Agape to Eros
By Tsuki No Hana
XXXV
"Obstáculos"
—Que agradable es estar en casa —dejó sus maletas en el recibidor y se estiró perezosamente, ajeno a la enorme sonrisa que se formó en los labios de Viktor al escucharlo decir aquello.
—Lo es —dejó también sus maletas en el suelo y enseguida lo abrazó por la espalda. El vuelo había sido largo y ambos seguían un poco desvelados. Necesitaban unas vacaciones de sus vacaciones—. Durmamos un rato —besó su cuello con suavidad, haciéndole cosquillas.
Tenían muchas cosas por hacer, por planear y por organizar, pero sus ganas de estar acurrucados eran aún mayores.
El tiempo transcurrió muy rápido para ambos. Los días se pasaron volando estando juntos. Su vida continuó con la agradable rutina que habían formado antes del último Grand Prix. Yuri trabajaba en las tardes y mientras tanto Viktor iba a entrenar un rato a pesar de su retiro. Junto con Yakov comenzó a planear su nueva etapa de entrenador a tiempo completo. El ruso ya tenía muchas nuevas ideas para el siguiente Grand Prix Final de Yuuri, porque eso sí, quería más medallas de oro para su amado.
La vida en pareja era maravillosa. Los nervios y las mariposas en el estómago eran emociones que iban disolviéndose poco a poco para dar paso a unas mucho más profundas y duraderas.
Despertar en los brazos del ser amado era algo simplemente hermoso, pero no todo era color de rosa. Viktor descubrió nuevas cosas en Yuuri, tales como su extraña costumbre de dejar la cocina impecable después de haber comido. No entendía su manía por la limpieza y el orden en esa área en específico. Otra cosa que le sorprendió fue ver que dejaba el dentífrico abierto y apachurrado por en medio, eso le causaba un gran conflicto al ruso.
En cambio, Yuuri descubrió que su amado podía ser muy desordenado en algunas ocasiones, como por ejemplo, a la hora de lavar los trastes o usar la cocina, era un completo caos. Pero no lo era siempre, por lo regular era ordenado, excepto en la cocina y a la hora de lavar ropa, Viktor no lavaba ropa, la mandaba toda a la tintorería o simplemente la dejaba regada en el suelo ¡Justo a un lado del cesto de ropa sucia! Eso sacaba de quicio al japonés.
Sin embargo, el descubrimiento de esas pequeñas manías y malas costumbres no menguó su amor, pero sí eran temas de los cuales tenían que hablar pronto.
Su vida de pareja era bella, y más aún con su hijo Makkachin, travieso y juguetón como siempre. Y bueno, también con la presencia de Yurio, quien de vez en cuando se iba a pasar las noches con ellos luego de llevarse sus videojuegos favoritos e intentar que a los otros dos les gustasen, cosa que no fue así.
—Son unos aguafiestas. ¡Es el nuevo Call of Duty! —exclamó, agitando en su mano el control remoto.
Viktor y Yuuri se miraron entre sí y se encogieron de hombros.
—No entiendo ese juego —Viktor dejó el control remoto sobre la mesita de la sala—. Iré por un bocadillo a la cocina —se puso de pie.
—Te acompaño. Lo siento Yurio, pero nunca fui bueno para estas cosas —se disculpó, apenado y siguiendo a su amado a la cocina.
Yurio refunfuñó y se puso a jugar solo, deseando que su Beka estuviese ahí. Jugó un poco hasta que le dio hambre, fue a la cocina a saquear la alacena, pero nunca se imaginó que dentro de ésta estarían sus amigos devorándose a besos, Yuuri sentado en la encimera y Viktor de pie, entre sus piernas.
—¡Ya no vendré a visitarlos! —se tapó los ojos y caminó a tientas a la alacena, sacó una barra de pan y un bote de mantequilla de maní antes de salir despavorido de ahí.
Yurio nunca cumplía sus amenazas, siempre volvía con ellos a pasar un rato viendo películas o simplemente tumbado en el sillón y navegando en internet mientras Viktor y Yuuri estaban en otro sillón, ya sea haciéndose arrumacos o leyendo algún libro.
Algo que el japonés descubrió sobre su amado, fue su gran gusto por la lectura, gusto que compartía con él, así que podían pasar las tardes lluviosas sentados, leyendo el mismo libro juntos o cada quien uno, pero siempre cerca uno del otro.
—¿Nunca se cansan de estar tan pegados? —inquirió Yurio, dejando de lado su teléfono para ver a Yuuri con la cabeza sobre el regazo de Viktor mientras éste le hacía cariños en el cabello. Cada uno leía un libro diferente.
—No, al menos no aún —respondió Viktor, seguro de que en realidad nunca se cansarían.
—Nunca me cansaría de esto —Yuuri de nuevo le leyó los pensamientos.
El mayor sonrió ampliamente y se inclinó para besarle los labios antes de volver cada uno a su lectura.
OoOoOoO
Tomaron sus maletas y se encaminaron a la sala que les correspondía, abordarían en cualquier momento rumbo a Vladivostok. Viktor no podía estar más emocionado, extrañaba mucho a su hermano y cuñada, y el hecho de pasar con ellos las fiestas navideñas lo llenaba de alegría.
Faltaba un día para nochebuena, pero ambos ya iban preparados con sus regalos de navidad para Aleksi, Evgenia y el bebito en camino.
Al día siguiente de su llegada, Yuuri y Evgenia pusieron manos a la obra. Sacaron a sus parejas de la casa y empezaron a preparar todo para la gran cena que tendrían esa noche, habría muchos invitados sorpresa para festejar navidad y el cumpleaños de Viktor, así que este no debía estar en casa. Aleksi se lo llevó desde temprano y lo distrajo todo el día afuera.
Yuuri no le había dicho nada, pero desde semanas atrás se puso de acuerdo con sus amigos más cercanos para festejar juntos el cumpleaños de Viktor. Todos accedieron a ir y se hallaban de camino a Vladivostok. Lo mejor de todo era que Viktor no tenía idea de nada.
—¿Por qué tanto misterio, hermanito? —alzó una ceja.
Habían recorrido todo el centro comercial al menos tres veces y Viktor ya se estaba aburriendo bastante. Quería ir a casa, pero Aleksi siempre lo detenía inventando alguna excusa.
—Por nada —le palmeó la espalda—. Mejor acompáñame a buscarle un regalo a Evgi ¡Y luego vamos al cine!
De nuevo Viktor alzó una ceja. Ahí había gato encerrado.
Finalmente se les fue la tarde entera en el centro comercial.
—Vamos a casa, hay que ayudar con la cena —sugirió el mayor.
—¡Ja! —se burló descaradamente—. Sabes muy bien que no nos dejarán poner un pie dentro de la cocina, a ninguno de los dos.
—Tienes razón —admitió y suspiró antes de ver un local frente a él—. ¿Quieres un helado?
Aleksi giró su rostro hacia él con rapidez, sus ojos de un azul intenso brillaban con intensidad.
—¡Chocolate! —exclamó antes que nada.
—Chocolate será —Viktor se rio y juntos entraron a la tienda.
No se daban cuenta, pero la gente se les quedaba viendo. Dos hombres tan apuestos como ellos llamaban mucho la atención, en especial si parecían ser una copia del otro pero en diferentes colores. Se podía decir que los dos eran muy agradables a la vista.
—¿Qué tal el embarazo de Evgi? —inquirió Viktor, curioso mientras devoraba su helado.
Aleksi soltó un pesado suspiro y se sentó en la primera banca que encontró.
—Afortunadamente está perfecta en salud, pero sus hormonas… Dios mío, me han hecho sufrir.
—¿Tan malo es?
Aleksi soltó una risilla.
—Ha tenido antojos de todo tipo. El otro día me pidió huevos revueltos con ketchup.
—Eso sabe bien.
—¿Qué? ¡Claro que no!
—Por supuesto que sí.
—No.
—Bueno, ya. Sigue contándome.
—Sí… no sólo han sido los antojos, sino también los cambios repentinos de humor y los bochornos que sufre. Siempre tiene calor ¡Siempre! Me ha pedido que encienda el aire acondicionado cuando afuera estamos a 10°C. No he vuelto a dormir como antes. Estaba acostumbrado a dormir con ella abrazada a mí, pero ahora sólo duerme si abraza a esa fea almohada de cuerpo completo que tiene —suspiró—. No te miento, ha sido muy difícil, pero los dos estamos ansiosos porque llegue el día en que nazca nuestro hijo.
—Yo también quiero que llegue ese día —sonrió ilusionado.
—El otro día… —recordó con gracia—…Evgi tuvo un ataque muy gracioso. Estaba histérica porque tenía antojo de algo y no sabía de qué. Se enojó conmigo y me mandó a la cocina por algo rico, pero a estas alturas algo "Rico" es muy difícil de definir, así que le llevé tocino con crema de maní ¿Y qué crees?
—Te lo aventó a la cara.
—¡Se lo comió todo!
—Es repugnante.
—Lo más extraño de todo es que… en verdad sabía bien.
—¿¡Lo probaste?!
—¿Qué? Tenía curiosidad —se justificó—. Ya te quiero ver cuando… —comenzó a decir con una sonrisa, pero se le borró al instante en el que se dio cuenta de lo que estaba a punto de decir.
—¿Cuándo qué? ¿Cuándo Yuuri y yo tengamos hijos? —suspiró, por primera vez en mucho tiempo se le vio algo decaído.
—Lo siento, Viktor —puso una mano sobre su hombro.
—No tienes por qué disculparte. Cuando me enamoré de un hombre estuve consciente de que jamás tendría hijos propios —sonrió de lado.
—¿Él sigue renuente a la idea de adoptar?
—Ahora que lo mencionas, lo veo un poco más accesible en cuanto a eso. Le he hecho comentarios sobre tener familia y él no se ha negado.
—Pero tampoco lo ha afirmado.
—No se ha negado, eso es un gran progreso y punto—frunció el ceño.
—Sabes que cuentan con todo mi apoyo para que puedan adoptar. Quizás no sea posible en este país, pero tengo amigos abogados que me deben favores. Tú dime de dónde, tengo amigos en Noruega, Suecia, Canadá e incluso en España; ellos podrían ayudarme a que el trámite de adopción sea un poco más fácil o incluso posible.
—¿En serio harías eso por nosotros?
—¡Pero por supuesto que sí! Merecen ser felices, y si quieren tener familia, yo los apoyaré antes que nadie.
A Viktor se le hizo un nudo en la garganta. No se aguantó las ganas y abrazó con fuerza a su hermanito.
OoOoOoO
Ese día oscureció temprano. Eran a penas las seis de la tarde, pero el sol ya se había ocultado casi por completo. Los hermanos Nikiforov regresaban a casa luego de su eterno paseo.
Evgenia escuchó el auto de su marido aparcar en el garaje y fue entonces que entró en pánico.
—¡A sus puestos! —ordenó Yuuri con emoción.
Los demás asintieron y siguieron las órdenes al pie de la letra.
Las llaves se escucharon en la puerta principal, apagaron las luces antes de que abrieran y cuando el par entró a la casa…
—¿Por qué está todo tan oscuro? ¿Yuu…?
—¡SORPRESA! —saltaron todos desde sus lugares. Al mismo tiempo encendieron la luz y lanzaron un montón de confeti y serpentinas.
