Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Mr G and Me, yo sólo traduzco.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is Mr G and Me, I just translate.


Thank you Mr G and Me for trusting me with your story!


Los Caídos

Capítulo 40

—¿Qué es lo que no entiendes de ella? —pregunta Miguel con naturalidad, sentándose otra vez en el taburete junto a mi cama.

—¿Qué es lo que no entiendo? —repito con incredulidad—. ¡Todo! Todo sobre toda su existencia y por qué está conectada a mí. ¡Por qué siempre sentí que ella era parte de mi alma!

Me mira en silencio durante un momento, su frente se arruga paulatinamente con evidente confusión e incredulidad.

—¿Me estás diciendo que incluso después de tener el poder de nuestro padre en tus manos todavía no sabes lo de ella?

Vacilo mientras me lleno lentamente de aprehensión.

—… ¿saber qué?

Una corta carcajada mordaz sale de él, y sacude la cabeza para expresar más su incredulidad.

—Qué humano eres, Dashiel. Qué humano has sido siempre.

—¿Puedes darme una respuesta directa o es mejor que la consiga de Daniel? —ataco con deliberación su orgullo, sé cómo lo va a recibir.

Me frunce el ceño, su mirada de enojo se endurece.

—¿La razón por la que siempre sentiste que ella era parte de tu alma? —se burla de mí, alza la voz—. Lo es.

—… ¿qué? —exijo con escepticismo inmediato mientras mi voz falla—. ¿Cómo…?

—Cuando se crea un alma humana ésta se divide en dos para hacer una hembra y un macho. Lo sabes, ¿cierto?

—… ¡por supuesto que sí! —espeto con impaciencia, y él vuelve a sonreír.

—Los ángeles son creados por una energía singular; por lo tanto, no tenemos la misma conexión. Los humanos, por otro lado, son creados en pares para que tengan ese impulso fundamental de encontrar a sus parejas. Si es que están conscientes de ello o no, están incompletos por su cuenta.

—Entonces… ¿qué es lo que estás diciendo? ¿Qué originalmente fui creado como humano?

—Para nada. Bella fue creada originalmente como un ángel.

Solo puedo mirarlo, no estoy seguro de haberlo escuchado correctamente, mientras su expresión crece en diferentes grados de diversión.

—¿Cómo es eso posible? —musito, mi voz es apenas poco más que un susurro.

—Estás pensando dentro de los parámetros de la limitación, y estás aplicando esas reglas a nuestro padre —señala simplemente.

Sacudo la cabeza en un inútil intento por darle sentido a todo esto, pero no puedo.

—Los ángeles no se crean en dualidad.

—No, no se crean así —reconoce agachando ligeramente la cabeza.

—Entonces, ¿cómo…?

—No hay un cómo ni un por qué. Simplemente es. Tu alma se dividió para crearla a ella. Esa es la única respuesta que necesitas.

—¡Acabo de regresar del Infierno! ¡Creo que me merezco al menos un por qué! —replico solo para hacerlo resoplar.

—Nunca ha sido solo un por qué contigo, hermano. Tal vez si no tuvieras semejante aversión a todo lo relacionado con la humanidad, habrías descubierto tú solo su verdadera identidad.

—Ahórrame tu sermón. Pase cuatro mil años en retribución por eso, ¿no? —espeto tan solo para ocultar el dolor que me causan sus palabras.

Expulsa lo que parece ser un suspiro exasperado.

—¡¿Siquiera aprendiste algo durante ese tiempo?! —reclama, pero su pregunta es retorica.

Abro la boca para hablar, pero no sale ninguna palabra. Mi mente se acelera frente a mí y me veo abrumado por el shock de la confusión. Solo puedo sacudir la cabeza contra la magnitud de todo esto.

¿Mi alma se dividió para crear a Bella?

—¿Cuál-cuál fue el nombre que Él le dio? —pregunto eventualmente.

—Ara'el.

—Ara'el… —murmuro para mí antes de alzar mi vista a la suya—. ¿Por qué la envió a la Tierra?

—¿No acabo de explicar en cierta forma por qué?

—También explicaste en cierta forma cómo es que las almas de los ángeles no se dividen durante su creación —le recuerdo, imitando su tono engreído.

Durante lo que dura una respiración, sus astutos ojos sostienen los míos de cerca antes de ceder y elaborar más.

