Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Mr G and Me, yo sólo traduzco.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is Mr G and Me, I just translate.
Thank you Mr G and Me for trusting me with your story!
Los Caídos
Capítulo 36
Durante las últimas veinticuatro horas empiezo a notarlo: el poder de la lanza empieza a apartarse de mí.
Lo sentí por primera vez después de sanar el cuerpo de Bella. Cuando me dio el rodillazo me dejo tirado, y eso no es algo que haya experimentado en todos mis siglos de existir entre los humanos – y he recibido varios impactos en la entrepierna. Después de eso tardé en sanar más de lo que debería. Tuve que dormir para que el dolor finalmente cediera, y estoy durmiendo más que cuando me hice con el control del poder de la lanza.
La segunda vez fue cuando me vi obligado a borrar la memoria de una empleada de limpieza. Había olvidado por completo encargarme de la situación en el baño, y al regresar de la comida Bella y yo entramos para encontrar a una de las mucamas del hotel parada en medio del caos de vidrios rotos, sangre y plumas blancas con una expresión de horror atravesándole la cara. A través de su mente noté que sospechaba que se había realizado alguna especie de ritual satánico y cuando se giró y clavó los ojos en los míos, cualquiera habría pensado que la bestia máxima estaba parada ante ella.
Después de removerle la última media hora de sus recuerdos y redirigir sus pensamientos, la envíe fuera solo para ser afligido inmediatamente por una ola de mareos que amenazó con dejarme de rodillas. Flaqueé físicamente, alarmé tanto a Bella que de inmediato corrió hacia mí para usar su pequeño cuerpo en un intento por mantenerme de pie.
Ella alzó la vista a mí, tenía los ojos bien abiertos y llenos de miedo, la boca abierta mientras su mente comenzaba a correr con las posibilidades infinitas de lo que podría hacer que un ángel se desmayara.
—No te preocupes tanto, cariño. Estoy bien. El poder de la lanza en mí empieza a desvanecerse, es todo. Tengo que regresarla mañana —respondí honestamente sus preguntas que no había pronunciado.
Se relajó visiblemente antes de que los engranes en su cerebro empezaran a girar otra vez.
—Edward, ¿alguna…? —empezó, solo para abandonar la pregunta y perderse dentro de sus turbulentas meditaciones internas. Y a pesar de que le había prometido en repetidas ocasiones no invadir sus pensamientos sin su permiso, lo hice sin vacilar; solo para terminar gimiendo de inmediato por lo bajo.
Estaba a punto de preguntarme si es que alguna vez le había borrado los recuerdos.
—¿Qué sucede? —le pregunté, solo por mantener la farsa.
Se lo sacudió gentilmente de los pensamientos, y me lanzó una sonrisa apresurada.
—Olvídalo.
De cualquier forma, ella no quería saberlo, y me sentí agradecido por ello.
…
Me esfuerzo por mantenerla distraída durante las siguientes horas. Volvemos a intimar y esta vez puse todo mi empeño en ser tan cuidadoso y gentil con ella como fuera posible. Empiezo a temer no ser capaz de sanarla si la vuelvo a lastimar, y por esa razón no actúo tan ansioso por sumergirme en su cuerpo como lo he hecho anteriormente.
La cama es la opción más segura; el grueso colchón y las numerosas cubiertas mantienen a Bella bien amortiguada al mismo tiempo que absorben la mayor parte del impacto de la energía que sale de mí.
Después dormimos con Bella acostada completamente sobre mí. El peso de su pequeño y cálido cuerpo sobre el mío mantiene mis pensamientos benditamente dominados y anclados, mientras que me protege momentáneamente de la tormenta de nubes que puedo sentir acercándose firmemente.
Para mitad de la tarde ambos estamos inquietos y nos sentimos claustrofóbicos. Hemos pasado demasiadas horas encerrados en nuestra habitación. Decidimos dar un paseo por los terrenos del hotel y explorar los bosques.
