Agape to Eros

By Tsuki No Hana

XXXII

"Barcelona 2.0"

Faltaba poco para que oscureciera. Y Viktor no tardaría en llegar por él. Tenía ya un mes viviendo con el amor de su vida y sentía como si fuera apenas la primera semana. La emoción no se iba a pesar del tiempo.

Se puso el abrigo, tomó sus cosas y salió del edificio. Su novio pasaba por él todos los días, en esta ocasión había salido un poco antes de lo normal, así que se sentó en una banca a esperarlo.

Tenía apenas una semana y media en el trabajo, y había tardado una eternidad en convencer a Viktor de que lo dejara hacer algo. La primera semana viviendo juntos fue como una luna de miel, se la pasaban juntos y haciendo lo que les venía en gana, sin embargo, eso tenía que terminar en algún momento, debían volver a sus labores o al menos intentar retomarlos.

Fue difícil, pero logró convencer a Viktor de que lo dejara trabajar. Había encontrado una vacante como profesor de música, con un sueldo muy jugoso, pues era en una academia prestigiosa, pero descartó la idea, pues necesitaba dominar bien el idioma, y no lo hacía; sin mencionar que en Rusia eran muy celosos con el arte y todo lo que tenía que ver con él, por lo regular sólo maestros rusos podían impartir clases en ese tipo de instituciones.

Luego encontró una vacante en una empresa dedicada a hacer música para películas, televisión y videojuegos. No dudó en tomar el trabajo, y quienes lo contrataron quedaron muy satisfechos con sus habilidades.

Viktor se volvió loco estando solo en casa por las tardes, así que comenzó a entrenar de nuevo. Yakov estuvo muy feliz con su regreso, pues lo ayudaba entrenando a los principiantes mientras él se encargaba de entrenar a Mila, Georgi y a Yurio. Nikiforov no había quitado el dedo del renglón, seguía con la decisión de abrir su propio centro de patinaje, para entrenar a los mejores prospectos de Rusia, pero ese sueño no era muy accesible en esos momentos, pues tenía otros planes en su vida antes de eso.

De pronto un Audi gris se estacionó frente a él. Yuuri de inmediato ingresó al auto y besó a su novio en los labios.

—¿Cómo te fue hoy en el trabajo, mi amor?

—Excelente. Es la primera vez que tengo un trabajo que trata sobre lo que estudié —rio—. Me gusta mucho.

—¿Y qué hay de tus composiciones?

—¿Las que compraste tú? —rio.

Recordó que su amado utilizaba esas canciones para todo. Una era su alarma, otra la ponía mientras se bañaba, una era su tono de llamada y la canción más especial de todas, esa que le compuso cuando estaban peleados, la ponía siempre en el auto. Yuuri se avergonzaba al escucharse a sí mismo cantando y tocando. Varias veces le dijo que ya la quitara del estéreo, pero Viktor sólo respondía diciendo que amaba esa canción, subía el volumen y cantaba a todo pulmón.

—Sí ¿Por qué no haces más?

—¿Para que las compres tú? —lo descubrió—. No, amor, quiero un trabajo real. Quiero salir de casa, trabajar y volver, no me gusta estar todo el día ahí encerrado.

—¿Ni siquiera encerrado conmigo?

—Bueno, eso sí. Pero no podemos vivir encerrados en nuestro departamento toda la vida.

Viktor sonrió, triunfante al escucharlo decir "Nuestro", al fin se había acostumbrado.

—Pues vayamos a Vladivostok, Aleksi y Evgenia han de tener mucho por platicarnos de su luna de miel. Y nosotros también tenemos mucho que contarles de nuestra nueva vida.

—No sería mala idea. ¡Por cierto! —recordó algo—. J.J. e Isabella nos invitaron a pasar unos días en Canadá, para que conozcamos a Liam.

—¿Liam?

—Sí, su bebé. El que nació en junio.

—Ah, ya. ¿Quieres ir?

—Me gustaría, pero con mi nuevo trabajo… lo veo difícil.

—De acuerdo —no le discutió más, no quería ir.

Sus días se habían vuelto muy agradables. No tardaron mucho en acoplarse a su nueva vida como pareja. Los dos se levantaban temprano, Yuuri hacía el desayuno mientras Viktor se bañaba y se afeitaba escuchando música, luego desayunaban juntos y pasaban toda la mañana en compañía del otro. A veces salían a pasear y comían antes de irse a sus respectivos trabajos. En la tarde Viktor pasaba por él y se iban a casa, platicando sobre cómo estuvo su día.

Yuuri trabajaba solo tres días a la semana, así que el resto de los días acompañaba a Viktor a su trabajo y pasaba un rato agradable con el equipo ruso de patinaje. También aprovechaba y entrenaba un poco para no perder su condición.

Irina se había unido mucho a ellos, tanto que, cuando Yuuri iba a entrenar, ella también iba.

Hubo momentos en los que Viktor se puso un poco celoso de su ex, pues no se le separaba en ningún momento a su amado katsudon.

La vida era buena, tranquila y agradable. O al menos lo fue hasta que Yakov les metió una idea en la cabeza que no pudieron ignorar: participar en un GPF.

—Pero yo ya me retiré —le había dicho Viktor.

—¿Y eso qué? —respondió su entrenador.

En ese momento Viktor y Yuuri habían compartido miradas traviesas que decían: "¿Qué pasaría si…?"

Al día siguiente llegaron con Yakov y aceptaron la propuesta. Inmediatamente comenzaron a entrenar, Viktor bajo la tutela de Feltsman y Yuuri bajo la de su novio. Yakov buscó a sus contactos y éstos ayudaron para que los dos fuesen aceptados en la siguiente competición a pesar de no haber participado en ninguna durante todo el año.

Muy emocionados –y un poco apresurados- comenzaron a planear sus coreografías y a buscar sus canciones. Su vida se hizo más ajetreada e interesante al estar de nuevo en el hielo, aquello que unió sus vidas y selló sus destinos.

Era la primera vez que entrenaban juntos de esa manera. Un año antes hacían lo mismo, pero cada uno por su cuenta, con sus propios conflictos internos. Ahora todo era muy diferente, patinaban juntos y se ayudaban mutuamente a mejorar.

Yakov fue muy estricto con su pupilo, le dijo que quería el oro, que no podía retirarse hasta ganar seis medallas de oro, igual que Yarine. Eso fue más que suficiente para que Viktor se motivara.

Con Yuuri fue muy diferente la motivación. Viktor lo retaba constantemente, incitándolo a que lo superara (Sabía que era capaz, ya lo había hecho una vez) y su inteligente pupilo daba lo mejor de sí, haciendo uso de su talento, su condición física y de su enorme resistencia, a veces Viktor sentía un poco de envidia.

—¡¿El gran Viktor Nikiforov siente envidia de un simple mortal como yo?!

—Pero claro que sí. Ya me robaste el oro una vez, quizás vuelvas a hacerlo.

—Es difícil ser entrenador y competidor al mismo tiempo —afirmó.

—Es casi imposible —suspiró, cansado.

Ambos estaban en los vestidores, Viktor ya había tomado una ducha, Yuuri prefería hacerlo en casa, así que ya sólo se preparaban para salir, cenar e ir a su hogar.

El menor se acercó a su amado y le dio un tierno beso en los labios.

—Sé que tú puedes, mi amor —besó ahora la punta de su nariz—. Te estaré apoyando, pero eso no quiere decir que no daré lo mejor de mí.

—Más te vale dar lo mejor —lo atrajo hacia sí, apretándole el trasero con una mano y rodeando su cintura con la otra.

—Tenlo por seguro que lo haré. Pero volviendo al tema de la envidia, y hablando ya en serio… ¿De verdad sientes eso? —le brillaron los ojos, expectante.

—Constantemente —suspiró, apoyando su frente contra la de su amado—. Yuuri, eres más joven que yo, tienes mejor condición física, tu resistencia es monstruosa, no has sufrido lesiones que te sigan afectando —fue enumerando con cada dedo.

—Eso último es mentira —dijo en voz bajita, desviando la mirada hacia un lado.

—¿Qué quieres decir? —frunció el ceño.

—Sigo teniendo calambres. Ya no como antes, por supuesto, pero los tengo a veces.

—Dios… —palideció. Pensaba que ese capítulo en sus vidas se había terminado.

—Pero no es nada por lo cual preocuparse. Si te lo digo es porque quiero que sepas que yo tampoco soy tan joven, ya voy a cumplir veintisiete años. La mayoría de los competidores son menores de esa edad.

—Ya vas a tener la edad que yo tenía cuando te conocí —suspiró—. Me siento viejo.

—Di eso cuando tengas el cabello lleno de canas.

—Entonces el anciano es viejo de nacimiento —una tercera voz se unió.

—¡No son canas! Mi cabello es de ese color. No-son-canas —repitió, enojado.

—Sí, sí. Lo que tú digas, anciano.

—Yuuri ¿Y si mejor nos vamos ya a casa? Muero por usar esos condones que brillan en la oscuridad. Es increíble que no lo hayamos probado.

—¡Ahh! ¿¡Pueden hablar de eso cuando no esté yo presente?! —se escandalizó el rubio.

—¿Tú tampoco los has podido usar con Otabek? Qué triste —tomó a Yuuri de la mano, cargó sus pertenencias y pasó al lado de Yurio.

—Viktor, cariño, estás siendo demasiado infantil.

El aludido no le hizo caso y salió de ahí con su novio de la mano.

Yurio sólo rodó los ojos y comenzó un video chat con su novio.

Aprovechó a que su novio tomaba un baño para llamar a su hermano y pedirle consejo sobre un asunto muy importante.

¿Por qué no compras unos anillos nuevos y ya?

—No seas idiota, claro que no. Esos anillos son especiales, tienen historia y quiero que sea con esos específicamente.

¿Y cómo se los vas a quitar?

