Agape to Eros

By Tsuki No Hana

XXXIX

"Carta a mi hermano"

El poco tiempo que hizo de su departamento al hospital fue agonizante, no veía la hora de llegar y ver a su hermano y cuñada. Rogaba al cielo que sus heridas no fuesen tan graves. Había dejado a Yuuri y Yurio cuidando de Alexei, no dejó que lo acompañaran a pesar de sus protestas.

Sentía que su garganta se cerraba y que su corazón golpeaba con tanta fuerza en el pecho que se le saldría. No supo cuánto tiempo hizo, pero llegó muy pronto al hospital, aparcó su auto en el primer sitio que encontró y corrió rumbo a urgencias.

Lo primero que vio fue a su padre caminando de un lado a otro en la sala de urgencias, al parecer desesperado. Se veía furioso, pero sobre todo, muy angustiado.

Dimitri alzó la mirada y se topó con la de su hijo mayor. En ese momento se olvidaron de cualquier diferencia entre ellos.

¿Cómo están? —preguntó Viktor, completamente pálido y agitado.

—No lo sé, no me han querido dar noticias.

—¿Llevas mucho aquí?

—Voy llegando.

—Demonios —masculló entre dientes, se estaba desesperando mucho. Fue directo hacia una enfermera y le preguntó por el estado de su hermano y esposa, pero ésta sólo los condujo a la sala de espera, indicándoles que se quedaran ahí hasta que el médico fuera a darles noticias.

Pasó media hora antes de que Yuuri apareciera en la sala de espera junto con Yurio e Irina.

—Les dije que se quedaran en casa —se puso de pie para ir hacia su esposo, mirando al nene que traía en brazos.

—No pudimos hacerlo. ¿Tienen noticias? —el japonés preguntó, tanto a Dimitri como a Viktor.

—No han querido decirnos nada —respondió el mayor, totalmente mortificado.

Entonces en ese momento apareció un médico, llamando a la familia de Aleksi y Evgenia.

Padre e hijo fueron hacia él inmediatamente.

—¿Cómo están? —preguntó Viktor con desesperación.

Los demás esperaban esa respuesta con ansias.

—Me temo que la señora Nikiforov falleció hace unos momentos. Hicimos todo lo que estuvo en nuestras manos, pero sus heridas eran de gravedad, no pudimos hacer más por ella —explicó el médico con seriedad y un poco de pena.

Viktor se llevó una mano a la boca para contener el grito ahogado en su garganta. Un repentino mareo lo invadió. La noticia era terrible. Los demás ahí se sintieron igual. Yuuri abrazó al nene con más fuerza, pegándolo a su pecho y agradeciendo que no entendiera esas palabras.

—¿Y mi hijo? ¿Cómo está mi hijo? —se veía desesperado. Tenía un nudo inmenso en su garganta que no lo dejaba hablar del todo bien.

—Sigue con vida, pero no creemos que resista mucho más. Ahora mismo él está pidiendo ver a su familia.

—Llévenos con él —pidió Dimitri.

Padre e hijo fueron rumbo al cuarto en donde lo tenían. Nunca esperaron entrar y verlo con su rostro lleno de hematomas, con golpes y heridas por doquier. Al parecer se había fracturado una pierna y un brazo, sin mencionar la fuerte contusión en su cabeza. El pobre estaba muy mal, pero a pesar de todo, sus signos vitales se mantenían medianamente estables.

—N-no se ve tan mal —tragó en seco, ni él se creía esas palabras—. Él va a estar bien. Mi hermano va a estar bien ¿Verdad, doctor?

El médico sólo negó levemente con la cabeza.

Viktor dirigió de nuevo la mirada hacia su hermano y un cúmulo inexplicable de emociones lo golpearon con fuerza. ¿Cómo era posible eso? Hace unas horas disfrutaba de sus vacaciones, y ahora… ¡Se estaba muriendo!

Dimitri y Viktor se acercaron a la cama, uno de cada lado tomó su mano, apretándola con fuerza. Tratando de lograr con ese vano intento que se quedara en ese mundo, con ellos. Los dos deseaban verlo despierto y con bien, como antes.

Y como si fuera posible, el miedo aumentó en el interior de padre e hijo, pues escucharon que la máquina que monitoreaba los signos vitales de Aleksi comenzó a hacer un ruido extraño. Se estaba muriendo y no había nada qué hacer.

Los dos sintieron un escalofrío recorrer su cuerpo de arriba abajo. Se dieron cuenta de que lloraban cuando sus lágrimas mojaban la mano de Aleksi que sujetaba cada uno.

—Papá… Viktor… —murmuró muy quedito, a penas en la consciencia.

Los mencionados dieron un brinco en sus lugares al escuchar su voz.

—Aleksi, hijo. Trata de no hablar mucho, debes estar tranquilo.

—Te vas a mejorar, hermanito, ya verás que sí.

—Yo sé que no —sonrió muy débilmente. Su pálida piel estaba por completo amoratada y sus preciosos ojos azules estaban cerrados. No podía abrirlos debido a la pesadez que atacaba su cuerpo—. Sé que no estoy bien… y Evgenia… —se le salió una lágrima dolorosa que terminó estampándose contra la almohada bajo su cabeza—…ella no está más con…nosotros. Escuché a los médicos… ella… murió —abrió sus ojos sólo para dejar escapar ese cúmulo de gruesas lágrimas.

El amor de su vida había muerto, dejándolo atrás a él y a su hijo.

—Lo sé —dijo Viktor, apretando más esa mano entre las suyas—. Y lo siento tanto —lloró, lloró con mucha amargura—. Pero tú sigues vivo, debes recuperarte.

—Viktor tiene razón, además… Alexei espera por ti.

—Alexei… mi niño —esbozó una triste sonrisa—. Lamento tanto no poder estar ahí para verlo crecer, lo lamento mucho… —se permitió llorar un poco más.

—¡No! ¡Tú vivirás! Tienes que hacerlo. Alexei es muy pequeño como para quedar huérfano, no lo puedes dejar, no puedes hacerle eso, hermano.

Los tres estaban llorando sin consuelo.

—Mi hijo… —murmuró Aleksi. Su pulso se aceleró de sólo imaginar lo que sentiría al saberse huérfano—… yo me iré de este mundo, pero mi bebé no estará solo… te tiene a ti, a papá, a Yuuri…

—¡Pero él te necesita a ti! —se exasperó con su hermano.

—No creo poder… duele mucho, demasiado…

—¡Hazlo también por mí! ¡Yo te necesito! Aleksi, no nos hagas esto, te lo suplico —apretó más su mano y la pegó a su frente, llorando en silencio.

—Lo siento, hermano… —sonrió débilmente.

—No quiero que te vayas, no quiero… —repitió en apenas un hilo de voz mientras los ríos de agua salina en sus mejillas aumentaban su caudal.

La temblorosa mano de Aleksi se zafó del agarre de Viktor y la alzó hasta posarla débilmente sobre su cabeza, en un intento fallido por revolverle los cabellos tal como Viktor solía hacer con él.

Entonces el menor de los Nikiforov miró ahora a su padre y le sonrió muy apenas.

—Hijo, resiste sólo un poco más. Tienes que aguantar.

—Lo siento, no creo poder… hacerlo —suspiró y cerró los ojos—. Me reuniré con Evgenia, con mamá, con la tía Yulia —una bella sonrisa adornó su rostro ahora lleno de paz—. Pero antes… necesito algo.

—Dime, hijo —le acarició el cabello.

—Ustedes dos. Dejen de odiarse, por favor.

Nadie dijo nada.

—Prometan que harán el intento. Por favor —pidió con el poco aliento que le quedaba.

—Pero…

—¡Prométanlo! —de nuevo comenzó a soltar lágrima tras lágrima—. Sólo inténtenlo… —suspiró, exhausto.

—Lo intentaremos —respondieron al unísono.

—Ahora sí, me puedo ir más tranquilo.

