Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Mr G and Me, yo sólo traduzco.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is Mr G and Me, I just translate.


Thank you Mr G and Me for trusting me with your story!


Los Caídos

Capítulo 34

Empiezo a sospechar que Nathaniel es el ángel de la muerte que me espera para escoltarme al Infierno.

Una parte de mí desea poder enviarlo al Infierno antes que yo. Aunque ya no llevo ninguna de las espadas de Miguel, si lo exilio y le clavo la lanza, eso solo lo resucitaría. Por supuesto, podría simplemente hacerlo caer y luego matar su forma demoniaca, pero de igual forma es en vano.

Si Nathaniel está aquí por mí, matarlo no me salvará. Nada con excepción de la Mano de Dios Mismo podría hacerlo a estas alturas, y considerando que Él me ha abandonado desde hace mucho, aferrarme a la esperanza es una ilusión de tontos.

Ahora la esperanza es peligrosa para mí.

Bella me toma de la mano, regresa mi atención a ella cuando me jala gentilmente hacia la cama.

Se permite dejarse caer de espaldas sobre las esponjosas cobijas, exhalando pesadamente. Me recuesto a su lado, mi cuerpo no tiene tanta fluidez como el suyo, y meto una mano debajo de mi cabeza. Mis pensamientos siguen agobiados por Nathaniel y cuál es su propósito, el cual debería enfocarse en mi esposa.

—¿Edward? —su pequeña voz se filtra en mi distracción.

—¿Hmm? —giro la cabeza para verla.

Sonríe y pone su palma gentilmente sobre mi corazón.

—Eres tan diferente de cuando nos conocimos —musita, más que nada para sí misma, mientras sus ojos se fijan en los míos—. ¿Y por qué tus alas ya no salen expulsadas de ti cuando alguien blasfema? Incluso el padre lo hizo y no pasó nada.

Esbozo una pequeña sonrisa junto con ella.

—¿En serio quieres hablar sobre eso? —bromeo.

—Estoy intentando romper el hielo. Te volviste a poner muy serio. —Su mirada se aparta de la mía y empieza a reflexionar.

Bufo bajo mi aliento; estoy frustrado conmigo y con el hecho de que mi comportamiento es continuamente perjudicial para ella.

Poniéndome de costado para verla de frente, me apoyo en mi codo y pongo la mano debajo de mi mandíbula.

—La lanza se deshizo de las pocas debilidades que tenía —explico con honestidad, estirando una mano para acomodarle gentilmente un mechón de cabello detrás de la oreja.

Asiente, se está mordiendo de forma ausente el labio inferior.

—Aun así, has cambiado muchísimo —habla con candor, aunque más que nada habla para sí misma.

Abro la boca para contestar, pero titubeo.

—Creo que la lanza me ha cambiado hasta cierto punto —admito.

Moviendo su palma hacia mí, agarra mi mano libre que tengo apoyada entre nosotros.

—Daniel habla seguido conmigo, y me recuerda tanto a cómo solías ser tú… cuando nos conocimos.

Siento mi frente arrugarse pesadamente con confusión.

—¿A qué… te refieres?

—La forma en que habla —aclara rápidamente—. Solías ser tan rígido y formal, pero cambiaste después de que los demonios me atraparon. Empezaste a verme de verdad en lugar de solo mirarme como un objeto que tenías que proteger.

—Nunca… nunca te consideré solo un objeto, Bella —declaro en voz baja. Me molesta que ella pudiera pensar semejante cosa.

Sacude la cabeza suavemente para sí.

—No, me refiero a que había siempre una barrera invisible entre nosotros que no estabas dispuesto a cruzar. Luego cambiaste por completo.

La comprensión se posa en mí, y a pesar de todo esbozo una pequeña sonrisa.

—Oh… sí… es porque se rompió el sello de tu amuleto. —Su frente se arruga y abre la boca para cuestionarme más cuando elaboro en mi respuesta—: Tu collar no solo te protegía de los demonios, sino también de mí.

Inmediatamente agranda los ojos y se sienta a mi lado.

—¿Por qué?

Me enderezo junto con ella.

