Al amanecer de ese domingo, Regina se levantó muy temprano como acostumbraba y comenzó a preparar el desayuno para cuando despertaran los demás, su amiga el hada como tenía que ir a trabajar fue quien primero apareció en la cocina.

"buenos días", saludó, lista para irse directo a la cafería, pero como en el proceso de su partida se encontró con la reina, no perdería ocasión para tener unas palabras con ella.

"el desayuno está listo", informó Regina.

"si nuestras visitas a la casa de Emma se volverán una costumbre, deberíamos traer al menos algo para cambiarnos, ¿no crees?", se puso una ropa que la rubia muy amablemente le prestó.

"creo que tienes razón", contestó, esto de salir de la mansión y distraerse sería algo a lo que fácilmente se podría acostumbrar, por eso le dio la razón a su amiga.

De pronto se escuchó el sonido del timbre de la casa.

"yo voy", dijo Regina, "debes desayunar", Tinkerbell se sirvió su desayuno y fue para la mesa del comedor mientras ella fue hasta la puerta.

"buenos días", la noche anterior no fue muy buena que digamos, Snow estaba muy enojada porque nadie la invitó a la reunión en la casa de Emma y tuvieron una gran discusión, por eso no pudo dormir, entonces prefirió ir a casa de su hija donde tanta paz había encontrado el día anterior.

"sabía que vendrías temprano, pero es extremadamente temprano", no pudo contener ese comentario, se hizo a un lado para que entrara a la casa, ella cerró la puerta y cuando se volteó, él estaba parado a solo unos pasos sin moverse, admiraba a las dos mujeres dormidas en medio de la sala, su hija tenía un brazo extendido donde Zelina reposaba la cabeza y su brazo derecho encima del vientre de Emma, la escena era de lo más tierna, sus ojos se hicieron agua.

Regina lo dejó y caminó hasta la cocina para continuar con el desayuno.

"buenos días príncipe", saludó Tinkerbell.

"hey Tink, ¿cómo estás?", el hada no interrumpió su desayuno.

"apurada que, si no llego en diez minutos a la cafetería, Granny me pondrá de patitas en la calle", se tomó el jugo de un solo sorbo, llevó el plato y el vaso para el fregadero y regresó casi corriendo para irse a trabajar.

"puedo llevarte", propuso David al verla en esas circunstancias.

"mi salvador", fue su forma de agradecerle, ambos salieron de la casa en la camioneta.

Cuando se aseguró de que hubiesen salido, Regina desde la cocina soltó el aire que esa visita matutina le había robado, cerró los ojos, fue imposible que la escena de la noche anterior no invadiera su mente, todavía podía sentir las grandes manos de David que acariciaban sus espaldas con mucha delicadeza, el calor de su cercanía, su aroma tan varonil, la textura de sus mejillas era única, ni siquiera la barbilla hacía que su piel pareciera áspera, al contrario le encantaba, le pareció estar en un sueño muy real, tenerlo así entre sus brazos, admirándola como algo majestuoso disparaba su corazón a altas velocidades, pero todo aquello debía encerrarlo bajo siete llaves, lanzó un gran suspiro que debió escucharse por toda la casa.

"tenemos mucha hambre", Ruth habló y su sueño terminó.

"creo que se debe saludar primero", los censuró, por nada dejaría de enseñarles a sus hijos buenos modales.

"buenos días, mamá", rectificó.

"¿durmieron bien?", preguntó.

"me encanta dormir con mi hermana", fue la respuesta perfecta.

"a mí también", con un pequeño besito en la mejilla de su hermano y una gran sonrisa, Ruth correspondió a esa confesión.

"los amo demasiado", sonrió con las ocurrencias de la pequeña, le parecía ver la misma expresión de su padre cuando hacía una travesura.

"estamos listas para desayunar", saltó Zelina, quien ya se había levantado, pero estaba tratando de organizar la sala.

"pues el desayuno los espera, ustedes se encargan del resto", con esto se refería a que debían servir la mesa y limpiar luego.

"me parece un excelente trato", añadió Emma, "manos a la obra, Zel", animó a la pelirroja y Regina les dejó el camino libre, se llevó a sus hijos para el comedor, los tres se sentaron, Zelina puso la mesa y Emma sirvió el desayuno.

