Capítulo 2
Máscaras
"A veces no te has preguntado, ¿Qué es amar de verdad?" —dijo ella.
Exorbitante la manera de andar con sus manos dentro de los bolsillos, como dueño del edificio, como dueño del lugar. Su mandíbula podría partirse en dos si continuaba juntándola de esa forma. Su ceño fruncido lograba apartar a quién sea que se cruzará en su camino, y es que él estaba de mal humor, de muy mal humor. A su alrededor se amontonaban las montañas de susurros malintencionados, esparcidos por los estudiantes de ese instituto, todos le juzgaban, todos le temían.
—¡Ichigo!
El de pelo naranja semi-volteó su cabeza en cuanto escuchó su nombre al aire, y al darse cuenta de quién se trataba; detuvo su andar. Ya era demasiado tarde para reaccionar de otra forma pues aquella persona ya había recargado su brazo entero por encima de los hombros del malhumorado hombre, atrayéndolo un poco más cerca para hablar más confiadamente. Kurosaki maldijo en su interior.
—Suéltame, Renji. — Advirtió mientras forcejeaba su mano sobre el brazo de su tatuado amigo.
—Veo que estás de mal humor...— Quitó su brazo para después tomar un poco de distancia, en su mandíbula se dibujó una inmensa sonrisa burlesca. —¿Día difícil con las porristas?
—Pfff, sabes bien que no me encargo de eso — Finalmente mostró una sonrisa llevadera, al menos su amigo sabía cómo aligerar su enojo de vez en cuando. —Solo tengo un fuerte dolor de cabeza.
—¿En serio?, ¿No has ido con Ishida? — Sugirió con una expresión y actitud más seria, adulta.
—Si si, ya fui, acabo de tomarme unas aspirinas que él me dio. — Mencionó con cierta molestia, con los ojos cerrados, frunciendo el ceño y revolviendo los mechones frontales de su cabellera en picos.
—Dale tiempo para que haga efecto. Quizás deberías descansar en la sala de maestros durante el almuerzo, suele estar vacía.
—Pretendía ir al almacén de gimnasia y tirarme sobre algún colchón viejo, pero...supongo que tu idea es mucho mejor.
—Cambiando de tema —Dijo el escarlata en lo que se cruzaba de brazos y mostraba una sonrisa llena de travesura. Ichigo solo lo miró de forma desconfiada.
—¿Qué?
—¿Vamos de tragos hoy?
—No lo sé, la última vez Rukia me asesinó por lo que le hice a la cama.
Entonces su amigo se llenó de carcajadas, haciendo que ambos se viesen como el centro de atención de aquel concurrido pasillo, a Ichigo parecía no incomodarle ni importarle en absoluto. Estaba acostumbrado a las manías de su mejor amigo y a la clase de situaciones en que solía meterlo.
—¿Le tienes miedo a Rukia, en serio?
—¿Qué dices?, ella es capaz de romperme los huesos.
—Si, tienes razón, pero no debes preocuparte, tengo coartada.
—¿De qué se trata?
—Qué ella nos va acompañar.
—¡¿Qué?!
—Piénsalo, no nos podrá hacer ni decir nada si ella está en las mismas condiciones que nosotros. —Explicó como si fuese una brillante idea. —No sé cómo no se me ocurrió antes, Je.
—¿Quizás...porque donde vamos a tomar es un cabaret?
—¿Y?
—¿Y...qué Rukia es tu esposa?
—JAJAJAJA, ¿Eres tonto o qué?, Rukia y yo; no somos de ese tipo de parejas. Nos tenemos demasiada confianza el uno al otro. Ella sabe bien que voy por el alcohol, no por verle el culo a otra mujer.
—Vaya, no sé qué pensar sobre eso.
—Entonces, ¿Vamos?, irá Grimmjow también.
Entonces Ichigo suspiró de forma pesada, pensando en ceder ante la invitación de su mejor amigo Abarai. —De acuerdo, pero no pienso beber demasiado, tenemos que impartir clases mañana.
