Después de haberse asegurado de no estar soñando, se apartó de sus labios en contra de su voluntad porque respirar también era importante, con toda su calma, le dedicó una mirada con la intención de hacerle saber lo que su corazón sentía en ese momento.

"¿te piensas quedar para siempre bajo este árbol mirándome así?", preguntó Regina, no quería que supiera sobre el poder que esa mirada ejercía sobre ella.

"me quedaría así contigo hasta en el desierto", bromeó y en sus labios se dibujó una hermosa sonrisa que la hizo temblar de emoción.

"es muy tentadora la invitación, encantador", intentó levantarse, no tuvo equilibrio, el cuerpo le ajustó cuentas, además, al parecer se dio un fuerte golpe en la cabeza pues sintió su cabello mojado y era sangre que brotaba libremente por la herida.

"estás sangrando, no hagas esfuerzo, te llevaré al hospital", lo fulminó con la mirada.

"no me gustan los hospitales", prefería sanar sus golpes con magia antes de ir a ese lugar espantoso.

"alguien debe revisarte, acabas de caerte de un caballo, eso no es de juego, Regina", apeló a su cordura.

"dije que no iré al hospital, llévame a mi bóveda, por favor", le pidió, estaba muy agotada como para sanarse con magia, allí podría encontrar alguna poción que pudiera ayudarla.

"te llevo donde quieras, cabeza dura", en señal de resignación David se levantó de su posición y la cargó en sus brazos hasta llevarla a la camioneta, donde la sentó con mucho cuidado en el asiento del copiloto.

"señora alcaldesa, ¿está bien?", preguntó el muchacho con el que había conversado hacía solo minutos.

"un poco golpeada, pero estoy bien, gracias Daniel", respondió muy cordialmente, conocía al muchacho desde el Bosque Encantado, cuidaba los caballos en el castillo del rey Leopoldo y siempre tuvieron buenas relaciones debido a que ella pasaba la mayor parte de su tiempo en los establos con su caballo Rocinante.

"tu yegua me dio una lección, pero yo le daré otra un día de estos", tanto David como Daniel la miraron amenazadoramente ante ese comentario, "no me miren así, vendré a menudo para que me conozca y ganarme su confianza", como si lo hubiesen ensayado previamente, los dos soltaron el aire que contuvieron.

"nos diste tremendo susto", habló en plural, pero realmente lo que quería decir era que casi muere cuando no la encontró por todo Storybrooke.

"muerta les sirvo mejor, este pueblo no es que me quiera mucho que digamos", no recibió respuesta, David subió a la camioneta y condujo hasta el cementerio.

"espera que te ayudaré a bajar", sabía muy bien que la muy terca querría caminar sola en el estado en el que estaba.

"puedo sola", confirmó sus teorías con esa respuesta, además tuvo que apresurarse, casi cae al intentar poner un pie en el suelo.

"te dije que me esperaras", al no tener de donde sostenerse, Regina se prendió de su cuello, él se aprovechó y volvió a cargarla en sus brazos, "podría pasarme el resto de mi vida así contigo", bromeó y se ganó una mirada asesina que lo hizo sonreír a carcajadas, siguió caminando sin hacer el menor caso a sus miradas de Reina Malvada, las que por una razón desconocida ya no eran tan amenazadoras para él.

"puedes dejarme aquí, estaré bien", le dijo al entrar a la bóveda y ver un pequeño sofá que ella usaba para descansar allí.

"¿me puedes explicar el motivo por el cuál siempre quieres alejarme de ti?", no recibió respuesta, "encuentras cualquier pretexto absurdo para que me vaya", sus esfuerzos eran en vano.

"porque tienes una familia de la cual encargarte y un hijo en camino, eres el Príncipe Encantador, el pueblo completo te despreciaría si saben que estás aquí conmigo", explicó.

"lo que piense Storybrooke no me interesa", su sinceridad aumentaba con la cercanía de la reina y todo lo que sentía por ella lo abrumaba.

"tienes que alejarte de mí, no me busques más, ni intentes besarme nuevamente", hablar sin rodeos y directo al punto le resultaba muy fácil.

"me iré por ahora", cuánto quería hacer caso omiso a sus comentarios y hacerle saber que era imposible estar lejos de ella.

"me parece muy bien, ah y a partir de ahora seré yo quien se encargue de llevar y recoger a mis hijos del colegio", ni siquiera quería verlo en la mansión, las cosas entre los dos estaban tomando un rumbo que no quería, necesitaba mantenerlo alejado.

"no me puedes prohibir que vea a Ruth, la quiero demasiado", que lo separara de ella, quizás lo aceptaba, pero se negaba a vivir sin ver a la niña.

"vete", sus lágrimas estaban a punto de caer, necesitaba estar sola, lo que había dicho la derrumbó completamente.

"no quiero irme, Regina, no quiero apartarme de ti, ¿era eso lo que querías escuchar?", se arrodilló frente a ella para que lo mirara a los ojos y le quedara bien clara su posición.

"David, por favor, vete con Snow, ella te necesita más que yo", miró hacia otro lado, sentía que perdía la batalla.

"Regina yo te…", comenzó a darle la respuesta que tanto había querido evitar, no terminó, su celular anunció una llamada, resopló, se puso de pie, sacó el celular del bolsillo y rechazó la llamada.

