Agape to Eros
By Tsuki No Hana
XL
"¿Embarazado? ¡Sí, cómo no!"
Agosto.
Dos meses habían transcurrido desde la muerte de su hermano y cuñada, el ánimo de todos había vuelto a ser un poco como el de antes, o al menos eso intentaban. Luego de leer la carta que le dejó su hermano, Viktor no tuvo otra opción más que levantarse y seguir adelante. Le había cedido el privilegio de ser padre de su hijo y no podía ser un honor más grande.
Yuuri, como buen esposo, le había dado su espacio para que se recuperara a su ritmo, pero al mismo tiempo estuvo siempre ahí, esperando el momento indicado para entrar a escena y levantarlo cuando más caído se sentía. Al mismo tiempo se hizo cargo del bebé, sorprendiendo a Viktor con lo bien que lo hacía.
—Y decías que no querías tener hijos —le quitó a Alexei de los brazos para hacerlo reír alzándolo y enseñándole muecas chistosas. Vio que ya estaba bañado, vestido y listo para salir.
—Vas a hacer que devuelva su leche, acaba de desayunar —le advirtió el japonés, desvistiéndose en la habitación para ya meterse a bañar. Era lunes por la mañana y ambos tenían un buen y largo día por vivir.
—Qué asco, no queremos vómito de bebé ¿Verdad que no? —lo cargó de manera decente, si a algo le temía, era al vómito.
Despegó la mirada del bebé sólo para posarla sobre la figura de su esposo. Estaba tan apurado porque se le hacía tarde, que había empezado a desvestirse al mismo tiempo que buscaba ropa en el armario. Iban retrasados, ese día tenían cita con el pediatra de Alexei.
Lo recorrió con la mirada de pies a cabeza. El japonés se encontraba sólo en ropa interior. Y así, aun cargando a su hijo, se mordió el labio inferior sin poder dejar de ver a Yuuri de esa manera. Habían pasado tantas cosas en esos dos meses que no habían podido tener intimidad, o al menos no por completo ya que un par de veces intentaron hacer el amor, pero se quedaron dormidos sólo para despertarse un rato después en la madrugada, con el llanto de Alexei.
Ciertamente cuidar de un bebé 24/7 era agotador. Al hecho del luto que guardaban por las recientes muertes, se le sumaba la nueva e inmensa responsabilidad de cuidar de un bebé sin morir en el intento.
Por eso ahora que veía a su esposo medio desnudo en frente de él, no podía evitar comérselo con la mirada. Alexei tosió muy quedito, pero fue suficiente para que Viktor lo mirara de inmediato, notando en el acto que su hijo lo miraba con una extraña expresión, como diciéndole con su cara "Ya te vi espiando a mi papá". El ruso se rio por sus pensamientos y besó la frente de su bebé, acababa de cumplir seis meses y estaba cada vez más grande y pesado, aunque aún seguía siendo un "bodoque", como Yurio solía llamarlo.
Salió de su ensimismamiento cuando escuchó una queja por parte de Yuuri.
—¿Qué ocurre, amor? —se le acercó, preocupado.
Yuuri lo enfrentó, con pequeñas lágrimas en sus ojos.
—No encuentro ropa que me quede, Viktor, he engordado mucho.
—No seas exagerado —se rio un poco, grave error.
—¡No te burles! —le lanzó una prenda—. Y todo es tu culpa por ese trato que hicimos.
—Mi cabello está creciendo —le enseñó que estaba cumpliendo con su parte del trato—. No me lo he cortado.
—Y yo también he cumplido con mi parte del trato ¡Estoy gordo!
No estaba gordo, sólo había aumentado unos cuantos kilos y la ropa le quedaba ajustada, pero eso le bastaba a Yuuri para sentir que si seguía así, perdería el control muy fácil y volvería a estar muy gordito.
—Necesito volver a mi rutina de ejercicio —no sólo la necesitaba para bajar de peso, sino para sacar por ese medio todo tipo de estrés y frustraciones.
Sin soltar a Alexei en uno de sus brazos, se acercó a su esposo y lo apresó en un cálido abrazo.
—No estás gordo, mi vida, sólo estás rellenito. Y eso me encanta —le mordió el hombro desnudo.
Yuuri se estremeció de pies a cabeza, notando lo mucho que su cuerpo anhelaba ese contacto más íntimo con su esposo.
—Pero no te preocupes, no tienes que seguir con eso del trato —besó sus labios cortamente.
—Pero… ¿Te cortarás el cabello? —le acarició los cabellos platinados que ya le llegaban por debajo de la nuca.
—No mi amor, no lo haré.
Yuuri le sonrió como respuesta, muy feliz.
—Ve a bañarte que llegaremos tarde —le dijo al mismo tiempo que le daba una palmada en el trasero, no fue muy fuerte, pero sí se escuchó claramente en toda la habitación.
—¡Viktor! —se sorprendió, sonrojándose por ello. Habían pasado meses desde la última vez que su amado había tenido ánimos incluso para hacer ese tipo de jugueteos. Se sintió feliz al ver que estaba volviendo a ser el mismo de antes.
—En serio, ve a bañarte o no te dejaré hacerlo —le advirtió antes de morderse el labio.
Yuuri entendió de inmediato a lo que se refería y su corazón dio un vuelco. No se lo había dicho, pero lo extrañaba mucho en ese sentido. Y en esos momentos su mente se debatía entre meterse a bañar o meterse a la cama con su marido.
Pero luego recordó que el compromiso era con el médico de Alexei.
—Ve a despertar a Yurio —lo besó en los labios—. Y tomaré esto prestado —señaló las prendas que traía en su brazo, eran de Viktor.
El mayor soltó una risita y asintió. Antes de detenerlo y darle otro beso en los labios.
—Intentemos hacerlo hoy —le dijo Viktor en un susurro muy bajito, pegado a sus labios.
—¿En serio? —atrapó las mejillas de su amado entre sus manos. Los ojos le brillaron.
—Espero que esta vez no nos quedemos dormidos —rio un poco antes de llevar una mano al costado de Yuuri.
—V-Viktor —jadeó al sentir que después apretó su trasero con firmeza.
—No puedo esperar —mordió su oreja—. ¿Y si faltas al trabajo?
—Vitya, no puedo. Hoy es la grabación de la música de ese anime que sacaron hace poco.
—¿El de los patinadores sobre hielo en donde el entrenador y su pupilo se enamoran?
—Sí —rio—. Ese.
—¿No lo han vetado del país?
