Los personajes no me pertenecen, son de Rowling.

Imagen de la historia: only4sesshomaru, DeviantArt.

Esta historia se ubica al terminar el quinto libro de Harry Potter, desde el punto de vista de Ginny. Ya sé que es una pareja extraña, pero a mí me parece interesante.

Capítulo 1. Una extraña presencia.

Era un día de verano como otro cualquiera para Ginny, en esos momentos se encontraba en su habitación, tirada sobre su cama, con una pose relajada y expresión ausente, parecía encontrase muy cómoda en ese reducto de La Madriguera. El dormitorio de Ginny era pequeño, los muebles estaban deteriorados y eran más bien escasos, pero ella se las había ingeniado para dejar su personalidad impregnada en aquellas cuatro paredes decorándolas con sus posters favoritos. Sobre el escritorio se amontonaban algunos viejos libros, un pergamino escrito hasta la mitad sobre el que reposaba una pluma y al lado derecho de los pergaminos había un tintero. Ginny había intentado sin éxito hacer un trabajo que el simpático Profesor Snape les había puesto a los de su clase para verano.

Pero ciertamente Ginny no estaba para trabajos. Precisamente se estaba preguntando que sería lo próximo por lo que pasaría, porque estaba claro para ella que después del encontronazo con Voldemort y sus seguidores en el Ministerio de Magia, estos no se iban a quedar quietecitos en sus casas; más aún, ahora que toda la comunidad mágica estaba al corriente del regreso del Señor Tenebroso, éste ya no tenía ningún motivo para no hacer y deshacer lo que le diera la gana, cuando le diera la gana y como le diera la gana; siempre y cuando no estuviera Dumbledore para aguarle la fiesta.

Ginny también estaba preocupada por su familia ya que casi todos los miembros pertenecían a la Orden de Fénix, y en esta nueva etapa, la Orden ya no jugaría a los espías, sino que probablemente sería una guerra abierta contra los mortífagos. Además, Percy todavía no se había comunicado y aunque ella ya se había acostumbrado a la indiferencia de su hermano y la daba más o menos igual, no quería ver sufrir a sus padres.

Por si fuera poco, al año siguiente tendría los TIMOS y de ellos dependía su futuro laboral.

Y todo esto sin contar a Harry y todo lo que implicaba pensar en él, preocuparse por él…

Necesitaba urgentemente distraerse, tomar el aire e intentar pensar en positivo. Se incorporó de la cama, se puso unas deportivas y salió de su habitación hacia las escaleras. Ya en la cocina, se encontró a una Molly Weasley bastante atareada, varita en mano cocinando.

─Hola mamá ─saludó Ginny poniendo una voz inocente─, he estado pensando que como hace unos cuantos días que no vemos a Fred y a George, podíamos ir al callejón Diagón y así aprovechamos para comprar los libros.

─No Ginny ─respondió su madre tajantemente─. Sabes que no quiero ir de compras sin tu padre y me temo que hasta el fin de semana no tendrá un día libre. Además, esperaremos un par de días más hasta que llegue Harry para hacer las compras con él. Ahora más que nunca nos necesita y no podemos dejarle solo.

Ginny intuyó que aquello lo decía no sólo por el regreso de Voldemort, sino también por la pérdida reciente de Sirius, y lo importante que éste había sido para Harry.

─Así que… ¿Harry vendrá aquí dentro de unos días? Parece que Dumbledore está más espléndido que de costumbre, porque apenas han pasado dos semanas desde que tenemos vacaciones.

─Bueno, lo que sucede es que Dumbledore cree que Harry se encontrará mejor aquí que con los muggles después de todo lo que pasó en el Ministerio ─aclaró Molly─. Y la verdad, hija, es que no me extraña que lo piense porque esos tíos suyos son…

─De acuerdo mamá ─la atajó Ginny, que ya sabía lo que pasaba cada ver que alguien sacaba el tema de los tíos de Harry a relucir─. Voy a dar una vuelta por el jardín.

─No te alejes mucho jovencita ─advirtió su madre─. Y te quiero aquí puntual para la cena.

─Vale. Hasta luego mamá.

Acto seguido, cruzó la puerta que la llevaba hasta el jardín. Después de echarle un vistazo, pensó que en aquel lugar no encontraría la evasión que necesitaba porque lo tenían más visto que el tebeo. Además, el jardín estaba peor que de costumbre, completamente manga por hombro: el césped pedía a gritos un recorte, el agua estancada era escasa para todas las ranas que vivían allí y que croaban sin descanso, los árboles frutales no estaban frondosos en esa época del año y los gnomos estaban totalmente desmadrados. No, definitivamente ese no era el lugar para tomar un respiro, pero su madre no permitía que ni ella ni a Ron salieran de los límites de la Madriguera porque era, según ella, "demasiado arriesgado".

