Agape to Eros
By Tsuki No Hana
L
"Relación expuesta"
La escena fue por demás sospechosa. Los habían encontrado en una banca del jardín, sentados muy cerca uno del otro. Pero eso no fue lo que más llamó su atención, sino el hecho de que Andrew había retirado el brazo que pasaba por los hombros de Dimitri cuando se dio cuenta de la presencia de ellos dos ahí.
Yurio y Otabek tuvieron la sensación de que ocultaban algo, su reacción había sido diferente a la de cualquier amigo abrazando a otro.
Sin duda alguna había algo extraño ahí.
—¡Se ve delicioso! —exclamó Andrew al mirar el postre que su hijo había llevado, y de paso evadiendo cierto tema de conversación.
—Vamos a la cocina para que lo dejes ahí y esperemos al resto en la sala —pidió Dimitri con su habitual tono sereno.
—¿Viste eso? —susurró Yurio cerca de su novio, aún sorprendido y sin dejar de fruncir el ceño.
Otabek asintió.
Desde hace algún tiempo los habían notado cariñosos entre ellos. Les pareció extraño, pero decidieron no decir nada al respecto, hasta ahora.
—Es lo que yo creo que es, ¿verdad?
Otabek se quedó pensativo.
—Es muy pronto para hacer esas conjeturas. En especial porque se trata de…
—Mi padre y el de Viktor. No, no puede ser —se rio de sus propias ideas tontas. Rodó los ojos y decidió zanjar el tema, aunque ninguno de los dos se podía quitar aquello de la mente.
La familia Nikiforov-Katsuki llegó y el ambiente se alegró aún más. Tener niños presentes animaba cualquier lugar, en especial si se trataba de esos dos pequeños.
—Sentimos llegar tarde —se disculpó Yuuri, llegando con Alexei de la mano mientras Viktor cargaba a la pequeña Yarine.
—Compramos una Van familiar y apenas nos estamos acoplando a ella —agregó Viktor.
—Aunque hubiésemos llegado antes si alguien hubiera instalado los asientos para bebé desde anoche.
—Yuuri, te dije que lo haría en la mañana.
—Pero no lo hiciste.
—¡Lo hice!
—Al medio día.
—Pero lo hice, es lo que importa.
—Cinco minutos antes de salir de casa, lo hiciste cinco minutos antes.
De pronto se enfrascaron en una inusual discusión mientras los demás los observaban.
—¿Pelean así muy seguido? —le preguntó Andrew a su hijo al ver que ni él ni Otabek se inmutaban.
—Todo el tiempo —rodó los ojos.
—Pobres —suspiró al mirarlos mejor y notar lo cansados que se veían. Ambos estaban ojerosos, ligeramente desalineados y con un humor irritable.
Andrew miró a su querido Dimitri y lo descubrió observándolos con una ligera sonrisa divertida.
—¿Qué es tan divertido? —lo codeó—. No se ve que la estén pasando muy bien en casa, solo mira las caras que traen.
—Precisamente por eso —murmuró hacia su amigo sin dejar de ver a Viktor y a Yuuri—. Me recuerdan tanto a Yarine y a mí cuando nació Aleksi —suspiró.
La mirada de Andrew se suavizó al escucharlo decir eso. Sabía con certeza que Yarine siempre ocuparía el lugar más especial de su corazón, ella había sido el amor de su vida y eso jamás cambiaría, él lo respetaba. Sin embargo, le preocupaba que eso fuese a deprimirlo.
Sus preocupaciones se hicieron a un lado cuando lo vio esbozar esa sonrisa ladina que pocas veces mostraba. Dimitri estaba feliz.
—¡Yuuri! No seas así.
Andrew salió de sus pensamientos cuando Viktor comenzaba a reclamarle algo a su esposo.
—No. Te toca cambiarle el pañal —se alejó con Alexei aún tomado de su mano.
Los ahí presentes solo se reían al ver la divertida discusión marital.
Dimitri se acercó en silencio a Viktor y le quitó a su nieta de los brazos con suavidad.
—¿Qué haces?
—Le cambiaré el pañal.
—Papá, hace siglos que no lo haces.
