Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Mr G and Me, yo sólo traduzco.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is Mr G and Me, I just translate.


Thank you Mr G and Me for trusting me with your story!


Los Caídos

Capítulo 38

Daniel

Ser el guardián de Bella me ha dejado en gran desventaja.

Igual que Dashiel antes de mí, no puedo leer su mente ni su corazón, ni puedo persuadirla mentalmente. De hecho, está tan silenciosa e inaccesible que apenas puedo detectar la esencia de sus emociones. Esto hace que la responsabilidad de cuidarla sea mucho más difícil; especialmente cuando estoy separado de ella. No tengo opción más que sintonizar solo su voz audible, o vigilarla a través de los ojos y mentes de los humanos que la rodean.

Todos los guardianes tienen una unión con sus humanos; una conexión indestructible que cruza todas las barreras de nuestra creación. Sin embargo, mi conexión con Isabella se ve sujeta a la limitación y me veo forzado a romper la mayoría de las reglas pasadas entre guardianes para poder vigilarla. Una infracción que de otra manera resultaría en una acción disciplinaria. Aunque, al ser una vidente y una poderosa, hace que Isabella sea una excepción muy rara. Su habilidad de ver y comunicarse con los ángeles, igual que de proteger su propia alma, me da una excepción; permitiéndome involucrarme directamente con ella.

No obstante, lo que más me perturba es que ya no puedo ver el futuro de Isabella. Aunque en cierta ocasión podía ver lejos hacia el horizonte de su vida, ahora no hay nada. Es como si hubiera nubes de tormenta bloqueando las estrellas y oscureciéndome todo.

Sin una conexión adecuada con Isabella, estar separado de ella me pone cada vez más ansioso, y aunque ella parece estar tranquila con mi presencia inmediata, eso frustró a Dashiel. Puedo entender su incomodidad, pero las interacciones humanas –incluso las intimas– no tienen ningún interés inusual de mi parte, ni de ningún ángel. Habiendo sido un guardián, esto no debió haber estado más allá de la comprensión de Dashiel, pero para cuando él volvió a encontrar a Isabella ya se había vuelto más humano de lo que alguna vez había sido ángel.

De hecho, ya no creo que sea posible para él regresar como un miembro completo de la Hueste, si es que eso sigue siendo una posibilidad.

Algo que no es posible.

Le cuesta a Dashiel cada parte de su alma separarse físicamente de Isabella e irse.

En los últimos momentos se aferra a ella con el corazón acelerado, toda su expresión se retuerce con dolor mientras lucha por escondérselo. Es difícil presenciarlo, y su angustia es palpable. Lo entiendo profundamente; es un dolor con el que viví por miles de años, pero ahora mi prioridad es Isabella, y solo Isabella. Sé que entre más retrase él su partida, más confundida y consternada la pondrá.

Tomo la decisión de intervenir, de recordarle sutilmente que su tiempo se está acabando, pero antes de poder moverme, él se convierte repentinamente en partículas de luz y se va.

Durante uno o dos momentos después, Isabella solo mira el espacio vacío donde estaba parado Dashiel, abre y cierra la boca en silencio mientras sus ojos se posan lentamente en los míos.

—Daniel… —musita, su voz se tensa con un miedo creciente—. Qué… qué es… no entiendo. ¿Va a regresar? ¡Dime por favor que va a regresar!

Abro la boca para responder, pero no tengo respuesta. No puedo mentirle, está prohibido, y le prometí a Dashiel que nunca le revelaría su verdadero destino.

¡Daniel! —su voz se alza con frustración después de permanecer en silenciosa deliberación.

Sacudo la cabeza involuntariamente, es entonces cuando me otorgan un respiro al darme una indicación. Es Miguel; su voz hace eco agudamente en mis orejas, su mensaje es corto y directo.

Regresa el cuerpo de Edward a sus padres.

—Lo siento, Bella, tengo que irme. Regresaré pronto —explico, hago una reverencia a modo de disculpa antes de abandonar su presencia.

Un instante después me veo sumergido en las oscuras y gélidas aguas del Océano Atlántico.

A diferencia de Isabella, puedo detectar a Dashiel y su paradero de inmediato, incluso mientras toda la vida en su cuerpo disminuye paulatinamente.