"no te preocupes, haz lo que tengas que hacer", lo vio dudar de la decisión que tomaría.

"no hemos terminado", apuntó con el dedo para advertirle que ese no era el fin de la conversación, caminó marcha atrás hasta que le fue imposible, dejar de mirarla y alejarse de ella le rompía el corazón con cada paso que daba, si no hubiese sido porque debía seguir con la búsqueda de Bella, hubiese lanzado todo al mismísimo demonio y ni la propia Regina lo sacaba de esa bóveda.

Al sentir que la puerta se cerró supo de inmediato que estaba sola, los ojos la traicionaron y las lágrimas no se detuvieron, lloró tanto que se quedó profundamente dormida, su cuerpo lo pedía a gritos.

Cuatro horas más tarde, despertó sobresaltada, debía ir por los niños al colegio, muy lentamente se fue incorporando, los dolores eran menores y su magia se había recuperado, movió su mano y toda la incomodidad que sentía desapareció, tocó su cabeza y ya no le dolía el golpe que se había dado, arregló también con magia su atuendo que era un desastre, recordó que el auto lo dejó en los establos, se teletransportó hasta allí, abrió la puerta, se montó y condujo hasta el colegio, miró el reloj y estaba perfectamente a tiempo, minutos después de estar esperando a la salida del colegio sonó el timbre y los niños salieron corriendo.

"¡mamá!", exclamaron al verla.

"buenas tardes", saludó mientras Henry abría la puerta de atrás y ambos entraban al auto.

"si ves lo que hicimos hoy", comentó Ruth muy animada.

"cuenten", correspondió.

"Henry participó en un concurso de literatura y se ganó el primer lugar", comentó como mucha alegría por lo sucedido con su hermano.

"felicidades mi príncipe, quiero saber cada detalle", animó a Henry y le contó todos los sucesos sin omitir palabra, el camino se les fue muy rápido en medio de aquella conversación, sin que se dieran cuenta, llegaron a la mansión donde encontraron el auto de Emma estacionado afuera, Henry entró de primero para saludar a su mamá.

"chico, qué bueno verte, te extrañaba mucho", lo abrazó la rubia al verlo llegar.

"yo también", se dieron un abrazo muy tierno.

"debemos celebrar, nuestro hijo se ganó un premio en el colegio", anunció Regina al entrar a la escena.

"pues qué mejor manera de celebrarlo que con una deliciosa comida hecha por la mismísima alcaldesa de Storybrooke", propuso la rubia.

"¡sí!", dijeron todos.

"acepto, pero los niños de la casa deben ir a cambiarse de ropa y a terminar sus obligaciones del colegio", cabizbajos y sin chistar, subieron las escaleras hasta sus habitaciones para cumplir con las órdenes de su madre.

"no me digan que llego tarde", Tinkerbell se incluyó a la reunión de amigas.

"la diversión acaba de comenzar", aclaró Zelina.

"¿qué traes ahí, Tink?", cuestionó Emma.

"un vestido que me regaló Viktor para la fiesta de Ruth", todas quedaron con los ojos abiertos del asombro, la relación con el doctor avanzaba, la confianza con que lo llamaba, no dejaba lugar a dudas.

"¡qué lo enseñe, qué lo enseñe!", cuando se unían eran unas completas niñas.

Con un movimiento de su cabeza, el hada mostró el lindo vestido, no pudieron evitar tocarlo para admirarlo, Whale tenía muy buen gusto, no se podía negar.

"¿lo invitaste a la fiesta?", preguntó Regina.

"no", sin pensar respondió.

"mañana cuando lo veas, le dices que yo personalmente, lo invité", sabía muy bien que Whale no se atrevería a ir sin su aprobación.

"a sus órdenes alcaldesa", continuaban llamándola así, debía sacarlas de su error.

"debo decirles algo", comenzó, las tres se acomodaron en el sofá, se ganó su total atención por la seriedad de su tono de voz, "no soy más la alcaldesa del pueblo", sin esperar más lo soltó.

"eso no es posible", Emma fue quien primero reaccionó.

"pregúntale a Jorge, armó toda una jugarreta y los del consejo le creyeron", argumentó.

"¿no se supone que hay leyes para elegir debidamente al alcalde?", cuestionó Zelina por pura curiosidad.

"hay un libro que recoge las leyes y los estatutos de Storybrooke, pero el consejo no se rige por eso, hacen y deshacen y si el alcalde no cumple con sus caprichos lo sacan a su antojo", su hermana se quedó conforme con su respuesta.

"en el pueblo están pasando muchas cosas raras", comentó Emma.

"sí como la desaparición de Bella, por cierto, ¿apareció?", habló Tinkerbell.

"estaba pensando en eso mismo, quien se la llevó quiere algo de Rumple, estoy segura", intervino Regina.

"pero, ¿qué?, no han dado señales de vida y hemos revisado el pueblo de principio a fin y ni rastros de ella", ella y su padre se habían pasado unas horas intensas en medio de la búsqueda, no sabían qué más podían hacer.

"la daga del Ser Oscuro", el silencio invadió la sala, "y de seguro, Jorge está detrás de todo esto", terminó con su razonamiento.

"claro que sí, tienes razón, llamaré a David cuanto antes", Emma se levantó del sofá para hacer la llamada.

"iré a darme un baño para venir y ayudarte en la cocina", dijo Tinkerbell a Regina, quien asintió.