—Siempre me he sentido atraído a ti, Bella. Desde el primer instante en que me enviaron a ser tu guardián. Apenas tenía control sobre mí mismo cerca de ti. Miguel sabía que sería igual cuando eventualmente nos encontráramos, así que te dio el collar para protegerte.

Una vez más hace ademán de hablar, pero se detiene durante varios momentos mientras sus pensamientos regresan a los primeros días después de encontrarnos en Inglaterra. No está cómoda conmigo leyéndole la mente, pero a veces me filtro de forma casi inconsciente.

—Entonces, ¿por eso actuabas tan distante? Tan frío…

Asiento una vez y expulso mi aliento.

—Pero incluso entonces batallaba. Tenía que luchar contra ello cada segundo que pasaba en tu compañía. Tenía miedo de lo que podía hacerte, lo que casi te hice hace tantos miles de años.

Sus ojos se agrandan más, incluso mientras los mantiene pegados a los míos.

—¿Qué fue lo que casi hiciste?

—Lo que me prohibieron hacer jamás —confieso, bajando la voz con vergüenza—. Lo que todos tenemos prohibido.

Entiende lo que quiero decir y pausa para reflexionar.

—Pero si lo haces ahora, ¿no… serás castigado? —pregunta en un agudo susurro.

Niego con la cabeza mientras que una media sonrisa se abre paso en mi expresión.

—No, te lo dije. Mientras tenga la lanza las antiguas leyes no aplican para mí.

Asiente, su distracción permanece antes de recostarse otra vez. Yo permanezco sentado a su lado, apoyando el pecho en mis rodillas.

—Nunca te lastimaré, Bella, pero si estás incómoda, no tenemos…

—¡No! —interviene casi de forma desesperada, sentándose de golpe una vez más.

Me rio y prácticamente sucumbo a la risa, pero no puedo evitarlo, y en respuesta la cara de Bella se sonroja de un rojo brillante.

—No, quiero decir, no —murmura, sus mejillas permanecen teñidas mientras que evita firmemente mi mirada.

Esta vez sí me rio.

—Creo que la dama protesta demasiado. —Y tomando su mano, la animo a recostarse, jalándola hacia mí.

Pega la cara a mi pecho y gime suavemente.

—No te burles de mí. —Su voz suena ahogada y solo puedo reírme una vez más.

Es la distracción que necesito, y descendemos en un cómodo silencio durante varios minutos más. Bella está recostada tranquilamente en mí, sus dedos suben y bajan suavemente por mi torso mientras yo paso mis dedos de forma ausente por su sedoso cabello. Aunque no estoy tan tranquilo como aparento.

—Bella… —quiebro con aprehensión la tranquilidad antes de aclararme bruscamente la garganta.

Ella solo hace un sonidito con la garganta, sigue perdida en sus pensamientos.

—Necesito que te mantengas alerta, ¿de acuerdo? —digo con cierto filo en la voz y Bella alza la cabeza para mirarme a los ojos.

—¿Qué…? —empieza sin comprender antes de explicarme más.

—Tienes que decirme de inmediato si te lastimo porque no lo sabré a menos de que me lo comuniques. —Hablo en serio incluso cuando de pronto aparece algo muy juguetón en la expresión de Bella.

—Le pondré subtítulos a mi mente.

Suspiro y dejo caer la cabeza sobre la almohada.

—No me estás ayudando —murmuro.

Se ríe un poco y luego cede.

—Edward, vas a estar tan cerca de mí como es físicamente posible, ¿crees que me importará si lees mis pensamientos?

—¿Estás segura?

—Estoy segura —repite con naturalidad.

—Bien —murmuro. Nos siento otra vez a los dos y me bajo de la cama—. Tengo algo para ti.

Ladea la cabeza, siente una curiosidad inmediata.

—¿Oh?

Agarrando mi mochila del piso, la pongo sobre el buró y busco dentro de ella; encuentro la estrecha caja rectangular enterrada ahí un momento después. Sentándome en la orilla de la cama, me giro hacia ella y se la entrego.

—Feliz cumpleaños, Bella.

Agranda los ojos con sorpresa y esboza una tierna sonrisa. La toma cuidadosamente de mis manos, la abre despacio y su sonrisa crece.

