Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Mr G and Me, yo sólo traduzco.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is Mr G and Me, I just translate.


Thank you Mr G and Me for trusting me with your story!


Los Caídos

Capítulo 43

No me adapto bien a ser un humano, y los primeros seis meses son los más difíciles.

Durante más de cuatro mil años rechacé mi lado humano; mi naturaleza humana. Vivía como un ángel en cuerpo humano en lugar de un humando potenciado con cualidades y sentidos de ángel; como al parecer se pretendía. Así que no es necesario decir que el encontrarme de repente siendo humano por completo me impactó hasta la médula.

Es casi como si yo fuera una de esas historias humanas que se leen donde la persona despierta del coma y necesita aprender otra vez a caminar, hablar y alimentarse por sí mismos. Yo era un invalido, como un potro recién nacido, y dependía completamente de mis padres, de Bella.

Toda mi perspectiva del mundo cambió de repente de alta definición a análoga. La mayor parte del tiempo estaba convencido de que había algo muy grave en mí, que mi vista y mi oído, sin mencionar mi inteligencia, eran muy deficientes, y que estaba sufriendo de alguna especie de fatiga crónica.

Solía poder oír a varias millas de distancia y ver con la misma claridad, ahora mis miembros se sienten pesados y torpes en mi propia piel. Estoy viviendo en un mundo a blanco y negro donde todo es opaco, enmudecido y a cámara lenta.

Mi padre me realizó varias pruebas más, desde fortaleza a resistencia, y sacó varios frascos de sangre. Se confirmó mi grupo sanguíneo –AB negativo– al igual que el cariotipo cromosómico, y justo como ese día que desperté en la morgue, todo salió "normal". No tengo mutaciones genéticas, ni anormalidades cromosómicas, y ninguna deficiencia. Mi vista es perfecta y sin tomar en cuenta mi grupo sanguíneo extremadamente raro, tengo "oído perfecto" y soy inusualmente fuerte para ser un joven adulto de 1.87 metros y 77 kilos.

Después mi padre me hizo una prueba de inteligencia. Cuando tenía nueve años, y después de sabotear la mitad de la prueba, el resultado de mi IQ fue de 150. Como un humano de veintiún años, permanezco en 150 y aunque mi padre estaba impresionado, yo me sentí pasmado.

Sigo pasmado.

También le hizo la prueba de IQ a Bella; ella obtuvo 125 puntos – exactamente lo que una vez yo había predicho. Es inteligente, y considerando que es ella la que sigue siendo un hibrido ángel-humano, debería ser más inteligente que yo. Solo puedo atribuírselo al hecho de que a ella nunca se le permitió existir como ángel, mientras que eso fue la mitad de mi existencia. Aun así, ella se sintió perpleja por su puntuación a la vez que yo luchaba por esconder el hecho de que me consideraba solo un escalón arriba de ser un primate.

A pesar de sentirme débil e inadecuado desde la perspectiva de un ángel de diez milenios, desde el punto de vista de un humano soy considerado "excepcional".

Esa excepción, justo como lo explicó Miguel al principio, es el resultado de varios componentes de mi genotipo angelical fusionándose con mis células para completar mi ADN. Aunque fue Miguel quien inicialmente reveló esta información, también fue la teoría de mi padre.

Si es que soy considerado excepcional o no, sigo batallando con las pequeñas cosas. Mis habilidades sociales son el problema más obvio.

Después de tres meses de haberme convertido en humano, regresé a la escuela; cambiando de Leyes a Medicina en Yale a mitad del semestre. Aunque antes tenía muy poco interés en sanar el cuerpo humano, ahora estoy ansioso por aprender y no solo por mi físico frágil, sino por el de Bella. Ahora sé de primera mano lo vulnerable que es –a pesar de su naturaleza híbrida escondida– lo vulnerables que son todos los humanos, y eso me aterra.

Siempre había sido socialmente inepto, pero ahora que soy humano se ha vuelto más evidente. Al menos cuando era híbrido tenía la ventaja adicional de penetrar la mente humana. Durante cientos de años aprendí a familiarizarme con la gente tan solo por sus pensamientos en lugar de conversar con ellos o aprender las normas sociales. Se está volviendo uno de los hábitos más difíciles de romper. Muy seguido olvido que no retuve ninguna habilidad telepática, y muchas veces me encuentro mirando inapropiadamente a una persona mientras intento detectar sus pensamientos.

Usualmente me encuentro con un incómodo "¿Puedo ayudarte?" o un "¿Estás bien?" antes de componerme rápidamente y murmurar una disculpa. Tengo que recordarme constantemente que debo entablar conversación; algo que usualmente prefiero evitar en caso de que diga algo torpe – o algo "al azar" como diría Bella.

Esto es además de la reacción impulsiva que tengo cuando alguien blasfema en mi presencia. De inmediato me preparo para el dolor de mis alas saliendo por mi espalda antes de que comprensión llegue a mí; recordándome una vez más que ahora soy humano por completo.

Como si pudiera olvidarlo.

Durante toda mi existencia de caminar entre los humanos solo ha habido tres personas con las que me he sentido cómodo: mis padres y Bella. Me culpo por eso, debí haberme esforzado más. Aunque en ese momento no veía la necesidad.

Todavía encuentro difícil poder comprender exactamente lo arrogante que llegué a ser.

No es necesario decir que no soy el estudiante más popular en el campus; aunque, con una cara menos bonita que antes y un anillo de matrimonio en mi mano izquierda, al menos tengo la bendición de ser ignorado, en su mayor parte, por la población femenina de la universidad.

Todavía me sorprendo cada vez que paso frente a un espejo. Todo lo que veo es un humano, un humano promedio, y una ausencia muy real de la parte de ángel que tomé por garantizado. A pesar de tener ahora un parecido muy grande con mi padre, me veo tan vastamente diferente de lo que me veía hace unos meses que constantemente me molesta. Siempre me estoy preguntando si es que Bella me encuentra tan físicamente atractivo como cuando era el híbrido que ella conoció.

Le he preguntado directamente unas cuantas veces, solo para sentirme como el humano infantil e inseguro en el que me he convertido. Naturalmente Bella solo se ríe e insiste en que soy "guapo".

