Agape to Eros

By Tsuki No Hana

XLVIII "Recuerdos agridulces"

El momento en que hermano y hermana se conocieron había sido esperado por muchos durante meses. Temían que Alexei rechazara al nuevo bebé, más aún al saber que no era niño, pero grande fue su alivio al ver que el pequeño la amó tanto como sus padres.

Durante los días posteriores al nacimiento de Yarine, Viktor tuvo que cuidar a su amado en el hospital, por lo cual Alexei se quedaba bajo el cuidado de sus tíos Yurio y Beka, y éstos lo llevaban a diario al hospital para que pasara un rato con Yuuri. El japonés no podía pasar ni un día sin su hijo mayor, al grado que, cuando el pequeño entraba a la habitación, corría y con dificultad se subía a la cama de su papi, lo hacía con sumo cuidado y sin aplastarlo, pues su papá Viktor ya le había explicado que debía tener cuidado.

Uno de esos días, Viktor entró a la habitación y vio cómo su esposo cargaba a Yarine en uno de sus brazos y rodeaba a Alexei sobre la cama con el otro. Mientras abrazaba a sus hijos, le decía al mayor:

—Ahora eres el hermano mayor, Alexei. Debes cuidar de tu hermanita siempre, amarla y protegerla. Eso es lo que hacen los hermanos mayores.

—¿Mayoles?

—Así es, ahora tú eres un hermano mayor.

Los ojos azules del nene brillaron con amor, entendiendo un poco el peso de esa responsabilidad. Se sentía muy feliz.

Viktor observó y escuchó todo aquello. No habían notado aún su presencia ahí, así que salió en silencio antes de que vieran el mar de lágrimas en el que se había convertido. Sin embargo, no contó con el hecho de que Yurio sí lo había notado, y salió detrás de él.

—Hey, ¿qué ocurre? —preguntó con un extraño tacto.

Viktor no pudo responder, se cubrió el rostro con una mano y negó suavemente con la cabeza. No podía ni siquiera hablar. Yurio esperó a que se tranquilizara, en silencio, entonces Viktor habló.

—En momentos como estos es cuando me doy cuenta de que no he dejado de extrañar a mi hermano —admitió con un enorme nudo en la garganta—. Mis sueños se están cumpliendo, sueños que hace diez años yo no sabía que tenía. Pero mi hermano no está aquí, se lo está perdiendo.

Yurio no se esperaba aquello, lo tomó completamente por sorpresa.

—Viktor… —se asombró.

—No me hagas caso, sólo estoy algo nostálgico.

—Es normal —puso una mano sobre su hombro—. Yo también quisiera que estuvieran aquí.

Viktor sollozó un poco más, le dolía tanto sólo pensar en ellos, jamás superaría su muerte.

El rubio soltó un pesado suspiro antes de rodearlo con sus brazos como hizo hace poco. Notaba que Viktor estaba más sensible de lo normal, muchas emociones lo invadían al pensar en que al fin había logrado tener una hija de sangre con Yuuri, y su hermano no estaba ahí para presenciarlo, siendo que fue gracias a él que consiguieron que Yarine llegara al mundo.

No, nuestro primer hijo fue Alexei —se corrigió mentalmente—. Gracias Yuri —terminó el abrazo, y le revolvió un poco los cabellos.

—¡Ah! ¿Era necesario que hicieras eso? —se quejó el rubio, acomodándose sus largos cabellos de nuevo en su lugar.

Había ido a casa sólo para tomar un baño rápido, cenar y volver al hospital junto a su esposo e hija. Alexei estaba seguro con sus tíos, así que Viktor podía estar tranquilo. Pero cuando entró a la habitación de su esposo, se lo encontró cantándole a su pequeña con dulce y tierna voz mientras la mecía suavemente en sus brazos.

—Soy tan afortunado —pensó con un infinito amor en su pecho—. Hola mi amor —dijo en voz baja, haciéndole notar su presencia ahí.

—Hola Vitya —despegó sus ojos sólo un segundo para ver a su esposo antes de volver a ver a su hija.

—¿Está durmiendo?

—Sí, acaba de cenar y cayó rendida —no podía apartar la mirada de su preciosa bebé—. Es tan hermosa.