—¡No! —Viktor perdió la poca paciencia—. ¿¡Vas a dejar a tu hijo solo?!

—No lo haré —tomó su mano y abrió los ojos para mirarlo fijamente y con mucha seriedad—. Yuuri y tú… ambos, serán sus padres —su expresión se convirtió en una llena de paz y tranquilidad.

—Aleksi —dijo Dimitri con cautela.

—Hermano —lo zarandeó con suavidad. Entonces el monitor de sus signos vitales comenzó a hacer un ruido agudo y prolongado, indicando que su corazón había dejado de latir—. ¡No! ¡Dios, no!

—Aleksi… —volvió a decir Dimitri. De pronto sintió muy pesado su cuerpo, se sentía mareado.

—¡No! —su cuerpo trémulo se colapsó sobre su hermano menor a causa de las múltiples emociones que lo inundaban: soledad, depresión, tristeza, desesperanza y mucho miedo. Su hermanito había muerto.

Estaban muy ansiosos después de esperar tanto. Necesitaban saber noticias sobre Aleksi cuanto antes. Yurio no dejaba de caminar de un lado a otro como león enjaulado. Yuuri estaba sentado en una silla con Alexei en brazos e Irina estaba a su lado, apretándose las manos sobre el regazo, rogando al cielo que por lo menos Aleksi estuviera bien.

Supieron que nada iba bien cuando Viktor regresó con ellos. Estaba más pálido que antes, sus ojos rojos y llorosos delataban cuánto había llorado.

—Oh no… —Yuuri se puso de pie, y aún cargando a Alexei, fue directo hacia su amado, quien no dijo nada, sólo extendió sus brazos para rodearlo después en un fuerte abrazo.

—Murió… él murió —fue lo único que dijo Viktor en voz muy baja, pero lo suficientemente alta como para que los demás lo escucharan.

Yuuri sintió cómo su sangre se le fue hasta los pies.

—Dios, no… —cargó a Alexei en un solo abrazo para poder rodear a Viktor con el libre—. No… Lo siento tanto, mi amor, lo siento tanto.

Yurio no soportó la impresión. Se dejó caer en el asiento más cercano. Recién había experimentado la muerte de su abuelo, ahora esto.

Irina no dijo nada, se quedó en silencio en su lugar. Llorando y cuestionándose por qué les pasaban cosas malas a personas tan buenas.

De pronto y sin previo aviso, el pequeño Alexei comenzó a llorar con un sentimiento muy profundo, como si entendiera que acababa de quedar huérfano de padre y madre.

Viktor lo tomó en brazos y lo abrazó con mucho amor, tratando de tranquilizarlo, pero fue inútil, pues él mismo estaba hecho un caos emocional.

Cada uno estaba sumido en su tristeza, hasta que Yuuri vio a Dimitri salir de donde mismo que Viktor momentos antes. Vio que nadie se acercó a preguntarle por su bienestar y notó que no estaba acompañado por Andrew. Así se decidió a ir hacia él.

—Señor Nikiforov —lo llamó, respetuosamente. El aludido alzó la mirada, pero no dijo nada—. Siento mucho su pérdida —lágrimas se amontonaron en sus párpados, lágrimas que dejó salir.

El mayor sólo asintió. Yuuri notó que había llorado mucho, se parecía bastante a Viktor en ese estado.

De pronto, el señor se llevó una mano al pecho y comenzó a respirar con dificultad.

—¿Qué le ocurre? —se le acercó un poco más—. ¿Se encuentra bien?

De nuevo no respondió. Buscó de qué sostenerse y al no encontrar nada cerca, se apoyó en el hombro del japonés. Éste logró sostenerlo antes de que cayera inconsciente al piso.

A partir de ahí se hizo un alboroto tremendo en la sala de espera. Los médicos acudieron a auxiliarlo y lo atendieron lo más pronto posible, lo subieron a una camilla con cuidado.

—No tiene pulso —anunció una residente. Con esa simple declaración hizo que llegara el equipo completo para reanimar su corazón. Y ahí, en medio del pasillo y sobre una dura camilla, intentaron que su corazón volviera a latir.

Viktor no supo cómo reaccionar al ver todo aquello, sólo fue consciente del momento en el que Irina le quitó a Alexei de los brazos para que pudiera correr junto a su padre. Fue testigo de la reanimación que tuvieron que darle.

Dimitri había sufrido un infarto, pero logró sobrevivir a ello.

Los médicos comenzaron a hacerle muchas preguntas a Viktor sobre su padre, tales como si era alérgico a algún medicamento, o si tomaba medicinas para el corazón, o también si era una persona cardiópata antes de ese día.

Tristemente, Viktor no pudo responder a ni una de esas preguntas. No conocía a su padre en lo absoluto. Así decidió que lo mejor sería buscar a su contacto de emergencia. Y así fue, llamó al número y se topó con la sorpresa de que era ese amigo suyo: Andrew.

Lo llamó y en menos de diez minutos ya estaba ahí, agitado y pálido, preguntando por su mejor amigo. Andrew le agradeció mucho a Viktor que le llamara y enseguida fue directo con los médicos que trataban a Dimitri para responder todas aquellas preguntas que Viktor no pudo.

Se quedaron en la sala de espera, aguardando el momento en el que les permitieran ver al señor Nikiforov.

—Amor ¿Quieres algo de beber? —le preguntó Yuuri, posando una mano sobre su hombro. Estaba preocupado por él, llevaban ahí muchas horas.

Viktor alzó la mirada, lo vio y con una sonrisa muy triste negó con la cabeza.

—De todas formas, te traeré un poco de agua ¿Si? —besó su frente y fue en busca de ella.

Irina cuidaba de un Alexei que ahora lloraba en silencio, Yurio estaba sentado mirando a la nada y Viktor estaba sentado con los codos sobre sus rodillas, sosteniendo su cabeza entre ambas manos, sentía que ésta le estallaría en cualquier momento. Temía derrumbarse de un segundo a otro, pero no podía hacerlo, no mientras tuviera a ese bebé bajo su cargo.

—Lo siento mucho, en verdad lo lamento —Irina llegó a su lado, poniendo una mano sobre las suyas, mientras cargaba a Alexei en su brazo libre.

—Primero mamá, ahora él. Y además mi padre… —suspiró con mucho sentimiento—. ¿Por qué las cosas tienen que ser así, Irina, por qué?

La pelirroja por un momento creyó estar viendo al Viktor de doce años que perdió a su madre, se transportó a esos dolorosos recuerdos sin poder evitarlo.

—Sé que duele, Viktor, sé lo que estás sufriendo —le acarició la espalda, tratando de consolarlo como cuando eran niños—. Pero debes saber que ahora es muy diferente a cuando murió tía Yarine.

El aludido alzó la mirada un momento, viéndola a esos ojos azules.

—Estás rodeado de muchos más amigos, familia, gente que te quiere. Ahora tienes a Yuuri, tu esposo, a tu lado —giró el rostro sólo para ver al japonés al fondo del pasillo, peleándose con la máquina de bebidas que no quería aceptar su dinero.

Viktor también lo vio y sonrió. Yuuri era su fortaleza en esos momentos, Yuuri y Alexei. Entonces miró al bebé en brazos de Irina, de nuevo quiso llorar. Tomó a su sobrino en brazos y lo arrulló hasta que cayó rendido después de tanto llorar.

Pasaron un par de horas antes de que Andrew saliera a darles noticias. En efecto, Dimitri había sufrido un infarto, pero se estaba recuperando de ello y al parecer no le había dejado secuelas más que una parte pequeñita de su corazón que no volvería a funcionar.

Cuando informaron que Dimitri había despertado, Viktor pidió que lo dejaran estar a solas un momento con él. Cuando entró al cuarto lo encontró mirando a la nada, con un montón de cables conectados a su cuerpo. Se veía terrible. Hasta ese momento Viktor no se había percatado de que la edad ya se le notaba un poco a su padre. Se veía débil, cansado y muy triste.