—Le gente no te mira igual que antes, Edward, porque eras tan hermoso que no era natural —explicó con tacto la primera vez que se lo pregunté—, pero créeme, eres bastante apuesto —bromeó, golpeteando gentilmente mi mentón con un dedo—. Mira esta mandíbula…

Sintiéndome como idiota y con la necesidad de escondérselo, la besé; aunque no se necesitaba mucho para que el impulso me atacara. Ella me permitía reconciliar mis inseguridades en su cuerpo, llevándome momentáneamente a ese punto de consciencia donde nada más importa que estar conectado con ella, pero aun así no es algo que pueda desestimar fácilmente. Fue mi identidad – durante miles de años.

—Solía soñar todas las noches con que te convertirías en humano, Edward —me susurró esa noche justo antes de que el sueño se apoderara de ella, y fue la primera vez que le creí de verdad; que creí que ella veía algo positivo en mi transformación física.

Mis padres mantenían al mínimo los visitantes en la casa, sabían que no podrían explicar lo diferente que me veía ahora. Esperan que cuando pase el tiempo suficiente sus amigos olvidarán eventualmente cómo me veía y, por lo tanto, no se sorprenderían mucho cuando me volvieran a ver en persona.

Sin embargo, pronto descubrí, por numerosas experiencias, lo errónea que es su teoría. Los humanos no suelen olvidar con tanta facilidad. He cruzado caminos con gente que antes veía a diario en las clases –chicas que en algún momento se sentaban en una bruma fantaseando sobre mí– que han pasado de largo a mi lado sin tener ni idea de que soy la misma persona.

Evitarme las fantasías internas de mis compañeras es una de las pocas consolaciones de ser humano. Por otro lado, las fantasías de Bella… las extraño terriblemente. Ese vistazo de tres días en su mente es algo que atesoraré por siempre. Sus pensamientos me validaban que ella siempre me vio como algo más que el ángel con el rostro encantador. Su corazón siempre iba más allá. A pesar de que ahora soy completamente humano y Bella es un ángel con un ADN humano dominante, la conexión tras nuestra creación nunca se desvanecerá. Y aunque ya no puedo leer su mente, sigo siendo increíblemente perceptivo a ella. Muchas veces respondo preguntas que ella no ha hecho en voz alta, o inherentemente sé qué es lo que está pensando – tanto que seguido me acusa de nunca haber perdido mi telepatía en absoluto.

Más de una vez casi he soltado la verdad de su origen y tengo que recordarme por qué eso solo la confundiría si lo hago. Después de todo, ya hemos pasado por suficientes ambigüedades.

Luego viene mi parte menos favorita de ser humano: la necesidad constante de comer, dormir y deshacer mi cuerpo de un incesante desperdicio. Al ser parte ángel eso era una ocurrencia muy rara, pero como humano es una necesidad diaria. Encima de todo eso, constantemente me encuentro transpirando mientras mis pulmones se agitan y mi corazón se acelera ante la primera señal de estrés físico. Siempre estoy estornudando, tosiendo, hipando y expulsando aire. Es enloquecedor, sin mencionar mortificante, y a veces apenas tengo el control sobre mi propio cuerpo.

Se ha convertido en una batalla constante, un ajuste, escuchar las señales de mi cuerpo; cuando estoy cansado, cuando estoy hambriento y cuando estoy enfermo.

Enfermo.

Por primera vez en cuatro milenios, me enfermé.

Teniendo apenas una semana de haber regresado a la escuela, me enfermé de gripe y nunca en toda mi vida me había sentido tan completamente miserable. La cabeza me latía, el estómago se me revolvía y sentía que mi garganta se había llenado de ampollas.

Apenas logré llegar a casa, a la casa de mis padres –donde Bella y yo, todavía recién casados, vivimos– antes de avanzar a trompicones hacia el baño de abajo y vaciar toda la comida de la cafetería del campus.

Bella estaba ahí justo a mi lado, frotando mi espalda de forma tranquilizadora y poniéndome un trapo frío en la nuca mientras yo vomitaba repetidamente los contenidos de mi estómago.

—B-Bella… —tartamudeé, dejando caer la cabeza pesadamente en la taza de cerámica—. Llama a mi padre. Dile que estoy muriendo…

Ella bufó suavemente con diversión detrás de mí. Sentí su cálido aliento barrer sobre mi piel ya sonrojada cuando presiono sus labios al costado de mi cuello.

—Nathaniel se está riendo de ti.

—¡Dile a esa bestia que me sane! —repliqué, sabía que sonaba infantil, pero no tenía nada de tolerancia para él—. Cristo, ¿quién en su sano juicio elegiría ser humano? ¡Es un infierno en la tierra!

—No es tan malo, ¿cierto? —murmuró y quitó el trapo para poner sus labios sobre la curva de mi cuello.

—Hay unas cuantas excepciones —cedí con un gemido.

—Nathaniel dice que dejes de usar el nombre del Señor en vano, que debes saberlo mejor —transmitió suavemente un momento después antes de inclinarse sobre mí para bajarle al baño.

—¡Dile a esa bestia de mi parte que es un guardián de mierda! —gruñí petulante.

Suspiró y apoyó su frente sobre mi hombro durante un momento.

—¿Edward?

—¿Hmm? —musité con voz suave, cerré los ojos y obligué a mi respiración a alcanzar un ritmo constante.

—¿Qué sucedió con el ángel que una vez conocí? ¿El que hablaba como si fuera un profesor de filosofía de cien años con corbatín? —bromeó con ligereza, pasando sus dedos gentilmente entre mi cabello y sobre mi cabeza.

Inhalé, gemí suavemente al exhalar. Bendita ella por ser una distracción.

—Lo estoy olvidando —admití en un murmuro un momento después. Mi cerebro humano completamente funcional ya no tiene la capacidad para retener cuatro mil años de información—. Q-Quiero decir, está empezando a desvanecerse, como un sueño distante. Todo lo que recuerdo con claridad es esta vida.

Y tal vez tres o cuatro de mis vidas anteriores.

—Como debería de ser —respondió, presionando esos cálidos y carnosos labios sobre mi piel caliente—. Pero sigues siendo un alma vieja.

—Igual que tú… —musité adormilado y sin darme cuenta, pero ella no le dio importancia.

—¿Te sientes mejor?

—Un poco.

Me ayudó a ponerme de pie; sobre piernas débiles y temblorosas la dejé ayudarme a subir las escaleras hacia nuestra habitación.

»Oh Dios, cariño, me siento terrible —gemí casi sollozando cuando me arropó debajo de las cobijas.