Los ojos celestes de Viktor parpadearon, centellantes y relucientes. No creía lo que veía.
La lista de invitados había sido muy exclusiva. Chris fue invitado, obviamente por ser su mejor amigo; Irina fue porque era como su hermana, su mejor amiga; Yurio no podía faltar, era su hermanito; Otabek también fue, se había convertido en alguien importante para Viktor al ser novio de su "hermanito"; Phichit no pudo faltar porque era su mejor proveedor de fotografías de Yuuri. Masumi también fue invitado porque era el novio de su mejor amigo y en verdad le había tomado mucha estima, pero el pobre no pudo ir por asuntos de trabajo.
—¿Qué es todo esto? —se le formó un nudo en la garganta, estaba muy feliz.
—Feliz cumpleaños, mi amor —Yuuri se acercó a él, con un hermoso pastel de cumpleaños. Éste tenía treinta y un velitas exactamente, era de chocolate con cubierta de chocolate blanco y muchas fresas enormes encima—. Pide un deseo.
—Ya eres todo un señor —murmuró Chris con gracia.
Viktor le sacó la lengua antes de cerrar los ojos, pedir un deseo y soplar las velitas.
Todos los presentes aplaudieron enérgicamente.
—¿Tú organizaste todo esto? —acarició el mentón de Yuuri con cariño. Éste le sonrió de manera tierna y asintió.
—Bueno, tuve mucha ayuda. Demasiada en realidad.
—Mentira —dijo Evgenia—. Él se encargó de organizar las cosas y de reunir a todos, sólo está siendo modesto. Incluso preparó ese pastel para ti.
—¡¿Tú lo hiciste?! Pensé que lo habían comprado, está hermoso.
—Yurio me enseñó paso por paso.
—Se le están pegando tus mañas, viejo, casi confunde el azúcar con la sal.
Los presentes ahí rieron ampliamente.
—Vinieron todos —los miró y sonrió, estaba muy feliz—. Muchas gracias por esto —le brillaron los ojos en lágrimas.
—Nada de sentimentalismos —Aleksi le palmeó fuertemente la espalda. A pesar de sus palabras, él mismo tenía los ojos brillosos, pues tenía años de no pasar un cumpleaños tan feliz con su hermanote.
Ninguno dejó de charlar durante toda la tarde. Cenaron juntos y se divirtieron bastante contando anécdotas.
La amistad de todos ellos se había forjado con el tiempo, haciéndose tan fuerte como el amor entre una familia. Ellos eran una gran y bonita familia.
Luego de cenar, se fueron a la sala a seguir bebiendo vino y a reposar un poco todo lo que habían cenado. Encendieron la chimenea y todos se sentaron en los sillones, y los que no alcanzaron lugar se sentaron en el afelpado tapete, en este caso: Yuuri, Viktor y Makkachin.
La sala era iluminada solamente por la luz que emitía el fuego de la chimenea y las luces del pino de navidad que tenían en una orilla refulgían, dando un aspecto cálido y acogedor.
El ambiente era cálido, había música tranquila de navidad sonando muy tenuemente, el aire olía a canela y la sensación de estar con seres amados abundaba en los corazones de todos.
—Tenía entendido que los rusos no celebran navidad —inquirió Chris con curiosidad, meneando su copa de vino tinto antes de darle un sorbo.
—La mayoría no lo hace, pero a nosotros nos acostumbraron a esto desde pequeños. El abuelo de mamá era norteamericano y la costumbre nunca se perdió —explicó Aleksi.
—En Rusia se acostumbra celebrar navidad hasta el 7 de enero y en vez de ser "Santa Claus" quien entrega los regalos, es "Ded Moroz" acompañado de su nieta "Snegurochka" —explicó Viktor, todos lo miraban atentos, incluso Yuuri, pues no sabía eso.
—Pero en casa siempre celebramos navidad al mismo tiempo que el resto del mundo —recordó Aleksi con nostalgia—. Eran buenos tiempos aquellos.
—Lo eran —Viktor bebió un poco de su vino, disfrutando mucho de la velada y del hecho de haber convencido a Yuuri para que se sentara entre sus piernas. Amaba ver cómo su rostro ardía en sonrojos infinitos.
—Mi abuelo y yo celebramos navidad hasta el 7 de enero —comentó Yurio—. Por eso vine sin problema, sino no me hubiera perdonado que no pasará la navidad con él, siempre me tiene un regalo único —sonrió al recordar sus graciosos regalos hechos a mano, acompañados de un regalo de verdad.
—Hablando de obsequios… es hora de que entreguemos los nuestros —Evgenia se puso de pie y caminó hacia el pino.
—Pensé que esos regalos estaban de adorno —se rio Viktor.
Repartieron sus regalos entre risas y muchas fotografías. A Viktor, como casi siempre, le tocó su regalo de navidad combinado con el de cumpleaños. No le sorprendió, al contrario, agradeció que todos se tomaran la molestia de obsequiarle algo.
Más tarde, la lista de reproducción de canciones navideñas se acabó, y dieron paso a la música romántica del momento. El cambio no pasó desapercibido para todos ahí.
—¡Amo esa canción! —Evgenia saltó de felicidad. Aleksi la conocía tan bien que no dudó ni un momento en ponerse de pie y extenderle una mano.
—¿Me concedes esta pieza?
Las mejillas de la pequeña mujer se colorearon de rojo, pero asintió.
Así los dos comenzaron un baile tranquilo y pausado, al ritmo de "Perfect", no era en sí un baile, simplemente se abrazaban y balanceaban de un lado a otro con lentitud.
Todos los presentes los veían con un brillo especial en sus ojos, algunos con nostalgia, otros con amor y otros simplemente deseando encontrar un amor tan sincero como el de ellos.
Yuuri estaba sentado en la alfombra, entre las piernas de su amado, así que le daba la espalda y no podía ser testigo de la enorme sonrisa en Viktor, pero sí sintió que de pronto lo abrazó desde atrás con mucho cariño, apoyando la barbilla en su hombro y susurrándole al oído:
—Baila conmigo —besó su cuello con suavidad.
El japonés pensó de inmediato que había mucha gente observando, y le daba un poco de vergüenza, pero en un par de segundos venció sus miedos y aceptó.
Se pusieron de pie. Viktor lo tomó con suavidad de las caderas y lo pegó a su cuerpo. Yuuri rodeó el cuello de su amado con ambos brazos y se sonrojó aún más al notar las miradas intensas y divertidas de los presentes, así que optó por esconder el rostro en el cuello de su prometido, relajándose al instante por sentir su aroma de manera tan intensa en esa área.
Yuuri comenzó a ponerle atención a la letra de la canción y no pudo más que conmoverse por completo. Pensaba que si le cambiaba algunas cosas, podría dedicársela a Viktor, le encantaría hacer eso.
El ruso lo apresó más hacia su cuerpo, meciéndose muy suavemente de un lado a otro con Yuuri entre sus brazos.
—Te amo —susurró el japonés, animándose a darle un tierno beso en el ángulo de la mandíbula.
—Te amo más —se separó para poder verle el rostro, y sonrió al verlo aún avergonzado.
—No, yo más —aguantó la risa.
—Yo te amo más ¿Quieres que te lo demuestre?
Yuuri alzó una ceja, retándolo. Se sentían tan íntimos en ese abrazo cercano y por los pocos centímetros que los separaban que, sin darse cuenta, estaban siendo observados por todos ahí.
Y entonces Viktor atacó a Yuuri con un beso inesperado y muy profundo que iba más allá del contacto labio con labio. Los brazos del mayor se ciñeron en la espalda y cintura de su amado, mientras que éste se dejaba llevar, acariciando la nuca de Viktor con mucho amor.
—Oigan, hay niños presentes —advirtió Chris en un tono muy mal fingido de indignación, justo después de que terminaran el beso.
Viktor y Yuuri voltearon a verlo con una ceja alzada, ambos estaban ligeramente sonrojados, aunque uno más que otro.
Chris no dijo nada más, sólo señaló a Evgenia. Ésta se echó a reír mientras acariciaba su vientre, feliz de que ya tomaran en cuenta a su bebé.
—No se preocupen, él está feliz porque sus tíos se aman mucho.
—¿Ves? —Viktor miró a Yuuri, sin soltarlo de ese abrazo tan cercano—. Hasta nuestro sobrino sabe que te amo más.
—¡Ella no dijo eso! —se quejó, aguantando sus ganas de reír y tratando de no sonrojarse tanto.
—Vaya que sí.
—¿Ahora quieres que yo te lo demuestre? —inquirió en un ataque de valentía. Los ojos celestes se agrandaron al escuchar aquello.
—Amazing! Sí ¡Hazlo! —casi brincó de la emoción.
Yuuri se pegó por completo a su cuerpo, mirándolo fijamente con esa expresión tan eros en su rostro. De pronto en la sala hubo un silencio total, todos expectantes y ansiosos. El japonés se acercó al oído del otro y luego de darle un mordisco que le hizo temblar las piernas, le dijo:
—Te lo demostraré esta noche —volvió a morder su oreja, sin borrar esa expresión tan hermosa.
—¡Yuuri! —se quejaron Chris, Irina y Phichit a coro.
El aludido se rio entre dientes y miró a sus amigos.
—No es apto para menores, tú lo has dicho —señaló a Chris y le guiñó un ojo para después reír abiertamente ante la cara que pusieron sus amigos.
Era lento, pero poco a poco tomaba más confianza como para hacer comentarios de ese tipo frente a sus amigos. Después de todo, había sido criado con otras costumbres, para él era muy difícil deslindarse de esas normas de recato que ahora tiraba por la ventana.
—Este hombre me va a ocasionar un paro —pensó Viktor al sentir cómo se aceleró su corazón con el simple hecho de verlo guiñar un ojo.
Fue hasta entrada la noche, cuando vieron que empezó a nevar. Y como niños pequeños, Phichit y Chris sugirieron salir a jugar un rato al patio. Así que, como todos ahí eran adultos maduros y serios, salieron tras ellos a jugar un rato.
Hubo pelea de bolas de nieve en la que todos se sorprendieron al ver a Otabek derrotado por Yurio, tumbado sobre la nieve y riéndose a carcajadas, sí, a carajadas. El rubio estaba sentado sobre él, celebrando su victoria, pero el gusto le duró poco, pues de pronto una bola de nieve compactada le dio directo en el pecho. Con mala cara buscó al culpable, hasta que se topó una estúpida sonrisa en forma de corazón.
—Vamos Yurio, quítate de ahí y juguemos un rato —ya se encontraba haciendo otra bola de nieve en caso de que no se levantara.
—No, gracias, estoy a gusto aquí —lo retó, pero entonces escuchó la seria voz de su novio.
—Yura, quizás sea mejor que te pongas de pie.
—¿Por qué? ¿Te molesta? —le preguntó directamente.
—No, pero a Viktor parece no agradarle.
Yurio chasqueó la lengua y miró retadoramente a su "hermano mayor". Iba a decirle algo, pero fue interrumpido por otra bola de nieve, más dolorosa por estar más compactada que la anterior.
—¡Eh, viejo! Deja de hacer eso, no me voy a levantar de aquí.
—Levántate de ahí —pidió con una sonrisa, preparando otra munición más grande.
