Llegó a la mansión casi sin fuerzas, quería borrar su memoria para no acordarse de nada, pero su terco corazón, no se lo permitía, sería como desaparecer a David de su vida de nuevo, ni siquiera supo cómo lo soportó la primera vez, además, ahora que había recuperado esa etapa, cuando fue tan feliz, tan amada, cuando David con su amor, borró cada abuso y cada terquedad de su madre y llenó su vida de luz y paz, no estaba dispuesta a renunciar a esos recuerdos nuevamente, otra opción era arrancar su corazón del pecho para no sentir, pero no tomaría malas decisiones, tenía muchas razones para querer cambiar, para ser mejor, el pasado siempre estaría con ella, jamás se libraría de él, dependía de ella no cometer los mismos errores, estaba como al principio, ninguna opción era viable para la solución inmediata de su gran dilema, por lo que subió las escaleras hasta su habitación, se cambió de ropa, cuando estuvo lista, su celular anunció la llegada de un mensaje, sin deseos leyó el contenido, Emma le avisaba que todos dormirían en su nueva casa, que no se preocupara, eran muy buenas noticias, con su ánimo, no sería capaz de enfrentarse a su hija, ni a su hermana y mucho menos a su amiga, a quien no podía engañar por más que intentaba, se acostó en su amplia cama, e intentaría dormir.

La noche fue muy divertida, su casa nueva se había estrenado de la mejor manera, al regresar de la reunión en Grannys, los niños se divirtieron mucho, se persiguieron por todas las habitaciones, jugaron a las escondidas mientras que Zelina, Tinkerbell y ella conversaban de temas de adultos, habían cajas esparcidas por doquier, los muebles sin desempapelar, los cuadros que adornarían la sala en el suelo recostados a las paredes, la cocina era un completo desastre, las camas destendidas, pero a ninguno le importó la desorganización, pasar un buen rato juntos, era el objetivo, sentía en lo más profundo que Regina no estuviera incluida, pero durante toda la celebración en la cafetería, no la notó muy a gusto y pensaba que era mejor darle su espacio, al quedar vencidos por el sueño y el cansancio, Zelina hizo aparecer en medio de la sala, unos colchones donde se acostaron y pudieron dormir al menos unas horas, antes de que la luz del sol se colara por las ventanas de la casa.

"buenos días, no supe en qué momento te levantaste", dijo Zelina cuando entró a la cocina donde Emma intentaba preparar el desayuno.

"el hambre me quitó el sueño", le regaló una genuina sonrisa, su amistad estaba escalando rápidamente, le daba un poquito de miedo, pero los sentimientos hacia la pelirroja crecían a cada instante que compartían juntas, ya no podía detenerlos.

"será muy difícil preparar el desayuno con este desorden, ¿qué tal si desayunamos en la cafetería y luego todos cooperamos en la organización de tu nueva casa?", propuso Zelina a quien la rubia no le era indiferente, pasar tiempo con ella era una delicia.

"me encanta la idea, despertemos a los bellos durmientes", bromeó y ambas rieron.

"¿escuché algo sobre cooperar en la organización de la casa de Emma o me equivoco?", entró Tinkerbell con su cabellera despeinada y la cara impregnada del sueño.

"pasaremos un fin de semana muy atareado", comentó Zelina.

"manos a la obra que es mi día de descanso en la cafetería", aclaró el hada.

No perdieron el tiempo, los cinco se prepararon y fueron a desayunar a Grannys donde se encontraron con David y Snow.

"¡DAVID, ABUELO!", corrieron los niños a saludar a David de inmediato entraron a la cafetería, el rostro de Snow cambió.

"niños, qué sorpresa, ¿cómo están?", preguntó cuando lo dejaron respirar, se pusieron de acuerdo para abrazarlo con mucho entusiasmo.

"tenemos hambre", Henry fue quien primero respondió, no podía negar sus genes.

