Agape to Eros

By Tsuki No Hana

XXXIV

"Oh La La~"

—Ven a jugar conmigo, Vitya —no había sido una pregunta, sino una orden clara y directa.

Su sonrisa ladina y llena de lujuria provocó algo en Viktor que ni él mismo se esperaba.

—Juguemos.

Viktor caminó directamente hacia su amado, con los ojos fijos en él. De pronto, todo su ser se había llenado de una pasión indescriptible.

—¿Vas a cumplir mi fantasía? —lo rodeó con ambos brazos, usando fuerza e impidiéndole moverse. Su cuerpo entero demostraba lo mucho que deseaba que aquello ocurriese.

—Sí —se separó del abrazo y le mostró una sonrisa cargada de seguridad en sí mismo, con una mirada que casi hizo temblar las rodillas de Viktor.

Yuuri iba muy en serio.

—Espero cumplir tus expectativas —murmuró en el oído del mayor, éste estaba tan embobado que no se percató del momento en el que Yuuri le puso una de las esposas en su muñeca derecha—. De verdad espero hacerlo —se permitió soltar un poquito de sus nervios a través de una risita, por primera y última vez en la noche.

—Ya superaste mis expectativas —suspiró, enamorado al verlo tan guapo y decidido. Le había visto ya el trasero. Tenía unas inmensas ganas de darle una mordida a esas nalgas respingadas. Pero no, al parecer no podría hacerlo en ese encuentro.

Yuuri arrastró una sonrisa galante con un tinte de picardía antes de tumbarlo sobre el colchón y echarse sobre él.

Viktor no pudo contener una risa pequeña, llena de emoción por lo que estaba por ocurrir. Yuuri alzó una ceja, preguntándole con esa expresión el motivo de su risa, pero no le dio oportunidad de responder, pues ya tenía sus labios apresados entre los propios.

Así comenzaron una sesión corta de besos muy apasionados, de esos que te quitan el aire y te hacen desear más aunque desfallezcas en el intento. Yuuri no se inhibió, al contrario, sacó todo el potencial que tenía dentro, demostrándole a su amado que no había ser en el mundo más erótico y tentador que él.

El japonés tenía una pasión arrebatadora que muy pronto fue contagiada al mayor, quien recibía los besos con gusto, respondiendo con la misma intensidad. Yuuri besaba y mordía los labios de su amado, éste suspiraba dentro del beso y utilizaba su lengua para robarle el aliento magistralmente al menor.

El ruso llevó sus manos a ese apetecible trasero, y fue justo en ese momento cuando Yuuri se separó y con una expresión seria le dijo:

—No se vale tocar —tomó su muñeca libre y la rodeó con la esposa que restaba antes de amarrarla al cabezal de la cama, dejando a Viktor completamente a su merced.

—Yuuri —se quejó, pero el puchero le duró poco cuando vio que su amado sacaba un antifaz para dormir y se lo ponía al instante—. ¡Iuuri! —exclamó cuando enseguida de perderlo de vista sintió una lengua húmeda y caliente recorriendo su esternón, ascendiendo hasta la clavícula.

Esa lengua volvió a descender, ahora concentrándose en un punto muy cercano al pezón de Viktor.

—Oh, Yuuri… pero qué travieso eres.

—Shh —lo silenció—. No he dicho que puedas hablar.

El otro sonrió de lado mientras que por dentro gritaba de emoción.

Yuuri dedicó tiempo a besar y morder cada centímetro de esa hermosa piel. Y Viktor, a pesar de no poder verlo, podía imaginar su sonrojo tierno y su expresión azorada. Quizás por eso le había cubierto los ojos, o quizás porque…

—¡Dios! ¡Yuuri! —gimió sin pudor alguno al sentir los dientes del menor mordisqueando uno de sus pezones, ya cubierto de saliva. Tener los ojos tapados sólo hacía que sus sensaciones se incrementaran considerablemente.

El japonés sonrió, satisfecho de ver lo mucho que le estaba gustando a su amado, y eso sólo era el comienzo.

Besó de manera ruda el pecho de Viktor, descendiendo tortuosamente por toda su piel hasta llegar al ombligo, lugar en el que comenzaba un delgado caminito de bellos muy claros y a penas notables. Siguió con sus labios ese sendero, disminuyendo la velocidad hasta que se encontró con el borde de la toalla de baño, ésta se hallaba un poco alzada, justo en el área de la entrepierna.

Yuuri sonrió y se despegó del cuerpo sólo para admirarlo por completo. Estaba acostado bocarriba, con sus manos por sobre su cabeza y amarradas al respaldo de la cama. Con sus ojos vendados y unas cuantas gotas de sudor sobre su frente. Se mordía el labio inferior y esperaba la siguiente acción con ansias, lo notaba por el subir y bajar agitado de su pecho, su perfecto y hermoso pecho.

Se dejó de cursilerías y dio paso a la acción.

Llevó su mano directo a la entrepierna del mayor, sintió el pene semierecto debajo de la toalla, mas no la retiró. Comenzó a masajearlo por encima de la tela, arrancando ruidos graves de la garganta de su amado.

—Hazlo en voz alta. Quiero escucharte —ordenó, sin dejar de masajear.

No tardó mucho en retirar la toalla y mirar esa bella erección casi en todo su esplendor. La piel pálida y tersa, el glande rosado y un tanto humedecido.

Tenía tantas ganas de probarlo.

—¿Qué me vas a hacer, Yuuri? —preguntó, aun conociendo la respuesta. Se había extrañado ante el silencio de Yuuri y su falta de acción.

Al no obtener respuesta, estuvo a punto de volver a preguntar, pero antes de lograrlo sintió algo increíble. Había sido tan real como desconcertante.

Sentir su pene dentro de un lugar húmedo y caliente sin esperarlo, había sido sorpresivo, pero sumamente delicioso.

Yuuri movía su cabeza de arriba abajo, succionando y aplicando la presión perfecta con su mano en la base del miembro. Viktor intentaba no moverse mucho, pero le fue imposible evitarlo, sus caderas comenzaron a moverse al mismo ritmo que Yuuri había impuesto. Pero muy pronto ese ritmo disminuyó considerablemente, era tan lento y tortuoso que Viktor no lo soportó.

—Mh… Yuuri, más rápido —pidió y sólo obtuvo como respuesta unos dientes encajados en su sensible hombría.

Un grito grave salió de su garganta al sentir los afilados dientes de Yuuri haciendo presión. La fuerza aplicada era leve, pero lo suficientemente fuerte como para que le causara escalofríos.

—¿Olvidas quién es el que manda aquí?

—Lo siento —se disculpó, un tanto nervioso al escuchar la voz seria de su amado. Se estaba tomando muy en serio su papel.

Yuuri había encendido todo su eros.

El blowjob proporcionado fue tan placentero que no creyó sentir algo mejor.

Estaba equivocado.

De pronto percibió algo frío y líquido cayendo a gotas sobre su pecho. Después las manos de su amante frotaron ese líquido sobre toda su piel, masajeando con sus grandes manos desde el vientre hasta el cuello.

Yuuri.

Su piel era hermosa y quería decírselo, pero me abstuve. Si no tuviera cubiertos los ojos, ya habría notado mi gran sonrojo y mis labios hinchados de tanto morderlos.

Me sentía un poco nervioso, temía que no le gustara. Intenté concentrarme deslizando mis manos llenas de lubricante por todo su pecho, por su vientre, por sus pezones. Amé verlo retorcerse cuando pasé mis manos por esa zona tan sensible de su cuerpo. Repetí las caricias, usando mis uñas para dejar líneas rojas en su perfecta piel. Él sólo soltó un quejido gustoso cuando hice aquello. Su torso estaba cubierto con mis rasguños, también sus preciosos muslos.

Dejé de acariciarlo sólo para poner un poco de lubricante sobre su erección, gota por gota, justo sobre el glande.

Sonreí al ver que se mordía los labios, ansioso. Estaba completamente a mi merced y no iba a desaprovechar esa gran oportunidad.

Llevé mi mano a su erección y retomé el trabajo que había dejado a medias. Subía y bajaba mi mano izquierda, acariciando toda su longitud, mientras que la derecha ponía total atención a sus testículos.

—Oh, Yuuri —jadeó, arqueando un poco su espalda cuando usé la punta de mi lengua para hacerle cosquillas en su parte más sensible.

—Abre más las piernas. Relájate —le ordené al ver que estaba un tanto tenso. Él no estaba acostumbrado a no saber lo que vendría a continuación. Literalmente lo tenía atado de manos.

—Quiero verte —pidió con una voz suave y jadeante.

—No.

Me eché sobre él, recostado sobre su torso y entre sus piernas abiertas. Mordí su cuello y succioné cada centímetro a mi alcance. Las marcas de mis dientes quedaron por toda su piel mientras que mi ya notable erección se frotaba sin pudor alguno contra la suya.

Me dolía la entrepierna por tenerla aún debajo de mi ropa interior, por eso no tardé más y me la quité, arrojándola a un lado.

—Oh… ya te quitaste el bóxer ¿Cierto?

—¿Tú qué crees? —me froté contra él, moviendo lentamente mis caderas y haciéndolo gemir con ese simple roce.

Puse de nuevo mis manos sobre su pene, acariciando con mis dedos sólo la punta, una y otra vez. Estaba tan erecto que, si lo soltaba, se estampaba con fuerza contra su vientre. Dejé que eso ocurriera varias veces, haciéndolo gruñir un poco.

Volví a masturbarlo, pero de manera lenta y tortuosa. Lo hice tan lento que él empezó a retorcerse, inconforme.

—¿Quieres más?

—Por favor —soltó en apenas un jadeo.

—No te escucho.

—Necesito más, Yuuri, dame más.

Aceleré el paso sólo un poco, sonriendo al ver que la erección ya estaba en todo su esplendor. La cabeza del pene se veía chistosamente un poco más grande de lo normal.

Aproveché el lubricante y comencé a masajear bruscamente toda la piel que tenía al alcance, dejando rastro de mis dedos y manos, había marcas por doquier.

Me senté sobre sus muslos, ahora cerrados, y pegué mi miembro al de él, tomándolos juntos y masturbándolos al mismo tiempo. Viktor dio un pequeño respingo cuando sintió la intromisión de algo no muy grueso en su ano.

—¿Q-qué es eso? —sus mejillas estaban rojas, sus labios entreabiertos y su respiración era totalmente errática.

—No preguntes.

Terminé de introducir el juguete sólo para finalmente encenderlo.

—¡Oh! —se retorció de placer al sentir las vibraciones. Habría doblado sus rodillas si yo no hubiera estado todavía sobre sus piernas—. Oh Yuuri. ¡Yuuri! —gimió cada vez más fuerte.

Bien, le gustó. Al menos me podía quitar ese temor de encima. Aún recordaba cuando fui a comprarlo, fue tan vergonzoso.

Viktor intentaba soltarse de las esposas, retorciendo todo su cuerpo bajo el mío. De su boca salían gemidos demasiado sexys, por un momento me replanteé la idea de seguir adelante, el deseo me estaba ganando y sólo quería que me hiciera suyo.

—Me voy a correr —anunció de pronto. Yo me sorprendí.

—¿Tan poco aguantas?

