Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Mr G and Me, yo sólo traduzco.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is Mr G and Me, I just translate.
Thank you Mr G and Me for trusting me with your story!
Los Caídos
Capítulo 26
Llego al pequeño pueblo galés en minutos antes de impactar la fachada de la guarida de Abaddon, Diablo, con la fuerza y destrucción de un misil.
Irrumpo a través del techo y los dos pisos principales del restaurante, aterrizando sobre mis pies en el piso adoquinado del sótano mientras el edificio explota y colapsa a mi alrededor.
Sin extraer mis alas, salto sobre la hoguera de estantes de vino destruidos. Liquido fermentado llueve sobre mí, empapando mi cabello y blancas plumas mientras golpeo con mi puño la sección de pared que esconde astutamente la entrada.
La puerta de piedra queda reducida de inmediato a escombros cuando un grueso velo de polvo me separa momentáneamente del pasillo iluminado con luces fluorescentes donde se encuentran situados los elevadores.
Por habito meramente humano, toso, apartando la cara para prevenir que mis pulmones se llenen de residuos, es entonces cuando varias de las manos parecidas a garras de las bestias me agarran y arrancan la piel de mi pecho y hombros. Sus garras se encajan repetidamente sobre mi piel, la cual sana al instante, mientras ellos intentan inútilmente detenerme de seguir avanzando más hacia la guarida de su señor.
Sus esfuerzos son en vano; no pueden contenerme más de lo que pueden contener las olas del océano, pero su ofensa me ha hecho enojar más. Agarrando el primer demonio que atrapa mi mano, le estiro la cabeza hacia atrás con un mechón de su sucio cabello largo y entierro la espada de mi hermano por la base de su cuello y hacia su corazón.
El fin de la bestia se ve imitando a cada demonio que se ha encontrado alguna vez como receptor de la espada de Miguel. Se convierte en ceniza antes de que yo pueda liberar la cuchilla, y con la misma volatilidad la utilizo para inhabilitar a cada miembro de la guardia del demonio, uno a uno.
Pero siguen viniendo, como si sus números fueran infinitos, y conforme mi paciencia disminuye al mismo tiempo que crece mi furia, las bestias entre sus rangos explotan repentinamente en llamas y cenizas sin que tenga que hacer nada más que alzar la espada de Miguel en su dirección.
Es entonces cuando lo entiendo; no necesito el arma de mi hermano. Yo empuño el poder final, y mi mente sola es más capaz de enviar a esos demonios de regreso al pozo que cualquier cantidad de armamentos angelicales.
Camino firmemente, con apatía, pasando entre el pesado y nocivo humo de los demonios expirados y continuo mi camino con creciente enojo. Las bestias ahora huyen al verme; aunque conforme avanzo más hacia las catacumbas en la guarida de Abaddon, rastreo sus movimientos tan solo por sus pensamientos; asesinándolos en el instante en que capto sus oscuros animus.
Después de desprender el piso de acero del elevador con la misma facilidad como si fuera la piel de una fruta, me dejo caer, descendiendo por el conducto hacia la puerta de entrada; hacia la barrera invisible. Pauso no más de un segundo antes de cruzarla; la barricada protectora se rinde al instante, rompiéndose sobre mi pecho desnudo como si fuera una telaraña. Desciendo hacia la primera cámara y entro al club improvisado. Cientos de demonios siguen violando a humanos maldecidos justo como hacían la primera vez que entré aquí, y una vez más no se dan cuenta, o se ven desenfrenados, de mi presencia.
Me detengo durante una respiración en la oscurecida antecámara iluminada de rojo, capto un vistazo de una joven con largo cabello rojo que no es más grande que Isabella. Está en la esquina apoyada en una cabina de cuero negra mientras que una bestia de cabello cenizo y alas carbón profana su cuerpo adolescente. Ella tiene la cabeza caída hacia atrás y apuntando hacia mí, mientras que sus vacíos ojos que no ven miran ciegamente hacia enfrente.
Consciente de que mi atención está centrada en él, el demonio gira lentamente su mirada sobre su hombro, y durante varios períodos largos me ve cómicamente; se hace plenamente consciente de su destino.
—Nos veremos pronto en el Infierno, hermano. —Su resignación concluye con esa promesa cuando una mueca de desprecio tira de la esquina de su boca, y justo entonces explota en una ardiente ceniza.
—Eso espero —murmuro, mi mirada permanece fija en la chica.
En evidente shock y confusión, ella se para de golpe del asiento, su cabeza gira rápidamente llena de pánico antes de que sus agrandados ojos se posen en mí.
