Agape to Eros
By Tsuki No Hana
XXXVI
"Despedida de soltero"
Estaba triste, al día siguiente iba a ser su cumpleaños y ninguno de sus amigos estaría en la ciudad. Viktor y Yuuri se irían a Japón para terminar de preparar la boda, Georgi, Mila, Yakov y Lilia también estarían fuera de la ciudad, y Otabek… bueno, él estaba en su país, a miles de kilómetros de él. Así que sí, estaba muy triste.
—¿Te ayudo en algo? —preguntó su abuelo, asomándose a la cocina.
—No, ya casi termino, ve a la mesa.
—De acuerdo.
Yurio suspiró y cenó en silencio con su querido abuelo, de no haber estado tan distraído en su propia tristeza, habría notado que Nikolai estaba muy extraño.
Se fue a su habitación, le mandó mensaje a Beka y éste le respondió de inmediato, charlaron un rato, pero su novio no mencionó en ningún momento el hecho de que al día siguiente cumplía años, eso fue muy sospechoso.
Charlaron hasta que para Otabek fue media noche, con Yurio apenas eran las nueve. Se despidieron como si nada, haciendo que el rubio se fuera a la cama no solamente triste, sino molesto.
Fue hasta que dieron las doce, que Yuri recibió una llamada. Adormilado y enojado, tomó su teléfono y respondió la video llamada de su amado.
—Feliz cumpleaños, Yura —le dijo en voz baja el kazajo, con una inusual sonrisa amplia, la cual se ensanchó al verlo tan lindo, con baba saliendo de la comisura de sus labios y con sus ojos entrecerrados por la luz que emitía el teléfono en medio de la oscuridad de la habitación.
—¿Otabek? —se talló un ojo. Su voz salió tremendamente sexy para los oídos del kazajo, quien se moría por estar a su lado.
—¿Ya estabas dormido?
—Sí —lo miró fijamente a la cámara.
—Sólo quería ser el primero en felicitarte —su sonrisa volvió a ser pequeña y ladina—. Siento haberte despertado.
—No, no, está bien —carraspeó un poco y maldijo entre dientes el sentir un bulto incómodo entre sus piernas. Lo había despertado de un sueño muy erótico, precisamente con él—. Te extraño —suspiró profunda y largamente.
—Siento no poder verte en este cumpleaños —se oía de verdad abatido por eso.
—Está bien, entiendo —lo entendía, mas no le gustaba—. Maldición —espetó en voz baja, su erección no disminuía.
—Interrumpí un sueño muy bueno ¿Verdad? —soltó en un tono sorprendido. Ya tenía una idea de lo que le estaba pasando.
Yuri gruñó en respuesta.
—Vaya, sí me extrañas.
—¿Quieres ver qué tanto?
—Por favor.
Entonces Yurio encendió la lámpara de su buró y enfocó la cámara en su entrepierna. El pantalón del pijama se veía muy resaltado hacia un lado, estaba completamente duro.
—Quisiera verlo sin el pijama —la voz grave y seria de Otabek se escuchó en toda la habitación a pesar de que hablaba en voz baja. Yurio de inmediato tomó sus audífonos del buró y los conectó al teléfono.
Yurio obedeció y bajó su pijama junto con la ropa interior, dejando expuesto su duro miembro, pálido en toda su longitud y muy rosado en la punta. Escuchó cómo su novio suspiraba pesadamente, giró el teléfono sólo para toparse con la expresión de Otabek llena de lujuria, sus ojos negros eran más intensos de lo normal y su respiración se oía pesada.
—Quiero verte también —pidió, con sus ojos verdes cargados de seriedad.
Otabek no replicó, de inmediato enfocó la cámara a su miembro ya completamente erecto y sonrió al poder apreciar el rostro de su novio a través de la pantalla.
—Demonios, quisiera estar ahí contigo.
—Y yo contigo —suspiró Otabek, tumbándose en su cama.
—¿Qué haces? —su respiración estaba ligeramente agitada, notó que la de Otabek también.
—¿Tú qué crees? —le mostró lo que hacía con su mano en su miembro.
—Yo hago lo mismo… oh… Otabek, te necesito —gimió lo más quedo que pudo, no quería despertar a su abuelo—. Si supieras lo que estoy imaginando que podrías hacerme si estuvieras aquí.
El corazón de Otabek se aceleró y su entrepierna se puso más dura.
—Ponte ambos audífonos y cierra los ojos —ordenó el kazajo.
El aludido obedeció al instante, notando cómo las sensaciones se hacían más fuertes. Entonces la grave y profunda voz de su novio comenzó a hablarle al oído.
—¿Te estás acariciando? —inquirió con una voz irresistible.
—Lo hago.
—¿Y en qué piensas? Yo pienso en ti, debajo de mi cuerpo, enterrando tus uñas en mi espalda.
Una media sonrisa se formó en los labios del rubio. Desgraciadamente Otabek no pudo verlo, pues Yura dejó el teléfono sobre la cama.
—Pienso… pienso en ti —no podía pensar con coherencia, su mente estaba concentrada en el movimiento de su mano derecha sobre su pene, masturbándose, y en su mano izquierda acariciándose a sí mismo. Todo eso, más la sexy voz de su novio en los audífonos… Yura estaba perdido.
—Yo te pienso… gimiendo en mi oído, suplicándome por más… —se detuvo sólo para escuchar un leve gemido de su amado, su respiración era errática, sin embargo, Otabek se mantuvo cuerdo—… meneando tus caderas, buscando más contacto.
—Y tú sobre mí, dentro de mí —gimió—. Tus manos grandes, pesadas y calientes, apretándome con fuerza. Tus… ah… tus besos en mi cuello, mojándolo.
—Y mordiendo tu oreja…
—Oh, sí…
—Yo tomándote con fuerza.
—Más…
—Muy profundo —escuchó la respiración muy acelerada de Yuri—. Abriendo tus piernas tan flexibles —no pudo evitar decirlo con algo de gracia, la misma que sintió Yurio.
—Y tú tan poco flexible —rio.
—No lo arruines —suspiró.
—Sí, sí. Continúa.
—Me has cortado la inspiración.
—Demonios, no… no soy bueno en esto —jadeó, insatisfecho. Se mordió el labio y tomó el valor para decir lo que pasaba por su mente—. Yo… a mí me encanta, no, me excita demasiado escuchar tu respiración pesada y ruidosa cuando… —el poco pudor que tenía se estaba haciendo presente, la situación lo abochornó demasiado.
—Ahora mismo me estoy masturbando pensando en tu expresión cuando te corres —su voz era lenta acompasada, sin dejar de sonar grave en todo momento.
Yurio gimió un poco, fue la señal de que nuevamente estaba tomando el ritmo anteriormente perdido.
—Yo pienso en tu respiración haciéndome cosquillas en el cuello mientras me penetras.
—Con tus piernas enredadas en mis caderas.
—Mientras entras y sales cada vez más rápido y profundo.
—¿Te gusta rudo?
—Mucho. Beka… —jadeó—… ¿Qué ropa interior estás usando? —tenía un pequeño fetiche con el buen gusto de su novio en la ropa interior y si le decía que traía el bóxer negro y ajustado que tanto amaba, se volvería loco.
—En este momento estoy desnudo, pero antes traía puesto el bóxer que tanto te gusta.
—¿El negro? ¿Ese que te queda ajustado?
—Sí.
—Oh…
Ambos se quedaron en silencio unos segundos, Yurio pudo escuchar claramente esos ruidos obscenos que hacía su novio al masturbarse, de sólo imaginar su pene duro, húmedo y grueso, se le hacía agua la boca y el cuerpo se le estremecía. Extrañaba mucho a su hombre.
—¿Qué ropa interior traías tú? ¿Acaso el rojo?
—No traía ropa interior.
—Sucio.
Yurio rio un poco, pero un gemido por parte de su novio terminó opacando esa risa.
—¿Beka?
El aludido gimió de nuevo, logrando excitar mucho más al rubio.
—Otabek, dime qué estás haciendo.
—Estoy… —por primera vez le dio un poco de vergüenza decirlo—…en verdad imagino que estás debajo de mí.
—¿Con una almohada?
Otabek hizo un ruido a modo de afirmación. Eso excitó más a Yurio, quien no dejaba de estimularse con insistencia.
—Imagino tu cuerpo sobre el mío, yo acariciando tus músculos, justo debajo de tu ombligo, donde tienes esos pequeños vellos que tanto me gustan, esos que bajan hacia una de mis partes favoritas de tu cuerpo, una muy grande. Te imagino dentro de mí…
—Tú tan apretado.
—Y tú tan grande.
Para ese punto ambos gemían cada vez más fuerte, sus respiraciones eran entrecortadas.
—Tus fuertes caderas se mueven en vaivén, embistiéndome, ¡ah! Fuerte… profundo… oh Beka… ¡Oh! —su respiración se agitó tanto que Otabek pudo percibir claramente cada respiro, reconociendo sus gemidos y distinguiéndolos como los de su orgasmo.
Se lo podía imaginar con claridad. Su piel pálida ahora totalmente enrojecida, sudoroso, con sus cabellos largos y rubios pegándose en sus mejillas y frente. Era una imagen mental simplemente exquisita.
—Yura —jadeó—. Quiero verte, déjame verte —suplicó con su grave voz.
El aludido obedeció, tomó su teléfono y le regaló una vista hermosa de él tal cual como se lo había imaginado, sin mencionar que también lo dejó ver el resto de su cuerpo, su plano vientre con restos de un líquido blanquecino sobre él y su miembro cada vez menos erecto, volviendo a su estado normal. Otabek hizo lo miso y le permitió a su novio observar su cuerpo sin pudor alguno.
—Beka, tienes que venir y hacerme el amor, por favor —suplicó y eso fue suficiente para que un gemido gutural saliera de la garganta del mayor, experimentando así un fuerte orgasmo que duró más de lo que imaginó.
Yurio sonrió de lado y sin pena dijo:
—Eres tan sexy cuando tienes tu orgasmo, si tan sólo hubieras estado aquí…
—Habría jalado tu cabello con fuerza y te habría besado hasta dejarte sin aliento.
—Me dejaste sin aliento de todas formas —suspiró.
Repentinamente ambos se sentían muy cansados.
—No es lo que me hubiera gustado para tu cumpleaños, pero… feliz cumpleaños de todas formas.
—¿Bromeas? ¡Esto fue increíble! —admitió con sus mejillas sonrojadas—. Deberíamos hacerlo más seguido.
Otabek sonrió, tenía razón, había sido increíble, sin embargo, nada igualaba el hecho de tenerlo en frente de verdad y no en una pantalla, a miles de kilómetros.
—Nos veremos pronto ¿Verdad? —lo miró con un brillo muy especial en sus ojos.
—Prometo que así será. Tengo tantas cosas en mente que podré hacerte en nuestro siguiente encuentro…
—Tienes una mente pervertida —le dijo en modo coqueto.
—Vaya que sí —admitió sin un atisbo de vergüenza—. Necesito verte para hacerte todas esas cosas.
—Que sea pronto.
—Lo será. Descansa Yura —sonrió a la cámara—. Te amo —amaba ver cómo se sonrojaba todavía cuando le decía aquello.
—Yo también te amo, Otabek —esbozó una sonrisa muy tierna y algo adormilada—. Espero verte pronto…
—Así será —sonrió—. Ya duerme.
Terminaron la llamada y ambos cayeron rendidos al sueño momentos después. Yurio feliz por comenzar su cumpleaños de esa forma, pero un tanto decepcionado por saberlo lejos de él y que no tendría un cumpleaños a su lado. Por otra parte, Otabek se durmió con una sonrisilla llena de complacencia.
OoOoOoOoO
Regresó a casa después de un largo día. Había ido a la universidad y a su trabajo de medio tiempo en un restaurante. En ambos lugares sus amigos le llevaron obsequios y lindos detalles, así que llegó a casa con un montón de chucherías, globos y postres hechos por amigos y amigas ¿Y por qué no? También de uno que otro fan.
Todo el día anduvo de malas y cada vez que le daban un obsequio o lo felicitaban, se molestaba un poco.
Cuando entró a casa vio todo a oscuras, lo cual le preocupó.
—¿Abuelo? —no obtuvo respuestas. Dejó caer los regalos al suelo y corrió a encender la luz.
—¡Sorpresa!
Miles de papelitos de colores saltaron en el aire. Sus amigos más cercanos y su familia estaban ahí, sosteniendo un gran pastel de cumpleaños y portando cada uno un gorrito muy chistoso de fiesta.
—¡Feliz cumpleaños! —dijeron todos al unísono.
Los ojos verdes de Yurio brillaron en felicidad, no se había esperado aquello. Los vio a todos y cada uno, sonriéndoles y agradeciendo por la sorpresa, hasta que lo distinguió entre el montón, ahí en medio de todos estaba nadie más y nadie menos que su flamante novio cargando un gran ramo de hermosas flores.
—Feliz cumpleaños —le dijo de nuevo.
—¡Otabek! —caminó apresuradamente, abriéndose paso entre sus amigos para llegar a su novio.
—Es en este momento cuando todos nos volvemos invisibles —dijo Viktor, rodando los ojos y sonriendo al ver a los enamorados reencontrándose de nuevo.
—Ni digas nada, que tú eres igual con Yuuri —contraatacó Mila, divertida ante la situación.
—Y tú con Georgi —dijo Viktor.
—Claro que no, ¿verdad? —miró a su novio, quien soltó una risilla. Iba a decir algo, pero Viktor lo interrumpió.
—Es verdad, es Georgi el que hace eso.
Todos comenzaron a reír, pues tenía razón.
—Claro que sí —el ruso abrazó a su novia con cariño, amaba a esa chiquilla. Hasta la fecha ella había sido su relación más duradera, profunda y verdadera. No le importaba que se llevaran casi diez años de diferencia en edad.
Volvieron a centrar su atención en la parejita recién reencontrada, Yurio aún no soltaba a su novio, lo abrazaba del cuello con efusividad, trepado en su cuerpo como un pequeño mono araña. Otabek sonreía con alivio al tenerlo de nuevo entre sus brazos, poco le importaba que todos estuviesen mirándolos.
OoOoOoOoO
—Viejo ¿Cómo tomó Chris el hecho de que ustedes dos se fueran de vacaciones el día de su cumpleaños? —preguntó Yurio, esperando oír una divertida anécdota.
—Él se fue primero que nosotros. Masumi se lo llevó a Brasil, te aseguro que ni se acordó de nosotros sino hasta que lo llamamos para felicitarlo, aunque casi se nos olvida.
Yurio los miró feo.
—¡Era día de san Valentín! Yuuri y yo estuvimos ocupados todo el día en la cabaña haciendo…
—No quiero saber —se llenó la boca de piroshki de katsudon. El resto de los invitados rio al ver que en algunos aspectos seguía siendo infantil.
—Mejor dime por qué no has conocido a tu sobrino —lo miró severamente luego de acabarse su piroshki—. Mi abuelo y yo ya fuimos a visitarlos.
—¿¡Qué?! —Viktor casi se fue de espaldas.
—Sí, mira —sacó su teléfono y le mostró la foto del pequeñito bebé, era precioso.
—¡Oh Dios mío! —le quitó el celular y miró a su sobrino detenidamente, estaba tan lindo como en las fotos que Evgi le había mandado.
Y entonces, sin que Yurio se diera cuenta, comenzó a pasar de foto en foto, había muchas del nene, hasta que se terminaron y empezó una larga hilera de fotografías de Otabek. En las primeras estaba el kazajo, dándole la espalda en medio del aeropuerto, vistiendo su chaqueta negra de cuero y su pantalón negro también, con maleta en mano y mirando a la lejanía, seguramente buscándolo.
No pudo evitarlo y soltó una risilla entre dientes, eso llamó la atención del resto, aún más cuando Yurio vio el motivo de sus risas.
El rubio no dijo nada, se sonrojó hasta las orejas y le arrebató el teléfono antes de fulminarlo con la mirada y darle una patada por debajo de la mesa.
—¡Ey! —Yuuri se encogió sobre sí mismo, sobándose el golpe en la pierna—. ¿Por qué me pateas, Yurio? —lo miró con tristeza y enojo.
—Idiota equivocado —respondió simplemente, aún muy sonrojado y pateando ahora a Viktor.
—¡Yuratchka! —lo regañó su abuelo.
El aludido se encogió de hombros y enseguida se comportó, sólo había dos personas en el mundo a las que les hacía caso y una de ellas era su abuelo.
—Y… ¿Cómo te ha ido, Otabek? —preguntó el abuelo con una sonrisa.
—Muy bien —respondió con su típica seriedad, pero de pronto una pequeña sonrisa se formó en su expresión—. Mis padres me han dicho que quieren venir a conocerlo.
—¡Oh! Sería todo un placer recibirlos en casa. Diles que son bienvenidos.
—¿En serio? —inquirió Yurio, totalmente sorprendido por la noticia que dio su novio.
—Sí —tomó su mano por debajo de la mesa, atrayéndola a su regazo y acariciando cada rincón de esa delgada y bonita mano.