—Oblígame.
—Dios, parecen unos niños —se quejó Irina—. De Yurio te lo paso, aún es un niño, pero Viktor… —rodó los ojos.
—¡Cállate vieja bruja! —espetó Yurio a lo lejos, había alcanzado a oírla.
—Párate de ahí, Yuri ¿No ves que estás incomodando a Otabek? —Viktor no borraba esa sonrisa "feliz" de su rostro.
—Con un demonio, Viktor, fuiste tú quien me regaló condones que brillan en la oscuridad. No tienes derecho a reclamarme esto —ahora sí dejó caer todo su peso sobre Otabek, antes se apoyaba un poco en sus rodillas contra el piso, pero ahora dejó caer todo su trasero sobre…
—Ejem… Yura —carraspeó el kazajo.
—¿Qué? —giró su rostro con brusquedad hacia él, molesto porque lo interrumpió en su discusión con Viktor.
—Se me está congelando la espalda ¿Podrías…?
—Oh, claro. Lo siento —se puso de pie como si fuese un resorte. Todo rastro de mal humor se esfumó, incluso se llevó a Otabek al interior de la casa para que se cambiara de chamarra, pues la que traía había quedado empapada por la nieve.
—Va a ser una buena esposa —se burló Chris luego de que la parejita se metiera a la casa.
—¿Y tú no lo eres ya? —contraatacó Yurio. Había alcanzado a escuchar eso, así que se regresó para encararlo.
—Aún no me he casado, pero ya estoy practicando —le guiñó un ojo. Yuri no se esperaba esa respuesta, no supo qué hacer, así que mejor se metió refunfuñando.
Todos se echaron a reír con ganas, hasta que de nuevo la fierecilla salió al patio, mirando fijamente a dos personas en específico.
—Tengo un asunto pendiente con ustedes dos —señaló a Chris y Viktor, se agachó a recoger nieve y…
Comenzó a corretearlos por todo el patio.
Quizás era el efecto del vino, o quizás simplemente estaban muy felices, pues todos estaban de buen humor y se reían con facilidad de cualquier tontería.
Yuuri, Aleksi e Irina se unieron muy pronto a la pelea de nieve, peleaban todos contra todos.
Evgenia los veía desde una banca, pronto notó que faltaba Viktor, pues hasta Makkachin estaba jugando en la nieve, pero el ruso se había desaparecido. Miró hacia todos lados y no lo halló, estuvo a punto de levantarse, pero en eso llegó el aludido a su lado, sentándose y ofreciéndole una taza de chocolate caliente.
—¡Gracias! Oh, encontraste los malvaviscos —le dio un sorbo y disfrutó mucho del sabor.
—Aleksi es adicto a ellos, así que supuse que habría en algún punto de la alacena —se río.
Disfrutaron el mutuo silencio mientras veían a sus amigos reír y jugar hasta el cansancio. Evgi observó de reojo a su cuñado y sonrió discretamente al verlo perdido en Yuuri. En serio Viktor no se perdía ni un momento de su amado, lo observaba todo el tiempo y se deleitaba con eso.
—¿Te esperabas todo esto?
Viktor la miró y sonrió.
—No, sinceramente no. Me sorprendieron mucho.
—Yuuri estaba muy frustrado hace unas semanas, no sabía qué regalarte o qué prepararte de sorpresa, decía que tenías todo, no había nada que pudiera darte que no tuvieras ya, así que pensó en esto.
Viktor se conmovió.
—No le digas que te lo conté —aguantó una risita—. Pero él quería que pasaras un cumpleaños y navidad en compañía de tus amigos y familia. Fue difícil lograr que todos pudieran venir, en especial porque ya tenían planes con sus familias, pero este año decidieron dejarlo de lado por ti.
—Todos ustedes son mi familia, por completo. Ni siquiera recuerdo cuándo fue la última vez que pasé un cumpleaños así, creo que mi madre aún vivía en ese entonces, y de eso ya pasó mucho tiempo. Gracias por todo.
—Díselo a Yuuri, él fue el de la idea ¡Oh!
—¿Qué ocurre? —se espantó al ver que dio un brinquito, poniendo ambas manos sobre su vientre.
Evgi no dijo nada, sólo tomó la mano de Viktor y de inmediato la puso sobre su barriguita.
—¡Oh por Dios! Se está moviendo —le fascinó tanto ese hecho que no despegó la mano de su lugar.
—Creo que está tan ansioso por nacer, como nosotros de conocerlo.
—¿Se está moviendo? —Aleksi llegó corriendo, hizo a un lado a su hermano y se puso en su lugar, sintiendo a su hijo.
Phichit también se acercó, no perdiendo la oportunidad de grabar a los hermanos peleándose por ver quién ponía la mano.
Yuuri observó la escena con detenimiento. El sentimiento de culpabilidad se hacía cada vez más grande en su pecho. Veía cómo Viktor añoraba con todas sus fuerzas ser padre, pero él aún no estaba del todo seguro de querer serlo también. Tenía miedo de que esa pequeña diferencia fuera a afectar su relación.
Pasaron una noche muy agradable, hubo mucha comida, vino, nieve, juegos, regalos y excelente compañía. Eran una extraña pero bonita familia, con personas de muchos países distintos.
Poco antes de medianoche, todos cayeron rendidos, habían comido demasiado y habían corrido mucho también. Así pues, se fueron a dormir en sus lugares asignados. No todos alcanzaron habitación, así que a algunos les tocó dormir en la sala. Fue muy chistoso que Chris e Irina decidieran dormir en la misma habitación, alegando que sería como dormir con una hermana.
OoOoOoOoO
—¿Te gustó tu fiesta sorpresa? —lo abrazó desde atrás, y como no era tan alto como Viktor, lo que le quedaba al alcance era su nuca, la cual besó con ternura.
—Me encantó, no me la esperaba —acarició los brazos que lo rodeaban, seguía muy feliz—. Gracias por este día, me hiciste muy feliz.
—Y eso que todavía no es tu cumpleaños. Aún falta un minuto.
Viktor se rio y se giró sin deshacer el abrazo para poder ver a su amado a la cara, pero cuando lo hizo, se percató de una pequeña cajita celeste que traía en su mano.
—¿Qué es eso? —inquirió con mucha curiosidad, su expresión era casi la de un niño.
—Te di tu regalo de navidad, pero no te he dado tus regalos de cumpleaños —le extendió la bella cajita con moño—. Es algo sencillo, pero es con todo mi amor.
—Yuuri, no tenías que molestarte, sabes que con tu existencia me basta y me sobra —tomó la cajita con una mano y alzó el mentón de Yuuri con otra, sólo para depositarle un tierno besito en los labios.
—Ábrelo —pidió, emocionado por ver su reacción.
—¿Serán esos condones dorados que vimos el otro día? —inquirió con tono de broma.
—¡Viktor! —lo regañó, pero terminó riendo con él—. Anda, ábrelo ya.
El aludido obedeció y los ojos le brillaron al ver el contenido.
Era un precioso relicario de oro, ovalado, exquisito y con una fina cadena del mismo material.
—Oh Yuuri —lo miró a los ojos y de nuevo a su obsequio—. Es precioso.
—Ábrelo —pidió con una bella sonrisa.
Viktor lo hizo y…
—Amazing! —se llevó una mano a los labios. Dentro del relicario había una hermosa foto de ambos, estaban sonriendo como pocas veces, de manera totalmente despreocupada y abierta. Se veían preciosos y tan felices.
Yuuri tomó el relicario y se lo puso al cuello a su amado.
—Es… es hermoso, pero le falta una foto, sólo usaste un lado.
—Tú elegirás la otra —besó su mejilla.
Viktor sonrió como bobo, ya sabía qué foto poner ahí, solamente tenía que esperar un tiempo.
—Dijiste "regalos", en plural —acarició con el dorso de la mano su mejilla—. ¿Cuál es el otro?
Las mejillas del menor se tiñeron de rojo.
Yuuri sacó un moño azul del bolsillo de su suéter y se lo puso a sí mismo en la cabeza.
—Really?! —se emocionó mucho.
Yuuri asintió fervientemente y miró su reloj, ya era media noche.
—Con esto quiero decir que soy tuyo, enteramente tuyo. Quiero que mi futuro sea tuyo también, mi amor, mis sueños, mi cuerpo. Todo esto es tuyo y no hay poder humano que pueda evitarlo. Viktor, te he admirado desde que era un niño, y ahora esa admiración se ha combinado con un profundo e inigualable amor. Soy tuyo.
—Claro que eres mío, lo has sido desde hace mucho tiempo, desde que me di cuenta de que formas parte de mí, eres mío por eso.
Ambos se miraron de cerca, estudiando cada centímetro de piel al alcance de su vista, entonces sonrieron.
—Feliz cumpleaños, mi amor —lo tomó de la camisa y se paró de puntillas para darle un beso profundo.
El corazoncito de Viktor estaba muy conmovido, se sentía amado, mimado y muy afortunado.
El beso se hizo cada vez más profundo. Sin detenerse fueron acercándose poco a poco a la cama, donde se tumbaron para seguir amándose. Se quitaron la ropa, dejándola regada por todas partes.
Esa noche Viktor se dejó amar por Yuuri, quien le hizo el amor en todo su esplendor, acariciando cada rincón de su cuerpo, dedicando tiempo suficiente a cada centímetro erógeno en él.
Se amaron con pasión, con fervor y con la misma emoción que la primera vez.
—Te amo, Viktor, te amo más de lo que puedas imaginar —lo dijo de una forma tan tierna que conmovió por completo al ruso, más aún al sentir que Yuuri despejaba su frente de cualquier cabello para depositar ahí un dulce besito.
Viktor quiso responderle, pero temía que se le quebrara la voz al hacerlo, así que mejor respondió con acciones.
Puso una almohada debajo de las nalgas de Yuuri para alzar un poco sus caderas, le pidió que abriera sus piernas y así tuvo acceso a su ano, pequeño y rosado. Luego de lubricar sus dedos, los dirigió a su entrada, introduciendo sólo el dedo medio, suficiente para que el menor suspirara y se removiera un poco, demostrando el placer que sentía, éste aumentó cuando uso su mano libre para acariciar su entrepierna, su vientre, su pecho, todo lo que tenía al alcance. La combinación de las caricias y las leves penetraciones fueron demasiado placenteras para Yuuri. Ondulando sus caderas indicó que necesitaba más, mucho más.
—Ven —pidió, sentándose en pose india sobre el colchón y arrastrando a Yuuri sobre su regazo. Este se sentó cómodamente sobre él, amaba esa posición porque podía ver a su amado a la cara y brindarle todos los cariños que quería.
—Oh Viktor —gimió cuando sintió que el grueso miembro de su amado se dirigía a su entrada, Viktor hacía como que lo iba a introducir, pero luego lo retiraba, jugando así un poco—. No seas así —soltó una risita que al otro se le antojó demasiado tierna.
Entonces Yuuri se abrazó al cuello de su amado, y con sus piernas abiertas sobre su regazo le dio permiso de que hiciera con él lo que le viniera en gana. Viktor no desaprovechó esa oportunidad y guio nuevamente su miembro al lugar que correspondía, esta vez fue en serio y entró de lleno.
