Agape to Eros

By Tsuki No Hana

XXXVII

"Boda"

19 de mayo, 2020.

5:22 p.m.

Caminaba de un lado a otro en toda la habitación. ¿Estaba ansioso? ¡Pero por supuesto que lo estaba! Se iba a casar con el amor de su vida en menos de una hora y los votos se le estaban olvidando, temía decir una estupidez en el altar.

Intentó ponerse el montsuki, pero fue un completo fiasco, así que ansioso y frustrado comenzó a caminar de un lado a otro, hasta que tocaron a su puerta.

—Hermano ¿Ya estás listo? —se asomó junto con Irina, ambos lo vieron aún en ropa interior—. ¡¿No estás vestido aún?!

—¡No sé cómo se pone esta cosa! —exclamó, espantado y señalando las capas y capas de ropa que tenía ese kimono negro, especial para la ocasión.

—No debe de ser tan difícil —se acercó a las prendas que estaban colgadas frente a ella.

—¿Y ya tienes tus votos listos?

—Sí, se supone… Dios, estoy tan nervioso —comenzó a morderse las uñas. Irina de inmediato le dio un manotazo y lo tomó de los hombros.

—Tranquilo, todo va a salir bien. Descubriremos cómo se pone esta cosa y mientras tanto nos dirás los votos para que practiques.

—¿Sabes japonés?

—No.

—Entonces no me sirve que me escuchen ustedes.

Viktor estaba nervioso, frustrado y tenía miedo.

OoOoOoO

Estaba teniendo problemas con su montsuki, era tan precioso y fino que temía arrugarlo al ponérselo. Lo hizo con paciencia y logró acomodar todo en su lugar, pero aún había detalles que no le gustaban. Estaba batallando para acomodárselo correctamente, hasta que alguien entró a salvarlo.

—¡Marine-chan! —la miró con ojos de súplica—. ¡Ayúdame, por favor!

—Por Dios, Yuuri… —se quedó parada en su lugar, mirándolo de pies a cabeza—. Te ves… increíble. Nunca creí verte con esa ropa. ¡Mi hermanito se va a casar! —exclamó para sí misma, sin creérselo aún.

Yuuri, ya casi listo, esbozó una tierna sonrisa antes de ir y abrazarla. Ella correspondió el abrazo con mucha fuerza, estaba muy feliz por él. Tuvo que contener sus ganas de llorar, o arruinaría su lindo maquillaje.

—Déjame ayudarte —se limpió una pequeña lágrima al separarse—. Te lo pusiste todo chueco —se burló.

—Gracias por venir y ayudarme. ¿Sabes? Me siento muy afortunado de tenerte a ti, a mamá y a papá.

—¿Te estás poniendo sentimental? —siguió acomodándole el traje, risueña.

—No, bueno, sí. Pero no es por eso que lo digo, sino por Viktor.

—Ya sé por dónde vas.

—Hoy nos vamos a casar, yo tengo a toda mi familia conmigo, y él sólo tiene a su hermano aquí. Su padre no quiso venir y… seguramente extraña mucho a su madre en estos momentos, yo la extrañaría.

—Lo sé, es triste —suspiró—. ¿El señor Dimitri no aceptó tu invitación?

—Fui a buscarlo personalmente antes de venir a Japón, le entregué la invitación, pero me dio un no rotundo.

—Es una lástima.

—Lo sé.

—Pero no te sientas tan mal. ¿Por qué crees que mamá no está aquí ahora mismo?

—Eso me estaba preguntando, pensé que vendría a ayudarme.

—Te vas a poner celoso, pues ahora mismo está con Viktor, le está ayudando a ponerse el traje porque seguramente no tenía ni idea de cómo usarlo.

Ambos se echaron a reír, y Yuuri en vez de sentirse celoso porque su madre estuviera con su futuro esposo, se sintió dichoso y aliviado, era justo lo que quería. Sabía que Viktor quería a Hiroko como si fuese su propia madre, así que se la prestaría por un rato.

Finalmente Mari lo dejó listo y más guapo que antes.

—¿Estás listo para ver a tu flamante prometido?

—Listo.

—Recuerda que traerá el montsuki —dijo, con voz sugerente.

—Más que listo. No puedo esperar más.

Y es que lo extrañaba horrores. Días antes de la boda, Chris sugirió que sería mejor que los novios no se vieran por un par de días hasta que se llegara la fecha. En un principio ambos estuvieron en completo desacuerdo, pero finalmente accedieron y no se vieron en dos días enteros, logrando así que sus ansias por la boda incrementaran.

Antes de eso no se habían separado en meses, ni siquiera un día, así que estaban muy ansiosos por tenerse cerca de nuevo. Ese tiempo estando separados, según Chris, les ayudaría a pensar y reflexionar sobre su futuro, era su última oportunidad para arrepentirse de la boda, cosa que definitivamente no pasaría. El suizo insistía mucho en que debían pensarlo, después de todo él nunca fue muy partidario del matrimonio, era feliz en unión libre con Masumi y varias veces les sugirió esa opción a sus amigos.

Los dos fueron obedientes y no se vieron en un par de días. Estaban ansiosos y desesperados por tenerse uno al lado del otro, pero no intentaron verse a escondidas, sabían que esa separación momentánea sólo les haría sentir más grande la emoción.

OoOoOoO

—Tu madre estaría muy orgullosa en este momento —aseguró Hiroko.

Los ojitos azules de Viktor se inundaron en lágrimas. Estaba parado frente a un espejo de cuerpo completo con su suegra a un lado, abrazándolo. Del otro lado estaban Aleksi e Irina, mirándolo también.

—Yo estoy muy orgullosa de ti, Vi-chan —se paró de puntillas y tomó la cabeza de Viktor para que se inclinara y así poder darle un besito en la frente—. Y estoy muy feliz de que seas parte de la familia, hijo.

—¡Voy a llorar! —exclamó Irina, verdaderamente conmovida. Aleksi no decía nada, sólo miraba todo con un expresión llena de sentimientos contradictorios. Estaba feliz y nostálgico al mismo tiempo.

—Muchas gracias —dijo Viktor con una hermosa sonrisa. Era uno de los días más felices de su vida.

—Y tus votos son preciosos, son perfectos. Yuuri estará muy feliz cuando los escuche, más cuando vea lo mucho que te esforzaste en decirlos en japonés.

—¿Si lo dije bien? —estaba nervioso, ya los había repetido una y otra vez mientras Hiroko lo ayudaba a vestirse y ella escuchando atentamente lo ayudaba a corregir la pronunciación.

—Perfectamente —sonrió.

—Yo no entendí nada —dijo Aleksi—, pero conociéndote, hermanote, sé que son votos demasiado cursis.

Hiroko tomó la mano de su nuevo hijo y le sonrió.

—Iré a ver a mi Yuuri, Mari lo está ayudando con el traje, pero…

—Quiere ver a su único hijo varón antes de que se case, la entiendo —sonrió Viktor, comprensivo y feliz.

—Ya no es único, ahora tengo dos hijos hombres —le guiñó un ojo y salió de ahí.

OoOoOoO

—¿No me hace ver muy pálido? —inquirió, preocupado por su apariencia ¿Y si a Viktor no le gustaba cómo se le veía el traje azul marino?

—Estás perfecto, Viktor se enamorará por vigésima vez de ti —le aseguró Mari.

Toshiya, quien había llegado ahí un poco antes, se rio con libertad.

—Hijo, no te preocupes por el color, mejor ve repasando tus votos.

—¡Ni me lo digas! —sintió cómo su estómago se revolvió por los nervios.

—Dilos, nosotros te escuchamos.

—Gracias papá —iba a comenzar a decirlos, pero en eso un gritillo agudo se escuchó desde la puerta de esa habitación.

—¡Hijo mío! ¡Estás precioso! —corrió a abrazar a su hijo menor.

Ahora sí, toda la familia Katsuki estaba reunida en ese cuarto, admirando a un Yuuri en extremo feliz y nervioso.

Después de abrazos, lágrimas y besos en las mejillas, Yuuri salió de ese cuarto en compañía de su familia.

Viktor lo esperaba en el altar y no quería hacerlo espera más.

Salieron de esa casa, rumbo al jardín donde se llevaría a cabo la ceremonia.

Habían rentado un hermoso y extenso terreno poseedor de un jardín precioso, rodeado de cerezos y cubierto de césped en toda su área. En una parte del jardín se preparó una Capilla Shinto improvisada. En el altar estaba el sacerdote acompañado de sacerdotisas, listas para empezar la ceremonia que no duraría más de veinte minutos. Y frente al sacerdote, separadas por un pasillo en medio, había hileras de sillas blancas y elegantes.

El día primaveral era perfecto para que la boda se llevara a cabo, 19 de mayo.

El cielo estaba ligeramente nublado, los rayos de sol se colaban entre esas pocas nubes, haciendo del día aún más perfecto.

Mientras Yuuri caminaba junto a su familia, no podía evitar preguntarse cómo se vería Viktor, lo extrañaba horrores, tanto que en ese momento no le importaría si su futuro marido vestía solo jeans y camiseta. Necesitaba verlo ¡Ya! Se había vuelto loco sin verlo en esos dos días y sabía por sus amigos que Viktor estaba en las mismas. Estaba consciente de que esa dependencia mutua no era buena, ¿Pues qué pasaría cuando uno de los dos hiciera falta? No había duda, la vida no sería lo mismo.

OoOoOoOoO

Una suave melodía en cello anunció que la ceremonia estaba dando inicio. Los invitados se pusieron de pie para ver entrar a los respectivos padrinos atravesando el pasillo hasta llegar a sus posiciones indicadas frente al altar. A ellos les siguió uno de los novios.

