Agape to Eros

By Tsuki No Hana

XLIV

"Dimitri y Andrew"

La llamada de su padre lo dejó un poco inquieto, trató de no enfocarse mucho en eso, por lo pronto quería dormir y… a decir verdad, no estaba muy seguro de poder levantarse antes del mediodía.

Se echó a dormir al lado de su amado y despertó horas más tarde, cuando Yuuri lo abrazaba, poniendo sus manos heladas sobre su trasero.

—Uhmm, Yuuri… —se quejó, con voz adorablemente pastosa—. Tenías mucho de no hacer eso.

—Tengo frío —murmuró, restregando su mejilla contra su esposo.

—Amor, mi padre llamó en la mañana, quiere que comamos con él. ¿Quieres ir?

El japonés abrió grandemente sus ojos.

—¿En serio? —todo rastro de sueño se le fue, se sentía emocionado y nervioso a la vez.

—Sí —acarició su mejilla—. Al parecer tiene algo importante por decirnos a ambos —se encogió de hombros—. No tengo idea de qué pueda ser, y a decir verdad me da un poco de miedo.

Yuuri miró el despertador ¡Ya era medio día! Saltó de la cama, se enfundó en su bata y corrió al baño, debía darse una ducha cuanto antes. Al cruzar el pasillo, alcanzó a ver que Yurio cargaba en brazos a Alexei.

—No sé qué harán cuando me vaya —exclamó el rubio desde el pasillo, refiriéndose a que era mediodía y apenas se estaban levantando.

—Es un hecho que no tendremos sexo —murmuró el japonés, abriendo la llave de la regadera.

Viktor condujo por las calles de San Petersburgo con un extraño sentimiento en la boca del estómago. Jamás imaginó regresar a la casa en la que vivió su niñez, mucho menos con su esposo y su hijo.

Iba nervioso, Yuuri lo notó y no dudó en poner una mano sobre su pierna, tal como solía hacer el ruso a veces.

—Tranquilo, amor. Sea lo que sea, estamos juntos en esto.

Viktor esbozó una sonrisa llena de sentimientos encontrados, apartó la mirada del camino unos segundos para ver a su esposo y sonreírle.

—Gracias, Yuuri —apretó su mano con cariño y miró por el retrovisor a su bebé. El nene iba mirando lo que alcanzaba por la ventana.

Pronto se adentraron a un sector de la ciudad en el que no había edificios con departamentos, sino casas enormes que abarcaban casi una cuadra entera, jardines inmensos y parques que más bien parecían pequeños bosques.

Yuuri supo que estaban en un lugar en donde él no encajaba fácilmente. Miró a su esposo con disimulo, él encajaba perfectamente en esos ambientes, tenía todo el porte, el físico, el lenguaje y… todo.

Muy pronto se detuvieron frente al portón de una de las casas más ostentosas y hermosas del lugar. En ese portón estaba un guardia de edad avanzada.

—Joven Nikiforov —lo saludó con una afable sonrisa, Viktor respondió igual—. Pase, por favor. Su padre los está esperando —el hombre miró a Yuuri también y esbozó la misma sonrisa—. Bienvenidos.

Viktor asintió y no dijo palabra alguna después de eso. Tenía un nudo en la garganta al estar de nuevo en su casa, era un nudo agridulce.

Yuuri miraba todo a su alrededor. Era un lugar increíble. Sabía que la familia de su amado era de dinero, pero jamás creyó ver un lugar tan… lujoso.

—Vitya… ¿Esta es tu casa?

—Sí, aquí crecí.

El japonés se asombró.

—Es increíble.

Viktor sonrió de lado, tomó la mano de su esposo y la besó con cariño sin dejar de mirar el camino. Pronto llegaron a la entrada principal, donde dejaron el auto y bajaron a su bebé. Viktor lo tomó en brazos y entró a la casa con Yuuri de la mano.

Al llegar al recibidor, vieron a Dimitri y a Andrew, al parecer discutiendo sobre algo importante.

—Definitivamente no es buena idea —negó rotundamente el menor.

—Buena o mala, tengo que hacerlo.

—Pero no ahora —lo miró con cansancio.

Viktor carraspeó para hacer notar su presencia ahí.

—Oh… hola chicos —saludó el rubio. Ni Viktor ni Yuuri eran "chicos", pero para él siempre lo serían.

—Hola —saludaron ambos. Era un sábado por la mañana, ninguno trabajaba, así que iban vestidos informalmente, lo cual fue raro para Yuuri y Viktor, ya que siempre los habían visto muy formales.

—¿Comerás con nosotros? —se atrevió a preguntar Viktor, mirando animadamente a Andrew. Por alguna razón quería que así fuera, de alguna u otra forma ese hombre lograba calmar a su padre y conseguía amenizar cualquier circunstancia, algo que definitivamente Yurio no había heredado de él.

—No, yo… tengo un compromiso —respondió, dudoso y mirando al final a Dimitri, lo miraba con reproche—. Les deseo buen provecho —pasó junto a los recién llegados, palmeó el hombro de ambos y le hizo cariñitos chistosos al bebé.

—Me da gusto que vinieran, ambos —miró también a Yuuri, esbozando una pequeña sonrisa. Esa pequeña demostración de afecto los sorprendió—. ¿Tienen hambre? Vayamos al comedor —se les acercó y sorprendentemente Alexei extendió los brazos hacia su abuelo, ese gesto llenó de una inmensa ternura al mayor, quien lo recibió en sus brazos con mucho amor. Ni Viktor ni Yuuri se lo podían creer.

—Sí, vamos… —caminaron de la mano, aún sorprendidos.

Viktor estaba ansioso por saber qué les diría su padre, pero fuera lo que fuera, sabía que no lo diría sino hasta que estuvieran en el postre. Dimitri seguía al pie de la letra las reglas de etiqueta, y Viktor no podía culparlo, sus abuelos así lo habían criado.

El comedor estaba listo para tres adultos y un bebé. Dimitri incluso había preparado un lugar especial para su nieto. Había intentado que no fuera nada ostentoso, pero la emoción le ganó y terminó siéndolo un poco.

Viktor se llevó una gran sorpresa cuando sirvieron la comida y vio que todo estaba dentro de su repertorio de comidas preferidas. Al parecer su padre lo recordaba bien.