Para cuando saco su flácida e inconsciente figura del cuerpo de agua, apenas está respirando y su corazón decae con cada latido. Su cuerpo tiene pocos momentos de vida en él, y hay un sentido inmediato de urgencia dentro de mí para llevarlo a sus padres –a Isabella– mientras sigue con vida.

No lo logro. Su cuerpo está demasiado débil para soportar la velocidad a la que viajo, y muere pocos momentos antes de mi regreso.

En el instante en que el corazón de Dashiel se queda en silencio, me detengo en medio del aire, casi sobresaltándome a causa del shock. Al ser seres conectados directamente a una sola fuente de vida, la caída, o incluso la muerte, de un ángel –incluso uno forzado a una existencia poco ortodoxa como Dashiel– es algo que se siente profundamente por todos.

No es solo perder a un hermano, sino a una parte de nuestro ser. Pero el dolor va todavía más allá, porque instintivamente sé a dónde ha ido el alma de Dashiel.

De forma inconsciente adopto mi cuerpo físico y casi caigo del cielo. En la personificación de humanos también adoptamos sus emociones, y durante un momento el dolor circulando por mi corazón es casi insoportable. Sin embargo, a pesar del dolor del duelo, sigo avanzando con su cuerpo ahora fallecido recostado lánguidamente en mis brazos.

Antes de llegar a casa de los padres de Dashiel, llamo a Isabella. Ella me estaba esperando, como si anticipara este resultado, y el momento en el que pongo el recipiente vacío que es el cuerpo de mi hermano en el patio frontal, ella sale de golpe por la puerta principal de la casa y corre hacia mí.

Toda su cara está llena de pánico, pero en el momento en que sus ojos se posan en Dashiel, se detiene de golpe y durante un solo momento se congela a causa del shock.

¡EDWARD! —grita con un tono tan ensordecedor que envía estremecimientos a través de mi alma. Se mueve para lanzarse sobre él, pero la intercepto y la agarro de la cintura.

—Bella, mantén la calma. Por favor… —intento apaciguarla, pero ella se resiste a mí, luchando casi de forma salvaje contra mi pecho para quedar libre.

—¡SUÉLTAME! —me ordena, su voz suena casi histérica, y quitándose mis brazos de su alrededor cae sobre el cadáver de su esposo—. Edward… ¡EDWARD! —Lo sacude repetidamente, su pequeño cuerpo cae sobre él mientras le ruega para que despierte—. ¡SEÑORA CULLEN! ¡ALGUIEN! ¡AYÚDENME! ¡AYÚDENME, POR FAVOR!

Sus gritos alertan no solo a su suegra, sino a varios vecinos que inmediatamente acuden corriendo en su auxilio. Me veo obligado a adoptar mi forma de luz, dejándome incapaz de ayudarla físicamente, pero no me puedo arriesgar a que me vean o me identifiquen.

Se necesitan dos hombres adultos para separar a Isabella de Dashiel mientras que un tercero empieza a administrar primeros auxilios. Lo veo sabiendo que sus esfuerzos son en vano. El alma de Dashiel se ha ido, y los síntomas de la muerte invaden con rapidez su cuerpo.

Esme detiene a Isabella mientras que logra llamar a su esposo para que vuelva a casa, al mismo tiempo un cuarto vecino llama a emergencias. En pocos minutos llegan los paramédicos junto con el señor Cullen a la vez que más vecinos se congregan para presenciar todo en estado de shock.

Se hacen todos los intentos para reiniciar el corazón de Dashiel. Su pecho es comprimido repetidamente hasta que se detecta actividad, luego se distribuye la desfibrilación, pero sin la esencia de su fuerza de vida, su cuerpo regresa rápidamente a su estado de muerte. Es un ciclo que se repite una y otra vez hasta que un sentido de inevitabilidad empieza a descender sobre todos los involucrados.

Lo leo en las mentes de los paramédicos, y en la expresión de Carlisle: llegaron demasiado tarde. Está muerto.