Al parecer esa pregunta lo descolocó por completo, pues parecía no saber cómo reaccionar. De pronto vi cómo fruncía el ceño y sus labios, inconforme porque había dejado de masturbarlo y había apagado el vibrador, interrumpiendo su orgasmo.

Insatisfecho, onduló sus caderas en busca de más contacto, pero no se lo di.

—Por favor —alzó sus caderas.

—¿Qué quieres, Viktor?

—Tócame.

—¿Qué quieres que te haga?

—Todo.

Entonces inicié un juego, masturbándolo rápido, luego lento, sin apagar el vibrador.

Mis ansias por sentir más comenzaron a alcanzarme.

Viktor.

Estuve a punto de disfrutar de un orgasmo, pero Yuuri lo interrumpió intencionalmente. No creí que lo hiciera. A decir verdad, no sabía qué esperar; y eso me pone nervioso y excitado, muy excitado.

—¿Yuuri? —pregunté, con la respiración más agitada de lo normal. Él se había detenido y no lo sentía cerca de mí—. ¿Dónde estás?

Como respuesta obtuve un leve gemido.

—¿Qué haces? —sonreí maliciosamente. Restregué mi cara contra mi brazo alzado hacia la cabecera de la cama, intentando quitarme lo que me cubría los ojos.

De nuevo obtuve lo mismo como respuesta.

¡Quería verlo! Y él no me dejaba.

—Eres un niño malo, Vitya —me dijo con la voz un poco rezagada—. Haces muchas preguntas.

—Soy un niño curioso —sonreí. Sentí que el colchón a mis costados se hundía un poco. Tomó mi erección entre sus manos y…

Un gruñido muy áspero salió de mi garganta, no lo contuve, pues no me lo esperaba.

Se había dejado caer sobre mi entrepierna, introduciéndome de lleno en él.

Se sentía maravilloso.

Sus gemidos suaves sólo me incitaban a querer mirarlo, quería observar sus mejillas rosadas, su carita acalorada y sus labios entreabiertos. Así que insistí en mi capricho de querer verlo. Y después de muchos intentos, logré zafarme del antifaz para dormir, éste cayó a un lado de mi mejilla. Al fin podría ver a mi prometido. Parpadeé intentando acoplarme a la poca luz que brindaban las velas.

Y entonces, me dio un orgasmo visual.

Yuuri no estaba avergonzado en lo absoluto. Su expresión era seria y decidida, sus preciosos ojos castaños me miraban con fijeza mientras me montaba de manera cada vez más ruda.

Sus manos estaban afianzadas a mi pecho, apoyándose en él para moverse de esa manera que sólo él sabía hacer.

Mi expresión seguro era la de todo un bobo, y es que verlo con su cabello negro todo revuelto, agitado y moviéndose de esa manera tan sensual sobre mí… de nuevo estuve a punto de tener un orgasmo.

—Oh Yuuri —gemí, y con eso se dio cuenta de lo que estaba a punto de pasar, así que se detuvo y me sacó de su interior, dejándome con unas inmensas ganas—. ¡Oye! —me quejé, apenado y molesto, pues el vibrador ya no era suficiente para satisfacerme, lo quería a él.

—Todavía no, Vitya, todavía no —me miró con una mezcla de diversión y sensualidad en su expresión.

Mi respiración estaba tremendamente agitada, necesitaba más, ahora.

De pronto se inclinó sobre mí, acercando su rostro al mío de manera que podía ver los matices de su mirada, había tonos café muy oscuros y otros no tanto, sus ojos castaños eran preciosos, pero enfrentar una mirada como la que tenía en esos momentos, era jodidamente difícil, pues me incitaba a arrancar el cabezal de la cama y follármelo ahí mismo.

Una sonrisa traviesa surcó sus labios, yo iba a preguntar el motivo, pero se me adelantó al frotar su erección contra la mía, una, otra y otra vez. Estaba jugando conmigo.

Me encantaba.

Tomó mis cabellos y los jaló levemente para que levantara mi rostro. Así unió nuestros labios en una caricia muy demandante. En ningún momento dejó de mover sus caderas sobre las mías, frotando nuestros cuerpos.

En verdad quería arrancarme las esposas.

—Por favor —musité entre beso y beso. Él descendió por mi cuello, desviándose un poco hacia mi oreja, lamiendo todo a su paso.

—¿Qué quieres?

—Oh… —jadeé como respuesta al sentir sus manos escurridizas entre el colchón y mi trasero, apretándolo a su antojo. Lo hacía tan fuerte que me volvía loco.

Seguía besando mi cuello cuando tuve una idea. Él también tenía debilidades, y muy similares a las mías. Fue así que no dudé en voltear mi rostro y atrapar su oreja entre mis dientes, mordisqueándola y lamiendo tal como sabía que le gustaba.

Un sensual gemido chocó contra mi oído.

—Yuuri —murmuré con voz ronca—. Por favor, déjame hacerte mío.

Se quedó unos segundos oculto en el espacio entre mi cuello y hombro, sólo para después separarse y mostrarme su hermosa carita completamente sonrojada, parecía molesto por lo que conseguí en él.

No dijo nada, sólo apretó los labios y se volvió a sentar sobre mi erección, rudo, fuerte y sin inhibiciones.

Rápidamente mi cuerpo se incendió en pasión, dando paso a un ardiente torrente de emociones incontrolables.

Sus caderas se movían a un ritmo vertiginoso, desde mi perspectiva se veía realmente sexy, sus uñas se clavaban en mi pecho que subía y bajaba. Su rostro de vez en cuando se deformaba en una mueca de inmenso placer. Intentaba contenerse y seguir en su papel serio, pero las sensaciones le ganaban, tal como a mí.

Notó que lo estaba mirando fijamente, o eso creí, pues se pasó una mano por el cabello, echándoselo más hacia atrás y relamiéndose los labios, sin romper el ritmo que él imponía en las penetraciones. Yo en cambio, era muy probable que tuviera una expresión de tonto, pero poco me importaba, lo estaba disfrutando tanto.

Casi desfallecí cuando lo vi acariciarse el pecho con una mano, descendiendo hasta su propia erección, estimulándose a sí mismo.

—¿No quieres que te ayude con eso? —le pregunté, tanteando el terreno, tenía la esperanza de que me soltara.

—¿Te arrepientes de tu fantasía? —su voz fue grave y divertida.

Parpadeé, pensándolo unos segundos. Claro estaba, que no podía pensar en nada cuando lo tenía sobre mí, cabalgándome y mirándome con esos ojos que me atravesaban; y para rematar, me encontraba inmerso en su deliciosa loción, tan masculina y propia de él.

Pero no, no me arrepentía de ello. Iba a decírselo, pero de nuevo comencé a sentir que estaba cercano a culminar. Esta vez no se lo iba a decir, pero no supe qué fue lo que me delató, porque…

—Aún no, cariño —sonrió condenadamente sexy y se detuvo, esta vez no se separó de mi cuerpo, pero dejó de montarme. Fue tanta mi frustración que di un par de patadas al colchón.

Dentro de mi desesperación, golpeé con mis rodillas su espalda y lo obligué a caer sobre mi torso, entonces comencé a embestirlo yo, intentando alcanzar de nuevo el mismo nivel de excitación, inútilmente, pues me era imposible mantenerlo así al estar atado de manos.

—¡Oye! —se quejó, intentó sonar molesto, pero una risa traviesa escapó de sus labios, seguida de un par de gemidos—. ¡Eso no se vale! —logró incorporarse y separarse de mí.

—Yuuri, ya desátame, por favor —supliqué—. No aguanto más esto, me tienes vuelto loco —jadeé cuando sentí que sacaba el vibrador de mi cuerpo sin ninguna delicadeza.

—Te he hecho sufrir un poco ¿Verdad? —me miró con algo de dulzura. Yo puse mi mejor cara de puchero, intentando convencerlo de que me desatara—. Qué lástima —se inclinó sobre mi oído derecho—. Porque apenas vamos a la mitad —susurró.

—¡Me estás volviendo loco! —exclamé. Gotas de sudor perlaban casi todo mi cuerpo.

Mi entrepierna pedía a gritos más atención, necesitaba culminar.

Se volvió a sentar sobre mí, sólo que ahora lo hizo dándome la espalda. De esa forma me dio una vista espectacular de su precioso trasero, de sus caderas, su perfecta cintura y de su linda espalda; los músculos se marcaban ligeramente con cada movimiento que hacía.

—Más rápido, por favor —pedí, logrando que fuera más lento—. ¡Yuuri! Por favor.

Él sólo soltó una risita y yo comencé a mover mis caderas, en busca de un mayor contacto. No me lo impidió en esa ocasión, incluso aumentó la velocidad, llevándome hasta la locura con el meneo de sus caderas.

—Oh por Dios —exclamé sin poder evitarlo, de nuevo me sentía culminar. Me maldije mentalmente por haberlo externado y esperé a que se detuviera, pero no fue así.

Yuuri aumentó el ritmo de las penetraciones, eran más profundas y rápidas. Yo me maravillaba con la visión que me daba de su trasero devorando por completo a mi miembro.

Si se le ocurría frustrar mi orgasmo de nuevo, juraba que arrancaría el cabezal de la cama y lo haría pagar por todas las que me hizo. Sin importar que esta idea fuese mía y no de él.

Al parecer él también estaba muy cerca de llegar a su orgasmo, me lo demostraba el tipo de gemidos que escapaban de sus labios. No podía ver su rostro, pero estaba seguro de que estaría sonrojado y con los ojos cerrados.

De pronto, no soportó más y se echó hacia el frente, sosteniéndose de mis piernas para recuperar el aliento, mientras tanto yo hice trampa y comencé a embestirlo. Él se quedó quieto.

—Oh, Viktor… —gimió sonoramente. Eso fue lo que me ayudó a culminar por fin, dentro de él.

No podía recordar haber experimentado alguna vez un orgasmo tan fuerte como ese. Mi cuerpo entero se tensó, cerré los ojos y bajo mis párpados casi juraba haber visto estrellas. Mis puños estaban cerrados con fuerza, al igual que los dedos de mis pies. Me quedé inmóvil, deseando poder tocar a mi amado, o al menos verlo a la cara. No sabía qué le ocurría, pues me daba la espalda por completo.

—Yuuri, mi amor —suspiré luego de recuperar un poco el ritmo normal de mi respiración. Pero él no se giró, tampoco respondió—. Amor —insistí.

Fue entonces que él volvió a ondular sus caderas, lento y tortuoso.

—¡No! Yuuri, ah… —me retorcí todo lo que las esposas me permitían. Mi miembro estaba demasiado sensible después de un orgasmo tan fuerte. No era doloroso, pero casi llegaba a serlo.

Él siguió moviéndose, a pesar de lo sobre estimulado que me encontraba.

Finalmente se incorporó, dejando caer mi miembro hacia un lado, mucho más blando que hace unos minutos. Se giró y ahí pude notar que él también había experimentado ya su orgasmo, lo delataba un caminito de semen escurriendo en toda la longitud de su miembro, el cual, por cierto, seguía totalmente erecto.

—¿Cómo lo haces? —jadeé justo al mismo tiempo en el que él se echaba sobre mí y besaba mi cuello con cariño. Luego besó mi mejilla y sonrió.

—No lo sé —se encogió de hombros, como un niño inocente.