—No eres tan viejo, hijo. Además, se lo cambié la última vez que estuve en tu casa.
Viktor casi se palmeó la cara al escuchar eso. Todos los demás se echaron a reír, incluso Otabek soltó una risa pequeña.
—Le cambiaré el pañal en la sala, vayan al comedor, servirán la comida en cualquier momento —le quitó la pañalera del hombro a su hijo e hizo lo que dijo.
—Gracias —suspiró, cansado. Pero no fue al comedor con los demás, siguió a su padre y vio cómo le cambiaba el pañal con tal facilidad como si lo hiciera todavía a diario—. Vaya… lo haces muy bien.
El mayor cuidaba a su princesa como si fuera una muñeca valiosa y delicada. Era tierno ver a un hombre como él cuidando de una bebé.
—Es tan hermosa —suspiró Dimitri, dejando que su nieta le envolviera el pulgar con su diminuto puño.
—Es idéntica a mamá.
Ambos hombres veían a la pequeña, ella les devolvía la mirada curiosa con sus grandes ojos azules tan llamativos.
—Se ven cansados —dijo de pronto, sin apartar la mirada de Yarine.
—Estamos cansados.
—¿No los deja dormir por la noche? —lo miró, analizando el rostro de su hijo, sí, se veía exhausto.
—No nos deja. Yuuri y yo dormimos más durante la siesta de los niños en la tarde —suspiró.
—¿Quieres que los cuide una tarde para que descansen?
—¿Lo dices en serio?
Dimitri asintió.
—Hablaré antes con Yuuri, pero… ¡Sí, por favor! —casi suplicó, eso hizo reír al mayor—. Los dos se portan muy bien, son buenos, pero… la verdad es que tanto Yuuri como yo nos levantamos cada vez que es posible solo para ir a ver que estén bien. Nunca habíamos tenido a un bebé recién nacido, ¿sabes? A veces tenemos pesadillas en las que Yarine deja de respirar por estar en una posición incorrecta mientras duerme. Dios, es horrible —se pasó una mano por todo el rostro hasta llegar a su cabello, despeinándose un poco.
Su padre solo soltó una risa corta.
—Hijo mío, bienvenido a la paternidad —cargó a Yarine entre sus brazos y la meció con mucho cariño. Ella no tardó en cerrar sus ojos y dormir profundamente.
—¿Cómo hiciste eso? —estaba asombrado.
—Soy su abuelo, ya me ama.
Viktor rio y rodó los ojos.
—Qué arrogante.
—¿Y de quién crees que lo heredaste? —rio—. Tu madre era muy humilde en ese aspecto —alzó una ceja.
—Tienes razón.
Padre e hijo tenían eso en común.
La comida transcurrió con tranquilidad luego de que Yarine cayera profundamente dormida. Antes de asistir a esa extraña reunión familiar, todos estaba escépticos, pues no tenían idea de cómo podría resultar aquello. Era la primera vez que Dimitri intentaba hacer aquello. Se notaba que quería hacer las paces en serio, de manera oficial, haciéndoles ver que su hogar era también de ellos, y… a decir verdad, se sintieron muy bien recibidos, casi como si visitaran esa mansión cada fin de semana.
Algo había cambiado en el ambiente, ese algo era la actitud y la nueva disponibilidad que Dimitri tenía. No quería pelear más. Lo único que deseaba era pasar tiempo con su familia.
—Iré por el postre —Dimitri se puso de pie. No era necesario que él lo hiciera, pues tenía personal que podía encargarse de ello, pero miró a Andrew y este entendió de inmediato sus intenciones.
—Te ayudaré con el té y el café —se puso de pie el rubio, siguiéndolo a la cocina.
Ya estando ahí, Dimitri soltó un poco del estrés que traía encima.
—¿Cómo ves todo esto? ¿Está saliendo bien? ¿Se ven cómodos?
—Hey —lo tomó de los brazos y lo miró fijo a los ojos—. Tranquilo, todo está saliendo a la perfección, se ven cómodos y felices. Eres buen anfitrión.
—Ser un buen anfitrión no es lo que me preocupa, Andrew, sino el resultado de esta reunión.