—Eres un bebé —bromeó ligeramente, plantando sus labios sobre mi frente en esta ocasión—. ¿Quieres que te traiga un poco de sopa?

Gimiendo ante la mera idea, negué con la cabeza.

—No… solo quédate conmigo un rato.

Se acurrucó cerca de mí y, poniéndome de lado, la acerqué más.

Tardé todo un mes antes de empezar a sentirme saludable otra vez. A pesar de lo enfermo que estaba, tan enfermo que mi padre me recetó penicilina, seguía siendo una fuente constante de diversión para Bella. Solo puedo asumir que ella pensaba que estaba exagerando; aunque de todas formas me cuidó durante todo el tiempo que estuve postrado en cama y delirante a causa de la fiebre.

Isabella.

Bella es la única excepción para los límites de mi menguante memoria. Recuerdo todo sobre ella, desde su primera vida donde era su guardián rebelde hasta ahora. Ella es para siempre mi constante. Mi faro; mi puerto en un mar tormentoso. Mi única razón para existir y la otra mitad de mi alma. La humana que me enseñó a aceptar la humanidad y mi propia existencia humana.

Incluso siendo humano sigo estando física y emocionalmente atraído a ella, igual que cuando se rompió el sello de su amuleto; tal como lo prometió Miguel. Seguido me encuentro teniendo que sacarla de mis pensamientos para poder concentrarme y usualmente corro a casa después de las clases, impaciente por enterrarme en sus brazos y perderme en su cuerpo.

La mejor parte de ser humano es estar con ella. Tenemos sexo la mayoría de las noches, de forma apasionada e insaciable, y aunque mi cuerpo no me lleva a los extremos que me llevó siendo ángel en nuestra noche de bodas, sigue siendo malditamente bueno. No obstante, muchas veces me encuentro conteniéndome; temeroso de embarazarla con la monstruosidad que podría matarla. Esto a pesar de que mi padre y Daniel insisten en que tengo el ADN de un humano y mi conteo de espermatozoides es ahora completamente normal.

También le pedí que me hiciera análisis para eso.

Ahora tengo la habilidad de ser el padre de los hijos de Bella; aunque no estoy ni de cerca listo para ese salto de fe.

En este momento es suficiente necesitarla a mi lado todos los días a través de la odisea que es aprender a ser humano.

Y es una odisea. Estoy batallando. Batallando tanto que me preocupa causarle a Bella más estrés y ansiedad de la que puede manejar. Aunque en su mayoría ella es increíblemente comprensiva y solidaria con el ajuste por el que estoy pasando. Aun así me las arreglo para meter la pata y molestarla.

Lo peor fue en mi último cumpleaños. Apenas tenía poco más de ocho meses siendo humano y Bella, igual que mis padres, creyeron que sería relativamente seguro que me aventurara a salir en público.

Con la farsa de ser una pareja "normal" de veintipocos años, Bella y yo fuimos a un club de mala muerte. Pasó por accidente. Estábamos pasando por ahí después de la cena cuando el cadenero, mirando lascivamente a mi esposa, y más al escuchar su acento inglés, nos invitó a entrar. Y Bella, que había estado confinada dentro de las paredes de un convento durante toda su vida, se sintió intrigada de inmediato.

Yo no estaba tan convencido en la idea, y eso aumentó cuando entramos. Era tan ruidoso y estaba hasta el tope de cuerpos borrachos que al instante me pusieron incómodo.

Después de unos cuantos minutos en los que Bella se vio empujada constantemente y con gente chocando con ella, alzó la vista a mí y sus ojos me suplicaban en silencio. Ella tampoco se quería quedar.

—Ven. Vámonos —murmuré y pasando un brazo protector sobre sus hombros, la giré en dirección a la salida. Fue entonces cuando nos topamos con una chica de su clase y saliéndose por debajo de mí, Bella la abrazó con un abierto entusiasmo.

—Esta es Alice —me presentó a su amiga.

Sonreí torpemente. Esta pequeña y huesuda chica me estaba viendo, entrecerró los ojos con lo que parecía ser sospecha.

—Gusto en conocerte, Alice.

—Este es mi esposo Edward —añadió Bella, agarrando mis dedos.

Alice sonrió y su aparente recelo desapareció momentáneamente de su expresión.

—Así que tú eres el famoso Edward. Esperaba que también fueras británico.

—No —comencé y Bella intervino rápidamente explicando el inusual comportamiento de su amiga.

—Alice recuerda haberte visto en las noticias cuando estabas perdido en Australia.

—Oh, sí… —murmuré.

—No te pareces nada a tu foto —admitió la chica de cabello negro, sus ojos volvieron a llenarse de cinismo.

—No, es muchísimo más apuesto —Bella la desvió a prisa del tema, provocando que una sonrisa impulsiva se formara en mi rostro.

Alice sonrió poniendo los ojos en blanco antes de preguntar:

—¿Ya se van?

—Así es. Está muy lleno —explicó Bella.

—No, no se vayan. Quédense por un trago —insistió, se giró hacia la multitud de fiesteros y le hizo una seña a alguien.

Ese alguien se acercó un par de momentos después.

—Hola —arrastró las palabras y pasó un lánguido brazo sobre Alice.

—Jasper, estos son Bella y Edward —Alice hizo la presentación.

—Amigo —extendió su brazo con la mano en puño mostrando varios anillos góticos de plata y su esmalte negro.

Me quede viéndolo, no tenía ni idea de cómo responder, fue entonces cuando Jasper retiró la mano con una sonrisita muy mal escondida.

—¿Qué estudias, Ed?

—Pre medicina —respondí, girándome hacia Bella—. ¿Segura que te quieres quedar? —pregunté, deseando poder persuadirla mentalmente, o a estos dos humanos de aspecto mugriento frente a nosotros.

—¿Cinco minutos? —me pidió y podía ver en sus ojos que intentaba ser amable.

Suspiré por lo bajo, logré esbozar media sonrisa.

—Bien.

—Es el cumpleaños de Edward —anunció Bella de repente, no tenía idea de por qué.

—Oh, feliz cumpleaños —comentó Alice sin darle importancia.

—Gracias —respondí incómodo.

—¿Cuántos? —preguntó Jasper.

—Veintidós.

Alzó las cejas, como si lo que fuera que estuviera pensando le pareciera gracioso. Lo cual me informó un momento después.

—¿Veintidós y ya están casados? ¿Fue por obligación? —Me guiñó mientras que su mirada bajaba al estómago de Bella.