—No, porque la creadora ha hecho las escenas homosexuales muy sutiles.
—Yo insisto en que es una copia de nuestras vidas.
—Parece que sí —le besó la nariz y corrió lejos de su alcance—. Hasta la noche será —dijo antes de cerrar la puerta del baño en el pasillo.
Viktor suspiró pesadamente y miró a su hijo, quien lo observaba con la misma expresión de misterio que ponía a veces. No se aguantó la risa y le mordió una mejilla, haciendo que el pequeño se quejara.
—¡No le muerdas sus mejillas! —un Yuuri defensor salió del baño sólo para decirle aquello con el ceño fruncido.
—L-lo siento, es que no puedo evitarlo —se rio, sorprendido de la sobreprotección que tenía Yuuri para con Alexei.
El japonés regresó al baño y Viktor miró feo a su bebé.
—Eres un tramposo, pequeño bodoque —le sacó la lengua y el bebé estalló en carcajadas que se contagiaron a Viktor—. Ven, vamos a despertar al tío Yurio —le dijo entre risitas malévolas.
Entró a la habitación del rubio en completo silencio. Lo vio en su cama, acostado en una de esas posiciones tan difíciles que sólo él lograba, roncaba con fuerza y su cabello estaba enmarañado en todo su rostro. Por poco Viktor no se aguantó la risa.
Caminó de puntillas hasta llegar al costado de la cama tamaño individual, donde con cuidado recostó a Alexei bocabajo, muy cerca del rostro de Yurio.
El bebé, feliz de la vida, tomó la mejilla de su tío y la palmeó despacito, casi como una caricia cariñosa.
—Beka… —sonrió entre sueños, dejando de roncar.
Viktor se enterneció y evitó reírse, pero no pudo contenerse cuando Alexei tomó los rubios cabellos entre sus manitas y los jaló con toda su fuerza, riendo a carcajadas al ver que su tío se despertaba espantado y con su mejilla llena de las babas que el bebé tenía en sus manitas.
—Tú… pequeño monstruo —le dijo con la voz completamente ronca.
El bebé se rio con más fuerza.
Yurio alzó la mirada y se topó con un Viktor que intentaba inútilmente aguantar su risa.
—¿Qué haces en mi cuarto, viejo? —levantó sólo su cabeza, pero la volvió a acostar sobre su almohada antes de soltar un leve quejido.
—¿Estás bien? —preguntó en serio al ver que no se movía y que su rostro estaba rojo. Alexei seguía jugando con sus mejillas, sin embargo, Yurio no se movió de su postura bocabajo.
—Sí —miró el reloj sobre su mesita de noche y se espantó, ya era muy tarde. Si no se apuraba no llegaría a su primera clase.
Se levantó como resorte de la cama y corrió a su armario a buscar qué se pondría ese día. Sacó unos jeans oscuros y una playera roja antes de encaminarse a la salida.
—Yuuri se está bañando y… —silenció al bajar la mirada y toparse con esa sorpresa matutina entre las piernas de Yurio. De inmediato cerró los ojos con fuerza y giró su cabeza, entendiendo por qué no se quería levantar.
Yurio iba a gritarle que no viera y que se largara de ahí, pero vio la reacción de Viktor y lo pensó mejor.
—¡Ves! Eso es lo que siento cada vez que me toca verte desnudo a ti o al cerdo, o cuando hacen sus cochinadas en frente de mí —lo apuntó con un dedo, sin intenciones de cubrirse ni un poco.
—Lo siento Yurio, veo que sí es muy incómodo y que… espera —se giró y lo miró a los ojos con el ceño fruncido—. ¿Dijiste que también has visto a Yuuri desnudo? ¡¿A mí esposo?!
—Muchas veces —sonrió de lado, con expresión malvada.
—¡Yurio!
El rubio se rio con ganas.
—No te asustes, sólo lo he visto en las aguas termales —rio—. Si él no es un exhibicionista como tú —salió del cuarto rumbo al baño.
—Te dije que Yuuri se está bañando aún —tomó a Alexei y fue tras él.
Y así comenzó la mañana para la familia Nikiforov. Desayunaron juntos y de prisa para poder llegar puntuales a sus destinos.
—¿Estás seguro de que no quieres que te lleve? —preguntó Viktor.
—No, viejo —respondió con la boca llena de comida, pues ya lo esperaban abajo—. Andrew me va a llevar.
—¿De nuevo? —preguntó Yuuri, con una sonrisa curiosa—. Toda la semana ha estado viniendo por ti.
—Es que le queda de pasada a su trabajo, sólo hace una parada para venir por mí —se encogió de hombros, restándole importancia—. Además, tiene pláticas interesantes.
—¿Sobre qué? —cuestionó Viktor.
—De ti —se burló—, de cuando eras un mocoso. ¡Me voy! —tomó sus cosas y salió casi corriendo de ahí.
Al matrimonio Nikiforov se le hacía demasiado extraño que el mejor amigo de Dimitri pasara a diario por Yurio para llevarlo a la escuela, sin mencionar que su relación se había estrechado bastante. Cuando le preguntaban a Yurio al respecto, solía responder que ese viejo era agradable, además de que le tenía cierto afecto por haber recibido su ayuda al momento de conocer a su padre.
—¿Nos vamos? —se echó la pañalera al hombro y vio cómo su amado tomaba en brazos a Alexei y lo alcanzaba.
—Vamos —le dedicó una linda sonrisa. Viktor no resistió y le robó un beso—. ¿Por qué fue eso? —preguntó, sorprendido y fascinado.
—¿No puedo besar a mi esposo? —lo tomó de la cintura y lo pegó más a él para darle otro beso, el cual fue interrumpido por las manitas de Alexei dándoles palmadas en las mejillas a ambos.
Terminaron deshaciéndose en risas. El bebé nunca había hecho eso.
—¿Tú también quieres besos? —Viktor lo tomó en brazos y lo alzó muy en alto antes de atraerlo a su rostro y llenarlo de besos. El bebé rio abiertamente antes de darle más palmaditas en las mejillas a su padre.
Yuuri miraba la escena por completo enternecido.
—Gracias Aleksi, gracias por confiarnos a tu bebé. Lo cuidaremos como si fuera nuestro hijo —pensó, con ese habitual sentir tan agridulce.
Ciertamente esos meses habían sido agotadores y muy difíciles, pero poco a poco iban recuperando sus ánimos y su alegría.
Ese mismo día en la noche, toda la familia cenó unida en el comedor. Cada uno se fue a su habitación luego de ese largo día y Viktor se encargó de dormir al bebé mientras Yuuri se duchaba después de que el pequeño Alexei le vomitara encima.