—Siempre has sido una anomalía, hermano, pero si ella y tú hubieran sido puestos juntos en la Orden, tu concentración habría estado en ella y no en los humanos. Comparten una conexión que prevalece sobre todo lo demás, y es algo que los ángeles no estamos diseñados a experimentar. Los habría vuelto locos a ambos.

Me detengo para procesarlo, bufo con amargura y casi me rio.

—Así que, en lugar de eso, me enviaron a ser su guardián, ¡y consecuentemente me castigaron por sucumbir a algo sobre lo que no tenía control!

—Nuestro padre creyó que entenderías de inmediato lo que era ella para ti y que le pedirías convertirte en humano para estar con ella. En vez de eso, iniciaste una cruzada de sangre por ella.

—Entonces, ¿por qué no me enviaron también para ser humano? ¡Él me puso deliberadamente en esa posición sin advertirme! —declaro la injusticia de la situación, pero Miguel permanece apático.

—A pesar de la peculiaridad de tu creación, de todas formas, fuiste creado para ser un ángel.

Otra vez abro la boca para replicar, pero mejor dejo caer la cabeza sobre mi mano extendida y expulso un suspiro largo y cansado. ¿Cómo demonios puede Bella ser un ángel? ¿Y cómo es que no lo sabía?

—¿Es por eso por lo que puede ver a los ángeles? ¿Por eso siempre ha podido? —pregunto eventualmente en un murmullo mientras mi mente sigue luchando por darle sentido a todo esto.

—Naturalmente.

—Si ella es un híbrido como yo, ¿dónde están sus alas?

—Ella fue… modificada —explica con una sonrisita—. Necesitaba parecer humana.

—¿Por qué yo no fui modificado?

—Tú ya habías vivido miles de años como ángel; esa era tu identidad inicial y todo lo que conocías. Bella, por otro lado, fue enviada directo a la Tierra para nacer como humana. Nunca tuvo conocimiento alguno de su creación. Además, todo el punto de tu reencarnación como mitad ángel era darte la elección. Ella y la humanidad, o tu posición dentro de la Hueste.

—Pero ella podía verme —señalo—. ¿Por qué no modificaron eso?

Deja caer la cabeza brevemente, la frustración empaña claramente sus facciones.

—Ella es un ser celestial en forma humana, y aunque tiene un ADN humano excepcional para cubrirlo, muchos de sus rasgos angelicales han salido a la luz. No hay gen humano que pueda anularlo por completo. Tú naciste con el ADN de un humano promedio. Tu mitad de ángel siempre fue dominante. Lo tuyo era muy evidente y a duras penas pasabas como humano. Por otro lado, el ADN de Bella esconde lo suficiente para que nadie sospeche lo que es; ni las hermanas del convento, y ni siquiera tú.

Me sobresalto físicamente, me quedo boquiabierto porque él tiene razón y apenas puedo concebir nada de esto; mucho menos mis propias fallas como su guardián al igual que como su pareja. Tenía tantos perjuicios contra los humanos, todo lo que podía ver era la carne humana de Bella y no su alma; su alma que me llamaba en cada segundo que estaba con ella.

—¿Qué…? —empiezo y me detengo para sacudir la cabeza otra vez. Estoy batallando para deshacerme de esta predominante vergüenza y decepción, y no puedo encontrarme con la mirada de mi hermano—. ¿Qué está mal conmigo?

—Nada —responde sin vacilar—. Te pusieron en circunstancias excepcionales. No había un manual para ello. No había reglas, ni cómo comportarse, y te dejaron a tu suerte. No seas tan duro contigo, hermano. Se esforzaron mucho para que Bella no fuera reconocida por lo que verdaderamente es. Eso incluía a los demonios al igual que a ti.

—¡Pero ella era como yo! —apelo a él cuando el conocimiento de mi propia incompetencia inunda mi voz—. ¿Por qué no pude verlo?

Exhala una respiración temblorosa y frota su frente arrugada con la punta de sus dedos.

—Admito que hubo señales que debiste haber notado. Como tú, sus sentidos están agudizados, es inteligente e increíblemente fuerte para ser humana. ¿Alguna vez te preguntaste cómo es que luchó contra Ramuell y sus bestias? ¿O por qué es inusualmente hermosa? ¿O por qué sucumbió tan rápidamente cuando intercambió su alma? —me plantea las preguntas con una ceja alzada, y cuando solo sacudo la cabeza de forma sumisa, él sigue—: Pero a diferencia de ti, ella no tiene alas, su luz celestial no brilla abiertamente a través de su piel, ni sana rápidamente, puede enfermarse o lastimarse y morir, y no tiene recuerdos de ninguna de sus vidas anteriores. Tenía que haber un balance perfecto entre su genética humana y su mitad angelical para no hacerla sobresalir. Al menos, no mucho.