—Se supone que es ahí donde tú me ayudas —miraba atentamente la puerta del baño, esperando que no saliera de pronto e interrumpiera su llamada importante—. ¿Cómo puedo pedirle los anillos sin que sospeche que quiero pedirle matrimonio?

Al otro lado de la línea, Aleksi suspiró pesadamente.

Hermanito, compra unos nuevos.

—¡Te digo que no!

Entonces pídeselos y ya. Dile que… que los vas a mandar a limpiar con el joyero.

—Sería demasiado sospecho. Recuerda que esos anillos pasaron a ser totalmente de su propiedad cuando me deshice de ellos.

Viktor, lo siento, pero voy llegando a casa del trabajo y Evgi me espera en nuestro cuarto, con la lencería que le sugeriste antes de la boda. Por cierto, que buen gusto hombre. En fin, tengo que irme —se escuchó el ruido de unas llaves y luego la línea cortada.

El pobre se quedó en las mismas, quizás debería pedirle ayuda a su mejor amigo. ¿Seguiría de vacaciones con Masumi?

Viktor se sentía presionado. Tenía un plan y quería que se cumpliera al pie de la letra. Primero le pediría matrimonio de manera correcta, no por teléfono, no estando él inconsciente y mucho menos estando lejos el uno del otro. Quería hacerlo en una cena romántica, con ambos vestidos muy formalmente, quizás en un restaurante bonito y que toda la gente les aplaudiera de felicidad al ver que estaban próximos a casarse. Luego planearían la boda, la cual sería lo más rápido posible antes de que el universo conspirara contra ellos de nuevo. Después buscarían una casa bella y grande para albergar a la gran familia que tendrían. Convencería a Yuuri de tener hijos. Adoptarían primero a uno y luego le conseguirían unos dos, tres o cuatro hermanitos, les enseñaría a patinar o hacer lo que más les gustara, luego envejecerían y morirían juntos.

Sí, era un plan retorcido e ilógico. Pero ese era el sueño para su vida. Era lo que más deseaba. Nunca esperó que el simple hecho de recuperar sus anillos fuera tan complicado.

Salió de sus pensamientos cuando escuchó la puerta del baño abriéndose. Yuuri salía de él, ya vestido y con el pelo aún húmedo.

—Ven, déjame secarte el cabello —lo condujo a la habitación de ambos y lo sentó frente al tocador. Disfrutaba tener esos pequeños detalles con su novio y amaba que él los aceptara.

Mientras le secaba el cabello, pudo ver la cadena con el anillo colgando de su cuello.

—Amor ¿No te cansa traer siempre esa cadena?

—¿Uh? No, para nada.

Viktor frunció los labios. Era verdad, no se la quitaba ni siquiera cuando hacían el amor.

Cuando terminó de secarle el cabello, Yuuri le agradeció con un beso y se tumbó bocarriba en la cama, ocupando casi todo el espacio. Estaba muy cansado, las prácticas lo dejaban exhausto.

—Vitya.

—Dime —se acostó a su lado, aplastándolo porque no le dejaba mucho espacio estando acostado como estrella marina.

—Quiero que ganes el GPF porque así podrías tener el mismo número de medallas que tu madre.

—No me digas que quieres desistir, porque no lo voy a permitir.

—No, claro que no. Pero me siento culpable.

—¿No me crees capaz de ganarte?

—Sé que puedo ganarte —lo miró maliciosamente.

—Eso está por verse —le quitó los anteojos y besó su labios profundamente.

Comenzó mordiendo con delicadeza el superior, atrapándolo con sus labios y dejando un recorrido húmedo en la piel de Yuuri, éste abrió su boca y le permitió la entrada a esa traviesa lengua que se moría por encontrarse con la suya.

El beso fue aumentando de intensidad poco a poco. Sus respiraciones se hicieron pesadas y agitadas, y sus manos no se estaban quietas. Las de Yuuri acariciaban la nuca de su amado, y las de éste ya profanaban terrenos profundos y sensibles.

—Hagámoslo esta noche. Yuuri… —jadeó—. Mañana no tienes práctica, hagámoslo hoy —besó su cuello repetidas veces.

Sí, como buen entrenador, Viktor se preocupaba por el buen rendimiento de su pupilo en cada entrenamiento, así que, cuando había práctica evitaban tener sexo ese mismo día o un día antes.

—Hazme el amor, Vitenka —gimió, echando su cabeza hacia atrás para que pudiera besar su cuello con mayor facilidad.

Yuuri no tardó en hundir sus dedos en el cuero cabelludo de su novio, halándolos suavemente de vez en cuando. Viktor desde hace rato ya tenía una mano colada debajo de la ropa interior de su amado, pero se limitaba a acariciar sólo las zonas adyacentes a su miembro, estaba dejando lo mejor para después.

Hacía varios días que no tenían intimidad y el cansancio que les dejaba el entrenamiento era tal que llegaban a casa sólo a cenar y dormir. Pero no ese día, Viktor en específico andaba muy calenturiento.

—¿Seguro que quieres seguir con esto? —preguntó Yuuri de repente. Viktor se asustó un poco.

—¿Tú no?

—¡Claro que sí! pero mañana te levantarás muy temprano para ir a entrenar.

La risilla suave de Viktor se dejó escuchar.

—Lo único que quiero y necesito en estos momentos eres tú —extendió su brazo hacia la lámpara en su mesita de noche y la apagó—. Ahora… —se inclinó sobre él—. ¿En qué nos quedamos? —preguntó pícaramente. Lo rodeó con sus brazos y lo besó profundamente, haciendo que su lengua se enredase con la de él en un modo que casi los hizo desfallecer.

Entonces Viktor se separó despacio, dando un último mordisco sin fuerza a su labio inferior. Se quedaron frente con frente, estudiándose con avidez en la cercanía. Ambos azorados, con las pupilas dilatadas y respirando rápido por la agitación del momento. Yuuri recuperó el aliento y continuó con otro beso, más intenso aún.

Besar a su novio era una de las cosas que más disfrutaba Yuuri, amaba delinear con la punta de la lengua el contorno de sus labios perfectos, succionarlos, dejarlos rojos e hinchados, enredar su lengua con la de él y no separarse de su boca nunca. Era una adicción más grande que el katsudon.

Viktor de algún modo había logrado cubrirlos a ambos con las mantas, pues el clima estaba día con día más frío.

La intensidad inicial había dado paso a un juego travieso en el que ambos se acariciaban lugares inesperados y muy sensibles. El acto se hizo mucho más íntimo cuando comenzaron a susurrarse cositas al oído. Entre risas y murmullos se fueron tocando el uno al otro, alargando sus juegos y disfrutando de cada segundo.

Los dedos de Viktor recorrían cada centímetro de piel de Yuuri que tenía al alcance. Deslizó sus yemas por la piel suave de su pecho, delineó cada pectoral y dejó varios besos en ellos, aún por encima de la ropa. Acarició más abajo y se entretuvo un poco con su precioso ombligo descubierto.

Yuuri estaba bocarriba y Viktor sobre él, recostado entre sus piernas, sosteniendo su torso sobre un codo para no aplastarlo. Él, con las manos perdidas en su ahora maraña de cabellos platinados, masajeaba su cuero cabelludo al mismo tiempo que guiaba a esos labios pegados a su cuello, dejando un delicioso sendero de saliva y calor sobre su piel erizada por la diferencia de temperaturas.

La ropa salía sobrando en esas circunstancias. El menor tiró con fastidio de la playera del otro, pero no lograba quitársela con facilidad. Viktor sólo soltó una risilla y se le separó unos momentos para retirarse de una vez playera y pantalón. Yuuri sonrió anchamente y extendió su brazo hasta alcanzar con su mano el perfecto torso de su novio. Acarició su abdomen y pecho hasta que sus manos llegaron a su nuca, jalándolo de ahí para atraerlo de nuevo a sus labios, pero un gemido lleno de sorpresa y lujuria acumulada se atoró en su garganta cuando Viktor ya se abría paso entre sus nalgas, buscando prepararlo desde ese momento. Apretó su trasero con fuerza, disfrutando de la sensación de algo tan agradable en su mano.

Apretaba sus nalgas sin dejar de besarlo en ningún momento. Yuuri se dejó hacer, pero no quiso quedarse atrás, abrazó a su novio y deslizó con sutileza sus manos por toda su espina dorsal, pasó por esa vieja cicatriz en su espalda baja y le dio una caricias extra antes de meter ambas manos bajo el bóxer apretujando todo lo que tenía al alcance, recordando la primera vez que pudo tener contacto con ese escultural trasero.

De nuevo Viktor se separó de él, sólo para quitarse esa última prenda. Yuuri iba a hacer lo mismo, pero el mayor lo detuvo, él quería quitarle la ropa.

—Permíteme —le dijo mientras tomaba el borde de su camiseta para dormir y lo jalaba hacia arriba, dejando al descubierto esa piel tan pálida y hermosa, esos músculos levemente marcados y ese par de pezones pequeños y rosados que hacían tanto contraste con su blanca piel.

Le retiró también el pantalón del pijama y finalmente el bóxer, liberando aquel trozo de carne ya despierto y ansioso por atención.

Una vez desnudo, atacó de nuevo su cuello con montones de besos, mordidas y chupetones que dejaron considerables marcas en su piel. De su cuello descendió a la clavícula, donde se entretuvo un poco, antes de bajar a su pecho y succionar uno de sus pezones.

—¡Oh! —arqueó su espalda, lleno de placer al sentir el contacto directo de la lengua de su novio sobre su piel sensible. Él sólo atinaba a enredar sus dedos en el cabello de Viktor, su razón estaba nublada por tanto placer.

—Me enloqueces —gruñó antes de separarse de su pezón y volver a sus labios mientras sus manos traviesas lo exploraban por todas partes.

Viktor se separó un poco de él, sólo para apreciar su cuerpo completo y sonreír al verlo totalmente desnudo. Era tan hermoso; así, sonrojado y agitado. Era la imagen más bella y quería asegurarse de que se quedara bien tatuada en su mente.