—Tal parece que tus suegros quieren formalizar —lo molestó Mila.
—¿Los tuyos no? —contratacó Yurio, divertido por la cara que puso la pelirroja.
Terminaron de cenar y los más jóvenes se quedaron en el comedor, charlando y de vez en cuando discutiendo por tonterías, mientras que el resto se iba a la sala a tomar té.
—¿No han conocido a su sobrino? —se asombró Nikolai.
—Aún no —respondió Yuuri.
—Mi padre decidió pasar una temporada con Aleksi y su familia —gruñó Viktor, molesto—. No podemos ir hasta que él se vaya.
—¿No pueden o no quieren? —inquirió Yakov, alzando una ceja y mirándolos fijamente.
En la sala estaban Yakov, Lilia y Nikolai charlando con Viktor y Yuuri, reposando la comida luego de haber cenado tanto y tan pesado.
—No quiere —lo delató Yuuri.
Lilia iba a replicar algo, regañando a su querido y desobediente Vitya, pero Yurio llegó e interrumpió.
—Abuelo, aquí está lo que me pediste —le entregó una cajita negra.
—Gracias Yuratchka —sonrió y miró a los que estaban a su alrededor—. ¿Quién quiere jugar?
—Por supuesto que yo —Yakov no iba a dejar pasar la oportunidad de ganarle a Nikolai en dominó. Viktor también se apuntó al juego y Lilia pasó.
—Vamos Katsuki, veamos qué tan bueno eres en esto.
—Él nunca ha jugado dominó, ¿Verdad, amor?
—Claro que sí —alzó una ceja y entró a la partida.
—¿Qué vamos a apostar? —preguntó Yakov, más emocionado que de costumbre. Lilia sólo rodó los ojos y dijo: "Hombres".
Yurio miró todo a su alrededor desde donde estaba. Sus amigos y novio estaban en el comedor, entretenidos con los dramas que platicaba Georgi, en la sala estaba su abuelo, con aquellos a quienes consideraba su familia.
Sonrió, sin decir ni hacer nada, sólo observaba en silencio y se daba cuenta de lo bendecido que estaba. Su familia era extraña y un tanto pequeña, pero era buena y sabía que lo amaban mucho, en especial su abuelo y ese par de hermanos tan molestos, uno ruso y el otro japonés.
—Ahora que estamos todos, queremos hablar seriamente con ustedes, en especial contigo, Viktor —anunció Nikolai, tomando una postura seria mientras mezclaba todas las fichas.
Los dos aludidos parpadearon, sorprendidos y confundidos.
—Es sobre tu padre —continuó Yakov.
—Eso no…
—Sí, Viktor, necesitas que alguien te escarmiente —los apoyó Lilia, cruzada de brazos.
El aludido no respondió, los tres mayores ahí eran las únicas personas a quienes Viktor les tenía un respeto de tal magnitud.
—Dimitri ha cometido muchos errores en su vida, desde que murió tu madre no ha sido el mismo y te consta —prosiguió Yakov.
—Ninguno de nosotros ha sido el mismo desde entonces —recordó esos amargos momentos—. Mi padre sufrió, sí, pero se olvidó de que sus hijos también sufrían.
—No quiero justificar las acciones de tu padre, pero quiero darte este consejo —Nikolai lo miró seriamente antes de proseguir—: perdona y olvida.
La expresión de Viktor fue increíble. Nunca nadie le había dicho eso antes, excepto Yuuri.
Nikolai dejó su taza de té sobre la mesita del centro y se recargó por completo en el sofá, descansando su espalda y mirando las fichas que le habían tocado, luego, sus ojos tan verdes como los de Yurio miraron a Viktor con seriedad.
—A pesar de todo, Dimitri es tu padre. Y llegará el día en que él ya no esté en este mundo, y entonces te vas a arrepentir de no haber arreglado las cosas con él. No te digo que lo perdones y se vuelvan unidos, no, sólo te pido que saques ese rencor de tu corazón, porque si no lo haces, te quedarás con el remordimiento de no haber siquiera intentado arreglar las cosas. Un remordimiento de ese tipo no te dejará en paz, hasta la muerte.
Hubo silencio sepulcral en la sala. Viktor miraba su taza de té, escuchando atentamente a Nikolai mientras Yuuri estaba a su lado, brindándole apoyo en silencio.
—Lo sé, pero esto que siento es más fuerte que yo. Mi rencor no ha hecho más que incrementarse con el tiempo, más ahora que ha intentado separarnos a Yuuri y a mí. ¿Sabían que mi padre es homofóbico?
—Sí.
—Claro.
—Por supuesto.
Respondieron Lilia, Nikolai y Yakov respectivamente. Viktor se vio acorralado, no sabía cómo continuar con esa conversación.
—Nikolai ¿Cómo tomó usted la noticia de que Yurio y Otabek eran novios?
El anciano sonrió al recordarlo.
—No me sorprendió cuando me informaron sobre su relación. De hecho fue Otabek quien me buscó con anticipación, pidiéndome permiso para ser su novio. Es un buen chico.
El mayor recordó cuando una mañana entró a la habitación de su nieto y se lo topó dormido entre los brazos de ese chico, desde ahí supo muy bien que lo suyo iba en serio, pues Yura había estado deprimido en ese tiempo y Otabek viajó hasta ahí simple y sencillamente para animarlo.
—Es todo un caballero —agregó Yuuri, feliz porque Yurio tuviera a alguien así.
Y Otabek lo era. Siempre cumplía sus compromisos y promesas.
—Usted lo tomó así, pero mi padre… él no lo aceptará jamás.
—Dimitri es un cabeza dura —añadió Yakov.
—Igual que tú, Vitya —aseguró Lilia.
De pronto Yurio apareció en la sala y miró detenidamente lo que hacían, en específico las fichas de Yuuri.
—¿Qué hacen? —preguntó sin dejar de mirar la fichas del japonés.
—Jugamos dominó ¿Quieres unirte? —preguntó su abuelo.
—El cerdo está a punto de ganarles, va a cerrar el juego —lo delató—. Y no, gracias, este juego es para ancianos —dijo sin vergüenza y con descaro.
—¡Yuri! —se quejó Yakov.
—¿Por qué juegan eso? Es para ancianos —miró a sus dos amigos y luego se retractó—. Lo siento, Viktor, sigue jugando; cerdo, ven conmigo.
Nikolai alzó una ceja por el descaro de su nieto.
—Yura —lo llamó, amenazante y haciendo reír a los demás.
—Tú no eres un anciano, abuelo —respondió con seguridad antes de irse corriendo escaleras arriba.
—¿Y ahora? ¿Qué le picó? —inquirió Viktor. Otabek se acercó también y se encogió de hombros, quedándose ahí parado en medio de la sala. Segundos después se escucharon los pesados y descuidados pasos de Yuri bajando las escaleras, venía con una gran caja en las manos.
—Juguemos a esto —sonrió retadoramente, mostrando el juego de mesa "Risk".
Los ojos celestes de Viktor brillaron con emoción, pues de niño solía jugar a eso con su familia.
—¡Juguemos!
Dejaron a los mayores jugando dominó y el resto se enfrascó en una partida de Risk que no terminó sino hasta el día siguiente.
OoOoOoOoO
Miró su reloj de muñeca y luego a su prometido.
—¿Ya vas al aeropuerto? ¿Ya te sientes bien?
—Aún no, quiero probar esto antes —con su dedo retiró un poco del betún que ya decoraba a un rico pastel hecho por Yuuri—. Y sí, ya estoy bien, sólo tenía náuseas.
—¡Viktor! —se quejó, dándole un manotazo—. Tardé horas haciéndolo. Y no parece normal que hayas tenido náuseas y ahora comas lo primero que se te pone en frente.
—Se me antojó —se defendió—. Está delicioso mi amor ¿Ya lo probaste? —inquirió luego de chuparse el dedo.
—No, porque no quería que… —fue callado por un beso inesperado con sabor a chocolate—. Uhm, sí está rico —comprobó luego de saborear los labios de su amado.
—Te lo dije —sonrió—. Ahora sí, ya me voy al aeropuerto —besó nuevamente sus labios, ahora de manera rápida, pero igualmente cariñosa.
—Cuídate, por favor.
—Dosvidaniya!
Momentos más tarde llegó Irina, quien también había sido invitada a la reunión para conocer al bebé. Media hora más tarde ya estaba Viktor de regreso, con tres personitas muy queridas.
—¡Dime si no es la cosita más hermosa que has visto en tu vida! —Viktor entró por la puerta principal, cargando entre sus brazos a un hermoso bebé de apenas un mes de nacido. Detrás de él venían Aleksi y Evgenia.
—¡Es tan pequeño! —se asombró Yuuri—. Wow… y es tan hermoso —se le quedó viendo por largo rato, estaba dormidito a pesar del escándalo que hacía su tío Viktor.
Yuuri alzó la mirada y sonrió muy ampliamente al ver a su cuñado y esposa entrando.
—¡Aleksi, Evgenia! Me da mucho gusto verlos. Lamento no haber ido a visitarlos antes.
—No te preocupes, entendemos la situación —dijo Evgenia, luego corrió a saludar a Irina, pues no se veían desde navidad.
—Gracias —sonrió Viktor, meciendo levemente a su sobrino.
Yuuri se le quedó mirando. Definitivamente Viktor se veía perfecto con un bebé en brazos. Y entonces pensó: "Voy a ocasionar que la descendencia de este hombre no exista, Dios, eso es un pecado".
—Yuuri ¿No quieres cargarlo? —preguntó Evgenia, refiriéndose a su nene.
—No creo que sea buena idea —se rascó una mejilla, nervioso.
—No tengas miedo, yo tampoco sabía cargar bebés hasta hace unos momentos —alzó un poco al bebé. La sonrisa de Viktor no podía ser más grande y hermosa, iluminaba todo a su alrededor con tanta felicidad. Si Yurio estuviera ahí, ya habría dicho lo estúpida que era su sonrisa en forma de corazón y le diría que era un bicho raro.
—Tal vez luego —en verdad tenía miedo de cargarlo y de que se le cayera o algo por el estilo.
—Yo sí quiero cargarlo —pidió Irina, pero Viktor no quiso soltar a su sobrino.
Así que Irina se resignó y junto con Evgenia ayudó a Yuuri a poner la mesa para cenar mientras Viktor y Aleksi charlaban en la sala.
—Es todo un dormilón —acarició el poco cabello que tenía el bebé, no le podía quitar la mirada de encima.
—Se quedó dormido poco antes de aterrizar, vas a ver que estará despierto toda la noche —bostezó, recargándose en el sofá para cerrar unos momentos los ojos.
—Te ves terrible hermano.
—Casi no dormimos. Tener un hijo es más cansado que terminar la carrera de leyes.
—Pero si este bebé se ve tan inofensivo.
Aleksi abrió los ojos para mirarlo seriamente.
—Es un pequeño monstruo.
—Es tu hijo ¿Cómo puedes decir eso? —lo miró reprobatoriamente.
—No me malentiendas, es MI pequeño monstruo y lo amo más que a nada en el mundo, pero… —rio—. Acapara toda la atención de Evgenia por completo y sé que es normal, pero… —bajó un poco la voz—. Tenemos más de dos meses de abstinencia. No hemos tenido sexo en demasiado tiempo y eso es…
—Horrible.
—Es frustrante.
Ambos suspiraron al mismo tiempo, mirando a la nada.
—¿Yuuri y tú tienen mucho sexo? —se iba a arrepentir de preguntar aquello.
—Hay noches en las que no dormimos. De hecho, tenemos una lista en la que escribimos los lugares en donde queremos tener sexo, ya hemos tachado muchos de ellos, pero nos faltan bastantes más. El otro día fuimos al centro de patinaje y en los vestidores él y yo… —fue interrumpido
—Suficiente.
—Tú preguntaste —se burló un poco.
—Y me arrepiento de ello.
Se quedaron en silencio, mirando al bebé dormir. Sólo se escuchaba el ruidito tierno que hacía el éste al dormir y las voces de Yuuri, Evgenia e Irina desde la cocina, los tres hablaban en ruso y Viktor no podía más que sentirse orgulloso de su futuro esposo, hablaba muy bonito el idioma, su acento japonés estaba muy marcado y era precioso. Se preguntaba si acaso él se escucharía igual al hablar japonés, así de extraño.
—Yuuri ha mejorado en el idioma —notó Aleksi.
—Estoy tomando clases de japonés.
—Ya era hora. A ver, dime algo.
—¿Cómo qué? —inquirió en japonés.
—Vaya, sí sabes algo.
—Quiero decir mis votos en japonés, ya los tengo escritos y mi maestro me está ayudando para elegir las palabras correctas.
—Viktor, sabes que yo no entiendo nada del idioma ¿Verdad?
—Perdón —rio—. Te decía que ya escribí mis votos para la boda, los diré en japonés, por eso estoy tomando clases.
—Espero que no la cagues.
—Yo también.
—Oye. Yuuri me dijo que te has estado sintiendo mal últimamente.
—¿Uhm? —se sorprendió, qué chismoso era Yuuri.
—¿Está todo bien? —preguntó con cautela.
—Sí.
—Él está preocupado.
—En serio, Aleksi, no es nada serio —suspiró—. Sólo he estado algo tenso con lo de la boda y pues… el asunto de papá.
—¿Lo vas a invitar?
—No.
—Viktor…
—¡Por eso he estado enfermando! —exclamó con desesperación, intentando no alzar tanto la voz—. Y de todas formas, aunque le lleve una invitación sé que no irá.
—Entonces no pierdes nada. Hermano, tú solo te complicas la vida y te enfermas porque quieres.
Viktor ya no dijo nada, sólo suspiró.
La cena se sirvió y todos se sentaron a la mesa, vigilando al nene desde lejos, éste dormía plácidamente en el descansa bebés. La charla se hizo amena, el idioma ruso abundó en la noche, Yuuri se esforzó para seguir el ritmo de las conversaciones, agradeciendo que todos intentaran hablarlo lo más fluidamente posible para que pudiera entenderlo más fácil. Pero eso sí, para Yuuri no había nadie que hablara el idioma de manera más clara, bonita y fluida que su amado Viktor. Le encantaba escucharlo hablar otros idiomas además del inglés, su voz era más grave hablando en ruso, su acento lo derretía y se le antojaba demasiado sexy.
Cuando la cena terminó, decidieron descorchar una botella de vino tinto y brindar por la salud del nuevo integrante de la familia.
Yuuri no le quitaba la mirada de encima al nene, muy en el fondo quería tomarlo en brazos, pero le daba pavor que se le cayera.
—Cárgalo, Yuuri —insistió Evgenia.
—No quiero despertarlo, se ve que está muy cómodo.
Y como si el bebé hubiese escuchado aquello, comenzó a gimotear, pidiendo atención sin despertar por completo.
—Anda, hazlo. Yo te explicaré cómo —ahora insistió Viktor.
Yuuri suspiró, no le podía negar nada a su amado.
—Tienes un par de horas sabiendo cómo cargar a un bebé y ya me quieres dar clases —refunfuñó, mirándolo de soslayo.
—Pues sí sé más que tú, querido —se burló. Los otros tres se echaron a reír con ganas.
Finalmente Aleksi fue quien tomó a su hijo del portabebé para pasarlo a los brazos de Yuuri. El nene comenzó a llorar apenas tocó los brazos del japonés.
—No, no es buena idea —se puso muy nervioso.
—Tranquilo, es un dormilón, sólo se puso de malas porque lo despertamos —aseguró su padre.
—Ya se le pasará —sonrió Evgenia—. Anda, cárgalo. Sólo sostén bien su cabecita.
—¿Así?
—Perfecto —dejó a su hijo totalmente en brazos del japonés.
Los párpados del bebé se levantaron lentamente hasta que sus preciosísimos ojos azules hicieron conexión con los castaños de Yuuri. En ese mismo instante dejó de llorar.
—Hola Alexei —saludó con una tierna vocecita—. Eres precioso —le dijo en voz baja—. Muy, pero muy precioso —no podía apartar la mirada de esos ojitos que lo miraban fijamente. En ese momento hubo una conexión muy especial entre ambos, algo tan fuerte que era difícil de expresar con palabras.
—Se ve hermoso cargando a un bebé ¿No es así? —le preguntó Irina a Viktor en voz lo suficientemente baja como para que sólo él la escuchara.
Viktor asintió en silencio, sin dejar de observarlos.
Yuuri se animó a acariciar el cabello suave de Alexei, era oscuro, igual al de Aleksi. Su piel era tremendamente blanca, tal como la de los Nikiforov. Sólo sus regordetas mejillas se veían rosadas, también sus pequeños puñitos.
A su nariz llegó el dulce aroma a bebé que desprendía, era adorable, cálido, suave y muy tierno.
Todos habían insistido en que Yuuri cargara al bebé, sin saber que no querría soltarlo en el resto de la velada. Se la pasó hablándole con voz tierna mientras le hacía cosquillas o dejaba que le rodeara el dedo con toda su manita. Alexei se entretenía mucho con Yuuri, apretando su dedo y mirándolo fijamente.