Entonces se apoderó de mis labios. Comenzó con una caricia tierna, pronto se hicieron presentes algunas mordidas, y finalmente su lengua terminó imponiendo su autoridad dentro de mi boca.

Sus suaves gemidos y sus manos acariciando mis brazos de esa manera tan seductora… hicieron que me pusiera duro de nuevo, aunque tardé un poco para llegar a eso.

Me emocioné cuando sentí sus manos sobre mis muñecas. Iba a desatarme.

—Vitya…

—¿Si?

—Y si te digo que… perdí la llave, ¿Te enojarías?

—¡¿Qué?! —palidecí totalmente.

Entonces miré su rostro y noté que era una vil mentira. La sonrisilla traviesa que trataba de ocultar lo delató por completo.

—Eres cruel, Yuuri Katsuki, muy cruel.

Su risa hermosa y cantarina resonó en la habitación. Eso fue más que suficiente para que lo perdonara al instante.

Sentí un gran alivio cuando me quitó las esposas, y creo que lo asusté cuando lo abracé por la cintura y me lo llevé de encuentro hasta tenerlo debajo de mí en el colchón.

Comencé a devorarlo con besos y caricias hambrientas, quizás lo hacía de una manera un tanto ruda, pero se lo merecía.

—Me voy a cobrar todas y cada una, Katsuki.

—Fue tu idea hacer todo eso —alzó una ceja, aguantando sus ganas de reír—. Ahora te aguantas.

—Nunca pensé que resultarías tan bueno en esto, Kobuta-chan.

No dije más, me le eché encima de nuevo y devoré sus labios, sus gemidos y disfruté de sus uñas en mi espalda.

Me aseguré de dejarle marcas de mis dientes y chupetones por todo el cuello, el pecho, hombros, abdomen, justo al lado de su ombligo y un par de mordidas más en sus nalgas.

Oírlo gemir extasiado me devolvía la excitación. De pronto volví a tener la misma erección de momentos antes.

—¿Qué me has hecho, amor? —jadeé en su oreja, mordiendo el lóbulo de ésta.

—Lo mismo que tú a mí. Me enamoraste, te volviste mi mundo —acarició mis mejillas con sus manos, tomándome por sorpresa con esa respuesta tan franca y tremendamente cursi.

El aire se escapó de mis pulmones al ver su belleza. Lo tenía bajo mi pesado cuerpo. La escasa luz de la luna que se filtraba por las cortinas le daba en el rostro, la luz de las velas también lo iluminaban, dándole un aspecto por completo angelical. Estaba despeinado, algo sudoroso y muy excitado.

Sin pensarlo más, me incliné sobre él y le susurré algo al oído. Me volví a alejar sólo para ver su expresión llena de sorpresa y emoción. Sus mejillas rosadas se pusieron totalmente rojas.

—Estaba esperando a que lo mencionaras.

Yo reí muy quedito.

—No tienes que esperar mi autorización, Iuuri ¡Hazlo cuando quieras! —deposité montones de besitos sonoros y húmedos en todo su cuello.

Mi corazón palpitó con más fuerza cuando escuché su risa, su perfecta risa.

Pero entonces, se incorporó, dejándome debajo de nuevo. Me pidió que me pusiera de espaldas a él, apoyé mis manos y rodillas en el colchón.

—Hace rato me aguanté las ganas de hacerlo.

—¿Qué cosa? —pregunté.

—Lo siento, Vitya —me dijo antes de soltar una fuerte palmada en mi nalga izquierda.

Gemí de dolor al no haberla siquiera esperado, y cuando estuve a punto de quejarme, lo hizo de nuevo. Mi espalda se arqueó, me encontraba lleno de un placer doloroso muy agradable.

Era todo un masoquista.

—No podía contenerme —murmuró. Lo sentí recargado sobre mi espalda, sobando mi trasero y besando mi nuca con total dedicación.

Deslizó un dedo suavemente por toda mi columna vertebral, hasta llegar a mi espalda baja. La piel se me puso de gallina con ese simple acto. Había sido por completo delicioso.

—No te contengas —le dije con seguridad—. Hazme lo que quieras, ya no te lo voy a repetir, Iuuri.

Él soltó una risita traviesa. Al parecer le causaba mucha gracia escucharme llamarlo así.

Iba a decirle algo más, pero fue entonces cuando sentí una ruda intromisión en mi trasero. Arqueé mi espalda y jadeé tan fuerte que mi garganta dolió.

Yuuri se dio gusto y me hizo disfrutar tanto como siempre. Estábamos tan estimulados que no tardamos mucho en sentirnos cercanos al clímax. Sentí que él aceleraba sus embestidas vertiginosamente, se iba a venir en cualquier momento. Pensé en torturarlo un poco y hacer que se saliera de mí, impidiéndole llegar a su orgasmo, pero no pude. Yo deseaba tanto ese orgasmo como él.

—Yuuri ¡Yuuri! —lo detuve, mi respiración era tan errática como la suya. Miré hacia atrás, por sobre mi hombro y lo miré a los ojos. Estaba tiernamente sonrojado.

—¿Qué pasa? —se asustó—. ¿Te hice daño?

—No amor. Cambiemos de posición, quiero ver tu rostro cuando… ya sabes —jadeé al sentirlo moviéndose despacio dentro de mí.

Esperaba que me hubiera entendido. Mi mente estaba tan nublada por el placer que no podía coordinar bien mis pensamientos.

Y la verdad era que no quería venirme y con él lejos de mis brazos.

Me recosté bocarriba sobre el mullido colchón, las mantas estaban ya hechas un desorden.

Yuuri se echó de inmediato sobre mí mientras su mirada penetrante y hermosa se mantenía fija en mis ojos.

—Te amo —me susurró con una expresión seria antes de entrar de nuevo en mí, acariciando al mismo tiempo mi mejilla.

—Te amo —respondí, mi voz salió más rasposa de lo que creí.

Me embistió una y otra y otra vez. Abrí más mis piernas sólo para enredarlas alrededor de sus caderas y darle acceso a más profundidad. Su cuerpo era más pequeño que el mío, sin embargo, eso no lo intimidaba.

Yuuri sabía hacer bien su trabajo.

—Abrázame —pidió, mordiéndose el labio y mirándome con una profundidad infinita.

Obedecí. Pasé mis brazos por debajo de los suyos y lo abracé por la espalda, apretándolo hacia mí.

De inmediato comenzó a embestirme con más ímpetu. Los jadeos y gemidos salían de nuestras bocas sin poder frenarse. En ese momento yo sólo podía pensar en lo sensible que estaba cada fibra de mi ser.

Un hormigueo recorrió mi cuerpo de pies a cabeza, concentrándose en mi entrepierna. Yuuri pareció notarlo y por un momento temí que fuera a detenerse de nuevo, pero en vez de eso, dirigió su traviesa mano a mi pene, acariciándolo y volviéndome loco.

Alcé mis caderas al mismo tiempo en que me venía con violencia, ensuciando mi vientre y el suyo. Él siguió entrando y saliendo, ahora con más fuerza. Mi cuerpo se retorcía y fui consciente de que mis ojos estaban cerrados cuando sentí sus labios sobre mis párpados. Escapó un quejido de dolor y fue cuando me di cuenta de que mis uñas laceraban la piel de su espalda.

—Lo siento —solté en un pequeñísimo suspiro.

Él no respondió. Me besó los labios con hambre y siguió bombeando.

—¡Oh, Vitenka! —su voz fue como música para mis oídos. Su orgasmo fue largo y tan fuerte que terminó extenuado, con su peso entero sobre mi cuerpo.

Lo apreté contra mí, y aún con mis piernas envolviendo sus caderas, acaricié toda su espalda, su linda cintura y su apetecible trasero. Lo amasé suavemente, a mi antojo total.

—No me puedo mover —suspiró luego de que ambos recuperáramos el aliento—. Estoy muy cansado.

—Me estás aplastando.

—No peso tanto.

—Claro que sí.

—Entonces morirás asfixiado. Buenas noches.

—¡Yuuri! —reí. Me aferré a él como pulpo y sin soltarlo giré en la cama, tenía más fuerza que él después de todo. Así quedó recostado a mi lado, con la cabeza sobre mi pecho—. Tenemos que ir a asearnos.

—Estoy tan cansado… —arrastró cada sílaba—. Cárgame, Vitya.

Alcé una ceja y aguanté mis ganas de reír al verlo tan somnoliento.

Me levanté con él en brazos, notando de inmediato la debilidad en mis piernas. Lo llevé al baño y abrí la llave de la tina para que ésta se llenara con agua caliente. Mientras esperábamos, nos desperezamos un poco, sentados en la orilla de la tina, haciéndonos mimos y caricias, no importaba que fueran casi las cuatro de la mañana.

Nos bañamos juntos. Me metí a la tina y él se sentó entre mis piernas, recargando su cabeza contra mi hombro y tomando mis brazos para que lo rodeara firmemente.

Yo hacía lo que él quisiera. Apoyé mi mejilla contra su cabeza y así nos quedamos un rato, en silencio, disfrutando de los cariños que nos hacíamos. Y así, sin proponérnoslo, nos quedamos profundamente dormidos.

Al día siguiente desperté gracias a la suave y titilante voz de Yuuri. Seguíamos en la bañera, el agua estaba helada y nuestros cuerpos también, sin mencionar que estábamos hechos un par de pasitas.

—V-viktor, nos quedamos dormidos —me zarandeó un poco para que terminara de despertar. Lo hice y sentí el frío recorrer toda mi piel.

—¡Dios! Estás helado.

—Tú también —se puso de pie, saliendo de inmediato de la tina. Mientras lo hizo, pude ver las marcas de mis dientes por todo su cuerpo, mis manos tatuadas en su pálida piel.

Me extendió una toalla y salí después de él. Nos vestimos con lo primero que encontramos, corrimos a la cama y nos metimos bajo el montón de cobijas. Él se abrazó a mí y pronto comenzamos a tomar calor. Nos dormimos de nuevo. Habíamos planeado salir desde temprano en la mañana para hacer turismo, pero el cansancio que teníamos era mayor.

Yuuri.

Me desperté al sentir leves caricias en mi cintura, por debajo de mi camiseta. Abrí los ojos con pereza y mi mundo se llenó de color al ver su rostro profundamente dormido. Se veía precioso.

Viktor era como una obra de arte.

No importaba que estuviera roncando un poco, tampoco que le escurriera un hilillo de saliva por la comisura de sus labios, mucho menos que estuviera tiernamente despeinado.

Yo lo amaba tal como era y no podía evitar seguir preguntándome qué hice para merecer a alguien como él, y la respuesta era simple: nada. No me merezco a alguien como él, quien luchó a capa y espada por nuestro amor. Siguió adelante por años, amándome todo ese tiempo a pesar de mis desplantes y malos tratos.

Actualmente sigo pensando que no hay manera de compensarle todo el sufrimiento. Día y noche pienso en ello, y al no encontrar una respuesta a eso, decidí dedicar todos y cada uno de mis días a hacerlo feliz. Él me perdonó muy pronto, demostrando de esa manera su gran corazón y amor hacia mí. Por eso quiero hacer todo lo que esté a mi alcance para que él sea plenamente feliz.

Me estaba abrazando posesivamente por la cintura, mi cabeza descansaba sobre su bíceps y temí que el peso de mi cabeza le cortara la circulación.