A pesar de la necesidad palpitante entre las piernas de ambos, dedicó unos momentos más a besarlo con ese amor que sólo él era capaz de profesarle, para ello pegó su cuerpo por completo al de su novio, notando el sonrojo que lo invadió cuando sintió el roce de sus sexos. Amaba eso de Yuuri, sus sonrojos tan hermosos.

Atrapó sus labios con los propios en un beso muy cargado de emociones y pasión. Sintió una poderosa carga eléctrica recorrer cada rincón de su ser cuando percibió una mano helada acariciando uno de sus pezones.

Yuuri lo abrazó más y lo besó como si fuera el fin del mundo.

Ambos se encontraron deseando que fuese posible quedarse allí, suspendidos por siempre en el tiempo, justo en ese momento tan íntimo y feliz, pero también estaban muy conscientes de la erección de cada uno presionándose contra el cuerpo del otro. Yuuri ya lo necesitaba dentro y se lo informó a su amante cuando alzó las caderas, rosando así ambos miembros, provocándoles un gemido lleno de placer.

—Espera —Viktor se incorporó y sacó los mágicos condones de su cajón, tomó uno, y se lo puso con prisa—. ¡Sí brillan!

—Se ve tan chistoso —rio el japonés. Todo en la habitación era penumbra, se podían ver gracias a la escasa luz del corredor que se colaba por debajo de la puerta.

—Veamos… —abrió un segundo condón e intentó ponérselo a Yuuri.

—¿Para qué?

—Tú sólo déjame hacerlo.

Se lo puso y…

—Wow! Amazing!

Ambos sentados de rodillas uno frente al otro, pudieron ver cómo los preservativos brillaban de un color verde fosforescente.

—Yuuri jr. Está palpitando.

—¡Viktor! —se avergonzó un poco—. Ya, suficiente. Volvamos a nuestros asuntos importantes.

—No, espera —lo detuvo y pegó su pene al de Yuuri, éste se sonrojó un poco al ver la diferencia en proporciones. El de Viktor era varios centímetros más largo y un poco más grueso también. Y con ese condón se resaltaban bastante esas diferencias.

—¿Qué haces?

—¡Pium! ¡Bzzzmmm! ¡Bzzmmmm! —simuló los sonidos que hacían los sables láser de las guerras de la galaxias, golpeando su miembro contra el de Yuuri—. Vamos, pelea ¡Bzzmmm!

El pobre japonés no sabía si carcajearse o reprenderlo por ser tan increíblemente infantil. Permaneció serio unos momentos, pero finalmente no se resistió, pues también tenía un lado infantil que jamás podría ocultar. Así fue como terminó jugando con su novio.

—¡Biiiumm! ¡Biuum! —imitó también los ruiditos.

—No, así no es. Es ¡Bzmm!

—No me importa. ¡Biuuuuuuuum! ¡Biiiiuuuummmmm!

Jugaron a eso unos momentos más antes de que Viktor se le echara encima y continuara con lo que dejó a medias.

—Ya no aguanto —se sinceró el japonés, gruñendo contra los labios de su amado, mordiéndoselos con un poco de rudeza.

Viktor dejó que lo mordiera lo que quisiera, a pesar de saber que amanecería con los labios muy hinchados.

—Hazlo, ya. Vitenka —jadeó, alzando sus caderas sólo para encontrarse con las de su amado.

Entonces Viktor tomó las piernas de su novio y las alzó hasta recargarlas sobre sus hombros, dejándole así un cómodo acceso.

—¿El bambú? —inquirió Yuuri, divertido y ansioso.

—Buen aprendiz.

Y sin decir nada más, entró en Yuuri de una sola estocada.

—¡OH!

Ambos gimieron ante el placer de sentirse unidos, la profundidad había sido mucho mayor que otras veces y esa posición era definitivamente una de sus favoritas. Él no esperó ni un segundo para que la fricción entre sus cuerpos comenzara, lo embestía a veces suave, a veces con fuerza, pero en ningún momento dejó de bombear.

Cuando sintió que estaba cerca del fin, salió de él y cambió la posición, abrazándolo desde atrás y entrando desde otro ángulo.

—Oh Vitya, oh… —se aferró a las sábanas y al brazo masculino que lo rodeaba desde atrás.

Viktor aprovechó la posición para masturbarlo. No se lo había dicho a Yuuri por temor de que lo tachara como un pervertido total, pero amaba tomar su pene en una mano, sentir su suavidad y su tamaño perfecto, ni muy grande ni tosco; y tampoco pequeño y delicado, no, era perfecto.

—Te amo tanto, kobuta-chan —susurró en su oído, apretándolo más hacia sí, intensificando el ritmo y rapidez de las penetraciones.

—Yo también te… ¡Oh Dios! —gritó al sentir que su orgasmo le llegaba de manera súbita e intensa. Se retorcía y gemía, presa del éxtasis. Sin embargo Viktor no había dejado de penetrarlo, lo hacía rápido y profundo, salía por completo y volvía a introducirse sólo para intentar llegar más profundo.

Yuuri era tan estrecho y suave, tan cálido que no pudo evitar perder el control y rendirse ante sus instintos más bajos. Las suaves paredes de Yuuri lo retenían con fuerza, estimulándolo y excitándolo más. Apretó ojos y dientes cuando se sintió próximo a correrse. Su clímax fue intenso, lo dejó completamente agotado entre los brazos temblorosos de su novio.

Se dejó caer en peso muerto sobre el cuerpo de Yuuri, aplastándolo un poco, pues una debilidad monstruosa lo atacó después de tan sublime orgasmo. El japonés lo notó, así que aún cansado y agitado, lo estrechó más entre sus brazos, acomodándole la cabeza sobre su pecho desnudo.

Pronto se recuperó y haciéndose a un lado, lo arrastró consigo bajo las sábanas hasta tenerlo entre sus brazos.

—Eres mío —murmuró con debilidad y somnolencia, sus ojos se cerraban, había quedado exhausto, y aun así no quería dormirse sin antes decirle algo—. Nunca te vayas de mi vida. Nunca… —acarició su mejilla con ternura, sin cortar el contacto visual en ningún momento.

El azul y el marrón se unieron por un buen rato, expresándose todo ese amor a través de esas miradas tan puras y enamoradas.

—Soy tuyo —murmuró—. Y nunca me iré —juntó su frente con la de él, notando que la piel de ambos estaba perlada por el sudor debido a tanto ejercicio—. Jamás —repitió, estirándose un poco para besarlo en la frente con dulzura y logrando que él sonriera cálidamente.

Sus ojitos azules se estaban cerrando, se notaba que el pobre hacía un esfuerzo descomunal para no quedarse dormido ahí mismo

—Descansa mi amor, te lo mereces —retiró unos mechones de cabello plateado de su frente con una suave y fresca caricia que arrulló al ruso, cuyos ojos se cerraron por fin, hundiéndolo en un profundo y placentero sueño.

Horas después, durante la madrugada, Viktor despertó a Yuuri con pequeños besos en todo su rostro. Y cuando el menor logró espabilarse un poco, notó lo duro que estaba Viktor entre sus piernas.

No fue necesario que cruzaran palabras, sólo miradas, para luego rendirse a otra ronda de pasión desenfrenada.

El japonés quedó tan exhausto que a la mañana siguiente no se dio cuenta de cuando Viktor se levantó. Ni siquiera se percató del sonido del celular de Viktor captando una fotografía.

Una más para la galería —pensó, antes de acercarse a su amado envuelto en tantas colchas esponjosas y calientitas.

Yuuri comenzó a despertar cuando percibió el delicioso aroma a café recién hecho. Abrió los ojos y vio una humeante y gran taza sobre su mesita de noche. Levantó más la mirada hasta toparse con el amor de su vida, sentado en la orilla de la cama, junto a él.

—Buenos días, bello durmiente —se inclinó y le dio un dulce beso en los labios. Yuuri sonrió ampliamente.

—Podría despertar así todos los días de mi vida y no me quejaría —murmuró con la voz ronca y grave mientras se estiraba debajo de las mantas. Miró a su novio y parpadeó confundido—. ¿En qué momento te arreglaste?

—Me levanté temprano.

—¿Cómo puedes estar tan fresco y despierto después de la noche que tuvimos?

—Porque me haces muy feliz —lo besó de nuevo—. ¿Dónde quedó tu resistencia? —lo molestó un poco.

—Te la acabaste anoche después de la tercera ronda —infló las mejillas—. Si estuvieras en mi lugar, también estarías acostado. Me duele todo… —murmuró en voz bajita eso último.

—Lo siento —se rio entre dientes—. Cambiemos de lugar la próxima vez.

Los ojos castaños de Yuuri refulgieron con emoción.

—¿Sí?

—Hace mucho que no lo hacemos así —besó la comisura de sus labios, luego el borde de su mandíbula—. Lo extraño.

El rostro del japonés se puso muy rojo, pero esbozó una sonrisa coqueta, pues que Viktor le dijera eso aumentaba su ego como hombre.

—Toma —le extendió la taza de café. Yuuri se incorporó un poco hasta estar sentado, haciendo un gesto de dolor al sentir su trasero aplastado contra el colchón—. Lo siento, creo que me propasé anoche —se sintió de verdad culpable.

—No te disculpes por algo así —rio y tomó la taza entre sus manos. Viktor de inmediato le puso una manta sobre los hombros para cubrir su desnudez y evitarle el frío.

—¿Podrás ir a trabajar?

—Creo que sí.

—¿Crees?

—No te preocupes y ve a entrenar, que mañana te voy a quitar mucho tiempo, entrenador.

Viktor suspiró.

—De acuerdo —besó su frente y se levantó de la cama—. Por cierto, amor, te dejé el desayuno en la cocina.

—¿Pancakes? —sus ojos brillaron de emoción.

Viktor sólo le guiñó un ojo y se inclinó para besarlo en los labios.

