Hola, hola, Luna de Acero reportándose.

Tercer y último capítulo de esta historia, dedicado para Rosa Mayfair, que la comisionó y gracias a su santa paciencia y espera, en unos días más voy a publicar un one shot muy divertido de esta pareja que me encantaaaaa!

Por cierto, tengo comisiones abiertas para los que deseen una historia a su medida, no tengan miedo de preguntar, besis!


Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son de Isayama Hajime, la historia si es de mi completa invención.

Advertencias: Muchas palabras altisonantes, insultos variopintos, agresiones verbales, lo que venía pasando en capítulos anteriores, sumado a un lemon lleno de fluff y también de descripciones explícitas porque así quisieron sus protagonistas, no es mi culpa. Enjoy!


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"El amor es un humo hecho con el vapor de los suspiros".

William Shakespeare

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¿Quién podría haber adivinado? ¿Quién podría haberse anticipado a esta nueva vida que estaba aconteciendo? De repente la noche eterna y fría en la que había vivido estaba desapareciendo, las colinas se llenaban de colores templados, el sol se volvía agradable, despertar con el corazón latiendo rápido, presuroso por seguir en este mundo.

Se estiró como un gato viejo y suspiró cuando los pulmones se le llenaron de ese delicioso aroma que empezaba a volverse más cotidiano, más ameno, el olor a pancakes caseros. En menos de cinco minutos estuvo en la cocina, bien peinado, afeitado y luciendo todo su esplendor varonil a tope. El pequeño dios estaba sosteniendo la sartén con una mano y con la otra un elemento de cocina para girar las tortitas calientes, no le importaba aprender nombres de cosas inútiles. Vestía esa consabida bata transparente y una remera larga color beige debajo.

El corazón de Kenny estaba al rojo vivo, después de años de haber permanecido en cautiverio, dentro de jaulas, murallas y baúles llenos de cerrojos y combinaciones imposibles de adivinar, estaba asomándose a un nuevo mundo, estaba aprendiendo a latir más fuerte, porque cerca de Uri, Kenny se transformaba, sus garras se volvían dedos que acariciaban, sus filosos dientes desaparecían y sus ojos negros y opacos tiritaban emocionados con la más mínima muestra de afecto.

Uri puso el plato con los pancakes calientes en el centro de la mesa, le sonrió con cariño al dueño del departamento, trajo la taza grande para Kenny y la mediana para él y finalmente se sentó al lado del más alto, esperando ver su reacción al probar su creación. No era un experto para cocinar, pero se esforzaba, aunque no importaba si la comida le salía como carbón, Kenny se lo tragaba todo sin rechistar. Pero Uri quería que disfrutara, se esforzaba e intentaba hacerlo cada día un poco mejor y estaba orgulloso de los pequeños logros que iba conquistando, y no era lo único de lo que se estaba adueñando.

Antes de probar el platillo, Kenny tomó una de las manos de Uri y observó una mancha rosácea sobre su dedo meñique, lo que le hizo fruncir el ceño.

—No es nada, no te preocupes —dijo Uri restándole importancia a la zona que se había quemado en un descuido donde había asentado sin querer la mano sobre el sartén caliente.

—Para ti cualquier cosa es nada, espera aquí —contestó de mala gana y fue a buscar el botiquín, porque ahora tenían uno.

En el pasado Kenny afrontó muchos enemigos, estuvo metidos en peleas y enfrentamientos, se ganó muchos enemigos. Una vez le dispararon en la pierna, lo apuñalaron en varias ocasiones, claro que gracias a sus rápidos reflejos nunca lo habían herido de gravedad y jamás se le ocurrió asistir a un hospital o ir a un médico para tratar sus heridas, pero bastaba que Uri tosiera que quería que lo examinara hasta el director de cirugía del Hospital Militar de la ciudad.

El joven suspiró y se dejó atender, Kenny le colocó una pomada para quemaduras

—Debes cuidarte mejor.

—Pero para cuidarme ya estás tú, ¿cierto?

—Mmm, pero si alguna vez no llego a estar tu deberías aprender —dijo serio mientras colocaba una bandita encima que tenía el dibujo de un perro pequeño, ¿desde cuándo las banditas venían con dibujos tan ridículos?