Sentarse a comer con los niños era un espectáculo, no se sabía quién tenía mayor apetito, en un segundo la jarra de jugo de naranja estaba vacía y la fuente con tostadas se agotó aún más rápido, la ensalada de frutas que Regina preparó para ella, estaba casi intacta, ella solo disfrutaba muy atenta la forma que sus hijos devoraban los alimentos y las carcajadas de Zelina y Emma eran la música que amenizaba el momento.

"¿llego tarde para el desayuno?", con su voz toda la diversión cesó, "me llevé las llaves de la casa, espero no te molestes", no quería parecer atrevido por lo que había hecho.

"no me molesta, de hecho, pensaba entregarles un juego de llaves a ti y a mamá", aclaró, "ven a sentarte junto a nosotros que estos niños parecen haber heredado tu apetito", Regina y Zelina no sabían dónde esconderse cuando escucharon ese comentario.

"qué te puedo decir, comer es un placer, aunque la vida me ha enseñado que existen otras delicias…", hizo una pausa después de haber acentuado las últimas dos palabras, "como el pastel de fresas que espera por mí en la ladera", se dirigió a la cocina, trajo aquel pastel que tanto deseaba probar desde la noche anterior, lo puso encima de la mesa y se sentó, justo del lado de Regina.

"¡pastel de fresas!", exclamaron Ruth y Henry al mismo tiempo, Zelina y Emma ayudaron a los niños a servir el pastel.

"para mí no sirvan", aclaró Regina.

"pero si ni siquiera has probado la ensalada de frutas", acotó Emma.

"así estoy bien, gracias", no tenía mucho apetito.

"para mí todas las porciones que quieras", no podía esperar.

"abuelo, ¿puedes llevarnos al parque?", preguntó Henry.

"encantado, chico, nos pasaremos todo el día juntos, así tus madres y tu tía terminan de arreglar la casa, tengo la ligera impresión de que este no será el único fin de semana que nos reuniremos aquí", la alegría y el entusiasmo de los niños fue indescifrable.

No mintió, él y los niños pasaron un domingo maravilloso, almorzaron lo que quisieron, corrieron por todo el parque, Ruth le enseñó a Henry algo más sobre esgrima con su tutoría, por supuesto, en la tarde se fueron a comer helado y a caminar por el bosque, suplicaba para que el tiempo no avanzara, se había divertido mucho ese día, pero pronto comenzó a caer la tarde y debía llevarlos a la mansión, protestaron un poquito cuando les dijo que debían irse, pero logró convencerlos con la condición de que al otro día después del colegio, los llevaría a la cafetería a tomarse una merienda deliciosa, respiró profundo con su asentimiento, se montaron en la camioneta y condujo hasta la mansión.

"aquí traigo a estos bandidos", le guiñó un ojo a Zelina, quien los recibió.

"hola tía", saludaron los niños cuando entraron, subieron las escaleras corriendo como ya era costumbre.

Regina quien terminaba de cocinar, salió al escuchar el alboroto.

"¿qué fue es..?, ¡Ruth y Henry!, ¡¿qué les he dicho sobre correr en las escaleras?!", exclamó muy seria, ninguno de los dos le prestó atención.

"déjalos hermanita", hizo el mayor esfuerzo para no reírse delante de sus sobrinos.

"una vez reina, siempre reina", continuó David.

"una vez pastor, siempre pastor", Zelina se apartó de la escena con mucha cautela, dudaba que hubiesen notado su presencia, la tensión entre ellos, se percibía en el aire.

"mañana vengo a recoger a los niños muy temprano, Regina", David decidió ignorar su comentario.

"hasta mañana, David", se adelantó hasta la puerta para cerrarla, señal inequívoca de que lo estaba echando de la mansión muy silenciosamente.

"y si te digo que no quiero irme, ¿qué harías?", todo su cuerpo se paralizó con esa respuesta, quería decirle que lo recibiría encantada para siempre en su vida, pero las palabras no le salían de la garganta, "respóndeme", la urgió en un tono que conocía mejor que nadie.

"es mejor que te vayas, David, estamos jugando con fuego", su voz fue casi un susurro.

David tomó la mano de Regina, con la que sostenía la puerta y habló, "me voy", acarició y besó su mano con mucha lentitud y muy en contra de su voluntad, se marchó.

Tuvo que recostarse a la puerta, no podía caminar, sus piernas eran una gelatina, agradeció que Zelina estuviera en la segunda planta, seguro encargándose de que Ruth y Henry tomaran un baño, no quería que ninguno de los tres la viera así.

No supo cuántos minutos transcurrieron hasta que escuchó la manipulación de la puerta, se hizo a un lado y su amiga el hada hacía su entrada.

