Novena parte de "Envíame un número y escribiré un beso Obidei". Este también fue solicitado por Lybra. :D


8. En secreto

Todas las mesas están llenas. Obito cruza la ruidosa terraza y empuja la puerta de cristal.

—Serían diecisiete ryo, por favor. —Deidara lo mira y su sonrisa se ensancha—. ¡Hey!

Obito camina hacia el mostrador.

—Pareces ocupado.

Deidara resopla.

—Sí, un poco, pero lo peor ya pasó, hm. ¿Viniste a verme?

Deidara le pasa el lector de tarjetas a la chica que está a su lado y ella pasa su tarjeta de crédito.

—Estaba cerca y pensé, ¿por qué no?

Un recibo sale de una impresora. Deidara lo arranca y se lo da a las chicas.

—De cinco a diez minutos.

—¡Gracias!— Una de ellas dice y ambas salen.

—Ese uniforme te queda tan bien —dice Obito una vez que están solos.

Deidara ríe mientras agarra una gran taza de vidrio y la cuchara de bolas de helado.

—¿Te refieres a este polo rojo y delantal blanco?

Obito lo ve llenarlo con helado de vainilla con galleta.

—Y el sombrero. Deberías llevarlos puestos la próxima vez que vengas a visitarme —casi susurra.

Deidara toma un puñado de mini copas de mantequilla de maní y las rocía sobre el helado. Después toma una más y se la come. Obito ríe.

—Prefiero no usar mi uniforme más de lo necesario, hm —dice mientras mastica.

—Te prometo que no lo llevarás puesto por mucho tiempo.

Deidara le da una sonrisa lobuna, agregando sirope de caramelo sobre el helado.

—En ese caso, se puede hacer.

Obito señala el helado.

—Ese tiene buena pinta.

—¿Quieres uno?

—¡Deidara! Deja de hablar con tu novio y prepara los pedidos.

Kakuzu pasa a su lado llevando una bandeja llena de platos sucios.

—Soy un cliente que paga —responde Obito y mira a Deidara—. ¿Me pones uno igual?

—Ahora mismo, señor —responde Deidara incapaz de reprimir una risita.

Su jefe desaparece detrás de la puerta de la trastienda.

—No uses tu descuento de empleado con él como hace Fuu con todos sus amigos. ¡Me enteraré! —Le oyen decir.

Deidara pone los ojos en blanco y se come otra copita de mantequilla de maní.

—Será mejor que termine este pedido. Llegaré al tuyo en un momento.

—En realidad, he cambiado de opinión. Ahora quiero un beso del heladero —responde Obito.

Deidara mira detrás de su hombro, luego sale de detrás del mostrador y lo arrastra al pasillo de los baños. Sus labios se encuentran, luego sus lenguas. Obito detecta sabor a chocolate y mantequilla de maní. Oye el sonido de la puerta de vidrio abriéndose y le da un apretón al culo de Deidara.

—¿Hola? —dice el cliente.

Ambos se separan. Obito se agacha, toma el sombrero de Deidara y se lo vuelve a poner en la cabeza. Sus labios están rojos y no puede evitar quedarse mirando.

—¡Ya voy! —Grita Deidara, luego le guiña un ojo a Obito y camina hacia el mostrador.