El japonés no tardó más de diez minutos en el baño, pero aun así, al volver a su habitación se encontró a Viktor completamente dormido en la cama, aún con ropa y zapatos. Alexei ya descansaba en su cuna y todo el departamento se encontraba en silencio.
Lleno de ternura, se acercó a su esposo y comenzó a desvestirlo, fue hasta que intentó quitarle los pantalones que se despertó.
—Yuuri… —murmuró con voz muy ronca, tallándose un ojo—. Oh… lo siento, me he quedado dormido.
—Lo noté —soltó una risita traviesa, sentándose a su lado en la orilla de la cama—. Estás muy cansado ¿Verdad?
—Tú también —le acarició toda la mejilla con la palma de su mano, posando su pulgar en la pequeña bolsa bajo su ojo, esas que ambos habían adquirido al comenzar a cuidar de un bebé por tiempo completo.
Muy pronto terminaron acurrucados en la cama, disfrutando de un íntimo letargo después de un largo y pesado día. Yuuri acariciaba la cabeza de Viktor mientras éste tenía apretado al otro entre sus brazos. Ambos eran un revoltijo bajo las sábanas.
—No he podido dejar de leer la última conversación que tuve con Aleksi —murmuró de pronto Viktor, jugando con un mechón de cabello negro de Yuuri. Éste suspiró.
—¿Qué crees que haya querido decir con eso? Nos tenía una sorpresa, pero nunca dijo cuál.
—"Esta sorpresa les encantará, ni siquiera tendrán que salir de la ciudad" —repitió Viktor sus palabras exactas, se sabía ya de memoria esa conversación.
Se quedaron en un cómodo silencio por largo rato. Viktor hallaba una tranquilidad indescriptible al tener a su esposo tan cerca de él. Desde la muerte de su hermano, tener a Yuuri en brazos al dormir se había vuelto totalmente indispensable. Su dependencia hacia su esposo había incrementado, pues, si no fuera por él, no habría sobrellevado tal pérdida que apenas estaba logrando superar.
Ambos estaban de costado, se tenían frente a frente, haciéndose arrumacos y cariños con sus manos.
—Aleksi estaría muy feliz de ver lo sano y contento que está Alexei —dijo Yuuri, mirándolo a los ojos con suavidad. Sabía que su amado se sentía preocupado al no saber si lograría ser tan buen padre como Aleksi lo hubiera sido.
—Alexei es feliz… —repitió Viktor, tratando de creérselo.
—Claro que lo es ¿No has notado su sonrisa al verte en las mañanas? Y el pediatra lo dijo hoy, Alexei es un bebé muy sano.
—¿Y si no somos buenos padres?
Era media noche, hora común en la que sus miedos y preocupaciones lo invadían.
—Vitya —soltó una risilla incrédula y le pellizcó una mejilla—. Quizás no logremos ser padres perfectos, pero de lo que Alexei siempre podrá estar seguro es del inmenso amor que ambos siempre le tendremos. Así que no te preocupes —le dio un corto beso en los labios.
Viktor sonrió después de eso.
—No sé qué haría sin ti —admitió dentro de un suspiro.
—Ni yo sin ti —lo miró dulcemente con sus ojos color chocolate.
—Todavía tienes el cabello húmedo —le jaló un mechón que caía por su frente—. Deberías secarlo, no vayas a enfermar.
—Estoy muy cansado —pegó su frente en el pecho desnudo del otro, ocultando así su rostro y respirando la deliciosa fragancia de Viktor.
—Entonces déjame secarlo por ti —se ofreció amablemente.
Yuuri se negó, pero Viktor (tan terco como siempre) lo hizo levantarse, no quería correr riesgos.
Viktor fue por la secadora y la usó en su amado, con cuidado y mucho cariño. Una mano detenía la secadora y la otra la usaba para pasar sus dedos por esos cabellos color ébano, acariciando el cuero cabelludo y dándole un masaje en verdad relajante.
El ruso casi soltó una carcajada cuando su amado se quedó dormido y por poco se cae, afortunadamente lo tomó en brazos y con cuidado lo volvió a meter a la cama.
—Gracias mi amor —murmuró, más dormido que despierto, acurrucado hacia Viktor.
—Es sólo un poco de todo lo que tú haces por nuestra familia —besó sus labios en una suave caricia, viendo cómo caía finalmente rendido al sueño con una sonrisa en su rostro y con sus cabellos totalmente despeinados por la secadora. Se veía adorable.
Viktor suspiró y acarició la mejilla de su esposo con el dorso de su mano.
—Otro día será… —suspiró, recordando que esa misma mañana le había prometido hacerle el amor, pero ambos se encontraban exhaustos y no faltaba mucho para que Alexei los despertara exigiendo un cambio de pañal.
Abrazó a su esposo desde atrás y cayó rendido al sueño también.
A la mañana siguiente, Yuuri fue el primero en levantarse, pero estaba tan adormilado que se quedó sentado en la orilla de la cama, mirando sus pantuflas como por cinco minutos hasta que escuchó ruiditos provenientes de la cuna.
Con curiosidad y una sonrisa tonta en su rostro, Yuuri se incorporó y caminó hasta la cuna sólo para toparse a su hijo tratando de meterse el piecito en la boca mientras balbuceaba cosas no entendibles.
Se enterneció y maravilló tanto que quiso compartirlo con Viktor.
—Viktor —lo llamó en voz baja, sin dejar de ver al bebé, pues temía que dejara de hacerlo de repente—. ¡Viktor! —dijo un poco más fuerte, pero el ruso era una piedra.
Entonces Yuuri tomó su pantufla y se la lanzó a su esposo. Éste se levantó como resorte.
—¡¿Qué pasó?! —con un chistoso peinado matutino, fue hasta donde su esposo y vio a su amado hijo hacer esa maravilla—. ¡Es tan lindo! —exclamó con emoción, corriendo en busca de su celular para grabar el momento.
Y así como ese video, tenía muchos más, y cientos de fotos también. No había cosa que los padres primerizos no quisieran registrar de su bebé.
Tuvo que dejar de grabar cuando Alexei sonrió y alzó sus bracitos hacia ambos, quería ser cargado.
—Vamos a Japón, visitemos a mis padres —sugirió de pronto Yuuri, estaba seguro de que eso levantaría mucho los ánimos de su esposo. Además, estaban en muy buen momento para cambiar de ambiente por una temporada, lo necesitaban.