"¡¿Re…?!", Tinkerbell no pudo terminar, Regina se le lanzó a los brazos, lloraba desconsoladamente.

"no puedo más, Tink", dijo entre lágrimas.

No sabía qué decirle, acariciaba su espalda en señal de apoyo y compasión, Regina no dijo una palabra más, hasta que se calmó.

"gracias", se apartó de su abrazo.

"¿estás mejor?", preguntó.

"estaré mejor, gracias, Tink", no había que hablar, su amiga conocía el motivo de su tristeza.

"iré a descansar, hoy tuve un día agotadísimo", se despidió.

Luego de esa explosión emocional, Regina sirvió la mesa, cenaron y se fueron a la cama, los niños durmieron juntos en la habitación de Henry, cuando terminó de arreglar y acomodar la mansión, tomó un baño y se dispuso a dormir, su hermana apareció en su habitación con carita de niña asustada, tenía toda la intención de que la dejara dormir con ella, no tuvo que pedirlo, levantó la sábana para que se acurrucara a su lado, durmieron plácidamente hasta que el despertador sonó.

Sorpresivamente, quien primero se levantó, fue la pelirroja, Regina la siguió, entró al baño, se vistió, fue a despertar a sus hijos, le parecía muy extraño que su amiga no estuviese despierta, por eso, también entró a su habitación para darse cuenta de que se había ido a trabajar, luego fue a la cocina para comenzar el desayuno, el que no tardó mucho, lo sirvió y pronto todos estaban recibiendo el día con un jugo de manzanas y galletitas dulce con mantequilla de maní, Regina sabía que a Henry le encantaba, e imaginaba que a Ruth también, pues comía con muchos deseos.

Muy obedientes, sin que ella les dijera, subieron a sus habitaciones, cepillaron sus dientes y bajaron con las mochilas en las espaldas a sentarse en el sofá de la sala, a Regina le sorprendía el comportamiento de ambos, terminó de lavar la loza y como todavía David no llegaba, tomó la decisión de llevarlos ella misma.

"Zel, ¿David te llamó para decirte que no podría venir a buscar a Ruth y a Henry?", preguntó cuando Zelina caminaba hacia ella en la segunda planta de la mansión.

"no, y si no nos apresuramos llegarán tarde", era muy raro, no faltaba a su cita matutina con los niños.

"me resulta raro que no hayas ido a desayunar con Emma hoy", comentó Regina y su hermana la miró con mucha sorpresa, "¿pensaste que no lo sabía?", Zelina asintió, "también sé lo que siente ese corazoncito", bromeó para disminuir la tensión que percibió en su rostro.

"Regina, yo..", comenzó, pero tuvo que detenerse.

"estoy muy feliz", no pudo decir más, ya habían bajado las escaleras, Zelina le sonrió y se adelantó para abrir la puerta, ella debía desilusionar a sus hijos.

Caminó hasta el sofá, respiró profundo, "al parecer David no podrá venir a recogerlos", vio la carita de tristeza de Ruth, Henry como todo un caballerito, le dio ánimo, "en la tarde les compraré helado", les hizo una oferta que no podían rechazar, pero…

"¡DAVID NOS COMPRARÁ HELADO Y ÉL NUNCA NOS HA ENGAÑADO!", gritó Ruth con mucha tristeza mezclada con enojo.

"Henry mi amor, esperemos a tu mamá y a tu hermana afuera", cabizbajo, el niño obedeció a su tía.

"mi amor", Regina comenzó, se sentó lentamente en el sofá a su lado, "David tuvo que hacer algo antes de venir y no pudo llegar a tiempo, por eso nos llamó", le habló con un tono muy dulce, Ruth se relajó con sus palabras y accedió a sentarse en su regazo, ella acariciaba sus manitos para calmarla, "sé cuanto lo quieres, pero porque no haya venido un día a llevarte al colegio no quiere decir que no cumplirá con su promesa", explicó, le dolía verla así y lo peor era que todo era su culpa.

"¿eso significa que tampoco dejará de estar conmigo ese día?", preguntó al borde del llanto.

"no mi amor, ese día lo tendrás aquí desde la mañana", le aseguró, era capaz hasta de tráelo por las orejas, no quería verla así nuevamente.

"te amo mami, perdón por gritarte así", se disculpó por su comportamiento, su madre la educó bien y aunque se la haya arrebatado de las manos y le hubiera robado su tesoro más preciado, tenía que reconocerle ese detalle.