Viktor entró a la capilla improvisada, vistiendo su elegante montsuki negro tradicional mientras traía del brazo a Lilia, aquella mujer que cuidó tanto de él cuando era apenas un niño. Baranovskaya le dio un beso a su Vitya en la mejilla antes de entregarlo en el altar.

—Sé muy feliz, hijo —le sonrió, con lágrimas en sus ojos.

—Ya lo soy —limpió sus lágrimas con el pulgar. Recordó que había llorado igual cuando le pidió que fuera ella quien lo entregara en el altar—. Gracias, Lilia.

Ella asintió antes de irse a su lugar en la primera hilera de sillas, junto a su esposo.

Entonces Viktor tomó su lugar en el altar y miró a su mejor amigo parado detrás de él, éste lo miró de arriba abajo y le dijo:

—Esa ropa extraña te va muy bien.

—Yuuri se ha de ver mil veces mejor —miró ansioso hacia todos lados, no viendo la hora de que su amado apareciera ya por ese pasillo. Así pues, miró a Phichit, padrino de Yuuri, y detrás de éste observó a las personas que tocaban la hermosa música que ambientaba la ocasión.

No pudo creer lo que sus ojos veían.

—¡Aleksi! ¡Evgenia! —trató de decirlo en voz no muy alta, se había sorprendido. Ellos le habían dicho que además de ser padrinos de anillos, les tenían una pequeña sorpresa. Jamás imaginó que tocarían la música en la ceremonia para ellos. Evgenia tocaba el cello suavemente mientras Aleksi la acompañaba con su teclado.

Mientras Yuuri hacía acto de aparición, Viktor miró a todos los invitados. Eran muy pocos, sólo las personas más cercanas fueron invitadas a la ceremonia religiosa y por un momento, sólo por un segundo, imaginó que su padre podría estar entre los invitados, pero no fue así.

Dejó de pensar en eso cuando Chris le dio una palmada muy fuerte en la espalda y cuando Phichit le susurró con sutileza (Sí cómo no) un "¡Ahí viene!".

Entonces la música cambió, el tema de Canon en D mayor comenzó a sonar. El corazón de Viktor se aceleró, sus manos comenzaron a sudar y su cuerpo entero daba temblorines.

Y ahí estaba, entrando por el pasillo y caminando del brazo de su madre: el amor de su vida.

—¡Oh por Dios! —no contuvo su emoción y se llevó ambas manos al rostro, totalmente conmocionado. ¡Yuuri estaba precioso! Y caminaba hacia él, directo hacia él. ¿Acaso sería un sueño? No lo creía, pues podía sentir sus lágrimas desbordándose hacia sus mejillas.

Sus miradas se toparon. Yuuri sintió sus piernas volverse gelatina al ver esos ojos celestes más radiantes que nunca, al notar su expresión genuinamente conmocionada y su… ¡Viktor se había peinado totalmente hacia atrás!

Podía sentir cómo sus manos empezaron a transpirar. Su futuro esposo era tremendamente guapo, se pusiera lo que se pusiera y se peinara como se peinara.

—Yuuri —la voz cantarina de su madre lo distrajo—. Camina un poquito más rápido —le dijo en voz muy bajita.

—Oh… —sus mejillas se pusieron rojísimas al darse cuenta de que apenas y caminaba.

—No me digas que te estás arrepintiendo.

—¡No! —dijo también en voz muy baja, disimuladamente—. Es sólo que… —suspiró.

—Vitya está muy guapo —soltó una risita traviesa.

—Demasiado —parecía colegiala enamorada, su sueño de casarse con su más grande ídolo se estaba cumpliendo. Años atrás no le habría pasado por la mente que ocurriría todo eso.

—Y tú estás precioso, hijo mío —le dijo—. Sólo ve cómo te mira, no puede creer que se vaya a casar contigo.

—Soy yo el que no puede creerlo… —se le iba el aliento una y otra vez, casi se le olvidaba cómo respirar, y todo por culpa de Viktor Nikiforov. Estaba tan centrado en ese par de mares celestes que ni siquiera miró a los invitados de pie, mirándolo fijamente al pasar. Comenzó a sentir la necesidad de respirar más rápido, estaba muy nervioso ¡Estaba caminando al altar! Su Viktor lo esperaba ahí, listo y dispuesto a casarse con él.

Llegaron junto a Viktor y Hiroko tomó la mano de su yerno.

—Vi-chan, cuida mucho de mi bebé —tomó la mano de su hijo y la puso sobre la de Viktor, éste de inmediato le dio un beso en el dorso y Yuuri casi juró nunca antes haber visto tal brillo en los ojos celestes de su amado. ¿Él se vería igual de emocionado? Sin duda alguna—. Y Yuuri, cuida mucho de mi hijo —le dijo inesperadamente.

—Por supuesto —dijo el japonés, muy seguro.

—No tenga duda de ello —Viktor abrazó a su suegra, no contuvo sus ganas de hacerlo.

Luego del abrazo, Hiroko se fue a su lugar junto a su esposo.

Viktor se quedó mirando a su amado por unos momentos, tomó sus dos manos y las besó, estaba muy emocionado, no podía ocultar su alegría tan inmensa.

—Te ves precioso —le dijo a Yuuri.

—No más que tú —apretó la suave y gran mano de Viktor. Podía sentir que temblaba ligeramente ¿O era él mismo quien lo provocaba? Ya no lo sabía.

Se distrajeron cuando el sacerdote carraspeó, un tanto divertido por la situación. Así los novios se apuraron en tomar sus lugares para comenzar.

Comenzaron con el ritual de purificación, y cuando terminaron con éste, procedieron a decir sus votos mientras intercambiaban anillos. Para esto, Makkachin apareció al final del pasillo, sosteniendo entre sus fauces un pequeño cojín, éste tenía un par precioso de anillos de oro.

Viktor fue el primero en tomar uno de los anillos, lo miró por primera vez y se maravilló al ver el grabado dentro de él, tenía la mitad de un copo de nieve y su nombre grabado. Definitivamente su hermano y cuñada supieron elegir hermosos anillos. Los miró ya sentados en la primera fila, cargando al pequeño Alexei de sólo meses, éstos le sonrieron y asintieron para motivarlo a que ya le entregara el anillo a su novio.

Tomó la mano derecha de Yuuri entre la suya y mirándolo fijamente a los ojos, comenzó a hablar en japonés:

No ha sido fácil llegar a este momento, hemos pasado por muchas pruebas que en su momento nos alejaron, pero nos hicieron madurar y ser quienes somos ahora. Nuestro amor se ha solidificado y hoy, Yuuri Katsuki, te prometo pasar el resto de mi vida amándote y procurando tu felicidad. Debes saber que te amo por tus virtudes, te amo por tus defectos y ten por seguro que ese amor jamás se va a terminar, estaré para ti en las buenas y en las malas. Así que hoy, en este día tan especial, quiero pedirte que seas mi esposo, porque deseo más que nada vivir el resto de mi existencia al lado de una persona tan maravillosa como tú.

—Oh Viktor… —murmuró, completamente conmovido. Sonrió como bobo y dejó que su amado le pusiera el anillo en el dedo anular, quedando junto con el anterior. Juntos parecían formar un solo anillo.

Todos los presentes hicieron una exclamación llena de ternura y asombro al haberlo escuchado hablar japonés. Los que no sabían el idioma, le pidieron a algún conocido que les ayudara a traducir, y en cuanto a la familia Katsuki… todos estaban conmovidos hasta el llanto, ¡Ni se diga Yuuri!, éste no podía apartar la mirada de su casi esposo. Sus bellas palabras aún resonaban en su mente. Estaba tan conmovido que casi olvidaba que él también tenía que decir sus votos.

Yo, Yuuri Katsuki —carraspeó para aclarar su voz—. Prometo amarte a ti, Viktor Nikiforov. Prometo apreciarte y honrarte a partir de hoy durante todos los días de nuestras vidas, tanto en los buenos como en los malos. Juro serte fiel siempre, y apoyarte cuando me necesites. Te entrego mi alma y corazón para toda la eternidad —esbozó una tierna sonrisa, perdiéndose en esos ojos azules que brillaban con emoción.

Oh por dios, Yuuri… —no pudo evitar exclamar aquello en su idioma natal al escucharlo hablar ruso. Al parecer los dos habían tenido ideas similares.

Prometo jamás huir y permanecer a tu lado tanto en los momentos de salud como en los de enfermedad —continuó—. Eres la persona que mi corazón, alma y mente han elegido para formar un hogar. Prometo formar ese hogar contigo y cuidar de ti, amándote aún más allá de la muerte —tomó la mano temblorosa de su amado y le puso el anillo, repitiendo sus acciones.

—Viktor Nikiforov ¿Aceptas a Yuuri Katsuki como tu esposo?

—Acepto —dijo con su expresión totalmente maravillada.

—Yuuri Katsuki ¿Aceptas a Viktor Nikiforov como tu…?

—Acepto —respondió de inmediato. Todos rieron un poco por su impaciencia y nerviosismo.

—Ahora los declaro marido y… —lo pensó unos segundos—…marido. Pueden besarse.

Ambos sonrieron y se unieron en un dulce y anhelado beso. Viktor tomó las mejillas de su ahora esposo para acercarlo más a él y Yuuri puso sus manos sobre el pecho de su marido mientras todos los invitados aplaudían y gritaban emocionados.

Luego de eso procedieron al pequeño ritual del San Sankudo. Tomaron un trago de tres cuencos diferentes de sake que representaban el cielo, la tierra y el hombre, en una promesa de matrimonio inquebrantable.