Sin decir nada, tomó asiento en una silla al lado de la cama. Se quedaron en ese silencio mutuo por largo rato.

—Me diste un susto terrible. Pensé que perdería a alguien más de la familia —su voz sonó grave, cansada y totalmente apagada.

Dimitri sonrió de lado por el simple hecho de que lo considerara su familia de nuevo.

—Hierba mala nunca muere —trató de alivianar un poco el dolor de su hijo, pero le fue imposible, él se sentía igual.

Sin embargo, Viktor esbozó una pequeña y casi imperceptible sonrisa.

—No mueras —le dijo simplemente, sentado en la incómoda silla y mirando por la ventana, dándose un momento para pensar.

No pasó mucho para que se hundiera de nuevo en la tristeza. Era en esos momentos cuando más necesitaba a Yuuri a su lado. Su esposo se había vuelto su salvavidas, pues se encargaba de todo lo posible para que él no se angustiara.

Dimitri vio que su hijo se perdió en sus pensamientos. Supo que se estaba sumergiendo en memorias cada vez más tristes, así que intervino.

—Viktor.

El aludido levantó su celeste mirada.

—¿Dónde está mi nieto? ¿Cómo está?

—Yuuri lo está cuidando, él se está haciendo cargo por el momento.

El mayor no respondió, recordó que el esposo de su hijo se le había acercado al verlo mal, había sido el único en hacerlo luego de verlo salir de donde estaba el cuerpo de Aleksi.

Frunció el ceño, quería hablar con el japonés y agradecerle que fuera atento.

Salió de sus pensamientos cuando Viktor suspiró y se puso de pie, al parecer molesto.

—Veo que aún no soportas que mencione a mi esposo —caminó hacia la puerta—. Acéptalo ya, o al menos resígnate a vivir con ello —salió del cuarto sin decir más.

Dimitri se quedó solo, con los ojos muy abiertos y un muy mal sabor de boca. ¿De qué se había perdido? Al parecer Viktor había malentendido su expresión.

Sin decaerse por ello, se concentró en recuperarse. Con el tiempo había aprendido a controlar esos malos momentos de la vida. Él sólo quería recuperarse para seguir cuidando de su familia, o al menos de lo que quedaba de ella.

Durante el rato que Viktor estuvo ahí, se contuvo de decirle muchas cosas. Quería decirle que lo amaba, que era su amado hijo y que había sido un imbécil. Quería pedirle que lo perdonara, pero al mismo tiempo no se sentía con derecho de hacerlo, no aún. Tendría que redimirse de otra manera, con acciones.

—Viktor… —se puso de pie con Alexei en brazos y caminó hacia su esposo—. ¿Cómo está tu padre?

El mayor acortó la distancia entre ambos para acariciar la cabecita de su amado sobrino, sonrió levemente al hacerlo, pues éste le dedicó una linda mirada al sentir la caricia.

—Está bien —miró los ojos de su amado—. Cariño, vayan a casa a descansar, por favor. Es muy tarde y Alexei debería dormir en su cuna.

—No me puedo ir sin ti —se mortificó—. ¿Te vas a quedar aquí toda la noche?

—Al menos hasta que pueda arreglar toda la papelería necesaria para el funeral de ambos. Hay muchas cosas por revisar y por hacer —se talló ambos ojos con las manos.

Yuuri lo detuvo.

—Te vas a lastimar —le dijo, acariciando con cuidado su rostro, cerca de sus ojos ya enrojecidos e hinchados. Yuuri suspiró pesadamente antes de pararse de puntillas y darle un beso en la frente a su amado esposo. Acarició su rostro con una mano y Viktor cerró los ojos, disfrutando de la caricia.

—Toma —sacó las llaves del auto de su bolsillo—. Dáselas a Yurio para que los lleve a casa, vayan a descansar, por favor.

—Amor, me voy a quedar contigo —no quería separársele.

—No —acarició a Alexei—. Cuida de nuestro pequeñín ¿Si?

Yuuri entendió. En otras circunstancias podría quedarse con su esposo, pero tenían bajo su cargo a Alexei. Lo que lo hacía pensar… ¿Qué sería de él ahora?

Inconscientemente apretó al bebé contra su cuerpo. No dejaría que nada ni nadie lo dañaran. No lograrían apartarlo de él.

—Bien, pero estaré esperando por ti ¿De acuerdo?

Viktor quiso sonreír, pero simplemente no pudo. Se estaba destrozando por dentro, sólo quería llorar y no parar hasta quedar en la inconsciencia.

—Vayan con mucho cuidado ¿Si?

—Sí, mi amor —lo besó en los labios y le dio un abrazo—. Si necesitas algo sólo avísame.

Viktor asintió y fue hacia Yurio.

—Escuché lo que le dijiste a Yuuri, yo los llevaré a casa, cuenta con eso —le dijo con seriedad, levantándose de su asiento.

—Gracias. Yuri —lo llamó antes de que se fuera con su esposo—. Ten mucho cuidado en el camino, por favor —lo tomó del hombro, mirándolo a los ojos.

—No te preocupes, iré despacio. Te llamo cuando lleguemos.

—Gracias —suspiró y miró a Irina acercándoseles.

La pelirroja no dijo nada, lo miró y eso bastó para que se entendieran. Caminó hacia Viktor y lo abrazó con fuerza. El aludido correspondió y usó todas sus fuerzas para no llorar más, al menos no en frente de todos.

Todos se fueron tras Yurio, dejando a Viktor un tanto preocupado. Eran las cuatro de la mañana, afuera todavía estaba oscuro y un poco lluvioso. Se tranquilizó cuando el rubio le llamó para decirle que ya estaban en casa.

—¿Alexei está llorando? —reconoció su llanto en la llamada.

Yurio suspiró.

—Sí. Yuuri está intentando calmarlo, no ha dejado de llorar desde que llegamos, pero… —dejó de hablar.

—¿De qué te ríes? —se extrañó.

—El cerdo ya tranquilizó al bodoque.

—No le digas así.

—Deberías de ver esto —volvió a reír quedito—. Oh, espera, te enviaré una foto —Viktor escuchó ruido—. Listo.

—¿Están bien?

—Sí, todo está bien por acá, no te preocupes por nada ¿Si? Los cuidaré bien.

Viktor suspiró pesadamente. De alguna u otra forma sí se sentía más seguro con Yurio en casa al pendiente de su familia.

—Gracias… nos vemos más tarde.

Estaba amaneciendo para cuando terminó el papeleo y las formas que debía llenar. Sus ojos le ardían mucho, sentía que apenas los podía abrir. Quería ir a casa, acostarse en su cama y abrazar a su esposo. Pero antes de irse decidió ir a ver cómo estaba su padre.

Al entrar a su habitación lo halló despierto, tenía muy mal semblante, se preguntó si él se vería similar.

—¿No has dormido?

El señor dio un pequeño brinco, no lo había escuchado entrar.

—Cómo voy a dormir después de esto —su mirada estaba perdida en el amanecer que se apreciaba desde la ventana.

Viktor se compadeció de él, lo entendía bien.

—¿Quieres que te pida un calmante? Deberías descansar.

Los ojos azules y cansados de Dimitri se abrieron un poco más de lo normal, sorprendido por esa pequeña atención.

—No… gracias, así estoy bien.

Viktor se quedó parado al pie de la cama, con las manos dentro de sus bolsillos, mirando algún punto incierto del piso. El silencio no era incómodo, se hacían mutua compañía, entendiéndose en su dolor.

—Pero… ¿podrías hacerme un favor, hijo?

—Dime.

—Busca al médico, pregúntale cuándo puedo salir de aquí.

—Bien, aunque no creo que te deje ir tan pronto. Sufriste un infarto hace unas horas, no te puedes ir como si nada.

—¿A qué hora será el funeral?

—No lo sé, quedaron en llamarme, pero será hoy —se le quebró la voz, de nuevo iba a romperse, no quería, mucho menos frente a su padre.