—Perfecto, nos veremos después de la jornada.
—Ok.
12:50 P.M.
—Doo Doo, ¡BOOM!, Baa Baa, ¡Dalala!
Algo infantil por supuesto, pero es mejor serlo que caer en esos sentimientos de tristeza. La doncella de las horquillas celestes tarareaba en la soledad de aquel amplio jardín. Apartada de los demás grupos de estudiantes que solían realizar sus picnics en grupo, todos gozando de las delicias del almuerzo. En cambio ella, estaba sentada sobre la tierna grama semi-húmeda, disfrutando del manto fresco que le ofrecía las ramas frondosas de un enorme y viejo árbol Ginkgo, en esta estación del año sus hojas lucen de un color verde tierno vivo.
—Qué agradable está aquí...—Susurró ella mientras disfrutaba de las pequeñas corrientes de aire deslizándose por su cuerpo, incluso se lograron mecer algún que otro mechón de su larga cabellera naranja. A los pocos segundos cerró los ojos a la inmensidad de su tranquilidad.
—Vaya, miren chicas a quién tenemos aquí, a la dichosa princesa Inoue Orihime. —Habló una voz femenina con cierto tono burlesco. Fue entonces que la mencionada princesa salió de su trance con la desgracia de encontrarse con un grupo de mujeres que ella conocía muy bien. No dijo nada al respecto pero estaba más que claro que se sentía incómoda con la presencia de ellas, en especial de la azabache de coletas.
—La estás asustando, Loly. —Tomó la palabra otra más de ellas, con burla sonriente y sin dejar de ver a Orihime como si fuera un gusano que le gustaría aplastar. Su nombre es Menoly, un poco más alta y menos caucásica que Loly, sin olvidar que el color de su pelo era opuesto al de las coletas.
Ese grupo estaba compuesto por seis personas cuyos nombres responden por Loly, Menoly, Emilou, Cyan Sung, Franceska y la antes mencionada Riruka. Todas ellas tenían algo en común; un odio creciente por Inoue Orihime. ¿Por qué?, podría ser por celos o quizás envidia, debido a la increíble fama de su belleza que la doncella naranja tiene.
—Pfff, ¿y dónde está tu guardaespaldas?, No me digas que ya se dió cuenta que eres una perra con doble cara. JAJAJAJA — dijo Loly mientras invadía el espacio personal de su víctima.
—Parece ser que la excluyen de los demás grupos, es obvio que no tiene ni un solo amigo, pobrecita. — Mencionó Cyan de forma tranquila y sin cambios de tonos, como si fuera verdad lo que acababa de decir. Lo dijo con la sobra de sus mangas tapándole la boca, una costumbre muy notoria de ella cuando quiere opinar.
—Ja, es obvio que eso pasaría, después de todo es su culpa de que despidieran a Aizen-sensei. —dijo Menoly mientras las demás se reían sobre ese asunto.
—Así es, es tu culpa de que Aizen-sensei se fuera de este instituto, maldita zorra. — Esta vez Loly miraba con gran desprecio a Orihime, en cambio ella seguía mostrándose callada, y muy incómoda. Nunca le ha gustado pelear, jamás, sin importar lo que digan de ella. Y eso solo enfurecía más a Loly y sus seguidoras.
—¿Ya te enteraste de las nuevas noticias?, hay un nuevo profesor de Gimnasia. — Sus labios susurraban sobre el oído casto de la acosada, mientras la tomaba completamente de la quijada con fuerza. —Será mejor que te comportes o terminarán echando a ese profesor también.
—No lo sé, Loly, se dice que el nuevo profesor es un ogro, quizás sea el único que la ponga en su lugar. —Comentó Menoly.
—Si, tienes razón, después de todo ella no es la gran cosa. — La azabache soltó el rostro de Orihime mientras se ponía nuevamente en pie, y con una sonrisa bufona la miró. —¿No lo crees, Riruka?
—¡Ja!, esto es un desperdicio de tiempo. — respondió con los brazos cruzados, apartada de la agresión verbal que le hacían a su compañera de clases.
