Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Mr G and Me, yo sólo traduzco.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is Mr G and Me, I just translate.
Thank you Mr G and Me for trusting me with your story!
Los Caídos
Capítulo 42
Puedo verlo ocurriendo como un carrete de película siendo reproducido en cámara lenta. Cuando ese momento de claridad llega a Bella, cuando finalmente me ve a través de la bruma de angustia en la que la he dejado, el shock de todo esto es demasiado para ella. El color abandona paulatinamente su rostro, sus ojos se ponen en blanco y sus piernas ceden debajo de ella.
Lanzándome hacia enfrente la atrapo momentos antes de que su cabeza golpee el suelo alfombrado y cayendo de rodillas, la pego a mí. Está completamente floja en mis brazos, y cálida, y su corazón martillea rápidamente debajo de su pecho, incluso estando inconsciente.
Mi padre sale corriendo de la habitación y regresa con un trapo húmedo que pone en su frente antes de revisarle el pulso.
—Ella está bien —me asegura.
La acuno en mi pecho mientras la miro con total asombro y admiración; a un rostro que creí que nunca volvería a ver. Su cara, impecable y hermosa, incluso a través de mis ojos ahora humanos, y aunque está teñida de desconsuelo, todavía me roba el aliento. Debí haber sabido que era demasiado hermosa para ser una simple humana.
—¿Oye? —susurro, mi voz se atora de inmediato cuando entierro la nariz y labios en su mejilla y la inhalo delicadamente—. ¿Isabella…? —mis labios rozan su piel; puedo probar la sal en las manchas que tiene; aunque no estoy seguro de si son por sus lágrimas o por las mías—. ¿Cariño?
Gime levemente, su cuerpo se tensa un poco, antes de estirar la mano y curvar su puño en el algodón de la bata de hospital.
—¿Edward? —su voz es apenas audible y está tan empañada de dolor que corta a través de mi corazón.
—B-Bella… —mi compostura se quiebra y de repente batallo por contener el tsunami de emociones que está estrellándose sobre mí. Emociones que no tenía ni idea de que podía sentir, o contener. Emociones que no tenía ni idea de que existían.
Ella gime otra vez y al hacerlo sus ojos se abren lentamente. Me aparto para poder ver toda su cara, para permitirle ver la mía, mientras que le rezo al Cielo y el Infierno y todo lo que hay en medio para que ella me reconozca. Para que vea al humano que siempre ha existido detrás de la fachada del ángel.
—Ed… —cuando sus ojos se concentran por completo en mí, mi nombre muere en sus labios. Ella me mira otra vez como si no pudiera comprender lo que está viendo, pero esta vez es algo breve, antes de apartarse de golpe de mis brazos.
De inmediato estiro las manos para estabilizarla, agarro su muñeca. Ella hace una mueca, inhala violentamente, pero no intenta apartarse. Se queda sentada frente a mí con las piernas dobladas debajo de sí; su expresión está completamente abrumada. Está en shock, pero hay un elemento de esperanza y emoción, y algo todavía más profundo que plaga su expresión mientras sus ojos trazan lentamente cada punto en mi rostro.
Son mis ojos a los que siempre regresa, y son mis ojos los que eventualmente la capturan.
—De… verdad eres tú —declara en una voz robada por infinitas horas de lágrimas antes de sacudir la cabeza ligeramente, como si quisiera contradecirse.
—De verdad soy yo —le aseguro, le seco rápidamente la cara con el dorso de la mano—. Bella, s-soy… humano.
—¿Eres humano…? —me pregunta, blandiendo un poco más de esperanza, y por Dios en el Cielo que ella me está rompiendo el corazón.
—Soy humano. —Estoy luchando contra mi propia naturaleza humana para contener la ola fresca de emoción, pero estoy fallando miserablemente—. Lo siento, Bella… —Mi pecho se sacude y apenas puedo inhalar aire suficiente para hacer que mi voz sea audible—. Lo siento…
Su respiración se agita y de pronto las lágrimas se derraman y empiezan a caer por su rostro, pero no se mueve; parece que no puede hacerlo.
—Ya no llores más, por favor —le pido, tiro con gentileza de su brazo al intentar traerla de regreso a mí.
—Edward… —musita, y como si decir mi nombre fuera suficiente para romper el hechizo que le permitirá abrir sus ojos por completo a mí, se rinde.