—Entonces tengo que salir hoy, antes de eso.

Viktor no estaba de acuerdo, su padre necesitaba descansar, pero al mismo tiempo lo entendía.

—¿Estuviste solo toda la noche? —le preguntó a su padre.

—No… —iba a decir más, pero la puerta de la habitación se abrió.

Andrew entró, con un vaso de café en la mano.

—Él estuvo aquí —terminó de decir.

Viktor miró al hombre rubio y de ojos verdes, se le hacía conocido, pero siempre olvidaba su nombre. Sabía que era el mejor amigo de su padre y tenía vagos recuerdos de él de hace muchos años.

—Andrew ¿Cierto? —logró recordar.

—Hola Viktor —le sonrió, también se veía cansado, las ojeras lo delataban—. Qué bueno que estás aquí, ayúdame a convencer a tu padre de quedarse al menos un día más en el hospital.

—¿También le dijo que quería irse?

—Toda la noche —bebió de su café, delatando sin cuidado a su amigo. Dimitri lo miró con mala cara.

—Ya estoy bien —aseguró el mayor de los tres.

—Tuviste un infarto, hombre, eso no es cualquier cosa —lo miró con expresión de verdad preocupada.

Mientras ellos discutían, Viktor observaba atentamente a ese hombre rubio, vaya que se preocupaba sinceramente por su padre. Se preguntaba qué tipo de amistad tendrían ellos dos, quizás sería como la de él y Christophe. Salió de sus pensamientos cuando Andrew lo llamó.

—¿Gustas tomar un café? Te vez terrible.

Al menos era igual de directo y sincero que su mejor amigo suizo. Viktor sonrió muy levemente de lado y asintió.

—Vamos, te acompaño.

Los dos salieron juntos del cuarto, dejando solo a Dimitri unos momentos.

Mientras caminaban hacia la máquina de café, Viktor se hacía muchas preguntas en la cabeza. Había muchos pensamientos que lo agobiaban en ese momento. Principalmente estaba su hermano y Evgenia, Alexei, pero también estaba el sorprendente hecho de que no sabía nada de su padre, seguía impactado por no haber podido responder ninguna de las preguntas que le hicieron, tan sencillas como "¿Es alérgico a algo?" ni siquiera sabía eso.

—Viktor.

—¿Hm? —salió de su ensimismamiento.

—Si necesitas ayuda para el servicio del funeral, o cualquier otra cosa, dímelo. Tu padre no está muy bien, pero puedo tomar su lugar en esas cosas.

—Gracias —se asombró al ver esa determinación en sus ojos, lo decía muy en serio—. Pero ya quedó todo listo.

—Vaya… —suspiró y se quedó en silencio unos momentos hasta que llegaron a la máquina.

Mientras Viktor se servía el café, no dejaba de pensar en lo mismo.

—Usted conoce muy bien a mi padre, mucho más que yo.

—No lo digas así, eres su hijo y…

—Sí, pero no lo conozco. No sé quién es él en realidad, sólo sé que es el hombre que me engendró. Mis recuerdos de él antes del accidente son un poco confusos.

—Vaya… —no esperaba tocar esos temas tan pronto con él, pero se alegraba de que así fuera, era necesario.

—Usted debe de saber muy bien cómo sucedió todo ¿No es así?

—Sé muchas cosas, Viktor, y una de ellas es el hecho de que tu padre te ama mucho.

El aludido se esperaba todo, menos eso. Miró a Andrew como si estuviera loco.

—Disculpe, pero eso no lo creo.

Andrew suspiró.

—Él es un idiota muy grande y su orgullo lo es más, por eso lo digo en su lugar: él siempre te ha amado y ha cuidado de ti.

Viktor se permitió soltar una risa incrédula.

—Sí, claro.

—Entiendo que no me creas. Esto tienes que hablarlo directamente con él, hay muchas cosas que no sabes y que no sabrás a menos que vayas y te acerques. Busca hacer las paces.

Entonces Viktor recordó las últimas palabras de su hermano. Lo que más anhelaba era verlos reconciliados, tristemente no vivió para ver eso.

—Ve con él y…

—¿Por qué tengo que ir yo? ¿Por qué siempre yo? —se desesperó—. Él debería buscar arreglar lo que rompió.

Andrew lo miró con seriedad, no había rastros del hombre simpático y alegre en esos momentos.

—Él es muy orgulloso.

—Y eso no lo justifica, mucho menos lo exenta para pedir perdón —Viktor seguía en una postura muy complicada, si Yuuri estuviera ahí ya le hubiera lanzado una mirada de reproche.

—Lo sé, lo sé —suspiró y se recargó contra la pared más cercana, cruzado de brazos y sosteniendo aún su café—. Pero como te digo: hay muchas cosas en la historia de tu familia que no sabes.

—¿Como qué?

—Lo mucho que él sufrió con la muerte de tu madre, tu accidente…

—Me empujó por las escaleras —dijo en un tono tranquilo, al menos ya no lo decía con el mismo rencor de antes—. Eso no fue un accidente.

—Y no sabes cuánto se arrepintió.

—No lo demostró.

—No lo viste demostrarlo. Estaba devastado. Se alejó de ti por temor al odio que le tendrías, él simplemente no lo hubiera soportado, era muy débil en esos momentos. Tu madre se llevó lo mejor de él al morir, Dimitri cambió por completo… —fijó su mirada en algún punto de la pared frente a él—…y desde entonces he tratado de traer de vuelta al Dimitri de antes. Y le falta muy poco para serlo, sólo le faltaba uno de sus hijos.

—Ahora le faltan dos.

—No puedes ser tan cruel —se separó de la pared y lo miró con decepción, esperaba un poco más de madurez en el hijo mayor de Dimitri.

Viktor se quedó pensando en sus propias palabras. Sí, estaba siendo demasiado cruel y no era su naturaleza ser así.

—Viktor, tu padre está enfermo desde hace varios años. Él no quería que ustedes lo supieran, pero no tiene un buen pronóstico. Esto que le pasó hace unas horas… no es la primera vez que sucede.

—¿Ya había sufrido infartos? —se espantó.

—Una vez —apretó el vaso entre su mano, esos recuerdos eran muy dolorosos—. Insistió tanto en que no les dijera nada a ustedes que terminé accediendo, pero ya fue suficiente, necesitas saber la verdad.

Viktor no sabía qué pensar o hacer, su mente todavía era un caos.

—Dimitri no está bien y no sé cuánto tiempo más aguantará esta vida de rencores. Si te digo todo esto no es para justificarlo, él fue un tonto, en especial porque él es el padre. Te digo esto para que se solucionen sus problemas de una vez por todas. La vida es muy corta, ya ves a Aleksi…

—Lo sé —lo interrumpió—. Lo sé.

—Sé que suena egoísta de mi parte, pero conozco lo suficientemente bien a Dimitri como para asegurarte que… —sonrió un poco, pensando en lo que estaba a punto de revelarle—… si demuestras aunque sea una pequeña señal de que quieres hacer las paces con él… Dios, se va a poner tan feliz y hará su orgullo a un lado. Entiende que si no se acerca es porque tiene miedo del odio que puedas tenerle —suspiró—. Viktor, sólo está esperando a que el momento llegue.

Los ojos verdes de Andrew tenían un brillo que se le hizo muy conocido.

—Vaya manera de arreglar las cosas —se quejó.

Andrew frunció el ceño.

—Todas tus reacciones sólo me demuestran lo mucho que lo quieres. Si no tuvieras amor por tu padre, no te importaría en lo más mínimo, ni siquiera le guardarías rencor. Si te duele tanto es porque ese padre al que tanto amabas de niño, te hizo mucho daño por ser tan imbécil —lo miró fijamente, frente a frente—. No te pido que lo entiendas, sólo que dejes de lado ese rencor y aprovechen que aún se tienen con vida. El entendimiento mutuo y el perdón llegarán con el tiempo, sólo mueve tu trasero hacia allá y convive con él, sólo eso.