Una vez hecho eso, todos aplaudieron. Viktor y Yuuri eran al fin un matrimonio.

Se tomaron de la mano y salieron juntos de la capilla improvisada. Sus sonrisas no podían ser más grandes y hermosas. Al fin, al fin eran esposos.

—¡Hay que tomar las fotos! —Phichit arrastró a los novios a un área en específico donde se tomarían las fotos del recuerdo. Se posicionaron bajo la sombra de grandes cerezos.

El día estaba soleado y un viento estival los acariciaba a todos, meciendo las ramas de los árboles y causando que una lluvia hermosa de pétalos de flor de cerezo les cayera encima.

Le tomaron fotografías al nuevo matrimonio. Unas fueron formales, otras totalmente alocadas, como por ejemplo en la que Viktor le mordió una mejilla a su adorable esposo y éste sin habérselo esperado hizo una cara de completa sorpresa. En otra salieron demasiado tiernos, besándose los labios; en otra tenían sus frentes juntas, Viktor lo abrazaba por la cintura y Yuuri tenía ambas manos sobre las mejillas de su esposo.

A esas fotos les siguieron las que eran con los padrinos, hermanos, familia, amigos, etc.

Luego de la extensa sesión de fotografías, los recién casados se fueron directo a la casa, desaparecieron por un rato mientras los invitados se acomodaban bajo la carpa donde se llevaría a cabo la recepción.

—¿Y los tórtolos? —preguntó Mari, mirando en todas direcciones y no encontrándolos.

Aleksi iba a preguntar lo mismo, pero justo en ese momento vieron a Viktor salir de la casa, vestido con un hermoso y elegante frac negro, con su camisa blanca e inmaculada debajo, y un moño del mismo color.

Los invitados lo vieron y se quedaron boquiabiertos, se veía realmente bien. El aludido se estaba acomodando las mancuernillas cuando notó que todos lo observaban, luego esa atención se desvió hacia algo detrás de él. Se giró para ver de qué se trataba y…

El corazón se le fue hasta el suelo.

Yuuri salía de la casa, vestido con un frac muy similar al suyo, de color negro, con chaleco y camisa blanca y un moño negro. Estaba tremendamente "apetecible", según los pensamientos de Viktor, quien no le podía quitar la mirada de encima sin dejar de pensar en que ese increíble y precioso hombre era completamente suyo, enterito.

No lo pensó dos veces antes de ir hacia él y abrazarlo por la cintura para llenarle el rostro de besitos cariñosos.

—¿Puedes ser más adorable? —preguntó el ruso, con su felicidad llegando a límites peligrosos.

—No soy adorable —se quejó, alejándose un poco de la "máquina de besos" en la que se había convertido su esposo, pero sin realmente querer alejarse.

—Oh, es cierto. Eres el hombre más sexy sobre la faz de la Tierra —le dijo con una voz baja y sensual.

—Tampoco —se negó, con un tono serio—. Ese eres tú, mi amor —tomó sus mejillas y lo sorprendió con un beso.

—Wow! —dijo después del beso, ansioso por más.

—¡Hey! La luna de miel empieza hasta la noche —Chris tomó a Viktor del cuello de su camisa y lo arrastró lejos de Yuuri. Entonces Irina apareció y los felicitó una vez más, pero en esa ocasión no iba sola, su novio había llegado justo a la recepción de la boda.

—Quiero presentarles a mi novio, aunque es un hecho que ya lo conocían —se sonrojó un poco, más al ver las expresiones desencajadas de ambos.

—Dr. Stèphane Lambiel —a Viktor casi se le fue la mandíbula hasta el piso.

—Muchas felicidades por su matrimonio —los felicitó a ambos, extendiéndole la mano a cada uno y dándoles un corto abrazo.

Yuuri sonreía a más no poder, feliz porque Irina tuviera una relación.

—Felicidades a ustedes —dijo Yuuri—. Cuando Irina dijo que ya tenía novio nunca me imaginé que se trataría de usted.

—Puedes tutearme —pidió con amabilidad.

Viktor no podía dejar de estar asombrado. Y cuando tuvo la menor oportunidad, arrastró a Irina a un rincón y la acorraló.

—¡¿Eres novia de mi doctor?!

—Sabía que harías un drama —rodó los ojos—. Sí, somos pareja.

—¡Es catorce años mayor que tú!

—¿Y?

—Es muy mayor.

—Tiene cuarenta y cuatro.

—Unos cuántos menos que mi padre.

—No lo digas así, se oye horrible. Además, tu padre te tuvo siendo demasiado joven.

—¡Eso no importa! ¡Es mi doctor!

—Y es mi novio —se rio por lo divertido de la discusión—. Y también es la relación más seria y estable que he tenido en… toda mi vida. De todas formas no me puedes negar que se ve mucho más joven. Yo pensaba que tenía menos de cuarenta.

—Eso sí —observó el ruso, luego negó con la cabeza—. Pero eso no importa. Irina ¿Estás segura de esto?

—Soy feliz, Viktor, muy feliz —se encogió de hombros mientras esbozaba una sonrisa por completo sincera.

Sí, se veía muy feliz.

Viktor suspiró y puso ambas manos sobre sus hombros.

—Si te hace daño o te hace llorar… se las verá conmigo ¿De acuerdo?

—Sí, hermano mayor —dijo con voz chistosa—. Ya, tranquilízate, que todo irá bien.

Viktor volvió a suspirar.

—Te ves demasiado guapo —dijo de pronto Irina—. El matrimonio con Yuuri ya te está sentando muy bien —miró al japonés a lo lejos, hablaba amenamente con unos invitados—. Mentira, Yuuri sí que se ve demasiado guapo —se mordió el labio.

—Contrólate, que tienes novio.

Irina alzó una ceja y se echó a reír. Le palmeó un hombro y regresó con su flamante novio.

Viktor fue directo hacia Yuuri, quería besarlo nuevamente y decirle que estaba precioso, pero Chris lo detuvo a medio camino.

—Ya está todo preparado —le dijo al oído—. La canción empezará cuando lo ordenes.

—Perfecto —rio con nerviosismo, estaba por hacer una locura, quizás demasiado cursi y cliché, pero lo haría, pero primero haría otra cosa…

Tomó a Yuuri de la mano y lo guio a la pista de baile instalada sobre el césped y debajo de la enorme carpa.

—¿Qué haces? —se rio el japonés, notando que pronto fueron el centro de atención de todos.

—Quiero comenzar nuestro primer baile como esposos —puso una mano en su angosta cintura y con la otra tomó una de Yuuri. Éste se sonrojó tiernamente antes de posar su mano izquierda sobre el hombro ajeno.

Entonces "Fly me to the moon" comenzó a sonar y los novios no tardaron en bailar al ritmo de la canción.

Todos los invitados comenzaron a aplaudir al verlos.

Viktor y Yuuri no se dieron cuenta, estaban enfrascados en su burbuja de amor, risas y cariños. El ruso lo hacía girar sobre su propio eje y al mismo tiempo marcaba el paso. Yuuri sólo se dejaba guiar, hasta que cambiaron los papeles y fue éste quien tomó a Viktor de la cintura.

—¡Yuuri~! —exclamó con una sonrisilla pícara, aceptando que lo condujera en el baile.

Durante la corta canción los dos rieron, se hicieron cariños e intercambiaron papeles una y otra vez. Ni siquiera se daban cuenta de las expresiones conmovidas de los invitados, mucho menos del sin fin de fotos y videos que tomaba Phichit mientras a su vez les ordenaba a los de fotografía que se encargaran de captar cada maldito segundo de esa boda tan esperada.

Terminaron el baile, respirando un poco acelerados y sonriendo a más no poder.

Su pequeña burbuja se reventó cuando escucharon el ruido de los invitados gritando y aplaudiendo. Ambos se sonrieron entre sí y compartieron un dulce beso en los labios.

—Amor —le dijo Viktor—. Toma asiento aquí —le pidió.

—¿Dónde quieres que…? —miró detrás de sí, descubriendo que había una silla en medio de la pista de baile—. ¿En qué momento pusieron esto aquí?

Viktor rio con nerviosismo.

—Tú siéntate —lo empujó levemente y le guiñó un ojo—. Te tengo una sorpresa.

El aludido obedeció y se quedó sentado ahí, ante la mirada expectante de todos los invitados, entre los cuales no halló a Chris, Phichit, Aleksi, Yurio, Otabek, Minami ni a J.J.

Todo comenzó a tornarse demasiado sospechoso.

Entonces una canción muy conocida por Yuuri comenzó a sonar, la reconoció de inmediato. Su corazón se aceleró y buscó a su amado por todas partes, pero no lo halló.

You're just too good to be true… —la voz de Viktor se escuchó en las bocinas, pero Yuuri no lo encontraba, ahora sí que su corazón se le quería salir del pecho, miraba desesperado en todas las direcciones posibles—I can't take my eyes off of you. You'd be like heaven to touch.

Y entonces lo miró. Iba saliendo de entre los músicos que estaban en una pequeña tarima frente a la pista. Traía micrófono en mano y lo miraba fijamente a él, sólo a él.

I wanna hold you so much. At long last love has arrived and I thank God I'm alive. You're just too good to be true —caminó hacia Yuuri hasta poder acariciar su rostro, sin dejar de cantar. El japonés intentó levantarse, pero su esposo no se lo permitió—. Can't take my eyes off of you.

—Oh Viktor —se llevó ambas manos al rostro, apenado y muy sonrojado, pero Viktor seguía cantándole, parado a su lado mientras la banda tocaba la canción.