Estamos a finales de noviembre y el paisaje está repleto con los colores del otoño. Con mis brazos firmemente envueltos en ella, caminamos hacia la parte trasera del hotel donde se está llevando a cabo una boda en los jardines. Me detengo y durante varios minutos Bella y yo miramos la ceremonia escondidos debajo del follaje de un enorme arce rojo.
—No te arrepientes de cómo fue nuestra boda, ¿verdad? —le pregunto con aprehensión. En comparación a nuestra unión pequeña e íntima, la que se desarrolla frente a nosotros es enorme.
Ella sonríe con gentileza y sacude la cabeza, rodeándome la cintura con un brazo.
—No, por supuesto que no. De todas formas, ¿a quién habría invitado? Las únicas personas que conozco son monjas.
—Y ángeles —le recuerdo, haciendo crecer la sonrisa en su rostro.
—Hay varios ángeles en esta boda —revela, sus ojos oscuros escanean cuidadosamente las multitudes—. ¿Puedes verlos?
—Sí —respondo, asintiendo. Puedo, pero ver en ese plano ya no es tan sencillo como antes. Me agota rápidamente—. Aunque es más fácil verlos a través de tus ojos.
—Mira a través de mis ojos —me ofrece, su sonrisa se vuelve juguetona en esta ocasión.
—¿Me das permiso? —pregunto, alzando una ceja bromista—. ¿No me lastimarás en esta ocasión?
Me codea, bufando suavemente, y sin necesitar más invitación, escaneo su mente; de inmediato veo a las multitudes de seres angelicales en asistencia. A través de los ojos de Bella, ellos se distinguen de los humanos por el aura dorada que permea sus cuerpos de luz. Algunos tienen alas y están vestidos con la túnica uniformada de su rango, mientras que otros parecen estar vestidos como si fueran un invitado humano más.
—Hmm —murmuro cuando uno se gira directamente hacia Bella y hacia mí, y nos saluda. Vacilo, lo reconozco de inmediato. Es un arcángel, está a cargo de la legión de guardianes de mi antigua división.
Sacando rígidamente la mano de el bolsillo frontal de mis jeans, alzo la mano a modo de reconocimiento.
—¿Lo conoces? —pregunta Bella, mirándome sorprendida.
—Sí. Su nombre es Azra'el. Es mi antiguo jefe —digo con ligereza y Bella, encontrándolo igual de gracioso, me vuelve a codear.
—¿Quién es el… líder de todos los ángeles? —me pregunta después de un momento, la curiosidad suaviza su voz.
Inhalo y exhalo con un tarareo.
—Hay muchas divisiones diferentes.
—¿Cuál era tu división?
—La tercera esfera de vigilantes —murmuro, apartando los ojos de su mirada para rascarme la nuca.
Mueve su cuerpo hacia mí y pone su palma en mi pecho.
—¿Quién liderea a la tercera esfera de vigilantes? —Ahora siente una curiosidad genuina.
—Rafael —respondo, mis ojos –a través de los de Bella– están fijos en la ceremonia que está frente a nosotros, más en el grupo de guardianes desplegados aquí.
—¿Conoces a Rafael?
—Sí, lo conozco —musito, mi voz se penetra con más amargura de la que había pretendido.
La respiración de Bella sale rápidamente a través de su nariz en una evidente muestra de diversión, apartando mi atención de su mente.
—Suenas exactamente igual a cuando te pregunté por Miguel. ¿Recuerdas? —me recuerda, alzando una ceja.
—Sí —cedo con un suspiro—. Es porque son muy similares.
—¿No son amables? —me anima a hablar.
Abro la boca, pero me detengo, busco las palabras adecuadas para que ella lo entienda mejor.
—No puedes juzgarlos con estándares humanos. Ellos experimentan la emoción de forma diferente. En realidad, no saben como empatizar con los humanos, pero su trabajo no es simpatizar, ni siquiera entender. Su perspectiva es muy blanco y negro.
Asiente, sus ojos regresan a la multitud.