Los ojos de Viktor escocieron en lágrimas una vez más, lágrimas que no dejó salir.

Andrew tenía tanta razón.

Viktor había sentido que el alma se le fue del cuerpo al ver a su progenitor sufriendo un infarto. Yuuri tenía razón cuando decía que no podía ser totalmente rencoroso, aunque lo intentara. Viktor quería mucho a su padre, pero el dolor de lo vivido no lo dejaba dar ese perdón tan necesitado.

Ambos regresaron en silencio a la habitación de Dimitri, encontrándolo aún despierto.

Al verlos entrar, les dedicó una sonrisa que duró menos de un segundo.

—¿Cómo te sientes? —Viktor se acercó a su cama, mirándolo más de cerca. Su viejo ya se veía cansado.

—Bien —respondió de inmediato—. ¿Buscaste al médico?

—Dimitri, no vas a salir de aquí al menos hasta mañana, entiéndelo —le regañó Andrew. El aludido sólo lo miró feo.

—Él tiene razón, quédate aquí y recupérate —lo miró severamente.

El mayor se sintió impotente.

—¿Tienes hambre? Puedo pedir que te traigan el desayuno antes.

—Esto es un hospital, no un hotel, Andrew —le frunció el ceño, estaba molesto con su mejor amigo.

Viktor los veía discutir, entonces un recuerdo llegó a su mente, de cuando era niño y sus padres recibían visita en casa. Sí, recordaba a Andrew, sólo que unos veinte años más joven. Era verdad que iba mucho a su casa.

—Me voy —dijo Viktor—. Me esperan en casa —se acercó más a su padre y le apretó el hombro—. Vendré a verte en la noche, no hagas tonterías ¿Si?

Dimitri parpadeó, sorprendido.

—Y hazle caso a él —señaló a Andrew—. Tienes buenos amigos, papá —le sonrió antes de darse media vuelta, pero antes de llegar a la puerta se giró y miró directamente a su padre—. Me alegra que sigas con vida —fue muy sincero.

Dimitri no dijo nada, sólo lo vio partir. Se había quedado en shock.

—¿Estás llorando? —Andrew estaba igual de sorprendido.

—Sí, sí estoy llorando —admitió sin remedio, limpiándose las lágrimas de inmediato, pero esbozando una pequeña sonrisa que tenía mucho tiempo de no expresar.

Andrew salió corriendo de la habitación hasta llegar al pasillo, donde alcanzó al hijo de su amigo.

—¡Viktor! —lo llamó en voz no muy alta para no molestar al resto de los pacientes.

El aludido se giró. En un principio se asustó, creyendo que algo le había sucedido a su padre, pero se le pasó al ver la gran sonrisa en Andrew, una sonrisa tan amplia y sincera que dejaba ver un hoyuelo en su mejilla derecha.

—Gracias —dijo solamente—. Gracias.

Viktor entendió a la perfección.

—Será poco a poco, no puedo hacerlo de un día a otro —le advirtió.

—Es suficiente para mí, y para él también —señaló con su pulgar la habitación de Dimitri—. Gracias —le volvió a decir antes de despedirse con un gesto de la mano.

Lo voy a intentar, hermano, voy a cumplir mi promesa —iba pensando Viktor mientras salía del hospital y tomaba un taxi.

Llegó a casa totalmente exhausto. Había silencio total en el departamento. Se quitó el abrigo y lo colgó en el perchero de la entrada. Dejó sus llaves en una mesita del recibidor, junto con su celular. Éste se encendió ante el movimiento, dejando ver el fondo de pantalla. Era la foto que Yurio le mandó, en ésta Yuuri le hacía caras chistosas a Alexei para que dejara de llorar.

Arrastrando los pies llegó a su habitación. Su esposo dormía sobre las sábanas, ni siquiera se había puesto el pijama, al parecer se había quedado dormido esperándolo.

Echó un vistazo a la cuna, hallando a su sobrino completamente dormido.

Se quitó toda la ropa hasta quedar en camisa interior y bóxer, enseguida se metió a la cama y eso bastó para que Yuuri abriera sus ojos de golpe.

—Amor, ya llegaste —se incorporó y vio cómo su amado se dejaba caer por completo en el colchón—. ¿Cómo está tu padre? ¿Cómo estás tú?

Viktor se quedó mirando el techo.

—Él está bien, yo también.

Yuuri no se lo creyó.

—Amor —acarició su rostro, mortificado—. Amor, mírame —tomó su mentón y lo obligó a mirarlo.

A Viktor le bastó ver esos ojos castaños para que sus lágrimas se desbordaran. Podía mantenerse en pie frente a los demás, pero estando con su compañero de vida sabía que estaba en un lugar seguro, sabía que él lo entendería y lo dejaría desahogarse todo lo que necesitara.

—Oh Viktor —se sentó en la cama para poder verlo mejor.

El ruso se abrazó a la cintura de su esposo, terminó ocultando su rostro en el regazo de Yuuri, éste lo abrazó todo lo que esa postura le permitió, pero su corazón se quebró al escucharlo llorar. Viktor al fin se había permitido llorar, resguardado en los brazos de su esposo. Lloraba con una fuerza y un sentimiento difícil de explicar.

Su llanto se escuchó hasta la habitación de Yurio, quien se levantó de golpe y corrió a ver qué pasaba. Entró a la habitación matrimonial, y al ver qué ocurría se limitó a entrar en silencio y tomar en brazos al pequeño Alexei que dormía en su cuna.

Yuuri le agradeció en silencio, pues vio que se lo llevaba a su habitación para que el llanto de Viktor no lo asustara. Incluso Yurio se veía mortificado por ese llanto tan doloroso.

—No puedo, amor, no puedo —su llanto apenas lo dejaba respirar.

—Shh… shh… está bien, cariño. Llora todo lo que necesites, yo estoy aquí para ti —le dijo mientras acariciaba su cabeza con un infinito amor.

Viktor tenía su cabeza sobre el regazo de su esposo, así no pudo ver que éste se había convertido en un mar de lágrimas silenciosas.

—No podré… no podré superar algo así —soltó un suspiro doloroso—. Mi hermano… era mi hermano —apretó sus puños—. No podré…

—Lo harás, yo sé que sí. Además, nuestro sobrino nos necesita.

—Alexei… —susurró—. Tienes razón —escondió más su rostro en las piernas de Yuuri, ya le había mojado todo el pantalón—. Voy a ser fuerte por él y por ti, pero… en este momento déjame ser débil ¿Si? Sólo un poco —suplicó en medio del llanto.

Yuuri lo apretó más entre sus brazos.

—Yo seré tu fortaleza —le dijo con seguridad—. Apóyate en mí, mi amor. Saldremos de esto, juntos.

—Gracias…—suspiró con dificultad.

Viktor no dijo más, siguió llorando en el pecho de su esposo hasta que sus lágrimas se terminaron y cayó rendido a la inconsciencia. Yuuri no pudo dormir ni un segundo, no podía dejar de pensar en todo lo que había ocurrido, sumándole a todo eso el asunto del papá de Viktor.

Horas más tarde, Yuuri sintió el aroma a comida. A pesar de que olía muy bien, no sentía ganas de comer, en lo absoluto.

De pronto tocaron a su puerta, y en seguida una cabeza rubia se asomó.

—Llamaron a Viktor, de la funeraria —avisó en voz muy baja—. Todo está listo. El servicio se llevará a cabo a medio día.

Yuuri asintió.

—Gracias Yurio —susurró.

—¿Está dormido?

—Sí —le acarició el cabello con tristeza—. Oh, Yurio, gracias por llevarte a Alexei.

—No es nada. El bodoque se despertó hambriento hace unas horas, le preparé su leche y volvió a dormir, no ha despertado.

Yuuri le sonrió.

—Muchas gracias.