Alzándose sobre sus rodillas, se lanza contra mí, me rodea el cuello con sus brazos y se rompe. La hundo en mí, probablemente con demasiada brusquedad, pero estoy demasiado abrumado por miles de emociones que abarcan la misma cantidad de años.
Luego, igual de repentino, se aparta de mí.
—¿C-Cómo pasó esto? —exclama, sus ojos completamente inundados están bien abiertos y un poco maniacos, luego estira las manos y pone sus temblorosos dedos sobre mi rostro.
—La lanza me mató, pero solo a la parte de mí que era ángel —le explico de la manera más simple.
Vacila durante una pausa, parece considerarlo.
—Lo sabías, ¿no? ¿Antes de irte?
Asiento con reticencia y expulso una respiración cansada y llena de culpa.
—Sí, pero no sabía que iba a regresar.
No le digo que fui al Infierno y mientras que haya aire en mis pulmones, no lo haré.
Ella sigue sosteniendo mi mirada, no estoy seguro de qué es lo que está buscando.
—¿Te vas a quedar? —pregunta con suavidad, sus ojos se apartan de los míos como si temiera la respuesta.
—Cariño… —apelo a ella, mi voz se atora en mi garganta, estiro la mano y acuno un costado de su cara con ella; ladeándola hacia mí—, te juro que nunca te volveré a dejar.
Su expresión se derrumba lentamente, pero lucha por contenerla, como si se protegiera de mí y del dolor que potencialmente puedo causarle. Porque nada es tan peligroso para ella como yo. Es la única verdad que siempre ha existido entre nosotros.
—Edward… no puedes hacerme esto —articula eventualmente, a través de lágrimas que ahora caen libres por su rostro—. No puedes solo regresar y darme esperanza y luego volver a romperme el corazón, ¡no puedes!
Cuando esas desgarradoras palabras salen de sus labios, me impactan directamente. Solo puedo menear la cabeza contra ellas, de forma insistente, me siento desesperado para hacer que me crea, para restaurar otra vez su fe en mí.
—Bella, te prometo… —empiezo a decir, estiro las manos para agarrarla justo cuando se deja caer hacia enfrente, entierra la cara en sus manos y solloza.
La tomo en mis brazos. No se resiste, pero tampoco se mueve para soltarse de la posición en la que se ha acurrucado. De momento esto es suficiente; es suficiente tenerla en mis brazos como una presencia física contra el dolor que le he hecho pasar. Para ayudarla a sanar.
Ella sigue llorando, yo lloro con ella, pero ahora es diferente. Por muy insoportable que sea, es una purga que ella necesita. Siento como se drena de ella con cada respiración que toma hasta que su pequeño cuerpo tembloroso empieza a soltarse y a ponerse flojo contra mí.
Aun así, sus lágrimas siguen cayendo en ríos infinitos, incluso cuando se aparta para besarme impulsivamente; besa cada centímetro de mi cara y cuello con una pasión e intensidad que rápidamente se va más allá de los dos. Es con tanta intensidad, de hecho, que olvido completamente el hecho de que mi padre está en la habitación.
—Se fue hace un rato —habla Daniel, poniendo una voz indeseada en mis pensamientos, y nos separa de inmediato a Bella y a mí.
—Y, sin embargo, aquí estás tú —respondo con voz seca incluso mientras lucho por recuperar la respiración. Pero no estoy enojado. No podría enojarme con la bestia ni aunque lo intentara.
Bella se ríe con gentileza, se seca torpemente los ojos, y se gira para ver sobre su hombro.
—Estás poniendo incómodo a Edward, Daniel.
Él le sonríe antes de posar sus ojos en los míos y desaparece luego de hacerme un saludo.
—¿Sigue en la habitación? —le pregunto cínicamente.
Ella se vuelve a reír, deteniéndose para tomar una respiración que suena cansada.
—¿De verdad quieres que te responda?
Ella es una calamidad de emociones, pero luego sonríe y es la misma sonrisa que siempre ha reservado para mí. Incluso ahora al sentarme frente a ella con una cara nueva que acompaña a mi nueva identidad. Ella ladea la cabeza, sigue analizándome, antes de quitar su mano que me rodea para posarla sobre mi mejilla.
—En serio estás aquí —susurra, sus dedos rozan mis labios esta vez, como si se estuviera asegurando de que no soy una ilusión.
—En serio estoy aquí y tú sigues siendo hermosa —murmuro—. Incluso a través de estos ojos humanos completamente normales.