Pardon the way that I stare. There's nothing else to compare —volvió a acariciar su mejilla. Yuuri estaba muy sonrojado y sorprendido por lo bien que lo hacía—. The sight of you leaves me weak, there are no words left to speak, but if you feel like I feel, please let me know that is real. Your'e just too good to be true, I can't take my eyes off of you.

Y en ese preciso momento la música se volvió más movida. Fue entonces que todas esas personitas que faltaban en las mesas, aparecieron detrás de Viktor, en fila hombro con hombro, bailando una coreografía bien planeada. Y Viktor se les unió, pero en frente de todos ellos, sin soltar el micrófono.

Todo aquello le recordaba bastante a la boda de Aleksi, cuando se fueron al departamento de Viktor y pusieron karaoke. Su amado le había bailado y cantado esa canción estando muy ebrio y ahora lo hacía en el día de su boda, completamente sobrio.

—¡Dios! —se llevó ambas manos al rostro, riendo como tonto enamorado.

I love you baby! And if it's quite all right, I need you baby to warm the lonely nights. I love you baby, trust in me when I say: Oh pretty baby! Now that I've found you stay and let me love you, baby, let me love you…

La canción y el baile terminaron. El resto de los chicos le habían hecho los coros, incluyendo a Otabek, quien accedió a hacerlo, pero no lograron que quitara su cara de seriedad. Y Yurio… bueno, Yurio no se aguantaba la risa al ver las expresiones avergonzadas del cerdo. Le había dicho a Viktor que sólo lograría causarle pena ajena a su esposo, pero no lo escuchó.

Ninguno se imaginó que ese pequeño espectáculo fuera a causar tanto furor en los invitados, quienes no dejaban de aplaudir.

Finalmente Yuuri se levantó de la silla y se echó sobre su esposo, abrazándolo asfixiantemente hasta que se le cayó el micrófono.

—No me esperaba algo así —lo siguió abrazando—. Fue hermoso —besó su mejilla.

—¿A eso le llamas beso? —se burló el ruso antes de pegarlo más a su cuerpo y dejarlo suspendido en el aire para darle un beso muy al estilo príncipe.

Las exclamaciones de júbilo y los silbidos no tardaron en llegar.

El sol comenzó a ponerse y la cena empezó a ser servida. Tomaron sus respectivos lugares y brindaron antes de comenzar a cenar.

—Por una vida a tu lado —Yuuri levantó su copa de champagne.

—Por una vida a tu lado —Viktor hizo lo mismo y entonces bebieron.

Y fue hasta que estaban terminando la sopa, cuando comenzaron a proyectar en una pantalla blanca.

En las bocinas se escuchaba una linda canción y en esa pantalla aparecieron unas palabras:

"La historia retorcida de los novios"

—¿Qué es eso? —Inquirió Viktor, sorprendido.

—No tengo idea —dejó de comer al ver que era un video con fotografías de ambos, fotos que no tenían idea de que existieran—. Esto es obra de Phichit.

—Phichit —murmuró bajito y con sus ojos entornados.

"Desde que era un niño, Yuuri soñaba con conocer a su más grande ídolo: Viktor Nikiforov"

Salieron muchas fotos de Yuuri siendo apenas un niño, admirando a Viktor en la televisión, asistiendo a sus primeras clases de patinaje, ganando sus primeras competencias locales.

"Practicó arduamente, día y noche, para llegar a la altura de él. Dedicó todo su tiempo para alcanzar esa meta. Y lo logró. Conoció a Viktor, pero no fue lo que imaginó"

En las siguientes imágenes estaba Yuuri alejándose de Viktor, luego de que éste le ofreciera tomarse una foto con él.

—¿De dónde sacaron eso? —estaba sorprendido.

—No sé, pero aún recuerdo cómo me rechazaste y se me parte el corazón —dramatizó mucho, recargando su cabeza en el hombro de su amado. Los dos habían dejado de comer para ver ese video.

—No seas tonto —rio y recargó su cabeza sobre la de su esposo.

"Desde ese momento, Viktor comenzó a sentir curiosidad por el joven que lo rechazó. Y fue hasta la noche del banquete en la que tuvo la oportunidad de conocerlo mejor…"

Un sinfín de fotografías peligrosas apareció. Todas de la noche del banquete. Yuuri medio borracho, Yuuri muy borracho, Yuuri semidesnudo, Yuuri bailándole a Viktor y los ojitos de éste completamente iluminados por lo que veía.

—Oh Dios ¡¿Por qué están exponiendo esas fotos tan vergonzosas!?

—Pero si son hermosas, ¡Mira ese trasero! —se mordió el labio al ver una foto de Yuuri haciendo pole dance.

"El hilo rojo del destino se estrechó entre ellos, uniendo sus caminos para que se encontraran una vez más. Y no se separaron en mucho tiempo"

Ahora vieron fotos de cuando Yuuri era entrenado por Viktor, en éstas también salía de repente Yurio y los Katsuki. También aquellas fotos que tomó Phichit a escondidas cuando Viktor le preparó aquel fin de semana especial en el onsen, de aquella vez que Chris se lo llevó a rastras para que los dejara a solas.

"Sin embargo, la vida trae consigo no sólo cosas buenas"

Salieron sólo un par de fotos de Yuuri en el hospital, en coma. Esas que tomó Phichit el día del cumpleaños de Yuuri, cuando su habitación estuvo llena de flores y globos de colores. También una en la que Viktor estaba en el hospital y Yuuri lo cuidaba, durmiendo a su lado en la cama.

"Y el hilo rojo del destino se alarga, a veces incluso atraviesa países diferentes ¡Diferentes continentes!"

Decía el video, refiriéndose a todo el tiempo en el que los dos estuvieron separados en lados opuestos del mundo. Ahí había fotos de ambos por separado. Se notaba de inmediato que la felicidad en los dos había disminuido radicalmente.

"Y ese hilo puede enredarse, estirarse, desenredarse, incluso anudarse, pero jamás romperse. No importan las distancias, el tiempo ni las circunstancias; cuando el amor es verdadero y está destinado, será"

Entonces una hermosa foto de Viktor y Yuuri abrazados apareció en toda la pantalla. Enseguida comenzó una canción muy alegre y un montón de fotografías de ambos comenzó a aparecer, una tras otra, al ritmo de la canción.

Con algunas fotos exclamaban "Aww", con otras reían y con algunas otras la pareja se avergonzaba.

El video terminó con la siguiente leyenda:

"Un sueño muy grande como para cargarlo uno solo. Un lugar al cual llegar. Llamamos 'amor' a todo lo que se encuentra sobre el hielo. Ellos se conocieron gracias al hielo"

Salieron los créditos del video. Sí, Phichit había sido el encargado, pero recibió ayuda de todo mundo para recopilar esas fotos, las trillizas tuvieron mucho qué ver en ese video, incluso Yurio y Otabek proporcionaron material.

—¡Quiero ese video! —exclamó Viktor.

—Les puse una copia en el regalo de bodas —respondió Phichit desde algún punto del lugar.

Terminaron la cena y el baile comenzó. Los recién casados fueron los que abrieron la pista, bailando juntos una canción muy bella. Luego Hiroko, Mari y Lilia bailaron con cada uno, incluso Irina. Los nuevos esposos se cansaron un poco, así que se fugaron un rato de la pista y se perdieron juntos en alguna parte del jardín. Caminaban tomados de las manos, las chicharras aún cantaban con armonía y los últimos rayos del sol se veían en el oeste.

Paseaban en silencio. La mano grande de Viktor acariciaba con infinito cariño la de Yuuri. Ambos sentían el agradable clima rodeándolos. El aire fresco les acariciaba la piel, los pétalos de cerezo seguían cayendo como una lluvia tenue sobre ellos y el olor a mar llegaba a sus fosas nasales.

—Esto me recuerda a… —Yuuri aspiró con fuerza y luego exhaló.

—… aquella cena que te preparé hace muchos años, al aire libre, en el jardín de tu casa. Hacía el mismo clima, era a la misma hora que en estos momentos —inhaló igual que Yuuri, transportándose a ese preciso momento.

—Esa noche fue inolvidable.

El orgullo del ruso se subió como espuma al aire.

—¡Sigo sin creer que cocinaras un pastel salado!

Esa espuma al aire se deshizo por completo.

—¡Yuuri! —se quejó—. Pensé que te referías a nuestra primera vez.

—También me refería a eso, fue increíble e inolvidable —se afianzó de su brazo fuerte, caminando a un paso tranquilo, mirando todo a su alrededor.

—Nunca olvidaré ese fin de semana —soltó una risilla totalmente cantarina. La sonrisa de Yuuri se ensanchó al escucharlo y más al recordar esos días tan preciosos.

—Tenemos que repetirlo antes de que tengamos hijos, porque una vez teniéndolos… —fue interrumpido.

—¡Aun así podremos hacerlo!

—No lo creo, amor.

—Los llevaremos con sus abuelos o con sus tíos para que los cuiden un fin de semana —le guiñó un ojo.

Ahora fue el turno de Yuuri para soltar una risita.

—Me parece perfecto, señor Nikiforov.

—Se oye tan extraño.

—Ya eres un señor.

—Tú también eres uno, señor Nikiforov —detuvo su andar y se paró frente a Yuuri para tomar sus mejillas y alzar su rostro con delicadeza. No pudo evitar perderse en esos ojitos tan cafés como el chocolate, eran preciosos, profundos y tan expresivos. Y si a ellos se sumaba aquella sonrisa matadora… Dios, Viktor era hombre atrapado.

—Ya soy un Nikiforov —sonrió Yuuri. Ya había hablado de eso con Viktor, había decidido adoptar el apellido de su esposo.

—Sí, pero no.

—¿Qué quieres decir?