Miré sus labios y relamí los propios. No detuve mi impulso y le robé un beso. No despertó. En verdad estaba profundamente dormido, y a pesar de eso de repente se movía, acariciándome aún entre sueños.

—Mi amor —susurré quedito.

—Hmm.

No abrió los ojos, me abrazó más fuerte, apretándome contra él.

—Mi vida.

—Hmm…

—Cariño.

Una sonrisilla traviesa se formó en sus labios. Estaba despierto, pero se hacía el dormido.

—Vitenka —canturreé—. ¿Por qué no abres los ojos?

La sonrisa de sus labios desapareció.

—Tengo… —carraspeó, su voz estaba ronca—…tengo miedo de que todo sea un sueño.

Eso me apretujó el corazón.

Tomé su rostro entre mis manos y lo llené de besos. Él comenzó a reír por las cosquillas que también le hacía mi cabello en su cara.

—Abre tus ojos. No es un sueño, aquí estamos los dos, mi Vitya —besé sus labios con suavidad.

Entonces sus párpados dejaron ver esos fascinantes ojos, algo perezosos, pero brillando con esplendor.

—Te amo —le dije, haciendo todo su cabello hacia atrás y besando su frente.

—¡Yuuri! —se incorporó como resorte en la cama. Se veía agitado y sorprendido—. ¿Qué hora es? —buscó como loco su teléfono, hasta que lo halló en el suelo a un lado de la cama.

Las cortinas dejaban entrar muy poca luz, pero con eso nos bastaba para saber que ya era de día.

—Nos perdimos el desayuno ¡Y la comida! —comenzó a caminar de un lado a otro, frustrado.

Me incorporé y fui a calmarlo con un abrazo desde atrás. Yo no era tan alto como él, así que mi cabeza quedaba recargada en su nuca.

—Tranquilo, es sólo comida, no pasa nada.

—Es que tú no entiendes —me dijo, afligido mientras acariciaba mis brazos que lo rodeaban.

—¿Qué no entiendo, mi amor?

—Es tu cumpleaños.

—Oh… —en verdad lo había olvidado.

—Y te tenía preparadas un montón de sorpresas durante todo el día —se giró entre mis brazos, dándome la cara—. Yuuri, es el primer cumpleaños que pasaremos juntos.

—Claro que no, cuando cumplí veinticuatro…

—Estabas en coma.

—Oh…

—Y en los siguientes años estuvimos separados —me miró con seriedad—. Por eso quiero que celebremos tu cumpleaños y que sea inolvidable.

Me enternecí bastante, tanto que tuve ganas de morderle una mejilla.

—¿Qué haces Yuuri? —se rio al sentir mis dientes en su carrillo. Sí, no me contuve y lo mordí.

—Ya es el mejor cumpleaños de mi vida con el simple hecho de despertar entre tus brazos —me costó trabajo creer que eso salió de mis labios, no solía ser muy cursi.

—Oh Yuuri —me abrazó asfixiantemente—. De todas formas: Feliz cumpleaños, mi amor y mi vida —besó mi cabeza, sin soltarme.

—Mi Vitya —susurré—. Gracias —correspondí el abrazo con todas mis fuerzas antes de separarme bruscamente y girar mi cabeza hacia otro lado. Iba a estornudar y no quería llenarlo de mis bacterias.

Estornudé tres veces seguidas, las suficientes para que mi querido prometido se angustiara. Checó mi temperatura y me hizo preguntas.

—Estoy bien —reí—. Quizá algo resfriado.

—Pues sí, nos quedamos toda la noche en la bañera —refunfuñó, se veía molesto por eso.

Pero es que no pudimos evitarlo, habíamos pasado una noche demasiado activa. De sólo recordarlo mi rostro hervía en vergüenza.

—¿Por qué te sonrojaste? —me miró sugerentemente.

—N-nada.

—¿También estás recordando lo de anoche? Porque déjame decirte que estuviste fantástico. Aunque a la próxima podrías ser más rudo, no me molestaría.

—Lo tomaré en cuenta —me emocioné demasiado al saber que quería repetir—, además, sólo cumplí la mitad de tu fantasía —lo miré con picardía—. La otra mitad te la daré muy pronto.

—¿Cuándo? —me miró ilusionado.

—Pronto —reí y él volvió a mirar la hora, suspirando pesadamente.

—Lo siento, Yuuri. Quería que tu cumpleaños fuera especial y ya estamos a la mitad del día y no te he dado ninguna de mis sorpresas.

—Hey —le apreté ambas mejillas, haciéndolo ver chistoso—. Mi mejor regalo es estar a tu lado. Es el primer cumpleaños que paso contigo y eso me hace ya muy feliz.

Él sonrió y me agradeció con la mirada y un abrazo.

—Pero aún te tengo varias sorpresas, mi amor —me dijo y mi corazón se aceleró—. Vistámonos. ¿Qué quieres hacer hoy?

Entonces recordé que él había vivido una temporada en París. Eso lo supe cuando era apenas un adolescente y Viktor estaba comenzando su carrera como patinador.

—Me gustaría hacer lo mismo que hacías cuando viviste aquí —le dije, sorprendiéndolo.

—¿Eh? —parpadeó confundido—. Había olvidado decírtelo ¿Cómo lo sabes?

—Amor, estás hablando con tu fan número uno, no me subestimes.

Sus mejillas se pusieron rosas y yo reí por ello.

—No hacía mucho en ese entonces. Pero conocí lugares muy bonitos de la ciudad ¿Quieres que te lleve?

Asentí enérgicamente.

Nos arreglamos y salimos rumbo a la que era la panadería favorita de Viktor. Ya era muy tarde para desayunar, pero para nosotros el día apenas iba comenzando.

Era veintinueve de noviembre, la ciudad de Paris estaba resintiendo sus primeros días de invierno con apenas 9°C, pero eso no nos detuvo, nos fuimos a pie a la panadería, disfrutando de la ciudad a nuestro alrededor. Viktor me iba platicando todo sobre su estadía en la ciudad. Había vivido ahí sólo unos meses, pero suficientes como para que le tomara un gran cariño.

Íbamos tomados de la mano, el aire frío me hacía cosquillas en las mejillas y la emocionada voz de Viktor no dejaba de platicarme sobre sus aventuras. Y yo… yo no podía estar más feliz.

Llegamos a la panadería y él ordenó por ambos. Yo simplemente me deleitaba al escucharlo hablar el idioma, en ver sus delgados labios moviéndose y en el brillo hipnotizante de sus ojos azules.

Comimos unos deliciosos panes dulces, acompañados con chocolate caliente. A pesar de la hora, había gente entrando y saliendo de la panadería, comprando todo tipo de postres.

—En mi adolescencia, mientras viví aquí, me fue imposible no pensar en el amor de mi vida —comentó de pronto.

No entendí bien a qué se refería, pareció notarlo, así que procedió a aclararlo.

—Más bien: Me fue imposible no pensar en quién sería el amor de mi vida. Recuerdo que me preguntaba si en algún momento de mi vida llegaría a encontrarme con esa persona especial. En ese entonces no tomaba muy en serio el amor, pero luego de un tiempo comencé a reflexionar al respecto, un poco. Y me pregunté si algún día, al encontrar a mi pareja, vendríamos juntos a la ciudad del amor.

—Nunca imaginaste que sería un hombre, ¿Cierto? —reí antes de tomar con cuidado de mi taza de chocolate caliente.

—Jamás.

—Yo tampoco —tomé su mano derecha y besé su dedo anular, justo sobre el anillo.

—Y debo decir que superaste mis expectativas, Yuuri —me miró sólo como él sabía hacerlo. Sus lindos ojos eran una mezcla perfecta entre amor, ternura y picardía.

—Todos los días agradezco al cielo que las trillizas subieran ese video de mí patinando tu rutina. Gracias a eso fuiste a verme a Japón.

—Y si no hubiera sido por eso, habría encontrado cualquier excusa para ir contigo. Me dejaste intrigado desde que te conocí —soltó una risita—. Desde ese momento me enganché a ti, Yuuri Katsudon.

—Hey —me quejé por el nombre, pero ambos terminamos riendo por ello.

Terminamos de "desayunar" a las dos de la tarde, entonces le pedí que me diera un tour por la ciudad, quería que me mostrara todo aquello que él ya conocía.

Se emocionó y juntos nos fuimos directo a los jardines de Luxemburgo. Estaba nublado y muy fresco, demasiado agradable para él y muy agradable para mí porque podía usar el frío de pretexto para caminar muy pegadito a él.

Luego de pasear por los jardines, y de tomarnos muchas fotos, Viktor me llevó a conocer una colina muy visitada en la ciudad de Paris, llamada "Montmartre", me dijo que en la cumbre de la colina había una iglesia llamada SacréCœur, y durante el camino para llegar ahí, atravesamos una calle llena de artistas que pintaban en sus lienzos, en plena acera. Había obras de arte por doquier y muchos locales con cosas en venta como artesanías, ropa, manualidades y todo lo que tuviera que ver con el arte. También había músicos a cada cierta distancia.

—¡Viktor! ¿Qué haces?

Reí ligera y abiertamente cuando pasamos junto a un par de músicos y Viktor no perdió la oportunidad para jalar mi mano y tomarme de la cintura, sólo para bailar un poco mientras pasábamos junto al trío de cuerdas que toaba un poco de jazz improvisado.

Bailó conmigo frente a ellos, parecieron emocionarse y nos incitaron a seguir bailando al ver que más gente se acercaba a ver y escuchar el pequeño espectáculo. Cuando fui consciente de la gente a nuestro alrededor, me avergoncé bastante, pero estaba tan feliz que no interrumpí el baile, al contrario, me dejé guiar por los hábiles brazos y pies de mi amado.

Para cuando la canción terminó, ya había más gente de la que recordaba a nuestro alrededor, habíamos montado todo un espectáculo.

Viktor, tan desinhibido y amable con su público como siempre, hizo una pequeña reverencia teatral, yo lo imité, pero un tanto más cohibido. Las personas aplaudieron y yo, entre risas nerviosas y agradecimientos, tomé la mano de mi novio y prácticamente salí corriendo de ahí.

—¡Eso fue muy divertido! ¡Hay que repetirlo! —exclamó con sus ojos brillantes y con la respiración algo agitada por la carrera emprendida, podía ver el vapor saliendo de su boca con cada respiración.

—Lo fue, bastante —tuve que admitir.

Entonces eso se convirtió en un juego. Pasamos junto a otros músicos, nuevamente de jazz, pero éstos tocaban una canción mucho más enérgica. Viktor comenzó a hacer pasitos chistosos mientras pasábamos frente a ellos, yo lo imité.

La gente se nos quedó viendo, pero poco me avergonzó. Me estaba divirtiendo bastante. La calle tenía músicos por doquier, así que cada vez que pasábamos frente a unos, bailábamos un poco, sin detener nuestro andar. A veces me tomaba de la cintura, me hacía girar un poco y continuábamos caminando. En otras ocasiones sólo hacía algunos pasos al ritmo de la música y yo lo imitaba, caminando detrás de él cuando la acera se hacía angosta.

Así, bailando y divirtiéndonos, salimos de esa zona bohemia y nos adentramos a ese camino que, según Viktor, llevaba a la iglesia, desde donde podríamos tener una vista espectacular de la ciudad.