—Me… me encanta. —Su voz flaquea suavemente—. ¿Me ayudas a ponérmelo?

Entregándome la caja, se da la vuelta y se agarra el cabello con ambas manos.

Con mucha delicadeza saco la cadena de oro blanco que tiene un pendiente en forma de alas de ángel y se la pongo en el cuello; beso brevemente la suave curva de su hombro.

Se gira hacia mí para mostrármelo, tiene las cejas alzadas.

—¿Te gusta?

—Me gusta… —murmuro, mis ojos están pegados a la brillante baratija que se encuentra sobre su delicada piel. Luego, inclinándome lentamente hacia ella, planto los labios en la base de su cuello y luego otra vez más cerca de su oído, inhalando su dulce aroma—. Me gusta mucho.

Su respiración sale expulsada de golpe, inundándome brevemente en su calidez antes de que ella me rodee el cuello con ambos brazos. Dejo mi cara enterrada en la suavidad de su piel durante un momento, escuchando el tempo de su corazón, luego alzo la cabeza y conecto mi boca con la suya.

Los siguientes minutos pasan apresurados y apasionados mientras nos perdemos en la sensación de nuestros labios y la piel expuesta. Esto es hasta que torpemente intento quitarle la ropa a Bella. Estoy consciente para mantenerme en control, para no ser muy brusco con ella, pero como he sido consciente durante muchos milenios, muchas veces mi cuerpo humano actúa solo por impulso.

Al final, nos bajo a ambos de la cama para ponernos de pie. Luego, con manos temblorosas, le quito del cuerpo cuidadosamente cada capa de ropa que tiene Bella; permito que mis dedos rocen la suavidad de su piel al hacerlo.

Estoy familiarizado con la visión de la figura femenina desnuda, las curvas, la inflamación, la suavidad, pero contemplar la desnudez de Bella no se siente del todo real. Casi no puedo confiar en mis propios ojos. Ella es una maravilla para mí, y me siento reticente a estirar la mano y tocarla por completo; a pasar mis manos sobre la calidez de su piel.

Ella se posa ante mí, se ve enteramente muy vulnerable, blanca en contraste, sus ojos agrandados y abismales al mirar los míos.

—Santo Dios, eres hermosa —murmuro, estoy completamente intoxicado por la visión de ella, y cargándola en mis brazos, la recuesto sobre la cama.

—Creo que ambos sabemos quién es el hermoso —bromea en respuesta, y antes de poder arrancarme la ropa de encima, ella estira la mano, curva su palma alrededor de mi cuello y me jala a ella.

Definitivamente somos un par de recién casados inexpertos. Ambos somos torpes el uno con el otro y tenemos demasiado entusiasmo, y mientras intento ayudar a Bella a quitarme el resto de la ropa, ambos terminamos riéndonos. Sin embargo, no hay forma de negar el magnetismo creciendo dentro de mí que me distrae continuamente de mi objetivo y revierte mi mentalidad.

Muy pronto el ambiente entre nosotros se torna serio, casi urgente, y aunque yo debería estarla guiando, es ella la que me guía a mí. Es ella la que me besa más profundamente de lo que nos hemos aventurado antes, y con un abandono absoluto. Es ella la que me anima a seguir adelante con cada paso, incitándome a explorar su cuerpo; a relajar el peso del mío sobre ella.

Y luego ese impulso se activa, esa motivación dentro de mí se hace casi instintiva.

Como si mi cuerpo estuviera funcionando de forma independiente, y sin ninguna decisión consciente de mi parte, me alzo sobre Bella y me muevo entre sus piernas. Ella me acomoda, acompasa naturalmente mis movimientos antes de yo romper a través de esa barrera femenina y deslizarme en lo más profundo de ella.

Jadea audiblemente y se tensa de inmediato al mismo tiempo que un sonido idéntico sale expulsado de mi propia garganta.

Me detengo durante un momento y retrocedo para ver su cara. Toda su expresión parece estar en shock; aunque contradictoriamente, sus ojos están brillantes, su cara sonrojada y enrojecida. Sonríe, de forma cálida y relajada, pero hay cierta profundidad salvaje en ella.