Comieron con tranquilidad, charlando sobre asuntos triviales tales como el clima, la vida de ellos como padres, el nuevo proyecto de Viktor. Extrañamente no se sentían incómodos, ni siquiera Yuuri, quien veía cómo Dimitri intentaba con mucho esfuerzo ser amable con él. Lo valoraba.

Fue hasta que llegaron al postre, cuando sus sospechas se hicieron realidad.

—Los cité el día de hoy para hablarles sobre algo importante.

Inevitablemente ambos dejaron de lado su helado de chocolate, estaban igual de ansiosos por saber qué les diría.

—¿Qué ocurre? ¿Está todo bien? —insistió su hijo.

—Ahora sí. Lo que quiero decir es que… quiero pedirles perdón, a ambos.

Se sorprendieron tanto que ni siquiera se atrevieron a parpadear.

Viktor esbozó una suave sonrisa, sorprendido al ver que su padre se disculpaba, por primera vez.

—No supe manejar bien la situación y terminó saliéndose de mis manos.

—¿De qué hablas? —cuestionó Viktor, un poco desconcertado.

—De haberles causado tantos problemas hace varios años, jamás imaginé que tu relación con él fuera más que mero capricho —admitió sin tapujos, refiriéndose a Yuuri, éste se sintió un poco incómodo.

—Espera… —puso ambas manos sobre la mesa—. ¿Exactamente por qué cosa te estás disculpando?

—Mis disculpas son por haber causado su separación hace varios años.

—¿Qué?, ¿Qué quieres decir?

—Mira, bien sabes que nunca he sido de andar con rodeos, así que iré al grano. Hace años, cuando descubrí la relación entre ustedes, utilicé las fotografías que te habían tomado con Irina, las mandé a la prensa y me encargué de que se hicieran virales.

—Te encargaste de que Yuuri creyera cosas que no eran… —murmuró en voz muy bajita, asustado por lo que escuchaba.

—Sí, y ahora me siento avergonzado de ello. También de aquella vez en que se cayó a un lago congelado. Bueno, en esa ocasión fue un accidente. Uno de mis trabajadores no siguió bien mis instrucciones y terminó en esa tragedia.

—¿Pero qué demon…—fue interrumpido.

—Si les digo todo esto ahora, es porque en verdad estoy arrepentido. Andrew me aconsejó que se los dijera más adelante y con más tacto, pero… —suspiró—… hijo, tú me conoces.

—Sí —alzó ambas cejas—. Eres el hombre con el peor tacto del mundo —masticó cada palabra. Estaba aguantando su furia, Yuuri lo notó y con preocupación puso una mano sobre la suya, mirándolo con angustia.

—Viktor —susurró Yuuri con una expresión mortificada.

El aludido se levantó de la mesa.

—Vámonos de aquí —le pidió tranquilamente a su esposo, conteniendo su enojo para no hacer una escenita.

—Hijo, no tienen que irse. Soy sincero cuando les digo que estoy arrepentido. Nuestra relación ha mejorado en estos últimos meses y por eso mismo no creí justo que las cosas siguieran yendo tan bien sin que ustedes estuvieran enterados de esto, ambos —miró a Yuuri directamente. Por primera vez, el japonés sintió algo diferente con la mirada azul de su suegro, no se sintió intimidado ni despreciado. Le había dirigido una mirada sincera por completo.

Viktor lo miró por largos segundos.

—Danos tiempo para digerirlo —casi masculló cada palabra. De pronto volvió a sentir odio por su padre, sin embargo, intentaba controlarlo todo lo posible, no quería tener un arranque de ira nuevamente hacia él. Desesperado, se pasó una mano por el cabello—. Sólo danos tiempo —suspiró, y molesto tomó a su hijo entre sus brazos y a Yuuri de la mano—. ¿Nos vamos?

El japonés lo miró con tristeza y asintió, le preocupaba. Él se había impactado con la noticia, también sintió un repentino odio, pero luego recordó que nada del sufrimiento posterior habría ocurrido si él hubiera enfrentado los problemas en vez de huir a Canadá. Quizás Dimitri había echado la pólvora a sus problemas, pero habían sido él y sus inseguridades quienes le pusieron fuego.

Abandonaron el lugar. Viktor no miró atrás, pero Yuuri sí y logró ver a su suegro en completa consternación, con los codos sobre la mesa y el rostro apoyado sobre sus manos entrelazadas. Lo notó más cansado y acabado. Por primera vez sintió que sí aparentaba su edad. Su expresión cansada y triste lo delataba, Dimitri sufría. Entonces Yuuri se dio cuenta: el hombre era bueno, pero torpe para ese tipo de relaciones. No sabía cómo conectarse con su hijo. Si había hecho todo eso… bueno, era porque su hijo le preocupaba, porque lo ama. Ahora se disculpaba, y lejos de enojarse, Yuuri lo entendía en cierta forma. No le guardaba rencor, pues estaba consciente de las tonterías que uno podía llegar a cometer por amor, ya sea pasional o fraternal.

Y si de una cosa estaba seguro, era que Dimitri Nikiforov amaba a su hijo, pero era demasiado torpe en ese aspecto como para demostrarlo correctamente.

Luego de ese día Viktor no pudo apartar el enojo de sí, trataba de estar de buen humor, pero los que lo rodeaban inevitablemente lo notaban, incluso Yuuri se vio un poco afectado por ese mal humor, más todavía atravesando ese tratamiento hormonal que lo ponía más sentimental de lo habitual.

El avance que habían logrado en la relación padre-hijo, se perdió.

Pasado un tiempo, Dimitri incluso se atrevió a buscar a Yuuri por llamada, sintió la confianza después de haber tenido contacto durante meses por el intercambio de fotos. Sin embargo, corrió el riesgo de que el japonés lo rechazara, y entendería si eso sucediera, pues estaba en todo su derecho. No lo culparía.

Al recibir la llamada, Yuuri casi se fue de espaldas, pero de todas formas contestó de inmediato.

—Señor Dimitri, hola —su voz sonó asombrada.

—Hola —hubo silencio un par de segundos—. ¿Cómo están?

—Bien.

—¿Mi nieto?

—Está merendando ahora mismo —sonrió, dándole de comer un poco de fruta.

—¿Cómo está él?

El japonés supo de inmediato que se refería a Viktor.

—Bien. Sigue molesto, pero no dice nada al respecto.

—Me lo imaginé. Por favor, cuida de él.

—Siempre. Ni siquiera tiene que pedirlo.