"perdón por la tardanza", casi sin aliento, entró David a la sala.

"¡VINISTE!", gritó con mucho alivio y corrió para prendérsele de la cintura, fue muy bienvenida.

Regina se levantó del sofá para observar la escena delante de sus ojos y tuvo que bajar la vista por un instante, pero no duró mucho, en un momento que no advirtió, David le extendió la mano para que se uniera a ese abrazo, no lo dudó, solo dio dos pasos y los abrazó con todo lo que ese gesto significaba, la magia se le descontroló, la sentía correr por sus venas sin medida, sabía que perdía la autonomía frente al hechizo que les bloqueaba las memorias a ambos, no le importó, siguió disfrutando ese hermoso momento.

David, se sentía como en el cielo, ese abrazo era tan familiar, tan correcto que su corazón saltó de la emoción, se inclinó un poco para depositar pequeños besos en la cabeza de Regina, al no recibir negativa alguna, se aventuró, besó su frente y se quedó allí, luego dejó besos pequeños en sus suaves mejillas y se detuvo en la punta de su nariz para apartarse, sabía que el próximo paso necesitaba autorización, por eso se tomó todo el tiempo para mirarla y percibir la misma intensidad en sus ojos café, se quedó perdido sin saber qué hacer, solo tenía algo muy claro, quería besarla y perderse en ese sueño para nunca más volver a su tormentosa realidad, cuando menos lo esperó, fue ella quien dio el primer paso esa vez y sus labios se unieron en un lento y sincronizado danzar.

"los amo mucho", se sobresaltaron con esas palabras, no era que se hubiesen olvidado de la niña, pero su reacción tan normal ante lo que ocurría, fue motivo suficiente para romper el beso y observar el brillo de sus ojitos oscuros, que los miraban con un orgullo inigualable.

"también te amamos", ambos correspondieron a sus palabras como si lo hubiesen ensayado.

"ahora debemos ir al colegio, reinita", Regina no dijo nada, las palabras no serían capaces de salir por un buen rato.

"David, ¿podemos invitar a mamá a comer helado en la tarde?", preguntó Ruth.

"si ella quiere, es bienvenida", respondió ante su interrogante.

"¿mami?", se dirigió a ella como si esa escena fuese lo más normal, Regina sonrió porque la vida era muy irónica.

"sí mi amor, iré con ustedes", aceptó, no tenía muchas opciones tampoco, el tono de Ruth fue demandante.

"es hora de irnos", los tres rompieron el abrazo fueron a la puerta buscando a Zelina y a Henry, quienes no estaban, dedujo que su hermana se había llevado al niño para el colegio.

David encendió la camioneta y Regina ayudó a la niña para que se montara en el asiento del copiloto, cerró la puerta y los vio partir con una sensación de vacío en su alma, instintivamente tocó sus labios, todavía sentía el sabor de ese beso, cerró los ojos y respiró profundo, cuando recuperó su compostura, cerró la mansión y fue para la alcaldía.

Esa mañana había acordado no desayunar con Zelina, la buscaría a la hora de almorzar para ir a la cafetería, por ese motivo, llegó más temprano de lo normal, debía poner todo en orden, al otro día habría reunión en la alcaldía y debía entregar varios informes, una hora más tarde su padre hizo su aparición, lo vio un poco sobresaltado.

"¿papá?", su pregunta lo hizo mirarla porque llegó sin hablar y se sentó en su buró.

"perdón hija", algo ocurría con él y tenía toda la intención de averiguarlo.

"sé que algo te ocurre, no puedes ocultarlo", comenzó para que supiera exactamente lo que quería que le dijera.

"estoy bien", siguió alargando el momento.

"no te puedo ayudar si no hablas conmigo", advirtió, era cierto.

"tu madre", fue como el título de su intervención, Emma entendió todo.

"el embarazo nos debilita, papá", recordaba lo complicada que fue su vida durante aquellos nueve meses de embarazo.

"no es eso, ojalá fuera el embarazo, tu madre fue una dulzura cuando te esperábamos", explicó.

"no te entiendo", le parecía que había entendido todo mal.

"soy yo, hija, desde que regresé del Bosque Encantado mi vida cambió radicalmente", no encontraba las respuestas que necesitaba.

"yo lo veo todo igual", como no sabía lo que realmente ocurría, por supuesto que para ella todo era igual.