—El acta de matrimonio que firmaste tenía tu nombre como "Yuuri Katsuki-Nikiforov".

—¿Qué?

—Quise que conservaras tu apellido, no me gustaba la idea de que te borraran el "Katsuki", no eres de mi propiedad, somos uno mismo, con diferentes apellidos.

—¡Pero Viktor…!

—Sí eres Nikiforov, pero como segundo apellido —le guiñó un ojo y luego soltó una risita muy traviesa.

—¿Qué más hiciste, Viktor? —lo miró, severo y cruzándose de brazos. Conocía muy bien esa risa y no acarreaba nada bueno.

—Cambié mi nombre.

—¿Qué hiciste? —juntó ambas cejas en señal de preocupación.

—Soy Viktor Nikiforov-Katsuki.

El japonés se dio una palmada en la cara.

—¿Aleksi te ayudó?

—Yep —tomó su mano y con una sonrisa de oreja a oreja siguió caminando, balanceando el agarre entre sus manos.

Yuuri soltó una risa al aire y se volvió a enganchar al brazo de su esposo.

—Eres increíble, Viktor Nikiforov-Katsuki.

—Lo sé —besó su mejilla.

—Dime algo.

—¿Si?

—Nuestra familia será…

—La familia Nikiforov Katsuki, con ambos apellidos, no quiero que el Katsuki se pierda.

—¿Se puede?

—Aleksi se encargó de todo eso.

El aludido esbozó una linda sonrisa y se detuvo para besar los labios de su esposo.

—Gracias amor —le dijo en voz baja antes de continuar con su paseo, sujetando el fuerte brazo de Viktor con el suyo.

—¿Y cuántos hijos vamos a tener? —preguntó el ruso luego de un rato.

—Dos

—¿Sólo dos? —frunció los labios, a Yuuri le dieron ganas de morderlos.

—¿Tres?

—Más.

—Tampoco te excedas, que acabo de aceptar tenerlos —le dijo riendo, pero sin bromear.

—Está bien —se volvieron a detener, ahora a un lado de la casa, cerca de la entrada trasera.

Estaban frente a frente. Yuuri se animó a pasar sus brazos detrás del cuello de su esposo, mientras que éste lo hizo en su cintura.

—Te vez perfecto —alzó su mano hasta acariciar la frente casi despejada de Viktor—. Deberías peinarte así más seguido, te ves tan elegante y tan guapo.

—Odio peinarme de esta forma.

—Lo sé. Gracias por hacerlo en nuestra boda y gracias también por aceptar usar el montsuki —no detuvo sus caricias suaves.

—¿Bromeas? Moría por ponerme esa ropa, aunque debo admitir que no se me veía tan bien como a ti.

—Claro que no —se avergonzó.

—No seas modesto, Katsuki.

Ambos rieron un poco, terminando sus risas con un beso que comenzó tierno y terminó dejándolos agitados y ansiosos.

—Te extrañé mucho en estos dos días. Sentía que me volvería loco —confesó el ruso.

—Yo también —suspiró, volviendo a besarlo, esta vez con más ahínco.

Las manos de Viktor se afianzaron con más fuerza a la cintura de su esposo y éste enterró sus delgados dedos en el cabello plateado de la nuca de Viktor.

—No —se separó el mayor—. Si seguimos… —su respiración era errática—… no debemos, es nuestra boda.

La cordura y razón llegó a los dos.

—Tienes razón —admitió de inmediato, tratando de calmar su subidón hormonal—. Además, tenemos toda la luna de miel para hacer estas cosas —sonrió de lado, muy provocativo—. Te tengo un par de sorpresas.

—Wow! ¿En serio? —se emocionó—. ¡Dime!

—Obviamente no, porque dejarían de ser sorpresas.

—¡Dime! —insistió.

—Te lo diré si tú me dices a dónde iremos de luna de miel.

Viktor frunció el ceño y los labios.

—Ambos nos quedaremos con la duda hasta que llegue el momento —tomó la mano derecha de Yuuri y la besó justo en el dedo anular, sobre los anillos—. ¡¿Ya notaste esto?! —se quitó su propio anillo y le mostró el grabado interno de copos de nieve—. El tuyo también lo tiene —se lo quitó y los unió—. ¡Se complementan!

—Son preciosos —se maravilló el japonés—. Aleksi y Evgenia se lucieron.

—Por completo. ¡Y tú! —lo señaló con el índice, acusándolo—. Tus votos fueron preciosos —se le llenaron los ojos de lágrimas, de inmediato.

—Los tuyos me hicieron llorar frente a todos —también lo apuntó con un dedo, sintiendo que sus ojos comenzaban a escocerle.

Al ver que ambos lloraban como idiotas, se echaron a reír sólo para después ayudarse mutuamente a limpiar esos ríos salados en sus mejillas.

—Aún me cuesta creer que esto esté pasando —suspiró Yuuri—. Nada pudo ser más perfecto. Todo ha salido maravillosamente bien.

La mirada de Viktor entristeció unos segundos.

—Sé que me negué a invitar a mi padre a la boda, pero… por alguna estúpida razón guardé la esperanza de que viniera aun así —lo miró a los ojos—. ¿Sabes? Le guardo mucho rencor, pero en momentos tan felices e importantes como este no me importan esos rencores.

Yuuri no dijo nada, sólo lo escuchó y le acarició una mejilla.

—En verdad me hubiera encantado solucionar las cosas con mi padre y que él aceptara nuestra relación, que te aceptara en la familia. Sé que fui muy cruel con él la última vez que lo vi, pero… —suspiró—. Guardaba la ingenua esperanza de que algo así ocurriera —sonrió con tristeza y bajó la mirada unos segundos antes de que su rostro fuera tomado por su esposo, y alzado hasta toparse con esos preciosos ojos marrones.

—Mi amor, creo que alguien te está buscando —le hizo girar la cabeza hacia un lado, justo en la entrada principal del evento.

Vestido de traje negro, elegantísimo y con su porte imponente, Dimitri Nikiforov estaba parado a unos metros de ellos.

Viktor sintió que la sangre se le fue hasta los pies.

Yuuri soltó su mano y lo empujó para que fuera a recibir a su padre, pero lo que hizo el ruso fue tomar la mano de Yuuri con más fuerza. Quería que los dos fueran juntos ante su padre, ahora eran un matrimonio y venían en paquete.

Llegaron frente a Dimitri, quien no se atrevió a poner un solo pie dentro del lugar.

—Hola —saludó, mirándolos a ambos.

—¿Qué haces aquí? —inquirió Viktor con curiosidad. No se portó grosero con él, estaba consciente de que la última vez que hablaron fue lo suficientemente grosero.

—Es la boda de mi hijo mayor —esbozó una ligera sonrisa y luego miró a Yuuri de reojo—. Y aunque no esté de acuerdo con este tipo de matrimonio —insistió con su homofobia—, eres mi hijo de todas formas.

Viktor no supo cómo tomar eso, apretó los puños porque sí, su padre estaba ahí en su boda, mas no aceptaba aún a Yuuri y quizás nunca lo haría.

—Aun así… les deseo felicidad —extendió la mano hacia Yuuri, éste la miró y se quedó confundido por unos segundos antes de tomarla y apretarla.

Entonces Dimitri le dio un apretón de manos tan fuerte que casi se escucharon sus pobres huesos tronar.

—Hazlo feliz —le advirtió al japonés—. Atrévete a hacerlo sufrir una vez más y… —no dijo más, sólo meneó la cabeza de un lado a otro.

Yuuri se puso muy nervioso, pero logró controlarse frente a él. Hizo nota mental de preguntarle a Viktor si su papá de casualidad no trabajaba en la mafia, porque definitivamente tenía finta de líder mafioso.

—Dedicaré mi vida a hacerlo feliz —prometió con solemnidad.

Viktor no pudo contener su expresión totalmente conmovida, aunque ésta se esfumó cuando volvió a escuchar los huesos de Yuuri crujir dentro de la mano de su padre.

—Papá, es suficiente —le pidió con tranquilidad.

Dimitri sonrió de lado y lo soltó, sin quitarle su mirada penetrante de encima al japonés.

Yuuri se contuvo de sobar su pobre mano.

—Quisiera hablar con mi hijo —miró a Yuuri—. A solas.

—Oh, bien —sonrió y luego de una leve inclinación, se fue, pero aun así se quedó cerca.

—Sigo sin estar seguro de esto —negó con la cabeza en una expresión de inconformidad, sin embargo, una ligera sonrisa incrédula se formó en sus labios.

—Yo estoy muy seguro. Con eso basta —se encogió de hombros. Estaba tan feliz por ver su sueño cumplido, que nada podía hacerlo enojar, ni siquiera su padre.

—A fin de cuentas es tu vida —suspiró.

—Lo es.

Se quedaron en un incómodo silencio. Se escuchaba la música de la fiesta a lo lejos. La gente bailaba armoniosamente en la pista y se divertían a lo grande.

—¿Quieres pasar?

—No.

Se volvieron a quedar en silencio por unos minutos. Habían pasado quince años desde la última vez que compartieron tanto tiempo juntos.

—Sólo vine a desearles felicidad y a advertirle aquello a Katsuki.

—Papá —le reprochó con voz seria. Si empezaba a hablar mal de su esposo, lo detendría al instante.

—Prometo no interponerme más en su relación. No volverán a saber de mí. Recuerdo tus últimas palabras. No te molestaré de nuevo —fue sincero y directo.

Viktor no se disculpó a pesar de ello. Se mantuvo firme.

—Me voy —le extendió la mano a su hijo, éste la tomó y entonces Dimitri lo jaló para abrazarlo fuertemente.