Obviamente a Loly no le gustó para nada su respuesta, y antes de que la pudiese confrontar, el grupo entero se bañó de una lluvia negra caliente, lo que ocasionó que todas chillaran de sorpresa. Sus uniformes blancos estaban llenos de salpicaduras cafés, y sus cabellos completamente apestosos por la sustancia que les acababa de caer.
—Mierda...—dijo Loly, notando que Orihime era la única que no estaba mojada. Todas ellas giraron su mirada hacia el lugar de donde vino aquella agua negra. Loly se mordió el labio inferior con enojo en cuanto miró de quién se trataba.
—¿Qué pasa?, ¿No se estaban riendo hace unos segundos?.
—Maldita, Tatsuki.
—Creo recordar haberles dicho que si se metían con Orihime, las iban a pagar muy caro. —dijo Arisawa con un termo plateado en su mano apuntando hacia ellas, estaba abierto, goteando el líquido que antes fue lanzado, de su interior también salía un poco de vapor. En su otra mano llevaba consigo una bolsa llena de bocadillos para almorzar.
—Ya nos íbamos. —Declinó Loly con molestía, indicandoles a sus seguidoras que era mejor marcharse. Ninguna tenía el valor de enfrentarse a Tatsuki, más sabiendo que es una experta prodigia del Karate. —Cuidate mucho, princesita.
Con la cabeza en alto a pesar de haber sido humilladas, caminaron en sentido contrario de la recién llegada, pasando al lado de la misma. Tatsuki ni se inmutó, se mantuvo firme con el semblante lleno de enojo, como león atravesando su camino entre las hienas, pero, en cuanto Riruka pasó cerca; la tomó del brazo y la miró cual basura.
—Finalmente muestras tu verdadera cara, es una lástima después de todo lo que hemos vivido las tres juntas, pero...— En ese momento su mano estrujó con fuerza el codo de Riruka provocando que ella emitiera un leve quejido. —Si te vuelves a acercar a Orihime, juro que te haré mucho daño. — Soltó el brazo de Riruka para después continuar con su camino, no le interesaba en lo más mínimo escuchar su respuesta, así qué la dejó ahí, parada. Orihime sonrió tenuemente al encontrarse con su mejor amiga, continuaba sentada sobre la grama, bajo la sombra de ese árbol. Tatsuki al mirar su sonrisa tan solo mostró una expresión llena de culpabilidad.
—Lo siento, no debí dejarte sola.
—No debes preocuparte, estoy bien, además...ya estoy acostumbrada a sus insultos.
—¡Claro que no está bien!, ¡Un día estarás sola y no podrás defenderte sin mí!
—Tatsuki-chan, tranquilízate, todo estará bien, ya verás que podré sobrevivir a este último año. — Y a pesar de haber dicho eso, y de mostrar siempre una espléndida sonrisa, tanto su labio inferior como sus manos temblaban. La azabache no pudo hacer más que mirarla con un poco de preocupación, más sabía bien que Orihime tenía un espíritu inquebrantable.
—Entonces, ¿Qué has comprado de comer?. —Ahora sus ojos grisáceos apuntaron hacia la bolsa que su amiga había traído consigo.
—Ah, compré Pan Yakisoba, también compré algunos Anpan, sandwiches de huevo...—Mientras Tatsuki miraba en el interior de la bolsa, verificando lo que había comprado. La cabeza de Orihime estaba llena de recuerdos dolorosos. Estaba cansada de los rumores, cansada de que la culparan de algo que no hizo, cansada de tener pesadillas con ese hombre al que una vez llamó sensei.
—¿Orihime?
—¿Si?
—¿Sucede algo?, no parece que me estés escuchando.
—¡No, no!, ¡Es solo que no sé por dónde empezar! —respondió enérgica, con una sonrisa enorme e infantil. Tenía que fingir. —¡¿Qué tal Pan Yakisoba con pasta de judías rojas?, O Quizás podría comer un sándwich de huevo con wasabi!
