Agape to Eros
By Tsuki No Hana
XLIX "Los Nikiforov-Katsuki"
Viktor no le dejaba hacer nada, y Yuuri… bueno, él no se podía quejar, pues en verdad tampoco tenía ganas de hacer nada. Ya caminaba más que antes y podía tomar duchas él solo, sin embargo, Viktor se mantenía al pendiente siempre de él.
—¿Qué haces? —le preguntó a su esposo al ver que también se dirigía al baño con él.
—Tomaré una ducha.
—No, Viktor, yo tomaré una ducha, tú te quedarás afuera.
—No seas tan malo.
—No lo soy, cuida de nuestros hijos unos minutos ¿Si? —se paró de puntillas, le dio un corto beso en los labios y se encerró en el baño.
Viktor no pudo decirle que no, no después de escuchar "Nuestros hijos". Esas dos simples palabras todavía causaban revuelo y emoción en su inmensamente feliz corazón. Lo que no sabía, era que Yuuri huía de él, no quería que lo viera de nuevo desnudo, al menos no aún. Se sentía sumamente cohibido por su aspecto.
Luego de su baño, Yuuri fue a la sala al escuchar la risa preciosa de su niño, y la voz de Viktor jugando con él. Pero cuando se asomó, lo vio sentado en la sala con Yarine recostada frente a él sobre el sillón. Alexei estaba de pie junto a ellos, mirando atentamente a su hermana. Entonces de pronto Viktor se cubrió el rostro y dijo:
—¡Peek a boo! —se destapó la cara y le hizo una mueca chistosa a su hija, la pequeña esbozó una linda sonrisita y Alexei estalló en carcajadas.
Era un cuadro muy hermoso de ver.
Yuuri se quedó lejos, mirando y disfrutando la escena, guardándola en su corazón para el resto de su vida.
Viktor repitió el juego varias veces, hasta que Yari se aburrió y comenzó a llorar. La tomó de inmediato entre sus brazos y comenzó a mecerla suavemente.
—Cariño, pásale a papi ese biberón —señaló el que estaba en la mesita del centro. Alexei fue por él, con carita de niño responsable que ayuda a cuidar de su hermana menor.
Yarine cenó rápidamente su biberón y luego de expulsar el aire que ingirió al comer, cayó profundamente dormida.
—Bonita —dijo Alexei al asomarse a los brazos de su padre y observarla.
—Sí, cariño, tu hermana es preciosa. Tengo un par de hijos muy hermosos —sin soltar a su hija, apretó la mejilla de su nene, éste sonrió muy bonito.
Mientras tanto, Yuuri estaba que se deshacía en amor. No pudo permanecer más tiempo fuera de escena, quería ser parte de ello.
—Yuuri —sonrió sorprendido desde la sala, levantándose del sillón de inmediato pero con cuidado de no despertar a su bebé—. Deberías estar en cama.
—Estoy bien —caminó a paso lento hacia ellos. Alexei fue hacia él y lo abrazó de las piernas.
—¡Papi!
—Hola cariño —quería inclinarse y cargarlo.
Viktor pareció leer sus intenciones, así que le dirigió una mirada, con eso bastó para que el japonés descartara su idea inicial.
—¿Papi bien? —en vez de exigir que su papá lo tomara en brazos como de costumbre, lo abrazó más fuerte y levantó su carita todo lo que su cuello le permitió.
—Papi muy bien —respondió con una sonrisa mientras acariciaba la cabecita de su nene—. Cariño, estás más alto de lo que recordaba —notó al no tener que inclinarse nada para acariciar su cabello.
Alexei sonrió, feliz por lo que escuchó.
—Cuando menos lo imaginemos, estará de nuestra estatura —suspiró y fue hacia su esposo para darle un dulce besito en los labios—. Ve a la cama.
Yuuri negó con la cabeza. Y es que tenían la costumbre de arropar juntos a su pequeño, y esa noche no fue la excepción. Después de que Viktor dejara a Yarine en su cuna, ambos padres tomaron de la mano a su pequeño y lo acompañaron a su cuarto.
—Sueña bonito mi niño —dijo Yuuri. Viktor lo alzó en brazos para que ambos se pudieran abrazar, pero antes de que eso sucediera, Alexei tomó las mejillas de Yuuri y las acarició de manera un poco torpe pero sumamente adorable.
Los dos se llenaron de ternura al ver eso, pues estaba copiando a Viktor, ya que siempre le acariciaba así las mejillas a Yuuri.
Alexei miraba el rostro de su padre atentamente, era un niño aún muy pequeño, pero muy inteligente y sensible a pesar de su edad. Podía notar cuando uno de sus padres no estaba bien, en especial con Yuuri, con quien estaba sumamente apegado.
—Yo también te quiero —besó su frente y lo apretó con fuerza entre sus brazos mientras Viktor lo mantenía alzado en sus brazos.
—¡A dormir! —le hizo "avioncito" y lo metió a la cuna. Le dio un besito en la frente y lo arropó junto con Yuuri—. Te amamos —acarició su mejilla antes de inclinarse y mordérsela.
—¡Ñoooo! —le palmeó la cara.
—¡Viktor! —su intento de darle una palmada en la espalda terminó siendo una fuerte nalgada por fallas de medida.
—¡Yuuri! —lo miró sorprendido antes de reír e inclinarse de nuevo sobre la cuna—. Ya duérmete —besó de nuevo su mejilla y salió de ahí riendo junto con su esposo.
—Viktor, no tienes remedio —suspiró mientras entraban a su cuarto.
—Pero así me elegiste, me aceptaste y así me amas —lo rodeó por la cintura con un brazo.
—No encuentro fallas en lo que dices —suspiró como un tonto enamorado.
—Y es que sus mejillas son adorables ¿No lo crees?
—Demasiado —rio—. Pero no por eso tienes que molestarlo tan seguido.
—Trataré de contenerme.
—Sí, ajá.
Ya en la habitación, Viktor se cambió rápidamente a la pijama y se metió a la cama junto a su esposo, aprovechó que Yuuri estaba sentado en el borde de la cama y dándole la espalda, para sorprenderlo con un abrazo desde atrás. Le quitó los anteojos y besó sonoramente su mejilla.
—Te amo, Yuuri.
El aludido esbozó una sonrisa preciosa que deslumbró la vida del ruso.
—Te amo, Vitya —se dejó consentir.
Se metieron a la cama, Yuuri lo usó de almohada como tenían por costumbre y se dejó hacer cariñitos por su esposo.
—¿Cómo te sentiste hoy? —preguntó de pronto Viktor.
—Bien. Muy cansado, pero bien.
—Deberías reposar un poco más.
—Amor, estoy en cama todo el día.
—Es sólo que ya quiero que te recuperes —estaba preocupado.
—Yo también.
—¿Dolió mucho hoy? —llevó una mano a su vientre y acarició suavemente.
—Menos que ayer.
—Eso es bueno —suspiró aliviado.
—Vitya.
—¿Hm?
—Hazme piojito —tomó su mano y la llevó a su cabeza.
Viktor rio un poco y cumplió su pequeño capricho.
—Haré lo que me pidas —murmuró muy bajito y dulcemente contra su oído, poniéndole la piel de gallina.
Esas palabras tenían más peso del que creía, pues Viktor sería capaz de cualquier cosa por él, lo que fuera.
Al día siguiente, Yuuri recibió un mensaje inesperado que lo llenó de emoción.
"¿Puedo visitarlos hoy?"
—¡Viktor! ¡Viktor, ven!
Yuuri estaba solo en su recámara. Viktor se llevó un gran susto cuando lo escuchó gritar, no pasaron ni cinco segundos y él ya estaba en el cuarto.
—¿¡Qué pasó?!
—Amor, mira esto —le enseñó la pantalla de su celular.
El ruso se quedó en silencio unos segundos, no tuvo que pensarlo mucho antes de responder con completa seguridad.
—Que venga.
Yuuri asintió, y con una sonrisa le respondió a su suegro.
Ninguno de los dos tuvo idea de la felicidad que Dimitri sintió al recibir esa respuesta positiva. No pasó mucho tiempo antes de que el timbre del departamento sonara. Andrew y Dimitri habían llegado, estaban algo cohibidos, pues no sabían cómo Viktor los recibiría, pero fue éste quien les abrió la puerta y les sonrió con cariño sincero.
—Hola, hijo —lo miró a los ojos con un brillo muy especial.
—Hola, papá —tenía el mismo sentimiento.
No dijeron nada, sólo se miraron. Andrew esperaba que en cualquier momento estallara la bomba, pero contrario a lo que pensaba, ambos Nikiforov se abrazaron.
—Perdóname —Dimitri fue el primero en decirlo.
—No, perdóname tú a mí —lo abrazó más fuerte. Con ese gesto sintió que se quitaba un peso enorme de encima que venía cargando desde años atrás—. Perdóname.
—Te perdono.
—Y yo a ti.
—Sí, una escena muy conmovedora, pero yo ya no siento mis brazos ¿Podemos pasar? —preguntó Andrew, quien cargaba todas las cosas que habían llevado. Sin embargo, se le formó un nudo en la garganta al ver esa escena que tanto había deseado desde hace años.
Padre e hijo se separaron, riendo un poco por eso.
Entraron al departamento y Dimitri preguntó de inmediato por Yuuri, sorprendiendo demasiado a su hijo.
—Está en la habitación con los niños.
Un calorcito muy bello se instaló en el corazón del mayor, feliz por ser abuelo nuevamente.
—¿Crees que sea conveniente que entre?
—Yuuri te está esperando, le dio algo de vergüenza no poder recibirlos como es debido, pero su estado aún es un poco delicado.
—Entiendo.
—¿En realidad tuvo él a la bebé? —preguntó Andrew, curioso de verdad.
—Sí —respondió Viktor—. No fue fácil.
—Me imagino.
Entraron a la habitación, encontrándose a Yuuri en la cómoda y acolchada cama, en sus brazos tenía a la bebé y Alexei estaba sentadito a un lado, mirándola jugar con sus manitas.
—¡Ito! —el niño saltó de la cama y corrió a saludarlo.
Ciertamente Dimitri no se esperaba tal recibimiento tan cálido.
—Dimitri —reprochó Andrew cuando lo vio agacharse para recibir a su nieto entre sus brazos y levantarlo al aire antes de volverlo a bajar en una especie de "avioncito".
—Está bien, no pasa nada —le restó importancia, pero el rubio sólo le dedicó una mirada de reproche que no pasó desapercibida por ninguno de los ahí presentes—. Hola Yuuri —se acercó a la cama con una sonrisa tenue y algo nerviosa.
Yuuri miró a su suegro, era casi como ver a Viktor con unos veinte años más, con cabello negro y anteojos.
—Hola —sonrió cálidamente. El mayor lo observó con detenimiento y muy internamente se preocupó, el japonés no se veía muy bien de salud—. ¿Quiere conocer a su nieta? —preguntó con un tono amable.
Viktor, cruzado de brazos al pie de la cama, veía la escena con una ternura en su mirar muy particular.
—Por favor —suspiró con emoción.
—Mira, Yarine, te presento a tu abuelito Dimitri —dijo Yuuri con una voz muy dulce.
—¿Yarine? —sus ojos se llenaron de lágrimas al instante, como si hubiesen encendido un interruptor para ello. Inmediatamente miró a su hijo en busca de respuestas, pero su voz no salió. Viktor asintió a su muda pregunta.
—Es idéntica a mamá ¿No es así?
—Oh por Dios… sí que lo es —se le quebró la voz. Miró a su nietecita y se llenó de ternura infinita—. Es preciosa —la nena se le quedó mirando atentamente—. ¿Puedo…? —extendió sus brazos.
—Por supuesto, es tu nieta —le dijo Viktor con una sonrisa, mirando la escena sin creerlo aún. Meses atrás no habría imaginado que sucedería eso. Pero era gracias a su padre que su esposo e hija estuviesen vivos.
—Hola Yari —sintió un estremecimiento de pies a cabeza al pronunciar de nuevo ese bello nombre, el nombre del amor de su vida—. Eres hermosa —le dijo con un cariño infinito que Yuuri jamás le había visto expresar.
La bebé lo miraba con mucha atención, hasta que bostezó y se echó a dormir en los brazos de su abuelo.
Andrew miró todo aquello con una sonrisa satisfecha. Esa pequeña no pudo haber llegado en mejor momento.
—Gracias por esto, Yuuri —le dijo, mirándolo profundamente—. Jamás terminaré de agradecerte este enorme sacrificio que hiciste.
—No fue un sacrificio, lo hice porque amo a su hijo, porque quería que tuviéramos más familia —admitió con una linda sonrisa.
—De todas formas —lo miró y sonrió, cosa que jamás había hecho para Yuuri—. Muchas gracias.
El japonés asintió con una bella sonrisa.
Dimitri no podía estar más feliz, tenía su amado nieto, hijo de Aleksi y a su preciosa nieta hija de Viktor, idéntica a Yarine. Si juntaban a los dos nietos, era como ver a Dimitri Nikiforov y a su esposa de niños.
Pasaron la tarde entera en la habitación. Viktor se encargó de llevar la comida que trajo su padre a la recámara para estar ahí juntos. Sirvió a los invitados como todo buen anfitrión. Andrew se paró a ayudarle mientras Dimitri seguía perdido y enajenado viendo a su nieta.
—Andrew, quiero hacerte una pregunta.
—Hazlo.
—¿Cómo está papá?
—Lo notaste ¿No es así? —le regresó la pregunta, suspirando.
—Sí…
—Su enfermedad empeoró durante este año.
—¿Qué tan grave es?
—Ya no va a trabajar.
Viktor sintió un feo estremecimiento.
—Pero desde que recibió tu mensaje y los de Yuuri… él está muy animado, y eso le ha dado las energías para salir de la cama. Hoy es la primera vez que sale en meses.
El ruso tragó en seco, se sintió muy mal por ello, incluso algo culpable.
—Él no ha estado bien de salud, pero estoy seguro de que en gran parte era por su estado de ánimo. Ahora que las cosas van mejor, espero que recupere su salud.
—Ayudaré en lo que sea necesario para que así sea.
—Me alegra escucharlo —lo miró con seriedad. Le tenía cierto resentimiento, no debía, pero tampoco podía evitarlo.
—No es tarde para que seamos una familia completa ¿No es así? —lo miró, sonriendo. Eso renovó las esperanzas de Andrew.
—No es tarde —sonrió y lo ayudó a llevar el postre a la habitación, pero cuando entraron, se toparon a Yuuri profundamente dormido y a Dimitri a punto de salir.
—Está muy cansado, será mejor que salgamos.
Andrew y Viktor lo siguieron, notando cómo no quería soltar a su nietecita.
Alexei le pidió a su padre que lo cargara, éste lo hizo, soltando un pequeño quejido al hacerlo.
—Cariño, cada día estás más pesado.
El pequeño rio y se abrazó al cuello de su padre. Fueron al comedor y degustaron el delicioso pastel. Viktor se aseguró de guardar una generosa rebanada para su esposo.
—¿Qué has hecho en todo este tiempo? —preguntó Viktor, sentado a la mesa con su hijo sobre el regazo.
Dimitri suspiró y miró a Andrew, éste le regresó la mirada, nervioso y negando muy ligeramente con la cabeza. Tenían algo qué decirle, pero quizás no era el momento apropiado.
—Descansar del trabajo —sonrió—. Andrew se ha estado haciendo cargo de todo desde mi ausencia.
—Muchas gracias, por eso y por cuidar de mi padre —miró al mejor amigo de su padre, agradeciéndole de verdad.
—Lo hago con mucho cariño —sonrió y por poco tomaba la mano de Dimitri por encima de la mesa, pero reaccionó y detuvo su acción.
Viktor notó cierta tensión entre ellos, pero no logró descifrar qué era, quizás si Yuuri hubiese visto eso, se habría dado cuenta de lo que había detrás de cada gesto entre esos dos.
—Sigo sin creer que mi nieta se llame Yarine.
—Y que se parezca tanto a ella —añadió Andrew, igual de feliz.
Viktor sonrió con nostalgia y abrazó más a su pequeño sobre su regazo.
—Hijo, he perdido la práctica con bebés, pero si algún día necesitan que alguien cuide de los niños, yo puedo hacerlo.
—Y yo lo ayudaría —sonrió el rubio.
Viktor sintió una dicha muy bella dentro de sí.
—Gracias. Les tomaré la palabra.
—También pueden visitarnos cuando quieran —añadió Dimitri.
—¿Visitarlos? —preguntó con desconcierto—. ¿Viven juntos?
Andrew y Dimitri se miraron mutuamente, estaban en aprietos.
—Uhm… sí, llevo una temporada viviendo en su casa. Tú sabes… le ayudo con algunas cosas, le recuerdo que tome sus medicamentos y… —se rascó la nuca, nervioso, Viktor lo notó.
Dimitri carraspeó fuertemente, su ceño estaba demasiado fruncido y casi le gritaba a Andrew con su expresión: "Cállate".
Viktor se aguantó una risita, comenzaba a tener ciertas sospechas y estas no le molestaban en lo absoluto, sin embargo, sí le preocupaban un poco.
A partir de ese día, la relación entre ellos fue mejorando a pasos agigantados. Padre e hijo volvieron a tener comunicación directa. El ánimo de Dimitri estaba por los cielos y sus malestares comenzaron a disminuir. Cuando Viktor tenía que dejar solos a sus hijos y esposo, llamaba a su padre para que pasara la tarde con ellos. La primera vez que lo hizo, consultó a Yuuri antes, preguntándole si no se sentiría muy incómodo.
—¿Incómodo? No, más bien un poco nervioso —soltó una risita—. Tu padre siempre me ha inspirado mucho respeto, incluso miedo cuando recién lo conocí, pero las cosas ahora son muy diferentes —sonrió—. Me agrada la idea de conocer mejor a quien te dio la vida —sonrió tan bonito, que los ojos celestes de Viktor se llenaron de lágrimas.
—Eres extraordinario —le apretó las mejillas antes de besarlo—. Te amo.
—Ve a hacer lo que tienes pendiente. Los niños y yo te estaremos esperando para la cena —le dio un tierno besito.
—¿Estarán bien sin mí?
—Sólo serán unas horas, y tu padre estará con nosotros.