La muerte es un fenómeno natural del cuerpo humano. Tan natural como nacer, sin embargo, sigue siendo un tabú entre ellos. Algo que los hace retroceder, como si no fuera el destino que le pertenece a todos y cada uno de ellos. Durante miles de años, todo tipo de ángeles han intentado calmar el dolor de la pérdida con la promesa de una eternidad, pero los humanos han rechazado, en su mayoría, cualquier noción de que la vida continua después de la muerte. Ven la muerte como el final definitivo, y la existencia de "almas" como una superstición que se tiene entre los ignorantes.

Nunca tendré que preocuparme por Isabella en ese sentido. Con su don de ver, está exenta del desolador vacío que viene con el nihilismo. Sin embargo, su destino es igual de sombrío. El alma de Dashiel ya no está, es como si nunca hubiera existido –como creen los que no tienen fe– y aunque su segunda visión le ofrecerá a ella la promesa silenciosa de reunirse un día con su esposo, son promesas que nunca se cumplirán.

Ella nunca lo volverá a ver, y me han dado la inexplicable tarea de sacarla a través de las sombras del dolor escondiéndole la brutal verdad del sacrificio de Dashiel. Una verdad que ella un día descubrirá sin mí.

Mientras que Esme sucumbe lentamente a la desesperanza de lo que todos empiezan a sospechar, Isabella se aparta de sus brazos y se gira hacia mí.

—¡Daniel! —me suplica, su pequeño cuerpo se sacude con lágrimas al lanzarse de rodillas frente a mí. Inmediatamente pasa a través de mí cuando retrocedo un paso de prisa—. ¡Sálvalo, por favor! Él te salvó, ¡tienes que salvarlo! ¡Tienes que hacerlo!

—Bella… —digo en voz baja, mirando a nuestro alrededor. Las acciones de Bella, que parece estar hablando al aire, está causando un revuelo de susurros que pasan entre la multitud—. Él ha regresado…

No termino. No puedo. Me siento impotente, y no tengo palabras de consuelo para ofrecerle. Sin embargo, Bella sacude la cabeza en respuesta, sus ojos se agrandan con un flagrante desafío.

—¡No! —insiste, sus gritos desesperados atraen más y más atención—. ¡No! Él te salvó, Daniel. Él te salvo, ¡tienes que salvarlo! ¡Tienes que hacerlo! —agarra en vano mis pies, intentando hacer contacto físico, pero una vez más sus manos pasan a través de mí.

Mis dedos ansían por sostenerla, por ayudarla a ponerse de pie, pero permanezco inmóvil. Solo puedo ver con la misma desdichada impotencia que aqueja el rostro de Bella mientras ella una vez más gira su mirada hacia el cuerpo sin vida de Dashiel.

Las repercusiones físicas en su cuerpo, mientras que continúan con el esfuerzo por encontrar actividad arterial, son brutales y con cada shock de electricidad que se ve empujado sobre su pecho, con cada compresión forzosa de su esternón, Bella se sacude en respuesta junto a él. Aunque no aparta la vista a pesar del horror ante sus ojos. En vez de eso, se cubre los oídos en un intento débil por protegerse mientras que sacude la cabeza repetidamente de un lado a otro con incredulidad.

—No, Edward. No me dejes. Por favor, no me dejes… —le ruega una y otra vez en una voz destrozada por un agonizante sollozo tras otro que me impacta profundamente.

—¿No deberías hacer algo? —Ramuell se materializa a mi lado, mirando a Isabella con un sentido de alarma asediando su expresión.

—¿Qué sugieres que haga? —mi respuesta es cortante—. El que Bella pueda verme no significa que tengo permiso para revelarme a cada humano que la rodea.

Suspira cediendo el tema antes de agacharse junto a Isabella y susurrarle gentilmente al oído. Aunque lo que él profesa son mentiras y promesas vacías que me hacen agarrarlo de la parte trasera de su túnica y jalarlo para ponerlo de pie.

¡¿Qué estás haciendo?! Exijo saber, poniendo la pregunta directamente en su mente y lejos de los oídos que todo escuchan de Isabella.

Tengo que hacer algo. Dashiel… él querría que la ayudáramos, explica Ramuell, exhalando tensamente su aliento una segunda vez antes de murmurar una obscenidad.