—Me voy.

—Que te vaya muy bien —sonrió, aún somnoliento y con marcas de la almohada en el rostro. Viktor regresó y le dio otro beso, haciendo que su novio rodara los ojos, divertido.

—Uno más —y le dio otro beso.

—¡Se te va a hacer tarde! —rio—. Anda, vete.

—Otro más, es para el camino.

El japonés puso los ojos en blanco mientras esbozaba una sonrisilla de tonto enamorado.

El tiempo se les pasó volando a los dos. Su vida, a pesar de ser un tanto rutinaria, era perfecta desde los ojos de ambos. Trabajaban, se dedicaban todo el tiempo posible e intentaban hacer cosas diferentes cada día, aunque no siempre los planes salían como lo esperaban.

Había días en los que salían a pasear luego del trabajo, iban al cine, de compras, a cenar o simplemente a pasear a un parque, con Makkachin como acompañante. Aunque las salidas al aire libre se fueron limitando un poco, pues cuando llegó el otoño ya hacía suficiente frío como para que Yuuri no se le separara a Viktor ni siquiera en la calle, siempre buscando su calor.

En los días lluviosos se quedaban en casa, a veces Yuuri cocinaba e intentaba enseñarle a su amado (Pero siempre fallaba), también acostumbraban sentarse junto a una ventana y ver el agua caer mientras bebían chocolate caliente.

Durante ese tiempo Yuuri había sido advertido por Viktor, éste lo quería poner en engorda, pero el japonés no se lo permitió, permaneció fuerte y en forma.

También había días en los que ninguno tenía ganas de hacer algo, así que simplemente se tumbaban en la cama o en el sillón, cada uno haciendo cosas distintas como leyendo una revista, navegando e internet o escuchando música.

Yurio se hizo mucho más apegado a los dos ahora que Yuuri vivía en la misma ciudad, tanto que, a veces iba al departamento sólo para cocinarles algo nuevo que aprendió en su escuela. A veces iba a cenar con ellos o los motivaba a que salieran los tres juntos a pasear. Su relación se fue haciendo cada vez más estrecha, al grado de que había días en los que se les hacía tan tarde conversando o jugando videojuegos (Que Yurio llevaba) que los mayores sugerían que se quedara a dormir esa noche con ellos. Y así era, se quedaba en uno de los cuartos disponibles.

Los tres entrenaban juntos y se llevaban mejor que nunca, Yurio seguía mostrando su preferencia hacia el japonés, aunque muy en el fondo los quería a ambos por igual, pero le encantaba molestar a Viktor en cada oportunidad que se le presentaba.

Después de un par de meses de entrenamiento, Viktor y Yuuri llegaban muy cansados a su casa, con los pies adoloridos y un poco heridos. Acostumbraban masajeárselos con cariño antes de dormir, aunque cuando Yuuri masajeaba los pies de Viktor primero, no había duda de que él se quedaría sin masaje, pues el ruso caía completamente rendido al sueño.

Hubo un par de ocasiones en las que Viktor resintió el sobresfuerzo que estaba haciendo, provocándole dolor de cadera y espalda. Cuando ocurrió, Yuuri se alteró demasiado. Éste estaba patinando al otro extremo de la pista, ensayando su coreografía ya elaborada, la habían hecho entre los dos. Su novio también practicaba, pero hasta el otro extremo. Yakov le daba órdenes desde afuera, mirando detenidamente sus movimientos y buscando corregir sus errores. Y como todo buen fan, Yuuri no pudo despegar la mirada de su ídolo más grande practicando su hermosa coreografía, después de todo era la primera vez que Viktor elegía un tema tan erótico, pues su tema de ese año era "Lust".

Estaba tan perdido en los pasos sensuales y en los saltos tan increíbles de su novio, que pudo ver el momento exacto en el que intentó un cuádruple y en su lugar sólo obtuvo uno simple.

—Mal —lo regañó Yakov a lo lejos—. No tomaste el impulso necesario. ¿Qué te pasa? Ese salto lo dominas desde niño.

—Puedo hacerlo de nuevo.

—No, es suficiente por hoy.

Viktor no hizo caso, era demasiado obstinado y orgulloso. Volvió a intentar el salto, pero de nuevo terminó siendo un simple, acompañado esta vez de una caída. Sus rodillas y manos detuvieron el impacto que no fue la gran cosa, pero fue suficiente para que Yuuri prácticamente volara hasta llegar a su lado, agitado y angustiado.

—¡Viktor! ¡¿Qué te pasó?! —lo ayudó a incorporarse.

—Nada —sonrió y se sacudió las virutas de hielo de la ropa.

Yuuri lo miró sin creerle ni una palabra.

—No, dime qué te pasa. Desde hace rato estás patinando muy raro.

Los ojos azules se abrieron un poco más por la sorpresa. Se suponía que Yuuri estaba practicando, no debería distraerse mirándolo.

—Sólo estoy un poco cansado, no hay nada de qué preocuparse —se soltó del agarre de su novio y procedió a continuar con el entrenamiento a pesar de que su entrenador le decía que ya había sido suficiente.

—Basta —Yuuri lo tomó de ambas caderas antes de que se deslizara lejos y lo miró severamente—. No es necesario que te agotes tanto.

—Claro que sí —invadió su espacio personal y lo tomó del mentón—. Tengo un gran rival este año. Te he estado observando, kobuta-chan —sonrió de lado—, y puedo asegurar que el alumno ha superado al maestro —aceptó con una mueca llena de sentimientos contradictorios y difíciles de descifrar.

Las mejillas de Yuuri se pusieron coloradas. ¡¿En serio le acababa de decir eso?!

Se quedó tan perplejo que no se dio cuenta de cuando Viktor se alejó de ahí para seguir entrenando.

—Tramposo —murmuró el japonés, observando a su novio patinar—. ¡Oh por Dios! ¡Viktor! —fue directo hacia él al ver que se sostenía del muro que rodeaba la pista.

Yurio estaba más cerca de él, así que llegó primero.

—¿Qué te pasa, viejo? —estaba asustado.

Viktor suspiró. Con el ceño fruncido le dijo que no ocurría nada, pero en ese mismo instante llegó el japonés y sin dar espacio a quejas o negativas por parte de su novio, tomó su brazo y se lo pasó por el cuello mientras usaba su mano libre para rodearlo por la cintura, brindándole el apoyo que necesitaba.

Comenzó a conducirlo a la salida de la pista, dejando que se apoyara por completo en él. Esta vez el ruso no replicó ni rechistó.

—Es tu cadera ¿Cierto? —preguntó en voz muy baja, mirando hacia el frente. Sólo sintió cómo su amado asentía con la cabeza—. Vamos a casa, necesitas descansar.

Viktor sólo suspiró.

Ese día, al llegar al departamento, Yuuri lo tumbó en la cama y lo obligó a descansar. No volvió a pisar el hielo en varios días y además se había llevado una fuerte reprimenda por parte de Yakov y de Yuuri.

—¡No lo hagas de nuevo! Si te duele algo, dímelo. Y no te exijas tanto ¿Quieres dañarte permanentemente?

—Ya, entiendo. Lo siento —suspiró, se sentía como un niño regañado—. Pero no puedo evitar emocionarme así, es mi última competencia, Yuuri.

Esas palabras derrumbaron algo dentro del corazón del japonés. La realidad cayó sobre sus hombros e inevitablemente se le llenaron los ojos de lágrimas. Su más grande ídolo se iba a retirar definitivamente.

—No amor, no llores —aguantó las ganas de reír. El lado fanboy de su novio era inmenso.

Luego de recuperarse de ese pequeño achaque, volvió a entrenar, sólo que ahora eran más estrictos con él, no lo dejaban sobrepasar el tiempo de entrenamiento y lo tenían bien vigilado.

Irina se les unía en ocasiones, disfrutaba verlos patinar. Y por lo regular se iban a comer juntos luego del entrenamiento. Los tres charlaban muy amenamente, pero en especial Yuuri e Irina, ambos congeniaron tan bien que había ocasiones en las que se encerraban tanto en su conversación que Viktor se quedaba mirándolos, esperando el momento para intervenir y unirse a la charla. El ruso había comenzado a sentirse un poco incómodo.

—Jamás imaginé que Irina y tú pudieran llevarse tan bien.

—Y yo jamás creí que ella fuera tan… tan tú —rio—. Es como tú, pero en mujer.

—¿Te gusta?

—¿Qué? ¿Irina? —se sorprendió por la pregunta.

—Sí. ¿Te gusta ella?

—Sí, me gusta cómo es. Me cae muy bien, siempre y cuando no se te acerque mucho —Yuuri no podía negar esos pequeños celos que se incrementaban cuando veía a su novio muy cerca de ella. Era ahí cuando se recordaba a sí mismo que entre ellos no había nada y tampoco podría haberlo.

—¿Te pone celoso? —alzó una ceja.

—A veces. Espera… ¿Tú también? ¿Te pones celoso de tu exesposa?

Viktor asintió.

Los dos se echaron a reír a carcajadas. Ambos sentían lo mismo, obviamente eran celos injustificados, aunque Viktor se incomodaba al ver lo linda y empalagosa que era ella con Yuuri.

—Pero yo sí tengo justificación —dijo el ruso de pronto—. Ella me confesó hace tiempo que, si tú y yo no fuéramos pareja, ya te habría invitado a salir. Tú realmente le gustas.

—¡Cómo crees! —se avergonzó bastante.

—Así que estoy celoso y siento mucha envidia. En un mundo paralelo ya me habrías quitado a mi esposa. Eres todo un pillo.

Yuuri se echó a reír antes de colgarse del cuello de su novio y besarlo en los labios.

—Estoy seguro de que incluso en un mundo paralelo estaríamos los dos, juntos como ahora —acarició su mejilla.

Viktor sólo se mordió el labio, preparándose para devorar a su amado.

El día se había llegado.