—De acuerdo —suspiró. No quería separarse de ellos, menos aún con lo cansado que estaba Yuuri, ninguno de los dos había logrado dormir mucho desde que Yarine nació.
Esa tarde Dimitri llegó listo para cuidar de su familia, sí, de un tiempo para acá admitía desde lo más profundo de su corazón que ellos cuatro eran su familia, incluyendo a Yuuri.
El ruso preparó la comida y no dejó que Yuuri hiciera mucho. Éste lo miraba discretamente y con detenimiento, ¡Y es que era idéntico a Viktor! Además, aparentaba muchos años menos de los que realmente tenía, incluso podría decir que Dimitri pasaba por un hermano –mucho mayor- de Viktor.
La única diferencia entre padre e hijo, era la seriedad de Dimitri. Quizás habían sido los golpes de la vida los que lo orillaron a tomar ese carácter tan fuerte y serio.
Mientras Dimitri cocinaba, Yuuri estaba sentado en la barra, cargando a su hija mientras vigilaba a Alexei desde lejos.
—¿Te puedo hacer una pregunta? —inquirió de pronto el mayor con su voz grave.
Yuuri asintió.
—¿Cómo hiciste para perdonarme tan fácilmente? —dejó la sartén sobre la estufa y lo miró de frente a través de sus cristalinos anteojos—. Es decir… mi hijo no lo hizo en años, y tú lo hiciste de pronto.
Esa pregunta lo tomó desprevenido.
—Bueno… —lo pensó unos momentos—. La verdad es que la situación que viví con Viktor me hizo madurar y aprender muchas cosas. Desde entonces he visto la vida desde una perspectiva diferente, ahora soy consciente de que es mejor olvidarse de rencores y dejar todo fluir.
Ambos se miraron en silencio, Dimitri con su seriedad, cruzado de brazos junto a la estufa. Estaba muy pensativo.
—Me perdí de tanto por estar guardando rencor… —prosiguió—. Perdí tiempo de mi vida que jamás voy a recuperar, momentos que quizás hubieran sido memorables. Aún hoy en día me levanto en las mañanas y pienso en ello —miró el piso, estaba confesando algo que no le había dicho ni siquiera a Viktor—. Pienso en… —suspiró por los amargos recuerdos—… que estuve a punto de perder al amor de mi vida, que Viktor y yo pudimos habernos casado desde hace muchos años atrás —sonrió con algo de tristeza que se borró de inmediato—. Pero gracias a que él fue persistente y nunca se rindió, es que ahora tenemos la vida que tanto anhelábamos. Viktor decidió cambiar, olvidar el rencor y buscarme. A final de cuentas ambos lo hicimos, pero debo reconocer que, si él no hubiese comenzado, quizás no estaríamos aquí ahora.
Dimitri no se atrevió a mirarlo a los ojos, no al recordar que él era el mayor culpable en aquella situación que la pareja vivió.
—Con su amor y persistencia, Viktor consiguió lo que tanto queríamos ambos —sonrió como un bobo enamorado—. Por eso y más… ¿Cómo no le iba a dar un hijo? —sonrió aún más al ver a su pequeña en brazos, a ese pequeñito milagro—. Viktor ya lo perdonó —aseguró, mirándolo a esos ojos tan azules.
—¿Lo hizo en serio?
—Lo hizo.
—Pero…
—Aún tienen que buscar la manera de sanar por completo su relación, eso llevará tiempo, pero afortunadamente ya dieron el paso más difícil —sonrió—. Siga los pasos que dio Viktor, y estoy seguro de que le llegará al corazón de nuevo.
Dimitri se conmovió.
—Gracias —no pudo decir más, el nudo en su garganta no se lo permitía.
—Y usted… ¿Cómo es que cambió de pronto? —se atrevió a preguntar.
—La vida es muy corta —fue lo único que dijo por largo rato, siguió cocinando hasta que decidió proseguir—. También… un amigo me ayudó a darme cuenta de ciertas cosas, estaba juzgando algo que también tenía en mi vida.
Yuuri se desconcertó un poco, iba a preguntarle al respecto, pero Yarine los interrumpió, comenzó a llorar, seguramente exigiendo un cambio de pañal. Dimitri apagó la estufa luego de ver que la comida estuviera lista, tomó a su nieta de brazos de Yuuri y se la llevó para cambiarle el pañal. Yuuri lo instruyó en todo momento, pues necesitaba saber cómo hacerlo bien para cuando la nena se quedara con él.
—Lo hace muy bien —se asombró.
—Ni siquiera pensé que recordaría cómo hacerlo —fue sincero—. Han pasado treinta años desde la última vez que cambié pañales —rio al ver la sonrisita de su nieta. Dimitri realmente estaba embobado con esa bebé preciosa que le había robado el corazón.
Esa noche Viktor volvió a casa. Había sido la primera vez que dejó solo a su esposo con su padre. Mentiría si dijera que no estaba nervioso, vaya que lo estaba. Tenía miedo del resultado de esa tarde juntos.
Pero cuando entró al departamento sintió una dicha inmensa al toparse a su padre y a su esposo tomando té cómodamente en la sala, los dos charlaban como si se conocieran de toda la vida. Viktor estaba sorprendido, pues había escuchado a Yuuri hablar en ruso más que en inglés, y por lo que había alcanzado a escuchar, su padre le estaba ayudando con la pronunciación de ciertas palabras.
—Hey, hola —dejó las llaves en la mesa del recibidor y se quitó el abrigo antes de ir con ellos—. ¿Qué hacen?
—Tu padre me da clases de ruso —rio un poco.
—No lo hace nada mal, pero tiene que practicarlo más.
Viktor sonrió.
—Ahora le hablaré sólo en ruso —rio un poco al ver la mueca desalentadora de su amado. Pues los dos se comunicaban siempre en inglés.
Fue el turno de Dimitri para reír. Los otros dos ahí presentes lo miraron con sorpresa, Yuuri jamás lo había escuchado reír así de relajado, y Viktor… bueno, no lo escuchaba desde que era sólo un niño y veía cómo su padre era tan juguetón con su familia.
—No seas tan cruel con él —puso una mano sobre el hombro de su hijo—. Que cuando vayan a Japón te hará lo mismo.
Fue el turno de Viktor para reír.
—¡Siempre lo hace! —lo apuntó con un dedo acusador.
Yuuri sólo asintió sin culpabilidad, riendo igualmente.
Dimitri suspiró antes de reír un poco más. De pronto recibió un mensaje de texto y sonrió de una manera muy linda al leerlo.
—Me voy a casa —se despidió de ambos con un gesto de la mano antes de tomar su abrigo y llaves.
—Gracias por todo —dijo Yuuri.
—Gracias por cuidar de ellos.
—No es nada, en serio —los miró a ambos y sonrió—. Espero verlos pronto.
—¡Ven a cenar mañana! —sugirió Viktor precipitadamente, sin embargo, Yuuri estuvo de acuerdo por completo.
—Me encantaría —los miró con una sonrisa suave y serena—. ¿Puedo… —fue interrumpido.
—Trae a Andrew, él también es bienvenido.
—Lo haré —se dio media vuelta y se fue. Internamente se cuestionaba por qué dedicó tanto tiempo de su vida a tratar de separarlos. Viktor y Yuuri tenían un matrimonio más estable que miles de parejas heterosexuales. Cada vez que miraba cómo era su relación diaria, no podía evitar pensar en Yarine y él. Cuánto extrañaba a su amada esposa.
—Que silencio hay en casa… —murmuró Viktor en voz bajita.
—Tu padre logró que Alexei durmiera temprano, y Yarine se quedó dormida después de cenar.
—Aún es temprano —miró su reloj de muñeca y acarició las puntas del cabello negro de Yuuri, jugueteando un poco con él. Lo hacía de manera traviesa y pícara—. ¿Y si tomamos un baño juntos?
Yuuri se tensó por completo.
—¿No tienes hambre? Tu padre hizo la cena.
Viktor negó con la cabeza y se acercó lentamente a él, invadiendo mucho su espacio personal y poniéndolo inusualmente nervioso.
—Vitya… —le temblaron las rodillas cuando sintió sus suaves labios sobre la piel de su cuello.
—¿hm?
—Amor, no.
El aludido suspiró cansado.
—¿Por qué no?
—No me siento listo.
Estaba demasiado cohibido, eso desconcertó a Viktor.
—¿Y por qué no?
—Dame tiempo —se sonrojó. La verdad era que se sentía horrible.
—Está bien, pero del baño no te escapas —besó su mejilla—. Vamos.
—¡Viktor! —se quejó.
Finalmente lo convenció, sin embargo, Yuuri no dejó que lo viera desnudo.
La bañera se estaba llenando, ambos estaban a un lado de ella y Viktor trataba de convencer a su esposo de que se quitara la ropa, pero Yuuri no daba su brazo a torcer.
Afortunadamente Yarine comenzó a llorar y Viktor salió corriendo a verla. Para cuándo regresó al baño, su esposo ya estaba dentro de la tina con las rodillas pegadas al pecho y sus brazos rodeándolas, por un momento sintió ver al Yuuri de veinticuatro años, tímido y tomando un baño en el onsen de su casa.
Yuuri se emocionó al ver que traía a su hija en brazos.
—Yo la cargaré —extendió sus brazos desde el interior de la bañera. Viktor le quitó la ropita y se la entregó a su esposo. La nena veía todo a su alrededor con mucha curiosidad. Yuuri la recibió entre sus brazos con un infinito cariño, mojó todo su cuerpecito con el agua tibia y la vio reír.
Viktor no se quitó la ropa, se sentó fuera de la bañera y cuidó de sus dos amores.
Luego de un rato de disfrutar del baño, Yuuri abrazó a Yarine contra su pecho. No se resistía las ganas de apachurrarla y hacerle muchos cariños, pues era irresistiblemente hermosa.
Lo que nunca se esperaron, fue que la nena girara el rostro hacia el pecho de su padre, y al encontrar uno de sus pezones…
—¡AH! —soltó un gritillo por el susto y la impresión de sentirla succionando con fuerza. Viktor lo vio y se echó a reír con ganas al notar el ceño fruncido de su hija al no conseguir sacar nada de ahí—. ¡No te burles! —le salpicó agua con una mano, riendo también.
La vida de padres era muy agotadora, en especial teniendo a un pequeño de dos años y a una recién nacida, ambos ocupaban todo su tiempo y atención. Viktor y Yuuri casi no dormían, Yarine se despertaba cada tres o cuatro horas exigiendo alimento o cambio de pañal. Los dos se turnaban para ir a atenderla, aunque la mayoría de las veces era Viktor quien se levantaba de inmediato al notar que su esposo no se despertaba tan fácil, y lo entendía, seguía recuperándose.
—Estoy muy cansado —se tiró bocabajo en la cama, a un lado de su esposo.
—¿Quieres un masaje? —no esperó una respuesta. Yuuri se sentó sobre el trasero de su amado y comenzó a darle un delicioso masaje en la espalda.
—Oh... gracias mi amor —suspiró contra el colchón, muy pronto se relajó, se quedó dormido sólo unos minutos. En esos momentos no se dio cuenta de que su hijo mayor entró al cuarto y brincó a la cama. Yuuri lo había regañado con suavidad.
—Cariño, papi está dormido, no hagamos ruido ¿Si?
El nene asintió, y en silencio se acostó a un lado de su padre, rostro con rostro.
—Papi —le picó una mejilla con su dedito—. Paaaapi.
—¡Lyosha! ¿En qué habíamos quedado? —lo regañó en voz baja, pero muy tarde, Viktor ya había abierto sus ojos celestes.
El ruso esbozó una preciosa sonrisa cuando su primera visión al despertar fue su amado hijo.
—Me dijo papi —murmuró medio dormido aún.
—Sí, lo hizo —sonrió, pues normalmente Alexei se refería a él como "Papi" y a Viktor como "Papá" o incluso a veces como "Itya", pues escuchaba que Yuuri así le decía, y el pequeño imitaba a Yuuri en todo.
—Papi.
—¿Qué pasó cariño? —le acarició la mejilla, sin moverse de su cómodo lugar en la cama.
—Ugar.
—Papi está descansando Alexei, pueden jugar más tarde.
—¡Quelo ugar! —hizo un tierno puchero al que ninguno de los dos pudo resistirse.
—Yo jugaré contigo —se ofreció el japonés, sin detener el masaje.
—¡No! ¡Quelo a papi itya!
El corazón del ruso se llenó de dicha, y como un resorte se levantó de la cama. El cansancio se había esfumado de su ser. Pocas veces Alexei tenía esa preferencia hacia él, así que no iba a desperdiciar la oportunidad de ser el "preferido".
Yuuri suspiró con una sonrisa y mientras su esposo e hijo jugaban en la sala, se metió a la cocina a hacer la cena antes de que su hija despertara. Se sentía muy extraño, poco a poco le estaban retirando las hormonas que se administraba a diario desde hace casi un año, y eso lo hacía sentir extraño, sólo quería volver a ser el mismo Yuuri de antes. Estaba feliz por dejar de tomar esas cosas.
Quizás una vez dejando por completo las hormonas se animaba a tener sexo con su esposo. Y es que no era que le faltaran ganas, no, más bien se sentía realmente avergonzado por su físico, su piel quedó demasiado flácida, llena de marcas y… no se sentía sexy, en lo absoluto. Estaba casi seguro de que, si Viktor lo veía así, se le irían las ganas por completo.
En muchas ocasiones Viktor intentó acariciarlo por debajo de la ropa, pero Yuuri no se lo permitía, estaba muy cohibido. El ruso respetaba su espacio y dejaba de insistir por unos días, hasta que volvía a probar suerte, aunque el resultado terminaba siendo el mismo.
Una de esas noches, Viktor no aguantó más, sentía que explotaría si no tenía intimidad con su esposo, lo extrañaba demasiado.
—Pero amor… estás perfecto así —murmuró en su oído, deseoso de poder hacer el amor con él, ya habían pasado dos meses del nacimiento de su bebé.
—No, Viktor… —se removió para zafarse de agarre—… no me siento cómodo, por favor —estaba demasiado cohibido.
El ruso suspiró pesadamente, se sentía un poco frustrado, quería y necesitaba hacer el amor con su esposo, pero al parecer sería imposible. Tuvo que entenderlo, tenía relativamente poco de dar a luz, estaba aún recuperándose y además los cambios en su cuerpo lo traían loco, pues estaba dejando de tomar las hormonas.
—Está bien —besó su hombro y se alejó.
Ambos se quedaron en un silencio incómodo, sentados cada uno en un extremo de la cama, mirando el piso. Hasta que el timbre del departamento sonó.
—Yo abriré —murmuró Viktor sin muchas ganas. Yuuri asintió y se quedó en su lugar.
Cuando abrió la puerta se topó con una pelirroja despeinada y agitada.
—Irina ¿Estás bien? ¿Te sientes bien? —se espantó.
—Sí —se talló los ojos, había estado llorando.
Viktor de inmediato la pasó a la sala y la sentó en un sillón. Su embarazo era ya avanzado, en cualquier momento daría a luz.
—¿Qué sucede? Dime, me estás asustando.
—No me hagas caso —se limpió las lágrimas—. Lloro por una estupidez. Stèphane está de guardia esta noche, prometió volver temprano a casa y traerme helado, pero… —sollozó—. Sigue en cirugía.
—¿Qué está pasando? —se asustó Yuuri al salir del cuarto y verla tan afligida. Viktor la consolaba acariciando su espalda con suaves palmaditas.
—Está sensible —respondió el ruso.
—¡No lo estoy! —lo miró amenazadoramente.
—¿Tienes hambre? Tenemos helado en la nevera —ofreció el japonés inteligentemente.
Los ojos de Irina brillaron.
—Gracias —fue lo único que dijo antes de que Yuuri se dirigiera a la cocina por el helado. Cuando volvió con él, ella se lo agradeció mucho y le contó lo que sucedió con su esposo.
—Ya veo, y no puedes dormir sin él ¿Verdad?
—No puedo.
—¿Por qué no te quedas con nosotros hasta que vuelva de su guardia? —sugirió el japonés. Viktor lo miró con cara fea, pues su plan había sido seguir insistiendo en acostarse con su esposo.
—¿No sería mucha molestia?
—Para nada —le sonrió con verdadero cariño—. Podríamos ver una película o simplemente charlar.
—Gracias —sonrió hermosamente antes de abrazarlo. Irina en verdad lo quería demasiado, no entendía cómo el atolondrado de su ex esposo se había conseguido a un hombre tan bueno y sensible como Yuuri.
Los tres se sentaron en la sala y miraron películas mientras comían helado. Irina estaba sentada en medio de los dos, y para cuando la película llegó a la mitad, la pobre comenzó a cabecear.
Viktor se asombró sobremanera cuando Yuuri evitó que siguiera cabeceando y la atrajo a su hombro. Así Irina cayó profundamente dormida, cuando se dieron cuenta de esto, ambos se miraron e hicieron un mutuo acuerdo en silencio. Viktor se levantó y la tomó con sumo cuidado entre sus brazos, con algo de dificultad por lo mucho que pesaba, la llevó hasta su habitación y la recostó en la cama.
Viktor y Yuuri la miraron unos momentos en silencio, ella era adorablemente hermosa.
—Quédate con ella, iré a dormir al sillón —ofreció Viktor en voz bajita antes de besar la mejilla de su esposo.
—¿Estás seguro?
—Sí, no creo que le agrade despertar y encontrarme en la misma cama. Y… bueno, creo que a ti tampoco te agradaría.
Yuuri parpadeó sorprendido, pues por unos momentos había olvidado la relación que esos dos habían compartido en el pasado. Irina era una amiga tan querida por él, que eso había pasado a segundo plano.
El ruso se quedó ahí hasta que Yuuri se metió a la cama, lo arropó como si fuera uno de sus hijos y le dio un tierno beso de las buenas noches en la frente.
—Te amo —le dijo Yuuri antes de atraerlo a un beso de verdad en los labios. El corazón de Viktor se aceleró con ese simple gesto.
—Te amo mi amor —respondió luego del beso—. Descansa —se alejó un poco y notó cómo Irina buscaba algo bajo las sábanas, detuvo su búsqueda hasta que abrazó a Yuuri como almohada, el japonés la dejó hacerlo—. Me voy a poner celoso —lo dijo una parte en broma y otra en serio.