"comenzaré mientras tanto", informó.

"tenemos que hablar de los preparativos del cumpleaños de Ruth", dijo Zelina.

"aprovecharemos esta reunión para resolver ese tema", respondió Regina cuando entraba a la cocina seguida por su hermana.

"hagamos algo muy rápido, así tenemos tiempo de conversar y pasar un rato juntas", le encantaba que su hermana se quitara su máscara de alcaldesa y riera hasta el cansancio con cada una de sus ocurrencias.

"pizza", lo más rápido era cocinar unas pizzas para todos y tenían resuelto el menú.

"escuché que comeríamos pizza hoy, ¿o me equivoco?", apareció Emma en la cocina.

"con esa efusividad tendré que cocinar el doble para ti", bromeó Regina.

"adivinaste, estaba pensando en eso mismo", le siguió el juego.

"de seguro los comilones de nuestros hijos dirían lo mismo que tú", las carcajadas de las tres no se hicieron esperar.

"creo que sigo perdiéndome la diversión", se apresuró con el tema de su baño para incluirse a la conversación.

"ahora que estamos todas, solo quedan dos días para el cumpleaños de Ruth, mañana comienzo los preparativos", anunció Regina, como ahora tendría tiempo libre, haría algo de utilidad.

"te dejaré las llaves de mi casa, eres dueña de hacer con ella lo que quieras", anunció Emma.

"será una fiesta hermosa", agregó Zelina.

"sin dudas, conociendo a Regina, no espero nada menos de ella", defendió Tinkerbell.

Así pasaron el reto de la tarde y parte de la noche hasta que las pizzas estuvieron listas y todos comieron hasta que ya no pudieron más, Regina acostó a los niños, y luego se quedaron conversando hasta muy entrada la madrugada que Emma se dio cuenta de que debía marcharse, la despidieron y cada cual se fue a descansar a sus habitaciones.

Al salir de la mansión de su amiga, condujo muy despacio por las calles del pueblo, tanta tranquilidad le sorprendía, se le ocurrió llamar a su padre para saber si las sospechas de Regina eran ciertas y él le dijo que había ido a la casa del ex rey y no vio nada sospecho, se quedó conforme con esa respuesta, pero algo le decía que no fuera a dormir todavía, por eso, continuó patrullando por las calles.

La visita del pastor lo puso sobre aviso, llamó a su cómplice y decidieron adelantar sus planes, ahora estaba en la torre del reloj esperando a Gold, sus hombres habían dejado a Bella amarrada y amordazada en una silla, la chica ni chistaba.

"pero miren a quien tenemos aquí", dijo Rumple al aparecer en su nube de magia, pocas horas antes una nota que le dejaron en la tienda le indicaba lo que debía hacer y ahí estaba.

"me sorprende tu puntualidad", el sarcasmo no era lo suyo.

"querido, vayamos al punto, el sarcasmo no te queda bien, ¿qué quieres?", no le demostraría su preocupación por Bella, ese gusto no se lo daría a nadie.

"sabía que dirías eso, me lo habían dicho", sin pensar habló.

"así que no estás en esto solo, eres tan predecible, ni siquiera eres capaz de armar un plan por tu propia cabeza, ¿cómo pretendes hacerte cargo de la alcaldía?", disparó con todo lo que tenía.

"soy un rey", alardeó Jorge.

"no me hagas reír, no eres más que un fracasado", siguió ofendiéndolo.

"este pueblo sabrá que Regina no se puede comparar conmigo", omitió su comentario.

"no le des más rodeos a este asunto, Jorge, nos conocemos, este no es el primer trato que hacemos", apresuró el trámite, no estaba de humor para esa conversación.

"quiero tu daga a cambio de tu noviecita", le dio gusto, los ojos de Bella se abrieron y movió la cabeza de un lado al otro para que no cediera ante sus provocaciones.

"¿qué te hace pensar que ahora mismo no te mataría con mis propias manos y le haría un favor a este pueblo con tu desaparición?", era un iluso si pensaba que tenía el poder entre los dos, pero ocurrió algo que no previó.

"le puedo cortar el cuello a esta belleza antes de que tu magia funcione", sacó una pequeña daga y la colocó en el cuello de Bella.

"tú ganas", hizo aparecer la daga plateada con su nombre escrito y se la entregó, acto seguido Jorge comenzó a desatar a la muchacha, quien al verse libre corrió a los brazos del hechicero y ambos se fueron tomados de las manos.

"un placer hacer negocios contigo Ser Oscuro, hasta la vista", Rumple solo lo miró con ganas de matarlo y lo silenció de inmediato.

Esperó un poco hasta asegurarse de que el territorio estuviera despejado y salió de la torre del reloj con una sonrisa de satisfacción en su rostro, caminó hasta llegar a su casa, sin saber que Emma observó desde las sombras, la partida de Rumple y Bella y minutos después, su partida con la daga del Ser Oscuro en sus manos.

