La bóveda de Regina era un completo desastre, pero a ellas no les importó, fue tanta la diversión, que ni siquiera se detuvieron a pensar en ese simple detallito.
"tu hermana nos matará", comentó Emma entre risas.
"no tiene por qué enterarse", respondió, ambas estaban sentadas en el suelo una del lado de la otra y sin que ninguna lo advirtiera, tenían sus manos tomadas.
"¿no me digas que arreglarás todo este desorden con magia?", dedujo Emma y Zelina le respondió con un movimiento de su mano y todo en la bóveda quedó como si nada hubiese ocurrido.
"listo, tan impecable como a mi hermanita le gusta", bromeó y Emma le regaló una intensa mirada que estremeció todo su cuerpo.
"ya no temo por mi vida", la rubia rompió el momento.
"vamos, creo que es hora de que la diversión termine", dijo Zelina mientras se levantaba del suelo para caminar hacia la salida.
"¿continuaremos con nuestras clases?", esa pregunta de Emma evitó que siguiera avanzando.
"¿no lo sé, dímelo tú?", encogió los hombros y sus ojos verdes no la dejaron de mirar.
"me encantaría seguir contando con momentos como estos", se sinceró, era lo que sentía.
"tampoco quiero que terminen", la pelirroja retribuyó el gesto.
"¿qué te parece si desayunamos juntas mañana?", propuso Emma.
"no puedo negarme a una invitación como esa", no dudó en aceptar.
"nos vemos en la cafetería bien temprano", la expresión de Zelina la confundió, "¿ocurre algo?", preguntó ante su gesto.
"no sé cómo llegar", respondió un poco apenada y Emma rió a carcajadas, olvidó ese detalle.
"te recojo en la mansión, sin que tu hermana se dé cuenta", la vio sonreír en aceptación y ambas salieron de la bóveda, se montaron en el auto y Emma condujo hasta la mansión, la tarde había sido prometedora, sin dudas, el inicio de una hermosa relación entre ambas.
El momento de felicidad vivido en el parque fue efímero, estar junto a sus seres más amados trajo mucha alegría a su corazón, pero como todo lo que comienza debe acabar, ahora estaban camino a la mansión en la camioneta de David, Henry iba en el asiento del copiloto y ella viajaba en el asiento trasero, Ruth sentada en su regazo, esa hermosa y dulce niña era uno de sus mayores tesoros, no dejaba de acariciarla, la amaba con toda su alma y no estaba dispuesta a desperdiciar ni un solo segundo para demostrarle sus sentimientos, quería recuperar el tiempo perdido.
"hemos llegado", la voz de David la trajo de golpe a la realidad.
Los niños se bajaron de la camioneta y corrieron hacia la entrada, se disponía a seguirlos, no pudo.
"tenemos una conversación pendiente, señora alcaldesa", la curiosidad se apoderó de ella.
"no recuerdo haber aceptado tener una conversación con el Príncipe Encantador", su altanería la ayudaría a no quedar descubierta ante sus ojos que la miraban intensamente a través del espejo retrovisor.
"solo le recuerdo que nunca dejo una deuda por cobrar", le siguió el juego.
"hablas como Gold, ¿será que te hechizó y no lo sabemos?", desvió el enfoque de la conversación, lo menos que quería era tener que enfrentarlo.
"quien me hechizó no fue precisamente el Ser Oscuro", un tenso silencio siguió, Regina sabía muy bien lo que sus palabras significaban.
"mis hijos me esperan", puso como pretexto a los niños para salir de ahí.
"espera", no sabía por qué, pero no quería alejarse de ella, Regina se quedó sin moverse y se aprovechó para continuar, "quería saber si tengo tu permiso para llevar a Ruth al colegio y recogerla en las tardes", era de las promesas que le había hecho a la pequeña y por nada del mundo pretendía no cumplirla.
"esa fue la promesa que te hizo hacerle, ¿verdad?", el corazón es traicionero, ni con la magia más poderosa, evitaría que el lazo entre padre e hija se hiciera cada vez más fuerte.
"entre otras", respondió como si fuera muy natural entre ellos.
"tienes mi permiso", se bajó de la camioneta, no podía continuar cerca de él, sentía que se debilitaba ante su presencia, y la actitud de David con respecto a su hija, la aterraba con cada segundo que pasaba.
No sintió el sonido de la camioneta arrancar hasta que no estuvo dentro de la mansión, clara señal de que no había querido irse, se recostó a la puerta, la verdad era que cada vez le costaba más trabajo estar lejos de él.
"¿y David?", preguntó Ruth al verla entrar.
"se fue mi amor", se dio cuenta de que su voz la delató totalmente.
"¿te ocurre algo mamá?", preguntó Henry, la conocía muy bien, no podía mentirle, el niño era muy inteligente.
"traje hamburguesas de Grannys", Tinkerbell la salvó una vez más.
"¡RICO!", exclamaron muy animados, el hada la miró y ambas asintieron.
"primero deben lavarse las manos", advirtió Tinkerbell y los niños protestaron, pero al final terminaron obedeciendo y los tres se fueron al comedor.
"¿cómo fue tu clase de magia?", Zelina solo la analizaba con la mirada, desde la mañana, la extraña actitud de su hermana, trajo dudas a su mente.
"fenomenal, Emma es muy divertida", el brillo en sus ojos, habló por ella.
"vamos que muero de hambre", cambió el tema, aunque sus sospechas se habían confirmado y el sabor a victoria era tan deliciosos, quería esperar un poco más para explorar ese terreno.