—¿De tu ex esposa?
—De quien sea que te abrace así —murmuró en voz bajita, lo decía muy enserio—. ¿Podrás dormir? —preguntó Viktor la ver cómo ella lo abrazaba.
—Ella hizo lo mismo por mí cuando lo necesité —se dejó abrazar—. Es lo mínimo que puedo hacer.
—Bien, sólo no dejes que te toque mucho, ella es algo… —frunció el ceño al ver que Irina entre sueños posaba su mano sobre el pecho de su amado—…manolarga.
Yuuri rio dulcemente.
—Estás celoso.
—Sí —refunfuñó—. Hasta mañana —se dio media vuelta y se fue.
Días después les avisaron que Irina estaba a punto de dar a luz, felices fueron al hospital con todo y niños, ahí conocieron al bebé de Irina: un niño pelirrojo de ojos azules tan hermoso como su madre. Nació sin complicaciones, por parto natural y muy sano.
Cuando Viktor miró al bebé no pudo evitar preguntarse cómo habría sido ese hijo de Irina y de él que no llegó a la vida, fue un pensamiento efímero que se opacó de inmediato al ver a su preciosa familia, apretó a su pequeña bebé entre sus brazos y vio a su esposo con su hijo de la mano. Los amaba jodidamente mucho, sin ellos él no sería nada.
—Tiene tu color de cabello —notó Yuuri al mirar al bebé en brazos de Irina.
—Pero afortunadamente no lo tiene rizado como yo —rio, un poco cansada por el esfuerzo hecho recientemente—. Sacó el cabello de su padre —acarició su poco cabello liso y pelirrojo.
Yarine dormía muy tranquilamente en brazos de Viktor, mientras Alexei estiraba su cuellito para alcanzar a ver al bebé. Tenía mucha curiosidad, Yuuri lo notó y lo tomó en brazos para acercarlo al bebé.
—Mira Alexei —murmuró Irina con cariño—. Él es tu primo Daniel.
Stèphane lo tomó en brazos y lo acercó a Alexei. Los ojitos del niño brillaron. No se resistió y le picó una mejilla al nene, muy despacito.
—¿Y si terminamos emparentando? —dijo de pronto Irina—. Harían bonita pareja —miró a su hijo y a Yarine.
—No.
—Viktor —Yuuri se rio por la manera tan tajante en que lo dijo.
—No, definitivamente no.
Fue el turno de Stèphane para reír, obviamente Viktor sería un padre celoso.
—¿Por qué no? Harían una pareja muy linda —se defendió la pelirroja.
—Daniel es más joven que mi bebé.
—¡Sólo son un par de meses de diferencia!
—Aun así, no.
—Viktor —ahora Yuuri rio, a él no le parecía tan mala idea, claro que apenas eran unos bebés, pero sería lindo emparentar con ellos.
—Ya sé que mi pequeña es tan hermosa que la quieres de nuera, pero no. Ella es mía, es mi princesa.
Yuuri carraspeó.
—Y de Yuuri —agregó.
—Sabía que serías un papá celoso, viejo, pero nunca creí que tanto.
Todos miraron a los recién llegados, Yurio y Otabek veían juntos (Como siempre) para conocer al bebé.
—¿Y ustedes para cuándo? —preguntó Viktor con la intención de molestar a Yurio.
—No lo sé, quizás pronto —respondió Yuri, Viktor no se esperó aquello, casi se atragantó con su propio oxígeno. No, Yuri aún era muy joven para eso. Se retractaba de sus palabras, no, no, no.
Otabek ni se inmutó, pues sabía que su amado lo decía sólo para molestar a su "hermano mayor". Aunque muy dentro de sí sintió cierta emoción al escucharlo decir aquello.
—¿Entonces por qué no quieres que emparentemos? —inquirió Irina de nuevo.
—No, porque es mi princesa y no se la voy a entregar a nadie.
Yuuri se aguantó una risilla, era la primera vez en la vida que lo veía tan celoso por alguien que no fuese él. Era muy hermoso ver cómo amaba a su hija.
Un par de semanas después, los Nikiforov tuvieron un día muy agitado en casa, Yarine tuvo algo de fiebre y vómito, la llevaron al médico y pasaron todo el día cuidándola. Los dos tenían unas feas bolsas bajo sus ojos, sus ropas no combinaban en lo absoluto y tenían vómito de bebé en la ropa. En otras ocasiones le pedían ayuda a Irina, pero ahora ella se hacía cargo de su propio bebé.
—Dios, estoy exhausto —se tiró bocarriba en el sillón más amplio, vio que Yuuri también llegó a la sala arrastrando los pies, cansado.
—Yo también —miró los otros dos sillones libres, sin embargo ninguno le pareció tan cómodo como el cuerpo de su esposo.
Yuuri caminó hacia ese sillón ocupado y se acostó bocabajo sobre Viktor. Éste soltó un quejido al sentir todo el peso encima.
—No te quejes, no peso tanto —se ofendió el japonés, medio en broma, medio en serio.
—No, de hecho no pesas tanto —lo acarició por encima de la ropa para no hacerlo enojar—. Amor, has adelgazado.
Yuuri se sintió feliz, ¡Lo había notado!
No le dijo nada, sólo se acurrucó mejor sobre él y cerró los ojos unos momentos. Necesitaba dormir con urgencia, pero las manos traviesas de Viktor intentando meterse bajo su ropa lo pusieron alerta.
—Amor ¿Qué haces?
—Te quiero acariciar, Yuuri, por favor —casi suplicó.
El japonés no pudo negárselo, asintió, escondió el rosto en su cuello y sintió su cara arder cuando Viktor acarició su vientre con estrías.
—No, mejor no —se separó de inmediato.
—Yuuri —lo miró con tristeza—. ¿Crees que eso me molesta? —tomó su mano y la besó con un cariño inmenso—. Déjame acariciarte, sólo un poco.
—Está bien —suspiró y sonrió.
Viktor comenzó a besar su cuello, contenía sus inmensas ganas de arrastrarlo a la cama y hacerlo suyo. Fue a paso lento, besó su cuello, bajó a su clavícula y acarició su cintura por debajo de la ropa. Bajó sus manos hasta su trasero, apretándolo con ganas.
Yuuri terminó sentado sobre el regazo de su esposo, fue ahí cuando sintió un bulto entre las piernas de Viktor.
—¡Vitya! —se asombró ¿Ya tan rápido tenía esa erección?
—Te necesito —fue lo único que dijo antes de comérselo a besos apasionados que les terminaron robando el aliento a ambos. Yuuri comenzó a menear sus caderas de atrás hacia delante sobre la erección de su esposo. Viktor palmeó su trasero sin delicadeza, se había contenido tanto que le costaba no ser algo brusco.
—Papi…
Ambos se quedaron congelados unos segundos antes de mirar hacia un lado.
—¡Papi! —sollozó y corrió hacia sus padres, con sus pequeños puños le pegó a Viktor en las piernas para que dejara a su papi en paz.
—Alexei… —se preocupó el ruso. De inmediato todo calor y pasión abandonaron su cuerpo.
—¡No pegar! ¡No pegues a papi! —tenía lágrimas en sus ojitos.
—Oh no —Yuuri se movió de su lugar y se arrodilló junto a su hijo para abrazarlo—. Cariño, estoy bien, papá no me hizo nada malo.
—Papá malo, papá pegó a papi —se talló sus ojitos con fuerza, las lágrimas no lo dejaban ver.
Viktor se pasó una mano por el rostro y el cabello, pálido, no fue bueno que su hijo viera eso.
—Hey, cariño —Yuuri obtuvo toda su atención—. Escúchame bien, papá no me hizo nada malo ¿Si? Sólo estábamos jugando, son juegos que sólo pueden hacer los papis.
—¿Ugando?
—Sí.
El ruso no se atrevía a decir nada, incluso estaba cruzado de brazos, con una mano sobre su boca. Sintió pánico ¿Y si su hijo lo terminaba odiando?
Yuuri miró a su esposo, era hora de que dijera algo.
—Lyosha —se arrodilló junto a su esposo y extendió sus brazos hacia su hijo, pero éste se refugió en los brazos de Yuuri. El japonés rio un poco.
—Oh mi amor, no hagas eso, ve y abraza a papá —le dio un beso en la cabeza y el nene obedeció.
—¿Ya no pegar a papi?
—No, nunca —lo abrazó con fuerza.
Esa noche los dos juntos arrullaron y arroparon a su hijo antes de ir a la cama.
—Tendremos que dejar esos momentos exclusivamente para nuestra habitación —sugirió el japonés.
—Bajo llave. No quiero traumatizar a nuestros hijos —el pobre seguía pálido.
Se tumbaron sobre el colchón y comenzaron a hacerse tiernos arrumacos sin tintes de lujuria.
—Amor, tienes algo en el cabello —extendió la mano hacia ese cabello negro tan bonito y quitó algo—. Es… oh por Dios, es vómito —corrió al baño a lavarse las manos y Yuuri casi gritando lo siguió sólo para meterse a la ducha y lavarse el cabello. Una vez frente al tocador, Viktor se dio cuenta de que él también tenía en su cabello. Hizo lo mismo que Yuuri y se metió con él a la regadera, con todo y ropa. Ambos terminaron riéndose con ganas, se tallaron el cabello y se secaron mutuamente. Viktor le dio privacidad a su esposo y salió del baño.
Una vez limpios, secos y oliendo rico, se acostaron en la cama y soltaron un inmenso suspiro de satisfacción al hacerlo.
—¿Ya somos tan viejos? —murmuró Viktor entre risitas después de haber escuchado el largo suspiro que ambos soltaron al acostarse.
—Yo no, tú sí.
—¡Hey! —se giró sobre su costado y le jaló una mejilla como castigo. Yuuri sólo siguió riéndose.
Ambos se miraban mutuamente, en silencio, sólo acariciando sus rostros y sus cuerpos. Viktor pasó una pierna por encima de Yuuri y éste lo rodeó con sus brazos para jugar con su cabello. Pero entonces Viktor recordó algo.
—Mi vida ¿qué día es hoy?
Yuuri sonrió al escuchar cómo lo llamó.
—Uhm… ¿19 de mayo?
—¡19 de mayo!
—Oh…
—Feliz aniversario —rozó su nariz con la del japonés en un tierno gesto.
—Feliz segundo año de casados —besó sus labios.
—Todo el día tuve la sensación de que olvidaba algo, pero no supe qué era hasta ahora —rio—. Dios mío ¿Cómo pudimos olvídalo?
—Vitya, tenemos dos hijos.
—Buen punto.
—Hay que celebrarlo —sugirió Yuuri, tenía ganas de reanudar lo que hacían en la sala. Viktor se emocionó mucho al entender la sugerencia.
Reanudaron los besos y las caricias con hambre atrasada. Pero luego de un rato los dos terminaron profundamente dormidos, estaban exhaustos y acabaron uno encima del otro en poses muy chistosas, roncando y tirando baba. No se despertaron sino hasta dentro de varias horas por el llanto de su bebé.
—Ve tú —murmuró Yuuri con su rostro aplastado contra su muy suave y cómoda almohada. A decir verdad nunca se le había hecho tan cómoda.
—No, es tu turno.
—Nikiforov —murmuro roncamente.
—Katsudon.
—Hey —se quejó, pero no salió de la cama. Yarine seguía llorando—. Viktor, ve.
—De acuerdo, pero quita tu cabeza de mi trasero.
—Oh —abrió los ojos y parpadeó confundido. Esa no era su almohada—. Lo siento —se hizo a un lado y se acostó como debía.
Viktor se levantó y fue a calmar a su princesa, Yuuri no supo cuánto tiempo pasó, pero cuando su esposo volvió lo escuchó lejanamente decir:
—Su peluche favorito se cayó de su cuna, pero afortunadamente no despertó a Lyosha—murmuró antes de meterse a la cama de nuevo—. ¿Qué ocurre? —preguntó cuando sintió que Yuuri, aún dormido, buscaba su trasero para recostarse de nuevo sobre él. Viktor aguantó la risa—. No me hago responsable de ciertas consecuencias —advirtió con voz divertida antes de dormirse al fin.
Así eran últimamente los días del matrimonio Nikiforov, cualquiera ya se habría vuelto loco, pero ellos no, no cuando podían tomarse vacaciones indefinidas de su trabajo sin preocuparse por nada más que cuidar de sus bebés. Pero no todo era miel sobre hojuelas, los dos estaban en verdad muy cansados, y el hecho de estar dentro del departamento 24/7 los fastidiaba un poco.
Cuando Yuuri estuvo completamente recuperado de la cirugía, Viktor comenzó a ir a trabajar, lo necesitaban en el centro de patinaje, aún tenía que poner en orden muchos asuntos para que funcionara al 100%.
Pero sólo iba en las mañanas y regresaba al mediodía a ayudar a su esposo con sus nenes. Algunos días tenía que quedarse hasta más tarde, era cuando llegaba justo a la hora del baño, amaba esos momentos. Yuuri y él se metían a la tina, cada uno con uno de sus bebés en brazos. Muy apenas cabían los cuatro, pero lo hacían.
Era la hora favorita de toda la familia, los nenes amaban el agua y sus padres estaban encantados de ver cuánto la disfrutaban.
En cuanto a Yuuri, ya se dejaba ver desnudo frente a su esposo, pero se cubría todo lo posible, no dejaba que lo mirara mucho, sin embargo poco a poco iba perdiendo esa vergüenza. El avance era muy lento, pero lo iba logrando. Viktor se entusiasmaba al ver que poco a poco iba doblando las manos, si seguía así, ¡Tendría buen sexo con su esposo en poco tiempo!
—Yuuri, llegaremos tarde.
—Lo sé, lo sé —buscaba desesperado su ropa. Su closet era un caos total, la ropa de Viktor y de él estaba por completo revuelta.
Ese día Yuuri tenía su última consulta con la doctora Kubo. Al fin había dejado de tomar todo tipo de hormonas y se sentía mejor que nunca.
—Iré a abrir —dijo Viktor con Alexei en brazos al escuchar que tocaban la puerta principal.
—Hey —saludaron Yuri y Otabek. Los ojos del bebé se abrieron mucho más de lo normal al verlos, después de sus padres, esos dos eran sus personas favoritas.
Alexei estiró los brazos hacia ellos. Otabek lo tomó en brazos y Yurio le pellizcó una mejilla suavemente.
—Hola bodoque.
—Gracias por venir a cuidar de ellos —sonrió Viktor.
—¿Cómo está el cerdo?
—Muy bien, estaba muy ansioso por el día de hoy.
—Me imagino —se acercó a ese puff gigante especial para bebés y tomó en brazos a su sobrina.
Viktor se fue a la cocina para dejar la comida de su princesa lista antes de irse. No tardarían mucho en la consulta, pero saliendo del consultorio de la doctora tenían planeado ir a cenar juntos a un lindo lugar para celebrar, además, necesitaban un tiempo a solas, libres de bebés. Eran afortunados, pues Otabek y Yurio se ofrecieron a cuidar de sus sobrinos, iban a aprovecharlo al máximo.
—Hey, la pequeña katsudon está llorando —Yurio se puso nervioso.
—¿Pequeña katsudon? —Viktor se echó a reír, era muy gracioso.
—Creo que ensució su pañal —hizo una cara de verdadero asco mientras se la extendía a su padre. Viktor la tomó en brazos y confirmó lo que el rubio dijo.
—¿Puedes traerme su pañalera?
—Sí ¿Dónde está?
—En mi habitación.
El rubio fue hacia allá, entró sin tocar y…
—¡Yurio!
El aludido se quedó congelado bajo el umbral de la puerta. Yuuri terminó de vestirse bajo la fija mirada de Yuri en su vientre.
—Demonios Yuuri —estaba espantado y asombrado. Su cicatriz era impactante, y sus marcas también.
Esas simples palabras y su expresión pálida lo hicieron sentir muy incómodo.
—Toca antes de entrar —murmuró el japonés aún apenado.
—¡Lo siento! —se sonrojó por la vergüenza. Ambos se sintieron incómodos—. Vine por la pañalera.
—Toma —se la lanzó y regresó a su armario para buscar un suéter.
—¿Qué pasó? —preguntó Otabek al ver regresar a su novio algo extraño.
—Nada.
—Estás en perfecto estado, te has recuperado muy bien —lo felicitó la doctora Kubo al revisarlo una última ocasión.
La pareja sintió un gran alivio.
—¿Habrá manera de quitar las cicatrices?
—Tendríamos que intervenirte quirúrgicamente y aun así quedaría una ligera marca —lo miró con algo de tristeza.
—Entiendo —suspiró.
Viktor se abstuvo de decirle por enésima vez que eso no importaba, sólo lo tomó de la mano y le dio un cálido apretón, Yuuri le regresó el gesto con una linda sonrisa.
—Pero podría recetarte algunas cremas que a largo plazo difuminarán naturalmente las marcas, por lo menos las hará menos notables.
Yuuri se emocionó, ajeno a la culpa que su esposo sentía, pues si tenía esas marcas en su cuerpo era por su total culpa.
—¿Y bien? ¿Cuándo vendrán por el próximo?
Los dos se echaron a reír con ganas.
—No, gracias —dijo Yuuri muy seguro—. O al menos no por ahora.
—No volvería a poner a Yuuri bajo el mismo riesgo dos veces —lo miró suavemente mientras apretaba de nuevo su mano.
La doctora Kubo suspiró, entendiendo sus motivos.
—La ciencia avanza día tras día, en unos años será mucho menos riesgoso que ahora, se los aseguro.
—Ya veremos… —respondió Viktor, considerándolo.
—Por lo pronto, Yuuri, tengo que felicitarte.
—¿Por qué? —se asombró.
—Bajaste más kilos de lo esperado, es sorprendente.
—No ha comido nada más que vegetales casi desde que nació nuestra hija —suspiró.
—Pero ha funcionado —le reclamó Yuuri.
—Yo quiero a mi Yuuri gordito —hizo puchero.
—¡Viktor!
La doctora se echó a reír de nuevo, le agradaba demasiado esa pareja.