Pero luego miraba a Uri y esa luz que exudaba naturalmente (al menos a sus ojos) y… bueno, le quedaba bien. El pequeño dios sonrió y eso hizo que Kenny parpadeara, a veces se quedaba flotando a la deriva en sus pensamientos, como un robot al que se le iban acabando las pilas, mientras miraba y miraba a ese ser tan hermoso frente suyo.

—No me observes tan fijo, uno no es de piedra —susurró Uri, que era su forma de hablar, calma, queda, suave.

—¿Qué?

—Que si me miras así me da ganas de besarte, y no en la mejilla.

—Oh, ¿eso era todo lo que tenía que hacer? —redobló la apuesta sin dejar de clavar sus pupilas oscuras sobre la bonita figura del dios.

Uri se puso de pie, pero incluso de pie no era mucho más alto que Kenny que estaba sentado, se acercó al otro y tomó su cabeza entre sus manos, el matón estaba en shock, no es como si no se diera cuenta que esto iba a suceder tarde o temprano, pero como todo en su vida, no estaba listo para las cosas buenas, era más fácil afrontar las miserias, en cambio los milagros, la luz y su dios… nada podía ser adivinado. Cerró los ojos para disfrutar mejor, aunque apenas sintió el aleteo de un colibrí sobre su frente, así que tuvo que abrirlos de nuevo.

Uri sonrió con picardía, ¿lo había alborotado por nada? ¡No podía ser! Alguien tenía que ponerse los pantalones, así que por primera vez en ese nuevo tiempo que estaban viviendo juntos, Kenny decidió ser codicioso. Con una de sus grandes manos de oso lo tomó de la cintura para que no pudiera alejarse y con la otra capturó la suave barbilla blanca, apenas tuvo que presionar hacia abajo para lograr que la cabeza de Uri estuviera en el ángulo adecuado, perfecto, exacto para que sus labios pudieran unirse por primera vez.

Cualquier vestigio de pasión, deseo o experiencia anterior fue borrado por completo. Apenas sus bocas hicieron contacto fue igual que encender la mecha de una tonelada de dinamita. Kenny sintió como si una potente corriente de electricidad lo hubiera barrido de pies a cabeza y entonces aceptó que iba a necesitar de la presencia de Uri hasta el resto de sus días. Uri se sentó en su falda, parecía el lugar perfecto donde podía estar más cerca del pecho de ese hombre que lo había conquistado, la situación se volvía más íntima y los besos más fogosos mientras los pancakes se iban enfriando sobre la mesa.

La bata de Uri se deslizó dejando una de sus bonitas piernas a la vista y Kenny se animó a acariciar esa zona, la piel del dios comenzó a erizarse y guindó sus brazos del musculoso cuello para besar todo lo que estaba a su alcance.

—Parece que vamos a tener que, mmm, volver a la cama —susurró Uri con su dulce voz de sirena.

Kenny se puso de pie de inmediato, levantándolo estilo nupcial y sacándole una risita de sorpresa mezclada con alegría. Pateó la puerta del cuarto y lo tiró sobre la cama, se quitó el calzado y se colocó sobre él. Sin embargo, aunque tuviera todas las ganas de hacerle de todo, no dejaba de ser tan pequeño comparado con él, tuvo miedo de lastimarlo y se detuvo.

El rubio lo retuvo con sus manos para que no se alejara y lo besó de nuevo, seduciéndolo de esa dulce forma de la que era imposible escapar. Kenny parecía un lobo a punto de devorar un cordero. Avanzaba con cautela, le quitó la bata como si estuviera deshojando una flor y Uri sonrió divertido.

—No soy de cristal —indicó ante la atenta y seria mirada del otro.

Decidió ayudarlo un poco y comenzó a desprenderle la camisa, algo hermoso de tener intimidad en la mañana, y siendo un día tan radiante además, es que podía mirar mejor el cuerpo de ese hombre. Su pequeña boca besó sus pectorales definidos y con un poco de vello encima, sus manos recorrieron la extensión de su torso, deleitándose con esos músculos definidos y marcados, era un hombre maduro en todo su esplendor y eso le parecía muy atractivo.