La espalda de Yuuri se arqueó por el placer y Viktor pudo ver claramente su expresión. Amaba las caras que hacía cuando estaba tan excitado como en ese momento.
El menor se quedó inmóvil unos momentos, acostumbrándose al tamaño una vez más. Pero cuando al fin estuvo listo, entró en acción, moviéndose de arriba abajo. Viktor imponía su voluntad, presionando a Yuuri sobre su miembro, lentamente, mirándole a los ojos. Notó en su expresión y por el ritmo en su respiración que no duraría mucho, y él no quería que todo terminara tan pronto, así que se giró en la cama, dejando a Yuuri recostado contra el colchón mientras él prácticamente lo aplastaba por completo.
—Te amo y lo sabes ¿Cierto? —inquirió Viktor, jadeante.
—Lo sé —sonrió en medio de la agitación del momento. A pesar del frío que hacía afuera, ambos estaban transpirando, agitados y sonrojados por el esfuerzo—. Y sabes que yo te amo demasiado.
—Lo sé —tomó su mano y la entrelazó con la propia—. Lo sé, mi Yuuri —besó el dorso de su mano con total devoción, luego besó su anillo de compromiso.
—Eres tan perfecto —soltó en un suspiro, acariciando sus hebras plateadas, despejando por completo su frente, cómo amaba esa frente.
—Tú también lo eres, Dios, si tan sólo pudieras verte con mis ojos, sabrías por qué me vuelves loco.
Ese simple comentario hizo que la emoción se desbordara de los ojos de Yuuri en forma de lágrimas. Sonrió ampliamente y le robó un beso largo y profundo a su amado, hasta que éste restregó toda su hombría contra la suya. Yuuri soltó un gemido que fue ahogado por la boca de Viktor.
Viktor tomó ambas manos de Yuuri para entrelazar sus dedos con los de él, las apoyó sobre la almohada e inició una sesión de besos larga y placentera, sus lenguas se acariciaban con fervor, reconociendo cada centímetro de piel. No pasó mucho tiempo antes de que Viktor guiara nuevamente su pene a la entrada de su amado, éste lo incitó meneando ligeramente sus caderas, esperando ansioso por el encuentro.
—Hazlo —suplicó el menor, algo desesperado.
—Lo que tú ordenes—sonrió con malicia antes de entrar en él de una sola intención, duro, profundo.
Las embestidas eran profundas y lentas, en ese momento estaban unidos en cuerpo y alma, ambos podían sentir la deliciosa fricción entre sus cuerpos, llenándose de un placer difícil de describir.
La habitación era llenada con el sonido de sus pieles chocando con cada embestida, acompañado por sus jadeos y gemidos nada disimulados.
Llegaron a un punto en el que la pasión los desbordó y no se dieron cuenta de que poco a poco se habían ido haciendo hacia la orilla de la cama, lo supieron hasta que cayeron al suelo, Yuuri de espaldas al piso y Viktor sobre él. Pero habían estado tan próximos al orgasmo que ni eso los detuvo. Yuuri gimió, retorciéndose y cerrando los ojos con fuerza. Sus piernas estaban abiertas, dándole completo acceso a su prometido, y éste bombeaba ferozmente, sin detenerse hasta que Yuuri alcanzó su orgasmo, seguido momentos después por él.
Muy agitados y sudorosos, se quedaron inmóviles sobre el piso.
—Auch —gimió el japonés. Había estado disfrutando tanto que ni tiempo tuvo de quejarse por la caída.
—¡Yuuri! —jadeó Viktor, asustado—. ¿Estás bien? —se le separó un poco, preocupado.
—Sí —lo tomó con ambas manos de la nuca, arrastrándolo a un beso muy demandante.
Se separaron del beso sólo para mirarse a los ojos y finalmente echarse a reír a carcajadas por lo ocurrido.
Un poco adolorido por la caída, Yuuri le pidió ayuda a su amado para incorporarse. Así los dos se recostaron de nuevo en el colchón. El japonés de inmediato se metió bajo las sábanas, aún desnudo y buscando calor como un gatito. Subió una pierna entera sobre el cuerpo de Viktor y él lo abrazó en respuesta, con una mano sobre su muslo y la otra sobre su nalga mientras que Yuuri lo abrazaba como almohada.
—Nunca, jamás en mi vida había comenzado un cumpleaños de una manera tan maravillosa —murmuró con total seguridad, mirando el techo y acariciando la suave piel de su amado bajo las sábanas. Amaba sentir el peso de su pierna sobre él y amaba mucho más poder amasarla y estrujarla.
—Me hace muy feliz saberlo —alzó el rostro hasta toparse con el de su amado, ambos sonrientes y satisfechos—. No sabía qué regalarte, fue muy difícil.
—Pues todas tus sorpresas me hicieron muy feliz, ha sido mi mejor cumpleaños.
—Hasta ahora —aseguró, volviendo a acurrucarse en el pecho de su prometido, buscando calor.
—Mis cumpleaños siempre pasaron desapercibidos —murmuró después de unos momentos, esperaba que Yuuri siguiera despierto, tenía ganas de charlar un poco.
—¿En serio? no lo creo —lo miró de inmediato, apoyando su mentón sobre el pecho, mirándolo sorprendido.
—En serio. Es decir, mis fans siempre se acordaban y me mandaban montones de regalos y felicitaciones; pero mis seres queridos, mis amigos más cercanos… ellos siempre estaban ocupados en ese día, o estaban recuperándose de la borrachera de la noche anterior o estaban con sus familias. Por eso nunca me ha gustado mucho mi cumpleaños, además de que siempre pasan tragedias en esas fechas —suspiró, recordando el año pasado y el antepasado y el anterior a ese.
—Eso cambió a partir de hoy —se incorporó un poco sólo para posarse por completo sobre él y así poder abarcar todo su campo de visión—. Yo me encargaré de que pases cumpleaños muy felices, quiero hacerte feliz —acarició su mejilla con un infinito amor—. Te mereces eso y mucho más —dijo en voz bajita y dulce.
Los ojos celestes se inundaron en lágrimas que Yuuri no pudo ver debido al asfixiante abrazo que le propinó su amado. Duraron así un rato, hasta que Viktor dirigió su mirada a la ventana.
—¡Se despejó el cielo! —exclamó—. Se ve la luna —se incorporó con Yuuri entre sus brazos.
Yuuri terminó sentado entre las piernas de Viktor, siendo abrazado desde atrás y cubierto por una cálida manta compartida. Ninguno de los dos tenía sueño, así que se quedaron charlando hasta muy tarde.
El cumpleaños de Viktor había comenzado muy bien, pero uno de sus momentos favoritos fue al despertar en la mañana siguiente. Una mano escurridiza y fría había llegado hasta su entrepierna, acariciándolo sin recato alguno. Luego sintió la respiración de su amado en el cuello. Se habían dormido en pose de cucharas, con Yuuri detrás y milagrosamente habían amanecido en la misma posición.
Dejó escapar un suspiro ronco y lleno de satisfacción cuando esa mano fría comenzó a masajearlo a un ritmo más marcado, masturbándolo.
La combinación de la mano en su miembro y de los besitos húmedos en el costad de su cuello fueron explosivos para sus sentidos. Quizás se debió a que aún estaba algo aletargado por recién haber despertado, o tal vez estaba más sensible de lo normal, no sabía por qué, pero terminó demasiado rápido en la mano de su amado.
—Lo siento —se disculpó con voz ronca, avergonzado al ver la blanca mano de Yuuri cubierta de su semen.
—Está bien —se estiró para alcanzar a besarlo en los labios desde atrás—. Por cierto, buenos días —besó su mejilla—, y feliz cumpleaños de nuevo.
—Gracias mi vida —sonrió de lado, pícaramente—. Deberías levantarme así más seguido.
—Tengo muchas ideas para ello —sonrió seductoramente.
Se bañaron y bajaron al comedor, donde Yurio sorprendió a todos con un delicioso desayuno. Unos a otros se desearon una feliz navidad y convivieron como una verdadera familia, incluso con dramas incluidos.
Se fueron nuevamente a la sala a charlar y ahí sorprendieron a Viktor cuando lo felicitaron por segunda vez, entregándole cada quien su regalo exclusivo de cumpleaños. El pobre estaba que no se la creía, se sentía muy dichoso, sin mencionar la inmensa emoción que sintió esa mañana al abrir los ojos y ver a su amado durmiendo sobre él. Era un sueño hecho realidad.
Ese mismo día en la tarde todos volvieron a sus hogares luego de despedirse. El año nuevo se acercaba y querían festejarlo con sus familias.
Viktor, Yuuri y Makkachin decidieron quedarse, querían pasar tiempo con Aleksi y Evgenia. Invitaron a Irina a quedarse, pero ésta alegó que ya había quedado en pasar el año nuevo con alguien.
—¿Con quién? —inquirió Viktor, alzando una ceja.
—No les diré quién es, pero tú y tu hermano ya lo conocen —soltó una risilla—. Lo sabrán cuando vuelvan a casa.
Y así fue, se marchó sin decirles nada más.
Los días en Vladivostok se pasaron volando. Viktor y Yuuri aprovecharon para hacer algo de turismo, el ruso le mostró todo lo que conocía de ahí, incluso fueron a pasear al parque en donde tuvieron su pelea de lodo. Ambos se rieron bastante ante ese recuerdo.
—Deberíamos repetirlo —sugirió Viktor.
—Por supuesto que no —se rio Yuuri.
Un día fueron los cinco (incluyendo a Makkachin) a pasear a la bahía Ussuri. Viktor se deleitó mirando cómo su prometido recolectaba pequeños fragmentos de vidrio y porcelana de los millones que abundaban en la orilla de la bahía. El japonés parecía niño chiquito, juntando aquellas figuritas bonitas y coloridas que se encontraba. Viktor se le unió y entre los dos recolectaron piezas muy curiosas.
Ninguno de los dos se daba cuenta, pero Aleksi y Evgenia los miraban en silencio, divertidos y felices de ver la hermosa pareja que hacían.
OoOoOoO
La última noche del año llegó. En la residencia se respiraba un delicioso aroma a comida casera y ésta abundaba demasiado a pesar de que sólo eran cuatro personas.
Minutos antes de que el año terminara, cada uno alzaba su copa de champagne.
—Ofrezco un brindis por este año que está por terminar. Nos trajo muchas cosas buenas: su reconciliación, nuestra boda… —miró a su amada—…la concepción de nuestro hijo y ahora también su nuevo compromiso —alzó la copa—. Salud.
—¡Salud! —respondieron todos, chocando sus copas entre sí.
—Y yo quiero brindar por este nuevo año. Sé que nos traerá aún mejores cosas —dijo Viktor, alzando su copa—. ¡Salud!
Volvieron a chocar sus copas y enseguida bebieron de éstas, excepto Evgenia, ella bebió jugo.
Faltaba menos de un minuto para que el año llegara a su fin. Evgenia y Aleksi se enfrascaron en una conversación al parecer conmovedora, estaban abrazados y él le susurraba cosas lindas al oído. Viktor y Yuuri los miraron y sonrieron, dándoles un poco de privacidad al pararse uno frente al otro.
—Yuuri, mi amor —murmuró en voz baja, tomando su mano con fuerza—. Quiero que formes parte de mi vida este nuevo año, y el que sigue y el que sigue.