Yurio asintió y se fue de ahí no sin antes decirle que el desayuno estaba listo.

Viktor había llorado tanto que apenas podía abrir sus ojos. Tuvo que usar lentes de sol en todo momento para que no vieran su deplorable estado. Durante todo el servicio no se quiso despegar de su sobrino, lo traía en brazos, muy pegado a él. Era lo único que le quedaba de su querido hermano.

Yuuri estuvo a su lado en todo momento, preocupándose por su bienestar y obligándolo a beber agua por lo menos, ya que no quería ingerir nada, se sentía con el estómago totalmente cerrado.

Y a la mitad del servicio, Dimitri hizo acto de aparición. Se veía realmente mal, exhausto y pálido. Venía acompañado de Andrew, quien estaba al pendiente de cada paso que daba, asegurándose de que estuviera bien.

Viktor supo, al ver el enojo en Andrew al dirigirse a su padre, que se había escapado del hospital en contra de las órdenes de su médico.

—¿Cómo te sientes? —le preguntó a su padre luego de caminar directamente hacia él—. No deberías de estar aquí.

—No iba a perderme el funeral de mi hijo, de ninguna manera —se le cortó la voz. Se notaba el esfuerzo que hacía por no echarse a llorar, aunque sus ojos se veían más rojos e hinchados que en la mañana.

—Ven a sentarte —le ofreció un asiento a su padre.

—¿Puedo cargarlo? —le preguntó al ver a Alexei despierto entre los brazos de su hijo.

—¿Puedes?

—Sí, sí. Estoy bien, puedo cargar a mi nieto —extendió los brazos.

Viktor se lo dio y notó cómo los ojos de su padre se aguaban por completo al abrazarlo contra su cuerpo, tal como le había pasado a él.

A unos metros, Andrew se sentó a un lado de Yurio, desde ahí miraban a los Nikiforov.

—¿En verdad están hablando civilizadamente? —preguntó Yurio, sorprendido.

—Lo hacen —sonrió al ver que las cosas mejorarían. Sabía que Aleksi estaría feliz de ver algo así.

—Ya era hora —suspiró.

—¿Verdad?

Había sido un día terrible, y como si la naturaleza supiera de la tristeza en sus corazones, el día estuvo gris y con lluvia.

Cuando el entierro terminó, la gente se fue del panteón después de darle su más sentido pésame a los Nikiforov, pero tanto padre como hijo se quedaron frente a los dos sepulcros, parados hombro con hombro. Ambos portaban lentes oscuros para ocultar el silencioso llanto que no podían detener.

A unos metros de ellos, y dándoles privacidad, estaban Yurio, Irina, Yuuri cargando a Alexei, y Andrew. Estaban en silencio, escuchando cómo el viento mecía las ramas de los árboles y cómo de éstas escurría el agua que se acumulaba en sus hojas.

—Sigo sin poder creerlo… —murmuró el mayor con una voz ronca—…primero tu madre, ahora Aleksi y su esposa. Se supone que ustedes me enterrarían, no yo a ustedes.

Viktor se estremeció de sólo pensarlo.

—No digas eso —se limpió una lágrima debajo de sus lentes—, las cosas suceden por algo, quizás ahora no las entendemos, pero algún día lo haremos —repitió las palabras que su amado esposo le había dicho en medio de la noche, consolándolo.

—Yo aún sigo sin entender la muerte de Yarine —soltó al viento, no esperando una respuesta, sólo decía lo que sentía—. No trajo nada bueno a mi vida, no tuvo ningún propósito. Lo único que obtuve fue alejarme de mis hijos.

—Y eso no fue culpa de mamá.

—Estoy consciente de ello.

Viktor comenzó a llorar más.

—Era tan joven, tenía una esposa, ¡un hijo! —sollozó—. No se merecía esto —su llanto comenzó a ahogarlo—. Me hubiera ido yo…

Dimitri no dijo nada, sólo se giró y lo jaló del hombro para atraerlo a un brusco y fuerte abrazo. Viktor jamás se esperó algo así, pero tampoco fue capaz de rechazarlo.

—No se lo merecía, pero tú tampoco te lo mereces. No tendrás un hijo, pero tienes al esposo ese tuyo —le dijo con voz grave, aún abrazándolo.

El abrazo se sintió extraño para ambos. Habían pasado más de quince años desde la última vez que lo hicieron con tal sentimiento, quizás por eso aún después de un rato seguían abrazándose, no habían tenido idea de lo mucho que anhelaban ese contacto.

Viktor se permitió llorar en el hombro de su padre, sus lágrimas se perdían con el agua de la brisa que caía sobre ambos. Sintió cómo su progenitor le palmeaba la espalda en una reconfortante caricia, tal como hacía cuando era niño. Los abrazos de su padre nunca habían sido delicados como los de su madre, no, eran fuertes y bruscos. Sin embargo, en ese momento le venía muy bien. No dudó en corresponder con la misma fuerza, sin dañar o asfixiar a Alexei que estaba a un lado.

Las personas a unos metros de ellos no lo podían creer. Yuuri incluso se permitió soltar un par de lágrimas, con sentimientos encontrados y agridulces al ver qué fue lo que los terminó uniendo.

Cuando llegaron a casa, Viktor fue directo a su recámara, disculpándose con su amado y con Yurio. Estaba exhausto, sin embargo, había una extraña paz en su interior.

—¿Tienes hambre? —le preguntó el japonés a Yurio, éste negó de inmediato y fue hacia él para quitarle a Alexei de los brazos.

—Lo cargaste toda la tarde, el bodoque es pesado.

—Gracias, aunque no me molesta —se lo entregó—. Es reconfortante tenerlo en brazos —sonrió con tristeza.

Yurio estuvo de acuerdo con él, era muy reconfortante cargar a ese pequeño bodoque tan cálido y blando.

—Es muy tranquilo —notó el rubio al recordar que sólo lloraba cuando tenía hambre o el pañal sucio.

—Dice Viktor que así era Aleksi de bebé.

—¿Crees que el viejo se recupere pronto?

—Lo hará, pero debemos darle su tiempo. Además, parece ser que las cosas con su padre van mejorando, estoy seguro de que eso lo va a ayudar a recuperarse pronto.

—Esos dos son igual de orgullosos.

—Pero con el mismo corazón blando —sonrió. Conocía muy poco a Dimitri, sin embargo, podía asegurar aquello.

—Aunque debo admitir que el papá del viejo me asusta un poco.

—A mí también —admitió en un suspiro.

Yurio soltó una risita.

—Afortunadamente no es mi suegro.

Yuuri se rascó una mejilla con nerviosismo, sí, era difícil tener un suegro como él.

—El tuyo es mucho más blando —le dijo al rubio.

—Por completo —recordó al papá de Beka tan amable y bueno—. Por cierto… Otabek me llamó, quiso venir, pero el trabajo no se lo permitió.

—Viktor me dijo que recibió su llamada, lo alegró un poco, pero no sé qué le dijo —acarició la mejilla el bebé en brazos de Yurio—. Te llevaste muy bien con el amigo de Dimitri ¿Cierto?

El rubio sonrió de lado.

—Ese anciano es totalmente diferente a Dimitri.

—No le digas anciano, si se ve tan joven.

—De hecho es menor que el papá de Viktor. Me dijo que son amigos desde hace muchos años, él conoció muy bien a mi madre, me ha hablado mucho de ella.

—Ya veo…

—También conoció a mi padre.

El japonés se alertó, nunca había escuchado a Yurio hablar de él. Buscó algún signo de enojo o tristeza en él, pero no lo halló. Yurio seguía meciendo a Alexei entre sus brazos.

—¿Qué te dijo de él?

—Piensa lo mismo que yo, que es un hijo de perra.

—Yurio…

—Sí, ni siquiera lo conozco, pero no necesito hacerlo para saber que es un maldito. Abandonó a mi madre antes de que yo naciera.