Viktor sonrió y se sentó a su lado en la cama, justo en la orilla para no incomodarlo, pero Yuuri estaba tan inmerso en su hija que no se percató de ello. En verdad Yuuri estaba perdido en su bebé. Y Viktor estaba feliz por eso, pues el dolor había pasado a segundo plano para su esposo.

—Es preciosa —confirmó al verla una vez más. Acarició su cabecita y luego miró a Yuuri. Se veía exhausto, pero con un brillo hermoso en sus ojos cafés—. Amor, deberías dormir un poco.

—No quiero apartarme de ella.

—No lo harás, sólo dormirán ¿Si? Tenemos toda una vida por delante con nuestra hija.

—Aun así —la apretó ligeramente más contra su pecho—. Quiero sentirla conmigo un poco más —suspiró—. No puedo creer que alguna vez dije que no quería hijos. Me retracto completamente.

Viktor soltó una risilla antes de inclinarse para besar sus labios.

—Tienes que descansar —le recordó en tono de ligero reproche.

—Lo sé —suspiró.

—Así podrás salir más pronto del hospital.

Eso motivó al japonés. Accedió a dormir, entregándole su hija a su esposo, quien se encargó de cuidarla toda la noche.

Viktor estaba algo preocupado por Yuuri, aún se sentía muy culpable por la herida que le ocasionó, y escucharlo quejarse entre sueños le partía el alma. Varias veces durante la noche tuvo que llamar a las enfermeras para que le administraran algo para calmar su dolor.

Un par de días después, Yuuri ya estaba muy desesperado y tremendamente sentimental. Habían dado de alta a su hija, pero él aún no tenía la autorización para salir del hospital, eso le partía el corazón.

—Hey, calma. Amor, vendrá conmigo cada vez que venga a verte —sonrió—. Y siempre estoy contigo, así que… —rio por el pequeño drama de su amado.

—Pero… —sollozó, limpiándose las lágrimas con algo de enojo también—…ya quiero estar en casa con los tres.

—Lo sé, lo sé —besó su frente—, pronto estaremos todos juntos. Concéntrate en recuperarte ¿De acuerdo?

El japonés asintió.

Viktor estuvo al lado de Yuuri todos los días desde el nacimiento de su hija, no se apartaba de su lado en ningún momento, aguantaba incluso sus momentos hormonales y de mal humor por la desesperación de estar ahí.

—Buenos días —saludó la doctora Kubo, entrando a la habitación y abriendo las cortinas—. Hoy hace un muy buen día —sonrió al ver la luz del sol entrar por la ventana—. ¿Por qué esas caras largas? —alzó una ceja, caminando hacia la cama para revisar a su paciente.

—Yuuri ya se quiere ir —lo delató, cruzándose de brazos y piernas sobre su silla, no le importó acusar a su esposo con la doctora.

—¡No es eso! Bueno, sí. El caso es… —suspiró—…que ya dieron de alta a Yarine y yo aún sigo aquí —se le llenaron los ojos de lágrimas.

—Oh Yuuri, no te pongas triste por eso.

—Es que… —odiaba llorar en frente de los demás, odiaba sentirse tan sensible—. ¡Ni siquiera me han dejado pararme de esta cama! —se desesperó.

—Muy bien, vamos a revisarte —con toda la paciencia y cariño del mundo, descubrió el vientre de Yuuri—. ¿Puedo? —el japonés asintió y la médico procedió a revisar la herida, cambiando de paso las gasas—. Has mejorado mucho en estos días.

—¿Ya me puedo ir a casa? —preguntó, ilusionado.

—No.

—Yuuri, amor, ten paciencia.

El japonés rodó los ojos en un gesto chistoso que se asemejó mucho a uno que hacía Yurio seguido.

—Pero puedes intentar caminar un poco ¿Quieres hacerlo?

Los ojos de Yuuri brillaron, por lo menos quería pararse de esa cama. Y así fue. Con ayuda de su esposo logró sentarse en el borde del colchón.

—Hazlo con cuidado, amor, no hay prisa —pidió, temeroso de que diera sus primeros pasos luego de la cirugía.

—Sí —sonrió y tomó las manos que le ofrecía su esposo. Su cuerpo entero tembló de emoción. Puso los pies sobre el piso y los nervios recorrieron su cuerpo ¿Y si le dolía?