A Ramuell todavía no le han dado una asignación, y ese desenfreno le ha otorgado ciertas libertades. Libertades que no se verían concedidas de tener una misión. La mayoría de los caídos resucitados permanecen sin designaciones hasta que pasen una reevaluación. No es tan raro que Ramuell todavía no deseche muchas de las inhibiciones de su anterior existencia. Lo más evidente es su enojo.

Cuida lo que dices, le reprocho; aunque no sin algo de empatía. Lo que le ha sucedido a Dashiel es una tragedia que sinceramente no creía que nuestro padre fuera a permitir.

Sin embargo, lo ha permitido.

¿Está ahí abajo? Pregunta Ramuell silenciosamente, percibiendo mis pensamientos.

Sí.

Bufa, cruza los brazos de forma tensa sobre el pecho. Miguel ha amenazado con hacer una revuelta.

Eso escuché.

¿Sabes que nuestro padre lo ha puesto bajo vigilancia?

Giro de golpe la cabeza hacia él con incredulidad. ¡¿Qué?!

Asiente una vez y vuelve a expulsar un pesado suspiro. ¿Él ha dicho algo?

Solo niego con la cabeza en respuesta. Después de todo, nuestro padre rara vez habla.

Maldita sea, maldice Ramuell.

Agarro su hombro a forma de advertencia directa cuando el sonido de la puerta de un vehículo cerrándose regresa mi atención a la escena de la muerte de mi hermano. Lo transportarán al hospital en ambulancia. Su padre lo acompaña mientras que su madre, con el apoyo de varios vecinos de buena voluntad, se acerca lentamente a Isabella.

Esme le ofrece una mano e Isabella la acepta sin decir palabra, se pone de pie y permite que la lleven de regreso a la casa en estado de entumecimiento.

Las sigo de cerca, mi mirada está fija en el piso bajo mis pies. Toda la postura de Isabella está rota, y me duele en el corazón verla con tanto sufrimiento.

—¿Dónde está Nathaniel? —pregunta Ramuell en voz baja, permaneciendo a mi lado.

Alzo la vista y miro a mi alrededor, lo busco inconscientemente antes de negar con la cabeza. Siguió a Dashiel cuando se fue, pero no ha regresado.

¿Era un caído? Ramuell reflexiona sobre esa pregunta.

Es posible, respondo.

La verdad todavía no he determinado el propósito de Nathaniel. Ya estaba con Dashiel cuando me asignaron como guardián de Bella, no obstante, no ofreció explicación alguna sobre su presencia. Su mente es otra excepción. Está prácticamente vacía; como si le faltaran secuencias completas. De hecho, probablemente esa es la razón, concluyo mientras mis pensamientos permanecen en el ángel poco convencional. Es muy posible que Nathaniel, sintiendo una obligación hacia Dashiel por haberlo resucitado, haya elegido quedarse cerca de él en sus últimos días.

Bella está sentada apáticamente en la mesa de la cocina frente a Esme mientras esperan que se prepare el café. Tiene la mirada perdida en el creciente tenor del shock, pero al mismo tiempo parece inquieta y nerviosa.

¿Qué le vas a decir? Pregunta Ramuell, su voz mental suena serena.

Nada. Dashiel le escribió una carta explicándole todo. Cuando esté más tranquila la ayudaré a encontrarla, respondo, mis ojos están fijos en la joven mujer que se sienta junto a ella y le ofrece torpes promesas. Sus intenciones son sinceras, pero Isabella no responde.

Espero, la veo beber su café, mientras permanece entumecida en vista de la pesadilla en la que se encontró repentinamente. Sabe que estoy a su lado; sus ojos se mueven seguido hacia los míos antes de apartarse de nuevo, pero todo lo que puedo ofrecerle es mi silencio. Esme también sigue la mirada de Isabella hacia donde estoy parado, sus ojos se muestran suplicantes, abre y cierra la boca como si quisiera suplicarme algo.

Es Isabella la que cede eventualmente.

—Daniel —habla en una voz fracturada que es poco más que un susurro cuando la habitación se queda en silencio y todos los ojos se congelan sobre ella—. Él no va a morir de verdad, ¿cierto?

—Bella… tal vez deberíamos hablar en tu habitación —sugiero con delicadeza, pero mis palabras la irritan al instante.