De nuevo hubo un corto silencio, parecía que Dimitri pensaba muy bien las palabras antes de soltarlas.

—Y gracias… por todo. Mis disculpas del otro día eran sinceras. Me siento muy avergonzado por todo lo que les causé, sé que las disculpas no son suficientes, eso no les hará recuperar el tiempo perdido ni olvidar los malos momentos, pero… —suspiró y fue interrumpido.

—Está bien. Acepto sus disculpas —sonrió levemente, sorprendiendo por completo al ruso. Pero éste tenía razón, no podrían recuperar ese tiempo ni olvidar los malos momentos. Eso sí le seguía doliendo un poco, pero prefería no estancarse más en ello ni invertirle más tiempo del que se merecía la situación.

—Gracias, Yuuri, en serio.

El aludido sentía extraño al escuchar su nombre en voz de su suegro, pues casi estaba acostumbrado a que se dirigiera indirectamente a él.

—Viktor aún está muy molesto ¿No es así?

—Me temo que sí —suspiró.

—Tendremos que esperar a que se le pase el enojo, no quiero forzarlo a nada.

—Intentaré hablar con él al respecto.

—Oh gracias, en verdad te lo agradeceré.

—Sólo quisiera hacerle una pregunta.

—Adelante.

—¿Por qué ese cambio tan repentino? —había tenido esa duda desde que vio cómo comenzó a acercarse a ellos y cómo empezó a aceptar su matrimonio con Viktor.

—Un querido amigo me abrió los ojos a la verdad.

—Te dije que no era buena idea que se lo dijeras, y menos aún con el tacto que tienes —le reprochó.

—Lo sé, pero tenía que hacerlo.

—Dimitri, tienes que buscarlo.

—Está enojado conmigo.

—Sí, igual que hace años. ¿Y qué hiciste hace años? Te alejaste… no hagas lo mismo.

—Ahora hay algo diferente —sonrió de lado a pesar de su tristeza.

Andrew lo observó con pensativa expresión hasta que entendió y también sonrió.

—Yuuri —dijeron ambos al unísono.

—Ese chico es un santo —suspiró Andrew—. No sé cómo aguantó todos tus desplantes y aun así decidió ayudarte.

—Yo también estoy sorprendido, y me siento un poco culpable por eso —juntó ambas manos sobre su regazo y se recargó más en el respaldo del sillón individual en el que se encontraba. No se sentía muy bien…

—¿Qué te pasa?

…y Andrew no tardó en percatarse de ello.

—Lo mismo de siempre —suspiró.

—¿Tomaste tus medicamentos?

—Cada maldita píldora, como siempre —cerró los ojos y suspiró.

—¿Quieres que llame al doctor?

—No es para tanto —abrió los ojos y notó que su amigo se había acercado bastante a él, observándolo con mucha atención. Dimitri suavizó su expresión y sonrió—. En serio, estoy bien.

—No mientas —extendió su mano hasta acariciar con cuidado su mejilla.

Los ojos azules de Dimitri se clavaron en los verdes de Andrew por largo rato. El mayor no retiró la mano de ese lugar, al contrario, la tomó y la acarició.

Las mejillas del rubio se incendiaron y Dimitri sonrió de lado por eso.

—Te digo que estoy bien —soltó una pequeña risa—. Pareces adolescente —le picó la mejilla derecha con un dedo.

Andrew se sonrojó aún más, se alejó y quitó la mano de su mejilla, desviando la mirada a cualquier punto que no fuera esa mirada profunda y esa sonrisa matadora.

—No soy el único —declaró, mirándolo de nuevo y pellizcándole una mejilla levemente sonrojada sin ninguna delicadeza, el pobre incluso se quejó, pero eso a Andrew no le importó—. ¿Tienes hambre? Te invito a cenar.

—Si no cocinas tú, acepto.

—Hecho.

—Sólo iré a cambiarme —se levantó con pereza del sillón.

—¿Por qué no vas así? —inquirió con curiosidad, mirándolo portar aún su ropa formal del trabajo.

—Estoy cansado de usar traje —suspiró y caminó tranquilamente hacia el segundo piso.

Cuando llegó a su habitación buscó qué ponerse y comenzó a desvestirse. Pero el malestar que lo había asediado desde días atrás, volvió a atacarlo. Todo a su alrededor dio vueltas, el aire le faltó de pronto y su visión comenzó a nublarse.

—Andrew… —quiso gritar, pero no pudo. Inevitablemente terminó cayendo al suelo, inconsciente.

Pasó un rato antes de que Andrew comenzara a preguntarse por qué tardaba tanto. Subió a su habitación, y al ver que no le respondía cuando llamaba desde el pasillo, decidió entrar. Lo buscó, pero no lo halló sino hasta que pasó por el vestidor, ahí en medio yacía su amigo medio vestido e inconsciente en el piso.

La sangre se le fue hasta los pies. Tardó menos de dos segundos en arrodillarse a su lado, suplicando al cielo que no hubiera pasado lo que más temía.

El alma le volvió al cuerpo cuando comprobó que tenía pulso y respiraba.

—Demonios, sabía que no estabas bien —con un nudo en la garganta lo tomó entre sus brazos y lo cargó hasta depositarlo en su cama—. Dimitri… —se sentó a su lado y trató de reanimarlo dándole pequeñas palmaditas en las mejillas. Había decidido que si no despertaba en ese momento, llamaría a urgencias.

Afortunadamente los ojos azules del mayor comenzaron a abrirse con pesadez. A Andrew se le apachurró el corazón al verlo tan pálido e indefenso.

—Idiota —el nudo en su garganta intensificó—. No te sentías bien ¿Verdad?

Dimitri no respondió, simplemente entrecerró los ojos y sonrió sutilmente.

—Creo que… —carraspeó al sentir su voz ronca—…dejaremos la cena para después —cerró los ojos y suspiró.

—Idiota —repitió. Contuvo su sentimentalismo y el miedo inmenso que sentía de perderlo—. Te llevaré al hospital.

—No es…

—Cállate —fue al armario en busca de una camisa, luego volvió.

—¿Qué haces? —frunció el ceño al ver que lo incorporaba.

—Ya te dije, te llevaré al hospital —intentó ponerle la camisa—. Ahora mete el brazo —le extendió la manga, pero Dimitri se mantuvo firme en su decisión de no ir al hospital, lo miraba fieramente.

—No.