Se quedaron en silencio unos momentos. Yurio despegó la mirada de su "sobrino" para toparse con Yuuri dormitando a pesar de estar de pie.

—Cerdo —lo empujó con el hombro—. Ve a dormir, yo cuidaré al bodoque.

El japonés se talló los ojos debajo de los anteojos, casi no había dormido, pero tampoco quería separarse de su sobrino, éste empezó a llorar, exigiendo alimento.

—No te preocupes —extendió los brazos para que Yurio le devolviera al pequeño—, lo cuidaré, ve a dormir tú también, mañana vuelves al trabajo ¿No? Y además tienes clases.

—Sabes que no importa —miró con tristeza al bebé, acariciándole una mejilla regordeta.

Finalmente el rubio lo ayudó a prepararle su leche y luego se fue a dormir. Yuuri alimentó al bebé con mucho amor y cuidado, le dio palmaditas en la espalda hasta que eructó y se sentó en la sala un rato, con el bebé sobre su regazo. Alexei tomaba con sus manitas pequeñas los dedos de Yuuri y se los llevaba a la boca, haciéndolo reír por su gran ternura.

Yuuri comenzó a acariciarle su rostro con la mano libre hasta que el bebé cayó rendido al sueño. Ya así, se lo llevó a la habitación. Al entrar se topó con Viktor durmiendo profundamente.

Así como estaba vestido, se metió a la cama y acomodó a Alexei en medio de ambos, rodeado de almohadas para no aplastarlo por accidente.

Se fue quedando dormido, viendo el rostro de su amado cerca del suyo. El pobre tenía los párpados muy hinchados y enrojecidos. Yuuri no sabía qué hacer por él ni cómo ayudarlo, él mismo sentía una tristeza enorme por la muerte de su cuñado y esposa.

Yuuri había hablado con Chris por teléfono, éste prometió viajar cuanto antes a Rusia, pero tristemente no pudo estar ahí para el funeral.

Cayó rendido al sueño, arrullado por las tranquilizadoras respiraciones de los dos grandes amores de su vida.

—Esas fueron las últimas palabras de mi hermano.

Yuuri estalló en lágrimas, se llevó ambas manos al rostro, tratando inútilmente de limpiarlas.

—¿Quiso que ustedes se hicieran cargo de Alexei? —preguntó Yurio con sorpresa.

Viktor asintió, apretando las manitas del bebé que descansaba sobre sus piernas. Los tres estaban sentados en la sala, charlando luego de haber repuesto energías.

—Pero no pueden simplemente quedárselo, ¿O sí? ¿No hay que hacer trámites legales o algo por el estilo?

—Lo mismo pensé —admitió Viktor soltando una manita del bebé para rodear con su brazo a Yuuri—. Amor ¿Estás de acuerdo en criar a Alexei junto conmigo?

Yuuri no pudo responder, seguía llorando sin parar.

—Amor —acarició su nuca y poyó la frente en su hombro—. ¿Qué pasa?

—Es que… —hipó—. Me siento tan mal… tantas veces deseamos tener a Alexei con nosotros más tiempo y… —se echó a llorar con más fuerza, quitándose los lentes luego de dejarlos empapados.

Viktor abrió sus ojos con mucha sorpresa, él también lo había pensado y se había sentido escoria. Entendía muy bien cómo se sentía Yuuri.

—No te atormentes con eso, cerdo, no tiene caso —puso una mano sobre su cabeza. Se había puesto de pie sólo para consolarlos—. Tú tampoco, viejo —palmeó su cabeza también, pero con menos delicadeza—. Menos ahora que ustedes serán los padres del bodoque.

Miraron al bebé, quien los observaba desde el regazo de Viktor con sus enormes ojos azules.

Sin darse cuenta, habían comenzado su familia de esa triste forma.

Al día siguiente, recibieron una visita totalmente inesperada.

—¿Trabajadora social? —miró la tarjeta que la señorita le dio—. ¿Qué hace aquí?

—Venimos por el niño Alexei Nikiforov, estará bajo la jurisdicción del gobierno hasta que el juez tome una decisión.

—¿Decisión? ¿De qué está hablando? Soy Viktor Nikiforov, tío de Alexei. Soy su familia directa, no puede llevárselo.

Yurio y Yuuri escucharon todo desde la sala, espantados.

—Será hasta que el juez lo decida.

Ese día les arrebataron a Alexei de los brazos. El gobierno no quería que el bebé se quedara con una pareja de homosexuales, lo recalaron mucho cuando Viktor y Yuuri fueron en busca del bebé.

Viktor movió cielo y tierra para encontrar un abogado que pudiera ayudarlo en esa situación. Estaba furioso. Necesitaba que le devolvieran a Alexei cuanto antes, sin embargo, no encontró un abogado que estuviera dispuesto a defender a un matrimonio homosexual.

Pasó una semana antes de que Viktor se enterara que su padre estaba haciendo movimientos como abogado que era. El enojo de Viktor llegó hasta niveles inimaginables. Furioso, llegó a su oficina entrando sin permiso.

—Hijo ¿Qué ocurre? —se sorprendió al verlo tan molesto como meses atrás.

—¿Qué estás tramando? ¿No quieres que tu nieto esté con su familia? ¡Lo tienen en un orfanato ahora mismo!

—Lo sé —apoyó ambos codos sobre su escritorio.

—¿Y estás tan tranquilo? Tú que eres abogado deberías de estar buscando la manera de hacer que nos lo regresen ¡¿Por qué estás intentando quitárnoslo?! ¿Es porque estoy casado con un hombre? —caminó hacia él y lo tomó de las solapas de su traje, zarandeándolo un poco—. Yuuri ha sido mejor padre para Alexei en este corto tiempo, que tú para mí en toda mi vida.

Un hombre fuerte llegó y los separó.

—No le digas eso a tu padre —lo miró con mucho enojo en sus ojos verdes—. Todo lo que dices no son más que mentira y locuras que crees ciertas por tu desesperación, pero nada es como lo dices.

—Escuché de boca de otros abogados que mi padre estaba involucrado en este caso, y no para bien.

—Eso es mentira —Dimitri se acomodó el traje con tranquilidad, mirando a su hijo severamente—. Ya tenemos el éxito asegurado en este caso.

—¿A qué te refieres? —Viktor abrió mucho sus ojos celestes.

—Ve esto —Andrew le estampó contra el pecho un documento que recién habían podido encontrar.

Viktor vio las hojas y palideció. Era un documento que Aleksi había dejado preparado antes de morir. Como buen abogado y como hombre precavido, había hecho un documento oficial en el que dejaba la custodia de Alexei, su único hijo a Viktor Nikiforov y a su esposo Yuuri Katsuki. Todo eso sólo en caso de que él y su esposa fallecieran.

—Es un documento válido. Personas corruptas lo habían ocultado por ser ustedes un matrimonio homosexual —explicó Dimitri.

—Presentaremos este documento a la corte y les darán a Alexei de inmediato —aseguró Andrew, preparando papelería que necesitarían—. Solicitamos una audiencia hoy por la tarde. Tendrán a Alexei en la noche.

—Oh… —no podía creerlo, se sintió miserable al haber llegado de esa manera, tratando tan mal a su padre.

—Aleksi te dejó esta carta —Dimitri se la extendió. Viktor vio que seguía cerrada.

—Yo… papá, lo siento.

—Está bien —palmeó su hombro, manteniendo su seriedad—. Me alegra ver cuánto quieres a mi nieto. Y ya es hora de que vuelva a casa con su familia.

—Tú y tu esposo, vayan a la corte a las dos.

Y así fue.

Viktor y Yuuri se presentaron en la corte y vieron a Dimitri en acción. Al final, el juez falló a favor del matrimonio Nikiforov y dictó que les regresaran al bebé cuanto antes. Todo gracias a que Aleksi había sido precavido.

Alexei volvió a los brazos de su familia esa misma tarde, con la condición del juez de que llevaran a cabo los trámites de adopción cuanto antes. Dimitri se hizo cargo de ello.