—¡No! —insistió Bella, sonaba ofendida.

—¿Por la nacionalidad? —Este hombre con deficiencia mental decidió seguir indagando y sonrió para sí cuando respondí con un ceño fruncido.

—Porque es mi ángel guardián —fue la respuesta de Bella, pasó su brazo por mi cintura y se acurrucó en mi costado.

Alice gimió de forma exagerada antes de reírse y jalar con a Bella con ella hacia la pista de baile improvisada.

De inmediato avance un paso para seguirlas, no me gustaba la idea de Bella apretada entre tantos hombres intoxicados, pero Jasper me jaló en dirección contraria.

—Vamos, amigo. Te compraré un trago de cumpleaños.

Permití que este humano de aspecto desaliñado me guiara mientras seguía buscando a Bella entre la multitud.

—Emmett, ¡este es Edward! —le gritó Jasper a un barman musculoso y enorme después de tomar asiento en la barra—. Es su cumpleaños, dos shots de tequila.

Emmett giró su vista hacia mí, su sonrisa creció de forma cínica.

—Claro que sí. ¿Tienes una identificación, niño?

¿Niño?

Nunca me habían dicho "niño" y no lo interpretaba como un cumplido.

Frunciendo el ceño, agarré la cartera que tenía en el bolsillo trasero y saqué mi licencia de conducir.

El barman la miró, se la acercó para inspeccionarla y luego a mí, luego volvió a ver mi identificación varias veces; su sonrisa se volvió astuta.

—Buen intento, Edward, pero no hay forma de que este niño apuesto en la foto seas tú.

—¡Niño apuesto! —Jasper explotó de pronto en carcajadas; un sonido que parecía estarme arañando el cerebro.

Gemí parcialmente por lo bajo antes de sacar mi credencial de estudiante y entregársela. Había sido actualizada con una foto más reciente.

—Hombre, ¿qué te pasó? —Emmett se rio después de comparar ambas identificaciones durante varios segundos.

—Supongo que es la iluminación —murmuré.

—Bueno, ya que no decías mierdas —sirvió un vaso lleno de líquido cristalino y lo puso frente a mí junto con un salero y una rodaja de limón— este va por cuenta de la casa. Feliz cumpleaños.

—Gracias —respondí, me lo llevé a los labios y me detuve. Tenía el olor metálico del alcohol.

—Hasta el fondo, Ed —Jasper brindó conmigo, topando su vaso con el mío y provocando que el liquido se derramara sobre la orilla y por mis dedos.

Lo miré vaciar el contenido del shot de cristal en un trago, luego chupó la pequeña rodaja de limón.

—¡Wooo! —dijo de forma torpe con una sonrisa idiota, sus ojos se nublaron, luego hizo lo mismo con el segundo vaso de cristal que tenía enfrente—. Amigo, ¿qué estás esperando? —me palmeó la espalda, causando que más alcohol cayera por mi mano.

Respirando de forma irritada y obligándolo a pasar por mi nariz, me giré hacia él. Era un hombrecito increíblemente molesto y tuve que luchar contra el impulso de tirarlo del taburete. Enseñaba los dientes, tenía el cabello sucio y una sonrisa torcida muy forzada en la cara. No podía leer su mente, pero no era difícil de adivinar; lleno de confianza y delirios.

Aun así no me gustaba la forma burlona en que me sonreía, y sin vacilar más, me eché el alcohol a la boca y tragué de golpe.

Casi morí.

El liquido bajo ardiendo por mi garganta y entró a mi estómago como si fuera fuego, haciéndome toser y escupir violentamente.

Naturalmente, Jasper encontró muy cómico el verme en agonía; aunque si me ponía un solo dedo encima otra vez se lo habría arrancado con el anillo intacto y se lo habría metido por la garganta.

No lo hizo, lo que hizo fue sacar otro shot de alcohol.

—Prueba esto. Es vodka. No es tan corrosivo. —Me guiñó.

—No lo quiero —insistí abruptamente, antes de girarme al otro lado para buscar a Bella.

—Amigo, vamos. Bajará con más facilidad. Te lo prometo. —Me volvió a guiñar.

¿Por qué? No tengo idea. Probablemente tenía algo que ver con esos delirios que sin duda estaban pasando por su mente – que empezaba a agradecer no poder leer.

Con un bufido, acepté el vaso que me ofrecía y lo empujé hacia atrás para mantener la distancia entre nosotros.

—Bien, uno más.

Casi vomité, pero no estaba mintiendo. Era más fácil de ingerir que el primero, pero no por mucho.

—Bien, tengo que encontrar a mi esposa —insistí, me di la vuelta sobre el taburete y me abrí camino entre la multitud, me sentía ligeramente desequilibrado en mis pies.

Ese humano molesto estaba a mí lado, me puso una botella de cerveza en la mano al seguirme.

Le di un trago solo por irritación. No podía ver a Bella entre la multitud de personas, y un conocido sentido de pánico empezó a alzarse en mi pecho.

—¡¿Dónde está?! —exclamé, me giré y me encontré viendo los opacos ojos rojos de Jasper.

—Amigo… —alzó ambas manos frente a mí, una sostenía su cerveza—. Está con Alley. ¿Ves? —Se giró y señaló entre la multitud.

Seguí su mirada, apenas podía distinguir a Bella; estaba parada con aspecto incómodo y torpe mientras su pequeña amiga bailaba provocadoramente a su alrededor.

Luego, como si sintiera mi mirada en ella, giró la cabeza. Sus ojos se clavaron al instante en los míos al mismo tiempo que una enorme sonrisa le iluminaba la cara.

Le regresé la sonrisa involuntariamente solo para que Jasper me codeara, burlándose.

—Amigo, ¿en serio? Ambos son nauseabundos.

Me giré de golpe hacia él, mi paciencia se estaba acabando.

—Si me vuelves a tocar, ¡te enviaré de regreso al maldito pozo!

Sus ojos se iluminaron justo antes de otro ataque de esa desquiciante risa.

—¿Me enviarás a dónde?

Maldita sea.

—Olvídalo —gruñí, empujé a través de la pista de baile y agarré el codo de Bella—. Cariño, ¿quieres irte? —Se lo dije con un poco más de desesperación en mi voz.

—Aww, ¿te dice "cariño"? ¡Es como el señor Darcy! —exclamó la niña de cabello negro, y detrás de mí escuché al idiota de su novio responder otra vez riéndose.