—Esos y más. No te volverás a librar de mí, lo juro —acortó la distancia entre ambos, pegando su frente a la de él.
—"5, 4, 3…" —la voz de una mujer salía del televisor, anunciando lo que faltaba para el año nuevo. Las dos parejas ahí se tomaron de las manos, ansiosos—"…2, 1 ¡Feliz Año Nuevo!"
Al parecer los dos tuvieron la misma idea, pues sin previo aviso unieron sus labios en un apasionado beso un segundo antes de que el día terminara, querían empezar el año con un beso lleno de amor. Ese beso se extendió un par de minutos más.
—Te prometo un año lleno de amor. No aseguro que no habrá problemas, pero sí te digo que los superaremos, no importa qué nos sobrevenga, podremos superar cualquier cosa de ahora en adelante, ahora que estamos juntos.
—Oh Yuuri —lo tomó de ambas mejillas, ansioso por besarlo de nuevo—. Te prometo amor, mucho amor, mi vida —besó su frente y luego sus labios.
Estaban emocionados por lo que el 2020 podría traer a sus vidas, se veía muy prometedor, empezando por la boda que habría en unos meses.
OoOoOoO
Quince días habían transcurrido del año nuevo y ya tenían muchas buenas noticias. A ambos les estaba yendo muy bien en el trabajo, Yuuri seguía siendo pupilo de su prometido y entre ambos iban planeando la boda que se llevaría a cabo el 19 de mayo, tenían sólo cuatro meses para planear todo. Por lo pronto sabían que sería en Japón, en primavera, justo en el tiempo en que los cerezos aún estaban en flor porque eso sí, querían recepción al aire libre.
Los dos estaban ansiosos porque la fecha se llegara, pero al mismo tiempo estaban tensos, pues organizar una boda no era cualquier cosa, menos si todos tus amigos viven en países diferentes.
La vida era buena y tranquila, hasta que…
—¿Diga? —contestó su celular. Acababa de salir del trabajo y esperaba a que Viktor pasara por él.
—¿Katsuki Yuuri? —inquirió la voz de un hombre, al aludido se le hizo muy familiar.
—Sí ¿Quién habla?
—Ven mañana a mi oficina, te llegará un correo con la dirección y la hora. Necesito hablar contigo sobre algo de suma importancia.
—¿Quién es? —le tembló un poco la voz, aquel hombre lo intimidaba sin la necesidad de tenerlo en frente.
—Ya deberías saberlo —hubo silencio por un par de segundos—. No se te ocurra mencionarle algo a Viktor, esto es entre tú y yo ¿De acuerdo?
—Sí, yo… —iba a decir algo, pero la llamada terminó.
Se dio cuenta de que estaba sumamente nervioso cuando sintió dolor de estómago.
¿Ahora qué haría? ¿De qué querría hablar el papá de Viktor con él? Y lo más importante: ¿Para qué?
Pasaron cinco minutos antes de que Viktor llegara por él. El pobre de Yuuri se estaba haciendo papilla los sesos al tratar de adivinar las intenciones del señor Dimitri, pero simplemente no hallaba alguna buena intención que calmara sus nervios alterados.
—¡Hola mi amor! —saludó el ruso, recibiéndolo en el auto con un beso dulce en los labios—. ¿Todo bien? Estás raro —lo reconoció de inmediato.
—Sí, todo bien —sonrió, tratando de sonar como siempre, pero no lo logró. Viktor lo notó, pero decidió no preguntar más, esperaría a que su amado dijera que lo que tuviera que decir, por sí solo, pero eso no ocurrió y comenzó a sentirse incómodo.
—¿Alguien te molestó en el trabajo? —inquirió, tratando de atinarle a lo correcto.
—¿Eh? No, en lo absoluto —sonrió de lado.
De nuevo hubo silencio, hasta que Yuuri suspiró pesadamente y tuvo vómito verbal.
—En realidad sí pasó algo. No sé cómo, pero tu padre consiguió mi número y me llamó hace unos momentos. Me citó mañana temprano en su oficina, quiere hablar conmigo de algo importante y debo admitir que estoy aterrado —confesó de inmediato. Si algo había aprendido de todos sus problemas, era el hecho de que la comunicación era algo primordial en toda relación.
Viktor palideció por completo, más aún cuando Yuuri le dijo:
—Y además me pidió que no te dijera nada —comenzó a morderse las uñas—. ¿Crees que debería ir?
—No.
—Pero…
—Te agradezco mucho que decidieras contármelo a pesar de que te pidió que no lo hicieras, pero no, Yuuri, no irás.
—Siento que debo ir, quiero enfrentar esto y demostrarle a tu padre de una buena vez que lo nuestro va en serio, quiero que se dé cuenta de que esto no es un capricho tuyo —respondió con una seriedad y seguridad implacable.
—No quiero ponerte en riesgo —apretó el volante entre sus manos y se detuvo en una luz roja, mirando al fin a su amado a los ojos.
—¿Riesgo? —frunciendo el ceño, no entendiendo.
Viktor suspiró.
—Ese hombre que se hace llamar mi padre es un completo desconocido para mí. Sé que puede llegar muy lejos con tal de conseguir lo que quiere y no sé de qué sea capaz, temo lo peor, por eso no quiero que te acerques a su oficina.
—Tenemos que enfrentarlo en algún momento, Viktor, no podemos vivir así.
—Sí podemos, sólo alejémonos todo lo posible de él ¿y si nos mudamos a otro país?
El semáforo cambió a verde y avanzaron.
Yuuri vio con sorpresa lo tenso que estaba su amado, más que nunca, sus manos estaban cerradas con fuerza en torno al volante, su mandíbula estaba rígida, apretada contra su maxilar y su ceño muy fruncido.
Definitivamente hablar de su padre lo ponía muy mal, eso sólo podía significar que le importaba, muy en el fondo, pero le importaba.
—No, Vitya, no huiremos más —puso una mano sobre su pierna, brindándole un poco de seguridad—. Hay que enfrentarlo.
Y vaya que Yuuri sabía sobre eso. Los momentos más difíciles de su vida se dieron como resultado de huir lejos. Ya había aprendido la lección y no quería que Viktor cometiera los mismos errores.
—Iré a ver qué quiere ¿Si? —suavizó su voz al mismo tiempo que le acariciaba una mejilla.
Viktor permaneció tenso a pesar de los cariños. Sabía que Yuuri tenía razón, además, nunca había sido del tipo de los que huían a los problemas, al contrario, pero cuando se trataba de su padre era muy distinto. Su mundo se ponía de cabeza cuando Dimitri hacía acto de aparición, le enfermaba saber sobre él. Y ahora tenía miedo de que su felicidad recientemente alcanzada le fuera arrebatada por causa de su progenitor.
—De acuerdo, irás, pero yo te acompañaré.
—No, me pidió que no te dijera.
—Entonces te esperaré en el auto. No dejaré que vayas solo, si algo se pone mal, me llamas.
—De acuerdo —besó su mejilla—. Gracias.
—Ni lo digas, que aún estoy pensando en retractarme —su ceño fruncido no se borró ni siquiera con el besito de su amado. Estaba de mal humor.
Cuando llegaron a casa, ni Makkachin logró borrar ese mal humor en su amo. Viktor llegó directo al sofá, se sentó ahí a leer un libro mientras Yuuri jugaba un poco con el can.
—Llevas quince minutos en esa misma página —llegó por detrás del sillón y lo abrazó por los hombros—. ¿En qué tanto piensas?
Al fin, después de mucho rato de mal humor, Viktor correspondió el gesto, acariciando los brazos que lo rodeaban.
—¿Ya te llegó el correo con la hora? —ignoró la pregunta, pero con esa respuesta Yuuri obtuvo lo que buscaba.
—Amor —suspiró y rodeó el sillón para sentarse en el regazo de su prometido—. No te preocupes más, hablaré con tu padre, veré qué quiere y aprovecharé para dejarle algunas cosas claras —tomó sus mejillas y las apretó con tierno cariño—. Todo va a salir bien ¿De acuerdo? —frotó su nariz con la de él en un gesto demasiado tierno.
Finalmente Viktor esbozó una pequeña sonrisa y asintió.
—Gracias —lo abrazó con fuerza, como temiendo poder perderlo después de esa charla con su padre.
—Haré algo de cenar ¿Qué se te antoja?
—No tengo apetito —sentía un nudo en su estómago.
—¿Comiste algo con Yakov?
—Sí —mintió—. Bueno, no… no tuvimos tiempo.
—No puedes irte a la cama sin cenar, te prepararé algo —se puso de pie y fue directo a la cocina. Viktor lo observó irse sin decir nada, y es que esa mortificación nadie se la podría quitar, ni el mismo Yuuri. Tenía un mal presentimiento de todo eso.
Los dos cenaron y se fueron a la cama en silencio. Yuuri ya no hallaba qué hacer para cambiar ese pesado ambiente que se había formado, así que optó por darle un poco de espacio a su amado, sólo un poco, esperando siempre cerca para cuando se le pasara ese estado de ánimo.
En la mañana Viktor fue el primero en despertar, abrió los ojos y vio la hermosura de su futuro esposo. Su corazón dio un vuelco al recordar que serían esposos en unos cuantos meses. Estaba muy feliz, hasta que recordó el evento importante del día: la cita con su padre.
Malhumorado y nuevamente tenso, se incorporó hasta quedar sentado. Su estómago estaba revuelto y una extraña sensación lo invadió, eran unas horribles náuseas. Respiró profundo y trató de controlarlo, pero vio que fue inútil cuando sintió cómo los ácidos gástricos llegaban a su esófago.
Se levantó torpemente de la cama y salió corriendo de la habitación rumbo al baño. Makkachin estaba en la cama y se despertó ante tanto ajetreo, comenzó a ladrar, despertando así a Yuuri. Éste vio la cama vacía a su lado y luego notó que su mascota no dejaba de ladrar en dirección al pasillo.
—Viktor… —murmuró, preocupado.
Se levantó como resorte de la cama y salió en su búsqueda. Vio la puerta del baño entreabierta y escuchó ruidos provenientes de ahí. Se asomó y vio que su amado devolvía el estómago.
—¡Viktor! —se arrodilló a su lado y puso una mano en su espalda. Nunca lo había visto devolver el estómago y ciertamente no era una escena agradable de presenciar.
Lo que nunca se esperó fue recibir un empujón por parte de él.
—Vete —murmuró entrecortadamente sin siquiera verlo, entonces volvió a vomitar.
Yuuri se quedó en el suelo, asombrado y un tanto dolido por su actitud. Se puso de pie y salió del baño sin decir nada.
Viktor siguió devolviendo el estómago hasta que en este no quedó más contenido. Entonces la puerta del baño se abrió y Yuuri entró con un vaso con agua en una mano y una toalla pequeña en la otra. Se acercó a su amado que todavía seguía recargado en el retrete y acarició su espalda una vez más.
—Yuuri, vete, no quiero que me veas así.
—En las buenas y en las malas.
—Yuuri… vete —ni siquiera alzó el rostro.
—No, ya lo dije: en las buenas y en las malas. Además, tú ya me has visto vomitar, estamos a mano —rio un poco, aminorando esa pesada atmósfera.