El rubio sonrió y soltó un suspiro.
—Todo está saliendo perfectamente, así que cálmate un poco y respira.
—Pero… —dejó de hablar al sentir un repentino abrazo. Era uno suave y cariñoso, sin llegar a ser incómodo. Ese simple gesto había logrado calmarlo.
—Gracias —suspiró el mayor.
—Te aseguro que a partir de hoy van a visitarte más seguro.
—¿Tú lo crees así?
—Estoy seguro.
Dimitri no entendía cómo hacía Andrew para ser tan positivo. Era su rayo de luz en una mañana nublada y fría.
—Bien —respiró profundamente y se armó de valor, listo para regresar al comedor.
—Oye.
—¿Mnh? —se detuvo y regresó sobre sus pasos.
—Se supone que veníamos por el postre y el café.
—Oh…
Andrew se echó a reír antes de hacer lo que se suponía que habían ido a hacer, ajenos a que alguien los había estado observando desde minutos atrás.
Yurio había informado a todo en la mesa sobre la nula capacidad de su padre para preparar un café decente. Viktor empezó a reírse y hacer bromas junto con él mientras Otabek terminaba su comida en silencio y Yuuri los miraba desaprobatoriamente por hablar así de los no presentes, pues Viktor no tardó en decir lo mismo de su padre.
Así fue como Yuuri decidió ponerse de pie e ir a ayudarlos. Por supuesto que no imaginó encontrárselos compartiendo un abrazo de ese tipo.
No tenía nada de malo, pero sentía que una pieza en el rompecabezas no encajaba. Eso de "Solo somos buenos amigos" se los creía cada vez menos. Si Dimitri no tuviese ese pasado homofóbico, Yuuri juraría que había algo más que amistad entre esos dos.
Decidió no pensar más en ello por el momento, e hizo anuncio de su presencia ahí para ayudarlos con el café y el postre.
Ambos hombres estuvieron agradecidos.
Después de haber compartido tan agradable comida familiar, Viktor quiso mostrarle su antiguo hogar a su esposo, así que le pidió permiso a su padre.
—Hijo, es tu casa, haz lo que quieras —le dijo con una sonrisa.
—Hace mucho tiempo dejó de serlo.
Dimitri sintió una punzada en el corazón al escuchar eso, pero supo disimularlo muy bien. Después de todo, Viktor tenía razón.
—Pero me gustaría recordar viejos y buenos tiempos. Quisiera enseñarle mi antiguo hogar a Yuuri.
—Vayan, nosotros nos quedaremos con los niños —ofreció Dimitri con una suave sonrisa. Tenía en sus brazos a una recién levantada Yarine.
Viktor tomó la mano de su esposo y se lo llevó a recorrer el lugar. Yuuri estaba completamente sorprendido por el lujo de esa residencia tan grande. Sabía que Viktor venía de una buena familia, pero era la primera vez que lo veía de primera mano.
Cuando comenzaron a subir las escaleras, Yuuri no pudo evitar pensar en el accidente que tuvo su esposo ahí cuando apenas era un adolescente. Debió ser muy doloroso, las escaleras de mármol eran peligrosas. Notó cómo su esposo se estremeció un poco, él también estaba recordando su accidente. Yuuri apretó el agarre de sus manos y le dedicó una cálida sonrisa de apoyo cuando Viktor lo miró en agradecimiento.
Primero pasaron por la habitación de Aleksi, pero Viktor no soportó siquiera abrirla, la saltó, pero terminó regresando sobre sus pasos solo para descubrir que seguía siendo tal como la recordaba.
Se le formó un inmenso nudo en la garganta que no se permitió aflojar sino hasta que su amado lo abrazó, consciente del dolor emocional que estaba atravesando.
Ahí se permitió llorar un poco al recordarlo. Recorrieron esa habitación y vieron que estaba pulcramente aseada, ninguna mota de polvo cubría ninguna superficie.
Luego fueron a la de Viktor. Yuuri estaba emocionado por verla. Se asombró al ver que tenía gustos muy similares a los de ahora, pero algo infantil. Tenía posters de una hermosa patinadora colgados en sus paredes.