Ella bufa, quitándole importancia a lo que dije.
—No hay nada normal en ti.
—¿Te gusta el nuevo yo? —le pregunto, señalando inconscientemente mi cara y sonando tan inseguro como me siento.
—Te pareces a tu padre —observa, sus dedos se curvan en mi cabello, donde acomoda un mechón suelto detrás de mi oreja.
—Esa es una manera muy rara de responder. —Y no estoy seguro de cómo interpretarlo.
Su sonrisa crece y se vuelve tierna.
—Es otra forma de decir que eres muy guapo.
Inhalo y tarareo, contemplando su respuesta.
—Entonces, es algo bueno saber que mi padre te parece guapo —bromeo y se ríe suavemente, sin importar lo desesperanzadoramente fracturada que sigue escuchándose su voz, y me codea.
—¿Y ya no tienes tus alas?
—Sí, ya no están… —respondo, medio encogiéndome.
Hace un puchero; aunque no es en serio. Está tan claramente destruida por los últimos tres días que es difícil leer sus emociones.
—Extrañaré tus alas —admite—, pero aun así parece que acabas de salir de una pintura. La pintura perfecta del hombre perfecto que de pronto volvió a la vida.
Tomo su mano y me la llevo a los labios, suspiro pesadamente al hacerlo, antes de apoyar la cara en el hueco de su cuello. Me permito sumergirme en la calidez de su piel, inhalar su aroma, cuando una ola de fatiga barre sobre mí. Mi primer día como humano ha sido ajetreado y de pronto me siento tan cansado como Bella se ve.
—Estoy muy lejos de ser perfecto —murmuro, mi voz se ve ahogada por su suave y tersa piel.
Se gira hacia mí hasta que siento su aliento inundar el costado de mi cara.
—Siempre serás perfecto para mí.
No respondo; solo cierro los ojos y me concentro en la gentil cadencia del sonido de su corazón.
—Estoy cansado, Bella —eventualmente le expreso al flaquear físicamente—. Estoy tan cansado…
Después de cuatro milenios, finalmente estoy cansado, y de repente todo lo que puedo imaginar es acurrucarme con ella en mis brazos y rendirme al olvido.
La expresión "El diablo no descansa" es una literal. No existe el dormir en el Infierno; no hay respiro del incesante tormento.
La tortura que la bestia eligió para mí fue hacerme creer que había escapado y había encontrado mi camino de regreso a Bella. Me hizo entablar con ella la más profunda e intima de las uniones antes de despertar de nuevo en el infierno, una y otra vez.
Aunque llegó a estar cerca de debilitar mi resistencia, nunca pudo convencerme por completo. Su interpretación de lo que yo sentía por ella y cómo se veía a través de mis ojos no era nada más que una velada imitación. Una horrible representación de dos dimensiones que usé contra él; burlándome a modo de revancha.
La bestia es incapaz de relacionarse con humanos con nada que exista fuera de las perversiones sexuales y físicas. No tiene entendimiento de como se correlacionan el corazón humano y el alma, y asumió erróneamente lo mismo de mí. Debido a eso casi sentí lástima por él. Me negué a darle a Bella, y me aferré a ella a través de cada momento en cada método de tortura que él me lanzó. Ella me mantuvo fuerte, y fue por ella que él no pudo apoderarse de mi mente.
…
Cuando me despierto es muy temprano por la mañana. Apenas amanece y los primeros rayos del sol están empezando a filtrarse por la ventana de mi habitación.
Tardo un par de momentos en orientarme antes de comprender que estoy acostado en el piso alfombrado de mi habitación con Bella acurrucada en mis brazos. Sigo usando las dos batas de hospital de la noche anterior, estamos tapados con una manta y Bella se siente calientita sobre mí.
Bajo la vista a ella; su rostro está completamente relajada al dormir, una sonrisa inconsciente tira de las comisuras de mi boca.
Ella se ve tan joven, tan vulnerable, cuando de pronto se me ocurre lo vulnerable que es ahora – lo vulnerable que soy yo. Con la lanza era fácil olvidar lo susceptibles que son los humanos a las heridas y la muerte, pero ahora, sin tener ninguna habilidad de sanarnos a Bella y a mí, eso solo refuerza lo frágil que somos ambos. Aunque ambos nacimos como ángeles, siendo humanos podemos enfermarnos y morir; Miguel lo confirmó.