Los próximos dos días transcurrieron como siempre, sin novedades, Emma le informó a su padre sobre lo que había visto y comenzaron a vigilar a Jorge con mucha cautela sin que él supiera, pero llevaba una vida rutinaria, no pudieron sacar ninguna información, Zelina y Tinkerbell salían del trabajo y se iban hasta la casa de Emma para ayudar a la reina con los preparativos de la fiesta, la decoración, los dulces, el pastel, cada detalle lo chequeaban más de una vez, nada podía fallar, David cumplió con lo ordenado por Regina y no se acercaba a ella ni a los niños, se dedicó a pasar tiempo en el departamento, Snow y él tuvieron una conversación y prometieron no pelear por el bien del bebé, eso facilitó que el ambiente de guerra entre ellos se calmara, y pudieran vivir como una familia, aunque ya él no sintiera igual y se muriera de ganas de salir corriendo a buscar su felicidad donde sabía que la encontraría, pero algo de razón encontró en aquellas palabras de Regina, que se repetían una y otra vez en su mente, estaba esperando un hijo con otra mujer, ¿cómo era posible que no quisiera estar ahí?, se reprendía por los impulsos de su corazón, por eso fue que hasta intentó no ir al cumpleaños de la niña, fue imposible, uno de esos días que las extrañó demasiado, tuvo otro sueño que tampoco pudo explicar, tenía que buscar respuestas cuanto antes, esa situación no podía seguir así.

Por fin, había llegado el tan mentado cumpleaños de Ruth, la noche anterior, casi no durmieron, terminando de arreglar la casa y porque cierta niña no dejaba de hablar de su fiesta, Regina tuvo que hacer magia para que cayera rendida, era irónico decirlo, pero así fue, cuando llegaron de casa de Emma, la obligó a darse un baño con agua tibia, sabía que le daría sueño, la arropó con su cobijita, luego le leyó casi un libro completo de mini cuentos infantiles y cuando sintió que el cansancio la vencía, tuvo que quedarse dormida a su lado, sin saber en el momento exacto que su hija cerró sus ojitos.

"¡FELICIDADES!", bien temprano ese día entraron Tinkerbell, Zelina y Henry a la habitación para felicitarla, eso no fue todo, les cayeron encima para hacerle cosquillas a la pequeña, entre risas y carcajadas pasaron un amanecer inolvidable.

"bueno, creo que ya es suficiente, a vestirse todos para irnos a la casa de Emma", Regina miró la hora y el tiempo voló, cada cual se fue a su habitación para arreglarse, Zelina escogió un jean azul oscuro muy ajustado, una blusa verde de seda y un par de plataformas extremadamente altas, Tinkerbell luciría el vestido que Whale le había comprado, era precioso, justo a su medida, no tenía tirantes y tampoco era largo, se ajustaba a su figura luciendo sus atributos de mujer, y se decidió por unas zapatillas pegadas al suelo, ellas junto con Henry fueron quienes primero terminaron de vestirse, faltaban Ruth y Regina.

"mami, estoy lista", anunció la niña cuando entró a la habitación de su madre quien terminaba de maquillarse frente al tocador.

"me falta un poquito mi amor, estás preciosa", elogió, el disfraz de reina le quedaba hermoso.

"también estás linda, pero igual yo quería aquel vestido que vi en la tienda", casi llorando con un puchero en su carita le dijo.

"mi amor", comenzó Regina a intentar convencerla, pero al verla así, sus intenciones cambiaron radicalmente, "ganaste, ven dame las manos, cierra los ojos y piensa en ese vestido y en cada detalle que quieras que use en tu cumpleaños", se levantó de la silla, se paró delante del gran espejo de frente a su cama y le extendió las manos a Ruth, quien obedeció las indicaciones de su madre, pronto y sin esfuerzo de ningún tipo, un vestido rojo corte de princesa, desmangado, ajustado en su cintura con una fina cinta de seda, todo de encaje que cubría hasta encima de sus rodillas, sustituyó al que llevaba puesto, sus tacones medianos, cambiaron por unas altas plataformas rojas amarradas hasta sus tobillos, una gargantilla plateada brillaba su cuello y en su cabello una peineta a juego con la gargantilla, adornaba su peinado.

"listo", la niña abrió los ojos para quedarse asombrada con la belleza de su mamá, "¡estás hermosa!", exclamó con mucha admiración, Regina se inclinó para besarla, no importaba que ese atuendo no fuera común en su forma de vestir, lo que realmente importaba en ese momento era el brillo en los ojos de su hija.

"vamos, de seguro todos nos esperan", salieron de la habitación una del lado de la otra, tomadas de las manos, sin darse cuenta que al verlas todos los ojos centraron su atención en ellas, bajaron las escaleras despacio, como para hacer ese momento más duradero ante los espectadores que aguardaban en el recibidor de la mansión.

"¡DAVID!", quien faltaba para completar su felicidad estaba tan o más enajenado como los demás al ver a su madre bajar las escaleras junto a ella.

"mi reinita, ¡felicidades!", recibió en sus brazos a la niña, a quien tanto había extrañado.

"gracias", la alzó y le dio vueltas, sacando de sus labios unas carcajadas que animaron la escena.

"estás deslumbrante, hermanita", se acercó a ella y le susurró al oído.

"lo dejaste con la boca abierta y eso que Ruth lo salvó de descubrir su estado ante los ojos de todos", mientras David y la niña disfrutaban de su momento al que también se había sumado Henry, el hada no perdió oportunidad para hacer sus comentarios.

"toda esta ridiculez es obra de Ruth", respondió.

"no digas eso, estás bellísima", repitió Zelina.

"bueno, ¿nos vamos?", preguntó David, sin que Regina tuviera oportunidad de responder.