Las calles angostas y empedradas eran hermosas, a sus costados se alzaban altas casonas con un tinte antiguo y pintoresco. En ellas había locales de comercio, cafeterías, restaurantes, galerías de arte y muchísimas pastelerías. Había turistas por doquier, disfrutando y tomándose fotos al aire libre a pesar del clima frío, húmedo y nublado.

Desde ahí ya se podía apreciar la iglesia, nos faltaba mucho camino por recorrer, pero verdaderamente no quería que terminara.

Nos detuvimos a comprar unas postales de recuerdo antes de salir de ese barrio y llegar a la iglesia, conforme nos acercábamos a ésta, podíamos ver más vegetación. Cada ciertos pasos, en el camino, había un árbol delgadito y muy largo, sin hojas por la temporada invernal.

Subimos muchas escaleras para llegar al tope de la colina. Agradecí nuestra buena condición, pues llegamos frescos como lechugas.

¡La vista era increíble! Y mejor todavía al tener a mi amado prometido abrazándome desde atrás, con su mejilla pegada a la mía.

Disfrutamos nuestra compañía, la buena vista y el clima frío. Sinceramente no importaba en qué lugar nos encontráramos, mientras estuviésemos juntos, hasta un callejón oscuro era buena opción para pasar el rato.

Aunque no pasó mucho para que saliera con una nueva ocurrencia.

—¡Vamos a las Catacumbas!

Según me había platicado mientras desayunábamos, se trataba de un lugar subterráneo con los restos de más de seis millones de personas yaciendo ahí, había más de trecientos kilómetros en túneles que antes eran canteras. Me parecía espeluznante y al mismo tiempo curioso. El único inconveniente era que estaban muy lejos, y de hecho, ya habíamos pasado por ahí.

A Viktor no le importó, y alegando que él también quería conocerlas, pidió un taxi y fuimos rumbo al lugar, no sin antes detenernos en un sitio que lo emocionó mucho.

—¡Tomémonos una foto ahí! —me dijo con entusiasmo antes de pedirle al taxista que se detuviera.

Nos bajamos y me mostró un enorme muro de azulejos con las inscripciones de "Te amo" en cientos de idiomas diferentes.

Como niño pequeño, se puso a ver cada palabra, buscando algo en particular. Yo me quedé a su lado, sin entender del todo, pero disfrutando de verlo mordiéndose el labio y poniendo su mano en la barbilla.

—AMAZING! —exclamó con verdadero entusiasmo—. Mira Yuuri ¡Mira! —señaló cierta parte del muro en donde decía "Te amo" en ruso—. ¡Y mira esto! —justo debajo de ese "я люблю тебя" había un "あいして いる" en japonés.

Le dio su teléfono a un desconocido y le pidió que nos tomara muchas fotos. Enseguida regresó a mi lado y dentro de un sorpresivo abrazo me besó sin previo aviso para la foto.

El desconocido, sonriendo al vernos tan cariñosos, nos devolvió el teléfono y pude ver las fotos. Eran hermosas, espontáneas e inigualables.

—Te amo, Yuuri —me dijo con total devoción.

Yo sólo sonreí, tomé las solapas de su abrigo negro y las jalé hasta estampar mis labios contra los suyos en un beso muy profundo.

—Oh la la, baiser français! —exclamó después del beso.

Me sonrojé un poco y besé su mejilla antes de arrastrarlo de nuevo al taxi. Sí, le había dado un beso francés.

Pronto llegamos a las catacumbas, pero cuando entramos, nos llevamos tremendo susto porque hubo un apagón. No fue más de un minuto, pero fue el suficiente tiempo como para que la sangre se me fuera hasta los pies. En ese preciso momento Viktor y yo no íbamos tomados de las manos, así que dentro de mi desesperación por encontrarlo, en medio de la oscuridad absoluta, choqué con otra persona, la pisé y terminé cayéndome al suelo vergonzosamente.

—¡Yuuri! —escuchaba la voz de Viktor muy cerca, pero no podía ver siquiera mi mano en medio de tanta oscuridad.

—¡V-viktor! —me levanté del suelo y a tientas, comencé a buscarlo con mis manos. Lo único que éstas sintieron fue el cráneo huesudo de uno de los cadáveres en exposición.

Grité como niña.

La luz volvió y pude descubrir que Viktor estaba detrás de mí, dándome la espalda mientras yo tenía los dedos metidos en las cavidades orbitarias de ese cráneo.

Vi que contuvo muy apenas sus ganas de reír, quizás por mi pálida expresión o porque de verdad se percató de que me había asustado como pocas veces.

No tardó en llegar un guardia con nosotros para preguntar si me encontraba bien. Viktor se encargó de explicarle todo y por un momento me distraje al escucharlo hablar francés con el guardia. Éste al parecer se disculpó por el incidente con la luz, o al menos eso entendí antes de que mi amado tomara mi mano y con cariño me guiara a la salida.

—Lo siento —me apené demasiado al ver que nos dirigíamos hacia la salida—. ¿Nos corrieron del museo por mi escándalo?

Ahora sí se rio con ganas. Me avergoncé aún más.

—No, me da escalofríos ver tantos cadáveres en las paredes. Mejor vámonos antes de que se vuelva a ir la luz.

Me ofreció caballerosamente su brazo, lo acepté y salimos de nuevo a las calles de París.

—No soy muy bueno dando tours —suspiró, algo triste—. Lo siento Yuuri, no te he llevado a lugares muy interesantes, seguro te estoy aburriendo

—¿¡Bromeas?! La he pasado muy bien —pasé mis brazos por su cintura y lo pegué a mi cuerpo. Una cosa que me encantaba de París, era su libertinaje. Podía estar besando a un hombre en público y nadie me recriminaría ese hecho—. Y la sigo pasando muy bien —me alcé un poco de puntillas hasta alcanzar sus labios, él sonrió dentro del beso y me presionó más hacia él, colando sus manos por dentro de mi abrigo azul marino.

—Mejor dime ¿Qué te gustaría hacer? —me preguntó luego del beso.

Me llevé un dedo a los labios y medité unos segundos hasta que a lo lejos vi un pequeño barco, parecía un tour en crucero.

Viktor siguió mi mirada y sonrió.

—¿Quieres pasear por el Sena?

—¿El qué?

—Es un río, atraviesa toda la ciudad ¡Vamos!

Nos subimos a esa especie de crucero y yo quedé simplemente fascinado por la vista que ofrecía de la ciudad. Durante todo el recorrido tuve a Viktor cerca, abrazándome y dándome muestras de su cariño. Cualquiera que nos viera, pensaría que éramos una pareja de recién casados.

Comenzó a atardecer y la vista mejoró aún más.

Veíamos la ciudad mientras escuchábamos música típica del país y charlábamos sobre trivialidades.

Terminamos el tour justo en frente de la gran Notre Dame. Era la primera vez que la veía en vivo. La catedral era majestuosa e intimidante, tenía un aire gótico un tanto escalofriante.

Caminé de la mano con Viktor en la explanada frente a la catedral. Miraba hacia el campanario y me daba la impresión de que el jorobado nos estaba viendo. Reí bajito por mi mente tan imaginativa.

—Si miras el campanario ¿No te da la sensación de que el Jorobado de Notre Dame nos está mirando?

Me detuve en seco al escucharlo repetir mi pensamiento.

—¿Qué? —preguntó.

Yo me eché a reír antes de pegar mi costado al de él, continuando nuestro andar muy juntitos.

—Pensé en lo mismo que tú.

Me hizo un poco de cosquillas antes de acercarnos más a la catedral para apreciar su arte arquitectónico de cerca.

Era majestuosa.

Y ahí, frente a la iglesia, me transporté a un momento muy grato de varios años atrás. Recordé aquella vez en Barcelona, cuando Viktor y yo turisteamos un poco.

—Amor —me detuve y me paré frente a él.

Parpadeó confundido, pero me mostró su linda sonrisa ladina. Guardó silencio, dejándome continuar.

—Han sido muchos los momentos que pasamos juntos. En un solo día me hiciste gritar como niña, me hiciste bailar en la calle frente a un montón de desconocidos, lograste que te diera un beso francés en público —sentí que mi rostro ardió en vergüenza—. Desayunamos a las dos de la tarde —reí y él conmigo—, y también hiciste que pensara en lo afortunado que soy al tenerte a mi lado. Gracias por existir, Viktor —me alcé de puntillas y besé la comisura de sus labios antes de separarme de él y mirar su rostro asombrado y brillando en felicidad.

Inesperadamente me tomó entre sus brazos y dijo:

—Es el primer cumpleaños que paso contigo, tenía miedo de que no lo disfrutaras.

—Por Dios, Viktor, me trajiste a París —reí, aún dentro del abrazo asfixiante.

—Aun así.

Pude percibir cierta inseguridad en su voz y en sus actitudes. Era algo que venía viendo desde tiempo atrás. Sabía que el amor de Viktor era inmenso, pero así como lo era su amor, su miedo de perderme también lo era, y no quería que sufriera más por ellos. Es por eso que decidí externarle mi más profundo sentir.

—Vitya —me separé del abrazo y tomé sus mejillas con delicadeza. Su piel cálida contrastaba tremendamente con mis manos frías, él se estremeció por eso—. Quiero hacerte una promesa aquí y ahora.

—¿Eh? —pestañeó, confundido.

—Quiero prometerte que voy a dar todo de mí en esta relación. Esto debería demostrártelo y no decírtelo, pero quiero que sepas que he madurado, lo verás con el tiempo. Amor, sé que tienes miedo de mí, que me vaya de nuevo. Tienes que saber que eso jamás ocurrirá, no hay poder humano que lo logre, así que olvídate de esa inseguridad —noté cómo sus ojos se volvían cada vez más cristalinos, las luces de las farolas cercanas se reflejaban con fulgor en sus incipientes lágrimas—. Juro que jamás me iré de tu lado, mi amor, nunca.

Ahora sí, sus lágrimas se amontonaron tanto que cuando pestañeó, éstas salpicaron. Su llanto acompañado de esa bella sonrisa lo hacía ver angelical.

—Te prometo amor, comprensión y muchas noches de pasión —no pude creer que dije eso último, pero a él pareció conmoverle bastante.

No supe en qué momento me contagió sus ganas de llorar, sólo fui consciente de que mis mejillas estaban húmedas porque él alargó su mano para limpiarlas.

—Me quitas un gran peso de encima, mi vida.

Un calorcito muy agradable me recorrió de pies a cabeza cuando me llamó así. Apreté más sus mejillas hasta que su rostro se deformó en una mueca chistosa en la que sus labios se apretaron y alzaron un poco. Aproveché y les di pequeños besos y mordiscos.

Entre risas y suspiros de él, me abrazó y susurró:

—Te amo Yuuri, te amo mucho. Juro estar a tu lado por el resto de mi vida —restregó su mejilla contra la mía—. Les contaremos nuestra historia de amor a nuestros hijos y ellos se la contarán a los suyos, ¡Trascenderemos en el tiempo!

Reí, comenzaba a ser juguetón de nuevo y eso me encantaba. Hizo mención nuevamente de los hijos, yo no lo contradije.

Nos tomamos muchas fotos más y al quitarle el celular, descubrí que tenía más fotos mías tomadas sin permiso que las que tenía de ambos. Intenté borrar algunas que eran muy vergonzosas, como en la que me encontraba despeinado y somnoliento mientras me lavaba los dientes estando sólo en calzoncillos.