—Y tenía su don de la visión —murmuro, recordándole la pregunta que no respondió, antes de pasarme una mano por el cabello. Sigo sintiéndome demasiado apenado para ver los ojos áuricos del arcángel frente a mí.

—Fue uno de sus rasgos angelicales que dominó sobre su ADN humano, sí.

—¿Por qué yo nunca pude verlos? —expreso mi continua confusión más para mí que para mi hermano.

Entrecierra de inmediato los ojos con exasperación.

—Siempre tuviste la habilidad de sentirlos, ¿no? Estás olvidando que te enviaron a la Tierra como castigo, y no porque fue designado como con Bella. Si hubieras podido verlos, los habrías perseguido hasta el fin.

Me quedo en silencio mientras Miguel sigue escudriñándome, sus ojos dorados se ven astutos y hierven con frustración; la bestia nunca ha tenido mucha paciencia.

—¿Cómo es que Bella ahora tiene un guardián si es híbrida? —Eventualmente articulo una de las miles de preguntas que giran en mi cabeza, porque siendo híbrido a mí me dejaron sin protección.

la perforaste con la lanza, otorgándole salvación inmediata; algo que se extiende para cubrir a todos los humanos. No obstante, cuando empezaste a convertirte en humano, Daniel fue asignado para hacerse cargo después de ti.

Asiento ausentemente, mi mente se queda en blanco mientras intento comprenderlo.

—Miguel…

—Sí.

—Yo los llevé a ella —murmuro—. Me refiero a los demonios. Ella no tenía guardián por mí y los llevé a ella.

—Así es —responde con naturalidad; aunque hay cierta medida de simpatía detrás de su voz.

—… no creí que necesitara mirar más a detalle en su alma. Creí que la conocía… —intento justificar de forma patética mis fallas, pero me pregunto por qué. ¿Por qué no lo sabía? ¿Por qué no lo vi? Tuve el poder de Dios en mis manos, como Miguel señaló, y aun así lo pasé por alto.

—Fue porque el amuleto que le di la protegía de ti —responde mi pregunta silenciosa—. Cuando su poder se rompió, no solo sentiste el alma celestial de Bella como lo haces con todos los miembros de la Hueste, sino que también sentiste esa conexión directa con ella. Asumo que eso fue lo que te confundió.

—Sin embargo, no lo comprendí cuando era su guardián. O incluso cuando tuve la lanza —murmuro, y estoy tan inundado de vergüenza y frustración encima de esta montaña de información que siento como si la cabeza me fuera a explotar.

—No, no lo comprendiste, a pesar de que incluso nuestro padre, Él mismo, esperaba que lo hicieras —reconoce.

—¿Por qué no lo supe? —repito el mismo reclamo sin sentido.

—Porque solo veías lo que querías ver.

Flaqueo de inmediato por la brutal verdad en sus palabras, y dejo caer la cabeza.

—Yo… —dejando la frase, meneo la cabeza con más derrota.

En respuesta, Miguel bufa secamente, regresando reticentemente mi atención a él.

—¿No acabas de decirme que creíste que ella era la otra mitad de tu alma? —me recuerda—. No estabas preparado para darle voz a eso. Siempre supiste que había algo diferente en ella que nunca pudiste entender.

—L-Lo sé… —admito tartamudeando, me detengo para descifrar mis pensamientos antes de volverme loco—. Así que… yo era un ángel y ella era humana, y ahora yo soy humano y ella es un ángel. —Una exclamación sale de mí; una exclamación tan irracional y llena de incredulidad que no reconozco mi propia voz detrás de ella.

En respuesta, mi hermano vuelve a estirar el brazo para poner su mano en mi hombro, llenándome de inmediato con calma.

—Ella es un ángel que no tiene conocimiento de su verdadera identidad. Todo lo que sabe es cómo ser humana. Tú, por otro lado… ahora también eres humano. —Su voz se suaviza en una extraña muestra de franqueza—. Tienes que hacer lo mismo.

Lo reflexiono por un momento antes de alzar la vista y encontrarme con su mirada.

—¿Se lo digo?

—No, y Daniel también tiene la indicación de no decirle. Sería una distracción sin sentido.

—¿Daniel sabe?

—Por supuesto que sabe. Fue lo primero que le informaron.