"Ruth nos contó que pasaron toda la tarde con David en el parque", comentó Zelina, su sobrina no dejaba de hablar del tema desde su llegada a la mansión.
"Henry quería aprender a pelear con espadas, ella se ofreció a enseñarle", comentó sin darle importancia a su respuesta.
"deberías tomar ejemplo de tu hija", sugirió con toda la intención de que Regina pensara en sus palabras, si amaba a David, no era justo que se privara de sus sentimientos.
"hoy comeremos pizza", cuando ambas estuvieron cerca de la mesa del comedor, anunció, prefería no pensar en lo que significaban las palabras de su hermana.
"te ayudo, así practico lo que mi nueva jefa me enseñó en mi primer día de trabajo", Granny y Ruby fueron muy amables con ella, además, tuvo la oportunidad de conocer a casi todo el pueblo, la cafetería tenía mucho movimiento.
"por cierto, tu día, ¿cómo fue?", dejaron a Zelina con sus sobrinos quienes ni hablaban por comer tantas hamburguesas, esos niños no se conformaban.
"me encantó trabajar allí, es cuestión de adaptación", no sabía cómo tenía sus pies intactos, de tanto ajetreo, pensó que los perdería.
"estoy muy contenta por ti", mientras se lavaban las manos, le dedicó a su amiga una sonrisa de puro orgullo.
"debemos hablar", la expresión de Regina cambió radicalmente, "Zelina sabe algo", estuvo interrogándola cuando Emma la dejó en la mansión.
"Granny también", la actitud y los cometarios de la anciana no le dejaron dudas de ningún tipo.
"ese era otro tema del que te quería comentar", Regina asintió con la cabeza.
"anoche David tuvo un sueño, está recordando Tink", de solo pensar que eso ocurriera, le daba miedo.
"¿por qué no le devuelves los recuerdos?", Regina abrió los ojos por el asombro ante la proposición, sin responderle, continuó con la tarea de preparar las pizzas, "perdón por ser tan honesta, pero David no puede ocultar sus sentimientos hacia ti", ya había notado que le brillaban los ojos cuando estaba cerca de ella y no disimulaba en lo absoluto, "y se nota su afinidad con la pequeña, quien tampoco puede ocultar lo que siente cuando ve a su padre", Regina continuaba cocinando frenéticamente, "¡Regina!", tuvo que llamarla, su amiga parecía perdida en su propia mente.
"¿qué quieres que haga, Tink?, no puedo llegar y decirle a David que no lo dejé elegir, que una vez más fui egoísta y solo pensé en mí, en lo que era mejor para proteger a mi corazón, no soportaría su mirada de reproche, de él no", liberó un peso de sus hombros.
"empieza enfrentando tus sentimientos", le habló fuerte.
"no puedo", las emociones que sentía en ese momento la tenían desestabilizada, sabía que ese tema no le hacía bien.
"¿por qué?", seguía presionándola.
Regina no respondió, necesitaba recuperarse, pero su amiga se aprovechó.
"¿por qué, Regina?", insistió aumentando la presión.
"¡porque tengo miedo!", exclamó al borde de la desesperación.
Estaba medianamente satisfecha, pero necesitaba más, "¿por qué, Regina?", se arriesgó y repitió su pregunta, la conocía muy bien, era un verdadero milagro que todavía respiraba, la estaba presionando mucho.
"porque lo amo", las palabras salieron sin previo aviso, "demasiado", por si no hubiera sido poco, su corazón tan caprichoso la hizo concluir lo que había comenzado.
"hasta que por fin lo reconoces", la voz de Zelina se escuchó en la cocina, ninguna de las dos sabía qué decir, "no me miren con esas caras, no es la primera vez que escucho sobre ese tema, anoche observé tu intercambio con Ruth", al no recibir respuesta, declaró lo que había presenciado la noche anterior.
"basta las dos", era mejor terminar ese tema, tenían razón, pero no quería enfrentarse a esa realidad, el silencio la ayudó a recobrar fuerzas.
"tía Zelina, ¿nos ayudas en una tarea?", Ruth llegó unos minutos después.
"la tía Zel, al rescate", cargó a la niña y se la llevó de la escena, ahora también temía que hubiese escuchado algo.
No volvieron a conversar mientras terminaban la cena, unas horas más tarde los cinco degustaron de las deliciosas pizzas, vieron una película que escogió Henry y cuando llegó la hora de dormir, Regina se llevó a sus hijos a las habitaciones para asegurarse de que descansaran.
"tenemos que interferir en ese asunto", Zelina aprovechó que su hermana no estaba, para buscar la complicidad de su amiga.
"estoy de acuerdo", ante la aceptación de Tinkerbell, su respiración se normalizó, sabía muy bien que el hada apoyaba fervientemente a su terca hermana.
"ya planearemos algo, tú te encargas del príncipe y yo de la reina, ¿estás de acuerdo?", propuso para sellar su pacto.
"trato hecho", chocaron sus manos como par de niñitas pequeñas.
"los niños se durmieron", Regina bajaba las escaleras y las dos amigas, disimularon, no podían quedar descubiertas.
"entonces es momento de pasar un rato divertido", Zelina parecía no haber madurado.
"palomitas y una película de terror", el hada la siguió la corriente y Regina solo negaba con la cabeza, nunca pensó vivir momentos tan agradables, ya no se sentía sola en su propia casa, los días de oscuridad habían quedado en el pasado.
Las tres se quedaron despiertas hasta bien tarde en la madrugada, cuando decidieron ir a dormir, ni cuenta se dieron de que casi no descansarían.
"¡MAMÁ!", la voz de Ruth fue su despertador esa mañana.