"y yo te extrañaba", comentó Ruth y esas palabras revolucionaron todo su ser, se regocijó en ese cálido sentimiento, fue como si de repente su mente luchara contra su corazón, la cabeza le dio una punzada muy fuerte que tuvo que cerrar los ojos para que nadie se diera cuenta de lo que ocurría con él.

"mamá, ¿cómo te sientes?", preguntó Emma, como lo niños no se desprendían de su padre, comenzó saludando a su madre.

"muy bien, acabamos de llegar, al parecer tu hermanito ya se está haciendo presente", bromeó Snow.

"es normal, así será todo el embarazo", advirtió Emma.

"¿qué tal si todos desayunamos juntos?", propuso Tinkerbell.

"me parece buena idea", Zelina apoyó a su amiga.

"niños dejen a David respirar", comenzaron a caminar para sentarse en una mesa donde pudieran disfrutar de un desayuno en familia, pero como los niños no soltaban a David, pues Emma pensó que liberar a su padre de ese abrazo sería lo mejor, estaba muy equivocada, lo que menos él quería era separarse de ellos, todo lo contrario.

"yo también te extrañé, reinita", susurró en su oído para que nadie más que ella lo escuchara, no había podido decirle nada a la niña, hasta que la molestia en la cabeza se aliviara.

"abuelo, ¿cuándo iremos al parque nuevamente?", las lecciones de esgrima debían continuar.

"luego lo planeamos, chico, ahora desayunemos", los animó y Henry siguió a todos hasta la mesa donde desayunarían juntos.

Ruth no se alejó de David ni un segundo, de hecho, cuando estaban solos, apretó la mano que sostenía para llamar su atención, él la miró con asombro, era obvio que quería decirle algo.

"te quiero mucho", esas palabras no ayudaban a su estado, en un impulso, y sin pensarlo, la alzó para besar sus mejillas, estaba loco, pero eso ya lo había vivido, la niña se le prendió del cuello con sus manitos pequeñas.

"también te quiero mucho", respondió sinceramente aquella confesión, se quedaron así hasta llegar a la mesa donde todos esperaban, quienes estaban atónitos con el intercambio entre ellos, la sentó en su sitio y se sentó a su lado, por si ese abrazo no hubiera sido poco, ni una mosca se atrevió a protestar.

"¿qué desayunará esta gran familia?", a Granny no se le escapó un detalle de lo que ocurría, por eso decidió intervenir ella misma para que la tensión se liberara.

"yo quiero chocolate con merengue", pidió Henry de primero, todos rieron, su objetivo estaba logrado.

Después de haber tomado la orden, la anciana se alejó con una gran sonrisa en sus labios, cuánto hubiera dado para que Regina presenciara esa hermosa escena, pensaba, aunque en el fondo sabía muy bien que le hubiese partido el corazón, agradecía entonces por su ausencia.

No tardó en traer el pedido, la familia conversaba amenamente, le agradecieron y el desayuno fue tan armonioso como siempre.

"David, ¿me puedes llevar al refugio?", preguntó Zelina, su plan de unir a su hermana con el príncipe estaba en marcha, por lo que lo llevaría al refugio con cualquier pretexto, para que luego la llevara de regreso a la casa de Emma, mientras que su amiga llamaría a Regina, también con cualquier pretexto para que ambos se encontraran.

"sería un placer, amiga mía", la hermana de Regina era una excelente compañía.

"te lo agradezco, es que ayer para poder llegar a la celebración a tiempo, dejé las llaves de la mansión", no tuvo que explicar más, todos sabían que estaba en peligro de perder la cabeza por ese descuido.

"te veo luego", le dijo a Snow, ya conversarían sobre su situación matrimonial, no debían traer a un inocente al mundo en ese ambiente hostil en el que vivían.

No recibió más que un asentimiento por su parte, durante todo el desayuno, no pudo disimular su molestia.

"nosotros nos vamos también", comentó Tinkerbell, les hizo un gesto a los niños, se imaginaba que Emma quería hablar con su madre.