Viktor no se esperó aquello.

—Tienes un… esposo…—batalló para decir la palabra, no se separó del abrazo, todo se lo decía sobre el hombro—...muy perseverante.

—¿Por qué lo dices? —no hizo esfuerzo por zafarse del abrazo.

Dimitri al fin deshizo el contacto y buscó algo dentro de su saco. Le mostró la invitación de la boda.

—Hace unos meses fue a mi oficina para entregármela. De inmediato le dije que no vendría, pero no pude perderme la boda de mi hijo mayor —sonrió de lado—. No de nuevo, al menos.

Viktor no cabía en sí de la impresión.

—Ve a disfrutar de tu boda —se despidió con un gesto de la mano. Su hijo seguía igual de impactado.

—Adiós —se dio media vuelta y comenzó a caminar rumbo a la fiesta, pero no dio más de cinco pasos cuando se volvió a girar y corrió hacia la salida—. ¡Papá! —se dio cuenta de que estaba por subirse a su auto, al parecer venía acompañado, pues un hombre lo esperaba en el asiento del copiloto.

—Dime.

—Hoy podemos olvidarnos de nuestras diferencias y rencores. Sólo por hoy. Mañana volveremos a odiarnos —lo miró detenidamente—. Ven a la fiesta.

Ahora fue Dimitri el que no supo cómo reaccionar.

—A Aleksi le dará mucho gusto verte, también a Alexei.

Dimitri se quedó con una mano en la puerta de su auto y entonces miró hacia el interior, a su amigo.

—Puede venir él también —ofreció.

—Gracias, pero creo que es mejor que me vaya —sonrió de lado—. Gracias —repitió.

—Bien —se encogió de hombros y volvió a la fiesta. Al menos no quedaría en su conciencia el cargo de no haber intentado que se quedara, el cargo de no haber hecho las cosas bien.

—¿Cómo te fue mi amor? —preguntó Yuuri, esperándolo muy cerca de donde estuvo hablando con su padre, pero no tanto como para invadir su privacidad.

—Bien —lo abrazó por los hombros y comenzaron a caminar lado a lado rumbo a la fiesta—. Muy bien en realidad —su sonrisa era contagiosa.

Viktor le dio un beso muy sonoro en la mejilla a su amado y le susurró un "Te amo tanto" al oído. Jamás iba a poder dejar de agradecerle que hubiera ido a dejarle esa invitación a su padre. Se sentía más feliz todavía, pues incluso por unos momentos olvidó todo rencor hacia su padre.

OoOoOoOoO

—¿Vinimos hasta acá sólo por esto? Acepté acompañarte con la condición de que te quedarías en la fiesta. Se supone que íbamos a venir a la ceremonia también.

—Sí, Andrew —se puso el cinturón de seguridad del auto que habían rentado—. Pero no contábamos con que el vuelo se retrasaría tanto.

—Todavía tienes la oportunidad de estar ahí. Tu mismo hijo te invitó a pasar ¡Incluso a mí! —se rio el rubio.

Dimitri dejó las manos sobre el volante, apretándolo. Lo pensó unos segundos y luego encendió el auto.

—Oh vamos —se quejó—. Dimitri ¿Es en serio?

El aludido resopló y se tumbó contra el respaldo, mirando a su amigo de toda la vida a los ojos.

—¿Qué quieres que haga? —preguntó con fastidio.

—Que levantes tu trasero de ahí y te metas a la fiesta. ¡Tu hijo no se va a casar todos los días! No pudiste estar en la ceremonia ni acompañarlo al altar, mínimo preséntate en la fiesta.

El otro suspiró pesadamente.

—No es tan fácil —su corazón se estrujó al recordar las palabras tan hirientes, pero Andrew, como buen mejor amigo, supo lo que podría estar pasando por esa mente loca.

—Viktor te dijo que al menos por hoy se olvidaran de sus diferencias. Hombre, es tu hijo y no puede odiarte en realidad. Lo vi en sus ojos, él no te odia a muerte, pero sí está muy resentido, lo cual es muy obvio después del hijo de perra que has sido.

—Tú sabes por qué.

—Sí, sí —rodó los ojos—. ¿Entonces qué? ¿Entramos? Tengo curiosidad sobre cómo será su esposo.

Dimitri frunció más el ceño. Aún no soportaba el hecho de que fuera hombre.

—Es un hombre común y corriente, no te pierdes de nada.

Andrew se rio.

—Sí que estás dolido. Ya modernízate, las relaciones hombre con hombre son cada vez más comunes.

—No por eso son correctas.

Andrew se desesperó y apagó el auto, quitándole las llaves. Dimitri lo vio con enfado.

—Dame las llaves.

—No.

Se cruzó de brazos y miró por la ventana un par de minutos. El silencio en el auto era sepulcral, pero Andrew conocía bien a su amigo, tanto que…

—Está bien, vamos —rodó los ojos y miró al rubio contando con sus dedos—. ¿Qué diablos haces?

—Rompiste record, tu enojo duró menos de un minuto, cediste muy rápido.

—No seas estúpido —abrió la puerta del auto—. Vamos antes de que me arrepienta.

Andrew esbozó una gran sonrisa. Tenía muchas ganas de conocer a ese tal Yuuri y también quería felicitar a Viktor, aunque al parecer éste último no lo había reconocido de vista.

Entraron a la fiesta con calma hasta llegar bajo el toldo. Las mesas estaban casi vacías porque todos los invitados bailaban en la pista, había mucha gente, pero los que llamaron su atención por completo, fueron Viktor y Yuuri. Ambos bailaban "Can't take my eyes off of you".

Sus cuerpos se movían con una sincronía envidiable, tal como en el hielo. El ritmo que ambos tenían era muy bueno, pero lo mejor de todo era que se estaban divirtiendo a lo grande, se veía en sus expresiones rebosantes de alegría.

La gente bailaba a su alrededor, pero ellos brillaban con luz propia, resaltando entre la multitud.

Dimitri observaba todo a una distancia prudente, miraba a su hijo y esposo y se sintió feliz al verlo así. Por un momento se vio a sí mismo bailando con su amada Yarine, el día de su boda. Los dos habían bailado esa canción en su primer baile como esposos. No pasaron ni dos minutos para que los ojos del ruso se aguaran un poco, sin embargo, no se permitió soltar ni una lágrima.

—¿Sigues estando en contra de este matrimonio? —inquirió Andrew, parado a su lado, con las manos en los bolsillos de su elegante traje azul y mirando a la parejita.

—Son felices —fue lo único que dijo.

—¿Seguirás molestándolos?

—No —no podía apartar los ojos de ellos.

—¿Quieres bailar conmigo?

Ahora sí dejó de ver a los recién casados, apartando la mirada de ellos sólo para observar a su mejor amigo con horror.

—¡Por supuesto que no! ¿Qué te pasa? —alzó su ceja derecha hasta niveles exagerados, definitivamente no se había esperado esa propuesta.

Andrew se echó a reír con ganas.

—¿Por qué eres tan homofóbico?

—¿Y tú no? —era experto en evadir preguntas incómodas.

El castaño se quedó en silencio unos segundos, miró hacia la pista de baile y sonrió con suavidad.

—A veces el amor se presenta de manera inesperada y con la persona inesperada —se encogió de hombros—. No, no soy homofóbico.

Dimitri lo vio con más espanto que antes. No tenía idea desde cuándo pensaba así, y eso que se consideraba muy observador.

—Te gusta un hombre —dedujo, aún muy asustado. Sus ojos azules estaban muy ensanchados por la sorpresa. Su miedo aumentó cuando no obtuvo respuesta. Andrew lo miraba fijamente, aún con sus manos dentro de los bolsillos y sin expresión en su rostro, hasta que una sonrisa ladina se extendió en sus labios.

—Claro que no —se giró para seguir viendo a la gente bailar.

—Nunca te he conocido una novia.

—No la necesito.

—Ni siquiera te veo salir con mujeres.

—Tú no te das cuenta.

—Sí, cómo no —se burló.

—Tú no te das cuenta —volvió a decir, con un tono más suave, sin mirarlo—. En verdad no te das cuenta de nada —sonrió con tristeza.

Dimitri lo observó un rato hasta que un mesero se acercó para ofrecerles un lugar dónde sentarse. Iban caminando hasta que chocó de lado con un joven rubio, inmensa fue su impresión cuando vio de quién se trataba.

—Yuri —lo miró detenidamente, era una copia exacta de su madre, por completo, incluso traía el cabello largo y lo recogía de la misma forma.

—¿Qué hace usted aquí? —frunció el ceño. Dimitri no dijo nada, sólo mostró su invitación. Yurio tampoco dijo nada más, sólo siguió su camino y procuró ir cuanto antes a informarle a Viktor sobre la asistencia de su padre. Iba a hacerlo, cuando de pronto la música se detuvo y todos los invitados vieron al centro de la pista, justo a un lado de los novios.

Masumi tenía a su pareja tomada de las manos y le sonreía.

—¿Qué haces? —preguntó Chris, extrañado.

Masumi sonrió de lado y sabiendo que tenía la atención de todos, dijo:

—Antes que nada quiero pedir disculpas a los novios por hacer esto y a los invitados por detener la música, pero no encontré mejor momento para hacerlo que este —explicó, soltando más palabras de las que muchos lo habían escuchado decir.

Miró las sonrisas de Viktor y Yuuri, quienes ya sabían lo que se venía. Y entonces miró a su novio para proseguir.