Finalmente Viktor extendió la mano y Yuuri le dio la toalla para que se limpiara el rostro. El pobre jaló la cadena y se quedó sentado en el suelo, recargado contra la bañera.
Yuuri al fin le vio el rostro y se asustó por su extrema palidez y su rostro cansado.
—Bebe esto —le dio el vaso con agua. Viktor lo tomó y bebió un poco.
—Gracias amor —suspiró, exhausto—. Discúlpame por cómo te hablé, sólo no quería que me vieras así —recargó su cabeza contra el borde de la bañera.
Yuuri se sentó a su lado y tomó gentilmente su cabeza hasta reposarla sobre su propio hombro. Viktor lo agradeció en voz baja.
—Vamos a compartir nuestras vidas. En algún momento me iba a tocar esto, además, yo no soy de los que se vomitan al ver que alguien lo hace —rio, recordando que alguna vez Viktor le dijo que él era de esos que devolvían el estómago cuando veía que alguien más lo hacía.
Viktor soltó una risilla.
Había pasado un día entero desde que lo escuchó reír por última vez, pero para Yuuri se había sentido una eternidad.
—Gracias —susurró, cansado y recargándose más en Yuuri.
—Debería llevarte a consultar.
—Seguramente no me cayó bien la cena.
—Yo estoy perfecto, no fue eso. ¿Te duele algo?
—No, sólo tengo mucho asco y náuseas.
Yuuri suspiró, preocupado.
—Te llevaré a la cama y llamaré a Yakov para decirle que no irás hoy.
Viktor no respondió, asintió con la cabeza nada más.
—No es necesario —aseguró Viktor cuando Yuuri estuvo a punto de tomarlo en brazos.
—No importa, quiero hacerlo —lo cargó y se lo llevó cariñosamente a la cama, donde Makkachin los esperaba, muy despierto y ansioso.
Ahí Yuuri lo arropó y le dio un beso en la frente. Viktor seguía sintiendo náuseas y malestar, sin mencionar que tenía mareos muy feos.
—Iré a comprarte algún medicamento para las náuseas, vuelvo en seguida ¿Si? —besó su frente.
—¿No te perderás?
—Ya me sé el camino a la farmacia, amor, no te preocupes —rio un poco.
—Deberías de ir en el auto.
—Si quieres que lo estrelle contra un poste, sí.
—Tengo que enseñarte a conducir —murmuró en voz baja, intentaba concentrarse en respirar profundamente para aminorar esas nauseas insistentes.
—Ahora vuelvo. Makkachin, cuida de él mientras tanto.
El aludido ladró en respuesta.
Viktor pasó toda la mañana en cama, devolvió el estómago un par de veces más, Yuuri se angustió mucho e insistió el llevarlo al médico, pero Viktor se negó, pues había llegado la hora de ir con su padre. Sabía que se estaba estresando de más por ese simple asunto, así que tomó fuerzas y trató de aminorar el ambiente pesado que él mismo formaba con su malestar.
—Yuuri, amor.
—¿Si? —se le acercó de inmediato.
—Creo que ya sé qué tengo —su expresión era completamente seria y preocupante.
—¿Qué es? —contuvo el aire, asustado.
—Creo que estoy embarazado.
El gesto de Yuuri se descompuso por completo antes de fruncir el ceño y reír mientras lo agarraba a almohadazos.
Ambos se rieron por unos momentos, hasta que el juego terminó y la seriedad los volvió a invadir. Viktor no dejaba de estar sumamente nervioso.
—Estás demasiado tenso y ansioso ¿Qué es lo que te preocupa tanto?
Viktor suspiró.
—Te voy a ser sincero. Tengo miedo de que decidas dejarme luego de hablar con mi padre. Él tiene un poder de convencimiento muy grande y es capaz de cualquier cosa.
Yuuri soltó una risilla.
—Esto no es gracioso —se molestó.
—Perdón, lo que pasa es que no hay nada que me separe de ti, absolutamente nada —le estiró ambas mejillas—. Así que deja de preocuparte por eso. ¿De acuerdo?
Viktor llevó a su prometido al lugar mencionado. Se despidió de él con un beso en los labios y prometió esperarlo a fuera del edificio.
Yuuri entró al edificio, sorprendido al darse cuenta de que todo el edificio era del señor Nikiforov. Llegó con la recepcionista y ésta lo condujo hasta el último piso. Yuuri veía lujo por doquier, gente trabajando sin parar en las oficinas y a uno que otro hombre vestido al estilo Hombres de negro.
—Adelante —dijo el magnate luego de que la recepcionista anunciara su llegada y tomara su abrigo para dejarlo sobre el perchero.
El hombre estaba tras su escritorio, en su cómoda silla y mirando por el gran ventanal que tenía detrás, dándole la espalda a Yuuri.
—Llegaste muy puntal —se giró para encararlo. El japonés contuvo la respiración, no quería demostrarlo, pero estaba muy nervioso. Dimitri Nikiforov intimidaba con sólo su presencia, sin mencionar lo nervioso que ponía a cualquiera con su porte y su físico, era guapísimo.
—No iba a llegar tarde a esta reunión —logró responder sin tartamudear.
—Toma asiento, por favor —pidió con cortesía. Eso sólo le ponía los pelos de punta a Yuuri, que fuera tan cortés y servicial, no sabía en qué momento iba a soltarle todo el veneno.
Yuuri hizo caso y se sentó frente al escritorio.
—¿De qué quería hablar conmigo, señor?
—De mi hijo, obviamente.
—¿Es sobre lo que me dijo en la boda? —apretó los labios—. Discúlpeme, pero no voy a aceptar nada a cambio de dejar a Viktor, debe entender que no es capricho por parte de ninguno de los dos, nos amamos de verdad y… —fue interrumpido.
—Me consta que se aman. Me ha quedado más que claro que mi hijo te ama —cortó de tajo con las palaras de Yuuri. No apartaba su mirada del japonés en ningún momento, intimidándolo más que nunca.
—Entonces… ¿Por qué me mandó llamar?
—Para hacerte ver el daño que le causarías a Viktor al casarte con él —se recargó en su silla, entrelazando sus manos sobre su regazo—. ¿Te has puesto a pensar en el hecho de que Viktor es mi primogénito, el heredero de todo lo que viste antes de llegar a mi oficina?
Yuuri no respondió, se quedó callado, mirándolo seriamente.
—Por lo tanto necesito que él también tenga hijos, hijos propios, cosa que no se logrará mientras esté contigo en una relación, tú no le sirves.
—Tiene a su hijo Aleksi, él va a tener un hijo muy pronto —contraatacó.
—Él y su familia tendrán su parte de la herencia, pero Viktor, por ser mi primer hijo, he decidido que tiene derecho a la mayor parte.
—No necesita que Viktor tenga hijos para eso.
—Quizás no —sonrió de lado con una mirada aún más penetrante—. Pero ahora mismo tiene un gran deseo de ser padre, seguro lo has notado. Es un sueño para él y tú no se lo puedes cumplir ¿Vas a privarlo de cumplir su más grande sueño con tal de quedarte con su amor? Que egoísta serías.
—No… —no supo qué responder. Dimitri era hábil con las palabras, muy hábil para dejarlo a él sin qué decir—…él me ama y… —fue interrumpido de nuevo.
—Ya sé que te ama —se burló—. La cuestión aquí es ¿Te seguirá amando cuando sea anciano y no tenga descendencia? Quizás ahora no lo vea así, pero cuando llegue el día se arrepentirá de no haber formado una familia.
—Lo hemos hablado —respondió con seguridad—, quizás adoptemos.
Dimitri se echó a reír.
—¿Adoptar al bastardo que alguien más abandonó? No permitiré eso en mi familia. Además, Viktor merece tener hijos propios, tal como Aleksi. Acepta de una vez que eso jamás se lo podrías dar. Si lo amas de verdad, aléjate, deja que forme una verdadera familia con una mujer. Tengo a una buena candidata que lo hará feliz, pero necesito que te hagas a un lado. Tómalo como un consejo de mi parte, es mejor que te alejes antes de que sea muy tarde y te topes con el arrepentimiento de mi hijo.
Fue el turno de Yuuri para reír socarronamente, eso sorprendió un poco al mayor, pero no lo demostró.
—No puedo tomar un consejo de alguien que no puede siquiera sanar la relación con su hijo —dijo sin nerviosismo ni miedo, se estaba molestando mucho—. Y escúcheme bien: nunca me iré de la vida de Viktor, nada me puede separar de él, sólo la muerte o él mismo.
—No digas cosas de las que después puedas arrepentirte —respondió, mordaz.
Yuuri suspiró pesadamente y meditó muy bien sus palabras ante de hablar.
—Usted es el padre del hombre al que amo y por esa simple razón lo respeto, pero no voy a dejar que intervenga en la felicidad de Viktor. Usted está preocupado por él, de esa manera me está demostrando el amor que le tiene. Quiere protegerlo, es normal y lo entiendo. Pero no se da cuenta de que Vitya es realmente feliz, estoy seguro de eso ¿Por qué no lo deja ser feliz con las decisiones que él mismo está tomando? ¿Por qué no hace las paces con él? Estoy seguro de que si hablaran pondrían llegar a una reconciliación. Usted quiere mucho a Viktor, pero teme demostrárselo de frente.
Conforme Yuuri iba avanzando en su monólogo, Dimitri iba cambiando su expresión a una cada vez más severa, hasta que frunció por completo su ceño.
Y es que Yuuri estaba consciente de que por más daño que le hubiese hecho ese hombre a Viktor, no dejaba de ser su padre, quien mostraba con sus extrañas acciones el amor que le tenía. En un principio odió a ese hombre por haber hecho sufrir a su amado por tanto tiempo, pero al tratar con él pudo notar que había un trasfondo, Dimitri ocultaba algo, o al menos lo intentaba.
—Todo sería mejor y más fácil si ustedes dos se llevaran bien. Si gusta, puedo ayudarle a convencerlo de hablar con usted.
La expresión del hombre cambió a una de total asombro que no pudo disimular. ¿Katsuki era estúpido? ¿A pesar de todo le estaba ofreciendo su ayuda?
Finalmente Dimitri rio con amargura y burla.
—Eso no me interesa. Me preocupo por mi empresa y su futuro.
—Sí, claro —pensó Yuuri—. Usted ama a su hijo, pero no quiere admitirlo ¿Cuántos años más piensa desperdiciar? ¿Se da cuenta del tiempo perdido? Éste nunca va a regresar, no pierda más el tiempo y busque una reconciliación con él. ¿Sabe? Cada vez que toco este tema con Viktor, se pone de muy mal humor, se enfurece y se vuelve muy sensible. Sé que usted ha de experimentar lo mismo. Dicen que no les importa el otro, pero a la mínima mención se ponen histéricos. Insisto, necesitan hablar.
Se miraron en silencio durante unos segundos. Yuuri estudiaba cada centímetro del rostro del señor. Aquel hombre en lo absoluto aparentaba sus cincuenta y tantos años, sólo una que otra cana en su cabello negro delataba su edad, fuera de eso se veía muy parecido a Aleksi, a Viktor también; ambos ponían la misma cara cuando se enojaban. Era como ver a Viktor unos años más adelante, sólo que con anteojos.
—Puedes retirarte. Ya te dije lo que tenía por hablar, piensa en ello —giró su silla de nuevo hacia el ventanal.