Las asignaciones habían sido hechas y los dos ya se encontraban haciendo sus maletas. Viktor acompañaría a Yuuri a Detroit, tendría su primera competencia y se enfrentaría a J.J. y a Yurio.

—¿Por qué estás tan nervioso? Lo has hecho perfectamente en los entrenamientos —lo tomó de los hombros y se los acarició con cariño.

Yuuri se zafó de ese amable gesto y siguió empacando, caminando del armario a la cama donde tenía la maleta. Viktor ya estaba mareado de verlo dar tantas vueltas.

—Voy a competir contra Yurio ¡Yurio!

—¿Y qué?

—¿Qué no viste su presentación? Era increíble.

—Sí, pero no mejor que la del año pasado.

—¿Tú crees?

El otro asintió y Yuuri suspiró. Siguió empacando, hasta que una caja de cartón de tamaño considerable llamó su atención. Estaba debajo de toda la ropa colgada, muy escondida. No preguntó, sólo la tomó y la llevó a la cama.

—¡Oh! Mi caja de recuerdos —sonrió con nostalgia y la abrió antes de que Yuuri lo hiciera.

—¿Recuerdos?

—Sí, mira —le señaló los objetos que había dentro. Resulta que sí guardaba las cositas que sus fans le regalaban. Le enseñó algunos peluches, cartas y demás—. Este es mi favorito —sacó una carta que tenía guardada dentro de un acetato, para evita que se deshiciera con el tiempo—. Estaba comenzando mi carrera cuando un lindo niño me la obsequió. La guardé porque me gustó mucho el dibujo que hizo de Makkachin. Nunca pude leerla porque está escrita en japonés —suspiró—. Recuerdo muy bien ese día. Recibí muchos obsequios, pero el único que conservé fue este, pues el niño que me lo dio era realmente adorable. Debí de haberme tomado una foto con él. ¡Era muy lindo! Bajito, gordito y muy bonito —miró la cara de su novio y dejó de hablar.

Yuuri estaba demasiado pálido, lo cual sólo le hizo sospechar una cosa.

—Oh por Dios, no me digas que es tuya. Sería demasiada coincidencia —rio torpemente, hasta que vio que Yuuri seguía pálido—. ¡¿tú eras ese niñito lindo y regordete que me dio la carta?!

—¡Claro que era yo! —se ofendió un poco—. Pensé que lo recordabas, o que al menos me habías reconocido también por ese suceso —se sonrojó bastante.

—Amor, seguramente tenías no más de once años.

—Tenía once años.

—Dios, qué adorable —se mordió los labios y se llevó ambas manos a las mejillas en un gesto de "Muero de ternura" —. Pero… ¿¡Por qué la escribiste en japonés?!

—¿Y por qué no la tradujiste?

—Lo olvidé.

—Eres cruel.

—Pero mira el lado bueno. Ni siquiera sé qué dice y aun así es mi regalo favorito.

Las mejillas del aludido se pusieron más rojas, tenía razón.

—¡Tradúcemela! —pidió, feliz.

Yuuri tomó la carta y leyó las pocas palabras que venían debajo del dibujo. En ningún momento borró la sonrisilla traviesa de sus labios.

—"Para la persona que más admiro en el mundo, gracias por la motivación que me diste, he decidido convertirme en patinador gracias a ti. Algún día me gustaría patinar contigo. Por cierto, amo tu trasero"

—¿Eh? —sus bellos ojos parpadearon con sorpresa antes de comenzar a reír a lo grande.

Su risa no era la de siempre: Linda y encantadora. No, su risa era como la de una foca con enfisema pulmonar. El japonés no tardó en contagiarse.

—Te estás burlando de lo que escribí —se quejó, riendo.

Viktor tardó un rato en recuperar la compostura. Incluso pequeñas lagrimitas se asomaban por las comisuras de sus ojos. Después de toser un poco por el ataque de risa, le dijo:

—Acabas de inventar eso último —rio un poco más.

—No lo dije en ese momento, pero te lo digo ahora —se le acercó peligrosamente, palpando sus costados con ambas manos hasta detenerse en sus nalgas—. Tu trasero es perfecto.

Yuuri había entrado en modo "Eros" y era en esas ocasiones cuando Viktor se sonrojaba estúpidamente.

—Amor, tranquilo —le apretó la mano sobre el descansabrazo del asiento del avión—. ¿Estuviste así de nervioso el año pasado?

—Estuve peor.

—¿Cómo puedo tranquilizarte un poco? Nos restan diez horas de vuelo.

—No lo sé —no dejaba de jugar con sus dedos de la mano derecha. Viktor vio la marca que le había quedado del anillo.

—Te acostumbraste a traerlo siempre —sonrió de lado. Nunca tocaba el tema de los anillos.

—Me siento extraño sin él.

—No debiste usar lejía con él puesto. Casi lo arruinas.

—¡Lo sé! ¡Ya ni me lo digas! —se puso más nervioso—. Me sentí tan mal cuando lo vi manchado y feo. Y luego el joyero lo tendrá listo hasta que volvamos a casa después del GPF. Yo quería traerlo puesto.

—¿Por qué?

—Porque es especial para mí.

Viktor quiso decirle que traía uno igual colgando de la cadena de su cuello, pero mejor evitó el tema.

—¡Ya dejen dormir! —espetó Yurio de mala gana, iba sentado justo al lado de la ventanilla, Yuuri iba en medio y Viktor en el pasillo—. Cerdo, si sigues así de nervioso te voy a dar motivos para que en realidad lo estés, así que cállate, que me pones nervioso a mí también.

"¿Nervioso tú?" quiso decirle el japonés, pero mejor se detuvo.

Llegaron a Detroit un día antes de la competencia. En el aeropuerto se despidieron de Yurio, pues el vuelo de Otabek había llegado unas horas antes y ya lo estaba esperando ahí.

Así se quedaron solos, y Viktor, para bajar la tensión en su amado, le pidió que después de registrarse en el hotel lo llevara a turistear un poco, pues conocía muy bien el lugar. De esa manera terminaron yendo a la universidad donde estudió Yuuri, le enseñó los alrededores a su novio y pasaron un rato agradable, la tensión desapareció casi por completo de él.

El día de la competencia llegó. Yuuri expuso su nueva coreografía hecha por Viktor, pero estaba tan nervioso que quedó en cuarto lugar ese día. A pesar de ello, todos sus fans se alzaron, felices por verlo participando de nuevo.

La noticia de que Viktor Nikiforov y Yuuri Katsuki volvían a ser entrenador/pupilo recorrió el mundo, incrementando la audiencia y los seguidores de la competencia. Eso, más el hecho de que Viktor había salido de su retiro sólo para participar una vez más, hicieron que el mundo entero del patinaje se estremeciera.

El tema de Yuuri también causó un poco de revuelo, pero más que nada entre sus conocidos, todos aquellos que sabían de los brazaletes que compartían los dos. Yuuri había elegido "Life", y Viktor… bueno, le habían sugerido que eligiera "Love" para que fuera a juego con Yuuri, pero no lo hizo porque tenía dos buenas razones: la primera era que ya había elegido ese tema el año pasado, y la segunda razón era que tenía uno mil veces mejor: "Lust".

Al terminar el primer día, J.J. no perdió el tiempo y se acercó a su amigo Yuuri.

—¡Cuánto tiempo! ¿Cómo han estado? —saludó por igual a Viktor, éste sólo lo miraba con seriedad.

Yuuri miró a su novio con cara de "No seas grosero", a lo que Viktor sólo respondió con una mueca chistosa de enfado.

—Muy bien ¡Wow! —se sorprendió al ver que atrás venía Isabella con un bebé en brazos—. ¿Ese es Liam?

—Sí —sonrió, orgulloso de su hijo y de su esposa—. Vinieron a apoyarme los dos —rodeó a Isabella por la cintura y le besó la mejilla antes de presentarle el bebé a ambos.

—Se parece mucho a ambos —dijo Viktor al acercarse y ver al nene, éste hizo puchero al verlo tan de cerca, comenzó a sollozar.

—Lo asustas, Viktor —Yuuri lo empujó y saludó al pequeño Liam—. Es tan lindo —le pellizcó suavemente una mejilla y el bebé rio. Sus mejillas regordetas hacían ver muy pequeños sus ojitos grises, iguales a los de su padre.

—Parece que le caes bien —rio Isabella.

—¿Tienen algo qué hacer? —preguntó de pronto el canadiense. Los aludidos negaron—. ¿Les gustaría ir a cenar con nosotros? Tenemos mucho que charlar —miró a Viktor y le sonrió, éste se limitó a asentir con la cabeza.

Yuuri e Isabella se quedaron platicando, apartados de Viktor y J.J., así que éstos se vieron obligados a cruzar palabra.

—No nos llevamos muy bien —dijo de pronto el canadiense, sin mirar a Viktor. Éste sólo asintió, estaba muy de acuerdo en eso—. Pero ¿Por qué no lo intentamos? —lo miró—. Los dos nos preocupamos por Yuuri, cada uno a su manera, pero al menos tenemos eso en común. Podríamos ser amigos.

—Cálmate, Leroy —frunció el ceño—. Por lo pronto convivamos lo que sea necesario, ya veremos eso de la amistad.

J.J. se rio. Él en verdad ya no tenía nada en contra de Viktor, no desde que vio cómo hacía feliz a Yuuri.

—Viktor, disculpa por haberte molestado tanto el año pasado.

—Discúlpame a mí por el golpe.

—Ya lo superé.

Viktor sonrió y luego miró a los otros dos, de pie muy cerca de ambos.

—Parece que Yuuri se encariñó muy pronto con tu hijo.

—Y Liam con él.

Se quedaron en silencio.

—¿Piensan tener hijos? —inquirió Jean de pronto. A Viktor se le iluminó la mirada.

—Yuuri no quiere, pero lo convenceré tarde o temprano.

—Isabella no quería hijos, y mírala ahora.