"es cierto, llegaremos tarde, me voy en tu camioneta", la pelirroja se prendió de su brazo y los niños se fueron tras ellos.

"nos dejaron solas", comentó Tinkerbell.

"eso parece", ambas comenzaron a salir de la mansión, cerraron la puerta y se montaron en el auto de Regina.

En la casa de Emma ya muchos de los invitados estaban allí, los niños lucían disfraces hermosos, habían piratas, hadas, gitanas, policías, pero sin dudas los disfraces más hermosos eran los de Ruth y Henry.

"¿y mamá?", preguntó Emma a David cuando terminó de ayudar a Regina a repartir refrescos y golosinas a los niños.

"me dijo que se sentía un poco indispuesta", desde la mañana que había decidido asistir a la fiesta de cumpleaños, no le dejó de insistir para que lo acompañara, casi no quería salir del departamento y sería bueno para su estado de ánimo relacionarse, conversar.

"es normal, debe descansar", respondió Emma, comprendiendo muy bien su situación.

"quedó muy hermosa la casa", cambió el tema.

"entre todas ayudamos a Regina, pero esto es obra de ella", reconoció, su padre no le quitaba los ojos de encima, aunque no lo culpaba, esa mañana, su amiga lucía como lo que era, una verdadera reina.

"no me extraña", fueron sus palabras.

"¡el pastel!", exclamaron los niños que habían asistido, se reunieron todos, cantaron las felicidades a Ruth, apagó las velitas, pidió un deseo, y Regina tomó fotos que quedarían para siempre en el recuerdo de ese primer cumpleaños con su hija.

Mientras Zelina, Tinkerbell, Regina y Emma preparaban los platicos con las porciones de pastel para repartirlos entre los invitados, los niños jugaban y se divertían de lo lindo en el jardín de la casa.

Varias horas después cuando los invitados se marcharon, solo quedaba la familia, y un gran reguero por toda la casa, reposaban en el sofá de la sala con una copa de vino en sus manos, Henry y Ruth parecían no haber consumido todas sus energías, y corrían por toda la casa.

"no vi a tu doctor, ¿por qué no vino?", cuestionó Regina a su amiga el hada.

"tuvo que atender una urgencia en el hospital, pero de todas formas te agradece por la invitación", respondió, su curiosidad quedó saciada.

"otra vez será", dejó abierta la posibilidad.

"creo que organizar todo este desorden será casi imposible", comentó Tinkerbell para cambiar el tema.

"propongo cansar a estos niños en un viaje al parque, organizamos luego", lo menos que Emma quería era ponerse a recoger en ese momento.

"me parece una excelente idea, vayan al parque, yo me encargo de todo esto", propuso Regina.

"te ayudo", no había encontrado un momento para hablar con ella, realmente lo necesitaba.

"David, llévanos al parque", los niños se aproximaron al sofá e hicieron su petición muy amablemente.

No podía negarse ante esos cuatro ojitos que lo miraban expectantes, la conversación con Regina tendría que esperar, "vámonos todos para el parque", se ganó el entusiasmo de los niños.

"nos cambiamos de ropa y pasaremos la tarde más divertida de nuestras vidas", comentó Zelina con la misma emoción.

"estoy plenamente de acuerdo, no existe posibilidad que vaya con ustedes al parque con este incómodo vestido", la apoyó Emma quien también se había puesto un vestido sencillo y no era su costumbre.

"no perdamos más tiempo", anunció Tinkerbell.

"nos vamos primero, las esperamos allá, no tarden", dijo Henry y fueron los primeros en salir de la casa en la camioneta de David, las chicas no tardaron en terminar de ponerse cómodas y salieron en el auto amarillo de Emma, así Regina se quedó totalmente sola con una casa patas para arriba la que debía ordenar, con un movimiento de su mano se puso cómoda, uno de sus juegos de pantalón sería muy útil para la ocasión y un par de tacones medianos complementaría perfectamente para terminar su labor en menos tiempo de lo previsto.

Como se imaginaba que los encantadores estarían en la fiesta de la bastarda de la reina, esa sería la oportunidad perfecta para reunirse con su cómplice, quedaron en encontrarse en un lugar bien apartado del bosque, no podrían correr el riesgo de ser vitos.

"al fin llegas", le reprochó, llevaba más de veinte minutos esperando.

"deja de protestar y entrégame la daga", directo al punto sería mejor.

"¿qué te hace pensar que te entregaré lo único que entre los dos me da el poder?", sostenía la daga en sus manos y la admiraba, el trato original era entregársela, pero al sentirse tan poderoso frente al Ser Oscuro aquel día del intercambio, quería cambiar el panorama.

"porque la mente maestra en esta alianza no eres tú mi querido Jorge y aunque en el pasado las cosas no hayan sido así, al fin puedo decir que soy una persona diferente, la venganza te hace sentir superior, ahora comprendo a Regina", no supo si eso fue un cumplido o si en el fondo su corazón se quejaba por la persona en que se había convertido, tal vez, siempre fue así y los engañó a todos.

"no te la daré, digas lo que digas", la paciencia se le estaba agotando.

"no me provoques Jorge, no sabes de lo que soy capaz", lo amenazó y sus palabras no hicieron efecto en el ex rey.

"no me das miedo, siempre supe quien eras, nunca me engañaste", con su altanería se estaba buscando que su final se acercara con rapidez.