—Espera… yo a ella la conozco —miró cada poster, completamente sorprendido—. Ella es…
—Mi madre.
Yuuri seguía sorprendido. Impactado. Porque él sí la conocía, cuando comenzó a patinar de manera profesional, investigó sobre los mejores patinadores de la historia del mundo, entre ellos estaba la foto de esa hermosa mujer.
—Veo que papá no ha cambiado nada, todo está tal cual lo dejé la ultima vez que estuve aquí —se sentó en la orilla de su antigua cama.
—¿Hace cuánto tiempo fue eso?
—Hace más años de los que puedo recordar —suspiró. Sentimientos agridulces lo invadían, hasta que Yuuri se sentó a un lado y recargó la cabeza sobre su hombro. Amaba que hiciera eso. Cuando lo veía triste no tenía que decirla nada, bastaba con sentarse a su lado y estar ahí, solo estar ahí.
De pronto Yuuri soltó una risa cantarina que elevó la serotonina en el cerebro de Viktor.
—¿Cuántas chicas trajiste a esta cama? —preguntó con sincera curiosidad, recordando el pasado promiscuo de su esposo.
—¡Yuuri! Lo dices como si me hubiese acostado con muchas chicas.
El aludido le dirigió una mirada que decía "no te creo nada".
—Bueno, eso solo fue en mi adolescencia —admitió.
—¿Y se supone que eso mejora la situación? —se echó a reír—. Precoz… —murmuró.
Viktor soltó una pequeña risa y le dio un codazo muy suave antes de hablar.
—¿Quieres que sea sincero?
—Por favor.
—Nunca traje a una chica a este cuarto. Ni siquiera a esta casa.
—Pero sí a tu casa cuando te independizaste.
—Oh, claro que sí. La lista es larga.
Ahora fue Viktor quien recibió un codazo, nada suave. Se quejó por ello, pero no tardó en acorralar a su celoso esposo contra el colchón, bajo su pesado cuerpo. Se acercó a él con una sonrisa traviesa y le propuso algo muy tentador.
—¿Qué te parece si estrenamos este colchón? —murmuró contra su oído.
El cuerpo entero de Yuuri se estremeció.
—Pervertido.
—Pero te gusta que sea así.
Yuuri respondió besándolo en los labios. Rodeó la nuca de Viktor con sus manos y lo atrajo más hacia su cuerpo. El ruso había pensado que terminaría empujándolo y recordándole que estaban en casa de su padre, pero grande fue su sorpresa al sentir algo más que los labios de Yuuri en ese beso.
Sorprendido por la ferviente pasión con la que respondió, comenzó a acariciarlo bajo la ropa, hasta que la sensatez volvió a Yuuri y detuvo eso justo ahí, recordando dónde estaban y en qué circunstancias estaban. Tuvieron que detenerse, prometiendo darse amor al llegar a casa, luego de dormir a los niños.
—Muero por estar en casa —suspiró Viktor, acostándose bocarriba en su cama luego de que Yuuri se incorporara para dar un pequeño recorrido por toda esa habitación. Pues si no se separaban… no saldrían de ahí hasta terminar lo que empezaron.
En su recorrido por esa recámara, Yuuri olvidó la excitación que había tenido hasta hace unos momentos, pues su lado fanboy salió a flote al ver cada detalle de la habitación que vio crecer a su mayor ídolo. Además de su habitación, Viktor le mostró algunas otras partes de su antiguo hogar, como la sala común en la que su madre solía leerle libros en las noches frías de San Petersburgo.
—Volvamos con el resto —sugirió Yuuri al ver la hora y notar que se ¡es había pasado el tiempo volando.
—Bien, pero antes… —lo tomó de la cintura y le robó un dulce y profundo beso. Al separarse, Yuuri soltó un suspiro lleno de satisfacción.
—Gracias —fue lo único que pudo decir en ese momento. Sus rodillas temblaban ligeramente y su corazón estaba acelerado cual adolescente.
Viktor soltó una risa traviesa. ¿Le estaba agradeciendo por un beso?
Fueron en busca de los demás, pero al no encontrarlos en la sala ni en el comedor, fueron directo al patio de donde provenían las dulces carcajadas de Alexei. Era un día perfecto para tomar aire fresco y un poco de sol.