Dejó el miedo de lado al ver los preciosos ojos de su esposo, diciéndole sin palabras que todo iba a estar bien. Apretó fuertemente sus manos y se puso de pie. Un dolor muy agudo lo paralizó cuando al fin estuvo de pie, debido al esfuerzo que hizo en su vientre para incorporarse. Ni siquiera tuvo oportunidad de quejarse, simplemente el aire se le fue y se quedó con la boca abierta mientras su esposo ya había anticipado todo y ahora mismo lo tenía entre sus brazos, calmándole el dolor con un cálido abrazo.

—¿Puedes continuar? —le preguntó al oído, en un suave susurro.

Yuuri asintió, decidido, y terminó el abrazo. Viktor le extendió su antebrazo y Yuuri se sostuvo de éste al caminar. Caminó lento, pero seguro por toda la habitación, hasta que no pudo más y pidió volver a la cama.

—Lo hiciste muy bien, si sigues así, saldrás muy pronto.

—¿Cuándo?

—Pronto —se rio un poco por su impaciencia.

—Lo siento doctora, es que odia los hospitales —se disculpó Viktor por su esposo.

—Tú también los odias —refunfuñó.

Viktor lo miró y alzó una ceja sin dejar de sonreír, su amado parecía haber recibido una dosis del mal carácter de Yurio. Lo que no sabía, era que el dolor no desaparecía ni un segundo y esa era la única forma de canalizarlo.

Más tarde en ese mismo día, Yuuri le pidió a su esposo que lo ayudara a incorporarse una vez más para caminar un poco.

—Amor, ya caminaste en la mañana.

—Una vez más, me siento bien.

—Yuuri…

—Por favor.

—¿Por qué eres tan terco? La doctora dijo que solamente en la mañana.

Yuuri no dijo nada más, entre lágrimas y dolor, se dio media vuelta en la cama para darle la espalda a Viktor, estaba enojado.

—Yuuri —se levantó del sillón y caminó hasta poder verle el rostro—. Amor ¿Estás llorando?

Yuuri no respondió, se cubrió el rostro con la almohada en un gesto demasiado infantil.

—Oh Yuuri… —suspiró y acarició su cabello—. Mira… sé que no es fácil para ninguno de los dos estar en un hospital, vaya que no hemos tenido las mejores experiencias en ellos, pero ahora estamos juntos, tenemos una nueva hija y una preciosa familia. En unos días saldrás de aquí y estaremos todos juntos en casa —intentó quitarle la almohada del rostro, pero Yuuri no se lo permitió.

Suspiró pesadamente y acarició el cabello despeinado y suave de su esposo.

—¿Qué puedo hacer para que te sientas mejor?

Yuuri se quitó la almohada del rostro, y con su carita llorosa le pidió:

—Acuéstate conmigo.

Una linda sonrisa se instaló en los labios del ruso.

—¡Iuuri! No me puedes hacer peticiones indecentes estando en el hospital. Amor, no podemos tener sexo aún.

—¡Tonto!¡No me refiero a eso!

Viktor sonrió al ver que logró hacerlo reír.

—Sólo acuéstate a mi lado ¿Sí?

—Ya te habías tardado en pedirme eso —besó su frente—. No me atrevía a sugerirlo porque no sabía qué tan cómodo te sentirías.

—Duerme conmigo un rato, por favor.

El ruso miró sus ojitos cafés tan cansados, sus ojeras en señal de lo poco que había descansado últimamente y… por supuesto que no se pudo negar a tal petición. Se quitó los zapatos y se subió con cuidado a la cama, abrazándolo desde atrás como tenían por costumbre. Lo rodeó con cuidado y besó su cuello.

—¿Tienes sueño?

—Ahora sí —respondió antes de un largo suspiro.

—Descansa mi amor.

—¿Y Yari?

—Está durmiendo en la cuna que nos prestaron, yo estaré al pendiente de ella, así que duerme —besó su frente varias veces hasta conseguir que su amado sonriera.

—Gracias Vitya…

Viktor se quedó con él por horas en la misma posición, el pobre ya no sentía sus brazos, pero no se movió hasta horas después.

—Despertaste —murmuró suavemente al bajar la mirada y ver sus preciosos ojitos abriéndose paso entre esas tupidas pestañas.

—¿Qué hora es? —preguntó, adormilado.