—Mete el brazo, ahora —su voz sonó más autoritaria y profunda que cualquier otra vez. Su mirada intimidaría a cualquiera. En ese momento se parecía más a Yurio que nunca.

Dimitri tragó en seco. Pocas veces Andrew se comportaba así, y cuando ocurría, sabía que no había cavidad para negativas. Finalmente accedió y dejó que lo ayudaran a vestirse. Pero…

—Andrew —suspiró, estaba exhausto—. No tengo fuerzas, en verdad quisiera quedarme en… ¿qué haces? —se asustó un poco cuando lo levantó en brazos sin ninguna dificultad. Eso lo avergonzó.

—Ya te lo dije, vamos al hospital.

Bajó con él en brazos, lo metió a su auto, le puso el cinturón y arrancó de prisa. Aumentó la velocidad cuando su amigo se quedó dormido. No se lo había querido decir, pero sentía demasiado miedo, en ese camino al hospital no dejaba de sentir cómo su corazón se le quería salir del pecho por el miedo que sentía. Dimitri tenía casi un año de no experimentar recaídas y ahora se veía más acabado que otras veces, sabía que intentaba disimularlo, pero con él no funcionaba, lo conocía demasiado bien.

Cuando llegaron al hospital, Andrew aparcó el auto y de inmediato fue hacia la puerta del copiloto.

—Hey —susurró con suavidad mientras le palmeaba un poco la mejilla—. Llegamos. ¿Puedes caminar?

El aludido entreabrió sus ojos y asintió levemente.

—Bien, apóyate en mí —le quitó el cinturón y le ayudó a salir. Se pasó el brazo de él por los hombros y así caminaron juntos hasta llegar a la puerta de urgencias.

De inmediato fueron recibidos y atendidos. Dimitri cayó inconsciente poco antes de que le asignaran una cama.

Esa iba a ser una noche muy larga para Andrew.

El médico de cabecera de Dimitri fue a revisarlo apenas se enteró de lo que pasó, le hicieron varias pruebas y estudios, éstos arrojaron resultados poco alentadores.

—¿Cómo se encuentra?

El médico, quien conocía ya muy bien al rubio gracias a que siempre acompañaba a Dimitri, lo miró con tristeza y procedió a explicarle.

—Su estado está empeorando. No había tenido una recaída así en mucho tiempo. Su corazón no está funcionando bien, además que está un poco aumentado de tamaño.

—¿Se recuperará? —el pobre se sentía caer en un abismo sin fin cada vez que pasaba por eso.

—Necesita tener mucha tranquilidad. Su estado emocional está directamente relacionado con esto. ¿Ha estado bajo mucho estrés? ¿Atraviesa por momentos difíciles?

Andrew suspiró.

—Un poco de todo.

—Necesita eliminar esos factores si quiere vivir más tiempo —fue directo—. Doblaremos las dosis de sus medicamentos, tendrá un cambio con ello, pero no es la solución.

—Entiendo.

—Pasará aquí la noche para tenerlo bajo observación, por lo pronto sus signos vitales se encuentran estables, si permanece así hasta mañana, lo daré de alta temprano.

—Gracias.

—Imagino que te quedarás.

Andrew asintió, siempre era así.

—Bien, entonces ve con él. Ya le asignaron habitación.

El aludido agradeció una vez más y caminó hasta los elevadores, tratando de no olvidar el número del cuarto. Mientras caminaba, arrastraba sus pies sin ser consciente de ello. Esas situaciones siempre lo agotaban emocional y físicamente. Llegó a la habitación y antes de entrar vio el nombre de su amigo en la puerta indicada, suspiró con pesadez y entró.

Su corazón se le apachurró al verlo postrado en esa cama, tan pálido como las sábanas inmaculadas. Estaba conectado a un monitor de signos vitales y a un catéter intravenoso que le administraba los medicamentos necesarios.

Arrastró una silla al lado de la cama, se sentó ahí y lo observó por largo rato. Sentía una inmensa tristeza, no entendía por qué la vida tenía que ser así.

Se veía acabado y eso le dolía en el alma. Su presencia imponente e intimidante se iba deteriorando poco a poco, sin embargo, para Andrew seguía siendo el mismo Dimitri terco e idiota de siempre. Miró su rostro cansado, a pesar de ello notó que no perdía su hermosura, sí, Dimitri era un hombre por completo atractivo. A pesar de su edad, tenía sólo unas cuantas canas asomándose entre sus hebras color ébano. Su piel blanca sólo hacía gran contraste con sus profundos y expresivos ojos azules, tan azules como el mar, oscuros y misteriosos. Su nariz recta era perfectamente simétrica con el resto de su rostro, y sus pestañas… bueno, sus pestañas eran adorables, aunque cuando Andrew le decía eso siempre se ganaba una mirada furibunda de su parte, a veces acompañada de un puño en el brazo.

Conmocionado por lo que pasaba y con un nudo en la garganta, Andrew extendió su mano hasta acariciarle el cabello, enterró sus dedos en esas hebras suaves y acarició su cuero cabelludo con tranquilidad. Hasta que poco a poco fue recuperando la consciencia.

—Lo siento —murmuró en voz muy baja—. No quería despertarte.

Dimitri apenas abría sus ojos, lo miró de soslayo y un extraño sentimentalismo se apoderó de él.

—No… yo lo siento —susurró, aun sintiendo cómo los párpados le pesaban, amenazando con cerrarse de nuevo y sumirlo en un profundo letargo—. Siempre te arrastro a estas situaciones.

—No me arrastras —sonrió de lado—. Soy yo quien siempre termina arrastrándote a ti al hospital.

El aludido soltó una risita muy queda antes de mirarlo fijamente y por largo rato. El rubio comenzó a sentirse inquieto y comenzó a preguntarse si acaso tendría algo en el rostro.

—Gracias por no dejarme solo, por estar siempre ahí a pesar de que… no he sabido corresponder bien tus sentimientos —fue evidente su titubeo al pronunciar las últimas palabras.

—No hablemos de eso ahora ¿Si? —tomó su mano y la apretó con calidez reconfortante—. Dios, estás helado —apresó su mano entre las suyas y la llevó a sus labios antes de soplar su aliento cálido en ella para que se le quitara lo frío.

—Quiero hacerlo, yo… no he sabido valorarte como es debido. O eso parece, porque la verdad es que… no sé qué sería de mí si no te tuviera, y vaya que estoy consciente de eso.