En el segundo día Yuuri se lució, presentó un programa limpio, perfecto y hermoso. A pesar de ello quedó en tercer lugar, J.J. se llevó el primero y Yurio el segundo.

La siguiente competencia fue en Barcelona, lugar en el que pupilo y entrenador se enfrentarían.

Ambos estaban nerviosos y emocionados, como nunca.

Ahora les tocaría competir contra Otabek, obviamente Yurio estaba incluido en el paquete, estaba ahí, apoyándolo. También competirían contra el nuevo pupilo de Chris, quien se veía muy preparado.

—Te sudan las manos —se burló un poco el japonés.

—A ti también —le sacó la lengua. Estaba a punto de salir, sería el primero en presentarse y tenía nervios y emoción.

Yuuri pegó un brinco cuando sintió una mano pesada y traviesa apretando su trasero, muy diferente a como su novio solía hacerlo.

—¡Christophe! —se le puso la piel de gallina, odiaba que hiciera eso.

—Hola chicos —saludó con una sonrisa de oreja a oreja.

—Que no se te haga costumbre ese "Saludo" —lo apuntó amenazadoramente con un dedo, Viktor no bromeaba.

—Oh, vamos —se rio—. También tengo uno para ti, ven, ven —abrió y cerró una mano, simulando que ya le apretaba una nalga.

—No, gracias —rodó los ojos.

En ese momento anunciaron el comienzo de la competencia y vocearon a Viktor, era su hora.

El ruso se estiró una última vez, respiró profundo y cuando estuvo a punto de decirle algo a su novio, éste ya se encontraba estampando los labios contra los suyos en un beso muy tierno y lleno de buenas vibras.

—Arrasa con todo, Vitenka —besó una vez más sus labios, fue un beso corto, pero con una mordida leve al final. Esto llenó de inspiración al mayor, su motivación estaba al tope.

—Lo hare, mi amor —le dio un abrazo "rompe-huesos" y se dirigió a la pista.

Jamás se esperó que al pasar junto a Chris, éste le propinara una nalgada lo suficientemente fuerte para que fuera audible.

—Éxito —le dijo el suizo con una risilla traviesa escapando de sus labios.

—¡¿Pero qué te ocurre pedazo de idiota?! —estaba sonrojado y enojado.

—¡Vete ya! Recuerda que es tu turno —lo empujó hacia la pista—. Yo me encargaré de él.

—Gracias amor.

Así fue como Chris fue víctima de un Yuuri celoso y enojado. El japonés lo tomó de una oreja y lo arrastró hasta las butacas más cercanas a la pista para después susurrarle al oído:

—El trasero de Viktor es mío. Atrévete a tocarlo de nuevo y no tendrás la oportunidad de venirte de nuevo en el hielo, jamás.

Su voz parecía sacada de una película de terror, fue tan escalofriante que el suizo se espantó de verdad, jurando no volver a hacerlo.

La presentación del ruso dio inicio con miles de aplausos y vítores de sus fans, felices y eufóricos por verlo de nuevo en el hielo, y más emocionados aún al saber que su tema era totalmente distinto a cualquiera que hubiera presentado antes.

Demostró una sensualidad muy propia de él, una sensualidad que sólo mostraba en la intimidad con su novio. El público se esperaba que fuera similar al tema de Chris hace varios años, pero no. Viktor no tuvo siquiera la necesidad de tocarse el trasero o hacer expresiones obscenas, no. Con el simple movimiento de su cuerpo, sus pasos suaves y hermosos y su expresión tan perdida en el amor que experimentaba al estar con Yuuri.

La música iba muy de acuerdo al tema, sus pasos eran sensuales y sus saltos eran tan increíbles como siempre.

Viktor Nikiforov estaba demostrando su versión de "Eros" y ésta sobrepasaba mucho a la de Yuuri.

Cuando terminó, todas las personas del estadio se pusieron de pie y gritaron como locos, incluyendo a Yuuri, quien gritaba más fuerte que cualquiera y lanzaba peluches a la pista, éstos fueron los únicos que su amado recogió.

Estaban cansados, tanto que se fueron directo al hotel después del cierre del primer día. Durante el camino al hotel, en el taxi, Yuuri comenzó a toquetear a su novio, éste le respondió de inmediato. Un juego de caricias y besos disimulados se abrió paso y ellos no veían la hora de llegar al hotel y hacer el amor toda la noche, cosa que no ocurrió, pues apenas sus cuerpos tocaron el colchón, cayeron rendidos al sueño. Ni siquiera se habían desvestido.

A la mañana siguiente despertaron en la misma incómoda posición y se rieron por lo ocurrido.

Viktor seguía viendo nervioso a su novio y no entendía el motivo. Le había ido tan bien en la competencia, que estaba sólo un poco por debajo de él en puntaje, ambos en los primeros puestos.

—¿Qué te pasa, amor? —preguntó con una sonrisilla traviesa, abrazándolo por detrás—. Te sigo viendo nervioso y ya no te creo que sea por la competencia.

El japonés tragó en seco.

—Tengo un plan —dijo de pronto, girándose para poder ver a su novio a los ojos, a esos hermosísimos ojos de un azul resplandeciente.

—¿Un plan?

Demonios, no habían sido las palabras correctas, había comenzado con el pie izquierdo y ahora debía solucionarlo.

—Es decir, estamos en Barcelona, donde comenzó todo.

—Tienes razón —se le iluminaron más los ojos—. En este mismo hotel.

—A dos cuartos de aquí.

Viktor rio. Había pedido que les asignaran la misma habitación que hace varios años, pero esa tenía dos camas y él quería que hubiera sólo una para compartir.

—Me trae muy buenos recuerdos —continuó Yuuri.

—Y muy tristes también.

Yuuri se recargó en su pecho y lo rodeó con fuerza, en un abrazo asfixiante. No lo soltó hasta que Viktor dijo que se ahogaba.

—Hay que hacer nuevos recuerdos en Barcelona. Viktor, te invito a cenar esta noche.

—¡¿Me estás invitando a una cita?!

—Una cita oficial, prometo que no será un fracaso como las citas con las que te hice sufrir en Vladivostok.

El rostro de Viktor se descompuso en una mueca cargada de ternura. Inmediatamente extendió una mano hacia el rostro de su amado para peinar su cabello hacia un lado mientras le decía:

—Ninguna de esas citas fueron fracaso. Amé cada una de ellas, aunque casi me intoxicas con chocolates.

—Ni me lo recuerdes.

—¡¿Entonces vamos a salir hoy en la noche?! —estaba muy emocionado, sólo le faltaba dar saltitos alrededor—. ¿A dónde vamos? ¿Al restaurante donde cenamos con todos en el GPF de hace varios años?

—No —se rio, para nada iba a ser ahí—. Es una ocasión especial y es una sorpresa —le guiñó un ojo—. Vayamos a hacer turismo un rato —le besó la mejilla para distraerlo un poco del tema, sino no dejaría de preguntar, como niño pequeño.

—¿A dónde me vas a llevar? —insistió.

—Tomaré un baño —intentó zafarse de sus brazos, pero el otro no se lo dejó nada fácil.

—No, kobuta-chan. Antes me vas a decir a donde me vas a llevar.

—No lo haré —aguantó la risa—. Menos aún si me llamas así.

—¡Iuuuriii! Dime —lo abrazó más fuerte y escondió el rostro en su cuello, haciéndole cosquillas con su nariz.

—No.

—¡Anda! —restregó su cabeza en el cuello del menor, haciéndolo reír por las cosquillas.

—No te has afeitado, estás rasposo —se le separó un poco.

—No me cambies el tema, Katsuki.

—Pues no te voy a decir, y ya.

Viktor lo alzó del piso a modo "princesa" y brincó a la cama sin soltarlo, ambos rodaron por ésta y rieron a lo grande. Pelearon amorosamente por un rato más, hasta que les dio hambre y decidieron ponerse decentes antes de salir al mundo exterior.

No importaba cuánto tiempo transcurriera, los dos estaban felices y en su etapa eterna de "Luna de miel", esa que no se iba a pesar de los meses. Ellos eran más empalagosos cada día, cosa que a Yurio le repugnaba aunque por dentro se sintiera dichoso.

Salieron del hotel y por el resto del día se olvidaron de los nervios de la competencia y del hecho de que todos los demás rivales estaban en esos mismos momentos entrenando para el día de mañana.

Tomados de la mano pasearon por toda la ciudad y disfrutaron del clima invernal, recordando aquel paseo que hicieron hace años, a diferencia de aquel entonces, ahora los dos estaban mil veces más felices y amorosos.

La tarde se les pasó volando y llegó la hora de ir a cenar, estaba atardeciendo.

—Amor ¿Ya me vas a decir a dónde vamos?

—Al hotel.

—¿Cenaremos ahí?

—Claro que no —lo jaló de la mano y apresuró el paso, aguantando sus ganas de reír por los nervios.

Cuando llegaron al hotel, Yuuri mandó a Viktor a su habitación, solo. Se quedó en la recepción con el pretexto de tener que cambiar su llave que fallaba.

Viktor subió a su cuarto y Yuuri corrió a la habitación de Yurio y Otabek, sus cómplices en todo ese asunto.

—¿Ya mandaste al viejo a su cuarto?

—Ya.

—Entonces entra y cámbiate o perderán la reservación —lo empujó al interior del cuarto. Otabek estaba dentro, iba saliendo de la ducha y no se había molestado en ponerse camiseta.

—Hola Otabek —saludó el japonés con una sonrisa antes tomar el traje que Yurio le extendió.

—¿Crees que a Viktor le quede el suyo? —inquirió el kazajo.

—Espero que sí, si no tendrá que ir en jeans.

—Sí le va a quedar. Tú mejor que nadie conoce su talla en traje y sus gustos también. Ya no te preocupes por idioteces y cámbiate —le dijo Yurio.

—¡Sí! —comenzó a desvestirse en medio de la habitación.