Se lo había sugerido mientras tomaban el desayuno.
Los ojos de Viktor tomaron un brillo especial, de inmediato pensó en Hiroko, la quería como una madre y sinceramente la necesitaba.
—¡Vamos! —ni siquiera lo pensó.
—Sólo hay que ver cómo va la construcción de tu escuela de patinaje.
—Es "nuestra", recuerda que será de los dos —le guiñó un ojo—. Y no hay problema con eso, dejaré a alguien a cargo para que lo supervise, tardarán todavía un par de meses en terminar el establecimiento.
Yuuri suspiró mientras sonreía.
—¿Cuándo vamos? —Viktor se emocionó mucho.
—Cuando tú quieras, voy a pedir permiso en el trabajo.
—Renuncia.
—¿Qué?
—Sí. Si nos vamos a Japón, no creo que sea por sólo unos días, podrían ser meses.
Tenía razón y a Yuuri no le parecía mala idea. Pero dejar su trabajo…
—Deja tu trabajo, recuerda que tendrás un trabajo junto conmigo al dirigir la escuela de patinaje.
El corazón de Yuuri dio un vuelco y su lado fanático salió a relucir. Sí, él, Yuuri Katsuki-Nikiforov trabajaría hombro a hombro con la leyenda viviente del patinaje.
No pudo negarse a ello.
—Oigan ¿Y yo qué?
Al otro extremo de la mesa estaba Yurio, comiendo su cereal con leche y mirándolos con cara de pocos amigos. El matrimonio lo miró con desconcierto.
—Es un hecho que vas con nosotros, ni siquiera tengo que preguntarte —dijo Viktor totalmente en serio.
—Pero tengo clases —suspiró—. Aunque quizás pueda alcanzarlos cuando salga de vacaciones…
Y así comenzaron sus planes para irse a Japón a finales de agosto, Yuuri renunció a su trabajo y las cosas fueron mejorando aún más en casa. Hasta que Yuuri recibió una llamada.
—Buenas tardes, llamo para confirmar la cita de Viktor Nikiforov con la doctora Kubo Mitsurou el día de mañana.
—¿Cita? —preguntó, desconcertado.
—Sí, a las tres de la tarde.
—Disculpe, pero mi esposo no ha hecho ninguna cita.
—La hizo el señor Aleksi Nikiforov. Sólo necesito confirmar su asistencia.
—Sí, sí. Ahí estará —respondió dubitativo, luego pidió los datos del lugar.
Apenas colgó, fue en busca de su esposo, quien no entendió en lo absoluto, pero por el simple hecho de saber que había sido una cita programada por su hermano, decidió ir y Yuuri no lo dejaría ir solo.
Antes de ir, investigaron a la doctora. Encontraron que ella era especialista en ginecología y además trabajaba en un centro con especialidad en genética y fertilización in vitro.
No entendían por qué Aleksi los mandaba a ese lugar, pensaban que quizás todo fue una confusión. Sin embargo, no tenían idea de lo que el destino les deparaba.
Dejaron a Alexei con Irina y fueron de prisa a la cita, ansiosos.
—Bienvenidos, soy la doctora Kubo Mitsurou —se presentó amablemente—. Tomen asiento —señaló las sillas frente a su escritorio fino de madera.
—Disculpe, doctora, no estamos muy seguros de por qué estamos aquí.
La aludida sonrió.
—Lo sé, han de estar muy confundidos. Verán… Aleksi Nikiforov me contactó luego de conocer a uno de nuestros casos exitosos, y quiso que nos reuniéramos para poder explicarles lo que podemos hacer y lograr con la tecnología y los avances que poseemos.
—¿"Casos exitosos"? lo siento, me estoy confundiendo más —dijo Viktor.
—Seré directa —entrelazó sus manos sobre su escritorio y se inclinó un poco hacia delante—. Nosotros podemos lograr que un hombre conciba un hijo propio y de su pareja.
Ambos agradecieron estar sentados, de lo contrario ya se habrían ido de espaldas.
—¿Qué?
Tanto los ojos cafés como los azules casi se salen de sus órbitas.
—Es una broma ¿Verdad? —preguntó Yuuri, totalmente incrédulo.
La doctora negó suavemente con la cabeza.
—¿Por qué no escuchamos esto antes? Es decir… usted mencionó casos exitosos. De ser así… ¿No se habría hecho viral en las redes?
—Por supuesto que no. La privacidad de nuestros pacientes es primordial. Si el mundo se entera de lo que podemos hacer… —suspiró—…nuestros pacientes serían objeto de discriminación y sería una polémica tan grande como el aborto. Por eso no hay publicidad, los pacientes que aquí llegan pidiendo esto, es porque conocieron a alguien que fue inducido al tratamiento.
—¿Entonces… usted puede hacer que alguno de nosotros se embarace? —preguntó Viktor, aún incrédulo. Le parecía una broma.
—Si así lo desean después de que les explique el tratamiento y sus consecuencias, sí —sonrió—. ¿Quieren que les explique?
Aún pálidos y sorprendidos, se tomaron la mano y asintieron en silencio.
Conforme avanzaba la explicación de la doctora, Viktor y Yuuri se iban espantando más. El proceso era increíblemente difícil, arriesgado y hasta cierto grado doloroso; sin embargo, si todo salía bien, tendrían un hermoso y precioso resultado.
—Es un proceso largo, pero tiene un noventa por ciento de probabilidades de éxito. ¿Quieren comenzar el tratamiento? ¿O prefieren pensarlo?
Los dos se miraron mutuamente y entendieron a la perfección lo que pasaba por la mente del otro, sus expresiones confundidas y asombradas lo decían todo.
—Verá… es increíble que esto sea posible y quizás en otro momento lo habríamos aceptado sin dudar, pero… —sintió el apretón de mano que le dio Yuuri, animándolo a seguir—. Mi hermano falleció hace dos meses y su bebé está ahora bajo nuestro cuidado. Todo ha sido muy reciente, su muerte, la adopción… —suspiró—. No estamos listos en este momento.
—No se preocupen por eso. Vayan a casa y piénsenlo. Cuando tomen una decisión pueden venir. Sólo recuerden que la edad del paciente es un factor muy importante para conseguir el éxito. No dejen que pasen años —explicó con profesionalidad.
Viktor y Yuuri asintieron.
Esa cita con la doctora Kubo los dejó pensativos por días, ni siquiera se atrevieron a contárselo a Yurio, quien no entendía por qué estaban tan callados y pensativos todo el tiempo.