"buenos días mi amor", adormecida saludó a la niña.
"es tarde", le dijo y de inmediato miró el reloj de la mesita de noche para darse cuenta de que su hija estaba en lo cierto, rápido se levantó y al verla completamente vestida con el uniforme del colegio una sonrisa de satisfacción adornó su rostro.
"Ruth, ya estoy listo", en ese momento Henry también entraba a su habitación impecablemente arreglado con la mochila en sus espaldas.
"mi príncipe, buenos días", saludó a su hijo y él la abrazó por la cintura.
"te amo mamá", extrañaba escuchar esas palabras, pero ahora disfrutaba de ellas muy a menudo.
"los amo mis niños", le extendió la mano a Ruth para que se uniera a ellos, tenerlos en sus brazos, la hacía olvidarse de todo, hasta que era muy tarde y ni tiempo le daría para preparar un desayuno como tanto les gustaba.
"estamos solos, las tías se habían ido cuando nos despertamos", comentó Henry y esa información le dio mucha curiosidad.
"debieron salir muy temprano para sus trabajos", respondió.
"iré por tu mochila, Ruth", comentó Henry.
"gracias", correspondió la niña muy educadamente, el intercambio entre hermanos, la hizo sentir muy orgullosa.
"me arreglo y les preparo el desayuno", salió del momento e informó.
"ya desayunamos, Henry nos hizo leche con cereal", había enseñado muy bien a su príncipe, no pudo más que depositar un beso en la frente de la pequeña y entrar al baño para salir a los pocos minutos arreglada para el trabajo, pero se encontró con una escena muy tierna, que casi saca sus lágrimas y arruina su maquillaje, sus dos hijos organizaban la cama, se cruzó de brazos para admirar la escena con detenimiento.
"ahora sí, todo está listo", concluyó Henry y ella les extendió los brazos para agradecerles, sentía que las palabras no ayudarían a mantener su compostura.
Bajaron las escaleras y cuando se acercaban a la puerta para salir, el sonido del timbre los sorprendió.
"Regina, buenos días", ahí estaba, esa sonrisa la que invadió sus sueños la noche anterior, esos ojos color océano que la miraban tan intensamente, que podía ver cada una de sus prendas de vestir danzar por el aire al abandonar su cuerpo, esa manera tan extraordinaria de pararse que la invitaban a vagar por su silueta sin poderlo evitar.
"¡DAVID!", la exclamación de Ruth, borró toda ilusión de su mente.
"mi pequeña, ¿lista para tu segundo día de colegio?, y el príncipe de esta casa, tan correcto como siempre", saludó a Henry también, quería mover su mano y desaparecer en una nube de humo.
"más que lista", muy segura y sin titubeos, respondió la niña.
"vamos entonces que no quiero que los más pequeños de esta familia lleguen tarde al colegio", ambos niños tomaron su mano.
"gracias, David", fue lo único que sus labios pudieron decir, si esto sería así todos los días prefería no ser testigo.
David solo asintió y los tres caminaron hasta la camioneta, Ruth miraba a su padre con tal devoción que la alegría salía por sus poros y qué decir de Henry, parecía un pequeño caballerito, quien con mucha sutileza, imitaba el comportamiento de su abuelo, no quería llorar, pero fue imposible, cerró la mansión cuando los tres partieron, recostó sus espaldas a la puerta y se permitió llorar y desahogar sus sentimientos, los que estaba conteniendo desde la noche anterior cuando su amiga y su hermana la presionaron tanto al punto de confesar lo que tanto guardaba su corazón.
Cuando sintió que el peso se hizo más ligero, con magia arregló su maquillaje y su vestuario y se teletransportó hasta la entrada de la alcaldía, donde una visita muy inoportuna, la esperaba.
"hasta que al fin te dignas a llegar al trabajo, ¿todos los días te aprovechas de que eres la alcaldesa para llegar fuera del horario laboral?", su desagradable voz le quitaba el juicio.
"recibir tu visita tan temprano, es el comienzo perfecto para mi día", el sarcasmo y la ironía eran sus armas más poderosas.
"no juegues con tu suerte, Regina, puedo fácilmente prescindir de tus servicios", la amenazó.
"no le temo a tus amenazas, Jorge, puedes hacer lo que quieras, pero recuerda bien algo, es gracias a mí que tienes ese puesto, puedo mover mis influencias y bajarte al lugar de donde nunca debiste salir", lo vio bajar la guardia, pero sabía muy bien que no lo quitaría muy pronto de su camino.
"no te robaré mucho tiempo, estas son las nuevas regulaciones de los impuestos, analízalas, vendré luego para tener una reunión", fue su despedida, ni siquiera pudo responderle, aunque era mejor, esa mañana no había comenzado muy bien que digamos y no tendría paciencia para soportar las idioteces del ex rey, se encerró en su oficina y rogó para que a nadie se le ocurriera visitarla durante el resto del día.
El bosque era el mejor lugar para tener una charla con su cómplice, se dispuso a llamarlo cuando su presencia la sorprendió.
"si quieres verme, no tienes que usar esos aparatos que nunca entendí", guardó su celular en un bolsillo al escuchar su voz.
"¿cómo sabías?", era una pregunta absurda.
"lo sé todo, apréndetelo bien, como también sé el motivo de tu vehemencia, ¿se te agotaron los recursos que quieres recurrir a mis servicios?", alardeó con mucha picardía.
"no sé de qué estás hablando", ingenuamente comentó.
"tú y yo sabemos muy bien que sí, así que te diré algo, lo que quieres no resultará si no tienes antes una coartada contundente", todos pensaban que la magia era muy elemental, pero nadie conocía más de magia que él.