"poco me importa lo que creas de mí o no, si quieres la daga tendrás que matarme", se atrevió a decirle.

"sus deseos son órdenes mi rey", con un movimiento que Jorge no esperó, ni imaginó, lo tomó por el cuello con su brazo y lo apretó, gesto que le permitió quitarle la daga sin el menor esfuerzo, "ahora, ¿quién tiene el poder, reycito?", se burló mientras él luchaba por respirar, "nunca pensé que estar en esta posición contigo me daría tanta satisfacción, debí hacerlo hace muchos años, total nadie te hubiese extrañado", el rey intentaba hablar sin poder, "no puedo escucharte, ¿qué dices?", seguía alargando su agonía, "te daré la oportunidad de expresar tu última voluntad", con un tono irónico aflojó su agarre solo un poco, el rey era más alto y podría fácilmente aprovecharse.

"me las pagarás", ni al borde de la muerte dejaba de ser tan soberbio, encajó la daga en su corazón y Jorge cayó muerto frente a sus ojos, sacó el objeto plateado, lo limpió y habló con mucha frialdad.

"lástima que no supiste aprovechar tu última voluntad, pero no te preocupes, Regina pagará, esta preciosura me ayudará a someter al Ser Oscuro", acarició la daga con hambre de venganza, la satisfacción porque su plan salió tal y como lo predijo era inmensa, por fin, acabaría con la felicidad de la reina, se alejó de la escena sin más preámbulos, la vida tendría que continuar como hasta ahora.

Emma y Tinkerbell perseguían a Ruth y a Henry por todo el parque, parecían unas niñas, se divertían más que ellos, desde lejos David y Zelina los observaban y la pelirroja aprovechó que estaban solos para sacar un tema de conversación el cual no podía esperar.

"lucha por ella, David", se ganó una mirada de completo asombro.

"¿de qué hablas?", fingió ingenuidad.

"por favor, no finjas conmigo, lo supe desde siempre, no puedes disimular cuando la ves", debía ponerse fuerte, no sabía quién de los dos era más terco, si su hermana o si él.

"tu hermana no me quiere cerca, no quiero incomodarla", decidió no seguir dándole rodeo al asunto, no podía seguirse engañando.

"mi hermana es una cabeza dura que siempre ha luchado contra su felicidad", debía admitirlo, su semblante cambiaba radicalmente en presencia del príncipe.

"¿y si vuelve a apartarme?", parecía un niño, la sola posibilidad de ir a buscarla alimentaba sus esperanzas.

"insistes hasta que ella misma se dé por vencida", lo aconsejó.

"¿estás segura?", preguntó dubitativo.

"tonto, ve a buscarla ya", David le sonrió y salió como una flecha, se montó en su camioneta, condujo hasta la casa de su hija, como tenía llaves, abrió la puerta para encontrarse con una inmaculada y perfecta limpieza, pero Regina no estaba ni por todo eso, su auto seguía estacionado afuera, ¿dónde podría hallarla?, se tomó un momento para pensar y una sospecha de donde podría estar lo hizo salir de la casa aún más rápido, el lugar era relativamente cerca, por eso, decidió caminar, así se relajaba para cuando la encontrara.

"prometí que vendría, aquí estoy cumpliendo mi promesa", terminó de limpiar y organizar la casa de Emma y decidió caminar por las calles del pueblo, hasta que llegó a los establos y vio a la hermosa yegua de Daniel y decidió comenzar a ganarse su confianza, una distracción sería bienvenida ya que había hecho un gran esfuerzo durante todo el día para que su hija no se diera cuenta de su tristeza, la conexión entre ellas se hacía más fuerte cada vez, no podía olvidarse de que su madre se la arrebató de las manos apenas nació, sin poder siquiera sostenerla por primera vez, ni ver su carita, ni alimentarla, ni verla crecer, ni escucharla decir sus primeras palabras, ni disfrutar de cuando dio sus primeros pasitos, hubiera dado todo para cambiar el pasado, pero ese dolor moriría con ella, lo importante era que ahora estaban juntas y no permitiría que nada ni nadie las separara, "empezaremos por darte algo especial", hizo aparecer una apetitosa manzana roja y se la ofreció a la yegua que ya la reconocía y la aceptó muy gustosa, "¿te gusta?...", peguntó y unas manos que la sostuvieron por la cintura detuvieron su charla con el animal.

"tiene muy buen gusto la yegüita de Daniel", comentó David en medio del asombro de Regina por la inesperada invasión de su territorio.

"¿qué haces aquí, David?", continuó acariciando a la yegua sin moverse de su agarre.

"vine a buscarte, necesito hablar contigo, tenemos muchas cosas que aclarar", ahora sí, soltó sus manos y le dio la espalda.

"no tenemos nada de qué hablar", lo menos que necesitaba en ese momento era un enfrentamiento con él.

"discrepo contigo", la tomó del brazo y algo ocurrió en su mente, unas imágenes borrosas le provocaron un fuerte dolor de cabeza, el mismo que venía sintiendo cada vez que estaba con Ruth, no se detuvo, "esta constante negativa tuya me da la razón", se atrevió a decirle, Regina se volteó de repente para mirarlo intensamente.