—No tengo idea —besó su frente.

—Quiero seguir durmiendo… —suspiró pesadamente y cerró los ojos.

—Duerme, pero… dame mi brazo —cambió la posición, sintiendo que la sangre volvía a circular.

—No, es mío —lo agarró.

—Que gracioso —hizo como que se rio, haciendo reír de verdad a su amado—. ¿Tienes hambre?

Yuuri negó con la cabeza, aún apoyándola sobre su pecho.

—¿Quieres ir al baño?

Volvió a negar.

—¿Tienes frío?

—No… —restregó su mejilla en el pecho de su amado—. Quiero ir a casa.

—Yuuri.

—Quiero irme.

Viktor suspiró y acarició su cabeza.

—Amor… —soltó en tono de reproche—…¡Ya sé! Te daré un baño de esponja.

—¿Qué? —parpadeó asombrado—. No, gracias.

—Necesitas un baño.

—¿Estás diciendo que huelo mal?

—¡No! —se rio, ya no sabía qué decir sin ofenderlo. Sin duda alguna Yuuri estaba más hormonal que nunca—. Te daré un baño de esponja —besó su mejilla y se fue en busca de una enfermera que le brindara lo necesario.

Volvió a la habitación listo para bañarlo, Yuuri se rio.

—Amor, no es necesario, yo lo puedo hacer —le sonrió suavemente. Pero Viktor no lo escuchó.

Comenzó a pasar la esponja húmeda y tibia por sus manos, sus brazos, su cuello. Todo bajo la atenta mirada de su esposo, quien le sonreía suavemente y se reía de vez en cuando por las cosquillas. Le removió un poco la bata para continuar con su pecho y su abdomen.

—Cuidado —se quejó un poco cuando pasó la esponja muy cerca de la curación que tenía en el vientre.

—Lo sé —fue cuidadoso y muy delicado en esa área.

Siguió con sus bonitas piernas, sus pies, y al final su rostro con una toalla tibia. Yuuri se relajó tanto en esos minutos que se quedó casi dormido, con una pequeña sonrisa en sus labios aún pálidos. Pero Viktor aún no había terminado de bañarlo por completo. Le descubrió un poco más la bata, notando que no traía ropa interior.

Yuuri abrió sus ojos abruptamente al sentir la esponja tibia en la parte interna de sus muslos, muy arriba.

—¡Viktor! —se sonrojó.

—Amor —rio—. No es posible que esto te avergüence.

—Un poco —admitió, desviando la mirada.

Entonces la expresión de Viktor se volvió un poco triste, su mirada parecía ida mientras seguía con el baño.

—¿En qué piensas? —lo miró con una muy leve sonrisa, ya sabía qué rondaba sus pensamientos.

—En el baño de esponja que te di hace muchos años, acababas de despertar del coma. Si en ese entonces me hubieran dicho lo inmensamente feliz que llegaría a ser a tu lado… —rio—…no lo hubiera creído.

—Yo tampoco —acarició su brazo, mirándolo con un amor infinito—. Y míranos ahora, con dos hijos preciosos.

La expresión de dicha en Viktor fue inexplicablemente bella. Sus cejas platinadas se alzaron en una mueca de genuina felicidad.

—Recuerdo cuando te dije que no tenías nada de qué avergonzarte, porque lo había visto todo.

Yuuri se quedó pensando unos momentos sin entender, hasta que Viktor pasó la esponja sobre su miembro.

—¡Viktor! —se sonrojó—. Eres un pervertido —a comparación de la última vez que vivieron esa escena, en esta ocasión Yuuri se rio con ganas, lamentando hacerlo después de sentir dolor en su cirugía.

—Sí, soy tu pervertido —levantó su mano derecha y le restregó el anillo en la cara—. De-por-vi-da —hizo expresión de maniático, logrando hacerlo reír más.

—¡Viktoru! —se quejó entre risas.

—Ya no te muevas, que no puedo bañarte bien —dedicó unos minutos más al baño, concentrado en cada centímetro de piel—. Eres hermoso.

Yuuri se cohibió cuando pasó sus dedos por su vientre, si bien ya no estaba grande como antes, sí estaba aún inflamado y había piel de sobra. Eso lo incomodó mucho, incluso trató de cubrirse un poco.

