Seis continentes.
Casi doscientos países.
Enorme variedad de razas humanas y de idiomas.
Enormes edificios que llegan hasta el cielo.
Cajas mágicas en donde las personas se mueven y hablan.
Vestimentas muy extrañas y poco prácticas.
El cabello de estas personas no eran multicolor o desafiaban la gravedad.
1964.
Si, definitivamente esto no es el continente shinobi.
.
.
Pero tampoco era su mundo.
Lo entendió no mucho después de haber recibido las caras de desconcierto y de preocupación de algunas personas al preguntar por ninjas y naciones elementales.
Pasaron solo tres meses desde que llegó.
Se la pasó robando para sobrevivir, claro, solo lo necesario, como ropa y comida.
Ella podría haber robado más sin que nadie se diera cuenta, estás personas no estaban entrenadas como ella. Estas personas eran muy frágiles y fáciles de engañar, y más por una dulce niña de 4 años.
Pero ella no se iba a aprovechar de eso.
¡Por el amor de todos los kamis ella fue una respetable kunoichi!
Una excelente ninja médico, en su vida adulta.
Y lo siguió siendo en su vejez.
.
.
Pasó un año desde que vino a este mundo.
Ya no podía seguir viviendo así, no con un cuerpo tan … vulnerable.
No debajo de un puente con frío y con muchas personas que querían hacerle daño.
Eso era aterrador, sobre todo de noche, ella es fuerte y puede defenderse, pero no le gustaba vivir en alerta todo el tiempo, ella quería relajarse y ser más normal.
Ella tenía un plan, en el cual gozaría de una vida más fácil.
Pero tendría que tragarse su orgullo para ejecutarlo.
Y su plan estaba justo en frente de sus narices.
Ella podría haber llamado a servicios infantiles, pero eso sería una malísima idea considerando que casi siempre se equivocan al momento de elegir familias de acogida. Bueno, en su mundo se equivocaban, no hay razón para no pensar lo mismo sobre este mundo.
Con un movimiento de sus manos hizo un henge, para cambiar el color de su cabello a un más "normal", y prosiguió con su plan.
Solo tenía que esperar hasta la noche y rezar para no morir de una hipotermia a la mañana siguiente.
.
.
— Mañana nos toca limpieza en el comedor con Mateo, Eloisa y con los mellizos Mill y Cherry, así que no lo olvides Sakura — dijo una soñolienta voz.
— Bien — asintió con cansancio, estaba a punto de dormirse cuando recordó algo — Oye Sophie, ¿sabes si los mellizos han estado agarrando mis cosas?
— No lo creo, te tienen miedo — aunque la habitación estuviera oscura, Sakura podía casi sentir que su compañera de habitación estaba sonriendo.
Sakura, sin embargo, decidió ignorar su última frase — Es que últimamente han estado desapareciendo mis cosas y por más que busco no las encuentro —
— Los mellizos no son ningunos ladrones — dijo con reproche.
— Yo no he dicho eso, es solo que, por más que busco no encuentro alguno de mis pantalones o la caja musical que me regaló la señorita Oliphia — dijo con timidez y una mezcla de vergüenza.
— De seguro está en la ropa sucia y la caja tal vez esté tirada por ahí, ahora a dormir, que me muero de sueño — finalizó la tal niña Sophia.
Ya han pasado cinco años desde que ingresó a este orfanato. Y seis desde que vino a este mundo, ahora tiene diez años, no falta mucho para que cumpla once años.
De eso trataba su plan, ingresar a un orfanato y tratar de vivir lo más pacíficamente posible. Haruno Sakura no se arrepiente de nada de lo que ha hecho hasta ahora, esta vida es agotadora, pero más tranquila que la anterior.
Su plan salió muy bien, fingiendo ser una niña, cuya madre no la quería ni ver en pintura, ya que las únicas palabras que le decía era que Sakura, su propia hija, era el peor error de su vida y que nunca debería haber nacido, añadiendo, o inventando, que dicha madre varias veces la golpeaba y la insultaba. Las encargadas del orfanato y los policías locales se espantaron con su historia e hicieron todo lo posible por encontrar a sus supuestos padres, pero efectivamente, no los encontraron.
Nunca dudaron de su versión de la historia, ni siquiera hicieron hincapié cuando Sakura les dio una pobre ubicación de su hogar; y aquí aclaremos que muchas de las cosas que había dicho Sakura no tenían mucho sentido.
Pero claro, después de todo estamos hablando de una niña de cuatro años perdida y asustada, obviamente la pequeña no sabría cómo volver a casa, de seguro era otra de las artimañas de su violenta y malvada madre, darle una ubicación falsa para deshacerse de su indefensa hija y que las autoridades no pudieran molestarla.
Además, estamos hablando de una niña, y los niños no mienten, pensaron los policías, y menos con una historia tan cruel y real, últimamente esto pasa con las madres que son muy jóvenes, que terribles padres, pensaron los adultos.
Que ingenuos.
Sakura los tenía prácticamente comiendo de la mano.
Este mundo no cree en los niños/adultos, los niños son niños y ya, hacen cosas de niños y no tienen preocupaciones.
No creen en los niños llenos de odio y resentimiento.
Este mundo es muy diferente al suyo.
Sakura le rogaba perdón a su madre, donde quiera que esté, por todas las mentiras que estaba diciendo en ese entonces.
En fin, nunca encontraron a los supuestos padres de Sakura, incluso su foto y su triste historia habían salido en primera plana en los periódicos dos días después, tampoco encontraron familiares que reclamaran por ella, así que las encargadas del orfanato decidieron encargarse de ella hasta que cumpla mayoría de edad y las autoridades locales de ese entonces accedieron sin rechistar.
Tampoco es que Sakura hubiera elegido un orfanato al azar, no, ella había estado vigilando este lugar por semanas, hasta que hubiera recaudado la información suficiente como para saber si este lugar era adecuado para vivir cómodamente o no.
Ahora está aquí, compartiendo habitación con varias niñas de su edad, viviendo tranquilamente, la niña a su costado se llama Sophia, ella es un año menor que ella, es muy alegre y juguetona, es bajita, de ojos cafés y un corto cabello rubio, es la amiga de Sakura más cercana, le recordó mucho a su mejor amiga de su mundo, Ino Yamanaka.
Sakura realmente los extrañaba, a todos.
Pero esta es una vida más pacífica y trataría de dar el máximo provecho.
Este mundo es maravillosamente muy diferente a su otro mundo, y lo entendió con mejor claridad cuando fue por primera vez a un colegio que estaba cerca de la zona, entendió muchas cosas a partir de ahí, es más, se destacó mucho en el colegio por sus calificaciones, siempre traía buenas calificaciones a las encargadas, ellas siempre la felicitaban por su gran desempeño. Sakura estudiaba arduamente sobre este mundo, ella quería saberlo todo, sentía una enorme curiosidad sobre este mundo y sus costumbres.
Sin embargo, Sakura no sabía absolutamente nada, y lo supo en 1971, en marzo, cuando cumplió once años y recibió su primera carta
.
.