Él se dio cuenta de lo que intentaba, así que casi me tacleó para rescatar su precioso material fotográfico.

—¿Tienes hambre? —me preguntó mientras compraba un lindo paraguas en un puesto de la calle, pues había empezado a caer una brisa helada.

—Bastante —admití.

Con toda la emoción del día, habíamos olvidado comer.

—Qué bueno, porque ya es hora de tu sorpresa.

—¿Sorpresa?

—Por supuesto ¿Creías que no te iba a dar un regalo por tu cumpleaños?

—Tú eres mi mejor regalo.

Al decirle eso, vi cómo sus ojos brillaron al mismo tiempo que se mordía fuertemente los labios. Parecía que estaba conteniendo sus ganas de gritar eufóricamente, eso me divertía demasiado.

—No es suficiente. Te tengo una serie de sorpresas —tomó mi mano en un gesto que ya se había hecho muy familiar entre ambos. Nuestras manos encajaban a la perfección, siempre la de Viktor rodeaba a la mía.

Me llevó a un hermoso restaurante, elegante y fino. Por un momento sentí que no estaba vestido para la ocasión, pero esa incomodidad se terminó cuando nos llevaron a un balcón exclusivo para los dos, totalmente privado.

En medio del balcón había una mesa preparada para dos, con una vela al centro. Prácticamente era de noche, así que la vista desde ese balcón era espectacular. Se podía apreciar toda la ciudad y la magnífica torre Eiffel.

No se notaba mucho, pero un vidrio aislante nos separaba del exterior, así no tendríamos frío y hasta podíamos dejar nuestros abrigos de lado.

—Por favor —dijo mi prometido, estirando una silla para que yo tomara asiento.

Mis mejillas se colorearon y acepté el amable gesto.

Se comportó como todo un caballero, observé sus modales en la mesa y me sorprendieron. Definitivamente Viktor y yo estábamos sacados de mundos muy diferentes. Él sabía para qué servía cada uno de los tantos cubiertos que había sobre la mesa, yo sólo distinguía varios tenedores, cucharas y cuchillos de diferentes tamaños. Pero el hecho de que yo no supiera tantas reglas de etiqueta no parecía molestarle, ni siquiera se fijaba en eso.

Tomó mi mano derecha por sobre la mesa y mi corazón latió con más fuerza al ver nuestros anillos brillando con la luz de la vela.

Me perdí observando la unión de nuestras manos, viendo la perfección con la que encajaban juntas.

—¿Cuándo quieres que sea la boda, mi vida? —me preguntó en un tono demasiado hermoso. Como si fuera posible, mi corazón se aceleró aún más. Por momentos me costaba trabajo asimilar que todo eso era real.

—¿Mañana? —fue lo primero que llegó a mi mente fantasiosa.

Él soltó una risilla traviesa y entonces puse los pies sobre la Tierra. Me sonrojé.

—Yo también quisiera que fuese así, pero no creo que a nuestras familias les haga mucha gracia no estar presentes.

Tenía toda la razón.

—Por cierto —continuó—. Me encantaría que nuestra boda fuera en Hasetsu.

Mis ojos se iluminaron.

—¿En serio?

—Sí, será más fácil que tu familia asista sin que descuide mucho Yu-topía.

Sonreí como bobo. Mi amado pensaba siempre en mi familia.

—Entonces que sea en mayo —pedí.

—En mayo será —me sonrió ampliamente—. ¿Por qué en ese mes?

—Porque los cerezos estarán en flor.

—¡Boda al aire libre!

—Me encanta.

—Amazing! Invitaremos a todos nuestros amigos.

—¡Sí!

—Makkachin entregará los anillos.

—¡Sí!

—Te pondrás un vestido blanco con velo largo.

—Claro que no —me dio un ataque repentino de risa, más al notar su puchero.

—Usarás lencería sexy para mí en nuestra noche de bodas.

—¿Tenemos que esperar hasta entonces? —le pregunté con voz sugerente. Casi reí al ver sus fosas nasales un poco más abiertas de lo normal, se estaba emocionando en serio, pues yo nunca había accedido a usar ese tipo de ropa, simplemente no iba conmigo.

—Vamos ahora mismo al hotel.

—No tengo lencería —volví a reír.

—Te compraré alguna.

—¡Viktor!

—Me encanta cando te sonrojas —acomodó un mechón de mi cabello tras mi oreja.

Cuando terminamos de cenar ya era tarde, pero eso no impedía que siguiéramos con nuestros planes. Viktor quiso llevarme a un sitio antes de volver al hotel, porque para ser sinceros, ya estábamos agotados y un tanto agripados después de habernos quedado dormidos en la bañera y luego de haber pasado todo un día fuera, con ese clima frío. Pero ni siquiera eso nos iba a detener.

Me llevó a dar un paseo por el puente de Alejandro III, caminamos un poco para digerir todo lo que habíamos comido en la cena, yo me sentía reventar.

Anduvimos de la mano, disfrutando del paisaje y de la armonía que hacían las farolas que iluminaban todo el puente. Afortunadamente nuestro hotel estaba muy cerca, sólo caminaríamos un poco y regresaríamos a descansar, o quizás a…

—¿Qué haces? —inquirí al verlo observar atentamente su anillo mientras estiraba la mano frente a él. Se veía reflexivo.

—¿Voy a ser el señor Katsuki? ¿O tú serás el señor Nikiforov? —preguntó en serio, pero me causó gracia ver la seriedad con la que se tomaba el asunto.

Yo ya lo había pensado con anterioridad, así que no dudé en decirle:

—Yo seré Yuuri Nikiforov, tu esposo.

—¿En serio? —su rostro mostró una expresión en verdad muy bonita—. ¿En verdad no te molesta?

—¿Bromeas? —reí con incredulidad, estaba a punto de contarle un secreto mío muy profundo—. Cuando era niño… llegué a pensar que mi nombre se escucharía muy bien acompañado de tu apellido —sentí mi rostro arder en vergüenza. Lo miré y él estaba totalmente sorprendido, sonriendo con hermosura.

—¡Entonces desde niño querías casarte conmigo!

—¡N-no! No exactamente, yo…

—Admítelo.

—Era un niño.

Viktor se rio con fuerza, estaba muy feliz. Siguió molestándome un rato por eso, hasta que desvié el tema.

—Wow, mira —le señalé el cielo lleno de estrellas, era increíble que se notaran tanto a pesar de la luz que había en toda la ciudad.

Estábamos en la orilla del puente, mirando el agua del río pasar, y el paisaje frente a nosotros. Dejé de mirar el cielo para verlo a él, y lo sorprendí mirándome fijamente. Tenía su codo apoyado en la baranda del puente y su barbilla sobre el dorso de su mano. No me quitaba la mirada de encima, tampoco borraba su sonrisa soñadora.

—Te estás perdiendo el paisaje —le dije.

—No sé de qué hablas. Yo estoy viendo el paisaje más hermoso ante mis ojos.

Muy seguido tenía esos arranques cursis que sólo lograban avergonzarme tremendamente.

—Te sonrojaste —esbozó una sonrisa aún más hermosa, contento de verme así por su causa—. Yuuri —me dijo con su suave voz, sin dejar de mirarme ni moverse de su posición.

—¿Sí? —me acerqué un poco más a él, buscando calor al meter mis manos en su abrigo, pasándolas por su cintura y espalda.

Me quitó los lentes con suavidad y su mirar se profundizó.

—Quiero hacerte el amor.

Mi rostro seguramente se puso púrpura. Lo había dicho tan de pronto que no me lo esperé.

—V-viktor —me puse nervioso cuando invadió demasiado mi espacio personal. Pero no fue eso lo que más me alarmó, sino el hecho de que una de sus manos traviesas ya estaba debajo de mis capas de ropa, acariciando mi cintura.

—¿Qué puedo hacer? —murmuró con voz ronca, soltando su aliento cálido en mi oreja, respirando ahí y haciéndome peligrosas cosquillas—. Quiero hacerlo, nunca va a ser suficiente, Yuuri, nunca —dejó una seca y nada inocente mordida en mi cuello luego de haber retirado mi bufanda.

—Yo también quiero hacerlo —me pegué a su cuerpo cálido.

—Vamos al hotel —dejó un besito en mi cuello y me devolvió los anteojos.

Hicimos tiempo record. Llegamos al hotel casi corriendo. Durante el camino íbamos soltando risitas traviesas y divertidas. Viktor lograba ser todo un pervertido cuando se lo proponía, incluso me apretó el trasero en frente de otras personas, pero éstas no se inmutaron.

Entrando al lobby lo tomé de la mano, esperando poder arrastrarlo al elevador y comenzar ahí con nuestra sesión intensiva de sexo.

Mis planes se vieron frustrados cuando me pidió que me adelantara por mi cuenta.

—¿Por qué? —no pude evitar usar un tono lleno de desolación.

Sus ojos azules se vieron preocupados por ello.

—Necesito arreglar unos asuntos en recepción. No tardaré, lo prometo. Pero por favor, adelántate.

Me crucé de brazos y fruncí los labios, pero terminé accediendo.

Subí en el elevador, imaginando las escenas candentes que podrían haber ocurrido en ese sitio si tan sólo Viktor me hubiera acompañado.

Me estaba convirtiendo en todo un pervertido. O quizás ya lo era, y Viktor vino a ser el detonante.

Entré a la habitación, ansioso porque él llegara pronto. Estaba tan centrado en mis pensamientos, que no me di cuenta de todo lo que había a mi alrededor.

El aire se atoró en mi garganta, mi corazón se aceleró y las manos me sudaron.

La habitación entera estaba repleta de arreglos florales, todos ellos exclusivamente de tulipanes, mis flores favoritas.

Un sentimiento muy cálido se alojó en mi pecho, pues el siempre olvidadizo Viktor había recordado mi flor favorita, y al parecer el hecho de que nadie jamás me había regalado flores de esa manera. Una vez más, Viktor Nikiforov fue mi primera vez en algo.

Solté una risa boba antes de acercarme al primer ramo y tomar la tarjeta que en él había. Los arreglos parecían ir en orden, uno tras otro en el suelo ¡Eran muchísimos! Decenas y decenas de ramos de tulipanes, de todos los colores.

La luz media estaba encendida, dándole un aspecto demasiado romántico a la escena.

"Feliz Cumpleaños al amor de mi vida. Quisiera decirte cuánto te amo, pero no existen palabras para expresar la magnitud de mi amor. Ni siquiera la belleza de estas flores es suficiente para externar mi sentir, pero sí puedo decirte qué es lo que me enloquece de ti..." decía la tarjeta. Ahí terminó el primer mensaje, caminé hacia el siguiente ramo y tomé la tarjeta, ésta decía:

"Amo tu amor hacia mí"

Tomé la de otro ramo y fue lo mismo.

"Amo tu sonrisa"

En cada una decía algo diferente.

"Amo tus ojos cálidos"

"Amo tus besos"

"Amo cuando me haces cariños en el cabello hasta que me duermo"

"Amo tus locuras"

"Amo tu comprensión"

"Amo que por ti soy la mejor persona que puedo ser"

Mis ojos comenzaron a lagrimear.