"mi corazón y mi mente están en una constante guerra, lo menos que quiero es…", hizo una pausa, para que le diera un poquito de valor, era la primera vez que hablaba del tema, "veo a tu mamá y no siento ese amor que una vez sentí, esa necesidad de querer estar con ella siempre y protegerla de todo mal, se ha desaparecido y mientras más lógica le busco a que mi lugar es con ella, mi corazón quiere salir corriendo a refugiarse en los brazos de…", se contuvo, le parecía que había dicho mucha información, por eso debía omitir la parte que su vida en el departamento era un infierno, que dormía en el sofá y que las constantes peleas cada vez se hacían más insoportables.

"¿de Regina?", abrió y cerró los ojos varias veces, su hija no pudo haber dicho ese nombre y tan espontáneamente, "lo supe desde que los vi llegar con Ruth, no pude definirlo en ese momento, pero lo que ha pasado después, tu forma de mirarla, la química con la pequeña, tus pesadillas, todo papá, además, mamá, es otra persona desde nuestra llegada de la isla", argumentó.

"pero es que no lo entiendo, Emma", al parecer ella tenía mejor definida la situación que él.

"habla con Regina, ella es quien único te dará las respuestas que buscas", lo aconsejó.

"¿crees que no lo he intentado?, si lo sabré yo, pero me ignora todo el tiempo", tampoco podía confesarle que hasta se habían besado y fue maravilloso.

"también me he dado cuenta y eso comprueba lo que te acabo de decir", lo dejó pensando y meditando sobre el asunto.

"gracias hija", si podía resolver su dilema todo mejoraría.

"agradéceme yendo mañana a la reunión en la alcaldía, solo tienes que llevar estos documentos", bromeó.

"con gusto mi jefa", iría encantado a la alcaldía si eso significaba tener a Regina tan cerca, ya no concebía dejar de verla.

"almorzaré en la cafetería, ¿quieres que te traiga algo de almuerzo?", propuso muy gustosa.

"muero por una gran hamburguesa con muchas papitas fritas, son la especialidad de Granny", no se lo confesaría a la anciana, pero era la verdad.

"trato hecho, a la hora del almuerzo cumplirás con tus antojos", su padre y la comida eran muy buenos compañeros.

"trabajemos ahora", no había tiempo que perder.

Así ocurrió, ambos trabajaron el resto de la mañana y cuando llegó el mediodía, Emma salió puntual al refugio de animales a recoger a Zelina, ahora, conversaban muy animadamente en una de las mesas de la cafetería.

"mi hermana lo sabe", le informó, el rostro de la rubia no mostraba ningún asombro.

"no es nuevo para mí, Regina sabe todo lo que ocurre en este pueblo, no sé cómo lo hace, pero es la verdad, ¿acaso creíste que estábamos teniendo citas a escondidas sin que la Reina Malvada, alcaldesa y dueña de este pueblo lo supiera?", preguntó, la incredibilidad de la pelirroja, le daba mucha gracia.

"pensé que…", comenzó, pero la entrada de su hermana a la cafetería, la silenció.

"¿qué sucede, Zelina?", como ella estaba de espaldas a la puerta no pudo saber el porqué detuvo su discurso, la vio mirando fijamente hacia el frente y por instinto se volteó para ver a la alcaldesa caminar hacia ellas.

"buenas tardes, chicas, necesito hablar con ustedes, si es que no interrumpo", comenzó, ambas le hicieron un gesto para que tomara asiento.

"¿ordenarán?", el hada preguntó.

"estamos completas", acotó Regina.

"ordenemos primero, tres hamburguesas con doble queso y muchas papas fritas", dijo Emma y las miradas asesinas no se hicieron esperar, "mi padre necesita alimentarse", las cuatro rieron.

"para ti lo mismo de siempre, ¿verdad, Regina?", el hada conocía los pedidos de sus clientes más asiduos.

"sí, una ensalada César, por favor", especificó.

"la curiosidad me consume, hermanita", apresuró Zelina.

"Emma, necesito tu casa para el sábado", quería que fuera perfecto, por eso cuidaría de cada detalle.

"con mucho gusto, ¿cuál es la ocasión?", preguntó curiosa.

"paciencia, lo sabrán a su tiempo", le encantaba verlas luchando para enterarse de su secreto.

"voy a donde sea, cuentas conmigo, el sábado es mi día libre, les traeré su pedido en cuanto esté listo", especificó Tinkerbell quien salió de la conversación, debía continuar trabajando.

"les daré una lista de lo que necesito comprar, aquí la tengo", sacó de su bolso una lista inmensa.