No me gusta. De hecho, me aterra, y durante varios minutos cierro los ojos y contemplo cada posibilidad de muerte que cuelga constantemente sobre los humanos, es entonces cuando Daniel –permitiendo que su voz se vuelva audible– me dice que estoy siendo neurótico.
—¿Has estado aquí toda la noche? —murmuro, mi voz sigue ronca por las horas de sueño, mi cabeza sigue en bruma—. ¿Te das cuenta de lo perturbador que es eso?
Se ríe entre dientes, pero permanece oculto, y al hacerlo Bella despierta.
Se remueve en mis brazos y se estira, luego yo nos enderezo torpemente a los dos.
—Hola —murmura, lanzándome una sonrisa completamente borracha.
—Hola —repito, estiro la mano para domar el caos que es su cabello.
—No llegamos a la cama —comenta, mirando a su alrededor—. ¿Qué hora es?
—Hmm… probablemente las seis —respondo, me aclaro bruscamente la garganta para quitarme lo ronco por el sueño.
—Dormiste como muerto —añade en una voz desesperanzadoramente rustica, solo para fruncir de inmediato el ceño—. Me desperté varias veces llena de pánico, estaba convencida que lo de anoche fue todo un sueño.
—Definitivamente no estás soñando —le aseguro, desearía poder quitarle todo el dolor tan claramente grabado en sus ojos. Yo experimenté la misma agonía cuando creí haberla perdido. Incluso por muy breve que fuera, fue insoportable, así que conozco la oscuridad que acecha debajo de la superficie de su sonrisa—. Lo siento, cariño. D-De verdad lo siento.
Inmediatamente niega con la cabeza.
—Por favor, ya no te disculpes, Edward —me apela mientras que ese filo salvaje se refleja en su voz—. Estoy muy feliz de tenerte de vuelta.
—¿Incluso así de cambiado? —pretendía sonar ligero y bromista, pero salió lleno de incertidumbre.
—No estás tan cambiado —dice con voz contemplativa, pasando la punta de sus dedos por el costado de mi cara—. Anoche me desperté y tuve que encender la luz para asegurarme de que de verdad eras tú. Me quedé viéndote durante un momento muy largo, a esta persona desconocida que es tan increíblemente conocida al mismo tiempo. Empecé a llorar. No podía detenerme…
La jalo contra mí, de pronto me siento ansioso por ella.
—Cariño, ¿por qué no me despertaste?
Entierra la cara en mi pecho durante un momento antes de apartarse para encontrarse con mi mirada.
—No podía. Te veías tan pacifico, y Daniel me lo explicó.
—¿Él qué…? —Siento curiosidad.
Asiente.
—Me contó que los ángeles están creados de luz, y que esa luz eclipsaba tu cuerpo humano. Es por eso por lo que te veías tan… enervante.
—¿Pensabas que era enervante? —alzo una ceja cuestionadora a la vez que una sonrisa inmediata calienta su rostro.
—¡Sí! Muy enervante. Tus ojos, todo tu cuerpo, prácticamente radiaba. Te hacía parecer… intimidante —admite y sonrío, bufando suavemente para mí.
—La mayoría de la gente sabía por instinto que había algo innatural en mí, pero pocos lo cuestionaban. Mi maestra de quinto grado creía que yo era el anti-Cristo —profeso, riéndome para mí del recuerdo.
Su sonrisa se ensancha y casi se ríe conmigo antes de añadir:
—Bueno… yo no creía que fueras el anti-Cristo, pero ese día en el parque supe que eras el mismo ángel que había visto un día antes.
Jalándola otra vez hacia mí, apoyo mi mentón sobre su cabeza.
—Hmm… queda claro que veías a través de mí. Me volvía loco porque yo no podía leer tu mente, y no tenía idea de cómo leer las expresiones de la gente.
Sigo sin tener idea de cómo hacerlo, siendo completamente honesto.
—Sí… te veías muy torpe —puedo escuchar la diversión en su voz— y era obvio que no eras humano. Pero entre más te conocía, más salía ese lado humano de ti —musita, su tono suena casi triste—. Excepto que siempre estabas enojado conmigo.
Me rio otra vez, amortiguando el sonido por la nariz, y muevo mis labios a su oído.
—Eso es porque siempre intentabas llevarme a la tentación. ¿Sabes lo difícil que era resistirme a ti?
—¿En serio…? —pregunta, se mueve hacia atrás para encontrarse con mi mirada mientras que una sonrisa pícara se desplaza sobre su rostro.