"tía Tink, llévanos a comprar juguetes", propuso Ruth.

"yo quiero la nueva colección de los libros de la Capitana Marvel", pidió Henry, su pasión era la lectura.

"niños no sean tan exigentes con su tía", los requirió Emma falsamente, Henry le dio un beso de despedida, seguido por la pequeña, el hada solo negó con la cabeza, empezaba a comprender el porqué su hermana y la rubia se llevaban tan bien, salieron los tres tomados de las manos.

Agradecía a Tinkerbell, haberse llevado a los niños, debía tener una charla con su madre.

"mamá, debemos hablar", comenzó y recibió su atención, "sé que no te gustó mucho mi partida del departamento, pero mi papá y tú, necesitan privacidad", la notaba muy tensa, por eso acarició sus manos.

"perdón por haber reaccionado de esa forma, hija, fue solo que acababa de recuperarte, no fue fácil vivir sin ti todos estos años y cuando al fin te recuperé, te vas a vivir lejos de mí", explicó, tenía razón, le molestó mucho el tema, pero David la hizo mirar la situación desde otro ángulo cuando le dijo que necesitaba independencia.

"no me iré del pueblo y menos ahora que Henry está conmigo nuevamente", después de tantos años sin saber a dónde pertenecía realmente, no renunciaría a su vida allí, ni a sus orígenes.

"te quiero mucho, hija", apretó un poco su mano en un gesto de cariño, el que Emma correspondió.

"Snow, ¿crees que nuestra salida la podamos posponer?", se acercó Ruby.

"no hay problemas, para otra ocasión será", la había invitado a que la ayudara a escoger un vestido nuevo, ella accedió, era su amiga.

"gracias", agradeció la joven lobo, se le había presentado un contratiempo, por eso cancelaba la salida.

"si quieres te acompaño hasta el departamento", propuso Emma.

"no te molestes, hija, caminar es bueno para el embarazo", se alegraba, porque necesitaba liberar un poco de tensión, la escena de la hija de Regina con David, arruinó su día, solo que no diría nada.

"me llamas si te sientes mal", le advirtió Emma, ella besó su frente y salió de la cafetería a dar una caminata por todo el pueblo.

"dichosos los ojos que te ven", la voz del rey Jorge la sorprendió, no tenía interés de verlo, su historia no era como para tener conversaciones amistosas.

"no estoy para tus juegos, ¿qué quieres?", habló directa y con mucho carácter.

"pero qué seriedad", fingió consternación ante su actitud.

"directo al punto, nos conocemos", insistió.

"únete a mí para sacar a Regina de la alcaldía, todo lo que tienes que hacer es firmar un documento, haremos valer nuestros derechos, verás que la sacaremos del camino muy rápido", explicó su propuesta.

"no me interesa", respondió de inmediato.

"piénsalo, sabes dónde encontrarme si cambias de idea", dejó abierta la posibilidad.

"es mi decisión final, no la cambiaré, además, no me interesa seguir con mi rivalidad con Regina", fue determinante y muy firme con lo que dijo.

"no me digas que decidiste querer a tu madrastra, querida, porque tendrás que ser más convincente, ni tú misma lo crees", la arrogancia lo caracterizaba.

"es mi madrastra y siempre la quise", borró la sonrisa de su rostro.

"no me hace falta que me ayudes, personas que quieran destruirla, se sobran, por eso vives en esa miseria, eres una princesa sin reino", la maldijo y se fue, Snow no dijo nada, su reacción la silenció, imaginaba que le dejó muy clara su posición.

A media mañana cuando los rayos de sol que se colaban por la ventana y fueron imposibles de tolerar, Regina se levantó, últimamente no descansaba muy bien que digamos y como esa noche no fue la excepción, durmió de más, aprovecharía que los niños no estaban para limpiar y organizar la mansión, así pasó el resto de la mañana y parte de la tarde, cuando todo estuvo pulcro e inmaculado, llenó la bañadera con agua muy caliente, le puso algunas sales aromáticas y se relajó como tanto lo necesitaba.