—Dimitri, en serio, no tenemos que hablar de eso ahora —lo único que le importaba era que se recuperara.

—Demonios, quiero decirlo —espetó con tranquilidad, pero con su ceño fruncido.

—¿Qué quieres decir? —casi rio, ese sí que era el Dimitri de siempre.

—Gracias… por todo —lo miró fijamente antes de dedicarle una pequeña pero significativa sonrisa.

—Idiota —le dijo con cariño, atreviéndose a besar el dorso de su mano.

—Lo sé, lo tengo merecido, muy merecido después de todo lo que he hecho —se le quebró la voz en la última palabra. Sus ojos se pusieron vidriosos y a Andrew se le fue la sangre hasta los pies al presenciar aquello. ¿Dimitri llorando? No lo veía hacerlo desde que falleció Aleksi, no desde que murió Yarine.

El rubio no soportó aquello.

Aprovechó que la cama era bastante amplia para subirse y acostarse a su lado, rodeándolo con sus brazos a como pudo. Eso sólo hizo que el nudo en la garganta de Dimitri terminara rompiéndose, haciéndolo estallar en llanto.

—No eres malo, no te mereces nada de lo que está pasando ¿de acuerdo? —fue firme en sus palabras, pero sus manos no dejaban de acariciarlo con cariño.

El mayor se permitió llorar un poco más y Andrew se quedó a su lado, consolándolo en silencio hasta que su llanto cesó.

—Todo va a estar bien ¿De acuerdo? Confía en mí.

El aludido asintió, permitiéndose mostrarse frágil ante él al menos una vez más, sólo ante él podía hacerlo. Permitió que acariciara su cabello, eso lo relajó lo suficiente como para que comenzara a dormitar.

—Todo va a estar bien, Mitya —lo apretó más contra él y apoyó la barbilla sobre el sedoso cabello negro. Poco después besó su frente, antes de notar que ya estaba dormido. Pensó en bajarse de la cama y dejarlo dormir cómodamente, pero sintió que el agarre entre sus manos entrelazadas seguía siendo firme, así que se quedó ahí sin importar cuan incómoda fuera la postura en la que estaba. Amanecería con dolor muscular, pero no le importaba. Sólo esperaba que en la madrugada no entrara una enfermera y lo regañara por estar ahí, cosa que tristemente terminó ocurriendo y tuvo que abandonar la cama.

No pudo dormir en toda la noche. Muchos pensamientos y recuerdos asediaban su mente, entre ellos el momento en que se dio cuenta de que sentía aquello tan fuerte por su amigo. Aún no entendía cómo ocurrió, sólo sabía que ese sentir había llegado un día y en más de quince años no había hecho más que aumentar.

Luego recordó su charla con él, de hace poco. Habían tenido una ligera discusión sobre Viktor y Yuuri. Dimitri seguía alegando que la relación entre ellos era una abominación, y Andrew se cansó de escuchar aquello una y otra vez, la presión sobre él aumentó y terminó explotando, echándole una que otra verdad en la cara a su amigo.

—Eres un hipócrita.

—¿Disculpa? —Dimitri alzó una ceja.

—Sí, lo eres —metió las manos a sus bolsillos del pantalón y trató de mirarlo con indiferencia, pero no pudo—. Te escandalizas de la relación de tu hijo con otro hombre, cuando tú y yo…

—Cállate.

Los ojos de Andrew se abrieron a más no poder.

—Lo recuerdas bien ¿No es así? —preguntó con cautela.

Dimitri desvió la mirada, frunciendo el ceño más de lo normal.

—Sí, lo recuerdo.

—¿Todo?

—Todo.

—¿Qué es "todo" para ti?

Dimitri lo miró a los ojos, con un leve rubor en sus mejillas y una mirada furiosa.

—Con un demonio, te digo que todo. No estaba ebrio.

—Yo tampoco lo estaba…

Ambos se miraron fijamente por unos segundos, impactados aún por los secretos recién revelados. Durante años, Andrew pensó que esa noche sólo la recordaba él, que Dimitri había estado tan borracho que no recodaba más que el hecho de que habían despertado desnudos en la misma habitación de hotel, cada quien en su cama, pero desnudos. Esa vez habían acordado no volver a tocar el tema y Dimitri le pidió que no le dijera más "Mitya", cosa que Andrew tenía por costumbre, hasta ese día. Con eso, Andrew se dio cuenta de que, aunque no recordara lo sucedido, éste quería distanciarse un poco después de la extraña situación.

—¿Y aun recordando esa noche… le haces eso a tu hijo? —lo miró con rencor—. ¿Cómo puedes hacer eso? ¡No eres muy diferente a él en ese aspecto! Me consta.

Dimitri apretó la mandíbula y nuevamente apartó la mirada. Él no era de perder en el juego de las miradas, nadie soportaba el peso de sus ojos azules y terminaban mirando a otra parte, intimidados, pero con Andrew no funcionaba, incluso éste lograba doblegarlo un poco.

—Por años he vivido negando lo que ocurrió esa vez, por años he deseado borrar lo que causó en mí —se llevó una mano al pecho arrugando su camisa entre sus dedos, se veía alterado y molesto—. Pero hasta la fecha no lo he logrado.

El rostro de Andrew palideció hasta grados inimaginables.

—¿Qué… ¿Qué dijiste? A-a ver… ¿"Borrar lo que causó en mí"? ¿Qué causó en ti? —tartamudeó, cosa que sólo hacía cuando estaba realmente impactado.

Dimitri frunció más su ceño.

De pronto esa discusión bajó su tono y se convirtió en una charla reveladora.

—Me confundiste. Volteaste mi mundo de cabeza —fue sincero, tajante.

Andrew tuvo que sentarse.

—¿Estás bien? —inquirió Dimitri, acercándose a él, pero Andrew le hizo una seña con la mano para que se detuviera. Se llevó una mano a la barbilla, pensativo.

—Entonces… ¿Todo este tiempo lo has recordado?

—Sí, pensé que tú no lo hacías.

—Por eso no querías que te llamara… —fue interrumpido.

—"Mitya", sí, es por eso.

Andrew se llevó una mano al rostro, cubriendo la mitad inferior. Estaba por completo sonrojado y muy agitado al recordar un pequeño detalle. Si Dimitri no quería que lo llamara así, era simple y sencillamente porque recordaba cómo se lo dijo un millón de veces esa noche.