—Lo sé —musita en voz suave—. Son muy… honestos. No estoy segura de que entiendan lo que es tener tacto.
—No, no se andarán por las ramas con tus sentimientos, eso queda muy claro —murmuro, parcialmente por lo bajo.
—Oh no… —murmura Bella y hay cierto elemento de humor en su tono—. ¿Qué te hicieron?
—Rafael me arrancó las alas y luego me atravesó varias veces con la espada de Miguel —revelo abiertamente con los ojos fijos en Azra'el. Me escuchó, y en respuesta sonríe para sí.
Lo obligo a materializarse –enormes alas, túnica blanca, y armadura de platón a plena vista. Al menos, durante algunos segundos.
Las consecuencias son mínimas; solo me causan un momento de fatiga.
Un agudo jadeo sale de Bella, y apartando la mirada de la bestia, bajo la vista a ella. Está horrorizada, pero no por lo que obligué a hacer al arcángel que ahora frunce el ceño. Ni siquiera lo notó.
—¿Por qué hizo eso?
Su reacción, sin mencionar la expresión furiosa de Azra'el, me hace sonreír. No puedo evitarlo.
—Estaba muy, muy enojado conmigo.
Frunce el ceño y su expresión se vuelve cínica.
—¿Siempre has sido un problemático?
Una risa completamente sin humor sale de mí.
—Supongo que podrías decirlo así —acepto, frunzo el ceño y corto la conexión con los ángeles frente a nosotros.
Bella no responde; solo me ve, sus ojos se inundan con ese callado malestar que posee.
La acerco más a mí, posando mis labios sobre su cabeza.
—¿Edward…? —me pregunta eventualmente en voz baja, su voz se ve en parte ahogada por mi camiseta.
—¿Hmm?
—¿Y si pidieras ser humano? —se aventura a decir.
Sonrío, bufando suavemente.
—Soy humano.
Me golpea en el pecho con un poco de frustración.
—No, quiero decir, completamente humano.
Alzo la cabeza, la muevo para poder ver su cara.
—Bella… mientras mi alma sea una creación de la Hueste Angelical, nunca podré ser humano por completo —explico con toda la gentileza posible porque sé que esas no son las palabras que ella quiere escuchar.
Su expresión cae en la decepción.
—Pero comes, duermes…
—… tengo alas —señalo con voz suave en un esfuerzo por alejarla de ese tema. No es algo que quiero que ella considere; no hay absolutamente nada apropiado en ello.
Ella solo bufa, aparta su brazo de mí para cruzar ambos brazos sobre su pecho. Está de mal humor, y entiendo su proceso de pensamientos sin la necesidad de leer su mente. No quiere que nada cambie, lo que no sabe es que después de mañana nada volverá a ser lo mismo jamás.
Para ninguno de los dos.
—Oye, ¿cómo te llevaría a volar si no tuviera alas? —le recuerdo sobre su cabello en un esfuerzo por aplacarla.
Su única respuesta es un suspiro hastiado y tomando su mano la llevo de regreso al edificio principal del hotel. De regreso a nuestra habitación.
…
Pasan de las dos de la mañana cuando Bella y yo regresamos a la parte trasera de los jardines y nos dirigimos al este hacia el bosque que rodea el perímetro del hotel.
Guio a Bella en lo profundo del bosque durante varias millas, a través de una maleza densa y matorrales hasta que estoy convencido de que estamos a salvo, escondidos de miradas ajenas. Ya no tengo la confianza de poder limpiar la mente de un humano, mucho menos de varios, y tomo todas las precauciones para pasar desapercibidos.
Cargo a Bella durante la mayor parte del tiempo. Sus ojos no son tan agudos como los míos y no es exactamente la humana más diestra del planeta. No puedo arriesgarme a que se caiga y se lastime.
El aire está fresco y una frialdad cuelga pesadamente en el aire que llena los pulmones de Bella y condensa su respiración. El invierno se acerca lentamente, y me aseguro de cubrirla con varias capas de ropa antes de salir.