—Bella… —empiezo a hablar, no estoy seguro de si debería sentirme ansioso por ella o no.

—Está bien —me asegura suavemente, asintiendo para darle énfasis.

—¿Estás… estás segura? —pregunto, bajo torpemente la cabeza para presionar mi boca sobre la suya. La energía creciente que surge a través de mí me está dejando de pronto inquieto.

—Estoy segura —musita sobre mis labios, y como en sintonía conmigo, se cierra más alrededor de mí mientras que el instinto vuelve a tomar el control.

Me asombra que mi cuerpo sabe exactamente lo que debe hacer y cómo moverse. Arde como nunca lo ha hecho hasta que siento el calor de este deseo abrumador a través de cada uno de mis poros. Mi corazón martillea hacia la superficie de mi piel, haciéndola casi pulsar mientras me permito ir más profundo y caer en armonía con ella.

—¿Estás bien? No te estoy lastimando, ¿cierto? —exclamo, mi voz suena tensa y para nada racional mientras mi boca conecta y reconecta con la de ella; con su cuello, sus hombros, su pecho…

Quitando una mano de mí, la pone sobre mi boca.

—Estoy bien. No me estás lastimando —insiste casi sin aliento antes de una vez más rodearme fuertemente el cuello con los brazos mientras sigue incitándome a ir más adelante.

Mi cuerpo conecta instintivamente con el de Bella. Actúa y reacciona de forma natural a ella hasta que estoy tan inmerso en ella que estoy casi inconsciente de que estoy tan profundamente metido en su mente como en su cuerpo de carne. Sin embargo, no hay palabras en sus pensamientos. En vez de eso, lo que me proyecta son imágenes, imágenes confusas y borrosas entrelazadas con cada sensación y emoción que está experimentando.

Es una conexión tan profundamente fundamental que sigue expandiéndose dentro de mí, llevándome cada vez más y más alto hasta que se vuelve casi tangible. Tan tangible que se siente como si estuviera arrancando lentamente mi alma de su revestimiento de piel.

Rápidamente me pierdo en su cuerpo, en el tirón del mío, y en esa corriente de un placer muy humano. Sigue creciendo, multiplicándose, hasta que no estoy seguro de poder seguir conteniéndolo – incluso mientras me aferro firmemente a él de forma ansiosa, insaciable. Luego empieza a derramarse lentamente.

Mi cuerpo empieza a temblar, y soltando a Bella, aprieto los piños en las sábanas y cobijas para anclarme. Aun así, mi cuerpo entra más en ella mientras que al mismo tiempo intento protegerla de la energía que está explotando de mí.

Ella se siente caliente debajo de mí, todo su cuerpo de piel está húmedo y sedoso y resbalándose contra el mío. Su respiración se vuelve entrecortada y superficial hasta que todas las palabras la abandonan, y aunque suena como si sintiera dolor, su mente es toda una contradicción. Cada uno de sus sentidos ha cobrado vida y está siendo totalmente consumida por ellos. Está totalmente consumida por mí, y la inherente respuesta de su cuerpo al mío.

Se aferra a mí, sus dedos se entierran con fuerza en mi carne, obligándome a mantener esa cercanía con ella, pero empiezo a sentirme sofocado. La energía sigue acumulándose dentro de mí, robándome el aliento y la voz, y empujando hacia cada miembro; cada extremidad de mi cuerpo.

Y luego se libera de mí.

En un solo momento de completa euforia que nunca he experimentado en todos mis siglos de existir, mi cuerpo se entrega.

Mis pulmones se agitan cuando un sonido completamente primitivo sale ahogado de mí, y al mismo tiempo mis alas salen disparadas violentamente de mi espalda y se alzan en lo alto sobre mí. La fuerza de su liberación me empuja más dentro de Bella hasta que el colchón se contrae por completo debajo de nosotros y luego rebota.

Y entonces me quedo quieto.

—Madre de Dios —musito con total incredulidad, mi voz suena ahogada y es apenas audible al colapsar pesadamente sobre Bella—. Lo siento… —murmuro sobre su cálida y flexible piel, durante un momento no estoy seguro de tener el control sobre mis facultades.