—Oye ¿En serio estás bien? —se preocupó al ver que casi hiperventilaba.

—Sí, yo… lo siento —se llevó una mano a los ojos, evadiendo su mirada azulada—. Es sólo que estoy muy avergonzado —no se atrevió a mirarlo.

—Pasó hace muchos años —respondió con simpleza.

Andrew iba a reclamarle por insensible, pero cuando lo encaró, se quedó callado al ver su expresión avergonzada, ésta hablaba completamente por él.

Sentía lo mismo.

Un incómodo silencio se hizo presente.

—Todos estos años… —comenzó Andrew—…tú, bueno, yo te he demostrado que te quiero.

Dimitri tragó en seco, un poco azorado. Por un momento se sintió como un chico en plena adolescencia.

—Y sé que me quieres —continuó—. Aunque lo negaras, tus acciones y reacciones lo demostraban, eso fue lo que mantuvo este amor por ti intacto.

El aludido se quedó perplejo. Su corazón latía con fuerza.

—Dime algo, Dimitri —espetó con seriedad, poniéndose de pie y acercándose a él—. ¿Tú sientes lo mismo por mí? ¿Es por eso que rechazas la relación de Viktor y Yuuri?

Dimitri le mantuvo la mirada, casi estoico.

—Por años intenté oprimir ese sentimiento, diciéndome a mí mismo que no era normal, que no era correcto. Intenté suprimirlos, pero nunca pude hacerlo del todo. Viví pensando que no recordabas nada y que todo había sido un accidente.

Andrew se apresuró a interrumpir.

—Pues verás… que me hayas llevado a la cama de esa manera no pudo ser un accidente —casi rio—. Esas cosas no pueden ser "accidente", accidente cuando dos autos chocan, pero que tú me lo hicieras aquella noche definitivamente no fue accidente, incluso usaste condón y… —se calló cuando escuchó una risa, se avergonzó cuando se dio cuenta de lo que hacía. Siempre que se ponía nervioso solía hablar demasiado y muy rápido, justo como ahora, y eso siempre le había causado mucha risa al mayor—. Lo estoy haciendo de nuevo, ¿verdad?

Dimitri asintió con una suave sonrisa.

—Tienes razón, no fue un accidente —se encogió de hombros—. Pero si me preguntas cómo pasó o cómo empezó… no tendría una respuesta, ni siquiera yo lo sé. Sólo sé que fue algo que no pude evitar, fue algo que quería que pasara —fue sincero, sin rodeos ni tapujos.

Las mejillas de Andrew se tornaron levemente rosadas, se pasó una mano por sus rubios cabellos y suspiró.

—Yo también quería que pasara —respondió—. Y tampoco sé cómo fue que empezó todo esto, sólo sé que lo he callado por muchos años —suspiró pesadamente.

—Entonces ¿Qué haremos ahora? —preguntó con cautela.

Andrew sintió que sus palabras se quedaron ahogadas en su garganta. No sabía qué decirle, así que en vez de hablar, dio un par de pasos hasta acortar la distancia entre ambos. Lo tomó de las mejillas y en un arrebato besó sus labios, sin temor, con un amor inmenso y un alivio increíble en su corazón.

La caricia comenzó suave, tanteando terreno hasta que el mayor lo rodeó torpemente por la cintura, atrayéndolo más hacia él. Ahí el beso se intensificó, sus respiraciones se volvieron irregulares y muy pronto la lengua de Dimitri buscó acceso a la cavidad de Andrew.

Los dos se transportaron a los recuerdos de aquella noche. El sabor de sus bocas era el mismo, la sensación era igual de placentera, y el latir alocado de sus corazones no había cambiado, excepto por la emoción de saber que eran correspondidos y que eso no era un "accidente".

Separaron sus bocas cuando la agitación se apoderó de ellos.

—Estás temblando —murmuró Dimitri.

—Lo sé, parezco un tonto adolescente —rio, desviando la mirada antes de que Dimitri tomara su mentón y lo obligara a mirarlo. Andrew se perdió en esos ojos azules que, por primera vez en años, le demostraban ese amor que por tanto tiempo deseó ver en ellos.

El mayor no dijo nada, simplemente se inclinó un poco hasta besar de nuevo esos labios, ahora más calmado, disfrutando de cada segundo y sensación.

—¿Qué haremos ahora? —susurró Andrew después del beso.

—Creo que somos lo suficiente mayorcitos como para llevar las cosas de una manera sensata.

Andrew se echó a reír antes de decir:

—Sí, cómo no.

Dimitri lo miró desconcertado por unos segundos antes de echarse a reír junto con él, contagiado. El rubio se sintió dichoso y sorprendido al escuchar esa risa tan sincera en Dimitri. Habían pasado años desde la última vez que la escuchó.

—Lo que quiero decir es que… —continuó el mayor, ya sin risas de por medio—. Intentemos tener algo, probemos… —fue interrumpido.

—Lo siento —suspiró—, pero soy demasiado viejo para andar "probando" o "intentando" —hizo comillas al aire—. Quiero algo seguro. Dimitri, te he amado por tanto tiempo que no necesito intentar nada. Sé que sientes lo mismo porque te conozco incluso mejor que tú —se encogió de hombros—. Así que… sé mi pareja —lo dijo con tanta seguridad en sí mismo que Dimitri jamás se imaginaría lo alocado que estaba su corazón en ese momento.

El aludido lo miraba fijamente, no le sorprendía que dijera esas cosas, lo conocía y le agradaba que fuera así de impulsivo y a veces mandón. Inevitablemente una linda sonrisa se formó en los delgados labios de Dimitri antes de apretarlo hacia su cuerpo, porque eso sí, no lo había soltado.

—Está bien —respondió simplemente.

—¿Sólo dirás eso?

—Sí —no lo dejó replicar más, pues asaltó sus labios de nuevo. Le estaba gustando bastante aquello. Al fin había bajado los muros que él mismo se había encargado de construir a su alrededor, y eso alivianaba el peso en su alma.

A partir de ese día la relación entre ambos mejoró considerablemente, sin embargo, no se atrevían a darse grandes muestras de afecto en público, y a veces tampoco en privado, quizás era la costumbre. Pues sólo se daban afecto estando a solas o lejos de gente conocida.

Dimitri, sentado en el sofá de la habitación de hospital, sonrió al recordar todo aquello. Esas memorias eran su oasis en medio del desierto.