Una vez con la bata fuera, Kenny dudó qué hacer, después de todo el joven solo tenía esa remera encima, quitársela sería ¿demasiado? Pero ante sus dudas, Uri se volvía pura decisión, y se acostó boca arriba solo para poder quitarse él mismo esa prenda molesta. El más alto se quedó mudo ante tanta belleza, la pálida, inmaculada piel de su dios que estaba desnudo de pies a cabeza, su cabello reposando sobre el colchón, los labios algo rosas por los besos y su pecho subiendo y bajando agitadamente, lo abrazó con fuerza, como si alguien fuera a arrebatárselo.

¿Qué era esa sensación? Como si se incendiara dentro suyo, el roce de sus cuerpos lo estremeció, Uri era cálido, hermoso, se sentía como un vil pecador profanando a una divinidad, una divinidad que estaba metiendo sus manos dentro de sus pantalones sin ningún tipo de pudor. Lo soltó y lo miró sorprendido.

El joven tomó una de sus enormes manos y la llevó hasta su pecho dejando que reposara ahí, lo miró, suplicándole con sus pupilas que lo siguiera tocando. El color de sus pieles contrastaba tanto, la de Kenny era ligeramente más oscura, con más pelos, con cicatrices y huellas de su pasado violento, mientras que la del joven era impoluta. Sus yemas eran ásperas y comenzó a moverlas sobre esa extensión lozana y suave, Uri se movía en espasmos sutiles a cada roce, sin dudas lo estaba disfrutando.

Hundió el dedo índice en el bonito ombligo, delimitando su redondez, se agachó para besar alrededor y ascender llenándose del perfume que expedía Uri, algo único, adictivo, intrigante, capturó una de sus tetillas y succionó a gusto. El joven arqueó su espalda sinuosamente y se aferró a la negra cabellera mientras gemía muy quedo.

Todo era nuevo, era fácil cuando el otro no le importaba demasiado, por lo general visitaba burdeles, no porque le fuera difícil conseguir un ligue, pero con las prostitutas no necesitaba cenas, perder el tiempo con coqueteos inútiles, iban al grano, ellas se portaban bien con él, descargaba su lívido y fin. Aquí no estaba seguro qué camino seguir, qué protocolo era necesario ser cumplido, qué harían después, no sabía nada, con toda su experiencia de vida frente a ese mágico hombrecillo se sentía una hoja en blanco, un primerizo experimentando cosas nuevas, un virgen en estas cuestiones de los sentimientos. Y sin embargo, bastaba mover un poco su mano, su boca que Uri se desarmaba, temblaba y le mostraba las expresiones más lindas que le hubiera conocido a un ser humano. ¿Qué mierda era esto?

—Tu piel es como porcelana —susurró con su voz cavernosa, y que le pegaran un tiro en las bolas que eso había sonado demasiado lindo para el lenguaje al que él estaba acostumbrado.

Uri sonrió complacido con el halago y se incorporó un poco apoyándose en sus codos para unir sus bocas, le encantaba besarlo, Kenny lo hacía lento pero al mismo tiempo de una manera que lo erotizaba. Juntaron sus lenguas y pudo saborear vestigios del café que habían bebido un rato antes. Aspiró con los dientes apretados cuando la boca del hombre le exploró el cuello, las clavículas, la forma de amar de Kenny era maravillosa.

No hacía ruido casi, aunque era evidente lo mucho que lo disfrutaba ya que estaba completamente erecto, Kenny miró la entrepierna de Uri, tenía poco vello, nunca había tocado el pene de otro tipo en su vida y cada vez que alguien insinuaba una escena así en su mente le parecía repulsivo, pero ahora, todo en Uri era hermoso, hasta su entrepierna. Sin muchos preámbulos lo sujetó con su mano, cubriéndolo por completo y lo masajeó lento, lejos de sentir rechazo le produjo una cálida sensación en el vientre que reforzó su propia excitación, el joven empujaba sus caderas hacia arriba para tener más fricción, apenas un suave gorgoteo nacía de su garganta, mientras cerraba los ojos y se retorcía de placer.