—No digas esas cosas —desvió la mirada mientras se cubría con la bata.

—Sólo digo la verdad. Aún creo que es un milagro tener a nuestra pequeña Yarine, que haya nacido de ti. No puedo creerlo todavía —sonrió maravillado.

La pequeña, como si hubiera entendido su nombre, despertó y exigió atención.

Viktor cubrió mejor a Yuuri antes de ir por su bebé a la cuna. La cargó, pero esta no dejó de llorar, no era su hora de comer todavía, así que el ruso tuvo una idea y comenzó a arrullarla de un lado a otro, cantando suavemente una canción que Yuuri conocía mejor que nadie: Stammi Vicino.

El corazón se le apachurró a Yuuri, comenzó a pensar en todo lo que habían atravesado en sus vidas para poder llegar a ese momento, al momento exacto en el que Viktor cargaba a su pequeña bebé, nacida de ambos, tan hermosa y perfecta. Jamás creyó que algo así fuese posible, pero ahí estaban, los cuatro como una bella familia.

Yuuri estaba feliz, no podía apartar la mirada de sus grandes amores.

Al fin, luego de semana y media, logró que le dieran el alta del hospital. Iban felices los cuatro, de camino a casa. En el asiento trasero del auto iban dos portabebés, en uno dormía una hermosa bebé, y en el otro, un curioso bebé de dos años estiraba su cuello todo lo posible para ver a su nueva hermanita.

—Ya vamos a casa —suspiró Viktor, aliviado y poniendo una mano sobre el muslo de su esposo.

—Al fin —acarició su mano y lo miró de perfil, Viktor iba concentrado en conducir, pero dedicó unos segundos a mirarlo y guiñarle un ojo. Yuuri rio suave y se sintió tan dichoso, miró hacia atrás, por encima de su hombro y su dicha aumentó.

Sus dos tesoros estaban durmiendo.

—Yuuri ¿Te diste cuenta?

Volvió la mirada al frente y alzó una ceja, no entendiendo.

—¿De qué?

—La camioneta que llegó a rescatarnos ese día… no era del hospital.

—¿¡En serio?!

—De verdad no te diste cuenta.

—Amor, muy apenas estaba consciente.

—Buen punto.

—Y si no era de hospital… ¿Entonces quién la mandó?

Viktor se quedó callado un buen rato, hasta que finalmente se decidió a hablar.

—Mi padre.

—Dios mío —se quedó sin aire, muchas emociones fuertes se amontonaron en su pecho—. ¿Cómo lo sabes? ¿Te lo dijo?

—No, pero estoy seguro de que fue él. No tengo duda de que aún nos mantiene vigilados, y pues… se dio cuenta de lo que sucedía.

Yuuri no lo pensó dos veces antes de sacar su celular y mandarle un mensaje.

"No tengo palabras para agradecerle lo que hizo"

No pasaron ni dos minutos cuando Dimitri le respondió:

"Haría lo que fuera por ustedes, mi familia"

—¡Oh por Dios! —se llevó una mano a la boca, espantando a Viktor con su reacción.

—¡¿Qué pasa?! —se orilló y estacionó el auto junto a una acera.

Le mostró el mensaje a su esposo, estaba al borde del llanto.

—Viktor, ya, reconcíliate con él —lo miró con los ojos llenos de lágrimas—. Por favor —suplicó—. No pueden seguir así, la vida es demasiado corta.

El ruso comenzó a soltar lágrima tras lágrima luego de leer el corto y significativo mensaje. No dijo nada, simplemente arrancó de nuevo el auto, con rumbo a su hogar.

Yuuri se preocupó ante su silencio, ajeno a que con la confirmación de esa simple muestra de amor por parte de Dimitri había logrado borrar todo pasado turbio entre ambos, y es que había salvado a dos de los tres amores de su vida, Viktor jamás terminaría de agradecerle aquello.

Continuará…

Es un capítulo sumamente corto, pero en verdad sentí la necesidad de dejarlo ahí para hacer un punto y aparte con lo que sigue. Espero que, aunque corto, les haya gustado.

Les mando un fuerte abrazo psicológico, gracias por seguir aquí y por incluso releer la historia, se siente tan bonito ver que la vuelven a leer desde el principio, respondiendo sus propios comentarios jajaj me hacen reír bastante. Las quiero!