"Amo que ames mi frente y que ames todo lo que yo aborrezco de mí"

"Adoro tus sonrojos"

"Me encanta que sí sepas cocinar, porque yo soy un fiasco"

"Amo que hayas querido pasar tu cumpleaños sólo conmigo"

No pude evitar sonreír. ¡Cómo no iba a aceptar pasar mi cumpleaños con él!

"Amo cuando me sorprendes con un beso"

"Te amo con locura, Yuuri Katsuki de Nikiforov, porque por ti haría lo que fuera en esta vida y en la que sigue"

"Adoro tus abrazos tan cálidos y reconfortantes, me dan años más de vida"

"Amo y agradezco que soportes mis momentos infantiles y mis caprichos"

Reí entre lágrimas. A mí, sus caprichos y momentos infantiles me alegraban la vida.

"Adoro tu cabello tan negro y el contraste que hace con tu hermosa piel"

"Amo tus mordidas y que me digas 'mi amor', porque tú eres mi vida"

Caminé hacia el último ramo, el más grande de todos, con unos tulipanes de color rojo intenso, rodeados con un lindo lazo del mismo color.

"Y amo, con tremenda fuerza, a tu perfecto trasero"

Solté una carcajada que seguramente se escuchó hasta el lobby del hotel. Viktor era increíble.

Acaricié todas las flores con emoción descontrolada en mi ser. Miré a mi alrededor y me sentí completamente dichoso al ver la recamara repleta de flores. Un agradable aroma inundaba todo el lugar.

Observé ahora la cama, mi corazón dio un vuelco de nuevo.

Las sábanas de algodón finísimo estaban cubiertas por un manto de cientos de pétalos de rosas rojas.

Justo en el centro, había algo que parecía ser mi obsequio, estaba envuelto en un papel azul intenso. No lo pensé dos veces antes de abrirlo con ansias. Dentro de la envoltura había un hermoso álbum para fotos de color café, con un estilo muy vintage, en la portada tenía una foto de ambos, riéndonos abiertamente al parecer la foto había sido tomada sin que nos diésemos cuenta. Estaba casi seguro de que el culpable había sido Phichit.

Además de la hermosa foto, la portada tenía unas palabras grabadas: "My life and love"

Los ojos se me llenaron de lágrimas, lo tomé entre mis manos y lo abrí. Tenía docenas de páginas de papel negro, esperando por ser llenadas con nuestras fotos. Vi las primeras hojas, estaban repletas con fotos de él y mías, acomodadas de manera muy creativa. Había imágenes que ni yo sabía que existían, pero que me alegraban la vida con sólo saber de su existencia.

—¿Te gustó tu regalo?

Pegué un brinco al sentir que me abrazaban desde atrás. No lo había escuchado entrar.

—No puede ser mejor —me limpié las lágrimas, inútilmente, pues Viktor me giró y me vio a los ojos, causándome más sentimientos extraños.

—Dejé muchas hojas vacías para que las llenemos juntos, con fotos nuestras, de nuestros amigos y nuestra familia.

—Viktor… —mis ojos nuevamente se llenaron de agua salina—. ¡Muchas gracias! —lo abracé con fuerza, sintiendo el calorcito emanar de su cuerpo.

—Las fotos ahí dentro son mis favoritas de la galería secreta que tengo de ti. También puse algunas de esa galería.

—¿"Esa"? ¿De qué hablas?

No dijo nada más, soltó una de sus risillas traviesas, de esas que me aceleraban el corazón y hacían que mis manos sudaran. Entonces tomó el álbum y lo abrió en las últimas páginas. Había un apartado con advertencia hacia los menores de edad.

—Oh por Dios, Viktor ¿Qué hiciste? —me abochorné bastante al ver las primeras imágenes. Todas mías.

En las fotos me encontraba yo, en algunas me estaba duchando, en otras me vestía e incluso en algunas otras me encontraba completamente desnudo, tumbado en la cama, exhausto luego de haber hecho el amor con Viktor.

—Estas fotografías me mantuvieron un tanto cuerdo mientras estuvimos separados —suspiró y luego me miró con renovadas esperanzas, ahora te tengo en tres dimensiones, no necesito más esas fotografías.

—¡Santo cielo! —me escandalicé al ver fotos de ambos, en pleno acto en el piso de la sala de su departamento en Vladivostok—. ¡Son de después de la boda de Aleksi! ¿¡Pero en qué momento?! ¿¡Quién las tomó?!

—Tu mejor amigo y mi mejor distribuidor de mercancía —guiñó un ojo, logrando que el calor se subiera a mi cabeza.

—¡Entonces no estaba dormido! —me sentía muy abochornado. Iba a matar a mi mejor amigo ¡¿Cómo se le ocurría tomar fotos?! Agradecí al cielo que por lo menos las sábanas nos cubrían un poco, pero mi rostro… ¡Se veía toda mi expresión! Y la posición… ¡Dios!

—No te enojes —me besó la mejilla mientras reía—. Sinceramente le agradezco que las haya tomado.

—Pervertido.

—Lo soy —rio—. ¿Quieres ver cuánto?

Sentí una especie de corriente recorriendo todo mi cuerpo. Sólo Viktor causaba esas cosas en mí.

—Muéstrame todo.

Esbozó una sonrisa de lado, de las peligrosas y seductoras.

—Lo haré, pero antes… —tomó su celular, quería tomarme foto con mis obsequios—. Quiero agregar esto al álbum —me tomó una fotografía y luego se unió, tomándonos una selfie.

Dejamos el álbum en un lugar seguro y enseguida comenzamos a desvestirnos con mucho cariño y lentitud, disfrutando cada segundo, sin prisas.

Me quitó el abrigo, desabrochó mi camisa blanca y pasó sus manos frías por toda la piel de mi torso, causándome escalofríos. Yo lo desvestí con un poco más de prisa, logré quitarle el suéter y la camisa, deslizando mis dedos por su piel, sintiéndola suave y perfecta, cálida y con un aroma irresistible, olía a él.

Logró desabrochar mi pantalón con maestría, pues en ningún momento dejamos de besarnos más que para cambiar el ángulo de la unión de nuestros labios. Él comenzó a empujarme un poco hacia atrás, entendí lo que quería, así que sin detener nuestros besos, caminamos torpemente hasta que la parte trasera de mis rodillas topó con el borde de la cama, haciéndome caer de sentón hacia atrás.

Ambos nos reímos, y así, entre risitas traviesas y divertidas, continuamos con nuestra labor.

Quedé sentado en la orilla del colchón. Viktor, poniendo las rodillas en el suelo, tomó con ambas manos mi trasero para atraerme más a la orilla. Abrí mis piernas y él se alojó ahí, acariciando mis costados y besándome con locura. Yo sólo podía pensar en hacerlo sentir lo mismo que él me provocaba. Posé una mano en su fuerte hombro, desnudo; y puse otra mano en su nuca, justo donde sus cabellos eran más cortos. No pude evitar enredar ahí mis dedos, en sus hebras plateadas y suaves.

Bajó mi camisa sólo de un hombro, besando cada pedazo de piel que iba descubriendo. Sus delgados y húmedos labios iban dejando un estrecho sendero de saliva desde mi clavícula izquierda hasta mi hombro. Pronto descendió el otro lado de la camisa, dejándola caer hasta mis codos.

—Eres precioso, Yuuri, precioso.

Me sonrojé un tanto. Volví a besarlo en los labios, perdiéndome en esa caricia por unos momentos, hasta que sentí sus manos traviesas tratando de colarse bajo mi bóxer negro.

Lo empujé para hacerlo incorporarse. Quedó de pie frente a mí, así pude desabrocharle el cinto y el pantalón, bajándolo con movimientos torpes y algo bruscos debido a la necesidad imperante de sentirlo por completo desnudo. Me sentía emocionado, pero sobre todo, amado.

Tiré mi camisa al piso, junto con su pantalón.

De pronto se echó encima de mí, sin previo aviso, haciéndome reír y besándome entre risillas. Andaba en modo travieso.

—¿Por qué me haces tan feliz? —murmuró con algo de diversión. Era más bien una pregunta retórica, pero aun así respondí.

—Porque soy un atractivo tazón de cerdo que enamora a los hombres.

No se esperaba mi respuesta, así que se carcajeó a lo lindo.

—Procura enamorarme sólo a mí, cariño.

—Pero eso ya lo logré ¿No?

Volvió a reír, justo antes de devorarme a besos.

—Lo logras todos los días, Yuuri —me dijo entre beso y beso.

Mi corazón se aceleró vertiginosamente y un sentimiento muy fuerte se apoderó de mi ser. Viktor se había vuelto alguien muy importante en mi vida desde hace muchos años, y hace no tanto tiempo le dije algo, de lo cual hoy tengo que retractarme. No pude soportarlo más y tuve que confesarlo.

—Vitya —detuve los besos y tomé su rostro entre mis manos, fue fácil, pues lo tenía encima de mí.

—¿Qué pasa? —me miró, un tanto preocupado.

—Hace no mucho te dije algo que… era cierto en esos momentos, pero no ahora, y debo retractarme.

—No me asustes ¿Qué tienes que decirme?

—Tranquilo —pasé mis dedos por sus labios, perdiéndome unos segundos en ellos, y es que me encantaba ver que su labio inferior era un poco más grueso que el superior, a decir verdad, éste último a penas y se veía.

—Ya dime —besó mi cuello una y otra vez, mordisqueándome un poco a veces.

Reí por las cosquillas.

—Aquella vez dije que podía vivir sin ti, pero que no quería. Debo admitir que en ese momento era cierto, por completo. Pero ahora… —esperé unos segundos antes de decirlo, acaricié su desordenado cabello y me perdí en sus preciosísimos ojos celestes—… ahora mismo no podría vivir sin ti. Vitenka Nikiforov, eres mi vida.

Su boca se abrió un poco debido a la impresión, sus ojos estaban demasiado abiertos y por las comisuras de sus párpados se escapaban unas cuantas lágrimas.

Entonces esbozó una de las sonrisas más bellas que jamás le vi.

—Te amo —tomó mi mano derecha y la besó justo en el anillo. En mi estómago sentí mariposas al recordar que: era su prometido, sería su esposo en unos meses y quizás, sólo quizás, el padre de sus hijos.

A partir de ese momento no volvimos a hablar. Retomamos la tarea de amarnos y demostrar nuestra pasión a través de caricias atrevidas y ardientes, pacientes y cariñosas.

Nuestros latidos se volvieron violentos. Sus besos hervían mi sangre, sus manos bailando en mi espalda me derretían.

Viktor me tenía en sus manos, completamente. Estábamos enredados, de corazón pegados. Tan atrapados en nuestro amor.

Esa noche hicimos el amor lentamente, con un amor imposible de describir con palabras. Nos amamos entre pétalos de rosas y un montón de tulipanes a nuestro alrededor.

Por mucho, ese fue el mejor cumpleaños de mi vida, al menos hasta ahora.

Narradora.

El cumpleaños de Yuuri fue sin duda alguna inolvidable, diferente e inesperado. Viktor no dejó de postear un sinfín de fotografías de ambos, mostrando cada momento de su viaje. Subió a las redes fotos de ambos y de Yuuri sin que éste se diera cuenta. En las redes sociales ya se esparcía como pólvora la fotografía de las manos de ambos, entrelazadas una sobre otra, con sus anillos brillantes y hermosos.