—Kenny, qui-quiero verte —pidió lastimeramente, mientras una de sus piernas frotaba sobre la cadera del más alto dando a entender que lo prefería sin pantalones.

Cualquier petición de su dios era una orden que debía ser cumplida de inmediato, y le dio con el gusto. Cuando volvió a la cama Uri no pudo evitar hacer un gesto de pura sorpresa y Kenny miró su entrepierna, bueno…

—Tú pediste que me desnude —dijo después de soltar un bufido.

—E-es enorme —soltó el joven mientras acercaba su cara a la erección del otro, para luego tomarlo con sus manos, incluso poniendo una sobre la otra no llegaba a cubrir toda su extensión.

—Y es todo tuyo —soltó con sobrada confianza el más alto mientras una sonrisa pícara aterrizaba en su rostro.

Uri corrió sus cabellos para dejarlos detrás de su oreja y abrió su boca para tratar de meter aunque más no fuera la cabeza dentro, Kenny apretó los labios y frunció el ceño ante la sensación tan exquisita que esa pequeña boca le estaba provocando. El joven hacía su mejor esfuerzo mientras lo miraba, la saliva escurriendo y lubricando todo ese trozo de dura carne.

Por un breve segundo de lucidez Kenny consideró que… Uri era demasiado pequeño, en muchos sentidos y a lo mejor algunas cosas no se podrían hacer, lo último que deseaba era lastimarlo o hacerle sentir dolor, así que sería mejor no llegar muy lejos.

—Kenny —gimió Uri mientras no dejaba de lamer el tronco de su pene, sus ojos algo húmedos por el esfuerzo y el deseo—, quiero tenerte dentro de mí.

¿Eso era físicamente posible? El hombre enarcó una ceja ante las ganas de dejarse llevar por sus bajos instintos y el sentido de responsabilidad y cuidado para con Uri, ¡maldita sea! Era una decisión demasiado difícil. Uri mojó un par de sus dedos y comenzó a prepararse con una de sus manos mientras con la otra se ayudaba para seguir lamiendo y chupando.

Levi estacionó su auto, estaba molesto, últimamente su tío le pedía demasiadas cosas, además su casa quedaba al otro lado de la ciudad, así que tenía que hacer malabares con sus propias actividades para poder cumplir sus exigencias. Esta vez le traía unos electrodomésticos que le había pedido, definitivamente le tenía que enseñar como comprar desde su celular, si es que ese tipo podía aprender algo, de solo pensar en lo que iba a renegar aguantando sus insultos… no, mejor lo hacía él.

—¿Quieres que te ayude a subir las cosas? —preguntó Eren sentado en el copiloto.

—Mmm, no, mejor voy solo, ya lo conozco, si está de mal humor no quiero que te haga pasar un mal rato.

—Empiezo a pensar que no quieres que me conozca —dijo con cierto reproche.

—No tiene que ver con eso, tú no sabes cómo es, te lo aseguro, en el diccionario junto a la palabra "desagradable" hay una foto de Kenny, es abiertamente homofóbico y no tiene empacho en gritarlo a los cuatro vientos —tomó su móvil para marcarle porque lo había estado llamando y mandando mensajes desde el día anterior y no había tenido respuesta, pero de nuevo entró a la casilla de mensajes, suspiró frustrado—. Solo espero que no esté tirado en un charco de sangre porque tendré que llamar a la policía científica y tendremos problemas.

—¡Levi!

—Solo estoy bromeando.

—No puedes hablar así de un pariente, incluso si es en broma —lo amonestó mirándolo molesto.

Levi rodó los ojos, Eren no tenía idea.

—Como sea, terminemos con esto —dijo mientras bajaba del vehículo y abría el baúl del mismo para sacar las cosas.

—No vas a poder solo, te acompaño hasta la puerta si quieres y me vuelvo.

—Sí, tienes razón, vamos.

En la habitación los amantes estaban muy compenetrados en su propio goce, el móvil de Kenny desde el día anterior estaba sin batería sobre la mesada de la cocina. El más alto besaba a Uri con desenfreno mientras dos de sus dedos exploraban despacio la entrada del joven. Se sobresaltaron al sentir sonar el timbre.