Luego de la consulta se fueron a comer a uno de sus restaurantes favoritos, Yuuri comió todo lo que le dio la gana, y Viktor estaba feliz porque se lo merecía a pulso. Incluso pidieron doble postre y salieron muy felices y llenos de ese restaurante.
—Vitya, sentémonos en esa banca —apuntó una del parque que estaba cruzando la calle—. Voy a reventar.
—Yo también. Yuuri, ruédame —dramatizó y el menor se rio con ganas.
—Tendremos que rodar juntos.
Entre risas y chistes malos llegaron al parque y soltaron un suspiro de ancianos al sentarse en la banca.
—Hace un día hermoso.
—Está un poco frío —Yuuri se abrazó a sí mismo, Viktor lo observó y soltó una risita muy linda antes de quitarse su abrigo ligero y ponérselo encima.
—Todos estos años viviendo en Rusia y no te acostumbras aún —además de darle su ropa, lo abrazó para brindarle calor, Yuuri se lo agradeció con un besito en la mejilla.
—Me encanta el frío, pero todavía no me acostumbro a que no haga calor en todo el año.
—¿Extrañas Japón?
Yuuri lo pensó unos momentos, eso encendió una alarma en Viktor.
—No te voy a mentir, sí, extraño un poco mi casa.
El corazoncito del ruso se apachurró un poco.
—¡Pero no me mal entiendas! Me encanta vivir aquí, porque es donde tú y nuestros hijos nacieron.
—De todas formas… —recargó su cabeza contra la de él—. Deberíamos ir pronto a Hasetsu, extraño mucho a tu madre y me muero porque conozca a Yari.
—¡Yo también! Creo que las videollamadas con ellos no son suficientes.
—Nunca lo serán, vaya que no.
—¿Sabes qué extraño también? —dijo el japonés con una sonrisilla traviesa.
—¿Hm?
—La playa de Hasetsu en verano.
—¿En serio? —alzó una ceja, un poco desconcertado, pues según recordaba su amado no era tan fan de la playa, la arena y el sol.
—Sí, no sabes cómo extraño verte en traje de baño.
Las mejillas del ruso se tornaron rosadas mientras reía ante esa respuesta inesperada.
—Yuuri, puedo modelar para ti cuando quieras, bien lo sabes.
—Lo sé —rio. Iba a besar su mejilla, pero Viktor giró su rostro y lo convirtió en un beso en los labios muy placentero para los dos.
—Mi vida —murmuró luego de terminar el beso con uno chiquito y tierno—. ¿Eres feliz? —preguntó en serio, acariciándole la mejilla con su cálida mano.
Yuuri se asombró.
—Amor, soy muy feliz, que no te quede duda de ello —respondió con convicción.
Viktor sintió un gran alivio al escuchar eso.
—Si lo pregunto es sólo porque quiero estar seguro. Si no eres feliz con algo, sólo dímelo ¿Si?
—Lo mismo te digo —sonrió travieso antes de besarlo de nuevo.
—¿Sigues teniendo frío?
—Ya no —se acurrucó sobre su hombro, ambos miraban a la gente pasear en ese parque. Era muy agradable estar ahí sentados, con ese clima de 10° C y el Sol asomándose suavemente entre las nubes.
—Yuuri.
—¿Hm?
—Me estoy quedando dormido —murmuró con la voz algo pausada.
—Yo también —suspiró.
—Nuestros hijos absorben toda nuestra energía.
—Por completo.
—¿Te imaginaste hace cinco años que estaríamos aquí, quedándonos dormidos en esta banca porque nuestros dos hijos no nos dejan dormir?
Yuuri soltó una risita cantarina.
—Definitivamente no, en ese entonces… —lo pensó unos momentos—…yo estaba en Canadá.
—Dios, odié esos años.
—Yo también.
Ambos recordaron esa etapa de sus vidas.
—¿Aún piensas en ella? —preguntó con tacto. Yuuri se separó un poco de él para verlo a los ojos, sorprendido porque sacara el tema.
—A veces…
—¿Y en la bebé?
—También.
Viktor suspiró y lo abrazó.
—Yo también pienso a veces en el bebé que perdió Irina —su corazoncito se apachurró un poco—. ¿Pero sabes? Siento que la vida justo ahora nos está devolviendo y multiplicando todo aquello que nos quitó.
—Estábamos destinados a estar juntos a pesar de todo.
—Así es.
—Y envejeceremos juntos —acarició su mejilla y lo miró profundamente sin borrar una sonrisa suave de su rostro.
—¿Me estás imaginando anciano?
Yuuri rio.
—¿Ahora también lees mentes?
—Es uno de mis poderes.
—¿Y cuáles son los otros? —alzó una ceja, divertido.
—Pues… —se acercó a su oído y susurró muy sensualmente—…tengo el poder de levantar cierta cosa sin siquiera tocarla —lamió la oreja de Yuuri con una sensualidad que le puso los pelos de punta al japonés.
—¡Viktor! Aquí no —se escandalizó—. Estamos en la calle, a pleno día, hay niños presentes —se acaloró.
Viktor sólo rio a sus anchas.
Ese día Viktor pensó que llegando a casa dormirían a los niños y tendrían al fin una buena sesión de sexo, pero Yuuri no estuvo dispuesto, dijo que tenía sueño y… simplemente se fue a dormir.
El ruso no pudo evitar ponerse un poquito de malas. Su necesidad iba en aumento y Yuuri de pronto parecía haberse encerrado de nuevo en esa coraza que le impedía acercársele íntimamente.
Los días que le siguieron fue lo mismo, siempre había una excusa o pretexto para no tener sexo. Viktor se estaba frustrando, y aunque no quería que Yuuri se diera cuenta, éste lo percibía muy bien.
Un día amanecieron en posición de cucharas, Viktor detrás de Yuuri, rodeándolo posesivamente con sus brazos y con su erección matutina a tope contra su trasero.
Aún un poco adormilado, enterró su rostro en el cuello de Yuuri y aspiró su tierno aroma matutino mientras se restregaba deliberadamente contra sus nalgas. Estuvo haciéndolo por un buen rato, su bóxer le apretaba lo suficiente como para no dejar casi nada a la imaginación, incluso se apreciaba una mancha de humedad debido al líquido pre seminal.
Yuuri despertó cuando sintió la pesada respiración de su amado en el cuello, junto con ese extraño bulto restregándose contra su trasero.
—V-Viktor ¿Qué haces? —inquirió con voz ronca y con un leve gemido al final.
—Yuuri… ah… te necesito.
—Vitya… —sintió los besos en su cuello y suspiró de placer. Él también lo necesitaba urgentemente. Dejó que siguiera restregándose sin pudor contra él, se dejó acariciar y besar.
Sintió las manos de Viktor recorrer sus muslos y rozar por encima del bóxer su erección.
—Te dije que podía levantar cosas sin tocarlas —murmuró en broma contra su oído.
—Tonto —soltó una risita.
Viktor siguió acariciando hasta llegar a la playera, metió sus manos y tocó con delicadeza su vientre, sus marquitas y esa extensa cicatriz que ya no era tan dramática como hace un par de meses. Estaba explorando la zona con curiosidad y cariño, hasta que se percató de lo tenso que estaba su esposo.
—Yuuri, en verdad no impo… —fue interrumpido.
—Vitya, creo que… mejor lo dejamos aquí.
—Pero amor —llevó una mano a la entrepierna del japonés y se asombró demasiado al notar que poco a poco estaba más flácido.
Casi parecía como si hubiera apagado un interruptor.
—No me hagas esto —jadeó con tristeza contra la piel de su espalda.
—Lo siento, no puedo.
—Son sólo marcas.
—Viktor…
—De acuerdo, está bien —resopló, mostrándole por primera vez lo muy inconforme que estaba con eso, se separó y salió del cuarto dando pasos muy largos y pesados. Cuando salió, azotó la puerta sin realmente proponérselo. Sólo quería encerrarse en el baño unos momentos para aliviar su propia tensión.
Yuuri se quedó hecho bolita en la cama, sintiéndose mal y avergonzado, pero es que era algo más fuerte que él. No sólo no quería mostrarse así a Viktor, sino que no quería que lo sintiera, pues era realmente desagradable al tacto. Viktor siempre le decía que tenía una hermosa piel y que nunca se cansaría de acariciarla, pero… ¿Realmente seguiría siendo así?
Justamente ahora sus inseguridades eran más grandes y fuertes que él.
Durante los días siguientes fue lo mismo. Dormían abrazados, Viktor despertaba con una dolorosa erección en su ropa interior y salía corriendo al baño, sin embargo, la autoestimulación ya no le era de mucha ayuda, necesitaba a su esposo.
Muy pronto esa frustración sexual encontró la manera de canalizarse.
Todas las mañanas Viktor salía directo a su amada escuela de patinaje, porque eso sí, ya había abierto sus puertas. Se había hecho una bella ceremonia en la que Yuuri y él cortaron el listón de apertura frente a muchas cámaras de la prensa nacional e internacional. Para todos fue sumamente adorable que los dos cargaran en brazos a sus hijos, esos bebés que se habían negado dar a conocer al mundo, pues siempre tapaban sus caritas cuando publicaban fotos en las redes sociales. Los fans se volvieron locos cuando se enteraron de que no sólo tenían un hijo, sino también una hermosísima bebé que extrañamente se parecía demasiado a Viktor. Todos hacían sus teorías, algunos aseguraban que habían adoptado, otros que alquilaron un vientre y Viktor dio su esperma, pero luego había otras personas que decían que la pequeña tenía mucho parecido a Yuuri también.
Mientras muchos fans se rebanaban los sesos haciendo teorías, muchos otros ofrecían lo que fuera con tal de ser alumnos de Viktor Nikiforov o de cualquier entrenador que ofrecía clases ahí, pues todos eran patinadores de élite completamente envidiables.
Y así era como recientemente alumnos y entrenadores veían a Viktor llegar muy temprano al centro de patinaje, sólo para ponerse sus patines y entrenar arduamente. Se veía enojado, nadie se atrevía a saludarlo siquiera, no hasta que canalizaba todo ese enojo y frustración en una sesión intensa de rutinas improvisadas y sumamente difíciles ante los ojos de todos los presentes. Tenía muchos errores, sí, pero los corregía con esa resistencia titánica que nadie le conocía, incluso Yakov se asombró uno de esos días que fue a visitarlos.
—¿Y a este qué le pasa? —preguntó al acercarse a la pista y ver a su antiguo pupilo tan concentrado. Lo conocía muy bien, y sabía que cuando tenía esa cara al entrenar era porque estaba pasando por algo que le robaba el sueño.
Yurio no despegó sus ojos de su compatriota al responderle a Yakov.
—No lo sabemos, lleva así varias semanas.
—¿Semanas? —se espantó—. ¿Cuánto tiempo entrena?
—Dos horas diarias sin parar, luego da sus clases.
Yakov suspiró, al menos no exageraba en las horas, sin embargo sí sentía cierta preocupación por él. Después notó que varios de los alumnos que presenciaban aquello incluso grababan esas rutinas improvisadas con sus celulares. Internamente se sintió orgulloso, Viktor había logrado ser su mejor alumno sin duda alguna.
Yuuri estaba enterado de todo ¿Cómo? Pues los tontos alumnos subían todo a internet. Los videos de Viktor patinando como loco dieron la vuelta al mundo.
El japonés se sentía frustrado porque sabía lo que sufría su amado y aun así éste intentaba ser muy bueno con él. No se merecía a Viktor.
Por eso llevaba semanas haciendo ejercicio intenso en casa ¡Recuperaría su forma! Era algo bueno en él, así como engordaba muy fácil, lograba adelgazar rápido si se lo proponía. Todas las mañanas salía antes del amanecer a correr, volvía, se bañaba y se acostaba junto a Viktor antes de que despertara. Después del desayuno y de atender a su familia, hacía más ejercicio en casa.
Con toda esa buena disciplina logró mejorar su figura bastante, eso le dio la seguridad suficiente para sorprender a su esposo una noche.
Viktor seguía con su mal humor, trataba con todas sus fuerzas no estar así, pero no podía ni consigo mismo, jamás creyó que sería tan dependiente de Yuuri, de tener sexo con él. Porque cualquiera buscaría sexo en alguien más cuando su esposo no se lo da, incluso se lo sugirieron, pero él jamás podría hacerle eso a su amado. Además, él quería tener sexo con SU esposo, sólo con él lograría saciar esa sed.
Una noche los cuatro cenaban juntos, Yuuri alimentaba a Alexei, aunque el nene ya tenía muy buena coordinación como para comer él solito en su silla. Sus padres sólo le desmenuzaban los alimentos y se los ponían en su plato, de donde el pequeño agarraba con sus manitas todo lo que quisiera comer.
Viktor alimentaba a su pequeña traviesa, quien no se quería comer la papilla de zanahoria hecha en casa, amaba esa papilla, pero se encontraba en modo traviesa y escupía cada cucharada que un impaciente Viktor le daba.
—Cariño, no, no la escupas —suspiró cansado. Se estaba desesperando.
Yarine tenía poco de que había comenzado a comer papillas, y le encantaba jugar con Viktor a no querer comérsela. Era adorable, pero en esos momentos el ruso no tenía mucha paciencia.
—Yari, no —le habló seriamente, la bebé percibió el enojo en su tono y sus ojitos se le llenaron de lágrimas antes de echarse a llorar a grito abierto.
Yuuri no dijo nada, lo miró reprobatoriamente antes de ir y tomarla en brazos. La única manera de calmarla era caminar con ella en brazos por todo el departamento.
Viktor se frotó la sien, tratando de controlarse. Alexei miraba todo con sus enormes ojos, sin dejar de comer con sus manitas. Viktor casi sintió como si con sus ojos fijos en él lo estuviera juzgando silenciosamente. Alexei tenía esa cualidad, si se te quedaba mirando de esa manera se sentía extraño.
La pareja no se dirigió la palabra mientras se encargaban de dormir y arropar a sus bebés, preguntándose internamente si sería buena idea comenzar a acoplar la tercera habitación para que sus hijos durmieran en cuartos diferentes.
Pronto se alistaron para dormir, sin embargo, Viktor estaba tan inquieto que decidió salir a dar una vuelta a la cuadra para despejar su mente, y es que veía cómo su amado estaba volviendo a su figura normal y eso le alborotaba aún más las hormonas.
—Parezco un maldito adolescente —se dijo a sí mismo.
Entonces Yuuri llevó a cabo su plan cuando se aseguró de que su esposo ya había salido de casa. Le tenía una sorpresa, sólo esperaba que le agradara, en verdad tenía miedo de que fuera lo contrario.
Comenzó a desvestirse con algo de prisa, se miró al espejo de cuerpo completo y soltó un pesado suspiro mientras se miraba con tristeza.
—En verdad espero que te guste —murmuró con un tono tiernamente triste antes de suspirar una vez más y seguir con sus planes. Se peinó todo el cabello hacia atrás y dejó sus gafas sobre el buró. Bajó la intensidad de las luces del cuarto hasta formar una atmósfera cálida y romántica.
Miró la hora y esperó con ansias a que su esposo llegara.
En cuanto a Viktor, tuvo que dar un par de vueltas a la manzana para despejarse, sin embargo no fue suficiente, estaba desesperado.
Cuando entró a su hogar se encontró todo a oscuras. Sin ganas de ir a su habitación, fue hacia la cocina en busca de algo qué comer, recién había cenado, pero tenía ganas de comer alguna chuchería. Sacó un galón de helado y tomó una cuchara grande para comer en la cocina, directo del envase, o ese fue su plan hasta que vio de qué sabor era la nieve.
—Demonios —masculló entre dientes. Se puso de un peor humor al ver que era de fresa.
Con el ceño fruncido y el antojo a flor de piel, no le dio más importancia y comenzó a comérselo como si nada.
Una vez saciada su hambre, fue a la sala a ver un poco de televisión, ajeno a la gran sorpresa que lo esperaba en su cama. La "gran sorpresa" se aguantaba el sueño con todas sus fuerzas.
Viktor no quería entrar a su cuarto, ni ver al perfecto esposo que tenía y recordar que éste no quería que lo tocara. Eso lo hacía enojar.
Pasaba de la media noche cuando se comió un par más de cucharadas de helado y entró a su habitación en completo silencio, suponiendo que Yuuri estaría dormido ya.
Se llevó una inmensa sorpresa al ver las luces bajas, la ropa de Yuuri en el piso y… se dio cuenta de que había supuesto bien: su esposo estaba dormido.
¡Estaba desnudo en medio de la cama! ¡Dormido y aún sentado! Lo único que cubría su desnudez era la gran almohada que abrazaba e impedía que cayera en el colchón. Se veía tremendamente tierno, sexy y adorable. Lo había estado esperando así desde que se fue, Viktor se sintió muy mal.
Emocionado se subió a la cama con cuidado y acarició la mejilla de su esposo con un tacto muy lindo, lo observó detenidamente y su corazón se llenó de dicha al notar que incluso se había peinado para él.
—Cariño —susurró quedito, pero el japonés estaba profundamente dormido.
Con una sonrisa traviesa lo acarició más, descendiendo con sus dedos hacia ese cuello níveo y precioso. Notó que en verdad estaba por completo desnudo, imaginaba lo mucho que le había costado reunir el valor para eso.
Acarició toda la columna vertebral con las yemas de sus dedos desde la nuca hasta la espalda baja. La piel de Yuuri se erizó ante el contacto.
—Yuuri, mi amor —murmuró contra su oído con voz ronca y sexy. El aludido se removió muy suavemente y sonrió entre sueños—. Mi vida… —susurró con voz traviesa—. Mi katsudon, kobuta-chan.
Yuuri soltó una risita traviesa, ya había despertado, pero le encantaba cómo su esposo lo llamaba, y ese tono de voz que usaba… ¡Dios!
—Cerdito…
—¡Vitya! —se quejó, abriendo los ojos al fin—. No me digas así.
—Lo siento, no lo haré —rio y besó su cuello, entreteniéndose ahí unos segundos mientras trataba de mantener la cordura y no aprisionarlo contra el colchón—. Ahora dime ¿Qué pretendes vestido así?
—Estoy desnudo.
—Exactamente.
Yuuri soltó un suspiro lleno de placer cuando su esposo comenzó a repartir besos y ligeras mordidas desde su oreja hasta su cuello.