A Yurio le costó mucho despedirse de Alexei, se había encariñado demasiado con ese bodoque, y ahora que se lo llevaban a Japón no sabía cómo sentirse.
—¿Están seguros de que no olvidan nada? —preguntó el rubio, viendo cómo Yuuri caminaba de un lado a otro en todo el departamento, pensando en qué podrían estar olvidando para su viaje de tiempo indefinido a Japón.
—Creo que no… —Yuuri se paró en medio de la sala, con la mano bajo el mentón, pensativo. Pero se distrajo por completo al ver desde ahí cómo Viktor intentaba darle la papilla de zanahoria al bebé. Alexei estaba en su periquera y Viktor en una silla del comedor, haciendo lo que se le ocurría para que su bebé abriera la boquita y se comiera eso de una vez antes de que se les hiciera tarde.
Tanto Yuuri como Yurio estallaron en carcajadas cuando el bebé aceptó la papilla, pero terminó escupiéndola en la cara de su papá.
Alexei iba a llorar por el horrible sabor de la papilla, pero terminó contagiado de las estruendosas carcajadas de su papi y tío.
—Ya dile la verdad.
—No puedo.
—¿Por qué? —lo miró con cansancio, todos los días era la misma charla.
—Tengo miedo.
—¿Temes que te golpee como hizo con Vladimir? —se burló.
Andrew se llevó una mano a la nuca, desesperado.
—Eso es lo de menos ¿Y si se decepciona?
Dimitri lo miró incrédulo, por encima de sus anteojos. No podía creer que eso era lo que le preocupaba.
—El chico te quiere, se ven a diario. Creo yo que se pondría muy feliz al saber que tú eres su padre y no ese bastardo que abandonó a Yulia —refunfuñó y volvió a la lectura de los contratos que tenía sobre su escritorio.
Sin embargo, no podía concentrarse con Andrew revoloteando a su alrededor, nervioso y casi arrancándose los cabellos porque no se animaba a decirle a Yuri que era su hijo.
—¡Basta! No dejas que me concentre. Ve y dile a ese niño que eres su papá, si te golpea, pues bueno… tendrás que aguantarlo por irresponsable.
—No es un niño —lo corrigió—. Tiene diecinueve años. Vaya… diecinueve —lo pensó a conciencia por primera vez. Entonces se sintió viejo.
—Sí, ya estás viejo —prácticamente le leyó los pensamientos. Lo dijo en un tono burlesco.
—¿Y tú qué tal? ¿Eh? Me llevas cuatro años por delante —se burló—. Cincuentón.
Dimitri alzó una ceja y le lanzó una mirada de advertencia que en lo absoluto tenía efecto en Andrew, no después de todos esos años y experiencias.
El rubio suspiró y se pasó una mano por sus cabellos cortos.
—Volviendo al tema… no sé cómo explicarle que soy su padre.
—Dile la verdad.
—Que su madre fue el amor de mi vida y que me acosté con ella justo antes de que me rompiera el corazón diciéndome que se casaría con alguien más. ¿Le digo eso?
Dimitri recordó esa época y entristeció. Su amigo había sufrido una inmensa decepción amorosa, tanto, que se fue a vivir a Inglaterra por una larga temporada, ni siquiera supo del nacimiento de su hijo, y Yulia tampoco quiso que se enterara.
—Dile toda la verdad.
—No sé si hacerlo ya. Viktor y Yuuri se irán a Japón por tiempo indefinido, no quiero hacerle pasar un mal rato estando solo.
—Que no se va a decepcionar —chasqueó la lengua y dejó sus lentes sobre el escritorio, seguro de que no podría avanzar hasta que su amigo saliera de su oficina—. ¿Por qué crees que hará eso? Su padre es un buen hombre que se preocupa por su hijo, un excelente abogado y además divertido. Creo que no puede tener mejor padre.
Andrew se rio.
—¿En serio acabas de decir esas cosas buenas de mí? —aguantó las ganas de reír, no quería arruinar el momento.
—No te emociones —le dijo con seriedad.
Entonces Andrew sí se rio.
—Mitya, esas cualidades que acabas de describir son tan insípidas que en lugar de levantar el ánimo deprimirían a cualquiera —siguió riendo hasta que vio la expresión de su amigo—. ¿Qué?
—Nada —volvió la mirada a sus documentos.
Entonces Andrew se dio cuenta de su error.
—Lo siento, por un momento olvidé que ya no iba a llamarte así —se dejó caer en una de las cómodas sillas frente al escritorio.
Ambos se quedaron en silencio por largo rato, hasta que Andrew lo rompió.
—¿Supiste que tu hijo se irá a Japón con su familia?
Una sonrisa adornó el rostro de Dimitri al recordarlo.
—Sí.
—¿Por qué sonríes?
—Porque él mismo me llamó para avisarme. Es la primera vez que hace algo así, incluso… —miró a su mejor amigo, éste se sombró al ver tal felicidad en su rostro—… me ofreció que los alcanzara allá.
—¡Vamos!
—Por supuesto que no —frunció el ceño—. Estoy feliz por el hecho de que me lo dijera, pero por ningún motivo viajaré junto con su esposo —hizo una mueca de completo desagrado.
La expresión de Andrew se descompuso totalmente.
—¿Sigues con eso? —lo miró con molestia—. Dimitri, dime que no sigues discriminándolos por eso.
—Porque es homosexual, sí, aún lo hago —respondió con un tono severo y una mirada estoica.
Por un momento Andrew demostró lo que le afectaron esas palabras.
—No puedo creer que sigas en esa postura, no después de…
—Basta.
Andrew metió las manos a los bolsillos de su pantalón de vestir antes de dirigirse a paso firme hacia la salida, pero antes de salir se giró y dijo:
—Ordena tus prioridades, Nikiforov. Si no tuvieras ese prejuicio podrías disfrutar de unas vacaciones con tu hijo, tu nieto y la familia de tu yerno —le dedicó una mirada llena de decepción—. Piénsalo —sin decir más, se fue.
Viktor, Yuuri y el bodoque tenían apenas unas horas de haberse ido y Yurio ya sentía que el departamento era demasiado grande para él solo. Había pensado en llamarle a Otabek y sugerirle que pasara unos días con él, pero sabía que estaba muy ocupado con su trabajo, así que se limitó a seguir con su rutina diaria. Ya ni siquiera podía aliviar esa sensación de vacío viendo los live que las fans de Otabek subían a las redes sociales cada vez que se presentaba en algún club como D.J.