—Santo Dios. Mátame —murmuré.

Una sonrisa misteriosa tiró de las comisuras de los labios de Bella, asintió y deslizó su mano en la mía.

—Bien, vámonos. —Se paró de puntillas y murmuró sobre mi lóbulo—: De todas formas, podemos divertirnos más en casa. —Luego, plantando brevemente sus labios en un costado de mi cuello ardiente, se giró para ver a Alice—. Ya nos vamos a casa.

—Noooo —protestó el duende fastidioso, agarrando ambas manos de Bella y jalándola a su lado—. Diez minutos más. ¡Lo prometo

—Y-Yo… —tartamudeó Bella, girando sus ojos a mí, se veía indecisa.

Cediendo con un suspiro, alcé la mano con los dedos estirados para indicar cinco minutos más, justo entonces Jasper me quitó la cerveza de la mano y la reemplazó con otro shot.

—Amigo, eres demasiado mojigato para tener veintidós —se inclinó más cerca de mí, prácticamente me estaba gritando al oído y su aliento estaba barriendo sobre mi piel.

Me encogí de inmediato, lo aparté de mí de un empujón y, en un momento de irritación, me tomé el shot de un trago.

—¿Entiendes el concepto de espacio personal? —exclamé, hice una mueca por la sensación retrasada del líquido caliente ardiendo por mi garganta.

Solo se rio, y alzó otra vez sus manos con las palmas frente a mí.

No recuerdo mucho después de ese momento; solo que mi visión empezó a ponerse borrosa y el mundo empezó a ladearse.

Había bebido alcohol en el pasado, pero siendo mitad ángel mi cuerpo lo metabolizaba antes de que pudiera ponerme borracho. Tal vez creí que eso todavía aplicaría. No estoy seguro. No sé cuánto bebí después, o qué tan borracho me puse.

Mis recuerdos empiezan otra vez cuando mi padre me estaba llevando a rastras hacia el carro. Junto a él Bella estaba llorando. Podía escucharla más de lo que podía verla, e intenté mirar a mi alrededor para encontrarla, pero no pude. Sentía la cabeza pesada y confusa, y por mucho que lo intenté no pude lograr que mis pensamientos tuvieran un poco de coherencia.

—¿Bel… la? —intenté decir, pero en mi bruma diferida salió tartamudeado de mis labios. No reconocía mi propia voz.

—Lo siento, Edward —sollozó Bella, sonaba tan angustiada que mi cabeza se alzó de golpe automáticamente al intentar localizarla.

—E-Essstá bi…en, n-ne…na. —Mis palabras se arrastraban y aunque lo intentaba no podía formar nada inteligible—. ¿E-Estoy m-mu-murien…do?

—Pronto te sentirás así —la voz de mi padre penetró mis pensamientos, serena y seria; algo típico de él.

No tenía ni idea de lo verdaderas que resultarían ser sus palabras.

Pasé la noche en el baño vomitando; vomité tanto hasta que no quedó nada en mi estómago. Pero aun así seguía teniendo arcadas, hasta que dolía tanto que prácticamente estaba sollozando a causa del dolor.

Bella estuvo conmigo al igual que mi madre, pero estaba tan avergonzado que no podía soportarlo. Mi piel se arrastraba ante la mera idea de ellas dos viéndome así. Les grité que se fueran en repetidas ocasiones, sonaba completamente irracional, hasta que solo mi padre permanecía, pero la tortura en la que estaba envuelto todavía continuaba.

—Oh Dios, papá, ¡mátame! —recuerdo haber exclamado en algún momento de la noche mientras luchaba contra otro ataque de náuseas—. El baño da vueltas…

Eventualmente perdí la consciencia y desperté en la mañana, medio desnudo, sobre los helados azulejos del piso del baño. Tenía una toalla enrollada debajo del cuello y Bella recostada sobre mi pecho desnudo.

—B-Bella… —hablé débilmente, mi voz sonaba tan ronca y rasposa que apenas podía hacerla audible. Tragué con fuerza y me humedecí los labios secos, justo entonces me hice consciente de lo mucho que me dolía todo el cuerpo. Gemí suavemente, cerrando los ojos por un momento contra todo eso.

Bella se removió, levantó lentamente la cabeza y clavó su mirada en la mía. Sus ojos estaban enormes y sumidos en tanto dolor que las lágrimas se derramaron y cayeron por su cara sonrojada e hinchada.

—Lo siento, Edward —sollozó mientras que las lágrimas seguían cayendo en ríos por sus delicadas mejillas—. Y-Yo debí haberte cuidado mejor.

—¿Cuidarme? —repetí, sintiendo una sonrisa crecer en mi rostro a pesar de mi infernal condición—. Bella, yo fui creado para cuidarte a ti —le recordé, mi voz sonaba desesperanzadoramente rústica y con cada palabra que decía captaba las horribles secuelas del sabor metálico del alcohol.

—Ya no —insistió, inhalando sus lagrimas y sacudiendo la cabeza de un lado a otro simultáneamente—. Ahora nos cuidamos el uno al otro, y te fallé.

—Oye —dije con gentileza en un intento por calmarla, alcé la mano para acunar su cara y fue cuando noté la intravenosa insertada en mi arteria radial—. ¿Para qué es esto? —fruncí el ceño.

Limpiándose torpemente los ojos, Bella se levantó con cuidado de mí.

—Tu padre te hidrató anoche.

Cerré los ojos otra vez, gimiendo suavemente y tapándome la cara con ambas palmas, e hice una mueca. Había un dolor ardiendo alrededor de mi ceja derecha y toqué con cuidado mi piel con la punta de mis dedos; pasándolos sobre varias puntadas.

—¿Qué sucedió? —pregunté resignado.

—Te pusiste borracho, muy borracho, y aventaste a Jasper al otro lado del lugar. Quiero decir, literalmente lo aventaste al otro lado del lugar. Dos guardias acudieron a echarte, pero luchaste contra ellos. Pensé que eras humano, Edward. ¿Cómo pudiste…? —lo dejó inconcluso, sus ojos se inundaron con confusión mientras permanecían fijos en los míos.

—Oh, demonios… —murmuré, intentando inútilmente recordar los eventos de los que ella hablaba, pero no podía. Aunque sí recordaba al hombrecito molesto Jasper—. Oye… —la obligué a encontrar mi mirada, agarré su mano y la jalé a mis brazos—. Lo siento mucho, cariño. Nada de esto fue tu culpa.