—¿Por qué estás desnudo? —intentó jalar la almohada que lo cubría, pero Yuuri no la soltó.
—¿En verdad tengo que explicarlo? —rio.
Viktor se separó de él y lo miró fijamente a los ojos.
—No, pero quiero estar seguro ¿Me vas a dejar hacerte el amor esta noche?
Le brillaron los ojos como nunca cuando Yuuri asintió.
—Gracias por ser tan comprensivo y paciente, has esperado tanto… Vitya, espero que te guste esta sorpresa.
—¿En serio lo dudas? Mi amor, llevo esperando esto por meses —pegó su frente a la de él, ya tenía la respiración agitada. Yuuri sólo pudo sonrojarse.
—Lamento la espera.
—¿Entonces ya?
—Ya.
Viktor saltó fuera de la cama para quitarse la ropa, mientras lo hacía, Yuuri lo miraba fijamente desde su lugar. Tenía algo de sueño, estaba cansado, pero eso poco a poco fue desapareciendo, más aún al ver al esposo tan sexy que tenía. Se sacó toda la ropa con una rapidez increíble, cuando terminó dedicó sólo unos segundos para mirar a Yuuri, lo contempló como si fuera una obra de arte sobre su cama. El japonés seguía en la misma posición abrazando su almohada, Viktor jamás había deseado tanto ser esa cosa entre sus brazos.
No esperó más y se le echó encima como bestia a su presa. Había esperado tanto por eso que no desaprovecharía la oportunidad. Le arrancó la almohada de los brazos y cubrió su pequeño cuerpo con el suyo. Su espalda ancha y su angosta cintura cubrían perfectamente a su amado, quien de inmediato enredó sus brazos alrededor de su cuello.
Viktor estaba ansioso, deseoso y tremendamente emocionado por lo que estaba por ocurrir.
—Amor —susurró Yuuri mirándolo fijo a los ojos—. Estás temblando.
Soltó una pequeña risita y acomodó el cabello negro de su amado tras su oreja.
—El deseo que siento por ti es demasiado grande —suspiró, se estaba conteniendo un poco. Temía dar un paso en falso y que Yuuri nuevamente se arrepintiera. Pero éste sólo podía sonreír con dulzura al ver cómo las manos de su esposo temblaban de emoción, aunque de pronto se tensó cuando sintió que Viktor acariciaba su costado y poco a poco iba descendiendo rumbo a su vientre—. ¿Qué ocurre?
Yuuri desvió la mirada, avergonzado casi como la primera vez que tuvieron sexo. En aquel entonces se había avergonzado por estar demasiado delgado luego de despertar del coma. La situación ahora era completamente diferente, estaba gordito, un poco flácido, con cicatrices y su piel dañada. Su autoestima no era mucho mejor, tampoco su seguridad.
—No quiero mostrarme ante ti de esta forma.
—¿Cuál forma? —interceptó las manos de Yuuri que intentaron apartarlo, las tomó y las aprisionó sobre su cabeza en el colchón. Viktor lo miraba seria y profundamente.
—Viktor —suspiró—. Sí quiero hacer el amor contigo, lo haré. Pero no toques ciertas partes de mi cuerpo ¿Si? —se sonrojó por la vergüenza. No podía evitarlo, era algo más fuerte que él.
—Yuuri Katsuki —acercó su rostro al de él, dejando sólo un par de centímetros de distancia—. Como te lo dije la primera vez que nos entregamos el uno al otro: No te preocupes por eso, eres perfecto para mí sin importar qué. Todo tú eres perfecto para mí, te amo tal como eres y no debes tener duda de ello.
Los ojos castaños brillaron resplandecientemente.
—¿Me vas a dejar amarte por completo? —preguntó con una sonrisita—. Demonios, eso fue demasiado cursi —murmuró bajo.
—Muy cursi.
Ambos rieron.
—Bien ¿en qué nos quedamos?
—Ibas a soltar mis manos.
—Uhm… no —sin soltarlas comenzó a besar su cuello y detrás de su oreja. Yuuri soltaba pequeños suspiros que no podía controlar.
—Vitya —soltó una risita al sentir sus dientes haciéndole cosquillas en su cuello.
El ruso terminó soltándolo para poder besar y acariciar cada rincón de su cuerpo. Yuuri suspiraba al sentir cómo las yemas de los dedos de Viktor lo recorrían con deleite y pasión. Dejó su cuello en paz y siguió el recorrido de besos por su pecho, uno de sus pezones y así continuó hasta hacer una parada traviesa en su ombligo. Yuuri se retorció por las cosquillas que la lengua de Viktor le causó. Pero se tensó inevitablemente cuando llegó debajo de su ombligo. Viktor detuvo sus caricias pasionales y dedicó unos segundos a acariciar esa cicatriz y esas marquitas en su piel.
Fue tan dulce y considerado, depositaba besitos tiernos sobre la piel herida, la acariciaba como si aún estuviese latente el dolor.
—Viktor —murmuró, algo nervioso.
El aludido alzó la mirada y conectó esos ojos celestes con los castaños antes de esbozar una linda sonrisa.
—Mi vida, no tienes que ocultar esto de mí —apreció de nuevo su piel, no había tenido la oportunidad de hacerlo tan de cerca ni con tanto tiempo—. ¿En verdad crees que algo así me hará amarte menos? —rio suavemente—. Amor, siente esto —tomó la mano de Yuuri y la llevó hasta su espalda, donde se sentía claramente su vieja cicatriz de aquel accidente que tuvo de adolescente.
—Pero… —fue interrumpido.
—Siente esto —ahora llevó su mano a su vientre bajo.
—Oh por Dios ¿En qué momento? —Yuuri se asombró y Viktor se echó a reír, un poco apenado y divertido al mismo tiempo.
Viktor tenía panza.
—Es lo que pasa cuando dejas de ponerle atención a tu esposo por tantos meses —alzó una ceja, fingiendo enojo.
—¡Lo siento! —lo abrazó con fuerza.
Viktor seguía riendo. Era muy poquito lo que se le notaba, pero ahí estaba.
—Ahora tienes que asegurarte de que me ponga en forma.
Fue el turno de Yuuri para reír. Su esposo estaba en perfecta forma, excepto por ese pequeñito detalle que se podría solucionar si dejaba de comer tanta chatarra.
—¿Y cómo lo puedo hacer? —preguntó en un tono sugerente. Viktor se emocionó.
—No sé, tú dime —respondió con un tono aún más sensual que Yuuri. Eso bastó para que la pasión se encendiera de nuevo entre los dos.
Yuuri estaba feliz, con esa corta y significativa charla se sintió más seguro que antes. Viktor le recordó que él también era un simple mortal con defectos, cosa que Yuuri olvidaba cuando su lado fanboy se apoderaba de él. Para él no habría jamás nadie más perfecto o mejor que su esposo.
Restregó su entrepierna dura contra la de Yuuri, haciéndole saber la urgencia que tenía.
—Necesito hacerlo, mi amor —murmuró en su oído—. Quiero hacerlo lento, pero… —Viktor jadeó al sentir las manos de Yuuri sobre su miembro.
—Yo también estoy necesitado, Vitya, hagámoslo ya —onduló sus caderas hacia su esposo. Viktor dejo su peso sobre él y así Yuuri pudo sentir los potentes latidos de su corazón.
Yuuri no esperó más, tomó el rostro de su amado y selló sus labios con un beso sensual, digno de alguien que ama y quiere seducir a su pareja. Viktor cayó a sus pies con ese beso profundo tan delicioso. Había extrañado lo que le causaban ese tipo de besos tan íntimos.
Sentir el roce de sus lenguas, de sus cuerpos desnudos y todas esas caricias atrevidas, provocaron una necesidad imperante en ambos. Muy pronto comenzaron a rodar por toda la cama, peleando un poco por quién iba arriba o abajo.
Finalmente Yuuri ganó y quedó arriba, Viktor lo dejó hacer, después de todo amaba ver cómo su amado se movía sensualmente cuando lo cabalgaba, se moría por ver eso de nuevo.
Yuuri meneó sus caderas en un delicioso vaivén rozando su erección con la de Viktor. Éste lo atrajo a su cuerpo, quedando acostados uno arriba del otro para poder unirse en un beso muy profundo. Viktor lo tomó de la nuca con una mano para pegarlo más a sus labios mientras buscaba a tientas su miembro con la otra mano, quería que su Yuuri disfrutara tanto como él.
El japonés jadeaba entre beso y beso, soltó un gritillo cuando Viktor introdujo uno de sus dedos en su entrada, comenzando a dilatarlo poco a poco.
—Amor, sabes que adoro escucharte gemir —jadeó Viktor, agitado y despejando más la frente de su esposo—. Pero…
—Despertaré a los niños si sigo así —se sonrojó hasta las orejas—. Lo siento.
—No, no te disculpes —le robó un beso feroz y al final jadeó más fuerte al sentir una brusca mordida de Yuuri en sus labios.
—Lo siento —se apenó sólo unos segundos antes de verse invadido una vez más de placer al sentir esos dedos traviesos dentro de su cuerpo.
Viktor no detuvo la estimulación que hacía en su esposo, continuó hasta que sintió que se correría sólo con eso. No, no quería que acabara así. Lo tumbó sobre el colchón y se le echó encima. No tenía ganas de ninguna pose extraña, sólo quería unirse a él en cuerpo y alma, lo necesitaba más que nunca.
Abrió las piernas de Yuuri de par en par, se acomodó entre ellas y sin muchos preámbulos, lo penetró.
—Viktor… ¡Ah! ¡Viktor! —gritó. Viktor puso una mano sobre su boca para que no hiciera tanto escándalo y se mordió los labios para contener sus ganas de gritar igual.
—Lo siento mi amor, muerde mi mano si quieres.
Yuuri no respondió, se quitó la mano que cubría su boca y enredó sus brazos alrededor de su cuello para atraerlo a un beso profundo en el que sus alientos y saliva se combinaron perfectamente.
—Estás tan estrecho —le dijo entre beso y beso mientras lo embestía profundamente—. Yuuri… ah, demonios —era demasiado, sentía que se correría en cualquier momento.
Incrementó la profundidad y velocidad de sus embestidas, la habitación estaba inundada del sonido de sus cuerpos chocando. Viktor no quería que eso terminara, pero no pudo más. Su orgasmo llegó intenso, largo y tremendamente placentero. Cerró los ojos y le dio un par de estocadas tan fuertes que ambos se resbalaron un poco en el colchón, casi en la orilla.
—¡Oh Vitya! —gimió contenidamente cuando alcanzó el clímax. No fue difícil que lo lograra, pues el sonido de los gemidos varoniles de Viktor eran más que suficientes para ocasionarle un orgasmo, eso, más las fuertes embestidas y los sonidos lascivos que creaban. Era demasiado para su poca cordura y su gran necesidad.
El ruso se desplomó sobre el cuerpo de su esposo por unos momentos, pero no pasaron ni un par de minutos cuando Yuuri lo sintió moverse dentro de sí. De hecho, en ningún momento lo sintió flácido…
—¿Viktor? —murmuró antes de contener un fuerte gemido, Viktor seguía embistiéndolo a pesar de recién haber terminado.
—Segunda ronda —asaltó sus labios en un arrebato de pasión desbordada—. ¿Quieres? —preguntó entre beso y beso.
—¡Por favor!
Esa noche les esperó un par de rondas más. Las que le siguieron a la primera fueron más extensas, sin tantas prisas. Viktor se deleitó con el sabor de los labios de su esposo y la suavidad de su piel, y Yuuri lo recorrió con sus manos por todo el cuerpo, sintiendo la perfección de su amado y deteniéndose en esa cicatriz en su espalda baja que no lo hacía menos perfecto.
Viktor tenía esa habilidad sobre Yuuri, sólo él poseía esa magia de darle la seguridad suficiente para salir adelante en cualquier situación. Viktor le daba la fortaleza y el amor propio que tristemente a veces le faltaba.
—Gracias mi amor —murmuró después de un intenso orgasmo, Viktor soltó una risita al escucharlo.
—¿Gracias?
—Sí, por todo —sonrió pícaramente.
Los dos estaban aún muy agitados, uno sobre otro, sudorosos y cansados.
—Estoy muerto —murmuró Viktor, sin embargo, estaba dando besitos traviesos en todo el cuello de su esposo, ese cuello ya lleno de marcas y besos.
—No parece —acarició todo su torso, bajando lentamente hasta tomar el miembro de Viktor en una mano, su miembro ligeramente erecto, se estaba recuperando demasiado rápido.
—¿Estás cansado? —lo miró muy de cerca, casi rozando su nariz con la de él, sus respiraciones se mezclaban perfectamente.
—Un poco. ¿Tú?
—Bastante.
Yuuri estaba muy despeinado, sin embargo su cabello se mantenía peinado hacia atrás. Viktor besó esa frente despejada.
—¿Estás pensando lo que yo? —preguntó el ruso al mismo tiempo que acurrucaba su cabeza sobre el pecho del japonés.
Yuuri lo entendió cuando Viktor le tomó una mano y la posó sobre su trasero.
—Me muero por hacerlo —admitió en un suspiro aliviado.
—¡¿Y por qué no me lo habías dicho?! —rio con diversión—. No sabía que aún teníamos esa falta de confianza, amor, ya tenemos varios años casados y… ¡Uh! —jadeó levemente cuando sintió la mano traviesa de Yuuri entre sus nalgas, buscando con sus dedos una entrada.
La expresión de Yuuri fue épica, todo el eros estaba representado en su rostro en ese momento.
—Cariño, sólo estaba esperando a que te desahogaras lo suficiente, ahora es mi turno —apretó un glúteo con una mano al mismo tiempo que introducía su dedo medio en Viktor.
—Oh Yuuri… —se sonrojó un poco, tenía muchísimo tiempo de no sentir aquello, su corazón se aceleró tanto por la emoción como por los nervios de volver a sentirlo dentro de él.
La noche era joven, o eso creían ellos al no preocuparse por la hora y dar rienda suelta a su pasión.
Yuuri lo preparó todo lo posible para no ocasionarle más molestias de las necesarias, utilizó un poco de lubricante y finalmente tumbó a Viktor sobre el colchón y se acomodó entre sus piernas.
—Amor, levanta tus pies —pidió Yuuri con una sonrisa muy sensual, Viktor tragó en seco y obedeció sin rechistar, sus tobillos terminaron sobre los hombros de Yuuri, quien estando ya en posición guio su miembro directamente al trasero de su esposo—. Relájate —le dijo al intentar penetrarlo y ver que su miembro se resbalaba entre sus nalgas.
Viktor respiró profundamente.
—Hazlo —pidió y el otro obedeció. Sintió cómo Yuuri se abría paso en su cuerpo, lentamente pero seguro y sin detenerse.
—Demonios… —abrazó los muslos de Viktor que estaban alzados contra su torso.
—¡Iuuri! —sonrojado y agitado, se llevó el antebrazo al rostro. Estaba siendo demasiado placentero y eso que aún no se movía. Había alcanzado un punto en él que le provocaba demasiado placer.
—Amor ¿Estás bien? —se preocupó a pesar de todo, acarició sus piernas con cariño antes de continuar.
—Contigo siempre lo estaré —lo dijo con sus mejillas ligeramente rosadas, sus ojos entrecerrados y una preciosa sonrisa de lado que mostraba sus perfectos dientes.
Yuuri sintió cómo su corazón se aceleró demasiado con esa sublime vista.
—¿Fui un poco cursi? —alzó una ceja al ver que su amado se quedó ido por unos momentos.
Yuuri rio y asintió.
—Un poco —se inclinó sobre él y lo besó en los labios a pesar de tener sus tobillos sobre los hombros. Viktor era tremendamente flexible, jamás dejaba de sorprenderse por ello—. Pero fue muy lindo.
Entró un poco más en él, arrancándole un gemido muy sensual.
Viktor extendió su mano y acarició la mejilla de Yuuri. Amaba esa expresión que tenía cuando era él quien le hacía el amor de esa forma. Su expresión era seria, el ceño se le fruncía levemente haciéndolo ver muy sexy y apetecible. Esos ojos castaños estaban fijos en los suyos, Viktor no podía apartar la mirada de ellos.
—Eres hermoso —le dijo al japonés, sacándole un tierno sonrojo.
—Te amo —despejó su frente y la besó antes de asaltar arrebatadoramente sus labios. De esta forma selló los gemidos de ambos.
Había pasado tanto desde la última vez que hicieron el amor de esa forma, que casi habían olvidado cómo se sentía. Viktor estaba más sensible de lo normal, y Yuuri no desaprovechó eso, lo acarició, lo besó y le hizo el amor como si no hubiese un mañana.
Yuuri devoró sus labios con vehemencia y disfrutó en secreto al sentir cómo enterraba las uñas en su espalda con cada estocada cada vez más intensa. Se aseguró de dejarle marcas de sus dientes por todas partes, y chupetones por todo el cuello, pecho y hombros.
De pronto dejó todo su peso sobre Viktor y se concentró en mover sus caderas en un rítmico y delicioso vaivén que les quitó el aliento a ambos. Viktor enredó sus piernas en la cintura de Yuuri y echó su cabeza hacia atrás para que le siguiera besando el cuello justo como le gustaba.
Viktor no duró mucho más, su espalda se arqueó en el momento justo en que un fuerte orgasmo lo invadió, se aferró a Yuuri con fuerza y éste lo penetró más vertiginosamente antes de alcanzar también su orgasmo, no pudo contenerse y gimió con fuerza al hacerlo.
—Te amo —murmuró el japonés—. Lamento… la espera.
—Valió por completo la pena, amor —exhausto, rodeó el cuello de Yuuri con ambos brazos, enterró sus dedos en el cabello sobre su nuca y los enredó por un rato, jugueteando antes de atraerlo a un profundo y lento beso.
—Sigues siendo tan flexible —rio.
—Yuuri, siempre lo he sido —le guiñó un ojo.
—Yo estoy perdiendo esa capacidad —se echó por completo encima de su esposo luego de salir de su cuerpo. Estaba muy cansado.
—Te puedo ayudar a recuperarla.
—¿Seguro?
—Totalmente —murmuró seductoramente.