Las horas se fueron volando, sin que se diera cuenta, el agua se había enfriado, decidió salir del baño para darse cuenta de que era de noche y durante todo el día no supo nada de su familia, se envolvió en una toalla y se dispuso a tomar su celular en el que se encontró un mensaje de su amiga el hada, lo leyó y siguió al pie de la letra las instrucciones.

"eh…", David se había pasado el día entero ayudando en la organización de la casa de Emma y como ahora acomodaba los muebles de la sala y el timbre de la puerta sonó, abrió sin problemas de ningún tipo.

"¿te comieron la lengua los ratones, pastor?", fue una sorpresa para ella verlo, casi caen al suelo las compras que Tinkerbell le pidió, pero al verlo en las mismas condiciones, le dio tiempo a enmascarar sus nervios con el sarcasmo.

"déjame ayudarte", ignoró por completo su comentario cuando pudo reaccionar del asombro por tenerla frente a sus ojos, además, no se cohibió para recorrer de arriba hasta abajo su vestuario, casual, para como acostumbraba verla, pero excelso como siempre.

"te lo agradecería", le dio las bolsas y caminó delante de ella para dejarlas en la cocina.

"¡MAMÁ!", cerraba la puerta cuando Ruth exclamó y corrió para abrazarse de la cintura de su madre como tanto le gustaba, desde que el príncipe entró a la casa de Emma del brazo de Zelina, no se le despegó ni un solo momento durante el día.

"mi reinita", mientras se abrazaban, David no pudo evitar admirarlas sin que lo percibieran, Regina la llamó exactamente igual a como él solía hacerlo.

"por fin llegó nuestra salvadora", al escuchar la exclamación de la niña, bajaron las escaleras.

"al fin comeremos algo decente", intervino el hada, en el mensaje que le había enviado a su amiga tenía la recomendación especial de que debía cocinar para todos.

"dime que harás pasta, las extraño", Henry llegó a ella primero que las tías y se unió al abrazo.

"solamente cocinaré para ti y para tu hermana, tus tías que se las arreglen como puedan", bromeó y bajó la vista para verlos solo a ellos, pero había otra persona en la escena, a quien ignoró sin darse cuenta.

"y a mí que me parta un rayo", puso una mano en su pecho fingiendo dolor para continuar con la broma.

"yo comparto del mío, David", todos quedaron paralizados con la reacción de Ruth, y eso no fue todo, se desprendió del abrazo de su madre para ir a su lado en la cocina.

"es bueno saber que alguien se preocupa por mí", se inclinó para besar la frente de la niña y agradecerle.

"sigan en lo suyo que comenzaré a cocinar", si no rompía el momento, estaba segura de que se derrumbaría allí mismo.

"me ofrezco de voluntario", ahora sí, su autocontrol se agotó por completo con esa propuesta, no pudo contestar, sentía la palidez de su rostro.

"Ruth, tengo algo que mostrarte", la invitó Henry y pudo más la curiosidad, ambos volaron escaleras arriba.

"nosotras terminaremos en la segunda planta, me parece muy bien que te quedes ayudando a Regina, papá, así te aseguras de que no nos envenene", bromeó la rubia y se ganó una mirada asesina de reina malvada, con una sonrisa de total satisfacción, subió las escaleras siguiendo a sus amigas, debía terminar la decoración de la habitación de su hijo.

"entonces", comenzó David, ella pasó por su lado ignorándolo por completo, "me lavaré las manos", continuaba hablando solo, la veía mirando de un lado al otro de la cocina como calculando el próximo movimiento, "pensé que hoy tendría el placer de volver a probar tu lasaña", sacaba los ingredientes para la pasta de las bolsas del supermercado, "no se me olvida que estamos en deuda", encendió el fogón, echó agua en una olla y la colocó a la candela, entendió bien el significado de ese silencio, se sentó en una de las banquetas de la barra para observarla, no sabía hasta cuándo lograría mantenerse sin decir una palabra, pero lo intentaría.