"ese es mi asunto, cumple tu parte, yo cumpliré la mía", no sabía de dónde había sacado esa fuerza para hablarle así, pero lograr su objetivo, era su motor impulsor.
"mi parte está hecha", movió su mano y una corriente mágica recorrió su cuerpo, "te deseo suerte, la necesitarás", su despedida fue tan rápida como su aparición.
Sus planes no podían fallar, costara lo que costara, Regina no sería feliz, caminó un poco para salir del bosque e ir al pueblo para fingir que todo estaba bien como hasta ahora que nadie había sospechado de su complicidad con el Ser Oscuro, la desesperación te hace tomar medidas extremas.
El resto del día transcurrió tan rutinario y tranquilo como siempre, ningún villano que vencer, ninguna maldición que romper, paz, solo paz reinaba en las calles de Storybrooke, pronto cayó la noche y todos se dirigieron a sus casas a descansar para el día siguiente.
"buenas noches", abrió la puerta del departamento, horas después de haber llevado a los hijos de Regina a la mansión, tuvo que llegar a la cafetería antes para tomarse un trago y reponerse, después de verla todo su ser se estremeció, todavía se preguntaba, cómo se contuvo tanto, porque de solo tenerla cerca su mundo se detenía y su corazón emprendía vuelo hasta el infinito.
"ahí estás", Snow lo recibió con un aroma delicioso, ¿se le habría pasado su enojo?, no sabía, su estómago no le permitía pensar con claridad.
"puedo oler mi asado favorito, ¿o me equivoco?", preguntó mientras cerraba la puerta.
"no te equivocas, mamá está muy esmerada en la cocina hoy", comentó Emma quien ayudaba a Snow a poner los cubiertos sobre la mesa.
"dejen de hablar como si no estuviera y vamos a cenar", por un momento parecían la familia feliz y perfecta que un día soñaron.
Cuando la cena culminó, Snow quiso recoger los platos.
"deja Snow, yo lo hago", David la persiguió hasta la cocina, la tomó por la cintura y se acercó a su oído para susurrarle algo bien bajito y que solo ellos escucharan, "¿ya no estás enojada conmigo?", Snow negó con la cabeza sin responder, "mañana haremos algo diferente", quería prepararle una sorpresa.
"como diga mi príncipe encantador", dejó la loza en el fregadero y lo besó tiernamente, David no se opuso, por fin las aguas tomaban su curso.
El beso de su esposa lo tomó por sorpresa, pero la verdad era que no le provocó ninguna emoción, como lo que acostumbraba a sentir entre los brazos de su amor verdadero, ¿sería que toda aquella fantasía de los libros de cuento, había terminado sin que se diera cuenta?, no tenía ni la menor idea, de algo sí estaba seguro, no podía seguir viviendo en esa incertidumbre, su vida estaba a su lado, así lo determinó cuando aceptó casarse con ella, por tanto, debía sacarse las fantasías de su cabeza y seguir adelante.
"abre una botella de vino y espérame en la sala es momento de disfrutar un rato en familia", la animó y enseguida la vio acompañar a Emma en el sofá.
Efectivamente, el resto de la noche fue armoniosa, tendría que pensar, cómo prepararía la sorpresa para su esposa, de seguro su hija lo ayudaría, pero de ese tema hablarían en la comisaría.
Esa noche quienes cocinaron fueron su hermana y su amiga, un descanso luego del día tan tormentoso que tuvo, no le vino mal, su cocina sobrevivió con tan buena suerte y la cena estuvo deliciosa, se los hizo saber, siempre con la acotación final de que a ella le hubiera quedado mejor.
"quiero dormir contigo esta noche, mamá", Henry la sorprendió, reposaban la cena en el sofá de la sala.
"me encanta la idea", cuando Tinkerbell y Zelina regresaron del trabajo, ni tiempo le dieron de preguntarles, el porqué de su salida tan apresurada de la mañana, disfrutar de la compañía de sus hijos era su nuevo pasatiempo favorito, "supongo que cierta princesa también quiera sumarse a la compañía de su madre y de su hermano, ¿no es cierto?", Ruth miraba una película animada, aseguraba que no escuchó lo que su hermano dijo, por lo que la atacó a las cosquillas, las carcajadas de la niña no tardaron en inundar cada rincón de la mansión.
"¡guerra de cosquillas!", Zelina y Tinkerbell aparecieron de la nada para sumarse, Henry fue su primera víctima.
"basta, basta", la respiración de la niña era agitada.
"me rindo, me rindo", ambos niños tenían muchas cosquillas.
"vamos a la habitación", Regina se levantó del sofá y les hizo un gesto para que entendieran que ya era hora de dormir.
"hasta mañana tía Tink, hasta mañana tía Zel", se despidió la niña con un beso a cada una y Henry la siguió sin mencionar palabra.
Regina y los niños subieron las escaleras, y pasaron la noche abrazados en su habitación, Zelina y Tinkerbell, no tardaron en seguirlos, la noche anterior no pudieron descansar muy bien y el cansancio del día las tenía muy agotadas.
La mañana siguiente, luego de despedir a los niños en la puerta de la mansión, se terminó de arreglar y partió hasta la alcaldía, hoy también tendría un encuentro con Jorge, el día anterior se lo pasó analizando los documentos que le había dejado con los cuales, no estaba para nada de acuerdo, por lo que pidió tener una seria reunión con él, no le permitiría que se saliera con la suya, por encima de su cadáver.
Así pasó todo el día, la reunión con el ex rey fue agotadora, se saltó el horario de almuerzo, era más importante el tema que discutían.