Yuuri se puso de pie y no dijo nada más. Estaba un poco desconcertado, pues no entendía por qué lo citó sólo para decirle aquello. Se acercó a la puerta, tomó su abrigo del perchero y dijo antes de salir:
—Mi oferta seguirá en pie. Llámeme si cambia de parecer.
Dimitri no respondió, se quedó en su lugar, asombrado por la valentía y coraje de ese muchacho, definitivamente no la tenía fácil, necesitaba un nuevo plan, o al menos esperar que el que recién llevó a cabo funcionara.
Miró la hora en su reloj y suspiró. Sabía que su hijo fue a dejar a Yuuri al edificio y estaba seguro de que en un rato más lo llamaría para gritarle por todo lo que le había dicho a Yuuri. Por desgracia para Dimitri, Yuuri no era el mismo de años atrás, ya no se iba a quedar callado, había aprendido la importancia de no guardar secretos.
Y tenía razón, no pasó ni media hora cuando recibió la llamada de su hijo, totalmente enfurecido.
—¡¿Qué demonios pretendes?! —ni siquiera lo dejó hablar, mucho menos lo saludó—. No debí dejar que asistiera a esa estúpida reunión contigo ¿No te queda claro? Nada ni nadie me va a separar de él ¿¡Lo entiendes?!
—¿Ni siquiera sus inseguridades? —inquirió con seriedad y un atisbo de soberbia.
—¿A qué te refieres? —casi masticó las palabras.
—Sus inseguridades fueron las causantes de la separación que tuvieron hace años ¿Acaso ya lo olvidaste?
—¿Cómo sabes eso?
—Sé mucho más de lo que te imaginas. Por cierto, tu querido… —iba a decir "novio" pero le asqueó siquiera pensarlo—. Él no es quien crees que es.
Viktor se rio con ganas, muy enojado. Iba a decir algo, pero su padre se le adelantó.
—Revisa su abrigo, ahí guardó algo que le di. Luego de eso, que no te sorprenda si desaparece de tu vida uno de estos días.
—¿A qué carajos te refieres? Mira… atrévete a ponerle un dedo encima o a hacerle cualquier cosa y…
—¿Qué? ¿Qué me vas a hacer, Viktor?
—Mucho más daño del que tú me has hecho a mí —terminó la llamada.
Dimitri dejó su teléfono sobre el escritorio y soltó un pesado suspiro antes de alzar la mirada y toparse con su mejor amigo, éste lo miraba con una expresión por completo en desacuerdo.
—Hombre, ya déjalos. Estás enfermando cada vez más por culpa de un capricho tuyo. Ya intentaste separarlos hace varios años y lo lograste —recordó aquello con algo de tristeza—. Tu hijo casi se muere por eso y de todas formas volvieron a estar juntos. ¿No crees que sea una señal? Deja de hacer estas cosas o Viktor terminará odiándote más —suspiró—. Si supiera que por tu culpa ese japonés casi termina muriendo congelado… Dios, ahora sí que no te lo perdona.
—Eso fue un accidente, el plan no era que cayera al lago. Ya despedí al inepto que no supo hacer bien las cosas.
—Ese no es el punto, Dimitri, soy tu amigo y lo que te digo es porque te estimo: deja esto por la paz. Ve con tu hijo y dile cuánto lo amas ¡Dile la verdad de todo!
—Sal de aquí.
—¿Me vas a tratar mal a mí también? —alzó una ceja—. Somos amigos desde la infancia y tu mirada intimidante jamás hizo efecto en mí, no funciona, así que ni lo intentes —se acercó a él y palmeó su espalda con brusquedad—. Mejor vayamos a comer a algún lado, muero de hambre.
Dimitri suspiró pesadamente y terminó aceptando, no sin antes dar un par de órdenes.
—¿Qué haces? —inquirió Andrew.
—No me voy a dar por vencido. Si mi hijo no quiere dejar a ese hombre, me encargaré de que sea Katsuki quien lo deje —tomó el teléfono e hizo un par de llamadas.
Tenía un plan, sabía que su hijo no era del todo sincero con Yuuri y tenía fotos de esas visitas clandestinas a un hotel en el centro de la ciudad. Iba al menos tres veces por semana y seguía asistiendo. Reunió esas fotos y se las mandó por mensaje privado al japonés, esperaba que las viera cuanto antes, así, si su plan inicial no funcionaba, al menos las inseguridades del menor terminarían con esa relación de una vez por todas.
OoOoOoOoO
—Viktor, estás temblando —se le acercó, abrazándolo por un lado—. Tranquilízate, por favor.
—Lo siento, no puedo —aún lleno de coraje, se zafó del abrazo y caminó hacia la salida del departamento—. Necesito aire fresco —tomó un abrigo del perchero y salió.
—Espera, ese es… mi abrigo —suspiró, ya se había ido y no lo escuchó.
De camino a la calle, Viktor rebuscó entre los bolsillos del abrigo de su novio, pero no encontró nada, hasta que sintió algo en el bolsillo de adentro, lo sacó y…
Era un cheque en blanco con la firma de su padre y a nombre de Yuuri Katsuki.
La sangre se le fue hasta los pies. ¿Su padre tenía razón? ¿Yuuri al fin había cedido?
No, tenía que haber una explicación para ello. Quiso volver al departamento y encarar a su prometido, pero estaba consciente de que no debía hacerlo estando tan enojado. Decidió salir y caminar un rato por las calles heladas de San Petersburgo para despejar su mente y bajar su coraje, una vez logrado, volvió a casa. El corazón se le deshizo en sentimiento cuando entró al lugar y sintió el delicioso aroma a comida casera, el ambiente era cálido, agradable, se sentía como todo un hogar de verdad. Makkachin lo recibió tan efusivamente como siempre y un grito de Yuuri desde la cocina le dijo que ya estaba lista la cena.
Viktor fue a lavarse las manos y luego a la cocina para ver en qué ayudaba a su amado. Pensó que quizás estaría enojado por su comportamiento, pero no fue así, lo recibió con la misma sonrisa cálida y hermosa de siempre.
Se sintió un poco culpable.
—¿Todo bien en tu paseo? —inquirió, quitándose el delantal y apagando la estufa.
—Sí.
—Bien, vayamos a cenar —se le acercó y depositó un tierno y corto beso en sus labios. Un beso dulce que lo dejó con ganas de más.
Ambos se sentaron a la mesa, dentro de un incómodo silencio.
—Estás muy extraño, Viktor —dejó los cubiertos sobre la mesa y lo miró, preocupado.
Viktor también dejó de comer y frunció ligeramente el ceño. Era un gesto entre preocupación, tristeza y decepción.
—Encontré esto en tu abrigo —sacó el cheque de su bolsillo y se lo mostró.
Yuuri lo tomó entre sus manos y se asombró bastante al ver de lo que se trataba.
—Yo… Viktor, no sé qué hacía esto en mi abrigo.
—¿Me dices la verdad? —lo miró fijamente a los ojos, conocía mejor que nadie a su Yuuri, sabría si mentía.
—Pero claro que sí —respondió con mucha seguridad—. ¿Dudas de mí? —inquirió con tristeza.
—En lo absoluto —rompió el cheque en pedacitos—. Confío en ti.
Yuuri suspiró, lleno de alivio.
—No sé cómo llegó eso a mi bolsillo.
—¿Al llegar le diste tu abrigo a una secretaria?
—A la recepcionista.
Viktor chasqueó la lengua.
—Mi padre me llamó hace poco para pedirme que revisara tus bolsillos. Que estúpido plan —rodó los ojos, aunque en cierta parte le extrañaba que llevara a cabo ideas tan estúpidas y desesperadas—. ¡Demonios!
—¿Qué ocurre? —tomó su mano por encima de la mesa.
—Acabo de romper un cheque en blanco ¿Te das cuenta? —se vio afligido.
Yuuri lo miró, incrédulo, durante unos segundos hasta que ambos se echaron a reír con ganas, rompiendo con esa atmósfera pesada que se había formado.
OoOoOoOoO
El teléfono sobre su escritorio sonó, lo levantó para contestar y justo en ese instante la puerta de su oficina se abrió violentamente.
—¡Señor, su hijo va en camino a su oficina! —le dijo la voz de la secretaria por el auricular.
—Ya llegó, gracias —respondió con seriedad y colgó el teléfono, sin apartar la mirada de su hijo. Se veía distinto a la última vez que se toparon, está vez tenía una expresión llena de furia, su ser entero tenía un brillo especial; se veía diferente y Dimitri no sabía cómo explicarlo.
El mayor se incorporó de su silla para recibir a su hijo, pero éste lo alcanzó y lo primero que hizo fue tomarlo por las solapas de su traje y zarandearlo muy levemente, pues a pesar de todo su padre era más alto y fornido que él.
—Intenta lo que quieras —masticó cada palabra, con su rostro a centímetros del de su padre, jaloneándolo—, lleva a cabo todos tus planes estúpidos para separarnos y verás que obtendrás el mismo resultado. No entiendo cuál es tu jodido afán por intentar separarnos, pero no lo vas a lograr.
Dimitri no dijo nada, se le quedó mirando seriamente.
—¡¿Por qué haces todo esto?! ¿No te basta con el daño que ya me has hecho? ¿Necesitas más? —lo soltó con brusquedad, empujándolo—. Voy a hacer de mi vida lo que me plazca y tú no vas a intervenir porque no tienes el más mínimo derecho ¿¡Entendiste?! —espetó con furia—. ¿Te preocupa la empresa y su futuro? Yo no necesito ni un centavo de tu empresa, nunca lo he necesitado.
—¿Seguro? Si no mal recuerdo, utilizaste la tarjeta en un aeropuerto hace varios años.
—Fue una emergencia, y no es porque no tuviera dinero, sino porque necesitaba que vieran esa tarjeta para que me dejaran pasar al avión. Además, regresé el dinero que utilicé.
—No necesitabas hacerlo, es tu dinero también, eres dueño de esta empresa junto conmigo, y tu hermano y tú lo serán cuando yo no esté más aquí.
—¡No me interesa! No quiero tu dinero, no quiero tu presencia en mi vida, no quiero saber de ti. Desherédame, dale todo a Aleksi o a quien te plazca, pero por favor olvídate que soy tu hijo —lo miró a los ojos con una profundidad temible. Cada palabra que decía salía con todo el odio posible.
Dimitri no respondió nada, mantuvo su rostro estoico en todo momento. Finalmente Viktor se cansó y se dio media vuelta para volver por donde vino, pero antes de salir de la oficina y sin ver a su padre a la cara, dijo:
—Hay días en los que desearía que no existieras —dijo en voz baja y contenida—. Todo sería más sencillo si no estuvieras en este mundo —salió azotando la puerta, ajeno a la expresión llena de desolación y dolor que tenía su progenitor.
Poco después de que salió Viktor, Andrew llegó a la oficina, preocupado por lo que pudo haber ocurrido entre los dos, pues él y todos en el edificio habían visto cómo el hijo del dueño caminaba apresuradamente por los pasillos, sin que nadie lo pudiera detener.
—¡Dimitri! —se espantó al verlo tan pálido y agitado, buscando desesperadamente algo en el cajón de su escritorio—. Recuerda que las cambiamos de lugar —caminó rápido al escritorio y abrió una pequeña cajita sobre éste, dentro había varios medicamentos. Tomó uno en específico y luego corrió por un poco de agua antes de dárselo a su amigo.