La cargo con facilidad en mis brazos, como si no fuera nada más que un gatito, y ella me mantiene cerca con un brazo rodeándome los hombros. Hay una ligera brisa que mueve su largo cabello sobre mi cuello y brazos, envolviéndome en su aroma. Huele a los aceites de baño perfumados de nuestras aventuras matutinas y huele a mí. Mi esencia permanece en cada centímetro de su piel; sale de cada poro.
Bajo la vista discretamente al cargarla más y más profundo en el bosque. A través de las marcadas sombras del bosque, el moderado brillo de la luna creciente en su rostro la hace parecer casi celestial. Como si fuera un ser divino, y yo fuera una bestia de la noche robándomela para devorar su alma.
Incluso en la escasa luz de luna que hay su belleza es innegable, y que yo pueda aclamar la posesión de su corazón, incluso durante el momento más breve de todos, me ayudará a soportar el infierno que me espera.
Inclina la cabeza para alzar la vista a mí y sonríe. Y por la gracia de Dios, mi corazón se rompe; me recuerda otra vez que nunca la merecí, y el castigo que estoy a punto de recibir por los crímenes que infligí sobre ella está total y completamente justificado.
Ella pone su palma en mi mejilla, su sonrisa crece gentilmente en profundidad, pero no habla. Quiero decirle lo mucho que la amo, pero nunca he podido encontrar las palabras lo suficientemente adecuadas para describir lo que ella significa para mí. "Te amo" se usa tanto de forma tan frívola, y sería una blasfemia asociarlo con lo que siento por ella.
Llego a un pequeño claro de unos veinte pies de diámetro, y después de dejar a Bella en el centro, me saco la camiseta por la cabeza y –usando mis pies– me quito los zapatos.
—¿Por qué te quitas los zapatos? —pregunta Bella con curiosidad solo para sobresaltarse cuando libero mis alas.
Tropieza y cae contra mí, y estabilizándola, esbozo una pequeña sonrisa.
—No me gusta usarlos cuando vuelo.
Sacudiéndose el shock, me lanza una mirada sagaz.
—Me vas a causar un ataque al corazón.
Esta vez mi sonrisa es interna, la jalo a mí y la giro para que su espalda quede presionada contra mi torso.
—Bien, tienes que confiar en que no te voy a soltar, así que nada de moverse.
—Confío en ti —responde con naturalidad, apretándose más hacia mí cuando la rodeo firmemente con mis brazos. Su corazón empieza a acelerarse.
—Es fácil decirlo ahora, espera hasta que estemos a cientos de pies en el aire —murmuro en su oído. Luego, abriendo y extendiendo mis alas por completo, nos elevo lentamente.
Ella jadea en voz alta, se pone rígida en mis brazos; sus manos se aferran a mis antebrazos hasta que casi me arranca la piel.
—Bella; cálmate. No voy a subir más hasta que respires. —Apenas estamos a cincuenta pies en el aire, y ya está aterrada.
—Bi-bien, solo dame un minuto —tartamudea con voz ahogada.
Mantengo la distancia estática, muevo mis alas lentamente de atrás hacia enfrente mientras me concentro en su respiración y el ritmo de su corazón contra mi pecho. Cuando se calma, nos llevo más arriba. Aunque cada vez que subimos se pone rígida y entra en pánico, y tardo unos diez minutos en calmarla, eventualmente llegamos a los quinientos pies de altura.
Desde esta altura el lecho del bosque se distingue fácilmente entre los arboles mientras que el horizonte se extiende ante nosotros, todo al mismo tiempo que los sonidos empiezan a desvanecerse en la distancia.
La llevo a los mil pies donde los paisajes de las ciudades se vuelven visibles en el horizonte entre los miles de luces parpadeantes. El viento es más fuerte a esta altura, y a través de las capas de ropa Bella empieza a temblar, pero para este punto ya está casi completamente relajada y sus ojos se mueven en todas las direcciones.