Estaban por reunirse con los demás, pero ruidos viniendo de la cocina llamaron su atención. Echaron un vistazo y…
—Oh por Dios… —exclamó Viktor en apenas un hilo de voz, pero eso bastó para atraer la atención de las únicas dos personas dentro de la cocina.
Dimitri y Andrew se separaron de inmediato luego de haber compartido un corto beso en los labios.
Un largo e incómodo silencio se instaló en el lugar. Lo que fueron solo segundos se sintieron como horas. Yuuri miraba a su esposo y a los otros dos simultáneamente. Por primera vez en mucho tiempo no supo cómo reaccionaría Viktor ante está situación.
Su boca era una fina línea horizontal, estaba pálido y miraba a su padre con el ceño fruncido. Muchos pensamientos cruzaban su mente en ese momento, a una velocidad increíble, tratando de procesar la información recién recibida.
—Viktor… —Dimitri fue el primero en romper ese silencio que ninguno se atrevía a quebrar, pero luego miró a Andrew y a Yuuri ahí presentes—. ¿Podrían dejarnos a solas un momento? —preguntó el mayor, con el todo el tacto posible.
Los aludidos asintieron y los dejaron a solas, pero no se apartaron de la puerta de la cocina. Temían que esos dos comenzaran una peligrosa discusión.
—¿En serio ustedes dos son…? —le preguntó a Andrew. Este suspiró y asintió.
—Demonios —se asomó por la puerta de la cocina para ver a su esposo, temiendo que algo muy malo pasara. Sabía que podía explotar en cualquier momento.
—¿Qué sucede? —preguntó Yurio, llegando ahí con Yarine en brazos mientras Otabek traía a Alexei tomado de la mano.
Yuuri y Andrew se veían tensos y nerviosos.
—Viktor y su padre están charlando ahí adentro —explicó Yuuri.
—¿Están peleando de nuevo? —miró ahora a su padre.
Andrew no supo qué responderle, más bien, no sabía cómo decírselo.
—Yuri…—suspiró—. Dimitri y yo… tenemos… —le era difícil decirlo en voz alta, pero ya no tenía caso esconderlo más tiempo, todos se enterarían tarde o temprano—… tenemos una especie de relación… amorosa.
—Oh —procesó la información recién recibida—. ¡Lo sabía! —apuntó a su novio con un dedo—. Te lo dije, Beka, sabía que había algo raro entre ellos.
—¿No te molesta? ¿No te sorprende? —Andrew estaba impactado por la reacción de su hijo.
—Te he visto muy feliz últimamente, si te hace feliz, yo soy feliz —se encogió de hombros—. No te niego que sí me sorprende un poco, en especial porque… bueno, mi madre y tú…
—Ella siempre va a ser el amor de mi vida —aseveró con un tono serio y determinante. No daba lugar a dudas.
Yurio sonrió de lado.
—Lo sé. Pero tienes derecho a seguir viviendo y a ser feliz, y si el papá de Viktor te hace feliz… adelante.
Andrew soltó un largo y pesado suspiro. Se había quitado una enorme carga de los hombros al soltar al fin la noticia y más aún al recibir tal apoyo por parte de su único hijo.
Y a pesar de que Yurio cargaba a Yarine en brazos, Andrew fue hacia él y lo rodeó con sus brazos.
—Espero que a Dimitri le vaya igual de bien con Viktor —suspiró.
Entonces los ahí presentes escucharon que padre e hijo alzaban la voz dentro de la cocina.
Estaban discutiendo.
Por un momento pensaron en intervenir, pero Andrew los detuvo.
—Déjenlos hablar, lo necesitan.
Yuuri comenzó a morderse las uñas, algo inquieto por el resultado de esa discusión.
—¿Podemos no hacer esto? —pidió Viktor. Caminaba de un lado a otro en la cocina, mientras su padre lo miraba desde un mismo lugar.
—Viktor… —fue interrumpido.