Ella se volvió a desmoronar con lágrimas nuevas cayéndole por la cara y sobre mi pecho.

—Sí lo fue, Edward. Todavía estás intentando ajustarte, y sabía que no querías estar ahí. Te quedaste por mí.

—Oye. Escúchame —presioné, alzándome torpemente hasta quedar en una incómoda posición sentado. Mi estómago se revolvió de inmediato y sintiéndome de pronto mareado, me recargué en la orilla de la tina—. Bella… —mi voz se suavizó, y estiré la mano, alzando su mentón para obligarla a verme—. Mis acciones son mías, no tuyas. No eres responsable de cómo me comporto, ¿de acuerdo? Todo esto queda en mí.

Solo negó con la cabeza, tercamente insistente. La jalé a mis brazos, usándola para anclarme de los efectos continuos que el alcohol tenía en mi torrente sanguíneo. Su cálido cuerpo fue una cómoda distracción y después de varios minutos sentí la confianza suficiente para poder caminar.

La bolsa de solución salina que estaba alimentando mi intravenosa estaba vacía y después de quitármela, me puse de pie temblorosamente. Tuve que apoyarme en Bella para que me mantuviera de pie más de lo que me sentía cómodo, y juntos avanzamos a trompicones torpemente hacia nuestra habitación.

Dormí todo el día, ambos dormimos, y cuando me desperté fue más la vergüenza que la autocompasión lo que estimuló mi convicción. Tomé la decisión de que debía reponerme de una vez por todas y nunca, jamás, podía hacer pasar a Bella o a mi mamá otra noche como la anterior.

Días después, mi padre tuvo una tranquila charla conmigo, advirtiéndome de que debía mantener mi fuerza escondida y bajo control.

—Hijo, eres muchísimo más fuerte que un hombre promedio. Pudiste haber matado a alguien la otra noche. Tienes que mantenerte disciplinado y no permitirte perder el control otra vez. —Y por primera vez en mi vida, vi el miedo y la carga de lo que soy reflejado en la seria mirada de mi padre.

Dejé caer la cabeza, mis ojos cayeron al piso alfombrado de mi habitación, dónde él estaba sentado junto a mí en la cama. Una profunda sensación de vergüenza se filtró a través de mí y durante varios minutos no pude encontrarme con su mirada.

—Lo siento —murmuré.

—Lo sé —respondió, puso su mano en mi hombro y le dio un apretón—. Tardarás un poco más en adaptarte, pero tengo fe en ti, Edward. Siempre nos has enorgullecido.

—Nunca volverá a pasar, y créeme que nunca volveré a beber —juré, mi voz estaba llena de convicción. Ni siquiera podía soportar la idea del alcohol, mucho menos pensar en volver a tomarlo.

Sonrió y cierto elemento de esto se vio empapado con diversión.

—Nos sucede a los mejores, hijo, pero tú eres… único. Debes tener más cuidado.

—Sí… —reconocí. No tenía idea de qué clase de daño les había causado a los guardias, o incluso a ese irritante humano Jasper, pero a juzgar por el estado amoratado y golpeado de mis manos, no podía ser nada bueno.

Mi padre sonrió con recelo en esta ocasión antes de ponerse de pie y salir de la habitación.

Ese fue el punto de quiebre para mí. Sabía que tenía que controlarme y unirme a la raza humana. Unirme de verdad, porque si Bella podía ser humana durante miles de años, no había excusa para mí y ese era el único lugar en el que quería estar.

Ahora sé que mi humanidad es un regalo; un regalo que me niego a desperdiciar. Quiero tener éxito, por Bella y por mis padres, pero también por mí. Quiero demostrarme que soy más que solo un ex ángel deshonrado que fue exiliado del Cielo. Que siempre he estado destinado a ser más, a ser humano, a estar con Bella.

Unos días después regresé al club con mi padre para disculparme por mis acciones. Mi padre se ofreció a pagar los gatos médicos de los cuatro guardias que se vieron involucrados al igual que pagar por cualquier daño que yo hubiera causado.

Me paré junto a él, sintiéndome como un niño, pero mantuve mi humildad intacta.

El gerente del bar, un hombre calvo de mediana edad, lleno de tatuajes y unos abultados músculos, me miró con sospecha.

—¿Te gusta la botella, hijo? —preguntó eventualmente.

—¿P-Perdón? —respondí tontamente, después de varios momentos de intentar inútilmente buscar sus pensamientos para saber a qué se refería.

—No, no es así —respondió mi padre por mí—. Fue la primera vez que se puso borracho. Creo que fue más la adrenalina que otra cosa.

—Pues lo que sea que fuera, no quiero ver tu trasero flacucho otra vez aquí, ¿me entendiste? ¡Ni cuando aprendas a manejar tus bebidas, ni jamás! —Se puso de pie flexionando los bíceps al hacerlo y no llegaba más allá de mi mentón.

Sabía que pretendía intimidarme, pero necesité de todas mis fuerzas para no bufar. Mi padre, consciente de ello, le dio un apretón a la mano del hombre, le agradeció una vez más por su comprensión y rápidamente me llevó afuera.

—Súbete al carro, Edward —me indicó, sonaba exasperado; aunque no podía esconder por completo la sonrisa que tiraba de sus labios.

»Santo cielo… —murmuró cinco minutos después cuando ya nos dirigíamos a casa, soltando una carcajada.

Mi padre también me sugirió contactar a Jasper para disculparme con él. Lo pensé durante un par de días, fue entonces cuando el molesto humano me contactó – un sábado a las tres de la mañana.

El sonido de mi alerta de mensajes me despertó y medio borracho a causa del sueño estiré la mano a ciegas y agarré mi teléfono; lo miré con confusión durante varios segundos.

Hola, Ed. Quería disculparme por haber sido un dolor de culo la otra noche y hacerte enojar. ¿Qué eres? ¿Hulk?

La coherencia tardó un momento en activarse antes de comprender quién era y sintiéndome irritado al instante, respondí:

¿Siempre contactas a la gente en medio de la noche?

Me respondió medio minuto después:

Lo siento, hombre. No sabía que era tan tarde. ¿Quieres salir un rato el próximo fin de semana?

¡NO! Respondí, casi lo grité en voz alta mientras mis dedos lo tecleaban.