"no me convencerás, Jorge, estas medidas son extremas, no las aprobaré", todo el día reunidos y no se ponían de acuerdo.
"es mejor que terminemos esta absurda reunión", todo un día con la terca de Regina en el mismo lugar, no lo ayudaba a cambiar su opinión sobre ella, la detestaba y quería sacarla de su camino, ese era el motivo de sus medidas tan radicales y la muy astuta, se había dado cuenta de eso, la envidiaba por sus habilidades como líder, nunca tuvo la capacidad de dirigir su reino, como ella fue capaz de guiar el de ella, además, tantos años como la alcaldesa del pueblo, aumentaron su experiencia.
"lo mejor que has dicho en todo el día", coincidía con él, al menos en algo.
"pronto tendrás noticias mías", recogió todos sus documentos, se levantó de la silla y se dirigió a la salida.
"ni pienses que vas a sacarme de tu camino, primero me dejo de llamar Regina Mills, que dejarme derrotar por ti", advirtió su posición para que supiera en qué terreno estaba transitando.
"eso lo veremos", viró la cara y se fue.
Por fin podía irse a casa, recogió y organizó la oficina, aseguró las ventanas, cerró las puertas, bajó las escaleras, se montó en su auto y condujo hasta la mansión, moría por un baño bien caliente que liberara el estrés de todo el día, abrió la puerta, y todo era paz y armonía, Tinkerbell y su hermana estaban en el sofá, conversaban muy animadas.
"hola", saludó cuando se acercó a ellas, Tinkerbell hacía cosquillas en el cabello de Zelina, quien reposaba su cabeza en el regazo del hada.
"día agotador, ¿cierto?", preguntó su amiga.
"ni se imaginan", tomó los pies de su hermana y se sentó en el sofá junto a ellas.
"pondremos a cocinar algo muy rápido en lo que te das un baño", propuso Zelina.
"mejor compramos algo en la cafetería", era más rápido.
"excelente idea, hermanita", Zelina recibió la mirada asesina de su amiga y no entendía la razón.
"se me antojan unos espaguetis", dijo el hada, era mejor comer una pasta casera.
"ninguna de las tres tiene deseos de cocinar a esta hora", ignoró por completo el comentario de Tinkerbell.
"puedo hacer un esfuerzo por ustedes", propuso la rubia, tenía que evitar que Regina fuera a la cafetería.
"no lo pensemos más, Tink, llama a Granny para que tenga nuestro pedido listo, iré por el dinero", se levantó del sofá y subió las escaleras, abrió las puertas de la habitación, fue al baño, se lavó un poco la cara, ni tiempo tenía para ir a ver a sus hijos, los recompensaría a su regreso, tomó su monedero y salió.
"Granny tendrá nuestro pedido a la orden, hará una excepción por ti, esta noche no pensaba ofrecer servicios", comentó Zelina, fue ella al final quien llamó, Tinkerbell tenía un comportamiento muy extraño.
"que los niños estén listos para cuando regrese", fueron sus palabras antes de salir de la mansión.
"¿qué te sucede, por qué esa actitud tan rara?", preguntó, siempre era muy dócil, no la reconocía.
"es tarde, Zel", no pudo evitar lo que tanto temió durante el día, cuando se enteró de lo que ocurriría esa noche en la cafetería.
"no quiero estar así contigo, te quiero demasiado, puedes confiar en mí", apeló a sus sentimientos para hacerla hablar, no consiguió nada.
"todo está bien, Zel, mejor pongamos la mesa, Regina no tarda", eso creía, pero el destino es muy caprichoso.
Condujo muy rápido hasta la cafetería, su hermana no mentía, la serenidad que percibió no era normal, siempre había mucha actividad, estacionó su auto, abrió la puerta y claro que sí, tenía que ser, frente a sus ojos una cena romántica entre David y Snow, rompió su corazón en mil pedazos, por un momento el aire se hizo escaso, pero siguió adelante cuando la anciana se acercó a la barra y le hizo un gesto, no quería interrumpir, por eso ni si quiera habló, ella también permaneció en silencio, la pareja ni se dio por enterada de su presencia, era lo mejor.
El pedido tardó solo unos minutos, los que les parecieron eternos, no podía creerlo, David estaba ahí, detrás de ella, sus fuerzas se agotaban, las piernas le temblaban y el pedido no llegaba, no sabía si sentarse o pararse, si respirar o sostener la respiración, desesperación era lo único que sentía.
"aquí tienes", por fin, el pedido estaba listo.
"gracias Granny, buenas noches", una vez más, su voz la traicionó, podía asegurar que la anciana se dio cuenta en el estado que se encontraba, lo supo por su mirada de compasión.
"que lo disfruten", no sabía qué más decirle, no tenía que ser adivina para saber que todo el cuerpo de la reina era un manojo de nervios por la escena que acontecía justo detrás de ella, la vio alejarse e irse de la escena, también pudo percibir que, por un momento, perdió la habilidad de caminar.
Lo que faltaba para completar su día, ahora sí podía afirmar que había sido un verdadero infierno, tiró la puerta del auto, y condujo lo más rápido que pudo, por el camino, por mucho que lo quiso evitar, las lágrimas no se contuvieron, paró el auto, para recomponerse, los niños no podían verla así, pero era imposible, la imagen de la cena, no se le borraba, toda la cafetería iluminada a la luz de las velas, David sostenía las manos de Snow en una conversación muy íntima, de la cual, solo ellos eran los protagonistas, sin quererlo, un recuerdo muy hermoso nubló su ojos.