Tuvo que devolvérselo a su madre cuando comenzó a llorar por hambre. Evgi lo tomó en brazos y se fue a darle pecho a la habitación que compartiría con su esposo esa noche. Poco después volvió con el nene completamente satisfecho, con sus ojitos completamente abiertos y mirando el espacio nuevo a su alrededor, pero, cuando Yuuri entró en su campo de visión, no le apartó la mirada. Evgenia se movió con su hijo por la sala y éste seguía con la mirada al japonés.
—Parece que alguien más se enamoró de Yuuri —bromeó Aleksi.
—Es lo que causa Yuuri en todos los Nikiforov —agregó Irina.
—No en todos —dijo Aleksi, refiriéndose a él.
—Claro que sí, querido —su esposa le palmeó la espalda—. Recuerdo que llegaste a casa un día, diciendo que tu hermano se había conseguido un novio muy "lindo".
Las mejillas del acusado se pusieron de color carmesí. Yuuri y Viktor rieron por ello y luego éste último se acercó a su sobrino y lo miró con fijeza. El nene sorprendentemente sostuvo la mirada seria y pesada del mayor.
—Me voy a poner celoso, Alexei —lo apuntó con un dedo, muy cerca de su rostro. El bebé no tardó en tomar el dedo con su manita para apretarlo con fuerza y llevárselo a la boca—. Tiene unos ojos enormes —se fijó—. Definitivamente eso lo heredó de ti, Evgi.
—Tal parece que fue lo único que sacó de mí. Es una copia exacta de su padre y de su abuelo.
—Papá se puso muy feliz al conocerlo —recordó Aleksi.
La expresión de Viktor cambió a una de total seriedad sólo por unos segundos antes de recuperar su ánimo. No dijo nada al respecto, se limitó a esperar a que saliera otro tema para comentar.
Alexei comenzó a sollozar un poco, entonces Yuuri se acercó a Evgenia, y con más seguridad que antes, pidió que le dejaran tomarlo en brazos. El nene se calmó al tener de nuevo en su panorama el rostro del japonés.
—Te ves muy bien con bebé en brazos —soltó Aleksi, sonriendo de lado, con una intención doble en su comentario.
—¿Tú crees? —sonrió como tonto, meciendo al bebé.
—¡Totalmente! —exclamó Viktor, emocionado.
Yuuri miró a su amado a los ojos, se quedó serio unos segundos antes de sonreír de una manera tan tierna que ni siquiera Viktor conocía.
Muy pronto Alexei volvió a caer rendido al sueño entre los brazos de su tío.
La familia Nikiforov estuvo un par de días en San Petersburgo antes de volver a Vladivostok a su vida normal. En su estadía pasaron momentos muy agradables con Viktor y Yuuri, les ayudaron a planear algunas cosas de la boda y les enseñaron mucho sobre bebés.
Durante esos días, Alexei se volvió casi inseparable de Yuuri, algo tenía el japonés que lograba tranquilizarlo cada vez que comenzaba a llorar.
—Hermano ¿Nos prestas a Yuuri una temporada? Mi hijo no se desprende de él.
—No, es mío —le sacó la lengua al bebé mientras éste lo miraba sin entender, con sus grandes ojos azules y sus espesas pestañas negras.
—No tienes remedio —rio Yuuri.
—Cuando se trata de ti, no.
—Extrañaré el olor a bebé —suspiró el japonés, acariciando la cabecita del nene antes de despedirse.
—Nos veremos pronto y en caso de que Alexei demande mucho la presencia de Yuuri, pues… vendremos a raptarlo —bromeó Aleksi.
—Me parece buena idea, pero tendrías que llevarme en paquete completo. Conmigo vienen Viktor y Makkachin —rio.
OoOoOoO
Faltaba sólo mes y medio para la boda. Viktor y Yuuri decidieron pasar ese tiempo en Japón, ambos extrañaban demasiado a la familia, sin mencionar que no estuvieron con ellos en fechas importantes como navidad y año nuevo.
Yuuri había extrañado bastante su ciudad, el clima, el aroma, el ambiente, todo.
Cuando llegaron a casa fueron muy bien recibidos, llenados de besos y abrazos fuertes. La familia estaba muy feliz de tenerlos ahí.
Y lo primero que hicieron luego de ser recibidos y desempacar, fue ir directo a las aguas termales a tomar un largo y merecido baño. Luego de eso comieron un delicioso katsudon en familia. Yuuri se permitió comer más de la cuenta, estaba muy feliz.
—¿De qué te ríes? —preguntó el japonés a su prometido. Recién terminaban de cenar. Viktor estaba tan lleno que se tiró sobre el tatami, de espaldas.
—Seremos una familia extraña, viajando de Rusia a Japón a cada rato. Quizás deberíamos vivir en Vladivostok —suspiró, había comido de más.
—Lo seremos —rio—. Viktor, quedarás como una vaca si te tiras así luego de comer.
—Está bien, tú eres mi cerdito y yo seré tu vaca.
—Qué gracioso, cuñadito —Mari se sentó a la mesa.
—Mari-neechan ¿Estás segura de que no quieres que les ayude un poco? Hay muchos huéspedes.
—No —sonrió—. Ustedes son huéspedes también, déjenos el trabajo a nosotros.
Viktor se incorporó.
—¿Hoy en la noche estarán muy ocupados? —preguntó el ruso con una inusual seriedad.
—Quizás ¿por qué? —respondió ella.
—Necesito hablar con toda la familia.
Yuuri alzó una ceja.
—¿Sobre qué?
—Ya lo sabrás —tomó su mano y la besó como todo un príncipe.
Esa misma noche la familia dejó a sus empleados a cargo del onsen y salieron a cenar al restaurante elegante al que los invitó Viktor.
—¿Qué tanto tramas? —inquirió Yuuri, sentado ya en la mesa, a un lado de su amado y familia.
El aludido no respondió, sólo rio un poco y antes de que les trajeran la cena…
—Señor y señora Katsuki —dijo en japonés, sorprendiendo un tanto a los aludidos—. Organicé esta cena porque antes no tuve la oportunidad de hacerlo formalmente —miró a su amado y tomó su mano por encima de la mesa—. Quiero pedirles de manera oficial la mano de Yuuri. Me encantaría que nos dieran su revisión.
Los señores sonrieron ampliamente, Mari también lo hizo, pero ella no aguantó la risa.
—Cuñado, dijiste "Revisión" y quiero pensar que te referías a "Bendición"
—¡Sí, eso! —sus mejillas se colorearon de rosa. Miró a Yuuri, notando que éste se encontraba casi babeando sobre el mantel, mirándolo como si fuera lo más hermoso en el mundo. Se sintió afortunado.
—Desde hace mucho tiempo formas parte de nuestra familia, Viktor, claro que tienen nuestra bendición —aseguró el señor Katsuki mientras Hiroko asentía efusivamente.
No parecía, pero Viktor había estado muy nervioso. Luego de esa respuesta se sintió enteramente aliviado.
—Se los agradezco mucho. Prometo cuidar de él todos los días de mi vida.
—Oh Viktor. Yo también cuidaré de ti, lo prometo.
—Dios, son unos cursis de lo peor —dijo Mari con una sonrisa enorme—. ¿Y en dónde van a vivir?
—En Rusia —respondió Yuuri. Su familia entristeció un poco—, pero vendremos muy seguido a Japón.
—Eso es un hecho —aseguró Viktor antes de llevarse un dedo a los labios—. Quería que fuese una sorpresa, pero ni siquiera yo me aguanto las ganas de decirlo —soltó una risita cantarina—. Mañana tenemos cita con una agente de bienes raíces, compraremos una casa aquí en Hasetsu para pasar temporadas aquí, quizás los inviernos, pues Yuuri muy apenas soportó el invierno pasado en casa.
—¡Estuvimos a -23°C! —se defendió.
—Por eso mismo, amor. Compraremos una casa cerca de la de tus padres.
—Oh Viktor, no es necesario —se avergonzó.
—Claro que sí.
Dicho y hecho. Al día siguiente fueron a ver casas. Durante todo el día Yuuri no dejó de sentir mariposas revoloteando en su interior. Caminaba con Viktor por las calles bonitas de las colonias nuevas que había en Hasetsu, los cerezos estaban prontos a florecer y la primavera anunciaba su cercana llegada. El aire olía a tierra mojada por la brisa fresca matutina. Todo eso, más la mano de Viktor afianzada a la suya, hacían el día más que perfecto.
"Estoy buscando casa con el amor de mi vida, mi ídolo, el hombre de mis sueños" pensaba Yuuri una y otra vez, no se lo podía creer todavía.
Visitaron muchas casas, pero ninguna les gustó del todo. Había unas muy grandes, otras demasiado pequeñas y algunas muy lejos del onsen.
—Esta es bonita —dijo Yuuri, caminando de la mano de su prometido y mirando la casa totalmente vacía.
—¿No es muy pequeña? —frunció los labios.
—Sólo somos tú, Makkachin y yo ¿Para qué quieres tanto espacio?
—Tienes razón —frunció más los labios, un tanto triste. Yuuri lo notó y se sintió muy mal por eso, quiso hacerle saber la decisión que tomó hace poco, pero prefirió esperar un poco más, quería hacerlo en el momento indicado.
Visitaron una casa más. Era amplia sin llegar a ser enorme, tenía pisos de madera fina y un estilo por completo oriental. A diferencia de la anterior, esta sí se encontraba amueblada, aunque todos los artefactos eran para mera decoración. La sala era amplia y tenía una cocina grande. El área para el comedor también era amplia, con unas puertas corredizas a un lado que los llevaba al hermoso jardín trasero. Era temprano por la mañana, así que los rayos del sol todavía provenían del este, entrando desde la parte posterior de la casa y dándole un aspecto totalmente acogedor.
—¡Ven! —Viktor tomó a Yuuri de la mano y se lo llevó al jardín. Vieron que era muy amplio, con un bello césped bien cuidado en toda su extensión y árboles frutales en algunas partes. Casi podían verse ahí los domingos por la tarde haciendo una parrillada con todos sus amigos.
—¡Son cerezos! —se emocionó Yuuri al mirar los árboles en todo su esplendor.
—Y un durazno —observó el ruso, cada vez más complacido con la bella casa.
—También hay un naranjo —señaló la agente de bienes raíces, mostrando el arbolito que estaba en un lugar que parecía poco apropiado para un árbol, justo en medio de todo—. En unos años crecerá y sus ramas llegarán a esa terraza —apuntó hacia el segundo piso.
Poco después fueron al piso de arriba y se maravillaron de igual forma. La casa era perfecta.
—Las paredes de la casa aún tienen pintura fresca y falta que le den algunos acabados al resto de las habitaciones, pero estará lista para amueblar y habitar en un par de semanas.
—Es perfecta —dijo Viktor—. Esta sería nuestra habitación —aseguró, paseándose por el cuarto acogedor—. Y en unos años, como dijo la señorita, el árbol llegará a esta terraza, llenando el cuarto con la fragancia de sus flores.
Yuuri miró a su alrededor soñadoramente, todavía no podía creer que fuese verdad todo aquello.
—Ahora vuelvo —la agente de bienes raíces salió para responder una llamada. Poco después volvió y se disculpó, pues tenía que retirarse unos momentos, prometiendo no tardar más de veinte minutos.
—Y en unos años estaremos aquí, durmiendo sobre nuestra cama —continuó Yuuri—, con las puertas del balcón abiertas para que la brisa fresca nos llegue, junto con el perfume de las flores —abrazó a Viktor desde un costado, poniendo una mano en su pecho firme y cálido—. Y entonces te despertaré con muchos besos en todo el rostro.
Viktor cerró los ojos e imaginó esa escena, casi podía sentir el aroma de las flores y la fresca brisa veraniega, el calor de Yuuri a su lado, mimándolo como siempre.
Pero entonces Yuuri siguió narrando esa bella "historia".
—Te despertarás, y luego de darme un beso en los labios, nos daremos cuenta de que nuestros hijos se escabulleron hasta nuestra cama en la madrugada —miró la cama de muestra que había en la alcoba—. Necesitaremos una más grande que esa para que quepan los niños y Makkachin ¿No crees? —su sonrisa soñadora y hermosa se ensanchó al ver la incredulidad en el rostro de Viktor.
—¿Qué? —ya tenía los ojos bien abiertos, buscó de inmediatos los de su amado. Los miró fijamente y notó ese brillo tremendamente cautivante en su expresión—. Yuuri Katsuki ¿Qué acabas de decir? —le preguntó con una sonrisota en el rostro al mismo tiempo que lo abrazaba por la cintura, balanceándolo un poco de un lado a otro, juguetón.
—Lo que oíste, Viktor Nikiforov.
—Pero… —parpadeó, completamente confundido—. Tú dijiste que…
—Eso era antes de que conociera a Alexei. No sé… desde el momento en que lo tomé entre mis brazos, sentí una profunda conexión, un amor que jamás había experimentado, luego vi tu trato hacia él y me di cuenta de que criar hijos sería verdaderamente maravilloso si es contigo.
El ruso ya no dijo nada, bajó un poco su rostro, lo suficiente para que su novio no lo viera.
—¿Viktor? ¿Qué ocurre mi amor? —levantó su flequillo con una mano, casi como si se tratara de una cortina. Así vio con sorpresa que no dejaba de derramar lágrima tras lágrima. Eran gruesas y salpicaban de sus ojos cada vez que pestañeaba. Parecían lágrimas de cristal, del más caro y fino del mundo.
Entonces alzó su rostro y miró al japonés fijamente a los ojos por unos segundos, sin decir nada.
—Tú… —se le quebró la voz, Yuuri no lo soportó y apretó la cabeza del ruso contra su pecho, sin importar la diferencia de alturas. Esto hizo reír a Viktor, quien se separó del abrazo y lo volvió a mirar para continuar—. Me haces tan feliz, tan, tan feliz… —no pudo decir más, lo abrazó asfixiantemente y lo alzó del suelo, girando sobre su propio eje.
Yuuri reía, hasta que terminó muy mareado. Viktor estaba eufórico.
—¡Hablaré con Aleksi y le diré que nos ayude con los trámites de adopción!
—¿Qué? —preguntó, riéndose.
—¡Sí! en navidad él se ofreció a ayudarnos en caso de que decidiéramos adoptar. Dijo que estuvo investigando y que podríamos adoptar fácilmente en otros países y que él puede ayudarnos para que todo sea más rápido y fácil.
—¿En serio? —se le iluminaron los ojos.
—Pero antes debo preguntarte algo…
—Dime.
—¿Quieres tener hijos ya? ¿O prefieres esperar un poco?
—La verdad… me gustaría disfrutar nuestra vida de casados un tiempo, luego podríamos adoptar —miró la expresión de su amado y rio—. No te preocupes mi vida, no cambiaré de opinión, ya lo he decidido y quiero tener hijos contigo.
Nuevamente Viktor se emocionó y lo alzó para girar con él entre sus brazos.
Sin darse cuenta terminaron chocando contra el duro colchón, cayendo en éste y estallando en carcajadas. Cuando sus risas se calmaron, recuperaron el aliento sólo para volver a perderlo en un beso francés muy demandante. No entendían cómo de la risa pasaron a un momento tan íntimo y caliente.
Sus alientos se mezclaban, sus latidos estaban desenfrenados y sus manos buscaban un contacto más íntimo con desesperación.
—Espera, la agente volverá en cualquier momento —lo detuvo Yuuri.
Viktor miró su reloj. La señorita se había ido hace no más de cinco minutos.
—Tenemos quince minutos.
—Quince minutos, eh… —Yuuri sonrió de lado, completamente galán—. Tendrás que ser muy rápido, Vitenka.
No fue necesario más, Viktor se echó sobre su casi esposo y le metió mano bajo la ropa, Yuuri no se quedó atrás e hizo lo mismo, pero sobre los jeans de su amado.
La temperatura fue subiendo de manera rápida. En la habitación sólo se escuchaba el ruido que hacía esa fea cama cada vez que se movían, junto con el sonido de sus besos húmedos y una que otra risilla.
Viktor se sentó sobre los muslos de Yuuri, desabotonando con premura cada botón de su camisa.
Yuuri no perdió el tiempo, estiró sus manos hasta la camisa de Viktor y en vez de desabotonarla, simplemente la abrió con fuerza. Los botones saltaron por todas partes y eso sólo encendió más la excitación de Viktor, quien mirándolo con deseo, besó sus labios arrebatadoramente.
Tenían poco tiempo, querían aprovecharlo porque esa calentura no aguantaría hasta llegar a casa.
Se revolcaron en la cama hasta que Yuuri quedó sobre su amado. Con desesperación le desabrochó el cinto y le bajó el cierre de los jeans, luego, con su mano derecha jaló hacia abajo tanto el pantalón como la ropa interior, tirando accidentalmente de uno que otro vello. Viktor se quejó por eso y empezó a reír al ver el sonrojo en las mejillas de Yuuri, éste volvió a tirar de la ropa, notando en el intento lo duro que estaba ya su novio. De un tirón le bajó por completo las prendas, dejándolo al fin desnudo. Se iba a desvestir a sí mismo, pero Viktor lo empujó hasta posarse sobre él.