Genial, le diré a Alley que organicé algo con tu señora.

—Elohim mzyynn yishemor [Jesus fucking Christ] —murmuré impulsivamente sin pensar en lo que había dicho antes de aventar el teléfono al piso.

Era hebreo, uno de los pocos lenguajes que todavía podía hablar con fluidez.

Unas semanas después de casarnos mi padre consiguió varios documentos de identificación para Bella, incluyendo su certificado de nacimiento. Pudimos rastrear a su padre biológico, un jefe de policía de Washington al que las bestias mataron antes de que naciera Bella. Ya que ambos padres de Bella habían sido ciudadanos americanos, no fue difícil conseguirle un acta de nacimiento y una licencia de conducir. Mi padre también le pidió a la Madre Superiora del convento que le transfiriera el diploma de preparatoria de Bella.

Los resultados de preparatoria en Reino Unido eran casi el equivalente de una puntuación perfecta de exámenes finales aquí. Me sentí tremendamente impresionado por ella, incluso cuando le quitó importancia; me recordó que podía hacer muy pocas cosas en el convento aparte de estudiar.

Realísticamente pudo haber elegido cualquier universidad en el país, pero eligió una licenciatura en educación en el Central Connecticut State. Una noche después de haber aplicado y haber sido aceptada me confesó que siempre había querido ser maestra.

La verdad no quería que Bella tuviera que salir y tener un trabajo insignificante. Quería cuidarla. Sé que es una forma de pensar muy arcaica, pero sigue siendo algo que siento inherentemente; ese sentido de responsabilidad que siempre he tenido con ella, incluso más ahora que soy su esposo.

Aunque, cuando le confíe esto a mi madre varios meses después fue como si hubiera confesado algo completamente diferente.

—Querido, dime por favor que no pretendes mantener a esa pobre chica metida en la cocina. —Y aunque su tono estaba cubierto de sorpresa, sus ojos estaban llenos con una decepción silenciosa.

—No me refiero a eso —murmuré, apartando la mirada deliberadamente de la suya. Me molestó que mi madre pudiera tener una opinión tan baja de mí, aunque no estaba enteramente seguro de que no fuera eso a lo que me había referido.

Me habían cancelado las dos últimas clases del día, y solo estábamos nosotros en casa. Bella seguía en la escuela y a mi padre lo habían llamado del hospital por una emergencia.

Agarrándome la mano, mi madre me llevó a la mesa de la cocina y se sentó frente a mí.

—Cariño, Bella ha estado alejada del mundo durante toda su vida. Tienes que permitirle descubrir lo que quiere hacer, descubrir quién es —explicó con un grado muy evidente de tacto, apretó mi mano una vez más y la soltó.

—Lo sé… —cedí, me frustraba el nivel de inseguridad que constantemente me hacía cuestionarme mis propios instintos, mis razones—. Es que… n-no soy bueno en esto, y no quiero decepcionarla.

—Oh, querido. —Sonrió; fue gentil, pero inculcada con diversión—. A pesar de todo lo que ha pasado en los últimos meses, sigues siendo un esposo joven. No debes ser bueno en esto todavía. El matrimonio se trata de aprender y crecer juntos.

"Los últimos meses" es la forma en que mi madre se refiere a ese día. Algo de lo que nunca habla directamente. El día que perdió al hijo que conocía solo para ser remplazado por este bulto de humanidad frente a ella.

Le lancé una sonrisa de cariño y ella la correspondió de forma cálida antes de añadir:

»Además, no creo que Bella pueda sentirse decepcionada de ti.

—Me diría si fuera el caso, no te preocupes —admití, sonriendo con ironía para mí.

Mi madre se rio gentilmente, mostrándose de acuerdo.

—Sí, eso creo. Ella es increíblemente buena para ti, Edward. No se siente para nada intimidada por ti como se siente la mayoría de la gente.

—Como la mayoría de la gente se sentía —la corregí en voz baja.

—Como todavía se sienten —se mantiene—. Querido, todavía tienes esa misma expresión inquietante en el rostro, incluso ahora.

La miré durante varios segundos, todavía me parecía inquietante que su mente ahora estuviera cerrada ante mí. Los pensamientos de mi madre siempre fueron reconfortantes; me recordaban constantemente del increíble amor que tenía por mi padre y por mí.

Al crecer muchas veces me pregunté por qué mis padres no se decepcionaron al tener un hijo tan singular, pero antes de que semejante pesimismo pudiera posarse en mí, la mente tierna y responsiva de mi madre acallaban mis jóvenes temores.

Su sonrisa creció en tamaño y ternura.

—¿Qué…? —me indicó.

—Lamento haber sido un niño tan distante y sin emociones. No pretendía serlo —solté a modo de disculpa.

No… —su tono fue gentil, pero insistente—. Cariño, no fuiste distante. Quiero decir, desde muy temprana edad nos enteramos de lo inteligente que eras, así que nunca esperamos que fueras "normal". —Hizo las comillas en el aire con sus dedos—. Eras estoico y muy serio, pero también muy dulce. Muchas veces te atrapaba sonriéndome, luego te sonrojabas y apartabas rápidamente la mirada, y no sonreías muy seguido. Tu padre y yo nos sentíamos agradecidos por tenerte. —Estirando el brazo, volvió a tomar mi mano en la suya—. Ahora te atrapo sonriéndole de la misma manera a bella.

—¿De la misma manera? —cuestioné ligeramente, alzando una ceja dudosa.

Se rio.

—Bien, no enteramente de la misma manera.

—Me hace muy feliz que papá y tú hayan acogido a Bella. Significa mucho para mí —admití seriamente.

Habían sido increíblemente complacientes considerando que había regresado de la muerte, trayendo a una chica extraña conmigo para casarme con ella menos de una semana después.

Le quitó importancia con un gesto de mano.

—Querido, la adoramos. Es la jovencita más encantadora del mundo y cada día te trae un poco más a la vida. Eso es todo lo que siempre hemos querido para ti.

Solo sonreí, mis pensamientos se deslizaron inevitablemente hacia mi hermosa, joven y angelical esposa –que terminaría sus clases de la tarde en un par de horas– antes de que mi madre plantara sus manos en la mesa para ponerse de pie.

—Es mejor que empiece a preparar la cena. ¿Tocarías algo para mí en el piano? Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que te escuché tocar.

—Bien —la complací, me dirigí a la sala mientras mi madre se ocupaba tras la puerta del refrigerador.