Los días anteriores, los dedicó en prepararle una sorpresa a David, hizo unas pequeñas averiguaciones y lo supo, era su día y lo quería sorprender, la partida de su madre hasta un reino vecino, le permitió llevar a cabo sus planes sin preocuparse por ella.
Esa noche, convenció a David para que dieran un paseo por el bosque a caballo, lo retó a una carrera, la cual ganó, por supuesto, estaba segura de que cada vez que se retaban a las carreras de caballos, él la dejaba ganar, solo para deleitarse con observarla y esta vez no fue la excepción, además de que con toda la intención de provocarlo, lucía un vestido de dormir un poco transparente, si su madre la veía, recibiría un severo castigo, de eso estaba segura, pero eso no le importaba ahora.
"llegamos", se bajó del caballo y esperó a que él hiciera lo mismo.
"¿a dónde me llevas, Regina?", preguntó, la actitud de su novia lo tenía muy ansioso.
"¿siempre eres tan curioso así?", bromeó y ambos sonrieron.
"solo cuando mi bella novia lleva puesto un vestido de dormir y me embobece con cada movimiento de su cuerpo", respondió muy pícaro.
"sostén los caballos a este árbol", cerró los ojos y se dejó llevar por la intensa mirada de David, era la sensación más hermosa que hubiese sentido en su corta vida.
"a sus órdenes mi reina", respondió sin dejarla de observar, se alejó lenta y tortuosamente, movía su cuerpo sensualmente, provocándolo a cada paso que daba, no la quería muy lejos de él, por lo que amarró los caballos con mucha rapidez y la siguió.
"esta es la sorpresa que te tenía preparada", caminaron un poquito más, cerca de un pequeño arrollo muy escondido por los frondosos árboles, en una pequeña pradera, unas mantas y unos finos cojines yacían en el suelo, unas pocas velas adornaban la escena, los grillos armonizaban el ambiente con su canto nocturno y las luciérnagas con su vuelo parecían estrellas fugaces, la vista era hermosa.
"te amo, Regina", sostuvo su estrecha cintura entre sus manos y la besó tiernamente, tenía que agradecerle este gesto de su parte, otra palabra no se escuchó entre ambos, lentamente la acostó en las mantas y dejó caer sus cuerpos encima de los finos cojines, para pasar el resto de la noche amándose, no le permitiría pegar un ojo, quería hacerla suya de todas las formas posibles.
La mañana llegó más pronto de lo que ambos previeron, ahora estaba sentado con sus pies extendidos, Regina en su regazo, sus delicadas piernas rodeaban su cintura, ambos completamente desnudos, con sus cuerpos imposiblemente cerca, acariciaba sus espaladas con sus dedos y ella besaba su cuello mientras sus caricias le provocaban todo tipo de adorables sensaciones.
"buenos día, preciosa", separó un poco su abrazo para deleitarse con su mirada, de la que no quería privarse por el resto de su vida.
"esta noche fue maravillosa", tenía que decirle, había querido regalarle un momento inolvidable y terminó siendo ella, la reina y protagonista de la noche.
"para el amor de mi vida", su sonrisa era más hermosa que los rayos del sol.
"feliz cumpleaños, David", no se pudo contener más, desde la noche anterior quería mencionar esas palabras.
"eres la luz de mi vida, te amo con toda mi alma, este ha sido el regalo más hermoso que haya recibido jamás", no se contuvo más y unió sus tersos labios en un lánguido beso.
"y planeo que este sea el primero de muchos cumpleaños que pasaremos juntos", contestó cuando se separaron del beso.
"tu mamá", mencionó al diablo.
"mi madre no vuelve dentro de unos días", aclaró, para que dejara de preocuparse.
"no se diga más entonces, señorita Mills, prepárese porque no pienso dejarla ni un momento durante este día, eres mi regalo del cielo, ¡GRACIAS, SEÑOR!", gritó esas últimas palabras.
"estás lo…", no la dejó terminar, otro beso ahora con más pasión la hizo callar.
"sí, estoy loco por ti, desquiciado por tus labios, arrebatado por tu piel, enloquecido por tu aroma, todo de ti me vuelve siquiátrico, pero de amor", separó solo un poco sus labios para decir esas palabras que la callaron por completo y nuevamente, ambos se entregaron uno al otro, sin barreras, sin frenos, locamente, apasionadamente hasta que sus cuerpos se lo permitieron, no hubo dudas de que ese cumpleaños fue imborrable para los dos.
Todavía podía sentir el sabor de aquellos besos en sus labios, el calor de sus manos acariciando su piel y estremeciendo todo su ser, atesoraba ese recuerdo en su mente, no supo cómo pudo vivir tantos años sin saber que junto a David pasó los momentos más hermosos de su vida.
Sintió sus párpados un poco pesados, las lágrimas habían salido sin su permiso y de seguro la comida estaba helada, sacó un pequeño pañuelo, se secó las mejillas como pudo y encendió nuevamente el auto hasta que estuvo frente a la mansión, para darse cuenta de algo que antes no percibió, el auto de Emma estaba estacionado allí también, ¿y cómo no?, sus padres necesitaban privacidad durante la noche, pensó y nuevamente las lágrimas quisieron salir, las contuvo, no sabía cómo dormiría, de solo pensar que estarían juntos, uno en brazos del otro, haciendo el amor, su corazón se disparaba, los celos recorrían cada poro de su piel, tomó un profundo respiro y entró a la mansión, donde su verdadera familia la esperaba.
"al fin, moría de hambre", la voz de Emma la animó un poco, comía como una niña.