—¿E-esperas a a-alguien? —dijo Uri mientras las palabras apenas podían formarse debido a la excitación.

—No, cualquiera que sea que se joda —respondió Kenny y lo giró sobre la cama para besarlo de nuevo.

Levi golpeó la puerta varias veces y maldijo por lo bajo.

—¿Dónde carajo estás, viejo de mierda?

Solo esperaba que no estuviera muerto o algo como eso, decidió volverse pero… ¿y si estaba enfermo o algo? Era sabido que a veces demoraba en responder, o incluso había veces que lo ignoraba de plano, pero le había pedido un favor, siendo ansioso como era le parecía cuando menos raro que no lo estuviera acribillando a llamadas para exigirle sus cosas, esta sensación que se lo había tragado la tierra no era nada bueno, incluso en sus peores días Kenny le abriría la puerta. ¿Qué hacer? Y recordó que tenía una copia de la llave del departamento, después de todo él había vivido en esa pocilga también, ¿dónde la tenía? Tal vez estuviera en la guantera del auto, bueno, si estaba en el auto la usaría, sino se iría y esperaría a que lo contactara. Maldito Kenny que le hacía perder su valioso tiempo.

Subió al auto y abrió el compartimento para revolver, sí, efectivamente ahí tenía la llave.

—¿Qué sucedió?

—No atiende, o está completamente borracho o muerto, tendré que ir a chequear, tengo una copia de la llave.

—Levi, te dije que no bromearas con esas cosas.

—No estaba bromeando —dijo con el semblante serio y Eren lo miró asustado—. No te preocupes, puedo apostarte lo que sea a que se emborrachó y quedó tirado en algún rincón, le dejaré sus cosas, veré que no se esté ahogando en su propio vómito y nos iremos.

—¿De verdad no quieres que te acompañe?

—No, tú tranquilo, no voy a demorar.

Uri tenía la cara contra la almohada, gemía bajito de una manera tranquila mientras Kenny acariciaba su espalda luego de haberse puesto un preservativo.

—Uh, ya e-estoy listo —alentó el joven girando su cara para poder mirar al hombre.

—No nos apresuremos, cariño, tenemos todo el tiempo del mundo —dijo Kenny, su ego henchido por la predisposición de su dios.

Frotó su erección entre las pálidas nalgas y comenzó a probar si era factible poder entrar en esa delicada estrechez.

Metió la llave y la cerradura cedió de inmediato. Tomó la mitad de las cosas y las ingresó dejándolas en la sala, olfateó un aroma dulce y miró hacia la cocina donde había dos tazas servidas y una torre de pancakes sobre un plato, frunció en entrecejo preguntándose muchas cosas. Notó que la puerta de la habitación estaba cerrada y parpadeó confundido, entonces, ¿Kenny estaba en casa?

—¡O-oh, ah!

Levi abrió sus ojos a su máxima expresión entendiendo de inmediato la situación, ¡puta suerte! Con cuidado ingresó la segunda tanda de cosas para poder irse cuanto antes pero incluso usando sus habilidades ninja era imposible engañar al fino oído de su tío, la puerta de la habitación se abrió de par en par mientras un furioso, y desnudo, Kenny sostenía una pistola apuntándole (y no era la única cosa apuntándole). Su sobrino levantó las manos llevándose el susto de su vida.

—¡¿Qué mierda pasa aquí?! —vociferó el hombre mientras la cabeza de "su amigo" asomaba con miedo desde el marco de la puerta.

Levi quería morirse ahí mismo, trató de mirar a su tío a los ojos mientras retrocedía.

—Vi-vine a dejarte tus porquerías, viejo.

—¡¿Eres estúpido?! ¡Te dije mil veces que me avises antes, hijo de tu puta madre!

Y ahora la rabia le subió al otro.

—¡Te llamé quince veces, anciano de mierda, te mandé veinte mensajes desde ayer! ¡No es mi culpa por pensar que te podría haber dado un infarto, carajo!

—¡Infarto mis bolas, te voy a llenar de agujeros, pendejo! —A tiempo Uri le sacó el arma a Kenny.