"¿de qué quieres hablar?", estaba decidida, no le permitiría entrar, fue demasiado tarde, David le devolvió la mirada con la misma fuerza, todo su ser se estremeció, quiso escapar caminando hacia atrás, él la siguió hasta que una pared les impidió seguir avanzando.

"acabo de cambiar de opinión, no quiero hablar", redujo la distancia entre sus cuerpos y la apresó contra la pared.

"entonces, ¿qué quieres, pastor?", debía valerse de sus armas más fuertes, si no, cedería ante su corazón que le suplicaba a gritos que se lanzara a sus labios.

"a ti, Regina, te quiero a ti", fue suficiente para que su razón se nublara, lo besó apasionadamente, con fervor, con arrebato, con todo el deseo contenido, David correspondió sin dudarlo y ocurrió nuevamente, las imágenes que se reprodujeron en su mente como si las estuviera viviendo por segunda vez, interrumpieron el beso y se apartó de ella.

"¿qué sucede?", no lo entendía, hacía un segundo no la dejaba respirar y ahí estaba, mirándola sin mencionar palabras y de pronto se tocó la cabeza y solo dolor se reflejó en su rostro, se asustó, "David, habla conmigo", sostuvo sus manos.

"no es nada", recobró la compostura y atacó sus labios con mayor fervor, en un abrir y cerrar de ojos ambos olvidaron el incidente de su dolor de cabeza, Regina acariciaba su corto cabello y él con una mano sostenía sus espaldas, como para que no se fuera y con la otra trazó un camino de ardiente deseo desde su cintura hasta su muslo izquierdo el que llevó hasta su propia cintura para facilitar el acceso, por encima de su pantalón podía percibir la suavidad de su piel, cuando lo creyó prudente colocó su pierna de vuelta en el suelo, dejó sus labios para besar su cuello, su aroma lo estaba volviendo loco, tomó la iniciativa y sin pedir autorización, la obligó a dar un saltico y enredar sus piernas alrededor de su torso y así estar a la misma altura, retrocedió para que la pared lo ayudara a que no cayera, no se lo perdonaría si le hacía daño, los niveles de sus besos escalaron sin frenos, ambos lo sabían y más porque Regina también siguió besando deliciosamente su cuello, "¿puedes llevarnos a un lugar más privado?, no quiero que nos vean", detuvo lo que estaba haciendo y lo miró.

"por supuesto que no nos pueden ver, esto no…", David puso una mano en sus labios para que no continuara, debía rectificar, no era eso lo que había querido implicar.

"lo que quise decir fue que no quiero que nadie más que yo, sea capaz de admirarte así, entre mis brazos, besándome, abrazándome, acariciándome, ent…", ella movió una mano y una nube de humo blanco los llevó a su bóveda, no pudo terminar con su intervención.

"¿así está bien?", preguntó seductora.

"perfecto", todavía sus piernas sostenían su cintura, las desenredó y las colocó en el suelo, "¿puedes caminar?", tuvo que apretar su agarre porque pudo percibir claramente que sus besos la hicieron temblar incontrolablemente, le dio un momento para que recobrara su equilibrio y sin responderle tomó su mano y comenzó a caminar para que la siguiera, obedeció sin chistar, pronto entraron a un cuarto muy acogedor y con su magia cerró la puerta.

"¿en qué estábamos?", preguntó ella con una sonrisa provocadora que sacó de él un fuego que no sabía que poseía.

"en que me estorbaba tu ropa", respondió y sin pedir permiso se deshizo de todo, su blazer voló sin tener alas, la blusa pasó por encima de su cabeza despeinando su perfecto cabello, para deshacerse del pantalón pasó un poquito de trabajo, pero lo hizo magistralmente, admiró su cuerpo y comenzó a repartir besos por la piel que acababa de quedar al descubierto para él, descendía sin prisa hasta que llegó al zipper, el que abrió con toda su paciencia, ahora el terco era el botón, con sus dedos lo zafó y bajó la pieza hasta el suelo, ella levantó un pie para facilitar su labor, luego repitió el gesto con el otro pie, hasta que el pedazo de tela ya no interfería en su camino, se levantó y en un ágil movimiento la cargó entre sus brazos, ella se pasó sus manos por su cuello y la depositó en la cama donde no perdió oportunidad de besarla desde sus piernas hasta que llegó a sus labios los que lo recibieron gustosos.

"no estás jugando limpio, pastor", comentó entre besos.

"no sé de qué hablas", siguió besándola.

"tu ropa… no la quiero en mi camino", con trabajo pudo hablar, él no la dejaba.

"hazte cargo", fue como un reto, movió su mano y quedaron completamente desnudos en la cama.

"¿satisfecha?", al verse sin ropa, rió abiertamente y ni la dejó contestarle, profundizó sus besos hasta que ambos perdieron la noción del tiempo y el espacio, ni la razón, ni la cordura, ni los obstáculos, ni un reino entero en su contra, impidieron que esa tarde fuera mágica, inigualable, incomparable, la hizo suya de todas las formas posibles como tanto había añorado en sus pensamientos, ahora descansaba a su lado, velaba sus sueños, admiraba su belleza, y ¿por qué no?, también paseaba sus dedos por la suavidad de sus espaldas, no se había permitido cerrar un ojo, tenía que atrapar cada imagen en su memoria, quería plagar sus sentidos de ella y solo de ella a quien a partir de este momento que ambos compartieron, no renunciaría así le sacaran el corazón y se lo ordenaran.