Admiraba a su novio, era muy trabajador y además se daba tiempo de tener una relación a distancia.
Estaba aburrido, se tumbó en su cama al no saber qué hacer en su tiempo libre en ese domingo por la tarde, decidió que quizás debía dormir un poco, pero su sueño fue interrumpido por la llamada de Andrew.
—Hola —lo saludó como siempre—. ¿Qué pasa? —se le hizo extraño que lo llamara en domingo.
—Hola Yuri ¿Cómo estás? —su voz se oía un tanto apagada y nerviosa.
—Bien —bostezó—. Estoy aburrido.
—¿Tienes oportunidad de que nos veamos hoy?
—Sí ¿Ocurrió algo malo?
—No, claro que no, pero necesito hablar contigo de algo muy importante. ¿Te veo en la misma cafetería de siempre? en una hora.
—Llego en media hora.
Andrew esbozó una sonrisa que Yurio no pudo ver. Era increíble que hasta en eso era similar a Yulia.
Colgaron y se vieron a la hora indicada.
Los nervios carcomían al mayor, estaba muy ansioso por decirle la verdad.
—¿Qué ocurre? —preguntó Yurio, bebiendo de su café expreso, gusto que había adquirido por culpa de Otabek.
—Tengo que decirte una verdad que quizás no te guste.
El menor alzó una ceja, preocupándose.
—Hubo una confusión, Yuri —suspiró, tomando el valor necesario para decirlo—. Vladimir no es tu padre.
—¿Qué? —palideció—. ¡Pero tú me dijiste que era él!
—Lo sé, lo sé. Yo estaba seguro de que era él porque Vladimir fue el hombre por el cual tu madre me abandonó.
Con la boca abierta, Yurio frunció el ceño, procesando rápidamente toda esa información, sin poder creer lo que su mente maquinó.
—Yo viví enamorado de Yulia desde que la vi por primera vez en la preparatoria.
—Cuando eras su maestro —estaba enojado, esperando a que la explicación llegara a su punto álgido para explotar.
—Sí… y nosotros nunca tuvimos una relación formal, salimos un tiempo, pero ella siempre me dijo que no me amaba. Yo le insistí, diciéndole que con el tiempo lograría hacerlo —sonrió con nostalgia—, pero eso nunca pasó.
—¿Por qué me dices todo esto? —tenía una idea, pero temía que fuera la verdad.
—Porque un día, tu madre y yo fuimos a una fiesta que organizaron sus amigos de la universidad. En ese entonces nuestra relación seguía siendo tan abierta como siempre, y esa noche… —le dolía recordarlo—. Ella bebió mucho, sus amigos también lo hicieron y yo… la encontré con otro hombre.
—¿Vladimir?
Andrew asintió.
—Tu madre siempre estuvo enamorada de él.
—¿De ese maldito enano?
—Para ella era alto, Yulia era aún más bajita —recordó con una sonrisa cargada de nostalgia—. Esa noche él la rechazó, fui testigo de eso y me dio tanta ira que terminé golpeándolo. Luego de eso, tu madre y yo… —carraspeó—… estábamos muy ebrios. Yo la amaba, ella estaba muy triste. Una cosa llevó a la otra y…
—Se acostaron.
Andrew se sorprendió al ver la seriedad de Yurio y su facilidad para decir las cosas de manera directa y sin tapujos.
—Sí. Ninguno de los dos habló al respecto en los días posteriores. Yo estuve esperando a ver alguna reacción de su parte para dar pie a una relación más formal, pero nunca lo mencionó —sonrió con tristeza.
—Te lo voy a preguntar de nuevo ¿Por qué me dices todo esto? —tenía miedo de la respuesta.
—Porque esa noche ella quedó embarazada.
Yurio se recargó en su asiento, totalmente asustado.
—¿Cómo estás tan seguro? —preguntó en apenas un hilo de voz.
—Por la fecha de tu nacimiento, y porque sé que ella no estuvo con nadie más en meses.
—Pero… ¿Por qué demonios Vladimir piensa que es mi padre? ¡Esto no tiene sentido! —se exasperó.
—Ahora entiendo que Yulia pensó todo el tiempo que se había acostado con él, no conmigo… ni siquiera Vladimir podía recordar bien esa noche.
—¿Entonces tú…? —lo miró con ojos muy abiertos.
Andrew esbozó una ligera sonrisa cargada de sentimientos encontrados.
—Soy tu padre.
Los ojos verdes de Yurio se colmaron en gruesas lágrimas que no se permitió derramar en frente de su progenitor. En silencio se levantó de su lugar y se fue a paso apresurado al baño.
Andrew se quedó en la mesa sin saber qué hacer o decir. Él estaba tan sorprendido como Yurio. Decidió esperar pacientemente a que su hijo volviera, pasaron veinte minutos antes de que el menor regresara a la mesa, con los ojos y nariz enrojecidos.
—¿Estás bien?
—¿Cómo crees que voy a estar después de saber que mi padre biológico no es el cretino que pensé que era? —esbozó una leve sonrisa.
Andrew no sabía cómo reaccionar, temía que el asunto diera un giro inesperado y Yurio terminara golpeándolo.
—¿Feliz? —respondió a la pregunta retórica de su hijo. Éste soltó una risita que sonó chistosa debido a su nariz congestionada aún después de haber llorado.
—En realidad… —lo miró a los ojos—. Sí, estoy feliz.
—¿Me vas a golpear? —preguntó por fin.
—Suelo hacerle eso a los que se presentan como mis padres, pero haré una excepción contigo —bromeó.
Andrew se echó a reír, aliviado muy en lo profundo, su hijo se veía muy fuerte para los golpes, no quería averiguar qué tanto dolía.
Entonces el mayor se quedó con los codos sobre la mesa y sus manos entrelazadas justo en frente de su boca, observando a su hijo detenidamente.
—¿Qué? —preguntó Yurio, aún algo lloroso.
—No puedo creer todavía que seas mi hijo, pero sobre todo no puedo creer que lo hayas tomado tan bien.
—¿En verdad creías que te iba a golpear?
—Pues… —rio, contagiando a su hijo.
—Yo tampoco puedo creerlo, pero… ¿Estás completamente seguro de esto? Es decir, no nos parecemos.
El mayor sonrió y enseguida señaló el hoyuelo que se formaba en una de sus mejillas, mismo hoyuelo que se formaba en la de Yurio.
Yuri se rio a lo grande.
—¿Es en serio? ¿Sólo por eso sabes que soy tu hijo? —seguía riendo.