—¡No! Me juzgaste por años, y no solo eso, también trataste de sabotear mi relación con Yuuri. Pasé los años más amargos de mi vida gracias a ti, y ahora descubro que tienes una relación con otro hombre. Si eso no es hipocresía pura, no sé qué es —estaba exaltado, no dejaba de caminar de un lado a otro.
—Lo sé, no tengo perdón. Quiero decirte que… —silenció al ver que se detenía abruptamente. Seguía viéndose molesto, pero ahora lo miraba directo a los ojos. De pronto cerró los ojos con el ceño fruncido y soltó un pesado suspiro.
—¿Él te hace feliz? —preguntó de la nada, desconcertando a su padre.
Dimitri asintió, aún sin saber qué esperar de parte de su hijo, quien se dio media vuelta y recargó ambas manos sobre la encimera, parecía que le estaba costando mucho trabajo procesar toda esa información.
Estuvieron en silencio un par de minutos, tiempo que Dimitri respetó sin interrumpir, hasta que Viktor se giró de nuevo y lo miró a los ojos con una expresión que el mayor no supo descifrar. En verdad estaba temblando por dentro.
—Entonces… está bien —sorpresivamente sonrió.
—Viktor… —se esperaba cualquier cosa, menos eso. ¿"Está bien"? ¿En verdad lo aceptaba así como así?
—Hemos peleado tanto, y por tantos años —suspiró con cansancio—. No te voy a juzgar. Y si eres feliz, soy feliz —se encogió de hombros.
Los ojos de Dimitri se llenaron de lágrimas. Se quedó parado en el mismo lugar, sin poder creerlo aún. ¿Estaba soñando?
Viktor notó eso, sorprendido por ver esas lágrimas. No sabía si se debía a que ahora conocía lo que era la paternidad, o quizás era cariño sincero hacia él, pero tuvo el impulso de ir y abrazarlo. Superando realmente cualquier rencor entre ellos. Y así lo hizo, acortó la distancia entre ambos y le dio un suave abrazo.
Su relación al fin había madurado.
—Debo admitir… —dijo al separarse de su padre—…que jamás lo esperé de ti —rio un poco y lo miró a los ojos. No había un atisbo de reproche o doble intención—. ¿Y qué? ¿Piensan casarse?
—¡No! —exclamaron Dimitri y Andrew al mismo tiempo. Este último entraba en ese momento a la cocina.
—Nadie ha hablado de boda, y es algo que no vamos a discutir —aseveró Dimitri.
—Estoy de acuerdo con él. Estamos bien así —miró a padre e hijo, tratando de averiguar si estaban muy enojados o no.
Para su sorpresa, se veían muy tranquilos, excepto por Dimitri, tenía los ojos rojos como si hubiera…
—¿Estás bien? —le preguntó Andrew discretamente. Dimitri asintió.
Sí, los dos estaban bien así, se hacían felices mutuamente, cuidaban uno del otro y se hacían compañía. No necesitaban complicar su relación con una etiqueta o un papel firmado. Ambos habían tenido ya al amor de su vida y lo perdieron a temprana edad, era algo que tenían en común además del gran afecto que sentían el uno por el otro.
No pasó mucho tiempo para que toda la familia entendiera esa extraña relación. Además, esa reunión familiar fue la primera de muchas. Para sorpresa de Dimitri, Viktor tuvo la iniciativa de llevar a su familia más seguido a su casa, y no solo a su esposo e hijos, sino también a Yurio y a su novio. Eso hacía muy feliz también a Andrew, quien prácticamente vivía en la casa Nikiforov.
Sin darse cuenta, se habían convertido en una gran y feliz familia disfuncional que se reunía cada fin de semana para pasar el tiempo juntos.
—No tengo manera de agradecerte todo esto —dijo de pronto Dimitri. Viktor y él estaban en la sala de la mansión Nikiforov. Alexei se divertía brincando en la pierna de su padre mientras Yarine dormía en los brazos de su abuelo.
—No quiero que mis hijos crezcan lejos de su abuelo, merecen tenerte en sus vidas.
Eso hizo sonreír al mayor.
—Y no solo por esto, sino también por… —no sabía cómo tocar el tema de manera tan directa—…por la manera en que tomaste la noticia de mi relación con Andrew.