—Permíteme —se relamió los labios antes de arrancarle la ropa por completo. Sus dos manos fuertes bajaron su pantalón en el primer intento. Lo dejó sólo con su bóxer negro. Volvió a relamerse los labios al observar de pies a cabeza el lindo cuerpo de su novio, vaya que era afortunado al tenerlo.
Yuuri se impacientó un poco y movió sus caderas para hacerle saber a su pareja que no les quedaba mucho tiempo.
Viktor retomó su tarea y ahora con una sonrisa malévola en los labios pasó su mano derecha por debajo de la espalda de Yuuri y con la izquierda tiró fuertemente de su bóxer hasta dejar descubierto su lindo miembro. No pasaron ni dos segundos antes de que el ruso alzara un poco el cuerpo de su novio para poder introducir en su boca el pene ya erecto de Yuuri. Éste se llevó un brazo sobre los ojos, completamente extasiado. No se molestó en demostrar lo mucho que lo excitaba aquello, jadeó y gimió con fuerza.
Los oídos del ruso se deleitaban al escuchar esos hermosos gemidos, eso sólo le indicaba que hacía bien su trabajo. Notó cómo su novio enterraba su mano en las sábanas, apretándolas fuerte cada vez que dedicaba especial atención al glande, con su lengua húmeda y caliente.
—Oh Viktor… —quería decirle muchas cosas, pero su mente no daba para más, veía estrellas y estaba mareado, muy agitado. Ni siquiera recordaba cuándo había sido la última vez que Viktor le hizo un oral tan… no podía describirlo.
Se retorció de placer debajo de su amado cuando éste introdujo todo el miembro en su boca, por completo. El cabello platinado de su prometido le hacía cosquillas en el vientre bajo, su lengua lo llevaba hasta el cielo y sus dientes peligrosos y afilados… le hacían decir incoherencias.
Incorporándose sólo un poco con la ayuda de sus codos sobre la cama pudo ver la majestuosa escena de Viktor engullendo su miembro. Era una imagen que quedaría tatuada con fuego en su memoria por la eternidad. Sus mejillas estaban sonrojadas, de sus ojos salían unas pequeñitas lágrimas por el esfuerzo realizado y sus bellos ojos estaban cerrados, hasta que de pronto sus párpados se levantaron y esos cielos celestes lo miraron con picardía. De inmediato y sin detener su trabajo, Viktor esbozó una sonrisilla traviesa.
—¡Dios! —se llevó ambas manos al rostro, no podía con tanta sensualidad.
Se retorció más de placer cuando sintió una mano escurridiza y traviesa reptando por su torso hasta llegar a uno de sus pezones. Viktor lo apretó y masajeó, causando jadeos, casi gritos, en su novio. Se sentía orgulloso y quería seguir haciéndolo, pero no les quedaba mucho tiempo. Dejó que su saliva escurriera en el miembro de Yuuri hasta llegar a su ano. Llevó su mano ahí e introdujo dos dedos, causando más estremecimientos en su pareja.
—Oh Viktor, oh…
—Dijiste que fuera rápido —no le importó que el bóxer de Yuuri aún colgara de uno de sus pies, ni el hecho de que la cama había quedado toda revuelta. Sólo quería hacerlo suyo ahí y ahora.
Alzó más las caderas de Yuuri y metió su miembro de inmediato en él, bombeando al instante.
Yuuri no contuvo su ronco gemido, había sido tan repentina la intromisión, y tan profunda que apretó incluso los dedos de sus pies. Tomó a Viktor de la nuca con ambos brazos y lo atrajo hacia sí, enredando sus manos en el sedoso cabello platinado, jalándolo y acariciándolo sin dejar de besar esos delgados labios que tanto amaba.
Sus narices chocaban en cada beso que se daban, sus alientos cálidos se mezclaban y sus cuerpos pedían más cada vez.
Viktor aumentó la profundidad de las embestidas, llegando cada vez más lejos y haciendo desfallecer a su novio. Yuuri suspiraba dentro de los besos pasionales que no se terminaban, degustando cierto sabor diferente en los labios de Viktor. No le desagradaba, al contrario, se le hacía un tanto morboso probar su propio sabor en los labios de él. Eso sólo lo excitaba más.
Abandonó los labios de Yuuri sólo para irse directo a su cuello, quería morderlo y dejar un recuerdo de ese momento en su suave y pálida piel.
—Oh, Viktor… ¡Ah! —gimió al sentir cómo succionaba su piel y luego la mordía, sabía que le quedaría un gran moretón y eso le encantaba.
Las embestidas eran tan fuertes que, como en otras ocasiones, se fueron resbalando en el colchón hasta llegar a la orilla, pero antes de caerse Viktor se levantó con Yuuri pegado a él como koala y sin sacar su pene de Yuuri, lo empotró contra la pared más cercana, ahí siguió con su tarea, alcanzando un punto dentro de él que no había logrado tocar del todo estando en la cama, la gravedad les ayudaba mucho en ese momento.
Yuuri estaba pescado con sus brazos del cuello de Viktor, gimiendo en su oído y enredando sus piernas en su cintura, dándole completo acceso a él.
—Viktor, yo… me vengo ¡Uhm!
—Hazlo mi amor, hazlo —besó sus labios con una pasión irrefrenable, enterrando sus dedos en las nalgas del menor hasta dejar marca de ellos.
Yuuri se vino en un fuerte y prolongado orgasmo, cerró los ojos y echó su cabeza hacia atrás, Viktor aprovechó para besar más su cuello. El pobre japonés sintió cómo todo su cuerpo temblaba bruscamente mientras se venía por completo, manchando el vientre de su amado y el propio con todo su semen.
El ruso no tardó mucho en alcanzar su clímax, fue suficiente ver la expresión orgásmica de Yuuri para que finalmente se dejara venir dentro de él, llenándolo.
Jadeando, exhaustos y temblorosos unieron sus frentes. Frotaron sus labios contra los del otro en un beso cansado, necesitaban recuperar el aliento. De pronto Viktor se sintió muy débil, tuvo que bajar a Yuuri, pero a éste le temblaron las pierna cual gelatina.
Con dificultad, ambos llegaron a la dura cama y se tumbaron sobre ella, bocarriba y respirando agitadamente.
Había sido un rapidín muy intenso.
—Fue maravilloso… increíble, mi amor —Yuuri se dio media vuelta hasta pasar su muslo sobre el vientre de su amado.
—Te mereces eso y más —besó su frente y lo rodeó con un brazo mientras miraba el reloj en su muñeca izquierda—. Lo hicimos en once minutos.
—Nos quedan cuatro.
Viktor le hizo una cara demasiado provocativa.
—¡Para vestirnos, tonto! —se rio a lo grande.
—Yo no sugerí otra cosa.
—Tu expresión lo hizo por ti —le picó una mejilla con el índice, dedo que luego Viktor mordió y finalmente chupó de una manera muy sensual.
Yuuri prácticamente babeó, pero se apresuró a levantarse y vestirse, en cualquier momento podía volver la chica.
Viktor se quedó tumbado en la cama, medio incorporado al apoyarse en un codo mientras veía de abajo arriba a su prometido. Sus preciosos muslos tan bien formados, su trasero redondo y apetecible, su cintura angosta y…
—Amor —rio—. Yuuri —se puso de pie y lo abrazó por la espalda antes de que comenzara a vestirse—. Estás todo manchado de pintura.
—¿Eh?
—Tu espalda —señaló.
—¡¿Ehh?! ¡¿Cómo?!
—La pintura estaba fresca, recuerda lo que dijo la agente.
—¡Y aun así me pegaste a la pared!
—Lo siento, no lo recordaba en ese momento, tenía asuntos más importantes por atender—acarició el pene del menor y éste sintió cómo un escalofrío lo recorrió de pies a cabeza, aún estaba muy sensible.
—Hay que vestirnos, luego me lavaré —pegó su espalda al pecho de su novio, manchándolo intencionalmente.
—¡Ey! —se quejó, riendo.
—Ya estamos a mano.
—No, me debes un oral —respiró en su cuello—. También quiero que seas tú quien me lo haga esta noche —casi ronroneó.
—Oh Viktor, no me digas eso ahora, porque… —se giró entre sus brazos hasta tenerlo de frente—…soy capaz de hacerte el amor aquí mismo.
—Nada lo impide —entrecerró sus ojos antes de unir sus labios con los de él.
Los labios de ambos estaban hinchados por los besos y las mordidas repartidas, pero no les importaba, estaban más ocupados jugando con sus lenguas, o al menos así lo fue hasta que…
—Disculpen la demora —entró la joven mujer—. Oh, lo siento ¿Interrumpo algo? —sonrió, coqueta.
Yuuri intentó huir, espantado y muy avergonzado, pero Viktor no lo permitió al abrazarlo fuerte contra su pecho y girándose para que la mujer no pudiera ver del todo a su cerdito. Yuuri se escondió en el pecho de su amado, sentía que le salía humo por las orejas.
—¡Compraremos la casa! —exclamó el ruso con mucha alegría, utilizando lo que ya sabía de japonés y sin soltar a su cerdito.
—Excelente, agendaré la cita para la compra, por ahora los dejo, la casa es toda suya. Felicidades —guiñó un ojo y salió de ahí con mucha tranquilidad, aunque por dentro gritaba de emoción por haber visto a ese par en casi plena acción.
—¡Ahhhh! —gritó Yuuri, muy rojo y avergonzado—. ¿Por qué siempre nos pasan estas cosas?
—Porque somos un par de insaciables —lo atrapó de la cintura y devoró su boca—. Vamos a casa de tus padres para que puedas tomar un baño —besó su frente, conteniendo sus ganas a pesar de recién haber hecho el amor.
Viktor miró la pared en donde había empotrado a su prometido y soltó una risilla. Se veía la marca de la espalda de Yuuri en la pared, y era algo que jamás iba a borrar, dejaría esa marca como recuerdo de la primera vez que hicieron el amor en su casa, de ambos. El mismo día en que Yuuri aceptó tener hijos con él. No podía estar más feliz.
OoOoOoO
Se metió al agua y soltó un suspiro lleno de satisfacción pura. Se habían lavado el cuerpo en las regaderas. Ayudó a Yuuri a quitarse toda la pintura de la espalda y luego se fueron a las tinas privadas para relajarse un poco. Había clientes en las aguas termales más grandes, así que optaron por una individual.
Ahí estaban los dos, dentro de la bañera, frente a frente.
—Como en los viejos tiempos —suspiró Viktor, recargado en su lado de la bañera redonda. Se suponía que eran individuales, pero eso poco les importaba a ambos.
—Como en los viejos tiempos —el japonés sonrió con nostalgia y de inmediato alzó uno de sus pies al aire, justo frente a su amado—. ¿Por favor? —hizo carita de cachorro, a lo que Viktor rio y aceptó de inmediato.
—No puedo creer que años atrás estábamos en esta misma bañera. En ese entonces te aterrorizaba que te viera desnudo y no te atrevías tampoco a verme.
El vapor a su alrededor comenzó a intensificarse, el agua estaba tremendamente agradable y el momento no podía ser mejor, tal como en los viejos tiempos, cuando sólo eran entrenador-pupilo.
—Eras tan inocente en ese entonces, tan pudoroso, y ahora… —dejó de masajear el pie de su prometido y alzó la mirada para toparse con el eros en su máxima expresión. Yuuri lo miraba desde su lugar, con todo el cabello hacia atrás y una mirada que derretiría a cualquier ruso de hielo.
—¿Y ahora? —deslizó su pie libre hasta posarlo en el vientre de su casi esposo.
—Ahora eres… —sintió cómo el pie iba bajando poco a poco, tragó en seco cuando llegó más debajo de su ombligo—… eres tan…. Eros.
Yuuri soltó una risita traviesa antes de poner su pie justo en la entrepierna de Viktor, notando que ya estaba levemente endurecido. Él se encargó de ponerlo completamente erecto, usando también su otro pie.
—Oh… Yuuri —suspiró pesadamente, echó su cabeza hacia atrás y apoyó sus brazos a los lados, sobre el borde de la bañera.
—Abre tus piernas —pidió y el otro obedeció, abriéndolas todo lo que la bañera le permitía. Yuuri masajeaba su pene con ambos pies, jamás lo había hecho y era muy placentero para el ruso. A Viktor le gustó tanto que se quedó así, echado hacia atrás, con los ojos cerrados y disfrutando de cada segundo.
Esa mañana descubrieron lo placenteras que podían ser ese tipo de caricias, en especial Viktor, quien quedó sorprendido por la habilidad de esos pequeños pies tan bonitos.
OoOoOoO
Insistió día y noche para que lo dejaran organizar la despedida de solteros de ambos. Christophe Giacometti logró su cometido, pero no por completo.
—Oh vamos. Deben de tener una despedida cada uno por separado.
—¿Para qué?
—Viktor, es tu despedida de soltero ¿Piensas pasarla con tu prometido? ¡No! Claro que no. Cada uno debe de tener la suya.
—No.
—¿Qué? ¿Te pones celoso al pensar en un stripper bailándole a tu novio?
Viktor frunció los labios, dándole por completo la razón a su mejor amigo.
—Espera ¿Strippers?
—Vamos hombre —le palmeó la espalda con fuerza—. No te hagas el santurrón ahora —rio con ganas—. ¡Por supuesto que los habrá! Es la última oportunidad de ambos para hacer todas las locuras que no podrán hacer de casados.
—No —fue tajante, no le gustaba la idea.
—Mira que ya hablé con Yuuri y estuvo de acuerdo.
—¡¿Qué?!
—Bueno, no. ¡Pero deberían de estarlo! ¿Quieres que tu despedida sea una cena aburrida? ¡No! No vinimos todos tus amigos desde lejos sólo para eso. Además, no por nada soy tu mejor amigo y el encargado de organizar la fiesta.
—Te autonombraste encargado, no hubo otra opción.
—Phichit me está ayudando —ignoró el fastidio de su amigo—. Y tenemos muy buenas ideas.
—Lo que sea menos fiestas separadas, no tiene sentido, tenemos los mismos amigos —alzó los hombros—, hagámosla todos juntos.
Y a final de cuentas se hizo lo que los futuros esposos quisieron: una misma fiesta, pero llena de sorpresas.
Arreglados, guapos y perfumados, salieron del onsen para que sus amigos se encargaran de preparar el lugar para la fiesta. La familia Katsuki se fue a descansar el fin de semana a un hotel, junto con Makkachin, Evgenia e Isabella, ambas con sus bebés.
Estuvieron alrededor de tres horas paseando por la ciudad hasta que anocheció.
Volvieron a casa y se la encontraron por completo a oscuras. Se trataba de Christophe Giacometti y Phichit Chulanont como organizadores, así que se esperaban cualquier locura.
—Ya son las nueve —suspiró Viktor, parado ante la puerta del onsen.
—¿Es normal que tenga miedo de entrar a mi propia casa?
—Yo también tengo miedo, me sudan las manos, ve —tomó su mano.
—Sí, te están sudando mucho —hizo una mueca de asco muy chistosa.
Viktor y Yuuri se miraron a los ojos unos segundos antes de echarse a reír. Se tomaron de las manos y entraron al lugar.
—¡Ya era hora de que llegaran! —los recibió Phichit, arrastrándolos hasta el comedor principal, donde los esperaban sus amigos. Miraron hacia todos lados. La situación se veía demasiado tranquila. Otabek, Yurio, Aleksi, J.J., Minami, Masumi y Chris los esperaban, charlando tranquilamente entre ellos.
—Esto es sospechoso ¿No crees? —susurró Yuuri en el oído de su pareja.
—Demasiado. Mira, no invitaron a tu padre, tampoco a Yakov…
—Parece que no ¿Por qué?
No dejaban de susurrarse cosas.
—Algo traman, si en verdad fuese a ser una fiesta tranquila, los hubieran invitado.
—Tienes razón —comenzó a preocuparse.
Todo comenzó bien, cenaron en completa armonía, había alcohol, pero era moderado, hasta que la cena terminó.
—¡Es hora de jugar! —Chris salió de la cocina con un gran pepino en la mano derecha y una botella de tequila en la otra.
—Lo siento, no estoy tan ebrio como para algo así —alegó Phichit entre risas tontas antes de que el suizo le lanzara la botella.
—Prepara los shots. Y el resto, pónganse de pie, vamos a jugar al "pepino caliente".
Todos se miraron entre sí, preocupados por lo que podría ser ese jueguito.
—Chulanont, sirve rápido esos shots, que todos están muy serios.
Chris los acomodó en el orden que le pareció divertido, en una hilera, hombro con hombro, entonces procedió a explicar el dichoso juego.
—Se van a poner este pepino entre las piernas.
Todos rieron, excepto Otabek, quien miraba todo con seriedad, preguntándose si había hecho bien en asistir a ese evento.