"¿qué haremos, un carnaval?", preguntó Emma, no era necesaria esa gran lista, creía ella.

"te ayudo, no te preocupes", dijo Zelina.

"mañana saldré de la mansión sin que haya amanecido, necesito que cuides a Ruth", pidió amablemente.

"mañana hay reunión en la alcaldía, ¿cómo olvidarlo?", resopló Emma.

"Ruth es una niña muy obediente, estaremos bien no te preocupes", la niña era muy dócil y se entendían a la perfección.

"gracias a las dos", la amistad de ambas era crucial en su vida.

"esta noche Henry se quedará conmigo", informó.

"le digo a tu padre que lo lleve", como en la tarde prometió ir con ellos a la heladería, podía decirle.

"aquí está su orden", Tinkerbell llegó con una bandeja con los alimentos, comieron en silencio y cuando terminaron, Emma fue quien rompió el silencio.

"¿nos vamos?", le preguntó a Zelina.

"mi hermana me llevará de vuelta al refugio", necesitaba tener una charla con Regina, a solas y no perdería más el tiempo.

"luego te llamo", se levantó, tomó la bolsa con la hamburguesa para David y se despidió.

"gracias, hermana", entendió muy bien la razón por la que no se fue con Emma.

"no me agradezcas, resuelve ese problema lo más pronto posible, no puedes seguir mintiéndoles", la aconsejó, el lugar donde estaban le impedía hablar con claridad, pero ella sabía.

"está esperando un hijo, Zelina", puso el embarazo como pretexto.

"¿seguirás mintiéndote?, porque no estoy dispuesta a permitirlo, si hubieras visto lo que yo vi, me harías caso", no era justo.

"¿qué viste?", preguntó.

"la forma que sus ojos te miran, que sus manos te quieren proteger para que no te quiebres y lo hermosos que se ven juntos", no seguiría secundándola.

"Zel..", quiso que se callara en un intento fallido.

"te ama, terca, ¿de cuántas formas quieres que te lo demuestre?", tomó su mano y le dio un apretón.

"siempre la ha amado", Granny pasaba por ahí y escuchó lo último que Zelina dijo.

"ves, no soy yo sola quien lo dice", agradeció que alguien, además, de Tinkerbell y ella, se dieran cuenta, solo que esa reacción iba más lejos.

"y la niña ama a su padre", lo que le faltaba para comprobar su teoría, Granny lo sabía todo, pero, ¿cómo?, eso lo averiguaría, tarde o temprano.

"gracias Granny, al fin alguien se enfrenta a esta cabeza dura", tenían a Regina acorralada.

"y aunque el sábado sea un día triste para ti y para mí, espero que prepares una gran celebración", las interrogantes seguían aumentado con cada detalle que develaba.

"¿otra persona sabe lo que ocurrirá el sábado y yo no?, tienes que decirme", fingió hacer una escena de celos delante de Granny.

"a su tiempo, jovencita, todo en la vida tiene su tiempo", fue la conclusión de su intervención, consejo que serviría, tanto para ella como para Regina, las dejó sin darle oportunidad a responder.

"te lo diré esta noche, no te enojes conmigo", debía decirle a su hija primero.

"me conformo con eso, vamos que mi hora de almuerzo casi termina", dejaron el dinero de la comida y se fueron.

Regina cumplió con llevarla de vuelta al trabajo y regresó a continuar con la organización de la reunión del otro día, le habían avisado la presencia de una persona que no acostumbraba a participar, dedujo que no venía con bandera blanca, por lo que no le daría el gusto, por tanto, esa tendría que ser la mejor de las conferencias que hubiese dado para el consejo de la alcaldía.

Cinco horas habían transcurrido desde su regreso de la cafetería, ni agua había bebido, trabajaba compulsivamente, y el agotamiento le estaba ajustando cuentas, cuando un toque en la puerta detuvo su faena.

"¿mamá, estás ahí?", la llamó Henry, con un movimiento de su mano, abrió la oficina, Henry y Ruth entraron desenfrenados y detrás de ellos, entró David con una sonrisa en sus labios.

"¿lista para irte?", preguntó Ruth.

"te vinimos a buscar porque cierto principito, lo sugirió", David disimuladamente miró a Henry.

"sabía que no irías con nosotros a menos que viniéramos a recogerte", su hijo la conocía muy bien, además, no tenía muchos deseos de ir.

"mi niño listo, ven aquí", lo incitó para darle un beso.