A esas alturas, todos sus fans estaban más que enterados sobre su compromiso, el viaje, el cumpleaños y de todo lo que hacían juntos.

En la mañana siguiente, el primero en despertar fue Viktor. Sintió un poco de frío y de inmediato se dio cuenta del porqué. Él estaba en una orilla de la cama, descubierto totalmente, desnudo y con frío.

Miró a su derecha, en el otro extremo de la cama se encontraba Yuuri dándole la espalda. Viktor se tomó el tiempo de mirar su figura tranquilamente. Tenía una vista espectacular de su linda espalda, de sus hombros, su cintura y su preciosa nuca, con su cabello negro totalmente revuelto por la acción de la noche. También tenía un sinfín de chupetones y mordidas en la pálida piel de su cuello y hombros. La sábana blanca le cubría sólo lo necesario, justo por debajo de sus caderas, dándole así una vista muy erótica a su prometido.

Viktor no se resistió y le tomó una fotografía que guardaría por el resto de su vida. Y es que la luz que se colaba por las cortinas y ese hermoso aspecto angelical hacían de Yuuri todo un modelo tierno y bonito para ese tipo de foto.

Subió la foto a las redes sociales luego de ponerle un filtro a blanco y negro para que no se notara tanto la agresividad de sus mordidas y chupetones. No puso nada en la descripción más que tres puntos suspensivos. Y es que era lo que le causaba ese hombre, lo dejaba sin palabras, sin aliento.

No pasó ni un minuto y la fotografía ya tenía más de mil corazones y varios comentarios.

El ruso aprovechó el momento y subió más fotos, éstas sobre la sorpresa de Yuuri. En una foto salía el japonés junto a sus miles de tulipanes, sosteniendo su nuevo álbum. Sonreía tan feliz y anchamente que sus ojos e veían pequeños y con pequeñas lágrimas de felicidad en las comisuras.

Yuuri Katsuki era la representación total de la felicidad.

Viktor hizo un esfuerzo sobrehumano para no soltar una exclamación llena de ternura al ver las fotos, no quería despertar a su novio, después de todo se merecía un buen descanso después de haber hecho el amor toda la noche.

Se había aguantado el frío, pero luego de un rato no lo soportó más y tuvo que molestar a su cerdito.

—Amor —intentó quitarle un poco de sábana, pero Yuuri no la soltaba, tenía que despertarlo—. Mi amor —insistió con suavidad—. Tienes toda la sábana, tengo frío, cariño —acarició todo su costado desde su cintura hasta sus nalgas.

El aludido despertó muy apenas.

—Oh… lo siento, Vitya —murmuró en un estado por completo adormilado, su voz era grave y ronca.

Le cedió gran parte de la sábana y además se acurrucó contra él, abrazándolo. No pasaron ni diez segundos y Yuuri ya estaba nuevamente dormido.

Viktor lo abrazó con fuerza y besó su frente antes de volver a dormir, sintiendo el calorcito que le brindaba su cuerpo.

Nuevamente se levantaron tarde, salieron a desayunar a un lindo restaurante y pasearon por la ciudad, viendo todo aquello que les faltó por visitar el día anterior.

Yuuri estaba tan feliz con su regalo que –cosa extraña en él- comenzó a tomarse muchas fotos con Viktor en cada parada que hacían.

—Mi amor, ¿hay algo más que quieras?

—¿Estás bromeando? —se rio, avergonzado—. Ya has hecho mucho por mí —entrelazó su mano con la de él, acercándosele más al caminar. Eran todo un par de bobos enamorados.

—Pero debe haber algo más, anda, dime y cumpliré tu capricho.

Las mejillas del aludido se sonrojaron tiernamente, entonces Viktor supo que sí había algo.

—Es algo vergonzoso.

—¡Dime! —se emocionó, deteniéndose en medio de la acera.

—Quiero… tomarte fotos, imprimirlas y que luego me las autografíes.

El ruso se puso muy feliz al saber que ese lado fanboy de Yuuri no había desaparecido.

—Amazing! Hay que hacerlo ¿Qué tipo de foto quieres? —hizo una pose que demostraba toda su experiencia en el modelaje.

Yuuri se sonrojó hasta las orejas, pero no por eso se quedó callado, no iba a desperdiciar esa oportunidad.

—Una foto comprometedora, sólo para mí.

—Oh la la~!

—Las tomaremos hoy en la noche.

—Me parece perfecto —le guiñó un ojo pícaramente.

Siguieron paseando durante el resto del día, Viktor le mostró lo que conocía de la ciudad y juntos conocieron lo que ninguno había visitado antes. Viktor quería llevarlo a la Torre Eiffel, pero estaba muy llena de turistas, así que mejor se esperaron hasta que fuera entrada la noche, tarde.

Fue hasta que volvieron al hotel, cuando iniciaron la sesión de fotografías. Yuuri se las tomaba y no se decidía por cuál de ellas elegir al final.

—¿Así está bien? —hizo una pose demasiado sexy—. No, ya sé —caminó hacia Yuuri y le quitó los anteojos sólo para ponérselos y hacer una pose tierna.

El japonés se sonrojó por completo y es que se veía hermoso. Vestía sólo su camisa de vestir blanca, con los primeros botones sin abrochar y con la corbata sin hacer, colgando de su cuello. Se veía como un ángel travieso.

No dudó en tomar muchas fotografías de él, en diferentes poses y ángulos. Viktor se divertía bastante, más al ver la concentración en su novio y sus lindos sonrojos.

—¿Te das cuenta de que estás haciendo realidad uno de mis sueños?

—Lo sé, mi amor —guiñó un ojo y cambió de posición.

Hubo muchas fotos más, diferentes poses y cada vez con menos ropa.

—Yuuri ¿Trajiste en el equipaje mi jersey representativo?

—¿Te refieres a MI jersey? —rio un poco—. Sí, siempre lo tengo conmigo. ¿Por qué?

El ruso le respondió con una mirada llena de lujuria.

Momentos después Yuuri se encontraba posando para Viktor mientras éste le tomaba fotografías a diestra y siniestra. Le encantaba verlo vestido sólo con su jersey, así que le pidió que se sacara toda la demás ropa.

Entre risas nerviosas y sonrojos, Yuuri hizo todo lo que su amado le pidió, hasta que hizo el teléfono a un lado y se lanzó sobre él, devorándolo a besos y caricias, pero los dos estaban tan cansados por casi no dormir bien y por todo lo que habían hecho en sus paseos, que terminaron acurrucados uno encima del otro en la cama, sin desvestirse por completo y muy exhaustos.

—Lo siento mi amor, estoy muy agotado —confesó mientras acariciaba la espalda desnuda del hombre sobre sí.

—Yo también estoy muy cansado ¿Y si dormimos temprano hoy? —correspondía las caricias con lindos gestos en la piel de su pecho.

—Yuuri, son las dos de la mañana —rio.

—Más temprano que ayer.

—Y antier.

El japonés apoyó el mentón sobre el pecho de su amado, mirándolo a la cara y sonriéndole como bobo.

—Vitya.

—¿Sí, Kobuta-chan?

—Te amo —besó su piel, notando cómo esta se erizaba ante el contacto—. Vitya.

—¿Sí? —rio un poquito, disfrutando los mimos que le hacía Yuuri en el cabello.

—¿Te dejarías crecer el cabello de nuevo?

—No.

—¿Por qué?

—Es muy molesto tener que cuidarlo, peinarlo, acondicionarlo; no, no me gusta.

—Es cierto.

—¿Te gustaría que me lo dejara crecer de nuevo?

—La verdad, sí —soltó una risilla nerviosa.

—Hagamos un trato: me dejo crecer el cabello y tú vuelves a ser el cerdito que conocí en las aguas termales.

—¡Tramposo!

—Eso o nada.

—Bueno, pero después de la boda.

—Dejaré de cortarme el cabello hasta después de la boda entonces.

—Trato hecho —bostezó—. Por cierto… ¿Por qué subiste esa foto mía a las redes?

—¿Cuál? —preguntó—. ¿Cuál de todas? —pensó con gracia.

—¡Donde salgo desnudo!

—Oh vamos, te cubre la sábana. Y sólo tú y yo sabemos que no traes nada puesto, además, te veías precioso, tuve que hacerlo.

Las mejillas de Yuuri se tiñeron de rojo intenso.

—Esa fotografía se hizo viral.

—No tanto como la de nuestro compromiso.

Y tenía razón. Las fotografías de la noche en que se pidieron matrimonio mutuamente dieron la vuelta al mundo, se hicieron virales y todos los fans del patinaje se volvieron locos.

Se estaban quedando dormidos poco a poco. Viktor se relajaba considerablemente al sentir las caricias en su cuero cabelludo. Yuuri no tardó mucho en escuchar los lindos y leves ronquidos de su amado. Ahí dejó de acariciarlo y dedicó unos momentos a mirarlo y reflexionar. Lo que le dijo hace poco era muy cierto: ya no podría vivir sin él, definitivamente no.

Por lo regular evitaba abrir las redes sociales, especialmente para evitar toparse con ese tipo de fotografías, pero ese día en especial, después de no saber mucho de él, más que andaba en París con el chico japonés, decidió entrar y echar un vistazo. Enorme fue su mala suerte al toparse de primera instancia con la foto de Yuuri Katsuki en blanco y negro, seguramente desnudo, mostrando las marcas que Viktor le había hecho.

—¡Esto es una abominación! —estaba tan cabreado que lanzó su teléfono a través de su oficina, importándole poco que éste se estrellara contra la pared, quedando inservible.

Su enfado fue tan grande que no pudo contener su ira, tardó más de lo normal en controlarse, pues además ya sabía el hecho de que ese par se casaría muy pronto.

Estaba comprobado: Yuuri Katsuki no era un capricho para su hijo. Pero él no lo quería creer así.

A pesar de ello, tendría que encontrar la forma de terminar con eso de raíz, costara lo que costara.

—Señor, tiene que tranquilizarse. Si sigue exaltándose así sólo empeorará su salud.

Dimitri Nikiforov no hizo caso a su asistente sólo la ignoró y tomó asiento en el sillón de su oficina. Estaba muy agitado.

—Llama a Andrew.

—Está monitoreando a…

—No me interesa, llámalo —la miró severamente con sus ojos penetrantes—. Ahora.

Nadie en el mundo se resistía a esa mirada intimidante, ni el mismo Viktor era inmune, mucho menos ella.

La pobre asistente salió de inmediato de la oficina para cumplir con el pedido. Muy pronto el tal Andrew llegó donde Dimitri.

—¿Estás seguro de esto? Hombre ya llevas mucho con lo mismo. Olvídalo, sé feliz y déjalos ser felices.

—Si no me vas a ayudar con esto sólo dímelo.

—Lo haré, sabes que cuentas conmigo, pero… lo has intentado muchas veces ¿No crees que sería mejor aceptarlo de una vez por todas?

—No.

Andrew suspiró y se pasó una mano por sus rubios cabellos con una que otra cana en ellos.

—¿Ahora qué tienes en mente, Dimitri?

El aludido recargó sus codos sobre sus muslos y el mentón encima de sus manos entrelazadas, tenía una idea, no sabía si funcionaría, pero lo iba a intentar de todos modos.

Continuará…