—Edward —exhala—. Es tan hermoso. Tan pacífico…
No puedo decir que alguna vez me he detenido a apreciarlo. Para mí volar siempre ha sido un medio para alcanzar un fin, una forma de viajar con la vista siempre fija en el destino y nunca hacia abajo, pero con Bella ahora es fácil ser testigo de toda la belleza. La belleza de la mayoría de las cosas que repetidamente he tomado por garantizado; de igual forma en que lo he hecho con mi humanidad, y la humanidad en general.
—¿Quieres ir más alto? —pregunto, tengo los labios junto a su oído para que pueda escucharme sobre sobre las ráfagas de viento.
Asiente ansiosamente, y rodeando sus piernas con las mías para preservar su calor corporal, nos llevo más alto. Su cabello está revoloteando a mí alrededor y la sedosidad de éste acariciando mi cara es indescriptible. Casi puedo probarlo en el aire; probar la misma esencia de ella en cada respiración del viento.
Me detengo en los dos mil pies. El aire está helado en esta altitud y conforme la temperatura baja, el mundo que hay debajo se derrite en particiones de sombra mientras que las estrellas que hay arriba arden con más intensidad al extenderse hacia cada punto del horizonte.
Y Bella está maravillada.
Bajando la cabeza, apoyo el mentón en su hombro y aprieto más mis brazos a su alrededor.
—¿Qué opinas?
—Es increíble —responde, su voz suena ahogada y apenas audible.
—Tú eres increíble.
Se gira y me besa de forma impulsiva y torpe. Sus labios están helados, y todo su cuerpo tiembla, pero su emoción, su vitalidad, es palpable.
—Recordaré este momento por el resto de mi vida —dice en un susurro que casi se lleva el viento.
—Prométeme que lo recordarás —musito junto a su oído, mi voz suena vehemente.
…
En lugar de aterrizar en el claro del bosque, vuelo directamente de regreso al balcón de nuestra habitación. Bella no puede esconderme lo helada que está, la he mantenido afuera por demasiado tiempo.
—¿Qué hay de tus zapatos? —cuestiona al empujarla a través de las puertas corredizas hacia nuestra habitación.
—Compraré otros —miento, la jalo hacia mí y subo y bajo las manos por sus brazos y hombros en un intento por regresarle la calidez a su piel—. ¿Quieres darte una ducha?
Niega con la cabeza, acurrucándose en mi pecho.
—No, vamos a la cama. Tú eres suficiente para mantenerme cálida.
Esa tarde mientras estábamos en los jardines la mucama limpió nuestra habitación y ahora nuestra cama está ante nosotros recién alzada con sábanas y colchas limpias.
Bella se desviste rápidamente –su piel está erizada– antes de agarrar una de mis camisetas de la tumbona a los pies de la cama y ponérsela en su pequeño cuerpo. Después de apartar las cobijas, me meto detrás de ella debajo de la franela suave, y la jalo a mis brazos; exhalo pesadamente sobre su cabello despeinado por el viento.
Se queda dormida en segundos.
Espero otra hora antes de moverme; sosteniendo su suave e inconsciente cuerpo sobre mí hasta que está calientita y ha sucumbido a los sueños.
En la esquina izquierda de la habitación hay un pequeño escritorio de caoba acompañado de dos sillones y una mesita para café. Es una colección de muebles que Bella y yo hemos pasado por alto, pero faltando solo un par de horas hasta el amanecer, me siento en silencio en el escritorio y saco una hoja de papel y una pluma de uno de los dos cajones pequeños.
Mi amada Isabella, empiezo antes de hacer una pausa para tragar la repentina ola de emoción que se alza en mi garganta. Después de inhalar una rígida respiración, continuo:
Lamento mucho no poder decírtelo en persona, pero para cuando leas esto yo ya me habré ido. Me habré ido, y no volveré jamás.
He sido llamado de regreso al Cielo.
Esto no es algo que yo haya elegido, mi amor, ni fue algo de lo que estuviera consciente hasta mi última semana contigo. Si dependiera de mí, me quedaría contigo hasta el final de los tiempos, pero desafortunadamente no es así. Desde el inicio este era el camino que debía seguir hasta concluir y ahora que he llegado al final, mi tiempo contigo también ha llegado a su fin.