—Eso suena a una combinación muy terrible.
—¡¿Eh?!, ¡Pero si es delicioso!
Como ajena a esa escena, aquella joven de coletas y pasadores en forma de conejos; las miraba con cierta melancolía. Sin querer, recordó aquella época donde pertenecía a su pequeño grupo, donde todo era sonrisas, bromas y de alguna forma aventuras llenas de amistad genuina. Se acariciaba repetidamente el codo, teniendo en mente la advertencia que acababa de recibir de Tatsuki, un sentimiento de culpa y remordimiento la estaba consumiendo. ¿Realmente estaba tomando el camino correcto?
—¿Pasa algo, Riruka? —Escuchó la voz de Loly, por lo que dejó de acariciarse el brazo, y la miró con seriedad.
—Nada que deba importarte. — Dicho eso, tomó la decisión de marcharse, tenía que cambiarse de ropa antes de que volviesen a clases.
—Más te vale que no estés pensando en cambiar de opinión, después de todo esa zorra es quién…
—Lo sé, no es necesario que me lo recuerdes.
16:10 p.m
—Y con esto concluye la clase de Ciencias, por favor dejen sus cuadernos sobre mi escritorio, el encargado de hoy deberá llevarlo a la sala de profesores. —Anunció Renji mientras borraba el pizarrón, dándole la espalda a sus alumnos. Uno a uno fueron guardando sus cosas en sus mochilas, dejando únicamente sus cuadernos de ciencias sobre sus pupitres.
—Ah, y recuerden que es obligatorio que escojan un club, deporte, o algún tipo de clase extracurricular, si no se apresuran se terminarán los cupos para las mejores opciones.
—¡Si, sensei! —contestaron todos a la vez.
—Bien, hasta mañana.
En cuanto su profesor salió del salón, y deslizó la puerta, cada uno fueron poniéndose en pie, dejando sus cuadernos respectivos sobre el escritorio para después marcharse del lugar, algunos ya sabían a donde ir, otros aún no decidían qué club o deporte escoger, ninguno planeaba escoger clases extracurriculares. La chica de las hebras naranjas observaba distraída por la ventana, sin saber muy bien qué decisión tomar.
—¿Aún no sabes que escoger? —Dijo su amiga Tatsuki en lo que se acercaba a su escritorio, ella tenía su maletín tirado a su espalda sujetándolo desde el hombro con su mano derecha, como siempre suele cargarlo. Estaba lista para ir a la práctica de Karate. —Podrías venir conmigo, aún tenemos cupos.
—No creo que el Karate sea algo que vaya conmigo, Tatsuki-chan.
—¿Entonces planeas recibir clases extras?, ¿Como Álgebra avanzada y esas cosas?
—No, pensaba más en gastronomía.
—¿Gastronomía?, ¿En serio? — Expresó horrorizada de solo recordar los tipos de platillos que solía preparar su amiga.
—Si, pero siempre que quiero entrar me rechazan, el año pasado fue lo mismo. —mencionó entre pucheros, sin saber qué hacer.
—Vamos Orihime, hay muchos clubs y deportes en el instituto, alguno debería interesarte.
—Pero Tatsuki-chan, no soy tan atlética como para escoger deporte como electiva, me sentiría mal de que perdieran por mi culpa.
—¿Qué hay de los clubes?, Está el club de música
—Mi único talento con la música es tocar el triangulo.
—¿Club de Arte?
—Lo intenté…
—¿Y?
—Me rechazaron en cuanto vieron mi cuadro robótico con misiles saliendo del pecho.
—Ah...ya veo… — Arqueó un poco la comisura de su boca como si fingiera empatía, comprendiendo a la perfección el porqué fue denegada. —¿Club de Historia?
—Eso es como llevar una clase extra.
—Buen punto, ¿Qué tal el club de eventos sobrenaturales?
—¿Los cazafantasmas?
—Aja, ¿No te interesa?
—Sabes bien que no soporto las cosas que me dan miedo.
—Hmmmm, ¿El club de teatro?