Cada uno de sus movimientos en la cocina, los guardó para siempre en la memoria, pasaría mucho tiempo para que olvidara lo hermosa que lucía trabajando en la cocina, concentrada como si fuera una misión de gran importancia, su agilidad en cada movimiento, el cálculo impecable del tiempo que tardaba el agua en hervir para añadir la pasta, la exactitud en la medida de los ingredientes que añadía a la salsa, todo, cada minucioso detalle lo registró en su mente, solo que no pudo cumplir con su promesa de mantenerse callado.

"¿hasta cuándo, Regina?", preguntó y se volteó para mirarlo con asombro, rezaba para que le contestara.

"¿hasta cuándo, qué, David?", la pasta estaba lista, el horno casi listo con la temperatura a la que ella lo había regulado, preparaba la masa para un delicioso pastel de fresas, su preferido, eso solo lo conocían pocas personas y ella no estaba incluida en la lista, ¿cómo lo sabía y cómo fue que de todos los postres que existían en el mundo, se decidió, precisamente por ese?, su curiosidad se activó, pero ahora no la saciaría, tenía otro asunto de mayor importancia que resolver.

"¿hasta cuándo me ignorarás?, ¿o crees que no me he dado cuenta de que cada vez que nos encontramos solo pronuncias sílabas pequeñas, casi tartamudeas?", su seriedad fue notable.

"no sé de qué me estás hablando", continuó con su labor.

"creo que sabes exactamente de lo que te hablo", presionó un poquito más.

"no te ignoro, simplemente no tenemos nada de qué hablar", pensó que se había librado del tema, lo que escuchó como respuesta, le comprobó cuán equivocada estaba.

"me parece que tu súbita aparición en uno de mis sueños convierte esa nada en un todo, Regina así que no creo que me digas eso", trató de disimular su reacción ante ese comentario, pero claramente no se lo esperaba, sus defensas estaban desactivadas.

"así que fui yo la mujer trigueña que cabalgaba contigo en aquel sueño que tuviste, creo que fantaseas, encantador", ahí estaba de nuevo su sarcasmo para ayudarla en los momentos más oportunos.

"y si fantaseo … ¿qué?", no supo cómo, ni en qué momento, dejó su lugar tras la barra, que ahora lo tenía detrás susurrando esa pregunta en su oído, erizando cada rincón de su piel solo con el aire que salió de sus labios, fue lo único que hizo contacto con ella.

"muy mal, fantasear con otra mujer, cuando la tuya espera un hijo, ¿no crees?", tragó pesado y lanzó la reflexión.

La verdad era que, en lo menos que pensaba cuando estaba en su presencia era en su esposa ni en su hijo, se castigaba por eso, pero la realidad no se podía ocultar, no le respondió, permaneció detrás de ella, respirando su perfume, recorriendo la perfección de su pequeño cuerpo, no se movió, tampoco quería hacerlo, por dos razones, se sentía tan a gusto cuando la tenía cerca y la segunda porque pudo percibir que su cercanía la puso nerviosa, le costaba respirar, no se podía concentrar y sus movimientos se no coordinaban, percibió su impaciencia y acortó la distancia con un solo paso, el que fue sorprendido por ella quien ya no pudo más soportar lo que ocurría y dio media vuelta, quedaron frente a frente, respirando el mismo aire, a nada de pegar sus labios, la miró a los ojos y encontró el permiso que necesitaba cuando la vio recorrer el camino desde sus ojos hasta sus labios, que coincidentemente era lo mismo que él estaba haciendo, comprobado que ambos deseaban ese beso con la misma intensidad, sus labios se unieron en un lento roce.