Quería quedarme contigo con todo lo que soy. Intenté retenerte, y al hacerlo desafié a todo el universo, incluso a mi propia naturaleza, pero te volví a hacer daño. Permití que te acercaras demasiado a mí, y tú me hechizaste en cuerpo y alma – igual que lo hiciste durante tu primera vida. Por mucho que quiera aferrarme a ti para siempre, tengo que dejarte ir. Nunca estuvimos destinados a estar juntos, Bella. Fuiste creada para algo mucho más grande que yo, y no soy, y nunca he sido, merecedor de ti.
Fui creado para ser tu guardián, y fallé. Fallé tan terriblemente que puse tu misma alma en el camino del peligro durante miles de años. Nunca te conté esto, pero mis acciones contra ti fueron las que hicieron que me exiliaran del Cielo. Mi castigo fue nacer humano repetidamente hasta encontrarte y restaurar lo que injustamente te había robado. Tu vida. Tardé cuatro mil años, pero he completado esa misión. Ahora que he restaurado tu alma y tienes otro guardián, eres finalmente libre de vivir sin más miedo de la oscuridad con la que te infectaron mis acciones.
No sabes lo feliz que me ha hecho saber que tuve éxito, Bella. Saber que podrás vivir la vida que siempre estuvo decretada para ti. Mereces toda la felicidad de este mundo, y eso es todo lo que siempre he deseado para ti. Verte sonreír.
No llores por mí, por favor, y no te aísles en las sombras lejos del mundo. Vales cada uno de los años que pasé en la Tierra buscándote, y me romperá el corazón saber que eres infeliz por mí. He sido la causa de esa desdicha por muchos siglos, y eres demasiado valiosa para mí para que ese sea tu destino.
Tu vida se extiende ante ti. Tu historia todavía no ha sido escrita, así que por favor haz que sea tan maravillosa como lo eres tú. Escala montañas por mí, Bella. Nada los océanos, visita ciudades lejanas, enamórate, ten bebés, envejece y sobre todo lo demás, ríe. Ríe siempre, porque tienes la risa más increíble de todas. Y cuando te rías, lo podré escuchar, y quiero oírla. Más de lo que te puedas imaginar.
Fuiste tú la que me enseñó a reír, Bella, pero más que eso, me enseñaste a amar, por completo y desinteresadamente, incluso ante el riesgo de perder todo. Me enseñaste lo que significa ser humano cuando cada parte de mi alma se rebelaba contra ello. Mientras yo te robaba tu humanidad, tú me llevaste a la mía. Pero fui creado para cuidarte, para protegerte y guiarte; no para vivir a tu lado, y finalmente lo comprendí. Finalmente entendí el peligro que mi presencia ha tenido en tu vida, y lo perjudicial que sería para ti si me permitieran quedarme.
Quiero que sepas que fue un gran honor tenerte como mi esposa. Siempre recuerda eso. Estaré eternamente agradecido por haber tenido un vistazo de lo que significa ser humano contigo, y esos tres días que pasamos juntos fueron los más felices de todos mis miles de años de existir. Siempre atesoraré esos momentos contigo, y los tendré cerca de mi corazón para siempre. Te tendré a ti cerca de mi corazón para siempre.
Por último, jamás dudes de lo que siento por ti. Lo que siempre sentiré por ti. Te amo, Bella. Nunca ha habido un momento en mi vida donde no te haya amado, pero te amo de la forma en que una flor adora al sol. Eres la fuente de mi vida, de mi propia existencia, pero eres algo completamente imposible de tener y fuera de mi alcance.
Así que siempre recuerda que, aunque una vez fui tu guardián y tu esposo, ahora he vuelto a ser un ángel del Cielo que te amará para toda la eternidad.
Edward.
N/T: Siendo completamente sincera, lloré poquito cuando traduje esa carta.