Andrew disfrutó de verlo reír así, definitivamente las cosas habían salido muy bien.
—No, hablando en serio… cuando te conocí sentí una extraña conexión contigo. No sé cómo explicarlo, así como el hecho de que nos hiciéramos amigos, es decir, soy veintinueve años mayor que tú.
—Sí, eres un viejo.
Ahora fue el turno de Andrew para reír.
—Yo también sentí eso —admitió Yurio, ya en completa seriedad—. Y cuando conocí a Vladimir, debido a tu ayuda y el apoyo que me brindaste, por un momento deseé que fueses tú mi padre y no él.
—No cabe duda de que la sangre llama.
Yurio sonrió de lado, su padre tenía toda la razón.
Terminaron su café y Andrew le ofreció salir a pasear para conocerse mejor, para conocerse a sabiendas del lazo de sangre que los unía. Yurio no pudo estar más de acuerdo.
Durante el paseo, Andrew habló de muchas cosas con su hijo, una de ellas fue Otabek.
—En verdad me gustaría tratarlo, es el novio de mi hijo después de todo —lo dijo con tanta libertad y despreocupación que Yurio no pudo estar más feliz al tener un padre así, completamente opuesto a Dimitri Nikiforov.
—¿En verdad quieres conocerlo mejor?
—Por supuesto. Ustedes van muy en serio ¿No? Recuerdo que me dijiste que se quieren desde hace más de cuatro años.
—Sí —sonrió, sintiendo un poco calientes sus mejillas—. ¿Y tú? ¿Tienes novia o algo?
—Me dedico a trabajar de tiempo completo con Dimitri.
—Veo que son muy unidos.
—Lo somos —sonrió de lado.
La charla continuó. Hablaron de muchos temas que no habían tocado antes. Yurio tuvo que disculparse con él al decirle que no podría llamarlo "papá" de la noche a la mañana, para empezar porque jamás tuvo a quién llamarle así.
—¿Cómo te sientes con todo esto? —preguntó al verlo por un momento pensativo.
—¿Fui un accidente? Es decir, siempre viví pensando en que mi padre nos había abandonado porque no me quería, pero al escuchar todo lo que me dijiste… —apretó la mandíbula. Entonces sintió un apretón en su hombro, alzó la mirada hasta toparse con ese par de ojos verdes tan diferentes a los suyos, esos eran más grisáceos.
—De algo debes de estar seguro, Yuri, y eso es del hecho de que fuiste creado con mucho amor. Yo amaba a tu madre con locura y ella siempre quiso tener hijos. Fuiste producto del amor a pesar de las circunstancias.
Los ojos verdes de Yurio resplandecieron.
—¿Y por qué nunca supiste de mí?
Andrew entristeció.
—Cuando supe que tu madre formalizó una relación con Vladimir… no lo soporté y me fui a mi país.
—Espera… ¿No eres ruso?
—Mitad ruso. Mi Madre es de Inglaterra y mi padre es ruso, pero nací en Londres.
—Y… ¿Cuál es tu nombre completo?
—Andrew Prokofiev.
Inmediatamente Yurio pensó en su propio nombre con ese apellido, le gustaba.
Más tarde Andrew aprovechó y le ofreció a Yurio que se quedara en su casa esos meses que estaría solo.
—No lo sé… ese departamento se volvió mi hogar desde que mi abuelo murió.
—Piénsalo. Me gustaría que conocieras mi casa, y si decides quedarte ahí sería lo mejor, es demasiado grande para una sola persona.
Entonces a Yurio le entró la curiosidad por conocerla.
Cuando el paseo terminó, ambos se sentían cansados por hablar tanto, pero ahora tenían una felicidad en su corazón difícil de contener u ocultar.
Andrew llevó a su hijo al departamento de los Nikiforov y le repitió la oferta de vivir juntos. Yurio se lo agradeció y le dijo que lo pensaría, pero que no estaba muy seguro.
Con ganas de no separarse de Yurio, Andrew lo acompañó hasta la puerta del departamento.
—Descansa, hijo —le dijo con un sentimiento muy especial, era la primera vez que lo llamaba así.
—Tú también —abrió la puerta principal, sin embargo, se quedó ahí parado.
No pasaron ni cinco segundos antes de que Yurio se permitiera acortar la distancia entre ambos sólo para darle un torpe y dubitativo abrazo. Éste fue correspondido de inmediato y con una fuerza mayor.
Las palabras no fueron necesarias. Padre e hijo se expresaban todo su amor a través de ese contacto.
—En verdad estoy feliz de que seas tú mi padre —le dijo en voz baja, aún abrazándolo—. Lo único de lo que puedo renegar es del hecho de que no nos hayamos conocido antes.
Eso inundó el corazón de Andrew en dicha pura. Apretó el abrazo y dijo:
—No puedo regresar el tiempo, pero puedo compensarte todos esos años en los que no estuve, ya lo verás.
El rubio asintió en medio del abrazo, dichoso y tremendamente conmocionado. Se separó del abrazo y estuvo a punto de limpiarse las lágrimas que le brotaron, pero Andrew se adelantó y sacó su pañuelo de tela del bolsillo para limpiárselas con completo cariño paternal.
Yurio se rio por lo del pañuelo, recordando a su amado novio.
—Adiós…—sabía que le había dicho a Andrew que no podía decírselo pronto, pero ya había vivido diecinueve años sin decir la palabra, así que…—. Adiós, papá. Nos vemos mañana.
Ahora fue el turno de Andrew para soltar un par de lágrimas.
—Adiós enano —lo volvió a abrazar, pero esta vez le revolvió un poco el cabello.
Cuando Andrew llegó a su auto, se echó a llorar con mucho sentimiento, agradeciendo al cielo que las cosas se dieran de esa manera tan positiva. No podía estar más feliz, pero sí estaba seguro de que necesitaba compartir esa felicidad con alguien más.
Marcó un número que se sabía de memoria.
—¿Dimitri?
—¿Qué te pasa? Te escuchas raro.
—Estoy bien —sonrió anchamente—, pero necesito verte cuanto antes. ¿Estás en casa?
—Sí.
—¡Voy para allá! —colgó la llamada y encendió el auto.
Iba a ser un vuelo muy largo, tanto que, no estaban seguros de que Alexei fuera a aguantar tanto tiempo en un avión. Rogaban al cielo que así fuera. Por fortuna iban en asientos de primera clase, lo más cómodo para esas dieciocho horas de viaje.
—No deja de llorar —suspiró Yuuri, buscando una y mil maneras de calmar a su bebé, antes de que el resto de pasajeros se molestara.