—Cuando comenzamos nuestra extraña relación, acordamos que no nos encariñaríamos más de lo necesario, porque nuestras profesiones nos exigen mucho y no tenemos tiempo para más. Eso fue hace cinco años, hoy nuestra relación es por lejos muy diferente a la de aquel entonces, nuestra unión es tan profunda que no veo una vida sin ti. Por eso hoy quiero pedirte… —sacó de su bolsillo una cajita negra e hincó una rodilla en el suelo.

—¡Oh Dios…! —se llevó una mano a la boca y otra al corazón.

—No he encontrado a nadie más desesperante, loco y atrevido que tú. Eres tan… —no supo expresarlo con palabras, pero todo aquello que no pudo decir lo expresaban sus ojos llenos de amor—…Te amo y no veo una vida sin ti. Christophe Giacometti ¿Quieres ser mi esposo? —tomó su mano y le extendió la cajita con el anillo, sonriéndole con mucha seguridad. Jamás imaginó que…

—No.

—¿Qué? —palideció.

—Nos vemos una vez cada mes y medio. Sé que es más que antes, pero… un matrimonio no sobreviviría así —se le llenaron los ojos de lágrimas, su rostro estaba lleno de emociones contradictorias—. No funcionaría, Masumi, no tiene caso —se sintió devastado ¡¿Por qué le había pedido matrimonio?! Si hace cinco años acordaron que no lo intentarían jamás.

La gente a su alrededor miraba todo en completo silencio, la tensión era tanta que se podía cortar con un cuchillo. Viktor y Yuuri miraban todo con verdadera tristeza.

Pero a diferencia de lo que todos esperaban, Masumi sonrió de lado y siguió adelante.

—Amor, renuncié a ese trabajo hace dos días —sonrió con mucha calidez y besó la mano de Chris—. Estaré contigo todos los días. Todo será diferente, tal como lo hemos soñado siempre.

Christophe lloró más, no podía contenerse, pero ahora de felicidad. El trabajo de Masumi siempre había sido un obstáculo, pero había estado dispuesto a dejarlo con tal de pasar una vida a su lado, como debía de ser.

—¿Qué dices, Chris? —comenzaba a ponerse un tanto nervioso.

—¡Que eres un tonto! —se llevó ambas manos al rostro, le daba vergüenza que lo vieran con su llanto incontenible—. ¡¿Cómo se te ocurre hacer esto en la boda de mi mejor amigo?! —se quitó ambas manos del rostro y lo encaró.

—¡A nosotros no nos molesta! —exclamaron Viktor y Yuuri al mismo tiempo, ambos con una gran sonrisa.

—Amor… ¿En verdad no quieres casarte conmigo? —entristeció, ya iba a ponerse de pie cuando de pronto Chris también se hincó, abrazándolo con fuerza.

—Quiero ser tu esposo, quiero serlo —le dijo al oído.

—¿Estás temblando? —se rio un poco, apretándolo más hacia sí.

—No me lo esperaba, idiota.

—¿Vas a dejar que te ponga el anillo? —preguntó entre risas.

Chris se separó de inmediato y le extendió la mano izquierda, temblorosa.

—Es precioso —admiró la joya de oro, exquisita y fina—. Dios, no puedo creer que esté aceptando esto.

—Espera… ¿Estás seguro? —se asustó al pensar que fuera lo contrario.

—No… ¡Sí! —estaba muy nervioso—. No me hagas caso, claro que quiero, pero… ¡No me lo esperaba! —lo volvió a abrazar.

Masumi terminó con el abrazo sólo para robarle un salado y profundo beso. Salado por todas las lágrimas de Chris.

Entonces los invitados aplaudieron con estruendo.

—¡Se nos viene boda! —exclamó Phichit, aplaudiendo efusivamente.

Los futuros esposos se incorporaron del suelo y comenzaron a recibir las felicitaciones de todos sus amigos.

—Ahora esta fecha no será especial sólo para nosotros —le dijo Viktor.

—Definitivamente —Chris se limpió las lágrimas y rio con una sonrisa enorme.

OoOoOoOoO

—¿No van a lanzar el ramo?

—¿El ramo? —Yuuri alzó una ceja, sin entender a lo que se refería Mari.

—Claro, el ramo de flores.

—Mari, ninguno de los dos llevamos ramo y… —calló al ver que Viktor salía de la casa con un par de ramos bellísimos. Uno con tulipanes rosas y otro con púrpuras. Los dos tenían follaje de hortensias y algún otro tipo de plantas, muy bellas y delicadas.

—Pensó que sería divertido —le dijo Mari—, creí que te lo había dicho.

—No lo hizo —alzó una ceja y rio mientras se acercaba a su esposo.

—Para ti, mi amor —besó fugazmente sus labios y le entregó el ramo púrpura.

—Son muy bellos.

—Tu madre me ayudó a elegirlos.

—¿Para qué los quieres? —inquirió con curiosidad, aun sabiendo la respuesta.

—Vamos a lanzarlos —lo miró coquetamente. Lo tomó de la mano y se dirigió a la pista. Ahí ya tenían listo un par de sillas a las cuales se subieron. Los invitados supieron de inmediato lo que venía a continuación, así que todos aquellos que no estuvieran casados corrieron a rodear esas sillas.

—Estás loco, Viktor —le dijo su amado, riendo al ver la locura tan extraña que harían. Él le guiñó un ojo y sonrió como siempre lo hacía, derritiéndole el corazón—. No quiero tirar este ramo tan precioso —comenzó a arrepentirse.

—Te regalaré miles de ramos más hermosos, lánzalo, mi amor. Mira que hasta Yurio está entre la multitud —se rio, mirando por sobre su hombro.

Yuuri rio y aceptó.

Ambos quedaron en que contarían hasta tres y los lanzarían.

Todos comenzaron a gritar y reírse cuando el ramo rosa cayó en manos del kazajo y el púrpura en manos de Yuri Plisetsky. ¿Coincidencia? Nadie lo creyó así.

Yurio miró a su novio e inmediatamente sus mejillas se tiñeron de rojo al ver esa sonrisa matadora en Otabek, esa en la que la comisura derecha de sus labios se alzaba sólo un poco, sus ojos eran penetrantes y expresivos. El kazajo tenía varios tipos de sonrisas: la apenas perceptible que mostraba a sus amigos, la que le dirigía al abuelo de su novio, la alegre y amplia que era para sus hermanas y la matadora marca "Yuri Plisetsky" que sólo éste podía arrancarle.

Otabek decía mucho con esa simple sonrisita y Yurio lo sabía.

Ambos se acercaron entre sí y dejaron que sus amigos les tomaran fotos y se rieran un rato a expensas de los dos, molestándolos con preguntas sobre la boda y hasta los hijos.

Se hizo mucho escándalo porque fueran ellos quienes se llevaran los ramos. Era una señal del destino.

—Aún son muy jóvenes para casarse —replicó Viktor, llegando a su lado, actuando como todo buen hermano mayor.

El abuelo de Yurio también se le acercó y palmeó a su nieto y "yerno" en la espalda, preguntando un "¿Para cuándo la boda?" y haciendo que Viktor se palmeara la cara. Yuuri sólo se reía y pensaba en la hermosa pareja que hacían esos dos. Esos dos chiquillos que habían resultado ser mucho más maduros que ellos.

Luego de ser molestados por un rato, Otabek y Yurio se escaparon de toda esa atención y fueron a caminar por el jardín, lejos de la música y el bullicio. Ya era de noche y el viento fresco de primavera los acariciaba sutilmente. A lo lejos se oía el escándalo que hacían todos al bailar y cantar. Pero ellos estaban en silencio, caminando sobre el césped hasta llegar a una fuente de piedra, donde se sentaron, en silencio, haciéndose compañía mutua.

—¿Por qué sonríes así? —inquirió el rubio al mirar a su novio observando esos ramos de tulipanes.

Otabek lo miró a los ojos sin borrar una ligera sonrisa.

—¿Te gustaría casarte conmigo algún día? —preguntó de pronto, enloqueciendo por completo a su novio.

—¡¿Qué?!

—Sí, casarnos ¿Qué dices?

—Espera… ¿Qué? —se sonrojó hasta las orejas, no podía creer lo que había escuchado.

—¿Sí o no?

—¡Sí!... No… ¡No sé! —se tapó el rostro con ambas manos—. ¿Cómo puedes preguntar eso así como si nada? —se exasperó un poco—. No es algo que pueda responder tan fácilmente, me lo preguntas como si dijeras: "Hey, se me antojó comer piroshky ¿quieres uno?" ¡Y no! Esto es… es… —calló al sentir unos labios sobre los suyos. El beso era tranquilo y cargado de amor, sin exigencias ni presiones, sólo un beso tierno.

Se separaron y Yurio pudo ver sus ojos de un marrón tan oscuro que se confundía con negro en medio de la noche. La expresión de su Otabek era preciosa.

—Hablas mucho cuando te pones nervioso —le dijo, acariciando un mechón de su cabello rubio que salía de la coleta.

Yurio sólo se sonrojó más.

—Sí quiero —dijo de pronto.

Otabek sonrió de lado.

—Sí quiero casarme contigo. ¡No ahora! —se abochornó un poco—, primero quiero terminar mi carrera y hacer algunas cosas. Aún no me siento listo para casarme.

Y Otabek lo comprendía, apenas tenía diecinueve años. Era normal que alguien de su edad no pensara en matrimonio. En cambio, él, de veintitrés años ya lo veía más cercano.

—Esperemos unos años. Primero necesito tener los suficientes recursos para comprar la casa que tú quieras —lo miró con su típica seriedad, esa a la que Yuri Plisetsky estaba tan acostumbrado y la misma que tanto amaba.

Las mejillas del rubio se tiñeron de un tierno rosa. Eso hizo sonreír al kazajo.