—Y se lo van a pasar al de al lado. Voy a poner música y quien tenga el pepino entre sus piernas al momento en que yo detenga la canción, se tomará un shot de tequila. Va el mismo castigo para el que tire el pepino al suelo ¿Quedamos?
—¿No es un juego algo tonto? —inquirió Yurio con fastidio.
—Cállate y ponte el pepino entre las piernas —sin previo aviso, él mismo se lo metió a Yurio.
Y así el juego comenzó. Yurio se lo pasó con éxito a Yuuri, quien sonrojado y nervioso se lo pasó al siempre serio Otabek, él lo tomó entre sus piernas, pero se le cayó al suelo. Fue el primero en tomar un shot. El juego continuó, Otabek le metió el pepino entre las piernas a un muy emocionado J.J., quien juraba que iba a ganar ese juego, hasta que se giró y se topó a Viktor, viéndolo con seriedad.
—No lo estropees, Leroy.
El aludido alzó una ceja y se lo pasó con éxito, pero en ese mismo instante la música se detuvo y Viktor tuvo que tomar tequila, haciendo a un lado su desprecio por esa bebida.
El juego continuó por un rato más, cada vez eran más seguidos los shots. De vez en cuando cambiaban el orden de la hilera. En una de esas veces le tocó a Viktor pasarle el pepino a su novio, lo hizo de la manera más sugestiva y provocativa posible. Lo tomó de las caderas y lo pegó repentinamente a las suyas, sus cuerpos estaban pegados, Yuuri respiraba agitadamente por la mirada tan sexy que le dirigía su novio, hasta que sintió algo duro entre sus muslos, era el pepino que intentaba pasarle sin que se cayera. Lo embistió con él hasta que quedó entre los bonitos muslos del japonés.
Yuuri estaba tan azorado por ese simple acto, que dejó caer el pepino al suelo, terminó tomando un poco más de tequila antes de pasar el pepino a nadie más y nadie menos que a su cuñado. Se sentía un poco mareado y nervioso, su cuñado lo ponía aún más nervioso con esa mirada divertida y su sonrisa sugestiva idéntica a la de Viktor.
—Vamos amor, métele el pepino a mi hermano.
—¡Cá-cállate! —se sonrojó hasta las orejas. Todos estallaron en carcajadas que aumentaron al ver que el pobre dejaba caer el vegetal de nuevo. Volvió a beber. El tercer intento finalmente fue el exitoso, pero de nuevo la situación se volvió graciosa cuando Aleksi tuvo que pasarlo al mejor amigo de su hermano, quien ya lo miraba con picardía, esperando ese pepino.
Masumi detuvo la música, haciendo que el ruso perdiera y decidieran cambiar de juego.
Hasta ese punto, los que más habían bebido eran Yuuri y Viktor. Al ruso no se le notaba, pero Yuuri ya tenía las mejillas un poco rojas.
A ese juego le siguió otro que consistía en reventar un globo, sentándose en el regazo de otra persona, tenían sólo diez segundos para lograrlo, de lo contrario tendrían que tomar un trago por cada segundo extra que tardaran.
Los primeros en jugar fueron los novios. Viktor se sentó en la silla y puso el globo inflado sobre su regazo.
—Vamos Yuuri, hazlo como siempre lo hacemos.
—¡Viktor! —se avergonzó un poco, pero se le pasó pronto, pues comenzó a correr el tiempo y no tardó ni tres segundos en reventarlo. Sólo dio un gran sentón sobre su novio y logró su cometido, dejando impresionados a todos.
—Vaya que tienen práctica en eso —se asombró Minami. Viktor le guiñó un ojo, orgulloso.
A los ganadores les tocó elegir a la siguiente pareja: Otabek y Jean.
—¡Reventaré ese globo en dos segundos! —exclamó el canadiense, emocionado.
—No, tú estarás sentado —se burló Viktor, divertido con la situación. El pobre de Otabek los miraba con cara de "¿Yo qué culpa tengo?" pero las reglas eran las reglas.
El kazajo usó un método muy diferente al de los novios. Se acercó de frente a su excompañero de pista y de un sentón reventó el globo, quedando sentado sobre su regazo, de frente y muy pegados.
—¡Párate ya de ahí! —exclamó el rubio, casi rugiendo por eso.
Otabek sonrió para sus adentros, amaba ver a su novio celoso. Y sólo para molestarlo más, lo eligió a él, y J.J. eligió a Yuuri nuevamente.
Eso fue demasiado cómico, pues de nuevo el japonés tuvo que reventar el globo, pero no pudo, por más que lo intentó, no lo logró. El globo salió volando y dio un fuerte sentón en la entrepierna del rubio, quien se sonrojó hasta las orejas, casi le salía humo por la vergüenza y a Otabek por los celos, le había salido el tiro por la culata al kazajo, más todavía al notar el sonrojo insistente en su novio.
Yurio de pronto hizo contacto visual con Otabek y ambos sonrieron muy levemente. Su lenguaje de miradas nadie lo entendía, sólo ellos.
Antes de terminar el juego, Minami y Phichit fueron elegidos.
—¡Más fuerte! —le decía Phichit a su novio, motivándolo, pero a ambos les terminó ganando la risa. El globo salió volando hacia un lado mientras se carcajeaban con singular alegría.
—¡El juego aún no termina! —tomó a Masumi de la mano y lo jaló hasta sentarlo en la silla. Puso el globo justo sobre su entre pierna y luego miró a sus amigos—. Les voy a enseñar cómo se hace —guiñó un ojo y abrazó a su novio por el cuello, meneando sus caderas como si le estuviera haciendo un baile. Y así en menos de dos segundos ya lo tenía reventado.
—¡Ey, ya se reventó el globo! —exclamó Viktor en voz muy alta, pues su amigo seguía dando sentones cada vez más sensuales. Sin embargo Masumi no se quejaba, sólo tenía ojos y manos para su amado.
Más tarde y estando más borrachos, iniciaron un nuevo juego.
—¿Es en serio? —se quejó Yurio—. Esto parece una mala pijamada.
—¿Disculpa? —Phichit y Chris dijeron al mismo tiempo, alzando una ceja en completa inconformidad.
Sólo por eso decidieron que el pequeño ruso sería el primero en el siguiente "juego".
Chris se fue unos momentos y regresó después con un par de hombres muy guapos, vestidos de traje, parecían extranjeros. Los presentaron. El primero, de ojos claros y cabello corto y rubio se llamaba Tom; el segundo de ojos muy similares y cabello negro, se llamaba Jhonny. Los dos eran tremendamente sensuales a pesar de aún traer toda su ropa puesta.
Las luces se apagaron y otras más pequeñas que estaban ocultas se encendieron, dándole un aspecto de antro a esa parte del onsen. Todo estaba oscuro, excepto por la luz negra que había instalado Chris con la ayuda de Phichit.
—Empiecen con él —les dijo el suizo a ambos hombres, estos sonrieron sensualmente y se acercaron a Yurio, sentado en la sala como el resto.
Una canción de ritmo lento y marcado comenzó a sonar, dándole el toque perfecto a ese momento.
—¿Qué es esto? —se alarmó el jovencito de apenas diecinueve años—. Ey, no —hizo un gesto con la mano para que se alejaran de él, pero obviamente no hicieron caso, al contrario, se le acercaron peligrosamente mucho, bailándole alrededor de la silla y poniendo en peligro su integridad física.
Yurio alzó la miraba en busca de ayuda, pero todos sus amigos lo miraban con mucha diversión, se estaban aguantando las carcajadas al ver al pobre "niño" en medio de esos dos hombres bien dotados de todas partes.
Incluso Aleksi y J.J. se divertían a lo grande. Yurio sólo podía pensar en que muy pronto sería el turno de ese par de heterosexuales y él sí que se burlaría sin frenos.
Buscó a su novio con la mirada, estaba seguro de que él lo auxiliaría, pero inmensa fue su sorpresa al verlo reír tanto como los demás.
—¡¿Pero qué demonios te ocurre?! —pensó con histeria al verlo tan campante ¿Acaso no sentía celos? Pues ahora se los iba a provocar.
Yurio les sonrió a Johnny y a Tom y aceptó sus bailes exóticos alrededor de él. El de cabello oscuro tomó la mano del jovencito y la puso sobre su nalga antes de guiñarle un ojo. Yuri sonrió internamente con mucha maldad al ver de reojo la reacción de su novio, estaba pálido al ver que incluso apretaba ese trasero.
Jean y Viktor tuvieron que detener a un muy malhumorado Otabek para que no se le fuese encima a esos dos apuestos strippers.
Tom, el stripper rubio, se apartó de Yurio y fue en busca de una nueva presa. Miró a todos los presentes y terminó enfocando sus ojos en ese lindo japonés sonrojado y de cuerpo bonito.
Los sentidos de Viktor se alertaron a pesar del grado de alcohol en su sangre. Una alarma se encendió en su mente al ver a ese hombre acercándose a su cerdito, iba a ir hacia ellos, pero se detuvo al ver que Yuuri controlaba bien la situación.
—Lo siento, me voy a casar en unos días —negó sus servicios con una amable sonrisa.
—Oh, entonces tú eres el que se va a casar —sonrió de lado, viéndose peligrosamente más sexy.
—Y yo soy el otro —Viktor apareció detrás del rubio, dejándole en claro que ese japonés ya era cerdito casado prácticamente.
—¡Oh! —sonrió más antes de llamar a su compañero, éste dejó de bailarle a Yurio y corrió para sentar a Viktor en una silla y comenzar a bailarle, lo mismo hizo Tom y así la noche se puso más caliente.
Todos observaban atentos cómo los strippers hacían muy bien su trabajo. Bailaban alrededor de los novios con el ritmo de la música de fondo que puso Chris. Los invitados soltaban exclamaciones cada vez que hacían algo más atrevido, como cuando ambos se sacaron los pantalones de un solo tirón, al igual que el resto de su ropa. Quedaron sólo con su calzado, la ropa interior muy ajustada y con moño y corbata en sus cuellos.
Viktor y Yuuri no lo iban a negar, les gustaba lo que veían. Johnny se movía sensualmente, muy cerca de Viktor, y Tom hacía uso de toda su masculinidad para provocar que el japonés casi babeara.
Los novios dejaron que les bailaran. Viktor no reaccionaba muy favorablemente, cosa que aburrió a Johnny y se fue en búsqueda de una nueva víctima, eligiendo a Aleksi, a quien se le puso el rostro de mil colores.
"¡Él tiene esposa y un hijo!" exclamaron algunos de los invitados, pero eso sólo hizo más divertido el asunto para el nudista quien dio todo de sí en ese baile sensual, restregándole su trasero y un poco más…
Viktor se quedó sentado, cruzado de brazos y refunfuñando al ver cómo le bailaban a su prometido y cómo éste se dejaba manosear. Ese hombre, Tom, sí que sabía cómo cautivar a Yuuri y eso sólo le hacía hervir la sangre en celos. El hombre comenzó a bajarse el bóxer lentamente, frente al rostro de un Yuuri casi morado por la vergüenza. Viktor no soportó más y se puso de pie, dispuesto a terminar con aquello.
—Ey, ey, ey ¿A dónde vas? —Chris lo tomó del brazo y lo hizo girar para llevarlo a otra dirección.
—¡Con mi prometido! ¿Ya viste lo que le está haciendo a Yuuri? —lo apuntó con un dedo. Chris inclinó su cabeza hacia un lado y miró la escena con completa diversión.
—Sí, no sabía que el rostro de Yuuri pudiera ponerse tan rojo, creo que ha roto un récord —se burló.
Viktor bufó y estuvo a punto de darse la vuelta e ir por su amado, pero Chris de nuevo lo interrumpió.
—Hombre, deja que disfrute un poco. Tú lo tendrás el resto de tu vida, fiel a ti. Deja que se aloque un poco esta noche.
—Por eso querías fiestas separadas ¿No es así?
—Por supuesto —rio y le extendió una bebida—. Cálmate y bebe un poco que ya se te está bajando lo de los juegos.
Viktor frunció las cejas, los labios y refunfuñó mil y una veces. Aceptó el trago y se lo bebió de una sola intención sin dejar de mirar con amargura cómo a ese Tom le había gustado bastante su cerdito.
Después de contener sus celos por un buen rato, se hartó.
Con su puño cerrado golpeó la mesa en donde estaba y caminó a pasos agigantados hasta llegar a su novio.
—Con permiso —empujó al rubio que le bailaba y luego de tomar un shot de tequila que tenía al alcance, se arrancó la camisa. Tenía sus piernas a los costados de la silla donde Yuuri permanecía sentado. Éste lo miró fascinado.
Chris cambió la música repentinamente, poniendo la tan conocida canción "Careless whisper".
Los silbidos y exclamaciones de los presentes no se hicieron esperar, incluso J.J. se reía ante lo que pasaba.
Aleksi aún seguía presa de Johnny, así que no pudo ver cómo su hermano se transformaba en un stripper profesional.
Si en la despedida de Aleksi le había bailado de una manera muy sensual, ahora lo hacía mil veces mejor. El alcohol en su sistema le ayudaba a ser incluso más desinhibido que antes (si es que era posible). Meneaba sus caderas candentemente mientras se acariciaba a sí mismo. Eso, sumado a sus expresiones llenas de lujuria y la música de fondo… a Yuuri casi le sangraba la nariz.
—Mírame sólo a mí —dijo en un tono demasiado sugestivo. La música se volvió más tranquila, entonces Viktor aprovechó y caminando lentamente en círculos alrededor de su novio. Comenzó a acariciarlo, metiendo de vez en cuando sus manos bajo la camisa. Cuando pasaba frente a él le restregaba el trasero lo más cerca posible. Lo que le encantó de eso fue que su amado no se contuvo y le dio una nalgada ante la impresión de todos los invitados, atónitos por el comportamiento del japonés.
—No necesito ver a nadie más —respondió luego de un rato.
Entonces Viktor sonrió supremamente complacido con esa contestación. Se sentó de pronto en el regazo de su prometido, sintiendo algo duro debajo del pantalón de Yuuri.
—¿Esto lo hizo aquél? —preguntó en el oído del japonés para que sólo él pudiera escucharlo. Seguía celoso.
—Esto lo hiciste tú —tomó las caderas de Viktor y lo presionó más contra su propia entrepierna—. Sólo tú me pones así —ahora tomó sus mejillas y alzó el rostro para besarlo en los labios, consiguiendo así estruendosos gritos de sus amigos. Ellos aplaudían y exclamaban cosas sucias, bueno, las cosas sucias las decía sólo Chris.
Phichit no desaprovechó la oportunidad de estrenar su teléfono con memoria casi infinita para grabar todas las cosas que sucedieran en esa noche. Minami estaba a su lado, riéndose a lo grande por las cosas locas que veía. J.J. chiflaba con fuerza al igual que Aleksi, éste chiflaba y reía sin parar, pues su hermano y cuñado estaban bastante borrachos, casi como todos ahí.
Yurio estaba en un rincón, malhumorado. Era bueno saber que esos dos tontos al fin estaban reconciliados y felices, pero tampoco era como que disfrutase de verlos hacer esas cosas, le causaba repelús y por eso se mantuvo alejado.
Vaya mala elección.
No pasaron ni cinco minutos antes de que los dos strippers fueran nuevamente hacia él.
—Largo —les dijo con muy mal humor, pero los aludidos sólo se sonrieron entre sí y se acercaron más. Ese chico se les hacía muy tierno y lindo. Cada uno se paró en un lado y comenzaron a bailarle, restregándole el cuerpo al pobre de Yurio que contenía sus ganas patearles el trasero a ambos.
Otabek estaba entretenido viendo el espectáculo que daban los novios, con su expresión seria con la que cualquiera pensaría que estaba muy aburrido, pero no, en realidad estaba viendo lo que hacían esos dos y tomaba nota mental de algunas cosas, o al menos así era hasta que vio a su novio en aprietos. Su carita estaba enfurruñada y sonrojada mientras esos dos hombres le restregaban sus… no, Otabek no se iba a quedar mirando aquello.
Se abrió paso entre sus amigos y llegó a donde su "hada rusa" estaba. Yurio lo miró, esperando que apartara a esos dos patanes, pero no fue así. Otabek ni siquiera los miró, se quitó su chaqueta de cuero, haciendo que su camiseta blanca brillara con intensidad por la luz negra del lugar. Enseguida se sentó en el regazo de Yurio con las piernas abiertas.
Una sonrisa boba se abrió paso en los labios del menor, emocionado por lo que sea que tuviera en mente su amado.
Los strippers no dejaron de hacer su trabajo, menos al ver que el kazajo no les decía nada.
Otabek fijó sus ojos negros y pesados en los de Yurio antes de tomarlo de las mejillas y unirse a él en un beso húmedo y cargado de pasión.
El mundo alrededor de ambos dejó de existir, ni el ruido, ni la gente los distrajo del momento tan íntimo que compartían. Sus besos sabían a alcohol y sus cuerpos transpiraban un poco por la excitación tan repentina.
Yura rodeó la nuca de su novio con ambos brazos mientras éste se inclinaba para profundizar la caricia. Si no hubiera tanto escándalo, el resto hubiera podido escuchar el ruido de sus besos y el intercambio de su saliva.