—No me importa lo que piensen… ¡solo DÍMELO! ¡¿POR QUÉ NO LO AYUDASTE?! —está gritando, sus lágrimas se vuelven a derramar y a caer por su cara manchada e hinchada.

Es Esme la que interviene, se para en silencio y ayuda a Isabella a ponerse de pie.

—Vamos arriba por un rato, cariño.

Isabella la obedece a ciegas antes de que ambas, tomadas del brazo, se refugien hacia el segundo piso. Las sigo a varios pies de distancia con Ramuell a mi lado.

—Sabía que había algo mal, lo sabía —empieza a murmurar Bella, limpiándose con torpeza la cara manchada de lágrimas mientras que Esme cierra con prisa la puerta de la habitación a sus espaldas—. Él-Él se veía tan asustado, y… no quería irse. Daniel, dímelo por favor.

Me materializo y Ramuell hace lo mismo, sobresaltando físicamente a la señora Cullen.

—Bella… —empiezo a decir, mi mirada cae al piso alfombrado—. Necesito que guardes la calma.

¿Calma? —repite con incredulidad y con un creciente sentimiento de enojo—. ¿Esperas que guarde la calma? ¿Qué demonios le pasó? ¿Por qué estaba mojado?

—Cayó al océano —respondo.

—Daniel —la señora Cullen se acerca aprensivamente a mí, su tono es más respetuoso; teme ofenderme y quedarse sin respuestas—. Si sabes algo, por favor… —deja la frase sin terminar, nuevas lágrimas le llenan los ojos.

Giro mi atención al guardián de Esme, Jehoel, que asiente una vez a modo de reconocimiento, antes de encontrarme otra vez con su mirada desesperada y luego con la de Isabella.

—Te escribió una carta. —Es todo lo que revelo.

—¿Una carta? —repite Bella, su tono se inunda con partes iguales de esperanza y resignación.

—Sí. —Asiento, Isabella se gira rápidamente hacia las dos maletas abandonadas en la esquina de la habitación.

Se detiene, su mano temblorosa se alza para taparse la boca, como si reuniera el valor que necesita, antes de que Esme y ella se arrodillen en el piso para empezar a sacar artículos de ropa de ambas maletas.

Es Esme quien las encuentra, dos sobres al fondo de la maleta de Isabella. Uno está dirigido a ella y su esposo, y el otro a Isabella.

Pasan varios momentos en los que ninguna se mueve, simplemente miran con creciente angustia los sobres blancos en sus manos.

Otra vez es Esme la que valientemente lidera y abre el sello con manos temblorosas. Isabella la sigue casi de inmediato, de forma torpe, antes de sacar la hoja de papel que hay dentro.

Solo puedo presenciar con impotencia mientras ambas leen, veo la expresión de Isabella cambiar lentamente del shock a la angustia antes de derrumbarse completamente con comprensión.

—No —afirma, sacude la cabeza con una determinación repentina—. ¡No! No puede ser cierto, ¡no-no puede!

—Bella, la negación solo te provocará más dolor —le ruego—. Tienes que aceptarlo.

Junto a ella, Esme también ha terminado de leer su carta, y cuando cae de su mano, se tapa la cara y llora en silencio.

—¿Dónde está él? —exige Isabella, empieza a sonar irracional—. ¿Por qué no es él mi ángel?

—Perdió ese derecho hace muchos siglos —respondo solo para ser empujado de inmediato hacia atrás.

—¡No te atrevas a decir eso!

—Bella, por favor… —murmuro, me siento cada vez más cómplice del razonamiento de mi padre para sacrificar a uno de Sus hijos.

—Entonces, ¡¿no puedo verlo?! —declara con enojo, su aliento se atora mientras que sus lágrimas caen en cascada por su rostro cada vez más pálido.

—No —respondo suavemente.

—¡No te creo! —espeta—. Tú puedes comunicarte con él; dile que venga aquí. ¡Quiero verlo!

Ya me tiene agarrado de la túnica, me empuja débilmente hasta que me veo forzado a detenerla.

—Bella, escúchame con atención. No está muerto; simplemente terminó su misión. —Tengo cuidado de omitir la verdad sin mentirle, pero no es suficiente. Isabella se niega a aceptarlo.