Entonces ambos miraron hacia la ventana al sentir que un halo de luz les calaba en los ojos.
—¿Acaso eso es…?
—¡¿Ya amaneció?! —exclamó Yuuri, totalmente exaltado.
Viktor se echó a reír.
—Eso es lo que causan tantos meses de abstinencia, mi amor —suspiró con un alivio inmenso, en verdad había necesitado mucho sacar toda esa frustración sexual acumulada.
—Perdóname —escondió el rostro en su pecho.
—No importa ya, me lo cobré muy bien —apretó su nalga traviesamente.
—Mi trasero lo resiente.
—Se lo merecía.
—¡Viktor!
—Además, a mí también me duele el trasero, así que estamos igual.
No, no era igual, sin embargo ambos volvieron a reír.
Se quedaron en silencio, uno acostado arriba del otro. Yuuri escuchaba los latidos pausados del corazón de Viktor, era tan agradable que se estaba quedando dormido, los ojos le pesaban mucho, pero no se quería dormir aún.
—Vitya.
—¿Hm? —estaba muy entretenido haciéndole cariñitos al cabello de su esposo.
—¿Serías mi entrenador de nuevo?
El corazón del ruso dio un vuelco.
—Necesito ponerme en forma de nuevo, quiero recuperar mi elasticidad y… todo lo que tenía antes.
—Será todo un placer, mi vida —besó su cabeza y siguió acariciándole el cuero cabelludo—. Yuuri… —murmuró muy bajito, pero no respondió. Bajó la mirada y se topó con las preciosas y abundantes pestañas de su esposo, estaba profundamente dormido, lo delataba su pesada respiración. Viktor se enterneció y lo estrechó más entre sus brazos—. Te adoro con todo mi ser —besó una vez más su frente antes de cerrar los ojos.
Mientras caía en los brazos de Morfeo, pensaba en cómo sus hijos estuvieron tan calmados toda la noche, pues ni siquiera Yarine se había despertado y eso era raro. Quiso dormir, pero la incertidumbre y preocupación no lo dejaban, no se pudo deshacer de ellos hasta que se levantó y fue a ver a sus retoños. Su princesa despertó cuando lo sintió entrar y pidió alimento y cambio de pañal al instante. Viktor se hizo cargo de todo. Tenía unas horribles ojeras, pero la felicidad brillaba en su faz, pues al fin se había cumplido lo que tanto había necesitado por meses, nada le quitaría esa felicidad.
Cuando terminó de atender a su princesa, le dio un besito a su hijo en la frente y los dejó descansar. Miró la hora y se asombró, pasaban de las siete de la mañana, le quedaban un par de horas de sueño antes de que sus hijos finalmente despertaran exigiendo su atención.
Regresó a la cama con su esposo y durmió todo lo que pudo, hasta que horas más tarde fue despertado por una manita que le jalaba el brazo. Abrió los ojos y su corazón se llenó de dicha al ver a su hijo mayor en pijama y arrastrando su cobijita. Alexei ya era bastante alto para su edad, el pequeño ya lograba salirse de su cuna sin ninguna dificultad y eso sólo significaba preocupaciones para sus padres.
—Papá —lo llamó, dándole palmaditas en la mano, que era lo único que alcanzaba.
—¿Qué pasó cariño? —bostezó—. ¿Te quieres acostar con papi?
—Ño, quelo jokais.
El ruso soltó una risita muy chistosa.
—Con que ya tienes hambre… —bostezó y se estiró perezosamente.
—Yo te los prepararé —una voz ronca hizo voltear a ambos rusos al otro lado de la cama. Yuuri los había escuchado y despertó. Se levantó perezosamente y Viktor lo miró como bobo enamorado. El japonés tenía el cabello más revuelto que nunca, y unas ojeras muy marcadas que contrastaban mucho con su sonrisa satisfecha.
—Gracias mi amor, tomaré una ducha rápida e iré a ayudarte.
Yuuri estaba tan satisfecho sexualmente, que podría hacer cualquier cosa que Viktor le pidiese.
Cuando el ruso entró al baño y se vio en el espejo, notó con asombro que su cuerpo estaba lleno de marcas de los dientes de Yuuri, de chupetones y rasguños. Lejos de molestarse, se excitó un poco.
Tomó la ducha lo más rápido posible. Lo primero que sintió al salir del baño, fue el delicioso aroma a los pancakes de Yuuri inundando sus fosas nasales, combinado con buena música de fondo con ritmo alegre e irresistible.
Ese olor, esa música y la felicidad en su corazoncito quedaron grabados con fuego en su memoria.
Miró desde lejos a su esposo, éste vestía sólo sus bóxer y una de las camisas de Viktor, le quedaba adorablemente grande. El mayor se mordió el labio inferior al verlo bailar por el ritmo alegre de la música, era una escena bastante adorable si se añadía el hecho de que Alexei estaba sentado en su columpio para bebé, brincando feliz al sentir el ambiente cálido que lo rodeaba. Yarine, muy despierta, estaba acostada en su pequeño portabebé sobre la mesa del centro de la cocina.
Viktor sólo podía pensar en que era el hombre más afortunado del mundo, sin duda alguna.
Caminó sigilosamente hacia la estufa en donde su amado sostenía el sartén y la espátula, meneándose de un lado a otro con la música. Pegó un brinco cuando sintió que su esposo lo abrazó desde atrás.
—Qué lindo bailas —murmuró en su oído.
Yuuri rio.
—Tonto —siguió riendo—. ¿Quieres? —le extendió un trozo del hot cake que recién había sacado del sartén.
—¡Uh, sí! —lo tomó con los dientes de la mano de Yuuri.
—Iré a ducharme, es tu turno —le entregó los utensilios y se llevó a Alexei en los brazos para bañarlo también.
Lo mismo ocurrió con Yuuri al verse al espejo, estaba lleno de marcas que tenía mucho de no ver en su cuerpo, le causaron una sensación agradable y sensual.
Los dos estaban aún muy desvelados, necesitaban dormir, pero tenían a un par de hijos muy activos, ni siquiera después de desayunar quisieron tomar su siesta, así que ambos tuvieron que tomarse un café muy cargado para aguantar hasta la hora de la siesta de sus pequeños.
Cuando al fin los dos pequeños cayeron como rocas gracias a su ya experto padre Viktor, éste regresó a la sala y se encontró con su esposo profundamente dormido en el sillón más amplio, con sus rodillas pegadas al pecho mientras abrazaba sus piernas. Era adorable, más aun teniendo a Makkachin encima, cuidándolo.
Viktor se deleitó mirándolo unos momentos, sí, ciertamente Yuuri estaba un poco más llenito, pero eso sólo le causaba ganas de morderle esos muslos preciosos y ese hermoso trasero. Y teniéndolo ahí en frente, en boxers y camiseta no ayudaba a contener ese impulso, lo único que lo detuvo fue saber lo cansado que estaba su amado.
Intentó mover a su querido amigo de encima de su esposo, pero el can lloró.
—Oh vamos Makkachin.
El perrito volvió a llorar, casi diciéndole: "Es mi turno, humano, tú ya lo tuviste toda la noche".
Suspirando, lo dejó quedarse ahí sobre Yuuri, se lo prestaría sólo un rato. Fue por una manta y los cubrió a ambos, besó la frente de su esposo y sonrió al notar todas las marcas que dejó en él durante la noche, entonces se tumbó de lleno en el sillón de al lado.
Ya en la noche, fue muy difícil que la más pequeña de la familia lograra conciliar el sueño, no podía, estaba demasiado inquieta y eso los preocupó un poco, pues no dejaba de llorar.
—¿Tendrá cólicos? —preguntó Yuuri cargándola de un lado a otro.
—No lo creo, no es su llanto de dolor.
Viktor tenía razón.
—Tampoco es hambre, ni pañal sucio.
—Sólo está haciendo un berrinche —suspiró el ruso.
—Me temo que sí —alzó a su bebé en el aire para mirarla a los ojos—. Yarine, mi niña, deja ya de llorar —la miró con completa frustración. Ella dejó de llorar unos segundos, antes de empezar a hacer puchero de nuevo.
—¿La acostaremos en nuestra cama?
—No —Yuuri fue muy tajante, amaba a su hija, pero sabía que eso no le haría ningún bien, si la acostumbraban a dormir entre ellos, no saldría de esa cama en años. Fue algo que le pasó a él cuando era bebé, no salió de la cama de Hiroko y Toshiya en mucho tiempo. No quería eso para su bebé.
Momentos después, Alexei comenzó a llorar también, el pobre tenía sueño y su hermana no lo dejaba dormir.
—¡Papi! —lloraba desde su cuna, estirando los brazos hacia Yuuri a pesar de que éste tenía a su hermana.
Viktor intentó cargarlo, pero Alexei se negó.
—Dame a Yari.
Así los dos intercambiaron.
Yarine lloró más.
Viktor se frustró.
El mal humor en toda la familia afloró con una naturalidad increíble.
Entonces Viktor recordó algo que había leído en los tantos libros de paternidad que habían comprado hace mucho. Dejó a su hija en la cuna, le quitó la ropita hasta dejarla sólo en pañal y se quitó la camiseta también.
—¿Qué haces? —Yuuri lo miró con una ceja alzada mientras calmaba a su hijo.
—Contacto directo cuerpo a cuerpo.
Tomó a su hija en brazos y la pegó a su pecho para que sintiera su calor. La abrazó con un cariño inmenso y así ambos padres mecieron a sus hijos por largo rato, caminando por todo el departamento hasta que cayeron rendidos al sueño. Increíblemente el método de Viktor había funcionado de maravilla.
En cuanto a Yuuri, bueno, él disfrutó muchísimo ver a su flamante esposo sin camisa caminando por todo el departamento y con su hija pequeñita en brazos. Su lado fanboy salió a flote una vez más y tomo muchas fotos y videos de eso, quedaría en el álbum de fotos de sus hijos, aunque en un futuro tendrían que dar explicación de esas marcas en todo el torso de Viktor.
Cuando al fin durmieron a sus hijos, caminaban incluso de puntitas para no despertarlos. Se fueron a su cuarto y literalmente se tumbaron en el colchón, rendidos. Amanecieron justo como cayeron en la cama, habían dormido sin despertar ni una vez en la noche, hasta que amaneció y Yarine pidió atención.
Fue hasta el día siguiente que se dieron cuenta de lo descuidados que estaban físicamente, pues traían la misma ropa mal combinada del día anterior, no se habían afeitado en varios días y estaban muy cansados. Sus dos hijos pequeños eran todo un reto, y aun así… ¡Viktor quería más!
—No, Viktor, quítate —se quejó cuando el mayor lo abrazó y restregó su barbilla rasposa contra la mejilla de Yuuri, también rasposa.
—No —rio.
—¡Me picas! —gruñó, empujándolo, pero no logró zafarse del abrazo.
Viktor amaba molestarlo con cosas así.
Se molestaron por largo rato con eso, sin embargo no tuvieron tiempo de afeitarse, estaban muy ocupados y cansados todavía.
Fue hasta en la tarde que Viktor logró que su hija tomara una siesta y aprovechó para unírsele y dormir junto a ella en la cama, la rodeó de almohadas y se acurrucó junto a ella.
Mientras tanto, Yuuri cuidaba de su adorado hijo mayor mientras jugaba con bloques en la sala. Lo veía crecer tan sano, hermoso y feliz; lo notaba todos los días, Alexei era feliz.
—¿Ari ugar?
Yuuri rio un poco, Alexei quería jugar con su hermana.
—Lo hará cuando sea un poco más grande ¿Si? Ella aún es pequeña, pero jugarán juntos muy pronto.
—Shi.
—Mientras juguemos ¿Te gusta jugar con papi?
—¡Sí! —siguió jugando con sus bloques, hasta que tuvo una idea—. Papi vamo paque.
—¿Quieres ir al parque?
El nene asintió con una seriedad muy divertida.
Yuuri se conmovió mucho, al pobre de su hijo casi no lo sacaban desde que nació su hermana, era justo y necesario que salieran a pasear un poco.
Lo vistió para salir, tomó las llaves de la casa y la pañalera. Fue al cuarto principal y se llenó de ternura al ver a su esposo durmiendo con su bebé. Caminó hacia ellos con Alexei en brazos, se inclinó sobre su oído y con cariño le dijo:
—Mi amor, despierta.
—¿Hm? ¿Estás bien?
Yuuri sonrió.
—Sí, estoy bien. Sólo te quería avisar que llevaré a Alexei al parque, te dejo a cargo de Yari ¿Si?
—¿No quieres que los lleve? —abrió sus preciosos ojos y lo miró aún con su expresión adormilada.
—Está a un par de cuadras, caminaremos.
—Tengan mucho cuidado, lleva tu celular.
—Sí. Descansa —besó sus labios cortamente antes de inclinar a Alexei para que éste le diera un besito a su padre, y así fue.
—¡Lyosha! —se emocionó al recibir su besito—. Pórtate bien con papi ¿Si?
—¡Shi!
Era domingo por la tarde, así que el parque estaba lleno de personas y niños jugando. Yuuri aprovechó y se llevó a Makkachin con ellos. Pasaron una hermosa tarde. El tiempo se les fue volando en los juegos, Alexei adoraba el columpio, y todas las madres que iban al parque con sus hijos adoraban ver a ese sexy y adorable japonés. Algunas incluso pensaron en acercarse a platicar con él, pero descartaron la idea cuando notaron las marcas en su cuello, dándoles a entender que no era hombre libre.
Cuando Yuuri volvió a casa con Alexei dormido en sus brazos, se llevó una inmensa sorpresa al encontrar el departamento pulcramente organizado, la cocina estaba reluciendo de limpia, ya no había ropa sucia por lavar y no había ni una mota de polvo.
—¿Qué demonios pasó aquí?
—¡Yuuri! Ese lenguaje —se burló Viktor.
Lo que pasó fue que el ruso se había despertado y sin saber qué hacer sin su Yuuri, y con Yari dormida, decidió darle una sorpresa a su esposo. Yuuri se puso tan feliz que lo abrazó y lo besó. Lo premiaría por tan hermoso detalle. Jamás imaginó que algo así pudiera ponerlo tan feliz.
Esa noche cuando los niños se fueron a dormir, los dos se quedaron en la sala escuchando música tranquila y bebiendo vino. Durante esa agradable noche hubo besitos tiernos, besitos apasionados y besos muy profundos con sabor a vino seco. Esa hermosa velada fue perfecta, hablaron hasta tarde de todo y nada, se hicieron cariños y se disfrutaron como pareja sin importar la apariencia desalineada que ambos se cargaban en ese momento.
Terminaron acurrucados en el sillón uno contra el otro, disfrutando su compañía mutua.
—Hace unos años no me habría permitido mostrarme así ante ti —admitió Viktor, exponiendo un poco su lado vanidoso.
—¡Yo tampoco! —rio, recargando más su cabeza sobre el hombro de su esposo.
—Somos un desastre.
—No del todo, tienes que darnos un poco de crédito. Tenemos dos hijos, somos dos hombres con dos bebés y con casi nulo conocimiento en el tema —rio—. ¿No crees que lo hacemos bien?
—Todos los días me pregunto eso ¿Lo estaremos haciendo bien? —se puso repentinamente serio.
Yuuri sabía lo mucho que Viktor se preocupaba por ser un buen padre.
—Vitya —lo miró a los ojos y acarició su mejilla. El aludido lo miró con sus ojos celestes tan profundos—. Eres un excelente padre. No pude haber elegido mejor papá para mis hijos que tú.
Nunca imaginó que con esas simples palabras lograría sacar un lado tremendamente sensible de su esposo.
—¡Oh mi amor! —se incorporó un poco y lo abrazó con cariño contra su pecho al ver que había comenzado a llorar.
—¿Tú… lo crees?
—Estoy muy seguro, esos bebés son felices, Viktor, muy felices.
El aludido suspiró con alivio, había traído ese peso encima por mucho tiempo, peso que sólo Yuuri podía aliviar.
—Gracias —correspondió el abrazo—. Te amo Yuuri.
—Te amo mi amor —lo besó lentamente en los labios.
Entre caricias, cariños adorables y un par de copas más, salió un nuevo tema a flote.
—¿Cuándo empezaremos el entrenamiento? —preguntó Viktor.
—No lo olvidaste.
—Claro que no.
—Bueno, antes que nada… quiero volver a patinar —le brillaron los ojos—. Me muero por hacerlo, ha pasado un año desde que no lo hago.
Viktor suspiró.
—Lo sé, extraño verte patinar. ¿Entonces empezamos mañana?
—Mañana —sonrió.
—Lo haremos todas las tardes que vuelva del trabajo.
Y así fue, ese lunes Viktor llegó al trabajo con una sonrisa de oreja a oreja, sumamente relajado. Todos supusieron de inmediato que al fin había tenido sexo con Yuuri. Además que las marcas en su cuello aún no se borraban del todo.
Esa tarde regresó a casa y con sus hijos a la vista de ambos, comenzaron a entrenar en casa. Movieron los muebles de la sala y lo convirtieron en un pequeño gimnasio. Así podían cuidar de sus hijos y al mismo tiempo hacer ejercicio.
Yuuri se sintió reamente feliz, hacer eso por su cuerpo lo hacía sentirse mejor consigo mismo, sin mencionar que su autoestima había incrementado tremendamente desde que volvió a tener intimidad con su esposo. Viktor lo hacía sentir hermoso y seguro.
—Ya, estoy muerto —se dejó caer de espaldas en la alfombra, ya había hecho demasiadas abdominales.
—¿Te duele algo? ¿Estás bien? —se preocupó por su ya no tan reciente cirugía.
—No.
—Entonces no tienes motivo para detenerte, sigue.
—Pero…
—Sigue.
—Vik… —silenció al ver la mirada severa de su entrenador—. Está bien —suspiró, cruzó los brazos sobre su pecho y continuó el ejercicio, pero esta vez fue sorprendido por un beso de su esposo en el momento en el que hizo la flexión.
—Tendrás un premio cada vez que la hagas bien.
—¿Qué la haga bien? Viktor, lo estoy haciendo bien —rio.
—No, no la haces lo suficientemente bien, flexiónate más adelante. Y así podrás besarme —le guiñó un ojo.
