el arma de mi hermano—. ¡¿POR QUÉ NO FUNCIONA LA LANZA?!
—Dashiel, escúchame —comienza, su voz suena tensa tras su evidente inquietud. Entiende que su mera existencia está en más peligro ahora de lo que ha estado antes—. Su alma está en el infierno, y el infierno es el único lugar donde la lanza no tiene dominio.
—¡ÉL tiene poder sobre TODO! —exploto ante la ofensa.
—Él les da libre albedrío, e Isabella vendió libremente su alma —intenta racionalizar conmigo, pero eso solo me enfurece más.
Alejando la espada con frustración, lo agarro de la garganta y lo acerco más a mí.
—La bestia la engañó para hacerlo.
Incapaz de moverse, son sus ojos los que traicionan su alarma.
—Los engañan a todos para hacerlo, hermano, pero aun así tienen que entregar libremente sus almas. No importa si un demonio se hizo pasar por ti, Bella estaba plenamente consciente de lo que estaba intercambiando.
—¿La bestia liberará su alma? —aprieto más los dedos alrededor de él, restringiendo vías respiratorias que no necesita. Es inútil; puedo matar la figura humana de Daniel con mis propias manos, pero él puede regresar con otra.
—Sí, pero sabes que te costará —admite, baja los ojos cuando lo libero, empujándolo hacia atrás.
—¡Infórmale a Lucifer que iré a verlo! —exijo, señalándolo con la lanza.
—Él nunca aceptará hablar con un miembro de la Hueste, hermano. Necesitarás un demonio para invocarlo —responde Daniel, alzando sutilmente la ceja.
—Abaddon —bramo para mí en un murmuro. Luego, dándole la espalda al ángel, a mis padres y a Bella, libero mis alas y salgo a través de la puerta principal en un solo movimiento antes de lanzarme al cielo.