—Si ya no puedo verlo, si su cuerpo ha muerto, ¡entonces está muerto! —Está llorando incontrolablemente, pero todavía no lo acepta por completo.

—Lo siento. —Es todo lo que tengo para consolarla—. Llora por él, Bella, pero luego vive por él, porque por eso lo enviaron a la Tierra. Para regresarte tu vida.

—¿Qué vida? ¿Cómo p-puedo vivir sin él? —tartamudea entre lágrimas.

Podrás hacerlo —insisto.

Ella deja caer su peso en mí, sigue negando con la cabeza mientras la inunda el dolor. Llora repetidamente pidiéndole que regrese, que no la deje, hasta que su voz se pone ronca y toda la fuerza la abandona.

Para cuando Isabella se queda en silencio y está cerca de un estado de inconsciencia debido al shock, el padre de Dashiel regresa a casa con la noticia de que su hijo ha muerto. Anunciaron su muerte veinte minutos después de llegar al hospital.

La causa de la muerte se registró como aspiración de agua seguida de un paro cardiaco. Su muerte no es considerada sospechosa, leo en la mente de Carlisle, pero en el evento de que haya una investigación, se verá rápidamente anulada por la orden más alta. Igual que sucedió después de cada examen médico que le hicieron de niño. El cuerpo humano de Dashiel es un testimonio directo de lo que la mayoría se niegan a reconocer: su ADN es ajeno a todo entendimiento humano. Una autopsia no será permitida.

Para cuando la noticia de la muerte de Dashiel llega a los arcángeles, se da a conocer que Lucifer está en posesión de su alma. No será liberado del Infierno. El contrato permanece, y Miguel efectivamente ha sido encerrado durante un periodo de tres días por intentar boicotear la ley.

Ramuell se queda conmigo, con Isabella, y aunque solo puedo verla mientras su alma es consumida por dolor, su angustia rebota directamente a través de mí. Siento la pérdida de mi hermano tan agudamente como ella, y requiero de toda mi fuerza de voluntad para mantener la compostura en su presencia.

Isabella se queda en su habitación, acurrucada en la cama de Dashiel, mientras que sus padres se encierran en su propia habitación, dejando la casa extrañamente callada. Hace rato que las lágrimas de Isabella se secaron, pero toda su expresión se ve envuelta en shock. No habla, ni duerme; tiene la mirada vacía dirigida hacia adelante, abraza fuertemente la almohada de Dashiel contra su pecho.

Durante las siguientes horas varios de mis hermanos resucitados vienen de visita, pero Bella no se mueve para reconocer su presencia. Traen consigo noticias que no ofrecen alivio. Rafael y Gabriel, con el objetivo de detectar la presencia de Dashiel, se aventuraron lo más cerca que tienen permitido a las fronteras del Infierno. No pudieron sentir nada de él, pero recibieron burlas de demonios y les mostraron imágenes macabras hasta que se vieron obligados a retroceder. Nuestro padre también parece permanecer inmutable, y está causando un sentido de desolación que infecta a cada miembro de la orden.

—Mantén la fe, hermano. Él trabaja en formas misteriosas —me recuera Tamiel antes de irse.

Quiero bufar; mi fe se desvanece con cada sollozo sin lágrimas que sacude el pecho de Isabella.

A la caída de la noche un policía llega a la casa y les informa a los señores Cullen que investigarán la muerte de Dashiel. Es lo último que esperaba, y no puedo entender por qué ninguno de los arcángeles está interviniendo. Tal vez quieren que se dé a conocer la identidad de Dashiel, reflexiono, y solo puedo imaginar el tipo de infierno por el que harán pasar a Isabella al igual que a sus padres.

Sin duda nuestro padre no podía ser tan despiadado.

No obstante, el cuerpo de Dashiel no puede ser entregado a la funeraria mientras la investigación esté activa.

Después de realizar entrevistas tanto a Carlisle como a Esme e Isabella, el policía, sin sospechar de ninguno, se va. Es entonces cuando Esme insiste en ver el cuerpo de su hijo en la morgue, y aunque Isabella se ha agotado, insiste en ir también. Los padres de Dashiel no intentan convencerla de lo contrario; saben que esto le ayudará a asimilar su muerte. A aceptarla.