—¡No, no, me daría mucha vergüenza estar en frente de toda la escuela y que se me olviden mis líneas en escena!— Negó nerviosa, interponiendo sus brazos en forma de equis para expresar su rechazo total ante esa sugerencia.
—Vaya que tienes un problema, a este paso terminarás en clases extras.
—Ya lo sé...— En ese momento dejó ir todo su cuerpo sobre su pupitre, escondiendo su cabeza entre sus brazos como si necesitará aislarse ante su problema, como avestruz que no quiere enfrentar la realidad.
—¡Orihime-chan!, ¡Mi Diosa Orihime! — Se escuchó con entusiasmo la voz de una femenina de pelo escarlata y de lentes cuyo color era de la misma tonalidad que su tinte, lista para el ataque, se lanzó directo hacia donde la joven de pelo naranja se encontraba sentada.
—Chizuru-san — Dijo Inoue sin inmutarse, viendo como su compañera volaba en el aire hacia ella, pero antes de que fuese atacada por la depredadora; su mejor amiga intervino para tajar a Chizuru desde el cuello de su camisa.
—¿Qué crees que haces, Chizuru? — dijo con molestía la azabache de ojos castaños.
—Nada, solo vine a saludar a mi diosa, ya que no pude almorzar con ella.
—Hablando de eso, ¿Dónde se habían metido?, ¿Dónde están Kunieda, Natsui y Michiru?, no las vimos durante toda la hora del almuerzo.
—Tuvimos que ayudar al sensei Abarai con unos papeles pero Michiru los dejó caer todos cuando entramos a la sala de profesores, desafortunadamente había un maestro ahí; y nos hizo ordenar todo.
—Vaya mala suerte, ¿Quién era ese profesor? — preguntó Tatsuki con cierta curiosidad sin dejar de ver burlonamente a su amiga de lentes.
—No sé quién era, al parecer es un profesor nuevo pero tiene una expresión que da bastante miedo.
—¿En serio?
—¡Si!, además de eso, tiene el pelo naranja como Orihime, no es hermoso como el de ella pero si tiene casi la misma tonalidad.
Orihime levantó la mirada con cierta sorpresa, y lo único que recordó en ese momento fue al hombre que había conocido ayer en su camino hacia el instituto, ¿podría ser la misma persona?, ¿sería él el nuevo profesor del que todos estaban hablando?, obviamente se estaba cuestionando en ese momento, pensando que talvez solo era una coincidencia lo que Chizuru acababa de contarles, pero también cayó en cuanto que era casi imposible que hubiese más de una persona como él, con el pelo naranja y desordenado, con un semblante rígido y enojado, y que además, él ayer estaba buscando el instituto de Karakura. ¿Podría ser qué con ese propósito buscaba el instituto?, ¿para presentarse en su primer día de trabajo? Orihime se mordió ligeramente el labio inferior como si estuviera armando un enorme rompecabezas.
—De casualidad...—Habló con un poco de inseguridad, provocando que sus amigas le prestaran toda la atención —¿Él vestía de gimnasia?
—¿Eh?, si, ¿porque lo preguntas?
—¡Ah, no es nada!, es solo que se lo escuché decir a Loly y sus amigas. —excusó nerviosa, ocultando la verdadera razón de su pregunta, puesto que aún no quería contarles sobre ese encuentro con ese sujeto, es más, ni siquiera estaba segura de que pudiese pasar algo más entre los dos, simplemente sintió un poco de interés debido a que compartían el mismo color de pelo, de alguna manera eso la hizo sentir normal y no como un fenómeno naranja.
—¡¿Loly?! —Chizuru preguntó alarmada sabiendo bien de lo que es capaz de hacer esa mujer rencorosa, después miró a Tatsuki con una mirada llena de inseguridades.
—Después te contaré, no hay nada de qué preocuparse, pude llegar a tiempo. — Explicó con tranquilidad para que la joven carmesí se calmara.
—Ya veo.
—Bien, debo irme a la práctica de Karate, nos vemos luego chicas. — dijo Arisawa mientras tomaba camino hacia la salida del salón.