Viktor sonrió de lado mientras miraba a su hijo sentado sobre su pierna. Él la movía para que su pequeño brincara, parecía ser un juego que le gustaba mucho a Alexei.
—No te lo voy a negar. Mi primera reacción fue de mucho enojo, rencor y algo de envidia.
—¿Envidia?
—Porque me di cuenta de que no podía enojarme de verdad contigo, no más. Pero también me di cuenta de que me hubiese gustado mucho que tu reacción al enterarte de mi relación con Yuuri hubiese sido al menos un poco parecida a la mía. Me habría ahorrado algunos años de agonía —dramatizó un poco al final para hacer reír a su padre, pero no fue así.
—En verdad lo siento.
—Lo sé, y es por esa razón que no quiero hacerte pasar por lo mismo. Es un poco incómodo saber esta verdad, pero a final de cuentas es tu vida.
Dimitri lo miró a los ojos, esperando encontrar algún atisbo de ironía, sarcasmo o enojo. Pero no había nada de eso, al contrario, le dirigía una sonrisa realmente sincera y con cariño. Era Viktor al natural.
—Gracias —dijo con una sonrisa igual de natural, zanjando ya ese tema de una vez por todas. Se sentía liberado, sin secretos hacia sus seres más amados.
Entonces miró a su pequeña nieta en brazos, y una repentina duda llegó a su mente.
—Hijo.
—¿Mnh? —estaba concentrado en entretener a su hijo mayor.
—¿Yuuri y tú piensan tener más hijos?
Esa simple pregunta casi hizo que soltara a Alexei. Lo tomó por completo desprevenido.
—Sí nos gustaría, pero no lo hemos hablado aún —respondió Yuuri, quien había alcanzado a escuchar la pregunta y la reacción tan extraña de su esposo.
—¿Utilizarían el mismo medio? —inquirió con más preocupación que curiosidad.
—Definitivamente no —respondió Yuuri una vez más.
—Sí, no haría que Yuuri pasara por eso de nuevo —respondió al fin Viktor, con una extraña expresión de tristeza.
El japonés alzó una ceja sin poder evitarlo. Su esposo llevaba días comportándose muy extraño.
—Podríamos adoptar.
De nuevo, Viktor hizo una extraña mueca de desacuerdo, desconcertando aún más a los ahí presentes.
—O incluso alquilar un vientre —sugirió más opciones, pero ninguna parecía agradarle a su esposo.
Ese mismo día, antes de irse a la cama, Yuuri intentó tocar el tema con su esposo, pero este seguía actuando extraño.
—Viktor, ¿sucede algo malo? —se sentó a su lado en la cama.
El aludido le dedicó una linda sonrisa.
—No, ¿por qué lo preguntas?
Se veía tranquilo, en ese momento realmente parecía que no sucedía nada.
—Te he notado extraño.
Viktor alzó una ceja, como no entendiendo.
—Cada vez que tocamos el tema de tener más hijos, tú… eso —señaló su expresión—. Cada vez que hablamos de esto pones esa cara.
—No pongo ninguna cara.
—Vitya, te conozco lo suficiente para saber que algo sucede, pero me preocupa no saber qué está pasando.
—No ocurre nada —comenzaba a mostrar la incomodidad que sentía.
—La doctora Kubo me llamó —dijo de pronto, mirando atentamente los ojos de su esposo, tratando de descifrar qué sucedía.
Viktor se paralizó.
—No pudo comunicarse contigo, así que me buscó para darme la información que le pediste.
Ahora palideció al escuchar eso.
—Dices que no me harías pasar por lo mismo, pero estás buscando información sobre los avances que ha tenido el tratamiento. Viktor, dime por favor qué está pasando.
El ruso soltó un suspiro pesado y muy largo.
—Yuuri, lo siento.
Continuará…
Dos años, justo hoy se cumplen dos años de mi última actualización. No tengo más que decir que ¡PERDÓN! Pero aquí sigo, y voy a terminar esta historia.
Les mando un abrazo muy fuerte a las personas que siguen aquí. Joder, dos años, han pasado tantas cosas.
¡Las quiero!
20/Octubre/2021
11:00 p.m.