Las manos grandes y pesadas del kazajo, con todo el derecho que poseían de hacerlo, se abrieron paso entre las prendas del menor hasta encontrarse con su pálida piel. Las caricias eran como fuego sobre la piel del ruso, se sentía desfallecer ante esas atenciones.
De pronto se volvieron a percatar de la presencia de Tom y Johnny. Otabek no se molestó ni siquiera en interrumpir el beso con su novio, simplemente empujó con una mano a cada hombre, alejándolos finalmente de ellos para poder concentrarse en lo más importante: darle placer a su joven pareja.
Yurio supo que el asunto iba en serio cuando Beka desató su coleta, haciendo que sus rubios cabellos se desparramaran libremente sobre sus hombros.
Unieron sus miradas unos segundos. Centímetros separaban sus rostros, suficiente para notar la respiración agitada del otro y el deseo irrefrenable de rendirse a la pasión ahí mismo.
Ni siquiera se detuvieron a pensar en que estaban en un área pública. Los dos por lo regular eran pudorosos y se limitaban mucho en cuanto a muestras de afecto en público se refería, pero en ese momento… en ese momento sólo les interesaba calmar el calor de sus cuerpos.
Las manos delgadas de Yurio recorrieron la ardiente piel de la espalda de su amado, arañándolo suavemente bajo la camiseta blanca. Otabek seguía sentado en el regazo de su novio, lo cual cambió muy pronto. Yuri se puso de pie y tumbó a Otabek sobre la silla, siendo ahora él quien se sentaba sobre sus piernas.
Ahora sí, el kazajo disfrutó amasando las nalgas de su novio, quien se frotaba deliberadamente contra su entrepierna una y otra vez mientras apoyaba ambas manos sobre sus hombros para darse apoyo. Su hermoso cabello rubio y largo caía por los lados, haciéndolo ver totalmente sexy ante los ojos de Otabek. Éste llevó sus manos ahora a las caderas de su novio y fue ascendiendo poco a poco hasta llegar a su estrecha cintura.
Gracias a la altura que obtenía al estar sentado sobre Otabek, éste aprovechó y empezó a dar mordidas en el torso de su amado, sobre la ligera tela de la blanca camisa de vestir que traía puesta.
Yurio llevó sus manos a ambos lados de la cara de su novio, y jadeante lo alzó lo suficiente para besarlo otra vez.
—Otabek —gimió al separarse un poco. Estaba muy caliente y sentía la necesidad de quitarse toda la ropa.
—¿Qué quieres, Yura? Dímelo.
—Tómame.
Una sonrisa malvada se formó en los labios del mayor. Ninguno estaba pensando con coherencia, habían tomado mucho más de la cuenta y no eran conscientes de que estaban a punto de tener sexo en público, específicamente frente a sus amigos.
La sensatez llegó a la mente de Otabek, quien asomando su cabeza por un lado de Yuri, observó que todos estaban muy ocupados con el espectáculo que daban Viktor y Yuuri. A ese espectáculo se les había unido Chris, quien le bailaba a Yuuri y Masumi sólo se reía.
Otabek resopló, no entendía esa relación tan extraña que tenían los suizos entre sí, pues al menos él nunca permitiría que su Yura le bailara de esa forma a alguien más. Nunca.
Volvió a lo suyo cuando las traviesas manos de su novio abrían su pantalón.
—¿Tienes prisa? —alzó una ceja, tentando su suerte de tener sexo ahí con Yurio, frente a los que eran prácticamente su familia.
—Demonios, se atoró —masculló entre dientes al intentar bajar por completo el cierre del pantalón de su novio. Otabek le ayudó, aguantando sus ganas de reír al verlo tan caliente. Sin embargo, no tenía derecho a reírse, pues él mismo estaba ya muy duro por causa de ese hermoso ser de cabellos rubios.
Yurio tragó en seco antes de sacar el miembro de Otabek. Éste sonrió con el ego algo alzado y es que Yura seguía intimidándose un poco ente el tamaño de su hombría a pesar de haber hecho el amor tantas veces ya.
El kazajo, mientras tanto, se dedicó a abrir el pantalón de su novio, bajándolo sólo lo suficiente hasta dejar su trasero desnudo. No se bajaron la ropa por completo, en caso de que tuvieran que abortar la misión al ser descubiertos, pero esperaban que eso no ocurriera. La música era muy alta, la iluminación escasa y todos hacían barullo alrededor de los futuros esposos.
De todas formas tendrían que hacerlo rápido, aunque eso no les molestó en lo absoluto.
Finalmente Yuri sacó el pene de Otabek en su totalidad, sin la necesidad de quitarle ninguna prenda. El mayor abrió sus piernas para estar más cómodo y deseó con todas sus fuerzas poder restregar su erección contra el bonito, grueso y rosado miembro de su novio, pero el pantalón de éste se lo impedía, así que se limitó a masturbarlo con una de sus manos mientras usaba la otra para dilatar su ano.
El ruso no pudo contener un pequeño gemido al sentir la repentina intromisión de un dedo que muy pronto fue acompañado por uno más. Otabek intentaba prepararlo con prisa y todo lo físicamente posible, pues en esa posición era un poco complicado lograrlo.
—Ya, hazlo así —jadeó el menor, meneando sus caderas sobre el miembro majestuosamente erecto de su novio. Se sentó sobre él, incitándolo a que lo penetrara de una buena vez, pero Otabek se hizo del rogar un poco—. Beka, ya —gruñó, frunciendo el ceño, pero al obtener sólo una risita grave por parte de su novio, volvió a darle un pesado sentón en su entrepierna, frotando su trasero contra el pene de su amado.
—Eres un tramposo —musitó antes de inclinarse hacia un lado para recoger del piso su chaqueta de cuero que momentos antes dejó regada. La tomó y rodeó las caderas de su amado con ella.
—Después de todo no eres un exhibicionista —reconoció Yura, con la respiración aún acelerada y sus mejillas coloradas.
—No me importa que vean mi cuerpo —se encogió de hombros—. Pero no quiero que vean el tuyo, es sólo mío —y diciendo eso, acercó dos de sus dedos a la boca de Yurio, humedeciéndolos con su saliva antes llevarlos así a su miembro antes de enterrarlo en su amado sin compasión alguna.
Yurio ahogó un grito agudo y profundo con su mano sobre la boca. Otabek no le dio tiempo de acoplarse ni de pensar en nada más que en la sensación de fricción entre sus cuerpos con cada embestida. El kazajo bombeaba a un ritmo marcado, profundo y certero.
Pequeñas lágrimas se asomaron en los ojos de Yurio, quien enterraba sus dedos en los hombros de su novio, inclinándose hacia adelante para esconder su rostro en su cuello. Afortunadamente su cara quedaba viendo hacia una pared. Si los descubrían sólo verían la expresión de Otabek, mas no la suya.
Las manos del moreno se aventuraron a pasearse por toda la espalda de Yurio, acariciando esa suave piel de durazno en todo su esplendor hasta llegar a su nuca, donde le tomó el cabello con una mano, halándolo tal como le gustaba.
—Oh… Beka —gimió sin pudor alguno ante el cúmulo de sensaciones. Se sentía jodidamente bien—. No te muevas —pidió de pronto.
—¿Te lastimé? —dejó de moverse al instante.
Yurio salió de su escondite en el cuello de su novio y lo miró con una hermosa sonrisa en sus labios, combinada con una expresión llena de éxtasis.
—Eres tan cursi —se acomodó un mechón de cabello rubio tras la oreja y Otabek casi babeó por la tierna y sexy expresión de su novio.
—Sólo te pregunté si te lastimé —alzó una ceja, ansioso por seguir embistiéndolo.
—Tú nunca me lastimas —besó sus labios antes de que el otro se separara unos segundos.
—Y yo soy el cursi —se burló con una risa seca, aunque no lo pareciera por su expresión, realmente la situación le divertía.
—Oh cállate —comenzó a menear sus caderas de adelante a atrás, sacándolo un poco de su cuerpo y volviéndoselo a enterrar sin piedad.
Otabek no contenía sus suspiros llenos de placer al sentir el apretado interior de su novio. Era caliente, ajustado y tremendamente placentero.
Mientras Yurio lo montaba, tomó el miembro de éste entre sus manos y comenzó a masajearlo, cambiando el ritmo cada cierto tiempo.
Intentaban que sus gemidos no se escucharan tanto, besándose y mordiéndose los labios entre sí.
Ansioso y muy excitado, Yurio metió sus manos bajo la playera de su hombre. Acarició cada músculo, recordando que esos músculos fueron los que lo ayudaron a pasar la materia de anatomía hace algunos años en la preparatoria.
Sonrió durante un beso al recordar aquellos tiempos.
Sus manos reptaron por toda la cálida piel del kazajo hasta llegar a sus pectorales, donde dejó sus manos para poder acariciar sus pezones con toda la dedicación posible.
—Beka —suspiró—. No creo durar mucho… ah.
—No te contengas —hizo a un lado los cabellos rubios hasta despejar su cuello, lo besó y succionó su piel hasta dejar marcas muy evidentes. Eso sólo hizo jadear cada vez más a Yurio.
—Otabek… oh, Beka ¡Oh! —echó su cabeza hacia atrás mientras experimentaba un fuerte orgasmo. Fue muy pronto en comparación a todos sus encuentros previos, pero es que la emoción de hacerlo en público lo excitaba sobremanera.
En el vientre del kazajo, sobre su camiseta, quedó desparramado todo el semen de Yurio, brillando bastante gracias a la luz negra.
Otabek siguió embistiéndolo, ahora con mayor intensidad. Sus brazos fuertes rodeaban por completo a Yura, apretándolo e inmovilizándolo para así poder embestirlo una y otra vez hasta alcanzar el clímax que tanto anhelaba. No tardó mucho en venirse también, dentro de su novio, sin haber usado protección.
Agitados y sudorosos se abrazaron, intentando recuperarse de tan intenso orgasmo. Los cabellos rubios se pegaban a las mejillas de Yurio y también a las de Otabek, quien, con una plena sonrisa besó su cuello antes de percatarse de un pequeño detalle, uno que le puso el rostro de mil colores.
La música se había detenido y el escándalo también.
Frente a ellos estaban todos, absolutamente todos, parados y observándolos.
Phichit tenía su celular alzado, al parecer seguía grabando. Minami casi hiperventilaba. J.J. se escandalizó, su rostro estaba muy rojo, se veía sofocado por la vergüenza y la extraña excitación que sintió de pronto; Chris los miraba con una picardía tan propia de él mientras que Masumi sólo alzaba una ceja, divertido; Aleksi no sabía cómo reaccionar, para él Yurio era todavía un chiquillo, y habría deseado jamás ver una escena así, no con el que consideraba como su "pequeño hermanito".
Y en cuanto a Viktor y a Yuuri…
—Deja eso, Phichit —bajó la mano de su amigo que sostenía el celular que grababa todo—. No es momento —la voz de Yuuri salió demasiado grave y seria, no podía dejar de ver a la parejita.
Yurio y Otabek rogaban al cielo que la tierra los tragara en ese mismo momento.
Viktor no decía nada y eso asustaba a todos los presentes, esperaban ya su reacción.
—Todos, dejen de verlos —pidió el ruso mayor con una seriedad escalofriante antes de caminar hacia la mesa y quitarle el mantel de un jalón, sin mover ningún objeto de ella.
Los presentes miraron todo con asombro, pero mayor fue la sorpresa cuando Viktor alzó el mantel ante la parejita para que nadie más los viera.
—Yuri, párate en este mismo instante —ordenó.
—Demonios —pensó Otabek con fastidio, Viktor era como el hermano mayor de su novio, lo cual convertía la situación en algo mucho más incómodo—. Lo siento, Yura —murmuró en voz muy bajita, justo en su oído para que sólo él lo escuchara. Se sentía culpable por hacerlo pasar por aquello, pero inmenso fue su asombro cuando su novio le respondió con una sonrisa muy linda y pícara.
—Fue increíble —le dijo al oído antes de incorporarse del regazo del moreno y liberarse al fin de la intromisión.
Todos se dieron cuenta de ese momento, pues un leve gemido delató al rubio.
Yurio agradeció que su novio lo cubriera con su chaqueta y que su "hermano mayor" los cubriera a ambos.
Con prisa, los dos se acomodaron sus ropas y se pusieron de pie.
—¿Ya? —preguntó Viktor.
—Sí, viejo —respondió con su tono arisco de siempre.
Viktor dejó caer el mantel y los miró a ambos con mucha seriedad, en especial a Otabek. Se acercó a éste último hasta invadir su espacio personal. El kazajo le sostuvo la penetrante mirada, no le importó que sus rostros estuvieran a centímetros de distancia. Sabía que no había hecho bien al incitar a Yurio a hacer aquello en público, pero a fin de cuentas era muy asunto suyo, no del ruso.
Nikiforov se llevó ambas manos a las caderas en una pose más intimidante, aunque eso no surtió efecto en el kazajo, no mientras Viktor estuviera en ropa interior y corbata nada más, sin mencionar que estaba muy borracho y totalmente despeinado. En realidad todos los presentes no estaban en mejores condiciones.
—¿Cómo pudiste? —entornó sus ojos celestes, intimidando un tanto al otro.
—Viktor, sé que… —el kazajo fue interrumpido.
—¡Cómo pudiste tener sexo en público con Yurio! —exclamó con su rostro enrojecido. Hasta el rubio se preocupó un poco, el viejo estaba muy molesto.
—Viktor, cálmate —Yuuri puso una mano en su hombro.
—¡No! Amor, ellos ya lo hicieron y tú no me dejas hacerlo contigo en público —el verdadero motivo de su enfado fue revelado. Todos los demás casi se van de espaldas.
—¡Lo hicimos en el cine! —respondió el otro sin vergüenza—. También en la boda de Aleksi, en el jardín —iba enumerando con sus dedos—, en el baño del salón de la boda, en nuestra nueva casa, en…
—¡Pero no me dejaste hacértelo ahorita! —su enojo se convirtió en puchero.
Yuuri se sonrojó.
Y es que era verdad. Mientras Otabek y Yurio tenían lo suyo, ellos estaban al otro lado de la habitación en un momento muy candente. Yuuri había estado sentado en una silla mientras un muy excitado Viktor se desvestía poco a poco sobre él al mismo tiempo que lo desnudaba. Chris y Masumi hacían lo mismo mientras que el resto de sus amigos veían. La situación se volvió tan comprometedora que la poca cordura del japonés le hizo detener a Viktor cuando intentó quitarle la ropa interior en frente de todos.
Otabek y Yurio se miraron y suspiraron. Sí, a pesar de todo estaban aliviados. Temían recibir un sermón por parte del ruso o algo por el estilo. El kazajo se acercó a su novio hasta rodearlo por la cintura con sus brazos.
—¿Qué ocurre? —inquirió en voz baja al haber visto que le temblaban las piernas y que además no se había movido ni un paso de su lugar.
Otabek acarició su mejilla y depositó un beso en ella. Eso avergonzó al rubio, como si no acabaran de tener sexo en frente de todos.
—¿Tú qué crees que me pasa? —frunció el ceño, más sonrojado aún.
El otro soltó una risita baja, de esas que sólo emitía por y para Yuri.
—¡No te burles, idiota! —escondió su avergonzado rostro en el cuello de su amado.
—Lo siento ¿Duele mucho? —preguntó en serio.
Yurio sólo negó con su cabeza, sin verlo al rostro. Sus rubios cabellos eran un completo desorden. El estado de ebriedad se les había pasado casi por completo a esos dos, en especial a Yurio, quien ahora sí sentía vergüenza por lo que hacía.
Se separaron del abrazo, notando que sus camisas se quedaban pegadas una con la otra. Miraron la razón y rieron por eso. Quizás sí seguían un tanto ebrios, pues los restos del semen de Yurio habían provocado aquello, causándoles mucha risa.
—Ey, Katsudon —lo llamó Yurio desde lejos, haciendo una seña con la mano para que se acercara—. ¿Podemos tomar un baño en las aguas termales? —lo dijo más alto de lo que creyó.
—¿Un baño? —preguntó Chris, sonriente—. ¡Tomemos un baño todos juntos! —corrió a despedir a Tom y a Johnny y después fue a donde Yuuri para decirle que no se preocupara por los invitados, que él mismo se encargaría de explicarles dónde estaba cada cosa y todo, a fin de cuentas Chris ya conocía muy bien las aguas termales gracias a los meses que vivió ahí como entrenador de él.
Más tarde Minami ya se hallaba en las aguas termales, relajándose y bebiendo un poco de sake. El resto seguía en las duchas, lavándose antes de entrar a las termas.