Entonces Yurio se percató de un pequeño detalle.

—¿Dónde viviremos? —no se refería exactamente al vecindario.

Otabek ladeó un poco su rostro y mirando al cielo, dijo:

—Podríamos vivir en San Petersburgo, cerca de tu abuelo. O él podría vivir con nosotros en donde quiera que decidamos vivir. Tenemos muchas opciones.

Los ojos verdes brillaron con emoción. Su novio no podía ser más perfecto.

—¿Aceptarías que mi abuelo viviese con nosotros?

—Claro que sí, es como tu padre, sé cuánto lo quieres.

Yurio sonrió.

—¿Y tu familia? ¿No quisieras vivir en Almaty?

—Si tú así lo quieres, me encantaría. Pero cualquiera que sea tu decisión la aceptaré.

—Beka.

—¿Sí?

Yurio miró su ramo, no creyendo que estaba a punto de preguntar aquello.

—Tú… ¿A ti te gustaría tener hijos?

Esa pregunta descolocó por completo al kazajo. Por un momento imaginó cómo debió sentirse Yurio al preguntarle si quería casarse.

Al no obtener respuesta, Yuri alzó el rostro, topándose con una expresión nunca antes vista en su amado, estaba muy sorprendido.

—¿Otabek?

—Sí, me gustaría.

Los ojos verdes de Yurio se abrieron a más no poder.

—¿Y a ti? —inquirió al no oír más palabras de él.

Yurio sonrió y respondió sin pensarlo mucho:

—Por supuesto.

—Vaya, no tenía idea de que te gustaran los niños.

—No me gustan.

—¿Entonces? —se permitió reír un poco.

—Nuestros hijos sí me gustarán —se recargó contra el hombro de su novio.

Otabek de inmediato lo rodeó con un brazo y lo atrajo hacia sí. Escuchar aquellas palabras lo habían hecho imaginarse un sinfín de escenarios de su vida de casados, con hijos.

Y así, en silencio, se quedaron abrazados por un rato, hasta que Yurio tuvo ganas de bailar y arrastró a su novio a la pista, a pesar de que éste se había negado toda la noche. Otabek era pésimo bailando, su cuerpo era muy rígido y sin ritmo a pesar de ser un excelente patinador y DJ, llevaba la música por dentro, el problema era que no sabía cómo expresarla con sus movimientos en el piso. Aun así, aceptó bailar con su amado.

OoOoOoO

La hora de cortar el pastel llegó. Los invitados se acercaron a la mesa donde estaba el postre de tres pisos, con pan red velvet y cubierta de chocolate blanco. Sobre él había un montón de exquisitas decoraciones de azúcar con forma de copos de nieve, de todos los tamaños.

Elegirlo había sido toda una odisea. Viktor quería que fuera de chocolate por dentro y por fuera, pero Yuuri no estuvo de acuerdo, era un pastel de bodas, no de una fiesta infantil. Así terminaron optando por chocolate rojo y blanco. Rojo porque Viktor insistió en que era chocolate rojo "pasión", eso hizo reír mucho a Yuuri, quien insistió en una cubierta blanca y con copos de nieve, representando lo que los unió: el hielo. Así terminaron con esa extraña mezcla de ingredientes. Se veía extraño, pero ellos dos como pareja nunca fueron muy normales, así que les iba como anillo al dedo.

—Acérquense un poco más —pidió el fotógrafo, listo para tomar fotos mientras su compañero de trabajo se encargaba de grabar todo.

Viktor obedeció y abrazó a su esposo, poniendo una mano sobre su cadera y pegándolo a su costado. Yuuri sostenía el cuchillo y Viktor rodeaba la mano de su amado con la suya, listos para cortar el pastel, juntos.

Cortaron la primera rebanada, Yuuri la sirvió en un pequeño plato y le dio un trocito a Viktor, en la boca. El aludido lo saboreó lentamente, disfrutando del delicioso sabor. Ahora él tomó el tenedor y le dio un poco a su amado, pero antes de llevar ese trozo de pastel a su boca, se lo embarró en la nariz, desconcertándolo y haciéndolo reír a él y al resto.

—¡Viktor! —se quejó. Iba a limpiarse, pero su esposo le detuvo la mano y lo jaló hacia sí para besarle la nariz y quitarle el pastel de ahí.

—Deberías probarlo, el pastel está delicioso —se burló un poco.

Yuuri frunció el ceño.

—No me dejas hacerlo —se quejó, dispuesto a quitarle el plato, pero Viktor fue más rápido y le robó un beso inesperado, un beso que se convirtió en francés. Sin recato ni decencia por estar en frente de tanta gente. Era su boda ¿Y qué? Haría lo que le placiera.

Viktor introdujo su lengua a la boca de su esposo, saboreando cada rincón y dejándolo a él degustar un poco del sabor del postre. No se dio cuenta cuando Yuuri tomó un poco de pastel del plato y se lo embarró en la mejilla, pero ni eso lo hizo detener ese beso tan, literalmente, delicioso.

Mientras tanto, la gente aplaudía y tomaba fotos sin parar. El único con cara de fastidio era Dimitri, sentado en su mesa y cruzado de brazos al ver que incluso Andrew les aplaudía y hasta chiflaba. Sólo podía ver a su amigo con cara de desconcierto. El fastidio se le pasó cuando Aleksi le llevó a su nieto para que lo cuidara mientras él y su esposa iban a bailar. Sumamente feliz, tomó a su nieto entre brazos y comenzó a hacerle mimos al pequeñín. Andrew no tardó en unírsele y hacerle igualmente cariños al nene. Se había quedado con ganas de tener hijos, así que aprovechaba al máximo esos pequeños momentos con bebés.

OoOoOoO

Tomó su mano y la apretó con cariño. Estaban en el avión, sentados en primera clase.

—¿Listo? —inquirió Viktor, emocionado.

—Bastante —casi daba brinquitos—. Nunca he ido a ese lugar ¡No puedo creer que al fin conoceré esas playas!

—Sabía que te gustaría —besó su mejilla antes de pellizcarla—. Oye, amor.

—¿Sí?

—¿Cumplirás con tu parte del trato?

—¿Cuál? —no recordaba ninguno.

—Yo me dejaría crecer el cabello y tú dejarías de cuidar tu peso ¿Lo recuerdas?

—Oh… —se mordió el labio inferior.

—¿La vas a cumplir? Yo ya lo estoy haciendo, no me he cortado el cabello en semanas —apoyó su codo sobre el descansabrazos y la barbilla sobre la mano, mirándolo con diversión.

—Sí, lo haré, pero no tanto ¿De acuerdo?

—De acuerdo.

—No entiendo tu afán por verme gordo.

—Y yo no entiendo el tuyo por mi cabello —respondió entre risas.

—Claro que sí —alzó una ceja, recordándole la última vez que hicieron el amor y cómo le había gustado jalarle los cabellos.

Eso fue más que suficiente para que Viktor se excitara un poco, comenzó a dirigirle esa mirada a Yuuri de "El pequeño Viktor quiere acción".

—¿Vamos al baño? —sugirió el ruso en voz baja.

—¡Claro que no!

Quería hacer el amor con su esposo, pero no quería que su primera vez estando casados fuera en el baño de un avión. Quizás estaba siendo demasiado cursi, pero no podía evitarlo. Habían salido casi corriendo de su fiesta de bodas para ir al aeropuerto y tomar el último vuelo.

—Mejor durmamos, estoy exhausto —pidió.

—Ni siquiera te puedo abrazar —se quejó Viktor, intentando hacerlo, pero sin lograrlo debido a los anchos descansabrazos que había en primea clase.

—Si hubieras comprado boletos normales iríamos casi uno arriba del otro —se burló Yuuri.

Viktor infló las mejillas de manera infantil hasta que se le ocurrió una buena idea.

—Ven aquí, amor —palmeó su regazo.

Yuuri iba a negarse de inmediato, pero a decir verdad no le pareció tan mala idea. Toda la gente en el avión dormía a esa hora, las luces estaban bajas y no había turbulencias.

Era su noche de bodas y la pasarían en un avión, mínimo quería dormir junto a su esposo.

—Te voy a aplastar —le advirtió.

—Moriré felizmente aplastado.

—No seas tonto —soltó una risita y se sentó sobre su regazo sin pensarlo más. Viktor lo rodeó con sus brazos y besó su cuello sin intención de algo más. Reclinó el asiento hacia atrás e hizo que Yuuri descansara sobre su pecho, éste de inmediato recargó su oído justo sobre los latidos fuertes del corazón de su esposo, eso le ayudaría a dormir cómodamente a pesar de la posición.

—Descansa mi amor —besó su cabeza.

—Muere felizmente aplastado, Vitya —alzó el rostro para besar sus labios aún en medio de la carcajada que atacó al ruso.

El primer capítulo de su vida de casados apenas comenzaba, era el primero de muchos y ya se sentían plenamente felices. Les faltaba mucho camino por recorrer, pero al menos de algo sí estaban seguros: recorrerían ese camino tomados de la mano ante las adversidades.

Continuará…

Viktor entró del brazo de Lilia! Y es que recuerden que ella y Yakov lo tuvieron bajo su techo por largo tiempo luego de que sufriera el accidente en las escaleras, ellos son su familia. Así que el hecho de que Lilia lo entregara en el altar se me hizo lindo ya que no está su madre y tampoco la mamá de Yurio.

La boda fue una mezcla entre lo occidental y lo oriental. Aunque eso sí, en una boda tradicional japonesa (sintoísta) acostumbran vestir de manera tradicional durante la ceremonia, ya en la recepción el novio se pone un traje de vestir y la novia su vestido blanco, muy al estilo occidental.