—Pero a mí no me dijeron.

—Ella comparte tu alma, no la de Daniel. Él puede separarse de eso.

—¡Razón de más por la que debieron haberme dicho! —insisto, mi voz vuelve a arder con la injusticia de todo esto.

—Yo solo soy el mensajero.

Bufo amargamente, pero sabiendo que mi enojo y frustración con Miguel no tiene caso y está fuera de lugar, lo saco de mis pensamientos; incluso cuando se vuelven a oscurecer inevitablemente. Solo que está vez mi corazón se aprieta con una repentina comprensión.

—Nunca podremos estar juntos. ¡Crearemos un monstruo híbrido!

Él niega inmediatamente con la cabeza para contradecirme.

—Ella nació como humana; no encarnada en un cuerpo humano siendo ángel. Tiene anatomía humana, un sistema reproductivo humano. Además de eso, el Nefilim solo se procrea a través del linaje de ángeles masculinos.

—¿Por qué?

—¿No recuerdas? —me vuelve a alzar una ceja dudosa.

—No —confieso en un murmullo.

—Los cuerpos que los ángeles habitan son artificiales, una imitación, pero a través de ellos los ángeles masculinos pueden liberar su semilla en una humana. Un ángel femenino nunca podría concebir ni gestar un bebé en un cuerpo falso.

Asiento dócilmente en respuesta incluso mientras batallo por contener y procesar tanta información a la vez. Debería ser obvio, pero no con este débil cerebro que ahora poseo.

—Tienes más preguntas, así que hazlas —me saca de mi preocupación, es evidente que leyó mis pensamientos.

—Tengo una más —me aventuro de forma apenada—. Bien, tal vez un par más.

Suspira ruidosa y bruscamente, pero su frustración es moderada.

—Habla.

—¿Por qué Bella no podía ver a los ángeles cuando recién la volví a encontrar?

Agacha la cabeza, sus ojos se cierran brevemente al hacerlo.

—Durante las primeras vidas que llevó podía verlos, pero las bestias empezaron a asesinarla antes de que pudiera llegar a la vida adulta y desarrollar la visión otra vez. Eventualmente ese don se adormeció.

—Ah…

—¿Y la otra? —me cuestiona.

—¿La otra… pregunta?

Asiente casi de forma paciente esta vez.

»… ¿por qué sigo siendo tan fuerte? —pregunto vacilante—. ¿O fue solo… adrenalina?

—No, no fue adrenalina. Aunque ahora tienes un alma humana, este cuerpo en el que naciste alguna vez llevó ADN alterado de un híbrido. Cuando moriste la mitad de ángel fue removida, convirtiéndote por completo en humano. Sin embargo, eso dejó incompleto y lleno de huecos tu código genético. Varios elementos de tu genotipo angelical se fusionaron con tus células para llenar los componentes faltantes y completar tu ADN. Técnicamente sigues siendo humano, aunque un humano un poco mejorado. ¿Lo entiendes?

Sí, pero mis cejas siguen fruncidas con confusión.

—¿Por qué Él no simplemente llenó los huecos con ADN humano?

Ladea la cabeza como si lo deliberara.

—Tal vez para darte un semblante de quién eras. Tal vez para complementarte con Bella. Tal vez Él se sentía generoso considerando lo que viviste. ¿Por qué no solo lo aprecias, Dashiel? Aprecia el regalo que Él te ha dado en lugar de mofarte de eso.

—¡No me estoy mofando! —insisto ofendido, y él resopla, queda claro que no está convencido.

—¿Eso es todo? —pregunta después de un momento.

—Una más —admito, mis ojos se agachan hacia el frío piso de azulejo de la sala de examinación vacía.

—Bien. ¿De qué se trata?

—Si ahora yo soy humano y ella es híbrido, ¿eso significa que ya no estamos conectados?

—Fueron creados de la misma fuerza de vida. Siempre estarán conectados. Lo entenderás cuando la vuelvas a ver. Lo sentirás. —Es consolador saber que él está tan lleno de confianza porque yo sigo abrumado por la incertidumbre, y no estoy seguro de poder comprender completamente alguna vez todo lo que me ha dicho hoy—. Escuchando todas tus preguntas, no puedo entender por qué nunca cuestionaste por qué te liberaron de ser Vigilante para convertirte en su guardián, o por qué ella sacaba emociones en ti que te eran tan completamente ajenas. —La forma en que me ridiculiza no es exactamente sutil, y me irrita de inmediato.