Poco a poco fueron enfilándose los demás a las aguas, el primero (y caminando muy raro) fue Yurio, quien no se quitó la toalla sino hasta meterse al agua, suspirando con alivio al sentir el agua caliente en sus músculos. Se veía hermoso, no había quién pensara lo contrario. A sus diecinueve años ya se veía mucho más maduro, alto, más tonificado, aunque no tanto como su novio. En esos momentos se veía adorable, pues traía su largo cabello recogido en un moño alto mientras algunos mechones más cortos se le pegaban a la piel de la espalda o de las mejillas. Pero lo que más llamaba la atención de muchos, era su hermosa nuca descubierta, su cuello largo y tentador.
A él le siguió Yuuri, quien hizo lo mismo al cubrirse con la toalla. Después llegó J.J. completamente desvergonzado, mostrando todo su cuerpo sin pena. Los presentes ahí se giraron para no ver, aunque definitivamente alcanzaron a ver algo.
Después llegaron Masumi y Aleksi, igual de pudorosos que ambos Yuri.
El desastre se hizo cuando Chris y Viktor aparecieron, caminando uno al lado del otro con una sonrisa de oreja a oreja y completamente desnudos.
—¡Viktor, cúbrete! —Yuuri le lanzó su propia toalla, pero el ruso no la atrapó, siguió caminando junto con su amigo hasta meterse a las aguas termales. Todos, absolutamente todos habían sido testigos de lo que se cargaban ambos hombres, aunque para Yurio no había sido algo nuevo, ya los había visto desnudos más veces de las que quería.
—¿Para qué? Todos tenemos lo mismo —se rio como bobo, a pesar de eso, Yuuri lo recibió con los brazos abiertos, muy cariñoso.
Bendito alcohol.
—Concuerdo contigo, mi amigo —Chris lo apoyó, alcanzando una de las pequeñas charolas con sake que flotaban cerca de ellos.
Las charlas entre todos se hicieron presentes, cada uno estaba metido en su conversación con alguno otro, hasta que salió Phichit, muy feliz, tarareando. Con una mano sostenía la pequeña toalla en su cintura y en la otra traía su teléfono celular bien asegurado en un empaque plástico.
—Phichit-kun, no se permiten fotos aquí dentro —le dijo Yuuri.
—Hagamos una excepción —hizo puchero—. ¡Es tu despedida de soltero y la de Viktor!
—Parece todo menos eso —murmuró Yurio en voz baja, recargado contra una roca, relajándose mucho. J.J. y Aleksi lo escucharon, rieron por ello.
—Está bien —aceptó el japonés. Su mejor amigo sonrió victorioso, se giró dándoles la espalda y se preparó para una selfie grupal, y como de costumbre hizo una señal con su otra mano, olvidando así que debía sostener la toalla. Debido a los efectos del alcohol poco le importó su desnudez, pero para los demás no pasó desapercibido cuando se giró de frente, en especial para cierto jovencito japonés que jamás lo había visto siquiera sin camisa.
De las orejas de Minami casi salió humo. Yuuri lo notó y rio entre dientes, él ya había visto a su mejor amigo sin ropa, después de todo se duchaban juntos después de los entrenamientos en Detroit, vivían prácticamente juntos en aquella época.
—¡No estás circuncidado! —exclamó Chris con sorpresa. El resto lo miró con cara de "Sé discreto, por favor".
—No —respondió con simpleza mientras se metía al agua caliente e iba hacia Minami para sentarse a su lado—. ¿Tú sí?
—Todos aquí lo estamos —aseguró el suizo.
—Según tengo entendido, en Suiza prohibieron la circuncisión.
—Sí, pero muchos años después de que yo naciera —se rio.
—Christophe —lo llamó Masumi—. ¿Tienes que fijarte tanto en el miembro de los demás? —suspiró, cansado. Chris se alarmó.
—Lo siento amor, no pensé que te molestaría —lo abrazó con cariño—. Pero sabes que sólo el tuyo me gusta —le guiñó un ojo—. Siempre será mi favorito.
Masumi se conmovió y comenzó a besarlo. Muy pronto los dieron por perdidos, pues se fueron a un rincón a seguir con su sesión de besos.
El resto se dispuso a relajarse, hasta que Otabek salió, sólo faltaba él.
—Ya era hora —dijo Yurio. Lo había extrañado.
El kazajo sonrió y se encaminó directo a las aguas termales. Se había apresurado tanto en llegar pronto al agua que no se percató de una toalla mojada en el suelo. Terminó pisándola y resbalando.
—¡Beka! —el rubio se espantó y salió lo más rápido que pudo del agua, pues la caída se vio fea—. ¿Estás bien? —llegó a su lado, viendo cómo su novio reía por su propia torpeza.
—Sí, sólo resbalé —aceptó la mano que le tendía y se puso de pie, ignorando el hecho de que su propia toalla había quedado olvidada en algún punto del suelo.
El silencio se hizo presente en el lugar. Nadie se movía ni hablaba.
—¡Dios mío!
—¿Todo eso?
—Pobre Yurio.
Fueron las reacciones de Chris, Viktor y Phichit respectivamente.
Las mejillas tanto de Yurio como de Otabek, se tiñeron de un salvaje rojo. Ambos se cubrieron sus entrepiernas de inmediato. Nadie dijo nada sobre la de Yurio, por lo cual éste no sabía cómo sentirse al respecto.
Se metieron al agua esperando que el tema se diera por finalizado, pero Chris se encargó de que no ocurriera.
—Nos superas a todos. Ya veo que ese rumor sobre los hombres de Kazajistán es cierto.
—¿Qué rumor? —inquirió Phichit, sin vergüenza.
—¿Podemos dejar de hablar de penes? —pidió Yuuri, un tanto fastidiado.
—Gracias —le dijo Otabek.
—Bien, hablemos de… —Chris no supo qué decir.
—Ya no hables mi amor —Masumi lo tomó de la nuca y le robó un beso. El resto agradeció que lo silenciara al fin.
—¿A dónde van a ir de luna de miel? —inquirió Jean, sentado junto a los novios. En ese momento estaban todos cerca los unos a los otros, conversando amenamente y pasándose las charolas flotantes con las bebidas de sake que Chris preparó.
Aleksi y J.J. iban a tomar un poco de cierta bandeja, pero Chris los detuvo disimuladamente, negándoles con sutileza el permiso de tomar de aquellas bebidas.
—Ustedes dos no querrán beber de esta a menos que quieran engañar a sus esposas con alguno de nosotros o entre ustedes mismos —les guiñó un ojo y eso fue suficiente para que ambos hombres hicieran una mueca muy chistosa de desagrado. Soltaron la charola como si esta tuviera mierda dentro y pusieron atención a lo que Yuuri respondía.
—Viktor no ha querido decirme a dónde iremos —se quejó Yuuri, con sus mejillas rosas por el calor y el sake ingerido.
—Es una sorpresa —le guiñó un ojo.
—Tengan, beban, yo mismo preparé estas bebidas, espero que les gusten —Chris roló la charola especial entre todos sus amigos, todos bebieron, absolutamente todos, menos los dos advertidos.
—Esto sabe horrible, Chris ¿Qué revolviste? —se quejó Viktor, el resto estuvo de acuerdo con él.
—Tiene ingredientes especiales que no puedo revelar —guiñó pícaramente un ojo. Masumi empezó a reír al darse cuenta de lo que tramaba, vaya que estaba loco—. ¿Y ya están listos para la vida de casados? —cambió el tema.
—No.
—Sí.
Respondieron Yuuri y Viktor respectivamente. De inmediato se vieron entre sí, alarmados.
—¿No estás listo? —Viktor no sabía cómo sentirse al respecto.
—Sí, bueno, no. Estoy nervioso. Yo nunca me he casado.
—Yo también estoy nervioso, pero me siento listo. Ya quiero casarme contigo.
—¿También estás nervioso? —se asombró Yuuri. La conversación en realidad no tenía pies ni cabeza, estaban demasiado bebidos.
—Sí, pero no ando diciendo por ahí que no estoy listo, Yuuri, hemos esperado años por esto —comenzó a molestarse. El alcohol hacía de las suyas con el humor de ambos.
—Van a empezar a pelearse —murmuró Yurio, metido en el agua hasta la barbilla.
—La pelea no va a durar mucho, dales unos minutos y verás lo que estarán haciendo luego —aseguró Christophe.
—¿A qué te refieres?
Masumi llegó por detrás de su novio y lo abrazó, muy meloso.
—Él es muy travieso y les acaba de jugar una muy mala broma, o quizás es buena. No importa —miró a su novio—. ¿Vamos a un lugar más privado? Me hiciste tomar tu bebida, ahora hazte cargo de las consecuencias.
—¡Oh! —se sorprendió al sentir algo duro restregándose deliberadamente contra sus nalgas—. Sí, cariño —se giró para tenerlo de frente—, pero quiero ver qué pasa en esta fiesta antes de eso ¿Me esperas?
—Está bien —suspiró, en verdad estaba muy necesitado—. Sólo unos momentos.
Otabek y Yurio no entendieron nada de su conversación, pero poco les importó, en esos momentos estaban más ocupados acariciándose debajo del agua. Otabek tenía su mano sobre el muslo de Yura, poco a poco iba acariciando más hacia arriba.
—Beka… —suspiró, satisfecho con la agradable sensación de sus caricias—. ¿Qué haces? —lo miró a los ojos y quedó embobado. Su novio tenía esa mirada en particular, aquella tan intensa que sólo le dedicaba cuando estaban en un momento muy íntimo.
El kazajo no respondió, sólo tomó a su novio como si fuera una ligera pluma y lo puso sobre su regazo antes de abrazarlo posesivamente y dejarle notar su gran erección.
—¡Beka! —gimió, espantado por lo que sintió debajo de su trasero—. ¿En qué momento…? —fue interrumpido.
—No sé —gruñó—. Tú estás igual —y sin decir más, comenzó a devorarlo a besos.
Lo que ninguno de los dos sabía, era que habían bebido algo muy peligroso.
Sin percatarse aún de lo que sucedía, el resto estaba enfrascado en sus cosas. Minami y Phichit charlaban y reían más de lo normal, J.J. y Aleksi conversaban amenamente en una orilla, bebiendo más sake del que sí tenían permitido, mientras que Yuuri y Viktor… bueno, ellos seguían enfrascados en una conversación sin sentido. Al parecer ya se habían reconciliado de su momentánea discusión.
—Yo también te amo.
—Yo te amo más, Vitya.
—No, yo más —lo rodeó con un brazo. Yuuri puso una mano sobre el pecho desnudo de su novio y apoyó su cabeza sobre su hombro.
—Yo te amo más.
—No, yo más.
—¡Basta! —se quejó Yurio, quien había estado escuchando todo y no podía besar a su novio cómodamente con ellos de fondo diciéndose tanta cursilería—. Ya nos quedó claro a todos que se aman mucho, ¿Podrían cambiar de canal?
La parejita frunció el ceño, mirándolo feo.
—Eres el menos indicado para decir eso, Yurio —se quejó Yuuri.
El aludido sólo rodó los ojos.
—¿Por qué está tan malhumorado? —Viktor pretendió preguntarlo en voz baja, cosa que no logró, pues lo dijo muy alto—. Y eso que acaba de tener sexo con Otabek y tal parece que van por una segunda ronda —se burló—. Parece que no lo disfrutó del todo.
—¡Lo disfruté mucho! —respondió gritando, con un puño al aire y poniéndose completamente de pie, importándole poco que el resto lo viera sin ropa en ese estado de excitación tan…
Otabek lo tomó de las caderas y lo volvió a sentar a su lado para calmar su enojo. No pudo evitar sonreír un poco ante las palabras de su novio, no sabía que Yurio borracho era tan divertido de ver.
—Pero ni podías caminar bien —continuó molestándolo Viktor.
Ahora en vez de enojarse, Yurio esbozó una sonrisa completamente macabra y sensual al mismo tiempo.
—Así de bueno estuvo —dijo con voz grave y sugerente.
Ahora sí, hasta Otabek se sonrojó un poquito.
Entonces Yurio y Viktor comenzaron una discusión sin sentido, pero muy divertida ante los ojos de los demás. Yurio molestó a Viktor, diciéndole que seguramente Yuuri no sentía nada cuando se lo hacía, eso ofendió por completo al ruso mayor.
—Pelea de machos —se burló Chris, captando la atención del resto para que vieran esa pequeña discusión tan interesante.
—¿Disculpa? —Viktor se puso de pie, caminando hacia el rubio.
—Lo que oíste, viejo —se volvió a poner de pie.
—Yuuri lo disfruta mucho ¿Verdad, cariño? —miró hacia atrás para ver a su amado, pero se lo topó muy concentrado en cierto punto más allá de Yurio. Viktor siguió la mirada de su novio y los celos se apoderaron de él al notar que aquello que miraba con detenimiento era Otabek, desnudo, caminando hacia Yura para calmarlo.
Derrotado y triste, regresó a su lugar junto a Yuuri. Ya nada lo animó.
Yuuri intentó animarlo muchas veces, pero nada lo lograba.
—Vitya, amor —se sentó en su regazo y tomó su rostro con ambas manos.
—¿Qué? —frunció el ceño, desviando su mirada. Estaba verdaderamente dolido.
—Yo te amo.
—Pero te gusta el pene de Otabek más que el mío.
Yuuri palideció. Nunca creyó que se lo dijera así de directo y serio. No sabía cómo reaccionar a eso, así que se rio con ganas, de pronto el aire le faltó por tanta risa.
—¡Y encima te burlas de mí! —estaba muy ofendido.
—Claro que no, mi vida —pegó su frente a la de Viktor aunque éste se rehusara—. A mí sólo me gusta el tuyo, lo prometo —le dijo en voz bajita, muy íntimo.
—Pero lo estabas viendo a él.
—Tú también lo viste —rio—. Y te sorprendió tanto como a mí —acomodó un mechón de su cabello detrás de su oreja con cariño, luego despejó toda su frente y le dio un montón de besitos.
—Bueno, sí, pero… —sí, el gran Viktor Nikiforov se sentía inseguro por primera vez de su hombría.
—Además, a mí me gusta el tuyo —le hizo pequeños arrumacos que poco a poco lo hicieron ceder.
—Pero…
Yuuri lo silenció con un dedo sobre sus labios.
—Eres perfecto así como estás, totalmente perfecto para mí.
Los ojos celestes del ruso brillaron con emoción antes de abrazarlo con fuerza y comenzar a besarle toda la piel a su alcance.
Otabek alcanzó a escuchar casi todo, se aguantó las ganas de reír y se llevó a Yuri de vuelta a su lado. Había mucho sake, pero decidió no tomar más porque a él le afectaba de cierta forma en que… bueno, lo orillaba a hacer cosas como tener sexo en público.
Y en cuanto a Viktor y Yuuri. Los dos estaban bien tomados, Viktor no soltaba la botella de sake y Yuuri le hacía segundas en todo momento. Era divertido verlos hacer sus tonterías, pero justo en ese momento se hallaban en circunstancias muy íntimas, tanto, que ninguno se atrevió a interrumpirlos, pero tampoco apartaron la mirada.
El japonés seguía sobre el regazo de su novio, sentado a horcajadas sobre él mientras recibía sus besos y caricias en áreas que no se alcanzaban a apreciar porque estaban debajo del agua. Los gemidos sonoros de Yuuri resonaron en el lugar, el resto sólo miraba con disimulo cómo el japonés contoneaba sus caderas de adelante atrás, haciendo que el agua se moviese con un tanto de brusquedad muy notoria.
El ambiente en las aguas cambió. Otabek y Yurio volvieron a enfrascarse en su sesión de caricias y besos. Minami y Phichit estaban en un rincón, besándose con cierto grado de timidez mientras Chris observaba cómo sus planes se llevaban a cabo exitosamente, no soltó una risa malévola sólo porque Masumi no soportó más y lo arrastró a otro rincón, sediento de sus besos.
J.J. y Aleksi se miraron entre sí unos segundos sólo para finalmente asentir en un mudo acuerdo y salir de ahí cuanto antes, no querían ser partícipes de aquello.
—Tengo hambre ¿Vamos por algo a la cocina? —sugirió el ruso.
—No tengo idea de dónde queda, pero vamos —se fueron con prisa de ahí.
Mientras tanto, Yuuri tenía apresado a su prometido bajo su cuerpo. Los dos se habían salido de las aguas termales para tumbarse en el suelo, detrás de unas rocas que apenas los cubrían.
Sentían un calor abrasador en todo su cuerpo. La necesidad imperante de sentir las caricias del otro iban en incremento. Para ese punto no había poder humano que los detuviera, podría ocurrir un terremoto en ese instante y ni eso los obligaría a detenerse.
Yuuri se sentía caliente y más necesitado que nunca. Frotaba su entrepierna contra la de Viktor, robándole suspiros y gemidos nada sutiles. Siguió haciéndolo por unos momentos, deleitándose con las expresiones que hacía el ruso, hasta que este lo abrazó y se giró con él en el piso, cambiando posiciones. Ambos terminaron llenos de hojitas secas de los arbustos y árboles ahí cercanos, pero eso tampoco les importó.