—Cal-calma —pidió el de ojos violeta, que se cubría parte del cuerpo con una almohada que fue lo único que había podido manotear en el apuro, y en ese instante a Levi no le quedó ni una pizca de duda lo que habían estado haciendo.

Ni siquiera se despidió, se fue dando un portazo y corrió escaleras abajo para subir a su auto y salir chirriando las llantas.

—¡Levi! ¡¿Qué sucedió?! —dijo Eren asustado ante la expresión de su novio que parecía haber visto un demonio, y probablemente así fuera.

—Mejor no preguntes, yo aún no puedo entenderlo. Algo es seguro, nunca más en mi puta vida voy a volver a ese mugrero. Haz de cuenta que estoy solo en la vida.

—No me dejes con la intriga, ¿tu tío está bien?

Levi apretó el volante y los dientes para frenar en el semáforo que estaba en rojo.

—Sí, estaba de pura fiesta, por hacerle un favor casi pierdo la vida, anciano hijo de puta. Ah, estoy muy alterado en este momento, luego te contaré bien, por favor no preguntes más.

Eren trató de ser comprensivo y le frotó la espalda a su novio tratando de calmarlo un poco.

Uri miró la cantidad de cajas en la sala y luego a Kenny que todavía estaba rabiando.

—No es manera de tratar a la familia —dijo mientras se acercaba al hombre—, él solo te estaba haciendo un favor, pobre Levi.

—¿Te vas a poner de su lado?

El joven se acercó sonriéndole con suavidad y le acarició el rostro, por lo que tuvo que ponerse en puntas de pie.

—No seas tan terco.

—Pensé que había entrado un ladrón, este barrio no es muy seguro, y solo quería que escarmentara, no iba a dispararle, al menos no a la cabeza.

—Kenny.

—Aunque te vio desnudo, creo que si va ser necesario que lo asesine.

—Ya basta de hablar de muerte y violencia —dijo mientras le sacaba el contenedor de balas al arma y la colocaba sobre una repisa—. Vamos, te haré un masaje y te sentirás mejor, te lo aseguro —metió su mano entre la grande del hombre y enlazó sus dedos para tirar de él que dócilmente lo siguió.

Se acostó boca abajo y Uri se le trepó encima, se sorprendió cuando comenzó a masajearlo de una manera bastante ruda, le encantaba, pero le sorprendió un poco la fuerza en las manos de su dios, ¿qué otras cosas lindas iba a descubrir a su lado? Se comenzó a relajar y cerró sus ojos.

—Eres bueno en esto —comentó completamente entregado.

—Sí, es que en mis primeros tiempos tuve que ganarme la vida, una amiga tenía un Spa y me enseñó este arte, trabajé allí un par de años.

—¿Estás solo en el mundo? —preguntó Kenny presintiendo que era un excelente momento para saber un poco más de la vida de Uri, lo escuchó suspirar con sentimiento.

—Tenía una hermosa familia, pero digamos que no encajaba con sus expectativas. Soy el primogénito de la familia Reiss.

Kenny dio un respingo ante esa confesión, la familia Reiss era una de las más ricas y poderosas del país.

—Mi padre quería que me encargara de su imperio, pero yo solo quería cantar, vivir libremente. Mi hermano Rod era más apto para eso, realmente no me interesaban los lujos, después de haber tenido esa vida, puedo decirte que no la extraño en absoluto. No teníamos tiempo ni para respirar. De la mañana a la noche estábamos llenos de actividades, desde aprender idiomas, equitación, acudir a cenas de gala, eventos, fingir que eres feliz cuando no lo eres. Mi familia no veía con buenos ojos que me gustaran otros chicos, mi padre me pidió que me casara, incluso si no había sentimientos de por medio, solo querían una pantalla para seguir aparentando que no estaban completamente podridos. Me arreglaron un matrimonio con otra familia de buena posición, mi padre me dijo que podía hacer lo que quisiera con mi vida, pero que ante la prensa y la sociedad me comportara bien, era eso o ser desheredado.

Kenny escuchaba atentamente mientras reflexionaba al respecto.