No lo podía creer, ¿cómo era posible que su hermana y David estuvieran en la cocina y ni siquiera escucharan el timbre de la puerta, el que con tanta insistencia sonó tres veces?, se preguntaba Zelina mientras bajaba las escaleras dispuesta a abrir la puerta cuando la imagen de su hermana y el príncipe apareció frente a sus ojos.

"abriré la puerta", en contra de ella misma, tuvo que interrumpir tan hermosa escena, la vida no podía ser tan injusta, cerró los ojos para procesar toda la información, se veían tan lindos, David la sostenía con tanta ternura, como quien sostiene a una muñequita de porcelana y sus miradas, ni hablar de ellas, eran un huracán de sentimientos, se amaban, no existía otra explicación.

Casi no pudo saborear sus labios, el principio del beso fue la lucha interminable entre el miedo y la inseguridad, cuando esa etapa fue superada, de pronto la imagen de su hermana apareció frente a ellos, él se apartó sin que ella hiciera el menor movimiento, "gracias", miró en el estado que David estaba frente a sus ojos, miraba al suelo con muchos deseos de esfumarse, aprovechó para mover sus labios y articular aquella palabra que nunca estuvo tan orgullosa de decir, con un asentimiento, su hermana se retiró de la escena para abrir la puerta.

"¡Snow!", exclamó Zelina y fue como si les pusieran un cohete en las espaldas, David se sentó nuevamente en la banqueta de la barra y Regina continuó amasando el pastel, esperaba que pudieran comer postre esa noche, apostaba, sin temor a perder, que sería todo lo contario.

"hija decidí darte una sorpresa", Emma había bajado las escaleras para abrir la puerta, como el timbre seguía sonando, pues fue a ver qué ocurría, se encontró con su madre, tragó pesado, no la había invitado.

"bienvenida, llegas a tiempo para la cena, papá y Regina están en la cocina", la abrazó y la besó.

"una verdadera sorpresa de verdad", de la nada salió David para saludar a su esposa.

"parece que la familia ahora sí que está completa", Tinkerbell se unió al recibimiento.

"hola Tink", saludó Snow con una sonrisa muy fingida, no había que ser experto para saber que la princesa ardía de la rabia, aunque lo disimulaba muy bien.

"la pasta está lista", mientras todos se saludaban, se tomó el tiempo para reponerse hasta que hizo su gran entrada.

"pongamos la mesa, muero de hambre", el hada y la pelirroja se miraron, supieron perfectamente lo que debían hacer, dejaron a la familia en la sala y se fueron al comedor.

"iré a buscar a los niños", le resultaba muy extraño que sus hijos no bajaran ante tal alboroto en la sala, subió las escaleras y comenzó a buscarlos, habitación por habitación, no era que la segunda planta tuviera tantas, pero cuando uno es niño, cualquier lugar es adecuado para jugar a las escondidas, abrió puerta por puerta, sin tener éxito, hasta que abrió la última y se encontró con que Henry tenía a su hermana recostada en sus piecitos, jugaba con sus cabellos rubios, como no se enteraron de su presencia, se recostó al marco de la puerta para así deleitarse con su intercambio, con lo ocurrido minutos antes con David y esto que sus ojos veían, las lágrimas no necesitaron autorización para salir como si estuvieran en una maratón.

"¿mamá, estás llorando?", se enajenó de tal forma, que ni cuenta se dio de que los niños por fin la vieron.

"te amo mi reinita", no lo dudó para alzar a Ruth del suelo y besarla, la bajó para hacer lo mismo con Henry, sin importar que ese gesto, que antes era tan común, tendría que evitarlo, ambos crecían por día, dentro de poco sería ella quien terminaría cargada por ellos, "te amo mi rey, los amo mucho", Ruth no se separó de su lado.

"también te amamos mucho", Henry habló por su hermana también, desconocía la verdadera historia de su pasado, pero no la necesitaba, lo único importante era que su hermanita era muy dulce y la amaba como si la conociera de siempre.

"vayan a lavarse las manos, la cena está lista, los espero abajo", bajó a Henry y los dos obedecieron las órdenes de su madre.