Salió de sus pensamientos cuando Dimitri comenzó a removerse en la cama. Fue hacia él sin pensarlo.

—¿Estás bien? —se preocupó.

—Tengo hambre.

Andrew casi se dio una palmada en la cara.

—Eres increíble —rio.

—¿Qué? —preguntó con la voz pastosa—. Me debes una cena fuera, me quedé con hambre —dijo, cerrando los ojos. Estaba muy cansado.

—Tonto —rio de nuevo, se sentó en la orilla de la cama y dedicó unos minutos para acariciar su cabello. Sintió cierto alivio, era bueno que tuviera hambre. De hecho, ya no se veía tan pálido.

—Andrew.

—¿Si?

Dimitri lo miró por largos segundos, en silencio y fijamente.

—No, olvídalo.

Andrew casi pudo leer sus pensamientos, lo conocía tan bien que supo qué era lo que quería y no dudaría en dárselo.

Acarició su mejilla con amor infinito antes de inclinarse sobre él y besar con un amor y una suavidad tremenda sus delgados labios. Dimitri suspiró y correspondió al instante.

—Gracias… —respondió el mayor luego del beso.

—¿Era eso lo que querías?

—No, quería ir al baño, pero estoy cansado.

El rubio se echó a reír.

—Mentiroso.

—Sí, mentí —admitió—. Era eso lo que quería —se estiró perezosamente en la cama—. ¿Qué hora es?

Andrew miró su reloj.

—Seis y media.

Dimitri miró hacia la ventana, casi amanecía ya.

—¿Estuviste en ese incómodo sillón toda la noche?

El aludido asintió.

—Acuéstate aquí —con cuidado se hizo a un lado—. Debes estar cansado.

—¿Sabes? Una enfermera vino en la madrugada y me corrió de tu cama. Puede venir en cualquier momento y hacer lo mismo.

—Que se joda.

—¡Dimitri! —aguantó las ganas de reír.

—Lo digo en serio.

—Ya te sientes mejor ¿Verdad? —rio, feliz y aliviado al ver su semblante recuperado. Su palidez mortal se había esfumado.

—Acuéstate —insistió. Eso le recordó un poco a Viktor, recordaba cómo se comportaba a veces con Yuuri y se sorprendía al ver que, a pesar de pasar más de la mitad de su vida alejado de Dimitri, padre e hijo tenían muchas similitudes en el comportamiento.

Andrew suspiro y accedió. Se recostó a su lado, y apenas puso la cabeza sobre la almohada, sintió cómo un sueño pesado comenzó a invadirlo, más todavía cuando Dimitri lo rodeó con cariño, acariciando su cabello.

—Gracias por cuidar siempre de mí —murmuró muy bajito, besándole los rubios cabellos.

El aludido esbozó una tierna sonrisa antes de caer completamente rendido al sueño. Dimitri supo que ya estaba dormido cuando el rubio comenzó a roncar, no era muy fuerte, pero sí persistente. Sin embargo, no le molestaba en lo absoluto.

Un poco más tarde entró la misma enfermera, dispuesta a revisarle los signos vitales. La aludida los miró e infló las mejillas, a punto de regañarlos, pero Dimitri la vio a tiempo y…

—Ni una palabra —casi amenazó.

La pobre mujer suspiró, rodó los ojos e hizo su trabajo antes de volver a salir.

Amaneció en san Petersburgo y Dimitri no pudo recuperar el sueño, en vez de dormir, se quedó acariciando el cabello de Andrew y meditando en lo mucho que había cambiado su vida en esos últimos meses. Aún le costaba creer que estuviera haciendo eso, que, luego de todo lo que juzgó a su hijo y yerno, terminó haciendo lo mismo que ellos. Aunque sinceramente no le sorprendía mucho, puesto que sí estaba consciente de su sentir hacia Andrew, pero se había negado a aceptarlo.

Su mente comenzó a divagar un poco en su hijo, en el tiempo que había perdido por culpa de su depresión. Recordar esos momentos después de la muerte de su amada esposa le causaba mucho dolor, la herida aún no sanaba.

Sin poder evitarlo, se sumergió en esos recuerdos que tanto se había esforzado en sepultar, pero ahora, con su enfermedad, su distanciamiento con Viktor…. Todo eso le causaba emociones no muy buenas.

Comenzó recordando el inevitable e injustificable resentimiento que empezó a sentir hacia su hijo mayor cuando supo la razón por la cual había sufrido Yarine aquel accidente de auto. Recodaba con dolor cómo había tratado a su hijo, y se sentía mierda por ello.

En ese entonces se había sentido incapaz de criar a sus dos hijos él solo. Había perdido al amor de su vida y se había sentido en un profundo hoyo sin fondo, cayendo infinitamente en él.

Había mandado a Aleksi a un internado, él aún era pequeño y necesitaba buenas bases de educación que él no podía brindarle debido a su estado. Había querido hacer lo mismo con Viktor, pero él estaba formando una carrera en patinaje artístico, y él no iba a interferir en ella, así que no lo envió al internado y eso sólo hizo que su hijo mayor lo odiara más, por separarlo de su hermano.

Recordaba también el abismo profundo en el que caía cada vez que miraba a su hijo, era la copia exacta de su madre, y le dolía en el alma mirarlo, por eso evitaba a toda costa no toparse con él o mirarlo lo menos posible, sin saber cuánto afectaba eso al menor.

A su mente llegó también ese fatídico día en el que Viktor y él tuvieron aquella fuerte discusión que resultó con el niño en el quirófano y él con una inmensa culpa que cargaría por el resto de su vida.

En ese entonces lo había empujado sin intenciones de dañarlo, simplemente quería detener aquella pataleta, nunca imaginó que pasaría aquello. Para Viktor, su padre lo había empujado con toda la intención de hacerle daño, ajeno a que no pasaron ni dos segundos cuando Dimitri había corrido a su lado, arrepentido, espantado como nunca en su vida e intentando despertarlo. Temía moverlo, había caído al piso en una posición un tanto extraña, tanto así que, supuso que se había quebrado más de una cosa. Había entrado en pánico, sus manos temblorosas se habían abstenido de tocarlo, y para cuando reaccionó, una de las empleadas del hogar ya había llamado a una ambulancia.

Dimitri se volvió loco en ese momento. Cuando la ambulancia llegó y se lo llevó al hospital más cercano, le tomaron radiografías, le hicieron estudios y estructuraron el inmediato plan de tratamiento que consistía en una cirugía de emergencia.