Se te ha regresado el alma, ahora vete. Deja este lugar y este pueblo, y jamás regreses, le indico mentalmente, y me obedece sin pausa alguna; sale volando del lugar mientras que gritos agudos estallan de ella.
Libero a cada humano de la misma manera, los hago huir de las criptas subterráneas en las que se han encontrado involuntariamente mientras que regreso a los demonios uno por uno con su señor.
Rápidamente descubro que, mientras que la espada de Miguel le otorgará un regreso instantáneo y relativamente piadoso al inframundo, mi mente no es tan benevolente.
En diferentes escalas de tiempo, permito que sus figuras humanas se deterioren y ardan, retrasando su inevitable final y escuchando sus desesperados gritos de agonía detrás de mí mientras sigo avanzando hacia Abaddon.
El demonio ahora está completamente consciente de mi presencia, al igual que del camino de destrucción que he dejado a mi paso, y mientras que hace todo esfuerzo por ocultar su mente de mí, no puede hacerlo. Me espera con miedo y pánico; un cobarde hasta el final, se rodea de niños humanos junto con sus guardias.
Llego a la puerta de la guarida de la bestia, la reduzco a polvo sin levantar ni un dedo. Luego paso meticulosamente sobre los residuos resultantes, y me encuentro parado ante él.
Penetro su mente sin decir ni una palabra, descubro que no solo le robo el alma a Bella, sino que también la envenenó para asegurar su rápido deterioro. Él estaba muy consciente de que las probabilidades de que yo derrotara a Rafael para liberar a Azazel eran pocas, y se aseguró de ese recurso. Con Bella estando viva, él tenía menos con que negociar, pero estando ella muerta y en el Infierno, y con Lucifer consciente de la profecía sobre la lanza….
Yo teniendo en posesión la lanza es exactamente lo que él había esperado, pero se equivocó al precipitarse. Sabía que la lanza me haría poderoso –lo suficiente para matar a un arcángel– pero creyó que su aquelarre de demonios y él serían inmunes ante ese poder.
Se equivocó porque, aunque la lanza no tiene dominio sobre el Infierno ni cualquiera de sus habitantes, tiene absoluto poder sobre la Tierra y todos los que habitan aquí; humanos y demonios por igual.
—¿Dónde quiere que me reúna con él? —le exijo saber después de reducir consecutivamente a cenizas a todos sus guardias ante él, permitiéndole presenciar el dilatado proceso de su caída.
Era una pregunta que no necesito hacer; la respuesta está claramente disponible en su mente ahora accesible, pero pretendo torturar a la bestia, y no solo físicamente.
El suave y tímido sonido de gimoteos rompe mi concentración. Mis ojos caen hacia la media docena de niños con los que el demonio se ha rodeado. Todos me miran con ojos temerosos e ingenuos.
Aunque un demonio no puede tomar las almas de los niños, a través de sus padres pueden hechizarlos y mantenerlos bajo su control. Abaddon ha estado usando a estos pobres infantes indefensos como esclavos hasta que llegan a la edad de consentimiento. Es diferente para cada niño, pero usualmente sucede alrededor de los quince años.
—Vengan —murmuro, haciéndoles una seña con mis dedos, y lo acatan sin dilatación—. No tengan miedo. Sus padres los están esperando. Corran, vayan a buscarlos.
Salen del lugar en grupo, sus gritos de emoción hacen eco a través de la cámara de piedra. He liberado a la mayoría de sus padres de su condena; aunque más de uno se encontrará siendo huérfano.
Sin embargo, una pequeña niña de no más de cinco años permanece aquí; ella toma mi mano incluso mientras la suya tiembla. Bajo la vista a ella, y ella me mira con unos ojos que rivalizan la profundidad de los de Bella.
Su inútil e incompetente guardián permanece cerca; obligo a la bestia a hacerse visible y parado frente a mí agacha la cabeza con vergüenza, sus plumas de un blanco brillante cuelgan bajo.
—¿Cómo pudiste permitir esto? —exijo en un gélido susurro, poniendo la mano de la niña en la suya—. ¡No eres digno de ser un guardián!
Asiente una vez en completa sumisión antes de guiar a la niña hacia afuera.
Los miro irse, le sonrío cálidamente a la niña que mira sobre su hombro y agita la mano como despedida. Su inocencia y ojos cafés profundos como el océano me recuerdan tan profundamente a Bella que por un solo segundo puedo convencerme de que sigue con vida.
Un segundo que termina de forma tan inevitable como comenzó y, apartando mi mirada de la de la niña, poso mis ojos en el demonio que se acobarda ante mí
—A mí padre no le parecerá bien la masacre de sus hijos —intenta adelantarse a su destino, pero resoplo con total desprecio. Luego alzo la lanza de forma meticulosa ante él; le permito verla, absorber su imagen. Revelarle mi plan antes de llevarlo a cabo.