"hola dormilona", la saludó cuando se movió y abrió los ojos con mucha pereza.

"debemos irnos", fingió estar dormida para disfrutar de cada una de sus caricias, de cada una de sus atenciones, las que quería alargar, pero la vida estaba hecha de momentos y este, había llegado a su final.

"no quiero", sus ojos le decían que lo que menos quería era irse y no cedería nuevamente, lo que había ocurrido entre los dos la dejó peor que como estaba, miedo, tristeza, desolación, debilidad, todos esos sentimientos se unieron para acabar con tan bonito sueño.

"entonces me voy yo", se levantó de repente, sorprendiéndolo, buscó su ropa por todo el cuarto, se vistió y salió de la bóveda, sabía muy bien que dejaba atrás su vida entera, las lágrimas mojaban sus mejillas y no quería dejar de llorar, sin saberlo había salido del cementerio y caminaba por la calle principal de Storybrooke.

"¡Regina!", exclamó David casi sin aire, tardó en salir de su estado de shock y tuvo que correr para alcanzarla.

Siguió caminando, hasta que se sintió detenida por su agarre.

"déjame ir, déjame en paz, no me atormentes más", no abría los ojos, se negaba a dirigirle la mirada.

"mírame Regina, por favor", se acercó a ella y sostuvo su rostro con suma delicadeza y suavidad.

"David, estamos en medio del pueblo", lo llamó a la reflexión, sin abrir los ojos, el azul de su mirada la hechizaba, por eso no podía darse el lujo de mirarlo, eso estaba fuera de discusión.

"¿David?", una voz muy conocida, le permitió alejarse de él y darle la espalda para irse.

"nuestra conversación no ha terminado", ignoró a la persona que había hecho su aparición para dejarle bien claro el estado de su encuentro.

Reina ignoró sus palabras y siguió caminando, quería desaparecerse de ahí, la llegada de Snow fue demasiado para ella, el primer lugar que vio fue la cafetería, estaba cerrada, poco le importó, entró y se recostó a la puerta.

"tendré que poner las letras más grandes, nadie en este pueblo respeta nada", comentó Granny sin saber quién había irrumpido en el lugar, "virgen santísima, ¿qué te ocurre, muchacha?, parece que viste un fantasma", estaba de espaldas ordenando el salón para el turno de la comida y se acercó a ella al voltearse y verla en ese estado.

"no me preguntes nada, Granny", advirtió y la anciana la tomó del brazo para llevarla a la barra, la dejó sola por un momento.

"este día no es muy alegre para ninguna de las dos, pero la pequeña no tiene la culpa de los errores de su abuela", comenzó y entonces toda la atención de Regina, se enfocó en ella, "siempre quise darle esta belleza, nunca tuve la oportunidad", le ofreció un pequeño lobo de cristal con unos pequeños diamantes negros en los ojos, era precioso, "tu hija es un alma especial y como no, si es producto del amor verdadero entre dos almas muy puras, la tuya y la del príncipe, no podía tener otros padres", sentía que las palabras no pasaban por su garganta.

"sabía que te encontraría aquí", David estaba allí, no se quedó con su esposa, la había dejado para ir tras ella.

"quiero estar sola", lo miró y él ni se inmutó, al parecer seguía cabalmente el consejo que Zelina le había dado hacía unas horas.

"dile a la pequeña que la quiero mucho", Granny dejó el bello lobo encima de la barra y le dio un fuerte apretón en su mano, era el apoyo que tanto necesitaba.

Tomó la pequeña figura de cristal e intentó irse, las fuertes manos del príncipe la detuvieron, "¿por qué, Regina, por qué quieres alejarme de ti?", le preguntó.

"suéltame", se apartó de él.

"no te dejaré escapar, no te voy a permitir que nos hagas esto otra vez", se quedaron en silencio, Regina lo miraba extrañada por sus palabras, ¿cómo podía ser que actuara así con ella?, le borró la memoria, no era posible.

"¿por qué quieres tenerme cerca?, esto que ocurrió entre nosotros es imp…", la interrumpió antes de que dijera algo que no quería escuchar, no se lo permitiría.

"porque mi corazón te ama", la miró buscando autorización, la abrazó protectoramente, "y lo que ocurrió entre nosotros fue maravilloso", Regina no se contuvo más, lo besó, no podía evitarlo, lo amaba mucho como para continuar con esa actitud.

"¿Snow?", le preguntó cuando el beso terminó.

"le dije que tenía que hablar contigo, que luego aclararía todo con ella, pero tú estás primero", durante toda la conversación, ninguno de los dos dejó de llorar.

"lleva a tu hijo en su vientre, no puedes abandonarla", de verdad que era terca, la estaba eligiendo a ella por encima de su esposa y todavía no lo creía.

"no lo haré, pero tampoco estoy dispuesto a estar lejos de ti ni de Ruth, las amo, Regina, ¿quieres que me arrodille ante ti para que lo entiendas?", se hincó ante sus pies, tomó un profundo respiro y habló, "Regina Mills, te amo con todo mi corazón y a nuestra hija la amo con todo lo que soy", tapó su boca.

"pero…", David la atrajo hacia él.

"lo recordé todo", allí en el suelo, al escuchar esas palabras, lo besó nuevamente, ahora sí, no permitiría que lo apartaran de ella nunca más.