Levemente escucho su aliento salir expulsado a través de su nariz como una risa silenciosa antes de abrazarme más sin decir ni una palabra. Me muevo de lado por puro impulso, quitándole mi peso de encima.

La abrazo cerca de mí, rodeo con firmeza su cuerpecito tembloroso con mis brazos. Sigo lleno de energía, todo mi cuerpo se estremece mientras la carga disminuye lentamente dentro de mí. Mis oídos están zumbando, mi corazón martillea sin descanso contra mi caja torácica, tanto que considero brevemente la posibilidad de haberme lastimado. Es entonces cuando una repentina calma empieza a filtrarse a través de mis venas y exhalando pesadamente mi cuerpo se relaja por completo.

—¿Bella? —murmuro, sonriendo bobamente para mí.

Ella inhala y exhala en un suave sonidito de respuesta, sus dedos se meten gentilmente entre mi cabello.

»¿Podemos hacerlo otra vez?

Hay una ligera pausa antes de que ella rompa en la risa más suave de todas.

—Definitivamente sí —me susurra al oído.

—Estoy tan feliz —respondo, mis palabras suenan arrastraras.

Sigue riéndose por lo bajo. Estira los brazos y me rodea la espalda, deteniéndose de pronto.

—Edward… —dice con sorpresa, alzándose sobre su codo para asomarse sobre mí—. Tus alas salieron, espera, ¡¿son blancas?!

—Oh… sí. Lo son. Durante un tiempo —admito, sonriendo ante su reacción; la está mirando con asombro, boquiabierta.

Las vuelvo a meter, sobresaltando a Bella, y ella responde pegándome en el pecho.

—¡Tienes que advertirme antes de hacer eso! —No está enojada, y me permite jalarla a mis brazos, se rinde sobre mi pecho—. Se te ven bien —murmura.

Cierro los ojos, de pronto me siento exhausto; aunque estoy teniendo problemas para arrancar la sonrisa de mi rostro.

—Tú te ves bien en mí.

—Eres un aguafiestas —bromea y por alguna razón esa expresión me recuerda de inmediato lo que todavía me falta por hacer.

Alzándome sobre un codo, la incito a recostarse de espaldas.

—¿Qué sucede? —pregunta confundida, cruza los brazos sobre sus pechos y se estremece.

—Solo quédate quieta por un momento —le indico suavemente, poniendo la palma sobre su estómago y deslizándola gentilmente hacia su vientre.

Cerrando los ojos, me concentro en el fluir de la energía de su cuerpo, siento su vibración viajar a través de mi brazo. Ella está acercándose al final de su ciclo y ya no es fértil, pero no tengo forma de saber si mi semilla se comportará como la de un macho estándar y perderá vitalidad después de unos días. O si es que permanecerá dentro de Bella indefinidamente, sin morir.

No estoy dispuesto a arriesgarme a que sea la última opción, y justo como exilie a la liga de ángeles de batalla de Miguel, mato a cada uno de los millones de espermatozoides que invaden actualmente su cuerpo.

—¿Qué estás haciendo, Edward? —pregunta otra vez, su voz suena más ligera esta vez—. ¿Estás ordenándole a tu ejército que se retire?

Sonrío para mí, exhalando rápidamente mientras sigo concentrándome en su cuerpo; reviso una y otra vez en repetidas ocasiones para asegurarme de haber matado hasta el último. Cuando al fin me siento satisfecho, quito mi mano y la jalo de nuevo a mis brazos.

—Algo así.

—Es una forma muy interesante de anticonceptivo —comenta, riéndose para mí.

Me rio, medio resoplando por la nariz, antes de estirar los miembros y gemir adormilado para mí.

—Si muero mañana, moriré como un hombre feliz.

Las palabras salen de mi boca antes de poder detenerme y cuando abro los ojos de golpe, lucho contra la urgencia por tensarme.

Bella, por otro lado, no le da importancia. En vez de eso, me rodea la cintura con sus brazos y cierra los ojos.

—Nada de morir sin mí —murmura con sueño—. ¿Bien?

Solo puedo mirar el techo con ojos bien abiertos y sin moverme. No respondo. No puedo.