"tienes que ver cómo Henry ya pelea con la espada", resaltó la niña, su hermano aprendía rápido y en la escuela, aprovechaban para practicar, por eso había avanzado tanto.

"se me ha ocurrido una brillante idea para resolver ese tema", siempre con todo planeado.

"quiero saber, quiero saber", sus hijos eran su luz.

"mejor nos vamos, así lo saben de una vez", cerró el ordenador, recogió su puesto de trabajo, David y los muchachos la ayudaron a cerrar la alcaldía y se fueron a la heladería, donde comieron cuanto helado se les ocurrió.

"¿la última ronda?", preguntó Regina, si seguían comiendo se indigestarían.

"para mí una super barquilla de almendras", exigió Henry.

"para mí una de fresa", siguió Ruth.

"fresa para mí también", David terminó.

"espérenme aquí", fue a comprar lo que pedían, pero no se percató de que detrás de ella caminaba alguien.

"ahora que estamos solos, ¿qué tienes planeado para el sábado?", no estaba loca, escuchó bien.

"hablé con Emma, quiero hacer una fiesta de disfraces", explicó.

"el cumpleaños de la niña tiene que ser perfecto", siguió atenta a su turno para comprar, hizo su pedido, David la ayudó y cuando iban camino a llevar las barquillas a los niños quienes esperaban ansiosos junto a la camioneta.

"será perfecto, de eso no te quepa duda", escogió las palabras correctas.

"soy invitado de honor", alardeó.

"¿hablan de mi cumpleaños?", preguntó Ruth.

"claro mi cielo", afirmó David.

"quiero vestirme de princesa", exigió.

"mejor te vistes de reinita, porque eres tan mandona como tu madre", tocó su nariz, la niña rió, le encantaba cuando él le hacía eso.

"lo sé muy bien", los hombres se pusieron en el mismo equipo.

"pero ustedes no pueden hacer esto", Ruth tomó la mano de su madre, cerró los ojos y una pequeña bola de luz se formó, dejando a todos boquiabiertos.

"nos rendimos, ¿no es así, Henry?", ante la magia de ambas, no tenían como ganar, a pesar del asombro en el rostro de Regina, no era una sorpresa que la niña tenía magia.

"así es, entonces seré el caballero que defienda a mi hermana la reinita, así uso un disfraz con espada", de todas formas, él quería una espada.

"los reyes también llevan espadas", David la miró con su hermosa sonrisa.

"compremos los disfraces, ya quiero verlos", propuso el príncipe, si no paraba de sonreírle de esa forma no respondería.

Caminaron por las pocas tiendas que habían en el pueblo, los niños escogieron el disfraz que quisieron, Ruth insistió en comprarle una ropa a los adultos también, David se dejó convencer, pero no fue igual con su mamá.

"mamá tiene ropas muy bonitas, Ruth", dijo Henry cuando su hermana tomó un vestido de las perchas para intentar convencer a su mamá.

"Henry tiene razón, mi cielo, no es necesario", la persuadió.

"quiero que seas la más bella de mi fiesta", sus ojos le brillaban.

"tu madre es la reina, siempre es la más hermosa donde quiera que va", intervino David.

"pero me gusta este", con un puchero, la niña se quedó inconforme.

"vamos, te acompaño a dejar el vestido", dijo Henry.

"todavía no me preguntaste cómo es que supe lo del cumpleaños", su falta de curiosidad comprobaba lo que Emma le había comentado en la mañana.

"Ruth te lo dijo", para su salud mental, era mejor pretender que había sido así y no que estuviese recordando, ya tuvo bastante con la demostración de magia de su hija.

"es lógico", no insistió más.

Pagaron lo que habían comprado y se fueron directo a la mansión donde Henry recogió sus cosas para que el abuelo lo llevara a la casa de su otra mamá.

"me encantó ir de compras con ustedes", mientras su hermano llegaba, la niña dio las conclusiones del día.

"a mí me gusta que tu mamá vaya con nosotros", le susurró al oído, "¿me guardas el secreto?", con mucha picardía preguntó y la niña solo asintió como si fuera una persona mayor, "mañana vendré por ti", le aseguró.

"lo sé", ella siguió su ejemplo y le respondió al oído también.

"nos podemos ir", Henry bajó las escaleras del brazo de su mamá.

"un beso mi príncipe", lo despidió con un beso en la frente y se fue con su abuelo.

"haré mis tareas", informó la niña, ella decidió ir al estudio para culminar con lo que había quedado pendiente en la alcaldía, era temprano para comenzar a cocinar.