Con lágrimas en los ojos, Yuuri se acercó a Dimitri para agradecerle por todo el apoyo.

—Sin usted habría sido imposible que lo recuperáramos —le dijo en ruso—. Muchas gracias —hizo una pequeña reverencia.

Dimitri frunció el ceño.

—Cuiden bien de mi nieto, no quiero más tragedias —le dijo con total seriedad—. Y a la otra… búsquenme antes de que todo se salga de control. La relación entre mi hijo y yo no será la mejor, pero eso no quiere decir que no lo vaya a ayudar, además, mi nieto estaba de por medio.

Yuuri se asombró.

—Muchas gracias.

Dimitri no respondió, se dio media vuelta y se fue.

Yuuri regresó a donde estaba Viktor, cargando a Alexei y llenándolo de besos luego de no haberlo visto por tantos días.

—Amor, ve con tu padre —le quitó a Alexei de los brazos, era su turno de llenarlo de besos y mimos. Viktor ni si quiera replicó, le dio al bebé y corrió hacia su progenitor.

—¡Papá! —le gritó para detenerlo.

Dimitri y Andrew se detuvieron antes de subir al auto, pero ninguno de los dos se imaginó que Viktor se le echaría encima a su padre, atrapándolo en un abrazo que dejó con la boca abierta a más de uno.

—¿Viktor? —inquirió, sorprendido y correspondiendo el gesto.

—Muchas gracias por todo lo que acabas de hacer.

—No tienes que agradecerlo, es mi familia también. Cuiden mucho de él —se separó del abrazo.

—Yuuri y yo nos encargaremos.

—Yuuri y tú… —frunció el ceño.

—Papá… —le reprochó.

—Lo siento, hijo, quiero que intentemos llevarnos mejor, se lo prometimos a Aleksi. Pero no puedo hacerlo de un día para otro. Yo… sabes que no estoy de acuerdo con ese tipo de relaciones.

—¿Cuál tipo de relaciones? ¿Te refieres a la que tenemos Yuuri y yo, Yurio y su novio? Sí, papá, tendrás que aceptarlo —le dijo con seriedad, pero sin enojo.

—Dame tiempo —en verdad le costaba mucho. Aún no soportaba ver a su hijo en brazos de otro hombre.

—¿Lo intentarás? —se asombró, no lo esperaba.

—No lo sé —espetó y se dio media vuelta, subiendo al auto del lado del copiloto y cerrando la puerta.

—Tiene hambre —lo justificó Andrew, parado del lado del piloto, listo para subirse—. No te preocupes, Viktor, terminará aceptándolo —le dijo con una gran sonrisa antes de meterse al auto.

—¡Tú no hables por mí! Y no, no tengo hambre.

Viktor alcanzó a escuchar las réplicas de su padre. Sólo pudo reír un poco mientras veía cómo el auto arrancaba. Un extraño sentimiento se quedó en su pecho. Sabía que su padre y él tenían mucho de qué hablar y muchas cosas por aclarar, pero se sentía tranquilo al ver que por lo menos ya podían entablar una charla corta sin querer golpearse el uno al otro.

Se giró y miró a lo lejos a su pequeña y rota familia que poco a poco iba incrementando. Ahora tenía un esposo, un hijo adoptivo y otro hijo algo crecido que ahora mismo le hacía caras a Alexei para que se riera un poco.

Se quedó ahí parado, observando cómo su esposo cargaba a su nuevo hijo y cómo Yurio lo hacía reír. Si su hermano estuviera ahí, sería el momento perfecto, pero tal como le dijo Yuuri: "Las cosas suceden por algo, quizás ahora no las entendemos, pero algún día lo haremos".

Su hermano le había dado un hijo, jamás tendría manera de agradecerle ese obsequio tan inmenso.

"Querido hermano:

Estoy escribiendo esta carta con la esperanza de que nunca sea leída, pero de lo contrario, si la estás leyendo es porque Evgenia y yo no estamos más en este mundo.

Si encuentras esta carta extraña es porque Evgi y yo vimos una película de niños que quedan huérfanos, y ya sabes cómo le afectan esas cosas. Ambos charlamos mucho y terminó convenciéndome. Al final nos dimos cuenta de que es mejor prevenir siempre que sea posible, por eso decidimos dejarte la custodia de nuestro hijo.

Sabemos que a Yuuri y a ti debió sorprenderles mucho esto, y más considerando la postura de papá ante los matrimonios del mismo sexo y con hijos. Sin embargo, sabemos que lo terminará aceptando.

Sinceramente fue difícil tomar esta decisión, pues al momento de hablarlo nadie parecía adecuado para cuidar de nuestro hijo, por eso escogimos al matrimonio que más se parece al nuestro. Los escogimos a ti y a Yuuri porque así Alexei tendrá un poco de nosotros en ustedes.

Me disculpo por dejarte una responsabilidad tan grande como la de un hijo, pero además del hecho de que Yuuri y tú son similares a Evgi y yo, quise que mi hijo estuviera contigo porque por algunos años de mi niñez fuiste como un padre para mí. Desde que murió mamá tomaste muy en serio tu rol como hermano mayor y me cuidaste de todo, hasta de papá. Quiero agradecértelo de todo corazón. Estoy seguro de que Alexei será feliz con ustedes como sus papás, y sé también que lo cuidarás como me cuidaste a mí, y lo dejarás dormir con ustedes cuando tenga pesadillas, tal como hiciste cuando yo no tenía más de ocho años. Además, sé que le darán hermanitos.

Yuuri y tú serán los mejores padres para mi hijo.

Y por último, hermano. Por favor no trates de regresar a Alexei a la 'fábrica de bebés', tal como lo intentaste conmigo. De acuerdo, fue muy mala broma, pero si estoy muerto seguramente estás triste, no lo estés y cuida bien de mi hijo.

Con cariño, Evgenia y Aleksi."

Continuará…

OMAKE:

Salió de su profundo sueño al sentir una caricia en su frente, sin embargo, no abrió los ojos, estaba muy cansado. Había sufrido un infarto y sencillamente no tenía fuerzas ni siquiera para quejarse por esa maldita caricia que lo había sacado de su sueño, sin mencionar que aún con sus párpados cerrados podía percibir que había luz en la habitación.

La caricia en su frente pasó a su cabello. ¡Cómo lo relajaba eso! Pero nadie lo sabía a excepción de una persona, la única que se atrevería a hacerle aquello.

Decidió abrir los ojos cuando las caricias en su cuero cabelludo cesaron y se pasaron a una mejilla.

Sus ojos de un azul intenso se conectaron con los verdes cristalinos de su mejor amigo, quien le sonrió ligeramente, mirándolo con alivio.

—¿Por qué me despiertas? —se quejó con voz pastosa y ronca, mas no detuvo las caricias suaves que le proporcionaba.

—Estabas teniendo un mal sueño —respondió simplemente y se acomodó para que la luz del amanecer no le diera en el rostro a su querido amigo.

—Sigue haciendo eso…

—¿Qué? —aguantó una risita.

—Eso en mi cabello —cerró los ojos.

Andrew no dijo nada más, y con una sonrisa volvió a acariciar el cabello negro y lacio de Dimitri.

Estaba por volver a caer en los brazos de Morfeo cuando sintió que las caricias se habían detenido. Refunfuñó sin molestarse en abrir los ojos, esperando que Andrew continuara, pero no fue así.

—Iré por algo de café —le susurró en el oído antes de levantarse de su lugar junto a la cama y salir.

Ya estando solo, Dimitri abrió sus ojos y contempló desde su lugar el amanecer que se asomaba por su ventana. Con expresión pensativa y un tanto vacía, se quedó mirando a la nada.

—¿No has dormido?

El señor dio un pequeño brinco, no había escuchado entrar a su hijo.

Fin de Omake.

Un poquito de cariño después de tan triste capítulo. Si leíste hasta el final, bien por ti.