—¡Nos vemos Tatsuki-chan, buena suerte con el entrenamiento! — dijo la doncella de las horquillas con una voz bastante animada, logrando sacar una sonrisa a su amiga.
—Yo también debo irme al club de fotografía — anunció Chizuru ahora que estaba sola con Orihime — ¿Tú ya escogiste un club, Orihime?
—Aún no, apenas es el segundo día y los cupos se están terminando. — expresó desanimada, liberando un suspiro lleno de tristeza.
—¿No hay ninguno que te llame la atención?
—Hay varios, pero me rechazan en cuanto hago la solicitud, creo que al final tendré que llevar clases extras.
—Oh vaya, eso es una pena...—En ese momento Chizuru acomodó sus lentes, como si intentará pensar en alguna solución. Hasta que miró por la ventana y observó a unos cuantos estudiantes jugando soccer. —Podrías ser representante de algún club de deporte.
—¿Representante? — Repitió Orihime con algo de curiosidad.
—Si, por lo general siempre hay un representante en cada club de deporte, se encargan de las rutinas de entrenamientos, de ordenar las canchas cuando terminan las prácticas, además de otras funciones que debería llevar a cabo el entrenador, es por así llamarlo como el asistente del profesor de gimnasia.
—Entiendo, suena interesante.
—Si, además dudo que puedan rechazarte, eres demasiado hermosa como para que lo hagan, seguramente se sentirán felices de que quieras estar en su grupo. —en ese momento Chizuru tomó las manos de Orihime; y con corazones entre sus ojos la elogió como su diosa.
—G-gracias, Chizuru-san. — expresó Inoue con algo de incomodidad.
—Bien, ahora si debo irme...—miró alarmada su reloj de muñeca, y con un meneo de mano se despidió de la doncella. — ¡Buena suerte con tu búsqueda!
—¡Cuidate, y de nuevo muchas gracias!
Un silencio profundo invadió el salón completo, incluso las personas encargadas de los cuadernos de ciencias ya se habían ido, Orihime estaba sola, sola de nuevo, y poco a poco su sonrisa se fue desvaneciendo, ya no tenía por qué fingir que estaba bien, así qué se acurrucó de nuevo sobre su pupitre; dejando descansar su cabeza sobre sus brazos cruzados, su mirada ahora estaba puesta en la ventana, la cual daba vista hacia las canchas de deporte, justo ahora los estudiantes del club de soccer estaban en su entrenamiento, y un poco más allá de ellos se encontraba el club de beisbol con sus prácticas de lanzamiento.
—¿Representante? — Mencionó en voz baja, considerando un poco la propuesta de su amiga Chizuru, después de todo no sonaba nada mal el puesto, incluso le gustó la idea de ayudar en algo a los equipos. —Me pregunto también...si podré saber un poco más de él. —admitió a penas, como si fuese un secreto que debía esconderse, pero cada vez que lo recordaba un sentimiento extraño se encendía sobre su pecho. Ella no sabia que pensar al respecto, nunca antes se había sentido tan...viva, si, viva de verdad, por una vez en mucho tiempo ya no sentía indiferencia hacia su entorno, por una vez en mucho tiempo...apareció algo que la hizo despertar emociones.
"Será mejor que te comportes o terminarán echando a ese profesor también." la voz de Loly retumbó dentro de sus pensamientos, el miedo de que la juzgaran nuevamente le preocupaba más que tomar clases extracurriculares. —Lo sabía, no podré hacerlo después de todo.
Y al no tener a donde ir, prefirió quedarse sola en el salón, adelantando la tarea que habían dejado ese día. Al menos podría llegar a casa sin ningún deber pendiente, llegar nada más a disfrutar de las novelas que emitían durante la noche y los show de entretenimiento, podía ver la televisión hasta que su depresión le permitiera irse a dormir. Para ser su segundo día de clases, las cosas parecían ir tomando su curso, solo qué...ella no lo sabía aún.
Continuará...