No había pasado ni una hora cuando la puerta del estudio se abrió.

"hermanita, Tink y yo cocinaremos hoy", la gran noticia le alegró el resto del día.

"el cumpleaños de Ruth", cumplió su promesa.

"¿el sábado es el cumpleaños de la princesa?", si era así, se encargaría de que ese día fuera especial.

"haremos una fiesta de disfraces", cada vez le gustaba más el cumpleaños de su sobrina.

"puedo usar el disfraz de la bruja del oeste, siempre ha sido un sueño para mí", definitivamente su hermana era única.

"es para los niños, pero si quieres, nadie te lo impide", le dio ánimo.

"tienes razón, ¿qué disfraz se pondrán los niños?", pensaba que con el poco tiempo que tendrían para preparar la fiesta, su hermana no tenía cada detalle minuciosamente calculado.

"serán el rey y la reina de la fiesta ya compramos los vestuarios, David nos llevó de compras", lo dijo en un tono distinto, Zelina no pudo contener las carcajadas.

"¿de qué te ríes, tía?", entró Ruth al estudio con una pequeña tarjeta llena de colores.

"me río porque quería ser la bruja del oeste en tu fiesta, pero tu mamá me dijo que era para los niños y yo soy una niña en el cuerpo de una mujer", la mirada de Ruth le dio la idea de que no entendió en lo absoluto una palabra, "olvídalo, princesa, fue una broma", salió del estudio a continuar ayudando al hada, si no esa noche no cenarían.

"¡mira la invitación para mi fiesta, mami!", le mostró la pequeña tarjetita, era puro color, con letras escritas por ella misma, habían dos muñequitos con una corona en la cabeza, imaginaba que eran ella y su hermano, era su fiesta y ella no quería que su hermano quedara fuera, tuvo que secar una lágrima que salió de sus ojos.

"¿tienes muchos amiguitos, mi cielo?", preguntó.

"no muchos, pero los invitaré a todos", muy decidida respondió, "¿te gustó la invitación?", a ella le había encantado.

"mucho", su hija era una mezcla entre ella y David, tenía su dulzura y de ella su fortaleza.

"tendré que hacer muchas, ¿me ayudas?", no sería muy fácil lograr tantas invitaciones en tan poquito tiempo, pero ella quería hacerlas.

"eso tiene solución", Regina tomó la pequeña tarjetita, movió su mano y lo que una vez fue un cartón dibujado a mano, ahora era una invitación real, los muñecos cobraron vida, los colores fueron reemplazados por el color plateado que le daba el toque de elegancia que no podía faltar, las letras de color negro resaltaban perfectamente la intención de dicha obra de arte.

"¡qué preciosa mamá!, gracias", los ojitos de Ruth quedaron atónitos, "¿podríamos hacer más?", pidió sutilmente.

"ven, quiero que pongas tus manitos encima de la invitación y te imagines muchas como esas", debía comprobar su teoría, la niña hizo lo que se le pidió, con mucho esfuerzo intentó varias veces y nada ocurría.

"no puedo", se quejó con frustración, puso la misma carita que ponía ella cuando Rumple la obligaba a hacer un hechizo y no le salía como a él le gustaba, la hacía sentir tan poca cosa.

"vamos otra vez, cierra los ojitos, piensa en todos tus amiguitos y en tu fiesta", repitió también con dulzura, pero esta vez, puso su mano encima de las de ella, de inmediato, la magia fluyó sin esfuerzo de ningún tipo.

"¡lo hicimos!", muy contenta, la niña exclamó cuando la invitación se multiplicó.

"sí mi amor", respiró profundo, Ruth podía acceder a su magia, pero no sin que ella interfiriera, el hechizo que había puesto en ella para bloquearle la magia, todavía estaba intacto.

"iré a guardarlas, gracias", le dio un beso y se fue del estudio, su hija estaba tan emocionada con esa fiesta que no pensaba desilusionarla.

Cuando Zelina y Tinkerbell terminaron de cocinar, sirvieron la mesa y comieron, Regina con su magia organizó la cocina, estaba demasiado agotada como para hacerlo ella misma, se despidió de las chicas, se llevó a la niña para su habitación, le leyó el cuento que le pidió y cuando se quedó dormida, la tapó, apagó la luz, cerró la puerta y se dirigió a su habitación, el día siguiente tendría que librar una batalla, la que no tenía ni la más mínima idea si saldría victoriosa o no.