Comieron todos juntos, hicieron cuentos, bromearon, rieron, los niños alegraron la noche con sus travesuras hasta que el cansancio los venció y todos fueron a la cama, no fue necesario ofrecerle a Emma que se quedara, su presencia allí, lo explicaba todo, por lo que le preparó una de las habitaciones de invitados y Henry quiso acompañarla, apagaron las luces y todo quedó en silencio.
"te amo Regina", entre sueños mencionó esas palabras, un portazo lo hizo darse cuenta de su realidad, acababa de tener una hermosa noche con su esposa y sus palabras lo arruinaron todo.
Se levantó de la cama, se puso su ropa de dormir e intentó resolver la situación, pero sabía que sus esfuerzos serían en vano, él mismo colocó la soga en su cuello.
"Snow, perdóname", desde el baño no salía sonido alguno, "no sé en qué estaba pensando", tocó ligeramente la puerta y esperó un rato.
"déjame sola, David", la mala forma estaba justificada, no quiso insistir más, recogió su sábana y su almohada y fue a dormir al sofá, donde durmió durante las próximas tres semanas, en las que tuvo que soportar algunas peleas con ella, no sabía hasta cuándo podría resistir esa situación.
Durante esos días, Zelina y Emma, no dejaron sus citas matutinas para desayunar en la cafetería, con cada día que pasaba, Zelina aprendía algo nuevo del pueblo, al igual que Tinkerbell, quien ya era capaz de ir sola a trabajar, desde aquella noche no se habló más del tema de los sentimientos de Regina hacia David en la mansión, los muchachos seguían teniendo el mismo contacto con él, pero Regina trataba por todos lo medios de no encontrarlo en su camino.
Era viernes y preparaban una pequeña celebración en la cafetería, la ayuda de las lobas fue primordial, como Emma estaba ocupada con los trámites de mudanza, no advirtió el ambiente indiferente en el vivían sus padres, por lo que cuando su madre le pidió ayuda para preparar la celebración, pensó que era algo muy normal en la familia y que además debían celebrar su reconciliación, la cena romántica, era un comienzo, pensaba ingenuamente, qué equivocada estaba.
"tía Emma", saludó Ruth cuando llegó a la cafetería junto a su hermano y sus dos tías.
"reinita", se inclinó a darle un besito en la mejilla.
"Tinkerbell, qué sorpresa", la voz masculina interrumpió el recibimiento.
"Doctor Whale, no imaginé encontrarlo aquí", muy sorprendida ante su presencia le respondió.
"te he dicho que no me llames con tanta formalidad y la mismísima princesa me invitó", argumentó.
"me alegra mucho verte entonces", desde que se conocieron por primera vez, el doctor no dejaba de frecuentar la cafetería más de lo normal, solo para verla, entonces comenzaron a coquetear, su química era perceptible.
"nos vemos luego", le guiñó un ojo y se retiró.
"te lo tenías bien calladito, pronto tendremos matrimonio", bromeó Emma y las tres se rieron, como los niños estaban con Granny aprovecharon para hablar de temas importantes.
"por cierto, no pude convencer a mi hermana para que aceptara tu invitación", desde que los preparativos de la fiesta habían comenzado, intentaron que Regina se distrajera un poco, pero sus intentos fueron fallidos.
"no te preocupes, luego la convencemos para pasar un rato las cuatro en la mansión", fue como un pacto entre las tres.
"no me dijiste que habría una celebración", Snow se acercó a David con una jarra de cerveza en su mano para ofrecérsela a su esposo quien la tomó muy encantado y dio su primer sorbo.
"era una sorpresa, espero te haya gustado", su actitud lo confundía, los últimos días, fueron un infierno y ahora de repente le preparaba una sorpresa, algo no estaba bien.
"sabes que me encantan las reuniones familiares, pero aquí no solo tenemos a la familia", acotó David y no recibió otra respuesta que un pequeño beso en sus labios y se fue a conversar con su amiga el Hada Suprema.
Ese beso le supo a desamor, era inconcebible, se profesaron amor verdadero, tuvieron una hermosa hija, se pasaron 28 años separados y ahora que por fin tenían la oportunidad de ser felices, su corazón latía en otra dirección, el sonido de la campana de la puerta, borró todos sus pensamientos cuando la vio hacer su entrada triunfal, casi se atraganta con un sorbo de cerveza y no pudo disimular su reacción al verla.
"perdón la tardanza", su presencia allí se debía a una promesa que le había hecho a su hija, quien le insistió hasta el cansancio, por lo que después de haber llegado a la conclusión de que no podía esconderse, que su vida continuaba, se arregló y caminó hasta la cafetería, para encontrarse con la sorpresa de que medio Storybrooke estaba invitado a la celebración.
"¡mamá!", Ruth salió de la compañía de Granny y corrió hasta la puerta para recibir a su mamá.
"mi niña", la efusividad de su hija la desestabilizó un poco.
"viniste", su mamá no la había decepcionado y eso la hacía amarla más.
"te lo prometí", bajó la vista para encontrarse con sus bellos ojos que la miraban intensamente.
"¡atención!", exclamó y todos hicieron silencio para escucharla, "tengo el gusto de anunciarles que David y yo estamos esperando un bebé", mientras hablaba se acercó a su esposo y delante de todos lo besó apasionadamente, a David no le quedó otro remedio que responder.
"¿estás bien mami?", todavía Ruth la sostenía por la cintura y al escuchar esas palabras sin que lo pudiera prever, apretó su agarre, fue así que la niña percibió que algo le ocurría.
"sí mi amor, todo está bien, ¿y Henry?", preguntó para cambiar de tema.