—Está cansado de estar sentado —tomó a su hijo del regazo de Yuuri y se levantó del asiento con él en brazos. Comenzó a caminar por el pasillo, calmando su llanto luego de unos minutos de arrullarlo con infinito cariño.
Yuuri los miraba desde su lugar, sintiéndose dichoso por la familia que tenía, por estar casado con un hombre tan sensible y amoroso como Viktor; y sobre todo, por estar rodeado de tanto amor a pesar de las adversidades de la vida.
Sí, eran felices, pero no podía evitar preguntarse si lo serían aún más al tener otro hijo, biológicamente de ambos.
De sólo recordar la cita con la doctora Kubo, se le ponía la piel de gallina. Primero que nada por la sorpresa increíble que se llevaron al saber que el embarazo en un hombre era posible, y segundo, porque el procedimiento era por demás extraño y peligroso.
Recordó cómo reaccionó Viktor luego de que ambos salieran de ese consultorio. Estaba pálido y pensativo, igual que él.
Ese día llegaron a casa como si nada hubiera pasado, ni siquiera hablaron del tema, ambos estaban demasiado ocupados procesando aquella nueva información, y hasta la fecha sólo habían cruzado un par de oraciones al respecto.
—Debemos pensarlo más —le había dicho Viktor. Yuuri asintió de inmediato—. ¿A ti te gustaría intentarlo?
—Me gusta la idea de que Alexei tenga hermanitos con los cuales comparta sangre —había respondido con una sonrisa ligera y soñadora. Viktor se contagió de ella y tomó la mejilla de su amado con una mano.
—¿Lo dices en serio?
Yuuri asintió y recargó su cabeza contra esa cálida mano que lo acariciaba.
—Pero es muy pronto para tomar una decisión ¿No? Decidámoslo luego del viaje a Japón —había sugerido Yuuri.
—Me parece perfecto —tomó su mano y besó el dorso de ésta.
La mente de Yuuri volvió al presente cuando su esposo regresó a su lado, cargando a un bebé completamente dormido.
—Sólo tú sabes dormirlo tan fácilmente —le felicitó en voz baja, mirando lo hermoso que se veía Viktor con bebé en brazos, tan paternal, tan…
—Y tú eres el mejor cambiándole los pañales y haciendo que se coma sus horrorosas papillas.
Yuuri soltó una risilla y se acomodó de lado en su asiento para acariciar mejor a su bebé. Mientras lo hacía, sus párpados comenzaron a pesarle bastante.
—Amor —despertó a Yuuri antes de que se cayera de frente por estar cabeceando—. Cariño, recuéstate bien y duerme un rato. Lo necesitas.
—No, no —bostezó—. Estoy bien —se espabiló cuando sintió un beso adorable en su frente.
—Duerme, yo cuidaré de Alexei.
No tuvo que insistir más, Yuuri acomodó su asiento y cayó rendido al sueño.
Mientras tanto, Viktor se dedicó a cuidar de su bebé en brazos, mirándolo dormir plácidamente. Amaba a ese pequeño bodoque. Adoraba sus pucheros, sus risas y los ruiditos tiernos que hacía al dormir. Alexei en su totalidad era hermoso, un bebé precioso ante los ojos de cualquiera, con sus enormes ojos azules, sus pestañas largas y espesas que lograban que la gente lo confundiera en ocasiones con una niña; pero lo más hermoso de él, sin duda alguna era el amor que les demostraba a diario.
Viktor amaba cuando el bebé se quedaba dormido entre sus brazos, aferrado con su manita a la ropa de él, o cuando despertaba en la mañana y de inmediato les extendía los brazos para ser cargado, o cómo los hacía reír cada vez que alguno de los dos lo traía en brazos y se les ocurría darse un beso, pues Alexei había tomado la costumbre de darles palmaditas en las mejillas a ambos, interrumpiendo el beso y riéndose a carcajadas al ver las caras que le hacían sus padres.
Amaba a su pequeña familia, lo tenía todo, pero… ahora que se había presentado esa oportunidad de ser padre biológico de un hijo de los dos… Dios, estaba que se moría de ganas por aceptar, pero le daba miedo el procedimiento y sus riesgos.
Miró a Yuuri dormir. Extendió su mano hasta acariciar su rostro suave, sonriendo al verlo tan preciosos como siempre al dormir. Siempre le decía que era su bello durmiente, cosa que sólo lograba enrojecer sus mejillas a pesar del tiempo que llevaba diciéndoselo.
Entonces recordó la charla con la doctora…
El procedimiento se dividía en tres fases. La primera consistía en un tratamiento hormonal que duraba meses, con el propósito de preparar al cuerpo para recibir un óvulo fecundado. La segunda fase (si es que la primera se lograba con éxito) era implantar ese óvulo en la pared abdominal del paciente y esperar a que el cuerpo no lo rechazase, si esto no ocurría, se entraba a la fase tres que consistía en el embarazo en sí.
Se consideraba completamente riesgoso por el hecho de que se utilizarían hormonas femeninas en el paciente, haciéndolo correr el riesgo de incluso quedar estéril luego del tratamiento. También era riesgoso por la implantación y porque en sí era como un embarazo ectópico, y estos en una mujer no suelen llegar a término.
Los efectos secundarios eran más de los que podía recordar, pues prácticamente el paciente experimentaría lo que una persona transgénero sufre al ingerir su tratamiento hormonal para cambiar de sexo. Mismo tratamiento que continuaría durante todo el embarazo.
Pero si todo salía bien… tendrían un hijo exclusivamente de ambos, porque eso sí, conseguirían un óvulo donado, pero sustituirían su material genético con el de alguno de ellos dos, y lo fecundarían con el esperma del otro. Eso lo volvía hijo de ambos. Algo nunca antes visto, pero ahora posible.
La cuestión era… ¿Quién sería el paciente? Ninguno de los dos quería que el otro lo fuera, y era ahí cuando se preguntaban: "¿Valdría la pena correr el riesgo?"
No estaban seguros.
Continuará…
*C muerde las uñas hasta el hueso*
¿Qué les pareció? Espero que les haya gustado.
Va a haber más explicaciones a lo largo de la historia, por lo pronto Viktor y Yuuri pasarán una temporada en la casa que Viktor compró para ambos ¿La recuerdan? Y vivirán ahí como una verdadera familia, presentarán al nuevo nieto a sus abuelos y disfrutarán del paraíso que es Hasetsu para que sus mentes se distraigan un poco después de esos meses tan tristes.