Mientras Dimitri firmaba los papeles del consentimiento informado, escuchó con espanto una voz muy conocida, gritando a todo pulmón. Su cuerpo entero tembló al reconocer a Viktor llorando y gritando de dolor. Había despertado.

Quiso asomarse y calmarlo, pero lo detuvieron, pues era más importante que terminara de firmar las formas para ingresarlo de inmediato al quirófano.

El pobre de Viktor estaba siendo preparado, él luchaba con las enfermeras, retorciéndose de dolor y gritando a todo pulmón. Apretaba puños y dientes, esperando calmar con eso un poco de su inmenso dolor. Tuvieron que darle un calmante intravenoso. Ante todo eso, Dimitri se sintió la peor escoria del mundo.

Yakov y Lilia llegaron de inmediato después de recibir la llamada desesperada de Dimitri. Ambos atacaron al joven padre con preguntas y feas palabras, preguntándole qué le había hecho a Viktor, pues eran conscientes del rencor no justificable que le guardaba. Pero Dimitri no pudo responder, sólo se echó a llorar como niño, arrepentido y dolido.

Cuando Viktor salió de la cirugía, le permitieron las visitas en recuperación, pues su padre estaba desesperado por verlo, pero cuando entró y su hijo despertó… le dirigió la mirada que más pudo dolerle a Dimitri. No fue una mirada de odio ni rencor, no, fue una mirada de pánico en su estado más puro. De ese que se manifiesta con temblor y ojos casi desorbitados.

"No me hagas daño" había murmurado, aún medio embotado por las medicinas y la anestesia.

Todo eso terminó por derrumbar al joven padre, quien salió llorando, desconsolado. Se sentía un monstruo.

Viktor estuvo internado un par de semanas, recuperándose de la cirugía tan extensa y peligrosa de columna. Su padre no se atrevió a poner un pie en su cuarto de nuevo, al menos no cuando Viktor estaba despierto, se limitó a hacerlo cuando dormía, hasta que Yakov y Lilia fueron sinceros con él y le dijeron que Viktor no quería volver a verlo. Ambos le tenían aprecio a su amigo y sabían que no era malo, que todo había venido a raíz de su depresión por perder a su esposa y que eso era algo que quizás jamás superaría. Sabían que no le había hecho aquello a Viktor con la intención de dañarlo, había sido mero accidente, pero ni Viktor ni Dimitri lo veían así. El menor odiaba a su progenitor y éste se sentía escoria por ello.

Cuando Yakov y Lilia le dieron la noticia de que se llevarían a Viktor a vivir con él, Dimitri se derrumbó más, se escandalizó y casi suplicó que no hicieran eso, que no lo apartaran de su vida, pero Yakov le hizo ver que ya le había ocasionado suficiente daño a su hijo, lo mejor era que esperara a que se enfriaran un poco las cosas.

Dimitri terminó cediendo.

Sabía que era lo mejor para su hijo, para su salud mental y física. Dejó que las cosas se enfriaran, pero jamás llegó el día en que lo buscara y le pidiera perdón por ello. Simplemente había dejado fluir las cosas.

Desde entonces sus caminos se separaron y no se habían vuelto a unir tanto hasta hace poco, antes de que volviera a arruinar las cosas.

Había cometido muchos errores a lo largo de su vida, pero si de algo estaba seguro, era que esta vez no cometería el mismo error, buscaría a su hijo, no dejaría que las cosas simplemente "fluyeran". Esperaría un poco y lo buscaría.

Un par de meses después…

Recibieron la llamada que tanto habían esperado de la doctora Kubo: el óvulo donado había sido preparado y modificado genéticamente, estaba listo para ser implantado en Yuuri y éste no podía estar más emocionado y nervioso por ello.

Fue en una mañana soleada y fría de julio cuando Viktor, Yuuri, Yurio y Alexei salieron rumbo al hospital. Los tres primeros completamente ansiosos, y el pequeñín sin entender muy bien qué sucedía.

Ingresaron a Yuuri al hospital, le asignaron habitación y lo prepararon para llevarlo a quirófano.

—¿Estás nervioso? —le preguntó el ruso a su amado.

—Igual o más que tú —admitió.

Yuuri estaba acostado en la camilla, listo para ser ingresado al quirófano. Una enfermera puso un gorro desechable en su cabeza y lo preparó para ya llevárselo.

—Tendremos un hijo —murmuró bajito, con lágrimas en sus ojos castaños.

—Tendremos un hijo —respondió con la misma emoción antes de besar la mano que tomaba con tanta devoción entre las suyas—. Te estaré esperando ¿De acuerdo? —besó su frente.

—De acuerdo —recibió los labios de su esposo ahora sobre los suyos—. Te amo, Vitya.

—Te amo, mi katsudon.

—Tonto —rio.

Entre varios enfermeros empujaron la camilla rumbo al quirófano. La mirada de ambos esposos no se separó de la otra hasta que la camilla giró en un pasillo, perdiéndose de vista.

Viktor fue a la sala de espera, donde Yurio y Alexei estaban.

—Tranquilo, viejo, es una intervención menor, no tardarán mucho.

—Eso espero.

Estaba muy nervioso. La última vez que su amado fue intervenido quirúrgicamente temió que se quedara ciego, y una anterior a esa estuvo al borde de la muerte, incluso quedó en coma. Así que no podía evitar sentir cierto pánico. Odiaba los hospitales, odiaba esa incertidumbre.

Se sentó en la sala de espera y aguardó impacientemente a que le trajeran noticias sobre Yuuri, mientras tanto, sacó de debajo de su camisa el relicario que años atrás Yuuri le había obsequiado en su cumpleaños. Ahora portaba dentro una foto él, Yuuri, Alexei, Makkachin y Yurio, como una bella familia. El lado contrario del relicario permanecía vacío, ese lugar lo ocuparía el siguiente integrante de la familia.

Sonrió, estaba ansioso.

Pasaron dos, tres, cinco horas y Yuuri no salía de cirugía. Eso los mortificó y de inmediato comenzaron a imaginar lo peor. Saltaron de sus asientos cuando la doctora llegó a la sala de espera a darles noticias. Pero Viktor no entendía, no lograba entender por qué su expresión era tan seria.

La sangre se le fue a los pies cuando lo notó en sus ojos: algo no había salido bien.

Continuará…