La acompaño en forma física, viajo al hospital en el asiento trasero del carro de Carlisle con el cuerpo tembloroso y roto de ella recargado contra el mío. Al entrar explican que soy su hermano antes de que nos guíen a los cuatro hacia el sótano del edificio.

En preparación para nuestra llegada ya habían sacado a Dashiel de la cámara refrigerada. Está recostado sobre una camilla de metal en medio de una habitación fría y estéril con una sábana quirúrgica cubriéndole el cuerpo.

La señora Cullen se acerca primero mientras que el asistente de la morgue retira cuidadosamente la sábana para revelar su cara.

Baja la vista hacia él casi con reticencia antes de que un agudo jadeo se escape de su garganta. Retrocediendo un torpe paso, se tapa la boca con ambas manos como si quisiera evitar vomitar. Sus piernas se debilitan debajo de ella y su esposo se apresura para atraparla.

—No… ¡no se parece a él! —exclama en el pecho de su esposo.

Junto a mí, Isabella se aferra con fuerza a la espalda de mi camiseta, su cuerpo tiembla más.

—¿Se verá… muy mal? —pregunta con la voz más temerosa de todas.

—Se verá un poco diferente —explico en un esfuerzo por prepararla.

Inhalando temblorosamente como para armarse de valor, me suelta y se acerca un paso tentativo; eso es hasta que la repentina y violenta reacción de Carlisle la hace retroceder abruptamente contra mí.

—¡Ese… ese no puede ser mi hijo! —declara, el hombre que normalmente es muy estoico ahora está abiertamente aturdido y confundido.

Avanzo rápidamente para ver la apariencia de Dashiel por mí mismo en un esfuerzo por traer calma a la situación, pero me congelo de inmediato.

—¡Ese-Ese no es Edward! ¡No es él! —anuncia Isabella en voz alta a causa del shock, sus puños se aferran a mi camiseta y me tironea repetidamente.

Como es lógico, el asistente está aturdido por la conmoción, y de inmediato empieza a revisar las etiquetas de identificación de Dashiel antes de asegurarnos a todos de que el joven en la camilla es de hecho Edward Cullen.

—Puedes dejarnos un momento —le indico, y cuando obedece, me giro y agarro a Isabella, haciéndola retroceder varios pasos.

Está hiperventilando y su cuerpo está prácticamente sufriendo un ataque.

—Ese no es él. ¡No es él! —afirma repetidamente, ha perdido todo sentido de racionalidad. Sus ojos se ven maniacos, y puedo leer en ellos lo que su mente no revela. Cree que Dashiel no está muerto en verdad y que va a regresar.

Ha perdido su forma angelical, lo que queda es su mitad humana, le explico rápidamente a los padres de Dashiel, obligándolos a calmarse, antes de girarme de nuevo hacia Isabella y sacudirla.

—Isabella, escúchame —declaro con firmeza, sacudiéndola una segunda vez hasta que su espalda se endereza y se queda quieta—. Era mitad ángel. Ese era un lado de él que no pertenecía a este mundo, y algo que los humanos no tienen permitido conocer. Su mitad de ángel ha sido removida, y lo que queda es cómo habría sido Dashiel si hubiera sido completamente humano.

Ella sigue sacudiendo la cabeza, como si no comprendiera lo que acabo de decir.

»¿Lo entiendes? —la cuestiono.

Parpadea varias veces antes de dejar caer los hombros y de que las lágrimas se acumulen sin parar en sus enormes y afligidos ojos. Al final asiente en total derrota y por puro impulso la jalo a mi pecho.

No puedes hacerte esto —apelo a ella, mi voz se tensa detrás de mis propias emociones turbulentas.

La energía está corriendo a través de mí, y aunque el cuerpo humano en el que me encuentro no es auténtico, sino una mera imitación, es casi como si tuviera un corazón que late furiosamente contra mi tórax. De pronto me siento desorientado, inseguro de mis propios sentidos mientras intento darle lógica a lo que mis ojos apenas pueden percibir.

El cuerpo fallecido que está en el centro de la habitación, frente a mí, que se asemeja vagamente al que una vez fue un ángel hibrido, es el mismo humano al que vi en el futuro de Isabella.