"estamos con Granny y Ruby", desde que llegaron, abuela y nieta se habían encargado de consentirlos.
"ve con él mi princesa", la animó y la niña obedeció sin objeción.
Las felicitaciones de los presentes no tardaron, la princesa les daría otro heredero al trono y aunque ya no vivían en el Bosque Encantado, muchos eran fieles a las leyes que allí regían.
"sabes que nuestra amiga Tink, pronto se casará, ¿verdad?", no se reponía del gran acontecimiento y su hermana se acercaba a ella con un vaso con wisky en sus manos, el cual tomó gustosa, necesitaba un trago fuerte.
"soy la última en enterarme como siempre", decidió disfrutar el momento, una distracción no le haría daño a nadie.
"acabamos de enterarnos, ¿no es así Emma?", eran inseparables.
"mírala, como le sonríe al doctor", Zelina las invitó a que miraran el espectáculo tan hermoso que era su amiga en plan conquista.
"y él a ella", resaltó Regina, sorprendiéndolas.
"sentémonos, esto se pone interesante", las animó la pelirroja, las tres se sentaron en una mesa y comenzaron a pasarla bien, milagrosamente.
Varias horas más tarde, cuando se cansaron de beber hasta quedar completamente mareadas, Regina miró la hora y decidió marcharse, en la fiesta no quedaban muchos, casi todos ya se habían retirado.
"Ruth, nos vamos", se dirigió hasta la niña para que se despidiera.
"mami, deja que me quede un rato más", la niña protestó, la estaba pasando tan bien que no quería marcharse aún.
"Regina déjala un rato más, prometo que yo misma la llevo a la mansión", propuso Ruby, le agradaba la pequeña, imposible negarse a compartir un rato más con ella.
"muy bien, entonces denme un beso", abrió sus brazos para que Henry también se uniera, esa noche dormiría con Emma en su nueva casa, le faltaban unos detalles, pero ya ella se había mudado para su nuevo hogar.
"hasta mañana mami, te amo", le dijo Henry.
"prepárate que cuando Ruby me lleve, dormiré contigo y así no te sentirás solita", eran esos gestos por parte de sus hijos lo que le daban fuerza.
"a sus órdenes mi princesita", tocó la punta de su nariz y los tres sonrieron antes de irse nuevamente con la joven loba.
"que duerman bien", se despidió de su hermana y de sus amigas, miró para todas partes y David no estaba en el salón, aprovecharía para escapársele, durante toda la noche no perdió oportunidad de dirigirle una mirada, por lo que salió de la cafetería rauda y veloz.
"Regina", se detuvo en seco, esa voz no le permitió dar un paso más, "¿te vas tan rápido y sin despedirte?", escuchó sus lentos pasos que se acercaban a ella, todo su cuerpo se estremeció al imaginarlo tan cerca, seguía sin mencionar palabra, "esta noticia no la esperaba", sintió su respiración muy cerca de su cuello, señal de que su cercanía era inminente, cerró los ojos, quería desaparecer, pero le resultaba casi imposible privarse de respirar su mismo aire aunque estaba de espaldas a él, "¿sabes cuál fue mi primer pensamiento cuando Snow dijo que tendríamos un bebé?", acortó la distancia entre los dos, casi podía verse abrazando su pequeño cuerpo, pero no quería saltarse límites, "te imaginé embarazada de Ruth, con una hermosa pancita, corriendo por las praderas del Bosque Encantado, te veías hermosa en mis pensamientos", todas esas palabras se las susurró en el oído, ahora ambos luchaban por respirar, podía darse cuenta que el cuerpo de Regina se rendía ante su imposible cercanía y cuando por fin se decidió a tomar su cuerpo entre sus manos.
"¿David?", la voz de Snow lo sobresaltó de inmediato, se volteó para mirarla.
"te estaba buscando por todas partes, al fin te encuentro", se colgó de su cuello para abrazarlo, todavía su cuerpo estaba encendido por el encuentro con Regina, miró para todas partes y no la vio, se había esfumado como aquellos sueños donde la veía claramente besarlo con tanta intensidad que, hasta después de haber despertado, su aliento tardaba en recomponerse.
"no me he ido a ningún lugar", por fin su voz decidió evitar que la mujer en sus brazos no se diera cuenta de que realmente lo que añoraba más que nada en el mundo, era salir corriendo a los brazos de la mujer a quien menos podía mirar, de una mujer completamente imposible e intocable para él.
"entremos", lo animó Snow y ambos entraron a la cafetería tomados de la mano.
Casi no le dio tiempo de escapar de la escena, al escuchar la puerta abrirse solo logró hacer un truco que les impediría verla, pero ella sí podía observarlos, además, se sentía totalmente sin fuerzas para teletransportarse hasta la mansión, después de haberlo sentido tan cerca, después de haber escuchado sus palabras y después que todas sus ilusiones renacieron desde las cenizas al escucharlo mencionar un recuerdo que ambos vivieron mientras esperaban el nacimiento de su pequeña, mismas que murieron de nuevo cuando desafortunadamente presenció el intercambio con Snow, se veían tan felices juntos la noticia de la llegada de un bebé era maravillosa, si lo sabía bien, pero la vida no es justa, ese no era su lugar, haberle borrado la memoria a David fue la decisión correcta, hoy le había quedado bien claro, bajo ninguna circunstancia ella destruiría por segunda vez, su amor verdadero, su vida ahora tenía un objetivo mucho mejor que la venganza, el amor de sus hijos le permitiría reponer sus fuerzas y seguir adelante, porque el amor es fortaleza y no debilidad.