—Pero no aquí ¡idiota! —espetó, sonrojado.

Entró a la habitación y se llevó una inmensa sorpresa al encender la luz y toparse con un gran ramo de rosas rojas, idéntico al que le había obsequiado en Vladibostok. No contuvo su grito de emoción y corrió a ver la nota que había a un lado del ramo.

"Prometí que esta cita no sería un fiasco y lo voy a cumplir. Esta es la primera sorpresa de la noche.

Pd: ponte el traje que elegí para ti.

Te Amo.

-Y."

Miró sobre la cama una cubierta de plástico especial para los trajes. Con emoción y ansias abrió el empaque y suspiró con amor al ver lo bien que Yuuri lo conocía, tanto su gustos como sus deseos. Un traje gris oxford y una camisa azul marino lo esperaban. Se los probó con cuidado de no arrugarlos ni un poco, comprobando que le quedaba a la medida.

Buscó la corbata, pero no había. En vez de eso un pañuelo pequeño del mismo color de la camisa se asomaba a un lado de la solapa del saco, en la pequeña bolsita de éste.

Se miró al espejo y no se sintió conforme hasta que desabrochó los primeros botones de la camisa. Luego se peinó tal como lo hizo en su presentación de "Stay Close To Me", sabía cuánto amaba Yuuri cuando se peinaba de esa forma.

Volvió a mirarse al espejo y estuvo muy satisfecho con el resultado. Al final acompañó el traje con unos zapatos negros y se puso el perfume que a Yuuri más le gustaba.

Acarició el enorme ramo antes de volver a leer la nota y percatarse que a la vuelta le decía que debía bajar al vestíbulo.

Así lo hizo, sólo para encontrarse a Chris sentado en uno de los sillones.

—¿Por qué tan apuesto? —se puso de pie para saludarlo.

Viktor no dejaba de mirar a todos lados.

—¿Has visto a Yuuri? —ignoró su pregunta.

Chris estuvo seguro de que no le haría mucho caso en ese momento, así que optó por ir directo al grano.

—Yuuri se ha ido, Viktor —lo dijo con tanta seriedad que el aludido palideció.

—¿Qué dices?

—Yuuri se fue —por dentro reía con malicia.

—¿A dónde demonios se fue, según tú?

—Lejos.

Viktor ya se estaba enojando.

—Christophe Giacometti, o me dices qué… —fue interrumpido.

—Ya hombre —una risa ronca salió de su boca al mismo tiempo que ponía una mano sobre su hombro—. Yuuri me pidió que te llevara al lugar donde ambos se van a encontrar. Él ya debe de estar allá. Vámonos —giró en su dedo las llaves del auto que había rentado al llegar a Barcelona y se encaminó a la salida.

El ruso suspiró, había estado a punto de asesinar a su amigo. Ese tipo de bromas no eran muy agradables para él, no después del historial de tragedias en su vida.

—¿Sabes por qué tanto misterio? —le preguntó a su amigo. Ambos estaban ya en el auto.

—Sí.

—¿Y…?

—Obviamente no te voy a decir.

—¿Qué clase de amigo eres? —dramatizó—. Eres mi mejor amigo, no el de Yuuri.

—Que celoso eres —rio—. Aunque no tanto como Yuuri, mira que se transformó en un monstruo cuando me atreví a nalguearte el otro día.

—¿En serio?

—¡Sí! me dio escalofríos —no bromeaba.

Viktor sólo suspiró como colegiala enamorada al saber que Yuuri defendía su amor de la misma manera en que lo hacía él.

—Sus celos son tan tiernos.

—Sí, lo que tú digas.

—Pero deberías dejar de hacer ese tipo de cosas.

—¿A ti o a Yuuri?

—¡A ambos! —se sonrojó levemente—. ¿Masumi no se enoja?

—Claro que no —rio—. Él sabe cómo soy. Además, sólo lo hago con ustedes, mis mejores amigos.

A Viktor se le removió algo en el corazón.

—¿"Mejores amigos"? —se conmovió mucho.

—Ya, no te pongas sentimental. No aún.

—¿Aún? ¡Dime ya qué es lo que sabes! —su tono tierno cambió por uno lleno de autoritarismo.

—Claro que no. Mejor dime ¿te gustaron las flores? Yuuri me dijo que te daría un ramo. Se me hizo muy cursi, igual que a Masumi —a pesar de sus palabras, había un brillo especial en sus ojos, amaba esas cursilerías aunque no lo admitiera.

—¡Sublimemente hermoso!

—Yo le sugerí que te diera un ramo hecho de condones de sabores y texturas diferentes, pero se escandalizó bastante —rio—. También le sugerí que te diera uno hecho con ropa interior de Calvin Klein. Le regalé eso a Masumi en una ocasión y le gustó bastante, pero Yuuri se sonrojó mucho cuando se lo sugerí, no entendí por qué, pero creo que consideró la opción.

—Es que ya tenemos demasiados de esos condones en casa —rio también—. Y lo de la ropa interior… creo que se sonrojó porque hasta hace poco se enteró que fui modelo de esa marca.

—¡¿Qué?! ¿Es en serio? ¿Cuándo?

—Ya hace muchos años.

—En tu juventud.

—¡Hey! Aún soy joven.

—Eres treintón.

Eso picó el orgullo del mayor, pero no se lo discutió.

—Entonces, Yuuri te dijo lo de las flores… ¿Hoy?

—No, me lo dijo hace un par de meses.

—¡¿Qué?!

—Demonios —había hablado de más—. ¡Ya no voy a decir nada!

Y al ver que no le sacaría más información a Chris, decidió mirar los edificios y todo a su paso. La noche había caído sobre Barcelona, iluminando sus calles con muchas luces.

El trayecto a su destino no fue muy largo y durante el camino Viktor tomó su celular y le mandó un mensaje a Aleksi y a Irina.

"Lo voy a hacer. Esta noche lo haré"

—Llegamos.

El ruso miró a su alrededor, todo estaba un poco oscuro. Había aparcado el auto frente a un teleférico.

—¿Dónde estamos?

—Aquí es el lugar. Yuuri debe de estar esperándote allá adentro. —señaló el interior del edificio del teleférico.

Viktor no entendía nada, pero le agradeció a su amigo por llevarlo hasta ahí y se bajó del auto.

Estaba caminando de un lado a otro, impaciente y desesperado porque su amado no llegaba. Chris le había mandado un mensaje cuando salió del hotel con Viktor, así que era cuestión de minutos para que llegara.

No podía estar más nervioso, pero se había prometido a sí mismo no demostrar esos nervios, no podía hacerlo en una noche tan especial.

Tomó su teléfono y le mandó un mensaje a las personas que estaban enteradas de esto y que no estaban ahí en Barcelona con él.

"¡Lo voy a hacer! Deséenme suerte. No sé de dónde sacaré el valor, pero lo voy a hacer esta noche"

Se lo envió a Phichit y a Mari, su hermana que se había emocionado muchísimo cuando se enteró que tanto él como Viktor iban a participar de nuevo en el GPF. Ella les había prometido ir a apoyarlos en la gran final, pues estaba segura de que llegarían allí.

Entonces vio que un auto se estacionaba afuera del edificio. Su corazón dio un vuelco y comenzó a latir frenéticamente, aunque no tan alocado como cuando vio a ese guapísimo hombre bajando del auto y caminando hacia el interior. Viktor no podía ver a Yuuri debido a los vidrios polarizados del lugar, pero el japonés lo vio claramente.

Vio cómo caminaba a paso seguro, tan guapo y elegante como siempre, con ese porte tan fino que hacia voltear a la gente. Viktor Nikiforov era simplemente un hombre que jamás podría pasar desapercibido, incluso si sólo portaba un costal de papas en vez de ropa.

Miró, sonriente, cómo se arreglaba el cabello y las mangas del saco antes de entrar. Lo vio suspirar con emoción contenida justo antes de abrir la puerta e ingresar al lugar. Fue ahí cuando ocurrió:

Yuuri Katsuki se enamoró una vez más de ese hombre.

El ruso no se pudo sentir muy diferente, pues casi se sintió volar al verlo. Se llevó una mano al pecho y simuló un dolor al corazón. Yuuri se asustó.

—¿Qué te pasa? —preocupado, puso una mano en su hombro. Estaba tan cerca de él que pudo percibir su deliciosa fragancia masculina.

—Me acabas de enamorar una vez más —soltó sin vergüenzas ni tapujos.

Yuuri soltó una risa llena de nervios. Pero esos nervios desaparecieron cuando Viktor lo miró de arriba abajo, con sus ojos celestes brillando como pocas veces.

El ruso estaba sorprendido por el porte de su novio, se veía tan galán, tan masculino y olía condenadamente bien.

En pocas palabras: Yuuri estaba apetecible.

Se había dejado sus anteojos puestos, esos de marco ¾ que se graduó hace meses; se peinó hacia atrás y se vistió con muy buen gusto, sexy y elegante al mismo tiempo.

Su traje negro se veía elegante, contrastando con su camisa blanca que tenía los primeros botones desabrochados y al igual que Viktor, un pañuelo en el bolsillo junto a la solapa del saco, se había abrochado sólo un botón de éste, viéndose irresistible ante los ojos de su novio y de cualquiera que pasaba por ahí.

—Estás muy guapo —puso suavemente una mano en su cintura, atrayéndolo hacia sí e inclinándose muy poco para susurrarle al oído—. Elegiste un traje muy bonito, pero se vería mejor en el suelo de nuestra habitación —le mordió la oreja.

Las rodillas de Katsuki temblaron como gelatina. Viktor lo notó y sonrió triunfante por ello.

—¡No! —se apartó, sonrojado—. Te vas a perder de tu sorpresa.

Por un momento el ruso la había olvidado.

—¡Es cierto! ¿Qué es? Dime ya ¿Dónde estamos? —miró a su alrededor, curioso y divertido.

—Te dije que te llevaría a cenar.