Luego de que se tomó el medicamento, con ayuda de Andrew llegó al sofá que tenía ahí dentro, se recostó unos momentos y poco a poco fue recuperando su color. El pobre sudaba frío, le dolía el pecho y estaba tremendamente pálido.
—Discutieron de nuevo.
—No es algo nuevo… —dijo con dificultad.
—No puedes seguir con esto, mira lo que te provocas, y sí, esto es tu culpa, por tu orgullo.
Dimitri no dijo nada, estaba muy cansado, así que cerró los ojos y se dejó llevar por el pesado sueño que lo invadió.
El fiel amigo de Nikiforov se quedó velando su sueño, esperando a que despertara para llevarlo a su casa.
OoOoOoO
Yuuri estaba solo en casa, era temprano, entraba tarde a su trabajo así que bebía un poco de té mientras revisaba sus correos en la sala, con Makkachin a su lado dándole calorcito. Viktor estaba ocupado trabajando con Yakov y pasaría hasta más tarde por él a su trabajo.
Todo indicaba que sería un día tranquilo y bonito como los demás, hasta que leyó un correo en específico que le bajó la sangre hasta los pies. En él había fotos de Viktor entrando a un hotel, eran muchas fotos, de diferentes días. En el correo le decían que su amado lo estaba engañando.
El cuerpo entero de Yuuri comenzó a temblar, esa conocida sensación de traición lo invadió y le dieron ganas de devolver el estómago.
No, no podía ser posible.
Pensó en llamar de inmediato a su amado y preguntarle, pero no quería hacerlo por teléfono, así que mejor tomó sus llaves y abrigo para salir rumbo al centro de patinaje.
Cuando llegó ahí se topó con la novedad de que Viktor no estaba. Yakov le explicó que Viktor no iba tres días a la semana desde ya hace algún tiempo.
El mundo de Yuuri se le vino encima. Lo que decía el correo parecía cada vez más real. Finalmente llamó a su amado, se sentía derrotado y quería enfrentar aquello lo antes posible, pero Viktor no le respondió.
Una pesada sensación se apoderó de todo su cuerpo. Llegó a casa, dejó sus cosas tiradas en la entrada y se dirigió directo a la cama, necesitaba tumbarse ahí un rato y pensar. Debía pensar con calma y meditar las cosas, sabía que existía una explicación para todo aquello, pero aun así le dolía en el corazón la posibilidad de que fuera cierto.
Makkachin sintió su tristeza, así que lo siguió y se acurrucó encima de él en la cama. Yuuri no aguantó el sentimiento y se echó a llorar, lloró y lloró hasta que cayó rendido al sueño, ni siquiera se levantó para ir al trabajo.
Horas más tarde, Viktor buscaba como loco a su prometido. Se suponía que pasaría por él al trabajo, pero llegó ahí y lo esperó mucho rato y no salió nunca. Lo llamó un millón de veces y no le respondió.
Pensó lo peor.
Fue volando a casa, rogando al cielo que estuviese ahí. Grande fue su alivio al ver sus cosas en la entrada, sin embargo no entendía por qué las había dejado regadas en el suelo.
—Yuuri, amor ¿Estás en casa? —todo estaba oscuro. Ni siquiera Makkachin fue a recibirlo. Se estaba asustando.
Fue directo a su habitación y ahí los vio, a los dos grandes amores de su vida acurrucados uno contra el otro. Makkachin vio a su amo y alzó un poco sus orejitas, pero no se levantó para ir a recibirlo, se quedó acostado junto a Yuuri, protegiéndolo.
—¿Qué pasó amigo? —le preguntó a su mascota al mismo tiempo que se sentaba en el borde de la cama, junto a Yuuri. Estaba todo a oscuras, así que no distinguía mucho.
Intentó poner una mano sobre su amado, pero Makkachin soltó un pequeño ladrido a manera de inconformidad. Viktor se asombró.
—Yuuri, amor ¿Qué pasa? —acarició su brazo para poder despertarlo. El aludido se despertó y si no fuera por la oscuridad, Viktor hubiese visto las lágrimas que ya inundaban sus ojos de nuevo.
—Viktor… —se le quebró la voz.
El mayor encendió la lámpara sobre el buró y miró asustado que su amado tenía los ojos rojos e hinchados por tanto llorar.
—Amor ¿Qué haces en casa? ¿Qué pasó? Fui a recogerte al trabajo pero no estabas, te llamé un montón de veces pero no me respondiste. Me tenías muy preocupado. ¿Te sientes mal?
—Viktor ¿Tú me engañas? —preguntó con un poco de tristeza.
—¡Por supuesto que no! —su rostro se puso rojo, totalmente indignado.
—Me mandaron esto —tomó su celular y le mostró las fotos, Viktor se asombró—. ¿Son reales? —preguntó con calma.
—Sí.
—Dios… —sintió su corazón romperse en mil pedazos—. Idiota, eres un idiota —lo empujó para así poder levantarse de la cama, pero Viktor se lo impidió, abrazándolo con fuerza.
—Déjame explicarte.
—¿Qué quieres explicar? —se oía cansado, la historia se estaba repitiendo—. Viktor, suéltame ya —no dejaba de forcejear, incluso intentaba empujarlo, golpearlo si podía, pero le fue imposible.
—No es lo que parece… —fue interrumpido.
—Acabas de decir que las fotos son reales —comenzó a desesperarse, así que se movía con más brusquedad para liberarse del agarre de él—. ¡Con un demonio, suéltame ya!
Makkachin comenzó a ladrar, asustado de verlos pelear. No sabía qué hacer, si morder a su amo para que soltara a su otro amo o simplemente echársele encima a ambos para separarlos, estaba asustado.
—¡Viktor, suéltame! —exigió nuevamente, en medio de los ladridos del can.
—¿Para que hagas de mi un saco de boxeo? Gracias, pero no —se molestó un poco—. Y no te lo voy a explicar hasta que te calmes —tiró más de Yuuri, abrazándolo con fuerza. Lo primero que hizo el japonés fue arremeter contra cualquier parte de Viktor que pudiera golpear, pero éste no tardó mucho en inmovilizarlo por completo. Yuuri le gritaba que lo soltara, pero Viktor lo ignoró, sin importar que el menor comenzara a usar sus dientes, su única arma sin restricción de movimiento—. ¡Ey, no me muerdas!
—Suéltame ya —le mordió el hombro con fuerza, más de la necesaria.
—No hasta que me dejes explicarte. No te voy a dejar huir.
—No voy a huir, idiota, pero estoy muy enojado contigo. No quiero verte en estos momentos.
Ya se había calmado un poco, al menos ya no forcejeaba tanto y tampoco lo mordía.
—Esas fotos son reales, sí, pero en realidad no son lo que parecen. Tengo un par de meses yendo a ese hotel, tres veces por semana porque… —se detuvo, estaba avergonzado—…estoy tomando clases privadas de japonés.
—¿Qué? No te creo.
—Tú aprendiste mi idioma, quiero aprender el tuyo —dijo en un tierno japonés con acento ruso. El corazón de Yuuri se aceleró, nunca lo había oído decir una oración tan larga en ese idioma—. ¿Ahora me crees? —volvió a hablar en japonés.
—¿Por qué no me lo dijiste? —se le llenaron sus ojitos hinchados con lágrimas.
—¡Porque quería que fuera sorpresa! —infló sus mejillas—. Aún me faltan muchas clases, pero ya entiendo mucho más que antes. Ahora que vayamos a Japón podré tener una buena conversación con Mari sin que se burle de mi falta de cultura por no saber japonés.
—Oh Viktor… —lo abrazó con fuerza. Le creía, definitivamente le creía—. Perdóname, no debí morderte.
—Sí, quizás me quede marca.
—Como castigo por no decírmelo antes.
—¡Era una sorpresa!
Yuuri soltó una risilla mientras acariciaba la mordida que el dio en modo de disculpa.
—Perdóname —volvió a decir.
—¿Ibas a dejarme?
—Claro que no, pero sí iba a estar enojado contigo por un tiempo. Aunque si me hubieses engañado con alguien —se le hizo un nudo en la garganta, no sé qué hubiera hecho.
—¿Te habrías ido a Canadá? —preguntó entre risillas.
—No, te hubiera preguntado si eres más feliz con esa persona, y de ser así… la habría matado.
Ambos rieron por eso hasta que Viktor vio en los ojos de su amado que decía la verdad.
—¿En serio?
—Claro que no —admitió Yuuri—. Pero sí la habría enfrentado. No te van a arrebatar tan fácil de mí, eso tenlo por seguro.
Viktor soltó un grito interno. Amaba esa faceta celosa en Yuuri.
—¿Quién te mandó esas fotos?
—Es un correo anónimo.
—Ni siquiera debería preguntar, es un hecho que fue mi padre —suspiró, recordando la fuerte discusión que tuvo con él—. Amor, deberíamos pensar seriamente en irnos del país.
—Esa no es la solución.
—Mi padre nos quiere separados.
—Y no lo va a lograr, a menos que lo permitamos —Yuuri se veía muy seguro de sí mismo—. Aunque… él me dijo algo que me dejó pensando —frunció los labios—. Viktor, van a pasar los años y te arrepentirás de no haber formado una familia. Conmigo no puedes tener hijos y…
—Y tampoco quieres adoptar —completó la frase en un tono resignado, con media sonrisa—. Eso lo sé. Quiero estar contigo el resto de mi vida, sin importar qué.
—¿Aunque yo no quiera hijos?
—Aunque tú no quieras hijos —lo tomó de las mejillas y pegó su frente a la de él—. Te quiero a ti.
Yuuri inevitablemente comenzó a llorar.
—¿Estás muy seguro? —no podía contener sus lágrimas—. No quiero privarte de eso.
—¡Que no! Yuuri, no, no me importa ¿De acuerdo? —y decía la verdad. En ocasiones pasadas se encontraba muy seguro de que convencería a Yuuri de tener hijos, pero ahora de verdad no le importaba, sólo lo quería a él, a su lado por siempre.
Viktor besó su frente y lo abrazó con fuerza, se tumbó de lado sobre la cama y se acurrucaron juntos. Makkachin, al ver que el pleito había terminado, se echó sobre ambos.
—Ahora preocupémonos por nuestra boda, hay muchísimas cosas por organizar y también hay que prepararnos para la temporada que viviremos en Japón antes de la boda —besó su cabello—. Nos esperan cosas muy buenas, mi amor —lo abrazó con mucha fuerza.
—Tienes razón —Yuuri suspiró entre los brazos del hombre al que más amaba en el mundo.
OoOoOoOoO
Febrero llegó más rápido de lo esperado y con él, San Valentin, fecha que Viktor y Yuuri festejarían en unas cabañas desde un día antes, alejados de todo y de todos, incluso Makkachin se quedaría con Irina, para darles un poco más de privacidad.
Un día antes de ese gran día, mientras desempacaban en la hermosa cabaña, Viktor recibió una llamada de su hermano.
—¡Viktor! ¡Yuuri y tú ya son tíos! Mi hijo acaba de nacer ¡Ya soy papá!
Continuará…
14/12/17
2:00 a.m.