—Cuando me fui de casa no dejaron que me llevara ni siquiera una valija de ropa. Supongo que pensaron que yo no duraría un día sin su protección, pero yo estaba decidido, algunos amigos me ayudaron brindándome asilo aquí y allí, conseguí trabajo y comencé a entender lo que era ganarse el pan con sudor. Luego de un par de meses Rod me buscó por todas partes hasta que me encontró, me dijo que mi padre aceptaría todo, que me necesitaba, que por favor volviera a casa. Claro que los extrañaba, más allá de las diferencias no dejaban de ser mi familia, pensé que había una auténtica oportunidad para entendernos, pero… cuando volví me llevaron a una granja donde se suponía que tendría una especie de "retiro espiritual", había aceptado porque pensé que no me costaba nada darles con el gusto, sin embargo allí…

Uri se tiró a un costado y se acostó al lado de Kenny quien también se giró para poder mirarlo mejor, su semblante era triste.

—Era un lugar para "curarte" de la homosexualidad, en otras palabras no era diferente de un campo de concentración nazi. Éramos unos veinte chicos, nos torturaron de una manera espantosa, así que me doblegué, repetí y actué de la forma que ellos pedían hasta que estuvieron seguros de que me habían curado. Cuando volví a casa, no pude estar más de un día, esta vez sí me llevé algo de ropa, fotos de mi madre y me fui para siempre.

Kenny levantó su mano y le acarició el rostro, Uri besó su palma con cariño.

—No te sientas mal por mí, mírame ahora, vivo de lo que me gusta, no me doy los grandes lujos, pero… soy libre y ahora —dijo mirándolo con amor—, soy muy feliz, mucho.

Kenny lo atrajo contra su cuerpo y lo abrazó mientras besaba su coronilla con cariño.

—¿Ya te sientes mejor? —preguntó Uri levantando su rostro para recibir un beso de su amante—. Entonces, hazme sentir bien a mí, es tu turno —soltó con picardía.

Kenny lo empujó para dejarlo boca arriba y se acomodó entre sus piernas.

—Eres ridículamente bonito —le dijo antes de atacarlo con su boca y Uri soltó una risita alegre, antes de volver a gemir muy bajito.

Ahora las cosas estaban mucho más claras, de manera que encenderse solo les llevó un par de minutos. Lubricó la dilatada entrada con su propia saliva, el preservativo tenía un poco de lubricante de por sí, se acomodó para penetrarlo y lo miró antes de hacerlo. Uri acunó el adusto rostro con sus manos llenas de magia y le sonrió, era toda la confirmación que necesitaba.

Comenzó a empujar y poco a poco lo fue invadiendo, no era la primera vez que tenía sexo anal, aunque ahora fuera con un hombre, sin embargo más allá de todos los estímulos sensoriales, de la calentura, había muchas más cosas revolviéndose en su interior. No era un polvo casual, apenas y recién estaban empezando y ya estaba seguro que quería hacer esto el resto de su vida, con su dios, únicamente con él.

El joven apoyó sus talones en el colchón para aguantar mejor las embestidas, era mil veces mejor de lo que se había imaginado, Kenny era paciente, lo hacía despacio pero cuando ya pudo albergarlo más o menos bien, tuvo que aferrarse al enorme cuerpo porque la cosa se puso ruda, y eso a él le fascinaba. Kenny parecía conocerlo a la perfección, todo lo que le hacía lo dejaba con los ojos en blanco, el sudor le escurría del cuerpo por el esfuerzo, pero no podía dejar de gozar.

Kenny se sentó sobre sus piernas trayéndolo consigo, el cuerpo de Uri era tan delgado y pequeño que era muy fácil de mover y sostener.

—¿Estás bien? —consultó sin ser necesario ya que las expresiones de su amante eran más que obvias.

—¡Sí, Kenny, estoy en el cielo! ¡Ah!

Amaba la forma seductora en que jadeaba, Uri era maravilloso incluso para gemir, lejos de los gritos y las falsas expresiones de sus otras experiencias, el joven era suave, su fantástica voz apenas se elevaba por momentos, le encantaba a más no poder.

Cuatro preservativos usados después, Uri quedó profundamente dormido. Kenny mojó una toalla y limpió su cuerpo mientras dormía plácidamente, lo secó y lo arropó. Para entonces eran como las dos de la tarde y tenía un hambre terrible. Decidió llamar a un delivery, luego de poner a cargar un rato su celular, pidió el combo más grande de pollo frito y aros de cebolla crocantes con queso cheddar, ya que sabía que a Uri le encantaban.