Bah ─dijo Ginny para sí misma─, no creo alejarse unos metros de casa sea más peligroso que ir volando en thestral desde Hogwarts hasta Londres al encuentro de Voldemort y de sus chalados secuaces. Total, vendré a la hora de la cena y nadie tendrá porqué saber nada, así todos contentos.

Y sin más cruzó el jardín y se internó en una especie de camino rural o sendero que conocía bien.

Estaba pensando que vería a Harry muy pronto y se preguntó por qué esa idea no la entusiasmaba como otras veces: en otros tiempos más tranquilos estaría contando las horas que faltaban para que Harry cruzara la puerta de la Madriguera. Se respondió a sí misma que esa falta de entusiasmo podría ser por todo lo que tenía en la cabeza. Además, ahora estaba con Dean, de modo que entraba dentro de lo normal que Harry ya no la atrajera tanto. Pero lo cierto es que tampoco Dean la atraía mucho; por ejemplo, se había comunicado más veces con Hermione que con su "novio"·

Cuando creyó que ya había caminado suficiente se sentó entre los matorrales y las flores silvestres, en una zona poblada de arbustos. A ella la parecía que el aroma del sotobosque se intensificaba al atardecer. Además, la puesta del sol era su momento del día preferido. Se tumbó disfrutando de todo eso y del tacto que tenía la hierba entre sus dedos, cerró los ojos y desconectó del mundo durante un tiempo que no supo determinar. Solo cuando el clima se volvió más fresco, incorporó la espalda hasta quedar sentada de nuevo, dispuesta a levantarse y volver a casa.

Pero algo cambió. Notó que el ambiente se enrarecía, era como si allí hubiese alguien más y estuviese observándola. Sacudió la cabeza y pensó: "¡Qué estupidez! Como si a alguien le interesara espiarme mientras estoy tirara aquí en medio de la nada".

De todas formas, cuando se levantó, aún flotaba en el aire aquella desagradable sensación que se percibe con el instinto, lo que la llevó a pensar con lógica que, si había alguien más, seguro que era inofensivo, de otro modo ya la habría atacado. Y no creía que los mortífagos tuvieran especial interés en ella. Además, ellos actuaban en grupo y allí no parecía haber ni siquiera una persona.

Escudriñó los arbustos en busca de no sabía exactamente qué y vio algo que la sobresaltó y puso todos sus sentidos en alerta: había sido como una especie de borrón negro, algo que, echándole imaginación, podría ser una capa negra en movimiento. Se apresuró a sacar su varita y caminar aprisa hacia el camino.

Ginny pensó que de un momento a otro el corazón se la saldría del pecho. Se asustó bastante porque estaba convencida de que allí había alguien más. Pero si no ese no era el modus operandi de los mortífagos, ¿quién sería? ¿Alguien del Ministerio? No, no parecía posible porque el individuo en cuestión se habría identificado sin más y no habría intentado matarla de un infarto de miocardio.

Ya en el camino estaba más tranquila, pero aun así se dirigía a su casa andando bastante deprisa. Hubiese salido corriendo a toda pastilla de buena gana, pero su orgullo Gryffindor la impedía quedar como una estúpida ante un completo desconocido. Giró la cabeza para ver mejor el lugar y se quedó petrificada. Se paró en seco, pues estaba contemplando una silueta de un individuo encapuchado que vestía una túnica negra.

El pánico la invadió. Estaba tan aterrorizada que las piernas no la respondían, el poco color que la quedaba se esfumó de su cara completamente, quiso gritar, pero ni siquiera pudo. Unos segundos después la figura desapareció y Ginny continuaba paralizada en el mismo sitio. Tardó un par de minutos en reaccionar y cuando lo hizo se fue corriendo a su casa como alma que lleva el diablo.

Al llegar al jardín se sentó bajo un árbol y acurrucó la cabeza entre sus piernas. Su primera idea fue contarles a sus padres lo sucedido, pero luego recapacitó al imaginarse la cara que pondría su padre y la bronca que la echaría su madre por salir de casa, además del interrogatorio al que la someterían. No merecía la pena, ella estaba bien y eso era lo que importaba.

Respiró hondo varias veces seguidas y pensó en quién podría ser el misterioso personaje. Ella ya había llegado a la conclusión de que alguien que acecha a la gente a escondidas, que viste de negro y que además va encapuchado, no podría ser nadie bueno.