—¿Cenaremos aquí?

—No, tonto —le picó la frente con un dedo, mirando su peinado y sintiéndose especial, pues Viktor nunca se peinaba. Bueno, tampoco él.

—¡Me estás matando de curiosidad!

—No quiero quedarme sin novio —le tomó la mano, y riendo se lo llevó en elevador hasta el último piso de ese pequeño edificio.

Viktor se sintió tan dichoso en ese momento que poco le importó cuando Yuuri le abrió una puerta del último piso de ese edificio. ¿Comerían en una fea terraza? No le importaba, él sólo no quería soltar la mano grande, delgada y cálida de su novio. Pocas veces sus manos estaban tan calientitas como ahora, era muy agradable.

—¿Cenaremos aquí? —inquirió con curiosidad, mirando la terraza oscura.

—Claro que no, ven —sin soltar su mano, lo condujo al vagón que los esperaba al borde de esa terraza.

—¡Esto es un teleférico! —se asombró mucho.

—El restaurante al que vamos está justo allá —señaló una torre en donde terminaba el cable de donde pendían los vagones. Justo en el tope de aquella torre había un restaurante. Viktor lo reconoció al instante.

—¡Torre D'Alta Mar! ¡Siempre quise ir ahí! —estaba muy sorprendido—. ¿Me vas a llevar ahí?

—Después de ti —le cedió el paso al interior del vagón con un gesto galante.

Viktor gritó muy fuerte en su interior. Todo se estaba poniendo cada vez más bello. Luego recordó sus planes y el estómago se le revolvió.

El encargado activó el teleférico y el vagón comenzó a moverse a un velocidad media.

—¡Esto es maravilloso! —se quedó parado junto a la ventana, admirando el paisaje de noche que tenía ante sus ojos. Entonces el vagón se balanceó un poco con el viento y Viktor pegó un brinco antes de correr y sentarse. De inmediato buscó cinturones de seguridad, pero no los halló.

Yuuri lo observó atentamente, extrañado. No tardó mucho en atar cabos y darse cuenta de algo.

—Te aterran las alturas.

—Nunca te lo había dicho —su risita fue nerviosa—. Ven amor, siéntate a mi lado.

Yuuri le hizo caso. Su novio le jaló una mano y se la apretó con fuerza. Las manos del ruso estaban heladas.

—Oh, lo siento. En verdad le tienes miedo a esto.

—En realidad las alturas no implican un problema para mí, sino el hecho de estar pendiendo en el aire, sostenido por un cable, eso me aterra un poco —rio nerviosamente. Esa risita Yuuri nunca se la había escuchado.

—Tranquilo mi amor —atrajo la cabeza de él hasta reposarla sobre su hombro, con cuidado de no despeinarlo—. Ya casi llegamos —tomó nota de bajar por el elevador del restaurant y así no tener que tomar de nuevo el teleférico.

—De todas formas… —continuó Yuuri—…si esto se cae, moriremos juntos —soltó una risita macabra que sonó como "Je Je Je"

—¡No digas eso! Moriremos juntos, sí, pero no ahora.

—Ya, ya. Lo siento —volvió a reír, le encantaba molestarlo, pero decidió dejar de hacerlo por el momento, mejor lo volvió a abrazar.

Viktor se dejó mimar, correspondió el cariño apoyándose en su hombro y al mismo tiempo tomando una de sus manos. Estaban en tranquilidad hasta que el mayor saltó.

—¡Yuuri! Deberíamos agregar esto a la lista.

—¿De qué hablas?

—¡La lista!

—Oh… esa lista —sonrió con malicia—. ¿No te daba miedo esto?

—Se me olvidaría si te tuviera desnudo y debajo de mí —la comisura derecha de sus labios se alzó seductoramente, combinada a la perfección con una mirada intensa y profunda.

—No suena mal ¡Pero no hoy!

—Tendremos que venir de nuevo —se removió, ansioso.

Llegaron al restaurant y el ruso quedó maravillado.

Los condujeron a su mesa junto a una de las ventanas y se vieron en el gran conflicto de querer sacar la silla para que el otro se sentara, ambos lo intentaron y se echaron a reír antes de sentarse cada uno en la silla que había arrastrado.

La conversación entre ambos surgió ligera y de manera fluida. A esos dos jamás se les acababa el tema de conversación, si no estaban hablando de patinaje, hablaban de comida, de mascotas, y muy seguido esos temas los conducían a unos más profundos que los llevaban a otros totalmente bizarros como el helado con sabor a katsudon.

Esa ocasión no fue la excepción, conversaron sobre el GPF y se sorprendieron al ver todos los nuevos participantes. Por un momento se sintieron viejos, pero lo olvidaron cuando el mesero llegó y los llamó "Jóvenes".

Yuuri se encargó de elegir la bebida y el aperitivo.

—Amor —tomó su mano por encima de la mesa y la acarició con el pulgar—. Esto es hermoso, gracias por invitarme ¡Y gracias por las flores! ¿Sabes? Se han vuelto mi debilidad, incluso más que el chocolate. Aunque ahora que lo pienso… yo nunca te he regalado flores —frunció los labios y se puso a pensar—. ¿Qué te gustará? ¿Lirios? ¿Rosas? ¿Girasoles?

—Tulipanes —dijo levemente, un poco sonrojado—. Nadie me ha regalado flores, pero si alguien lo hiciera me gustaría que fuesen tulipanes.

—Chris me dijo que te sugirió un ramo de condones, no hubiera sido mala idea, nos acabaremos nuestra reserva muy pronto.

—En ese caso compramos más y ya, no te iba a regalar eso.

Llegó el champagne y los aperitivos. Ambos estaban hambrientos, tanto que no se molestaron mucho en mostrar sus modales, para los dos era como si estuvieran solos.

Viktor se disculpó y se levantó al baño, regresó momentos después. La cena estaba servida y Yuuri lo esperaba para comenzar a cenar. Sonrió con el ego por los cielos al haber notado que su novio no le quitaba la vista, tampoco cuando se había levantado, y estaba casi seguro de que le había visto el trasero.

—Tenías razón —dijo de pronto el japonés—. Esta ropa se vería mejor en el suelo de nuestra habitación.

Viktor contuvo una risa sólo porque tenía comida en la boca, pero asintió enérgicamente ante su comentario.

—Pero haremos lo que queramos cuando lleguemos al hotel.

—No. Mañana es la segunda etapa, no podemos.

—Pero…

—¡No!

—¡Yuuri! Sólo tantito.

El aludido se inclinó hacia delante en la mesa y miró fijamente a su novio. Arrastró una de sus medias sonrisas que sólo le dirigía a Viktor, con ese tinte de sensualidad y un poco de intriga.

—No esta noche, pero…

—¿Qué estás insinuando? —alzó una ceja inquisitiva y el japonés estiró aún más su sonrisa.

—Te tengo una sorpresa para cuando volvamos a casa.

—¿Hasta entonces?

—Sí.

—Estás consciente de que es tu última competencia, luego sigue la mía que es en Sochi. Y si clasificamos a la final, que es un hecho, iremos a París ¿Cierto?

—Lo sé.

—No quiero esperar tanto.

—Tendrás que hacerlo. Sé paciente Vitya-chan.

El aludido se sonrojó hasta las orejas con ese simple apodo.

—Dilo de nuevo.

—¿Vitya-chan?

—¡Ay te amo!

Yuuri se rio a lo grande.

—Yo también te amo, mi amor.

Estaban por terminar la cena cuando el mesero les llevó más champagne. Yuuri notó que Viktor se puso extrañamente nervioso, mas no entendió la razón. Siguió comiendo su cena y al verlo tan nervioso, recordó el motivo por el cual estaban ahí, debía decírselo cuanto antes o estallaría.

—Mi amor —dijo Yuuri en un tono muy dulce, dejando sus cubiertos de lado y quitándose la servilleta del regazo. Tomó su mano por sobre la mesa y continuó—. Tengo algo muy importante que decirte.

—¿Por eso organizaste esta cita? Por cierto, amé todo. La comida está deliciosa, la vista es sublime y la compañía —suspiró como bobo—. Es la mejor cita de mi vida, sólo espero, cariño, que traigas tu cartera.

El japonés se dio un manotazo en la cara.

—¡No cometería ese error dos veces!

El ruso se echó a reír abiertamente.

—¿Qué es lo que tienes que decirme? —se limpió los labios con la servilleta y lo miró con dulzura antes de que su expresión se llenara de una sorpresa muy actuada—. ¡No me digas! ¡Estás embarazado!

—¡Viktor! —se avergonzó bastante porque la gente a su alrededor los miraba y sonreían, divertidos tal vez—. No, obviamente no.

—¿Entonces? —le quitó una mancha de comida de la comisura de sus labios, se veía adorable y si no fuera porque estaban frente a frente en la mesa, ya se la hubiera quitado con la lengua y hubiera recibido un manotazo de su parte.

—Es un tema muy delicado —se puso serio.

—¿Te encuentras bien de salud? —se espantó.

—Perfectamente ¿Me dejas hablar? —no sabía si reír o molestarse.

Yuuri tomó aire, y procuró no ponerse nervioso, pero fue inevitable, los nervios lo atacaron y comenzó a tartamudear. Volvió a tomar aire y guardó silencio unos segundos. Miró los ojos celestes tan hermosos de Viktor y se perdió en ellos.

No entendía cómo unos ojos podían ser tan hermosos. Jamás en su vida había visto unos iguales. No eran azules, ni celestes, ni verdes. Eran una mezcla entre todos los colores hermosos del mar caribe.

Si por él fuera, jamás dejaría de verlos.

Y sin saberlo, fueron esos ojos y su expresión llena de amor lo que lo empujaron a comenzar a hablar sin nerviosismo ni tartamudeos.

—Viktor, no eres lo que esperaba.

—¿Qué? —palideció.

—Acabemos con esto tras la final.

Continuara…

10/09/2017