Luego acomodó los nuevos electrodomésticos, una licuadora, un microondas, una cafetera, ¿para qué putas Levi había comprado una plancha?, el secador de cabello y la afeitadora eléctrica. Luego tendría que pedirle que le comprara un televisor, o mejor dos, así ponía uno en la pieza para que Uri pudiera mirar mientras estaba acostado. Regresó a la habitación, se sentó a su lado y le besó la frente con cariño, al fin había encontrado una misión en su vida, cuidar de su pequeño dios.

Cinco meses pasaron, luego de muchas charlas y llamadas en el medio, Levi aceptó que él y Uri fueran a su casa a pasar la navidad, y su cumpleaños también. Estaba con Eren y otra pareja amiga, Hange y su marido Moblit. La mesa rebosaba de comida de toda variedad y bebidas.

Levi intentaba no quedarse a solas con su tío, puesto que sabía que era cuestión de cruzar un par de palabras para agarrarse a pelear y no tenía ganas. Pero eventualmente sucedió, mientras Uri y Eren estaban en el balcón del departamento de Levi mirando los fuegos artificiales de la ciudad, Hange y Moblit ya se había retirado, levi estaba levantando los últimos vasos usados de la mesa y su tío ya había prendido un puro. Odiaba que fumara, más en su casa, pero no dijo nada para mantener la paz.

Sin embargo desde hacía rato sentía la mirada de su tío como dardos clavándose en su cabeza por lo que levantó la cabeza.

—¿Qué? —dijo sin poder aguantarse más, Kenny sonrió con sorna.

—Mi novio es mucho más lindo que el tuyo.

—En tus putos sueños, anciano marica, encima te gustan más jóvenes, mejor para mí, así tienes alguien que te limpie el culo dentro de unos años.

—Marica y todo no entregué el agujero como tú.

Levi apretó los dientes y se tragó toda la bilis porque justo en ese momento Uri y Eren regresaban de afuera, riéndose ambos, pero de inmediato notaron la tensión en el ambiente.

—Amor —dijo Kenny mirando a Uri—, el estúpido de mi sobrino dice que eres feo.

—¡Qu-qué, no, no, jamás dije eso! —dijo Levi abochornado mientras Eren enarcaba una ceja.

—Sí, dijo que Eren es más lindo que tú.

—Anciano, deja de beber que ya estás diciendo incoherencias —soltó con la vena de su frente a punto de estallar mientras Eren y Uri comenzaban a reírse.

—Pasivo y mentiroso, encima —continuó molestándolo Kenny.

Eren tuvo que intervenir para ir a agarrar a su novio que quería estrangular a su único pariente con vida, mientras Uri tiraba del brazo de Kenny para llevarlo al balcón con la excusa de que si estaba fumando mejor sería hacerlo afuera.

Levi y Eren fueron a la cocina para terminar de lavar lo que quedaba de la vajilla sucia.

—¿Así que yo soy más lindo? —dijo el de ojos verdes con coquetería.

—Es un hecho, tengo el novio más hermoso.

—Vas a incordiar a tu nuevo tío —Soltó con una risa Eren mientras secaba los platos.

Levi se giró, desde ese ángulo podía ver a la pareja de pie en el balcón, su tío abrazando al más bajo mientras usaba un gorrito de Papa Noel (porque Uri se lo había colocado), suspiró pensando en las maravillas que hace el amor, como puede cambiar tanto a las personas.

—Feliz navidad, pequeño mío —dijo Kenny besando brevemente a Uri suya rostro parecía resplandecer de felicidad.

—Es la navidad más hermosa que alguna vez haya festejado, te amo, grandulón.

—Grandulón el que tengo debajo de los pantalones.

Bueno, algunas cosas no iban a cambiar por mucho esfuerzo que se pusiera, pero aún con las carencias, las imperfecciones, los problemas del día a día, todo se volvía más llevadero porque el dios había encontrado a su fiel caballero.

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By Luna de Acero.-