Viktor besó y lamió la blanquecina piel de su novio, comenzó en su pelvis y fue ascendiendo poco a poco, pasó por su ombligo, robándole risitas; luego subió más hasta llegar a uno de sus pezones. Lo mordió sin piedad, arrancándole un grito agudo. Jugó con ese pezón un rato hasta que Yuuri le apretó ambas nalgas con fuerza, pegándolo a su cuerpo y exigiendo ya ser penetrado, tenía una extraña urgencia en su interior que Viktor comprendió muy bien.
Sin preparación previa y ningún lubricante más que el agua que escurría de sus cuerpos, lo penetró.
El gemido de Yuuri se dejó escuchar en todo el lugar, sin pudor alguno.
—Oh… Yuuri, Yuuri —decía una y otra vez mientras lo embestía con frenesí. El japonés estaba pegado a Viktor como si fuera un pequeño koala, tenía sus piernas enroscadas en las caderas del mayor y sus brazos en la espalda, donde enterró sin piedad sus uñas, dejándole unas finas y muy rojas marcas en la piel.
—Viktor… más… ah.
La pobre espalda de Yuuri hacía fricción con el piso, raspándosela sin piedad, pero en esos momentos la mente del japonés estaba cegada por el placer.
Entre gemidos fuertes y jadeos, experimentaron sus orgasmos, sin embargo, no fue suficiente para ambos, querían más, lo necesitaban y sabían que no era del todo normal.
—¿Qué nos pasa? —jadeó Yuuri, abrazado a su prometido.
—No lo sé, no preguntes, sólo disfrutémoslo.
OoOoOoO
—¡Christophe Giacometti! ¡¿Era necesario alterar las bebidas?! —espetó Yurio. Todos los que habían estado en las aguas termales volvían al interior de la casa, ya vestidos con las ropas frescas del onsen, pero con el cabello un tanto húmedo todavía.
—Pues bien que lo disfrutaste —respondió el aludido, divertido al ver al pequeño rubio todo avergonzado.
—Yo no me quejo —canturreó Viktor, quien venía caminando abrazado a su Yuuri.
—Yo tampoco —admitió con una sonrisita que demostraba lo mucho que Viktor lo satisfacía, en todos los aspectos.
Y a un lado de todos, venían Minami y Phichit, en silencio, tomados de la mano y sonriendo sutilmente. Ninguno de los ahí presentes lo sabía, pero habían tenido su primera vez y todo por culpa de los brebajes del suizo.
Llegaron directo a la cocina, se morían de sed y ya tenían hambre también. El efecto del alcohol se había pasado un poco y su estómago reclamaba alimento. Lo que nunca esperaron fue llegar y encontrarse a Aleksi y a J.J. devorándose el postre que Yurio había preparado para la ocasión, aquel que no habían ingerido antes porque estaban esperando que terminaran de enfriarse un poco, pues habían estado recién salidos del horno.
—¡No! ¡No se los coman! —Chris corrió y se los arrebató—. ¿Cuántos llevan?
—Uno y medio.
—Dos.
Respondieron ambos con la boca llena.
—¿Eh? ¿Por qué no quieres que se los coman? Yo los hice para eso —Yurio hizo a un lado al suizo y tomó la bandeja entera para ofrecérselos a sus amigos—. Son brownies especiales, tienen doble chóclate —sonrió, orgulloso de su creación.
Ni tarde ni perezosos, la bola de hombres se fue encima de la bandeja de brownies, comiendo uno tras otro.
—Yurio, tienen un sabor peculiar —notó Phichit, pero eso no lo limitó a comerse un par más.
—¿Tú crees? —el rubio los probó y sí, en efecto, sabían extraños. Eso le picó en el orgullo, sin embargo, su hambre era mayor.
—Dios…mío —murmuró Chris. No sabía si preocuparse o divertirse por lo que estaba pasando.
—No me digas que también alteraste el postre —Masumi llegó a su lado y se lo preguntó muy discretamente.
—Sí.
—Dijiste que sería uno u otro, no pensé que además del sake, tú…
—Lo hecho está hecho —se llevó ambas manos a la boca y rio—. Creo que se me salió de las manos. Me van a matar el día de mañana.
—Tenlo por seguro —tomó un brownie y se lo comió en dos mordidas. Christophe volvió a reír y cogiendo también un panecillo, vio cómo todo ante sus ojos se empezó a descontrolar de nuevo. Ninguno olvidaría esa despedida de soltero, de eso estaba seguro, y claro, también del hecho de que lo matarían por tantas ocurrencias.
OoOoOoOoO
El teléfono celular vibró en su bolsillo, lo sacó y contestó sin ver quién era, estaba demasiado dopado como para enfocar bien su mirada.
—¿Diga?
—¡Otabek! —su respiración estaba muy agitada, se oía espantado—. Otabek, ayúdame, por favor —casi estaba llorando.
—Yura ¿Qué pasa? ¿Dónde estás? —se levantó del sillón en donde estaba sentado y se tambaleó hasta caer tumbado al suelo, de espaldas y con el celular en mano, pegado a su oído.
—¡No lo sé! —estaba llorando con ganas—. Quería orinar, fui al baño, pero… me perdí. No sé cómo regresar, tengo miedo, ven por mí.
—Yura… —su voz era pesada y lenta—. No puedo ir a buscarte, también me perdería y los dos estaríamos perdidos ¿Me entiendes?
—Beka… —sollozó.
—Hagamos esto… mándame tu ubicación, así iré por ti ¿De acuerdo?
—Está bien —se sorbió la nariz—. Te la mandaré.
—Bien —soltó el teléfono y este cayó al suelo de madera. No pasaron ni dos segundos y el kazajo ya estaba bien dormido.
El resto de sus amigos veía la situación y sólo se carcajeaban a lo grande. Yurio tenía hora y media de que se fue, pensaron que se habría ido a dormir, pero al parecer se perdió en algún punto del onsen.
—Te juro que lo vi —dijo Chris, casi en pánico, aferrado a las ropas de su novio.
—¿Qué viste?
—¡A David! Es un niño diabólico, tiene la cabeza aplastada de un lado y… y… —lloró—. ¡Me quiere matar! —restregó su rostro lloroso contra la tela de la ropa de su amado.
—¿Por qué te quiere matar? —lo consolaba, acariciándolo como si fuese un gatito.
—Porque me dijo que sólo podía hacerle dos preguntas y yo… ¡Le hice cuatro! ¡Cuatro preguntas!
—¿Qué le preguntaste?
—Su nombre, su edad, también le pregunté por qué era tan feo y si quería brownies. Él se enojó, me lanzó su zapato y… ¡Oh por Dios! Ahí está —lo apuntó con un dedo, pero no había nada en ese lugar, sólo estaba Aleksi parado de frente a una pared, como niño castigado.
Todos se sorprendieron un poco al verlo ahí, sin hacer nada. Entonces el ruso se agachó para recoger una prenda que estaba tirada en el suelo y trató de ponerla en la pared, como si ahí hubiese un perchero o algo por el estilo.
Obviamente la prenda cayó al suelo de nuevo, pero eso no lo desanimó, volvió a tomarla y la presionó contra la pared, una, dos, cinco veces; obtenía siempre el mismo resultado, pero no le importaba.
—Aleksi —se rio Minami, parándose a su lado—. Eso nunca va a funcionar.
—¿Ah? ¿No? —lo observó con sus ojos azules y esa mirada completamente dopada.
—¡Claro que no! Tienes que dejarlo más tiempo presionado contra la pared.
—Oh… —tomó la prenda, la presionó contra la pared un rato y la soltó—. Tienes toda la razón ¡Funcionó!
Mentira, la prenda estaba en el suelo.
—¡Gracias! —abrazó al rubio muy gentilmente antes de sentir que alguien le ponía algo en la cabeza—. ¿Hum?
—Y Aleksi pertenece a… ¡Ravenclaw! —le quitó el sombrero de papel y se lo puso a Minami—. Tú perteneces a… ¡Hufflepuff! —le dio un beso en los labios y se fue corriendo para ponérselo ahora a su mejor amigo—. ¡Gryffindor! —abrazó a Yuuri y fue hacia Viktor—. ¡Slytherin! Oh Viktor, ¿Seguro que no eres pariente de… —se acercó a su oído y susurró—… Voldemort?
—Es mi tío —sonrió como estúpido—, pero shh… no digas nada.
—Tu secreto está a salvo conmigo —juró solemnemente y enseguida corrió hacia Jean—. Uhm…. Tú eres… eres… —se la pasó así más de cinco minutos—. J.J. eres un Hatstall.
—¿Debería ofenderme? —preguntó el canadiense, se le veía muy nervioso.
—¡Ravenclaw! —y de nuevo corrió, ahora hacia Chris—. ¡Hufflepuff! Y ¡Masumi también! —finalmente fue hacia el inconsciente Otabek en el suelo. Le puso el sombrero en la cara y con emoción dijo—. ¡Gryffindor!
Luego de eso se fue corriendo con sombrero en mano, lejos de la vista de todos. No volvieron a saber de su paradero.
—Oigan, chicos. Esos brownies que comimos… tenían algo raro ¿Verdad? —J.J. sudaba frío, estaba nervioso y mirando alterado hacia todas partes.
—Yurio dijo que eran Brownies especiales —recordó Yuuri.
Chris olvidó el asunto de David por un momento y se rio de lo lindo.
—Yo los hice "Espaciales" —admitió sin vergüenza.
—Eso quiere decir que… ¿Tienen marihuana?
—¡Claro que sí! —miró a su derecha y brincó del susto. David se le había vuelto a aparecer. Como alma que lleva el diablo, se fue corriendo de ahí, rodeando toda la habitación una y otra vez, no dejaba de correr.
—Oh no… oh no, no —Leroy se paró de su asiento y comenzó a caminar en círculos, alterado—. Eso es ilegal ¿No? La policía vendrá por nosotros y… y… mi familia, tengo un hijo y una esposa ¡No! La policía ya llegó. Escucho las sirenas.
Todos lo miraban, atónitos.
Aleksi miró de nuevo el muro donde intentaba pegar la prenda, sonrió satisfecho y luego de decir: "mi trabajo aquí está hecho" se fue a dormir.
Viktor aprovechó la situación y sacó su teléfono celular sólo para buscar el sonido de patrullas policiacas. Subió el volumen al máximo y reprodujo el sonido.
El pobre de J.J. dio un brinco y en completo pánico comenzó a decir cosas que ninguno entendía.
Leroy había entrado en pánico de persecución y estaba seguro de que había una patrulla en el pasillo. Viktor se burlaba y activaba una y otra vez el sonido de policías.
El canadiense casi colapsaba.
Mientras tanto, a Yuuri le nacieron unas inmensas ganas de comer, así que fue a la cocina y sacó un gigantesco bote de helado de chocolate de la nevera. Lo tenían ahí para los clientes, pero él se apropió de todo el recipiente de más de tres galones. Tomó una cuchara y fue a sentarse a la sala para ver todo el espectáculo que hacían sus amigos, ajeno a que él mismo era todo un show para ver, pues no quería darle helado a ninguno.
—Amor, dame un poquito —pidió el fan número uno del chocolate.
—No —se metió toda la cuchara llena de nieve a la boca, tardó unos segundos en ingerirla por completo antes de volver a enterrar el cubierto en la tina del postre.
—¡Un poquito! Tantito ¿Si? —hizo puchero.
—No.
Era muy divertido ver la mirada seria y casi vacía de Yuuri, comiendo cucharada tras cucharada.
—Dame.
—No, tiene nuez.
—Mentiroso.
—Eres alérgico.
—No tiene nuez.
—Claro que sí —agrandó sus ojos, intimidando al ruso—. Es mío, no te voy a dar nada —su seriedad, sus ojos engrandecidos y su boquita llena de helado de chocolate aterrorizaron un poco a todos los presentes. Minami recordó al personaje de un anime al verlo, Yuuri le recordó mucho a "L".
—Bien, bien —alzó ambas manos en señal de paz y refunfuñando se fue a sentar a un sillón sólo para conectar su teléfono a una bocina y encender el sonido de patrullas a todo volumen.
El pobre de J.J. soltó un grito aterrador.
—¡Slytherin! —se escuchó un grito que venía de algún punto del onsen.
—Al parecer Phichit también encontró a Yurio. Están en la misma casa de Hogwarts —sonrió Yuuri, feliz con su helado, o al menos así fue hasta que vio a lo lejos algo que le hizo soltar la tina de nieve.
Se puso de pie y atravesó la sala corriendo, incluso se saltó un sofá de un solo brinco para llegar a su amado. Le puso una mano en la boca a Viktor y lo jaló hacia atrás.
—¡¿Pero qué demonios te ocurre?! —sollozó, desesperado. Ni siquiera se dio cuenta de que Masumi había hecho lo mismo con Chris, totalmente espantado por lo que vieron sus ojos—. ¡Ibas a besar a Chris! ¡Viktoru! ¿¡Qué te pasa!?
—¡Sólo así te separaste de ese helado! ¡Lo preferías a él antes que a mí! Además, no me querías compartir —miró a su mejor amigo—. Gracias Chris —miró a Yuuri—. ¡Eres malo!
—¿Eh? —Masumi no entendía.
—Lo ayudé a hacer enojar a Yuuri —lo abrazó por los hombros—. No te asustes ¿Sí? —sonrió de lado antes de detectar a David, parado unos metros atrás de su novio.
Volvió a entrar en pánico.
OoOoOoO
Despertaron a las cuatro de la tarde con un terrible dolor de cabeza y de cuerpo entero. Su malestar fue tanto, que no se pararon de sus lugares hasta que se sintieron un poco mejor, sin importar que unos estuvieran sobre la mesa, otros en el suelo y unos bien acurrucados en un rincón sobe una alfombra. Eso último fue lo más gracioso, pues Otabek, Yuuri y Jean estaban muy abrazados y enredados uno con el otro.
Todos andaban de malas y buscaron a Yurio para que él preparara algo de desayunar, aprovechándose de que estaba próximo a ser chef. Ahí Otabek salió al rescate y dijo que nadie iba a explotar a su novio. Así fue como todos terminaron en la cocina, buscando qué comer de la alacena.
Ya una vez alimentados y un poco mejorados, Chris le dio a cada uno una bolsita de regalo con un pequeño obsequio como recuerdo de la despedida.
"Es para que lo usen y lo disfruten" les había dicho. Todos estaban tan crudos y cansados que ni siquiera se molestaron en abrirlo, simplemente se fueron directo a la habitación que habían preparado para todos, con un montón de futones. Era la misma habitación que utilizó Viktor hace años en su estancia en Hasetsu.
Viktor y Yuuri se fueron directo a la habitación de éste último.
—Recuérdame no dejar que Chris vuelva a organizar ninguno de nuestros eventos, ni siquiera cumpleaños —dijo Viktor, totalmente exhausto mientras se desnudaba.
Yuuri se puso un pijama más cómodo que la ropa del onsen y se metió a la cama.
—No te preocupes, yo tampoco lo permitiré —bostezó con fuerza y recibió a su amado desnudo entre sus brazos. Estaban tan cansados que podrían dormir hasta el día siguiente.
—Aunque nos dio recuerditos —dijo de pronto, despabilándose lo suficiente como para extender su mano hacia el piso, justo donde estaban las dos bolitas de regalo.
—Amor, déjalo, vamos a dormir —puso su mano sobre el pecho desnudo y su pierna sobre las de Viktor.
—Tengo curiosidad —tomó las dos bolsitas y dejó una sobre su pecho mientras abría la otra—. Oh por Dios —se rio entre dientes—. No debería de extrañarme esto, viniendo de él… —volvió a reír y Yuuri enfocó su mirada para ver de qué se trataba.
—Oh… —sus ojos rasgados se abrieron inmensamente al ver el enorme dildo de goma que tenía Viktor entre sus manos.
El ruso abrió la segunda bolsita y esta vez sacó algo mucho más pequeño.
—¿Qué es eso? —inquirió Yuuri, interesado al ver esa pequeña cápsula.
—Un vibrador a control remoto —leyó las instrucciones que traía consigo—. ¡Mira! Tiene una aplicación para poder controlarlo desde el celular —se emocionó—. Yuuri, hay que usarlo —sus ojos brillaron.
—¿Te lo vas a poner tú?
—Nop.
—¡Viktoru…! —se quejó, él sólo quería dormir.
Finalmente el ruso cedió y abrazó a su amado, dispuesto a dormir una larga siesta reparadora, pero maquilando en su mente un montón de ideas y escenarios en los cuales podrían usar ese artilugio. ¡Incluso podían usarlo en público! Era un hecho, al despertar haría una larga lista con todas las ideas que ya tenía en mente, puesto que su idea de tener sexo en el cuarto de Mari quedó truncada, ya que ella lo había dejado cerrado con llave y un letrero pegado en la puerta que decía: "Aquí no, sucios."
En fin, tenían toda una vida por delante para llevar a cabo sus ideas, por lo pronto sólo quería dormir abrazado a ese cerdito hermoso que olía a helado de chocolate.
—Te amo —susurró Viktor, pero Yuuri ya estaba navegando en el mundo de los sueños, sin embargo, una bella sonrisa se formó en sus labios al escucharlo desde sus sueños.
Continuará…