Yuuri lo pensó unos segundos, sí, era una excelente motivación.
—¿Y tendremos sexo esta noche?
Eso descolocó mucho a Viktor.
—¿En serio?
—No bromeo con eso.
La verdad es que no habían vuelto a tener sexo desde esa noche intensa de pasión desenfrenada, y Viktor ya lo estaba extrañando, pero tampoco quería presionarlo, además, con dos hijos tan pequeños prácticamente tenían que agendar un tiempo para poder tener intimidad.
—Sí, esta noche tendremos sexo —ahora fue él quien se inclinó para besar a su esposo.
De pronto Alexei llegó a la sala y se les unió. Vio a su papi acostado y no entendió qué hacía allí, así que se sentó a un lado de su cabeza y comenzó a picarle el rostro, primero la mejilla, luego la nariz y todo lo que tenía al alcance.
—Vamos, te está diciendo que no seas un perezoso, sigue.
—Eres malo, Viktor —rio antes de volver a las flexiones.
—Sigo pensando que no es buena idea —suspiró, pero ya era muy tarde para retractarse. Él, Yuuri y sus hijos iban ya en el auto rumbo a la escuela de patinaje. Su esposo lo había convencido de llevar a toda la familia para conocer al fin las instalaciones ya abiertas al público. Eso le pareció muy bien al ruso, excepto la parte en la que Yuuri quería volver a patinar.
—Vitya, ya estoy muy bien.
—Te abrí por la mitad hace unos meses, no creo que eso sea del todo cierto.
—Pero tú lo has visto, ya estoy bien.
—¿Y crees poder patinar?
—Estoy muy seguro, amor —puso una mano sobre su rodilla—. Creo que se te olvida que alguna vez también fui campeón mundial.
—Lo sé, lo sé —volvió a suspirar—. Es sólo que me preocupas —acarició su mano.
—No seré imprudente, lo prometo. No puedo serlo ahora que tenemos a estos pequeños huracanes como hijos.
Viktor rio por cómo los llamó, tenía toda la razón. Miró por el retrovisor a sus retoños, Alexei iba moviendo sus manitas y piecitos al ritmo de la música infantil que tenían en el auto, y Yarine miraba por la ventana con sus ojos muy abiertos, eran contadas las veces que había salido de casa desde que nació, así que miraba todo con emoción.
—Además, los niños necesitan salir de casa, llevábamos ahí encerrados desde que Yari nació.
—Saldremos más seguido —prometió con una sonrisa el ruso, feliz de sólo pensar en sacar a pasear a su familia.
Cuando llegaron a la escuela de patinaje "Nikiforov-Katsuki", fueron recibidos por todos los presentes que estaban ahí desde temprano. Otabek, Yurio y Chris pasaban ahí ciertas horas del día, impartiendo clases. El kazajo sólo estaba un par de horas al día debido a su apretado horario de trabajo, sin embargo no se quería perder la oportunidad de enseñar en una escuela tan prometedora.
Los dueños de ese establecimiento eran saludados por todos mientras caminaban por los pasillos con sus hijos. Era adorable ver a Viktor llevar la carriola doble que habían comprado para sus retoños. Yarine dormía una siesta en el espacio trasero mientras Alexei iba muy despierto enfrente, mirando todo con curiosidad.
—¡Este lugar es increíble! —Yuuri estaba muy feliz, había visto los planos que Viktor le enseñó antes de la construcción del lugar, pero no se comparaba a verlo ya hecho.
—Y no has visto nada, ven.
Llegaron a un salón muy espacioso y bien iluminado, con piso de duela, paredes de espejo y barras para ejercicios de baile. En el fondo había un hermoso piano negro de cola, rodeado de otros tantos instrumentos que Yuuri conocía muy bien.
—Es un regalo para ti, mi amor.
—¡Oh por Dios!
Estaba muy emocionado, se moría de ganas por empezar a trabajar ahí, aunque aún debía esperar a que su pequeña creciera un poco más, no quería alejarse mucho de ella aún.
—Se parece al salón de Minako, pero mucho más grande.
—Aquí podrás instruir a los alumnos en ballet, espero no seas tan estricto como Lilia.
—Eso ya lo veremos —alzó una ceja.
Viktor se sintió intrigado, no conocía esa faceta de Yuuri, no como maestro. Y Sinceramente se moría por conocer ese lado suyo.
Al final llegaron a la pista de patinaje, era también más amplia que la de Hasetsu. Todo era simplemente hermoso y de ensueño. Viktor había invertido demasiado en ello, y podía ver con gusto que pronto rendiría muy buenos frutos, pues ya había pupilos de muchas partes de Rusia siendo instruidos por los profesores ahí presentes.
Las personas que vieron a Viktor con Yuuri se emocionaron mucho, pues tenían bastantes meses de no saber del japonés. En las redes sociales todos preguntaban por él, durante un tiempo causó mucha controversia el hecho de que desapareciera tanto tiempo y que Viktor no diera información al respecto. Sus fans temían que hubiera problemas en su matrimonio, pero grande fue su alivio y asombro al verlo regresar a las redes sociales con ahora dos hijos preciosos.
Apenas vio la pista, el corazón de Yuuri pegó un brinco de felicidad. El hielo, su viejo amigo… cuánto lo había extrañado.
—Anda, ve ya, yo cuidaré a los niños.
—¡Gracias! —lo abrazó fugazmente y le dio un tierno beso en la mejilla antes de irse a cambiar.
Viktor lo miró correr hacia los vestidores con una gran sonrisa, amaba verlo tan feliz y renovado. Y lo mejor de todo: vería a su delicioso katsudon patinar de nuevo. Su lado entrenador le pedía a gritos deleitarse con algo así.
La gente que estaba ahí, tanto maestros que no eran cercanos a los Nikiforov, como los pupilos, estaba expectantes, ansiosos por ver lo que pasaría. Sin que el japonés se diera cuenta, varias personas comenzaron a grabarlo desde que comenzó con sus estiramientos, lo subieron a las redes e inmediatamente se hizo viral, pues sus fans seguían sorprendidos al verlos volver a aparecer en público con una bebé tan hermosa e idéntica a Viktor. Se hacían muchas preguntas: ¿Adoptaron? ¿Alquilaron un vientre? ¿Buscaron a una madre sustituta?
Sospechaban que algo raro había ocurrido, pero sabían que no lograrían sacar la información de ninguno de los dos. Ni siquiera se imaginaban lo que habían hecho en realidad.
Viktor buscó el lugar más cercano a la pista, cuidó de su bebé en la carriola y cargó a Alexei en brazos para que viera mejor a su padre en acción.
Entonces Yuuri entró a la pista, se deleitó desde el momento en que sus cuchillas hicieron ese sonido característico y placentero al resbalar contar el hielo. Cerró los ojos y respiró profundamente, llenando sus pulmones con ese aire gélido que tanto adoraba.
—Al fin… después de tanto tiempo —pensó, patinando alrededor de la pista como calentamiento inicial.
La gente había salido del lugar sin que se lo pidieran, todos querían verlo patinar, aunque fuese un simple calentamiento.
Yuuri terminó de calentar luego de unos minutos y finalmente dio paso a lo que su cuerpo y alma le pedían que expresara. Recordó la coreografía de "Stay close to me" a la perfección ¿Y cómo no lo haría? Si fue gracias a ella que Viktor se fijó en él, gracias a ella se había dado entre ellos todo hasta la fecha. Le tenía un gran aprecio a esa canción y a esos pasos, eran muy especiales para él.
El corazón de Viktor se emocionó al reconocer los primeros pasos, Yuuri ni siquiera necesitaba música, la tenía en su mente.
El ruso apretó a su hijo más entre sus brazos.
—Mira a tu papi —susurró en el oído de su bebé—. ¿Verdad que es increíble?
—¡Shi! —murmuró dentro de una exclamación de asombro casi sin aliento, sus ojitos no podían estar más abiertos, y su pequeña boca formaba una "O" muy adorable.
Era la primera vez que el pequeño veía a su padre patinar, estaba asombrado, a su corta edad ya lograba sorprenderse por cosas así. Inmediatamente se volvió el fan número uno de Yuuri, arrebatándole con creces el lugar a Viktor, pues…
—¡Papi! ¡Papi! —gritaba a todo pulmón con una sonrisa cuando lo veía hacer saltos. Yuuri lo escuchó, y aún agitado por el ejercicio, patinaba hacia donde estaba su familia sólo para darle un besito en la frente a su bebé antes de volver a desenvolverse tan bien en el hielo.
—¡No te sobre esfuerces! —le dijo Viktor mientas el japonés ya se había dado la vuelta.
—¡No lo haré! —respondió sin verlo. Estaba muy emocionado por volver a lo que más amaba.
Yuuri no lo había notado, pero tenía a toda la gente de ahí como público, habían dejado de hacer sus cosas por centrarse en ver al japonés practicar.
—Ni parece que estuvo un año fuera del juego.
Viktor miró a su derecha al escuchar esa conocida voz. Yurio tenía razón, nadie podía apartar la mirada de él.
Todos terminaron asombrados, incluyendo a Viktor, pues había comenzado una presentación improvisada tremendamente hermosa, al principio había trastabillado un poco en algunos pasos, pero a fin de cuentas todos siguieron maravillados.
Cuando terminó, los alumnos que eran fans de él se acercaron, pidiéndole autógrafos y siendo regañados por sus maestros al ver lo que hacían.
—Está bien, no hay problema —aún agitado y algo sudoroso, Yuuri les dio gusto, y les agradeció que eligieran ese lugar para formarse como patinadores. Los alumnos se emocionaron y motivaron más que nunca.
—¿Cuándo vendrá a dar clases? —preguntó un fan, feliz.
—Sinceramente… no será pronto —lo miró con algo de pena.
—La vida como padres no es sencilla —Viktor se unió a la conversación, abrazando a su esposo por la cintura.
—¡Es verdad! Vimos en las redes que tienen ya dos hijos —estaba muy asombrado—. ¿Podemos conocerlos?
Los esposos se miraron mutuamente y asintieron.
En esa mañana se pausaron las clases porque los alumnos estaban muy emocionados con los bebés Nikiforov. Pidieron foto tras foto, y los esposos no se negaron.
—Lo hiciste muy bien —le dijo a su esposo cuando al fin se hallaron a solas junto a la pista.
—¿Tú crees?
—Sí —lo abrazó por la cintura y lo pegó a su cuerpo.
—¿Lo dices como entrenador o como esposo?
—Buena pregunta —sonrió—. Lo digo como esposo, como entrenador… te falta mucha práctica.
—¡Viktor!
—No te voy a mentir —se encogió de hombros, riendo—. Aun así, estás en muy buena condición a pesar de haber estado un año ausente en esto.
—No tanto, estoy exhausto —admitió con algo de vergüenza.
—¡No! ¿Y tu resistencia?
—Se la llevó tu hija —se burló un poco. Ambos se echaron a reír.
Viktor lo abrazó y le limpió el sudor de la frente.
—¿Quieres ir a almorzar?
—Sí, pero… quiero patinar un poco más.
—Bien, te esperaré aquí con los niños. Alexei se muere por verte patinar más.
Era cierto, el bebé se emocionaba mucho al verlo hacer saltos en el hielo. Yuuri lo abrazó (O más bien lo apachurró) contra su pecho antes de volver a la pista.
Viktor se deleitó una vez más con los sensuales y atractivos movimientos de su esposo. Era increíble cómo aún después de un embarazo y de tanto tiempo fuera de práctica siguiera siendo tan bueno como siempre, sus movimientos no dejaban de ser fluidos y sensuales, su expresión era tremendamente erótica y decidida, y su improvisación se convirtió en una mezcla perfecta de Stay Close To Me con… Eros.
Su rutina improvisada llegó a su fin y en seguida estruendosos aplausos inundaron el lugar. El japonés parpadeó confundido, no se había dado cuenta de qué tanta gente había puesto su total atención en él. Miró a su alrededor y… sí, muchas personas lo veían y felicitaban.
Fue un regreso al hielo muy grato.
Pero nunca se sintió tan feliz como en el momento en que divisó a su amada familia a lo lejos, estaban en la entrada de la pista, a donde él se dirigía. Fue hermoso ver a su esposo y a sus dos hijos esperando por él, una dicha que con nada podría ser reemplazada.
—¡Paaapii! —gritó el pequeño, zafándose de los brazos de Viktor para ir con Yuuri, este se agachó poniendo una rodilla en el suelo para recibir el abrazo de su hijo.
—¿Te gustó?
—¡Shi! —esteba realmente engentado—. ¡Quelo patina!
Ambos padres se miraron mutuamente con una expresión de gran sorpresa. Por primera vez el pensamiento cruzo sus mentes: ¿Y si sus hijos les seguían los pasos como patinadores?
Alexei seguía emocionado por lo increíble que patinó su papi, Yuuri se sintió más halagado que nunca, que su hijo lo reconociera valía más que una medalla de oro. Pero entonces le dijo algo al oído a su pequeño.
—¿Sabes? Papá Viktor patina mil veces mejor que yo.
—¡¿Qué?! —con su boquita abierta y los ojos grandemente abiertos, miró a Viktor. Ahora fue el turno del ruso para sentirse halagado.
Tanto Viktor como Yuuri se sintieron llenos de felicidad, ningún fan los había hecho sentir mejor que su propio hijo, sentir su admiración sincera no tenía precio.
—Iré a cambiarme ¿puedes cuidar de ellos un poco más? —le preguntó a su amado con una bella sonrisa.
—Ve, los llevaré a pasear un rato.
—Gracias —le dio un fugaz beso en los labios antes de salir corriendo a los vestidores.
Sacó sus cosas del locker y buscó un cubículo vacío. No fue difícil, pues el lugar estaba completamente solo en ese momento. Eligió un cubículo y entró en él, pero cuando estuvo a punto de cerrarlo tras de sí, alguien empujó la puerta con poca delicadeza.
—¡Está ocupado! —exclamó con enojo antes de darse cuenta de quién era—. Vikt… —fue interrumpido por un beso arrebatador. Sintió las manos de su esposo tomándolo de la nuca para pegarlo más a él.
Yuuri.
No comprendía qué estaba sucediendo, de lo único que estaba seguro, era del temblor en las rodillas que ese beso demandante me provocaba. Sentí su lengua intentando entrar a mi boca, se lo permití sin pensarlo dos veces. Su aliento se mezclaba con el mío, su respiración era errática, y sus manos pegándome a su cuerpo me hicieron perder el piso.
Rodeé su cuello con mis brazos y me perdí en el apremiante deseo que llenaba mi ser. Mi cuerpo estaba lleno de sudor por el ejercicio que recientemente había hecho, pero Viktor no se detuvo por eso y yo tampoco, de todas formas metió las manos bajo mi ropa y apretó mi trasero a su entero antojo, haciéndome gemir deliberadamente.
Cerré los ojos cuando llevó su boca a mi oreja, mordisqueándola sensualmente mientras suspiraba y me erizaba la piel ante esas placenteras sensaciones. Sus manos se afianzaron a mi trasero y subieron hasta mi cintura.
Fue mi turno de meter las manos bajo su ropa, acaricié su cintura y su espalda, arañando suavemente su piel. Gruñó en respuesta a mis atenciones y movió sus caderas hacia las mías.
Demonios, ya estaba tan erecto como yo, sus jeans no dejaban notar tanto el bulto, pero mi pantalón deportivo dejaba ver todo.
No esperó más y sin dejar de besar ahora mi cuello, bajó mi pantalón y ropa interior hasta mis tobillos. Jadeante, volvió a asaltar mis labios ya algo hinchados como los suyos. Busqué a tientas su pantalón, gruñí en desacuerdo cuando no pude desabrochar su cinto, él sonrió por ello y me ayudó quitándolo y abriendo su pantalón. Mis manos sacaron su miembro y él jadeó al sentir las caricias.
Estábamos agitados, ninguno se atrevía a hablar por temor a arruinar el momento tan excitante. El único inconveniente era el tamaño tan reducido del cubículo, pero eso no nos detuvo, vaya que no.
Tomé nuestros miembros entre mis manos, juntos, y me froté contra él hasta sacarle gemidos nada decentes.
Aún con mi ropa en los tobillos, Viktor me tomó en brazos sorprendiéndome un poco porque no lo veía venir. Al parecer el especio finalmente se le hizo demasiado pequeño, pues cargándome salió del cubículo y me sentó sobre los lavabos, frente al espejo del tocador.
Lo miré a los ojos, esos ojos azules oscurecidos por el placer, esos ojos que me hacían el amor con una simple mirada. Entonces sonreí de lado al entender lo que quería.
Quedé sentado en el filo de la superficie de los lavabos y abrí mis piernas. El pantalón y la ropa interior quedaron atorados en mi tobillo derecho. Quise intentar quitármelo, pero Viktor se me adelantó, asaltando mi boca con ferocidad. Yo olvidé lo que quería hacer y entre gemidos suaves me dejé llevar rodeando su cuello con mis brazos.
Con sus manos arrastró mis caderas hasta la orilla de la superficie, yo abrí más mis muslos y él esbozó una sonrisa oscura tan sensual que me estremecí.
Llevó un par de dedos a mi boca, buscando que los lubricara lo suficiente. Lo hice y él me miró atentamente, mordiéndose los labios ante la escena tan lasciva que le regalé.
Inmediatamente llevó sus dedos a mi entrada, lubricando todo lo posible con mi saliva. Enredé mis dedos en su cabello, estirándolo suavemente cuando me penetró con un par de dedos. Mi cuerpo entero se estremeció, sin embargo ya me sentía ansioso por recibirlo dentro de mí. Tomó su miembro y lo guio a mi entrada, lo restregó un par de veces ahí e incluso empujó hacia delante, pero no fue posible que entrara, la posición en la que estábamos no ayudaba mucho y tampoco la poca preparación.
Me encorvé un poco más para darle un mejor acceso a mi trasero, él lo agradeció con una mirada antes de volver a intentarlo, esta vez fue diferente, esta vez funcionó y mordí mis labios para evitar que un fuerte gemido saliera de mi boca.
Enseguida rodeé su hombro con mi brazo y apoyé mi frente en su otro hombro.
Diablos, se sentía tan… se sentía jodidamente bien.