—Yo no te entiendo a ti, hermano. Me acusas constantemente de cuestionarlo, y ahora me preguntas por qué no lo hice. ¿Cómo se suponía que debía saber que era la única anomalía que había existido jamás? Tú eres el vanidoso, ¿recuerdas? Ese no es mi departamento —me burlo de él en respuesta.

Me fulmina con la mirada y bufa.

—Hay una diferencia entre cuestionar y retar.

Me rio con ironía y lleno de sarcasmo.

—¿Así que me enviaron a la Tierra por cuatro mil años y ligeramente atravesé el Infierno para convertirme en algo que simplemente pude haber pedido? ¿Es eso lo que me estás diciendo?

Endereza de repente su espalda, aprieta la mandíbula. Es el ángel más irascible de la Orden Celestial, pero eso solo refuerza lo intimidante que es.

—Fue para enseñarte a convertirte en humano, bestia miserable. Tenías que aprender los fundamentos de la humanidad; que ellos se sacrificarían voluntariamente por aquellos a quienes aman. En vez de eso, luchaste contra eso cada segundo de tu existencia. Tú eres el único culpable del tiempo que tardaste.

—Ella era asesinada incluso antes de nacer. ¿Cómo se suponía que debía encontrarla? —le recuerdo, me doy cuenta de que estoy dando vueltas con las mismas preguntas que me han atormentado durante siglos.

Se detiene durante varios momentos, me analiza antes de expulsar el aire de sus pulmones como cediendo.

—Yo fui asignado para protegerla, y lo hice durante diez de sus vidas humanas —admite y me quedo boquiabierto con incredulidad.

¿Qué…? —exclamo.

—Debías encontrarla durante ese tiempo —interrumpe, desarmando mi creciente resentimiento—, pero estabas tan lleno de desprecio por haberte convertido en un caído que no podías avanzar más allá. Después de que su décima vida terminó, ella se quedó sin protección y las bestias abusaron de eso. Fui en contra de las órdenes directas de nuestro padre para protegerla otra vez, en caso de que lo hayas olvidado.

—Por supuesto que no lo he olvidado —murmuro, pero mi mente se aventura otra vez más allá de él. ¿Bella vivió diez vidas? Entonces ella nunca fue el alma nueva que creí que era, y en un ataque de frustración, me paso los dedos sobre la frente y entre el cabello. Me perdí de muchas cosas sobre ella.

—Oh, era muy parecida a un alma nueva —habla—. Después de eso, paso más de tres mil años en el vientre.

—¡Deja de leer mi mente! —le advierto, es entonces cuando una repentina revelación se posa en mí—. Entonces es por eso por lo que no podía leer su mente —digo, alzo la vista para analizar su reacción—. No podía leer su mente porque es un ángel.

Un ángel solo puede leer la mente de otro ángel si se lo permiten, pero todos poseemos la habilidad de comunicarnos mentalmente. Podía poner mi voz directamente en su cabeza, pero nunca podía escuchar la suya o persuadirla; algo que solo pude hacer cuando tuve la lanza en mi posesión.

—Finalmente lo entiendes. —Esta vez su sonrisa es casi genuina—. Como humana, ella nunca desarrolló su don telepático para permitirle entrada a su mente a algún ángel. Yo no podía leerla, e incluso ahora Daniel está ciego ante ella.

Suspiro pesadamente, una vez más dejo caer la frente sobre mi palma para frotarme con fuerza la piel. Bella es un ángel, y yo soy un humano… es casi demasiado para comprenderlo, y estoy empezando a entender de dónde vienen las migrañas. Mi cabeza ya me duele con la sobrecarga de información que debería estar más allá de la capacidad humana.

Miguel, obviamente notando esto, decide concluir e irse.

—Si tu alma no se hubiera dividido para crear a Bella, nunca te habrían enviado a la Tierra para encontrarla. Si no te hubieran enviado a la Tierra, no habrías resucitado a nuestros hermanos, ni habrías limpiado la Tierra de las bestias. Nuestro padre siempre ha tenido un plan, Dashiel. Deberías sentirte honrado de haber sido parte de eso.

—Lo estoy —profeso, esbozando una pequeña sonrisa—. Sin embargo, tengo una última pregunta.

—¿Qué…? —se queja, pero es incapaz de limpiar la sonrisita de su rostro.

—¿Ya vamos a dejar de reencarnar?

—Por supuesto.

—Qué bueno —digo, liberando mi aliento con alivio—, porque detesto nacer…