La mesa estaba servida cuando regresó y todos estaban sentados alrededor, esperaban por ella y por los niños, antes de tomar asiento, observó el panorama, David, Snow y Emma estaban sentados en ese orden, Tinkebell del lado David, Zelina a un lado de Emma, faltaban tres sillas, por supuesto, decidió sentarse junto al hada, no había terminado de acomodarse cuando bajaron los niños, corriendo como siempre, ni los requirió, con tanto amor que le habían regalado solo instantes atrás, no lo arruinaría con tanto regaño, se hizo la desentendida.

Al principio hubo un silencio medio incómodo en la mesa, luego de que Henry hiciera una pequeña bromita que sacó las risas a más de uno, el ambiente se relajó de tal manera que terminaron comiendo como una gran familia, desafortunadamente el pastel no estuvo listo a tiempo, pero habían sobrado algunas fresas, las que sirvieron para satisfacer los antojos de los niños, quienes no se conformaron cuando supieron que el pastel no podrían probarlo ese día, entonces Regina fue a la cocina y les preparó una pequeña fuente con fresas y les puso sirope de chocolate y merengue, si sabía como lucía, aquel postre improvisado sería de sus mejores invenciones, ni sus hechizos ni pociones mágica le harían competencia, lo comprobó de inmediato llegó a la mesa porque los niños no fueron los únicos en comer, prepararlo le costó más trabajo, lo devoraron en un instante.

"limpiaremos todo, ¿no es cierto Emma y Tink?", preguntó Zelina.

"nada más justo", respondieron a la misma vez.

"iré al baño con estos dos devora fresas, así me aseguro de que esos dientecitos queden inmaculados", se levantó de la mesa, extendió sus manos y los niños la siguieron, pretendía ir más allá que cepillarles los dientes, los bañaría para quitarles de encima la suciedad de todo un día entero haciendo travesuras, además, así se evitaría la compañía del matrimonio feliz.

La bañadera terminó recibiendo la suciedad que salió de los cuerpecitos de sus hijos, quienes quedaron rendidos sin que pudiera objetar, primero bañó a Ruth y mientras la pequeña se vestía con la ropa que ella hizo aparecer con magia, Henry salió del baño limpiecito, le dio un beso y se acurrucó del lado de su hermana, ambos cerraron los ojos y quedaron profundamente dormidos.

"me pregunto si habré puesto algo a las fresas", bromeó Regina, las chicas conversaban sentadas en el sofá.

"mamá y papá me dijeron que los despidiera de ti, ella se sintió mal de momento y decidieron irse a descansar", respiró al escuchar esa noticia.

"David dejó bien claro que vendría mañana porque ese pastel de fresas no se le escaparía", informó su hermana, no pudo reír abiertamente, pero su alma rió a carcajadas, escogió precisamente ese postre porque le recordaba a él, sabía muy bien que era su postre favorito, y lo primero que aprendió a cocinar, le encantaba ver su rostro de niño feliz cada vez que lo sorprendía, lo que nunca supo fue que se lo encontraría allí.

"estoy muy cansada, creo que me acostaré", Tinkerbell cambió la conversación, todas la miraron con los ojos muy abiertos, "no me miren con esas caras, dormiremos todas aquí nuevamente", fue como una orden, Zelina y Regina se encargaron de mover sus manos y enseguida la sala quedó convertida en una habitación muy acogedora donde las tres dormirían plácidamente hasta el otro día.

El pueblo entero estaba en penumbras, todas las luces permanecían apagadas, de pronto el celular de cierto ex rey se alumbró anunciando la llegada de un nuevo mensaje, la vibración lo despertó, se levantó, encendió la luz de la mesita de noche, se puso sus lentes y leyó lo que decía, una gran sonrisa se dibujó en su rostro, consiguió lo que tanto necesitaba, un aliado poderoso para derrotar a la Reina Malvada, sus días de gloria, pronto llegarían a su fin.