Él se encoje, aparta la cabeza de mí mientras la sacude con creciente pánico.
—¡No te atreverías! —me reta, con ojos grandes y suplicantes en una inútil desesperación.
Abaddon es un demonio de la primera esfera, fue exiliado junto con el mismísimo Lucifer. No fue el amor carnal por los humanos lo que lo condenó; fue el último acto de traición contra nuestro padre, Él mismo. Entre el caos de la guerra por el Paraíso no había tiempo para la retribución. Una vez derrotado, Lucifer fue exiliado rápidamente antes de que su legión lo siguiera por voluntad propia sin siquiera recibir un día de juicio final.
Es exactamente lo que pretendo otorgarle a la bestia.
Lo rodeo, me acerco a milímetros de la cara de la bestia y me veo inundado por su fétido aliento.
—Has matado a mi humana y la condenaste al Infierno —digo con furia, llevo la lanza a su frente y presiono la punta sobre la piel sin romper la superficie—. ¿Crees que hay algo que no haría para vengarla?
Solo sigue sacudiendo la cabeza, pero ignorando sus suplicas silenciosas, bajo la mano y agarro su pierna, tirándolo. Con movimientos lentos y deliberados, le quito el zapato hecho a la medida de marca italiana que tiene la bestia y el calcetín de cachemir del pie derecho, sonrío ante su muy humana vanidad antes de arrastrar la lanza sobre la punta de su dedo más pequeño, apenas rompiendo la corteza.
De inmediato la luz de la creación empieza a penetrarlo mientras él comienza a gritar ruidosamente, maldiciendo y blasfemando tanto mi nombre como el de nuestro padre.
A diferencia de Gadreel y Daniel esto no es algo que Abaddon desea, y lucha contra su transición como un alma en pena gritando, estremeciéndose y retorciéndose mientras su configuración demoniaca reacciona violentamente a la misma esencia a la que le dio la espalda voluntariamente hace tantos siglos.
Tranquilamente alzo el pulgar y hago el signo de la cruz en la frente de la bestia mientras le administro los últimos sacramentos tanto en hebreo como en latín.
—Qué Dios tenga piedad de tu alma —termino, mi voz está completamente vacía de emociones mientras él cae de espaldas y sigue convulsionándose a la vez que sangre con aspecto de alquitrán de su cuerpo humano sale por cada orificio.
No estoy seguro de cuánto tarda un demonio en sucumbir a su reencarnación angelical, pero pasa al menos una hora antes de que él esté lo suficientemente sometido para dejar de luchar. Aun así, la divina luz de Dios sigue permeándolo desde el centro hasta la superficie de su piel mientras que el horror de todo esto es amortiguado hasta solo ser un reflejo detrás de sus ojos.
Sonrío, disfruto de su suplicio más de lo que anticipe, hasta que después de un rato un ángel vencido y sometido se postre ante mí, abrumado por su ardiente masa física.
Sobre manos y piernas, me fulmina con la mirada, sus ojos ahora dorados se penetran de ferocidad. En un solo movimiento, se pone de pie y me agarra de la garganta.
Me lo quito fácilmente de un encogimiento, pongo mi mano en hombro y lo estrello contra la pared de piedra.
—Compórtate, él llegará pronto —lo provoco deliberadamente solo momentos antes de que Miguel se deje caer silenciosamente a mi lado, la expresión en su rostro es nada menos que asesina.
—Es todo tuyo, hermano —declaro tranquilamente cuando Miguel posa sus ojos en la bestia, una meuca de burla se arrastra gélidamente sobre sus labios.
Les doy la espalda a ambos justo cuando el áspero sonido metálico de la espada de Miguel siendo liberada de su vaina perfora a través del templado silencio en el aire.
—¡Si piensas siquiera en liberar a esa bestia, Dashiel, tendrás que enfrentarme! —Miguel lanza su amenaza por detrás de mí mientras sigo avanzando por el pasillo que me aleja de la guarida de Abaddon.
—¿Esa es tu forma de convencerme, hermano? —respondo ligeramente sin girarme hacia él.
Musita mientras el ángel recién trascendido comienza a gritar obscenidades en dirección a mí; solo para ser inmediatamente silenciado por su superior de alto rango de la Orden Angelical.
Miguel ha esperado miles de años para cobrar su venganza, y estoy feliz de otorgársela. ¿En cuanto a librera a Azazel? Es la última de mis preocupaciones. Justo ahora, la criatura más temida de toda la imaginación humana espera mi llegada.