"Pero los mortífagos no actúan así", pensó Ginny. Ellos iban en grupos, o por parejas como mínimo, el único que se movía solo a casi todas partes era Voldemort… Pero… ¡No! No podía ser él. Era imposible, porque Ginny pensaba que la hubiera matado en el acto. O, que si la quisiera viva para obtener información, la habría secuestrado sin mas ceremonias.

Y, ¿qué sentido tenía que Voldemort hubiera ido hasta allí para simplemente verla? Si Ginny hubiera estado en casa de Harry, quizá existiera alguna explicación para que estuviese merodeando cerca. No, no podía ser él. Y así, se convenció a sí misma.

Con ese pensamiento, intentó quitarle hierro al asunto. Pero el caso era que, si existía la posibilidad de que Voldemort estuviera acechando por ahí, debería decírselo a sus padres porque si no, estaba comprometiendo seriamente la seguridad de su familia y de Harry cuando llegara. Lo único que la tranquilizaba era que el Ministerio de Magia iba a poner todas las medidas de seguridad de que las que disponía para proteger la casa cuando Harry llegara. No obstante, no pudo evitar pensar que qué pasaría si Voldemort se animaba a actuar antes de que llegasen esas maravillosas medidas de seguridad.

Se hizo casi de noche cuando entró hecha un lío en la cocina. Estaba ausente, las escenas cotidianas que veía parecían una película. Ella se sentó a la mesa, su padre estaba leyendo un periódico y su madre ocupada sirviendo el estofado en los platos. Por lo visto, Ron todavía no había llegado, seguro que estaba donde siempre, en el cobertizo de las escobas abrillantándolas o algo por el estilo.

Ella, que estaba en su mundo, preguntó como una autómata a su padre:

─Hola papá, ¿qué tal el día?

─Ehhhh… ¿Qué dices hija? ─respondió el señor Weasley un poco distraído.

Ginny no se molestó en repetir la pregunta. Últimamente su padre estaba bastante atareado porque le habían ascendido, lo cual era bueno, por fin se valoraba su valía profesional además de que eso mejoraría la situación económica familiar, que no era precisamente óptima. Pero, por otro lado, el trabajo en el Ministerio prácticamente le absorbía y apenas tenía ratos libres para dedicarse a sus pasatiempos favoritos: desmontar chismes muggles y hechizarlos.

─Ginny, ¿por qué no me ayudas a…? ¡Ginny! ─exclamó Molly, alterada.

─¿Qué pasa mamá?

─¿Te pasa algo hija? ─preguntó su madre─. Estás pálida, ¿te encuentras bien?

Ginny se agarró a ese cable y dijo:

─No mamá, creo que he cogida algo de frío y no me encuentro muy bien.

─¡Arthur! ─exclamó Molly─. Ven aquí enseguida, Ginevra no se encuentra bien.

─¿Qué tienes hija? ─preguntó su padre, dejando a un lado el periódico─. No traes buena cara.

─Nada papá ─mintió Ginny─. Es solamente que me he quedado adormilada en el jardín y cogí frío, así que creo que iré a mi habitación para descansar.

─Bueno, pues si no quieres cenar, toma una taza de té caliente, para entrar en calor ─propuso su madre.

─No mamá, no me apetece nada, de verdad. Además, seguro que mañana me levanto muchísimo mejor. Buenas noches mamá, papá.

─Bueno cielo ─dijo Molly─. Descansa.

Ginny subió escaleras arriba, entró en su habitación y se tiró en la cama sin quitarse las zapatillas ni nada. Y es que no había parado de darle vueltas al tema "Voldemort in black".

Con la cabeza más fría, pensó que seguramente ni siquiera se trataba de él, porque no se habría quedado quieto simplemente, siempre buscaba algo cuando hacía cosas de ese tipo. Llegó a esa conclusión porque tras un mes de haber estado escuchando a escondidas las reuniones de la Orden, conocía más o menos el modo de proceder de los mortífagos.

Pero para tenerlo claro del todo, pensó que sería bueno que estuviera atenta esos días, saldría a vigilar los límites de La Madriguera sin alejarse mucho y varita en ristre, porque estaba claro que iba a alarmar a sus padres por una cosa que ella había creído ver. Aunque en el fondo, Ginny sabía muy bien lo que con certeza había visto.

─Genial ─dijo en voz alta─. Más preocupaciones en mi lista, y no es precisamente pequeña.

Se levantó para quitarse las zapatillas y no pudo evitar mirar por la ventana: nada, no había nada. Respiró aliviada y se metió en la cama con ropa incluida. Mañana sería otro día.

Fin del capítulo.