Aunque mi memoria ha empezado a desvanecerse en lo que respecta a los miles de años que he vivido al igual que los múltiples lenguajes que alguna vez pude hablar con fluidez, todavía puedo tocar la mayoría de las piezas de piano de memoria. Aunque para algunas composiciones sí necesito la partitura, pero solo hasta que me vuelvo a familiarizar con ellas.

Toco para Bella la mayoría de las noches antes de dormir, también estoy intentando enseñarle lo básico; aunque no tiene paciencia para esto. Ella prefiere escucharme tocar y muchas veces la música la arrulla hasta dormir; incluso cuando le toco algo oscuro e inquietante cuando me lo pide.

Es uno de los pocos paradigmas de mi antigua existencia que se vio transferido a mi vida humana sin ser alterado de forma tan irreconocible.

Durante las siguientes dos horas me quedo sentado en el piano en la sala de mis padres, entreteniendo a mi madre mientras ella prepara la cena. Toco un repertorio de música de banda sonora, sonrío para mí cuando mi madre dice en voz alta el nombre de cada canción. Aunque a veces no las puedes adivinar, usualmente eso termina en frustración antes de gritar:

—Me rindo, ¡ya dime!

—Gladiador —le digo, mirando el reloj sobre la chimenea—. ¡Maldición! —exclamo, ganándome un "Cariño, esa boca" de mi madre—. ¡Ya voy tarde! —exclamo frustrado, poniéndome en pie de un salto—. Voy por Bella —le explico rápidamente asomando la cabeza por la puerta de la cocina y agarrando las llaves de mi auto del gancho que está en la pared.

Aunque en alguna época podía saber por instinto qué hora era en cualquier momento del día o la noche, ahora tengo que revisar constantemente. Siempre voy tarde, y detesto obligar a Bella a esperar; aunque ella siempre lo toma de forma comprensiva y con buen humor.

Apenas está empezando a llover cuando me detengo en el estacionamiento del campus. Bella está esperando sola y al verme esboza de inmediato una sonrisa conocedora antes de correr hacia el carro con el viento en su cabello.

—Lo siento, cariño, no tengo excusa. Soy terrible con esto —murmuro, inundándome de culpa y vergüenza después de que ella salta dentro del asiento del copiloto.

Su sonrisa crece, eclipsando por completo sus mejillas sonrojadas y el hecho de que huele a lluvia.

Es tan hermosa. Todavía me sorprende, incluso ahora cuando solo puedo verla a través de unos ojos humanos tan poco adecuados.

—No seas tonto. Está bien —me asegura, deja caer su mochila entre sus pies y se inclina hacia mí para presionar suavemente sus labios sobre los míos, una y otra vez.

Antes de soltarla dejo caer mi nariz y labios sobre su cabeza, inhalando el aroma de su cabello por un momento. Ella es la única persona que puede hacer que todos los errores que cometo constantemente parezcan irrelevantes. De hecho, es tan buena sobre mis numerosos fallos como humano que empiezo a preguntarme si es que tiene paciencia angelical.

O si es que solo es demasiado buena para mí.

Sonriendo para mí, incapaz de esconderlo, aparto mis ojos de ella y enciendo la direccional para alejarme de la acera.

—¿Tienes hambre?

—Mucha —responde, se gira para ponerse el cinturón de seguridad; voltea sobre su hombro al hacerlo—. ¿Sabes lo extraño que es ver a dos ángeles sentados en el asiento trasero? —comenta, riéndose ligeramente para sí.

Acomodo el retrovisor para mirar hacia atrás. Naturalmente no hay nada ahí, un momento después Daniel se materializa en el aire y me sonríe. La bestia está prácticamente riéndose cuando vuelve a desvanecer frente a mis ojos.

—¡Daniel! —le reclama Bella—. Deja de molestarlo.

—Está bien. Conozco todos sus secretos. —Sonrío para mí, sacudiendo ligeramente la cabeza. Nathaniel, mi propio guardián, no se mostrará ante mí en forma humana; aunque tampoco se lo he pedido. Prefiero su presencia silenciosa antes que la de Daniel, que siempre se está burlando de mí. De hecho, todavía encuentro extraño pensar que requiero un ángel para empezar.

Bella lo ha descrito como alguien fuerte y callado, que pone los ojos en blanco constantemente y sacude mucho la cabeza. Al parecer, algo que yo hacía mucho cuando era su guardián, y ahora entiendo por qué.

La ironía es que me he convertido en lo mismo que solía creer que estaba por debajo de mi dignidad hasta que fui asignado a Bella. Sin embargo, la realidad es que, comparado a los humanos, los ángeles son los que son fundamentalmente imperfectos. Y aunque todavía no he entendido por completo lo básico de ser un humano, aun así elegiría este cuerpo tambaleante, torpe, frágil, de carne y sangre sobre la sublimidad perfecta de un miembro de la Orden Angelical.

Los ángeles no tienen concepto del amor como fue consagrado; nunca lo han tenido, y yo no era la excepción. Aunque me sentía profundamente atraído a Bella, siempre fue desde una postura de avaricia y egoísmo. No podía comprenderlo de otra manera. Incluso cuando me exiliaron y abandonaron, pasé toda mi continuidad luchando contra eso; obsesionado solo con regresar a casa y sin pensar en lo que la había condenado. Era tan increíblemente arrogante, y me negaba a reconocer ningún componente de mi humanidad. Y mientras rechazaba el ser humano, sus principios esenciales siguieron sintiéndose extraños para mí.

Luego la volví a encontrar.

En el momento en que reconecté con Isabella, la parte de mí que había negado por siglos se despertó. No solo empecé a pensar con mi corazón humano, sino que empecé a sentir a través de él, y me cegué a todo excepto por ella. Llegó con tanta facilidad y fue tan integral que empezó a comprometer mi razón. Incluso siendo mitad ángel empecé a tropezar, pero fue mi habilidad de amar a Bella, tan desinteresada e incondicionalmente –tan dispuesto a sacrificarme por ella– lo que finalmente me hizo distinguirme entre los ángeles.

Lo que me convirtió en humano junto con ella.

—¿Oye…? —digo suavemente, girándome hacia ella después de detenerme en un semáforo en rojo.

Se encuentra con mi mirada, alza las cejas mientras que una sonrisa vuelve a llenar de calidez su rostro.

—¿Qué pasa?

—Te amo.

~FIN~