—Sí, en serio… —golpeteo su mentón con cariño.
Me besa, de forma impulsiva, pero breve, y rodea mi cuello con sus brazos, apretándome a ella con fuerza.
—Todavía no puedo creer que estés aquí.
Girándome, presiono mis labios sobre su sien y exhalo un pesado aliento.
—Estoy aquí… —murmuro antes de vacilar—. Y-Yo pensé que no me reconocerías, Bella. Apenas me reconozco a mí mismo…
Probablemente porque me negaba a verme como algo remotamente humano.
—Por supuesto que te reconocería —insiste, se encuentra con mi mirada otra vez mientras que su frente se arruga con confusión—. Edward, tu cara sigue siendo la misma…
—¿Solo que ya no es enervante? —bromeo con ella y se ríe con gentileza.
—No, ya no, ¿con quién hablabas hace rato?
—Con tu desgraciado guardián —respondo con ligereza.
—Se amable con él —me regaña—. Me cuido cuando tú no estabas.
—Lo sé —concedo, mi tono baja con culpa inmediata—, y te voy a compensar por eso.
—¿Oh…? —alza una ceja cuestionadora antes de tornar seria su expresión—. ¿Edward…?
—¿Ahora que soy humano podemos tener sexo? —me adelanto a ella, esbozando una enorme sonrisa cuando se queda boquiabierta.
—Oye, ¡no tienes permitido leerme la mente! —exclama, su cara se sonroja de un profundo color incluso en la tenue luz de la mañana.
—Bella, no puedo leer tu mente —confieso y de inmediato se pone escéptica. Libero una respiración burlonamente exagerada—. ¿Olvidaste que, para empezar, solo pude leer tu mente por la lanza?
Su expresión permanece dubitativa, de repente sus ojos se concentran detrás de mí y asiente.
—Bien…
Siguiendo su mirada, volteo sobre mi hombro, pero no veo nada.
—¿Daniel me respaldó?
—No, fue Nathaniel.
—Ah… —murmuro. A diferencia de Daniel, él no se ha mostrado ante mí, y por eso me siento agradecido. No lo traté exactamente con cortesía cuando él llegó.
—Dijo que no te lo recriminará —me dice Bella, sonriendo un poco para sí.
—Santo dios —murmuro; la bestia puede leer mi mente. Aunque eso debió haber sido obvio.
Ella se ríe, luego se acerca a mí para susurrarme al oído.
—¿Me vas a responder?
Inmediatamente me veo envuelto en la calidez de su calor corporal; algo a lo que mi cuerpo reacciona de inmediato.
—¿Responder? —repito tontamente, mi voz suena ligeramente reservada mientras obligo a los impulsos repentinos que hay dentro de mí a calmarse.
Pone los ojos en blanco antes de recordarme:
—¿Lo qué pensé que leíste de mi mente?
—Oh —exclamo al comprenderlo, recordando la conversación que tuve con Miguel el día anterior—. Sí, pero…
—¿Pero? —su expresión cae y lucho contra la urgencia de reírme.
—Pero todavía debemos tener cuidado.
—¿Por qué?
—¿Quieres que te embarace? —la cuestiono, intentando ocultar el hecho de que eso me parece un prospecto horrible.
—… ¿con un monstruo o con un bebé?
—Un bebé —respondo con un suspiro.
—¿Puedes embarazarme de un bebé? —toda su expresión se ilumina.
—Soy humano ahora, ¿recuerdas? —señalo—. No hay razón de por qué no podría. Todavía no quieres uno… ¿o sí?
—No —admite simplemente, encogiendo un hombro, y libero un suspiro de alivio—, pero es lindo saber que algún día podremos.
—Un día podremos —le prometo.
—Pero, Edward… —su tono se suaviza.
Alzo las cejas a modo de pregunta.
—Si no pudiéramos, eso estaría bien. Lo que dije es en serio.
Le lanzo una sonrisa gentil, acomodándole un mechón de cabello rebelde detrás de la oreja.
—Lo sé…
—Podemos pretender que estamos intentando tener un bebé —añade coqueta, ladeando la cabeza, y me veo obligado a carraspear y a una vez más aplastar mi libido en sumisión.
No puede ser posible que esté tan agudizado, y no tengo absolutamente nada de referencia con que compararlo.
—¿Por qué te ves tan alterado? —pregunta Bella de pronto.