Comenzó a bombear sin preámbulos. No se había quitado ninguna prenda, así que podía aferrarme a su camisa ya arrugada por todo lo que hacíamos. Todo a mi alrededor perdió sentido, sólo podía concentrarme en Viktor penetrándome una y otra vez, en sus gemidos chocando contra mi oído y sus fuertes manos apretando mis glúteos.
Apoyé mis talones en su trasero, indicándole que lo necesitaba más profundo, y él pareció entender a la perfección.
Parecía ridículo, pero me sentía muy próximo a culminar, más cuando llevó su mano a mi pene, estimulándolo sólo como él sabía hacerlo. Escondí mi rostro en su cuello y le deposité pequeños besitos muy húmedos que le pusieron la piel de gallina. Nuestros cuerpos transpiraban, sin embargo, el aroma de Viktor seguía siendo exquisitamente delicioso, me perdí en su fragancia por largo rato mientras seguía siendo embestido por él.
Enredé mis dedos en su corto cabello y los jalé sin querer cuando me dio una embestida más fuerte y profunda que las demás, había tocado cierto punto dentro de mí que me causó un estremecimiento total.
De pronto me tomó en brazos, sin salir de mí. Me tomó por sorpresa que hiciera eso. La gravedad nos ayudaba a que las penetraciones fueran más profundas, eso y la fuerza que tenía en sus brazos para cargarme así sin ninguna dificultad.
Apoyé las manos en sus hombros y con eso me di impulso para ser yo quien movía ahora las caderas. Él pareció fascinado, miré su rostro y me sonrojé hasta las orejas al ver el deseo en sus ojos. Se mordió el labio inferior antes de caminar conmigo de nuevo hacia los lavabos, salió de mí, me giró de espaldas a él y empujó mi espalda hacia delante. Me sostuve de la superficie de los lavabos con ambas manos y abrí mis piernas.
Viktor volvió a entrar en mí con un simple movimiento de caderas, mi espalda se arqueó de placer y mis puños se cerraron con fuerza. Escuché el gemido de placer que escapó de los labios de Viktor cuando empujé mi trasero hacia él.
Entonces alcé la mirada y me topé con el reflejo de ambos en el gran espejo del tocador.
Mi excitación subió a niveles inimaginables al vernos teniendo sexo de esa forma, más aún al notar que él ya llevaba rato observando mis expresiones en el reflejo, pues sus ojos penetrantes estaban fijos en mí y una sonrisa matadora se abrió paso en su expresión cuando nuestras miradas se cruzaron.
Me tomó de las caderas y embistió más fuerte que antes. No pude contener mis jadeos, me dejé llevar, suspirando, gimiendo y suplicando por más.
El placer aumentó cuando metió sus manos bajo mi camiseta y buscó mis pezones para darles un poco de atención. Yo miraba todo por el espejo, estaba a nada de venirme. Él pareció notarlo, así que se detuvo y salió de mí para volverme a acomodar sobre los lavabos como en un principio. Abrió mis piernas sin recato y se introdujo bruscamente en mí.
Agitado y a punto de correrme, tomé su nuca con mi mano y atraje su cuello a mis labios para llenarlo de besos y mordidas, descendí un poco hasta encontrarme con su manzana de Adán, la besé y mordisqueé un poco hasta que escuché su pesado suspiro de satisfacción, y supe con eso que se encontraba en las mismas que yo.
El movimiento de sus caderas se volvió más frenético y certero, el ruido de nuestros cuerpos chocando era fuerte, su respiración era errática igual que la mía, y su corazón… puse una mano en su pecho, sintiendo cómo casi se le salía el corazón.
—Viktor… ah… ¡Viktor! —jadeé cuando me corrí con violencia, manchando mi camiseta deportiva y su camisa.
—Oh Yuuri —gimió profundamente contra la piel de mi cuello antes de que regresara a mis labios para compartir un beso húmedo y caliente con nuestras lenguas mientras se corría con fuerza dentro de mí.
Quedó algo agotado, recargo su frente contra la mía y me dedicó una dulce mirada.
—Te amo —me dijo antes de besar nuevamente mis labios.
—Te amo más —le respondí luego del beso, acariciando su cabello ya desordenado. De pronto recordé algo muy, pero muy importante—. ¡¿Y los niños?! —me exalté.
Viktor esbozó una sonrisa traviesa.
Narradora.
—¿Dónde está bebé? —se cubrió el rostro—. ¡Aquí está! —quitó las manos de su cara e hizo una mueca chistosa para que Yarine y Alexei se rieran. El único que estalló en carcajadas fue Yurio.
—Chris, los estás asustando —añadió Plisetsky. Yarine comenzó a llorar, su tío Chris la asustaba un poco con todas esas muecas—. Ya, no llores mocosa —le acarició la mejilla con un dedo. Yarine era aún muy pequeña, incluso para su edad, así que acariciaban fácilmente su mejilla con sólo un dedo.
—No los asusto —se acercó de nuevo al porta bebé en el que estaba la nena y tomó suavemente su nariz entre sus dedos—. Mira Yarine ¡tengo tu nariz! —le mostró el pulgar entre su índice y dedo medio.
La pequeña comenzó a llorar a todo pulmón, más que nada por la efusividad intimidante que utilizó el suizo.
—¡Nooo! —Alexei intentó taclear la pierna de su tío Chris.
—¡Hey! —sonrió y se agachó a su altura—.¿Qué pasó, hombrecito?
—¡No! —tomó la mano de Chris y la abrió, buscando la nariz de su hermana, pero se desconcertó al no encontrar nada.
Yurio ya tenía a Yari entre sus brazos para tratar de calmarla, así que de inmediato se agachó a la altura de Alexei y le mostró a su hermanita.
—Yo se la devolví —bromeó.
—¡Gashias ío! —le sonrió al rubio.
Chris suspiró devastado y mejor tomó asiento en uno de los sillones de la sala de entrenadores. Ahí estaban Yurio, Otabek y Chris cuidando de los niños Nikiforov porque a su padre de pronto le salió una emergencia. Obviamente todos supieron de qué se trataba esa emergencia, con sólo ver la cara de Viktor mientras Yuuri practicó pasos similares a los de Eros fue más que suficiente para que se imaginaran qué estaba sucediendo en los vestidores en esos momentos.
Desde el sillón, Chris y Otabek miraban a Yurio con los niños.
—¿Cómo lo hace? —preguntó el suizo con una mueca chistosa de enojo—. ¿Les da dulces a escondidas acaso?
Otabek rio internamente al imaginarse eso.
—Les dice "mocosa" y "bodoque" ¡Y ellos sonríen!
—Se ganó su amor desde hace mucho —respondió el kazajo—. Quizás les hable feo, pero los quiere demasiado —murmuró en voz baja sin apartar la vista del aludido, amaba verlo cuando cuidaba de esos bebés—. Y bueno, creo que tiene talento natural para esas cosas.
—Y eso te gusta mucho ¿no? —lo miró con una sonrisa pícara.
—Debo admitir que sí.
—Ustedes ya viven juntos, pero… ¿Planean casarse algún día? Ya sabes, un hogar, hijos, un perro.
—Ya tenemos el hogar y un gato, sólo nos falta casarnos y… bueno, los hijos.
—¡Vaya! ¿Ambos los quieren?
—Sí.
Chris estaba asombrado.
—Pero no ahora —se apresuró a aclarar.
—No me extraña, aún están demasiado jóvenes y él aún no se gradúa de la universidad.
—Lo hará en un par de meses.
Ambos desviaron la atención hacia el rubio que le hacía muecas chistosas a Yarine y ésta se soltaba riendo como loquita. Esa risa era demasiado contagiosa, tanto que incluso Otabek sonrió y rio un poco al escucharla.
—Esa niña tiene una chispa increíble —murmuró de pronto Chris—. Me recuerda tanto a Viktor.
—Tiene mucho de Yuuri también —aseguró el kazajo.
—Sí, se ríe de las bromas tontas de tu novio, eso definitivamente lo sacó de Yuuri.
Chris seguía celoso. Su enojo se esfumó al ver cómo Yurio sufría cuando Yarine le estiraba el cabello con fuerza, riéndose del dolor ajeno.
—¡Basta, enana! —suplicó, pero ella lo jalaba más fuerte, riendo.
Otabek se paró de su asiento de inmediato para ir y salvar a su amado.
—No lo habíamos hecho de esta forma desde…
—Desde la boda de mi hermano, en los baños —completó.
—Ahora fue mejor.
—¿Si?
—Sí —jadeó cuando sintió que salió de su interior—. Eres aún más sexy que antes, Vitenka.
Eso lo llenó de un orgullo inesperado. Estaba mucho más feliz con esas simples palabras, su ego masculino estaba al tope.
—¿Y tu lista?
—¿Mi lista? —alzó una ceja.
—Oh por Dios, no me digas que la olvidaste.
—¡La lista! —recordó—. Oh… creo que ha de estar en algún cajón del departamento.
—¿Quieres que la busquemos regresando a casa? —acomodó sus despeinados cabellos platinados.
Los ojos azules brillaron llenos de emoción.
—Sí, busquémosla.
—¿Hacerlo en los vestidores estaba en tu lista?
—Sinceramente, no —rio—. Pero lo añadiré.
Ayudó a su esposo a ponerse de pie, pero cuando Yuuri lo hizo, sus rodillas temblaron. Estaba cansado por lo que había patinado y por todo el ejercicio recién hecho, sin mencionar que su trasero le dolía.
—¿Te cargo hasta el vestidor? —sugirió el ruso, compasivo—. ¿Qué ocurre? —preguntó al ver su mueca extraña al ponerse de pie.
—Te viniste dentro —se le erizó la piel al sentir que algo quería salir de su trasero—. Tomaré una ducha rápida —recogió su ropa del piso y corrió chistosamente hacia las regaderas.
Viktor se cerró y acomodó el pantalón, aguantándose las ganas de reír al verlo caminar así. Bueno, en realidad no se las aguantó.
—¡Deja de reírte! —exclamó Yuuri desde una de las regaderas.
Viktor tuvo una magnífica idea, se quitó toda la ropa y se metió a la misma regadera que su esposo, quien trataba de asearse después de esa intensa sesión de sexo.
—¡Viktor! —no se lo esperaba.
—¿Te ayudo? —lo empujó bajo el chorro de agua, mojándolos a ambos.
—Amor, no podemos hacerlo otra vez, los niños nos esperan.
—Yo sólo sugerí ayudar a bañarte —rio—. Tú eres el de mente sucia que imagina otras cosas.
—¡Ja! —sonrió de lado y lo embarró de jabón—. Entonces ayúdame, bañémonos rápido.
La verdad era que ninguno quería salir sin ducharse, habían transpirado mucho en su encuentro, y… se habían ensuciado un poco.
Viktor enjabonó a su esposo de pies a cabeza, sus manos se resbalaban suavemente por cada centímetro de piel del japonés, y éste se dejaba hacer, amaba el cariño con el que Viktor lo trataba, adoraba que podía ser delicado y amoroso en ocasiones, pero en otras podía llegar a ser realmente salvaje.
—Vitya —murmuró con un toque de inconformidad al sentir que pasaba sus dedos por su vientre, acariciando esa cicatriz que aún no terminaba de aceptar.
—¿Qué pasa?
Yuuri suspiró.
—Nada, pásame el champú.
Viktor obedeció con una sonrisa y ésta se ensanchó más cuando Yuuri comenzó a lavar su cabello, Viktor hizo lo mismo y así los dos se bañaron mutuamente.
Sólo tenían una toalla, así que al salir tuvieron que compartirla.
—¿Qué haces? —preguntó el japonés cuando su esposo le puso la playera.
—No quiero sólo ser quien te desvista —le dio un besito en el cuello que le provocó gritos internos muy fuertes a Yuuri.
—Eres… —se mordió el labio—… ¿cómo haces para ser tan perfecto?
—Es por tu causa que soy así.
—Eres un cursi.
—Sólo contigo —lo abrazó de la cintura y besó sus labios antes de darle una nalgada—. Terminemos ya, nos extendimos más de lo normal.
—Sí —se apuró en vestirse, pero luego notó que la camisa de Viktor estaba sucia por su culpa, había una mancha blanca y húmeda en la parte de en frente—. Rayos… —buscó en su mochila y afortunadamente encontró una playera extra, el problema fue que…
—Amor, me queda demasiado ajustada.
No era tan ajustada, pero sí más de lo que el ruso acostumbraba. Después de todo Yuuri era talla mediana y a veces chica, y él… para nada.
—Te ves muy chistoso —rio.
—No me ayudas —le pellizcó el trasero.
Estaba feliz y nervioso, muy nervioso.
La última vez que su hijo y esposo estuvieron en casa las cosas no salieron nada bien. Esperaba que en esta ocasión no ocurriera nada que los separara de nuevo, no lo soportaría.
Había invitado a su familia a comer ese día. Iba a ser una gran comida familiar. Estaba tan emocionado por la idea, que se levantó muy temprano para los preparativos, pidió que hicieran la comida preferida de Viktor y el postre que sabía (Gracias a Viktor) que era el favorito de Yuuri.
Quería que todo saliera perfecto.
—Hey, deberías descansar un poco.
—No es necesario —estaba verificando que hubiera flores frescas recién cortadas del jardín en cada jarrón de la mansión. Era una tarea que solía hacer su esposa, por lo tanto Dimitri lo hacía con mucho cariño en ocasiones como esta.
—¿Ya almorzaste algo?
—No —revisó que comenzaran a hacer la comida de inmediato, faltaba poco para las once de la mañana.
—¿Ya pediste que no te molestaran de la oficina? —lo iba persiguiendo de un lado a otro de la mansión, el mayor no se estaba quieto ni un segundo.
—Sí.
—Dimitri —se detuvo y suspiró, cansado de seguirle el ritmo.
—¿Qué? —se detuvo también y se giró para verlo a los ojos.
—Debes calmarte, estás muy ansioso por esto.
—Y cómo no. Andrew, se trata de mi familia —lo dijo con un cariño entrañable—. Le dijiste a Yuri que viniera ¿Verdad?
—Sí.
—¿Y a su novio?
—También.
—Muy bien —continuó de un lado a otro haciendo tareas y pendientes.
Andrew se quedó mirándolo desde su lugar, con una media sonrisa llena de un cariño inexplicable. Y es que su corazoncito sintió emociones muy extrañas al escucharlo llamar "familia" incluso a Yuri y a Otabek.
No había duda de que Dimitri había cambiado bastante en el último año.
—Hey —lo alcanzó y tomándolo de la mano lo obligó a detenerse—. Todo está listo y en orden para ellos ¿De acuerdo? Vamos a sentarnos un rato en el jardín, que hace muy buen día.
El aludido lo miró a través de sus gafas y suspirando terminó aceptando.
Salieron al jardín y aprovecharon el buen clima de ese día en san Petersburgo. Había algo de sol y no querían desaprovecharlo. Se sentaron en una cómoda banquita. El rubio de inmediato se recargó contra el respaldo, alzó la cara y cerró los ojos, disfrutando del sol.
—Andrew.
—¿Hm?
—¿Cuándo crees que sea buen momento para decirle a nuestros hijos sobre esto?
—¿"Esto"? —abrió los ojos y lo miró.
—Sí, nosotros.
—¿Quieres decirles? —alzó una ceja, totalmente asombrado.
—Pues… sí.
—Tenemos que prepararlos un poco, creo que se sorprenderán mucho.
—¿Cómo podríamos prepararlos para algo así? —casi se burló. Ya lo había pensado mucho, pero no encontraba ninguna manera sutil de ir dándoles a entender la relación que tenían.
—Siento que ya sospechan algo. Saben que vivimos juntos, eso no es muy normal que digamos.
—No creo que lo sospechen —Dimitri estaba muy seguro, después de todo él siempre había sido algo… homofóbico, además, tuvo esposa y familia.
—Yo digo que sí —se rascó la nuca.
—Andrew, imposible. Ya habrían dicho algo.
—Sé que Yuri sabe algo.
—¿Le dijiste?
—No, pero es muy listo.
—¿Y mi hijo no lo es? —alzó una ceja.
Andrew río.
—Viktor está muy ocupado siendo esposo y padre de dos bebés como para tener sus sospechas.
Dimitri asintió, su pareja tenía razón.
—¿Cómo se siente ser abuelo? —preguntó Andrew con una sonrisa socarrona.
Dimitri volvió a alzar una ceja por el tono en que dijo "abuelo". Pero sonrió al recordar a sus amados nietos.
—Es muy grato —suspiró—. Y estar en buenos términos con mi hijo también lo es. Amo poder disfrutarlos —soltó un suspiro lleno de satisfacción.
—¿Y qué me dices de Yuuri?
—¿Qué quieres que te diga?
Andrew se quedó en silencio, mirándolo con una sonrisa traviesa.
—Bien, de acuerdo —suspiró—. Me equivoqué totalmente sobre él. Siendo sinceros… me da vergüenza recordar el inicio de mi relación con él.
—Estabas loco —puso un brazo sobre los hombros del mayor, ambos recargados en esa cómoda banca del jardín.
—Sí, lo sé.
—Pero ya no tanto.
—¿Qué? —rio.
—Sólo un poquito.
Dimitri esbozó una sonrisa divertida que dejó sorprendidos a los recién llegados.
—Hola —saludó a los dos hombres con su característica seriedad, sin embargo, un atisbo de sospecha brilló en sus ojos castaños al ver el brazo de Andrew sobre los hombros de Dimitri.
—¿Interrumpimos algo? —preguntó el rubio, aguantando sus ganas de soltar una risita traviesa.
Los aludidos se dieron cuenta del pequeño detalle, separándose exageradamente en un segundo. No se daban cuenta de que sólo lo hacían más obvio, aunque en frente de esos dos no les preocupaba mucho.
—Traje el postre —Yurio señaló el refractario que su amado sostenía. Parecía ser apple pie, olía demasiado bien.
Eso funcionó para romper el hielo y comenzar con una linda tarde.
Esperaron a que la familia Nikiforov-Katsuki llegara para sentarse todos a comer como la bella y gran familia que intentaban ser. Los anfitriones no querían que se viera forzado, pues en verdad deseaban que esas reuniones se hicieran una costumbre cotidiana.
Continuará…
20/10/2019