Sonrío, bufo rápidamente por lo bajo.
—No estoy alterado, es solo que a juzgar por el estado de mi cuerpo justo ahora, puede que vayamos a "intentarlo" mucho.
Alza una ceja ladina.
—Podemos intentarlo justo ahora. Sería agradable tener sexo con mi esposo sin casi morir.
Antes de poder responder, ella planta sus labios tiernamente en los míos y, que Dios me ayude, se necesita de toda mi fuerza para poder resistirme a ella.
—Bel-la… no podemos —musito sobre sus labios, intentando hacerla retroceder.
—¿Por qué? —pregunta, abatida.
—Porque no tenemos ninguna clase de anticonceptivo.
Bufa, pero de todas formas cede, y esta vez sí me río.
—Estuviste encerrada en ese convento por demasiado tiempo, mi amor —bromeo.
Sonríe, su cara se suaviza y se pone casi seria.
—Sigues siendo tú, Edward. Eres exactamente el mismo.
—¿Creíste que sería diferente? —Eso me sorprende.
Medio se encoge, y aparta su mirada de la mía.
—Sí…
—Bella, he sido el mismo durante cuatro mil años —le recuerdo—. La única cosa que ha cambiado de mí es el cuerpo en el que he nacido.
Asiente.
—Lo sé…
Deslizando mi palma hacia la parte trasera de su cuello, la jalo a mí y presiono mis labios sobre su coronilla.
—Bien, esto es lo que vamos a hacer —murmuro sobre su cabello—. Primero, nos vamos a dar una ducha —sigo convencido de que todavía tengo el olor a morgue sobre la piel—, luego vamos a bajar y vamos a desayunar. Estoy hambriento. Después de eso, le pediré a mi padre que te haga una receta. —Ladeo la cabeza para encontrarme con su mirada, alzando una ceja para darle más énfasis.
Esboza una sonrisita conocedora y asiente.
—Bien, pero tienes que ducharte conmigo.
—Esa era la idea general.
Pronto aprendo que la única cosa que puede calmar mi cuerpo es liberar la energía que acumula; algo que Bella nota de inmediato y con lo que me ayuda.
No es como que pueda controlarlo, mucho menos escondérselo. Había estado latente desde el momento en que me desperté con ella en mis brazos, cubierto en su esencia y calidez, pero en el instante en que me enfrento a su cuerpo desnudo, eso se apoderó de inmediato de toda mi racionalidad.
El deseo de hundir mi cuerpo en el suyo es casi abrumador, pero Bella me intercepta de inmediato y me toma por completo en la palma de su mano. Aunque no es el primer acto de intimidad que quería experimentar con ella, es suficiente para satisfacer esa ansía constante en mí.
Ya no tengo la resistencia que tenía antes, y todo termina en cuestión de segundos; termino como un desastre jadeando y tembloroso contra la pared de azulejos de la ducha. Necesito de toda mi fuerza para mantenerme en pie porque, durante el primer minuto después de eso, siento que mis piernas se han convertido en gelatina. Mis pulmones tardan más en dejar de estar agitados y mi corazón tarda todavía más en calmarse. Algo en lo que Bella se interesa mucho y que le divierte todavía más.
—Definitivamente alguien ya no tiene la misma fuerza. —Su voz se ve ahogada sobre mi cuello, intentando esconder el hecho de que se está riendo mientras que el chorro de agua caliente cae sobre nosotros y entre nuestros cuerpos.
Y que Dios me ayude si es que eso no empieza a avivar de inmediato las llamas del fuego que acababa de extinguir.
—Por decir lo menos… —murmuro con ojos cerrados y una media sonrisa a pesar de todo mientras me concentro en frenar mi respiración.
Se ríe con ligereza, presiona sus labios a mi pecho mientras que las puntas de sus dedos bajan lentamente desde mi hombro hacia mi estómago.
—Oh Dios mío, ¡Edward! —exclama de repente en un tono que está arraigado a causa del shock.
—¿Qué? —abro los ojos de golpe y sigo su mirada. Está centrada en mi estómago.
—¡Tienes ombligo!
—¿Eh? —musito confundido, ladeando la cabeza para mirarme bien el abdomen.
Para mirar un vientre muy distintivo que ahora está anudado en el centro.
N/T: Este es el penúltimo capítulo de la historia, el día de mañana se publicará el final. ¡Muchas gracias por leer y comentar!
